Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Copia DCP con origen en la digitalización 4K con wet gate de interpositivos en 35 mm
obtenidos en un laboratorio japonés en 1996.
Digitalizada en el centro de conservación de la Cinemateca Portuguesa
en asociación con Cineric Portugal.
Corrección de color de J. Mosqueda a partir de una copia de 1982.
Restauración digital de la imagen de IrmaLucia Efeitos Especiais.
Dedicada a Wenceslau de Moraes,
escritor portugués nacido en Lisboa en 1854,
oficial de marina y cónsul en Kobe, muerto en Tokushima en 1929.
Obra en nueve partes inspirada en los "Nueve cantos" de Qu Yuan.
LA ISLA DE LOS AMORES
CANTO I EL MONARCA DEL ESTE
En este día propicio...,
...en este día de signos favorables,
- colmemos de honor... - ...y placer...
...al Monarca de las Alturas.
El Monarca de las Alturas.
ATSUKO NURAKUMO JUN TOYOKAWA
ERL TRENI LAI WANG
Y YOSHIKO MITA EN EL PAPEL DE OYONÉ
Tintinea la pedrería de mi cinturón.
Y de la estera,
sembrada de joyas y colgantes de jade,
¿por qué no coger ahora...
...el ramo perfumado?
Ya se alzan las baquetas.
Ya resuenan los tambores.
Y los cantores, en una cadencia baja y lenta,
cantan suavemente.
Pero, estridente...,
...su voz responde al sonido de las flautas y las cítaras.
Con sus espléndidos ropajes,
el espíritu deambula majestuosamente.
Y aromas fragantes invaden los altares.
Y en mil acordes se enredan las cinco notas.
El señor está feliz y contento...,
...y su corazón conoce la paz.
¡Alma Venus!
Oh, Venus fecunda,
madre de los viajeros lusitanos,
placer de hombres y dioses.
Hominum divumque voluptas.
Que bajo los signos errantes del cielo
pueblas el mar, portador de naves,
y las tierras, ricas en mieses.
Gracias a ti nacen y se crean todas las especies humanas.
Gracias a ti ven la luz del sol.
Te dea, te fugiunt venti,
te nubilia caeli, adventumque tuum...
- Frente a mí... - Frente a ti, oh, Diosa...
Cuando me acerco, amainan los vientos
y se apartan las nubes.
A mis pies,
a mis pies,
extiende la industriosa tierra tiernas flores.
Imbuyes en todos las dulces pasiones del amor
e inspiras a los seres el deseo de perpetuar la especie.
Y dado que gobiernas sola la naturaleza
y que sin ti nada se acerca a las orillas divinas de la luz
y nada de dulce o apacible se produce,
invoco tu ayuda para hacer esta película,
donde se contará a las gentes que nos ven
de la armonía general
que sostiene a los seres y las cosas en sus polos contrarios
para mostrarles así...
...cómo,
cuándo
y dónde caben las cosas.
- Alzando, así, la mirada hacia ti... - Alzando, así, la mirada hacia mí,
con la cabeza apoyada en mi seno...,
- ...el que, suspendido de tus labios..., - ...de mis labios...,
...se te queda mirando.
Huic tu, diva...
Abrázalo pues, oh, diosa,
y que tu boca, con tiernas palabras, le pida,
oh, gloriosa,
el reposo de la paz para toda la tierra.
Los dioses, debido a su naturaleza,
deben gozar de una vida inmortal y de una paz soberana.
Y, a salvo de dolores y peligros,
serán dueños de su propia fuerza,
insensibles a nuestros servicios,
ajenos a nosotros y a lo que nos conmueve.
Tememos que el mar y el cielo, en pocos años,
sean dioses, y nosotros humanos.
En la época en que, espectáculo atroz,
un pueblo sufría por saberse traicionado
y de cólera y dolor se enfurecía,
hubo un portugués,
de Lisboa,
que, intrépido, osó romper el cerrojo de la patria puerta
que lo encerraba
y salir de viaje.
Pero la fuerza de su indulgencia
lo arrastró mucho más allá de los ardientes muros del mundo.
¡O Mundo!
¡O Século!
Los antiguos muertos invisibles
vienen todavía a su antigua terraza.
- ¿Dónde está nuestra tumba? - ¿Dónde está nuestra tumba?
- Flotan nubes negras sobre Suma. - Flotan nubes negras sobre Suma.
La rueda del tiempo gira al revés.
Las nubes retroceden con el viento.
El viento es veloz.
¡Cómo huyen las nubes!
Nuestro amor renace como una hoja verde.
Dormimos todo el invierno.
Pero ahora ya es primavera.
"¿Qué gentes son estas?",
así decían.
- ¿Quiénes son estos? - ¿Quiénes son estos?
¿Quiénes eran?
¿De qué tierra?
¿Qué buscaban?
¿Qué zonas del mar habían surcado?
¿Quiénes son?
¿De dónde vienen?
¿Qué buscan?
Desterrado de la patria y sin noticias de ella,
a estas orillas vuelvo constantemente la mirada.
Si alguna vez alguien...
...preguntara por mí...,
...decidle que vivo solo...,
- ...mojado por la brisa marina..., - ...en la playa de Suma.
CANTO II EL SEÑOR ENTRE LAS NUBES
Me lavé en agua de orquídeas.
Me bañé en su suave aroma.
Con mis ropajes multicolores soy igual que la flor.
El espíritu desciende ahora
en grandes curvas y flamea con infinita claridad.
Ven a reposar en la posada de la vida.
Su luz brilla como el sol.
Su luz brilla como la luna.
Arrastrado por dragones,
vestido como un dios,
aquí viene moviéndose, fugaz,
por aquí
y por allá.
El placer de llegar a la querida patria,
a mis queridos penates,
a mis parientes.
¿Té?
Nuestro té.
Disculpa, Isabel, pero me siento tan en casa...
Hemos pasado tantas horas hablando... de él...
Yo te sirvo, hermano.
No me lo tomes a mal.
La alegría del regreso.
La emoción de la partida.
El señor Wenceslau de Moraes no para.
Acaba de poner pie a tierra y ya se lo llevan las olas.
Un nómada del mar.
En el mar,
tanta tormenta y tanto dolor...
- Y a veces la muerte... - Apagando su fuego interior
- con agua. - Cuidado, amigo Wenceslau.
Te veo muy dandi,
muy extranjerizante.
Lo que faltaba.
Imaginas un dandi de crucero por el canal de Mozambique,
derretido de calor y devorado por los mosquitos?
Qué contraste.
