Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Pigmalión fue un personaje mitológico que se dedicó a la escultura.
Hizo una estatua de su mujer ideal, Galatea. Era tan hermosa...
que rogó a los Dioses que le dieran vida. Su deseo le fue concedido.
Bernard Shaw, en su famosa obra, da una moderna interpretación de este tema.
Hasta luego, chicas. Nos vemos en Piccadilly.
Hasta luego, Lisa. Sé buena.
¿Por qué?
- Encontró una tarántula la semana pasada. - ¿Una qué-tula?
Una tarántula. Es como una araña.
Tiene seis patas, y te pica con la cola.
¿Y qué hace con la boca?
Comer plátanos, hombre.
- Parece que va a llover. - Sí. Será una tormenta.
Lo que faltaba. ¿Dónde se habrá metido Freddy?
No creo que cueste tanto encontrar un taxi.
¡Taxi!
¡Taxi! ¡Taxi!
Ahora no encontrarán un taxi, con la lluvia y la salida de los teatros.
Oh, ahí está.
No se encuentra un coche por ninguna parte.
- No te habrás esforzado mucho. - ¡Por Dios, Freddy, qué torpe eres!
Ve otra vez y no vuelvas sin un coche, ¿entendido?
Lo único que conseguiré será mojarme.
¿Y nosotras qué, es que no te importamos?
Está bien, ya voy, ya voy.
Perdone.
¡Vaya, Freddy!, ¿por qué no mira por dónde va, cegatón?
Arrea, ha "tirao" "toas" las violetas al suelo.
¿Por qué demonios lo habrá hecho?
Como si no tuviese ya bastante trabajo.
¿Cómo sabe usted que mi hijo se llama Freddy?
Oh, ¿conque es su hijo, eh?
Pues si lo hubiera "criao" como Dios manda, no me hubiera "estropeao" mis flores...
y no se hubiera "largao" sin pagarlas.
- Aquí tiene, seis peniques. - Oh.
Muchas gracias señora.
- ¿Y cómo sabe que mi hijo se llama Freddy? - ¡Si no lo sé!
Yo la oí llamarle Freddy, así que no intente engañarme.
Oiga, nadie la quiere engañar, señora.
Le llamo Freddy o Charlie, igual que haría "usté"...
si quisiera ser simpática con un desconocido.
Vámonos, mamá. Acabas de tirar seis peniques.
¡Ánimo, Capitán!
Cuando aprieta más, quiere decir que se está pasando.
Vamos, cómpreme un ramillete.
- Lo siento, no tengo cambio. - Vamos, Capitán. Puedo cambiarle media corona.
Por favor, deja ya de molestarme. Te he dicho que no tengo cambio.
Toma dos peniques.
- ¡Taxi! - Gracias, Capitán.
Elisa, ten mucho cuidado.
Allí hay un fulano que está apuntando todo lo que dices.
Pero si no he hecho "na" malo hablando con ese señor.
- Soy una chica decente, sí que lo soy. - ¿Tú sabes qué le pasa?
Le digo la verdad, sólo le dije que me comprara una flor.
- Algo malo habrás hecho. - Es mejor que lo digas.
¿Qué es lo que ha hecho?
Un policía está tomando notas. Está ahí detrás.
¿Por qué está escribiendo "to" lo que digo?
Enséñeme eso ahora mismo.
¿Cómo voy a saber si lo escribe bien?
Oiga, ¿qué es eso?
¿Por qué no me lo lee "usté"?
No puedo leer eso.
"Ánimo, Capitán, cómpreme un ramillete."
Será porque le llamé "Capitán".
Perdone, no quise ofenderle.
Oh, señor, no deje "usté" que me denuncie.
Eso sería horrible para mí.
Me quitarán el permiso y me echarán a la calle por hablarle a un caballero.
Yo no voy a denunciar a nadie.
No he pedido a nadie que me proteja.
Todos han visto que la chica no tiene mala intención.
- ¡Claro que no, menudo entrometido! - ¡Anotando lo que dicen las personas!
La chica ni le ha dirigido la palabra.
No digan más tonterías. Nadie le ha echo nada. ¿Por quién me toman?
Tranquilos. No es un policía.
Es un caballero. Miren sus botas.
¿Un caballero? ¡Ja! Un entrometido. Eso es lo que es.
- ¿Qué tal su familia en Selsey? - ¿Qué?
¿Y tú cómo has venido tan al este? Naciste en Lisson Grove.
¡Oh! ¿Y qué hay de malo en irse de Lisson Grove?
Era una asquerosa pocilga...
...y tenía que pagar 46 a la semana.
Vive dónde quieras, pero por Dios, deja de llorar.
Nadie te va a hacer nada. Tienes derecho a vivir dónde te plazca.
En Park Lane, por ejemplo.
Yo soy una chica "mu" decente.
Oiga, ¿sabe usted de dónde soy?
De Hoxton.
Vaya, pues es verdad.
Demonios, usted lo sabe todo.
Alguien se lo habrá dicho.
¿Es capaz de adivinar de dónde es este caballero?
Sí. Dígale de dónde viene ya que se las da de pitoniso.
Sí.
- Sí, dígaselo. - Está bien.
De Cheltenham, Harrow, Cambridge...
India.
Es verdad.
Menudo susto me ha "dao", creí que era un policía.
¿Qué estará haciendo Freddy? Como tarde mucho cogeré una pulmonía.
- De Earls Court. - Por favor, guárdese sus observaciones.
¿Lo he dicho en voz alta? Perdone.
- Su madre es de Epsom, sin lugar a dudas. - ¡Qué curioso!
Me crié en Large Lady Park, cerca de Epsom.
Vaya nombrecito, ¿eh?
Oh, perdone. ¿Están buscando un taxi?
- ¿Cómo se atreve a hablarme? - Por favor, Clara.
Se lo agradezco. Lloviendo es muy difícil encontrar uno.
No sé si lo han notado pero ya ha dejado de llover.
Oh, es verdad. Clara, cogeremos el autobús.
¡Oh, el autobús no!
- Yo le puedo decir de dónde viene usted. - ¿De veras?
Del manicomio de Hanwell.
Manicomio de Hanwell.
Oh, gracias profesor.
¿Puedo preguntarle si se dedica a hacer esto en un music hall?
Pues lo he pensado y puede que un día lo haga.
¿Y cómo consigue hacerlo?
Simple fonética, la ciencia de la dicción. Es mi profesión.
- Ah, ¿sí? - También es mi hobby.
Se descubre a un hombre de Yorkshire y a un irlandés por su deje.
Yo noto las diferencias de dicción de 10 kilómetros.
Y de los distintos barrios de Londres.
Algunas veces, como en el caso de esa chica, de dos calles.
Por qué no se ocupa de sus cosas...
y deja que yo me ocupe de las mías.
Vamos, mujer, ya está bien de lamentaciones.
Tengo tanto derecho como "usté" a estar aquí.
Una persona que habla como tú, no tiene derecho a estar en ninguna parte.
Recuerda que eres un ser humano con un alma...
...y con el don divino de la palabra...
y que tu idioma es el de Milton, Shakespeare y la Biblia.
No te quedes ahí gimiendo como una paloma enferma.
- ¡Oh! - ¡"Ow"!
¡Cielos, qué sonidos!
¿Ha visto qué forma tan espantosa de expresarse?
Eso la mantendrá en los barrios bajos el resto de sus días.
En sólo tres meses podría hacerla pasar por duquesa...
- en la recepción de un embajador. - No, no, no.
Sí, y hasta le podría conseguir un empleo como dependienta cuando se exprese mejor.
"Usté" podría hacer que yo...
Sí, tú, hoja de col aplastada.
Deshonras la noble arquitectura de estas columnas.
Y personificas un insulto a la lengua inglesa.
Podría hacerte pasar por la reina de Saba.
¡Anda! No lo dirá de verdad, ¿eh, Capitán?
Bueno, todo es posible.
- Estoy estudiando los dialectos indios. - ¿De veras?
¿Ha oído nombrar al coronel Pickering, el autor de "Sánscrito hablado"?
- Soy yo. - ¡No!
- Sí. ¿Quién es usted? - Henry Higgins.
- No. - Sí. El autor del alfabeto universal Higgins.
- He venido de la India sólo para conocerle a usted. - Y yo iba a ir a la India para conocerle a usted.
- ¿Dónde se hospeda? - En el Carlton.
Ah, no. Se hospedará en la calle Wimpole, 27.
Cómpreme un ramillete, señor.
No tengo dinero "pa" poder dormir.
Mentirosa. Has dicho que podías cambiar media corona.
¿Pero es que siempre me ha de llevar la contraria?
¡Tenga. Llévese esta maldita cesta por 6 peniques!
Será una buena obra.
¡Oh!
Vamos, Pickering. Ha sido un encuentro agradabilísimo.
¡Oh! ¡Oh!
¡Oh!
Disculpe. ¿Ha visto usted a dos señoras que estaban aquí?
Se marcharon a buscar el autobús cuando dejó de llover.
Y ahora, ¿qué hago yo con el taxi? ¡Maldita sea!
No se preocupe, joven. Yo iré a casa en su taxi.
¡Eh! ¡Espere un momento!
Dieciocho peniques no significan nada para mí, Charlie.
Al Palacio de Buckingham, ¡y deprisa!
