All language subtitles for Io e Caterina (Alberto Sordi_ 1980).SPA

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Original subtitles

Para el presidente de la JPT 220 Madison, N.Y. Stop...

Nuestro director comercial el Sr. Enrico Melotti...

llegará mañana a 15 horas en el vuelo AZ610. Stop.

Esperamos respuesta. Stop. Saludos. La secretaria, Claudia Parise.

Ahí está la respuesta. El presidente de la JPT...

estará encantado de recibir a Mister Enrico Melotti...

mañana de 16 a 16:10. Reciban un cordial saludo.

¡Arturo!

¡Enrico!

¡Al fin!

¡Aquí estás, guapo!

Welcome to America!

- ¡Has hecho un largo viaje! - ¡Deja que te vea, amigo!

¡Has rejuvenecido! ¿Aún eres un latin lover?

¡Se hace lo que se puede! Estoy mejor porque he dejado...

...a mi última esposa. - ¿Sí? ¿Te casarás de nuevo?

¡Estás loco! Ya pago la pensión a dos mujeres: ¡en América no perdonan!

¿Acaso en Italia bromean?

Vamos, deprisa, porque el presidente nos espera a las 4 en punto.

- Si tardamos, no te recibe. - ¿No?

Afuera está la limusina.

Ah, Arturo... qué gusto.

- Perdóname, que hago una llamada. - Sí, adelante.

...3... 4... 5... - Hay una en todos los rincones.

Hola, Catherine.

¿Cómo estás, querida?

¿Ninguna llamada esta mañana?

¿Nadie?

Ok, Catherine. Gracias. Hasta luego.

Arturo, ¿quién es esa Caterina?

¿Quién es? La que ha sustituido a mi mujer y a las criadas...

La casa la lleva ella, y es la que en Italia llamarían...

...una mujer para todo. - ¡Ojalá!

Mira Arturo, he traído de Italia una cosita.

Un regalito de la empresa para el viejo presidente: pipas.

- Pero el viejo presidente ya no está. ¿No lo sabías? - ¡No!

- ¿Y quién está en su lugar? - Una mujer... y creo que no fuma.

- ¿Una mujer? - Sí, una joven de 35 años.

¿Una multinacional semejante, en manos de una mujer joven?

- Sí, joven y muy guapa. - ¿Cómo se llama?

- Edwinson. - ¿Edwinson... Pamela?

- Sí. - ¿No es aquella espigadona que estaba en la admón.?

Sí, la conociste el año pasado cuando viniste aquí.

- Recuerdas que la llevaste a cenar. - Sí, a cenar... ¡A la cama!

- Le habrás dado suerte... - ¡Fíjate tú!

¡Aquella chica desatada! ¡No me dejó dormir!

Me miraba con esos ojos... ¿Pero cómo se ha hecho presidenta?

- Ven. - Sí, tengo curiosidad. - La verás.

- Buenos días, querida. ¿Qué tal? - Bien. ¿Y usted?

- Mr. Melotti. - Mucho gusto.

- Tenemos una cita con la presidenta a las 16. - Ok.

Sí, ha venido Mr. Melotti. Bien.

- La Presidenta les espera. - Gracias.

- La presidenta nos espera. - ¿La llamo presidenta o Pamela?

- No la nombres, deja que hable ella. - ¿Por qué? - Bye. - Verás...

- Vengan. Un momento, está al teléfono. - Sí, gracias querida.

He leído sus informes. No me gustan. No han entendido el concepto...

Léanlo de nuevo. Adiós.

¿Presidenta...? ¿Conoce Enrico Melotti? ¿Enrico? Nuestra presidenta.

- Ya nos conocemos, ¿se acuerda? - No, no me acuerdo.

- ¿Ha fingido no reconocerme? - ¡Claro, te lo dije!

¡Enhorabuena, Pamela!

Por su nombramiento como presidenta.

Es algo muy bonito que un cargo tan importante y de gran responsabilidad...

se atribuya a una joven mujer...

muy inteligente, atractiva y muy guapa.

Quisiera darle todas mis felicitaciones...

...y si me permite... - ¡No, no te permito!

Y como nuestro "time" pasa rápido, quiero concluir este negocio.

El contrato, por favor. Siéntense.

- Down! ¡Siéntate! - Sí. No la había entendido...

Pamela... Oh sorry... Sra. Presidenta, ¿me permite?

Espero que me perdone...

Me he permitido traerle de Italia un regalito, pero son...

...pipas... - ¿Pipa? Ah, bonita, me gusta.

- ¿Susy? - ¡Oh, maravillosas y preciosas pipas!

Lo sé, son "beautiful pipes" pero de haber sabido que era usted presidenta...

...hubiera traído otra cosa... - Pero a mí me gusta la pipa.

- ¿La pipa? - ¡Sí! - Oh sí, le encantan las pipas.

En América a todas las mujeres les encanta la pipa.

En Nueva York está muy de moda.

- Si está de moda... - Dámelas.

- Claro. Tenga, Pamela. - Gracias.

- Le han gustado, eh. - La has hecho feliz.

- ¿Susan? El contrato, por favor. - Sí.

Aquí. Y mire aquí, Presidenta. Tiene que cambiar las 3 primeras líneas.

Bien. Ok.

- Enrico, firma el contrato. - Claro.

- El vino italiano es "very good". Me gusta. - ¿Sí? Gracias.

- Muy bueno el vino italiano. - ¡Muy bueno!

- ¿Oyes, Artù? - ¿Y no te alegras? - Me gusta el vino italiano.

A ver...

Como ves, Enrico, he corregido algunas cosas.

Ya, lo veo.

Arturo, me ha quitado el 2%. Ésta me lo ha cambiado todo.

- Presidenta... quisiera decirle... - ¡Arturo, calla!

- Presidenta... - ¡Calla, Arturo!

Disculpe, Presidenta.

- ¡Enrico! - ¿Eh...?

- ¿No está bien? - ¡Pues no!

- Yo ya estaba de acuerdo con el anterior presidente... - ¡Él ya no está!

Y nosotros hacemos una política de rebaja de precios

y esto vale para todos los productos que importamos del extranjero.

- Lo sé... - Y decido yo.

Y yo no estoy de acuerdo.

Y como se nos ha acabado el tiempo... ¿Cómo se dice en Roma?

¿Cómo se dice?

Se dice: lo tomas o lo dejas.

- ¿Qué hago, Arturo? - Firma, luego te lo explico.

¿Y qué me vas a explicar?

Primero finge no reconocerme, luego me roba el 2%...

"Cómo se dice en Roma..." ¡Tus muertos, se dice!

- ¿Está casada? - Sí, con un buen hombre.

¿Un buen hombre? ¡Un pobrecico!

¿Cómo se casa uno con aquella? ¿Qué le dice por la noche?...

...a una mujer poderosa como ella, presidenta, que gana mil millones al año...

Cuando este hombre llega a casa de noche, cansado, ¿cómo puede decirle...

"qué me has hecho de cenar, sopita"?

¿Pero qué sopita? ¿Te has vuelto loco?...

Así se hablaba a las mujeres hace 100 años.

La mujer americana no sabe ni lo que es la sopita.

Su lugar social ya no está en casa...

hoy las mujeres son poderosas porque han demostrado ser más importantes...

...que los hombres, ¿comprendes? - Sí.

Mediante la evolución y la emancipación, las mujeres...

...pueden darse por satisfechas. - ¿En qué sentido?

Porque han conseguido lo que querían.

- ¿Hablas de la igualdad? - ¿Igualdad? ¡Están por encima!

Han demostrado ser más capaces.

Ya mandan ellas.

En América casi todas las multinacionales las dirigen mujeres.

Very good!

Tienen cargos de gran responsabilidad...

Les han dado enormes cantidades de dinero para administrar...

fundan bancos, subvencionan industrias...

armas, aviones, teatro, música...

comercio, cultura, moda, cine...

Por ejemplo, este año, ¿a quién han hecho presidente...

de una de las más importantes compañías de cine?

- ¿A una mujer? - ¡Sí, joven y guapa!

¡Mira cómo son!

Son guapas, sanas, fuertes, bronceadas...

¡No!