Un extranjerizado en misiones de soberanía por un imperio inacabable.
Qué embuste...
Pobre hermano mío.
Siempre embargado de nostalgia...
Pero siempre acaba volviendo.
Siempre vuelves junto a tu hermana,
¿o no?
Ay, Francisca,
siempre te pones de parte de mi desdicha.
Píntalo ahora.
Quieto, Wenceslau, quietecito.
Vas a cruzar el cabo de las Tormentas.
Exigencias del maestro.
Estos son los placeres de esta isla.
¿Quién ha dicho que yo soy el que te sigue?
¿Quién ha dicho que yo soy el que obedece?
¿Y qué me dices tú de este Mapa Rosado?
Nos extendemos a lo largo.
De Angola a la otra costa.
Impresiona, no lo niego,
dibujado en un mapa y coloreado de rosa.
Pero ocuparlo, instalarnos allí,
colonizar,
desarrollar, instruir,
comerciar...
Pura megalomanía.
¡Ciegos, totalmente ciegos!
En fin...,
un sueño rosado.
Y Bismarck, tan listo, nos apadrina.
Y Francia, cómplice, nos aplaude.
¿Y por qué? ¿Por nuestra cara bonita?
Para urdir contra Inglaterra.
Decía el marqués de Pombal que Inglaterra y Portugal
son como marido y mujer:
pueden tener peleas íntimas,
pero si un extraño perturba la paz doméstica,
se unen al punto para defenderla.
No hay que fiarse.
Los tiempos han cambiado.
¡Ciegos!
¡Locos!
¡Un mapa rosado!
Rosa pálido, rosa seco, rosa irrisorio...
Como sangre que se nos sale por las vendas.
Yo diría "rosa défeuillé", patria desflorada.
Hemos sido engañados, muchacho.
Los grises, Francisca, si no te importa.
¡Hemos sido engañados!
Rosa.
- Traicionados. - No, no se lo merecía.
No se merecía este país.
He ahí el enemigo.
Mira cómo avanza.
Pero no pierde la esperanza de que su triste hado...
Quiero un cambio.
En esta tierra,
tanta guerra.
Tanto engaño.
Tanta necesidad...
Y tan aburrido.
¿Por qué no habrá
otro terremoto,
para sepultar todos esos mapas
y este reino?
Cuyo pintor más querido y artista más distinguido eres tú.
Dejadme irme al menos.
¿Y a estas damas
quién las atenderá?
Vete, hermano.
¿Un terremoto?
Prefiero una plaga.
Qué ideas.
¿Y yo?
Prefiero Timor.
Y tú, que no puedes huir.
¿Quién ha dicho que yo soy el que te sigue?
CANTO III LA PRINCESA DE HSIANG
"La princesa espera a alguien en la inmensa isla".
Entonces... Marte, violeta, novena casa, ¿verdad?
Estamos en el Palacio del Medio, primera casa.
Será un año auspicioso para usted.
Este año
sus direcciones favorables son oeste y nordeste.
Norte, sur, este y sudeste son desfavorables...
Para Guam está todo vendido.
No entiendo nada.
¿Entonces este año es bueno
o malo?
Es un año auspicioso.
Un año atareado, al servicio de los demás.
Quedan para Filipinas.
Eso es buena señal.
¿Y ve alguna boda?
¿Y qué tal Hong Kong?
Dígame cómo será mi boda.
Entiendo, muchas gracias.
"Quiero ir a tierras lejanas".
"Vociferando tales sentencias estaba
cuando abrimos las alas al sereno y sosegado viento
y del puerto amado partimos
diciendo 'buen viaje'".
¿Eres tú, cariño?
¿Cariño?
¿Entonces Hong Kong?
¿Macao?
No.
No puedo.
Es imposible.
Este fin de semana estoy ocupada.
También quedaba en nuestra amada tierra
el corazón que la tristeza dejaba.
Ven.
- Te vienes conmigo. - Calla.
No me pidas eso.
No puedo dejarlo.
¿No ves que me necesita?
¿Y yo?
No me voy a ir solo.
¿Qué miedos son esos?
No sé qué cambio presiente mi alma.
¿Amor?
No sé si lo es,
pero sí sé que te idolatro.
Eres joven.
Estás sano.
Él no resistiría.
Déjalo.
Deja todo esto.
Huye.
No, no.
¡Qué cosas tienes!
¡Qué tormento!
¡Qué aflicción!
¿Amor?
No sé si lo es,
pero sí sé que te idolatro.
Que me volvería loca de saberte enfermo.
Nunca me siento bien donde estoy.
Nunca disfruto de un sitio,
de una situación.
Nunca el placer me domina, triunfante.
Entonces huyes.
Y tú conmigo.
No.
Ya te he dicho que no.
Desagradecida.
¡Cobarde!
Eres mi enemiga.
No, mi amor, no.
¿Qué sería de él?
Es un enfermo.
Es un infierno.
Amor...
Morir de nostalgia...
No...
No.
- ¡Abajo! - ¡Muerte a la cobarde!
Pérfida...
La pérfida Albión.
Dejen pasar, señores, que va a leer.
Oigan, oigan.
¡Portugueses!
¡La patria está en peligro!
¡Muera la que nos ha traicionado de mala fe!
¡Muera!
Nuestra aliada nos ha traicionado,
pero Portugal no morirá.
¡Viva Portugal! ¡Muera Inglaterra!
- ¡Viva Portugal! - ¡Viva!
- ¡Muera Inglaterra! - ¡Muera!
¡Muera, muera!
¡No!
No.
No quiero.
No puedo.
- Ven. - No.
- Que sí. - No.
¡Déjame!
Arrastrándose, con la túnica en pedazos,
agonizando la patria está.
Bésale la frente,
levántala en brazos.
No morirá.
Déjalo.
Déjalo que se muera.
Yo no te soltaré.
No te dejaré ir.
Te raptaré.
Te arrastraré de los pelos.
Te llevaré al fondo conmigo.
Turba de esclavos,
libertinos.
Ni oyen los gritos que ella da.
Ya desfallece,
ya palidece,
ya balbucea.
Está muerta ya.
La patria está muerta.
Héroes del mar, noble pueblo...
Allá voy yo, el héroe...
al mar.
Héroes del mar, noble pueblo,
- nación valiente e inmortal. - Devorado por esta pasión ardiente...
- y mortal. - Levantad hoy de nuevo...
Hoy, de nuevo solo...
...el esplendor de Portugal. - ...levo anclas.
Entre las brumas de la memoria
- Tonto. - Se me quedará en la memoria.