Buenas noches, Freddy.
¡Ver para creer!
El Palacio de Buckingham.
- ¿Cuanto, cariño? - Sólo un chelín.
Eres un miserable ladrón.
¡No te joroba! ¡Un chelín por dos minutos!
¿Has cogido un taxi alguna vez?
¡Cientos y miles de veces!
¡Miles de veces!
Hola.
Hola.
Hola, pequeño. Mira lo que traigo.
Como puede ver...
el oído humano es un aparato perfecto de grabar y amplificar.
Bien, ¿ha oído bastantes sonidos?
Asombroso.
Estaba orgulloso de mí mismo porque podía pronunciar 24 vocales diferentes.
Sus 130 me ganan. No consigo notar la diferencia entre ellas.
Oh, es sólo cuestión de práctica.
Estaba orgulloso de mí mismo porque podía pronunciar 24 vocales diferentes.
¡Santo cielo, soy yo!
No consigo notar la diferencia entre ellas.
Un micrófono oculto.
Para víctimas confiadas.
- ¿Qué ocurre, señora Pearce? - Hay una chica que desea verle, señor.
- ¿Una chica?, ¿qué quiere? - Dice que se alegrará al saber por qué ha venido.
Es una chica corriente.
Yo ya la hubiese despedido, pero como usted recibe a gente tan extraña...
- Está bien, ¿tiene un acento interesante? - Horroroso.
Bien, hágala pasar en seguida.
Creo que estamos de suerte.
La haremos hablar y anotaremos su pronunciación.
Pondré en marcha la máquina.
- Podremos escucharla cuando queramos. - Pasa.
Aquí tiene a la joven, señor.
¡Eres tú! ¡Oh, no nos sirve!
Ya tengo todos los apuntes que necesito de Lisson Grove.
Puedes marcharte. No te necesito.
¡Oiga, no tiene por qué despreciarme! Aún no sabe "pa" qué estoy aquí.
¿Le ha dicho que he "venío" en un taxi?
¿Crees que a un caballero como el señor Higgins le importa cómo has venido?
¡Vaya, qué orgulloso es!
Pero sé que da lecciones de pronunciación. Se lo oí decir.
Y si mi dinero no sirve, puedo ir a otra parte.
- ¿No sirve para qué? - No sirve "pa usté".
Ahora ya lo sabe.
He "venío" a que me de lecciones.
Además se las voy a pagar, puede estar seguro.
¡Vaya! ¿Qué le parece, Pickering?
¿Le pedimos a este objeto que se siente o la echamos por la ventana?
No me llame objeto, voy a pagar como si fuese una dama.
¿Qué es lo que quieres, muchacha?
Ser dependienta en una tienda de flores...
en lugar de venderlas en Piccadilly Circus.
Pero no me aceptan si no hablo mejor.
Él dijo que me enseñaría.
Pues aquí estoy. Y quiero pagar. No le estoy pidiendo ningún favor a nadie.
Sin embargo me trata como a una cualquiera.
Ya sé lo que cuestan las clases, y estoy dispuesta a pagar.
- ¿Cuánto? - Ah, parece que le interesa.
Ya sabía yo que bajaría los humos cuando viera que podía recuperar...
el dinero que me dio anoche.
- ¿Había "tomao" unos tragos? - Siéntate.
Oh, vamos, no haga "usté" cumplidos.
- ¡Siéntate! - ¿Cómo te llamas?
Elisa Doolittle.
¿Quiere sentarse, señorita Doolittle?
Oh. Muchas gracias, caballero.
¿Cuanto piensas pagarme por las lecciones?
Ah, no crea que va a engañarme.
Una amiga mía tiene un profesor francés...
...y le paga 18 peniques la hora.
No creo que "usté" se atreva a pedirme la misma cantidad...
...por enseñarme mi propio idioma, así que sólo le daré un chelín.
- Tómelo o déjelo. - Yo...
...lo tomo.
Sabe, Pickering...
...un chelín para esta chica equivale a 60 libras para un millonario.
Es la oferta más alta que jamás me han ofrecido.
- ¿Sesenta libras? ¿Qué dice? - ¿Quieres callarte?
- Yo no tengo 60 libras. - Nadie te va a quitar el dinero.
Te daré un escobazo si no dejas de lamentarte. ¡Siéntate!
Cualquiera diría que es "usté" mi padre.
Higgins, me interesa esto.
- ¿Entonces podría hacerla pasar por una duquesa? - ¿Lo duda?
Le consideraría a usted el mejor profesor del mundo si lo consigue.
Le apuesto todos los gastos a que no lo logrará.
- Y además pagaré las clases. - ¡Qué amable!
- Ven aquí. Anda, siéntate. - Gracias, Capitán.
Eres algo irresistible...
eres tan deliciosamente vulgar...
tan terriblemente sucia...
¡Eh! ¡Yo no estoy sucia!
Me lavé la cara y las manos antes de venir aquí.
Conseguiré hacer una duquesa de esta miserable criatura.
En seis meses... en tres, si tiene buen oído y sentido común...
...la llevaré a todas partes y la haré pasar por lo que quiera.
Empezaremos hoy, ahora mismo. Señora Pearce, llévesela y lávela.
Quítele las ropas y quémelas.
Cómpreselo todo nuevo y dele algo hasta que se lo traigan.
"Usté" no es un caballero. ¿Como se atreve a hablar así?
Soy una chica decente y conozco bien a los tipejos de su calaña.
No digas más tonterías, jovencita.
Has de aprender a comportarte como una duquesa. Vamos, llévesela, señora Pearce.
- Y si le causa problemas, azótela. - ¡Llamaré a la policía!
- Pero si no tengo dónde meterla. - Póngala en la basura.
- No puede recoger a una chica así nomás. - ¿Por qué no?
- Podría estar casada. - ¡Ah!
¿Lo ve?, la chica muy correctamente dice "¡ah!"
- ¿Quién iba a casarse conmigo? - Te aseguro, Elisa...
...que antes de que termine contigo, las calles estarán llenas de cadáveres de hombres...
...que se habrán matado por ti.
Este cuate está deschavetado. Me marcho. No quiero aprender nada de "loquillos".
¿Conque estoy loco? Muy bien, señora Pearce, no le compre ropa, despídala.
- Basta, Sr. Higgins, ve a casa con tu madre, hija. - Yo no tengo madre.
¿Lo ve usted? No tiene madre. Esta chica no le pertenece a nadie.
- No le sirve a nadie, sólo a mí. - Pero necesitará algún dinero.
¿Le pagará usted algo? Sea sensato, señor.
De ninguna manera, le daremos comida y ropa. Si le damos dinero, se lo beberá.
¡Embustero! ¿Qué se ha creído? Yo no soy una borracha.
Higgins, ¿no cree que la chica puede tener sentimientos?
Oh, no lo creo. ¿Los tienes, Elisa?
¡Claro que los tengo! No soy una "desgraciá".
- ¿Ve la dificultad, Pickering? - ¿Qué dificultad?
- Que hable correctamente. - Lo único que quiero es hablar como una dama.
No nos apartemos del tema, señor Higgins.
¿Qué será de ella cuando termine sus lecciones?
- ¿Y si la dejamos en el arrollo? - Eso será asunto de ella, no suyo.
Después la devolvemos donde estaba.
"Usté" es incapaz de sentir nada por nadie. Me voy. Ya he oído bastante.
¡Debería darle vergüenza lo que dice!
¡Eh, eh. Elisa!
¡Elisa.! Ven aquí, Elisa.
Vez aquí.
Toma un chocolate.
¿Qué sé yo lo que "puén" tener dentro?
Hay chicas que las han "envenenao" tipos como "usté".
Como prueba de mi buena fe.
No me la hubiese "tragao" pero estoy muy bien "educá pa" escupir.
Tendrás muchas cajas de chocolatinas.
Comerás lo que quieras.
Escúchame bien, Elisa.
Vivirás aquí seis meses...
...y aprenderás a hablar como las señoras de las tiendas de flores.
Si te portas bien y obedeces...
dormirás en una alcoba digna, comerás lo que quieras...
...y tendrás dinero para poder pasear en taxi.
Pero si te portas mal...
...dormirás en la cocina rodeada de cucarachas,
y la señora Pearce te dará buenos escobazos.
Dentro de seis meses irás al Palacio de Buckingham...
...en un carruaje, elegantemente vestida.
Y si el rey se entera de que no eres una dama...
...sus guardias te llevarán a la Torre de Londres...
...donde te cortarán la cabeza...
y será un escarmiento para las demás floristas.
Pero si no se entera...
...recibirás un regalo...
...para comenzar tu vida en una floristería.
Si no aceptas esta proposición...
...serás una chica desagradecida y malvada,
y los ángeles llorarán por ti.
¿Ha quedado satisfecho, Pickering?
¿Cree que podría ser más justo, señora Pearce?
Llévesela al baño.
"Usté" es un fanfarrón. No me quedaré si no me gusta.
No me interesa ir al Palacio de Buckingham.
Si lo sé no vengo.
Pero hija, por favor...
Yo no estoy sucia. Me lavé la cara y las manos antes de venir.
Hará una duquesa de esta criatura del arrollo.
¡No, eso no es normal! ¡Yo no me he "bañao" nunca!
No digas tonterías, Elisa. ¿No quieres ser dulce y limpia como una dama?
