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Original subtitles

Muy bien, chaval. Mantén la calma.

No bromeo. ¡Le dispararé a la cabeza!

- ¿Estás loco? - Ya viene el coche.

Ya lo has dicho hace media hora. ¡Es mentira!

¿Parezco idiota, o qué?

No seas tan agresivo. Tengo el dinero.

¡Dame el coche ya, hostia!

Mira lo que he encontrado.

- Hija... - ¡Ábrelo!

No hace falta que trabajes, pero cógelo.

PROYECTOS ESPECIALES Quizás te inspira...

Alguna idea nueva...

Gracias.

¿Sabes qué harás estos días?

Aún no... voy a un concierto en el parque,

pero el resto de los días, tengo que decidirlo.

Lo puedes sacar.

Dijimos que lo haría Solange.

Lo sacará. Le dará agua, comida...

Estará bien.

¿Verdad que sí?

¡No, no!

Déjalo así.

¿Paulinha va al concierto?

Sí.

No he hablado con ella, pero creo que sí va.

La invitaré.

Marilia.

Tú no quieres ir, mamá.

No vayas si no quieres.

Quédate.

¿Interrumpo?

No.

Ven aquí.

¿Dónde estabas? No te vi llegar, ninja.

Sólo un ninja lleva ese regalo y no se nota.

¿Has comprado el coche?

¿Cómo lo sabes?

Ya lo dijiste la semana pasada, ¿no?

Entonces lo compré.

- Y hoy lo he recogido del mecánico. - ¿Y ya has ido al mecánico?

Lo he blindado.

- ¿Ya estás? - Aún no.

20 minutos y nos vamos.

Hago la maleta rápido.

Vale. ¿La ayudas?

Dejo la maleta en la cama para que la puedas hacer, ¿vale?

¿Renildo?

Buenos días. Nos vamos ahora.

¿Cómo fue la reunión ayer?

Vale.

¿Sí?

Ya te lo dije.

Tienes que hablar tú con ellos.

¡Reúnelos y habla!

Pero no hables del hotel.

Un momento.

Dile a Cristina que limpie bien la casa.

Haremos una reunión.

- ¿Señora Teresa? - Diga, Doña Solange.

¿Puede llevarle esta medicina para el corazón a mi madre?

- Por supuesto. - Y otra cosa.

Dígale a Iara que tenga paciencia,

que pronto estará conmigo aquí en Recife.

- Sí, se lo diré. - Muchas gracias, Doña Teresa.

De nada, gracias a usted. Nos vemos a la vuelta.

- ¿Qué? - Muy guapo.

Habla para que el ordenador te grabe la voz.

No hace falta, no lo conduciré.

Ya está.

Ya te ha grabado.

Ordenador de a bordo, sillones electrónicos reclinables...

Portavasos térmico integrado. Y lo más importante...

Sí, ya lo has dicho.

He tenido una atención especial por ser tu marido.

¿Por qué lo has dicho?

Conocen tu historia.

Gustas a todo el mundo.

Mírame.

Tonterías.

Va, dame un beso.

¡No te asustes, hombre!

Madre, esto es tuyo, ¿no?

- Y te he traído esto. - ¿Qué es?

- Lo dejaré detrás. - Una sorpresita de la peque.

Tonto.

Llámame cuando llegues.

Te quiero, hija.

Y yo a ti.

Si viene una tal Paulinha...

se termina el subsidio.

Buen viaje.

PROPIEDAD

- ¿Estiramos las piernas? ¿Café? - Estoy bien aquí.

Vamos.

Gracias.

CASA CAVALCANTI

Teresa, ya hemos llegado.

¿Vamos?

Solo un momento.

- ¿Todo bien? - Ahora voy.

Va, amor, lo prometiste.

Haz un esfuerzo.

Es difícil.

También es difícil para nosotros.

Nos rehúyes.

Al marido, a la hija...

Tú no sabes lo que es, Roberto.

No, no lo sé.

