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MANOS SUCIAS SOBRE LA CIUDAD
El Dr. Bigman quiere verme dentro de dos semanas.
Muy bien, Sra. Rossen, dos semanas... dos semanas...
El martes 23 a las tres y media, ¿le parece bien?
El martes, sí, está bien.
- Me encuentro muy mal. - Gracias, Sra. Rossen.
El Dr. Bigman la recibirá ahora.
- Hola, Jackie. - Hola, Dr. Bigman.
- En seguida estoy contigo. - Gracias.
¿Sabes que llevas un vestido muy bonito?
Gracias.
Te favorece mucho.
- Aquí tienes. - Gracias.
¿Qué tal te encuentras de salud?
- Muy bien, perfectamente. - Tienes un cutis precioso.
De veras que tienes un cutis precioso.
- Se nota que te cuidas la piel. - Gracias.
¿Tiene hora con el doctor?
Lo siento, pero el Dr. Bigman tiene dadas todas las horas.
No importa.
Verá, tenía puesto un empaste y se me ha caído.
- ¿Quiere que le dé hora? - No.
- ¡Oiga, el doctor tiene una visita! - Bien, gracias.
Hola, ¿qué tal, doctor?
¿Quién es usted y qué hace aquí?
Soy el Sr. Keneely y mi amigo es el Sr. Farrel.
¿Qué significa esto, entrar de esta manera?
Queremos hablar con usted un momento.
- ¿No ven que estoy con un cliente? - ¿Quiere un chicle?
Queremos hablar con usted sobre una muchacha que se llama Jackie.
Sí, puede hacer que hablen de usted todas las revista odontológicas.
Tengo ahí al lado un despacho donde podemos hablar.
Síganme. Volveré en seguida, Sra. Store.
Hasta es posible que salga en las portadas.
Tranquila, Sra. Store.
- ¿Es cierto que lo hace en el sillón? - No sé de qué me está hablando.
Mire, doctor, no tratemos de engañarnos mutuamente.
Hay un par de cosas que queremos saber.
En primer lugar, sabemos quién es ella... Jackie.
Sabemos por qué viene aquí cada martes.
Y sabemos qué es lo que hace cuando está aquí.
- En el sillón. - Oh, no,
¿cómo van a saber nada de ella ni de mí?
Tenemos el teléfono de ella intervenido hace un mes.
Eso es ilegal.
Ya sabía yo que hacíamos mal. ¿Tiene una papelera para el chicle?
Sí, ahí mismo hay una.
Doctor, no queremos causarle ninguna molestia,
sólo queremos coger a la chica. No le culpo a usted,
porque ella está muy bien, pero tenemos que detenerla.
Me parece que no voy a contestar a ninguna de sus preguntas.
Bueno, le daré una cita diciéndole que soy amigo de usted.
- Usted no es amigo mío. - Pues me gustaría serlo.
Ella como cualquier golfa haría, le llamaría para comprobar quién soy.
Usted le dirá que puede estar tranquila, ¿entiende?
No hará nada de eso. ¿Traen orden judicial?
- ¿Traes tú alguna? - No, yo no, ¿y tú?
- No, no la traemos. - Entonces ya están yéndose.
No podemos, si nos vamos sin pruebas se le citará judicialmente.
Sería muy enojoso que tuviera que comparecer ante el juez
- y lo condenaran. - Enojoso para mí, para él
y para usted que saliera en la televisión dada nuestras relaciones.
- Lárguense de aquí en seguida. - No.
Un momento, creo que el Dr. Bigman tiene razón.
Creo que deberíamos irnos ahora y discutir el asunto en otro momento
y en otro lugar más cómodo.
Creo que tienes razón.
- Gracias. - No hay de qué.
¿Dónde te parece que estaríamos más cómodos?
¿Qué sé yo? Quizá en casa del doctor con su mujer, y sus hijos.
Magnífica idea, mi amigo tiene clase.
Está bien, está bien...
- Uds. me parecen despreciables. - Y usted un santo, ¿verdad?
- ¿Qué hora es? - Las seis menos cuarto.
Bien, te abriré la puerta a las seis menos cinco.
- De acuerdo. - No, a las 6, que ella está muy rica.
Que aproveches, y que pases un buen rato.
Yo esperaré aquí, imaginando que realizo una misión peligrosa.
¿Y si fuera yo mañana por la mañana?
Hola, buenas.
- Hola, ¿qué tal, guapa? - ¿Tú eres Mike?
- Pasa. - Gracias.
- ¿No querrías beber algo? - No, no, gracias.
- Tienes una casa muy bonita. - Gracias.
- ¿Cómo conociste al Dr. Bigman? - ¿A Leo?
Servimos juntos en el ejército.
- ¿De dónde eres? - De Chicago.
- Chicago es una ciudad muy agradable. - Sí, se soporta el clima.
- ¿De qué parte de Chicago? - ¿Cómo que de qué parte?
De Chicago.
Está el lado norte, el lado sur, luego está el centro...
Del lado norte.
¿Conoces la calle División?
¿Por qué me haces todas esas preguntas?
- Por si eres un poli cualquiera. - ¿Yo un poli?
¿Es que hay polis por aquí? Porque yo no quiero jaleos.
- Será mejor que vuelva otro día. - Tranquilízate, no hay polis.
- Ya sabía yo... - Te he dicho que no hay policías.
- No pasa nada... - Mejor vuelvo en otro momento.
Por favor, no te preocupes.
- Bien, ¿qué quieres? - ¿Que qué quiero?
Dijiste que eran cien pavos.
Bueno, cien pavos por un trabajo corriente,
pero si quieres algo un poco... especial, te costará un poco más.
- ¿Ah, sí? ¿Cuánto? - Depende de lo que desees.
¿Tienes un catálogo?
Por esta vez me conformo con el trabajo corriente.
- ¿Quieres que te quite yo la ropa? - No, creo que puedo yo solo.
¿Te ocurre algo?
No, no, no pasa nada.
Siento tener que decírtelo, pero... quedas detenida.
Oh, mierda, será una broma, ¿verdad?
¿Qué más quisiera yo?
Son más de las seis. ¿Todo ha ido bien?
- ¿Sabes dónde cae la calle División? - ¿La calle División? En Chicago.
- Sí, ¿en qué parte de Chicago? - ¿Qué sé yo?
- ¿Todo ha ido bien? - Sí, muy bien,
aparte de un par de preguntas.
- Jackie, Farrel. Farrel, Jackie. - ¿Cómo estás?
Muy bien, aquí, con tu compañero, que es un embaucador.
