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En todos los conflictos armados, los civiles, hombres, mujeres y niños,
son las principales víctimas.
Obligados a soportar las insoportables consecuencias de la violencia,
huyen de sus casas,
son tiroteados,
bombardeados, mutilados, violados,
torturados y asesinados.
Si las infraestructuras y los servicios de salud colapsan,
las posibilidades de supervivencia se reducen de forma aún más drástica.
En ese momento, la ayuda humanitaria es más vital que nunca.
Pero llegar a las víctimas de los conflictos
es una tarea difícil y peligrosa
y las organizaciones humanitarias asumen grandes riesgos
para aliviar el sufrimiento y salvar vidas.
Ha ocurrido hace media hora.
Un secuestro, detuvieron el coche a punta de pistola.
Dispararon al conductor y secuestraron a dos expatriadas.
Por el momento, no tenemos más información.
Suspendemos todos los movimientos,
excepto al hospital, para mantener allí las urgencias.
Los puestos de salud del campo se cierran por hoy.
Dadaab, una pequeña ciudad de Kenia,
a unos 100 kilómetros de la frontera somalí.
La ciudad está rodeada
por el mayor campo de refugiados del mundo,
que alberga a más de 450 000 personas.
Cada día, llegan más de 1000 nuevos refugiados,
que huyen de la guerra civil y la sequía en Somalia.
La organización médico-humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras,
también conocida por las siglas MSF,
acaba de sufrir el secuestro de dos personas
y todas las actividades se han suspendido.
Creo que todos sabéis que tenemos un problema de seguridad.
Estamos pensando en reducir el equipo.
No hoy mismo, pero tal vez mañana por la mañana.
Me gustaría que todos recogierais vuestras cosas.
Haced como si no fuerais a regresar.
Es una medida de precaución, que nos da tiempo
para ver cómo evoluciona la situación.
Ya veremos; la idea es seguir con un equipo mínimo
y, si la situación lo permite, volver gradualmente a la normalidad.
Pero, por ahora, hacemos como si no fuéramos a volver.
Tras la decisión de reducir el equipo, la mayoría empiezan a hacer el equipaje.
Saben que cualquiera de ellos podría haber sufrido el secuestro
u otro incidente grave de seguridad.
A mí me preocupan sobre todo estas dos personas.
Yo, de momento, siento bastante confianza, no hay…
No siento un riesgo directo, al menos para mí.
Pero bueno…
Una cosa que se nos enseña en MSF
es que, cuando hay un incidente de seguridad, no se discute.
Hacemos lo que nos digan.
Llamad todos a vuestras familias,
para informar de que ha habido un secuestro y de que estáis bien.
Eric, llámame cuando escuches este mensaje.
Tengo que hablarte de un problema de seguridad que hemos tenido.
Estamos bien, pero puede salir algo en los medios de comunicación
y no quiero que te alarmes.
Llámame cuando escuches este mensaje.
De pronto, llega a oídos del equipo de coordinación
que las autoridades de Kenia ya están actuando,
pero sin informar a MSF.
Inmediatamente, se llama a las sedes en Europa.
La Policía los sigue con helicópteros.
Abandonaron el coche
y las dos rehenes y los cuatro secuestradores
siguieron a pie.
Parece que dos helicópteros y el Ejército keniano
y la Policía están cerrando la frontera.
Es lo último que sabemos.
Gracias, adiós.
¿Sabéis si otras ONG están evacuando?
Los que he contactado, Médicos del Mundo…, todos se van.
Están saliendo todos.
Ellos tenían un equipo más pequeño y ya estaban…
Quizás algunos no lo sabéis, pero algunas ONG,
tras el secuestro de CARE,
redujeron mucho sus movimientos.
Los equipos,
aunque racionalmente piensen “es lo que hay que hacer”,
emocionalmente saben lo que dejan atrás:
un vacío en términos de salud.
Es una ayuda vital día sí, día también.
También hay un vínculo fuerte con sus colegas en el proyecto.
Así que, para muchos, es muy difícil recoger sus cosas,
irse
y saber que allí no habrá mucha ayuda
o no habrá la que puede dar el personal especializado.
En caso de incidente,
las organizaciones internacionales evacúan o reorganizan a su personal,
dejando sin atención a quienes necesitan ayuda.
¿Tiene lógica hacer eso?
Creo que deberíamos ser más flexibles
para entender el problema real.
−Cuídate. −Tú también.