No podrás ser una buena chica por dentro si estás sucia por fuera.
- Ahora vete a tu cuarto y quítate la ropa sucia... - ¡Eso no está bien!
Vamos muchacha. ¿Acaso no te desnudas cada noche cuando te vas a dormir?
No. ¿Por qué iba a hacerlo? Me castigarían.
Me quitaré la falda.
- Vamos, Elisa, pórtate bien... - ¡No! ¡No!
Quítate la ropa y vuelve aquí.
¡Si llego a saber lo horrible que es estar limpia, no hubiera venido!
¡No sabía bien lo que estaba haciendo!
¡Eso no es decente!
- Vamos, ven aquí. - Oh, no, señora Pearce.
- Vamos. - No podría.
No lo había hecho nunca.
¡Oh!
¡Oh!
Vamos, ahora me dirás si el agua está bastante caliente.
¡No, señora Pearce, no! ¡No! ¡Socorro!
¡No, señora Pearce! ¡Basta! ¡Me está mojando!
¡Socorro! ¡Socorro!
¡Yo no había hecho esto antes!
¡No! ¡Socorro!
Higgins, perdone la pregunta...
pero, ¿es usted un hombre de buenas costumbres con las mujeres?
¿Ha conocido alguien con buenas costumbres respecto a las mujeres?
- Sí, muy frecuentemente. - Pues yo no.
He notado...
que desde el momento que permito que una mujer se haga amiga mía...
...se vuelve celosa, exigente y muy cargante.
Así que soy un perfecto solterón y lo seguiré siendo.
- ¿Café? - Gracias. Espero que me comprenda.
Supongo que no abusará usted de la situación de esa muchacha.
¿De ella? es algo sagrado, se lo aseguro.
He dado lecciones a docenas de millonarias americanas.
A las mujeres más guapas del mundo. Ya estoy acostumbrado.
Para mí son pedazos de madera.
Disculpe, señor Higgins.
- Quisiera hacerle una observación. - ¿Sí?
¿Tendrá mucho cuidado con lo que diga delante de la chica?
- Yo siempre tengo cuidado con lo que digo. - Oh, no, señor.
Delante de mí no importa. Ya estoy acostumbrada.
Pero no debe usted decir palabrotas delante de ella.
- ¡Yo no hablo así! ¿Qué diablos quiere decir? - Eso precisamente.
- No me importa que maldiga y diga palabrotas... - Señora Pearce...
Pero hay cierta palabra que le debo pedir que no utilice.
La chica la dijo en la bañera cuando notó el agua tan caliente.
De manera que le ruego que no la repita.
No puede acusarme de haberla pronunciado,
excepto quizás en un momento de justificada excitación.
Esta misma mañana, señor, la ha utilizado con las botas...
...la mantequilla y los huevos fritos.
Claro, ha sido una simple exclamación de desahogo.
- ¿Eso es todo? - Sí, eso es todo.
Deberemos tener mucho cuidado con esa chica además de tratarla con amabilidad.
Desde luego. Es muy importante.
Y he de rogarle que procure no bajar a desayunar en bata...
y que por favor, no la use como si fuera una servilleta.
Y recuerde que no debe poner la cafetera sobre el mantel...
...porque podría quemarlo.
Espero no haberle ofendido.
En absoluto. En absoluto, señora Pearce.
- ¿Eso es todo? - No, señor.
No creo que pueda volver a ponerle esta ropa.
¿Podría ponerle una de esas batas chinas que trajo usted del extranjero?
Claro, claro. ¿Qué demonios es eso?
No lo queme. Nos lo quedaremos como recuerdo.
¡Vaya! La señora Pearce tiene unas ideas muy raras sobre mí.
Fíjese bien, soy un hombre inseguro.
Sin embargo está convencida de que soy arrogante, arbitrario y dominante.
¿Sabe usted por qué?
- No puedo imaginarlo. - Ni yo tampoco.
Mucho me temo que he de decirle que ya empiezan los problemas, señor.
Fuera hay un barrendero llamado Alfred Doolittle.
Dice que tiene aquí a su hija. No me gusta su aspecto.
- ¡Dígale a ese bribón que pase! - Puede que no sea un bribón.
Claro que lo es.
- Le sacaremos algo interesante. - ¿Sobre la chica?
- No. Sobre su forma de hablar. - Doolittle, señor.
- ¿Profesor Higgins? - Sí. Buenos días.
Siéntese.
Buenos días, jefe.
- He venido a verle por un asunto muy grave. - Criado en Hounslow.
De madre galesa, eso creo.
¿Qué quiere usted?
Ya se lo imagina, quiero a mi hija.
Naturalmente.
Celebro que aún le quede algún sentimiento familiar.
Su hija está arriba. Tenga.
- Llévesela. - ¿Qué?
Oiga, jefe, ¿cree que esto es razonable?
La chica me pertenece. Usted la tiene aquí. ¿Qué gano yo con eso?
¿Cómo se atreve a venir para chantajearme?
- La envió aquí a propósito. - No, jefe.
Esto es un complot, una trampa, una extorsión para obtener dinero bajo amenazas.
- Llamaré a la policía. - Pero oiga, ¿acaso le he pedido un penique?
Que opine ese caballero.
- ¿Es que he dicho algo sobre dinero? - Entonces, ¿para qué ha venido?
Se lo diré.
Estoy dispuesto a decirle. Quisiera decirle.
Esperaba decirle.
Este hombre tiene cierto don natural para la retórica.
Observe ese ritmo especial al hablar:
"Estoy dispuesto a decirle. Quisiera decirle. Esperaba decirle."
Característico del País de Gales.
¿Cómo sabe que la chica está aquí si no la envió?
Ella mandó a buscar su equipaje y yo me enteré.
¿Equipaje? ¿Qué equipaje?
Tenía estas cosas, algunas fotos...
algo de bisutería y un loro.
Dijo que no quería nada de ropa.
Así que ¿qué iba yo a pensar?
Le pregunto como pariente, ¿qué iba yo a pensar?
¿Y vino a rescatarla de algo peor que la muerte?
Sí, eso es. Eso es.
Señora Pearce, es el padre de Elisa.
Ha venido a rescatarla de algo peor que la muerte.
- Entréguesela. - No, escuche...
No puede llevársela.
- Usted me dijo que quemase toda su ropa. - Es verdad.
No puedo llevarme a la chica por esas calles como si fuera un mono.
¿Y el vestido que llevaba?
¿Acaso lo quemé yo, o ha sido esta mujer?
Oiga, jefe.
Usted y yo somos hombres de mundo, ¿verdad?
¿Conque somos hombres de mundo?
- Puede retirarse, señora Pearce. - Por supuesto que sí.
Tiene la palabra, Doolittle.
Le doy las gracias, jefe.
La verdad es que usted me ha empezado a caer bien.
Bueno, eso es...
Y si quiere a mi hija, estoy dispuesto a dejársela.
Lo único que tenemos que hacer es ponernos de acuerdo.
Lo pasará muy bien con ella, es una chica muy guapa.
Como padre quisiera que se quedara junto a mí, señor.
Lo único que le pido a usted son mis derechos de padre.
Usted no esperaba que yo la dejara marchar así como así.
Es usted un hombre correcto, lo ha notado en seguida.
¿Qué significa para usted un billete de cinco libras?
¿Y qué significa Elisa para mí?
Señor Doolitle, las intenciones del señor Higgins son honorables.
Claro que lo son, jefe. Claro que lo son.
Si creyera que no lo son, le pediría 50.
Valiente granuja.
¿Quiere decir que vendería a su hija por 50 libras?
No, en términos generales no lo haría.
Pero para complacer a un caballero como usted sería capaz de hacer una buena acción.
Ah, ¡usted no tiene moralidad!
No puedo permitírmela, jefe.
Me gustaría que se pusiera en mi lugar.
Quizás le parezca inmoral,
pero si va a sacar provecho de esto, yo también quiero.
Tratándose de moralidad, me parece inmoral darle un penique a este individuo
pero creo que es de justicia darle lo que pide.
Eso es, jefe. No hay brazos como los de un padre.
No se preocupe, yo sé como tratar a esta clase de...
No, no, no lo enfoque así, por favor.
¿Qué soy yo, caballeros? Les pregunto que qué soy.
Bien, ¿qué es usted?
Soy tan solo un hombre pobre, eso es lo que soy.
Piensen lo que eso significa para un hombre.
Significa que está contra la moralidad de la clase media.
Si hay alguna diversión, yo intento participar.
Siempre me vienen con el mismo cuento.
Eres pobre y tú no tienes derecho.
Sin embargo mis necesidades son tan importantes como las de cualquier viuda...
...que obtiene seis pensiones cada mes...
...por la muerte del mismo marido.
Yo no necesito menos, sino mucho más.
No como menos que ellas.
Y bebo mucho más.
Por eso les pido que lo piensen detenidamente, caballeros.
Les pido que me escuchen.
Pido lo que merezco y lo merezco de veras.
Creo que "merecer" es una gran palabra.
Siéntese, Doolittle.
¿Sería capaz de regatearle a un hombre el precio de su hija...
a quien ha criado, alimentado...
...y vestido con el sudor de su frente...
hasta que creciera lo suficiente...
...como para interesarles a ustedes dos?