- Gracias. - Yo también, ve vistiéndote.
- ¿Dónde está tu libreta de clientes? - No sé de qué me estás hablando.
- No sabe de qué le hablamos. - Yo la buscaré.
De momento aquí no está.
Eso no es justo.
- ¿Se puede saber qué demonios hacéis? - Ah, no sé de qué me estás hablando.
- Está en el primer almohadón. - Bien.
Sabía que la encontrarías.
Bueno, a ver si nos damos prisa. Tengo otra cita a las nueve.
Menuda pájara, lleva anotada la cotización de cada uno.
Es muy metódica. ¿En qué valoración está el dentista?
Muy baja. No vale un comino.
No he anotado a qué hora la hemos detenido.
- Dijiste que eran más de las seis. - Ah, es verdad.
Tiene aquí nombres de gente gorda, te lo aseguro.
- Dime alguno. - Belbark,
- secretario del fiscal del distrito. - ¡Repítemelo!
- Le sacó 250 dólares. - Es una ladrona, ¿eh?
- Un precio abusivo. - ¿Y por qué no llamó a un guardia?
¿Cómo iba a hacerlo si aquí dice que su especialidad
es vestirse con la ropa interior de ella?
Por 250 dólares le dejaría ponerse la mía.
Oye, que no he apuntado nada. ¿A qué hora empezamos la vigilancia?
- Alrededor de las cuatro. - Ya.
No vas a creerlo, Belinky y Newman también están incluidos.
¿Esos del turno de día? ¿Qué tal lo hicieron?
- Bien. - Estupendo.
No me gustaría que la brigada quedara en mal lugar.
Farrel, de la brigada de represión del vicio.
¿Seguro? Sí. Muy bien.
El sargento quiere vernos.
Oh, estupendo, estupendo...
- Pasen y siéntense. - No, gracias.
- Siéntense, por favor. - Muy bien.
¿Quiere usted un cigarro? ¿Y usted, Farrel?
No, gracias, jefe.
- ¿Quiere fuego? - No, no fumo.
¿Entonces por qué tiene ese pitillo en la boca?
Pues no lo sé.
Estos puros son una porquería. Acabo de recibir una caja de ellos.
Los compré por correos, aseguraban que eran habanos.
Si estos son habanos, que Fidel se quede con toda su producción.
Qué desfachatez.
Y ahora tengo que fumarme una caja de estos malolientes puros.
Qué mala pata.
Hablando de esa puta, ¿cómo se llama esa que han traído ustedes?
- Jackie. - Jackie, sí, eso es.
- ¿Qué pasa con ella? - Alguien ha telefoneado.
Keneely, ¿está seguro de que no ha sido una trampa?
Sí, estoy seguro. ¿Quién ha telefoneado?
Eso no importa, el caso es que esa tiene buenas relaciones en alguna parte.
- ¿Dónde? - Tampoco importa eso.
¿Se refiere usted a Rizzo?
¿No cabe en lo posible que no le oyera decir específicamente
- qué iba a hacer por dinero? - Es Rizzo.
Un error que cualquier policía puede cometer,
pero no es nada grave, eso pasa a menudo.
El juez se alegrará de librarse de ese caso.
Los juzgados están tan abrumados de trabajo...
Sólo tiene que decirle al juez que en ningún momento
le oyó decir a ella qué iba a hacer por dinero.
Así no habrá prueba para condenarla.
Oiga, ¿qué tiene de especial esa furcia?
¿De veras no quiere un puro?
Bueno, todo arreglado, ¿eh?
En cuanto a esta noche, tenemos varias quejas respecto a...
Siéntese.
A ese bar de maricas, "La Caverna".
Dan un show después de la hora de cierre.
A las dos cierran las puertas y empieza ese show.
Vayan a la una y media. Iremos con cinco coches
y el móvil a la hora de la función.
Cuando empiece la juerga abran la puerta, y entraremos.
- ¿De acuerdo? - De acuerdo.
- ¿Qué, no quiere un purito? - No.
Eh,
no crean que es agradable para mí.
- ¿Qué tal les va, señoritas? - Lárguese.
Eh, fíjate qué iluminación. El local de Rizzo es un asco esta noche.
Sí, porque creo que tiene contratada a una chica que hace un truco
- sensacional con un cigarrillo. - Me gustaría cerrarle el local,
pero ni siquiera hemos podido enjaular a una de sus golfas.
Somos dos fuertes y duros policías.
- ¿Tienes fuego? - No, no fumo,
es una cuestión de nervios. Soy muy nervioso.
No, gracias.
No, gracias.
Hola.
Hola, ¿qué tal?
- Me llamo Stephen. - Hola, Stephen.
- ¿Cómo te llamas tú? - Pat... Patrick.
- ¿Estás solo? - Pat está conmigo.
- Ella se lo pierde. - Vamos a bailar... Patricia.
Oye, Sherezade, creo que tendremos que bailar.
¿No lo dirás en serio?
¿Piensas quedarte aquí otra media hora
con tu placa pegada en la frente? Aún no tienen intención de cerrar.
- Yo te llevaré. - Bueno, está bien.
Vamos, si quieres bailar te llevaré yo.
Si vamos a bailar, he de llevarte yo.
- ¿Has sido tú? - ¿Yo qué?
- Me han pellizcado en el culo. - No me hagas reír.
Hueles muy bien. ¿Qué clase de colonia usas?
Quisiera que ya fueran las dos.
Pues yo empiezo a divertirme.
¿Tú no te diviertes?
- ¿Te importa que interrumpa? - Sí.
¿Y por qué no le preguntas a Pat si le importa a ella?
¿Te importa? Le importa.
Mira, monada, Pat y yo estamos muy unidos, estamos poniendo piso.
- Creo que no me gustas. - Suéltame las muñecas.
- Creo que no me gustas. - ¡Eso ya lo has dicho!
- No queremos armar jaleo. - ¡Oh, qué fuerte es ella!
- ¿Por qué no nos dejas en paz? - Me gustan cuando son tan fuertes.
Oye, guárdate eso, ¿quieres hacer el favor?
- ¿Vas a hacerme daño, encanto? - ¿Cuál es tu problema?
Tranquilo, tranquilo.
¿Qué pretendes, encanto, vas a maltratarme?
- Larguémonos de aquí, vamos. - ¡No, tú no vas a ninguna parte!
¡Tú ocúpate de la puerta! ¡Quietos todos, somos policías!
- ¡Quietos, somos policías! - No armen alboroto.
Menudo mordisco me ha dado ese marica en la pierna.