En otras palabras, tienes que analizar rápidamente la situación
y entonces decidir: ¿justifica esto la salida de nuestro personal,
o deberíamos quedarnos,
con medidas para reducir riesgos,
y seguir trabajando en el terreno?
MSF permanece en Dadaab, pero, durante dos semanas,
limita sus actividades a la atención médica de urgencia.
El secuestro revela los riesgos que afrontan los humanitarios
al intentar atender a poblaciones necesitadas.
Cuando hay un secuestro o muere un miembro del equipo,
el impacto va mucho más allá del proyecto.
Con frecuencia, a las organizaciones humanitarias,
médicas y de otro tipo,
se les impide el acceso a los civiles y los civiles mueren,
mientras nosotros, la comunidad internacional,
somos observadores pasivos.
Por dos razones: bien no hay acceso
y nos impiden llegar allí,
bien no hay seguridad
y los trabajadores humanitarios pierden la vida
en el intento de llegar a las víctimas.
Y no lo causa un desastre natural, sino las personas:
son generales, militares, políticos,
que nos impiden llegar a las personas con más necesidades.
Desde el comienzo del nuevo milenio,
los ataques contra personal humanitario son mucho más frecuentes.
La última década ha sido la más letal de la historia:
más de 230 humanitarios, locales e internacionales,
han sido asesinados
y 150 han resultado heridos.
La acción humanitaria está bajo el fuego cruzado.
Nuestros colegas han sido atacados deliberadamente.
Los han asesinado,
los han secuestrado, les han disparado,
solo porque querían ayudar a los civiles,
a los heridos, a los enfermos, en los campos de batalla.
Afganistán lleva más de 30 años de conflicto e inseguridad.
Esta guerra comenzó tras el 11 de septiembre,
cuando Estados Unidos y la OTAN lanzaron una gran ofensiva militar
contra los talibanes y Al Qaeda.
Se ha convertido en el país más peligroso
para el personal humanitario
blanco de grupos armados o criminales,
mientras que las fuerzas internacionales han asaltado clínicas médicas.
Toda esta inseguridad socava gravemente el acceso humanitario.
Y las víctimas, en última instancia, son los civiles.
Cada día, hay personas que tienen que tomar decisiones muy difíciles
entre las diferentes partes del conflicto.
Por la noche, reciben una visita de un grupo opositor
y, al día siguiente, tienen que informar al Ejército afgano
o dar explicaciones a las fuerzas internacionales.
Los civiles están atrapados en una situación increíblemente difícil.
El conflicto afecta especialmente a las zonas rurales.
Las clínicas de atención primaria
y las estructuras secundarias tienen muchas dificultades.
El personal no se siente seguro trabajando en estas estructuras.
Los pacientes no pueden llegar
o no confían en la seguridad de estas estructuras.
Te daré un ejemplo.
En 2006, había unas 200 minas en las carreteras.
En 2010, había más de 14 000.
Algunas veces, nuestros médicos son secuestrados, asesinados
o sufren acciones policiales.
Es un problema.
Nuestros médicos no quieren ir a las zonas más remotas,
sobre todo porque allí el conflicto es más agudo.
Una de las regiones más afectadas por la guerra
es la provincia de Helmand, en el sur, escenario de muchos enfrentamientos
entre la OTAN, el Ejército afgano y diferentes grupos de oposición.
Dentro de los hospitales, no se permiten las armas
y eso crea un ambiente en el que los pacientes,
con independencia de quiénes sean,
se sienten bien y con derecho a recibir atención médica.
Tanto MSF como el Comité Internacional de la Cruz Roja, el CICR,
prohíben la entrada de armas en sus hospitales.
Dialogando con todas las partes,
se explican los mandatos y propósitos humanitarios.
Fuera del complejo, el personal femenino lleva velo
y no usa el mismo coche que sus colegas varones.
Son gestos pequeños,
pero respetar las tradiciones y la cultura local
contribuye a que MSF y el CICR
se ganen la aceptación de la población,
algo crucial para la seguridad de los equipos.
Sí, ¿Mehda?
¿Ya salís?
Sí, salimos. Vamos delante.
Para reducir riesgos, el equipo sale del complejo solo dos veces al día:
para ir al hospital y para volver a casa.
Esa misma noche, la oposición armada ataca la ciudad.
La tensión y amenaza constante añade presión psicológica
para quienes viven y trabajan aquí.
Dialogando con todas las partes en conflicto,
MSF y el CICR intentan ser reconocidas y aceptadas
como organizaciones verdaderamente neutrales.
Es un elemento clave de su estrategia de seguridad.
