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CC: TELEMUNDO NETWORK
[***]
- No me vas a decir que ahora te importa lo que le pase a Ana.
- Lo de Ana es parte de mi plan para acercarme a Elisa.
Cosa que tú no has podido conseguir.
- ¿Cómo quieres que consiga algo, Fernanda,
si te pones a amenazarla y echártela en contra?
- Ay, porque pasaron cosas. Lo cambiaron todo.
¿Es en serio, Roberto?
- Ya, no empieces a interrogarme.
- Ok.
Y si ya no hace falta que te acerque a Elisa...
¿qué quieres que haga ahora?
- Mátala.
Los estorbos es mejor desaparecerlos.
[***]
[***]
- Ay, tranquilo.
Lo de la luna de miel lo van a poder repetir después.
Paty, ¿por qué estás ahí en la puerta?
Ven, pásale, pásale. ¿Qué necesitas?
- Don Alfredo quiere que, por favor,
cuando él regrese del golf,
usted le tenga preparados los documentos que le pidió.
Con permiso.
- Gracias.
- ¿Ves lo peligroso que es ser tan efusivo en la oficina?
- ¿Qué fue lo que vio?
- Todo. Lo vio todo.
Pero como siempre,
yo me voy a encargar de que no haya visto nada.
[***]
- Mira, a mí me fueron a ofrecer la arena.
La necesitaba y la compré. Así de simple.
Recién cuando tú me reclamaste,
ahí supe que trabajabas con ellos.
- No cabe duda de que eres un mentiroso consumado.
- No tengo por qué mentirte.
De ninguna manera iba a poner en riesgo
una relación familiar por...
- ¿Y qué quieres hacer, entonces?
¿Lavarte las manos?
- No, no, simplemente
te estoy diciendo las cosas como son, punto.
- Tú eres un viejo tramposo,
así que conmigo no vengas a jugar de inocente, ¿eh?
- De tramposos mejor ni hablemos, ¿eh?
¿Piensas que no sé qué le hablaste a los mexicanos
para tratar vilmente de robarme ese negocio, marrullero?
[***]
- Paty, oye, es muy lamentable
que Roberto haya tenido que cancelar su luna de miel.
Pobrecito.
Ya lo conoces, es como un niño chiquito.
- Sí, la verdad es lamentable
que haya tenido que cancelar su viaje, ¿no?
- Ujú, muy.
Pero nada que un apacho de mamá no resuelva, ¿verdad?
Oye, me encanta este conjuntito que te traes, ujú.
Y esos flecos están... muy a la moda.
- Ah... muchas gracias.
- Qué buen gusto tienes.
- Bueno pues, se hace lo que se puede, ¿no?
- Mira, yo tengo ahí un par de cositas
que pues que la verdad ni me las pongo.
Si acaso me las he puesto, ¿qué?
Una, dos, tres veces como mucho.
Y, digo, sin ofender, ¿no?
¿Te gustaría que yo te las diera?
- Claro que sí.
Al contrario, se lo agradecería muchísimo.
- Ay.
[***]
- Pero ¿quién se está burlando, eh?
Eres mi hermano. Estoy preocupado por ti.
- Por favor, te conozco, Alonso. Te conozco.
- Yo solamente quiero saber cómo va tu tratamiento.
¿Qué tiene de malo?
- ¿A ti qué te importa?
- Mira, la verdad, me daría paz saber que no estaba muerto
y que andaba de parranda y que ya revivió.
- ¿Ah, sí? - Sí.
[Quejidos]
[***]
e hizo regresar?
- Mi hermana Elisa.
Siempre hemos sido como muy unidos.
Y pues... la familia también. ¿Qué te digo?
Al final de cuentas, es un negocio familiar
y aprendí que el ojo del amo engorda el caballo.
- ¿Qué quieres que haga ahora?
- Mátala.
[***]
[***]
[***]
[***]
- Lo que yo haya podido hablar o no con los mexicanos,
eso no es problema tuyo.
- Ah, me imagino la de mentiras que les habrás inventado.
- Ah, ¿por qué? ¿Quieres hablar con la verdad?
Me parece muy bien. Me parece perfecto.
