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- Loco, puedes dormir en el otro lado de la cama.
Está enorme.
Aparte, a mí no me molesta, en verdad.
Estás más cómodo.
- No, no, no te preocupes, mi Fer.
Muchas gracias.
Aquí estoy bien. Solo es una noche.
Si es necesario, mañana rompo un vidrio
y me meto a la casa, si Érika no está, obviamente.
[Suena timbre de la puerta]
- Voy.
- Hola.
Sentí un impulso enorme y necesitaba venir a verte.
¿Puedo pasar?
[***]
- Yo, de verdad, Fernanda, no creo que haya sido
una buena decisión venir.
No se trata de perder el control,
de dar un paso en falso y...
- ¿Sabes qué? Perdón, qué vergüenza.
No quiero que vayas a pensar mal de mí.
- No, no, no pienso absolutamente nada,
pero hay veces en que no debemos irnos de boca.
Que tengamos muchas ganas de hacerlo...
los impulsos no son buenos consejeros,
y tu marida haría de estar preguntándose dónde estás.
¿Qué le vas a decir?
- Nada.
Digo, él obviamente no sabe que estoy aquí contigo, ¿no?
Pero pues tuvimos un pleito muy grande
y no quería estar sola en la casa.
Quería estar aquí contigo. Necesitaba verte.
- Debiste buscar alguna amiga.
- ¿Amiga? No.
Alfredo no me permite tener amigas.
Yo creo que desde que llegué a Miami, mis únicas amigas fueron
María Laura, la difunta esposa de Alfredo y...
¡Ah! También al principio Elisa
pero ella se dedicó a echarme la guerra.
Elisa...
Elisa estaba enamorada de un jovencito muy dulce, muy noble,
y Alfredo los descubrió y lo echó de la casa.
Obviamente eso le rompe el corazoncito.
- Bueno, si no tuviste la culpa de lo que pasó,
Elisa no tiene por qué odiarte.
- No, esa es la misma pregunta que me hago yo
todos los días.
Yo, te lo juro, que intenté que ellos estuvieran juntos.
Hablé con Alfredo, pero pues, ¿ya ves?
No lo logré. Le fallé.
- Lamento muchísimo que ella piensa así.
Mira, procura relajarte y descansar
y nos estamos viendo, ¿sí?
* Y te siento en mi piel con la boca fría, *
* con aliento de ayer, mi nación naufragó. *
* Ámame fuerte, como amé la vida. *
- ¿Sabes cómo me siento?
- A ver.
- Ay, es que, ese hombre... no puede dejar de pensar en él.
Nada más de pensar en él me pongo a temblar.
Me excita tanto.
Quiero que toque todo mi cuerpo, que haga cosas indebidas.
Se nota que ese hombre es un gran amante, que es intenso.
Es pasional en la cama.
- Ya, ya, Fernanda.
Mira, con todo lo que me estás diciendo,
yo no sé qué decirte.
- ¿Sabes cómo me siento?
- A ver.
- Como las quinceañeras en las películas
cuando se están enamorando de su galán.
Así.
- Hm, pero, a ver.
¿Tú sientes que te estás enamorando de él
o que lo deseas?
Es distinto.
- Lo deseo.
Ese hombre no se me va a escapar.
- Te juro que pensé que Fernanda me iba a ver.
¿Qué explicación le hubiera dado?
- No, neta, ni idea. Pero ¿sabes qué?
Mejor ni pensemos en lo que no fue.
- Que son muchas confiancitas, ¿no?
Es muy peligroso que venga a buscarte a tu cuarto
en la noche.
O sea...
- Entre ella y yo no hay nada.
Te lo juro.
- Bueno, pero ganitas no le han de faltar.
Para mí es obvio que te viene a buscar para otra cosa.
Obvio.
- No me hubieran podido dar una mejor noticia.
Pensé que estaban en Cambridge.
No esperaba verlos aquí.
- Fuimos y regresamos el mismo día.
- Sí, quería asegurarse de que yo no volviera
cambiar de opinión.
- ¿Ya se fueron todos a la oficina?
- Sí, menos yo.
Ah, y Alonso, que llegó hace rato
de su entrenamiento de kayak.
- Ay, Alonso.
[***]
- ¿Qué pasó, mi Rober?
- ¿Qué onda?
- Tuviste la luna de miel más breve de toda la historia.
- Ya sé, güey. Ni me lo recuerdes.