No sé a dónde vamos a llegar, muchacho. No lo sé.
- ¿Tú estás bien? - Sí, sí...
- Ha sido una verdadera pesadilla. - Espantosa.
Paciencia.
- ¿Se encuentran ustedes bien? - SI', bueno, en lo que cabe.
- Convendría que le viera un médico. - Sí, sí, muchas gracias.
¡Joder, esos invertidos son tremendos!
- Creo que voy a vomitar. - Escribiré a la familia:
"Queridos padres, ¿cómo estáis? A mí, un marica ha pretendido
comerme una pierna. Os quiere, Michael".
Ya estamos, misión cumplida.
Eh, los Reds ofrecen seis a uno el domingo.
Acéptalo, Vegas sólo dará cinco.
Oye, hay una libreta de citas de una furcia que se llama Jackie.
- ¿Me la dejas ver? - SI', claro.
¿Con que sólo dan cinco en Vegas? Quizás tengas razón.
Aceptaré la apuesta.
No apuestes demasiado. Oye, ésta no es. Las páginas están en blanco.
- No es la que yo traje. - A mí me parece que es una libreta.
SI', lo es, pero no la que pedí. La que quiero ver es la que traje.
Aquí dice "libreta de notas de hojas cambiables".
- No es esta. - Yo sólo sé lo que dice aquí.
- Déjate de tonterías. - ¿Pero qué quieres?
- ¡La libreta! - Vámonos, no sacarás nada.
¿Cómo se llama?
Violeta.
- ¿Es ese su nombre? - Sí.
- ¿Su nombre legítimo? - No.
Entonces quiere decirme cuál es su verdadero nombre y apellido.
Connors, Harold Connors.
¿Harold? Harold, ¿suele vestirse siempre de esa manera?
Sabe que pesan sobre usted grandes acusaciones, ¿verdad?
¿Y usted sabe lo que me hicieron anoche?
¿Qué le hicieron anoche?
Me metieron en una celda con un grupo de brutos.
Según tengo entendido, Harold, usted y sus amigos se protegen mutuamente.
Y usted, usted. Sí, usted, su nombre y apellido real.
Phillip Langson.
Harold, ¿es preciso que tenga cogida la mano de Phillip en mi presencia?
- ¿Tienen ustedes abogado? - Yo les represento, Sr. juez.
Oh, Sr. Crosby, me alegro de volverle a ver.
- ¿Sus clientes conocen sus derechos? - Sí, los conocen.
Y por eso saben que han sido quebrantados.
¿De veras, Sr. Crosby?
Han sido sometidos a coacción, agotamiento y brutalidad policial.
- Han sido golpeados y humillados. - No lo dudo, Sr. Crosby.
- ¿Depositan fianza? - La depositan, Sr. juez.
- Y me gustaría que... - SI', me lo figuro, Sr. Crosby.
Se les pone en libertad bajo fianza de 250 dólares.
Careo preliminar con testigos dentro de quince días.
- Yo quisiera... - He dicho quince días.
Por lo visto no me ha oído, Sr. Crosby.
Tengo muchos casos que atender y quisiera solventarlos
antes de que termine el día. Puede retirarse.
Y diga a sus clientes que procuren no romperse los tacones al salir de aquí.
Silencio.
Comparezca ahora ante mí Jacqueline Faraday.
- ¿Es usted Jacqueline Faraday? - Sí, Sr. juez.
Sr. Wellman, ¿representa usted a la Srta. Faraday?
Sí, Señoría.
- ¿Es usted el agente que la detuvo? - SI', Señoría.
- ¿Sr. Kennedy? - Keneely.
Reconozco, Sr. juez, que no es habitual celebrar la audiencia
preliminar tan rápidamente.
Sin embargo creo que no es preciso que se mantengan los cargos
contra mi cliente por más tiempo del indispensable.
Y doy las gracias al tribunal por haber acelerado los trámites.
- Siga usted. - Verá, Sr. juez,
hay un punto esencial en este caso.
Sugiero que el agente Keneely, en vez de leer su atestado,
pasemos a ese punto para ahorrar tiempo.
Agente Keneely, ¿tiene algo que objetar a esta proposición?
- No. - Perdone, pero no le oigo.
- ¿Quiere repetirlo más alto? - ¡No!
Haga el favor de acercarse y tomar asiento en el estrado.
Agente...
¿oyó usted decir a la Srta. Faraday hacer alguna proposición indecente?
- No estoy seguro. - Lo siento, pero no le oigo.
¿Quiere hacer el favor de decirlo más alto?
¡No estoy seguro!
¿Afirmó específicamente la Srta? Faraday
que efectuaría un acto sexual por determinada cantidad de dinero?
- No. - Más alto, por favor.
- ¡No! - Gracias, agente.
Ante la insuficiencia de pruebas, pido a Su Señoría
que sea sobreseída la causa.
Petición concedida.
Y quisiera saber por qué, con tal falta de pruebas,
me ha sido presentado este asunto.
No lo sé.
¡Juro fidelidad absoluta a la bandera de los Estados Unidos de América,
a la república que ella representa, una nación por la gracia de Dios,
con libertad y justicia para todos! Amén.
Asco me da toda esta gentuza de los juzgados...
¡Vete de aquí, anda!
- ¡Y vosotros, marchaos también! - Ya nos vamos, hombre.
¡Largaos a la calle!
Hombre, aquí es, por fin lo he encontrado.
Oh, vaya cubierta.
Son 50 centavos de depósito si quiere mirar los libros.
- Se le reintegran si compra algo. - ¿Me lo dice a mí?
Aquí tengo los 50 centavos.
Ha salido cruz.
Lo que me interesa es uno de sus masajes.
- ¿Le duele la espalda? - No es precisamente la espalda
donde necesito un masaje.
Algunos pollos de hoy necesitan ayuda para todo.
- El masaje cuesta 20 dólares. - ¿20 pavos?
- Debe de ser muy bueno por 20 pavos. - No hemos tenido quejas.
- ¿Tienen algunas fotos? - Sí, claro que sí.
Tenga, véalas.
- Yo escogería esta. - Sí, está bastante bien. ¿Cómo se llama?
- Doris. - Doris.
Supongo que por 20 pavos será muy cariñosa.
- Es la mejor. - Muy bien.
Conserve estos 20 pavos porque esta noche voy a hacer historia.
¿Por dónde se va, por la puerta trasera? Dígamelo.
- Se va por ese pasillo. El número 10. - Por el pasillo.
Si oye una explosión que sepa que soy yo.
Hola.
¿Qué tal, Doris?
