All language subtitles for La risaia (color) 1956

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Original subtitles

# Mamá ven a recogerme. #

# ven a recogerme a la estación. #

# Cuando baje del tren quiero estar en tu regazo. #

# Cuando baje del tren quiero estar en tu regazo. #

# Y quiero contarte. #

# Mi vida allá en el arrozal. Mi vida en el arrozal te la quiero contar #

¡Rápido! ¡Vamos!

¡Venga!

Rápido, ven, estate pegada a mi. ¡Elíjamos un buen lugar!

- Esta cama es mía. - Yo he puesto la maleta.

¡Incluso el año pasado fue mío!

- ¡Venga! ¡Rápido! - ¡Tú te quedas aquí! - ¿Pero a ti que te importa?

Donde estoy yo no se hacen abusos. ¡Vete! ¡Vete!

Vamos, ¡daros prisa en instalaros!

- ¿No se come? - Sí. - Tú que haces, ¿duermes? - Me duele aquí.

Rápido, ve a comer. ¡Se te pasará el dolor!

-¿Y esa de quién es? - Es mía.

- Está prohibido traer niños. - No sabía donde dejarla.

La excusa habitual...

- ¿Dónde la lleva? - Al asilo. ¿No querrás llevarla al arrozal?

Oh, no... no llores. Nos veremos enseguida. Haz como los indios.

Muy bien, muy bien. Mi pequeña. Ven.

- Mamá. - Sí, "muñequita" mia. Ven, ven!

¡Mamá!

- Bonini Gabriella. - Correcto.

- Antonini Antonia. - Correcto.

- Paoletti Agnese. - Marcelli Elvira.

- Carpi Giuliana. - Gallini Piera.

- Lucani Vera. - Moratti Giuseppina.

- Piovano Amelia. - Correcto. - Barlati Rachele. - Correcto.

- Leretti Carmen. - Correcto. - Sassi Giovanna.

Tú nombre no está aquí. ¡Eres una ilegal!

Mi hermano no trabaja y yo lo necesito.

Te entiendo,pero ¿qué puedo hacer? No soy yo quien manda aquí.

¡Se lo ruego!

Está bien, más tarde hablaré con el patrón, y veremos que se puede hacer.

- ¡Gracias! - Puedes irte.

- Adelante otra. - ¡Venga otra!

- ¿Qué haces? ¿Estás ciega? - Un poco. Paola Bussi. - Vamos, otra.

- Franca Varelli. - Correcto.

- Date prisa. - Voy. - Donati Fausta.

- Acari Carla. - Teolesi Francesca.

- Patizzi Angela. - Buenos días, Señor Pietro.

- Cattani Concetta. - Correcto.

- Casè Maria Luisa. - Correcto. - Ogliari Domenica. - Correcto.

- Ogliari Virginia. - Correcto. - Nardi Elena. - Correcto.

- ¿Cómo has dicho que te llamabas? - ¡Nardi! Elena Nardi.

Sigue adelante.

Cavallari Carolina.

Señor Pietro, si quiere comprobar el forraje, el camión está cargado.

- Eppis Mariuccia. - Correcto.

- Bolzenaro Paolina. - Bracci Ida.

¿Han llegado todas?

- Podrías por lo menos responder cuando te pregunto. - ¿Qué has dicho?

¿Ya es la hora?

Es difícil levantarse. Estoy más cansada de lo que estaba anoche.

- Es ya la hora de ir a trabajar. - Qué sueño...

- 5 minutos y tendremos los pies en el agua. - Hasta la tarde.

Vamos.

Rapido, tesoro, ¡despierta! Ocuparán los baños.

- Vamos, ¡chicas! ¡Despertad! - Venid, chicas, ¡daros prisa!

- ¡Dame la toalla! - Toma, ¡cógela!

¡Qué fría está el agua!

- ¿Pero qué haces? ¿Plantas el giavone en el sitio del arroz? - ¿El giavone?

- Sí, ¡la mala hierba! - No lo sabía, es la primera vez que vengo.

¡Podrías aprender! Y tú, Carmen, ¡enséñala!

Ya tienes a quien te protege. O quizás tampoco sabe.

Puedo enseñarte a ti también, ¿sabes?

¡Vosotras las de Cremona sois muy valientes hablando!

¡Y cierra esa boca!

¡Lávate esa cara de mona!

¿Os habéis vuelto locas? ¡Basta ya! ¿Pero qué haces? ¡Basta ya!

¡Las gafas! ¡Las gafas!

¡Las gafas!

- ¡No hemos empezado nosotras! - ¡Han sido esas de Novara!

- ¡Silencio! - ¡Callaros!

El contrato de trabajo lo deja claro: ¡aquí se trabaja, no se pelea!

Sí, bonito discurso. ¡Me gustaría verle a usted!

Silencio! ¿Qué es todo este escándalo?

- ¿Qué pasa? - Hemos despedido a esta cuadrilla. - ¿Por qué?

Una de esas peleas habituales. Han sido estas quienes han empezado.

- ¡Defendiendo siempre a las lugareñas! - ¡Trabajan mejor que vosotras!

Ahí lo tiene, ¿lo escucha? Son ellos los que las protegen. ¡Están de acuerdo!

- ¡Silencio! - ¡Callad!

- Es el patrón. Encomendémonos a él. - ¿Pero qué imagen estamos dando?

¿Qué me importa? Yo no puedo volver a casa sin dinero. ¿Lo entiendes?

- No seas cobarde. - ¡Déjame! - Esperad un momento.

- Para ellos es culpa nuestra. - Perdone, usted es el patrón, ¿verdad?

- ¿Por qué? - Si es así, depende solo de usted que nos vayamos o no.

Si dos han peleado, ¿le parece justo quitarle el pan a todas?

Lo sabíais, cuando pasa algo, ¡lo paga toda la cuadrilla!

¡Pero es absurdo! ¿Cree qué es fácil regresar así?

- ¡No hemos venido de vacaciones! - ¿Quién ha comenzado?

He sido yo. Hago la maleta y me voy, pero al resto déjelas en paz.

¿De acuerdo?

¡Un momento!

Por esta vez te perdono. Pedid disculpas y volver al trabajo.

- ¡Gracias! - ¡Deprisa! ¡Al trabajo!

- ¡Elena, valiente! - ¡Gracias! - ¡Gracias!

Gracias.

Tú, espera un momento.

- ¿De dónde vienes? - De Milán. - ¿Has vivido siempre en Milán? - Sí.

- ¿Es la primera vez que vienes a trabajar aquí? - Sí, ¿por qué?

No lo sé. Me parecía... ¿Cuántos años tienes?