- Yo te digo algo.
Lo peor de todo es que se regresaron en balde
porque mi papá no va a cambiar de opinión, ya lo sabes.
- Ni me digas. Ya ni me digas.
- Entonces tú no fuiste sincera con él para nada.
- ¿Cómo crees?
¿A poco crees que le iba decir:
"Oye, mira, maté a María Laura, a Manuelita"?
Claro que no.
Si no, se hubiera ido corriendo y nunca más
me hubiera visto la cara.
- Pero tú me dijiste que tú querías
a los hijos Del Pino.
- Sí, Mirna, yo los quiero, Mirna.
Yo los quiero mucho.
Nomás que los quiero matar.
Olvidé esa pequeña palabrita.
Tampoco le dije que estoy convenciendo a Alfredo
para que pague "el rescate" de Ana
porque quiero que Alfredo suelte el dinero para quedármelo yo.
¿Ya entendiste?
- Ujum.
- Para mí, lo prinpa hacerle justicia a mi abuela.
Hacer que paguen por empujarme a huir de todo
lo que era mi alrededor.
De eso no me voy a olvidar por nada, Fermín.
Por nada.
- Mira, es mejor que no me quede aquí
y busque otro lugar para dormir y ya.
- ¿No me dijiste que regresabas a tu casa?
- No, nel, no, no, no tiene caso.
Érika es capaz de agarrarme a sartenazos.
Mejor ni le muevo, brother.
[***]
- Sebas, tienes que ayudarme a presionar a mi papá
para que pague.
- Sabes que yo siempre te apoyo pero la verdad yo lo veo
muy decidido.
- Y no estás muy convencido de que pague, ¿verdad?
- Claro que sí. Es nuestra hermana.
Si la dejamos así, a la buena de Dios,
siempre vamos a tener este gusanito de que
por nuestra culpa no regresó.
- Le tienes que hacer valer tu autoridad de macho, ¿sí?
Las mujeres hoy en día se quieren tomar autoridades
que no les corresponde, ¿verdad?
- Tu mentalidad está pasada de moda.
Ahorita las mujeres ya no se dejan, ¿eh?
- ¡Ah qué sí!
- Además, yo no voy a tratar tu hermana
como tú tratas a Tania.
- Pues entonces ya llevas las de perder, cuñadito.
Apréndete bien una cosa.
Mientras peor las trates, más enamora.
[***]
- Con ese dinero voy a empezar a buscar a mi hija.
Pero necesito más. No es suficiente.
- Si me estás hablando de una millonada, por Dios.
- No, no, claro que no.
A ver, ¿qué es lo que le pudiera sacar a Alfredo?
¿Uno, dos millones nada más?
La realidad es que yo quisiera sacarle más.
- Fernanda.
Fernanda, para.
Acuérdate, la ambición es la que rompe el saco.
- El que poco pide poco merece, Mirna.
Yo he tenido una vida muy difícil
como para conformarme con menos.
Aparte, llevo diez años "haciendo feliz a papá".
Nos vamos ¿o qué?
- Sí, ok. Vámonos.
[***]
- No, Frank, tú no tienes que hacer nada, no te preocupes.
- Fermín, es mi culpa y voy a hablar con Érika.
- ¿Va en serio?
Porque Érika se va a quedar muda del susto
y va a querer que se la trague la tierra
por desconfiar de mí y todas esas cosas que inventó.
- Bueno, eso ya lo veremos.
¿A qué hora regresa de la escuela?
Al rato me voy a la clínica a ver a Ana
y paso por ti regresando cuando salga de trabajar
y vamos a ver a Érika, ¿sí?
Come, come, come.
[***]
- Me siento una porquería completa.
Por más que dije que no iba a volver a caer con Alonso,
a la primera de cambio...
- Bueno, yo creo que tal vez lo que necesitas
es buscar la ayuda de un psicólogo, Tania.
Que te ayude a tratar de soltarte de esa adicción
que tienes con ese muchacho.
- Mirna, soy una cualquiera,
una enferma mental.
- No, no, no, no te trates así, no.
No, por favor, no.
- Es que el sexo con Alonso es...
Es una adicción que no puedo controlar.
Con tal de que me haga suya, no me importa que me humille.
No me importa nada.
[***]
- Ya solo resta esperar, mi amor.
Qué emoción. Ya quiero ser mamá.
- Yo también, mi amor.
