All language subtitles for Bruja m谩s que bruja 1977 ESP

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Original subtitles

(Música y conversaciones)

(Música animada)

(Agua)

¡Hasta la vuelta, Juan! ¡Adiós, Cojo!

(Golpe)

(RÍE) ¡Juan!

¡Juan! (RÍE)

¿Pero... Pero qué haces?

¡Pero suelta! ¡Que te quiero, Mariana! ¡Ay!

(FORCEJEAN)

¡Me has besado y no eres mi novio! Desde ahora lo soy.

Sí, ahora te vas a la mili. En la ciudad ni te acordarás de mí.

Me acordaré siempre. Me acordaré.

-No me olvides.

-No te olvido.

¿Tú, Mariana, me esperarás?

Di, ¿me esperarás hasta que vuelva?

Yo también te esperaré siempre.

Siempre.

Siempre.

Y sabiendo...

que te espero

la mili

es un paraíso.

(Marcha nupcial)

(RÍE)

(SOLLOZA)

¡Vivan los novios! -¡Vivan!

(Marcha nupcial)

¡Vivan los novios! -¡Vivan!

-¡Viva el tío Justino el Rubiales! -¡Viva!

Ahora os estáis rajando.

¡Viva la novia! -¡Viva!

(Marcha nupcial)

¡Viva el sargento! -¡Viva!

(Chicharras)

(Música animada)

¡Ha...!

-¡Ha... ha... ha...!

-¡Ha vuelto el Juan, ha vuelto el Juan.

Del servicio a la patria ha vuelto el Juan.

-Más de uno en el pueblo lo sentirá.

-Más de uno en el pueblo se alegrará.

-Lo sentirá. -Se alegrará.

-Lo sentirá. -Se alegrará.

-Lo sentirá, lo sentirá... -Se alegrará, se alegrará...

Ha vuelto el Juan. Tan alegre cantará.

Ha vuelto el Juan. Tan alegre cantará.

-Ha vuelto el Juan, ha vuelto el Juan.

-¡Cuánto me alegra que venga el Juan!

¡Sí, sí, sí, sí!

Porque hay muy pocos mozos así.

-Te vas a acordar de la vuelta del Juan.

-Del Juan, del Juan, del Juan...

Hola, Juan.

Con el orgullo en el pecho

vengo desde mi cuartel.

Que no es hombre hecho y derecho

el que no pasa por él.

Y de su patria en provecho

sabe ser soldado fiel.

Cuando estaba en la garita

y era centinela en él. -Contento está.

-Guardaba el cielo de España

cargando mi bayoneta.

-Contento está. -Cargando su bayoneta.

Cargando su bayoneta.

-En los desfiles y marchas, en dianas y retretas

siempre estaba mi zagala cosida a mi camiseta.

Muy juntita a la medalla

de la Virgen de mi tierra. -Junto a la medalla

de la Virgen de su tierra. -Juntita a la medalla...

(Gallo)

¡No me vengas con monsergas, Zacarías!

¡Ni una peseta más!

Si os doy más jornal a los pastores, me cuesta a mí el dinero.

Antes las mato.

Mando todas las ovejas al matadero

y se acabaron los ganados. Un duro más a la semana

no es nada para usted. Yo no les digo nada a los otros.

Bueno, venga. Pero cuidado con irte de la lengua.

¡Yo qué me voy a ir!

¡Ja! Vas a la taberna, tomas dos copas, largas lo del duro

y enseguida tengo aquí al Fulgencio y al Emiliano.

Encima de que me hace una gracia, no voy a perjudicarle.

¡Está bien, está bien, Zacarías! ¡Pero lárgate ya, carajo!

¡Os ponéis hablar y no paráis!

Gracias, señor amo. A mandar, señor amo.

(Cacareo)

Pero ¿otra vez estás con la plancha?

Te tengo dicho que eres la señora y que no quiero verte trabajar.

Es para echarle una mano a la Rufa.

Y menos delante de esos. ¿Has reparado cómo te miraba ese?

¡Uhm! ¡Que se me hacen moretones!

En el culo no quedan señales.

Bueno, pero no me pegue usted.

¡Tú! ¡Tú!

Háblame de tú, que soy tu marido. Es que no me hago.

Pues tienes que hacerte.

¡Ay! ¡Que no me obedeces! ¡Uf!

¡Toma, toma y toma! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

¡Nos puede ver la Rufa! (RÍE) ¡Para que obedezcas!

Anda por el campo.

¡Que no quiero! ¡Eres mi mujer!

¡Y tienes que hacer lo que yo te mande!

Para algo pasamos por la iglesia.

Pues empiece por respetarme y no hacer guarrerías.

¡No quiero morreos, que me entran fatigas!

Siempre me huyes la boca.

Una mujer no puede tener asco a su marido.

¡Pues no sea usted vicioso! ¡Ay!

¡El Juan! ¡Ha vuelto el Juan!

¡Acabo de verle pasar la cerca!

¡En buen momento llega!

¡Me pilla con las manos en la masa!

(RÍE)

(Cacareos)

La mala hierba...

Tío, ¿cómo está usted? ¿Qué hay, Rufa?

¡Cuánto eché de menos tus guisos! Pues mira, para celebrar tu vuelta,

ahora mismo te saco unos rosquitos que tanto te gustan.

¡Dame un abrazo, hombre, dame un abrazo!

¡Ánimas benditas!

Anda, siéntate, que vendrás fatigado.

No, en el autobús se va bien. ¡Siéntate, hombre, siéntate!

¡Anda!

Un hombre más para el trabajo.

Así tendré más tiempo de ocuparme de tu tía.

¡Ah! Es que me he casado, ¿sabes?

¡Ah!

(LLORA)

Te lo dije, hija, te lo dije.

Ay...

Ay...

(SOLLOZA)

Virgen que todo lo puedes,

haz que se apague esta hoguera

que llevo aquí...

en el pecho. (CACAREAN)

(CACAREAN MUY ALTO) (CANTA LÍRICO)

(CACAREAN MUY ALTO) (CANTA LÍRICO)

(CACAREAN MUY ALTO) (CANTA LÍRICO)

Virgen que todo lo puedes,

aleja de aquí a mi Juan.

Espera, no te lo lleves

porque me vas a matar.