19. Casi 20. ¿Quiere saber alguna cosa más?

¿Me estás esperando? Márchate.

- Escucha, desde ayer quería decirte... - ¿Qué quiere?

Es difícil explicártelo, pero cuando te vi por primera vez, yo...

Perdóneme, debo alcanzar a mi cuadrilla.

Si no llega a ser por ti, ¡nos habrían expulsado a todas!

- ¿Habeis visto al patrón como la miraba? - ¡Tiene un admirador secreto!

- ¡Qué tonterías! - ¿Te ha pedido una cita?

No. ¡He venido aquí para ganarme la paga!

¡A mi no me habría desagradado haber impresionado al patrón!

- Buenos días, señor Mario. - ¿Estas quienes son? ¿Llegan ahora?

- No, ha habido una pelea. Las habíamos despedido. - ¡Con mi tío no se juega!

¡Qué va! Ha sido él mismo quien las ha perdonado!

¡¿Él?! ¿Qué ha pasado? ¡Esto es el fin del mundo!

Incluso nosotros nos hemos quedado asombrados.

- Pero lo entiendo. - ¿Qué dices?

- ¡Vaya tela! ¿Quién es? - La cuarta, aquella que camina sobre el dique.

¡Ha sabido escoger el viejo!

- Está bien, adiós. - Hasta luego.

- ¡Mario! - Ah, eres tú, ¿tía?

Hace seis días que no se te ve.

Tienes razón, pero he tenido tantas cosas que hacer.

Ten cuidado, que él te busca

- ¿Y por qué? ¿Qué quiere? - No lo sé. Siempre pregunta si has vuelto.

- ¿Pero te ha dicho algo? - No. Ya sabes como es tu tío. Conmigo no habla nunca.

Jamás hemos hablado.

- Pero... ¿qué puede querer? ¿Has hecho algo? - ¡Qué va!

¡Ahí llega! Que no nos encuentre aquí. Vayamos hacía allá.

- ¡Hola, tío! - ¡Por fin! Te esperaba.

Sí, me lo ha dicho la tía. ¿Por qué?

- ¿No te lo imaginas? - ¡No! Si te digo la verdad...

- Mira. - ¿Qué es eso?

- ¡Una letra! - Bueno, me parece que no es algo grave.

No... Solo que en lugar de firmarla con su nombre, la ha firmado con el mío!

- ¿Sabes que por esta artimaña puedo mandarte a prisión? - No, ¡Pietro!

- ¿Pero qué dices? - No tengas miedo. No es necesario que lo mande yo.

Al final, antes o después, acabará en prisión él solito!

Y ahora llora. ¡La culpa es suya! Si te hubiera tratado como te merecías...

Tienes razón, me he equivocado.¡ Pero no me parece que sea para montar una tragedia!

He usado tu nombre porque estaba seguro de poderla retirar.

- Necesitaba dinero. - ¿No te basta con lo que te da tu tía?

Nunca es suficiente. Y además, tener dinero a credito es excitante.

Firmar sobre un pedazo de carta ¡y te dan el dinero!

Yo no tengo crédito y por eso he puesto tu nombre.

Es bonito ser tan querido. ¡Debe dar satisfacción!

¿Qué es esta comedia? ¡Menos hablar!

- Si lo intentas otra vez te denuncio, ¿entendido? - Está bien...

La culpa es de las mujeres.

Verás... las que me gustan a mi, me cuestan.

Tú, sin embargo, das un vistazo, eliges...

...e incluso te dan las gracias.

- ¿Qué quieres decir? - Nada... He oido hablar de ciertas chicas despedidas.

Y ha bastado una orden tuya para que no se fueran.

- Esas chicas te lo reconocerán, ¿no?. - ¿Quién te ha dicho esa estupidez?

¿Entonces no es cierto? ¿Qué tiene de malo? Son las ventajas de ser el patrón.

La he visto, ¿sabes?

La he visto... la morena que te gusta.

¡No está nada mal! Tienes buen gusto, tío. Felicidades.

¡Imbécil!

Estábamos seguras que hoy te quedarías en la cama.

- Se ve que realmente tienes necesidad de trabajar. - Efectivamente, lo necesito.

- ¿A quién has dejado en casa? - A mi madre. - ¿Sólamente? - Sólamente.

- ¿Dónde vais? - A coger el autobús para Novara. - ¿Y usted?

A Novara. ¿Queréis que os lleve?

- ¿Podemos fiarnos? - ¿De qué tenéis miedo? ¡Sois cuatro!

- ¿Pero dónde vais? - El señor nos va a llevar a Novara.

- No hagamos perder el tiempo a las señoras. - ¡Sube!

Es necesario que os sentéis tres derás, si no no hay sitio.

¡Vaya viaje! ¡Me ha dejado sin aliento!

- Me gusta correr. ¡Es divertido! - Me pregunto cuánto puede esperarse...

- Yo no tengo prisa. ¿Y vosotras? - Oh, ¡nosotras tampoco!

- Gracias, no fumo. - ¿Puedo saber por qué va a Novara?

Claro. Despúes de una semana de trabajo no es divertido quedarse en la granja.

Y... ¿la espera alguien?

No. Es la primera vez que voy.

- Entonces, necesita que la acompañe. - No, estoy habituada a ir sola.

¡Mal! La soledad es una grave enfermedad.

Pero... basta con ser dos y se cura rápidamente. ¿No le parece?

¿No cree que tengo razón?

Aquí hacen los mejores helados de Novara.

- ¡Qué bonito! ¿Qué los hace usted? - ¡Efectivamente! Adelante, ¡bajad!

- Espere usted. - ¿Por qué? - ¡Antonio! - Dígame, señor Mario.

Todo lo que consuman las señoritas, ¡corre de mi cuenta!

Hazme quedar bien. ¡Adiós!

¿Pero qué hace? ¡Párese!

- ¡Qué ignorante! - ¿Pensabas que le habías gustado? - ¡No es mi tipo!

- ¿Y ahora que hacemos? - Visto que paga él los helados, tomémoslos.

Sí, y no solo los helados. La cerveza, la pasta, todo aquello que queramos!

¡Camarero!

- ¡Camarero! - ¡Camarero! - ¡Camarero!

- ¡Que náuseas, me siento mal! - Te has "zampado" todos estos helados!

¡Hubiera sido mejor haber ido al cine!

Mientras tanto, aquella será seducida como una princesa en aquel coche.

Sube... ¿de verdad no querrás hacer todo el camino andando?

Mira que estamos a 15 kilómetros de Novara y a 12 de la granja.

- ¡No me importa! - No seas estúpida. ¡Tanta historia por un beso!