- Hola. - Eres más guapa que en la foto.
Cuelga tu ropa en el perchero.
Gracias.
¿Qué clase de masaje dices que me darás por 20 pavos?
Un masaje corriente. Nada más.
Fíjese en mi nariz.
- Es una nariz tremenda. - Pues que le aproveche.
Olfatea a los de la brigada contra el vicio a cien metros.
¿De qué está hablando? He entrado a comprar un libro.
¿A qué viene? Ya sabe que no debe venir por aquí.
- Vengo a comprar un libro. - Elija el que quiera, se lo regalo.
Gracias.
Y no tarde mucho.
Oye, guapa, si quisiera un masaje normal habría ido a un gimnasio,
¿comprendes lo que quiero decir?
Si quieres algo especial el precio es distinto.
Escucha, aunque sea forastero no quiero que me trates como a un palurdo.
Dime, ¿cuánto me cobrarías?
Un trabajo manual son diez más, y veinticinco toda la noche.
25 más, bueno.
Me gastaré otros 25 y...
Oye, Doris, guapa,
lamento mucho tener que decírtelo, pero quedas detenida.
Te lo haré gratis si me dejas irme.
Bueno, tal vez en la otra vida. ¿De dónde consigues la droga?
Estas son viejas señales, la dejé hace dos años.
Sí, claro que sí.
¡Eh, Farrel!
Apártate, guapa. ¡Keneely!
Esta chica se droga y me ha dicho que este tipo es su proveedor.
¿Dónde está el género? ¡No hagas tonterías!
- ¡Yo no he dicho nada! - ¿Dónde está el género, Marvin?
¡Esta golfa miente, jamás le he dado nada!
Vamos, tranquilízate, no te hará daño.
La chica ha dicho la verdad, estás en un buen apuro, Marvin.
También ella lo está.
Al Sr. Rizzo no le gusta que la gente se meta en sus asuntos.
- ¡Tengo derecho a una llamada! - Sólo tienes derecho a respirar.
Si me pone un dedo encima le reviento de una patada.
¡Voy a ponerte más de un dedo encima!
- Aquí no hay nada. - ¿No, verdad?
Bueno, ya lo encontraremos, Marvin.
Necesitamos una orden de registro, ese sapo tiene muchas drogas en su casa.
- ¿Cómo lo sabes? - ¿Cómo lo sé?
Porque lo sé, lo sé...
- ¿Y sabes qué hora es? - Es la una, sargento. ¿Por qué?
¿Creéis que voy a despertar al juez Morrison a la una de la madrugada
para pedirle la orden porque sospecháis que un tipo tiene drogas en su casa?
Es que la necesitamos.
Y si despierto a Morrison para pedírsela y resulta que no encuentran nada allí,
- a mí me hacen polvo. - La necesitamos.
La chica tiene señales de pincharse en los brazos,
y el gordo tiene un montón de drogas.
- Lo sospechas. - ¡Lo sé!
Pero no es seguro.
- Dime qué necesitas. - Un motivo razonable.
¡Algo más que un presentimiento antes de despertar al juez!
Mañana por la mañana tendréis la orden de registro.
Por la mañana ese tipo ya estará en la calle y habrá limpiado todo
- y la culpa será tuya. - Lo siento.
¡De ningún modo voy a despertar al juez Morrison
a la una de la madrugada, y se acabó!
Por nada del mundo despertaría al juez Morrison.
Polvos de talco.
Premio para el amigo.
¡Quietos todos, conserven la calma!
¡Échense todos al suelo! ¡No se muevan de donde están!
¡Agáchense todos!
¡Quédense donde están!
¡Cuidado!
¡Richard!
¡Polizontes, quietos ahí...!
- ¿Qué pasa? - ¡Están ahí arriba,
- vamos a buscarlos! - No, quieto, quieto.
Ya los tenemos, pediré ayuda.
Tú quédate aquí. Iré a telefonear.
¡Pediré refuerzos!
- ¿Dónde diablos están los demás? - En el mercado. ¿Qué ha pasado?
Esos hijos de puta, que son los culpables de todo, están arriba.
- ¿En qué lugar? - No lo sé, hay tres pisos.
- ¿Hay salida por atrás? - Sí.
Mi compañero está en la escalera de escape.
Vaya también por detrás, nosotros entraremos por aquí.
Bueno, una advertencia, son dos y van armados.
- ¿Qué ha pasado? - No hay nadie arriba.
¿Cómo es posible que no haya nadie arriba?
No hay ni rastro de ellos.
Les hemos visto entrar en el edificio.
Es posible que les hayan visto entrar, pero no cuando salieron.
- Nadie ha salido de ese edificio. - Registraremos por...
No, no, están dentro de este.
Vosotros quedaos aquí, mientras nosotros lo comprobamos
entrando por detrás y saliendo por delante.
Es perder el tiempo.
Mientras jugamos alrededor de un edificio vacío, escaparán por el barrio.
Pues seguid jugando durante cinco minutos más
y vigilad aunque sea perder el tiempo.
Lárgate de aquí.
No te confundas y me dispares a mí.
No te muevas, están ahí. Estoy seguro.
¿Estás bien?
¿No hay ningún interruptor por ahí?
Le hemos dado a uno.
Ese ya no lo cuenta, es el negro.
¿Estáis bien, muchachos?
Sí. Sí, ¿dónde está el tipo blanco, el que ha salido corriendo?
- Se ha escapado. - ¿Que se ha escapado?
¿Cómo ha podido? Ha tenido que pasar delante de vuestras narices.
No lo sé, le hemos disparado.
- No le habremos acertado. - No le han acertado.
¿A qué estáis jugando, por qué no estáis persiguiéndole ahora mismo?
Hemos oído disparos, y por si necesitabais ayuda
- hemos ido a la entrada. - ¡Le habéis dejado escapar!
- ¡Bravo! - Esto es una locura.
Estos fantoches le han dejado escapar.
Con que es una locura, ¿eh?
¿Cómo no los visteis antes, cuando entrasteis ahí?
Registré todas las habitaciones y no encontré nada.
¡Sois unos cerdos! ¿Tenéis miedo a los disparos o qué?
- ¿A qué viene eso, hombre? - Debería pegaros dos tiros.
¡Quieto, quieto, ellos no saben nada! ¡Quieto, quieto!
¡Tranquilízate, hombre, haz el favor!
¡Bueno, ya estoy harto! ¿Qué os habéis creído? ¡Largaos inmediatamente!
Vámonos, Keneely, vamos. Es la verdad, ellos no saben nada.
Vámonos, eso es. Calma, ellos no saben nada.