Matar, matar,

matar,

matar.

-Vamos, muchacha, vamos allá,

si no el Justino sospechará.

-¿No hay más remedio?

-No, no, no.

-Entonces, vamos. -¡Válgame Dios!

-Vamos adentro.

-Vamos las dos. -Muero de amor.

Muero de amor -¡Válgame Dios!

Anda, tómate otra,

que un día es un día.

Esposa, aquí tu sobrino.

Sobrino, aquí tu tía.

(SERIA) Me alegra que hayas vuelto. ¡Bueno, mucho gusto en verte!

¡Queden ustedes con Dios! Sí, sí, ya.

Pero siéntate, sobrino.

¡Siéntate, hombre, siéntate!

Toma, trae un puro.

Rosquicos de san Antón. (ASIENTE)

Estos sí que no los catabas cuando estabas en la ciudad.

¡Que hay rosquicos!

¡Ah!

¡En el cajón de la derecha! ¡Ah!

¡Te has quedado de un pasmo!

No quise escribirte porque como venías, me dije:

"Mejor la sorpresa".

Ya eres un hombre.

Ya has cumplido el servicio.

Te doy permiso para que fumes delante de mí.

¡Hala, venga!

Vamos a convidarnos por la vuelta del Juan.

No, no, así no. Dale la vuelta, dale la vuelta.

¡Pero no lo chupes todavía!

Trae, que tú... tú no sabes. Eres muy joven.

Lágrimas de sangre.

Abre.

Chupa ahora, chupa, chupa.

No, pero dándole la vuelta para que arda todo por igual.

Ahí, ahí. ¡Bueno, hombre!

¡Ya te tenemos aquí!

Con la gente no se puede contar para nada.

Solo saben ir al sindicato y hablar de derechos.

Menos agachar el lomo, lo que sea.

Si me llegan a coger hace 10 años

iban a saber quién era Justino el Rubiales.

(RÍE) No es que no me queden arrestos, no,

¡pero los guardo para esta!

(RÍE)

El caso es que yo no había pensado el quedarme.

¿Cómo?

¡Bueno!

Vamos a seguir celebrando tu vuelta y mañana me cuentas eso.

Como usted quiera, tío.

Yo había echado las cuentas de irme a trabajar a la ciudad.

En la industria, ¿sabe usted, tío?

Es el porvenir. El campo ya no es para mí.

¿Está usted, tío?

¡Estoy, estoy en ello! Sigue, sigue.

Pues nada, eso, que me voy.

¿Estamos? Estamos.

¡Estamos en que tú eres un gandul!

¡Y un sinvergüenza!

Pero ¿qué haces aquí? ¡Coño!

¡Ah! ¡En el cuartel te han dejado memo!

Perdone, tío, es que...

Que te quieres ir a la capital, ¿no? ¡A idiotizarte más todavía!

A trabajar lo menos posible,

y venga de cine y de café y de teatro.

¡Tío! (LLORA)

Pero ¿qué te pasa a ti?

¿Qué me va a pasar a mí? Mariana.

(SOLLOZA) ¡Fuera!

Mira, no has hecho más que llegar

y ya nos has dado un disgusto de cuello vuelto.

¡Tú te quedas aquí! (SOLLOZA)

Como es tu obligación. Pero es que...

¿Qué pintas tú en la ciudad?

Lejos de la familia.

Allí, perdido.

Sin amistades, sin conocimientos.

Siempre solo.

(Chicharras)

(Reloj)

Fuera parte las oraciones,

deberías decirle al Justino lo de las aguas de san Ramón Nonato.

Hacen portentos y un hijo lo arreglaría todo.

(REZA) San Antonio bendito, no me abandones.

San Antonio bendito, no me abandones.

(REZA) Virgen santísima, protégeme.

Virgen santísima, protégeme.

María Auxi... ¡Ah!

Bueno, queden ustedes con Dios.

El miércoles vendré a recoger el santo.

No, no, no, ya se le mandará.

Como mande. Adiós. Adiós.

Un día me vas a meter a tu madre en la cama.

No te disgustes, mujer, no te disgustes.

Óyeme una cosa.

Esta noche volveré muy tarde.

Vosotros podéis ir cenando los tres.

A mí que la Rufa me guarde algo.

¡Qué guapa estás! ¡Uy! ¡Uy! ¡Uy!

(Puerta)

(Chicharras)

(Reloj)

Vamos abajo. Se me olvidó poner los garbanzos en remojo.

Tú acuéstate, que ya voy yo.

Quien quita la ocasión, quita el peligro.

Uno muy grande.

Ese mozo bajo tu mismo techo y con tu marido fuera.

¡Yo soy una mujer decente!

Quieran las ánimas benditas que lo puedas decir siempre.

La juventud busca carne joven y tú aún no la has catado.

Yo me debo al Justino.

¡Ay, hija! Cuando el demonio se mete en el pecado

tú no sabes cómo calienta...

¡y cómo enreda! ¡Ay, Rufa!

(Reloj)

¡Vete!

Vete a acostarte,

que tienes que madrugar mañana.

Y tu tío, sabe Dios a la hora que vendrá.

¿O es que quieres traer una perdición a esta casa?

¿Una perdición?

¿Por qué?

Bien sabes por qué.

Tu tío fuera y ella arriba, acostada.

Y tú aquí despierto, maquinando. ¡Maquinando!

Yo no estoy maquinando nada

y la que hay acostada es la mujer de mi tío.

"Yo la respeto, yo la respeto".

Es muy fuerte la tentación para pararse en respetos.

Y tú, mozo picardeado en la ciudad,

con la sangre que te estalla en la hombría...

Bien comido

y todo el día en el campo dándote el sol en los lomos.

¡Si parece que lo haya preparado el diablo!

Anda, vete. Vete.

Vete y deja lo que estás pensando.

¡Dios mío, ayuda a esta casa!

¡No me toques, que puedo ser tu madre!

Aquella fue una enfermedad dañina, pero ya pasó.

Mira que si me engañas te vas a acordar del Justino.

Mira que yo me he casado fiado de ti.

Y ¿qué saco yo con engañarte?

Los cuartos. Los míos.

Bien me lo sacaste entonces con curarme mejor que el médico.