- Ah, usted es un... - ¡Sí, un sinverguenza!

Tienes razón. Lo reconozco.

Pero es tan bonita.

- Váyase. ¡Qué se vaya! - Es inútil que grites. - ¡Déjeme!

Las mujeres que se resisten me gustan todavía más.

¿Qué le pasa? ¿No funciona?

- ¿Dónde va usted? - Hacia Casalina, ¿por qué?

- ¿Puede acercarme hasta el autobús para Novara? - Claro, suba.

- No, gracias, me siento detrás. - Pero estará incómoda. - No, estoy muy bien.

¿Estaba estropeado, eh?

Siempre es así: os hacéis las simpáticas, os dejáis seducir por los cochazos...

...y cuando os dejan tiradas en la carretera, siempre hay un idiota que os lleva a casa.

¿Bien? ¿Te has quedado sin habla?

¿Sabe lo que le pasó hace tres años a una chica como usted, por esta zona?

A la mañana siguiente la encontraron estrangulada en una cuneta.

Lo pagó un poco caro, ¿no?

Oh, ¡por fin!

- Qué ha pasado? - No lo se, ¡este maldito motor no funciona!

Está bien, lo haremos andar sin motor.

Lo siento, pero ahora debe bajar. Necesitamos hacer maniobra.

- Necesito engancharlo al chásis. - Lo sé, ¡traiga aquí! No es la primera vez que me pasa.

Aquí. ¡No! ¡El enganche es aquí!

- Está bien, no se enfade. - ¡Lo engancho siempre aquí!

¿Ha visto? Eso es... ¿ha visto?

Ya está hecho.

- ¿Y ahora dónde nos ponemos? - ¿Dónde quieren ponerse? Suban al coche.

Rápido, vamos. ¡Id por el otro lado!

Detrás no puede ir. Debe sentarse delante. Non es por mi, está prohibido.

- ¿Pero quién es esa chica? - ¿Y yo qué sé? - ¡Tú nunca sabes nada!

Evelina,¡déjalo estar...!

Apuesto a que ahora está arrepentida.

Hubiera preferido quedarse con el otro, ¿no?

Bien, se entiende. ¡Yo no soy tan divertido y elegante como él!

¡Basta! ¡Basta! ¡Déjelo ya!

Lo siento.

Yo creía que... escuche...

Hágame el favor, no llore más. Me está emocionando hasta mi...

Oh, eso es, buena chica. ¡Me siento mejor ahora!

Y disculpe si le hablado así.

A veces ni siquiera yo se lo que digo.

No es por eso. ¿Cuánto falta para la granja?

Casi hemos llegado.

Pero, perdone... ¿qué va a hacer en la granja?

- Trabajo allí. - ¿Arrocera? - Sí.

- ¡Qué raro! No se diría. - Sin embargo...

- Gracias. - De nada

- Ha esperado demasiado para sonreir, pero... - Estaba de mal humor.

Eh, ya, entiendo. De todas formas... espero... quiero decir...

Si me la volviera a encontrar, me encantaría.

A mi también.

- Eh, ¡jovenzuelo! ¿Qué hacemos? - ¡Un momento! ¡Qué prisas!

- Vaya, lo esperan - Hasta pronto. - Hasta pronto.

- Oiga, usted. - Diga.

- ¿No tiene otro momento para hablar con su novia? - ¡¿Novia?!

¿Lo ha oído? ¡Gracias por el deseo!

- Elena - Dígame. - El capataz te buscaba.

En tu contrato de trabajo los datos personales están incompletos.

- ¿Por qué? ¿Qué falta? - El nombre de tus padres. Eres menor.

Entiendo. Maria Nardi, mi madre. Y ya está. ¿Qué más quiere saber?

- ¿Dónde vives en Milán? - ¿Estoy obligada a decírselo?

- No, pero siempre puede ser útil. - Perdóneme. Buenas tardes.

Me pregunto que querría de ella el patrón.

- Está claro que entre él y ella... - ¿Habéis visto como la miraba?

¡Bravo, tío! Es una amiguita difícil, ¿verdad?

Yo lo he intentado... pero me ha ido mal.

Lo volveré a intentar.

Ten cuidado. Si te atreves a tocarla, ¡te rompo la cabeza!

- Pietro. - ¿Qué pasa?

- ¿Te vas? - Me voy a Milán. - ¿Cuándo vuelves? - Cuando haya acabado. Adiós.

¡Despierta! ¡Es tarde! ¡Rápido, señores! ¡Pigroni! ¡Despierta!

Perdóneme señora, ¿conoce a una tal María Nardi?

- Lo siento, no la conozco. Hace poco que vivo aquí. - Gracias.

Ah, sí, ¡Maria! Vivía sola con una niña.

Era lavandera, después se fue, creo que hacia la zona de la Bovisa.

- Gracias. - De nada

Maria... Ah, sí, ¡hace muchos años!

Pero se fue. Me parece que a la via Magenta, pero ha pasado tanto tiempo.

Gracias.

- Buenas tardes, señor. ¿Una mesa? - La señora Nardi. María Nardi.

- ¿Nardi?! - Me han dicho que me acercara aquí. - María Nardi...

Ah, ¡la Maria! Un momento.

- Espere un momento. - De acuerdo.

Por aquí, por favor. Tú, ¡acompáñalo!

Venga.

- ¿Ya están los higados de pollo? - ¡Ya están! - Ahí la tiene. - Gracias.

- ¡Un risotto y una bismark! - Rápido.

- Dos tagliateli a la boloñesa - De acuerdo.

María.

Tú...

- ¿Qué quieres? - Quiero saber la verdad.

- Dime, ¿cuándo lo dejamos, esperabas un niño? -¡ No!

No hablaré, ¡no te diré nada! ¡No tienes ningún derecho a saber nada!

- Habla. te digo Debes decirme la verdad. - ¡No. ¡No!. ¡No!

He conocido a una muchacha. Todo coincide. Fecha, nombre, todo.

- Es nuestra hija, ¿verdad? - No...

- ¡Es hija tuya! - ¿Hija mía?!

- ¿Por qué has venido a buscarme? - Ni tan siquiera yo lo sé.

- Un día oí un nombre... - ¿Y entonces?

Y tuve un presentimiento. Aquel nombre no se me iba de la cabeza.

He preguntado, he buscado y finalmente me las he arreglado para encontrarte.

¿Para qué? ¿Para ver en lo que me he convertido?

Aquí estoy: La pobre mujer que está harta de sufrir y de llorar.

No, María. ¡Necesito saberlo todo!

¿Saber el qué? ¿Cómo he vivido?. ¿Cuánto he sufrido?

