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Espera a que nos alejemos de ellos.
Les enviaremos un telegrama.
Desde el oscuro mar, en plena noche.
Yo no iré, Nora.
Con sol y calor mejorarás.
Te lo aseguro.
Siempre has de ir a la tuya.
Por Dios que te voy a domar de una vez por todas.
Sácame las manos de encima. No eres mi padre.
Nos estás avergonzando.
¡Para ya, Tommy!
Te llevaré a un convento.
No le hagas daño.
No te será tan fácil salir de allí. ¡Levántate!
¡Suéltame, papá! No se lo permitas, mamá.
¡Levántate!
Papá lo ha gastado todo. Ya no podemos empeñar nada.
Bebemos en tarros de mermelada.
No puede ir tan mal.
-¿Qué sabes tú si no vienes nunca? -Y seguiré sin venir.
Si acaso, me alejaré aún más.
Entonces, como dice Stannie...
quieres irte de Irlanda.
Stannie lo sabe todo, ¿no?
-Llévame contigo si te vas. -No me voy a ningún lado.
No te ha faltado de nada.
Deberías ayudar a la familia.
Ahora tengo que irme. Ya iré a veros.
Usted no es de aquí.
¿Ha venido de visita?
¿Le muestro Dublín?
Lo siento, pero tengo que trabajar.
Es de Galway.
-¿De dónde diría que soy? -No lo sé.
De Suecia.
¡De Suecia!
Parece un marinero sueco, con esos ojos azules.
-Son muy miopes. -¿Los marineros suecos?
No, mis ojos.
¿No ven lo que les interesa?
-¿Puedo enseñarle la ciudad? -Eso lo sé hacer sola.
¿Nos vemos esta noche?
Trabajo en Finn's.
-¿Y mañana? -También trabajo.
Vaya.
-El miércoles puedo pedir un cambio. -¿A las 8:30?
-Sí, ¿dónde? -La paso a buscar.
Mejor que no.
¿Conoce la plaza Merrion?
¿En el canal? Cerca del puente.
Muy bien. Quedamos allí.
Me llamo James Joyce.
¡Eh, James Joyce!
¿Qué?
-¿No quiere saber mi nombre? -Claro. Disculpe.
Nora Barnacle.
Nora...
Como la de Ibsen.
¿Qué es eso de Ibsen?
Hasta el miércoles.
¿Dónde cree que va?
He hecho un cambio con Ellen.
¿No lo sabía?
Dígale a Ellen que hoy libra ella.
¿Por qué?
¿Cree que puede hacer lo que quiera?
¡Váyase a trabajar!
-¿Por qué no puedo hacer un cambio? -A veces...
me parece que este trabajo no es para ciertas chicas.
"Todo lo que quiero, todo lo que quiero", dice él...
es tiempo y espacio para escribir sobre los que me traicionaron...
y me hicieron exiliar de mi tierra."
¿Puede pagar? Cerramos ya.
Es tu ronda, Cosgrave.
Vamos.
Siempre pago yo.
Venga, Cosgrave. Nos vamos de putas.
Soy mucho mejor que esos, ¿no?
Sí, claro.
Déjame ver.
Enséñame esa manita tuya, por favor.
Ya está bien.
Joyce.
Justo a tiempo.
¿Nos buscabas?
No necesito buscarte, Gogarty. Te huelo a distancia.
-¿Vienes a la casa de citas? -No tengo dinero.
Déjate, ya me ocupo yo de eso.
En ese caso...
eres un hijo de Irlanda.
Y sería una traición fallarte.
Espero que no se enfadase.
La estuve esperando, pero no la vi.
Quizá sea demasiado miope.
Puede que sea estúpido escribirle, pero espero que me recuerde.
Srta. Barnacle.
Sr. Joyce.
Sí, tócame, tócame.
¿Tiene usted un pañuelo?
¿No te la ha presentado?
Sí.
-Es mejor que entre. -No, todavía no.
-¿Te dan miedo? -No.
Srta. Barnacle, el Sr. Cosgrave, el Sr. Gogarty
-y mi hermano, Stannie. -Ya nos conocíamos.
¿Cómo fue su noche libre, Srta. Barnacle?
Que ustedes lo pasen bien.
En favor del bardo hay que decir que no es un snob, ¿verdad?
¿Crees que después de lo de esta noche, no te respeto?
Creeme Nora...
para mí, fue algo sagrado.
Sé que me acabarás entendiendo.
Todavía no nos conocemos.
¿Qué significará que unamos así nuestras bocas?
-¿Por qué? -¿Por que qué?
¿Por qué tú puedes tocarme y yo no?
Porque se me da mejor que a ti.
Te quiero, Jim.
Dices eso...
pero necesito algo más que abrazos, Nora.
Quiero saber quién eres. ¿Me escribirás?
Quiero saber tus pensamientos secretos.
No tengo.
Amor mío...
la honda tristeza que me embriaga siempre que nos despedimos...
sólo puede disiparse cuando imagino claramente tu cara.
Así me parece que durante todo el día estás a mi lado.