En los países más complicados, hay cierta división de opiniones,
hay dos corrientes en el trabajo en conflictos.
Una, la que defienden MSF,
el CICR y unos pocos más,
consiste en negociar tu acceso,
negociar tu seguridad y hablar con ambas partes.
Es la mejor manera de asegurar que podrás trabajar:
explicar tu propósito humanitario.
La segunda corriente
se basa en exponerse menos,
aumentar tus medidas de protección,
aplicar medidas técnicas, en lugar de negociar con ambas partes.
En algunas guerras claves de los últimos años,
hemos visto esa segunda corriente,
con entidades de ayuda occidentales que hablan solo con una de las partes,
normalmente con el Gobierno o las fuerzas apoyadas por Occidente.
Hoy, más de cien organizaciones internacionales trabajan en Afganistán.
Un asunto que debe abordar colectivamente
la comunidad de ONG
es el acceso negociado.
Negociado con todas las partes,
con todos los actores armados.
Me temo que quedan enormes necesidades humanitarias
sin cubrir por parte de las ONG,
no por falta de voluntad, sino por falta de acceso.
Solo unas pocas organizaciones negocian el acceso con todas las partes.
Otras se alejan
del principio humanitario fundamental de la neutralidad.
Una cosa que ha cambiado en muchos contextos,
a diferencia de cuando trabajé en Afganistán a mediados de los noventa,
es la confusión o profusión de actores en el terreno,
gente nueva, en particular empresas privadas.
Las empresas privadas son contratadas principalmente
por el Gobierno de Estados Unidos y otros países occidentales.
Actúan como fuerzas paramilitares,
se desplazan con escolta armada y viven en complejos fortificados.
Sus programas pretenden ganarse
“los corazones y las mentes” de la población
y a menudo solo proporcionan ayuda
a cambio de información militar estratégica.
Hay más riesgo para los humanitarios,
porque puede haber confusión
entre las empresas de seguridad y otras empresas privadas,
y las agencias humanitarias.
Las fuerzas de la coalición también han suministrado ayuda.
¿Pero responden a las necesidades reales y más urgentes de la población?
Hay muchas entidades trabajando en Afganistán y otros conflictos
y todas dicen ser “humanitarias”.
No todas lo son.
Tiene que quedar muy claro qué es “humanitario”,
es decir, imparcial con quienes necesitan atención,
y qué es más bien parte de una estrategia
para ganarse la confianza de la población,
algo que tiene muy poco que ver
con los principios humanitarios fundamentales.
Hemos visto casos en Afganistán en los que,
para pedir la colaboración de la población en los pueblos,
el Ejército les dijo:
“A cambio de información sobre nuestro enemigo
y su paradero,
recibiréis ayuda humanitaria”.
La ayuda humanitaria se integra en la estrategia de contrainsurgencia.
Esto pone en peligro a los trabajadores humanitarios,
porque se los asocia con estrategias políticas o militares.
Ahí hay una línea roja clara.
Vendremos una vez a la semana y podremos hablar.
Podréis decirme cualquier cosa, lo que necesitéis,
quizás algo importante sobre la seguridad del pueblo.
Las estrategias o políticas
de las partes en conflicto nunca deberían utilizar
la ayuda humanitaria.
Si la asistencia humanitaria, los alimentos o la atención médica
se dan a cambio de lealtad, de información,
a cambio de apoyo político,
eso es un error, un completo error.
La ayuda humanitaria debe responder a las necesidades.
Si las mujeres, los niños o los civiles necesitan ayuda humanitaria,
hay que facilitársela sin condiciones.
Una consecuencia indirecta de la guerra
es que afecciones médicas comunes pueden volverse mortales.
Las mujeres y los niños pagan el precio más alto.
Hay muchos ejemplos de bebés que han muerto
porque los controles militares estaban cerrados y retrasaron el paso,
y cuestiones así.
Fátima, responsable de las matronas,
atiende a una mujer cuyo bebé ha nacido muerto.
No quieren venir cuando anochece.
Dicen que hay muchas minas en las carreteras,
hay controles de la Policía y otros controles,
y por eso no pueden venir.
Muchos pacientes también son víctimas directas de la guerra.
No puedo hablar bien.
Solo hablo un poco.
Yo estaba cuidando del rebaño,
tenía tres ovejas.
Entonces me alcanzó la bala y no recuerdo nada más.
No sé quién me trajo
ni quién me atendió.
Hay muchas minas y artefactos sin explotar
esparcidos por todo el territorio,
acechando de la manera más indiscriminada y cruel.
