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Original subtitles

GOLPE DE SUERTE Subtítulos de Starwax

¿Fanny?

¿Fanny Moreau?

Alain Aubert.

- ¿Tú escribías artículos en el periódico del Liceo?

- Sí, eso. - Es eso, sí.

- En el Liceo francés de Nueva York - Sí.

- Qué cosa encontrarse aquí... Y... ¿Qué haces?

Yo... Iba a trabajar. ¿Y tú?

No estábamos en la misma clase. Te veía por los pasillos.

Pero teníamos la misma profesora de literatura francesa.

- ¿Madame Dufresnes? - Madame Dufresnes.

- Si, me gustaba mucho, Madame Dufresnes.

"Las hojas muertas se recogen con la pala."

Me parece oírla. Escucha...

"Ves, no he olvidado, los recuerdos y los pesares también".

¡Ay! Jacques Prévert.

- Eso ya era París. - Sí.

- ¿Hacia dónde vas? - A la oficina pero...

- ¿Trabajas aquí? ¿Vives aquí? - Sí, ¿No ibas en la otra dirección?

- Es lo bueno de ser escritor, elijo mis horarios.

- Mi padre trabajaba para una empresa francesa en Nueva York,

- Por eso acabé en ese Liceo.

- Mi padre tenia un puesto en la ONU. Pero ya no están.

- Entonces ¿eres escritor? - Es increíble encontrarte aquí.

Hay casualidades así.

Sí, soy escritor.

He pasado el verano aquí, para acabar un libro. Y, se ha alargado...

Pero ya he vivido en París antes,

cuando estaba casado. Una larga historia. - Recuerdo tus artículos, eran buenos.

- ¡Qué orgullo!.

- ¿Entonces vives aquí? - Sí, mi marido trabaja aquí.

- ¿Y tú?¿A qué te dedicas? - Trabajo para una casa de subastas.

- O sea, ¿Ya no eres Fanny Moreau? - No, ahora soy la Sra. Fanny Fournier.

Es increíble que me hayas reconocido.

Te hubiese reconocido en cualquier sitio. Estaba loco por ti.

- Pero no hablemos de ese tema. - Mira, aquí es donde trabajo.

- Yo estoy aquí al lado. - ¿Entonces no vives en París?

No, cambio mucho. Ahora estoy más bien en Londres.

- ¿Y de qué trata tu libro? Huy, son las tres menos diez.

Me ha encantado verte. Suerte con tu novela.

- Si quieres comer algún día, y recordar los viejos tiempos,

yo estoy muy libre. - Claro. Ya sabes dónde estoy.

- ¿Cómo has dicho que es tu apellido de casada? ¿Fournier?

- Eso, Sra. Fournier.

- Esa gente de Mónaco está vendiendo toda la herencia.

Las joyas, los cuadros, la colección de ropa que es extraordinaria...

¿Tomas nota? - Sí.

Solo tenemos que aparecer en el cocktail, no hace falta quedarse mucho.

Me gustaría que Edgar nos lleve al campo pronto, antes de que anochezca.

Me habías dicho que nos quedaríamos aquí, este fin de semana.

Sí, pero va a hacer buenísismo, y Bernard y Chloé vienen con Pierre Hersant.

- Estás increíble. - ¿Sí?

Este vestido te sienta de maravilla. Me gusta verte así.

- Siento que todo el mundo me va a envidiar. - ¿No crees...

que es demasiado sexi? Mira. - "Demasiado sexi" no existe.

Es como "demasiado rico".

- De hecho, te he comprado una cosilla. - Oh, Jean. Pero...

es magnífico, pero una locura. - Es porque estoy loco por ti.

Me encanta mimarte. - Demasiado, quizás.

No te preocupes, yo también me he concedido un capricho. Ven a ver.

- ¿Este? - Mira.

Sí, es ese.

Un tren Marklin de época que funciona perfectamente.

- Nunca vas a crecer. - Sí, ya soy un niño grande.

Bien. ¿Te pones la sortija y vamos?

¿Qué pasa? ¿No te gusta? - Sí, preciosa, pero... me molesta

llevar joyas tan lujosas, no parezco yo.

- Quizás parecía que eras tú cuando te conocí.

Pero un día de año nuevo, te vi y pensé: "Esta chica es una princesa,

y en menos de un año, la convertiré en mi reina".

Toma, póntela.

