All language subtitles for Love Letters Of A Portuguese Nun (1977) xxx

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Original subtitles

Esta es la historia de una joven que escribi� una carta a Dios.

Dios respondi�.

Ya te agarro, diablita.

- Voy a terminar con tu risa tonta. - Primero tienes que agarrarme.

�Crist�bal?

Creo que caiste a prop�sito.

�Vamos! Lev�ntate.

Eres actor. No me puedes enga�ar.

�Cris?

Ni siquiera est�s herido.

�Est�s, Cris? �Est�s tratando de asustarme?

�Cris! Vamos.

Deber�as tener verg�enza. Eres un provocador.

Te digo, Mar�a, debes saber que me provocas todo el tiempo que estamos juntos.

Eres como el fruto prohibido del jard�n del Ed�n, �sabes?

Todo lo que quiero es... un beso tuyo. �Por qu� me niegas eso?

- �Atr�pame! - Brujita.

�Baboso!

- No me puedes agarrar. - S� que puedo.

Y despu�s... tendr� mi venganza.

Oh, Padre, disc�lpenos. No lo quer�amos incomodar.

No me has incomodado, hija m�a. �Pero y a Dios?

Mar�a, �d�nde est�s?

Tu comportamiento lujurioso delante de un siervo de Dios es indeseable.

�Oh! �Qu� es eso? �Qu� dice? No est�bamos haciendo nada malo.

Observ� tu comportamiento malvado y vergonzoso.

No entiendo qu� cosa tan malvada hicimos.

- �Qui�nes son tus padres? - Solo somos mi madre y yo.

- No conozco a mi padre. - �Qu� edad tienes?

- 15. - �Y t�, hijo m�o?

- Solo 17. - V� a casa, ahora.

Y espera all� por mi. Tenemos que hablar. Si descubro que contaminaste a esta ni�a...

ser�s severamente castigado. �Y los mandamientos, hijo m�o?

Nunca le har�a nada malo a Mar�a. Vea, nos planeamos casar.

- �Qu� es esta tonter�a? - Brib�n. La expusiste. Mientes.

- Hablaba en serio, Mar�a. - �Ir�as con �l, entonces?

- No. - �D�nde vives?

- No muy lejos. - Tengo que hablar con tu madre.

Ella siempre fue una muchacha devota, Padre. Una hija devota.

No me puedo imaginar lo que le pas�.

Seguramente ser� condenada al infierno si sigue suelta.

- �Madre de Dios! - Debe ser educada bajo las leyes de la Biblia.

Oh, Padre, �qu� puedo hacer? Tengo que trabajar para mantenernos.

Mi vida es la de una lavandera.

Muy loable. Sin embargo, no es suficiente.

- Su vino es bueno. - �Puedo darle una botella?

- Yo misma lo prepar� - Es una mujer capaz.

Pero no crea que esto cambia en cuanto a la salvaci�n de ella.

Su ni�a est� bajo la influencia de Sat�n. Tenemos que salvarla.

Tenemos que romper el hechizo que el diablo hizo sobre ella.

Solo hay una manera. Convirti�ndose en novicia en un claustro.

Mi pedido es con su permiso.

Lo que diga. Dios lo bendiga, Padre.

- Estoy tan confundida. - Oh, la abadesa de Serra D'Aires,

donde sirvo como confesor, solo admite muchachas de clase alta,

pero creo que puede llegar a ser recibida.

Los convencer� para que dejen entrar a la ni�a al convento.

Una cosa m�s ... Le ajustaremos el precio de admisi�n

a la suma que ha guardado para su dote ...

Si Mar�a dejara el convento por alguna raz�n, la dote queda para nosotros.

- No puede ser devuelta. - �Qu� dote? Soy una mujer pobre.

Tengo muy poco para dar. Puede verlo.

Debe haber juntado un poco en 20 a�os... D�game la verdad.

Piense. Probablemente puso algo de dinero en alg�n lado.

�Qu� es el dinero comparado con el alma de su pobre hija?

Padre, no tengo dinero. �Qu� voy a hacer?

Entonces es responsable por los pecados de ella y se unir� a ella en el purgatorio.

Ambas, hijas de Sat�n, ser�n condenadas.

�Har�a de su hija una m�rtir de la Santa Inquisici�n?

�Eso no! Por favor, Padre, �qu� puedo hacer para salvarla? Tiene que decirnos.

�Por la Virgen Sant�sima y todos los santos, tenga misericordia!

Guard� 500 reales para que se defienda, en el caso de que yo me enfermara.