¿Es mucho pedir cinco libras?
Se lo pregunto y decidan ustedes.
Pickering, oiga. ¿le damos cinco libras?
- ¿No hará mal uso de ellas? - No, no. Se lo juro, jefe.
No lo ahorraré.
El lunes ya no tendré un penique.
Me correré una buena juerga con mi parienta.
Es irresistible. Le daremos diez.
No, no, no. Se lo agradezco mucho.
Diez libras es mucho dinero. Hacen que uno sea cauto.
Y eso significaría despedirme de la felicidad.
Así que deme lo que le pido. Ni un penique más, ni uno menos.
¿Está seguro de que no aceptará diez?
- No, ahora no, jefe. - Vamos, vamos.
En otro momento, quizás. Muchas gracias, jefe.
¿Ha visto?
Gracias a los dos, señores.
Perdone, señorita.
¡Pero bueno! ¿No reconoces a tu propia hija?
¡Andá mi madre, si es Elisa!
No pensé que quedaría tan guapa después de lavarse.
Ella es mérito mío, ¿verdad jefe?
Pronto aprenderá a comportarse con esas modas libertinas de ustedes.
Oye, soy una chica "honrá" y no pienso ser ninguna libertina.
Como vuelvas a decir que eres una chica honrada, tu padre te llevará a casa.
"Usté" no conoce a mi padre.
Ha "venío pa" sacarle a "usté" la pasta y emborracharse.
¿Y para qué otra cosa es el dinero?
- ¿Para echarlo en la limosna de la iglesia? - Hmm.
No te burles de mí o te voy a...
...como les faltes a esos dos caballeros te las tendrás que ver conmigo.
¿Has oído?
¿Tiene que darle algún otro consejo antes de marcharse?, su bendición, por ejemplo.
No, señor, nada de eso.
No soy tan tonto como para dar consejos sobre lo que yo sé.
Si quiere que Elisa aprenda, hágalo usted mismo.
Con la correa.
Adiós, caballeros.
¡Aw!
"A. A." Como en "padre."
"E. E."
Como en teja.
Repite después de mí.
- A. A. - A. E.
La lluvia en España...
La lluvia en España...
...siempre cae en la montaña.
...siempre cae en la montaña.
La lluvia en España siempre cae en la montaña.
La lluvia en España siempre cae en la montaña.
Bien, Elisa, ¿ves estas tres canicas?
- Sí. - Quiero que te las pongas en la boca.
Una, dos y tres.
No te preocupes, es sólo un ejercicio.
Ahora repite despacio lo que yo te diga:
Las depresiones atmosféricas al oeste de las islas...
se desplazarán lentamente en dirección oeste.
Las depresiones atmosféricas al oeste de las islas...
se desplazarán lentamente...
- ¡Me he "tragao" una! - No te preocupes. Tenemos más.
Las depresiones atmosféricas al oeste de las islas...
se desplazarán lentamente en dirección oeste.
Hampshire, Hereford, Hartford.
Hampshire, Hereford...
- ¡Caray, cómo salta! - Y lo hará siempre, Elisa.
Y lo hará siempre si no pronuncias correctamente.
Repítelo.
En Hampshire, Hereford y Hartford, los huracanes casi nunca les afectan.
En Hampshire, Hereford y Hartford,
los huracanes casi nunca les "afetan".
Casi nunca les afectan.
Casi nunca les afectan.
Oh.
¿Cómo está "usté"?
¡Mal, mal, mal! Dilo otra vez.
No te esfuerzas. Repítelo.
No está bien, Elisa.
No está mal.
- Podríamos hacer que practicara con alguien. - Pues...
Ya sé. Con mi madre.
- Henry. - Hola, madre.
¿Cómo es que has venido hoy? Sabes que hoy no recibo.
- Me prometiste que no vendrías. - Lo olvidé.
- Vuelve a tu casa. - Pero si he venido a propósito.
- Escogí a una chica. - Querrás decir que una chica te escogió a ti.
- No, no se trata de un asunto amoroso. - Oh, ¡qué lástima!
- ¿Por qué? - No te enamoras de una mujer menor de 45.
No me gusta perder el tiempo con las jovencitas. Todas son tontas.
¿Sabes qué podrías hacer si me quisieras de verdad, Henry?
- Casarme, supongo. - No.
Deja ya de moverte. Y sácate las manos de los bolsillos.
¡No te sientes en la mesa! La romperás.
Ven y háblame de esa chica.
Pues verás. Vendrá a verte esta noche.
No recuerdo haberla invitado.
- No, pero lo harías si la conocieras. - Ah, ¿sí? ¿Por qué?
Es una simple florista. La conocí en Covent Garden.
¿Y la has invitado aquí?
No te preocupes. La he enseñado a hablar correctamente.
Sólo tocará dos temas, el tiempo y la salud de todos.
- "Bonito día," "¿Cómo se encuentra usted?". - Será agradable.
Lo es... y no lo es.
¿Qué quieres decir con eso?
Verás, he logrado que pronuncie correctamente,
pero no se trata sólo de cómo pronuncia sino qué pronuncia.
- La señora, la señorita y el señor Eynsford Hill. - Oh, Dios mío.
- Celebro que hayan venido. - Querida...
- Freddy. - ¿Cómo está usted?
Conocen a mi hijo. Oh.
Mi hijo Henry.
- La señora Hill. La señorita Hill. - Es un placer, encantado.
- El señor Hill. - Gracias.
¿Su célebre hijo? Tenía muchas ganas de conocerle, profesor Higgins.
He visto su cara en alguna parte pero no tengo la menor idea de dónde.
Pero no importa. Madre, escucha...
Lamento decir que mi célebre hijo no es muy educado.
- No le haga caso. - No se lo haré.
- El coronel Pickering. - ¿cómo está usted, señora Higgins?
- El reverendo y la señora Birchwood. - ¿Cómo? ¿Más gente aún?
- ¿Cómo está usted? - Es un placer.
- ¿Le ha dicho a su madre para qué vinimos? - No pude, nos interrumpieron.
- ¿Les molestamos? - No, en absoluto.
Nada de eso. Necesitamos dos o tres personas más.
Servirán igual que cualquier otro. Siéntese.
¿Quieren disculparme? Coronel Pickering, Henry.
¿Qué hace con mi sombrero?
Coronel Pickering, necesito saberlo. ¿Qué ocurre exactamente en la calle Wimpole?
- ¿Esa chica es una criada? ¿Qué es? - El mayor y la señora Rawcroft.
Señora Higgins, debo contárselo.
Todo el asunto es extremadamente interesante.
Es el experimento más absorbente que jamás he realizado.
- La chica llena nuestras vidas. - Siempre estamos hablando de Elisa.
- Enseñando a Elisa. - Vistiendo a Elisa. - ¿Cómo?
No he conocido un oído más rápido que el de ella, tiene oído de cotorra.
- La chica es increíble. - Le he enseñado los sonidos más inconcebibles.
¿Entiendes?
Oh, sí. Está todo clarísimo.
La señorita Doolittle.
¿Cómo está usted, señora Higgins?
El profesor Higgins dijo que podía venir.
En efecto, querida. Encantada de conocerte.
El coronel Pickering, si no me equivoco.
¿Cómo está usted, señorita Doolittle?
¿Profesor... Higgins?
Sigue con el tiempo y la salud.
Señora Hill, la señorita Doolittle.
Estoy segura de que nos hemos conocido. Recuerdo sus ojos.
- Es un placer. - Dios mío, ahora lo recuerdo.
Covent Garden. ¡Qué casualidad!
Mi hijo, Freddy.
- Encantado. - ¿Cómo está usted?
Estoy seguro de que ya he tenido el placer.
Eh, ¿crees que lloverá?
La lluvia en España, dicen, siempre cae en las montañas.
Eso dicen.
Muy cierto, señorita Doolittle. Pero en...
Hampshire, Hereford y Hartford,
nunca les afectan los huracanes.
- ¿De veras? - Casi nunca, señorita Doolittle.
¡Qué gracioso!
¿Qué le ocurre a usted, joven? Apuesto a que lo dije bien.
Para morirse.
Oh, disculpe.
Espero que no empiece a hacer frío. Hay una gran epidemia de gripe.
Cada primavera ataca a nuestra familia.
Mi tía murió de gripe.
Eso dicen.
Pero yo estoy convencida de que a la vieja la escabecharon.
¿La escabecharon?
Puede darlo por seguro.
¿Por qué iba a morir de gripe cuando había resistido la difteria el año anterior?
Es posible que no fuera difteria. Hay veces que...
Oh, pero si la vi con mis propios ojos.
Estaba prácticamente morada.
Todos creyeron que estaba muerta,
pero mi padre, siguió deslizándole ginebra en la garganta...
...hasta que se recuperó tan de repente, que dio un mordisco a la cuchara.
¡Qué horrible!
Así que, ¿como es posible que una mujer con tanta fuerza...
...se muera por una gripe?
Ah.
¿Y qué habrá sido del sombrero de paja...
...que me debía dejar a mí?
Bien, ¿qué habrá sido?
Pues que alguien se lo birló.
Así que mi opinión es,
que el tipo que se lo birló también la escabechó.
¿La escabechó?
- Podría aclararme... - Sí, es un argot nuevo, reverendo.
Pero, es imposible que usted crea que a su tía la mataron.