Ya quiero ser papá porque ese hijo
va a significar muchas cosas para nosotros.
Primero que... lo logré.
Y segundo, que tu familia y mi familia... se unan.
Se junten por fin.
- ¡Ay, mi amor!
- Te amo, te amo.
- Todos están furiosos conmigo por haberte avisado
pero a mí no me importa.
- Todo vale la pena si logras convencer a tu papá.
- Quise verlo en cuanto llegué pero estaba en una junta.
En cuanto salga voy a hablar con él.
[***]
- ¿A qué vienen todas esas preguntas, ah?
¿Qué te está pasando hoy?
- Ana, las drogas hacen que la gente alucine cosas,
que vean cosas que en realidad no existen.
- Estás dudando de todo lo que te conté.
- A ver, no, no estoy dudando de lo que viste,
pero igual y esa no era la realidad
y tú sí...
- ¿Qué vamos a hacer si no cede?
Van a matarla, Elisa,
y yo me voy a sentir tan culpable.
- Culpable ¿por qué?
- De no haber podido ayudarla en nada.
Yo te lo juro, yo lo intenté.
Yo traté.
El psiquiatra me contó que ella se drogaba.
Yo debí haber hablado con tus padres
y asegurarme de que la internaran
en una clínica de rehabilitación pero...
Yo hice lo que consideré mejor para ella.
Ella era mi amiga, Elisa. Yo la quería tanto.
[***]
[* Tema musical *]
- Perdón, es que me sorprende mucho verte así.
Yo siempre creí que tú...
Gracias, Fernanda.
De verdad que este detalle nunca lo voy a olvidar.
- No, tú a mí perdóname.
Perdóname por lo que te dije la otra vez.
Ya sabes que cuando uno se enoja,
uno dice cosas que realmente no piensa.
Elisa, yo no quiero ser tu enemiga,
te lo juro por la memoria de mis padres.
[***]
- A ver, a ver, a ver.
Fernanda sí mató a mi mamá.
Y de eso no tengo la menor duda.
Y no solo la mató sino que luego me echó la culpa a mí.
- Ana, por favor, no te exaltes.
Solamente te hice una pregunta.
- A ver, sí, sí me pongo así, sí me exalto
porque estás pensando que ella es inocente
y eso significa que piensas que yo la maté.
¿Cómo quieres que me ponga?
¿Hm?
- Ya no sigas, por favor.
Tú no eres culpable de nada.
- Yo sé que tú en el fondo piensas que yo no hice
lo suficiente para evitar que tu papá te separara de Francisco.
- No, te prometo que no.
- Sí.
Dios está de testigo que yo le supliqué a él y a tu madre
que los dejaran ser felices.
Pero no pude hacerlos cambiar de opinión.
Mira, Él escuchó mis oraciones y envió
un gran hombre a tu vida para compensar todo
lo que has sufrido.
Eso al menos me tranquiliza un poco.
- Fernanda es una hipócrita.
Y si te contó su versión de los hechos
y tú la estás creyendo, solamente...
- A ver, no le estoy creyendo nada.
Solamente quiero que entiendas, Ana.
Existe la posibilidad de que te hayas equivocado.
- ¿Y también me equivoqué cuando pensé
que iba a matar a Manuela, hm?
Porque lo hizo. Tuvo que haber sido ella.
Mira, tal vez cuando encuentre ese... Eugenio,
al que le escribió los mensajes,
te convenzas de lo que...
- Eso no va a pasar.
Él está muerto.
[***]
- Por su pollo que vine a clases,
y en carro porque ya no voy a andar en camión.
- No he tenido tiempo de hablar con Fermín
pero lo vi de lejitos.
- Ah, ese debe andar como perro paleado
con la cola entre las patas.
- No, fíjate que no.
La neta se veía de los más contento.
[Silbidos]
Y si es así, ¿te vas a quedar tan tranquila?
Lucha por él. Es tu marido.
Ni modo que tan fácil dejes que otra te lo baje.
- No puede ser.
¿Tú estas seguro?
¿Tú estás seguro que era él?
- Ignacio descubrió que su madre trabajó como secretaria
de tu abuelo.
Tiene que haber una conexión, ¿no?
- Si él está muerto, no... no vamos a poder saber
por qué tenía un interés en que mi mamá muriera
o que Fernanda se casara con él.
- Bueno, tal vez Ignacio pueda averiguar algo más.
