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Gonzalo tiene un perfil de narcisista perverso,
pero de manual.
Convirtiéndome en una enferma mental
se puede quedar con mis hijas.
Hola, Roberto o Edu, ya no sé ni cómo te llamas.
Disculpe. ¿Nos conocemos de algo?
Pero es que ese sitio no puede tener licencia de apertura.
Ahí salta una chispa y eso arde como un polvorín.
Sobornar a un técnico del ayuntamiento
no tiene que ser barato.
Ese dinero es una patata caliente.
Tiene que haberlo blanqueado de alguna manera.
Factura del 23 de octubre, el día que me ingresan 30.000 euros.
¿30.000?
¡Mamá! ¡Mamá! Hija, ¿qué pasó?
¿Dónde está? ¿Tu amigo?
No es mi amigo. ¿Dónde está?
¡Eh! Acércate, por favor.
Robert. Gonzalo.
"Coartada perfecta".
Eduardo Silva.
¿Qué tal esto?
Me entretiene sin más.
Ya.
Oye, eres poco hablador tú por lo que veo, ¿no?
No me pillas en mi mejor momento, la verdad.
Vaya.
¿La señorita ha perdido
unos cuantos milloncitos en bolsa o qué?
Tranquilo, hombre.
Es evidente que te sobra la pasta. Tranquilo, no pasa nada.
¿La pasta?
¿De qué te sirve la pasta si un día te cancelan,
te destrozan la reputación?
Bueno, poco hablador, pero intensito cuando abres la boca.
¿Qué coño has hecho? A ver, cuéntame.
Mi mujer que va soltando mierdas por ahí.
Vale, no me lo digas.
Te ha denunciado. Y tú no le has tocado ni un pelo.
Jamás. Joder.
Al revés.
Mi mujer es...
No es muy estable.
Me he pasado la vida intentando ayudarla.
Me lo paga así. Ya.
Lo que viene siendo una histérica de toda la vida, vaya.
Y ahora dice que no ha sido ella.
Hija de puta.
Pues yo, si fuera tú, me divorciaba cuanto antes.
¿Qué hago? ¿Lo pierdo todo?
Pierdo a mis hijas, pierdo mi casa, mi dinero,
el esfuerzo de toda mi vida a tomar por culo y mi reputación.
Yo que tú le daba un par de pensadas antes.
Porque ¿quién te dice que no te va a volver a denunciar?
No, piénsalo.
Pues tienes un buen marrón.
Fíjate, yo a tu lado me siento afortunado.
A mí en el amor me ha tocado la lotería, tío.
¡Qué suerte! Sí, vamos a ser padres ahora.
Estamos felices, tío.
Y eso que no llega en el mejor momento.
Bueno, mejor dicho, llega en un momento de mierda.
Pero vamos. ¿Sí?
El año pasado que me dio por comprarme un garito en la playa,
un sitio increíble, iba como un tiro.
Aforo completo de jueves a sábado hasta las 06:00
y un día, de la noche a la mañana,
me llaman del ayuntamiento
y me dicen que me quitan la licencia,
que el garito no cumple no sé qué mierdas de requisitos
de la normativa. Soy arquitecto, sé de qué va eso.
Los ahorros de toda mi vida a tomar por culo de un plumazo.
Así.
Oye.
Yo conozco a alguien en el ayuntamiento
que te puede ayudar a tramitar la licencia.
Pero ¿cómo? ¿Así, sin más me la daría?
Así, sin más, no hay nada.
Ya, pero te acabo de decir que no tengo un puto duro, tío.
No sé qué podría sacar de mí.
Se me está ocurriendo algo.
Por la familia.
Por la familia.
Ahí.
Ahí se le ve de sobra.
Pero ¿qué es lo que no ves? Que sí, que sí, Ángela,
que se lo voy a presentar al juez.
Pero estas imágenes no son una prueba sólida.
Pero ¿por qué no? Está muy lejos.