¿No?
Los que vivían con ella la hubiesen despachado por un alfiler de sombrero, no digamos un sombrero.
Lo que no me parece correcto es que su padre...
...le hubiese dado a beber alcohol.
- Eso podría haberla matado. - A ella no.
La ginebra para ella era como tomar el pecho de su madre.
Además, como él también estaba acostumbrado a empinar el codo sabía que le iba a sentar bien.
- Qué cosa más terrible para usted. - A él nunca le ha hecho daño.
Él siempre estaba más simpático cuando se atizaba un trago.
Cuando no tenía trabajo,
mi madre le daba un chelín...
...y le decía que se largara y que no volviera a casa...
...hasta que estuviese de buen humor.
Qué encanto.
Muchas mujeres tienen que acicalar a sus maridos para vivir más felices con ellos.
Oiga. ¿Se puede saber de qué se ríe?
De ese argot nuevo, lo hace usted tan bien...
Si lo estaba haciendo bien, ¿por qué se está riendo?
¿He dicho algo que no debía?
No, nada, señorita Doolittle.
Vaya, me alegro muchísimo.
Yo siempre digo que cuando...
Bien,
He de marcharme.
Adiós, señora Higgins.
- Celebro haberla conocido. - Adiós, querida.
Adiós, reverendo.
- Adiós, Coronel Pickering. - Adiós, señorita Doolittle.
Adiós...
Adiós a todos.
Disculpe, señorita Doolittle, ¿va usted a pasear por el parque?
- Porque si lo hace... - ¿Caminar? Ni hablar, joven.
Voy a coger un taxi.
Oh, es inútil.
Nunca sería capaz de decir esa palabra, "escabechar".
Oh, no.
No es obligatorio hacerlo.
Podrá decir lo que quiera, pero estoy avergonzado.
No debió hacerlo.
Puede que nos hayamos precipitado un poco pero pronto lo arreglaré.
Es inútil, Higgins. Tendrá que aceptarlo. No es justo para la pobre chica.
- Será mejor que lo deje. - Tonterías.
Dije que haría pasar a esa chica por una duquesa,
y eso es lo que voy a hacer.
Tenga. ¿Ve esto?
Es una invitación de la embajada de Transilvania, yo la acompañaré.
- Está loco. - Le aseguro que esa chica es capaz de todo.
¡Elisa. Elisa!
¡Deja ya de lloriquear!
Elisa, ¿quieres otra oportunidad?
¿Trabajarás?
¡Bien!
¡No, no, no! ¡Repítelo!
- Lo intentaré. - ¡No, no, no!
¡Te lo he dicho 500 veces! Me vas a volver loco.
- Vamos, Higgins, sea razonable. - Una vez más.
No.
- Soy el Sr. Freddy Hill, vengo por la Srta. Doolittle. - Lo preguntaré, señor.
- Gracias. - ¡Échelo!
Escúchame bien, Elisa.
Está ocupada.
La señorita Doolittle.
¡Oh! ¿Porqué no puedes hacerlo así?
- Está aquí otra vez. - Pues échelo, échelo.
Vamos. Ahora los dos juntos. Un, dos, tres.
Eso está mejor.
Escucha con atención, Elisa. "Ha sido usted muy amable al invitarme."
Escucha.
- Dilo. - Ha sido usted muy amable al invitarme.
No, no. Dilo de nuevo.
Ha sido usted muy amable al invitarme.
- Oh, soy el señor... - Ya lo sé.
Está aquí otra vez.
Es inútil, señor.
¿Me concede este baile, Srta. Doolittle?
Levántate. "Sí, con mucho gusto."
- Con mucho gusto. - Vamos.
Un, dos, tres. Un, dos, tres. Un, dos, tres.
No tiene sentido del ritmo. Mira cómo lo hago con Pickering.
Un, dos, tres. Un, dos, tres. Un, dos, tres.
¿Lo ves? Intentémoslo otra vez.
"Tomar la sopa sin hacer ruido es propio de una dama."
Contéstame, Elisa. ¿Cómo has de dirigirte a un embajador?
- Excelencia. - Bien.
Ahora imagínate que estás ante un arzobispo. ¿Cómo te dirigirías a él?
- Su santidad. - ¡No, no, no!
Un arzobispo, no el papa.
- Su señoría. - ¡No!
- Ilustrísima. - Bien.
- ¿Y un embajador? - Excelencia.
- Un arzobispo. - Ilustrísima.
- A la reina. Un archiduque. - Su majestad.
¡Oh, socorro!
- Son ya las 3:00, señor Higgins. - ¿Nada más?
Vamos, Elisa, empezaremos otra vez.
- Un embajador. - Excelencia.
- Un arzobispo. La reina. - Ilustrísima. Majestad.
- Un archiduque. Un cardenal. - Señoría. Reverencia.
- ¡Vamos, Elisa! - No lo sé.
Son las cuatro y media, señor Higgins.
Ahora lo repasaremos todo desde el principio.
No puedo. No puedo.
Yo lo estoy haciendo con una jaqueca tremenda, ya lo creo que podrás.
Yo también tengo dolor de cabeza.
¡Pues toma esto entonces!
Un embajador.
¡Excelencia!
Vamos, Higgins. Sea razonable.
Siempre soy razonable.
Bien, Pickering. Ha llegado el momento.
Hay que mandar a buscar modistas, peluqueros expertos en maquillaje,
manicura y demás parásitos.
¿Había visto algo igual?
Ah, ya lo tengo. Camelia, camelia, camelia.
- Eso es. ¿Lo ve? - No.
- ¿Y con otras flores? - No, no.
Más barro.
- ¿Está preparado? - Casi.
- ¿Nervioso? - Un poco. ¿Y usted?
No, ni lo más mínimo.
Ni lo más mínimo.
¡Maestro! ¡Maestro!
- ¿No me recuerda? - No, ¿dónde nos hemos conocido?
Pero si soy su primer discípulo, su mejor y más importante discípulo.
He hecho su nombre famoso en toda Europa.
Usted me enseñó fonética. No puede olvidarme. Soy Aristid Karpathy.
¿Cómo, Aristid? ¿Por qué no se corta el pelo?
Si me corto el pelo pasaré desapercibido.
No tengo su importante apariencia, su barbilla, sus cejas.
¿Qué hace aquí, entre estos finolis?
Soy indispensable en estas fiestas internacionales.
Usted puede identificar a cualquiera en Londres en cuanto abre la boca.
- Yo lo puedo identificar en toda Europa. - Disculpe, señor.
Le necesitan arriba. Su excelencia no puede entender al caballero griego.
Ah, sí. Voy en seguida.
Ese diplomático griego dice que no habla ni entiende nuestro idioma.
Pero a mí no me engaña.
"Hasta luego, viejo."
- ¿Ese Karpathy es de verdad un experto? - Mi mejor discípulo.
Pero Dios ayude al maestro que es juzgado por sus discípulos.
Si ve a Elisa, estamos perdidos. Olvidémonos de la apuesta.
¡Tonterías! Es un idiota.
Bien, Elisa, ha llegado la hora.
¿Preparada?
Si ese individuo se entera de lo de Elisa, nos chantajeará.
Que lo intente.
Su alteza, la duquesa de Kerr.
El almirante Sir Charles Brown Phelby.
Señorita Elisabeth Doolittle, Coronel Pickering,
Profesor Higgins.
- ¿Cómo está usted, Coronel Pickering? - Mucho gusto.
- Permítame presentarle a la señorita Doolittle. - Encantada.
Ha sido usted muy amable al invitarme.
Oh, es un placer.
- Buenas noches. - Ah, profesor. Buenas noches.
¿Quién es la chica tan encantadora que le acompaña?
- ¿Es pariente suya? - No, mía no.
Tiene una mirada lejana, como si siempre hubiese vivido entre flores.
Pues es cierto, entre flores.
Hay algo que he observado en los ingleses, duquesa.
- Y es que... - Sí, me encanta observar a los ingleses.
Ahora vamos a observarles. Acompáñeme, querida.
Oh, señor. Menudo aburrimiento con los ingleses.
Y está equivocado como todos los embajadores.
Fíjese, es el lugar menos adecuado...
para encontrar pareja.
Tiene ahí un conocido suyo.
Se ha presentado como alumno suyo. ¿Es un buen alumno?
Puede aprender un idioma en dos semanas.
Sabe docenas de ellos... la marca segura de un idiota.
¿Vuestra excelencia está interesada en la señorita Doolittle?
Sí.
- ¿Podría averiguar quién es? - Excelencia.
Lord Wilshim y Lady Wilshim.
Me siento como Noé, a bordo del arca, mirando cómo se llena.
Ya sabe, dos de cada.
- Coronel Pickering... - Cuénteme más sobre ese caballero griego.
¿Caballero? Es el hijo de un relojero de Clerkenwell.
Habla inglés tan vilmente...
...que no pronuncia una palabra sin revelar su origen.
Le ayudo a fingir...
...pero le hago pagar un dineral.
Les hago pagar a todos.
Y ahora, profesor Higgins, Me encantaría...
...que me presentara a la señorita Doolittle.
Oh, no, no. ¿No ve que está hablando con una duquesa?
¡Profesor Higgins!
El hombre que esperaba conocer. Soy Ysabel del Sun.
Y yo Perfide del Globe.