- El más mimado eres tú. Siempre consigues lo que quieres.

- Has resistido, pero muy poco.

- Digamos, que estaba bastante vulnerable, sí.

- ¿Me vas a decir que estabas bebida? Bueno, ¿te la pones?

- No con este vestido. - Pero si es un anillo precioso.

- Sí, pero voy a estar incómoda con una joya tan lujosa.

- Rebelde un día, rebelde siempre. - Eres una mujer de mundo ahora.

- ¿Tenemos realmente que volver a ir al campo?

Os obsesionan la caza y los paseos. Yo me aburro.

- Aprovecha para descansar, leer o comer buena caza.

- Y no te cuento sus mujeres... - Veo que apuntas hacia Delphine.

- Es tan pretencios y materialista, No tiene nada que decir.

Bueno, deja de quejarte,

Ponte el anillo, quiero que seas la más elegante.

- Quizás tenga una anillo de mujer de mundo, pero mi alma sigue siendo rebelde.

- De tu alma, ya me ocupo yo. Tú, haz que se arrodillen cuando entres.

- Parece que soy tu mujer-trofeo.

- Nadie dirá nunca que eres una mujer-trofeo.

- Mira, Jean Fournier y su mujer-trofeo. - ¡Para! es adorable,

y, además, es muy inteligente. - Sí, totalmente de acuerdo.

y forman una buena pareja. - Sí, es verdad.

- Puede decirse que tiene mucha suerte. - También tTiene mucho encanto.

Personalmente lo encuentro muy, muy atractivo.

Y, además, deliciosamente rico,

lo cual no es un inconveniente, ¿no?

- Un hombre de negocios brillante, dicen. - ¿Pero, qué hace exactamente?

- Nadie entiende cómo gana tanto dinero. - ¿Qué insinúas, Marcel?

¿Hay algo sospechoso?

- Es muy generoso con las asociaciones de caridad.

- Entiendo lo que dice. Un poco, Gatsby. Nunca se sabe lo que hace.

Por ejemplo, y no digáis que lo he contado yo, pero,

parece que un socio suyo desapareció.

Ahogado.

se habla de suicidio. Quizá de asesinato.

- Nunca antes lo había escuchado. - Sí, sí, tiene razón,

desapareció, y nadie sabe por qué. No debería decirlo, pero...

- Dilo, por favor. - No.

Bueno, vale, entonces...

Hubo artículos en la prensa en su momento. Dicen que se habría ahogado,

y su desaparición benefició a Jean. Y no sé nada más.

Pero solo son cotilleos. - Me encantan los cotilleos

- Sin ellos solo está la triste realidad. - Eso es cierto.

- Solo son rumores. - Por supuesto.

Vaya. Un marido detallista.

- Un anillo magnífico. - En fin, un intercambio de favores:

Sí, acepta ir al campo conmigo, pero odia las actividades al aire libre.

Me encanta nadar, mi única hazaña deportiva.

Su madre es la aventurera de la familia. Le encanta ir en kayak, pescar e incluso cazar.

Pero no se lo ha pegado esta encantadora chica.

Este fin de semana vamos al campo ¿Nos os apetecería cazar ciervos?

Es muy divertido.

- Me encantaría, pero no. - Somos vegetarianos.

tenemos otros planes. - No lo sabía. Perdón.

¿No hay ningún cotilleo? ¿Algo picante?

- Querido amigo. - ¿Una copa?

Tengo que pedirle un consejo.

- ¿Te aburres? Pero volvemos al campo.

- Es bonito, pero aburrido - Me permitirá acabar "Cita en Samarra".

- Me encanta, por cierto.

Gracias.

Me encontré con un conocido que no había visto desde el Liceo, en la avenida Montaigne.

- Me reconoció inmediatamente. - Claro, sigues siendo una jovencita.

Me ha contado que estaba loco por mí en el Liceo.

¿Y te lo dice ahora?

Solo podía pensar en ello en el trabajo, esta tarde.

Nueva York, la mejor época de mi vida, un futuro con promesas, sin estropear.

Recuerdo sus vaqueros y su cazadora de color burdeos.

Si me hubiese hablado, dicho que le gustaba, ¿qué habría pasado?

- Tendría una vida diferente. - ¿Por qué? ¿Quieres una vida diferente?

Aprendí algo de mi primer matrimonio: el éxito del matrimonio, no hay que trabajarlo.