Tú le das gato por liebre a tus clientes,
y en tus construcciones ninguno de los materiales que utilizas
son los exigidos por la ley.
- Por supuesto que sí.
- Tú eres un viejo ladrón y eso todo el mundo lo sabe.
Mira, mira, no me provoques, no me provoques,
que puedo sacar tus trapitos al sol.
Mira que te tengo bien checado, viejo cara de burro,
y sé muy bien lo que le hiciste a tu medio hermano
para despojarlo de la herencia
que el sinvergüenza de tu padre les dejó.
Y seguro, seguro en el infierno debe de estar ardiendo.
- No voy a permitir tus burlitas y tus bromitas,
pedazo de imbécil.
Lárgate.
- Mi Gabo, actúas como si yo tuviera la culpa
de tu impotencia.
- Vete al diablo.
¿Qué haremos con el super macho alfa de Alonso?
Lo que pienses de mí me vale.
Lárgate y justifica el sueldo
que absurdamente te damos por no hacer nada.
Lárgate.
- Qué envidioso eres. - Lárgate.
[***]
[***]
- Respira, respira, Patricia, por favor.
Todo va a estar bien. Usa todo a tu favor.
- Patricia.
- Mire, licenciado, si lo que quiere es...
- Lo que quiero es que me mande el último informe
del Departamento de Compras.
- Ah, sí, sí, claro que sí. En un segundo.
Y no se preocupe.
Yo ya hablé con la señora Fernanda...
- Lo que usted hable con la licenciada Fernanda
no es mi asunto.
Haga lo que le digo. Y le voy a recordar una cosa.
Aquí en esta empresa se viene a trabajar,
no a hablar de asuntos personales.
Esto no es ningún club social, ¿estamos?
- Sí, sí, sí, licenciado. Claro que sí.
- Permiso.
Gabriel: Imbécil.
Alonso: ¿Qué pasó, Patricia?
- Patricia, respira, por favor, respira.
¿Qué está pasando?
[***]
[***]
- El edificio tiene gimnasio y está muy bien equipado.
Tiene piscina. ¿O cómo dicen en México?
Alberca, alberca.
Tiene jacuzzi, tiene salón para fiestas, servicio de concierto.
Todo lo que necesites está aquí.
- Me gusta. No me tienes que convencer.
Lo único es negociar el precio.
- Ah, ok.
Si quieres, vamos a mi oficina y allá chequeamos todo eso.
- Va. - Va, adelante.
[***]
[Exhala]
- ¿Te diviertes? - Sí.
- Si llegan los Del Pino y te ven haciendo esto,
te van a matar.
No te la vas a acabar, Claudia.
- Nunca llegan a esta hora, así que aprovecho.
¡Quién pudiera llevar esta vida!
Imagínate lo que sería tener una casota así.
- Bueno, quizás en otra vida.
- Yo por eso compro mi Lotto todas las semanas.
Lo que sería ganarse una millonada de golpe
y seríamos millonetas todos.
Porque, obvi, que lo compartiría con mis hermanas y contigo.
- Se agradece mucho la intención,
pero mejor salte y ponte a trabajar.
- Es un cretino, es un animal.
En mala hora te hice caso.
Mira que traté de limar asperezas con él.
- Lo lamento mucho, Alfredo.
- Ese infeliz sabe cosas de mí que todos ignoran...
que si las cuenta...
- ¿Cómo? No te entiendo.
[***]
- El idiota de mi hermano cree que le voy a permitir
que me ponga una mano encima.
A la próxima lo dejo sin dientes, te lo juro.
- Si no quieres tener problemas con él,
entonces, simple: no lo molestes.
- Cornudo infeliz.
Si supiera que yo soy el que hace feliz a su mujercita.
- Shhh, basta, Alonso...
Espero que nunca se entere,
porque la que ya sabe es Fernanda
y eso no me gusta para nada.
- Es en serio, vente.
Claudia.
- Ok, ya voy.
- A ver. - Ya...
Oye, Erika, como por arte de magia,
se puso en otro plan y ya no duda de tu fidelidad.
- Pues es que no tiene motivos.
- ¿Qué fue lo que le dijiste
para que cambiara de opinión así
y que se pusiera en ese plan?