Ha sufrido mucho.
Ha perdido dos dedos.
Parece que pisó una mina,
ya ha perdido una pierna.
Las otras heridas son por fragmentos de la mina.
Siempre duele ver a los niños sufrir a causa de un conflicto.
Que un niño tenga una discapacidad importante de por vida, como esta,
es siempre triste.
Vale.
Se va a recuperar.
Llevará tiempo, varias semanas, pero se recuperará.
Eso es lo esencial.
Los pacientes que necesitan rehabilitación son derivados
al Centro Ortopédico del CICR en Kabul.
Hemos tratado a unas 10 000 víctimas de minas,
personas que han perdido una pierna, a veces las dos,
por minas antipersona.
La colaboración entre las organizaciones garantiza que los pacientes
accedan a más servicios médicos de urgencia.
Este señor viene de Lashkar Gah, allí no pueden tratarlo.
Desafortunadamente, la rehabilitación no es posible.
Así que tenemos que trasladarlo a Kabul.
Mohamed Nabi acaba de ser trasladado.
El hijo mayor tendrá que lavar, alimentar y cuidar a su padre paralizado
durante muchos meses de rehabilitación.
Los americanos vinieron desde su base militar
y los talibanes desde el otro lado.
Estaba regando y quedé atrapado en el fuego cruzado.
Me agaché cerca del muro,
un muro que había cerca del canal de agua.
La bomba dio en el muro,
el muro se me cayó encima y yo me caí al agua.
Tres personas me sacaron
y me llevaron en coche al hospital.
Alberto Cairo lleva el programa ortopédico en Afganistán
desde hace 20 años.
Su equipo atiende a pacientes que han perdido algún miembro
a causa de las minas o de ataques suicidas,
y también a personas con otras discapacidades.
Esta prótesis pertenece al señor… 34 957.
Ahora ya estamos en los 100 000.
Es una cifra muy alta.
Este es el espacio donde la gente aprende a andar de nuevo,
a usar las prótesis.
En algunos casos, es muy difícil.
En particular, las personas con discapacidad grave.
He visto que algo iba mal, hay que corregirlo de inmediato.
Como en el caso de este señor, que ha perdido las dos piernas,
este momento es crítico, casi dramático,
porque comprenden que pueden volver a caminar,
pero también que su vida ya no será la misma.
Caminar con prótesis no es nada fácil.
Por lo tanto, es un momento difícil, muy importante.
Tenemos que ser un equipo, apoyarlos psicológicamente
y, además, hacerles buenas piernas.
Tienen que practicar, caminar durante horas,
hasta comprobar las prótesis,
que pueden utilizarlas y que funcionan.
Todo el mundo, en tiempos de paz o de guerra,
tiene derecho a recibir atención médica.
Es un derecho humano.
Evidentemente, el conflicto dificulta enormemente el acceso a la salud.
El acceso seguirá siendo el mayor reto humanitario en Afganistán.
Me temo que esto no va a cambiar a corto plazo.
La situación está empeorando, claramente.
A pesar de las declaraciones, de lo que se diga,
la situación no está mejorando.
Otro continente, otro conflicto.
El este de la República Democrática del Congo ha sido zona de conflicto
desde que la guerra y el genocidio en la vecina Ruanda
cruzaron la frontera en 1994.
Más de dos millones de hutus huyeron al este de Congo.
Entre ellos, estaban los grupos responsables del genocidio.
El país se sumió en el conflicto más mortífero
desde la Segunda Guerra Mundial,
un conflicto con numerosos grupos armados,
muchos de ellos apoyados por países vecinos.
Se han formado toda clase de grupos armados.
El Ejército regular está implicado.
Hay fuerzas de paz de la ONU.
Las diferentes milicias se dividieron en más grupos.
De hecho, el primer motivo que mueve a estos grupos hoy
es el control de los recursos naturales del este de Congo.
Suelo comparar esta situación con los incendios forestales:
vamos apagando los focos,
pero, en cuanto sopla el aire, se reavivan y vuelta a empezar.
Objetivo alcanzado.
Es una de las crisis humanitarias más largas del mundo.
Es la mayor guerra de África y no creo que la gente lo haya captado.
Hace diez años que trabajo en ayuda humanitaria.
Nunca he visto tanto sufrimiento en una población civil.
Se estima que han muerto más de cinco millones de personas
desde que empezó la guerra, principalmente de hambre y enfermedad.
Las provincias más afectadas son los Kivus, en el este.
Aquí, el Gobierno, al menos en teoría,
es el responsable de dar atención médica a la población.