Nadie sospecha que mientras ando por la calle o estoy trabajando...
tu recuerdo me da aliento y oigo tu voz llamándome sin cesar.
A veces me despierto con los ojos llorosos...
y descubro, apenada, que no estás a mi lado.
Dejo ya de escribir porque esta carta sólo me recuerda...
lo lejos que estás y lo triste que he de estar hasta que nos veamos.
Tu chica querida, Nora.
Te echa de menos y te quiere. ¿Qué hay de malo en eso?
¿Pero qué te parece el estilo?
¿El estilo?
Por el amor de dios, Joyce, la ha copiado de un libro.
¿Por qué lo dices?
Porque conozco a esa chica.
Eres un rematado idiota, Cosgrave.
La nación vio a nuestra madre avergonzada.
La nación vio cómo se inclinaban nuestras cabezas.
No sabía que en nuestros corazones...
indomables, todavía ardía un fuego inextinguible.
Le toca a usted, Sr. Joyce.
¿Por qué no me ha pagado los relatos que le envié?
De hecho, algunos son bastante buenos...
Pero ha habido algunas quejas.
No es del agrado de la revista.
No se los publicaremos.
Fue propuesta suya.
No es el momento, Sr. Joyce. Le ruego que no insista.
Canta las salvajes melodías
de sus queridas llanuras nativas.
Cobran vida las notas que tanto amaba.
No imaginaban que la tonada
les gustaría tanto.
Cómo se desgarra el corazón del cantor.
Cuando se alejaba, me rasqué la cabeza y la miré con extrañeza.
Y a un transeúnte le pregunté: ¿Quién es la chica de pelo cobrizo?
Me sonrió y me dijo: Es la joya de la corona irlandesa.
Es Rosie McCann, de la ribera del Bann, la estrella del condado.
De la bahía de Bantry al muelle. Y de Galway a Dublín.
Jim has estado maravilloso. Todos hablan de ti.
¿Y cómo te ha ido a ti? Tú también lo has hecho bien. Te he visto.
¿Cómo?
Te entiendes con Cosgrave.
¿Qué dices?
Debes verlo cuando no estás conmigo.
¡Por favor, Jim!
He visto cómo estabas con él.
Tú le dijiste que me acompañara, que no podía estar sola.
Olvidaba lo bien que te relacionas con extraños.
Claro que hablo con extraños. Trabajo en un hotel.
¿Qué querías que hiciese cuando me abordaste?
No hablarte porque eras un extraño.
Tú sólo quieres que hable contigo. Tu tienes amigos aquí, yo no.
Amigos míos me han dicho que copiaste la carta.
Y que no es nada sincera.
¿Se la enseñaste?
¿Les enseñaste mi carta?
¿Has visto cómo me quieren? Están locos por mí.
Me abrí de ese modo porque creí que lo entenderías y que...
Pero ahora veo que no tienes ni idea de quién soy.
Y tú me insultas con frases copiadas de un folletín.
No sé de qué me estás hablando.
Escribí lo que sentía.
Te quiero.
No es mía culpa si no lo sé decir mejor.
Un escritor utiliza también las mismas palabras que todo el mundo.
Tiene una gran voz, ¿verdad?
Mira, ahí lo tienes.
Déjame.
Stannie, ¿quién es la que habla con Jim?
Una camarera del hotel Finn.
Estoy harto de todo.
Creía que en lo nuestro había al menos sentimiento.
-Nunca creí que me despreciaras. -No te desprecio, Jim.
Que para ti fuera uno más.
Y que mientras tú me masturbases, perfecto.
Pero yo no podía acercarme a ti. Eso estaba claro.
Todo se ha acabado.
Es este país.
No hay nada natural, libre y abierto.
La gente está muerta de miedo.
Asustados de ellos mismos, de la iglesia. Por eso me lo impides.
Pero la noche en que me abrazabas y reías pensé que podríamos...
estar juntos con naturalidad.
Nos moriremos sin habernos tocado a conciencia.
Jim, para, tú no eres así.
¿De veras?
¿Cómo me ves, entonces?
¡Te veo!
Un joven de agradable voz, simpático y estudioso...
con quien casarte y pasar el domingo junto al piano...
¿Sabes qué hago las noches en que no estoy contigo?
Me voy de putas...
para liberarme de la miseria y la hipocresía de este país.
No.
Hago eso que consideras tan sagrado.
Cuando tenía dinero, follaba en un catre...
lleno de babas de los que me precedían.
No te creo.
¿Por qué no me crees?
Porque cuando te conocí, no sabías nada de mujeres.
Y tú sabías mucho de hombres.
Joyce, ¿te echo una mano?
-Es hora de cerrar. -¡Espera!
¿Lo ves?
Es mejor que sepas cómo soy y cómo seré.
¿Vienes o no?
¿Te acompaño a casa?
De acuerdo.
Vamos.
Vamos.
¡Venga, va! ¡Salid!
¿Por qué estás tan asustado? No hacen nada.
No estoy asustado.
Sí que lo estás.
Pobre Jim. Eres tan cándido.
Odio las cosas con cuernos.
Ahora tienes cuernos.
Tócame. Lo necesito.