Por eso haces terapia, y fuimos a vivir al ático.

- Y compré el coche y lo blindé. - Aún le veo.

Me siento...

como cuando me agarras por detrás.

Pero él...

Siento

su brazo en el cuello.

Oigo el sonido de su boca cuando le dispararon.

No era una voz.

Pero todavía lo oigo.

Voy. Ven cuando estés mejor, ¿vale?

Vale.

¡Renildo!

¿Qué coño es esto?

¿El repetidor funciona?

Sí.

Preparo café. ¿Quieres?

Sí.

¿Sabes dónde está el molinillo...?

Buenos días.

- Buenos días. - Buenos días, Antónia.

- Buenos días, Antónia. - Buenos días.

Aún no ha llegado, parece que no ha dicho nada.

Yo tendré esa conversación.

Mira, es un papel normal.

Solo un papel normal.

- ¿Qué tiene? - Es normal.

- ¿Qué tiene detrás? - ¡Mirad!

Lo juntamos.

¿Veis el papel?

Aquí, mirad.

¡Hala!

Cuando llegue, estará todo resuelto.

Sí, señor. Vale.

Hola, Antónia. ¿Dónde está tu marido?

Fui a la cama sola y me he despertado igual.

¡Vaya! ¿Has perdido a tu hombre?

¿Treinta años así, no lo sabes?

¡Vamos, chicos! ¡Venga!

Bien, ¿y Avelino, dónde está?

¿Quién le ha visto?

- ¿Ha hablado con vosotros? - No.

Entonces hablaré yo.

Callad y estad atentos.

Lo que voy a decir es importante.

Cerramos la granja.

- ¡No puede ser! - ¡Calma!

Calma. Dejadme hablar.

A ver...

¿cuándo ha visto entrar algún buey por última vez?

No da dinero, no rinde.

¡Sin dinero, nadie gana! ¡Sin trabajo, cerramos!

¿Y nosotros?

Eso, cada uno.

¿Pero puede decirnos qué harán de las tierras?

- Un hotel. - ¡Un hotel!

¿Y no podemos vivir con el hotel? ¡Hay espacio!

¡Será un hotel para ricos! No nos quieren.

¿Para cuándo?

Tras trasladar el ganado, unos cuatro meses y medio...

Luego cerramos y cada uno hace su camino.

- ¿Cómo puede hacernos esto? - ¿Y yo?

- Llevamos mucho aquí. - Son órdenes.

Nos jode, ¡eso sí!

Mi sobrino es mudo por los pesticidas.

¿Qué hará ahí fuera?

¿Otra vez con esto?

¿Sabes por qué está así?

El irresponsable no aplicó bien los pesticidas.

¿Y sabes, Dimas? ¡Que esté así es una bendición!

¡Miserable!

¡Acepto, dame los documentos y la paga y empiezo de nuevo!

Doña Sandra, aquí no tiene tierra.

Nadie tiene aquí.

- ¿Pero quién cuida la casa? - Nosotros y por eso nos pagan.

Que levante la mano quien paga alquiler aquí.

Y otra cosa:

todo el mundo debe rendir cuentas con el Sr. Cláudio.

He visto la libreta.

¡Estáis todos!

Unos más, otros menos...

Algunos mucho más, ¿no, Dimas?

Y la granja le indemnizará.

Sr. Renildo.

- Dime. - ¿De cuánto será?

Esto, él.

¿Y si no le pagamos al Sr. Cláudio?

Puedes irte, sin documentos.

¿Comprar y no pagar está bien?

¿Esto hace la gente decente?

Todo el mundo está ahí: que si por un móvil o ropa o perfume...

Va, seamos responsables.

Volvamos al trabajo,

Dios nos ayudará y todo irá bien.

Dile al irresponsable de tu marido que nuestra conversación terminó.

¡Cristina!

¡Salid!

¡Salid!

¡Sal!

¡Sal!

- ¿Qué haces? - Solo es una foto.

- ¡Está Doña Antonia! - El móvil es mío.