Humillaciones, hambre, verguenza...

Saberlo todo... nos llevaría mucho tiempo.

Mi padre no quiere perdonarme y yo nunca lo he buscado.

Como tampoco te he buscado a ti.

Así que hice de criada. ¡Y lo soy todavía!

¿Has visto? Al principio vivía bajo las familias de los señores...

...pero no era fácil encontrar a alguien que me aceptara a mi y a la niña.

Y cuando no encontraba trabajo, no tenía nada para comer.

¿Entiendes? ¡Nada!

Tú no puedes saber lo que eso significa

...nada para comer y una niña que llora... ¡y no atiende a razones!

- Pobre criatura. - Ya. ¡Pobre criatura! Ahora te da pena.

Déjame que te explique.

¿El qué? ¿Por qué me abandonaste? ¿Por qué nunca me buscaste?

Da igual. No me interesa.

No quiero justificarme.

Está feo lo que hice, pero lo he pagado duramente.

He sido débil. No he sabido rebelarme.

Me casé con la mujer que quisieron mis padres porque era rica.

- ¡Hiciste bien! Al menos habrás sido feliz. - No.

No hay nada más miserable...

...que dos seres condenados a estar juntos para siempre, sin amor.

Pero es inútil hablar de mi. Mejor dime, ¿qué puedo hacer ahora?

¡¿Por mi?! ¿Qué quieres hacer ahora?

¿Ofrecerme otra vez dinero? Ya lo hiciste entonces. ¿Recuerdas?

- Sería demasiado humillante. Déjalo estar. - No puedo.

No puedo, ahora que te he visto, que he sabido de ti.

Al menos quiero hacer cualquier cosa por ella. Por mi hija.

¡¿Tu hija?! ¿Cómo puedes llamarla así? ¿Qué tiene ella de ti?

¿Crees que te pertenece solo porque seas su padre? ¡No!

Me pertenece a mi. Solamente a mi.

Elena ha sufrido y todo aquello que ha padecido lo llevo yo en el corazón...

...como un remordimiento.

No podré perdonarte nunca... de ser la causa.

Cuando era pequeña tenía tanta necesidad de afecto y caricias.

¡Era tan frágil! Se conmovía y se asustaba de todo.

Debía tenerla en brazos, arrullarla y susurrarle, para que se durmiera.

Pero yo estaba tan decaída, harta de mi trabajo y mi soledad...

...que no estaba todo lo pendiente de ella que hubiera debido.

Tal vez... no la amaba lo suficiente.

Un día incluso lamenté que se fuese.

De nuevo pensé en matarme.

Y fue la misma Elena la que me dio fuerzas para seguir adelante.

¿Y ahora me pides qué puedes hacer por ella? ¡Nada! Absolutamente nada.

He podido darle unos estudios. Ha conseguido diplomarse. ¡Y se ha convertido en maestra!

-¡¿ Maestra?! ¿Y cómo...? - Sí! Y ahora está...

Está con unas amigas. La han invitado al campo, cerca de Novara.

Me escribe todos los días. Casi...

Y... ¡está bien!

Escucha, María... ¿y si yo la buscara? Le diría...

- ¿Qué le dirías? - Todo. La verdad. Que soy su padre.

¿Crees que correría a abrazarte? ¡No!

¡Tú eres un extraño para ella! Y es mejor así.

Yo he sacrificado mi vida para darle a la suya un equilibrio.

Debe estar tranquila.

Solo el cariño de un hombre podrá romper la soledad en la que vive.

Un hombre que se la merezca.

¡Rezo día y noche!

Sé que se la llevará, pero...

...ella estará a salvo y podrá encontrar un poco de felicidad.

Escucha... olvida que existimos. Es mejor para todos.

- ¿Cómo llevas la espalda? - Hace ya un rato que no la siento.

- ¡Angela! ¿Qué te pasa? - ¡Se siente mal! - Llevémosla a la orilla.

- Despacio. Un poco de aire. Cuidado. - Despacio. despacio, despacio.

Cuidado.

¡Vamos, Angela, vamos! Llevémosla rápido.

¡Vamos, venga, ánimo! ¡Ánimo, venga!

¡Cuidado no resbaléis!

Es ya la tercera que se desmaya.

Si en una hora no vuelve a trabajar pierde la paga de todo el día.

¡Me parece justo! ¡La culpa es suya por haberse desmayado!

- Míralo, parece Gregory Peck. - ¡Está ahí detrás desde hace un rato!

- Oh, ¡perdone! - No pasa nada. - ¡Bravo! - ¿Qué dice?

- Ha dado en el centro. - Yo siempre le doy al centro, ¡pero solo para tirar la marca!

- ¿La señorita no quiere disparar? - No, gracias.

- ¿Vamos a bailar? - Oh, sí! ¡Vayamos a bailar!

¿Vamos a bailar?

¿Me permite?

¿Todavía enfadada? Vamos, ¡no exagere!

Cuando una es guapa como usted, debe ser amable. Y además...

Y además, ¿qué?

- Soy su patrón,¿no? - ¿También usted? ¡Aquí todos son patrones!

Bueno, patrón es una forma de hablar. Con usted yo soy el que acepto las órdenes.

Ah, ¿sí? Entonces largo de aquí y déjeme en paz.

Espere un momento. ¿De qué tiene miedo?

- ¡Hola, Gianni! ¿Qué tal? - ¡Hola! Tirando.

¿Pero que está mirando? ¿Qué busca? Espera que también esta vez...

-¿Y tu hermano? - Dice que está bien, que vuelve pronto.

- ¡Buenos días! - ¡Hola!

- ¿También usted ha venido a bailar? - No. Debo remolcar un camión.

- He oído la música y he entrado un momento. - Ah, ¡qué lástima!

- Entonces, ¿se va enseguida? - ¡No! El camión está allí, no se mueve.

- ¿Es usted quién ha venido a remolcar el coche estropeado? - Sí.

- Y la chica ¿también necesita ayuda? - También.

- Bueno, es un bonito trabajo, no hay duda - Sí. es un bonito trabajo, ¿no le gusta?

Créame, a veces es mejor que no se entrometa en los asuntos de los demás.

- Ah, ¿no? - Efectivamente.

- De lo contrario, alguna vez, le puede suceder que... - ¿ El qué?

Adelante, continúe. ¿Qué cosa me puede suceder?

Oiga, amigo, siga mi consejo.

Ya es suficiente. Vamos, déjenlo. ¡Vámonos!

Un momento, déjelo hablar. ¿No lo ha oído? Debe darme un consejo.

Vamos, "dispare"! ¿Cuál es ese consejo?