Oh, patria, se oye la voz
- de tus egregios abuelos... - No levantes la voz.
- ...que han de llevarte a la victoria. - A mí sí que me van a llevar.
- A las armas, a las armas... - Me van a llevar.
...sobre la tierra y sobre el mar.
A las armas, a las armas,
por la patria a luchar.
MACAO
Vi la luz
en un país perdido.
Vi la luz...
en un país...
perdido.
Punto.
Mi alma es lánguida e inerme.
Mi alma...
es lánguida...
e inerme.
Oh, quién pudiera deslizarse sin ruido.
¡Sin ruido!
Quién pudiera...
Escabullirse en el suelo como un gusano.
¡Venga, largo de ahí!
- ¡Portaos bien! - Macaco chino...
¡Basta de ruido!
Fuera.
Escabullirse...
en el suelo...
como un gusano.
Es una miniatura de las que compré en Japón.
Hay que armarse, hijo.
Por lo que venga.
Parece que esta vez va en serio.
Debe ser un trastorno,
pero ¿sabes?,
ni me horrorizo,
ni me indigno,
ni me estremezco.
En fin, que me da igual.
Me siento tan lejos de todo...
Ah, abuelos míos,
ilustres Pesanhas...
¡Vaya gusano habéis criado!
Hijo natural, sí.
Hijo de patria desconocida.
¡Qué amargura!
Nostalgia, hijo.
Eso es lo que tienes.
Estupendo, el perfecto cliché lusitano.
Dos portugueses,
con sus mujeres asiáticas y su respectiva prole mestiza
al abrigo de la sombra de la estatua de Camões.
Debió pasar largas horas paseando por aquí,
como nosotros,
paseando su melancolía de bohemio.
Un pobre "proveedor mayor de difuntos y ausentes",
o lo que quiera que fuera.
Una víctima de la prepotencia de los mandamases.
Proveedor mayor de difuntos y ausentes...
Aun así, debía ser mejor que este puesto
de primer oficial de la Capitanía del puerto de Macao.
Pues yo, amigo,
poeta,
abogado,
profesor de instituto...
Yo,
cabeza de familia...
Qué abismo.
Y adorador de la divina...
La divina droga.
Qué abismo, qué abismo.
Sí, sí.
Difunto o ausente.
Creo que me quedaré paseando por aquí.
Creo que moriré,
aquí, un día,
por última vez.
Es una tierra hostil.
Inmunda.
Inarmónica.
No soy capaz de cruzar la Gran Muralla.
No, aún no es este mi lugar.
La cuerda de guitarra se ha roto,
pero nuestro amor no tendrá fin.
La cuerda de guitarra se ha roto,
pero nuestro amor no tendrá fin.
Por favor, estas chicas...
Mira que dejar al señor Moraes en el pasillo...
¿Dónde está Atchan?
Venga, que le sirvo un té.
Quiero a Atchan.
Tantos años de casado, dos hijos
¡y aún quiere a su mujer!
No me extraña que a las de Macao les gusten tanto los portugueses.
Basta. Traiga a Atchan.
Atchan tiene trabajo.
¿Qué trabajo?
Señor Moraes, no sea así.
Una chica debe visitar a su madre incluso después de casada.
Es prueba de buenos sentimientos, por eso es una buena esposa.
- ¿Por qué confía tan poco en ella? - Silencio.
Si Atchan no viene ahora mismo, se acabó todo.
Se acabó.
Muy bien.
¡Moraes!
¿Por qué has venido?
Perdona, pensaba estar en casa cuando llegaras.
Ve yendo, yo voy enseguida.
La criada está ocupándose de los niños.
Vamos a casa.
Tú aquí no vuelves.
Hi hom zom lei.
Tengo que visitar a mi madre de vez en cuando.
Este no es sitio para una mujer decente.
Ya sabes que me crie en esta casa.
La echo de menos.
Y a mis amigas.
Haga lo que haga, para ti siempre tengo la culpa.
Pues sí.
La culpa es mía.
Solo tengo un cuerpo.
No puedo a la vez ser una buena esposa
y ayudar a mi madre.
Atchan.
Nos vamos a Japón.
Juntos.
¿A Japón? ¿A hacer qué?
Es bonito, hay buena gente...
¿Buena gente?
No sabes lo que han hecho en China...
Son asesinos, ladrones, canallas...
Ni más ni menos.
¡Odio a los japoneses!
Vete solo.
Solo.
¿Solo?
Atchan, ven, no tardes.
Te necesito.
Ya voy.
CANTO IV LA DAMA DE SHIANG
"Mi amor me llama, subiré al carro y me dejaré llevar".
Nuestro carruaje acaba de llegar a la playa de Suma,
en los alrededores de la ciudad de Kobe.
El lugar es famoso desde hace casi mil años exactos.
Ha sido escenario de amores,
destierros,
batallas
y muertes en la flor de la juventud
que la gente nunca olvidará.
Todos los años, desde tiempos inmemoriales,
poetas, cuentacuentos,
pintores
y gentes del teatro
hacen revivir en la memoria de quien los oye o los ve
los recuerdos del pasado.
Mirad.
Miradlo bien.
Ó-Yoné, sopla una brisa fría.
¿Te encuentras bien?
Muy bien.
Cuánto tiempo hacía que no venía a la playa...
He estado seis meses postrada, ¿no?
Ó-Yoné, aún te mareas cuando estás de pie.
Me preocupo por ti.
Te preocupas demasiado.
No me dejas trabajar, no me dejas salir,
"no hagas esto", "no hagas lo otro"...
¡Yo quiero salir!
¡Qué bien me siento aquí!
¿Y si hacemos un viaje?
¿Te da vergüenza ir conmigo?
No me importa, pero...
¿Vergüenza?
Qué cosas tienes.
Ó-Yoné...,
eres preciosa.
No quiero que nadie te vea.
Moraes...
Pero si ya soy vieja.
Ó-Yoné, eres más hermosa que nadie.
Eres lo único que me importa.
La derrota en la batalla
del valle de la Vida.
La funesta derrota de la nobleza Heike.
En la fría madrugada,
aún se siente
el viento de Suma
y aún se oye
la flauta Hoja Verde.
Qué bonita canción.
Es preciosa.
Es sobre Atsumori.
Cuenta la historia de Atsumori y su flauta.
¿Su flauta?
Su flauta, sí.
¿Entiendes?
Atsumori tocaba muy bien la flauta.
De hecho, cuando lo mataron llevaba encima una flauta.
Esta hermosa forma hierática de sepulcro,
que viene de épocas remotas,
los budistas la llaman go-rin-tô,
la torre de los cinco elementos.