No es una tarea, sino algo que esperas con impaciencia.

Fui una vez a una subasta

Con Pierre, pujamos por unas joyas de brillantes de María Antonieta.

- ¿Las conseguisteis? - Sí. Incluso me las puse,

en el baile de verano del príncipe de Mónaco. Tuvieron mucho éxito.

Menos mal, visto el precio que pagamos.

- ¿De verdad vamos a cazar ciervos? - Sí.

- No sé si podré dispararle a uno. - Yo tampoco,

no sé si soy capaz de apretar el gatillo.

El que puede matar un ciervo mirándolo a los ojos,

puede ser un infanticida.

- Ah, ¡que rico está! - Tu vino es increíble.

- Tengo del 2010. Pensé en ti. - Os lo recomiendo,

haced un viaje gastronómico a Japón. - No me gusta mucho la cocina japonesa.

¿Está bueno? Nuestro cocinero tiene este fin de semana libre.

- Vaya, la nuestra se marchó. - Nosotros buscamos una, pero encontrar

es difícil. - ¿Se ha ido? Difícil que se queden.

- Sobre todo una cocinera. - Hay que pagarles bien.

- Tanto, a una cocinera. Pierre es muy difícil.

- Delphine es agradable pero esnob. - A ti, te admiran.

Mi apoyo a sus fundaciones no creo que lo empeore.

Chloé volvió a preguntarme a qué te dedicas.

Le he dicho que no he entendido bien de qué se trata.

¿Por qué todo el mundo me considera un tipo misterioso?

Te lo he explicado mil veces.

- Lo sé pero... - Escucha.

Hago que la gente gane dinero. No puedo explicarlo mejor.

Los ricos me vienen a ver para ser más ricos.

Menos impuestos, o más para los hijos.

No es evidente, y les asesoro, y así gano dinero.

- ¿Y es todo legal?

- Eh... Sí.

En gran parte.

Hola, Fanny, soy Alain. Alain Aubert, del Liceo.

Hola, ¿cómo estás?

Bien. Escucha, te llamo porque estoy por la galería ahora mismo.

¿Te gustaría comer conmigo hoy? ¿U otro día esta semana?

Sí, podemos comer juntos hoy.

Estupendo. Mira,

conozco un sitio estupendo en el barrio.

- Hace un día magnífico, Pensaba comer en el parque.

También había pensado en eso.

Déjame un momento para comprar bocadillos.

Y te veo en tu oficina. ¿A las doce y media? ¿A la una?

Genial. Nos vemos.

- Vivo muy cerca de aquí, detrás de ese edificio.

- Cuéntame, ¿Estás casado? ¿Tienes hijos?

Divorciado, sin hijos.

Estaba casado con ..., quizás te acuerdes: Anne Sorel.

- No - Del grupo de teatro del Liceo

Protagonizó "La alondra" de Anouilh.

No, no la conocí.

Una chica preciosa.

- En realidad... - ¿Qué?

Me enamoré de ella, porque se parecía a ti. No te molestes.

- Bueno, un fallo.

tenías algo tan sencillo,

tan natural,

que no podía no mirarte.

- Me siento halagada y también avergonzada.

Tenías mucha fama.

- Tendría que haberme fijado más en mis cursos que en pretendientes. ¿Dónde nos sentamos?

¿Qué banco prefieres?

- ¿Te parece bien aquí? - Vale.

Todo esto para decir, que empecé a salir con Anne.

Y por de manera natural, luego nos mudamos a París.

Nos casamos.

Y ahí es cuando la realidad se impuso.

- ¿Cuánto tiempo estuviste casado? - Muy poco.

Después de unos años ya no nos aguantamos.

Nunca pensé que una ruptura podría convertirse en tal caos.

Me fui a Barcelona jurando no volver a París. Luego, a Londres.

Y aquí estoy, de vuelta en París, por mi libro.

No se sale indemne de un divorcio.

Siempre pensé que te casarías con un pintor o un poeta.

- Que vivirías en una buhardilla.

Casi. Me casé con un músico, muy sensible y muy drogado.

- Eso, me parece demasiado triste.

En Nochevieja, Jean me vio entre los invitados. Y soy el centro de su vida.

Eras el centro de la mía.

Quería hablarte pero ... es difícil cuando se tiene poca confianza.