- Nada, nada.
Ya sabes que a tu hermana a veces se le chispa.
- Eso sí.
- Bueno... - Venga.
- Ahora sí me voy a cambiar para terminar de arreglar...
- Rápido, vámonos.
[***]
- A ver, mi padre se enredó con su secretaria.
Era una lagartona aprovechada que hizo sufrir mucho a mi mamá.
Esa tipa se embarazó para ver si así lo amarraba.
- O sea, ¿tienes un hermano? - No, no, claro que no.
Ese bastardo no es absolutamente nada mío.
Esa gata manipuló a mi papá.
Él ya era un viejo senil y lo convenció
para que cambiara su testamento
y le dejara a su hijo la mitad de todo.
Y yo me encargué de desaparecer ese testamento.
Antes muerto que darle un solo centavo a Eugenio Beltrán.
[***]
* Tema musical *]
- En verdad, lo último que esperaba era verte aquí.
Pensé que estabas en tu luna de miel.
- Tuve que regresar de inmediato.
Tenía que solucionar algunos problemas
aquí en la constructora.
- Es adicta al trabajo.
Ah, le estaba mostrando uno de los departamentos
que tenemos disponibles.
- ¿Ah, sí? - Eso fue amor a primera vista.
Y por eso vine a negociarlo.
Me lo quiero quedar.
** Puedo ser la razón. *
- Aquel abogado que me ayudó a hacer lo del testamento
trabaja para Adalberto.
- ¿Tiene pruebas en tu contra?
- No, no, claro que no.
Pero sabe lo que sucedió y eso me pone muy nervioso.
Se lo puede contar a Brenda... a medio mundo.
Y yo no quiero que nadie sepa de Eugenio.
La única que estaba enterada era Manuela.
- No tienes por qué preocuparte, Alfredo.
Tú sabes que yo sería incapaz
de compartir ese secreto con nadie.
- ¿Segura que Eugenio nunca te volvió a buscar?
- En absoluto.
¿Cuánto tiempo ha pasado? 40 años.
Si no ha dado la cara,
tiene que ser que dejó ese asunto en paz.
- Pues yo creo que el error fue
que hablaron de estas cosas en tu casa.
Cualquier persona los hubiera escuchado.
- No, no, lo dudo.
- ¿Y si... y si hablo con Adalberto?
Digo, él siempre fue muy amable conmigo.
- Ni se te ocurra.
Después de lo de hoy,
no me interesa absolutamente nada de él.
- Bueno, que diga lo que quiera, ¿no?
De eso... a que pueda probarlo.
[***]
- En serio, tranquila, relájate.
Fernanda no va a decir nada.
- No sé, no sé.
Siento que podría utilizarlo para chantajearme, Alonso.
- Por favor Brenda, ¿qué le podría interesar de ti?
- No sé. - Mira, ella es buena onda.
Es Elisa, la nena, la que se ha empeñado en creer
que es una hipócrita trepadora y...
Y... bueno, bueno, tal vez lo de trepadora sí, un poco,
porque no creo que esté enamorada de mi papá,
pero... pero no tiene mala vibra, créeme.
[***]
- Entonces deja, voy por eso.
[***]
** Y aunque estemos lejos. *
- Bueno, tampoco me voy a quedar todo el tiempo en Miami.
Voy a estar yendo, viniendo. Ya sabes.
** Me dicen que eres prohibida y que me olvide. *
** Que esta locura es imposible. *
- ¿Y Marcelo? - Marcelo bien.
Ah, bueno, viene también a Miami unos días, pues.
Ay, la verdad es que le gusta tu amiga Tania.
- Ay, Tania es lo máximo.
Yo creo que harían una pareja muy bonita.
Ella ha sufrido mucho.
- Por culpa de tu hermano.
** Somos imanes en polos opuestos. *
** Inseparables, aunque estemos lejos. *
- No hace falta que me sigas diciendo nada, Claudia.
No voy a decirle nada a nadie. De verdad, no te preocupes.
- Has de estar pensando horrores de mí.
Pero hacía mucho calor y quería refrescarme un poquito.
- Por mí no hay ningún problema.