Las enfermedades de mujeres las pagan otras mujeres

porque es de ley que lo bueno y lo malo tiene que ser redondo.

A los hombres se os pudre la víspera de la vida

y no podéis hacer madre a la que queréis,

pero tú sí puedes porque yo te cogí a tiempo.

Va para tres meses que nos echaron las bendiciones

y todavía no hay señales. ¿Y si ella no es capaz?

Y ¿yo cómo lo sé? Tráemela.

Llévala a un médico. ¿A un tío? ¡Menos!

No, no, prefiero seguir con tus porquerías.

(RÍE)

Los médicos curan las enfermedades,

pero lo de los hijos son cosas del misterio de la vida.

Y la de aquí depende de la de allí.

Yo entonces dije que sí y ahora también.

(RESOPLA)

Toma.

Toma lo tuyo, tía Larga, toma.

Pero como me estés engañando, verás tú. ¡Bruja!

Vete a casa... y pon de tu parte.

(RÍE)

(Puerta)

(Trote)

(JADEA)

(Reloj)

(Rebuznos)

(Reloj)

(Trote)

¡Largo de aquí! ¡Largo de aquí!

¡Hala, para la cuadra, condenados!

¡Hala para adentro, hijos de Satanás!

¡Dentro, burros! ¡Dentro, burros!

¡Hala!

¡Largo de aquí!

¡Hala para dentro, condenados!

(Látigo)

¡Condenados!

¿Qué haces, Rufa?

Pero ¿por qué les pegas? Es muy tarde ya

y están armando un alboroto.

Estas horas se han hecho para dormir. Pero, Rufa,

ten en cuenta que... ¡Para dormir nada más!

Pero, Rufa, mujer... ellos que saben.

Ten en cuenta que son animales.

Menos animales que otros.

¡Bueno, ya está bien! ¡Déjalo, Rufa!

A lo mejor quieren aparearse.

Aquí no se aparea nadie si no está delante el amo.

(Pasos)

(Puerta y llave)

(SUSPIRA)

(Puerta)

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

(Rebuznos)

(Rebuznos)

(Rebuznos)

(Gruñido)

(Rebuznos)

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

(Rebuznos)

(JADEA)

(Rebuznos)

(SUSPIRA)

(Gruñido)

(Rebuznos)

(GIME)

(Rebuznos)

(JADEA)

(Rebuznos)

(JADEA)

(Rebuznos)

(GRITA) Soy yo. ¿Te pasa algo?

(JADEA) ¡Por Dios, qué susto!

¿Dónde vas? No sé.

A... los burros. ¿Y tú?

(JADEA) Lo mismo.

¿Tú... Tú también has oído a los burros?

(JADEA) Sí. Sí. Yo también.

(JADEA) Mariana...

Mariana. (JADEAN)

(GIMEN)

Mariana.

¡El demonio! (GIME)

(SUSURRA) La tentación. Es muy fuerte.

La tentación... (GIME) ¡Juan!

Juan, siento al demonio.

(GIME) Lo siento, lo huelo.

(GIME) ¡Cuánta tentación!

Tengo al demonio en las carnes. (GIME) ¡El demonio!

(GIME) ¡El demonio!

El goce. ¡Ay, ay!

(GIMEN)

¡Uhm! ¡Ay!

¡Eso no! ¡A eso no tiene derecho más que mi marido!

Mujer, ¿estamos a lo que estamos o no estamos?

Que me va a dar una subida de sangre, Mariana.

¡No! ¡Adúltera no!

¡Ah!

(Portazo)

¿Quién anda ahí?

¿Quién anda ahí?

(Rebuznos)

¡Ah, conque eras tú, pillo!

¡Anda para la cuadra, burro!

¡Anda para dentro! ¡Borrico!

¡Burro!

Pero ¿cómo no te has acostado todavía, Mariana?

Si me he acostado hace mucho tiempo,

pero es que se han escapado los burros.

Han armado una escandalera

¡Pero si todos los días caes rendida en cuanto dan las diez!

¡Que no hay manera de despertarte!

Sí, pero... es que hoy me he puesto nerviosa.

Será porque hay cuarto creciente.

(JADEA) Será.

¡Anda, anda, vete para la cama, que ahora voy yo a calmarte!

(RÍE)

(Gallo)

Es que está medio memo, de verdad.

Cada día se parece más a Plácido el Tonto.

No me explico lo que ha podido pasarle.

Hay quien tiene ojos y no ve.

¡Eso! ¡Eso digo yo!

Porque es que no sabe ni en qué día vive.

Yo cuando fui al servicio volví hecho un hombre,

pero este lo han desgraciado.

¡Si parece otro!

¡Hay que ver!

Un crío tan despierto...

No había más que verle la cara para decir:

"¡Hombre, ese chico promete!". ¡Ah!

¡Uhm!

Y ahora... ya ves.

No hace nada a derechas.

Para el trabajo es peor que los otros.

No sabe dónde tiene las manos.

Ayer subía las escaleras con una espuerta de cebollas

y, ¡hala!, todas rodando.

(SUSPIRA)

Digo yo, y no es más que un suponer, ¿no se habrá enamoriscado?

¿Tú qué crees? ¿A ti no te ha contado nada?

¿A mí? ¿A mí por qué iba a contarme? Mujer, entre parientes...

Se puede haber enamorado en la capital

y eso, en la edad del desarrollo, perjudica mucho.

¡Ah! ¡Carajo, Mariana, mira lo que haces!

Santa Bárbara, bendita.

Perdona, Justino, decías...

Te estaba diciendo, te decía que enamorarse en la edad del desarrollo

perjudica mucho.

Sí, perjudica, sí.

¿Pero todavía no te has vestido? ¿A qué estás esperando?

Habíamos quedado ayer en que te vestirías.

¿Qué dices? ¿Que no estoy vestida?

Te tienes que poner el traje bonito, nos vamos a las aguas.

No vas a ir así. ¿A las aguas? ¿Pero no era mañana?

Tú me habías dicho...

¡Es hoy, coño, hoy! Estamos a miércoles.

Miércoles 14, 14.

Ah, ¿entonces no es lunes? Yo creí...

Es miércoles, miércoles, y el coche de línea

pasa a las 11 en punto salvo retrasos imprevistos.

No tienes más que diez minutos para vestirte, ni uno más.

