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Chicos, chicos, tenemos que brindar.
Por la peor Super Bowl de la historia del juego
y... por la pasta que hemos ganado.
¡Chin, chin!
¡Nueve a cero! Al MVP se le atragantó la final.
- Y todo a la mierda. -¡Fue una vergüenza!
- Les falló la suerte. - Y las apuestas se fueron a la mierda.
- Tenemos que brindar otra vez. - Sí...
- Tengo una pregunta... - Tres coma ocho millones.
Oh. Estoy a punto de correrme.
Pues yo podría volcar la mesa.
Hola, chicos.
- Joder. ¿Qué? -¡Hola!
- Pero ¿tú qué...? - Perdonad, estaba gastando pasta.
Está claro.
Chicos, os presento a mi novia, Yvette.
Yvette, estos son Lorraine, Ray, Sandra y Danny.
- Hola. - Hola.
Hola. Deja que te retire...
- ...la silla. - Qué guapo estás, Héctor.
- Gracias. - Según las palabras de Billy Gibbons:
"Las chicas se vuelven locas con los tipos elegantes".
¡Oh! Champán. ¿Qué celebramos?
Que la biopsia que me hicieron... es benigna.
- La salud lo es todo. - Sí.
Eh, ¿visteis la Super Bowl ayer?
No, solo un ratito, la verdad.
Yo estaba en la iglesia rezando a Dios.
Yo aposté a que llegarían al descanso sin anotar nada... y gané 50 pavos.
-¡Qué pastizal! -¡Oh, qué bien!
-¿Dónde os conocisteis? - En un parque de perros.
¿Tu perro de qué raza es?
-¿Cuánto vas a mantener esta mierda? - Lo hacía por ti.
Llevo bien ser puta.
Muy bien.
Seré sincero. Esta señorita será mi novia hasta mañana.
A mediodía.
- Vale. Vamos... a pedir. - Claro.
APOSTANDO
"LA SUPER BOWL: EL REGALO DE DIOS PARA LOS CORREDORES DE APUESTAS"
- Que Dios bendiga América. - Amén.
Tengo una pregunta.
¿Cómo sobreviviremos cuando legalicen las apuestas?
A ver qué hacemos con esto.
- Hay que blanquearlo. - Dime con qué.
Con una cadena de centros de masajes.
- No. - Lor. Dejadme acabar.
Es un negocio en efectivo y lo que ocurre dentro,
solo lo sabe la masajista y el cliente.
¿Tú vas a esos sitios?
Una vez fui con el dueño de un equipo de la NFL.
- Es un negocio sucio. -¿Y el nuestro no lo es?
Nuestros clientes son quienes deciden apostar.
Esas chicas, o le dan o de vuelta al barco.
A mí me gusta la idea.
Vale. Dejemos lo de los masajes de momento.
No nos dedicaremos a la trata de blancas.
Nos queda claro.
Debería darte vergüenza.
Vale.
Hay que ver dónde escondemos esto mientras valoramos opciones.
¿Qué tal un bar de striptease?
Que lo dejamos, Héctor, lo dejamos.
¿Cuánto necesitas para tu nueva casa en Brentwood?
¿Para la chocita de mi abuela?
Un año de alquiler son... 30 000 al mes... 360.
¿Tú qué vas a hacer?
Bueno, pienso invertir la pasta... en Anthony y sus brákets,
en Sandra y su puto caballo, y tengo jodida la próstata,
así que... me van a dar por detrás.
¿Vas a ir a... cómo se llama?
¿A ese urólogo que apuesta siempre por Nebraska?
Oh, ¿el Dr. Cornhusker? No.
Prefiero a alguien que no conozca.
Y con manitas... diminutas.
25 por seis minutos. ¿Te lo puedes creer?
- Usa mi tarjeta. -¿Tú con una tarjeta?
- Es de Anthony. - Tiene 11 años.
Y es el dueño legal de mi casa. No se lo cuentes.
- Dejad que os ayude con esto. - No, no, no.
- Suéltala. ¡Deja la bolsa! - Oye, oye, ¿qué tenéis aquí?
¡Que la sueltes ya, joder!
Vale, vale, solo quería ser amable.
Gracias. Aquí tienes. Por las molestias.
¿100 dólares?
¡Delores!
- Estos regalan billetes de 100. -¡Uh! ¡Píllame uno!
¡Mierda!
-¡Habrá más en la bolsa! - A por ellos.
- Vamos, corred. Vamos. -¿Cuáles? ¿Esos tíos?
- Sí, seguidlos. - Sí, cogedlos.
-¿Los hemos perdido? - Eso creo.
- Menuda peli de zombis has montado. - Lo dices como si fuera culpa mía.