-¿Qué te pasa, Jim? -Mi madre.
Ya se me apareció después de su muerte.
Mucha gente nos busca. Si me quedo aquí, me matarán.
Jim...
Si te vas, llévame contigo.
Sin ti no me queda nada en Dublín.
Es una locura irte con él.
Lo sé.
Es una locura.
¿Qué harás si te deja
en un lugar desconocido
donde no sepas el idioma, sin dinero
y con un frío de muerte?
¿Me prestas tu abrigo?
¡Stannie!
Bueno...
no es mucho.
Mientras haya bastante para salir de aquí.
Yeats me dio unos chelines. Skeffington, nada.
Dice que le debes dinero.
¡Qué cerdos!
Pero tengo las botas.
¡Vaya!
No te imaginabas que tardaríamos tanto.
Tendríamos que haber llegado.
Querría estar en el hotel cuando descubran que me he ido.
¿Sabes lo que has hecho Nora?
Te lo tomas a la ligera.
Ésta es la segunda vez que me voy.
Y esta vez no estoy sola.
Estoy tan cansada.
¿Podemos comer algo?
Me han de adelantar dinero.
Oye...
Déjame encontrar la escuela
y una habitación donde comer y dormir.
No me importa llevar el equipaje. Ya lo llevo yo.
Pero no me gusta estar sola.
En la Berlitz...
no saben que vengo contigo.
Creen que soy soltero.
Así es más fácil conseguir trabajo.
Sólo estaré una hora.
Haz lo que quieras.
No me importa.
Nora...
tenía que asegurarme el trabajo.
Haz lo que quieras.
Señorita.
Señorita.
¿Nora?
¡Nora!
¿Nora?
Estás aquí. Escondiéndote.
¿Sabes qué me ha pasado?
Me importa un rábano.
Ha habido una discusión.
Me he sentido como un paquete olvidado...
que manosea todo el mundo.
Lo siento.
¿Sabes algo?
Me he dado cuenta de que dependo enteramente de ti.
Yo también te necesito.
No.
Si no es por ti, no tengo que llevarme a la boca.
Si no es a través tuyo, no puedo hablar.
No te abandonaré.
Estoy harta de trenes y parques, y de esperar y esconderme.
¿No huíamos de todo eso?
Huimos para ser más libres, pero vamos a la deriva.
¿Y ahora qué, Jim?
¿Qué más me has escondido?
Nada. Ya hemos llegado.
Quiero volver a casa.
Nora, esto es precioso. Espera a verlo.
He tenido ya bastante, Jim. Quiero volver a casa.
¿A cuál? ¿Al hotel Finn o la de Galway?
Vamos.
¡Fóllame! ¡Fóllame, cariño!
Bienvenida a tu nueva vida, mi bella amante.
Bienvenida a tu nueva vida, mi bella amante.
Me gustan todos.
Son anécdotas triviales, pero tienen mucha fuerza.
Es como si hubiese estado de vacaciones en Dublín.
No, es como una...
-¿Una pesadilla? -No, qué va.
Por mucho que lo intentes, no puedes disimular tu amor.
¿Dónde está? Este es mi favorito.
¿Araby?
Sí, claro. El chico está tan necesitado.
Quiere comprarle a esa chica, algo exótico del bazar.
Algo extraordinario, para así merecerla.
Y la desea tanto. Es precioso.
Aunque Joyce, a veces, eres artificioso.
Lo soy, pero no en mi trabajo.
Dime entonces por qué tiene que fracasar el chico.
Consigue a Araby demasiado tarde. Es sombrío y deprimente.
El héroe llora amargamente y maldice su vanidad.
Es real.
Sí, pero la vida no es siempre tan trágica.
A veces en el amor hay un tesoro...
tan extraño y bonito como el que el chico busca en Araby.
Y es real.
Como Nora.
¿Acaso no es real?
Es cierto.
En Croacia pasa igual. El Imperio pisotea la creatividad.
Por eso es importante que estemos aquí, ¿verdad?
¿Y qué me dices de Ibsen?
Censurado en Noruega, su patria. Y aquello no es el Imperio.
¿No conocías tú a ese Ibsen?
¿Qué le parece Trieste?
No me emociona, la verdad.
En casa...
a estas alturas, estaríamos bailando.
Aquí la gente parece perros huyendo de algo.
No me refería a usted.
Pero es cierto.
Alessandro y yo somos fugitivos. Nos fugamos juntos.
Igual que Jim y yo, aunque no estemos casados.
Cada uno se organiza como puede.
¿Nos vamos?
Sí, vamos.
Lo siento, Nora. Nos vamos.
Pero ven a verme a casa. Tienes que hablarme de Irlanda.
Buenas noches.
Yo también me tengo que ir, o el periódico no saldrá mañana.
Señora Joyce.
Si eres la moza de Aughrin...
tal como supongo.
Tráeme un detalle para así...
recordar lo nuestro.
¿Te acuerdas, Gregory...
de aquella noche en la colina...
en que intercambiamos nuestros anillos...
en contra de mi voluntad?
El mío era bañado en oro.
El tuyo era de alpaca.