�500? No ser� suficiente. Al menos muestra buenas intenciones para salvar a Mar�a.

�Ves lo que hiciste, ni�a? Ahora vivir� una vida miserable por tu culpa.

Voy a estar contenta cuando te hayas ido.

Podr� descansar, madre valiente, cuando ella sea entregada a Dios.

Porque entonces, estar� dentro de las paredes sagradas del claustro de Serra D'Aires.

- �No podr� seguir viendo a mam�? - Que idea. Te visitar� con frecuencia.

Pero all� no ser� tentada por el pecado Soy el �nico hombre permitido.

En los j�venes, la voluntad es fuerte pero la carne es d�bil. Es mejor partir ahora.

En breve ser� de noche. Dios iluminar� el camino a nuestro sagrado santuario.

Pero, Padre, �cu�l es el camino hasta el claustro de Serra D'Aires?

Es un viaje largo, incluso con un caballo. Nunca podr�a caminar hasta tan lejos.

�Hija m�a!

- Aqu� es donde vivir�s. - Nunca pens� que pudiera ser tan bello.

Es conocida tambi�n como la m�s bonita abad�a en Portugal.

Ten�as raz�n. Es una muchacha muy bonita.

- Dime tu nombre, ni�a. - Mar�a.

- Tr�tame siempre por Eminencia. - No sab�a eso.

Eres simplesmente una campesina ignorante.

Perd�neme.

- �Ahora sabes c�mo dirigirte hacia mi? - S�, Eminencia.

- �Eres virgen? - S�, Eminencia.

Qu�tate la ropa. Hay que probarlo antes de que seas admitida en este claustro.

No importa que te expongas frente al Padre Vicente.

Ser� siempre el maestro y el protector de tu alma.

�l tambi�n manda en tu cuerpo. Ahora, lev�ntate la falda.

Parece un corderito.

Un corderito para el matadero.

Levanta m�s tu falda.

M�s.

�M�s!

- �No usas medias? - Somos pobres, no tenemos ningunas.

Bueno, no estoy sorprendida. Tuviste una vida modesta.

Ahora, separa tus piernas.

M�s.

Abre m�s.

Est� bien, tienes que relajarte. No contraigas los m�sculos. Qu�date quieta.

Coopera m�s. Te est�s resistiendo. �Quieres que te lastime? Veo que vas a ser dif�cil.

Aqu� est�.

Felizmente, dijiste la verdad. Intacto.

Bueno...

Eres pura.

De hecho.

- El himen est� muy firme. - Himen virginal.

Comprendo que nos encuentres desagradables. No pienses eso.

Nuestra Orden requiere que aceptemos v�rgenes puras que prueben ser virtuosas.

Hacemos de la castidad un presente al divino y sagrado Pr�ncipe al que servimos.

Tienes que confesarte ante el Padre Vicente antes de que puedas usar el traje de novicia.

- Josefina, mu�strale su celda. - Le agradezco.

Despu�s de confesarte, permanecer�s en la celda 3 d�as en completo aislamiento

orando constantemente, despu�s el Padre Vicente y yo te recibiremos aqu�.

Perdona a esta fiel creyente los pecados cometidos bajo la influencia de Sat�n.

Ten piedad de nosotros.

Que esta ni�a sea bienvenida a tu lugar.

Conc�dele la gracia del perd�n mientras ella camine en esta tierra.

Perdona a esta fiel creyente los pecados cometidos contra ti.

Esp�ritu santo.

- �Cu�ndo te confesaste por �ltima vez? - Creo que har� cerca de 3 meses.

�Confesaste todos tus pecados, hija m�a?

- Me olvid� de uno. Porque tuve verg�enza. - �Por qu� tuveste verg�enza?

Porque yo... No estoy segura.

�Tu carne fue d�bil? �Experimentaste placer cuando tentaste al muchacho?

- No fue solo �l. - �Otros? Dime la verdad de lo que hiciste.

Vamos, hija.

�Que pas�? �Excitaste a estos j�venes?

- No lo s�, Padre. - Digo, puedes...

... haberlos tocado, tocado sus cuerpos.

Una vez, nuestros labios se tocaron.

Bueno...

Labios... tal vez los hayas tocado en otras partes...

Y... yo... bueno, le toqu� el pecho una vez, lo confieso.

- No creo que sea todo. - Supongo que no.

- Fue aquella vez con Crist�bal. - Dos veces con �l.

- �D�nde lo tocaste? �Qu� le hiciste? - No lo toqu� adecuadamente.

- �Lo excitaste? - No quer�a hacerlo.