Oh, has empezado tú con el "por las molestias".
Solo intentaba ayudarle.
¿Quieres ayudar a los indigentes? Pues paga impuestos.
¿Qué cojones...?
Greg, ¿qué ocurre?
Nos han robado. Y soy Gregory.
-¿También nuestras cajas de seguridad? - No, no. Solo eran unos drogatas.
Han cogido un fajo de billetes marcados.
Ahora irán puestos hasta las orejas pero de tinta.
Menudo alivio.
¿Por todos los... documentos legales y recuerdos que guardáis?
- Exacto, Gregory. -¿Qué cojones estáis haciendo aquí?
Este es nuestro banco. ¿Qué haces tú aquí?
He llevado a mis suegros a ver Disney On Ice.
Ganando puntos con tu mujer. Muy bien.
-¿Qué hay en la bolsa? - La colada.
¿Y la traéis a un banco?
Sí.
¿Me lo enseñáis?
No.
-¿Usted los conoce? - Así es.
-¿Qué cree que llevan? - Pues diría...
Sois unos hijos de puta con suerte.
¡Lloyd, Denise! ¡Esperad en el coche!
- Joder... - Sí.
No deberías quedaros aquí con tanto dinero negro.
Cierto.
¿Y si nos compramos un coche nuevo?
Pues menos mal que habéis podido escapar.
Para que lo sepáis, ya no son indigentes. Son "sintecho".
Ray, tú eres el de las causas justas. ¿Quieres contárselo?
Cuando nos negamos a darles dinero, uno de ellos se cagó encima de mi coche.
Así que siguen siendo indigentes para mí.
- Dios... -¿Dónde está Anthony?
Se queda en casa de un amigo.
-¿Tiene un amigo? - Sí, tiene un amigo.
- No te pongas borde. Es una novedad. -¿Qué...?
¿Y cuál es el plan con todo esto?
Hay que encontrar un sitio donde guardarlo.
¿Y si lo metemos en un trastero?
- No. Ni de coña. -¿Por qué no?
Guardé mis recuerdos de jugador en uno.
Ya sabes. Camisetas, zapatillas... y las ratas los devoraron.
-¿Y comen dinero? - Se comieron las zapas de tacos.
-¿Y meterlo debajo de la cama? -¿La cama?
- Sí. - Ni me voy a molestar en responderte.
Ahí estuvo tu regalo de Navidad tres meses y ni te enteraste.
-¿Las Tony Lamas? -¿Ahora sí que respondes?
Vale. Es una opción.
Si la cama es una opción, ¿qué tal mi casa?
Dos palabras. "El barrio".
- Eso es racista. - Ah, ¿sí?
Vale, guardemos 3,8 millones
en la esquina de Malcolm X con la calle Luther King.
Bien. Pero es una opción como la cama.
¿Y en el jardín, dentro de un hoyo?
-¿Crees que somos piratas? - Oye, oye. Espera, espera.
- No es la peor idea del mundo. -¿Tenéis una pala?
- No lo sé. -¿Cómo que no lo sabes?
-¿Cómo puedes no saberlo? -¡Porque tengo jardinero!
Viene, riega, y hace todo lo que hay que hacer.
Cuando te mudes a Brentwood... te daré su número.
-¿Te mudas a Brentwood? - Sí, así que necesitamos palas...
-¿Cuándo pensabas decírmelo? - Acabo de hacerlo.
Lo siento, pero creía que teníamos una relación
en la que se hablaba de las cosas.
-¿De qué cosas? -¡De mudarse, joder!
Solo me mudo por mi abuela.
A la que me encantaría conocer, si no te avergonzaras de mí.
- Sandra, ¿ocultaste estas botas? - No me avergüenzo de ti.
Solo estoy reorganizando mi vida.
-¿Tú le estás oyendo? - Le estoy oyendo.
¿No tenéis que ir a comprar palas?
- Sí, sí. Vámonos. - Sí. Palas.
¿Estará bien aquí la pasta contigo?
Que... ¿qué?
Claro, claro que sí.
Vale. Pillaré comida china de camino. Así no cocinas.
Ray, vamos.
Pero...
Le acabas de decir a tu mujer que no confías en ella.
No es que no confíe. Es la realidad.
Coge a cualquier mujer. En decir, a cualquier mujer
y enséñale una bolsa con unos cuatro millones de dólares...
y luego, una foto del tío al que se tira desde hace 15 años.
Se quedará la pasta.
-¿Y tú? ¿"Reorganizando tu vida"? -¿Qué?
Tengo responsabilidades y solo intento simplificar.
¿Acostándote con una mujer que lleva un picahielos en el bolso?
- Muy gracioso. -¡Que lo tiene!