¡Bórralo!

- Llame a alguien. - ¿A quién?

Ambulancia, médico... ¡lo que sea!

- ¿No ves que está muerto? - Pues a la policía.

- ¡Llama! - ¡Si es un accidente!

¿Crees que soy tu criado?

¡Respétame, pedazo de mierda!

- Zildo, ¿qué haces? - ¡Calma!

Vigila a tu niño, Dimas.

¡Vigílalo, o recibirá!

¿De qué habló ayer con Avelino, Sr. Renildo?

Pues...

Sobre lo que acabo de decirles.

Quería que nos dijera que lo perderíamos todo, ¿no?

¿Crees que es fácil decir esto?

Pero ¿sabía que quería construir aquí?

¡Llama a la policía!

¡No llames a nadie!

Llame a la policía, ahora!

Nadie llama aquí.

¡Dame esto!

¡Dáselo!

¡Borrará las fotos!

¡Compruébalo aquí!

- A la de tres. - Una, dos, tres... ¡Tira!

¡Tú, chica!

¿Encontraste algo?

¡Vete!

En los cuartos, nada.

¡No he podido abrir la caja!

Debemos romperlo rápido.

Cuando venga la policía, acaba todo.

Debemos arrastrar la caja para abrirla en otra parte.

Calla. Sin tu sobrino no tendríamos este follón.

¿Dónde está?

- Allí dentro, hablo yo. - Hazlo.

La policía viene por todos, pero le quieren a él.

Si no lo abrimos, me llevo a los niños.

Nos iremos todos.

¿Pero sin nada?

No es el dinero. Son los documentos.

Sin ellos, no demostramos trabajar aquí.

- ¡No podremos hacer nada! - Y si abrimos la caja, ¿qué?

Nos quedamos.

Recibimos la parte, viene la policía, investiga.

Y después, nos vamos con nuestra parte.

Con paciencia.

Pero debemos mantenernos unidos.

¿Y quién se queda el dinero?

¿Quién decide cuánto cobrará cada uno? ¿Tú?

¡Vamos!

¡Renildo!

¿Qué coño es esto?

¿El repetidor va?

Preparo café. ¿Quieres?

Sí.

¿Sabes dónde está el molinillo...?

Baja las escaleras. Ahora voy.

Vete.

¡Que alguien me diga qué pasa aquí!

¿Y Renildo?

Nos ha hecho llamar, pero no ha venido.

Aquí, ¿en mi casa?

Él manda, nosotros obedecemos.

¿Quién es esta chica?

Ven aquí.

Ven.

Pon el anillo en la mesa, por favor.

¿Qué has hecho?

Usted se lo vende todo.

¿Y esto es motivo para saquear mi casa?

Nuestras familias son amigas.

¿Cuándo perdisteis la vergüenza?

¡Vergüenza es echarnos!

¡Es su problema!

Deme los documentos y me voy.

Paga tus deudas al Sr. Cláudio.

- Qué pinta el Sr. ¿Cláudio? - Si no, tengo que pagar yo.

¿Te parece bien?

¿Está bien ponernos una navaja en el cuello y dejarnos sin casa?

¿Qué casa?

Esta tierra es mía. Era de la familia.

Os hemos dado refugio, comida, herramientas, trabajo. ¡Todo!

¡Y me encuentro la casa saqueada!

¡Las cosas de mi familia! ¡Todo revuelto!

¡Déjenos trabajar en su hotel!

Nadie sale perdiendo.

¿Cómo sabéis lo del hotel?

¿Dónde está Renildo?

Contaré hasta 20.

Si no habláis, llamaré a la policía.

¡Déjalo!

- ¡Ven! - ¡Sácalo de aquí!

Mierda! ¡Sácalo!

¡Vamos! ¡Vámonos de aquí!

Calma. Relájate.

Calma.

Quédate aquí, ¿vale?

Todos están cabreados contigo.

Subo a buscar a la señora.

¿Vale?

Dame esto.