El mío era bañado en oro.
Y el tuyo de alpaca.
Un fin de velada irlandés.
Toma esto.
Te sentirás mejor.
Deberías salir de esta situación lo antes posible.
Le arruinarás la vida y la harás aún más desgraciada.
¿La has encontrado?
No, Eyers, es culpa tuya.
Siéntela.
-No. -No pasa nada. Está algo mojada.
¡No!
Si alguien te dañara delante de mí...
te aseguro que le haría muchísimo daño.
Este personaje de George Moore no sabe acabar la novela.
La casera cree que estás embarazada.
¿Qué?
¿Por qué no me lo ha dicho a la cara?
Quiere echarnos.
La muy cerda.
¿Y ahora qué haremos?
No lo sé.
Encontrar otro sitio.
¿Estás embarazada?
No lo sé.
¿Tuviste la regla el mes pasado?
-Deberías escribir a tu madre. -¿Para qué?
Para que te ayude.
No necesito su ayuda.
No será nada.
Quizás sea sólo la comida.
No paro de devolver.
Vamos.
Lo hemos alquilado. Baja y danos una mano.
No se preocupen. Es una reliquia familiar. No saben tocarlo.
Con total desparpajo, comentan las chicas...
que debe de ser millonario.
Se las puede oír suspirando y deseando morir.
Se las ve haciendo guiños...
al hombre que hundió la banca en Montecarlo.
¿Alessandro?
Lo siento mucho. Os he despertado al niño.
-Tranquila. -Si no estuviese así, iría yo.
Iré y lo encontraré.
Pronto tú estarás así.
Los hombres se asustan un poco cuando sus mujeres están encinta.
Espera a que llegue el niño. Y serás feliz.
¿Cómo voy a ser feliz con un extraño?
Si a veces no entiendo ni la mitad de lo que me dice.
Has de escribir a tu madre.
¿Y qué le digo?
¿Que mi hombre no es mejor que el suyo?
No me has de aguantar.
Tienes libertad para ir y venir.
¿Libertad?
¿Para hacer qué?
¿Para ir adónde?
Nunca he hecho tantas concesiones. ¿No te das cuenta?
¿Me tomas el pelo?
Cuando no estás emborrachándote, estás escribiendo.
Si me desplomara muerta delante de ti, ni te darías cuenta.
Me doy cuenta de todo. Cada movimiento, cada gesto. Cada palabra.
Si lo leyeras, lo verías.
¿Recuerdas qué me dijiste hace poco cuando tiré un relato?
Me preguntaste si iba a desperdiciar tanto papel.
Estoy acostado a tu lado
para contarte mi historia
de amistad y penas, esperanza y traición.
¿Cómo voy a confiar en los amigos?
Todas sus promesas son vacuas y sus palabras falsas.
Pero aún hay alguien
que se mueve suavemente, me corteja y conquista.
Y me ama con dulzura.
Mi mano está a su vera.
Toco su pecho.
Mis penas se disipan. Ya puedo descansar.
He estado pensando...
que podrías escribir la crítica de ópera para mi revista.
Por supuesto.
¿Cobraré algo?
Sí, claro, pero sólo entradas.
Señor Joyce, ha nacido. Es un niño. Felicidades.
Felicidades, señor Joyce.
Ha sido muy valiente, Sr. Joyce.
No se ha quejado nada.
¿Cómo es?
Tiene los ojos oscuros.
Es como usted, Sr. Joyce.
Los ojos cambian de color.
Pobrecito.
Acaba de nacer.
Aún no se parece a nadie.
Dios mío.
¡Stannie!
Jim.
Stannie.
Estás tan cambiado, del todo irreconocible.
Tú también.
Stannie, este es Giorgio.
Por el amor de Dios, Jim, ¿has perdido el juicio?
Todavía no te conoce.
Mamá.
¿Qué tal el viaje?
Bien, bien.
¿Te queda dinero del que te envié?
No, casi nada.
Me dijiste que comprara un traje para la Berlitz.
Las cosas van mal en casa. Tuve que dejar dinero para las niñas.
Ya está.
Además, comimos...
algo durante el viaje: unos huevos y algo de café.
Sólo tengo 40 coronas.
¡Cuarenta coronas!
Envías dinero a esos inútiles...
de tu familia...
Y tu hijo no tiene que ponerse.
¿Y cómo sino querías que viniese?
¿No dijiste tú que lo trajera?
Ah claro, ahora es culpa mía, ¿no?
¿Te crees que soy estúpida?
Cada día me cuentas...
una mentira nueva.
¡Se las trae tu hermano!
Bienvenido a Trieste.
¿Le pasa algo?
Al menos no la he abandonado, como decían en Dublín.
Ya hemos llegado, Jim. Ahora calla.
Déjala ahí.
Nora.
Giorgio, George I, y si no ando con cuidado...
mi mujer me dará un George II.
Quizá no sepa muchas cosas, pero sabe hacer criaturas.
¡Que se quede ahí abajo!
¡Conmigo no duerme!
Hola Nora.
¿Sabías que Nora no sabe ni ortografía...
ni puntuación, ni cómo se usan las mayúsculas, pero sabe hacer niños.