El bloque de piedra sobre el suelo representa el cubo.
Los otros representan sucesivamente la esfera,
la pirámide,
la creciente
y el cuerpo piriforme.
Las cinco formas simbolizan la tierra,
el agua, el fuego, el aire
y el espacio etéreo,
considerados los cinco elementos principales del universo.
Contemplamos con respeto, decía yo,
la tumba de Atsumori.
La antigüedad del episodio,
más de 700 años,
la serenidad del lugar y la trágica aventura del joven caballero
contribuían a emocionarnos.
Pobre Taira.
Poco a poco nos fuimos familiarizando con el lugar
y llegamos a posar las manos sobre el granito en una caricia.
No era banal
el espectáculo que ofrecían nuestras manos amigas:
mi ruda mano, casi deforme, de europeo alto y rubio
y la mano mimosa y pequeña de una delicada hija de Nippon
acariciando la piel áspera y parda de las piedras tumbales.
Sentimos en ellas el calor de la existencia,
palpitaciones,
como si bombeasen sangre.
Erijo ahora una alcoba en las más profundas aguas.
El tejado es de hojas de loto,
las paredes de hinojo
y el suelo de caracoles marinos.
Esparzo pimienta aromática por el lugar.
Hay que mandarle esas postales
a tu hermana Francisca a Portugal.
Y también...
semillas de capuchina.
Francisca...
¿Qué habrá sido de ella?
Francisca.
Ri-su-bon.
Tu Lisboa...
Mi Tokushima...
Pronto será la fiesta de los muertos.
¿Esta vez vamos juntos?
Me gustaría ir,
aunque sea por última vez.
Oh, los cerezos en flor
del monte Bizan
en la danza de los muertos.
Ahora
quiero contarte una cosa
sobre la antigua Tokushima.
Ó-Yoné.
Ó-Yoné.
¿Esa es la canción de la fiesta de los muertos?
Ó-Yoné.
Hace poco, alguien,
tomando mis manos entre las suyas,
me pidió que le conservara la vida.
Yo no atendí a su petición.
No estaba en mi mano hacerlo.
Balbuceó una frase de resignación
y me apretó las manos
en un esfuerzo postrero.
Aún siento la presión.
Y se dejó morir.
Columnas de casia, vigas de orquídea,
dinteles de magnolia, una alcoba de angélica blanca.
Cien plantas traje y las esparcí por el patio.
Cien aromas diferentes invadían los portales.
¿Falta mucho?
Estoy cansada.
Yo también.
Podías haber elegido a otra modelo.
Siempre yo.
¿Por qué, si no puedo elegir otra República?
"Estáis igualitos.
Qué envidia.
El mismo brillo en la mirada,
la sonrisa serena y segura de quien es ajeno al tiempo.
Así es como imagino a los dioses".
¿Qué dioses, hermano?
Los que yo conozco incluso tienen resaca.
Pero si nos quieres así,
si así te sientes más... humano,
pues muy bien.
No cambiaremos.
Postal de Wenceslau.
- Por fin. - Yo he recibido otra.
Está aquí, puedes leerla.
Quieta, deja la postal.
Dice que estamos iguales, ¿qué os parece?
Que está sorprendido con nuestro retrato.
Que el tiempo no pasa en Portugal.
Que está todo igual,
dice,
como cuando se fue.
Fantasías de quien ya no vive aquí.
Pues a mí me dice exactamente lo mismo.
Lo que las mujeres quieren oír.
Ese coqueteo, esa galantería... Es lo que quieren.
Se acabó.
No lo soporto más.
- Puedes irte al diablo. - Bueno, bueno...
Serás insolente... ¿Estás loca?
Pero bueno, ¿qué es esto?
¿Os habéis vuelto locos?
Si vas a bailar,
baila
con gracia.
¿Quieres tocar el shamisen, tía?
¿Este año podemos ir a la fiesta de los muertos?
La última vez no la hubo por culpa del tifón.
Me dio una pena...
Cuando miro a lo lejos, lo veo todo opaco
y las aguas forman remolinos.
¿Pastaría un corzo en el jardín?
¿Qué haría un dragón en la orilla del río?
Por la mañana, monto a caballo por la orilla.
Por la noche, pongo rumbo a occidente.
Estas hojas me llevan de regreso a la patria
y después me dejan atrapado a mi regreso,
ansioso de esas revistas y periódicos
que mis amigos a veces olvidan enviarme.
Es para la revista Os Serões.
Mi hermana Francisca lo leerá en voz alta, emocionada.
¡Mira, tío!
Los locos que miran a los locos que bailan
están todos locos, y el que no baila pierde.
Y vivirá íntimamente, tras 17 años de ausencia,
aquello que al principio le parecía tan exótico.
Tío, ¿no quieres ir a la fiesta de los muertos?
Están todos locos, y el que no baila pierde.
Si Ó-Yoné quiere ir
y Ko-Haru quiere ir...,
vamos todos, pues.
Tía, el señor Moraes dice que vamos.
Y yo no tengo kimono.
No te preocupes por el kimono, Ko-Haru.
Te regalo yo uno.
¿De verdad? Qué amable.
El señor Moraes va a comprarme un kimono.
Qué muchacha esta...
Y mi mirada irá fiel atravesando el mar
para envolverte en tierno homenaje
como la de un pobre perro agradecido.
Decía un amigo, un médico ruso,
que, siendo el perro el único símbolo del amor fiel,
quería reencarnarse en uno.
Si estas cosas dependieran de nosotros, elegiría lo mismo.
¿Fidelidad?
¿Amor fiel?
¡Una vida de perros!
¡Ambiciosa criatura!
¿Quién tiene el conocimiento para elegir la vida
y el poder para aplazar la muerte?
¿Y el amor?
¿Qué máquina lo hace moverse?
Sí.
La pobre Ó-Yoné morirá.
Tiene un corazón muy débil, un corazón de pajarillo.
Morirá por primera vez.
También yo huiré de los vivos e iré a Tokushima, su tierra,
junto a su tumba.
Adiós, Kobe.
El cónsul portugués en Kobe se marcha.
Se va a vivir solo, con sus penas,
las del corazón y las de la escritura.
Y en Tokushima morirá de senilidad e insignificancia.
¿Un poco de sandía?
Está fresca.
Hay un refrán japonés que dice:
"De los proyectos para el año que viene se ríe el diablo".
Rainen no koto o iuto, oni warau.
¿Quién puede afirmar que lo que deseamos hoy
será lo que desearemos mañana?