- Pero es que si los demás se enteran,
me ponen de paticas en la calle,
y la neta, no estoy para darme el lujo de quedarme sin chamba.
¿Con qué pagamos los gastos de la casita, entonces?
[***]
- Hey, ¿cómo vas con el nuevo trabajo?
- Bien, bien.
No soy agente de bienes raíces,
pero creo que acabo de vender un departamento.
- ¿Ah, sí?
- Sí, pues a Emilio Montenegro.
Vamos a negociar el departamento que le mostré.
- ¿Cómo?
¿Él va a venir a la constructora?
- Está aquí en la sala de juntas, con Elisa.
- Ah.
- Mira, yo no soy ninguna potentada
ni nada que se le parezca.
En Cambridge trabajaba como mesera
y sé lo que es pasar privaciones.
- ¿En serio eras mesera?
- Ujú, hasta hace unos días, sí.
Aquí voy a empezar a tomar unos cursos para trabajar en algo.
De ninguna manera voy a dejar que Sebastián me mantenga.
Mira, yo sé lo que es soñar con vivir mejor,
darse lujos que no podemos darnos.
- Te juro que no puedo creer todo lo que me estás diciendo.
- Para gente como nosotros
es normal sentir ganas de vivir mejor.
Y no lo digo, porque haya cumplido un sueño al estar aquí.
A mí el dinero de esta familia, lejos de hacerme feliz,
me provoca angustia.
[***]
- Alonso nunca va a poder tomar en serio a nadie.
Ni tampoco podría valorar a alguien como Tania.
- Ah, no, pues ya allá él, que se lo pierda, ¿no?
Elisa.
No sé si soy yo, pero pues siento que...
a veces no estás muy cómoda conmigo.
- No, no, para nada.
Lo que pasa es que...
creo que a veces me recuerdas mucho a alguien.
Aunque, nada que ver contigo.
** Me dicen que eres prohibida y que me olvide. *
** Que esta locura es imposible
** irresponsable e incomprensible. *
- ¿Y ese alguien era alguien... que odiabas?
- No, todo lo contrario.
Pero sí es alguien a quien le guardo muchísimo rencor.
*** Aunque estemos lejos. * * Aunque estemos lejos. *
** Aunque estemos lejos. *
- Hey. - Listo.
- Hola. - Hola.
- ¿Cómo estás? - Muy bien.
- Supe que estabas aquí y quería pasar para saludarte.
- Gracias, gracias.
[***]
Francisco: No fue mi intención contarte
lo de mi cita con el señor Ferrero
para causar problemas entre él y tu familia.
Fernanda: Lo sé, tranquilo.
Su constructora es muy importante.
Es lógico que hablaran con ellos también.
Ahora, eso sí,
espero que no se hayan ido a despotricar
en contra de nosotros, ¿no?
Eso sería muy poco ético de su parte.
- Sí dijo una cosa que me inquietó.
** Siento tu aliento en mi piel. *
*** No puedo parar. * * No te me vas a escapar. *
- Es que yo lo miro
y no puedo dejar de pensar en otra cosa
que no estar en la cama con él.
- Y yo te veo y estoy segura que te gusta.
- Oye, tanto como no tienes una idea.
Yo creo que a eso se refiere la gente
cuando dice que tienes química con alguien, ¿verdad?
- Ferrero dice que trabajan con materiales
de dudosa procedencia.
¿Eso es cierto?
- Eres una bruta y una necia.
Ya habíamos quedado en que no ibas a volver a nadar
en la alberca de la casa, Claudia.
- ¿En qué les afecta, mana? Creí que no había nadie.
Se me olvidó por completo que la novia de Sebastián estaba aquí.
- Ay, Claudia... - Mónica es a toda madre.
Me prometió que no iba a decir nada.
Ya hasta somos amigas.
¿Tú puedes creer que ella era mesera?
- El curso que vas a tomar
no creo que sea nada del otro mundo.
Pronto vas a estar vendiendo propiedades
como si fueran pan caliente.
- Pues ojalá. - ¿Estás a gusto aquí?
- Sí, bueno, la casa es preciosa,
pero preferiría vivir en otro lado.
Como que siempre he tenido mi lugar.