¡Qué gente más extraordinaria parece haber en todas partes!
Extraordinaria.
Coronel Pickering, desafortunadamente nos han interrumpido.
- ¿Sería tan amable de presentarme a? - Bueno, yo...
¿Recuerda que tuvo la amabilidad de dar un discurso a la Sociedad de Damas Oradoras?
- Disculpe, pero... - No, esta vez es nuestro.
Encantado.
- No puedo creer que sea cierto. - Lo es querida.
- Una cosa más... - Dígame.
Lo he descubierto todo sobre ella.
- ¿Y bien? - Es una...
Pickering, ¿sabe qué ha ocurrido?
Encantadora.
La señorita Doolittle, señora.
Mi querido amigo, espero que no se crea nada sobre ese Karpathy.
El juego ha acabado. Lo ha descubierto todo sobre ella.
Oiga, Pick, mire eso.
- ¿Quién es? - No puedo imaginarlo.
Querida, a mi hijo le gustaría mucho bailar contigo.
Si se me permite el honor.
Cuando se enteren las esposas de los embajadores habrá un lío de los mil demonios.
No me lo perdería por nada. Disculpe.
- Venga, Aristid. Debe decírnoslo. - No.
- Díganos lo que sepa sobre la señorita Doolittle. - No, ese es mi secreto.
Pero se lo diré a su excelencia.
Ella tiene derecho a saber quién es la señorita Doolittle. Ella es una...
- Estrella de cine. - Oh, no. Es un fraude.
- ¿Un fraude? - Oh, no. - Sí, sí.
- A mí no me engaña. No puede llamarse Doolittle. - ¿Por qué?
Porque Doolittle es un nombre inglés, y ella no es inglesa.
- Pero habla perfectamente. - Demasiado perfectamente.
¿Puede mostrarme un inglés que hable inglés como debe hablarse?
No hay tal cosa. Los ingleses no saben hablar su idioma.
Sólo los extranjeros a los que se ha enseñado lo hablan tan bien.
- Sí, hay algo de eso. - Pero si no es inglesa, ¿qué es?
- Húngara. - ¿Húngara?
Sí, húngara y de sangre real.
Soy húngaro. Tengo sangre real.
- ¿Habló con ella en húngaro? - Lo hice. Fue muy lista.
Dijo, "Por favor, hábleme en inglés. No entiendo el francés."
¡Francés! Fingía no saber la diferencia entre el húngaro y el francés.
- Tonterías. Conoce ambos. - Y la sangre real, ¿cómo lo supo?
Instinto, maestro. Instinto.
Sólo los magiares húngaros pueden producir ese legado de derecho divino...
...esas mejillas altas, esos ojos resueltos.
Es... una princesa.
- Ahora sé quién es. - ¿Quién?
¡No!
Mire su perfil. Es el del antiguo duque.
- ¿Qué dice, profesor? - ¿Yo?
Digo que es una vulgar chica cockney salida del arroyo.
- La sitúo en Covent Garden. - ¡Maestro, maestro!
Está obsesionado con los dialectos cockney.
El arroyo londinense es el mundo para usted.
- La chica es sin duda una... - ¿Una princesa?
Hmm. Como usted diga, maestro.
Como usted diga.
Oiga, Pick. Cierre, haga el favor. No volveré a salir.
¿Se ha ido la señora Pearce a dormir? ¿No vamos a querer nada?
- No, no, no. - La señora Pearce se va a enojar si dejamos esto aquí.
- Ya lo recogerá. Pensará que estamos borrachos. - Y lo estamos... un poco.
- ¿Ha habido correspondencia? - No me he fijado.
Señor, ¡qué noche! ¡Qué gente!
Qué cantidad de tonterías. Gracias a Dios que ha terminado.
- ¿Dónde demonios están mis zapatillas? - Ganó su apuesta.
Elisa lo consiguió con creces.
Al principio era interesante, pero luego me cansó.
Todo ha sido un gran aburrimiento.
- La recepción fue muy emocionante. - Los primeros tres minutos.
En cuanto vi que íbamos a ganar fácilmente perdí el interés.
Para mí se acabaron las duquesas artificiales... Mire, aquí están.
Debo decir que Elisa lo hizo realmente bien.
Mucha gente real lo hace continuamente.
Esos idiotas ni siquiera conocen su negocio.
Se acabó. Puedo ir a dormir sin temer el mañana.
También yo me voy a acostar. Ha sido un gran triunfo para usted.
Sí, lo ha sido.
- Buenas noches. Buenas noches, Elisa. - Buenas noches.
Apaga las luces, Elisa. Y dile a la señora Pearce que no me traiga café por la mañana.
Tomaré té.
¿Dónde diablos he puesto las zapatillas?
¡Aquí tiene sus zapatillas! ¡Y aquí!
¡Tenga sus zapatillas! ¡Y que no vuelva a tener suerte con ellas!
¿Qué sucede? ¿Pasa algo malo?
No, no pasa nada malo con usted.
He ganado su apuesta, ¿no? Es lo único que cuenta.
Supongo que yo no importo.
¿Has ganado mi apuesta? ¿Tú? Insecto presuntuoso, lo he hecho yo.
¿Por que me tiras las zapatillas?
Porque quería darle con ellas en la cara.
Quisiera matarle, bruto.
¿Por qué no me deja dónde me encontró, en el arroyo?
Gracias a Dios que todo ha acabado y puede devolverme allí.
Bueno, bueno, la criatura está nerviosa después de todo.
¿Verdad? ¡No te atrevas a mostrarme tu genio! ¡Siéntate y estate quieta!
¿Qué va a ser de mí? ¿Qué va a ser de mí?
¿Cómo puedo saberlo? ¿Qué importa qué va a ser de ti?
No le importo. Sé que no le importo. No le importaría que estuviese muerta.
- Para usted no soy más que esos zapatos. - Zapatillas.
Zapatillas.
Creía que eso ya daba lo mismo.
¿Puedo preguntar qué queja tienes del tratamiento que te hemos dado?
¿Alguien se ha portado mal contigo?
¿El coronel Pickering, la señora Pearce, algún sirviente?
Supongo que no pretenderás que me he portado mal contigo.
- No. - Ah. Bien, me alegro de oír eso.
Quizás estés cansada de la tensión de todo el día.
- Ten. Un chocolate. - ¡No!
- ¿No? - ¡No! Gracias.
Bueno, todo ha acabado. No hay de qué preocuparse.
No.
No tienes de qué preocuparte.
Oh, Dios... Quisiera estar muerta.
¿Por qué? En el nombre de Dios, ¿por qué?
Escucha, Elisa.
Esta irritación es subjetiva.
No entiendo. Soy una ignorante.
Son solo imaginaciones, estás decaída nada más.
Nadie quiere hacerte daño. No pasa nada.
Ahora ve a la cama a dormir como una buena chica.
Llora un poco, di tus oraciones... y te sentirás mejor.
Ya escuché sus plegarias.
"Gracias a Dios que todo ha acabado."
Bueno, ¿no te alegras de que haya acabado? Eres libre. Puedes hacer lo que quieras.
¿Y dónde encajo? ¿Dónde ha hecho que yo encaje?
¿Dónde voy a ir? ¿Dónde voy a ir?
¿Qué será de mí?
Oh, así que eso es lo que te preocupa, ¿no?
Oh, encajarás en un sitio u otro.
Pero no me había dado cuenta...
...de que te ibas a marchar.
Querrás casarte, supongo.
No eres fea.
A veces es un placer mirarte.
Por supuesto, ahora que has llorado eres tan fea como un demonio, pero...
cuando estás tranquila,
eres lo que yo llamaría atractiva.
Sobre todo para las personas que quieren casarse.
Ahora ve a la cama y descansa.
Cuando te levantes y te mires en el espejo no te verás tan mal.
Puede que mi madre te encuentre algún joven que te vaya bien.
- En Covent Garden estamos por encima de eso. - ¿A qué te refieres?
Vendo flores. No me vendo yo.
Ahora que me ha hecho una dama, no puedo vender nada.
Ojalá me hubiera dejado dónde me encontró.
Pero no tienes que casarte si no quieres.
- ¿Qué más puedo hacer? - Muchas cosas.
¿Y tu idea de ser florista en una tienda? Pickering podría ayudarte.
Tiene mucho dinero.
Oh, estarás bien.
Me voy a la cama. Estoy muy cansado.
A propósito vine por algo. Olvidé lo que era.
Sus zapatillas.
Oh, sí, claro.
Me las tiraste a la cabeza.
- Antes de que se vaya... - ¿Eh?
¿Mis ropas me pertenecen o son del coronel Pickering?
¿Para qué las querría Pickering?
Podría quererlas para la próxima chica con la que experimente.
¿Eso piensas de nosotros?
No quiero oír nada más.
Sólo quiero saber qué me pertenece. Quemaron mis ropas.
¿Qué sucede? ¿Por qué molestarse por eso en medio de la noche?
Quiero saber qué puedo llevarme.
- No quiero que me acusen de robar. - ¿Robar?
Elisa, no debes decir eso. Demuestras pocos sentimientos.
Lo siento. Sólo soy una chica ignorante.
Y en mi posición debo ir con mucho cuidado.
No puede haber sentimientos entre la gente como usted y la gente como yo.