La cama no funciona, está rota.
La cama de partos está rota.
Las clínicas del Ministerio de Salud sufren graves problemas.
Hoy solo tenemos un paciente.
Tenemos un problema de recuperación de costes.
Los pacientes no vienen porque tienen que pagar.
Van a Masisi, donde los atienden gratis.
Cobrar por la atención, tener esos ingresos
permite a las clínicas pagar al personal
aprovisionarse de medicamentos
y mantener las instalaciones.
Como no tenemos ingresos suficientes, no podemos reabastecernos.
Como no tenemos recursos, los enfermos no vienen,
y, sin enfermos, no hay recursos.
Es un círculo infernal del que no sabemos cómo salir.
La Sanidad no está subvencionada
y no puede proporcionar atención médica a estas poblaciones.
La falta de atención gratuita de calidad tiene consecuencias fatales.
Tenemos una urgencia, necesita traslado inmediato.
Sí, vamos a recogerla.
No tienen dinero para venir antes al hospital
y llegan en estadios avanzados,
con úlceras muy difíciles de tratar,
con masas gigantescas
que los médicos nunca han visto.
También tenemos pacientes con heridas antiguas,
heridas infectadas que necesitan cirugía
para limpiarlas bien
y prevenir infecciones complicadas.
Soy comerciante, vendo botas.
Fuimos al mercado de Katoyi. Vendimos mucho.
A la hora de regresar, estaba hablando con mis compañeros.
Éramos tres, yo estaba entre ellos dos.
Oímos a un soldado, él también nos oyó y se escondió.
Entonces escuché disparos y me hirieron.
Vi que tenía la pierna destrozada.
Vi acercarse al soldado desde donde estaba escondido.
Llegó hasta mí y me cogió la bolsa de dinero.
Todas mis ganancias.
Atendemos a personas con heridas de bala casi todas las semanas.
De toda mi experiencia,
este es el contexto más difícil desde el punto de vista profesional.
No es fácil recibir a los pacientes
y atenderlos hasta el final.
Después de recibir el alta,
muchos pacientes nunca vuelven para el seguimiento.
Las carreteras están en mal estado
y la inseguridad es generalizada.
La gente tiene miedo de quedar atrapada en los combates.
Hay facciones que se rebelan, otras que se defienden,
y la población está bajo el fuego cruzado.
En Kivu Norte,
la presencia de los grupos rebeldes,
del Ejército nacional y de los cascos azules de la ONU
es una combinación letal.
Es complejo y peligroso, no solo para la población,
sino también para las agencias humanitarias.
A menudo hay conflictos, operaciones militares,
grupos armados que constituyen una amenaza
para el acceso humanitario.
Los propios trabajadores humanitarios a veces son atacados
por estos grupos armados.
Y eso ha ocurrido, el Ejército ha disparado sobre nosotros
durante una vacunación.
Fue indignante, nos usaron de cebo,
porque el Ejército, apoyado por las fuerzas de paz de la ONU,
quería eliminar a un grupo armado en la zona donde estábamos.
Cuando nuestros equipos estaban vacunando,
el Ejército abrió fuego.
Estos incidentes demuestran que no siempre
se puede negociar el acceso con todas las partes.
Pero sigue siendo esencial en la estrategia humanitaria
en zonas de conflicto en todo el mundo.
Recuerdo que, cuando era joven, un colega veterano me dijo:
“Por supuesto que tienes que negociar con el diablo
si quieres entrar en lo más profundo del infierno”.
Tenemos que hacerlo a veces
y se nos tiene que permitir hacerlo.
Dialogar con todas las partes
no significa que obtengas garantías totales de seguridad
o que tengas el acceso asegurado.
Pero ese diálogo es, de algún modo, la única “arma” del CICR.
Es el método que utilizamos para convencer de nuestra buena fe,
mostrar cómo trabajamos y generar confianza,
de modo que nuestro acceso mejore con el tiempo.
No todas las organizaciones de ayuda tienen el mismo enfoque.
Algunas ONG y, a menudo, las agencias de la ONU
utilizan escolta militar para llevar la ayuda.
Si la escolta nos permite
un mayor acceso a las poblaciones
y podemos prestar una atención más eficaz,
sin duda hay que acceder y hay que utilizarla.
Es una aberración total del papel de los humanitarios.
Que no nos sorprenda entonces
que se dispare contra los humanitarios a diestro y siniestro,
porque hay una confusión máxima.