Bueno, un momento. Termino esto y me cambio.

Ya sabes que no tardo nada.

Y se pasa todo el santo día mirando a las musarañas.

¿Quién se pasa así el día?

¿Quién va a ser? El sobrino.

Huele ha quemado. ¿El sobrino?

No, el sobrino, no, aquí, aquí huele a quemado.

¿Aquí? Aquí, ¿no lo sientes?

Uy, la plancha, se me ha ido el santo al cielo.

San Nicolás, protege a esta familia.

¿Pero en qué estás pensando, Mariana?

¿En qué estás pensando? Yo en nada, Justino.

Si le dejaras hacer estas cosas a la Rufa.

¡Vete a poner el vestido bonito de una puñetera vez!

Ya estoy. No he tardado, ¿verdad?

Ya era hora.

¿Y el Juan? ¿Por dónde anda?

¿Por dónde anda quién?

Quién va a ser, el Juan, el Juan, el sobrino.

¡Juan! ¡Juan! Tienes que enganchar el caballo...

¡Ay!

Ánimas del purgatorio.

¿Pero qué haces, gilipollas?

Juan.

¡Juan! ¡Juan!

¿Me llamaba usted, tío?

Y lo que te voy a llamar, carajo.

Malos vientos se barruntan.

¿Qué quiere? Que enganches el caballo.

Tienes que llevarnos a tu tía y a mí al autobús.

Nos vamos a las aguas.

Las aguas, las aguas.

Hasta la vuelta. Adiós.

Que te ocupes de todo.

(Cacareo)

Si hay algo, ya sabes, aguas de san Ramón Nonato.

¡Arre!

¡Ay!

¡Pero, caray, sobrino! ¿Es que quieres matarme?

¿Yo, tío?

(RÍEN)

(Música)

Ja, ja, ja, ja. -Ji, ji, ji, ji.

-Ja, ja, ja, ja.

Cuando un hombre y su mujer están de puertas adentro,

nadie se debe meter.

Es lo que está sucediendo o lo que va a suceder

si la que está en el contento es legitima mujer.

-Soy la mujer. -Nadie se debe meter.

-Ji, ji, ji, ji, ja, ja, ja, ja.

Vamos.

-Aquí el goce está prohibido y no se viene a gozar.

Si no a que sea bendecido con un hijo vuestro hogar.

A rezarle a san Ramón debéis ir con devoción.

-A rezarle a san Ramón hay que ir con devoción.

-Antes del rezo de la oración quiero pegarme un buen chapuzón.

-Chapuzón, chapuzón.

-Aquí el goce está prohibido y no se viene a gozar,

pero el perfecto marido algo tiene que aportar.

Ponga usted si es un señor, por lo menos el calor.

-Ponga usted si es un señor, por lo menos el calor.

Chapuzón, chapuzón.

-Un oficio hay que tener y yo que tengo este oficio

de lavar hombre y mujer, me libro siempre del vicio.

De ver lo que no hay que ver.

-El hombre es un guiño. -Pues debe ser un señor.

-Chapuzón, chapuzón.

-A rezarle a san Ramón debéis ir sin dilación.

(Ladridos)

¡So, caballo!

¡Moro!

¡Arre!

Veo sangre, mucha sangre, que nubla el conocimiento

y se arremolina en él y no acude a donde tiene que acudir.

Porque una mujer la tiene parada en los pulsos.

La sangre tiene que correr, correr a donde la llaman.

Señora bruja,

yo no me hago cargo de lo que dice.

Y estás enamorado. Sí, ¿pero qué hago si no puedo?

Pues haz un poder. ¿Y ella?

Tráela aquí. ¿Cómo?

Dale una limosna a esta vieja.

(Puerta)

Entre, entre quien sea.

¡Los rosquicos de san Antón!

¡A mi mujer no la hurga ningún tío, por muy médico que sea!

Aunque las aguas no hayan respondido.

Digo yo que podría ir a la casa de la tía Larga,

que es mujer y vieja, que siempre da más respeto.

Eso ya es otra cosa.

Es mujer y partera. Yo creo que...

¡Tú te callas! ¡Puñetas!

Bueno, ya me callo, pero Dios quiera que no haya un qué sentir.

(Pájaros)

Entre usted conmigo.

Yo no piso la casa de esa bruja.

Bueno, entraré yo sola. Allá tú y tu alma.

Quede usted con Dios.

Con él vayas tú, teniendo precisas.

Malos vientos se barruntan.

(TOCA LA PUERTA)

Entra.

Vete quitando el abriguito, nena.

Tinaza vacía que de agua se llene.

Sapos y culebras que de ti se alejen.

Que de agua clara sea pozo tu vientre

y que riegues vida con tu sangre ardiente.

La Virgen María, san Cosme, san Roque,

san Ramón Nonato y otros santos nombres

hagan el milagro que piden tus goces.

Que no se me pudra la sangre en las venas,

repite conmigo. Venga la sangría de una vida nueva.

Venga la sangría de una vida nueva.

Anda, siéntate en la mesa. Anda, siéntate en la mesa.

No, mujer, esto no lo repitas.

Al nido del cuervo le faltan tres huevos.

Al de la lechuza, tres pollitos nuevos.

Al de la raposa sobran tres lobeznos.

Aléjese el lobo, que venga el cordero.

Se hospede en tu vientre trigo de lo nuevo.

Que te venga mayo, que se vaya enero.

Arriba y abajo, a la campanita le falta el badajo.

(Música)

Ay de mí, ay, de mí,

las voces me recorren.

-No te asustes que soy Juan, mi dulce prenda dorada,

que viene a ser tu jubilar

porque estás atribulada.

-Ay de mí, ay de mí,

yo no tengo.

-Ay de ti, ay de ti, lo que vas a disfrutar.

Yo me muero.

-La pasión. -La pasión.

(Música)

Esto es un sueño,

sueño de amor.

Ya, mula, vamos, tordilla buena.

Buenos días, tío. Buenos días.

Las mulas parece que las llevas a la feria.

Es que con los cascabeles escuchan andar

y trabajan más gustosas.

Bien está eso, si señor.

Voy a tener que encollarar a los obreros con cascabeles.

En la ciudad, a los de la industria les ponen música.