- Pues sí, un lugar en donde tú puedas decidir
qué, dónde, cuándo y cómo.
- ¿Por qué no te casas con Sebas
y así le pides que se vayan a vivir a su propio departamento?
- Hay una escasez de arena tremenda,
que es indispensable para cualquier construcción.
En los últimos años han hecho demasiados edificios.
No solamente aquí, sino en todo el mundo.
Y es por eso que escasea.
A veces cuesta mucho trabajo conseguirla.
- Habiendo tantos desiertos en todas partes.
- No creas, la arena de los desiertos no nos sirve
para la construcción.
A veces la única solución que hay es comprarla de contrabando.
Es o eso o paramos las obras.
Y Adalberto ahora
que no se venga con la banderita de inocente,
porque él empezó a comprarla así mucho antes que nosotros.
- Ya no me tienes que explicar más.
Yo te creo.
- Yo no quiero que pienses en ningún momento
que tus socios potenciales son unos mafiosos.
- Tan no lo pienso, que por eso te pregunté.
Sabía que me ibas a dar una explicación lógica.
- ¿Eso quiere decir que confías en mí?
- Totalmente.
[***]
- Papá, no me parece muy civilizado
que estés discutiendo con Adalberto todo el tiempo.
Puedes meter a Brenda y a Gabriel en muchos problemas.
¿No te importa?
- Hija, son discusiones de negocios, nada más.
- Pues, mira, ¿entonces para qué lo ves?
Toda la vida se han llevado mal.
- Bueno, yo siempre he tratado de hacer las paces con él,
pero él no quiere escuchar, así que...
Además, ¿sabes qué?
Me importa un bledo lo que piense Brenda.
Brenda es Del Pino, así que se las tiene que aguantar.
Así que, por favor, déjame trabajar, ¿sí?
[***]
- Aunque Mónica sea de barrio, ella ahora está con Sebastián...
y las cosas cambian, Claudia.
- No, mana, la gente no cambia realmente.
Se puede salir del barrio, pero el barrio no sale de uno.
Ni con todo el oro del mundo se puede comprar la clase.
- Bueno, ese asunto no nos interesa, al fin.
- Ujú.
- Aunque, ella sí se ve bien sencillota,
yo no creo que se le olvide que venga de barrio.
Pero al Sebastián no le va a gustar
que nos andemos codeando con ella.
- Pero el Sebas siempre ha sido buena onda con nosotras.
- No te confundas, Claudia, que una cosa es ser buena onda
y otra que se ande revolviendo con nosotras.
Mira, nosotras ya estamos del otro lado
y tenemos muchos sueños,
pero la cosa no deja de ser diferente.
- Pues yo no estoy de acuerdo con eso de las clases sociales.
Y la mera neta,
a mí se me cae bien la Mónica como para amiga.
Y también pienso que como a ella,
pues también me puede llegar mi príncipe azul.
Mira, con [Chista] mucho dinero.
- ¿Sabes qué, mana? - ¿Hum?
Mejor sigamos arreglando la cama
pa ver si te despejas la cabeza y dejas de pensar en tonterías.
- Yo no voy a estar pensando
como si estuviéramos en el siglo pasado.
Estamos en "Gringolandia" y aquí la cosa es distinta.
Todos somos iguales, ¿hum?
- Mira, Sebas estaba confundido.
Aparentemente quería conmigo, pero...
pero era un enamoramiento de la adolescencia.
- Tú nunca le hiciste caso, ¿no?
- Era más joven que yo y a esa edad te gustan mayores.
- Sebastián me dijo que Alonso se metió en el medio
nada más para molestarlo.
- Pues, mira, por la razón que haya sido,
me terminó enredando y terminó rompiéndome el corazón.
- No hay justificación posible.
Me digas lo que me digas,
no puedes ponerte a usar lo que no es tuyo.
- Ni que fuera para tanto. Sí hacía calor...
- ¿Calor? Calor hace en nuestra tierra.
Para eso hay aire acondicionado en toda esta casa.
- Ey, ah, caray... mira.
- Ay, este Alonso de seguro anda metiendo viejas a la casa
El día que lo vean...
- Los chones de la Brenda son igualitos.