Está muy lejos y Robert lleva esa gorra que podría ser yo.
No podrías ser tú, Ander.
Pero, por favor, vamos a centrarnos.
¿Vale?
La grabación es del 14 de septiembre,
dos días después de la denuncia
y un mes después, justo cuando ingresan a Ángela,
Roberto reabre su bar, que llevaba meses cerrado.
Un bar que no tiene el techo aislado,
que no tiene señalización de emergencia,
que ni siquiera cumple con los protocolos básicos
de protección contra incendios.
Ese local no pasa una inspección ni de coña.
Mira qué casualidad
quién es amigo del técnico del ayuntamiento
que firma la licencia. ¿Gonzalo?
Paisajes del Alma. Una empresa de jardinería.
Gonzalo les encargó una reforma integral del jardín.
¿Y de quién es la empresa?
Del marido del técnico del ayuntamiento.
¿Me estás diciendo que esas obras nunca llegaron a hacerse?
Lo que te estoy diciendo es que Gonzalo ayuda a Roberto
a conseguir la licencia
y Roberto ayuda a Gonzalo a joderme la vida a mí.
¡La madre...!
Esa licencia, ¿qué? ¿La habéis visto?
Estoy en ello.
Necesito dormir.
Hola, buenas. -Buenas noches.
¿Podría hablar con el encargado? -Está dentro.
-Por favor, ¿puede decirle que salga? Es importante.
-Robert.
Robert. Voy.
¿Qué pasa?
¿Qué tal? Buenas noches.
Un vecino anoche se quejó del ruido.
Raro, ¿no? Estamos en medio de la nada.
Tendrá el oído fino.
No me jodas, hombre. La licencia.
¿Qué tiene que ver el ruido con la licencia?
Nada.
Es solo que me apetece verla.
Ya.
Pues pasad conmigo.
Ángela.
Dime.
La tengo. ¿Qué tienes?
La licencia, me la acaba de mandar Iñaqui.
Firmada por Gorka. Una firma preciosa.
¿Lo tenemos?
Eso parece.
¿Voy a ganar? No tengo ninguna duda.
(Mensaje teléfono)
Qué majo Iñaki, ¿no? Sí, es muy majo, la verdad.
Ay, qué pesadas con el chat del colegio.
Por cierto, la reunión va a ser on-line.
Te podrías unir, ¿no?
¿Tú crees?
Amiga, vas a recuperar la custodia y no te vas a librar de estas cosas.
Que digo que qué majo Iñaki, ¿no?
Te veo luego.
Maribel, soy yo.
Buenos dí... Uy. Señora,
su compra a domicilio. Qué maravilla.
Creo que no se me ha olvidado nada.
Pero bueno, tú me dices. Si no, vuelvo a ir.
Te veo contenta, ¿eh? Lo estoy.
Mañana es la vista para la custodia.
No lo sabía. Sí, a las 12:00.
Pero mejor no le cuentes nada a mi madre.
Yo quiero ir a testificar. No.
En tu situación no conviene.
Mira, si me tengo que regresar, me regreso,
pero yo quiero contar lo que vi.
Pero ¿qué dices?
No, no.
Yo voy a ir.
Lo voy a hacer por ti...
y lo voy a hacer por mí.
Tenemos pruebas de sobra contra Gonzalo
y yo te necesito aquí con mi madre.
Estáis hablando del diablo.
Pero bueno, ¿tú no estabas durmiendo?
Estuvo el otro día muy majo, muy simpático.
Que vino el otro día Gonzalo. Vino el otro día aquí.
Sí, sí, sí.
Ah, ¿sí? Sí.
¿Y qué quería? Ah, yo qué sé. No sé.
Cogió unas llaves, se metió al cobertizo y no sé.
A ver si nos ha robado algo.
-¿Cuándo fue que vino?
-¿Cuándo?
Yo qué sé. No sé. No sé.
Ya me estáis liando.