El encuentro es el principio de la separación.
Desde la montaña de las nueve dudas
bajan nubes de espíritus.
Ven a buscarla.
¿El pájaro tendrá suficiente agua para bañarse?
¿Tú...
le has cambiado el agua?
No te preocupes.
Tiene agua de sobra.
Y limpia.
Perdona.
No sirvo para nada.
Solo quería pedirte que cuides a mi pajarillo.
De las criadas y de Ko-Haru no se puede una fiar.
No prestan atención a esas cosas.
Por cierto...,
te has cambiado de camisa todos los días, ¿no?
Se lo he dicho a las criadas, pero...
Mientras yo esté enferma, no te puedes olvidar.
Si yo no te lo recuerdo, no te cambias.
No te preocupes, Ó-Yoné.
Y después...
No puedes andar siempre con la misma ropa.
Ni tampoco...
- los zapatos ni la corbata. - Sí, Ó-Yoné.
Y en otoño...
tienes que airear los edredones.
Se abren de par en par las puertas del cielo.
Salgo.
Broto de la oscura niebla.
Que los vendavales me arrastren.
Que las fuertes lluvias
humedezcan el polvo de la tierra.
CANTO V EL GRAN SEÑOR DE LAS VIDAS
El día 16 del segundo mes lunar,
observa Tsurayuki en su diario:
"Ese día por la noche
salimos para Kioto.
Cuando llegué a mi casa
y entré por la puerta,
como había luna llena, podía verlo todo.
Encontré la casa devastada, en ruinas,
peor de lo que me habían dicho.
El corazón del hombre que la vigilaba
no estaba mucho mejor.
Una especie de lago que había contenía un resto de agua.
Había cerca un pino.
En solo cinco años, había envejecido mil:
una rama había desaparecido
y, en el suelo, pequeños pinos nacían aquí y allá.
Sin embargo, nada dije en voz alta.
De lo sucedido,
no dejó de sobrevenirme ni un solo recuerdo.
Sobre todo el del niño que nació en esta casa
y no volvió con nosotros.
Entretanto...,
nuestros...
compañeros...
de viaje...
abrazaban...
a sus hijos".
"Se nace por la mañana, se muere por la noche.
Así es la vida: espuma de las aguas".
Hasta luego.
"Y quién sabe de dónde viene y adónde va
la gente que nace y la gente que muere.
En esta existencia pasajera, ¿sabemos con qué fin trabajamos
y qué recompensa nos espera?
Del dueño de la casa y de la casa
nadie puede decir cuál desaparecerá primero.
Ambos son comparables al rocío en la flor asagao.
O cae el rocío y queda la flor,
pero se marchita con los primeros rayos de sol,
o fenece la flor y persiste el rocío,
pero desaparece antes de la noche".
"Resultaba notable
que, cuando un hombre y una mujer se amaban,
el que más amaba
era siempre el primero que fallecía".
"Era siempre el primero...
que fallecía".
Fenecía.
Fallecía.
"Nada desvía tanto del buen camino el corazón de los hombres
como la pasión carnal.
Aunque se sepa que el perfume no es más que un préstamo,
un aroma que ha impregnado la ropa por un brevísimo tiempo,
el corazón, mientras tanto, late más fuerte
cuando se respira el aroma querido.
El eremita Kumé,
al ver la pierna blanca de una mujer que lavaba ropa,
se distrajo,
perdió el equilibrio
y se cayó
de la nube en la que se había instalado,
perdiendo el poder sobrenatural que ostentaba.
Y esto se debe
a que el aspecto elegante y torneado de un brazo
o una pierna
o la blancura de la piel
no son cosas banales".
Hola.
Hola.
Ah, llegas en buen momento.
- ¡Ko-Haru! - ¡Voy!
- Espera un momento. - ¿Dónde vas?
¿Por qué trabajas en un sitio como este?
- Es por mi madre. - ¿Por tu madre? Ya, seguro.
Más bien será por ese, el rubiales de tu tía.
Y tu madre quería endilgarle a su hija.
¿Cómo? Pero si Moraes es un viejo.
Ya dice que tiene un pie en la tumba.
¿Viejo? Ya, eso dicen, pero...
No digas tonterías.
Mira, te he hecho de comer.
No lo quiero.
Ahí también va la comida de mi madre.
¡Ko-Haru!
- ¡El té! - ¡Voy!
Te espero.
Tú vente.
Un, dos, un...
No, no, aquí.
Otra vez.
Hacia adelante.
Y tres.
Un, dos, un, dos...
Si vas a bailar,
baila con gracia.
El té.
Cuando esté muerto,
el día de la fiesta de los muertos,
vendré a verte bailar.
¿Un alma en pena?
No me diga esas cosas, que me da miedo.
No hay nada que temer.
Como soy tan viejo,
pronto estaré muerto.
Y estoy solo.
Es muy triste.
Ko-Haru.
Me gustaría que te quedases a mi lado.
Sí, señor Moraes, pero vamos a bailar.
¡Ko-Haru!
¡Ko-Haru!
¿Qué pasa, Ko-Haru?
- Me duele la barriga. - ¿La barriga?
Habrás comido demasiado.
Sí.
Cómo me duele...
Ko-Haru, ya te sientes mejor, ¿no?
Sí, sí.
Ko-Haru.
Los seres vivos, al morir,
se reencarnan en otros seres.
El alma nunca muere.
¿Es cierto eso?
A lo mejor la tía Ó-Yoné también se ha reencarnado.
Puede ser.
Pero no se sabe en qué.
Tal vez en un perro,
tal vez en un pájaro...
Es una pena que no se sepa.
¿Y usted no sabe en qué se ha reencarnado?
Ella lo quería tanto
que debería saberlo.
Lleva al señor Moraes a ella.
Llévalo a ella.
Es un pájaro doméstico, Ko-Haru.
No puedo permitirlo.
Señor Moraes, mi tía se enfadará.
No.
Ó-Yoné era tan buena...
Me dejaba hacer todo.
¿Le dejaba hacer todo?
Dejar o no dejar...
Dejar o no dejar...
¡No ponga esa cara!
Ó-Yoné...
¿Dónde estará ahora Ó-Yoné?
Seguro que mi tía
ha vuelto para la fiesta de los muertos.
Puede ser, pero yo no la he visto.
No la he encontrado.
¿Y tú la has visto?
No se trata de verla.
Pero seguro que ha vuelto para la fiesta de los muertos.
Ko-Haru...
El alma de los muertos tiene tal fuerza
que, si llegáramos a verlos,
nos deslumbrarían.