Yo le arreglo su ropa y los conozco muy bien.
[***]
- Te lo cuento, porque si vuelves a vera a Adalberto,
lo más seguro es que saque el tema a colación.
Y, por favor, te suplico tu total y absoluta discreción.
- A ver, ¿entonces tu marido le robó la mitad de la herencia
a su medio hermano?
- Sí y no.
Enredaron al papá de Alfredo, que ya estaba senil,
para que cambiara su testamento
y Alfredo lo único que hizo fue corregir ese pequeño error.
Y la verdad, cualquiera en su lugar
habría hecho lo mismo, ¿no?
- Y su medio hermano, ¿qué?
- ¿Sabes qué? Ni idea de quién sea.
Tengo, aparte, muy mala memoria.
Solo sé que se llama Eugenio... Morán.
Eh... Eugenio Beltrán.
Eugenio Beltrán. Así se llama.
[***]
ema musical *]
- Nunca lo había oído mencionar ese nombre hasta hoy
que Alfredo me contó toda esa historia.
Yo lo ignoraba completamente.
Imagínate, tengo diez años, diez años de casada
y, por lo visto,
no termino de conocer a mi marido.
Ahora resulta que tiene hasta un medio hermano, imagínate.
Oye, gracias por haberme invitado al lunch.
Créeme que contigo siento... mucha paz.
** No puedo parar. *
- Eso le dije, pero de remanso de paz, nada.
O sea, más bien, es como estar sentada
arriba de un volcán en erupción.
- Hum, muy bien, Fernanda.
Con tal de que no te ganes más problemas, todo está bien.
- Piensa que soy inteligente, bonita, agradable,
sufrida y buena.
- Bueno, lo que todos los hombres quisieran en una mujer.
- Bueno, los conservadores anticuados como él
seguramente sí.
Y, ojo, yo creo que eso es lo que más me gusta de él.
Pero, Mirna, no, las buenas ya pasaron de moda.
Las que estamos de moda ahora somos las malas.
- ¿Ah, sí?
- ¿Y quiénes son los nuevos amigos con los que Fermín se ve?
- Pos... unos hermanos.
- A ver, manita, te conozco como a la palma de mi mano
y sé que me estás mintiendo.
- Te voy a decir.
Pero me lo juras por lo más sagrado
que no lo vuelves a repetir, Claudia.
Y mucho menos a la Paty
Francisco regresó...
y adivina quién es.
El mexicano que llegó a la casa de los del Pino
y ahora se llama Emilio Montenegro.
[***]
- Siento que le hice el amor a una piedra.
- Perdón, Roberto.
Últimamente he estado muy tensa y...
- ¿Tensa?
¿Qué pasa, Elisa?
Te beso, te abrazo y tú como si nada.
Como si estuvieras pensando en alguien más.
- Ay, Roberto, por favor. - Dime... dime una cosa.
¿Ya no me amas?
- Tal vez ese es el problema...
que nunca te he amado lo suficiente.
[***]
- Mi papá me estuvo llamando desesperado
y preferí no contestarle.
No quiero ni pensar lo que me va a decir.
- Busca la manera de contentarlo y de que se tranquilice.
- No creo que pueda.
Es increíble hasta dónde han llegado las cosas, Gabriel.
- No, pero es que tu papá se pone en un plancito
que dan ganas de...
- ¿Y el tuyo?
El tuyo no es precisamente una blanca paloma.
- Es totalmente ridículo que insistas en quedarte aquí.
No lo pienso tolerar.
- Ya te dije que aquí es donde me voy a quedar, Alfredo.
- ¡Nada de eso! El jefe de la casa soy yo.
Tú eres mi esposa
y te vas conmigo a nuestra recámara ya.
- Mira por dónde vino a salir Eugenio Beltrán.
Es medio hermano de Del Pino.
- ¿Tú le crees a Fernanda
que nunca había escuchado hablar de él?
- No sé, loco, no sé.
La verdad estoy totalmente sacado de onda.
Me lo dijo con tanta sinceridad.
A ver, además, ¿para qué me va a contar eso a mí?
No sabe quién soy.
Tampoco sabe que tengo a Ana en una clínica.