Con esta camiseta de MSF, que no llega al milímetro de espesor,
me siento más seguro que con un chaleco antibalas.
La misión de Naciones Unidas en Congo
combina tareas policiales, militares y humanitarias.
Para nosotros, estar cerca de la ONU, con esos mandatos tan confusos,
es problemático.
Queremos seguir siendo independientes
y poder trabajar con todas las partes del conflicto.
Hay algunas ONG internacionales
que tienen su propia forma de trabajar
y que no desean, por su mandato,
ser parte integral de la labor
que realiza Naciones Unidas.
Creo que la ONU, a menudo,
se guía primero por un objetivo político.
Y la acción militar, en general, secunda esa decisión política.
Y solo después de eso llegan los objetivos humanitarios.
Debemos ser muy cautelosos
para no dejarnos absorber por razones políticas
que puedan parecer más importantes que nuestros principios.
Una gran parte de la población se vio forzada a huir de su hogar
para escapar de la violencia.
Se refugiaron en campos de desplazados esparcidos por la región.
La población vive en general en condiciones de supervivencia,
en movimiento,
sometida a saqueos y violaciones,
y siendo expulsada de sus casas y aldeas.
La inmensa mayoría de las poblaciones desplazadas
se encuentran en campos en Kivu Norte y Kivu Sur.
Esta mujer está de parto.
No puede dar a luz aquí porque tiene complicaciones.
Lleva de parto desde anoche
y vamos a llevarla al hospital.
La cifra de congoleñas que mueren en el parto es alarmante.
Los hospitales están muy lejos
y las que necesitan cirugía
a veces mueren por el camino.
Tenemos ahora aquí a 49 mujeres encintas.
Pero el mes pasado tuvimos muchas, más de 50… 60, 58.
Además de nuestras embarazadas,
también acogemos a víctimas de violaciones.
Se quedan aquí todo el tiempo que dure el tratamiento.
Las violaciones y las violaciones en grupo
tienen un impacto devastador en este conflicto.
En el este de Congo, el número de mujeres violadas
es de los más altos del mundo, si no el más alto.
La violación se usa como arma de guerra.
Las mujeres son violadas por diferentes grupos.
Las violan delante de sus hijos, de sus maridos…
Esta chica de 14 años fue violada.
Parece que había un campamento militar cerca de su pueblo.
Su madre la envió al río a por agua.
Cuando estaba recogiendo el agua, la violaron.
Hoy ha dado a luz a un niño.
Hay que decir claramente que, a menudo, hay militares implicados
y también todos estos grupos armados o rebeldes, no sé cómo llamarlos.
En general, estos son los grupos
implicados en los actos de violencia sexual.
Aparte de eso, aunque se hable cada vez más de violencia sexual,
la violencia sexual ha existido siempre.
A varias horas en coche hacia el sureste,
está Goma, capital de Kivu Norte
y epicentro de la inestabilidad y los combates
de los últimos veinte años.
En este caos,
innumerables niños han sido separados de sus familias.
Pueden ser niños separados de sus padres
durante un desplazamiento de población, un ataque a un pueblo o un saqueo.
También niños soldado, reclutados y luego desmovilizados,
que hay que reunir con sus padres,
con la dificultad
de reinsertar a estos niños en su comunidad.
Buscar a un niño perdido o a un familiar
es una labor muy delicada en una región tan peligrosa,
pero también muy gratificante.
Es una reunificación familiar.
Encontramos al niño.
Su madre lo estaba buscando y vino a nuestra oficina.
Hoy la hemos traído para reunirla con su hijo.
Es una alegría enorme.
Es dar esperanza a gente que la había perdido,
porque una separación es como si una vida se acabara.
Restablecer los vínculos familiares es crucial.
Cualquier familia del mundo puede identificarse de inmediato
con lo que significa quedar separado de un familiar:
un hijo, una madre, un marido.
Las emociones, en estos programas, son enormes.
Es una parte fundamental de nuestro trabajo.
Somalia es el prototipo de Estado fallido.
El país vive en un conflicto casi permanente
desde la caída del Gobierno en 1991.
Tras años de enfrentamientos entre señores de la guerra,
intervenciones extranjeras fracasadas, sequías y hambrunas,
la mayor parte del territorio, excepto la capital, Mogadiscio,
está controlado por la milicia islamista Al Shabab.
Somalia lleva veinte años de conflicto casi sin interrupción,
con muy pocos periodos de paz.
En estos veinte años, el país ha retrocedido enormemente,
en todos los ámbitos.
Años de violencia y anarquía han dejado al país en ruinas.