Tenía problemas en ese momento y Jean me ayudó a recuperarme.

- ¿Tenéis hijos? - No.

¿A qué se dedica?

A hacer más ricos a los ricos.

Qué bien.

Háblame de tu libro.

- ¿De verdad quieres o es amabilidad? - Sí, de verdad.

se desarrolla en París, en un club de jazz.

La historia de una cantante y un percusionista.

No conozco bien ese mundo.

- No he ido a un club de jazz en París. - ¿Te apetece unas castañas?

- Un cucurucho, por favor. - Enseguida.

En realidad, el libro es sobre la ironía, la ironía de la vida.

Todos dependemos del azar y las coincidencias.

- Aquí tiene. - La vida es una broma siniestra.

Dame una.

- Quédese la vuelta, gracias. - Gracias.

Fíjate en nosotros.

En el mismo Liceo, yo enamorado de ti en secreto

No nos hablamos.

Años más tarde, por casualidad te cruzo en una calle de París.

¿Qué puede ser más irónico?

¿Que acabemos juntos? - No

- Yo y la hermosa intelectual del jersey negro de cuello alto.

- Huy, siento decepcionarte

pero tengo poco de la intelectual de cuello alto negro.

- Eres elegante, pero siempre será la Fanny Moreau

con una mochila cruzada y "Ana Karenina", traducido por Mongault.

- Sí, salvo que ahora soy Fanny Fournier.

- Así es la vida. Quieres controlarlo todo y no controlas nada.

- Huy, lo siento pero ya es muy, muy tarde para mí.

- Si te ha gustado... Si te gusta comer frío,

me encantaría invitarte a otro bocadillo.

Sí, llámame cuando puedas.

- Bueno ¡tiene una pinta!. - Me alegro de que hayas podido venir.

- ¿Qué tal la mejor suegra? ¿Tu vuelo? - Con turbulencias, una vecina alcoholica.

una película mala. Un viaje horrible. - Siempre tan graciosa.

- ¿Qué tal en Nueva York? - Muy bien, no me canso.

- Aunque en invierno, vamos a Palm Springs. - ¿Cuánto tiempo te quedarás?

Hoy. Me voy a Bretaña, han operado a mi hermana. Me necesita

Después volveré con la pareja que más quiero.

- Qué pena, podíamos haber ido al campo.

No va a poder hacer kayak, senderismo y caza.

-¡Oh! - Ya sé que le gusta.

Sí, volveré por Paris a la vuelta No sé cuánto tiempo estaré con Sophie.

- ¿Pero qué lleva? ¿Pesas? - Libros para leer en casa de Sophie.

- Pensé que tenía un ordenador. - No leo en el ordenador,

necesito sentir el papel en los dedos al pasar las páginas.

- ¿Bueno, dónde comemos? - En un sitio tranquilo donde poder charlar.

- La prioridad para tu madre es un buen foie y una copa de Margaux.

- Qué buena memoria. - Colesterol y vino caro. Sois pareja.

- He puesto lirios en el cuarto de invitados,

he hecho limpiar la chimenea y cambiar la lámpara de la mesilla.

Mientras haya una tabla debajo del colchón...

¿Cómo podría olvidar la tabla debajo del colchón?

- Ha estado exquisito, delicioso. - Tu madre es muy golosa.

Sí, eso ya se sabe, ¿no?

- Caroline. - Ah, buenas noches. ¿Qué tal?

- Muy bien. Mi madre, Caroline y Marcel, unos amigos.

- Fuimos con ellos a Córcega. - Este año pensábamos ir a la Polinesia.

- Un viaje un poco largo pero es maravilloso.

- Podemos hablarlo, si queréis

Sí, venid también. Está súper bien.

Yo he estado allí muchas veces. Es tan romántico. Me encanta.

- Bien, buenas noches. - Buenas noches. Hasta pronto.

- Apetece la Polinesia, pero sin ellos. Ella es pesadísima.

- Él ha escrito un buen libro sobre Gauguin. - Pues él, me da pereza.

- ¿Y no dices eso porque...? - Sí, ya te lo he dicho,

es insoportable cómo te mira. Es tan evidente que le gustas.

Marcel está loco por Caroline. No es un tipo que la engañaría.

- Igual contigo haría una excepción. - Si te engañase no sería con él.

- Lo siento, pero no me gusta ese tipo.

- No hay nadie más inofensivo.