Vea, Crist�bal quer�a que yo lo tocara en algo privado. Entonces escap�. Me enoj�.

Cu�ntame todo. �Te sentiste tentada? �No usabas ropa interior adecuada?

- Cu�ntame. - Pero la estaba usando.

Pero no me pidi� m�s que le tocara su cosa otra vez.

Incluso cuando est�bamos solos. Dijo que cuando nos cas�ramos, tengo que saltar con ella.

Ponerla en lugares, �sabe?

�Qu� quieres decir con eso? Habla.

Bueno... probablemente donde su Eminencia toc�. Una vez me pareci� que hubiera otro lugar

pero fue en un sue�o que tuve.

Bueno, parece que ni tus sue�os son puros.

Para la absoluci�n, deber�as... arrepentirte de los sue�os, tambi�n.

Oh, pobre muchacha. �l se deleita con sus pecados.

�Qu� m�s hay?

En mi sue�o, mi primo estaba en mi casa y de repente estaba desnudo.

Comenc� a gritar pero me cerr� la boca y amenaz� con golpearme

si no hac�a lo que �l quer�a. Despu�s me baj� la cabeza

- y puso mi cara... - Te puso algo en la boca, �no?

Tuve que hacerlo. Pero fue horrible. Estaba muri�ndome del susto. Me sent� sofocada.

- Te resististe, �no? - No lo suficiente.

�Quedaste... estimulada?

�Qu� es estimulada? No estoy segura.

�Quedaste inquieta, tal vez excitada?

�Le pasa algo, Padre?

�No se siente bien?

Arrepi�ntete, hija m�a. �So�abas mucho con tu primo?

No. So�� una vez. Ahora nunca lo veo. Dej� la aldea para ser un soldado.

- Vea, nunca lo vi despu�s de ese sue�o. - �Pero y si lo hubieras visto?

No en sue�os pero...

- �Har�as la misma cosa? - �No!

Pero a trav�s de tus sue�os, pecaste gravemente, �lo sabes?

Te purificaemos con un chaleco de espinas.

�No puedo ser perdonada a trav�s de oraciones?

Nunca debes cuestionar lo que te digo. Tu alma es m�a.

Yo te absuelvo. Dios perdon� los pecados de tu carne. Estate agradecida.

Josefina, �qui�n vive en aquel castillo enorme?

Es la casa del Gran Inquisidor. Y tambi�n la sede del tribunal de la Santa Inquisici�n.

No toques eso. Estas ropas est�n consagradas.

Es la regla aqu�. La Gran Sacerdotisa vendr� a vestirte personalmente.

- �Por qu� la llamas la Gran Sacerdotisa? - Lo descubrir�s en breve.

Esta es una abad�a fuera de lo com�n, ver�s.

Por lo tanto, no te preocupes, te ayudaremos a adaptarte.

Por favor, cuenta con ellos.

Bonita mano, tan peque�a. Casi como la de una ni�a.

Entren.

Hola. Ella es la Hermana Antonia y yo soy la Hermana Juana.

Somos las novicias m�s nuevas aqu�. Nos apoyamos siempre.

Me llamo Mar�a.

D�jame darte la bienvenida con un beso de hermana.

Si quisieras ser nuestra amiga, te defenderemos.

- Dame una manzana, Antonia. - Animamos las cosas aqu�.

- Con juegos tontos. �Juegas con nosotros? - Me encantar�a.

El juego es as�.

- Ahora es tu turno. - �Est�s segura que no es pecado?

No seas aguafiestas. No hay nada malo con los juegos, ni�a.

Al final de cuentas, pecar no es tan malo.

Claro, si solo piensas en actos pecaminosos, es una pena, aqu� no tendr�s suerte.

Ahora toma la manzana, ni�a tonta. Vamos.

�Qu� sucede aqu�?

Bueno, ahora...

Querida, parece que haces amigas muy r�pidamente.

- Todo fue idea nuestra. - Amigas leales, tambi�n.

Discutiremos esto en otro momento, se�oritas. Sal.

- Disculpe, yo... - Qu�tate la ropa.

No te vestir�s durante 3 d�as.

Cumplir�s una dura penitencia por tu mala acci�n.

Tal vez esta penitencia exorcize a los demonios que viven dentro de ti.

El Padre Vicente lo orden�. �l sabe lo que es mejor para tu alma.

Para agradar a Nuestro Se�or, debes cambiar tu comportamiento.

S�, Eminencia.

Eres t�mida.

Tu primera penitencia. Espero que aguantes esta peque�a prueba.