Los mecanismos de adaptación de los clanes somalíes están exhaustos.
La supervivencia solo es posible con la ayuda externa
que aportan la diáspora somalí
y las organizaciones internacionales de ayuda.
O recurriendo a las armas para asegurarse los recursos,
sean cuales sean.
El secuestro es toda una industria.
Lo ha sido siempre en Somalia, pero nunca a esta escala.
Entre 600 y 700 extranjeros están secuestrados
en Somalia ahora mismo.
Es un negocio enorme, enorme.
Los rescates que se piden a día de hoy pueden llegar al millón de dólares.
No hay ley ni orden en la región.
No hay Policía, no hay militares de la comunidad.
En la comunidad, nos dicen: “Solo podemos protegeros
dándoos escoltas armados para que estéis a salvo”.
No creo que sea aconsejable trabajar sin escoltas.
Tienes que llevar protección, porque, cuando sales del complejo,
siendo extranjero, te conviertes en una presa.
Los escoltas siempre van delante.
Sin guardaespaldas, no tendríamos acceso.
Seríamos como un bombero que entra en una casa
y se quema dentro.
Desde que empezó la guerra civil
las organizaciones humanitarias, incluyendo a MSF y al CICR,
se protegen con escoltas armados.
Para ambas organizaciones,
Somalia es la excepción a la regla que aplican en los demás conflictos.
Es un gran dilema, pero sentimos que, en el contexto somalí,
a la vista de todas las necesidades y de los riesgos,
de momento, es el único modo de implementar esos programas.
Pero ni esta protección
garantiza completamente la seguridad.
Desde hace más de diez años, Somalia es uno de los tres países
con más ataques contra personal humanitario.
Para el personal extranjero, el riesgo es el secuestro.
Pero para los kenianos de etnia somalí, el riesgo es ser asesinado.
Se les percibe como la mano derecha…
cómo decirlo, como si fueran colaboradores,
y eso es peligroso.
En su caso, ellos trabajan con muy poca visibilidad de MSF.
No llevan chalecos de MSF, no llevan teléfono,
no hacen nada que los diferencie del personal local.
Es el contexto más extremo.
Tenemos que hacer muchas concesiones para seguir allí
y prestar una ayuda que, sencillamente, no existe.
Debido a la inseguridad y la falta de comida,
agua y atención médica,
cerca de un millón de somalíes han huido a los países vecinos.
Otro millón y medio de personas abarrotan los asentamientos
de las grandes ciudades o de localidades como Guriel.
En esta región, MSF es la única organización internacional
que presta atención médica y nutricional.
Lleva aquí siete semanas
y se le dará el alta en las próximas semanas.
Vamos a hacerle la prueba de apetito,
para ver si puede tomar alimento terapéutico.
Después la verá el médico y probablemente se irá a casa.
Pero irse a casa, para quienes lo han perdido todo,
es volver a la precariedad del campo y a la lucha por la supervivencia.
Huimos de Mogadiscio por los ataques de Al Shabab.
Me fui de allí en diciembre de 2006.
Fui andando con mis hijos de la mano todo el camino, hasta Balad.
Un coche nos recogió en Balad y nos trajo aquí.
Gracias a Dios, estamos vivos en este campo,
pero se pasa mucha hambre.
Mi familia tiene hambre.
Mi marido no trabaja.
Yo no trabajo y tenemos diez hijos.
Así que dependemos del campo para todo.
La población sufre, claro.
Han vuelto a un sistema de apoyo basado en el clan o en la familia.
Están cansados,
pero, a pesar de todo, intentan sobrevivir a esta situación.
Aquí tenemos a seis niños.
Tienen sarampión.
Debido al colapso del sistema de salud,
una gran parte de la población no está vacunada
contra el sarampión y otras enfermedades.
La combinación mortal de desnutrición aguda y sarampión
es la principal causa de mortalidad infantil.
La gran dificultad es tener acceso a un médico.
Hay muy muy pocos en el país.
No hay médicos.
Están muy lejos.
En 150 kilómetros,
no hay ni uno, excepto aquí.
En 150 kilómetros a la redonda.
No hay ningún médico.
Excepto en Guriel.
Debido a las restricciones que tenemos,
tenemos que adaptarnos.
Algunas cosas han salido muy bien.
El primer proyecto de telemedicina comenzó en Somalia,
porque no teníamos un pediatra experimentado en Guriel.
El niño tiene ocho meses.
Se quemó la piel con agua hirviendo.
Ayer decidí discutir el caso por medio de telemedicina.