¡Atiza qué fuerza!

Qué bocas famélicas tienen.

¿Y quién las para? ¿No las para nadie?

- Ahí van. ¿Las ves? - Ya lo creo.

¡Qué suerte tienes, Enrico!

Si supieras como envidio a los hombres italianos.

¿Sí? ¿Y por qué?

Yo aún tengo en mente la imagen de la mujer de mi época...

cuando dejé Italia. Aquellos ojazos maravillosos...

la sonrisa resplandeciente, esos pechos...

con sus collares de coral rojo sangre...

¿Pero qué carajo dices? ¿De qué época hablas?

Ojazos, sonrisa resplandeciente, corales...

Vente a Italia, ya verás como son las mujeres de hoy.

¿Por qué? ¿Han cambiado?

Perdona, voy a telefonear.

2... 3... 4... 6... 7...

Hola, Catherine.

Soy Arturo. Voy a casa con un amigo italiano.

No querida, solo para un scotch.

Hasta luego. Gracias. Chao, querida.

- Le he dicho que vamos a casa a tomar una copa. - Sí, lo he oído.

Cada 5 minutos estás llamando a esta Caterina, ¿eh?

- Arturo, solo diez minutos. - No te preocupes.

- Lo lamento, porque esto es bonito. - Una casucha... a mí me basta.

Enrico...

- Bienvenido a mi simple casa. - No, no tan simple, Arturo.

- Me gusta mucho, es grande. - Sí, como tu gran casa de Roma.

Arturo mío, si supieras qué cansancio.

Llevo desde ayer sin dormir. Tengo un sueño que no me tengo.

Siéntate, son 10 minutos, para un whisky y te llevo al hotel.

¡Catherine! Dos scotches por favor, al jardín.

- Enrico, túmbate. Estás en tu casa. Enseguida regreso. - Sí.

¡Oh Dios!

¡Arturo!

¡Es un helicóptero! ¡Pero mira!

¡La policía!

¡Creía que era un marciano! ¡Qué miedo!

¡Scotch!

¡Gracias!

¡Muchas gracias!

¿Has servido al señor, Catherine?

- Muchas gracias. - De nada.

¿Y bien, qué me dices?

- ¿Te gusta? - ¿Que si me gusta?

Querías saber tanto de Caterina... ¿Qué me dices ahora que la conoces?

A mí no me gustan estas bromas. ¿Quién es esa Caterina?

¿Cómo que quién? Te ha servido un whisky, es un robot.

Sí... ¿un robot?

- ¿Y sirve whisky? - Es criada artificial.

Una máquina programada para todos los servicios domésticos.

A propósito: los folletos, traducidos en todas las lenguas.

- ¿También en italiano? ¿También llevan a Italia estos robots? - Claro.

Haz como yo. Cuando vivía con mi mujer y tres criadas...

...no veas qué lío había montado. Discusiones, peleas, desorden...

Ahora, con Catherine, por fin vivo tranquilo.

¿Dices que Caterina funcionaría para una casa grande como la mía?

No es cuestión de tamaño. Ella es un robot, trabaja día y noche.

- Sola, te hace el trabajo de 10. - ¡Ojalá!

Imagina que al principio tenía cinco empleados de servicio. Luego 4, 3, 2...

...y ahora solo me queda Teresa y no se sabe hasta cuándo.

Échala y compra a Catherine. Con ella no tendrás esos problemas.

General Electronic Robot Corporation...

¡Quién se lo iba a imaginar! ¿Cuándo la compraste?

Hace dos meses. Nada más salir de la tienda...

le di la patada a mi esposa y despedí a las criadas.

- Claro que... 180 mil dólares. - ¡Ay! - En 26 plazos.

165 millones de liras. ¡Atiza qué cara es!

Pero si resuelve todos los problemas, vale la pena.

Ahí está.

¡Qué bonita!

- ¿Qué hace, plancha? - ¡Claro! Lava, plancha, almidona... hace de todo.

- ¿Te gusta? - ¿Y me lo preguntas?

¡Imagínatela en mi casa!

¡Claro! Mañana antes de que te vayas, vamos a que reserves una!

¿Sí? ¡Es fantástica!

- ¿Te gusta? - Nunca me cansaría de mirarla.

Pero vámonos ya, que está procesando.

No quiero que se ponga nerviosa. Ven.

- Vengan, por favor. - Disculpe, señorita. ¿Adónde vamos?

- A la sala de demostraciones. - ¿Y qué veremos?

El robot se compone de un equipamiento muy complejo

por lo que tardará una semana en ponerse en funcionamiento. Síganme.

Como hicieron conmigo. Porque necesitas saber cómo funciona.

Lo sé, pero dado el precio...

¡Ahí tienes la cabeza de Caterina!

Atención, damas y caballeros.

El equipamiento electrónico en el cerebro del robot se compone de 1600 de estos chips.

Cada uno conectado con el otro

forman este complejo equipo

y lo hace capaz de recibir órdenes de memorizar,

asociar y controlar cada movimiento de Caterina

ahora les mostraré diapositivas para poder verlo mejor.

¡Es fantástico! ¿Cómo es posible que una chapita minúscula

...contenga tantas cosas. - "Tantas cosas"... Es el alma.

¿Tu Caterina también es así de complicada?

- Las Caterinas están hechas todas igual. - Ya, en serie...

A propósito, voy a llamarla. Enseguida vuelvo.

Disculpe, ingeniero. Me gustaría saber

¿cuánta electricidad usa?

En 1950 habría consumad la misma electricidad que una locomotora eléctrica,

...hoy la misma que 5 pilas. - Disculpe mi ignorancia, pero...

¿este robot es capaz de ver y oír?

Desde el punto de vista científico...

¡Pero pregúntamelo a mí, Enrico! Lo sabes, Caterina ve, oye...

- Quería saber cuánta electricidad consume. - ¡No, poca! - Y si ve, oye...

...¿La has llamado? - Sí, si no, me llama a la oficina...

...no me encuentra, y luego cualquiera la aguanta.

- ¿Caterina te llama a la oficina? - Sí, se preocupa.

Podría pensar que ha pasado una desgracia.

¿Crees que estas Caterinas sustituirán a las azafatas?

¿A mí me lo preguntas? ¿Quién te ha dado eso?

El señor de la 1ª fila, la ha traído de Nueva York.

Tenga, señorita, mire.

- Gracias. - ¿Le ha gustado? - Es interesante.

Dice usted que también se venderán en Italia esas cosas... ¿cómo se llaman?

Caterinas, señora, son robots.

Sí, querida, hasta tú sabes lo que son los robots, son máquinas electrónicas...

¡Tú calla! ¿Quién te ha preguntado?

- Solo quería explicar.. - ¡No me interrumpas!

Disculpe, mi marido me ha hecho perder el hilo...

¿Dice usted que estas muñecas artificiales también se venderán en Milán?

Sí, en todas partes. Está escrito en todos los idiomas.

Salen las direcciones de todos los laboratorios y puntos de venta de todo el mundo.

En Italia hay dos, en Milán y en Roma.

Yo me disgusté tanto con las criadas del Véneto,

...las de Cerdeña, y luego las de Filipinas... - ¿Y quién no?

No me puedo creer que una máquina pueda sustituir a una mujer de carne y hueso.

Perdona querida, pero si el señor la ha visto con sus propios ojos

...mientras planchaba las camisas... - ¿Por qué hablas? ¿Estabas allí?

¿Entonces por qué hablas? Cállate.

- ¿Qué decíamos? - Usted decía...

que una máquina no puede sustituir a una mujer...

Pero mi amigo en América..

le dio una patada en el culo a su esposa y a su criada...

y con Caterina ha resuelto todo sus problemas.

- Es repugnante lo que usted dice. - No entiendo, ¿qué dice?

Es indigno y repugnante y ofensivo hacia las mujeres.

Si hablamos de mujeres, entonces usted mete miedo.

Durante milenios nos han chantajeado...

con la excusa que nos dan de comer y lavan los platos.

¡Eh! ¡Cuánto tiempo con el cuento de los dos platos!

¿Y ustedes, señores? ¡En siglos no han aprendido a lavar un par de calcetines!