Ser� la primera de varias.

Este camino espinoso es solo tuyo. El dolor es el precio que debes pagar por tu salvaci�n.

El camino es duro. Depende solo de ti.

�Oh, no!

Oh, Se�or de las tinieblas, Pr�ncipe de todo mal, me prepar� para servirte.

Me ba�� en sangre de murci�lago, anduve con tu s�mbolo en mi cabeza.

Acordarei os vossos desejos carnais no lugar sagrado da b�blia.

Haz de esta sierva un recipiente para tu fruto. A partir de esta noche, me ofrezco

de libre voluntad a tu Mal.

- �Est�n listas? - S�, Sacerdotisa Suprema de Aires.

Por favor, Sat�n, no me niegues. Que se haga tu voluntad.

Am�n.

Tomen sus lugares.

Servir�n como parteras del hijo de Sat�n, eterno pr�ncipe de las tinieblas.

Que le podamos servir, maestro. Escucha mis oraciones.

Esto es para el polvo.

El polvo est� hecho de coraz�n de un beb�.

La sangre de Sat�n est� chorreando.

Sat�n, ay�dame. Tu ni�o est� rasg�ndome las entra�as.

Nunca lo ver� vivo, a este beb� de Sat�n.

El hijo del Diablo. �Por qu� negar lo que hice por ti?

Te di mi virginidad.

Y me pose�ste violentamente.

A trav�s del cuerpo del Padre Vicente. Con pasi�n y placer.

El nacimiento a trav�s de la muerte y la muerte a trav�s del nacimiento.

Renacemos todas ahora como hijas de Sat�n.

�Arde!

Lib�rame del sacrificio a Sat�n.

S�, primo.

Estoy yendo.

No, no puedo.

El Padre Vicente me castigar�.

�No, no!

No.

Llor� toda la noche. No puedo imaginar por qu�... �Le preguntamos?

Le lav� las s�banas. Estaban llenas de sangre.

Est� comenzando todo de nuevo. Si Sat�n triunfara, Dios nos ayude.

�D�nde est� Dios ahora?

- �Encontraste tu amuleto? - S�, lo encontr�.

Fue el Padre Vicente quien lo dijo. Debes hacer lo que el viejo diablo dice.

Siempre intento hacerlo.

C�llate, o ella nos oye.

- �Mar�a, est�s arrependida? - Estoy sufriendo mucho.

Es todo por tu bien.

El triunfo sobre el dolor fortalece nuestras almas.

Creo que tengo un alma d�bil.

Porque no quiero sufrir y mi cuerpo...

no aguanta el dolor, por m�s que yo intente soportarlo.

- Tienes que acostumbrarte. - Dudo que lo consiga.

Te acostumbrar�s. Pero solo cuando cambies de actitud.

Por favor, ay�deme, su eminencia.

S�, pero solo cuando me muestres confianza y obediencia absoluta.

Todos los placeres de la carne y deseos...

intentaremos purgarlos. Ser�s disciplinada y hallar�s placer en eso.

La gracia ser� tuya cada vez que cumplas una penitencia.

Esta noche, andar�s sobre una cama de espinas.

Y cuando tus pies sangren, tu alma se purificar�.

Mar�a.

Mar�a, soy yo.

�Oh, no! �Qu� haces aqu�? Te imploro que salgas inmediatamente.

- �Vendr�s conmigo, Mar�a? - Si te encuentran aqu�, estoy perdida.

Tengo que quedarme aqu�, ahora. Aqu� encontrar� tranquilidad y paz.

Pero eso no es verdad. Encontrar�s paz en tu esp�ritu cuando te cases conmigo.

Estoy comprometida con Dios. No me puedo casar contigo, ahora.

- Cuando sea pura, me caso con el Se�or. - Est�s diciendo disparates.

�Lo estoy? Crist�bal, vete r�pido ahora si me amas.

Demonios malvados.

Fuego del Infierno.

Amor diab�lico.

Aqui es el recreo del Diablo.

Desafiante.

Serviste al Pr�ncipe de las tinieblas. Ahora no har� ning�n ritual.

Malvada.

Padre de la vida. �ngel del abismo.

Adoradora del Diablo.

San Miguel, San Gabriel, San Rafael. Todos los santos sagrados de nuestro reino.

Recen por nuestras almas.

San Crist�bal, San Pablo, San Jacob, San Felipe, San Bartolom�.

Todos los santos y ap�stoles, oren por nuestras almas,

por nuestros pecados y l�branos de vuestra furia. L�branos de la tentaci�n.

De los esp�ritus demon�acos.