Han tenido una noche movidita.
Ya sé el valor que hace falta para perseguir a esos tipos.
¿Saben con quién he estado hablando toda la mañana? Con el jefazo.
El propio jefe superior.
Ha estado poniéndome como un trapo sucio.
Por el amor de Dios, ¿a quién se le ocurre en medio de un mercado?
Pudieron haber matado a mucha gente.
Si no me equivoco eran tres los tipos que disparaban sobre nosotros.
Keneely tiene razón, sargento. Yo estaba allí y lo vi todo.
¿Qué ha sido de la toxicómana y de ese tal Marvin?
Salieron bajo fianza una hora después.
- ¿Quién les soltó? - Wellman.
Llegó con dinero suficiente para vaciar todas las cárceles de California.
- ¿Registraron la casa? - Conseguimos la orden esta mañana.
Es más de lo que hicieron ustedes. No había nada.
¿Cómo es que Carletti y Hyams no están aquí ahora?
Ellos no estuvieron disparando a todo el mundo en el mercado.
Sí, ellos sólo dejaron que escapasen los que disparaban.
- No he oído eso. - Digo que sólo dejaron que...
¡No he oído nada!
A ver, hay varias quejas sobre unos pervertidos que frecuentan
- los lavabos del parque. - ¿Qué?
¿Por qué no se dedican unos días a comprobarlo?
¿No va a ofrecernos un puro?
Escuche, tío listo, no es usted el único policía del mundo.
SI', usted lo sabe todo y todos son una basura menos usted.
Pero quiero decirle una cosa,
yo no soy un rey, ¿se entera? No tengo poder para rectificar
las órdenes que se me dan.
Sé que algunas están mal, ¿pero qué diablos quiere que haga yo?
Tengo un teléfono sobre mi mesa que comunica con el de arriba.
Cuando suena yo contesto para decir "Sí, señor", y se acabó.
Oigan, el capitán me ha encargado que les diga
que en cuanto las cosas se hayan calmado un poco
quizá quiera citarles a ustedes como ejemplo,
junto con Carletti y Hyams.
No comprendo por qué entraron ustedes en aquel salón de masajes.
- Sabían que no deberían haber ido. - SI', pero no lo sabíamos al entrar,
así que deles nuestras más profundas disculpas al Sr. Rizzo
y dele también un beso en el culo.
Hola, idiota. Hola, Sr. lavabo, Sr. jabón. Hola, urinarios.
¿Qué, se trabaja mucho aquí?
Oh, los retretes de asiento.
Este será, Sr. presidente, mi despacho.
Encanto, si eres un sexo maniaco, lárgate porque esto está lleno de polis.
Vaya por Dios.
¿Quieres oír algo gracioso?
Es de cuando empecé a ser policía.
Mi madre siempre me lavaba a mano las camisas de uniforme.
Yo le decía, "¿pero estás loca? Mándalas a la lavandería".
Y ella contestaba "No, disfruto haciéndolo". Le gustaba lavarlas.
Pobre madre.
Mi primer servicio fue comprobar cierres en el barrio oeste.
La noche entera me la pasaba comprobando cierres de almacenes
que a nadie le interesaba robar.
Comprobar cada jodido cierre lo menos tres veces.
Una vez no bastaba.
Cada jodido cierre tres veces.
Luego me dieron el turno ante el museo de Historia Natural,
donde tenía que estar 16 horas diarias, sin sentarme un momento.
A nadie se le ocurriría atracar el museo mientras Keneely estuviera allí.
Hacía todo lo que me ordenaban, y jamás me queje.
No importaba lo que fuera, lo hacía mejor que cualquier otro y me gustaba.
Te juro que sí.
En cambio ahora llego por la noche a casa, ¿y qué?
Cuántas veces pienso que era el trabajo más agradable del mundo
ir comprobando cierres y vigilando el museo.
Y además, siempre encontraba un montón de camisas limpias
que mi madre había planchado.
Yo no sé si sería lo mejor retirarnos.
Tienes razón, podríamos ser unos buenos hombres malos.
Se gana más y se trabaja menos.
Y con mayor cooperación de la policía.
El sargento lo ha dicho claro, es cosa de Rizzo.
Es dueño de los salones de masaje. Marvin trabaja para Rizzo.
- Esa golfa... ¿Cómo se llama? - Jackie.
Su abogado es Wellman, también lo es de Marvin.
Wellman también trabaja para Rizzo.
Un tipo que tiene un montón de drogas en su casa anda libre
sin que nadie se atreva a detenerlo y nosotros metidos en un retrete,
¿por qué? Porque Rizzo llamó por teléfono y les dio un rapapolvo.
¿Y te parece bien que Rizzo ande por ahí haciéndose rico
y nosotros aquí castigados?
Sabes,
de hecho,
terminamos aquí a las cinco y media y nadie podrá ir a quejarse de nosotros
si paseamos por la calle juntos.
¿Con cuántas "z" se escribe Rizzo, con una o con dos?
Con dos.
Es a él a quien le corresponde estar aquí, no a mí.
SI', pero eso es según la bola que cae en el sorteo, amigo.
Tenemos que echarle la zarpa a ese tío.
Pero hay que ir con cuidado.
El capitán no quiere que vayamos por la calle.
Que no tenga miedo, iremos por la acera.
Qué descanso, ¿verdad?
Disculpe.
¿Qué tal van las cosas, Sr. Rizzo?
- Me llamo Farrel y él Keneely. - ¿Y qué?
- ¿Quiere saber por qué estamos aquí? - Presiento que me lo van a decir,
- aunque no me interesa. - Acierta,
- somos de la brigada contra el vicio. - ¿De veras?
Y estamos hartos del servicio de retretes.
Nadie empieza por arriba.
Dígame, ¿está siempre nervioso?
Mi médico me aconseja calma en todo. Soy un hombre más bien obeso,
y además, creo que pago lo bastante.
No me preocupan dos polis hambrientos que quieren aprovecharse.
No lo pinte tan fácil, amigo. Sepa que no puede compramos.
- Estoy emocionado. - Eso parece.
Dos de sus muchachos cayeron la otra noche,
ahora está viendo a los dos vaqueros que los derribaron.
- Sólo uno logró escapar, ¿verdad? - Mis muchachos, ¿eh?
- Sí, le compran sus drogas a usted. - Yo no vendo drogas.
¿Qué hace, las regala?
Sospecho que le estropeamos un buen botín,
y apostaría algo a que prepara otro negocio grande y rápido.
Mal apostado.
Y vamos a estar presentes cuando lo haga, gordito.