(Cascabeles)

Ay, no.

Mariana. ¡Respétame, voy a tener un hijo!

No sé si han sido las aguas o han sido los caldos,

pero toma lo ofrecido.

Yo respeto los tratos cuando me cumplen a mí.

Lo que no aguanto ni a mi padre que resucitara es que me engañen.

Te dije que tu mujer quedaba encinta y ahí la tienes.

Ah, y quiero macho.

Vete, no te arrimes, la Rufa nos está viendo.

¿Qué de malo hay que el sobrino hable con su tía?

Apártate, por Dios.

Ánimas del purgatorio, lo que hay que ver.

Vamos al pajar. ¿Pero qué dices?

Te espero luego en la huerta. Calla.

A casa de la tía Larga. ¿Y si nos ven?

Qué miedo le tienes a tu marido.

Venga, vamos para allá, es hora de la siesta.

No, los dos juntos no. Tú vente por la trocha.

Veo un varón en el vientre de la Mariana

que no es obra de su marido, sino del Juan,

y se le ha conformado como él.

Y todo el mundo verá en él al padre y será como un espejo

donde se verá la verdad.

Y se verá su encarnación y su nacencia.

Dios mío, se va a saber.

Mariana, no llores, aquí estoy yo.

¡Maldita sea la hora!

¡Si me tenía que castigarte Dios!

Tienes que irte del pueblo, Juan. ¿Pero no estás por mí?

Me vas a volver loca. Vente conmigo.

Trabajaré en la industria para ti. No, Juan.

En Madrid los de la industria tienen viviendas protegidas

y Seguridad Social y muchas cosas a plazos.

Aquí soy una señora y si me voy contigo,

seré la querida de un obrero. Tengo que mirar por mi hijo.

Que es mío. ¡El hijo es de la madre!

Tenéis la sangre muy rebullida y eso va a acabar con vosotros.

Tía Larga, dígame una cosa, usted que es bruja debe saberlo.

¿Cuánto va a tardar en morirse mi marido?

Mariana.

¿Qué hay, Rufa? ¿Por dónde anda mi mujer?

No está en la casa. Con su madre.

En cuanto le sobran cinco minutos, a ver a su madre.

¿Y el sobrino? Tampoco está en la casa.

En la taberna. Tiempo que tiene libre, a la taberna.

Cómo está la juventud.

Válgame, san Evaristo.

No, no me determino.

Lo mejor es que te vayas del pueblo, Juan.

Hágalo, se lo pagaremos bien, y después, mejor todavía.

Le ponéis en un queso manchego siete veces siete dedales de este filtro.

Luego, uno de vosotros reza un Padrenuestro,

al revés, empezando de atrás para adelante.

Con una vela en una mano y haciendo la higa con la otra.

¿Es un veneno? Yo no entiendo de venenos.

Es solo un maleficio.

Y ahora marchaos, que me estáis comprometiendo.

¿Se os olvida lo mío?

¡Juan! ¡Juan!

Por favor, deja lo que estás haciendo

y pilla escapado para el médico.

¿Qué te pasa? ¿Estás mala? ¿Yo? Qué voy a estar yo mala.

Es tu tío. ¿Mi tío?

Ah, es mi tío.

Mariana.

Ay, Mariana, que yo estoy muy malo.

Ay, Mariana, que estoy en las últimas.

¡Juan! ¡Juan! ¡Espera!

Digo yo que de paso que vas por el médico,

podías traerte también al cura.

¿Te parece que traiga al cura nada más?

Yo lo digo por ganar tiempo.

(Cascabeles)

¡Arre, caballo, arre!

¡Ya! ¡Ya!

(Música)

Qué alegría, qué alegría,

el saber que mi tío se moría.

Cuando muera mi tío, tendré un gran porvenir,

y si el hombre está grave, ¿por qué no ha de morir?

Cuando muera mi tío, ay qué rico he de ser,

entre tierras y casas

y tendré a su mujer,

dineros y lujos

y cuanto es menester.

(Música)

Me caso con mi tía,

las herencias juntamos,

enseguida tendremos muchas tierras y campos.

Luego, dueño seré de una industria en Valencia

y Santander, Barcelona, Cádiz, Lugo o Jaén.

La ciudad y la industria, eso es el porvenir.

-Qué bien vas a vivir.

(Música)

Qué alegría, qué alegría,

el saber que mi tío se moría.

¡Bravo! ¡Bravo!

(Música)

Qué alegría, qué alegría

el saber que mi tío se moría.

Cuando muera mi tío, tendré un gran porvenir.

(Cascabeles)

¡Ya están el médico y el cura!

Ay.

Ay.

Pase, pase usted primero, que para lo mío hay más tiempo.

-Gracias, gracias.

Buenos días, don Anselmo, buenos días, don Brásedes.

¿Qué comió ayer?

-Al mediodía, su buen plato de potaje y un cacho de lomo en adobo.

Con algo de pisto y un cacho de queso.

-Solo unas sopas de leche y otro poco de queso.

Ya se encontraba algo fascoso, nada para lo que él cena.

Mariana, anda, salte con el padre.

Cuando acabe el médico, os llamo.

Ay, qué aprensivo. Yo vengo a ponerle a bien con Dios,

que la salud del alma ayuda a la del cuerpo.

Vamos, vamos, conformidad, aún hay esperanzas.

¿Sí? ¿Usted cree que se morirá? ¿Cómo? ¿Pero qué dices, criatura?

No, que si se pondrá bueno.

Dios dispone lo mejor. -Vamos, vamos. Enséñeme ese queso.

Ay, Mariana, ay.

¿No lo ve usted, Rufa? Lo que me figuraba, cardenillo.

¿Pero cómo se le ocurre meter ningún alimento en una vasija de cobre?

Tire usted eso.

Lo que no me explico es cómo no se ha muerto.

-Porque tiene la salud de un toro.

-No se preocupe, Mariana, ahora le recetaremos suero

y mañana estará mucho mejor.

Mariana, ¿has visto? No ha servido de nada.

No sabemos, ya sabes lo que dijo la bruja.

Los médicos entienden de medicina, de males de aquí, del daño,

¿pero qué saben de las cosas ocultas?

Pero si el que se embrujó es este y no lo ha catado.

El que poco le mata es el otro, el del cardenillo.