Podríamos morir.
Qué buena era Ó-Yoné.
Se ha vuelto a ir
sin dejarse ver.
Pero yo quiero verla.
Se pasa la vida hablando de los muertos.
Estoy harta.
¿Qué pasa con los vivos?
¡Yo estoy viva!
Un yin para cada yang.
Nadie sabe lo que harán.
De los proyectos para el año que viene se ríe el diablo.
¡Y cómo!
Llegó la primavera con nueva alegría.
En el piso de arriba, Wenceslau escribía.
En la cocina, abajo, Ko-Haru servía:
la criada, una niña, entraba y salía.
Qué panza tan grande:
Wenceslau no lo veía.
Todos los vecinos hablaban, reían,
solo Wenceslau se desentendía.
Y la panza de ella crecía y crecía.
¡Ko-Haru!
¡Ah, este es mi pequeño!
Vete, coco, vete,
de detrás de aquel rincón:
deja dormir a este niño
un sueño reparador.
Ko-Haru...
Este no es mi hijo.
¿Qué has hecho, Ko-Haru?
¿De quién es este niño?
Vete de aquí.
¡Vete ahora mismo!
¡Vete!
El señor Moraes me ha echado. ¿Qué voy a hacer?
¿Y qué quieres que haga yo?
Dice que el niño no es suyo.
¿No? ¿Entonces de quién es?
Tuyo.
Este es Asataro, el peor rufián del barrio de Tomida,
un nido de miseria.
Vecino de la muchacha, después su novio,
después su amante y...
¿Cómo se dice?
Padre ausente.
Los niños mestizos tienen ojos azules y pelo rubio.
¿No pasas las noches abrazada a ese viejo?
Y ahora que si el hijo no es suyo.
Viejo verde...
Tú... Yo... Este hijo es tuyo.
¿Dónde está escrito?
¿Cómo puedes decir algo así?
¡Fuera de aquí!
¡Fuera de aquí,
descarada!
¡Fuera!
¡Fuera de aquí!
- Desgraciada... - ¡Fuera!
¡Fuera!
Fuera de aquí, cabeza loca.
La abuela se apiadó del bebé y de la madre.
Hila que hila, se teje la pieza.
Dos bocas más,
dolor de cabeza.
Al niño, al mamar, no le falta alimento,
pero a la madre...
Mi pequeñín.
Pobrecito mío.
No tenemos dónde ir.
¿Qué vamos a hacer?
Si quieres volver, puedes, ya te lo he dicho.
El niño está bien alimentado, pero mírate tú, Ko-Haru.
Tan delgada, tan débil...
Deja al niño con su abuela y ven.
Es 24 de agosto de 1914.
"¡Guerra! ¡Guerra!", escribe él.
"Me llegó hace unos días, como una bomba en los oídos,
la primera noticia de la guerra,
una guerra que ya se prevé terrible,
¡y cómo!".
Actas de la Asamblea Municipal de Tokushima:
desde el inicio de la guerra en Europa,
algunos crueles locales, hostiles a los extranjeros
y creyendo que todos los europeos son alemanes,
han apedreado al señor Moraes.
La policía ha recibido órdenes de mantenerlos vigilados".
¡Eh, alemán!
¡Sal de ahí, perro rabioso!
Sabemos bien que eres un espía.
¡Sabemos lo que eres!
¡Un espía!
¡Espía!
El invierno y la guerra, mala combinación.
Encerrado en casa,
Wenceslau temblaba de frío y terror.
A su lado, fiel, Ko-Haru lo abrazaba,
y lo distraía dándole calor.
¡Qué dos enamorados!
La noche está fría.
Y son los vecinos los que ahora espían.
Cuando Wenceslau se revigoriza,
y a Ko-Haru le crece de nuevo la barriga.
"Declaración del diputado n.º 30:
según denuncia el portugués,
ha sido confundido con un espía alemán,
extremo este que condena,
y, a pesar de presentar pruebas ante la policía,
el acoso ha continuado".
Estos cigarros me los regaló Su Majestad, el emperador,
a quien admiro.
¿Y ese obsequio imperial
no te ha impedido seguir espiando?
Es un malentendido.
No soy alemán.
No soy espía.
Soy portugués.
¡Sabemos muy bien que eres espía!
Adoro a los japoneses.
¡Qué descaro! ¡Canalla!
Mi hijo...
¡Mi hijo!
Virgen santísima...
Mi niño es de oro,
es de oro fino
mi niño.
Lo llevaré al cielo
mientras sea chiquitito.
Ahora, con un hijo japonés, la gente será menos violenta.
Quizá la madre de Ko-Haru me admita en el panteón familiar a mi muerte.
Pero el que murió fue el bebé.
A los dos días de nacer.
Mi niño es de oro,
es de oro fino...
La familia de Ko-Haru quería llevárselo,
pero Moraes se lo impidió.
No te vayas, pequeño.
Quédate en casa.
Ko-Haru empezó a quejarse de dolores, aquí y allá,
sin saber ubicarlos del todo.
En pocas semanas cayó sin aliento sobre la cama,
tísica del pulmón izquierdo.
Pobre Ko-Haru...
¿Dónde quieres el masaje?
¿Aquí?
¿O aquí?
Tranquila.
Te daré medicinas.
Mañana vamos al hospital.
Yo estaré contigo.
No tengas miedo.
Tranquila.
¿Pero de qué sirve tanto pesar?
Si todo se quedase así para siempre...
Pero el destino del hombre está escrito.
Los encuentros y desencuentros nadie los puede evitar.
"Esta noche soñé que me moría",
dirá la pobre Ko-Haru una de estas mañanas al despertar.
"Esta noche soñé que me moría".
Y no le faltará razón.
"Pero qué extraño me parece todo esto: una quimera, un sueño.
Estas calles, esta gente,
este ruido de instrumentos de cuerda
que tiembla en el aire".
"Y más extraño todavía
si pienso en los ejércitos de millones de hombres
que se masacran,
desvariados por el color de la sangre,
los gritos de los heridos
y el estruendo de la artillería
en tierras europeas.
Vuelvo la mirada a este diminuto ejército
de 70 000 almas".
Es la población de Tokushima.
"Este diminuto ejército,
que rompe a bailar".
CANTO VI EL PEQUEÑO SEÑOR DE LAS VIDAS
No hay mayor tristeza que una cruel separación.
No hay placer mayor que encontrar nuevos amigos.
- La vida se le extinguía... - ...día tras día, hora tras hora.
Claro, no comía.
Era la terrible inapetencia de los tísicos,
su pertinaz e invencible repugnancia por la comida.