- Es halagador tener un marido que te considere un tesoro.

- Sí, un tesoro, pero Jean puede ser un poco posesivo.

- Un momento. ¿Qué es eso de que si me engañaras, no sería con Marcel Blanc?

¿Con quién lo harías?

Como Mick Jagger y Alain Delon son demasiado mayores...

Pues no lo sé.

Ah, mi foie.

- Muchas gracias. Magnífico. - ¿Ah! Mis ancas de rana.

- ¿A qué hora vuelas mañana? - No, al final, me iré en tren.

Qué pena que no me quede más tiempo

me hubiera encantado ir con vosotros al campo, este fin de semana.

¿Jean te ha dicho que volvíamos a ir al campo este fin de semana?

- ¿Por qué? ¿Te molesta? - Sí, a mí, no a él.

- Además invita gente sin ningún interés. - ¿No me digas que ninguno es de "calidad"?

No, son gente muy superficial y su "calidad" es que son ricos.

Solo hablan de dinero, van a los mejores hoteles.

Si les hablo de Roma o Madrid, enseguida hablan de los restaurantes más elegantes.

Y no me gusta ni cazar ni andar. - Invita a tus amigos y haced lo que queráis.

A Jean no está a gusto con mis amigos. Los ha alejado bastante,

ya no veo a Carla, Antoine y Dominique. Y están en París.

- No es una gran pérdida. - Siempre le ves como él.

Pero él te quiere. Y eso es muy bonito.

Y es carismático. Mucho mejor que tu primer marido, ese fracasado.

Francamente, no has perdido nada con el cambio.

- Venid a ver lo que me he comprado. Os encantará.

Vamos a ver.

Bonito, ¿verdad?

Un circuito Marklin de los años 50.

- Magnífico. - Sí.

Siempre me han encantado los trenes.

Cuando era niño, se burlaban de mí, mis padres, mis amigos

Yo para escaparme, me subía a un tren, cualquiera, y me iba.

Y mira ahora.

Estoy en ese tren que va a algún sitio, de repente, se mete en un túnel

...oscuro, siniestro, aterrador.

Entonces veo el verdadero rostro de la existencia.

Veo una luz al final del túnel, una apertura.

Y cuando salgo del túnel, ya no soy el mismo.

Ya no soy ese niño frágil y miedoso.

Soy otro.

Es horrible que se rían de ti cuando eres pequeño.

- Debía ser tan mono entonces. - ¡Sí!

Como ahora.

- Me encanta este parque. Qué pena que esté lejos.

Es tan bonito.

Cuando no estoy en París, es lo que más echo de menos.

- Sí. Llegaré tarde, no importa No es tan grave.

Te veo caminando con ese jersey de cuello alto, es mi vida lo que veo.

Vuelvo a estar en un banco, en el Liceo,

y tú, andas por el pasillo... ¡Vuelas!

Vuelas por el pasillo, y a mí, se me dispara el corazón.

- ¿Y tu libro, cómo va? Me gustaría leer algo. - ¿En serio?

Lo que dices sobre las coincidencias y la ironía. Siento curiosidad.

Y tú, crees de verdad en la suerte.

Sin las coincidencias, no estaría aquí, compartiendo una ensalada contigo.

Después de desearte tanto tiempo.

- ¿Cuánto le debo? - Tres euros.

Es mi poeta preferido.

- Sabía encontrar la palabra exacta. - Gracias

Para mí no hay nada más elevado que la poesía.

Estoy aburrida de no hacer nada.

- Te he encontrado distraído este finde. - ¿Ah, sí?

No, no, para nada.

Perdona, soy yo el pesado. No lo he hecho a propósito.

Cuando cojo carrerilla, no puedo parar.

- No, no me estoy quejando.

No, déjalo.

- Me temo que puede llover. - Sí.

Como vivo cerca, puedo preparar algo en casa,

y podrás leer algunas páginas. - Me encantaría leer algo de a novela.

¿Sabes cocinar o tendré que hacerlo yo?

Tengo un repertorio culinario limitado.

pero soy bueno para los espaguetis a la boloñesa. - Es lo que me apetece. ¿Te podré ayudar?

Claro que sí. ¿Te gusta cocinar?

- No conoces bien tu mercado.

- ¡Sí!

Delicioso. ¿Qué vino es?

Ni idea. Estaba de oferta.