Oiga... ¿sabe que usted no me gusta? Y no me resulta gracioso. ¡Aire!

- Por favor, vámonos, déjenlo! - Vamos, señor Mario, no merece la pena.

Estás loco si quieres pelear con ese de ahí. ¡Es el sobrino del patrón!

- ¿Y a quién le importa? - ¡Sigues siendo el mismo! Adiós, Gianni - Adiós.

- Lo siento. - ¡Yo no!

¿Quiere dar una vuelta?

- ¿Tiene un cigarrillo? - Sí - Gracias.

- ¿No se acuerda de mi? - En... si le digo la verdad, no...

¿No se acuerda cuando nos dejó en la cafetería para irse con aquella?

Ah, ¡sí! Me temo que hice una tontería.

- ¿Por qué? - Hubiera estado mejor si la hubiese elegido a usted!

Siempre hay tiempo para remediarlo...

Hmm...

- ¿Vamos a recoger el camión? - ¿Qué camión?

El que se ha quedado en medio de la carretera.

Ah, ya, ¡ese camión! Oh, no. No importa.

Si lo ha de hacer, no pierda el tiempo comigo. ¡Vamos!

Bueno... ese camión ya no está.

- ¿Cómo que no está? - Nunca ha estado. Me lo inventé para...

Uh, uh!

¡Si supiera cuántos de esos me toca remolcar con la grúa!

- ¿Entonces? ¿Damos una vuelta? - Como quiera. ¡De usted me fío!

¡No es un cumplido! Únicamente las viejas se fían de mi en Novara!

- ¿Y tan peligroso es usted? - Bueno... peligroso no, pero...

- Si me encuentro cerca de una bonita chica... - ¡Valiente!

- ¿Dónde andamos? - Decida usted.

Escuche, conozco una cafetería donde hacen los mejores helados de Novara

Ya he oído hablar de ese sitio.

- Bueno, ¿verdad? - Sí.

¿Quiere ver mi oficina?

- ¿Está lejos? - No, está aquí detrás. Podemos ir andando. - ¡Vamos!

¡Pase!

- ¿Qué le pasa? ¿Tiene miedo? - ¿Yo? ¡No!

Aquí está, esta es la oficina.

No se fije en el desorden.

Tengo un socio al 50%, pero me temo que pronto nos separaremos.

- ¿Y lo cogería todo usted? - Sí. Quiero instalar aparatos más modernos.

Aquí una pasarela para revisar los coches.

Allá una bonita estación de servicio, completa, con todo. Es decir...

Debe de ser uno que quiere gasolina.

Ni los domingos dejan a uno en paz. Disculpe un momento.

- ¡Aquí estoy! ¿Cuánto? - 10 litros.

Un momento y le traigo el cambio.

Perdóneme. Enseguida estoy con usted.

- Aquí tiene el cambio. - Está bien.

Y... buenas tardes.

- ¿Quién es? - El patrón del arrozal donde trabajo.

- ¿Qué quería? - No lo sé, es tan extraño...

- Cada vez que me lo encuentro me hace preguntas. - ¿Por qué?

No lo sé. No lo entiendo bien.

¡Quién sabe lo que pensará después de haberme visto aquí!

¿Y a quién le importa? ¡Qué piense lo que quiera!

- Pareces bastante nervioso. ¿Qué te ha pasado? - Nada.

- ¡Ya hemos llegado! - Lástima, estábamos muy bien juntos.

- Sí, se estaba bien. -¿Y me lo dices ahora? - ¿Cuándo debería haberlo dicho?

Cuando estábamos solos. Te habría dado un fuerte abrazo

- ¡Hasta pronto! - ¡Adiós!

- Elena, perdona un momento. - ¿Qué pasa? - Quería decirte...

Te he visto con ese jovencito...

Escuche, es mejor que le hable claramente.

- ¡No me gusta ser vigilada! - ¡¿Vigilada?! ¿Y por qué?

Es evidente. Cada vez que me ve, ¡incluso hoy en Novara...!

No imaginé que te encontraría.

Sí, pero siempre "tropieza" conmigo e pesar de que usted es el patrón...

No uses esa palabra tan fea.

Yo soy un hombre anciano y tú eres casi una niña, así que...

- Me siento ridículo. - ¿Por qué?

Hay tantos peligros en la vida que ni tan siquiera imaginas.

- ¿Por qué me dice eso? - No lo sé.

Da la impresión que has sufrido mucho... y quisiera que no sufrieras más.

¿Por qué se preocupa por mí?

Porque me parece que este trabajo no es adecuado para ti...

Como si hubieses llegado aquí por equivocación.

Sí, tiene razón. ¿Pero usted cómo sabe todas estas cosas?

Resulta difícil decir porqué.

- Hola,¡Gianni! - Hola, ¡Stefano!

- Una cosa, Gianni... ¿qué te ha pasado? - ¿A mí? - Sí.

Ayer vino un tipo. Me preguntó que hacíamos aquí y cuanto ganábamos.

- ¿Y por qué? - ¿Y yo qué sé?

Incluso me preguntó quien era tu padre y tu madre...

- Si vivían aquí... - ¿No le preguntaste el nombre?

Me lo dijo, pero no lo recuerdo.

Es el patrón de una granja cercana de Cameriano.

- ¿El patrón de una granja? - ¿Por qué?, ¿lo conoces?

Me parece haber comprendido quien es. Y comienzo a entender alguna otra cosa.

¿Diga?

Sí, ¡aquí es! Gianni, es para ti.

Dígame. ¡Es inútil que insista! ¡Portero o nada!

Sabré yo mejor que usted lo que hago, ¿no?

¿Y quién ocupará mi lugar?

¡¿Beltrame?! Ah, bien, ¡buena idea!

Poned a Beltrame. ¡El domingo nos divertiremos!

Le está bien empleado, ¡ya van 4! y si sigue la cosa así, ¡llegaremos a 40!

- ¿Qué te había dicho? - ¿Qué ha pasado?

Nos han metido otro gol. Pero a ti el partido no te interesa nada.

- ¡No! ¡Para nada! - Si quieres nos vamos ya.

¡No Se está bien aquí. Me divierto igual.

- ¿Qué es? - Nada. - ¡Déjame verlo! - Déjalo, no tiene importancia.

- ¿Dónde lo has cogido? - Me lo ha dado el patrón.

¡Ah! ¡El patrón se pone a regalar libros!

¡Qué va!. Me lo he encontrado, y me ha dicho si quería leerlo.

Y además me ha dicho si quería ser su secretaria.

- ¿Y tú qué le has dicho? - ¡Lo he rechazado!

¡Menos mal! ¡Te debería de extrañar esa propuesta!