Hay que verla para entenderla,
esa increíble inapetencia de los tísicos.
¿Verdad que te gustan mucho los plátanos?
Venga, come un poquito.
Si sobra algo,
ya me lo como yo.
Se apoderó de mí una terrible repugnancia.
Tiré al suelo, con asco, los restos del plátano.
Qué bruto.
Podía y debía ahorrarle aquella tristeza.
Qué bruto.
Así se inscribía en mi propio sentimiento
la idea de un remordimiento eterno.
Pero ¿quién está a salvo de ascos atávicos
cuando callan la razón, la prudencia,
la estima
y la piedad
y solo decide la fiera indómita
que todos tenemos dentro?
En Japón se popularizó la costumbre de anunciar el mediodía con un cañonazo.
Hace poco que llegó la costumbre a Tokushima,
tierra de provincias,
tierra sin relojes.
Gracias.
¡Gracias!
No puedo...
más.
Esta noche...
regreso.
No hay mayor placer
que encontrar nuevos amigos.
No hay mayor tristeza
que una cruel separación.
CANTO VII EL SEÑOR DEL ESTE
Brilla el cielo.
Del este se alza el dios del sol.
Mi zaguán
está iluminado por el árbol de oriente.
Azuzo los caballos.
Avanzo despacio.
Amanece.
La luz crece.
El corazón duda si mira atrás.
¡Oh, bailar al son de la música!
El encanto de la belleza.
Si mi corazón lo ve, se pierde
y olvida el viaje.
Vosotros, que fuisteis jóvenes cuando lo fui yo,
que sois de mi misma edad, de mi misma escuela,
de mi mismo curso, de mi misma carrera,
que cruzasteis los mares,
que pasasteis largos años en las colonias,
¿seríais tan amables de decirme
con qué soñáis?
Decimos de nuestros muertos: "Que la tierra les sea leve".
Los japoneses de Tokushima no pueden decir lo mismo,
porque no les pesa la tierra.
Nosotros también decimos:
"Descanse en paz".
¡Ó-Yoné!
¡Ó-Yoné!
Ya no se ve nada.
Puse todas mis esperanzas
en vivir en el mismo mundo que él.
Pero estar aquí de nada sirve,
y estos recuerdos
nada son.
El ayer ya ha pasado.
Hoy...
Del mañana nada sé.
El pasado me vuelve a la cabeza
como si fuera hoy.
Cerraos, párpados.
No veléis, ansiosos.
Las terribles noches solitarias...
Engaño...
tras engaño...
¿En solo cien años lloraremos de nostalgia?
Las terribles noches solitarias.
Dejad de cavilar.
No sondeéis el abismo.
Ríos de lágrimas.
¡Qué ruina!
Oíd.
Prestad atención.
Sus muertos.
Tantos naufragios...
Dormid.
Fracasos...
Qué vorágine.
Destrozos...
Sus muertos.
No suspiréis.
No respiréis.
Cómo pasan los años.
Sin que nos demos cuenta,
un día nos despertamos y...
Qué niebla.
Está todo oscuro.
Es casi de día.
Qué noche.
No entres en la iglesia, enterrador,
que es falsa la religión...
de esa canalla.
Los santos son de madera, sin valor.
Solo tiene valor el que trabaja.
Feliz año nuevo.
Aún están sucias.
Tengo las manos hinchadas y ni así.
¿Cuánto hacía que no se lavaba esa ropa?
En mi país, hasta un mendigo va mejor vestido.
Y no solo la ropa, también la casa.
Sácate el kimono, que te lo lavo.
No.
No puedo creer que hayas cambiado tanto.
Has cambiado muchísimo.
Todo cambia.
Si lo llego a saber, no vendría de tan lejos.
Are you disappointed?
¿Estás decepcionada?
Toma, chocolate.
Toma.
¡Toma!
Qué desastre de hombre.
La cuerda de guitarra se ha roto...
Pero nuestro amor no tendrá fin.
Aquella canción...
Parece que fue ayer.
Han pasado más de 20 años.
Pero...
tenemos que hablar de nuestros hijos.
No.
El mayor estudia en Shanghái con un maestro danés.
¿Danés?
Sí.
Estudia arquitectura.
Arqui... ¿qué?
Aprende a construir casas.
- ¿A construir? - A hacer casas.
Arquitectura, ya.
Y el pequeño ya tiene un negocio
y va a casarse
con una chica de muy buena familia.
- ¿Ah, sí? - Sí.
Y quieren que vuelvas a casa.
¿A casa?
Por las apariencias.
El cabeza de familia en el extranjero, como un vagabundo...
No soy un vagabundo.
I'm not a beggar.
¿No lo entiendes?
No.
Pero tú sí.
¿Eso es un avispero?
No.
Nunca me han picado.
No pensaba que siguieras siendo tan fuerte.
Nunca trabajaste así para limpiar tu propia casa.
Mi casa es esta.
Cuando me muera, me quedaré aquí para siempre,
con Ko-Haru y Ó-Yoné.
Una casa con un avispero
y otra casa cubierta de musgo.
Me da miedo que su familia no quiera.
¿Por qué?
En Tokushima no les gustan los extranjeros.
- ¿Ni siquiera tú? - Ni siquiera yo.
¿Y aun así sigues queriendo quedarte aquí?
No lo entiendes.
You don't understand.
La gente de aquí ha encontrado formas de vivir con los muertos.
CANTO VIII EL DIOS DEL RÍO
Contigo...
Contigo.
Contigo
he bajado muchos ríos.
Hubo un tifón,
encrespó las aguas
y a las aguas
nos enfrentamos.
En una barca
navegamos a vela
con hojas de loto.
Dos dragones
nos arrastraban.
Dos grifos nos daban alas.
Subo a un monte
y miro, atenta,
a mi alrededor.
Mi corazón,
confuso y turbado,
parece latir
por un amante.
Cae la noche
y yo, tristísima,
aquí me quedaré.
Me tiro al suelo,
echando de menos
aquella playa perdida.
En su mansión
hecha de escamas de pescado,
en su salón
lleno de escamas de dragón,
en su palacio
de pórticos de concha,
¿qué hace él,
el espíritu de las aguas?
CANTO IX EL ESPÍRITU DE LA MONTAÑA
Todo es tiniebla y penumbra.
¡Oh, qué día fatal!
El viento del este sopla como un tifón
y trae la lluvia por arte de magia.
El año ya llega a su fin.
Y a mí ¿quién me traerá flores?