Ana, solo tenemos que tener paciencia.
Espera un poco.
[***]
- Moni ya fue a ver lo de las clases de correo
de bienes raíces.
La llevó una empleada de aquí.
- Qué bueno.
Me parece muy bien que esté entretenida.
- Traes una cara. ¿Qué pasó?
Fue porque no viste a mi papá, ¿verdad?
- Estuve hablando con Fernanda.
Yo estoy muy sacada de onda.
- ¿Por?
- Creo que he sido muy injusta con ella.
Me hizo sentir la peor, te lo juro.
[***]
- No le voy a poder dar la cara a Marcelo.
- Pero ¿por qué?
A ver, hasta donde yo sé, ustedes no son novios todavía.
Tú no le estás engañando ni nada por el estilo.
- No le podría mentir, y cuando se entere
de lo que pasó con Alonso,
va a estar muy decepcionado de mí.
- A ver, a ver.
Uno cosa es callar algo y otra es mentir.
Tú lo que tienes que hacer es no decir nada,
y eso sí, Tania, eso sí.
Cuando te encuentres con Alonso, se fuerte.
Llénate de "no".
¡Y no es no!
- Hola.
- Lo sé todo.
- ¿De qué estás hablando?
- Anoche te vi entrando en la recámara de Alonso,
y conociéndolo, dudo mucho que haya sido
para jugar matatena.
[***]
[* Tema musical *]
- Alonso tenía un dolor de cabeza.
Yo simplemente me ofrecí a darle unas pastillas, eso es todo.
- Ya, y yo nací ayer y me estoy chupando el dedo, ¿verdad?
- A ver, Fernanda, mucho cuidado con venir a calumniarme.
Tú no me quieres como enemiga.
- Ay, Brenda, tranquila.
¿Quién soy yo para juzgarte?
Más bien te lo digo porque anoche fui yo.
Otro día, ¿quién sabe quién puede ser?
Y a lo mejor esa persona no va a ser tan discreta como yo.
Cuidado.
[***]
Hm.
- Creo que no debí decirle nada a Ana.
Solamente terminé alterándola más.
- Es que todo ese rollo tan raro que te traes con Fernanda
para sacarle la verdad
te está volviendo en tu contra, hermano.
- Sí, yo sé, yo sé.
Pero si ella está dispuesta a todo conmigo,
yo también tengo que estarlo.
Es la única manera de sacarle la verdad.
[***]
[***]
- Siéntate en tu casa.
Para mí que estás tratando de justificar a Fernanda
a como dé lugar.
Siéntate.
- Fermín, la verdad es que quiero decirte algo
porque no he sido totalmente sincero contigo.
La verdad es que Fernanda sí me está tirando el can grueso.
[***]
- No sé qué decirte, Elisa.
Mira, el hecho es que no tiene caso
que estés de pleito con Fernanda.
Queramos o no, es la esposa de mi papá.
- Alguna vez fuimos amigas.
De hecho, creí que era la persona
que más me entendía en este mundo.
- ¿Más que Tania?
- Bueno, Tania y yo hemos sido amigas desde niñas
pero todos sabemos que no es muy centrada.
Pero bueno, lo importante en este momento
es hablar con mi papá,
así que voy a ver si ya salió de su junta.
- Ok, ¿quieres que te acompañe?
- No, va a ser más fácil si voy yo sola.
[***]
- No, no le he contado nada a Marcelo
pero pues ya al rato le hablo, y como siempre,
Marcelo tenía razón.
Le gusto a Fernanda.
- ¿Y qué vas a hacer?
- Pues por el momento dejar que se pique más.
- Mucho cuidado.
A ver si el picado no termina siendo tú
porque cuando un hombre se endiosa con una mujer como esa,
pierde la perspectiva de las cosas.
- No, no, nada de lo que pueda pasar
va a afectar mi bueno juicio
y eso tenlo por seguro.
Es más, si se apasiona conmigo, va a ser más fácil
que cumpla mi objetivo.
- Ojalá, porque si don Alfredo se entera,
ese señor si te meta un plomazo.
Érika no tarda en llegar.
- Eso espero, loco.
Todo el día me la he pasado riendo,
de imaginarme la cara que va a poner.
Pero va a tener que hacer muchos puntos para contentarme.
Ni creas que la voy a perdonar así de fácil.
No, no, no, no, no.