Si lo llego a saber, le atraco.

Y ahora no va a haber quien le haga comer queso en un año.

¿No se puede echar el filtro en otro alimento?

Si es que de eso yo no sé nada.

Pues vete a ver a la tía Larga y dile que...

Si ya no me quedan cuartos y va por tres veces

que le robo al tío, que lo va a notar.

Pues algo habrá que pensar, digo yo.

Como no pienses tú.

Así que queréis descasaros. Sí, padre.

¿Y tú qué dices? Que sí, que es una zorra.

¿Usted ha visto al crío? Es talmente este.

Cuando sea mayor, ¿cómo voy a dejar que ande por el pueblo

para que todo el mundo lo vea? O me descasa usted o la mato.

Comprendo, comprendo lo que te pasa, Justino, ¿y el perdón?

Hombre, yo la perdonaría si el crío pasara por mío,

pero con esa cara...

La gente, la honra. Póngase usted en mi lugar.

Yo soy un padre cura.

Bueno, entrar en la iglesia y arrodillaros en un altar,

que ahora voy a descasaros.

¿Pero se puede? Claro, claro que se puede.

Ahora lo verás.

¡Ay! ¡Ah!

¿Falta mucho, padre? Hasta que no quede más que uno vivo.

¡Ay!

(GRITA)

¿Qué te pasa, Mariana?

¡Mariana! ¡Mariana!

¿Pero qué te pasa? ¿Qué tienes, Mariana? ¿Qué tienes?

¿Pasa algo? ¿Qué pasa?

¡Mariana!

¡Abre o tiro la puerta!

¿Quién eres tú para amenazar con tirar la puerta?

Hombre serás.

-Dios mío, Dios mío.

-¿Qué me decías que eras? -Que yo soy el hombre, tío.

-En tono de desafío. -Llámelo usted como quiera.

-Dios mío, Dios mío.

-Hombre serás.

-No hay debajo de este techo

más hombría que la mía,

ni más ley que mi derecho, estar en valentías.

-No quiero valentías, que soy persona de bien.

Pero no me falta hombría,

soy tan hombre como usted.

-Vamos a la calle y te lo diré.

-Vamos donde quiera, no me achicaré.

-Qué perdición. -Pasión.

-Silencio, chitón.

(Música)

Hasta los lobos.

Son mejores que los hombres.

Con ser fiel los animales.

Que a su cachorro el amo...

-Tiene razón, tiene razón.

-Tiene razón.

Tiene razón. Tiene razón.

Tiene razón.

Por el hijo que en su vientre late,

yo me callaré, prudente y le pediré perdón.

Perdón, yo te pido,

le pido perdón.

Fue un adiós.

-Por fin en razón.

-Sobrino querido.

Veneno.

Veneno.

Sí, veneno. Lo hemos decidido.

Los maleficios no dan resultado.

Si es que no tenéis paciencia.

¿Y usted cree que esto que llevo aquí dentro tiene paciencia?

Pues yo de venenos no entiendo nada.

Sí que entiende, tía Larga. Háblale tú, Juan.

Si no nos saca de esta, acabo con usted, bruja.

Allá vosotros. Esto hace años que no se usa.

Siglos.

Y os va a costar caro.

¿Cuánto quiere? La casa del sotillo.

La tendrá.

Tres gotas cada día en los alimentos.

Hace efecto lentamente. ¿Y no nota?

No deja rastro.

Aunque le destripen y rebusquen por dentro, no encontrarán nada.

(Grillos)

(Cacareo)

¿Qué queréis vosotros?

¿Cómo no estáis con el ganado?

Aquí el Emiliano y yo, que teníamos pensado que para usted no sería

muy gravoso el subirnos un duro.

De buena leche me pilláis para venir con demandas.

¿Está usted malo? Parece que está desmejorado.

No, no es nada. Con que un duro, ¿no?

¿A santo de qué?

Sigue tú y lo explicas, que te explicas mejor, Fulgencio.

-El pastoreo cada vez da para menos y la vida está mu cara.

Nosotros no le diríamos nada al Zacarías porque para usted

subirnos el jornal a los tres de golpe sí que sería gravoso.

Dejadme en paz de una vez y largarse para la bajada, coño.

¿Qué le pasa al amo?

Hace unos días que anda muy suelto de vientre.

Pues que ande con cuidado, que eso debilita mucho.

-Sí que debilita, sí. -Bueno, nosotros nos vamos.

Ya vendremos en mejor ocasión. Con Dios, ama,

y a ver si puede usted mediar en lo nuestro.

-Id con Dios. -Adiós y que se pongo bueno el amo.

Mientras ande tan suelto no conseguiremos nada,

se le irá todo el veneno por abajo.

¿Y no crees tú que eso es efecto del propio veneno?

A lo mejor, le va desgastando, le va desgastando.

No conozco a nadie que se haya muerto de eso.

¿Por qué no le preguntas a la bruja?

Iré mañana, pero tienes que darme dineros.

Ay, ay. No me tengo, Mariana. No me tengo.

¿Ves tú?

¿Qué te ha dicho la tía larga? ¿Y la Rufa?

Anda por la huerta. Que tenía yo razón.

La soltura del vientre le viene de la otra enfermedad,

se quedó debilitado.

¿Y eso qué es? Un tonificante.

Debes alternarlo con el veneno. Un día lo uno y otro lo otro.

El veneno para que haga efecto y esto para que no lo expulse.

Media cucharada en el gazpacho, me ha dicho.

Mira a ver.

No viene nadie.

Pero así lo tomamos todos. Da igual, mujer.

No es más que un tonificante. Para dar fuerzas, ¿comprendes?

No hace daño, lo he preguntado.

(Grillos)

Mariana, Mariana. Justino, no. Otra vez no.

No te me escapes, fiera. Déjame, Justino.

Déjame, estoy rendida. No te me escapes. Te reviento.

Me vas a estropear el hijo, bestia. Me lo vas a estropear.

No, suelta. (RÍE)

(RÍE) Ven acá, potra.

No, Justino, que es un contradiós. Es un contradiós.

¿Es que no tienes ganas? Di, brava. ¿No tienes ganas?

Me muero de ganas, Justino. Pero es un contradiós.

Calla y no pienses en nada.