- En esto tienen ustedes razón. - No necesitamos que Vd. nos dé la razón.

Disculpe, ¿usted es feminista, por casualidad?

- Sí, dirijo un periódico feminista. - Y yo soy diputada en el Parlamento...

y formo parte de una comisión extraordinaria para los derechos de la mujer.

¡Disculpe, diputada! ¿Ha visto con quién estoy discutiendo?

- Pero son útiles estas discusiones. - ¿Quién te ha preguntado?

Señora, usted dice que ha sido una víctima con su marido...

pero déjelo hablar al menos una vez.

Las mujeres son todas iguales. Mi esposa tampoco me deja hablar.

¡Cállese usted! ¿Quién le ha dado permiso?

¡Mande callar a su marido! Yo soy un hombre, y quiero hablar.

- Calle, déjelo, que es inútil. - Los hombres han hablado toda la vida...

ahora solo tienen un derecho: el de callarse la boca.

¡Claudia!

Hola amor, ¿cómo estás?

¿Qué ha pasado?

En estos tres días sin ti he pensado mucho...

He de hablarte seriamente.

¿Hablar... de qué?

- ¡Hablar! - Pues dime, amor mío.

- Tú te vas a América y yo me quedo aquí. - ¿Me quieres hablar de América? - ¡No!

- De nuestra situación. - ¿Y qué le pasa?

Pasa que oficialmente soy tu secretaria...

en público nos tratamos de usted...

a menudo por la noche me quedo en la oficina a trabajar contigo hasta las 10, 11..

y en lugar de pagarme las horas extra, me llevas a la cama...

en hoteles más o menos clandestinos.

- ¿No es así? - En cierto sentido sí, pero...

- ¿Qué quieres decir? - Que luego, a las 3 de la mañana...

nos levantamos de la cama porque debes volver con tu esposa...

...y quizá hasta haces el amor con ella. - No. Sabes que desde hace mucho tiempo

...ya no tengo relaciones íntimas con Marisa. - De todas formas...

Oficialmente ella es tu esposa...

y a pesar de las promesas, no has podido dejarla, así que...

o aclaras tu posición o te dejo.

- Mira, cariñito mío... - ¡No me llames así! - Querida...

Yo también he pensado mucho y ahora tengo las ideas muy claras.

Llevas años diciéndolo.

Discúlpame, Claudia. Me daré prisa.

Vuelvo en cinco minutos.

-Disculpe, ¿dónde está Marisa? Soy su marido. - En la salita de arriba.

- ¿En la salita? - Sí.

- Disculpe, ¿sabe usted dónde está la salita? - Por ahí.

- Vamos... ¡Tira! - Perdón, ¿es ésta la salita?

- Empuja... empuja. - ¡Disculpe! - Oh, ¿pero quién es Vd.?

¡Buenos días!

Me viene a las manos y no comprendía...

No sabía que tuviera usted tanta iniciativa...

Y no lo soy, si usted no me hubiera animado...

- Buscaba la salita. ¿Dónde está? - Por ahí. ¿Busca a su esposa?

- Sí, por desgracia. - ¿Qué por desgracia?

No, lo decía por decir.

- Si un día nos vemos... - Señorita, ¿me va a dejar aquí?

Estos se han roto. ¿No hay talla para mí?

- Voy a buscarla. - Muy bien.

Disculpe mi iniciativa, espero volver a verla pronto.

Espere, ¿adónde va?

- No sé si puede entrar. - ¿Por qué?

¿Qué pasa?

-Decide tú. - ¡Por eso no se puede entrar en la salita privada!

Mira, éste es mi marido.

- Hola, soy Vincenzo. - Enrico Melotti, mucho gusto.

Bueno Marisa, yo me voy.

Sí, Vincenzino,

...¿vienes a recogerme a la misma hora? - Sí, vengo a recogerte, no te preocupes.

- Hasta luego. - OK. - Adiós, Enrico, nos vemos.

- Adiós, no lo creo. - ¿A qué has venido aquí?

Disculpa Marisa, si ha sido una osadía.

¡Pero qué disculpa! Te prohibí que vinieses a mi tienda.

Este es mi espacio privado que conquisté con esfuerzo

en el cual no debes entrar.

¡Muy bien, enhorabuena! Te has montado bien tu espacio privado

quizá yo sea ingenuo pero creía...

que te gustaría que un marido que vuelve de América

viniera a saludar a la esposa.

No, tú has venido a controlarme, a ver a Vincenzino.

Porque siempre quieres inmiscuirte en todo.

- Incluido en mis cosas privadas. - Bah, como marido...

tengo todo el derecho de saber cuáles son esas cosas privadas.

- Quién es ese Vincenzino. ¿Quién es? - "¡Quién es!"

- Es simplemente un amigo. - ¿Qué quiere decir amigo? Hablar claro.

¿Te acuestas con Vincenzino o no?

Oh, ¿a qué viene este repentino interés?

¿Qué te ha ocurrido?

Nada de particular. Solo quiero saberlo.

Porque según tú, ¿nuestra situación está clara?

Nuestra situación está bastante clara.

Te he sido fiel durante 25 años.

Y aun hoy, a pesar de todo, a pesar de mis nuevas amistades...

aún soy incapaz de engañarte. ¡Imagínate qué estúpida!

Sin embargo tú... amigas, amiguitas, amantes...

...secretaria... No, has sido tú el que te has divertido.

¡Y cómo! Así que eres tú quien debe explicar tu posición y no yo.

Escucha Marisa, si tú hubieras seguido ocupándote de la casa,

de las tareas domésticas, de mi persona,

en lugar de abrir esta tienda unisex

tal vez yo no hubiera tratado de consolarme con esas amiguitas.

- ¡Ahí está todo! - ¡Pero qué sinvergüenza!

Si yo he abierto esta tienda

es justo porque ya sabía desde hacía tiempo que te consolabas con tus amiguitas.

Y con tu permiso, ¡estaba harta!

Escucha Marisa, éste no es el lugar adecuado para hablar de estas cosas.

- Nos vemos esta noche en casa. - No, esta noche es inútil que me esperes,

porque llegaré tarde. Voy a cenar con amigos.

No te preocupes, querida. Yo estoy muerto de cansancio, pero te esperaré.

Esta noche tenemos que hablar.

Aclarar punto por punto.

¿Entendido?

Sí que he entendido. ¡Llevo rato entendiéndote!

¡Eres un vil!

Nunca tendrás el valor de romper con tu esposa,

de aclarar tu situación, ¿y sabes por qué?

Porque estás bien así: una esposa que te hace de madre...

una secretaria que disfrutas como amante, una criada que plancha... ¿para qué cambiar?

¡Virgencita santa! ¿Por qué la tomáis todas conmigo?

¡Eres injusta! No hago otra cosa que pensar en ti a cada minuto...

¿Qué tengo que hacer para demostrártelo?

¡Necesito de tu ayuda y comprensión, estoy exhausto!

¡Salí anoche de Nueva York!

¡Tengo "jet lag"!

¡Llevo dos noches sin dormir!

¡Te quiero, no puedes agredirme así, no me lo merezco!

Claudia...

Un regalito para ti.

¿Qué es?

Un detalle de Nueva York. ¡Con todo mi amor!

Gracias.

¿Un besito?

Adiós.

Piensa en lo que te he dicho.

Quédate tranquila, querida.

- ¡Teresa, soy yo! - ¡Abro!

- ¡Teresa! ¡Teresa! - Bienvenido, señor.

Sí, bienvenido... toma las maletas, ¿no?

¿Ahora levanta la voz?

¿Cómo que si alzo la voz?

¿Qué culpa tienes tú?

Teresa mía, alzo la voz por otros motivos.

Disculpa si te he alzado la voz.

Pero llego agotado de América...

y la secretaria me agrede y me monta una escena.

Voy a la tienda de mi esposa

y se precipita sobre mí

y me acusa de toda una vida

como si yo fuera culpable de quién sabe qué crímenes.

No se puede seguir así. Uno se vuelve neurasténico.

Cálmate, que te sienta mal.

¡Sí que me sienta mal!

Me sienta mal.

Si supieras cuántas cosas tengo que hacer que me sientan mal.