Hace tiempo. Dos meses.
Yo no sé. No sé.
Tranquila, mamá. Pero ¿tú estás segura de eso?
Sí, sí, sí.
Sí, sí, creo.
Ya se ha dormido.
Sigues dándole vueltas, ¿no?
Es que Gonzalo no quería ir nunca a casa de mi madre.
Nunca.
No sé qué pintaba en su trastero.
No lo entiendo. No me parece casual.
Seguro que no lo es.
Pero ahora lo importante es que mañana es el juicio.
Vete a ducharte, que voy a preparar la cena.
Me parecía normal que Gonzalo me despreciara
y que me insultara.
¿Qué es lo que le decía?
Tonta e inútil, sobre todo,
aunque me decía muchas cosas.
La verdad es que para él yo nunca hacía nada bien.
Me era imposible acertar.
Y cuando se enfadaba, pues me gritaba, me insultaba y...
Y luego me pegaba.
¿Le pegaba?
¿Cómo eran esos golpes? ¿Dónde le golpeaba?
Empujones.
Puñetazos en el estómago.
También solía estrangularme hasta que me dejaba sin respiración.
¿Puede demostrar alguna de las gravísimas acusaciones
que está vertiendo sobre mi cliente?
Supongo que no.
Gracias, señora Recarte.
Yo he estado profundamente enamorado de mi mujer.
Nosotros nos conocimos en la universidad
y era una chica brillante, muy inteligente.
Una preciosidad.
Y me sentí muy afortunado cuando me eligió.
Pero con el tiempo, me desconcertó
que detrás de esa fachada perfecta
hubiese una persona tan insegura y emocionalmente inestable.
Pensé que igual sería una racha cuando quiso dejar su carrera
y yo me volqué plenamente en intentar ayudarla, en convencerla
de que no dejara sus proyectos.
Y fue duro. Fue muy duro.
¿Y qué pasó después?
Bueno, supongo que esa inseguridad acabó desbordándole.
Era como que no estaba donde tenía que estar.
Todo le daba miedo.
Me necesitaba para absolutamente todo.
Solo quería estar conmigo.
Conmigo o con su madre o con sus libros.
¿Y cuando nacieron sus hijas?
Bueno, eso...
Eso fue lo más duro.
Llegó a confesarme que se arrepentía.
Que ojalá no hubieran nacido.
Tenía los brazos llenos de moretones,
llenos, llenos de moretones.
Ese día su mamá se había puesto malita
y la señora Ángela había venido a ayudarme a bañarla.
Entonces, cuando se remangó para no mojarse fue que...
-Suponiendo que lo que dice sea cierto,
¿cómo sabe usted que fue mi cliente el que le hizo esas marcas?
-Yo he sufrido maltrato durante cinco años
por parte de mi exesposo.
Sé muy bien lo que es vivir con miedo
y Ángela tenía mucho miedo.
Imagínese que ella,
cuando estaba en la casa y él la llamaba por teléfono,
el señor Gonzalo la llamaba, pues ella se ponía a temblar,
se tensaba, le inventaba cualquier excusa...
-¿Quiere decir que mentía?
-No, no, no, no, ella no mentía.
Ella no mentía. Ella...
Ella lo que tenía era mucho miedo
y ella lo que...
No mentía nunca.
Ella...
Ella no... Él no quería que ella fuera a ver a su madre,
¿sabe? Por eso es que ella...
-Por eso doña Ángela mentía.
Y por eso precisamente tenemos que aclarar
quién puso la denuncia.
Que seguramente es falsa.
-Gracias.
Interrumpimos la sesión.
Reiniciaremos la vista mañana a las 10:00.
Gracias.
"¿Qué mierda tienes en esta cabecita?
¿Tú no entiendes que a veces todo no puede ser?
¿A ti eso tu madre no te lo contó?
¿Qué te va a contar tu madre si es igual que tú?
Me estoy ahogando. ¿Te estás ahogando?