Que está el Juan, Justino. Que está la Rufa.

Bastante se me da a mí del Juan y de la Rufa.

(Gemidos)

Ánimas del purgatorio, no respetan nada. No respetan nada.

(Gemidos)

No, ni un día. Estoy ya para reventar de un momento a otro.

A lo mejor me equivoco y sobra tiempo.

Eres una mujer casada, no es para ponerse así.

Me dijo que todo el mundo iba a saber la verdad por el parecido.

Del dicho al hecho... No siempre acierto.

Mi marido no sabe usted cómo está

del último bebedizo.

No me lo puedo quitar de encima

y no me queda ni resuello para el otro.

Que el día menos pensado se me suicida.

Se me ocurre a mí que tenemos dos caminos.

Uno, darle a tu marido otro bebedizo para que le aplaque,

y otro es seguir dándole el mismo para que siga y siga,

y un día no pueda más y... la espiche.

Lo que usted me aconseje, que es la entendida.

Pero cuidado con seguir entreteniéndonos

para sacarnos los cuartos porque ya se ha secado la leche de la cabra.

De Juan se reirá usted, pero de mí no.

Juan, Juan. Esta bruja ahora no quiere ayudarme.

Me deja sola. Se escurre, se escabulle.

No me detengo. Ya no, tía larga.

Imbécil. Si me matas, ¿qué haréis? Espera, tiene razón.

No tengo espera. Me va a matar.

Juan, voy a ayudaros. Poneos de rodillas.

Dame el hacha. Dásela.

Este hacha con las manos toco y a los demonios del averno invoco.

Este hacha será muda por siempre.

Invisible a los ojos de la gente. Cuando haya hecho lo que tiene

que hacer nadie la descubrirá, pues nadie la podrá ver.

Y si alguno lo viera, la ceguera le viniera.

Y si alguno lo supiese, la lengua se le cayese.

El que la mire, que expire. El que lo cuente, que reviente.

Tú, Juan, olvídate ahora del hacha.

Ni la mires, ni la toques. Dejádmela aquí una luna creciente

y media luna llena.

¿Y qué se arregla con eso?

Nadie, nadie, ni jueces, ni policías, ni médicos,

sabrán nunca nada. Este hacha desaparecerá sola cuando haya hecho

lo que tiene que hacer, y desaparecida el arma del delito,

vosotros quedaréis a salvo, y si no os salva la ley,

os salvará la brujería que está por delante y por detrás,

por arriba y por abajo de todas las leyes del mundo.

Tened confianza en esta bruja, que ella sabe bien su oficio.

¿Usted quiere decir que usted va...? Yo no, tú.

¿Yo? Déjala que se explique, Juan.

Las cosas de la tierra son las cosas de la tierra

y hay que hacerlas desde este mundo, aunque se pida ayuda al otro.

Ellos desde arriba cuidan de que salga bien la acción,

pero la acción tiene que ser de aquí, que es terreno nuestro.

Por eso, tenemos que hacerlo nosotros.

¿Nosotros? Yo no hago eso.

Calla ya, Juan. Escucha.

Nadie lo sabrá, no tengáis ningún miedo. Hacedme caso.

Daos la vuelta, poneos de espaldas al hacha.

Estaos quietos y no miréis.

Lucifer, Lucifer. El hacha no podrás ver.

Satanás, Satanás. El hacha no la verás.

Belial, Belial. No veas lo que está mal.

Belfegor, Belfegor. No veas lo que está peor.

No miréis, leche. Señora. Sí, señora.

Belcebú, Belcebú. El hacha no verás tú.

Repetid conmigo.

Satanás, Satanás. (REPITEN)

El hacha no la verás. (REPITEN)

Asmodeo, Asmodeo. (REPITEN)

Si no lo veo, no lo creo. (REPITEN)

Lucifer, Lucifer. (REPITEN)

El hacha no podrás ver. (REPITEN)

Satanás, Satanás. (REPITEN)

El hacha no la verás. (REPITEN)

Asmodeo, Asmodeo. (REPITEN)

Si no lo veo, no lo creo. (REPITEN)

(Pájaros)

¿No tenías espera? Venía reventando.

Por lo menos, no haberte puesto tan a la vista.

Toda la vía se ha hecho así, es bueno para las manos del animal.

Además, no hay nadie. Sí que hay.

¿Quién, tú? Porque mi mujer no se va asustar ahora.

Dale suerte, tú también eres madre.

Qué sed tiene la tierra.

(LLORA)

Ay, ay.

No llores, Mariana. Lloro de felicidad.

Llora, mi prenda dorada.

Muéstrame tu gran contento.

Pues gracias a Dios, Mariana,

muy pronto nos casaremos

y después del matrimonio

en Madrid residiremos.

¡El hacha!

No ha desaparecido.

Llévatela y escóndela donde nadie te vea.

Bruja. Bruja, más que bruja.

¡Arre, caballo!

¡Jía, Moro!

¡Arre, Moro!

¡Jía, jía!

¡Jía, Moro!

¡Arre! ¡Arre, caballo! ¡Arre!

¡Arre, Moro! ¡Arre!

¡Arre, Moro!

Lucifer, Lucifer. El hacha no la has de ver.

Satanás, Satanás. El hacha no la verás.

Belcebú, Belcebú. El hacha no las ves tú.

Satanás, Lucifer. El hacha no la has de ver.

Belcebú, el hacha no la ves tú.

Satanás, Lucifer. El hacha no la has de ver.

Satanás, Lucifer, Belcebú. El hacha no la ves tú.

Satanás, Lucifer.

Idiota, ¿no tienes otro sitio donde ir?

Acaba pronto de lavarte y llévate eso de esta casa.

¿Cuánto va a tardar en desaparecer? Siempre bregando con imbéciles.

Llévate este hacha lejos mi casa y entiérrala donde nadie la vea,

y no vuelvas aquí en los días de tu vida.

Sangre, la sangre de mi tío. Cada vez hay más, es una maldición.

Perdóname, tío. Perdóname.

¿Pero no ves, pedazo de animal, que esa sangre es tuya?

Te has restregado tanto que te has despellejado las manos.

Bestia, esto es sosa.

Que te van a echar de menos en la casa y se va a descubrir todo.

Usted me dijo que no sabría nunca.