Dios me ayude.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp�ritu Santo, Am�n.

Lamento anunciar que hay una entre nosotros que prometi� amar a Dios...

pero quebr� su promesa pecaminosamente. Que lo asuma.

Rezaremos por su alma.

Dios, perdona a esta miserable pecadora, s� misericordioso.

Recibe a esta ni�a de nuevo.

- Mar�a, confi�sanos tus pecados. - Yo confieso.

Santa Mar�a, madre de Dios, pequ� contra la voluntad de Dios. Fui desobediente.

Bajo la influencia de Sat�n, quebr� tus mandamientos.

Y rezo por tu perd�n y por tu sagrada salvaci�n.

Ay�dame a ser casta y cristiana. Por tanto castiga a esta pecadora.

Prometo a la virgen sagrada y a todos los santos que no volver� a pecar.

- Por favor, Hermana Josefina, tengo... - �Por qu� est�s tan agitada, Mar�a?

Bueno, la Hermana Antonia dijo que enviar�a mis cartas. �Env�a esta?

- Bueno, �para qui�n es? - Es para mi madre.

- �Para tu madre? - �La enviar�?

- Claro, estar� muy feliz de hacerlo. - Es muy bondadosa.

�A qui�n has hecho bien? �A qui�n levantaste la voz?

Porque la levantaste contra mi y tu arrogancia lleg� a mis o�dos,

Pondr� mi anzuelo en tus narices, y mi cosa en tu boca y dar de nuevo.

Mi querida madre.

Lamento en esta carta darte noticias tan horribles.

Debes hacer todo lo posible para sacarme de aqu�, te lo imploro.

Esta carta prueba que eres una muchacha ma�osa y pecaminosa.

Temo por mi alma y salud. Creo que este convento no es cristiano.

Mi adorada madre, tienes que creer en mi, aunque te parezca extra�o.

El Padre Vicente no es el que t� pensabas.

Qu� disparate.

Esta carta est� llena de mentiras.

Las consecuencias de esta carta podr�an haber sido terribles.

La ver�s arder, pues le suceder� lo mismo a tu alma en el infierno.

�Qu� crees que sentir�a tu madre si leyera esta carta?

Morir�a de verg�enza de haber dado a luz a una muchacha tan malvada.

�Y si el Gran Inquisidor lo supiera, hija m�a? �Y entonces?

Quemar�a tu cuerpo antes de que hubieras recibido la extrema unci�n.

Pero te daremos tiempo para que te arrepientas de estas mentiras.

Escucha bien lo que te digo.

Josefina, pon a Mar�a en el aislamiento. Ella se quedara solo para rezar por su alma

y para meditar y hacer ayuno por alg�n tiempo.

- No, no quiero hacer nada de eso. - Nosotos te diremos lo que quieres.

No te ser� permitido quere tus deseos, a no ser que los quisi�ramos.

Ahora, sal de mi vista.

Haremos que pague por esto.

- Ahora, esto. - Est� bien.

Alto all�.

Dios m�o, estoy tan confundida.

Ay�dame.

- Bien, �entonces, hija? - �Qu� quiere de mi?

Es hora de arrepentirse, hija. �Est�s lista?

Esta noche sacrificar�s tu sagrada virgindad. Un sacrificio sagrado.

Tendr�s este privilegio en nuestra ceremonia.

Antes de eso, tienes que demostrar ser merecedora de ese honor.

Har�s eso realizando una tarea que yo eleg�.

Tu confesi�n... sobre tu sue�o con tu primo...

Cuando tomaste libertades tan lujuriosas...

Me hizo rezar por orientaci�n.

Finalmente, llegu� a una conclusi�n.

Me har�s lo que so�aste hacerle a �l. Esa debe ser tu penitencia, Mar�a.

�No!

- D�jeme. - Abajo. De rodillas.

�Por qu� no le resististe como me resistes?

Te invoco Lucifer.

Ven, Se�or de las tinieblas.

Escucha a tu Sacerdotisa.

Estoy aqu� para servirte.

Esta noche, nos reunimos para oferecerte una virgen pura.

Su alma pura es una buena ofrenda al Pr�ncipe del Infierno.

Prep�rate para oferecerle tu virgindad al propio Diablo.

Padre nuestro... que est�s en el cielo...

Estar�s en los brazos del Diablo y sentir�s una pasi�n violenta en tu sangre.

El Diabo va a poseerte completamente. Va a violarte y vas a recibirlo.

Llen�ndose tu barriga de dolor y de tormento infinitamente violentos.