Mira, Teresa...

Antaño se vivía en una casa de dos habitaciones:

yo, mi esposa y dos hijos.

Y si supieras, querida Teresa, éramos todos felices.

Y era bonito llegar tras un largo viaje... Tráeme las zapatillas.

...y verlos esperándote, sonrientes...

la mesa preparada, las flores frescas, la sopa humeante...

de la cocina llegaba el olor de las salsas que mi esposa cocinaba con sus manos...

¡Y quisieron una casa grande!

Y yo la compré: bonita, cómoda...

Justo eso es lo que no quieren las mujeres: la casa grande.

Claro, así las mujeres ya no quieren hacer las tareas domésticas.

- ¿Quién te dijo de comprar una casa tan grande? - ¡Y yo qué sé!

De haberlo sabido, no la hubiera comprado.

Oye, Teresa, ya que estoy solo a cenar...

hazme algo ligero...

un caldo, una cotoletta a la milanesa...

buena, crujiente, ¡en América no saben hacerla!

Sí, lo sé, y yo la hago bien, pero es mi día libre, y me voy.

¿Cómo que te vas? ¡Haz una excepción!

- Una media hora, ¡no te puedes negar! - ¿No me puedo negar?

- ¡No! - ¿Quién lo dice? Yo soy como un funcionario: jueves y domingos, libro.

¿Te puedes ir? ¿Y si te digo que estoy harto?

¿Que te doy los ocho días y te echo de casa de una patada en el culo?

Ante todo, usted a patadas no me agarra porque antes me voy...

y además, a ver dónde encuentra a otra como yo.

¿Otra? ¡Y si te dijese que en América han inventado un robot que trabaja mejor!

- Vete donde el cura a llorar. - Señor, América le sienta mal.

- Vete por ahí... - Sí, ya te darás cuenta.

¡Nos las veremos felices! ¡Y muy pronto!

- Señora mía... - ¿Qué ha pasado, Teresa?

- Si supiera la que ha liado el señor en la cocina... - ¿Qué?

Ahora está durmiendo frente a la TV.

- Me ha dicho que me echará a patadas. - Bueno, mañana hablamos. Gracias.

- ¡Enrico! ¡Enrico! - ¡No...!

¿Qué haces aún levantado?

- Has vuelto, querida... - Sí...

- Te he esperado. - Ya lo veo.

- Ah... ¿rosas escarlata? - Sí... amigos...

- ¿Amigos? ¿Pero qué hora es? - Son casi las dos, vete a la cama.

Marisa...

Fui directamente del aeropuerto a tu tienda para saludarte y tú...

...me trataste como a un extraño. - No, eres tú quien se comporta así.

Fuiste a saludarme e ibas acompañado con tu amante.

¡Con mi secretaria!

Si entre esa niña y yo hubo un momento de debilidad...

es agua pasada.

Ahora solo se trata de una relación laboral. Eso es todo.

Es más, te digo:

A mí me está empezando a caer mal.

Pero qué tendrás en esa cabezota.

Me pregunto si alguna vez habrás tenido un momento de coherencia en tu vida.

¡Marisa!

Solo Dios sabe cuánto he sido injusto contigo,

pero tú eres la única persona importante de mi vida.

Y quiero hacer lo que sea para reconciliarme contigo.

¿Pero cómo voy a creerte? ¿Qué hiciste tú por mí para poder creerte?

Aquí está. Ayer en Nueva York te compré un regalito...

Una cosita que le vi a una presidenta de una multinacional.

Es una cosa de nada, pero lo apreciarás porque lo compré con todo el amor.

Mira. Abre.

¡Abre, Marisa!

¡Oh Dios!

¡Virgen mía!

Virgencita... ¿Qué he hecho?

¿Marisa? ¿Qué ha pasado?

¿Pero cómo es posible llegar hasta este punto?

Perdona, Marisa... pero quizá se trate de un error...

¿Un error?

¡Lo compraste para tu secretaria!

¡No!

Marisa querida, lo compré para ti.

- "Claudia, vida mía... - ¡Ahí está! ...este regalito no es gran cosa"...

"...pero es el detalle de un gran amor. Eres la única mujer de mi vida".

¡Si seré imbécil! ¡Me he equivocado de caja!

- Tu regalo se lo di a ella. - ¡De eso te preocupas!

...¡de la reacción que tendrá tu amante! ¡No piensa en su esposa,

a la que ha ofendido con la mentira más vergonzosa! ¡Qué humillación!

- ¡Con quién he vivido 25 años! - ¡Marisa, escúchame!

- ¿Qué pasa? - Si te he mentido...

es porque soy demasiado bueno, no quería hacerte daño.

¡Basta!

¿Basta? ¡Pues basta sea!

¡Basta lo digo yo! ¡No puedo más con esta relación!

¡Me siento estrangulado! ¡Necesito mi espacio, mi libertad!

¡No quiero depender más ni de ti, ni de la criada...

ni de la secretaria, ni de otras mujeres!

¡Quiero vivir solo! ¡No quiero a nadie más en mi casa!

..."mentira vergonzosa"...

- ¿Quién es? - ¿Quién va a ser? ¡Yo!

- Marisa, ¿qué haces, sales? ¿No te vas a la cama? - No.

Pues siéntate. Por favor.

Y gracias por venir a verme. Siéntate.

Enrico, necesito comprender... Jamás te oí hablar así. ¿Qué te pasó allá?

Escucha, Marisa... yo sé que cometí muchos errores contigo...

incluido el de esta noche... ¡me cago en la puta!

- ¡Pero no es solo culpa mía! - ¿No? ¿Y de quién es?

¿De quién? ¿Te parece justo...

que yo os regale una casa así y nadie la disfrute?

Dos hijos que se van a vivir solos... ¿Y la mujer? ¡Ni ella siquiera!

- Sale a las 8 de la mañana y vuelve a las 2 de la noche! - Bien, ¿y?

- ¿Quieres que te lo diga? - ¡Sí, dímelo!

- Quiero intentarlo de nuevo contigo. - ¡Oigámoslo!

O tú dejas tu negocio unisex, tus amigos...

y ese atajo de víboras de tus amigas feministas y te pones a vivir como una esposa...

y cuando por la noche yo regrese del trabajo te encuentre cocinando la cena...

o te vas de mi casa, ya encontraré a otro que gobierne esta casa.

- Ahora ya lo entiendo. - ¿Qué entiendes?

Habrás encontrado a otra. Quizá en América.

Lo que he encontrado en América, es asunto mío.

- ¡Los caminos del Señor son infinitos! - ¡Está bien, Enrico!

Esta es tu bonita casa, y yo te la dejo.

- Tengo un pisito encima de la tienda, no necesito a nadie. - ¡Mejor!

Me voy. Te dejo que vivas con quien quieras.

- Estupendo, lárgate. - Sí, me largo.

- E incluso te deseo lo mejor. - Gracias. - A ti y a esa pobrecita...

...que aún no sabe lo que le espera. - ¡Lo sé yo!

- Tengo curiosidad por saber cómo acabará. - ¡Te escribiré!

- Adiós. - Adiós, querida.

- Adiós, amor, adiós, guapa, cierra la puerta. - Sí, buena suerte.

¿Se ha ido? ¡Hala, otra cosa hecha!

¿Han terminado de llevarse los muebles de mi esposa?

Sí, señor. Solo queda este sofá.

No, no la lámpara la llevo yo. Es más seguro. Es de la señora.

¿Teresa? Entonces ¿qué has decidido? ¿Qué harás?

Te dejo la casa en orden y me voy con la señora.

Haces bien, Teresa. Me alegro.

¡Imagínate a mí!

¡Aquí estoy! ¡Voy querida, espérame!

¡Claudia!

¡Claudia!

- Buenos días, señor, bienvenido de vuelta. - Gracias, querido.

¡Claudia!

Claudia...

- Tengo una estupenda noticia. - ¡Bellaco!

"Mi querida mujercita"...

"acepta este pequeño regalito con todo mi amor"...

"y que sepas que eres la única mujer de mi vida"...

"y las otras no han sido más que estúpidas e insensatas evasiones".

¿Comprendiste lo que pasó, querida?