Qué tíos tan listos.
¿Y cuándo hice esa supuesta entrega de drogas?
Hace tres días.
Hace tres días estaba en una clínica por un trastorno cardiaco.
- Pueden comprobarlo. - Lo haré.
Han visto ustedes demasiadas películas de aventuras.
- ¿Ese muchacho es suyo? - Sí, es mío.
¿De veras se cree un hombre importante?
Por lo menos no soy un Don Nadie.
¿Y sus hijos cómo creen que se gana usted la vida?
¡Qué preguntas hace usted!
Mis hijos están bien alimentados y viven felices en una gran casa.
Tienen cuanto pueden desear. ¿Y ustedes qué tienen?
Quieren que me avergüence, ¿pero por qué?
Porque una chica se quita la blusa en un club.
No he visto a mis clientes taparse los ojos para no verla.
¿Porque uno quiere pasar un buen rato en la habitación de ella?
¿Qué hay de malo en eso? No pretenderán ser ejemplos de castidad.
Sentados en sus retretes lo han planeado todo, ¿verdad?
Yo he llegado a donde estoy zampándome bobos como ustedes.
Entérese que hay una gran diferencia entre usted y nosotros.
- Cuánto me alegro. - ¿Sabe en qué consiste?
Usted es codicioso, quiere tenerlo todo,
- y a nosotros nos basta con usted. - Pues cójanme.
Lo hemos hecho picadillo.
Esa bola de grasa se muestra muy confundido,
pero se cree muy hábil.
Tenemos que darle alas para que se estrelle.
¿Alas? Ya las quisiera yo para poder volar de aquí.
Estoy seguro de que pronto hará una de las suyas.
Bueno, pues le atosigaremos un poco.
Hay que cerrar el Electra, eso se le atragantará a Rizzo.
Sí, y al capitán también.
- Eso es problema suyo. - Curioso, creía que era nuestro.
¿Es esa la que hace el truco del cigarrillo?
Sí, esa es.
- Es dinamita pura. - Una chica muy sensible.
- ¿La conoces? - No la puedo olvidar.
- Oye, ¿tiene una amiga? - Ahí viene ese.
¿Qué hacen dos polis del vicio aquí?
Sólo hemos venido a adquirir un poco de cultura.
Y a ver a la chica de la gran delantera.
Dales un par de copas por cuenta de la casa.
No, lo siento, nos gusta pagar nuestras consumiciones. Gracias.
No deberían estar aquí.
Dice que no deberíamos estar aquí. ¿Qué hacemos?
Pues quedarnos a ver a la chica de las grandes delanteras
- hacer el número del cigarrillo. - Es una buena idea.
- Muchísimas gracias. - No hay de qué.
Señor, vamos a quedarnos.
- Saben que no deben estar aquí. - ¿Pero qué dice?
El que seamos de la brigada contra el vicio no significa
que no podamos venir aquí para adquirir un poco de cultura.
Agente, ¿se da cuenta de que esa joven expone sus glándulas mamarias
ante todo el público del local? ¿Es legal eso?
- ¿Lo es? - Veamos la licencia de cabaret.
- Déjese de tonterías. - ¡La licencia de cabaret!
- ¡Está en la pared! - ¿Y por qué no está encima del bar,
que es donde debe estar? Estos degenerados...
Sí, vaya degenerados.
Está muy oscuro esto, necesito un poco de luz.
Vamos, compañero, luz.
No veo nada. Habrá que subirse a una silla para leerla licencia.
Oiga, somos agentes de la brigada contra el vicio,
y mi amigo quiere leerla licencia para ver si se permite a esa señorita
hacer lo que está haciendo delante de toda esta gente.
¿Qué hay ahí?
- Una licencia de apertura de cabaret. - Nos equivocamos.
- Parece estar todo en regla, amigo. - Todo está bien.
Dígale al Sr. Rizzo que los hermanos Marx le saludan.
Hola, ¿cómo estás? No te había visto desde que cerramos aquel otro local.
Eh, señorita...
Que ya no queda nadie aquí.
¿Por qué habrá venido a su casa tan temprano? Sólo son las ocho.
Querrá oír misa televisada.
Deberíamos quedarnos a ver si recibe visitas.
Despierta, encanto.
Hoy es el primer día del resto de tu vida.
Nos hemos dormido.
Oye, ¿no reconoces al amigo que acompaña a Rizzo?
SÍ, ¿pero quién es?
Imagínate metido en un montón de frutas y hortalizas
- y un tío disparándote. - Tienes razón.
Debe de estar preparando el nuevo asunto.
- Hay que actuar en seguida. - Eso está muy bien, muy bien.
- Gracias. - No hay de qué.
- Hola, ¿qué tal? - Vaya,
veo que han salido de los urinarios para airearse un par de horas.
- ¿Qué, disfrutando del combate? - Al menos estoy cómodo aquí.
- Oiga, ayer pasamos por su local. - ¿A cuál se refiere?
- Al Electra, es dinamita pura. - Me alegro de que les gustara.
- Y vimos a sus amigos. - Tengo muchos amigos.
Sí, por ejemplo el que le compra las drogas.
Le hemos visto abajo, charlando con usted.
Sí, pronto van a hacer un alijo, y grande.
Alijo, usa usted unas palabras muy anticuadas.
Rizzo, vamos a encerrarle.
Nos pegaremos a usted como su camiseta.
Les doy permiso para intentarlo.
Bien, porque no quisiéramos hacer nada sin su permiso.
Hacen muy bien.
¿Quieren sentarse ustedes a saborear el combate?
- No, gracias. - Tal vez aprenderían algo.
- ¿Qué, por ejemplo? - No sé, es un deporte interesante.
Uno tiene que saber lo que hace, si no, se expone a que le machaquen.
- ¿Está nervioso? - Yo no me pongo nervioso.
Hace mucho tiempo que ando metido en esto.
Ya lo sabemos.
¿Saben qué es lo gracioso? Que ustedes crean sinceramente
que están haciendo algo importante.
Me refiero a que van deteniendo a putas de diez dólares
y pegándose con maricas. ¿Y por cuánto?
Por 200 pavos a la semana.
Y se portan como el Capitán Marvel.
¿Creen de veras que se la pueden jugar a Rizzo? ¿Es lo que creen?
Miren ahí abajo.
¿Ven toda esa gente que ha pagado por entrar?
¿Ven a esos dos monigotes que se están aplastando las narices en el ring?
¿Creen que dejándome avasallar por tipos como ustedes sería lo que soy?
Vamos, no sean ilusos.