"Abandonando todo honor,
como un portugués cualquiera,
se fue a vivir a los 70 años a la tierra de su amada,
Tokushima,
a una casita en la calle de Igachō".
Casita...
"Allí pasó los últimos años de su triste y solitaria existencia.
El señor Wenceslau de Moraes,
el 30 de junio, a las 20:00,
habiendo bebido brandy,
su bebida preferida...".
Preferida... Qué tontería.
"Habiendo bebido brandy en grandes cantidades,
le entró la sed".
¿Sed? Qué tontería.
Qué tontería.
"Así, como quería beber agua,
fue, tambaleante, hasta la cocina...".
¡Chiyo-ko!
Llegas justo a tiempo.
Léeme esto.
Si me lo lees, te hago un regalo.
¿Quieres un kimono?
¿O prefieres dinero?
"Inseguro".
Inseguro...
"Un cuerpo inseguro".
"Tambaleante".
Tambaleante...
Tambaleante.
"Le falló el pie y se cayó en el suelo de tierra".
Se cayó...
"Le falló el pie y se cayó al suelo...".
"Y se rompió la nariz, que...".
Aquí no sé qué pone.
"Tras varios minutos sin ser capaz
de levantarse...".
De aquí en adelante no entiendo nada.
¿Aquí qué pone?
Kumon.
Agony.
Angustia.
"Agonizante,
con una fractura de cráneo...,
murió en suelo extranjero".
Murió en suelo extranjero.
¿Murió en suelo...
extranjero?
¡Qué ocurrencias!
Chiyo-ko.
Lee también esto.
"Al haber hecho testamento,
se descarta el suicidio...".
¿Suicidio?
"...pero...
cabe pensar que, debido a la depresión,
renunció a evitar la caída.
Después de beber dos botellas
de alcohol de importación,
es normal que se cayera...
de cabeza
en el suelo de tierra...
y se fracturase...
la nariz en la caída".
Suicidio...
Cuesta creerlo.
"¿Pudo ser un asesinato?".
¿Asesinato?
"Está la linterna a pilas...
que la víctima...".
¿Asesinato?
"...dejó caer en el vestíbulo.
Esa linterna a pilas
¿no podría ser
una pista
que ayudase a resolver el caso?
Como las causas del deceso
no están esclarecidas,
el asesinato es una hipótesis lógica
por causas
- de dinero o herencias". - ¿Dinero?
"Pero se considera
que la muerte del señor Moraes fue accidental,
al confundir su casa de Tokushima
con la de Kobe.
El señor Moraes había bebido tanto
que se olvidó de las escaleras,
como si estuviera en Kobe.
Así, se cayó
en el suelo de tierra.
Todo está claro".
Nadie sabe qué sucedió.
Chiyo-ko...
Gracias.
He muerto de muchas formas diferentes.
Chiyo-ko.
Te pareces a tu tía Ó-Yoné.
Chiyo-ko...
¿Quieres casarte conmigo?
"Aterciopelada como un fruto",
dice él en un libro,
"más blanca que todo lo blanco del mundo.
Besarla...
¡Sacrilegio!
En reposo es un deleite".
Bueno, muchacho.
No tienes vergüenza.
No tienes vergüenza.
La mano de la portuguesa,
el pie de la japonesa...
Dios santo, qué esclavitud.
"La más bella flor exótica que brota en invernaderos".
Ahí es nada.
Ahí es nada.
Qué mal me siento.
Flores venenosas...
Qué sofoco.
Y nosotros solo con las noticias vagas que nos llegan por la prensa.
La imposibilidad de saber
hace más sangrante su desaparición.
¿Cómo habrá sido?
¿Cuánto tiempo estaría... así?
No me saco la imagen de la cabeza.
Un horror.
Parece que ni se podía entrar.
Se cayó.
Es tan extraño...
Todo muy extraño, sí.
Tanto como lo de irse y nunca volver.
Sus razones tendría.
Allí estaba prisionero.
Ya sabes que estaba prisionero...
de amor.
Mira quién habla.
- ¿No te arrepientes? - Así te pudras.
Ya ni te ocultas. ¿No te da vergüenza?
Sois hienas,
peleándoos por su cadáver.
No hay hombre que no quiera huir.
Si yo pudiera...
¡Si yo pudiera...!
Sus desvelos...
Su preocupación constante por su hermano...
Quería tenerlo bajo las faldas.
¡Qué exceso!
¡Qué afición enfermiza!
Y esa correspondencia diaria durante tantos años...
Tantos años...
¡Ni a su mejor amigo! ¡Ni a su amante más devota!
Amante...
¡Amante!
¡Su amante más perversa y más desvergonzada!
Ya sé lo que te asustó y te hizo huir, hermano.
Un bohemio incorregible.
Por tal se tenía.
"En mis objetivos,
en mi oficio,
en mi actividad social,
soy un cero a la izquierda".
Así lo obligó a sentirse la sociedad.
Un cero a la izquierda.
Poetas,
pintores,
gente sensible, creativa...
¡Cuanto más lejos, mejor!
Quédate allí, amigo, quédate allí...
Ceros a la izquierda...
¡Unos mierdas es lo que son!
¡Qué celos tengo de esas dos mujeres!
Y esta hermana suya, haciéndome sombra...
Menos mal que la familia llora a sus muertos,
- porque los de fuera... - Como la patria.
Los mata para luego llorarlos.
- País de plañideras. - Respeta nuestras lágrimas.
Es un egoísta, un lunático.
Solo piensan en sí mismos y en su arte.
¡Así revienten!
Estúpidas.
Hipócritas.
¡Qué peste!
No vamos a poder desnudarlo.
- Tráeme un cuchillo. - Voy.
Dale la vuelta.
¿No es el viejo que siempre vagaba por los cementerios?
Sí. Esta vez se quedará en el cementerio.
Cuidado, no se lo claves.
¡Incendio de almas!
Toda la luz desordenada que ilumina apasionadamente las almas.
Diosa.
Esclava.
Musa.
Mártir.
Cielo e infierno.
Oh, qué día fatal.
¿Te gusto?
¿Te agradan mis modales?
Hablar solo.
Reír solo.
Maldecir solo.
Niñerías.
Y a mí...
Banalidades.
...¿quién me llevará flores?
Todo se reduce a recuerdos.
Al ritmo de los tambores,
nuestros ritos han llegado a su fin.
Bailando, se han pasado flores de mano en mano.
Damas hermosas han cantado las más dulces canciones.
En primavera, orquídeas.
Crisantemos en otoño.
Así sea por siempre jamás.
Subtítulos: Samuel Solleiro para Atalante
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.