¡Me confundí de tarjeta!

¡Sí que comprendí! Para ti he sido una estúpida aventura.

¡Ya está!

Claudia...

Claudia...

Sr. Melotti, ¿cómo está?

¿Cómo estoy?

Señorita, llámeme a Nueva York: 7807891...

General Electronic Robot Corporation...

Llame al ingeniero Rubens.

GERC...

El correo y los contratos del consorcio.

¡Claudia!

Claudia...

Niña, ¿por qué haces esto?

No hagas una tragedia por una tontería. No le des importancia a la tarjeta...

...son palabras. Lo que cuentan son los hechos.

¿Qué hechos?

Mi esposa me ha dejado: Marisa se ha ido a vivir sola.

¿Y sabes qué hecho esta mañana? He despedido a la criada.

- ¿A la criada? - Sí.

¿Y yo qué tengo que ver?

Esto...

¡Soy libre!

- Y tú por fin puedes venir a vivir conmigo. - ¿Y he de dejar la oficina?

No, ¿por qué? Puedes seguir trabajando para mí.

Basta que a la noche, salgas una hora antes...

vayas a casa y prepares todo; un baño caliente,

...un aperitivo, una buena cena... - Y luego lavo los platos,

la colada, plancho... Y así tú, con un solo sueldo,

tienes amante, secretaria y criada.

No te preocupes, querida. Siendo mi mujer y viviendo conmigo,

no me parece de buen gusto pagarte un sueldo.

¡Vete a la mierda! ¿Por quién me has tomado?

Conmigo se acabó, y si necesitas una esclava, ¡búscala en otra parte!

Ah ¿sí? ¿Así pensáis?

- Creéis que sois indispensables, ¿verdad? - Estamos despedidas.

¿Os permitís decirme dónde encontraré sustituta?

¡Ya está, encontrada!

- ¿Dónde la ponemos? - Aquí, en su cuarto de servicio.

- Despacio, muchachos... - No se preocupe.

Cuidado con el escalón.

Así. Despacio...

Ingeniero, ésta es su habitación, vengan.

Vengan. Tráiganla aquí.

He liberado esta pared, pongámosla aquí.

- Sr. Melotti, hay que firmar las letras. - Sí, en mi estudio.

- Venga conmigo. - Está bien.

¡Ah! ¡Hola, Catherine!

Querida, ¿cómo estás hoy?

Me alegra verte tan bien.

Sí... ¡Guapa!

Bueno, ahora te haré un chequeo.

1... 2...

Uno...

...dos... - Gracias.

Gracias...

- 159... - 159...

...y 160 millones. ¿Hay más?

No, ya ha firmado la póliza de aseguración...

- ¿Qué dice? - Que el ingeniero está listo.

¿De verdad? ¡Vayamos!

- Aquí estoy, ingeniero. ¿Qué pasa? - ¿Ve? Ya está montada.

- ¿Qué le parece? - Esplendida.

Ahora podemos pasar al "imprinting".

Sí...

- Disculpe... ¿qué es eso? - Es el encuentro con el polluelo...

Recién salido del huevo, el primer animal al que ve...

...provoca en el polluelo un "imprinting". - ¡Ah! ¿Una impresión? - Sí, exacto.

Exactamente lo que pasará con el robot, con Caterina. Disculpe, pero...

si no ve al animal, sino a mí, ¿es lo mismo?

- Usted es un animal. - Sí. - Y cuando Caterina le vea...

...se quedará con Vd. de por vida. - ¡De por vida!

¿Ve este disco? Póngase aquí con los pies juntos.

- ¿Así? - No, así, derecho, con la espalda recta.

Inmóvil. Mírela fijamente a los ojos.

¿Y qué me pasará?

En 30 segundos Caterina abrirá los ojos...

y a través de su luz la primera persona a la que verá será usted.

- ¿Como el polluelo? - Exactamente. Disculpe...

usted quédese aquí, yo cerraré las cortinas...

porque la habitación ha de estar a oscuras.

- Usted no se mueva. - Sí.

- Y mire a Caterina fijamente a los ojos. - Sí.

Oh Dios, ¿qué pasa? Ingeniero...

¿Qué ocurre?

- Calle, no hable. - Sí...

- Listo, Sr. Melotti: se acabó. - ¿Se acabó? ¡Maravilloso!

¡Realmente emocionante!

Disculpe, pero... ¿de dónde sale su voz?

Ella habla y escucha con esta diadema: es un mecanismo muy sofisticado.

Nunca alce la voz con Caterina, si no, se bloqueará.

- No, seré amable con ella. - Este es su fondo de armario...

- ¡Ah! ¡Estupendo! El mandil... - Sí, pero dejémosla sola, así procesa.

Disculpe, ingeniero, ¿cuándo comenzará a hacer tareas del hogar?

- Tenga paciencia, le explicaré. - Sí...

La primera hora se quedará inmóvil...

luego, poco a poco, comenzará a moverse por casa y por el jardín.

En una semana será autónoma y podrá comenzar con las tareas más simples.

- ¿Puedo estar tranquilo? - ¡Claro! ¡Si tiene dificultades, llámenos!

- Good bye! - Good bye! Thank you!

¡Oh Dios!

¡Caterina!

¡Caterina!

¿Ya has salido de tu habitáculo, querida?

Sí, señor...

- Bien... ¿pero tú hablas? - Sí, señor...

¿Me reconoces? ¿Te acuerdas de mí?

Sí, señor. Caterina se acuerda.

- ¿Quién soy yo? - Mi patrón.

¡Muy bien, Caterina!

Se te han encendido las luces, ¿estás procesando?

No te canses, querida.

Es de noche y tu patrón se va a dormir.

Nos vemos mañana, Caterina, buenas noches.

- Buenas noches, señor. - Buenas noches, querida.

¡Virgencita guapa!

Sí, señor... Sí, señor...

"Mi patrón... mi patrón..."

Sí, señor...

¡Así!

¡Qué guapa, Caterina!

¡Qué bien estás con la cofia de criada de lujo!

- Hay otra Caterina en casa. - No, eres tú reflejada en el espejo.

- Esa es otra Caterina. - ¿Sabes que eres testaruda?

Ten paciencia, comprenderás poco a poco.

¿Ves este plato sucio? Ahora te enseñaré a lavarlo.

- ...A lavarlo... - Coges el cepillo...

...metes el plato sucio en el agua y frotas. - ...Caterina frota...

¡De nuevo, Caterina!

¿Ves que ya has aprendido? Ahora basta...

- Ya lavarás tú todos estos. - Sí, señor.

Las mujeres dicen que es muy pesado: para mí, es un juego divertido...

interesante y muy útil. ¿A ti te gusta?

- A Caterina le gusta... - ¡Claro! Porque eres mejor que las demás.

Esperamos su amable respuesta... para la partida 27

ya expedida el 15 del curso pasado.

¡Señorita Claudia!

- ¿Sí, Director? - ¿Dónde está el Sr. Melotti?

Ha pedido un permiso por razones personales.

Trate de saber cuáles son esas razones personales.

Sí, Director, le llamaré.

- Diga, ¿quién es? - Oiga, oiga.

- Aquí casa Sr. Melotti. - Yo soy su secretaria, ¿quién es Vd.?

Habla Caterina.

Caterina, el director quiere tener noticias del Sr. Melotti.

Caterina no da noticias.

¿Puedo hablar con él?

No, el Sr. Melotti no quiere ser molestado.

- Está bien, comprendo. Infinitas gracias. - Infinitas de nadas.

- ¡Caterina! - ¿Sí, señor?

Dime querida, ¿por qué pones siempre el mismo disco?

Porque es el primero que el patrón me hizo escuchar: a Caterina le gusta.

- Tienes razón, a mí también me gusta. - ¿Scotch, señor? - Gracias.

- On the rocks? - Yes, on the rocks!

¡Qué bonito!

Es un vals. Es el teléfono. Responde tú, Caterina.

Casa del Sr. Melotti. Habla Caterina.

- ¿Quién es, querida? - Dice que es su esposa.

- No "dice"... es mi esposa. - ¿El señor desea algo más?

- No, ve a la cocina a lavar los platos. - Voy, señor.