No creo que sea lo que tú piensas.

Sí, es amable conmigo. Tal vez demasiado.

Pero algunas veces tiene un aire triste, avergonzado. Me da como pena.

Ah, ¿te da pena? ¡Entonces consuélalo!

Acepta su propuesta, vete a su despacho. ¡Pero primero me pasaré yo!

- ¿Qué quieres hacer? - ¡Nada! No te preocupes.

- Buenos días. - Buenos días - ¿Quiere hablar conmigo? - Sí.

Es inútil que le diga quien soy, ¿verdad? ¡Lo sabe todo de mi!

Como me llamo, a qué me dedico...

-¿Y bien? - Pero hay una cosa que no sabe. Y quiero que se lo meta en la cabeza.

Elena es una buena chica y quien intente molestarla, yo...

- La quiere mucho, ¿verdad? - ¡Eso es!

Tiene razón... es una buena chica. No hay necesidad de lastimarla.

¡Me gusta que lo haya entendido!

¡Lo sé, usted cree tener todos los derechos del mundo sobre esas pobres chicas!

Basta un regalo, una promesa de trabajo...

¡Pero con Elena esto no funciona!

- Y si todavía se le ocurre... - ¡Basta! ¡Termine!

¡No crea que puede usar ese tono conmigo!

¡Lo conozco patrón! ¡Debería avergonzarse a su edad!

¿Pero no lo entiende? ¡Estúpido!

- Váyase. ¡Váyase! - Sí... me voy.

¡Pero recuerde todo lo que le he dicho!

Ten cuidado, están durmiendo todas. Dame la manta.

Espera... ¡la vela!

¡Un fantasma!

¡Apagad la luz!

¡Ayuda, socorro, fuego!

- ¡Ayuda! - ¡Socorro! ¡Ayuda!

- ¡Giovanni! - ¡Estoy aquí! - ¡Llama a Beppi! - ¡Sí!

- ¡Socorro! - ¡Socorro!

¡Corred! ¡Llamad a los bomberos!

¡Ten! ¡Cógela!

- ¿Se han salvado todas? - Creo que sí.

¡Llevadlas rápido fuera de aquí. ¡Llamad a un médico! ¿Dónde está la Nardi?

¡Elena!

¡Elena! ¡Elena! ¿Dónde estás?

¡Calma! Vamos a atender a todas.

¡En la otra habitación! ¡Aquí ya no hay más sitio!

Basta, está bien así.

- ¿Está herida, doctor? - No, no. Es solo un ligero estado de shock.

Toma, te he traído el abrigo.

Gracias.

¿No vienes a casa?

Sí... vamos.

Todavía hay tierra allá.

Sí, atentos a aquella viga. ¡Puede caer de un momento a otro!

¡Ya has hecho suficientemente el ridículo!

Habiamos vivido siempre como dos extraños...

...pero que acabes perdiendo la cabeza por una fulana...

- ¡Cállate!. - Te has convertido en el hazmerreír de todos. ¡Y yo contigo!

¡Pero recuerda que esta casa es todavía mía!

Si quieres continuar frecuentando a tus amantes, hazlo. Pero fuera de aquí

No es lo que tú te piensas.

- Ah, ¿no? - No. Claro que no.

- Entonces, ¿qué es? - Es...

No estoy obligado a decírtelo. Son cosas que no te incumben.

¡Me incumben solo a mi!

No, a mi también. Te olvidas que aunque tú eres el patrón, el patrimonio es mío.

No te hagas ilusiones.

Si crees que puedes derrochar mi dinero con aquella...

...no te lo permitiré nunca!

Quédate tranquila, no te pediré nada.

Solo quiero una cosa, que no se hable nunca más de esto. ¡Nunca más!

Son cosas mías... y nadie debe entrometerse, empezando por ti.

# Aquel ramito de flores que viene de la montaña... #

Quería darle las gracias. He sabido que en el incendio si no llega a ser por usted...

- Olvídalo, no merece la pena hablar de eso. - Pero, ¡me salvó la vida!

Me dijeron que fue usted quién se adentró entre las llamas.

No hice nada en especial, créeme.

Por suerte fue bien y no ha habido víctimas.

- ¿Se ha hecho daño? - No, rasguños.

Y tú, ¿cómo te encuentras? ¿Estás recuperada del susto?

Sí, pero no podré ovidar nunca aquel momento.

¡Las compañeras gritaban, las llamas estaban alcanzándonos!

Sabía que iba a morir, pero algo me empujó a ayudar a las compañeras.

Y después de lo que hice, sentí que no podía, ¡qué no quería morir!

No hubiera sido justo.

Tú eres todavía tan joven. Los jóvenes tenéis todo el derecho a vivir.

Sí. Me he dado cuenta de lo que amo la vida, tal vez porque he estado a punto de perderla.

Es difícil explicarlo, pero... siento que necesito querer a todo el mundo.

A mis compañeras, a toda esta gente. ¡Inculso aquellos que no conozco!

Le parecerá ridículo lo que digo, pero... lo siento así.

Me alegra oirte hablar de esta manera.

- Es la primera vez que me siento así de feliz, así de serena. - Porque hasta ahora...

Una vida triste. Mi madre y yo, solas, luchando contra todos.

¿Y tu padre?

No lo conozco.

- ¿Nunca has oído hablar de él? - No, nunca. ¡Y no me importa!

¿Y si ocurre que te lo encuentras?

¿Cómo es posible? Jamás se ha ocupado de mi.

¡Probablemente ni tan siquiera sabe que existo!

Sí, me gustaría encontrármelo...

...pero para decirle cuánto lo odio por el mal que nos ha hecho.

Quizás él no sepa...

Claro, la excusa de siempre.Todo el mundo finge que no lo sabe. ¡Qué asco!

Perdone. Y... gracias de nuevo.

- ¿Cuántos días faltan? - Solo unos pocos.

- El trasplante ya está acabado. Ahora toca limpiar el arroz - No puedo más. Mañana me quedo en la cama.

- Un día y un kilo de arroz menos. - ¿Qué más me da?

Mira, Gianni, ¡qué mal he salido aquí!

- Esta no me gusta, hay demasiada sombra sobre la cara. - Sí.

Claro, la hice cuando estaba oscureciendo.

- ¡Mira esta! - Ah, preciosa.

¡Mira cuántas flores!

- ¡Qué amable! ¡Prefieres las flores antes que a mi! - ¿Eso a que viene?

- Esta, esta es la que más me gusta de todas! - Enséñamela. - ¡No!

Si no me la das, ¡me voy volando!

- Y si te la doy, ¿me das un beso? - No. No, ¡no te lo mereces!