Va. Y no salgas, Zildo.

¿Me oyes? No salgas.

Que Dios te bendiga, sobrino mío.

¡Calma!

- ¡No lo mueva! - ¡Calma!

ENCENDER VUELVE A INTENTARLO

Inicia.

¡Drive!

¡Saquémoslo de aquí!

- ¡Levántalo! - ¡Con cuidado!

¡Ven conmigo, Zildo!

Está viva.

Llama por teléfono.

¡Llama!

Apagad la antena. ¡Venga!

¿Y qué?

Buenos días.

Nadie quiere hacerle daño.

Solo queremos charlar. Abra, por favor.

Abra.

Calma, Dimas.

¡Le han roto la cara a mi sobrino!

¡Ahora te necesitamos, coño!

Gisa, ¿qué haces?

¡Déjame, me largo de aquí!

¿Sin dinero y cuatro bocas que alimentar?

¿Qué importa morir de hambre aquí o en otro sitio?

¿No ves qué mierda nos espera? ¡Ya han llamado a la policía!

¿Qué harás ahí fuera con los niños?

- Habla con Everaldo... - ¡Déjala!

Ni una palabra más para ella, ¿oyes?

¿Crees que no sé cuidar lo mío?

Venga, Gisa.

Yo compré esta casa.

Algunos la ha comprado con la voz, como Zildo.

Algunos la compraron con un dedo.

Algunos incluso con la piel, o con un ojo.

Yo la compré con un hijo.

Y con un marido.

- Ahora es mía. - Eso es un motín, Antónia...

No era lo que Avelino quería.

Yo quiero quedarme.

Quiero el dinero, los documentos.

Quiero traer gente aquí, a trabajar.

Y cobrar por el trabajo.

Antónia, este sueño hermoso

está en una caja y un coche a prueba de disparos.

Y viene la policía.

Tenemos tiempo. Walter ha cortado la antena.

- ¿Tiempo de qué? - ¿De abrir la caja y sacar a la mujer?

Quien se vaya que lo haga ahora.

Robson, ven aquí.

- ¿Arreglaste la moto? - Sí.

Cogedla, ve a la entrada.

Y di que Avelino cuenta con todo el mundo.

¿Y digo qué le ha pasado?

Aún no. Se lo diré yo cuando vengan.

- ¿Envío un mensaje? - No.

Con la antena, la señora llamará a la policía

Ve y trae a tanta gente como puedas.

¿Cómo está el señor?

Doña Dulce está con él.

Tengo que coger medicinas en la casa.

¿Y Zildo?

Vivirá. Pero creo que ha perdido el ojo.

- ¿Y ese coche? - No se moverá.

Los disparos ni le han arañado los cristales.

Walter tira gasolina.

Yara avisará si pasa algo.

¿Por qué la señora no se ha ido?

¿Sabes por qué?

Porque Zildo le ha dado.

Bien... si no sale, tenemos que echarla.

Hablando, claro.

¿Y si no quiere salir?

Nos vamos.

Pero Doña Dulce y Doña Amara te cuidarán.

No estés triste. Vendremos a buscarte.

¿Oyes?

No estés triste, que vas a volver.

Nos vamos, Gisa.

Nos vamos.

Gisa, nos vamos.

Doña Amara!

¡Ayúdame a salir de aquí, por favor!

Hágales entrar en razón, ayúdeme, por favor!

¡Mira! Te he traído...

esta medicina. ¡De parte de Solange!

Para el corazón.

¡Antónia!

Lo encargó el Sr. Roberto.

¿Por qué casi dispara?

Desconfiaba. Quería subir. Preguntaba por Renildo.

Solo se calmó cuando le dije que estaba en la ciudad.

Preguntó por la reunión.

Le dijo a Avelino que el acuerdo era firme.

Abre esto.

Esto es caro.

Hay para mucha gente.

Esto se debe comer fresco. Y pronto.

¿Está mejor, Sr. Roberto?

"Doctor" Roberto.