Si vuelve a pasar, ¿qué hacemos?
Si vuelve a ocurrir, ¿qué hacemos? Dime.
Dime."
(Lamentos)
(Puerta)
Ángela, ¿estás lista?
Sí.
Se retoma la sesión.
Bien.
Según me consta, se interpuso una denuncia el 12 de septiembre.
Una denuncia por malos tratos.
-Efectivamente, señoría.
Pero, como puede comprobar,
doña Ángela negó los cargos de inmediato.
Creemos que fue un acto de mala fe realizado por los mismos sujetos
que atacaron a mi cliente unos días después en Barrika.
Una venganza por su actividad profesional.
En cuanto a los informes psicológicos presentados
por la otra parte, coincidimos en que doña Ángela
ha estado sometida a una situación continuada, traumática.
Pero bueno, recordemos
que doña Ángela lleva más de la mitad de su vida
viviendo con su madre,
una persona con una enfermedad mental diagnosticada
y, por cierto, hereditaria. -Protesto, señoría.
Los médicos han descartado
que mi clienta sufra ningún tipo de trastorno psicótico.
-De lo que sí hay evidencias, sin embargo, es que doña Ángela
ha puesto en peligro la vida de sus hijas
en al menos dos ocasiones.
¿Qué has hecho, joder?
Lo siento. ¿Estás loca?
Confirmaremos si hay evidencia de esos actos.
Tiene la palabra el abogado de la demandante.
Adelante.
-Luz de gas.
Abuso psicológico mediante el cual se hace dudar a la víctima
de sus sentidos y sus razonamientos.
Bueno, pues eso es exactamente lo que don Gonzalo Ochoa
ha tratado de hacer
con doña Ángela Recarte en esta situación.
Me gustaría exponer ante este tribunal las pruebas
que demuestran cómo don Gonzalo urdió un complicado plan
para hacer creer a todo el mundo
que mi clienta sufría un trastorno mental.
Pero antes de continuar, tengo que presentarles
una pieza crucial en esta trama.
Se trata de Roberto Irigoyen,
dueño del bar el Pez Rojo en Meñakoz.
-¿Por qué no lo han citado?
-Hasta ayer no tuvimos la prueba concluyente, señoría.
-Prosiga.
-Don Gonzalo contrató a Roberto Irigoyen.
Lo contrató para hacerse pasar por un antiguo compañero
de instituto de doña Ángela, un tal Eduardo Silva.
Ángela no lo recordaba.
Normal, porque esta persona no existía.
Pero, aun así, gracias a la gran cantidad de información
que le facilitó el propio don Gonzalo,
Ángela acabó creyéndolo.
Una vez ganada su confianza, Eduardo Silva le confesó
que todo aquello era mentira,
que en realidad ese encuentro no había sido fortuito
y que su marido lo había contratado para matarla.
Doña Ángela, creyéndose en peligro,
como haría cualquier persona en su sano juicio,
huye con sus hijas y acaba enfrentándose a su marido.
Aparece la Ertzaintza, doña Ángela es detenida
y de repente no hay rastro de Eduardo Silva.
Bueno, sí, Eduardo Silva resulta ser el autor de una novela
que cuenta lo que doña Ángela estaba declarando en ese momento.
¡Qué casualidad!
Parece como que don Gonzalo nos quiere hacer pensar
que Ángela ha leído demasiadas novelas
y que como Don Quijote ha perdido la cabeza.
-Protesto, señoría.
¿De verdad hemos venido aquí a escuchar películas?
-Letrado, soy yo quien decide qué es una película y qué no.
Bien. ¿Puede demostrar algo de lo que nos está contando?
-Sí, por supuesto.
Esta defensa no cree en las casualidades,
cree en las pruebas y puede probar que don Gonzalo conoció
a Roberto Irigoyen dos días después de haber sido denunciado
por malos tratos.