La sangre del murci�lago, pene de buitre. vejiga de sapo, veneno de cobras,

florecer�n tus deseos sexuales.

Dar�s a luz al hijo de Sat�n.

Sat�n, manifi�state. Lleg� la hora. Manifi�state en forma humana.

Glorifiquen al Diablo, Pr�ncipe de las tinieblas. Arrod�llense y ven�renlo.

Sat�n.

Que romper�s el himen sagrado y llenar�s el �tero virgen con los fuegos del Infierno.

Acepta ahora este sacrificio en tu honor. Por tus acciones.

�Sat�n! Ven hasta mi, Sat�n.

Cuando eres pose�da por el Diablo, las puertas del cielo est�n cerradas.

Cerradas para siempre. Ahora eres mujer de Sat�n, enamorada del pecado.

Quebrando los mandamientos de Dios con alegr�a, novia del Nefasto.

Bueno, �finalmente te calmaste?

No. �C�mo podr�a, despu�s de lo que sucedi� durante la noche?

Estoy condenada al infierno por haber sido violada por el diablo.

- Est�s loca. - No, es verdad. Fui violada.

Est�s enferma.

Est�s delirando por la fiebre.

Las Hermanas me mandaron llamar.

Has gritado d�a y noche como una pose�da.

Est�s confundiendo tu sue�o con la realidad.

Qu� fantas�a. Tienes una imaginaci�n v�vida y f�rtil, �sabes?

Confundiste la realidad con los fantasmas de tus fervientes pesadillas.

Pero ahora olvida esos sue�os y deja de actuar est�pidamente.

Quedar�s aislada hasta que tu cerebro enfermo recupere la salud.

- �Est� diciendo que so�� todo eso? - Claro. Esa es la verdad.

- No, s� que sucedi�. - Est�s pose�da por el Diablo.

Dios est� contigo, hermana.

Oh, �sabr�a decirme d�nde vive el presidente de la c�mara?

�El presidente? Arriba de aquellas escaleras. Yo le muestro.

No, yo lo encuentro. Gracias.

No soy un cohete. Ya voy. Ya voy.

Calma. Calma. Aqu� estoy.

- �Qu� sucede? - Disc�lpeme, por favor. �Presidente?

- �Qu� puedo hacer por usted, hermana? - �Es el presidente de la c�mara?

A su servicio. Antonio Fernando de Queiroz de Melo. Presidente de la c�mara.

Vengo del convento de Serra D'Aires. Por favor, tengo que hablar con Usted.

S�, claro, Hermana. Entre.

Por favor, si�ntese.

- Bueno, viene de lejos. �Quiere algo? - S�, es muy gentil.

Aqu� tiene, hermanita.

Le ayudar� a recobrar la compostura.

- �Se siente mejor? Ahora hablaremos. - Me fugu� del claustro.

�Pero por qu�, por amor de Dios? El Padre Vicente y la Hermana Alma son buenas personas.

Cuando le explique lo que sucede all�, entender� por qu� tuve que huir.

La Madre Alma y el Padre Vicente son adoradores del Diablo.

Celebran misas sat�nicas. E hicieron un pacto con el mismo Sat�n.

Es imposible. Acostumbro a beber vino con el Padre.

No creo eso poque estoy seguro que �l sigue la sagrada Biblia.

Est� bromeando conmigo.

Es diab�lico. Me oblig� a hacer cosas horribles. Cosas vergonzosas.

Tiene que creerme. �l es malo. Intent� decirme que estaba delirando,

teniendo pesadillas. Pero s� que sucedi�. Que no fue un sue�o como dijeron.

Disc�lpeme. No creo nada de esto. Soy el presidente de la c�mara de la ciudad.

Tal vez debieras hablar con el Gran Inquisidor.

Entonces ll�veme hasta �l. Seguro que me entender�.

Y tambi�n estar� ayudando a salvar a aquellos pecadores.

- Tal vez tengas raz�n. - Y Dios le bendiga, lo s�.

- Es el �nico que puede ayudarme, �entiende? - No, no s� lo que debo hacer.

Estoy confundido.

Tengo que pensar en eso.

- Tenemos que encontrarla imediatamente. - No te preocupes por ella.

No puede haber ido lejos.

Dios est� con usted, Madre superiora y en paz.

Que Dios est� con usted, Padre Vicente. Aqu� estamos.

- Esta novicia fue a mi casa hoy... - Deje, sabemos de su enfermedad.

Pobre cordero perdido.

Se perdi� de mi reba�o. Todo comenz� con una fuerte fiebre.