Sr. Roberto, tiene comida en la cocina.

Hay, y no es poco.

¿Dejarás el negocio?

¿Cuándo vienen?

Diga.

Mire, Sr. Roberto, tenemos a su mujer.

Si no nos abre la caja, la retendremos.

Déjame hablar con él, salid.

Déjeme que le ayude.

Disculpe al chaval, Sr. Roberto.

No era hijo de Avelino, pero era su preferido.

Fue terrible cuando murió.

La vida es así.

Me he despertado sin marido.

No le dijo a nadie que se vendían las tierras.

Ni a mí.

Usted sabía cómo era ella conmigo, ¿verdad, Sr. Roberto?

¿Renildo?

Zildo aun fue peor con Renildo.

Pero también por cómo Renildo abusaba...

Usted desea vender las tierras. Pero nosotros queremos quedarnos.

Necesitamos los documentos y la paga ahora.

Tiene mi palabra que traeré a su mujer aquí.

Sana y salva.

Teresa.

¿Así es cómo se llama?

Hacía tanto que no venía que ya no me acordaba.

Está en el coche, ahora.

Pero no habla, por tanto no puedo saber cómo está.

Pero sería mejor para ella que ahora nos abriera la caja.

- ¡Eh! - ¡Baja, Dimas!

¿Qué haces? ¡Baja!

¿Qué buscas?

¿Qué pretendes hacer con ese coche?

Sólo quieres follón.

¡Hostia!

Es por ese coche, ¿eh?

¿Doña Teresa?

Escuche.

Esto no debería haber pasado nunca.

Somos buena gente.

Trabajadores que hace mucho que vivimos aquí.

Familias con hijos pequeños.

Pero estamos desesperados, porque su marido nos echa.

Cristina.

Teresa.

- Eso es todo, supongo. - ¿Y nuestros documentos?

¡Nunca los hicieron!

¡Pues dígame por qué dejar vivir a este gamberro!

Tu mechero, ¿dónde está?

Dámelo.

João, ¿qué es eso?

La libreta del Sr. Cláudio con nuestras deudas.

Dame la parte de Zildo y la mía. Nos vamos.

¡No!

- Necesitamos todos los céntimos. - No eres mi madre. ¡Mi dinero!

- ¡De ​​ninguna manera! - Quién te crees...

- Son nuestras tierras, ¡prosperaremos! - Nada es "nuestro" con ese coche!

¿Qué problema tienes, Dimas?

¡Lo intentamos resolver y tú aquí jodiéndolo todo!

¡Estamos así por culpa de Zildo!

Mató a Renildo y al amo, casi.

Esto debería haberlo hecho Avelino y no conspirar con el Sr. Roberto.

Cálmate, Dimas.

Avelino trabajaba duro por un buen trato.

¿Sí? Preguntadle a la Señora si Avelino tenía deudas.

Dos veces vino como un animal, cargando el coche.

- Casi disparándole. - ¿Y tú, por qué?

¿Para preparar el café?

¿O para tirarle la mierda que utilizas con todas aquí?

Escucha, Antónia:

debemos matar al dueño y esconder su cuerpo.

Entramos en el coche y terminamos con la mujer, también.

Yo lo sé, y tú y todo el mundo.

Ahora bien, si tienes otro modo...

o eres burra u oscura como tu marido.

Piénsalo.

Que dentro de poco cogeré mi dinero.

¿Qué es esto, Sr. Roberto?

¿Qué haces, desgraciada? ¿Estás loca?

- Cámbiale las vendas. - ¡Pero si ya está muerto!

¡Cámbiale las vendas y no digas nada!

¡Vete!

Y tú... ¡Quítale las vendas!

¡De la cara! ¡Venga, date prisa!

¡Desgraciado!

Doña Teresa.

Doña Teresa, ¿me oye?

Lo que le ha pasado a su marido

no debería haber pasado.

Sólo queremos seguir viviendo aquí

de la mejor forma para todos.