¿Haría el favor de decirme qué me pertenece y qué no?
Oh, puedes llevarte toda la maldita casa si quieres.
Todo menos las joyas. Son alquiladas. ¿Te basta con eso?
Espere, por favor. ¿Quiere llevárselas a su dormitorio para que estén a salvo?
No quiero correr el riesgo de que se pierdan.
Dámelas.
Si estas joyas fuesen mías, ahora mismo te las haría tragar.
Este anillo...
No es del joyero.
Es el que me compró en Brighton.
No lo quiero.
- ¡No me pegue! - ¿Pegarte, criatura infame?
¿Cómo me acusas de algo así? Eres tú quien me ha herido.
- Me has herido en el corazón. - Me alegro.
¡Me alegro! ¡Al menos he conseguido algo!
Has conseguido que pierda la compostura, algo que raramente me había pasado antes.
Prefiero no decir nada esta noche. Me voy a la cama.
Es mejor que deje una nota a la señora Pearce sobre el café,
porque yo no le voy a decir nada.
¡Maldita la señora Pearce, maldito el café, maldita tú, y maldita mi propia estupidez...
...al haber prodigado mis conocimientos ganados con esfuerzo...
...y el tesoro de mi aprecio e intimidad...
...en una golfilla sin corazón!
¿Qué está haciendo aquí?
Eh, eh... nada.
En realidad, paso aquí la mayor parte de las noches.
Es el único sitio donde soy feliz.
- No se ría de mí, señorita Doolittle. - No me llame señorita Doolittle.
Elisa es suficiente para mí.
- ¿Dónde va? - Al río.
- ¿Para qué? - Para cavar un hoyo.
- ¿Un hoyo? ¿Por qué? - Freddy.
Usted no piensa que yo sea una golfilla sin corazón, ¿verdad?
No, querida. ¿Cómo puede pensar algo así?
Creo que es la más maravillosa... la más adorable...
Vamos, vamos, vamos.
- Esto no es París, ¿saben? - No. Lo siento, agente.
Elisa. Elisa.
- Déjeme darle un beso. - Bueno, ¿Por que no deberían besarme?
¿Por qué no podría alguien enamorarse de mí? Béseme otra vez.
- ¡Béseme otra vez! - De acuerdo.
Pero bueno, ustedes dos, ¿qué pasa aquí?
- ¿Estaba molestando a esta joven? - No, alguacil, claro que no.
- Entonces muévanse, rápido. - Como diga, señor.
Vaya, si es...
Perdón, señorita.
¿Compra una flor a una pobre chica?
Gracias, señorita.
Señor.
Su café, señor.
¿No le dijo Elisa que me trajera té?
No me lo ha dicho. Se ha ido.
- ¿Ido? - Eso he dicho y eso he querido decir.
¡Señora Pearce! ¿Dónde demonios está mi agenda?
- ¡No sé que citas tengo! - Elisa lo sabría.
- ¡Pero no está aquí, maldición! - ¡Entonces encuéntrela, maldición!
¿Qué es lo que dice ese inspector?
- ¿Ha ofrecido una recompensa? - ¡Shh.! ¿Qué?
- ¿No puede ayudarnos a encontrarla? - Entonces, ¿para qué sirve la policía?
Puede que crean que tenemos algún proyecto poco honesto.
Me preocupa que le pase algo.
¿Dónde diablos estará?
- ¿Has visto a Elisa Doolittle? - No.
Oye, madre, tengo un maldito problema.
- Buenos días, querido. ¿Qué es? - Elisa ha huido.
- Buenos días, coronel Pickering. - ¿Qué voy a hacer?
Me temo que tendrás que arreglártelas sin ella, Henry.
La chica tiene derecho a irse si ella quiere.
- Puede haberla pasado algo. - ¿Qué podemos hacer?
No tienes más sensatez que un niño, ninguno de los dos la tiene.
Debes haber asustado a la pobre chica.
Difícilmente le he dicho una palabra. ¿La molestó cuando yo me fui a la cama?
Fue exactamente al contrario. Me tiró las zapatillas a la cara.
En cuanto llegué, me golpearon las zapatillas en la cara antes de pronunciar una palabra.
Y usó el lenguaje más perfectamente horrible.
No puedo decir que me sorprenda.
¿Entonces me dices que tras todo ese duro trabajo...
después de hacerlo todo bien por ti sin un solo error,
los dos se sentaron sin dirigirle ni una palabra?
Bueno, no hicimos discursos si te refieres a eso.
¿No se lo agradeciste, la elogiaste, ni la admiraste?
Y ella sólo te tiró las zapatillas.
Yo te hubiera tirado los utensilios de la chimenea.
Señor Henry, un caballero quiere verle.
- Ahora no puedo ver a nadie. - Estaba sentado en Wimpole Street.
- ¿Quién es? - El señor Doolittle, señor.
¿Doolittle? ¿Un basurero?
¿Basurero? Oh, no, señor. Un caballero.
Hágale pasar.
Por San Jorge, Pick, debe ser algún pariente al que ella ha ido a ver.
Alguien a quien no conocemos, familiares de categoría.
Ahora averiguaremos algo.
¡Doolittle!
¿Qué demonios le ha pasado?
Henry Higgins, ¿ve esto? Mírelo. Usted ha hecho esto.
- ¿Hacer qué? - Mire este sombrero. Mire este abrigo.
Buenos días, señor Doolittle. ¿No quiere pasar?
- Gracias, señora. - ¿Qué le ha hecho mi hijo?
Me ha arruinado, ha destruido mi felicidad.
Me ha atado y echado en manos de la moral de clase media.
Está delirando, está borracho, está loco. Le di cinco libras.
Después, tuve dos conversaciones con usted por media corona la hora.
- No le he visto desde entonces. - ¿Loco yo? ¿Borracho yo?
Dígame. ¿Escribió o no a un tipo en América...?
Diciéndole que el moralista más brillante del momento en Inglaterra...
era Alfred Doolittle, un vulgar basurero?
¿Quién, Ezra D. Wannafeller, Jr.?
Oh, recuerdo hacer alguna broma tonta sobre eso.
Bien puede llamarla broma tonta.
Pero desde luego a mí me ha afectado.
Le dio usted la oportunidad de demostrar que los americanos no son como nosotros...
...que reconocen el mérito de cualquiera...
...por humilde que sea.
Esas son las palabras que dice en su maldito testamento dejándome 3,000 libras anuales...
...a condición de que hable para la liga de la reforma moral...
...un máximo de seis veces al año.
Esto resuelve el problema del futuro de Elisa.
Ahora puede ayudarla.
Sí, ahora esperan que mantenga a todos con 3,000 al año.
Él no la mantendrá porque no le pertenece. Le pagué 5 libras por ella.
- Doolittle, o es usted honesto o un granuja. - Un poco de ambos.
- ¿Ha encontrado a Elisa? - ¿La ha perdido?
- ¡Sí! - Vaya. Tiene usted suerte.
No la he encontrado, pero ella me encontrará a mí cuando sepa lo que tengo.
- Oiga, ¿quiere escucharme? - Espere aquí un momento, señor Doolittle.
Henry, tengo una sorpresa para ti.
- ¿Realmente quieres ir donde está Elisa? - Sí. ¿Dónde está?
Dice que quiere verte en términos amistosos,
y echar borrón y cuenta nueva.
Está bien. ¡Pickering!
- ¿Dónde está? - Prométeme que te comportarás, Henry.
Buenos días, Coronel Pickering. Hace una mañana bastante fría, ¿no cree?
Oh, ¿cómo está usted profesor Higgins? Espero que se encuentre bien.
Claro que sí. Usted nunca está enfermo.
¿No se sienta, coronel Pickering?
No juegues a esto conmigo.
¡Levántate y ven a casa! Y no hagas tonterías.
Muy hermosamente expresado, Henry. Ninguna mujer resistiría esa invitación.
Deje que ella hable.
No hay ni una idea que yo no haya puesto en su cabeza.
Como te digo, he creado esta cosa con hojas aplastadas de col...
...de Covent Garden.
Ahora pretende ser una dama conmigo.
¿Me echará usted ahora que el experimento ha terminado, coronel Pickering?
No debe tomarlo como un experimento.
Oh, Sólo soy una hoja aplastada de col.
Le debo tanto a usted que me sentiría muy desgraciada si me olvidara.
He aprendido con usted buenos modales.
- Y eso es lo que hace a una dama, ¿no? - ¡Ja!
Efectivamente, ahí está la diferencia.
Sin duda. Pero él le enseñó a hablar. Yo no hubiera podido.
Por supuesto. Esa es su profesión.
Era como... aprender a bailar con elegancia.
Nada más que eso.
- ¿Sabe cuando comenzó mi educación? - No.
Cuando me llamó Srta. Doolittle...
...el primer día que fui a la calle Wimpole.
Ahí comencé a respetarme a mí misma.
Ya ve, la diferencia entre una dama y una florista no es cómo se comporta...
...sino cómo se la trata.
Ahora sé que para el profesor Higgins siempre seré una florista...
...porque siempre me trata como a una florista, y siempre lo hará.
No rechines los dientes, Henry.
Pero sé que para usted puedo ser una dama...
porque siempre me trata como a una dama, y siempre lo hará.
Es muy amable al decir eso, señorita Doolittle.