No. No me beses...

No creía que me pudiese enamorar de una chica que acabo de conocer.

Cuantos planes hago. Cada día me invento uno nuevo!

Es como si volviera a ser un niño.

- Quizás porque tú también lo has sido poco. - Tienes razón.

Toda la semana trabajando...

...y los domingos me acercaba a ver a los otros niños en la feria.

Moviendo la cabeza arriba y abajo.

Me engañaba a mi mismo porque no tenía dinero para montar.

Aunque comprasemos una feria, no recuperaremos lo que perdimos.

Llevaremos a nuestros hijos.

¿Quieres?

Faltaba lo de esa niñita. ¡Y encima tengo que soportar esta humillación!

- ¿Qué crees que quería hacer? - ¡¿Quién sabe!? La obligará a quedarse aquí.

¡Y se dejará arrastrar por esa guarra! ¡A su edad!

Y sobre una sucia calle, ¡pobre tío!

- Es capaz de arruinar su vida. - Me lo creo. Con el amor que siente por la familia...

Estúpida, no sé porque se da tantos aires. Pero, ¡le haré agachar la cabeza!

¡Ojalá! Nos salvarías a él y a mi.

¡Gianni!

Gianni, ¿dónde estás?

¡Elena!

No, ¡qué me ensucias!

- Mira como me has puesto. - Ah... ¡es solo un poco de jabón!

¿Qué ha pasado? No te esperaba.

Tenía tantas ganas de verte. ¿Te molesta que haya venido?

¡¿Molestarme?! ¡¿Pero qué dices?!

Te has puesto ropa nueva, te has afeitado...

- ¿Tienes una reunión importante? - Muy importante. ¡Ven aquí!

Mira.

- ¿Qué es eso? - ¿No lo has leído?

"Su ilustrísima señoría...", ese soy yo...

"...le ruega acudir a mi despacho para un importante negocio."

- "Abogado Severini." - ¿Qué quiere de ti?

Un gran casa de carburante quiere ofrecerme que sea su distribuidor.

- ¿Es un buen negocio? - ¡Formidable! Se puede ganar lo que uno quiera.

¿Y vienen a ofrecertelo justamente a ti?

Es lo que no entiendo. Se ve que se han informado.

¡Qué suerte tenemos! Ahora podré pedirle matrimonio, señorita.

Oh, Gianni, ¡soy tan feliz! Rápido, ¡ahora al abogado!

- ¡Ya no me acordaba de él! ¿Me esperas aquí? - ¿Y si viene alguien?

Es fácil. Le dices, "Pase, por favor. ¡Soy la dueña! ¿Qué desea?".

Adiós

- Por favor. Buenos días. - Buenos días. - Buenos días. - Siéntese.

- Aquí me tiene. - Por favor, siéntese. - Entonces, ¿de qué se trata?

Ya se lo he dicho por teléfono, se trata de una importante contrato de distribución.

Si acepta, tengo aquí el contrato.

Es inútil que lo lea todo, ¿no? El modelo habitual.

Tiene reconocido el 25% sobre el precio de venta...

...y un premio anual, proporcionado por la compañía de los carburantes.

Contrato para dos años, renovable en las mismas condiciones. ¿De acuerdo?

Sí, pero, perdone, yo tengo un pequeño puesto en un callejón.

Esta compañía querrá locales más grandes.

Eso no es problema. Traslade la oficina.

Encuentre una bonita sede...

Pero para esto hace falta un dinero que yo no tengo.

Claro, pero usted no se preocupe.

Cierto que habrá un fuerte gasto. Pero tendrá todo el dinero que necesite

¿De quién?

De quien está interesado en este negocio. Alguien que confía en usted.

¿Y quién está dispuesto a gastarse su dinero para ayudarme a mi?

- Perdone, ¿qué le preocupa? - No lo veo claro.

Escuche, joven... ¿se da cuenta de lo que significa este negocio?

Sí, sí... me doy cuenta.

Ciertas ocasiones no suceden dos veces.

Usted es joven, debe asegurarse un futuro y querrá tener familia.

¡¿Una familia?! ¿Qué tiene que ver la familia en esto?

No,... es una probabilidad, ¿no?

- ¿Quién es el que se interesa por mis asuntos? - Su nombre no tiene importancia.

- ¡Quiero saber quién es! - ¡Calma! ¡Cálmese, joven!

- No me parece adecuado utilizar ese tono. - ¿Quién es?

¡Gianni!

¿Pero qué te pasa? ¿Qué ha pasado? ¿Se puede saber que te pasa? ¡Dímelo!

Ves a preguntarle a él.

- Pero, ¿de quién hablas? - De él, de tu patrón.

- No lo has entendido, ¿eh? Ingenua... No sabes nada, ¿verdad? - Yo...

"La financiación, una bonita sede, debe asegurarse el futuro..."

¡Un gran engaño! ¡Él paga para mantener a la amante y yo me caso con ella!

- ¡Un sistema práctico, prudente y rápido! - ¿Qué dices? ¿Te has vuelto loco?

Deberías haber oído la forma en que me lo ha ofrecido.

Creía que yo también estaría de acuerdo. Todos de acuerdo... ¡pero yo no!

¡Yo tengo las manos limpias!

¡Dile a tu amo que se busque a otro! ¡Se ha equivocado de dirección!

Pero Gianni, yo... ¡no lo entiendo!

Y tú... te escuchaba como un estúpido.

El compromiso, "te quiero tanto"... ¡has interpretado bien tu parte!

¡Todas esas poses de enamorada!

¿Se las hacías también al viejo? Y te pagaba bien, ¿verdad? ¡Qué asco!

¿Piensas eso? ¿No te da veguenza hablarme así?

¡Elena!

¿Está contento ahora? ¡Ha conseguido lo que quería!

¿Qué quieres decir? ¿Por qué hablas así?

¡Gianni lo era todo para mi! Mi joya, mi esperanza...

Se ha querido meter entre nosotros dos. Ahora se ha acabado. ¡Lo he perdido para siempre!

¡Y debo agradecerselo a usted! ¿Pero por qué? ¿Qué quiere de mi?

- Elena... - ¡Basta! ¡Déjeme en paz! ¡No quiero verlo nunca más! - ¡Elena...!

¡Elena!

- ¡Volvemos a casa! - Con 40.000 liras y 40 kilos de arroz. Uno al día.

- ¡Y el dolor en los huesos todo el año! - Barbati Angela: 37 kilos.

¿Por qué 37 kilos si he estado aquí 40 días?

Porque te quedaste en la cama tres días.

- ¿Has encontrado marido? - No. ¿Sabes lo que me respondió cuando le dije si quería casarse?