Usted vaya preparándose, porque acabaremos con su reinado.
El capitán Marvel salva al mundo encarcelando a putas de 10 pavos.
Cuidado con la capa, capitán, no se le vaya a enredar en sitios comprometidos.
- Usted prepárese. - Shazam.
Ese hombre hará una compra fuerte muy pronto.
Y nosotros estaremos allí para verlo.
¿Y si se raja y lo hace otro por él? ¿En qué situación quedamos?
Si a uno le ofrecen un género, sea lo que sea,
no se quedará con él sin probarlo personalmente.
Vamos a atornillarle hasta que caiga.
Nosotros le pondremos el jabón para que resbale.
Estoy contigo, chico, pero tengo hambre.
- ¿Quieres una hamburguesa? - No, cómprame un paquete de chicle.
Hola, guapo, ¿quieres pasar un buen rato?
Hola, chata.
- Cincuenta. - Cincuenta, ¿eh?
¿Para pasar un buen rato? Sólo tengo 20 para eso.
- Eres un poco tacaño, ¿verdad? - SI', ya lo sé.
- 35. - ¿35 pavos?
No quiero engañarte, sólo tengo 27,50.
- ¿Tienes para un taxi? - Por supuesto.
¿Quieres hacer el favor de ponérmelo en una bolsa?
Toma. Gracias, quédate con el cambio.
- Tienes una casa muy bonita. - Sí, ¿verdad?
¿Qué me darás por 27,50?
Lo pasarás bien, cariño.
Sí, estoy seguro de que pasaré un buen rato.
Si estás cansado, ¿por qué no te echas y te pones cómodo?
SI', eso es lo que voy a hacer, a echarme y ponerme cómodo.
- Ah, sí, es estupendo. - Lo sé, chato.
- Fantástico. - Lo sé, cariño.
Vuélvete, chatito.
Hola, Keneely.
¿Sabes una cosa, Keneely?
Tengo un recado para ti.
De un amigo. Dijo...
"Shazam".
Eso es todo.
Shazam.
¿Lo has entendido?
Eh, Farrel.
Eh, compañero, me han pegado.
Oye, polizonte, me han dejado para el arrastre.
La madre que lo... No te hagas el dormido.
Amigo, ese hombre era King Kong.
Amigo, no finjas que estás durmiendo.
¡Oh, Dios mío...!
Tenemos que ir a un hospital.
Yo tengo la culpa de que haya pasado todo esto.
Ni siquiera sabemos quiénes somos.
Todo lo más que podemos hacer es sobrevivir.
El capitán estaba muy preocupado por ustedes.
Dijo que le interesaba mucho más la seguridad de sus hombres
que cualquier otra cosa.
Y añadió que ustedes se entregaban tan intensamente a su misión
que hasta ponían en peligro sus vidas.
- Bueno, pero sabemos cuidamos. - ¿Sí? Mírese al espejo y repítalo.
El capitán cree que lo mejor será que se separen.
Compréndanlo, son ustedes dos agentes muy experimentados.
Podrían enseñar a dos novatos.
Con ello tendríamos dos buenas parejas en vez de una.
Bueno, ¿qué quieren de mí?
Estoy entre la espada y la pared, ya lo saben.
¿Qué demonios puedo hacer yo?
Quisieron cerrar el local de Rizzo, ¿eh?
Y luego le estuvieron siguiendo, ¿verdad?
Son ustedes dos buenos elementos, desde luego.
Sé su modo de pensar, quizá yo hubiera hecho lo mismo, no lo sé.
Pero dense cuenta de mi papel en todo esto.
¿Saben qué querían hacer con ustedes? ¿Quieren saberlo?
Expulsarles, sin más ni menos.
Conseguí impedirlo, pero no fue fácil.
Ahora estoy en la cuerda floja, y caeré si vuelven a pasarse de la raya.
Por favor, quietos por algún tiempo, ¿eh?
Encontrarán a sus nuevos compañeros en el cuartelillo.
Tengo entendido que la vitamina E lo cura todo durante la noche.
- Gracias. - No hay de qué.
¿Cree que quizá debería adoptar una actitud más enérgica?
Conduce maravillosamente, así... no le pondrán multas.
Ya nos veremos. Que pase un buen fin de semana.
Y usted que se divierta.
¿Cómo te encuentras?
Fatal. Ya me estoy hartando de alimentarme con una pajita.
¿Sabes? Aquí cada uno está hablando con otro por teléfono.
El sargento con el capitán, el capitán con Rizzo,
y Rizzo con algún pez gordo.
Estamos tan solos en este asunto que ya no tiene ni gracia.
Sabes que no nos ayudará nadie, ¿verdad?
SI', lo sé.
Bien, ¿qué harás este fin de semana?
Es una buena idea.
Y Jesús, guiado por el Espíritu Santo, fue al desierto
para ser tentado por el diablo.
Y cuando pasaron 40 días con 40 noches en ayuno, Jesús tuvo hambre.
En tal momento, el diablo le dijo "Si tú eres el hijo de Dios,
haz que estas piedras se conviertan en pan".
Respondió Jesús "Escrito está, no sólo de pan vivirá el hombre
sino de toda aquella palabra que procede de los labios de Dios".
Entonces le llevó el diablo a Jerusalén
y le sentó en el pináculo del templo, y así le dijo
"Si eres el hijo de Dios, arrójate desde aquí,
porque escrito está, Él enviará a los ángeles que se harán cargo de ti
y en sus manos te sostendrán para que no tropiece tu pie en piedra alguna...
Omitirá el pasaje donde mataron la cabra.
¿No te parece que nuestro amigo debiera haber tenido la decencia
de quedarse hasta el final del sermón?
El Señor le dará un azote en el culo.
Menos mal.
Vamos, Anthony, ven aquí.
Siéntate al lado de tu madre.
- Quiero un helado de chocolate. - Y yo uno de chocolate y fresa.
Podréis tomar helado después de que hayáis comido.
Yo no quiero comer, yo quiero un helado.
Haréis lo que os diga vuestra madre, ¿entendido?
¿Qué estás mirando?
¿Por qué estáis tan callados ahora?
Qué quietecitos.
¡Camarera!
- ¿Todavía no hay novedad? - No, aún no.
- Tengo hambre. - ¿Quieres un chicle?
- Gran solución. - Toma.
- ¿Tienes salsa de tomate? - Ahí viene.
Buenas noches, señor.
Buenas noches, Sr. dinamita, encantado de verle.
- Suba, señor. - ¿Nos permite limpiarle el coche?