Hemos cuidado de su marido como hemos podido.

Pero tiene la boca rota y no puede hablar con usted.

Necesita un médico.

Pero está muy lejos.

Solo usted lo puede llevar.

Quien le ha hecho esto a su marido

acababa de saber que le echaban, como todo el mundo.

Por eso lo ha hecho.

Pero no le haremos daño.

Lo entregaremos a la policía.

Abra la puerta, Doña Teresa.

Acabo de perder al marido este día desgraciado.

No pierda al suyo.

Dimas, ¿qué haces? ¡Calma!

¡Dimas!

¡No!

"¡No te asustes, hombre!"

MOTOR ENCENDIDO

¡Mierda! ¡Se va!

¡Te he dicho que lo vaciaras!

- ¡Lo he hecho! - ¡Pues se va!

Calma. Quizás solo son los humos.

¡No!

Enviaré a Iara.

Está demasiado cerca para salir, pero vigilemos.

Antónia...

Y con los cuerpos, ¿qué hacemos?

Enterrarlos.

¿A Avelino también?

También.

Sé que Avelino no era muy bueno contigo.

- La gente dice que hacía... - No te preocupes.

Debemos ocuparnos de los vivos.

Después, nos ocuparemos de los muertos.

¿Qué hacemos aquí, Antónia?

Hace treinta años,

las babas infestaban cada kilómetro, de aquí al valle.

Mucha gente cogió Chagas.

Cuando nuestro niño empezó a tener...

Avelino y yo le compramos la medicina al Sr. Cláudio.

Tuvimos dos meses muy duros.

Fue empeorando.

Le pedimos al Sr. Luis que nos llevara.

El padre del Sr. Roberto.

Dijo que el coche al hospital ya estaba lleno.

Cuando regresó al día siguiente por la mañana,

llegó con "Dollar Bill"...

Un potro, nacido la noche anterior.

¿Y tu hijo?

Costó mucho, pero vivió.

Trabajó mucho en estas tierras.

Cuando cumplió los 14 años, me besó y se fue.

Tenía razón.

A su modo.

Él tenía razón.

Sólo nos quedamos aquí para luchar.

Pero deberíamos habernos marchado hace mucho.

Incluso aquí, en la casa grande, hay mosquitos.

Le pediré humo a Danilo.

Más. ¡Pon mucho más!

- ¡Llenadlo más! - ¡Más ajustado!

Walter, ¡pon el que está seco allí!

¡Más, Sandra!

Espera.

A ver.

SOBRECALENTAMIENTO

Cuidado, el diésel se derrama.

- Se ha derramado. - Alguien lo derramó.

¿Quién puede haber sido?

¿Quién se encarga?

- Walter, ¡el generador! - Parece bien, pero...

- Tiene poco diésel. - ¿Cuánto durará?

Poco. ¿El arranque?

Ponlo en marcha. ¡Vamos!

¡Doña Teresa!

¡Doña Teresa!

¡Todavía no se ha ido!

Aquí, eche un vistazo.

Hay algo aquí.

Su móvil. ¡Pero ella no está!

¡Ahora parpadeaba!

- Aquí no hay nadie. - Está en automático.

- Encendamos la antena. - Ya está.

Vaya, envíe mensajes, ¡lo que sea!

¡Reunid a gente para encontrar a esa mujer!

¡Hija de puta!

¡La madre que la parió!

¡Cógela, Junior!

¡Va, Junior, cógela!

¡Corre, Junior!

¡Va, cógela!

¡Abra!

- ¡Abra la puerta! - ¡Abra!

¡Salid de la puerta!

¡Doña Teresa! Olvídelo todo, ¡por el amor de Dios!

¡Abra esta puerta! ¡Suelte al chico!

¡Se lo juro! ¡Nadie le hará daño!

¡Venga!

- ¡Empujad! - ¡Está aquí!

¡Venga! ¡Juntos!

- ¡Empujad! - ¡Vamos!

¡Ahora! ¡Va!

¡Empujad!

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