Eres increíble.
¡Eres increíble, Nora!
Ves cómo me doy cuenta de todo.
Ya puede esperar a que su padre le alimente.
En el horno tienes la comida.
¿Qué harías si no vigilases a Jim?
Nora...
Jim es un genio.
No es un cualquiera.
Considero que mi trabajo consiste...
en allanarle el camino para que pueda trabajar.
Eso no es vida.
Nora, sería terrible...
que Jim no realizara su potencial.
Entiendo.
Pobre Stannie.
Vienes aquí huyendo de tu familia y ahora te haces cargo de otra.
Sólo falta que te cases.
Venga, Jim.
Vamos a casa.
Bebe algo.
Beber te destruye la vista. Piensa en tu trabajo.
Antes de volverme ciego, te pagaré lo que te debo.
No me publican "Dublineses", a menos que me lo pague yo.
¿Por qué?
Dicen que es un libro sobre Irlanda, y eso no vende.
Sólo nos queda
-hablar con el editor en Irlanda. -¿Qué?
Giorgio conocería a su abuelo.
No puedo volver.
Si me voy, no regresaré.
Además, están mis clases.
Necesitamos ese dinero.
Volvamos a casa, venga.
Vamos a casa.
Para ya, Jim, por favor.
¡Venga, Jim!
¡Déjame ya! ¡Suéltame!
¿Puedo sentarme?
Claro.
¿Comemos algo? En casa no hay nada.
Come tú, yo ya he comido.
No tengo hambre.
Hoy ha estado bien el cine. Era una historia triste.
-Como siempre. No sé por qué vas. -Me distrae.
No voy a estar siempre encerrada.
Me ha recordado a alguien.
¿A quién?
A un joven de Galway.
¿Estuviste enamorada de él?
Sí, supongo que sí.
Éramos muy jóvenes.
De noche me escapaba para verle.
Nos escondíamos de mi tío.
Cuando me enviaron al convento...
él vino y me suplicó que bajara, pero no pude.
Entonces murió y no supe nada hasta después del funeral.
Aquella noche cayó enfermo.
Murió de amor por ti.
Así es.
¿Por qué no me lo habías dicho?
Nunca me dijiste nada de Galway.
Parecía tan lejano.
Pero al ver la película...
lo recordé...
todo vivamente.
Me he de ir.
A ver cómo está Giorgio.
Vengo contigo.
No, por favor.
Te veo luego.
¡Allá vamos!
¿Dónde vas?
-Hasta luego, Stannie. -Hasta luego.
¿Dónde vas, muchacho? Te vas a caer de la cama.
Te vas a caer de la cama.
¿Dónde vas?
Jim...
Nora...
Me voy a ir para que estéis cómodos en casa.
-No seas tonto, Stannie. -Ya lo he decidido.
No es bueno que sigamos viviendo apretados.
Ya lo hablaremos. Quería comunicaros mi decisión.
¿Qué es todo eso, Giorgio?
Pero, Giorgio ¿qué has hecho?
Papá se enfadará.
Sra. Joyce, debo hablarle ahora mismo.
¿Es nuevo ese sombrero?
Aún no he pagado el último.
No hay venganza más dulce que vivir bien.
Debe ser la mitad de mi sueldo.
Mucho más que eso. Esta noche la pasaremos aquí.
La casera no nos deja volver hasta que se pague el alquiler.
Vaya coincidencia.
Hoy he dejado el trabajo.
Stannie nos adelantará dinero.
Te daré otra mala noticia.
¿Todavía más?
Eso creo.
¡Dios!
Mira qué ha hecho Giorgio.
¿Está todo? Lo mataré.
Sólo están algo rotos.
-Lo he leído, Jim. -¿El qué?
Ese relato nuevo titulado "Los muertos".
Lo he leído.
¿Te ha gustado?
¿Qué tal, forastero?
TRES AÑOS MÁS TARDE
-Hola, Nora. ¿Ésta es Lucía? -Venga.
Ven a saludar al tío Stannie.
Vaya...
parece muy pillina.
Pues es la mar de buena y cariñosa.
Sube a ver nuestro palacio.
No puedo, Nora.
Va, hombre.
Hace tanto que no te veo.
Te he echado de menos.
Lucía.
¿Cómo está Jim?
-Está en Dublín con Giorgio. -Sí, lo supe por Eva.
Ahora ha abierto un cine en Dublín.
Ya lo sé.
Era yo la que iba siempre al cine. ¿Crees que tendrá éxito?
Lo dudo.
Lucía, ¿no te alegras de ver a tu tío Stannie?
Sí.
Bueno...
tienes mucho espacio.
Claro, nuestro anterior casero se quedó todos los muebles.
La historia de siempre. Échale un vistazo.
Está muy bien.
¿Pasa algo, Nora?
Nora, me quedaré en Dublín con Georgie.
Aquí todos se ríen.
Léela en voz alta.
Lee la parte en que pregunta si Giorgio es su hijo.
Donde pregunta quién me folló antes que él.
¿Le metiste la mano por dentro de los pantalones como a mí?