Que Roberto consiguió la licencia de reapertura del Pez Rojo
al día siguiente de que doña Ángela fuera ingresada en la clínica
y que don Gonzalo ha hecho pagos irregulares por obras
que nunca llegaron a realizarse
a una empresa llamada Paisajes del Alma,
directamente vinculada con el gestor de Urbanismo
que expidió la licencia del Pez Rojo,
el bar de Roberto Irigoyen.
Son las pruebas 4, 5 y 6.
-Con la venia, señoría.
Paisajes del Alma empezó las obras en el jardín
de mi cliente justo ayer.
Tranquila.
Vamos a recurrir.
¡Joder!
No. Todavía nos queda la vía penal. Sí.
Vamos a imputar a Roberto y al técnico del ayuntamiento.
Sí, claro. Voy a investigarlos a todos.
Te aseguro que al menos uno hablará.
¿Cuánto va a tardar eso?
¿Cuánto más voy a estar sin ver a mis hijas?
Yo...
Ángela. Eres un enfermo.
Eres un enfermo. Ángela.
Ángela, cariño.
Es evidente que no estás bien.
Pero yo confío que, con ayuda y con el tiempo, saldrás adelante.
No voy a dejar que las niñas se críen con un animal como tú.
No puedes evitar faltar.
Hasta que no asumas que estás enferma como tu madre...
Llévatela. Ángela. Ángela, por favor.
Lo siento mucho, señores.
Esto es justo lo que no tiene que pasar.
Lo sé. Lo siento.
Yo te entiendo. Yo le habría matado.
Pero lo último que necesitamos ahora es una demanda.
Siempre voy a perder contra Gonzalo, Esther.
Necesito estar sola.
Perdona.
Luego te llamo.
(Gritos)
(Risas)
Pásamela.
¿Cómo estás?
No me voy a rendir.
Yo tampoco.
Pero ¿qué es lo que no te sale? Es muy difícil.
No es difícil, cariño.
Vamos a ver. Son actividades que hacemos durante el día.
Buenos días. Buenos días.
Te he preparado el desayuno ahí. Gracias.
Mira, por ejemplo,
lavarnos los dientes, ducharnos, cenar.
Y las tienes que ir ordenando.
¿Qué hacemos primero? ¿Desayunar o cenar?
Desayunar. Perfecto.
Entonces, debes unir los puntos.
Perfecto. ¿Ves? Fenomenal.
Es como un diario. ¿Qué es un diario?
Pues es lo que tiene tu prima Anne.
Un cuaderno donde apunta sus pensamientos, sus secretos.
Yo empecé a escribir el mío con tu edad.
¿En serio? No te pega nada. ¿Que no me pega?
Era una intensa de cuidado.
Hasta los 20 estuve escribiendo religiosamente.
De hecho, todavía los guardo. Los tengo en casa de mi madre.
Me da una vergüenza que las niñas los encuen...
¿Qué te pasa?
Que Roberto sabía cosas de mí que no le he contado a nadie.
Ya sé lo que Gonzalo fue a buscar a casa de mi madre.
Ay, mi amor. Hola.
Necesito las llaves.
¿Del cobertizo? Sí.
¿Todo bien? Todo bien.
Hijo de puta.
Se los estudió de pe a pa, del 98 al 2001.
Los años del instituto, ¿no? Ajá.
Son los únicos que no están en casa de mi madre.
Si no están allí, es porque los tiene Roberto.
O los ha tirado a la basura, que es lo que yo haría.
Ya, pero eso da igual, porque eso Gonzalo no lo sabe.
No... No me estoy enterando, Ángela.
¿Qué hemos aprendido de todo esto?
Que no importa la verdad, sino lo que parece verdad.
¿Y aquí qué parece verdad?
Que Roberto sigue teniendo mis diarios.
Tengo un plan, Esther,
pero necesito tu ayuda.
(Teléfono)
Dime, mamá.
Ya me lo has contado, mamá.