El médico de telemedicina pidió una prueba de hemoglobina
y el niño está mejorando.
Hola, doctor, voy a conectarlo.
Luego le vuelvo a llamar.
Con telemedicina.
La telemedicina permite que un especialista, desde Nairobi,
atienda las consultas de su colega somalí,
a 1300 kilómetros de distancia,
y le asesore sobre el tratamiento.
Esta es la cámara, aquí el monitor.
Estoy llamando.
Ahora se ha conectado.
El médico está en directo desde una zona remota.
Hola, doctor.
''Aleikum salam''.
Doctor Abdi, soy Osoble.
¿Puedes traer a los pacientes?
Esta es la paciente.
¿Puede verla?
Sí, puedo verla muy bien.
−Es desnutrición aguda. −Desnutrición aguda.
Y esto es una mordedura de serpiente.
¿Cuándo la mordió, cuándo ocurrió?
−Hace tres días. −Hace tres días.
Ya sabe que, cuando una serpiente muerde,
hay mucha inflamación.
Trate la inflamación con un buen analgésico.
El dolor es un problema en los niños.
De acuerdo.
Fueron al hospital por la mordedura, pero se le detectó la desnutrición.
La desnutrición puede no ser la razón,
pero, cuando los evalúas, casi todos están desnutridos.
Desnutrición grave o moderada.
Los médicos también atienden enfermedades tropicales muy peligrosas,
habituales en esta región.
Doctor, es un paciente con kala azar.
Kala azar.
El kala azar lo transmite la mosca de la arena.
Esta enfermedad, si no se trata, es mortal.
Puede causar la muerte.
El padre del niño cree que hay un problema con la campanilla.
Sí, sí, pero intente convencer al padre de que no le corte la úvula.
El padre, básicamente, pretende hacerle una uvulectomía,
cortarle la úvula, que está en la boca,
porque cree que es la causa de que su hijo tosa.
Lo que pasa la mayoría de las veces es que el niño se pone bien
y se van a casa con él,
a veces incluso rechazan el tratamiento,
les hacen eso,
y entonces vuelven con el niño en muy mal estado.
El médico que está allí tiene que hacer mucha labor educativa.
Siguiente paciente, por favor.
Soy pediatra
y puedo aportar experiencia en el campo pediátrico
al médico que está en Somalia.
Así ayudamos al paciente con el diagnóstico correcto.
Otro factor que ayuda, desde que iniciamos la telemedicina,
es que la gente lo comenta.
Saben que hay un programa de telemedicina aquí.
Estamos atendiendo a niños de lugares muy lejanos
o de Etiopía, que hace frontera con Somalia.
Solo tienen que cruzar.
Se ha corrido la voz sobre la telemedicina
y ahora atendemos todo tipo de casos.
Las necesidades de la población somalí siguen siendo enormes
y, demasiado a menudo, están desatendidas.
Aquí, y en muchos conflictos del mundo, el acceso a las poblaciones necesitadas
es imperdonablemente escaso.
Somalia, Congo y Afganistán son esa clase de lugares
de los que el mundo dice:
“No queremos sentarnos, este, oeste, norte y sur,
para solucionar esto”.
Como si se dijera: “No, nos rendimos”.
Como si tiraran la toalla, porque no se puede solucionar.
Eso es esencialmente erróneo y es indignante.
Por supuesto que se puede ayudar a estos países a ayudarse a sí mismos.
La guerra y los conflictos seguirán destrozando vidas.
Y si cada vez es más difícil que las agencias humanitarias
sean aceptadas por todas las partes y lleguen a la población,
los resultados serán desastrosos.
No soy pesimista sobre el futuro de la ayuda humanitaria,
porque conozco a los trabajadores humanitarios,
conozco a las organizaciones.
Y el instinto de estas organizaciones es no rendirse nunca.
Somos médicos, enfermeros, logistas y otras personas
que decidimos estar con los más vulnerables del mundo.
Es nuestra decisión.
Tenemos que medir los riesgos,
queremos estar donde otros no están,
queremos cruzar las líneas del frente,
queremos preservar nuestra neutralidad de toda implicación política.
Es difícil, pero creo que las necesidades de las poblaciones
nos impulsarán a seguir adelante.
En el futuro, los problemas de acceso serán tan agudos como hoy.
Les corresponderá a las organizaciones demostrar,
mediante su trabajo, que merecen confianza,
la confianza de las poblaciones necesitadas,
la confianza y el respeto de las diferentes partes.
Es un esfuerzo diario.
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