¿Os besasteis junto al río o en un callejón?
Dijo que lo había oído personalmente.
En Dublín se ríen de él
por estar con una chica que ha estado con muchos.
Qué bien...
¿no?
Ese es tu hermano, el gran escritor.
No lo entiendo. Se ha vuelto loco.
No, es Cosgrave...
y esa panda de cabrones infectos.
Ha vuelto a su patria.
A la tierra de los traidores.
Tienes que escribirle y decirle que no es verdad.
Escúchame, Nora...
ya conoces a Jim.
Sabes que donde va, encuentra rechazo.
Y donde no lo encuentra, se lo busca.
Ya sé que no tiene razón.
Pero si no reaccionas...
si no lo niegas, Nora...
Ha creído a Cosgrave.
No a mí.
Hola, Lucía.
¿Qué haces aquí?
¿Qué haces aquí? ¿Y mamá?
¿Dónde está mamá? ¿Está aquí?
¿Qué haces?
-Limpio la habitación. No estás bien. -¡No!
Quiero que se quede tal como está.
¡Vete, Stannie!
Tendré que escribirle.
¡Vete!
Recuerdas que hace años...
te pregunté si la querías.
Y tú dijiste...
que ella debía pensar a través de tu mente,
y sentir a través de tu cuerpo.
Al principio era tan fácil. Debería haberlo sabido.
Pero Jim...
Nora lo dejó todo
y corrió media Europa para estar contigo.
Hiciste muy bien.
-¿A qué te refieres? -Bueno, saliste de Dublín.
Encontraste el amor, sin pedirles permiso.
¿No recuerdas como Cosgrave y Gogarty querían hundirte?
¿Cómo te mentían sobre Nora para tenerte sometido?
Disculpe.
Dígame.
¿Vive usted en el ático?
¿Cómo dice, señor?
Mi mujer era camarera aquí.
¿Podría ver dónde dormía?
-¿Está muerta su mujer? -¿Cómo?
¿Qué ha dicho?
Tengo que irme.
Váyase cuando le convenga.
Es otra carta de Jim.
No quiero leer esa mierda.
Ábrela tú.
No quiero leerla, Nora.
No será peor que las anteriores.
Y ahora el caballito se va.
Pero mira qué ha dejado.
Ahora...
comerás, ¿verdad?
Dice que todo son mentiras, que Cosgrave lo inventó todo.
Voy a escribirle ahora mismo, Stannie.
Le escribiré y le diré lo amable que has sido conmigo.
¿Cómo estás, Lucía?
Hace días que no me escribes.
¿Me castigas por mi silencio?
A saber con quién sales en Dublín y el estado en que estás.
Me envías cacao y me preguntas si has sido cruel conmigo.
Sabes que sí, Jim.
Me has hecho llorar, estirada en nuestra cama, sin saber qué hacer
Sólo pienso en ti, amada Nora.
Querría escribirte una carta, o mejor que me la escribieras...
pero no me atrevo a pedírtelo.
Quiero acercarme a ti, encontrarte dormida y respirar tu aliento...
decirte lo que te digo cuando estamos solos.
Escríbeme esas palabras, Nora. Sé desvergonzada y desagradable.
Anhelo ver tus ojos radiantes, cuando estemos solos.
Hoy no llevo ropa interior, Jim.
Quería enviarte unas bragas manchadas porque sé que te excita.
Como te excita esa palabra que siempre quieres que te escriba.
¿Te masturbas cundo te la escribo? Quiero follarte.
¿Te acuerdas de aquella vez en que follamos toda la noche?
Quiero que me castigues una y otra vez.
Nora, líbrame de mi deseo.
Aprieta mis palabras contra tu cuerpo y léelas sin parar.
Déjame que te lo diga todo.
Quiero meterme dentro de ti y lamerte y desgarrarte de placer.
Hasta que mi lengua se empape de tus jugos.
Quiero meterme dentro de ti y quedarme en tu útero.
Ser tú y conocer tus sentimientos y conocer tu dolor.
¡Vete!
Oh...
James...
sácame de esta mierda.
Sr. Joyce.
JIM, SIEMPRE ME CUIDO DE TI, QUIZÁ TE GUSTARÍA CUIDARME UN POCO. NORA
La letra es tan grande que casi no hay espacio para el sello.
Jim viene a casa.
¿Por qué?
Le envié una invitación de boda, pero no funcionó.
Entonces le amenacé con bautizar a Lucía, y lo hice.
Vendrá dentro de una semana.
Sabía que en esto de escribir le acabaría ganando.
Con lágrimas en los ojos.
Lágrimas sin descanso.
Me despierto y me acuerdo
de que soy un exiliado.
Y rezo, por mucho que entre nosotros...
se extienda el amplio mar.
Tengo que volver a casa y verte,
aunque sólo sea para morir.
Verde isla de Erin
que sigues esperándome
aunque el destino decrete
que sigamos siempre separados.
Aunque siga exiliado y solo,
dondequiera que vaya
la verde isla de Erin
permanece en mi corazón.
La verde isla de Erin
permanece en mi corazón.
Gracias.