"¿Para qué comprar la vaca, si la leche es más barata?"

- ¡Qué caballero! - ¡Qué cerdo!

- Pagliari Gianna: 40 kilos. - ¿Y a tí como te ha ido? - ¿Qué quieres?

Aquel muchacho que salía contigo... ¿te pide matrimonio?

No me lo ha pedido y no me importa.

- Lo dices con una cara... - ¡Métete en tus asuntos!

Adelante otra.

Nardi Elena: 40 kilos.

- Adelante otra. - Garzi Maria: 39 kilos.

- Ahore le cantarán la serenata a los amos. - Es la costumbre. Es el último día.

¡Gracias!

Con su permiso, le cantamos la serenata.

# Han venido los señores... #

#... y nosotros se lo agradecemos. #

# Saludos les traemos a todos con placer. #

¡Muy bien!

Bravo.

Adiós.

Y tú, Elena, ¿no bailas?

Vamos, ¡divertámonos! ¡Ha acabado la cuaresma!

¿Qué haces sola? ¡Ven con nosotras!

Claro, yo también quiero divertirme. Venid, chicas, ¡invito yo!

Venid, chicas, ¡invita Elena! ¿Te ha pasado algo?

- Quiero divertirme, ¡eso es todo! - ¡Buena chica!

- ¿Y estas son todas arroceras? - Sí.

- ¿Y por qué bailan? - Para divertirse.

Es el final de la temporada de la recogida y mañana vuelven a casa.

- ¿No vienes, Mario? - Esperadme en la mesa.

- Ven aquí. - ¿Qué quieres?

Mañana nos vamos, me prometiste que nos volveríamos a ver!

- En efecto, aquí me tienes. ¡Mírame! - Pero... - ¿Qué se te ha metido en la cabeza?

- Ahora, ¡vermouth para todas! - A mi me basta con esto.

No tanto, no tanto Basta. No bebas demasiado, te sentará mal.

Me sienta bien. Es justo lo que necesito.

He sido una estúpida. Ahora no me importa nada.

He cambiado de idea sobre tantas cosas.

¡Vais a ver!

- ¿Sabes bailar? - ¡No se hacer otra cosa! - ¡Pues entonces vamos!

¡Canalla!

¡Déjame! ¡Me haces daño...!

- ¿Dónde está el tío? - No lo sé. Estaba aquí hace poco, me ha dicho que volvía enseguida.

¿Le molesta bailar conmigo?

- ¿Todavía me considera un sinverguenza? - Sí.

- Pero ya no tiene miedo, ¿eh? - ¡No! Nunca he tenido miedo de nadie.

¡Muy bien! ¡Así me gusta!

¿Pero que le pasa? ¿Llora?

¡¿Lloro?! ¡Si soy todo alegría y tengo tantas ganas de bailar!

Apartaros, ¡quiere bailar sola!

¿Qué se le pasa por la cabeza? ¿Está loca?

¡Vamos, Elena! ¡Bravo, gira!

- Vamos, ¡más rápido! - ¡Demuestra lo que sabes hacer!

- ¡Váyase de aquí! - ¿Por qué?

He visto que lloraba. Dígame que le ha pasado.

¡Déjeme!

¡No!

¡Déjeme! ¡No!

- ¡No! - Vamos, ¡no seas tonta!

¡Déjeme!

Ahora que lo sabes, puedes entenderlo todo.

- Se lo agradezco. Y perdóneme. - ¡Ve, ve!

¡Socorro! ¡Gianni!

¡Gianni!

¡Gianni!¡Gianni, no! ¡No!

¡Gianni! ¡Gianni!

¡No!

Mario.

¡Mario!

¡Está herido! ¡Está herido grave!

Ya no respira. Está muerto. Ya no hay nada que hacer.

Lo has matado.

Gianni, yo vine aquí para estar sola. ¡Quería estar sola!

Sin embargo ha venido él.

- Oh, Gianni, ¡créeme! - Sí, pero ahora estate tranquila.

¡Te arrestarán! ¿Qué será de nosotros? ¿Qué será de mi?

Y todo por su culpa.

Si usted no se hubiera entrometido, ¡Gianni y yo habríamos sido felices!

Y sin embargo, desde que lo he conocido, no me han sucedido más que cosas malas.

¡Si supiera como lo odio!

- ¡Maldito! ¡Maldito! - ¡Es tu padre! ¡Elena!

¿Mi padre?

Mi padre...

Hija mía, perdóname por todo el daño que te he causado.

¡Vete! Nadie te ha visto. ¡Vuelve a Novara! Coge mi coche.

Si te preguntan algo, di que te lo he dejado hoy en la gasolinera.

Yo me ocupo de todo. Rápido, ¡marchaos!

- ¿Pero que quiere hacer? - ¡Vete!

Y tú también. No desesperes, no le sucedera nada a tu Gianni.

- Yo lo arreglaré todo. - ¡No!

- Pero, ¿por qué? - Ha sido un accidente, ¡pero la culpa es mia!

¿No entiendes que se trata de salvarla a ella? Si la quieres, no puedes negarte.

Idos, podría llegar alguien. ¡Y recuerda que no has visto nada!

- Pero no puedo... - ¿Qué es lo que no puedes? ¿Quieres arruinarla?

¡Es su padre quién te lo pide!

Salvándote a ti, la salvo a ella, la única cosa que me queda.

- ¡No es justo! - ¿No es justo que tu padre haga algo por ti?

Elena, niña, mírame.

No te pido que me quieras, ya se que es demasiado pronto...

...pero al menos dame la esperanza de que algún día no seré un extraño para ti.

No te he causado más que desgracias.

Y ahora que quiero ayudarte un poco, ¡no quieres! ¿Por qué?

¿Qué ha pasado? Mario... Mario...

Mario... ¿Qué le has hecho? ¿Por qué no me contesta? Mario...

¡Contesta!

¿Oiga? Buenas noches, Comandante. Soy Pietro Guerrini.

Venga, se lo ruego.

¡Asesino! ¡Asesino! ¡Asesino!

# Al final de la estación. #

# Cuando baje del tren, quiero estar en tu regazo. #

# Cuando baje del tren, quiero estar en tu regazo. #

¿Cuándo? - ¿Cómo? - Pero ¿por qué?

- ¡Lo han arrestado! - ¿Por qué?

- ¿Qué ha hecho? - ¿El patrón? - ¡¿Arrestado?!

En el fondo, me da pena. Era un buen hombre.

Han arrestado al patrón.

Algo habrá hecho.

¡Ya lo decía yo, tarde o temprano, acabaría mal!

- ¡Papá! - Hija mía...

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