- ¿Le comprobamos el aceite? - Sí, compruébalo.
¡Ah, por fin! ¡Aquí llega la tarta!
Es un muchacho excelente, es un muchacho excelente,
es un muchacho excelente, y siempre lo será,
y siempre lo será, y siempre lo será.
- Feliz cumpleaños. - Es maravilloso, ¿verdad?
Qué escena tan emocionante.
Está llorando porque es su cumpleaños.
- Voy a hacerle un regalo. - No le hagamos sentirse violento.
Ya está, este es para ti, cariño.
Es un muchacho excelente, es un muchacho excelente,
es un muchacho excelente, y siempre lo será,
y siempre lo será, y siempre lo será.
Rizzo, cierre los ojos y formule un deseo.
Va a hacer esa compra de un momento a otro, estoy seguro.
Sí, ¿pero cómo averiguarlo?
- Hola. - ¿Desean algo?
- Sí. - Dos señores, Sr. Wellman.
¡Malditos hijos de puta!
Si creen que se van a salir con la suya, se equivocan.
Sí, están muy equivocados. Sabían que padecía del corazón.
¿De qué está hablando?
Les demandaré por daños y perjuicios.
Y les quitaré todo lo que tengan o puedan tener,
así que les aconsejo una cosa,
recen para que se restablezca totalmente.
Es lo que deben hacer,
rezar por su total restablecimiento.
El comisario les ha suspendido de servicio.
¿Qué querían que hiciera? ¿Quieren un cacahuete?
No, no puedo masticar.
El comisario está que se sube por las paredes por culpa de ustedes.
Compréndanlo, Rizzo es el mayor benefactor del orfanato de Sta. Agnes,
y miembro del consejo de administración de la ópera cívica.
Un elemento imprescindible.
Y tuvo que darle el ataque en ese momento.
Un tío listo. Le dan los ataques cuando le convienen.
Estábamos a punto de detenerlo. Iba a hacer uno de sus negocios.
Ojalá se muera.
Ya saben que he hecho lo que he podido.
¿Por qué no se resguardan de la lluvia?
¿De qué lluvia?
Ese canalla de Wellman es un farsante bajo la capa de abogado.
Trata de convencernos de que Rizzo es un enfermo cardiaco
cuando ni siquiera tiene corazón.
¿No estuvo Rizzo otra vez internado en el hospital?
- Sí. - ¿Cuándo fue?
¿No fue después del tiroteo en el mercado?
No, fue durante el tiroteo, esa era su coartada.
¿Quiere eso decir que se va al hospital cada vez que tiene que acabar un negocio?
- ¿Captas el mensaje? - Capto muchos mensajes.
Pero qué primos hemos sido.
¡Que conste que no me entero de nada!
¡Esto ya no es ningún juego de niños, pueden matarlos!
¡Están locos! ¿Se enteran?
- ¿Puedo servirle en algo? - Sí.
Buscamos la habitación del Sr. Rizzo.
El Sr. Rizzo está en el número 5 - B1.
- ¿Y dónde está eso? - Lo siento, no pueden entrar.
Los médicos le han prohibido totalmente las visitas.
- ¡Qué lástima! - ¿Perdón, señor?
Quedémonos por aquí.
- ¿Qué hay? - Más flores.
Ya me estoy cansando.
¿Y si estuviéramos equivocados?
Ni siquiera me atrevo a pensarlo.
- ¿Quieres café? - No.
Oye, ¿sabes que a ese tío le regalan muchas flores?
Aun siendo del consejo de administración de la ópera.
¿Tú crees?
¿Te has fijado en un detalle de esas flores?
- Todas las flores son flores. - No,
estas vienen en macetas muy hondas. Y otra cosa rara,
todos lo que le visitan salen llevándose una de esas macetas.
Podría regalar todas las flores que quisiera sin que nadie sospechase.
Permítame, tengo que hablar con mi madre, es muy importante.
Haga el favor de ponerme con la tienda de flores del hospital.
Oigan, les habla el Sr. Rizzo, de la habitación 5-B1.
Verán, acaban de mandarme ustedes un par de macetas con flores,
desde luego son estupendas, pero una de las macetas está rajada
y se les sale el agua, es muy molesto.
¿Qué dice?
¿Que ustedes no han enviado flores al Sr. Rizzo?
Muchas gracias.
¡Uds.! ¿Cómo se atreven a entrar?
¿Cómo está usted? ¿Qué tal sigue su marido?
¡Fuera de aquí, dejen en paz a mi marido!
Perdone, tenemos que comprobar un detalle y nos vamos en seguida.
- ¿Ha llamado usted, señora? - ¡Estos hombres...!
Tendrán que marcharse, sólo se permiten las visitas a parientes.
Este no es mi pariente, es un gusano.
- Por favor, hágales salir de aquí. - Lo siento, pero deben irse.
- No pasará nada. - En cuanto hayamos comprobado algo.
Vaya, vaya, qué flores tan bonitas tiene aquí, gordinflón.
Quietos.
¡Quietos!
Un paso más y tendréis una enfermera muerta. ¡Fuera! ¡Déjenos solos!
¡Fuera!
¡Rizzo! ¡Rizzo! Vamos, corre, huye, maldito hijo de puta.
¡Vamos, corre, huye, no seas tonto!
Le felicito, capitán, me entrego.
Ya tiene a Rizzo, ¿eh?
¿Y qué cree usted que ha conseguido?
¿De qué supone que me acusarán?
¿De guardar estupefacientes en una habitación de hospital?
No son míos, yo no los llevé allí. Pruebe que lo hice.
¿Y qué me echarán? Quizá un año, o menos.
Será un simple caso de domicilio social durante un año
y luego volveré, y mientras ustedes seguirán vigilando sus retretes
para poder vivir. Yo, en cambio, tendré vacaciones, que me hacen falta.
Ande, apriete el gatillo. Complete su trabajo.
- Apellido. - Keneely.
- ¿Se escribe "ele" o "eel"? - "Eel".
- ¿Nombre de pila? - Michael.
- ¿Casado o soltero? - Soltero.
- ¿Empleo anterior? - En la policía de Los Angeles.
¿Cuánto tiempo estuvo en ella?
- Once años. - ¿Motivos por el que lo dejó?
¿Por qué lo dejó?
Pues no lo sé.
- Haga el favor de ser más explícito. - Ya.
Explícito, ¿eh? Necesitaba un cambio de aires.
Un cambio. Bien, lleve esto usted mismo a la sección de personal,
en el pasillo. Tercera puerta a la izquierda.
La tercera puerta a la izquierda, entendido.
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