Bravo.
Bravo.
Feliz día de San Patrick.
¿Tienes noticias de casa?
Sí, cartas llenas de súplicas.
Están celosos de que esté aquí, y no con ellos.
Ya se les pasará cuando sepan en qué te has metido
¿Por qué eres tan cenizo?
Creo que Nora y Jim son felices.
Eva, creía que no encontrarías la casa.
¡Stannie!
Nora.
Me alegro de verte.
¿Podrías avisar a Jim?
Anda, Stannie, entra.
Sólo he de decirle una cosa.
Deja eso para otro día.
¿Puedes avisarle, Eva?
No, Eva me va a ayudar a servir la comida.
O te unes a nosotros
o te quedas aquí como un pasmarote. Siempre hace lo mismo, te lo juro.
No me extraña que nunca le inviten.
¡Jim!
Feliz día de San Patrick, Stannie.
¿Quién ha venido?
Tullio Sylvestri.
¿El hombre que quiere pintarte?
Y Roberto Prezioso.
¿Ah sí?
Sin su mujer, como siempre.
Le deja venir, siempre que no nos invite a su casa.
No quiere ni darme la mano, la muy perra.
¡Nora!
Tengo bocas que alimentar.
No me importa, la verdad. Con esas piernas de elefante.
Sé en qué se gasta el dinero.
Pues Stannie...
no le envíes dinero a papá.
Tengo que hacerlo.
Entonces no te quejes.
También es problema tuyo.
¿Qué problema?
Quiero a papá. Admiro su ingenio.
-¿Quiere pastel, Sr. Prezioso? -Muchas gracias.
Déjelos, son un par de niños mimados.
Señora Joyce...
hoy el sol luce para usted.
¿Vino?
Sí, claro.
Hemos hablado tanto, ¿verdad Nora?
De cosas que nadie sabe.
Son lazos más estrechos que los de cualquier matrimonio.
Pero me debes algo por el dolor que me has causado.
Por todos esos celos.
Fuiste tú quien dijiste primero esas palabras.
Fuiste tú quien primero me tocó a oscuras.
En todo empezaste tú.
Creo que es justo...
que me compenses, para estar en igualdad.
¿Cómo?
Dime cómo te tocaban.
-¿Quién? -Todos ellos.
¿Te tocaron? ¿Te excitaste?
No.
Yo te lo he dicho todo. Cuéntame tus secretos.
Sabes lo peor de mí. Quiero saber todo lo que piensas.
¿Te tocaron?
¿Cómo te tocaban?
Así.
¿Vas a misa?
Sí.
Reza por mí.
Ven aquí.
¿Por qué...
iba a hacerlo teniendo tantos pretendientes?
Quiero que me elijas.
¿Qué haces aquí?
Te he traído un admirador.
Señora Joyce.
Señor Prezioso.
¡Qué bien viven algunos!
¿No tienen nada mejor que hacer con su tiempo?
Creí que te encantaría.
-Distraerás al Sr. Sylvestri. -Vaya, lo siento.
¿Te estamos distrayendo, Tullio?
¿Te imaginas que te besa?
¿Quién?
Prezioso.
¿Te lo imaginas?
Dilo, no me enfado.
No.
Nunca.
¿Crees que disfrutaría?
Jim...
ya basta.
¿De nuevo aquí, Prezioso?
Pareces muy interesado.
Para mí es un honor.
Y para mí, Roberto.
Como vengo de una tradición oral, de pintura sé muy poco.
Eso le va bien. Es más fácil mentir con palabras que con imágenes.
Razón no le falta, Sra. Joyce.
Tendríais que veros más a menudo.
Invítalo la semana que viene.
Eva y los niños se van unos días al campo.
Mi esposa estará libre.
Para mí será un auténtico placer, claro que sí.
No sabía nada de esas vacaciones en el campo.
Los niños disfrutarán y tu descansarás.
No quiero que se vayan.
Son sólo unos días, Nora.
Así Giorgio podrá ver una vaca.
No.
¿Dónde están?
Ya están en el carruaje.
Ahora suben a despedirse.
No, déjalos.
Conozco tus intenciones.
¿A qué te refieres?
Quiero que vuelvan. Quiero a Giorgio aquí.
Para ya.
Por favor, Nora.
¿Qué te pasa, Eva?
Desde que estás en casa, no has parado de lloriquear.
Eso no es justo.
Jim y tú siempre discutís.
Pues vuelve a tu casa.
No quiero ver cómo deambulas por la casa, espiándome.
¡Yo no te espío!
No creo que todas tus cartas hablen del tiempo.
Jim.
Esto lo hago por ti.
Cuídalos y pasadlo bien.
Vamos.
Adiós.
Adiós.
Sed buenos.
Señor Joyce.
Señor Prezioso.
¿Crees que va en serio?
¿El qué?
El enamoramiento de Prezioso.
¿Ha pasado algo?
-No. -Pero te dijo algo.
Me dijo: "Hoy el sol luce para usted".
¿Y qué más te dijo?
¿No te molesta hablar de todo esto, Jim?
No. ¿Por qué?
Por lo de antes.