Te llevaste el hacha de aquí antes de la luna y media.

Estaba deseoso. Pues yo ahora no respondo.

¿Qué? ¿Que no responde? Aún se puede enderezar lo torcido,

pero tienes que obedecerme. A mandar.

Sal corriendo y no vuelvas por aquí, si no, no tiene efecto el conjuro.

¿Y para mí no hay nada?

Valiendo para el hacha, vale para ti.

(Golpes)

Tía larga, tía larga.

La Mariana está malpariendo. Ha tenido un accidente con el carro,

se ha desbocado el caballo y ha matado al Justino.

Ánimas benditas, vamos para allí.

Satanás, Satanás. Lucifer, Lucifer.

Satanás, Satanás. Belcebú, Belcebú.

A mí me extraña mucho todo esto porque este es un pueblo

muy tranquilo. Aquí la gente no quiere más que trabajar

y vivir en paz, y cantar un poco, de vez en cuando.

-Paciencia, Juan. Paciencia.

-¿Otro vasito, tío Blas?

(Música)

No hemos visto nada. No sabemos nada.

No hemos visto nada. No sabemos nada.

(TODOS) Dios te salve, María, llena eres de gracia.

Dios te salve, María, llena eres de gracia,

el Señor es contigo.

(Música)

(TODOS) Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Vengo a hacerle unas preguntas por la muerte de su esposo.

Pues de la autopsia resulta que aquí hay algo sospechoso.

(CANTA LÍRICO)

No le entiendo una palabra, pero voy a preguntar.

¿Sabes usted si su marido acostumbraba a llevar

algún hacha en ese carro u otro objeto similar?

(CANTA LÍRICO)

Me resulta incomprensible.

-Déjela por imposible y pregunte a los demás.

-Ahora voy a preguntar.

-Usía va a preguntar, apresúrense a bajar.

-¿Tienen alguna noticia para dar la justicia?

-Señor Juez, si me necesitare, llámeme usted.

-Te pasa por darle la mano, Don Juan.

-Aunque hoy mismo reviviera, no te apartas de mi vera.

-Ahí está su marido de cuerpo presente.

-Vengo a hacerle una pregunta por la muerte de su esposo.

Pues de la autopsia resulta que aquí hay algo sospechoso.

(CANTA LÍRICO)

-Te vas a acordar de la puerta del bar.

-Déjeles por imposibles. Déjeles por imposibles.

-Calla tú si quieres. Grítale a los hombres, hablan las mujeres.

Con el orgullo en el pecho vine desde mi cuartel.

Encontré mi amor maltrecho por culpa de esa mujer.

-Calla, callad. Respeto a la justicia y a la autoridad.

-Toma esta prenda querida, lo que queda de mi vida.

-Niño de mi corazón. LLévame a otra habitación.

¡El hacha!

¡No! -Traición, maldición.

Señor juez, alguien con malas entrañas quiere perder a esta vieja.

Han escondido esto en mi casa para culparme

de la muerte de Justino.

Reconozco ese hacha, es de esta casa. ¡Tía bruja, tía bruja!

Tía cochina. Cuidado. Sujétenlo, sujétenlo.

-Quieto, quieto. -Levántese.

¿Confiesa haber escondido el hacha en casa de esta mujer?

¡Juan!

La bruja me convenció de que no pasaría nada.

Me dijo que el hacha se iba a volver invisible y que nadie sabría

nunca la verdad. Que todo se iba a arreglar con unos filtros

y unas oraciones que ella sabía.

Aquí está Mariana, que no me dejará mentir. Que lo diga ella.

Es verdad, es verdad lo que dice. (LLORA)

Pues explíquese usted.

(Música)

Yo qué coño de poder voy a tener. Ni para borrar un hacha,

una escoba, una capacha, un tazón, un almirez.

Esos filtros y oraciones, ¿quién se los puede creer?

Ni usted, ni yo, señor juez.

Solo los bobalicones si les va a favorecer.

Son ellos los que me inventan, ellos me nacen a mí.

Bruja. Bruja, ven aquí.

Cuando del hoyo revientan no se cansan de decir.

¿Qué gritáis? Vamos a ver, si puede ser

cuando se os muerte la vida

por falta de la comida, por falta de la mujer.

-Ven. Bruja, ven. Ven. Bruja, ven.

-Cuando viene la caída y no os podéis alzar solos.

¿Qué le pedís a la vida si no os ayudan los otros?

-Brujería. Brujería.

-Pero con la bruja gritan de acuerdo todos a una,

si se cambia la fortuna. Vamos, que os escuche un sí.

-Bruja. Bruja, más que bruja.

-Para el mal, para el pecado muy pronto vence la duda

y a mí me piden ayuda, más si es otro el ayudado.

-Bruja. Bruja, más que bruja.

-Juan y Mariana sabían

que si volvían sus delitos contra mí todo el pueblo iba a decir...

-Brujería. Brujería.

-No he entendido casi nada, pero tengo que juzgar.

-No ha entendido casi nada, pero tiene que juzgar.

-No ha entendido. No ha entendido.

Pero tiene, pero tiene, pero tiene que juzgar.

-Ganó unas oposiciones y ahora a lo hecho pecho.

No tiene ningún derecho a utilizar evasiones.

Tiene que juzgar.

-Tiene que juzgar. Tiene que juzgar.

Juzgar. Juzgar. Juzgar.

-No me olvides.

-No te olvido.

-Pues sabiendo que me esperas,

la cárcel no es un castigo.

-No me olvides.

-Ya sabes que no te olvida.

Pues sabiendo que le esperas,

será más dulce su vida.

Será más dulce su vida.

-Sietemesino. Sietemesino.

-Triste destino. ¡Ay qué dolor!

Pobre criatura.

Sin existencia de enfermedad,

musculatura, ni agilidad.

Ay, qué dolor.

-No le hagas caso a la agorera. Dulce destino a ti te espera,

porque eres hijo del amor. Hijo del amor.

-Hijo del amor. -Hijo del amor.

En cuanto tu padre

salga del penal,

junto con tu madre él se casará.

Y viviréis

años de felicidad.

Estará muy vieja, eso qué más da.

Hijo del amor. -Hijo del amor.

Hijo del amor. -Hijo del amor.

(Música)

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