Jean solo bebe Borgoña, del más caro.

¿Te gusta la vida parisina?

- Me encantó Nueva York, crecí en Bretaña y siempre quise vivir aquí en París.

- Me imaginé viviendo en París, hasta que mi matrimonio explotó.

Después de eso, me quedó un sabor amargo.

Estaba decidido a no volver a París nunca más y quedarme soltero, y ya ves...

Lo bueno de mi profesión es que trabajas donde quieres.

He escrito en Bogotá, en México. Incluso en Montreal.

Muy bonito el apartamento.

Lo encontré así, completamente amueblado.

Ya he pagado seis meses de alquiler.

Perfecto para un escritor. Bohemio.

Pero he tenido suerte.

Ves,

si no te hubiera cruzado en la calle, mi vida sería muy diferente.

- ¿Qué estás haciendo?

Debe ser la magia del vino que aparece.

Ya conoces mi situación.

- Sí, pero siempre he estado enamorado de ti. Y somos dos alumnos del Liceo en París...

Soy egoísta, es culpa mía. No debería haber dejado que fuera así.

Entonces, ¿por qué lo has hecho?

- Porque me gusta verte, me gusta pasar un rato contigo.

Me he dado cuenta de que espero con impaciencia nuestras citas.

Yo también.

Pero no es una buena idea.

¿Puedo preguntarte algo?

- ¿Eres feliz con tu pareja? - Creía que sí. Pero ya no lo sé.

Me metí en este matrimonio. Viví un infierno con mi primer marido

Y entonces llegó Jean. Con su energía, su encanto.

Le encanté e inmediatamente quiso casarse conmigo.

- Debe estar loco por ti. - Sí. A veces me siento como una mujer-trofeo.

- ¿Estas enamorada de él? - Sí.

Sí, le quiero, sí.

¿Pero qué estoy haciendo?

- Nada hasta ahora. - ¿Por qué siempre pienso en ti?

- ¿Dónde estabas, hoy? - En la galería.

He llamado a la galería.

- Hice una pausa larga. - Te he llamado al móvil.

He debido olvidarme de quitarlo de silencio.

- Exageras ¿Y si fuera una urgencia? - ¿Era urgente?

No.

Pero quiero poder comunicarme contigo en cualquier momento.

Puedes hacerlo. Se me olvidó quitarlo de silencio, nada más.

- Es una pena, quería invitarte a comer.

Se me canceló una reunión.

Tenía una comida de trabajo.

- ¿Con quién? - Unos que quieren vender su Basquiat.

Ya, pero... es una pena.

He descubierto un japonés estupendo. ¿Dónde comiste?

- ¿Eh?

- ¿Qué te pasa? ¿Estás atontada? ¿Dónde comiste?

- En el Café Philippe.

- ¿El Café Philippe? - Sí.

Está súper lejos. Y con la huelga de transporte...

Sí, un horror.

- Por lo menos has vuelto a hacer ejercicio otra vez, más en serio.

Siempre he dicho que la forma física es la primera prioridad.

- ¿Sí? - Soy yo.

- Contento de oírte. ¿Todo bien? - No lo sé.

- Dime, puedo oírlo todo, ¿Qué pasa?

No sé por qué te llamo.

No me encuentro bien.

- No importa, me alegro de escuchar tu voz, nada más.

Ves, yo también, no sé qué decir.

Un amor que dura desde hace tanto tiempo...

¿Qué más puedo decir? Fuiste mi primer amor.

- ¿Estás bien? ¿Con quién hablabas? - ¿Cuándo?

- Antes. Se te oía muy estresada.

- Ah, ¿después del entrenamiento? - Sí.

Una clienta que no para de cambiar de opinión sobre una subasta.

- Hay personas incapaces de tomar decisiones.

Yo, tomo decisiones,

y me atengo a ellas.

- Gracias. ¿Cuánto es? - Tres euros.

Aquí tiene. Gracias.

- Gracias.

¡Ay! ¡Me siento culpable por mentirle!

Pero le miento de todos modos.

- Gracias, señora. - Gracias, Adiós.

- ¿Qué es eso?

Me preguntabas si creía en la suerte. El viernes,

habrá un gran sorteo. Tienes una probabilidad entre 139.838.260 de ganar.

Así, parece poca probabilidad.