[***]
- Como estás trabajando, mejor regreso después.
No quiero interrumpirte.
- Fernanda.
No, para ti siempre tengo tiempo, Fer.
Dime, ¿en qué te puedo servir?
Soy todo oídos.
- Pues vengo para decirte que eres un chico
muy, muy, pero muy malo.
- Gracias pero ¿por qué lo dices?
- Ya sé lo que te traes con Brenda.
[***]
- Regresarte de Europa fue lo peor que podía haber pasado.
¿Qué es lo que vas a hacer?
¿Qué pretendes, eh?
- ¿Tú vas a ser el culpable de lo que le pasa
a mi hermana?
- Si piensas que con eso me voy a remorder la consciencia
por esa ingrata, te equivocas.
- No, si ya todos sabemos que tú no tienes consciencia.
- Hijita, si no te vas a ir de luna de miel,
¿por qué no te vas a trabajar
y me dejas tomar este güisquicito tranquilo, sí?
- ¿Qué clase de hombre eres, papa?,
que ni siquiera te importa lo que le pase a tu hija.
Pero mira, ¿sabes qué? No me sorprende.
Porque yo sé que lo único que te ha importado a ti
es lo que te pase.
- No te pases.
- Por eso somos la familia que somos.
Torturaste a mi mamá toda la vida
y nos torturaste a nosotros también.
- Suerte.
- Si viniste para que te dejara quedar, Fermín...
- El es el amigo al que he estado viendo.
- Ah, y yo soy la nieta de Lady Di.
- Está diciendo la verdad.
[***]
- Bueno, ¿qué quieres que yo haga, hm?
Gabrielito no le da a Brendita la atención que necesita.
- Tú siempre tan amable.
- ¿Qué se hace, mi Fer?
Y mira, por mucho de que mi papá diga y presuma
de que es todo un macho alfa,
te aseguro que si probaras lo que yo tengo...
- Ay, no, mi amor.
Gracias, pero no me interesa.
Eso está demasiado usado ya.
- Bueno, pero no por eso es menos efectivo.
- A la que deberías de ofrecerle tus servicios es a Mónica,
la novia de tu hermanito.
¿O qué, la vas a dejar pasar por alto?
Te apuesto lo que quieras, Alonso,
a que con ella no puedes.
[***]
- Si hay alguien que no se tiene que quejar, esa eres tú
porque te he dado todo.
- Dinero, sí, pero no el cariño que un padre
debería de darle a su hija.
- Eres una malagradecida.
- Pa, negocia el rescate y págalo.
Por favor, no cometas el error más grande de tu vida.
Si te desentiendes de Ana,
voy a publicar en todas las redes sociales lo que pasó
y vas a quedar frente a todos como el hombre más mezquino
que puede existir.
- ¿Me estás amenazando tú a mí?
- Sí, y no me salgas con que piensas desheredarme, ¿eh?
Porque no te voy a devolver tus acciones.
Tal vez a Adalberto Ferrero le interese comprarlas, ¿no?
[***]
- Pero tú eres el mexicano que llegó a la casa
de los Del Pino, ¿no?
Fermín, ¿no te da pena pedirle que sea tu tapadera, por Dios?
- Érika, él no te dijo mentiras.
Mírame bien.
¿No me reconoces?
¿Así lo que se dice, nada?
Érika, soy Francisco.
Francisco Ramírez.
[***]
[* Tema musical *]
- ¡¿Qué?!
¡Francisco!
¿Y por qué no me dijeron la verdad antes?
- Porque mi situación es muy delicada
y no quería arriesgarme a que los demás se enteraran.
Solo por eso.
- Ay, ¿es que acaso tengo cara de lengua de trapo o qué?
- ¿Apenas te das cuenta?
- Érika, tienes que prometerme.
Nadie bajo ningún pretexto va a enterarse
de que yo estoy aquí, ¿sí?
- Sí, sí, sí.
Como dicen aquí, palabra de honor.
- Ni a tus hermanas se lo puedes decir.
Si vine aquí a hablar contigo es porque es muy injusto
lo que le estás haciendo aquí a don Fermín.
O sea, debería darte vergüenza.
Pobre hombre, llorando ahí por las banquetas.
[***]
- ¿Por qué me estás siguiendo? Déjame tranquila.
¿Que no entiendes que no te quiero ver más?
- ¿Adónde vas con tanta prisa?
- No te importa.