Le ha puesto cinta aislante en el mango para que no se le resbale.
Me estoy planteando coger el dinero y huir del país.
Lo dividimos y nos vamos.
- Bromeaba. - Pues yo no.
Pero joder, la de mierdas que me suelta algunas veces...
- No es algo personal. -¿Cómo no va a ser personal?
Porque tu marido creció en casas de acogida.
- Está bien jodido. -¿Y qué hay de ti?
- Tú creciste igual. - Soy mejor que él.
Aun así, me divierte imaginármelo con una pala nueva,
y ninguna bolsa que esconder.
Háblame de las microdosis que vendes.
¿Te interesa?
Creía que te iba más el Cabernet mezclado con Orfidal.
Es lo que quería que pensaras.
Algún día te contaré lo de la heroína.
-¿En serio? - El insti nos marca a todos.
¿Y cómo funciona lo de las setas?
- En vez de explicártelo, ¿te lo enseño? -¿Ahora?
Anthony no está en casa, y esos capullos tienen que cavar un agujero.
¿Me irás guiando?
¿Por qué no lo hacemos juntas?
-¿Has hablado con Héctor? - No.
Estará disfrutando aún de su novia.
Me pasé toda la cena mirándola sin que se notara.
Y yo.
Picahielos, tío. Picahielos.
¿Qué compramos? ¿Dos palas... y un barreño?
Y algo que evite que se moje.
-¿Como qué, papel de plata? - No vamos a hornearlo. Transparente.
¿Vamos a hacer sándwiches?
Joder. ¿Siempre está tan duro?
En invierno, sí.
- Cómo cuesta. -¿En la cárcel no cavaste agujeros?
Que quede claro: la cárcel es de maricas.
Yo estuve en prisión.
Claro, el enemigo público número uno.
- No hiciste zanjas. - No.
Hacía la colada.
Empecé cargando, pasé a remiendos de rotos y a coser botones, ¿y tú?
A ver tus manos.
Son terciopelo.
Nunca has hecho trabajos manuales.
- Siempre he sido quien piensa el plan. - Trae.
Quítate.
-¿Voy a vomitar? - Eso es con el peyote.
La psilocibina es muy suave.
¿Qué hacemos con Mario y Luigi? ¿Les contamos lo que ocurre?
Tres a uno a que no se enteran.
-¿Me das tres por cien? - Sí.
Hecho.
- Es como cemento. - Te lo he dicho.
Una vez vi a unos enterradores que calentaban el suelo para ablandarlo.
No es mala idea.
Soy el hombre del plan.
Vamos a necesitar ramas... para prenderlas.
¿Lo notas?
No mucho.
- Me gustaría decir algo. -¿Qué?
- Me alegra que seas mi cuñada. - Oh, está funcionando.
No, no es la droga. De verdad.
Me recuerdas a mi hermana.
No sabía que tuvieras una hermana. ¿Dónde está?
Oh, Rebecca murió hace mucho tiempo.
- Con el coche. - Oh, no.
Sí. Fue horrible.
-¿La llamabas "Becky"? - Pues sí.
Y lo odiaba.
- Dios, era tan cruel con ella... -¿Tú?
Sí. Yo era la guapa, así que siempre le robaba los novios.
¿Te crees más guapa que yo?
No. Era más guapa que Becky.
Sí, pero has dicho que te recuerdo a ella.
No en ese sentido.
- Entonces, ¿en cuál? - Yo... tenía tetas y ella no.
- Yo tengo tetas. - Meh.
-¿Qué es "meh"? - Lorraine, eres una mujer preciosa.
Esto no va contigo.
En el accidente de tu hermana... ¿quién conducía?
¿Por qué me preguntas eso?
Eras tú, ¿a que sí?
Por tu culpa fallecí.
-¡Tú no eres Becky! -¡Contéstame!
Sí, yo era quien conducía, pero porque tú ibas muy pedo.
¿Me mataste?
Te pareció divertido cogerme el volante y tratar de esquivar los postes.
Eras mi hermana mayor y tenías que cuidar de mí.
-¡Eras dos años mayor que yo! -¡Me da igual!
Ah, claro, Becky. Lárgate como haces siempre.
Buen trabajo.
-¿A que fuiste Boy Scout? - No.
- Pero abusaron de mí. -¿En serio?
Sí, una mujer mayor, pero entonces no era delito,
sino una oportunidad de aprendizaje.
¿Qué pasa, Héctor? ¿Dónde estás?
-¡Danny, me han secuestrado! -¿Qué?
Yvette y sus amigos rusos...
Puede que sean otros. Llevan máscaras.
-¿Hablas en serio? - Mucho.
¿Y qué quieren de ti?
Puede que presumiera con Yvette del dinero.