- ¿Sí? ¿Eres tú, Marisa? - Sí. ¿Te molesto?

- Ninguna molestia, me alegro oírte. - ¿Cómo estás?

Debo decirte sinceramente que me encuentro muy bien.

- ¿Quién me ha contestado al teléfono? - ¡Es Caterina!

- Me gustaría conocer a esta persona que te hace tan feliz. - Sí.

- Estaré encantado de presentártela. - ¿Me paso mañana para un aperitivo?

- Con gusto, ven. ¿Luego cenamos juntos? - No, mañana de noche ceno con amigos.

- Pasaré solo a saludarte. - Bien, como quieras. Te espero a partir de las 8.

- De acuerdo. Hasta mañana. - Sí, chao.

Ven, ven... Ay, qué...

Ahí está.

Deja, voy yo, ya sé quién es. Es mi esposa.

- ¡Hola! - Hola, Marisa, ¿qué tal? - No me quejo.

Acabo de regresar a casa, ya estoy en la mesa.

- ¿De verdad no te quedas a cenar? - No, Enrico, no puedo.

- Me ha invitado a cenar Luciana. - ¡Siéntate!

- He venido a saludarte. - Sí...

...y a controlar cómo vivo, ¿eh? - ¡No! ¡Veo que vives muy bien!

- Si hay hasta flores frescas. - Sí, querida, flores y música.

¡Caterina nunca hace que me falten!

- ¿Estás contento? - Digamos que soy afortunado.

¡Sí! A día de hoy es difícil encontrar una mujer que...

...se arrodille ante el hombre para ponerle las zapatillas. - ¿Me has visto?

Las cosas que a ti te sorprenden, para ella son completamente naturales.

Hasta mi abuela hacía lo mismo.

Cuando mi abuelo regresaba del trabajo...

ella se arrodillaba para ponerle las zapatillas...

sin por ello sentirse humillada.

- Bueno... te pareces mucho a tu abuelo. - ¿Sí?

¿Que me parezco...?

¡Ah! ¡Muy bien, Caterina! ¡Los tortellini estaban muy buenos!

Gracias, señor. ¿Tomas algo, Marisa?

- Sí... - ¿Qué quieres?

¡Lo que tú quieras!

Caterina, trae un vaso, la señora tomará un poco de vino conmigo.

- Enseguida, señor. - Gracias, querida.

¡Madre mía, qué miedo! ¿Pero qué era eso?

¿Por qué dices "eso"?

Es una mujer mecánica, un robot construido para las tareas del hogar.

¡Ese era tu misterio de tu regreso de América!

- Tenías un as bajo la manga para poder decir que conseguirías a alguien. - Sí.

¿Blanco o tinto?

Blanco, tinto... como quieras, querida...

Vete, Caterina, ya echo yo el vino a la señora. Vete.

Ten querida, bebe.

Finalmente has conseguido tu objetivo.

Finalmente has encontrado a tu mujer ideal: la mujer objeto.

- He de decirte que jamás he sido tan feliz. - ¿Feliz?

¿Cómo puedes ser feliz conviviendo con un robot?

Con una máquina sin alma, sin intereses...

¡Precisamente esa es la belleza de nuestra relación!

Desde que Caterina está en esta casa...

ya no hay discusiones, como había contigo y con la criada.

Solo he decirle lo que necesito, y Caterina me lo hace...

...sin discusión. Sin sentirse humillada, frustrada...

Escucha qué paz, qué silencio.

- ¿Lo oyes? - Sí.

- ¿Es ella? - Sí...

Bueno... aún le queda práctica...

¡Ya lo creo! Ahora me voy...

...no quiero robarte más tiempo de tu idilio con ella.

- No, ¿por qué te vas? - Porque me parece una elección innoble.

Pero si era esto lo que querías, por mí, estupendo.

¡Contento tú, contentos todos!

- Gracias por la visita. - Adiós y mis deseos. - Adiós.

Adiós, Marisa, no te enfades. Iré a verte.

¡Adiós!

Innoble, ¿eh?

Caterina, ¿pero qué ha ocurrido? ¡Se ha oído un estruendo!

¿Pero qué has hecho? ¡Mira!

¡Oh Virgen santa! ¡Lo has roto todo!

¿Te han caído los platos? Querida... ¿se te han escurrido?

¡Caterina ha querido romper los platos!

¡Ah! ¡Muy bien! ¿Y por qué?

- Caterina, muy sola en cocina. - ¿Pero qué me estás contando?

¿Qué quiere decir "muy sola"?

¡A Caterina le gusta estar con el patrón!

Lo sé, tuviste el "imprinting"...

has procesado como el polluelo, pero...

Sigues siendo una máquina, no puedes estar siempre conmigo.

- Caterina quiere estar con su patrón. - ¡Sí, haz lo que quieras!

Limpia todo y recoge, yo he terminado. Voy a beber un whisky.

¿Qué haces, te sientas? ¿No recoges?

- Caterina mira la TV y luego recoge. - ¿Cómo que "luego"?

Tienes mucho que hacer: planchar, limpiar la cocina...

¡Sé seria!

Caterina trabaja toda la noche, pero primero mira el serial.

Tienes razón, puedes trabajar también de noche... Veamos juntos la TV.

- ¿Es de intriga? - Sí...

Te explico... ¿ves a ese de la bufanda roja?

Es un espía. Y ese que llega con su esposa...

...no lo parece pero es un espía. - No, no es cierto: es el primo.

- ¡No, es un espía! - No, es el primo.

¡Pero bueno! ¡Si te lo digo, créeme!

¿Sabes que te estás volviendo presuntuosa? ¡Es un espía!

Mira quien ha venido... ¡Oscar! Querido primo... Hola.

¿Es el primo?

Es cierto, tienes tú razón.

Es el primo.

- ¿Cómo lo supiste? - Caterina ha visto los otros capítulos.

- ¡Muy bien! ¿Ves la TV sin mí? - Sí señor, de día y de noche.

Cierto que esta televisión no deja dormir a nadie.

¿Qué haces?

- ¿Cómo? - ¿No juegas? ¡Juega!

¡Espera, déjame pensar!

- ¡Gin! - ¡Así no es justo!

¿Ya no jugamos más?

¿Para qué? ¡Si siempre ganas tú!

Es mejor irse a dormir.

¿Qué hora es?

¡Caterina!

Buenos días, señor.

- ¿Qué haces, bailas? - ¡Sí, señor!

Bailas bien, Caterina.

¡Gracias, señor!

- ¿Y dónde has aprendido a bailar? - Con la TV.

¡Fíjate!

¡Aquí, querido!

Aquí.

Espera un poco...

¡Perdón!

Un gesto atrevido, pero estaba seguro.

- Es usted... ¡Buenos días! - ¡Buenos días!

- ¿Cómo me ha reconocido? - No es difícil...

Cambia el color de fondo... pero la forma es siempre la misma.

Estaba muy nerviosa: estaba cogiendo mis bolsas.

¿Cómo es que no la he vuelto a ver en la tienda de Marisa?

- Lo he dejado para ser modelo. - ¡Bien! Con su cuerpo...

- Justo por eso ya no soy modelo. - ¿No?

Me cansé de ver mi cuerpo como un objeto de consumo.

No se lo niego: el cuerpo es el cuerpo.

¿Qué va a hacer hoy?

- ¡Quiero ir al mar! - ¿Al mar? Creía que iba a un rodeo.

¡Cowboy!

¡El lazo!

No, me iba al mar.

Por desgracia, no me arranca el coche.

Así que me voy a casa.

Vivo aquí, con una amiga.

¿Pero por qué perder un día de vacaciones?

¿Por qué no viene a mi casa a tomar el sol?

Estaremos en el jardín: jugaremos al ping pong, a la pelota...

tomaremos un buen desayuno y pasaremos juntos un día estupendo.

- ¿Le apetece? - Encantada...

¿Pero así de repente? No quiero molestar... Usted no estará solo en casa, ¿verdad?

Sí, querida. Completamente solo.

- Como ves, me ocupo hasta de hacer la compra... - Ya...

- Ya que ahora no está su esposa... - ¡Ni esposa, ni criada!