Me gustaría que desde ahora me llamara Elisa, si usted quiere.
Gracias.
Elisa.
Por supuesto.
Y quisiera que el profesor Higgins me llamara Srta. Doolittle.
- Antes te veré en el infierno. - Henry. Henry.
Pero, volverá, ¿verdad?, ¿perdonará a Higgins?
¿Perdonarme?¡Por San Jorge George! Deje que se marche.
Deje que sepa lo que es estar sin nosotros.
En tres semanas sin que yo esté junto a ella, volverá al arroyo.
¿No volverás verdad?
No, nunca.
No creo que pudiera emitir aquellos sonidos aunque quisiera.
¡Ja, ja.! ¿Qué le dije? ¡Victoria!
¡Victoria!
¡Henry!
Elisa, no ha sido culpa mía.
Tu madrastra...
...Henry... Mire, Henry... Oh.
- Coronel, se me hace tarde para la boda. - ¿Boda? ¿Qué boda?
- La mía. - ¿La suya?
Sí. A pesar de todo lo que he dicho y hecho, mi mujer...
...va a casarse conmigo.
La ceremonia me pone extrañamente nervioso, jefe.
- Ojalá viniera a ayudarme. - Ya lo ha hecho antes.
- Ya se casó con la madre de Elisa. - ¿Quién le ha dicho eso, jefe?
- Nadie, pero creo que es lo natural. - No, no.
No es lo natural, jefe.
Eso es de clase media.
No se lo diga a Elisa. No lo sabe.
- Siempre me dio vergüenza decírselo. - Está bien.
¿Quiere venir a la iglesia y ver como nos casan?
Con mucho gusto, si puedo ayudarle siendo soltero.
¿Puedo ir yo también? Sentiría perderme su boda..
Estaremos muy honrados con su presencia, señora.
Mi pobre esposa lo tomará como la mejor de las atenciones.
Últimamente se ha sentido muy triste...
...pensando en los días felices del pasado.
Elisa... tu madrastra va a casarse conmigo.
¿Vendrás a la iglesia?
He pedido el coche, querida.
Espérame. El coronel Pickering se ocupará de la cámara nupcial.
"Cámara nupcial."
Vaya palabra.
Hace que un hombre entienda su posición.
Hasta luego. Nos vemos en la iglesia.
La moral de clase media solicita a su víctima.
Elisa.
Bueno, Elisa, ya es hora de dejarse de niñerías.
¿Has tenido bastante? ¿Serás razonable? ¿O quieres más?
Si desea volver a tenerme deberá controlar su genio...
eliminar sus groserías y tratarme con dignidad.
- No he dicho que vuelvas. - ¿Entonces de qué hablamos?
De ti, no de mi.
Si regresas, te trataré como siempre te he tratado.
No puedo cambiar mi naturaleza, y no pretendo cambiar mis maneras.
- Y son las mismas que las del Coronel Pickering. - Eso no es cierto.
Trata a una florista como si fuera una duquesa.
¡Yo trato a una duquesa como si fuera una florista!
Ya veo. A todos por igual.
No me importa cómo me trate.
No me importa que me insulte.
Ni me importa un ojo morado. Ya lo he tenido antes...
¡Pero no admito que me desprecie!
Pues apártate de mi camino, no te detengo.
- Me hablas como si yo fuera un autobús. - Porque lo es...
...todo brusquedad y prisas sin consideración por nadie.
De una vez por todas, comprende que sigo mi camino y hago mi trabajo...
...sin importarme un penique qué nos suceda.
Así que puedes regresar o irte al diablo, lo que prefieras.
- ¿Y por qué he de volver? - Por puro placer.
Por eso te admití.
¿Y podrá echarme mañana si no hago todo lo que usted quiera?
Y te podrás marchar mañana si yo no hago todo lo que tú quieras.
- ¿Y vivir con mi madrastra? - Sí.
O vender flores. ¿O prefieres casarte con Pickering?
No me casaría con usted si me lo pidiera, y usted está más cerca de mi edad que lo es él.
Que él.
Hablo como quiero.
Ya no es mi profesor.
No sé lo que dirá Pickering, pero...
...es un hombre tan convencional como yo.
No es eso lo que quiero y usted lo sabe.
Tengo amigos que me quieren.
Freddy Hill me escribe dos y tres veces al día.
- Hojas y hojas. - ¡Maldito descarado!
Tiene derecho si quiere, el pobre. Y él me quiere.
No tienes derecho a alentarle.
- Cualquier chica tiene derecho a ser amada. - ¿Por tontos como ese?
¡Freddy no es tonto! Si es débil y pobre y me quiere,
quizás me haga más feliz que otros mejores...
...que me molestan y no me quieren.
Puedo prescindir de usted, créame.
Nunca me has preguntado...
...si yo puedo prescindir de ti...
Tendrá que prescindir de mí.
¡Puedo prescindir de todo el mundo!
Tengo mi propia alma, mi propia chispa de fuego divino.
Pero te echaré de menos, Elisa.
Lo confieso humilde y agradecidamente.
Me he acostumbrado a tu voz y aspecto.
Incluso me gustan.
Bueno, tiene ambos en su gramófono y en su álbum de fotos.
Cuando se sienta solo puede ponerlo. No podrá herirlo.
No puedo hacer funcionar tu alma.
Oh, es usted un demonio.
Puede retorcer el corazón de una chica como otros retuercen un brazo para herirla.
Quiero un poco de amabilidad.
Ya sé que sólo soy una chica ignorante...
...pero no tiene por qué pisotearme.
Lo que hací...
Lo que hice...
...no fue por los vestidos y los taxis...
...sino porque era agradable estar juntos, y llegué...
...llegué a quererle...
...sin olvidar la diferencia entre nosotros...
y sin querer que me hiciera el amor, sino como...
...como dos buenos amigos.
Por supuesto, Elisa. Así es exactamente como me siento.
Y como Pickering se siente.
- Elisa, eres una tonta. - Esa no es una respuesta adecuada.
Si me encuentras frío...
...y sin sentimientos, vuelve al arroyo.
Qué vida más agradable la del arroyo.
Es real, es cálida, es violenta.
No como la ciencia, literatura, música clásica...
...la filosofía y el arte.
Piensas que soy frío, sin sentimientos, un egoísta. ¿Verdad?
Muy bien. Pues cásate con un idiota sentimental...
...con unos labios anchos para besarte...
y unas botas duras para darte patadas.
Si no aprecias lo que tienes, será mejor que tengas lo que puedas apreciar.
- No puedo querer a quien no me quiera. - ¡Oh, Elisa, eres una idiota!
Desperdicio el tesoro de mi mente con alguien como tú.
Oh, no puedo hablar con usted. Todo lo vuelve en contra mía.
Usted sabe muy bien que no puedo volver al arroyo...
...y que no tengo más amigos en el mundo que usted y el coronel.
Cree que debo volver a Wimpole Street porque no tengo dónde ir si no es con mi padre.
Pero no esté tan seguro de que me tiene bajo su bota para tratarme como quiera.
¡Me casaré con Freddy, en cuanto pueda mantenerme!
¿Qué, con ese joven idiota? Te casarás con un embajador.
Te casarás con el virrey de la India.
Mi obra de arte no se perderá en los brazos de Freddy.
Cree que me halaga oírle decir eso, pero no he olvidado lo que me dijo hace un momento.
Si no puedo tener amabilidad, tendré independencia.
Independencia... eso es una blasfemia de la clase media.
Cada uno de nosotros depende de los demás, de todo el mundo.
Le dependeré cómo no dependo de usted.
Si usted puede sermonear, yo puedo enseñar. Seré profesora.
¡Ja! ¿Y de qué vas a ser profesora?
De lo que usted me enseñó. Enseñaré fonética.
Me ofreceré como ayudante del profesor Karpathy.
¿De ese imbécil? ¿Ese impostor? ¿Ese estúpido ignorante?
Como des un solo paso hacia él te retorceré el cuello, ¿me oyes?
¡Vamos, hágalo! ¿Qué importa? Sabía que algún día me pegaría.
- ¡Oh! - Ahora sé cómo tratarle a usted.
Oh, qué tonta fui al no ocurrírseme antes.
Está acabado, "Enry Iggins".
Y me importan muy poco sus amenazas y su hablar elegante.
Cuando pienso en mí...
...arrastrándome ante usted...
...siendo pisoteada y despreciada,
cuando lo único que tenía que hacer era levantar un dedo para ser tan fuerte como usted...
...oh, empezaría a darme bofetadas.
Por San Jorge, Elisa, dije que te convertiría en una mujer y lo he conseguido.
Me gustas así.
¿Ahora que no le tengo miedo y puedo valerme sin usted, quiere hacer las paces?
Claro que puedes valerte sola.
Hace cinco minutos eras una piedra alrededor de mi cuello.
Ahora eres una torre de fuerza, un enorme acorazado.
Adiós, profesor Higgins.
¡Eh! ¡Yo no estoy sucia!
Me lavé la cara y las manos antes de venir aquí. De veras.
Conseguiré hacer una duquesa de esta miserable criatura.
En seis meses... en tres, si tiene buen oído y sentido común...
Me lavé la cara y las manos antes de venir aquí.
De veras.
¿Dónde demonios están mis zapatillas, Elisa?
Subtitulado por mexview México CDMX 2023
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.