- Bueno, no queda nada más que esperar
y que sigan saliendo los trapitos al sol.
- ¡Canijo, está guapísime Francisco!
- ¡Chito! Chito, chito.
Y no solo guapote,
sino que, pilas, porque llegó millonetes.
Pero eso sí, no va a decir nada,
porque él lo que quiere es saber
igual sobre el asesinato de doña Manuelita.
- Lo que no entiendo es por qué piensa
que Fernanda se la escabechó.
- Pues ella o alguien de la casa.
- No voy a permitir que me sigas tratando así.
- Y yo no voy a tolerar en el plan en el que estás.
- ¿Qué, acaso crees que me puedes venir a tratar
como las esposas de antes, que eran como animalitos, hum?
-¡Te quedas aquí o qué! - ¿O qué?
- Te estás volviendo loca. - ¿Ah, sí?
Tú me estás volviendo loca. ¡No!
- No se trata de darle la razón al uno o al otro.
Se trata de conciliar a los dos, ¿te parece?
- Ya lo estoy oyendo.
- Brenda, no te hagas la que no me escuchas y detente.
- ¡Ay!
- O dejas a ese imbécil de Gabriel
o te olvidas de tu familia, porque te desheredo.
Brenda Ferrero, estoy hablando en serio.
- Llegó a amenazar con desheredarme.
- Eso no lo digas ni en broma.
Porque el dinero que tú vas a recibir es para ti,
para los hijos que tengamos, para nuestro futuro.
Para tu futuro. Para tu futuro, ¿ok?
[***]
- Espero que te quede claro que aquí el que manda soy yo.
[***]
- Maldito viejo asqueroso.
Me voy a vengar de ti.
Te vas a arrepentir de haberme conocido.
[***]
l *]
- Por favor, no le vayas a decir nada a Fermín,
porque si se da cuenta que te dije algo,
no me acabo la sopa.
- Promesa de floras.
- Flores. - Flores.
Y gracias por el ride. Vaya con Dios, pues.
- Con gusto. Por la sombrita.
- Por la sombrita tú.
- Hey, Claudia, shhh.
- Que sí, hombre.
¿Qué hubo, Mirnita? ¿Te doy una manita?
- Hola, Claudita. Gracias.
Imagínate, me fui para el super y se me olvida llevar el arrito.
- Ay, no se preocupe, yo le ayudo.
- Tan bella. Gracias, Claudita.
¿Cómo has estado?
- Nada. Todo bien.
- Roberto, yo no quiero hacer nada que pueda lastimarte.
- ¿Qué tal si quisieras? - No.
Tú eres un hombre increíble.
Eres guapo, inteligente, amoroso.
- Sí, claro, pero, al parecer, eso no te importa, ¿verdad?
Eso no es suficiente para ti.
- Por favor, entiéndeme.
- ¿Qué voy a entender, Elisa?
¿Qué es lo que voy a entender, que te volviste loca, eso?
Yo lo que no puedo entender
es por qué te casaste conmigo si piensas así.
[***]
- Si le sigues dando pie a Fernanda,
tarde que temprano, vas a tener que aflojar, Emilio.
- Sí, sí, ya sé.
- Pobrecito, ¿no? Pobrecito, ¿no?
Tener que esforzarse por acostarse con tremendo mujerón.
- Ya, ya, no empieces.
- A ti te gusta, ¿verdad?
- Es una mujer muy guapa, sí,
pero sabes que la veo con mucho resentimiento
por todo lo que ya sabes.
Ella es capaz de volver loco a cualquiera.
- Oye, ¿y Elisa?
- No, no, Elisa es otra cosa.
Ella es el amor de mi vida y eso no va a cambiar nunca.
- Padrísimo, padrísimo. - Gracias.
- De verdad que sí. Te felicito.
Llegaste a muy buen acuerdo con ellos.
- Sí, ya firmé todos los documentos.
Les hago la transferencia, hablo con el banco y ya está listo.
- Hum.
Bueno, y si Fernanda no tuviera que ver nada con Beltrán
y con la muerte de tu abuela,
¿seguirías con este rollo de la venganza?
- Si estuviera 100% seguro de que no fue Fernanda,
igual tengo que descubrir quién fue, ¿no?