Por tu conducta en el pasado.
¿Quieres que me vaya con él para poder escribir toda la noche...
y leerle unos fragmentos al día siguiente?
Él es mi amigo. Le interesa lo que escribo.
¿Hay algo sobre nosotros dos en eso que le lees?
¿Te importa acaso?
Te mantienes totalmente distante de mi trabajo.
Necesito alguien que me anime.
¿Por qué crees que no leo esas cosas?
Quizá te traen sin cuidado.
¿No has pensado que quizá tema ver mi vida distorsionada...
y que no me reconozca?
Nora, es precisamente al revés.
¿Crees que soy idiota?
Escribo para celebrar mi vida junto a ti.
Y ¿por qué transformas mi vida en algo distinto?
¡No soporto estas riñas!
¡Me haces sentir como una nulidad!
¿Estás contenta de haberme destruido completamente?
Jim...
Lo siento.
Gracias.
Hay cosas que no podría volver a escribir.
Nora...
tú eres mi único amor.
Quiero que seas feliz.
Jim, dime qué quieres.
Haré lo que tú quieras.
Haz lo que te plazca.
No me importa lo que hagas, si eres sincera conmigo.
¿Te lo has follado?
-¿Te lo has follado? -No.
¡Jim!
¿Te has follado a mi mujer? ¿Te la has follado?
Escucha, Joyce...
¿Te la has follado? ¿Te la has follado?
¿Te la has follado?
Pero, ¿qué haces?
Estás loco. Todo el mundo nos esta mirando.¡Por favor!
Buenas noches.
No hagas eso, Roberto.
No ha pasado nada.
Esa es la verdad.
No importa lo que digas.
Nunca lo sabré.
¿Verás al editor en Dublín?
Hay que insistir.
Sí, vale.
Si crees que puede ayudarte.
Lo nuestro se acabó.
Adiós, Lucía.
Adiós, Giorgio.
Cuida de tu hermana.
Adiós, papá.
Mi marido quería saber por qué no ha publicado aún su libro.
Es muy complejo, señora.
Escribiré a su marido a su debido tiempo.
Dígamelo ahora, Sr. Roberts.
No son cosas que uno deba discutir con una dama.
No debe preocuparse. Mi marido y yo no tenemos secretos.
¿De veras?
Se da cuenta de que uno de los relatos es sobre...
un pervertido.
Sí.
Sí, claro.
Ciertos relatos tienen significados ocultos, que quizá se le escapen.
Por ejemplo en "Los muertos", el más reciente.
Hay algo indecente en ese relato, si he de serle sincero.
¡Abuela!
¡Abuela!
¡Cariños míos!
Mis pequeños, bienvenidos. Bienvenidos a casa.
Me alegro de verte, Nora.
Dadme la mano.
-Nora. -Lucía.
Bienvenida a casa.
¿Qué tal el viaje en barco? ¿Os ha gustado el tren?
¡Papá! ¡Papá!
¡Papá! ¡Papá!
-Espérame, espérame. -Giorgio.
Lucía.
Ve a hacer el castillo.
Ven aquí, Lucía. No tires más arena.
No me toques.
Hola, Nora.
Giorgio, coge los zapatos. Nos vamos a casa.
¿Dónde están tus zapatos, Lucía?
Tu madre me dijo donde estabas.
Se les ve bien.
La verdad es que esto les encanta.
¿Tú estás bien?
Sí, bastante.
Papá me explicó al detalle lo del editor.
Era un gilipollas ese hombre.
Hoy he oído que el impresor ha roto los tipos.
-No. -Es verdad, Nora.
Aquí nunca lo publicarán.
Me voy de Irlanda para siempre.
Ya no volveré.
Todos me preguntan cuándo volverás.
¿Todos?
Aún lo veo con los ojos llenos de lágrimas.
Pensó que me sentía sola y que a ti no te importaba.
-¿Cómo iba a saber que tú... -Te prometo que no volverá a pasar.
Jim, no voy a volver.
Olvídalo.
Qué bien que tengamos vida de nuevo en casa.
Vamos, llévate a Jim a pasear.
Seguro que aún no habéis tenido tiempo de hablar.
A pesar de nuestras discusiones, Nora y yo siempre nos entendimos.
Reíamos mucho juntos.
¿Qué, Nora? ¿Nos cantas una canción?
Venga, una de las de siempre.
No, ahora ya no canto.
¿Qué vas a hacer, Nora?
¿Crees que puedes vivir aquí?
Quería devolverte el poder que tenías sobre mí.
-Dejarte escoger. -Lo hiciste por ti, Jim.
Como todo lo que haces.
No es verdad.
No dejo de preguntarme qué nos ha pasado.
-Adiós, Annie. -Volved pronto.
Espero que Stannie nos haya enviado dinero para poder volver a Trieste.
FINALMENTE DUBLINESES FUE PUBLICADO EN 1914.
JAMES JOYCE ESTÁ RECONOCIDO COMO UNO DE LOS MÁS GRANDES ESCRITORES.
NORA Y ÉL PASARON EL RESTO DE SUS DÍAS JUNTOS.
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