Pero si piensas que la probabilidad que tenías de nacer,

era de una entre 400.000 millones,

Es un hecho que ya te ha tocado el Gordo.

La existencia de cada persona en la Tierra,

es un milagro que vence las probabilidades más inverosímiles..

No desperdicies tu milagro.

Ese es el verdadero milagro.

- Tengo un amante. - ¿No?

se lo tenía que decir a alguien. Si Jean se entera, mi matrimonio se acaba.

¿Qué estoy haciendo? Me siento culpable, es horrible.

- ¿Quién es? ¿O no quieres decirlo? - Es el chico que me crucé en la calle.

Con el que fui al Liceo.

- ¿Cuánto lleváis? - ¿Estoy en un delirio romántico?.

- ¿Se está volviendo algo serio? - Había jurado no dejarme arrastrar.

Y cuánto más pasan los días,

más fantaseo, y crecen mis sentimientos.

Está en París, escribiendo un libro.

Te daré un consejo.

Déjalo, ahora que es pronto. Antes de romper tu matrimonio.

Intento convencerme: que solo es una aventura.

que sigo queriendo a Jean.

Pero siento algo por él.

No sé lo que hago, pero me emociona.

Está esperando que lo deje todo por él. Me ha esperado toda su vida.

Qué irónico. Todos os veían como la pareja perfecta.

- Me imagino huir con él y cambiar de vida.

Pero no quiero estropear lo que tengo.

Quiero hijos. Lo que consigo, es angustia.

No te pasará nada.

Buenos días, cariño.

- ¿Qué escondes? - Nada.

- Te he visto. - No es nada.

- Te acabo de ver. ¿Qué escondes? - Nada.

- Enséñame lo que escondes. - Es esto. Mira, te lo enseño.

- Esto es lo que escondo. - Un billete de lotería.

- ¿De dónde lo has sacado? - Lo he comprado.

- ¿Desde cuándo juegas a la lotería? - Leí lo del gran sorteo, y lo he comprado.

Un gran sorteo.

- ¿Sabes cuántas probabilidades tienes? - Sí, mínimas.

Casi cero, tendrías que jugar toda tu vida,

durante muchas vidas, para ganar. - Dámelo.

- Alguien ganará. - Claro, ese es su argumento.

Es una tontería.

¿Pero, por qué lo escondías?

¿Tienes miedo de que piense que eres una tontorrona?

Cariño, nunca pensaré eso de ti.

¿Diga?

No, ha salido a comer.

Puede que esté ocupada fuera toda la tarde.

- No estoy tranquila, aquí fuera juntos. - Es buena idea estar lejos de la oficina.

No nos conoce nadie.

¿Sí?

Estoy comiendo en el parque. Solo un bocadillo. Hace muy bueno.

¿Estás sola?

Bueno, sola con el periódico.

¿Quiere que vaya a verte?

No te molestes, casi he terminado. Quería tomar el aire.

- Bueno. Pasa buena tarde.

- Diga.

Me encanta.

- ¿Siempre escribes a mano? - Siempre.

Cuando acabo, lo paso todo. - Me fascina el proceso creativo.

Escribo una página tras otra, sin parar.

Odio releer mis cosas.

¿En qué estás pensando?

¿En qué piensas?

- Desde que te he encontrado, el tiempo pasa demasiado rápido.

- ¿Impaciente por volver a Londres? No, no mucho.

Nadie me espera allí.

Ni familia, ni novia.

Estoy bien en este apartamento. Me gusta cada vez más.

Todo gracias a ti. Lo has convertido en idílico.

Sinceramente, pensaba quedarme aquí.

- ¿He dicho algo malo? - No.

- Estoy un poco confusa. - No te quiero presionar.

- Ya lo sé. - Estás casada, y no cambiará, pero...

si alguna vez decides cambiar, que sepas que te estaré esperando.

- Buenos días. - Buenos días.

Por aquí.

Joséphine, mi socia. Por favor.

Entonces,

¿en qué puedo ayudarle?

- Verá, creo que mi mujer tiene un amante.

Y quiero estar seguro.

- ¿Por qué lo cree? - Muchos pequeños detalles.

Nada concreto, pero siento que hay cosas que no cuadran.

Podría estar equivocado.

Espero estar equivocado, porque la quiero.

Pero necesito saberlo.

- ¿Tiene alguna idea de quién puede ser?

- No, realmente no.