¿Qué piensas, que eres la única persona en este mundo
a la que veo?
- Ya, Tania, por favor, ya.
Espérate.
- No, estoy muy avergonzada conmigo mismo por lo que pasó.
Pero no se va volver a repetir y va en serio.
- Ay, ya, Tania, por favor.
Mejor ya vamos a tu apartamento.
Bien sabes qué es lo que quieres.
Además, yo tengo muchas ganotas.
- No voy a tolerar que sigas en ese plan, ¿ok?
- Anoche dormí como lirón en la recámara de María Laura.
Yo estoy segura que dondequiera que ella esté,
está cuidándome.
- ¿Qué?
¿Ahora resulta que es tu ángel de la guarda?
¡No seas ridícula!
Tu lugar es en nuestra habitación conmigo.
¡Eres mi mujer!
- Si sigues faltándome el respeto de esa manera,
no voy a permitir que me pongas ni un solo dedo encima.
[***]
- Nada de lo que me dices me extraña.
Eso sí, no quiere decir que no me preocupe.
- Créeme que lo tengo bajo control.
- Una de dos, Emilio.
O hay cosas que aunque no cuadran
tienen una explicación que en este momento no conocemos
y ella es totalmente inocente.
- O es la peor de las arpías.
- ¡Exacto!
Y es capaz de tomarle el pelo a quien se le ponga enfrente
y al que se deje para parecer buena.
Aguas con eso.
- Empiezo con mis clases dentro de dos semanas.
- Ay, qué bueno, Moni.
¿Sabes que yo soy agente de bienes raíces?
Hubo un tiempo que trabajé con mi papá
y vendía todos los edificios que él hacía.
- Y ganaba mucho dinero.
Yo le dije que me mantuviera pero no quiso.
- Para que veas lo que dejé por ti, mi amor.
- El peor error que pudiste haber cometido
es echarte a tu papá en contra, Elisa.
- No veo por qué.
Todo lo que le dije es verdad y si no le gusta...
- Pero ¿en qué condiciones vamos a estar viviendo en esta casa?
En una tensión constante. ¿Eso quieres?
- Por supuesto que no.
- ¿Entonces?
- Por eso te he pedido tantas veces que nos vayamos a vivir
a tu departamento.
Y no me importa que le hayas prometido a mi papá
que íbamos a vivir aquí.
¿Tú sabes cuantas promesas nos ha hecho él
a mí y a mi hermanos que no ha cumplido?
- ¿Quieres que llame a la policía?
¿Solo así me vas a dejar en paz?
- Ay, por favor, Tania, no seas ridícula.
Ya déjate de comportar como una niña berrinchuda
y mejor vamos a tu departamento.
- Es que ¿por qué me haces esto?
Te juro por Dios que no lo entiendo.
Yo sé que tú tienes mil mujeres mejores que yo
que te dan eso.
¿Qué ganas buscándome?
- ¿No lo sabes?
- No me quieres. No te importo.
- Eres mía, mi reina.
Y lo mío se queda conmigo y punto.
- Lo que pasa es que me puse a pensar
de lo que me dijiste sobre Ana.
Cuando pasó lo de su mamá,
ella estaba totalmente drogada, ¿no?
Pudo haber alucinado todo lo que nos dice.
- Hm, sí, pero el punto oscuro sigue siendo Eugenio Beltrán.
- Y lamentablemente está muerto.
- No tengo ni que preguntarte si ya te dan ganas
del cuchiplanche con ya sabes quien.
- No, no. Por el momento no.
- Es una mujer bellísima, hermano.
- Sí. Demasiado.
No solo la puedo ver como la posible asesina de mi abuela.
- En los últimos días ha pasado lo que nunca creí posible.
Miembros de mi familia se olvidaron de quien soy
y han pretendido tratarme como un imbécil
al que pueden manipular a su antojo.
- Algo que me parece reprochable porque tú eres el jefe,
el patrón,
y mereces el respeto de todos.
- Es muy lamentable que pienses así, mi amor,
porque aquí todos en esta familia te amamos
y te adoramos.
- Bla, bla, bla, bla.
Palabras van, palabras vienen.
Lo que cuentan son los hechos.
- Bueno, justo.
El hecho es que como te amamos tanto,
queremos que reconozcas tus errores.
- ¿Por qué no vas directo al punto y ya?
No tiene caso tanto discurso.