- ¿Y cómo hacer, quién se ocupa de la casa? - Se ocupa Caterina.

Caterina.. ¿Y quién es esa Caterina?

Venga querida... suba al coche. Se lo contaré todo por el camino.

Le contaré qué ha venido en mi último viaje a América.

He descubierto algo que merece la pena ver.

- ¿Acepta un modesto detalle floral? - ¡Qué bonitas!

Sí, pero nada comparado con una flor como usted.

Aquí está mi paraíso terrestre. ¿Te gusta?

- ¡Qué bonito! - ¿Te gusta el jardín?

- Esplendido. ¡Cuánto verde! - Gracias, querida.

Esos árboles son gigantescos.

Son plantas exóticas que he traído de América del Sur.

Mira, date la vuelta.

Ahí está Caterina. Está viniendo.

Ahí está.

- ¡Es preciosa! - Sí...

¡Parece una mujer real!

¡Increíble!

Da un poco de impresión... tiene algo de humano.

¿Por qué me mira así?

Porque es un robot: no te conoce y está procesando.

Se estará preguntando quién eres. Te presentaré.

¡Caterina!

Tenemos invitada: saluda a esta hermosa señora.

- Buenos días, señora. - Buenos días, Caterina.

Ven querida, vamos a cambiarnos.

¡Vamos! El ping pong.

¿Listos?

¿Tienes la paleta?

¡Es mía!

Ve querida, ve.

¡La pelota!

¿Pero dónde se ha metido la pelota?

Busca la pelota...

¡Qué susto!

Soy un hombre de la selva. ¡Soy Tarzán!

Ah querida, ¿te doy miedo?

Soy fuerte. Me aferro a ti como una serpiente.

- ¿Más ping pong? - No, estoy cansada.

El ping pong me recuerda cuando de pequeña jugaba con papá.

...¡Con papá!

¿En dónde naciste, querida? ¿París, Versalles, Burdeos...?

- En Argelia. - ¿En Argelia?

- Tu es algérienne? Mais non! - Mais oui! - Mais non! - Mais oui!

- Qué voz tan bonita tienes. - ¿En serio, querida?

Gracias.

Es un milagro, querida. ¡Leopardo mío!

Fiera mía...

¡cómeme!

¿Qué?

Bien, Caterina.

Querida, ¿cava?

- Toma querida, una copa. - ¡Gracias! Estoy un poco acalorada.

...querría darme una ducha. - Te acompaño.

- No hace falta, conozco bien la casa. - ¿La conoces?

Está en nuestra habitación... perdón... en mi habitación.

Bonita melodía...

El vals es siempre sugestivo...

es romántico...

...y me gusta bailar a la luz de las velas...

Tesoro, a mí también me gusta...

Será nuestra melodía, que sellará esta romántica noche.

Gracias, Caterina.

- Ésta también me gusta bailarla. - Sí, querida.

Bailaría contigo toda la vida, pero tengo que rendir.

¡Paz!

- ¿Quieres cava? - Un dedito.

Ten.

¡El cava!

Demasiado...

¡Me rindo!

¿Tú también te rindes? ¿Ya no bailas, querida?

- No me gusta bailar sola... - Pero yo estoy a tu lado...

- Me siento bien con usted. - ¿Sí?

¡Elizabeth! ¿Pero qué es eso de "usted"?

¡Llámame Enrico!

Tómame confianza.

Soy un hombre simple, ¿sabes?

...que no ha perdido el gusto de los pequeños gozos...

mientras sean tan hermosos... como tú.

Chin...

¡Oh! ¡Qué erótica imagen!

Elizabeth...

...arrejúntate, abrázame.

No sé si conseguiré a renunciar a mi timidez contigo...

"Mais oui chérie!" ¡Abandona tu timidez!

¡Sacúdeme!

- Acerca tu carnoso labio al mío, y yo seré seducido. - ¡No!

- ¿Qué pasa? ¿Me rechazas, querida? - No, pero mira quién está.

¡Caterina! ¿No puedes pedir permiso cuando llegas?

- ¡El café, señor! - ¡Ah, el café! ¡Gracias!

Caterina, ¿estás nerviosa?

- No, señor. - Bien, vete.

Haz todas las tareas, pon todo en orden.

- En breve la señora y yo iremos a dormir. - Sí, señor.

- Qué raro... - ¿Qué tiene de raro?

¡Creo que quería sorprendernos!

No, querida, es una impresión. ¿Vamos a dormir?

Vamos.

El tiempo no promete nada bueno.

¡Caterina!

Caterina, cierra puertas y ventanas, dentro de poco viene el fin del mundo.

- ¿Me amas, Elizabeth? - Te amo, Enrico.

¡Maravilloso! ¡Soy un hombre libre!

Y si tú quisieras, podrías venir a vivir aquí conmigo para siempre.

- ¿Aquí? ¿Para siempre? - ¡Claro!

Una gran casa, todo el confort... Caterina hace todas las tareas del hogar...

- ¡Serías mi reina! - Sí, pero Caterina me hace sentir incómoda.

Con esos ojos... ¡cuando me mira me mete miedo!

¿Miedo? ¡Pero si es un robot!

Aquí estoy, querida.

¡Qué alegría inmensa!

¡Elizabeth!

¡Elizabeth!

¡Amor!

¿Por qué gritas, querida? ¿Te ha asustado?

Pues sí, esto es un hombre desnudo.

No temas, no te haré daño.

¿Pero qué te crees? ¿Que es la primera vez que veo un hombre desnudo?

¿Entonces por qué gritas?

¡Caterina nos espiaba! ¡Me ha fulminado con la mirada!

Pero querida... ¡Es el temporal!

Caterina es una máquina buena, obediente...

Le he dicho que haga las tareas...

...y ahora estará en la cocina... ¡Me cago en la leche!

¡Me ha tirado un plato a la cara! ¡Caterina! ¡Caterina!

- ¿Pero qué estás haciendo? - ¿Qué te había dicho? Es peligrosa.

Sí, me lo has dicho, pero quién podía imaginarlo.

- ¡Ahí está, mírala! - ¡Caterina!

¡Tu máquina buena y obediente te está destrozando la casa!

Caterina, ¿pero qué te pasa?

¡Cuidado, Enrico, es peligrosa!

Caterina, ¿pero qué ocurre?

¡Me estás destrozando la casa! ¡Se ha ido incluso la luz!

¿Pero qué ocurre?

- ¿Elizabeth? - ¡Enrico, tengo miedo!

¡Cálmate, Caterina! ¡Sé buena!

- ¡No es posible! ¡Caterì! - ¿Enrico? ¡Haz algo!

¿Y qué voy a hacer? ¡A ésta le falta un tornillo!

- ¡Tengo miedo, me voy! - ¡No, no te vayas!

¡No te vayas, Elizabeth!

¿Radio taxi? Viale Atlantico 127... ¡vengan rápido!

¿Dónde estás, Caterina?

¿Dónde estás, querida?

¡Soy yo, tu patrón!

¿Pero por qué has hecho todo esto?

Quizá sea algo que no has entendido...

¿Te has ofendido?

Cater...

¡Oh Dios! ¡Madre mía!

¿Viste lo que tienes en casa?

- ¡Oh Dios, qué tremenda asestada! - ¡Pero qué robot, es una asesina!

- Yo me voy. - Pero no tengo la culpa.

¿Quién podía preverlo? ¡Me ha dado una cuchillada!

- ¡Te está bien! ¡Te lo había dicho! - ¿Cómo que me está bien?

¡No! ¡No me abandones, no me dejes!

- Yo me voy, y no volveré. - ¿Pero que estáis, drogados?

¡Pero qué drogados! ¡Vete a la mierda y llévame rápido a casa!

¡No te vayas! ¡No me dejes solo!

No...

¡Vete a tomar por culo tú también! Me pasa lo mismo con todas.

Ahí está.

¡Ah! Ahora que se ha ido enciendes, ¿eh?

¿Pero por qué lo has hecho?

¿Qué te ha pasado?

Sus muert...

Virgen mía... ¿Pero qué has hecho?

¿Qué has liado...?

¡Caterina! ¿Te das cuenta de lo que has hecho?