¿Se lo contaste a la puta?
Sentía una conexión.
¿Qué ocurre?
Lo de la novia de Héctor ha dado un giro.
-¿Qué te piden? - Lo bueno es que solo quieren la mitad.
¿Uno con nueve?
Nos dejan uno con nueve.
Dile a los rusos que les den.
Suena a "nyet".
- No puedes dejar que lo maten. - Nadie va a matar a nadie.
Esto es una negociación.
¿Qué te he dicho?
- Dale. - Van a cortarme en pedacitos
y a darme de comer a los cerdos.
¿Cerdos? ¿Quién tiene cerdos en Los Ángeles?
- Si no hay sitio. - Danny, por favor.
Tienes que hacer algo.
Me están llamando. Ahora seguimos.
Ahora nos llama.
Les tienes que contestar. ¿Qué les darás?
Pues unos 10 000.
Ellos piden 1,9, ¿y tú les darás 10 000?
-¿Doce? -¡Danny!
12 500. Son buenas ganancias del día.
¿Vas a apostar con la vida de Héctor?
Sé que voy a sonar como uno de nuestros clientes,
pero de verdad que lo veo claro.
Lo siento.
¿Qué es lo que sientes?
Soy una terapeuta psicodélica titulada y no he estado haciendo mi trabajo.
- No tienes titulación de nada. - Lo importante es...
que Becky te perdona.
-¿Qué? - Ha hablado conmigo.
Dice que el accidente fue culpa suya.
- No me vaciles, Lorraine. - No te estoy vacilando.
Y que no les gustabas a los tíos por ser guapa,
sino porque chupabas las pollas como nadie.
Vale, vale, vale, vale. Vale, ¿tienes un extintor por ahí?
-¿Qué cojones? -¡No lo sé!
Claro, ¡cómo no!
-¿Tenéis manguera? - Qué bonito...
- Yo... - La hostia...
- Eso verde que parece una serpiente. - Sí, tenemos una... La usa el jardinero.
- Sí que hay. - Pues ve a buscarla. ¿Dónde está?
- No lo sé. - Dio mío. ¡Que la busques!
- Ah, sí, sí. - Ah, mierda.
-¡Ah, aquí está! La tengo. -¡Date prisa! ¡Venga!
-¡Esto está hecho un asco! -¿Qué estás haciendo?
Ah, está enredada en una puta piedra.
Vale.
¡Vamos!
-¡Usa el pulgar! -¿Qué?
-¡Pon el pulgar sobre la salida! -¿De qué cojones hablas?
- Para que salga como un espray. - No sé a qué te refieres.
-¡Trae aquí! -¿Y ese es mi compañero de vida?
Vale.
- Vale, vale. Ya... - Sí.
Vaya, qué nivel.
Es la leche.
¿Ya está el agujero?
- Sí, Lorraine. Ya está el agujero. -¿Qué va a pasar con Héctor?
- Estoy esperando a que llamen. -¿Y si no llaman?
Adoro a ese tío, pero... problema resuelto.
Eh. Sé que bromeas.
Ah, qué bien me conoces. Bromeo porque se me parte el alma.
Y, por cierto, gracias a las dos por mantener la calma con todo esto.
Ah, sí. Toma.
-¿Y eso? - Te lo contaré cuando no seas verde.
- Ah, ¿y ahora, qué? - Joder.
Joder.
- Gracias a Dios. - Dímelo a mí.
-¿Te han soltado? - Me he escapado.
-¿Y cómo? - Me dejaron solo en un cuarto,
así que corté la cinta aislante con una placa de metal.
¿Y lo mejor? Que se dejaron abierta la puerta de atrás.
Ah, no me jodas.
- Los has traído. - Sí.
- No, he escapado. -¡Mira!
Podría ser Amazon, FedEx...
-¿Cuántos tíos son? - No lo sé. ¿Ocho, nueve?
-¿Armados? - Hasta los dientes.
¿Qué pone?
"Dadnos toda la pasta o moriréis".
Ay, por Dios.
No nos dejan mucho margen.
¡Oh, hola, Anthony! ¿Cómo va todo?
¿Que quieres volver?
Bueno, siento que Justin te esté tratando mal,
pero vas a tener que apañártelas.
Pues... clávale un tenedor tú también.
Tengo que colgar. Quédate ahí.
Mami te quiere.
- Ay, por Dios. -¿Danny?
Dinos qué vas a hacer.
-¿A quién llamas? - A nuestro poli.
Carl, Danny Colavito.
¿A la Liga Policial le gustaría llevarse un millón en billetes sin marcar?
Os recomiendo que os agachéis.
¡Arma!
¿Veis qué bien?
Soy tu corredor de apuestas favorito. Llámame.
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