- ¿Y todo apunta a que fue? - Alfredo del Pino.
- Alfredo del Pino. Alfredo del Pino.
- ¿Quieren que llames a ese número
que te pusieron en la nota?
- Sí, de un teléfono que no sea el mío ni de la constructora.
Saben que la policía está al pendiente, ¿no?
- Entonces hazlo ya. Llama desde mi celular.
- No tiene caso esperar.
- Y a ver a cuánto se bajan,
porque cinco millones es una locura.
- Yo nada más quiero que oigas todo lo que Ana tiene que decir
y que me des tu opinión imparcial.
Eso es todo.
- ¿Yo? - Sí, tú.
- No, esa opinión te la tiene que dar un especialista...
- Los doctores no tienen ni idea
qué drogas consumió estos diez años.
Algunas te hacen alucinar, otras...
- Ok, ok, espérame, ¿tú por qué estás así?
¿Por qué quieres saber si ella se alucinó, no se alucinó?
Cuéntame, es porque no tienes todas las pruebas
para hundir a Fernanda, ¿no?
- Marcelo, necesito descubrir quién es el culpable,
porque no me perdono no haber estado ahí
para salvar a mi abuela.
Porque no puedo vivir en paz, Marcelo, no puedo.
- No, no, no...
- Marcelo, mientras haya duda,
mientras no pueda castigar al culpable,
el único culpable voy a ser yo.
- No, es que eso es lo que te quiero decir.
No eres el culpable, métetelo en la cabeza, no lo eres.
Tú no eres adivino. La vida cambia...
- Nadie, nadie va a entender lo que yo estoy sintiendo, ¿sí?
Lo único que me puede salvar es descubrir la verdad, Marcelo.
Necesito la verdad.
- Un millón y medio. Es mi última palabra.
- Antes de darle un solo centavo,
yo necesito pruebas de que mi hija está viva.
- ¿Sí? ¿Y qué quiere que le envíe?
¿Una oreja, un dedo o prefiere el bracito completo?
- ¡Ay, no sea imbécil!
- Mire, mi don, su hija está todo el tiempo dormida.
No podrá hablar con ella.
Confórmese con la rebajita que le estamos dando, ¿sí?
Y confíe.
A ver, ¿por qué diablos voy a querer matar
a una pobre enferma?
Yo soy un hombre de principios.
- Sin pruebas no le voy a dar nada.
- Entonces no me dé nada, pero recuerde,
que usted no está en condiciones de exigir, mi don, ¿entiende?
- ¡Púdrase, pedazo de imbécil!
¡A mí nadie se me pone al brinco!
[Pitido]
Se negó a darme pruebas que Ana está viva.
Pues que se vaya el diablo.
- De acuerdo, de acuerdo. Sin eso no se puede pagar.
- Y menos millón y medio.
Fue a lo que finalmente accedió.
- ¿Y entonces ahora qué?
- Nada. No hay más por hacer.
Es más, yo estoy segura que ya la mataron.
- No, por supuesto que no.
- ¡Da...dame eso! Hija, dame eso.
[Suena el celular]
- Sí.
- Habla la hermana de Ana del Pino.
Por favor, no le hagan nada.
Díganos cómo quieren que les demos el dinero.
Nosotros vamos a hacer todo lo que nos piden,
pero, por favor, no la lastimen.
- Ahora sí nos estamos entendiendo.
Quiero que lleve el dinero a la dirección que le voy a dar.
Pues mañana ya tendremos el dinerito, mi Fernandita.
Dije todo lo que usted me indicó.
Van a llevar el dinero a la avenida que indicamos.
- ¿Yo? ¿Por qué?
Digo, lo lógico es que lo hagas tú o alguien más.
- Yo sé que es mucho pedir,
pero es el bienestar de mi hermana.
- Es ridículo. Yo no lo voy a permitir.
Yo lo voy a llevar.
- No, papá, ya fueron muy claros y tiene que hacerlo Fernanda.
Vamos a hacer las cosas como ellos lo pidieron.
- Yo no voy a poder.
De solo pensarlo me muero del miedo.
No voy a poder.
[***]
CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com
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