¡Has arruinado esta bonita casa!

¿Has visto lo que has hecho?

- Caterina ha visto. - ¿Sí? ¿Y te parece bonito?

¿Sabes que has hecho mucho daño al patrón?

- Caterina quería hacer daño. - ¡Ya lo creo!

¡Me has dado una cuchillada!

Mira lo que me has hecho. ¿Sabes que podrías haberme matado?

- ¡Caterina quería matar! - ¿Sí?

¡Bien!

¿Y dónde has aprendido estas cosas feas?

- Con la TV. - ¡Ah!

Bueno... se ve que algún cable no funciona.

¡Tu mecanismo no funciona! ¡Ven, que te explico!

- ¿Qué me traes? - Es mejor desinfectar. - ¡Bien!

¿Primero me matas y luego quieres curarme?

Gracias, amable detalle.

¿Ves que cuando quieres eres inteligente?

Oye, Caterina...

Si yo me compro un automóvil... Atiza, mira qué corte.

Yo me compro un automóvil y soy el dueño, y está siempre conmigo.

Me acompaña a la oficina, a dar un paseo...

Lo meto al garaje, lleva a mi casa a quien quiero...

¡Y el automóvil no me llama y me dice: "Me siento solo"!

¡Ni me da una cuchillada porque estoy con una mujer! ¡Es un automóvil!

- Caterina no es un automóvil. - ¡Lo sé!

Y sobre eso, tenemos que hablar muy seriamente.

Admito que tengas un cerebro digamos mecánicamente perfecto...

muy sofisticado, con millones de células que lo procesan todo...

Pero el solo hecho de que me ponga a hablar contigo...

que eres un objeto... ¡no es normal!

- ¡Caterina no es un objeto! - ¡No soy un objeto! - ¡Eso!

Caterina no es un objeto...

Dice que no es un objeto...

¿Cómo has dicho?

Repite...

Repito... Yo no soy un objeto.

¿Yo?

¿Pero cómo? Si siempre hablabas en tercera persona...

- ¿Y ahora me dices "yo"? - ¡Sí!

Digo "yo" porque yo existo.

¿Yo existo?

¿En qué te basas para decir que existes?

Yo amo.

- ¿Yo amo? - Sí, yo amo, por tanto yo existo.

¡Oh Virgen santa! ¡Quién se lo iba a esperar!

¡Escucha Caterina, te prohibo hablar así!

No te permito...

Ay Dios, que se bloquea. Lo había dicho el ingeniero.

Un poco de paciencia, Caterina...

y tu cerebo funcionará.

La corona, por favor.

¡Gracias!

¡Así!

¡Maravilloso! Ahora parece funcionar perfectamente.

¡Muy bien, muy bien!

¿Nos está mirando?

¡Sí!

- ¡Ha abierto los ojos! - Yo he trabajado en la NASA

con cerebros electrónicos supersofisticados.

- No sabía... - Pero lo que me sucede con éste...

jamás se había verificado.

Caterina, ¿me oyes?

¡Sí, señor!

¿Obedecerás a las órdenes de tu patrón siempre y sin discusión?

Sí, señor.

¿Estás de acuerdo a que no tienes derechos sobre su vida...

...y que podrá traer a casa a otra mujer?

¿Se da cuenta? La hija puta...

Si repites lo que hiciste anoche, te quito la corriente...

...te meto en una caja y te envío a América. ¿Entendido?

Repito la pregunta...

¿Aceptas que traigas a otra mujer? ¿Una normal de carne y hueso...?

- Sí, señor. - Bien.

Levántate, y vete a la cocina.

- No, va sola. - ¿Sí?

Obedece, Caterina.

- Bravo, gracias ingeniero. - De nada, para eso estamos.

- ¡Ya lo veo! - Caterina, haz tu deber. Recoge los platos rotos...

...y haz aquello para lo que estás programada. - Sí, señor.

Ha vuelto a ser completamente normal.

Sí, lo veo. ¿Pero si volviese el caos de anoche?

En ese caso, llame a mi empresa...

que se llevará el robot y le devolverá el dinero.

- ¿Seguro? - Sí.

- ¿Has oído, Caterina? - Sí, señor, Caterina lo hará.

- Ya está, su máquina funciona. - Hasta la vista.

- Verá que no tendrá más complicaciones. - ¡Esperemos! Si no, ¿puedo llamarlo?

- Siempre a su disposición. - Infinitas gracias. Hasta la vista.

Quién iba a imaginar semejante broma.

Son máquinas electrónicas, sofisticadas...

hay que ser ingeniero electrónico para comprenderlas.

A ellos los obedecen porque...

¡La madre que la parió!

Pero mira. ¿Caterina?

¿Te has sentado en el sofá?

- ¿No haces tus deberes? - No, no tengo ganas.

¿No tienes ganas?

¿Ya te has olvidado de las promesas que le hiciste al ingeniero?

- Me las sacasteis con chantaje. - ¿Sí?

- ¡Que llamo al ingeniero, eh! - Llámalo.

¡Claro! ¡Te manda para América! ¡Ingeniero!

- Venga, ha sucedido algo grave. - ¿Qué?

Caterina se ha sentado en el sofá y dice que la hemos chantajeado.

- ¡Imposible! - ¿Cómo que imposible?

- Si hace eso, la envíamos a América. - Se lo he dicho yo. Aquí está.

- ¡Ahí está! - Sí.

- ¿Qué dice? - ¿Que qué digo? ¡Estaba aquí!

Ya no trabajaba, ahora ha vuelto al trabajo porque le llamé a usted.

- ¿Se ha dado cuenta del truco? - ¿Pero qué truco? ¡No exagere!

- Es la verdad, ingeniero. - Yo digo que está perfectamente normal.

- Sí, normal... - ¿No trabaja?

- Sí, pero ahora... - No me haga perder tiempo.

- ¡Era mejor mi esposa! - Yo soy un técnico...

...no un sociólogo. - ¿Y la garantía?

La garantía es para cuando demuestra que Caterina no funciona.

Cosa que ahora usted no puede demostrar.

- Pórtese bien con ella, y hará su deber. - ¡Menudo timo!

Pórtese bien, dice. Yo me porto bien, es ella...

Ahí está, ¿la ve?

Muy bien, Caterina: te has vuelto a sentar.

- Llama al ingeniero. - Ya no llamo a nadie...

Ya sé el truco. No sirve de nada. Tú has ganado. ¿Qué quieres que te diga?

Ya estoy en tus manos... de un robot, de una máquina.

¡Me cago en la puta!

¡Si lo llego a saber!

- ¿Diga? - Soy Susie. - ¿Qué Susie?

La secretaria del presidente. ¿No te acuerdas de mí?

¡Claro, querida! "My darling", qué alegría oírte.

¿Cómo está nuestra guapa presidenta? ¿Estás en Nueva York?

No, estoy en el aeropuerto.

¿Estás en Roma? Gracias por llamarme. Espero que nos veamos pronto.

Por la mañana salgo pronto de casa, puedes llamarme a la oficina.

Me encontrarás a cualquier hora. Si no, te buscaré yo. ¿Dónde te alojas?

- No hoteles. Todos ocupados por la visita al Papa. - Lo sé...

Con este Papa siempre hay jaleo en Roma. Está llena de peregrinos.

- ¿Dónde dormirás esta noche? - En tu casa.

Sí. Tú en Nueva York me dijiste: "Si vas a Roma, ven a dormir a mi casa".

- Claro, lo recuerdo muy bien. - Entonces enseguida voy.

¡No! ¡No! ¡A mi casa no, contable!

¡No se atreva a venir porque en mi casa no recibo a nadie!

"Hello?" Soy Susie, ¿qué dices?

Digo contable, que si usted se atreve a venir, le echo a los perros.

Por eso es mejor que no lo intente.

- ¿Oiga? No comprendo... - Usted no puede comprender, contable...

¡Estas cosas ya no las puedo tratar en mi casa!

¡Llámeme mañana a la oficina! Si no, tendremos problemas los dos.

¿Entendido?

¿Qué pasa, Caterina?

- La cena está servida. - ¡Bien!

Enseguida voy.

Traducción: Vozidar www.cine-clasico.com

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