Un retraso de dos horas no es nada, mamá.
Lo importante es que está bien y que se lo has...
Tengo que dejarte, mamá.
Sí. Luego te llamo.
Sí, sí, sí, luego.
Hola. Hola.
Yo te conozco, ¿no? Brilli, brilli.
Y mi amiga manicura francesa.
¿Y qué haces aquí?
Vengo a hablar con tu chico.
¿Con Robert? ¿Para qué?
Que te lo cuente él.
Robert. Sí.
Ven.
¿Qué pasa?
¿Nos dejas un momento, cariño?
¿Y esta quién es?
Luego te cuento. Por favor.
En dos minutos salimos al hospital.
¿Qué cojones haces aquí?
Vengo a pedirte un favor.
Bueno, dos.
Me lo debes. Yo no te debo una mierda.
Lo siento.
Te puedo denunciar si prefieres. Ah, ¿sí?
¿Y por qué?
Porque tu bar no cumple ni uno solo de los protocolos
contra el fuego, por ejemplo. Tengo licencia.
Si te denuncio, eso es papel mojado.
¿O crees que Gonzalo va a estar ahí para protegerte siempre?
Ya le has dado lo que quiere. No te necesita.
Dime.
Necesito que hagas una llamada y que me dejes tu bar unas horas.
Y también la contraseña de tu ordenador.
Ya, claro.
¿Y quién me asegura a mí que no me vas a denunciar igual?
Sabes que no lo voy a hacer.
Ya, pero de mí ni rastro.
(Televisión)
Begoña, por favor. Las niñas tienen la tele altísima.
¿La puedes bajar? Ya voy.
Gracias.
Ten mucho cuidado.
No vaya a ser una trampa.
Vale.
(Alarma)
(Teléfono)
¿Qué pasa ahora?
Oye, mira, estoy en el parto de mi hija.
¿Y? ¿Todo bien?
Sí, sí. Te llamo para contarte que Ángela se presentó ayer
en mi casa cuando estábamos saliendo hacia el hospital.
Y sabe que me diste los diarios.
¿Cómo? Pero los quemaste, ¿no?
Sí, pero... Bueno, escaneé algunas páginas para memorizarlas.
No, no. Te dije que nada de copias.
Elimínalo todo. No puedo. No puedo.
La copia está en el ordenador del bar y acaba de saltar la alarma.
¿Qué haces que no estás ahí?
Te lo acabo de decir, joder. Mi mujer está de parto.
Mira, no es asunto mío. Ve para allá y elimínalo todo ya.
Mira, tío, da gracias de que te esté avisando.
Que no...
Hijo de puta.
¿Qué haces con eso? Defenderme.
¿Defenderte de qué? De ti.
No seas ridícula. Dame eso.
Sé que me robaste los diarios y tengo pruebas.
Vas a ir a la cárcel, Gonzalo.
Los diarios me importan una mierda.
¿Quién te va a creer a ti?
¿Sabes lo que más pena me da?
Que las niñas tendrán que ir a verte a un psiquiátrico.
Como tú a tu madre.
¿No te das cuenta que podría reventarte ahora mismo
y salir impune? Nadie te va a creer.
Eres un maltratador, hijo de puta.
También eres un mal padre.
(TOSE)
Mis hijas me aman.
Me adoran.
¡Hija de puta!
Qué torpe eres.
Lo haces todo mal.
Dígame la dirección.
En el Pez Rojo, al lado de la playa.
Van para allá.
Gonzalo, te has olvidado de algo.
¿Sí?
¿De qué?
Hoy había tutoría en el colegio.
Estás loca.
No tiene sentido lo que dices.
No, es que yo no me he olvidado.
Y estás en ella.
Saluda.
Ángela.
(Sirena)
¡Quieto!
¡No se mueva!
Ángela.
Ángela, Ángela, ¿estás bien?
Ángela, dime algo, por favor.
Ángela, tranquila.