Mejor dile a todos que nos juntaste aquí
para mandarnos a volar, ¿no?
[***]
- Voy a hablar con los delincuentes
que se llevaron a Ana y tratar de llegar
a un arreglo con ellos.
- ¿Es en serio?
¿Cambiaste de opinión y vas a pagar por el rescate?
- A mí me parece que esa es la actitud correcta.
- Señor, usted sabe que siempre lo voy a apoyar.
Cuente conmigo.
- Ya, papa, tienes que llegar a un arreglo.
- Cinco millones no se los voy a dar.
- ¿Y sí estarías dispuesto a hacer todo lo que te piden?
Digo, involucrar a la policía sería...
- Les voy a pedir que no interfieran.
Me tranquiliza saber que ustedes van a estar al pendiente
de todo este penoso incidente.
Estoy confiado en que ustedes van a atrapar
a esos sinvergüenzas
y le van a hacer caer todo el peso de la ley.
Muchas gracias.
Gracias.
- No creo que se trate ya de lo que tú quieres
sino que dejen de hacer su trabajo
porque su te lo pides.
- Pues lo voy a intentar.
Por mí no va a quedar.
[***]
[* Tema musical *]
- Sí, es mejor que mande una nota.
La policía tiene intervenidos los teléfonos de Alfredo.
- Entonces los mando por correo.
- Sí, y de un buzón que esté bien lejos
del barrio donde usted acostumbra merodear.
- Ay, mi Fernandita, a usted no se le va una.
¿Sabe que sería mi socia ideal?
- No deje de buscar a la hija de Alfredo.
Es urgentísimo que aparezca.
- Bueno, en Miami no está.
Ahora me toca buscar por las ciudades cercanas.
- No hay tiempo que perder.
Sí, nos mantenemos en contacto.
- Hoy no voy a poder quedarme mucho tiempo.
Tengo que irme a la oficina.
Anoche ya no pude hablar gran cosa con Fernanda.
Nuestra relación a mejorado muchísimo.
- Ay, qué bueno.
Ya no podías seguir en pleito campal con ella.
- ¿Por qué no quieres acompañarme a la constructora?
- No, yo no voy a poner un pie ahí ni en tu casa.
Lo último que me interesa en este mundo
es toparme con Alonso.
Por un muy buen tiempo tengo que evitar verlo completamente.
- Como vez, el departamento está totalmente amueblado
porque es el departamento muestra.
Pero en caso de que te llegue interesar,
lo podemos vaciar sin problema.
- Me gusta tal como está.
Es más, esto es justo lo que necesito.
Si me lo venden así, con muebles, me solucionan
un montón de problemas.
- Eso sí.
A veces las mueblerías tardan mucho
en traerte las cosas, ¿no?
- Sí.
Muchas gracias por mostrarme el departamento personalmente.
Gracias.
- No, nada que agradecer.
A mí me pidieron que te diera trato preferencial
y de verdad lo hago con mucho gusto.
- En serio, estás completamente loca.
¿Cómo se te ocurre dejar tirada tu luna de miel?
No estuviste nada en París.
- Ay, pues sí, pero necesitaba estar aquí por Ana.
Pero valió la pena.
De algo sirvió lo que le dije a mi papá.
- ¿Y Roberto no se enojó?
- Obviamente sí pero pues no tenía otra opción.
- Bueno, y fuera de eso, ¿cómo van las cosas con él?
- Pues... la verdad, no tan bien.
- No me digas que sigas obsesionada
con los recuerdos de Francisco.
- Es que no sé por qué últimamente me ha dado
por recordarlo tanto.
Creo que no debí de haberme casado, Tani.
Yo quiero mucho a Roberto pero no sé
si al punto de querer pasar el resto de mi vida con él.
[***]
- No me vas a salir con que de verdad te importa
lo que le pase a Ana.
- Lo de Ana ayudó para que Elisa y yo nos acercáramos,
cosa que tú no has podido conseguir.
- ¿Y cómo quieres que consiga algo, Fernanda,
si te pones a amenazarla y echártela en contra.
- Ay, porque pasaron cosas.
Lo cambiaron todo. Es en serio, Roberto, ya.
No empieces a interrogarme.
- Ok.
Y si ya no hace falta que te acerque a Elisa,
¿qué quieres que haga ahora?
- Mátala.
Los estorbos es mejor desaparecerlos.
[***]
[***]
CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com
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