Cree que el diablo la posey� en cuerpo y alma.

- No deb�a haber escapado. - Pens� que fuera algo as�.

Exigi� ver al Gran Inquisidor. Si no lo hubiera considerado, la habr�a llevado.

Comenz� a inventar historias locas.

Pens� que deb�a ayudarla a recuperar la cordura en la abad�a.

Saben de demonios y cosas as� aqu�.

�No es as�, Padre Vicente?

S�, tom� la decisi�n correcta.

Le estamos muy agradecidos por su ayuda.

- Estoy contento por poder ayudar. - Le estamos agadecidos, D. Antonio.

C�lpate a ti misma por esto.

Parece que ahora... Tenemos que probar que est�s pose�da por el Diablo.

Primero te confesar�s ante nosotros. Despu�s, delante del tribunal de la Inquisici�n.

Qu� pena...

Descubriremos si ella pretend�a traicionarnos ante el Inquisidor.

Nuestros m�todos dolorosos de disciplina la convencer�n para hablar.

�Crees que nos habr�a denunciado ante el Inquisidor, querida Alma?

Es lo que pretendo descubrir en breve.

Persuadiremos a la bruja a implorar por misericordia.

Bueno, tengo la certeza que confesar�. Este m�todo resultar�.

Nunca nos fall� antes y no seremos misericordiosos porque ella nos traicion�.

Tenemos que salvar a la Orden. No podemos permitir que destruya lo que construimos.

Ve a buscar las herramientas de tortura.

�No! �No, por favor!

Quemen a la bruja ma�ana.

Ll�venla.

Monse�or Crespo, disculpe la interrupci�n.

El Padre Vicente de la Abad�a de Serra D'Aires pide una audiencia.

- Lo recibir�. - S�, su excelencia.

El Padre Vicente. Me pregunto qu� lo trajo aqu�. Lo recibir� en privado.

- Bienvenidos, hermanos. - Su Excelencia.

Puedes hablar, estamos escuchando.

Un asunto urgente exige su atenci�n, su Santidad.

Una joven novicia de nuestro convento est� bajo sospecha.

Tememos que haya perdido la fe y est� pose�da por el Diablo.

Eso es una acusaci�n seria, hijo m�o.

Entonces crees que ella debe comparecer ante nosotros. �Es por eso que est�s aqu�?

S�, su Santidad.

Es su Santidad quien debe decidir si nuestras sospechas son o no correctas.

Es el alma de ella la que est� en juego. Hay que liberarla de las garras del diablo.

Nos dejas una carga pesada, hijo m�o.

Es dif�cil estar seguro si Sat�n anda entre nosotros y bajo qu� formas aparece.

Est� llegando. El Inquisidor est� aqu�.

Hermana, llame a la Madre Abadesa.

R�pido. Vayan a buscar a la Madre Alma y a la novicia Mar�a.

�Alma!

�Alma!

- �l lleg�. - El Gran Inquisidor. �Ya est� aqu�?

Hermanas. Hagan como les dije y preparen todo en caso que �l quiera entrar.

Vamos a ir hacia abajo. �l no debe entrar.

Su Excelencia.

Hija m�a.

Padre, le doy las gracias por haber llegado tan r�pidamente.

Su ayuda y sabidur�a es bienvenida, su Excelencia.

Lamentamos visitar la abad�a por razones tristes. Es nuestro trabajo.

Pero Dios nos ayudar� y estoy encantado de verte.

Que Dios te bendiga.

Que pena...

Salvaremos a la ni�a. No est� todo perdido.

Denos la bendici�n, su Santidad.

Pare este coche.

Pare en nombre de su Majestad.

Dije que pare en nombre del Pr�ncipe Manuel.

Qu� arrogancia.

- �Qui�n era? - Creo que era el Inquisidor.

- �Es aquella bella joven? - Probablemente una bruja, su Alteza.

- �Qui�n cree a�n en brujas? - La Iglesia. Cuando le interesa.

Hasta que se detengan, continuar�n quem�ndolas.

Pretendo acabar con eso.

- �Eres la novicia Mar�a Rosal�a? - S�, su Eminencia.

�Admites ante nosotros haber vendido tu alma al diablo?

S�, hice eso.

�Y bajo su influencia, cometiste actos impuros?

S�.

Hice eso.

�Es verdad que diste tu virgindad a Sat�n y te volviste seguidora de �l?

Hice eso.

Pero est�s condenada. Sin dudas, una hereje.

Debes ser llevada mientras decidimos tu destino. Rezaremos por tu alma.