Ya está. Tranquila. Estoy aquí.
¡Ayuda!
Te vas a poner bien, Ángela. Tranquila, ya lo verás.
Tranquila. Estoy aquí contigo.
Yo aquí, ¿verdad? Sí, sí, por supuesto.
Perdona. Dime.
¿Me puedes decir quién las envía?
Sí, ahora mismo.
(LEE) "Querida Ángela, sentimos mucho todo lo que ha pasado.
Recupérate pronto.
Cuenta con nosotros.
Laura y Fernando."
Tíralas.
No. ¿Por qué? Si son preciosas.
Pues quédatelas.
¿De verdad?
Ay, pues muchas gracias.
(Puerta)
Perdón.
Joder.
Tenía que haber ido contigo al Pez Rojo.
Lo siento.
Ya.
Ángela, yo sé que no me crees, pero...
Yo nunca he querido hacerte daño.
Jamás.
Estaba viviendo una época muy estresante y no tuve opción.
Ojalá pudiera borrar todo lo que he pasado, joder.
No se puede.
Ya.
Arregla el bar.
Es peligroso. Puede morir gente.
Muda, sábana limpia
y zapatillas del 43.
44, dije.
Es lo que hay.
El móvil, por favor, la alianza, el reloj.
Me firmas aquí si puedes.
¿Veis qué contento está Panchito con vosotras?
A que sí, ¿eh?
Mira cómo le gusta que le acaricien.
Mira, mira qué contento, qué a gusto.
Si es un mimoso.
Muy bien, Maia.
¿Te acuerdas el miedo que tenías?
¿Y ahora a que no tienes miedo? -No.
-¿A que no? Claro, porque Panchito es muy bueno y muy formal.
Sí.
Muy bien. Mamá.
Anda, mira.
Mira quién está aquí.
Ay.
Hija.
Venga, esta para ti.
Y esta para ti. Venga.
Yo quiero tener una.
Cuidado, que es frágil. Sí.
¿Cómo estás?
Muy bien.
Ay, pero qué fuerte está esta niña.
-Venga, venga, venga.
Muy bien, niñas.
¡Eh!
Venga, otra vez.
Vamos, vamos.
Muy bien. Vamos.
-¿Puedes? -Sí.
-Vamos.
-Venga. Venga. Venga, Panchito.
Muy bien.
Hala, a correr.
Sí.
-Y a por todas.
Listo.
Qué bien estás aquí, ¿no?
¿En qué andas?
Aquí. Con el proyecto del concurso.
Yo creo que tengo posibilidades. Me está quedando muy bien.
Cómo me gusta verte así.
¿Estás lista?
¿Estás segura de que quieres hacerlo?
¿Tú sabes la de gente que va ahí cada noche?
Sobre todo, chavales.
Y se están jugando la vida sin saberlo.
Pero ahora que todo está bien, has conseguido la custodia.
Y aun así hay que hacerlo.
¡Eh, Maia, dame el balón! Mamá.
Vuelvo en un rato. Hasta luego.
Adiós.
(Tono de llamada)
Sí. Hola, Roberto.
¿Qué quieres?
Saber si habías arreglado las proyecciones para el fuego,
como te dije. Sí, sí, sí.
Hace tiempo ya de eso.
No te cansas de mentir. No te estoy mintiendo.
Ángela, ¿qué dices?
¿Dónde estás?
Ángela. Ángela.
Yo me encargo del cuadro eléctrico.
Tú llama al 112. Vale.
Vamos.
Guarda sobre el que es su propio techo.
Lo hemos hecho.
Todos los justificantes de los hechos.
Guarda una maleta por si hay que partir.
Suena en su cabeza un eco que aún arrastra.
Una misma historia siempre la desgasta.
Cansada de justificar cómo vivir.
Y se ha enterado
después de mil batallas
que la vida pasa a un lado.
¡Ay, guerrera!
Yo te llevaré en el alma la vida entera.
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