Su Excelencia, no se debe olvidar de interrogar a los dos demonios miserables

que me metieron en el pecado. La abadesa conocida como Gran Sacerdotisa,

y aquel falso padre. Son ellos que adoran al Demonio y no a Dios.

Y usan a la abad�a para ritos sat�nicos. Hicieron cosas demon�acas bajo el hechizo

de Sat�n. Yo fui el sacrificio de ellos.

- Su Eminencia, no escuche esto. - Calumnias, bruja.

No escucharemos m�s de esto. Tenemos que quemar el mal de ella.

El amor al Diablo est� en su coraz�n. Qu� criatura vil.

Honorable Abadesa, amigo Padre Vicente, comp�rtense. Sabemos juzgar sin ayuda.

Decidimos que ella sin dudas es culpable.

Este juicio significa que la acusada ser� quemada en p�blico.

Pero las acusaciones hechas contra ustedes, ser�n averiguadas en un tribunal especial.

�Est� diciendo que necesitamos ser juzgados por estas falsas acusaciones?

Entonces insistimos que nos interrogue inmediatamente.

C�lmense. No creemos mucho en sus palabras. Los desvar�os de una bruja.

Les aseguramos eso. Pero debemos seguir ciertos procedimientos

que son requeridos por la sagrada Iglesia Madre.

A veces debemos seguir el sagrado camino divino,

pero no se peocupen. Hay otra manera.

Bueno, podemos sugerir que la acusadora retire las quejas y firme un documento.

Entonces, podremos olvidar su testimonio, �entienden?

Es lo habitual.

Espero que por su bien, ella sepa firmar.

Les ahorrar� la verg�enza de la audiencia p�blica.

Entend�. Todo lo que tengamos que hacer tendr� que ser hecho para salvarla del Diablo.

Para sacarla de sus garras antes de que ella muera.

- Niega las mentiras injuriosas. - �Qu� mentiras? Dije la verdad.

M�s.

Tira m�s.

M�s, tira m�s.

M�s, dije.

�Firmas?

Det�nganse.

Muy bien, entonces. Admite tus mentiras.

No dije mentiras.

Vas a admitir que eran mentiras.

Firmar�s ahora. Firma con tu nombre el documento.

No, no har� eso.

No.

�Est�s lista ahora?

�Firmas ahora el documento? �Admites que eran mentiras?

- Mentiras pecaminosas. - S�.

Puede liberarla ahora.

Salvaste tu alma.

Vamos.

Se termin�.

Mar�a Rosal�a. La sagrada Iglesia garantiza la salvaci�n de tu alma.

Pues fuiste considerada culpable de adorar al Diablo.

Y ser�s quemada en un lugar p�blico. Que Dios te bendiga.

Oh no. Dios me ayude.

Ma�ana yo...

... muero.

Mar�a.

El poder del Vaticano yace atr�s de aquellas murallas.

- Los ojos de la Santa Iglesia Madre. - Preferir�a que no me mirasen.

Aquel poder es muchas veces mal usado. Dicen salvar el alma torturando al cuerpo.

- �Los viste lanzar aquella paloma? - Viste mal, amigo m�o. Era un papel.

Vamos a buscarlo.

Entonces, �es un mensaje del cielo, mi Pr�ncipe?

Escucha esto.

Querido Dios, por favor perd�name.

La abadesa de Serra D'Aires y el Padre Vicente me envolvieron en un pecado mortal.

Ma�ana, arder� en la hoguera. E ir� para el Infierno.

Nunca m�s te ver�, ser� para siempre.

A�n as�, en mi coraz�n seguir� siendo su hija, Padre Sant�simo.

Con amor, Mar�a Rosal�a, una monja portuguesa.

Padre nuestro que est�s en el cielo, santificado sea tu nombre.

H�gase tu voluntad, as� en el cielo como en la tierra.

Abran camino al Pr�ncipe.

Dejen pasar a su Majestad Cristiana, el Pr�ncipe Manuel Gon�alves, de Portugal.

Paren la ejecuci�n.

�Y qu� derecho tienes de parar esta ejecuci�n? �Qui�n lo ordena?

El Pr�ncipe de Portugal.

Consideramos a la acusada, Mar�a Rosal�a, inocente.

Insistimos que los verdaderos adoradores del Diablo ardan en vez de ella.

�Podemos haber cometido un error? �De qui�n hablas? �De los acusadores?

Exacto. El Padre Vicente y aquella Abadesa. Arresten a esos dos.

Descubrir�n la verdad sobre su culpa.

Alto. En nombre de su Majestad.

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