Muchos hombres la encuentran guapa. Es una mujer encantadora,

deliciosa,

muy deseable.

- Necesitaré mucha información. Y fotos, si es posible.

- ¿Cuánto tiempo necesita?

Depende de lo que haga su esposa pero si hay algo, suele ser rápido.

- Evidentemente, cuento con su discreción.

- ¿Está seguro de que quiere saber la verdad?

- ¿Que si estoy seguro?

A veces la relación es tan breve que la pareja ni se da cuenta.

Este paréntesis no impide que la pareja pueda seguir y ser feliz.

¿Señor Fournier?

¿Cómo dice? Disculpe.

Haga su investigación.

Le daré la información necesaria y una foto de mi esposa.

Cumpleaños feliz, Jean.

Gracias a todos. Gracias.

No sé por qué, pero envejecer no me está volviendo más sabio.

No debieron darme el manual.

- ¿Te acuerdas que celebramos el cumpleaños de André en Venecia?

- ¿Vendréis? - Me encanta Venecia, pero...

Bueno, pensé que veníais

que ya estaba decidido.

Deberíais hacer un hueco.

He charlado con su esposa. Es una persona muy interesante.

- Gracias. La suya también. - Y guapa. Muy guapa.

- Sí, lo reconozco. - Feliz cumpleaños.

Y gracias por la invitación. - No, por favor.

- ¿Eligió ella este increíble lugar? - Nos gusta venir aquí, pero sí, es ella.

Tenemos unas mujeres muy hermosas.

¿Nunca tiene miedo de que le guste otro?

Al principio lo tenía pero...

no está en el ADN de Marion hacer trampas.

Pero bueno, todo es posible.

¿Se acuerda de Olivier Wargon?

Encontró a su esposa en brazos del consejero matrimonial.

Una historia triste y grotesca.

No, Marion nunca se aprovecharía así de mí.

En primer lugar porque no está en su naturaleza.

Y ella sabe que la echaría inmediatamente.

Imagínate a los dos en la cama...

burlándose del marido humillado.

- Bueno... - Volvamos a la realidad.

Estamos muy felices con lo nuestro.

- ¿Ya le he enseñado mi maqueta de trenes eléctricos?

- Por supuesto. - ¡Ah!

- Me quedé muy impresionado. - ¡Sí!

Es bonito, ¿verdad?? Toda esta mecánica en miniatura.

- Sí, sobre todo es un trabajo increíble, ¿no?

- Disculpe. - Perdón.

- Buenos días. - Buenos días, Fabrice.

- Dos copas de vino tinto.

- Dos copas de vino tinto. - Instálese.

- Buenos días. - Buenos días.

- ¿Ya sabe lo que quiere? - Una cerveza.

- Ahora mismo. - Gracias.

Es horrible, me siento culpable.

- No quiero que te sientas culpable de nada.

No quiero que estés mal.

Igual debería hablar con Jean.

Decirle que necesito tiempo para pensar, para arreglarlo cosas.

Te quiero.

Sé sincera. ¿Me quieres tú también?

Al principio pensé

que podríamos seguir así, dos viejos amigos del Liceo.

Pero se ha desmadrado. Siempre quiero estar contigo.

Por qué nos hemos tenido que encontrar? Qué irónico.

No creo en la ironía...

ni en el azar.

Desprecio a la gente que confía en la suerte.

La suerte no existe.

La suerte, hay que provocarla.

- Lo lamento. - Sí, es feo.

Pero la realidad rara vez es bella.

¿Quiere beber algo?

¿Quién es, este tipo?

- Todo está en el informe. - Sí, un coñac, por favor.

- Muy bien, mamá, Me alegro de que esté mejor.

Ven cuando quieras. Tu habitación siempre está lista.

No, está bien. Solo tengo que tomar algunas decisiones.

Te lo explicaré cuando vengas.

Espera, que Jean acaba de llegar. Te cuelgo. Un beso.

- Hola, cariño. ¿Quién era?

- Mi madre. - ¿Vaya, vuelve pronto?

- Sí, en unos días. - Lo estoy deseando, es realmente encantadora.

¿te parece bien que nos quedemos en casa esta noche?

- Has llegado tarde toda la semana. - Es buena idea.

Aún me queda algo trabajo por hacer, así podrás leer tranquilamente.

- ¿Qué tal tu trabajo? - Bien, muy ocupado.

Perdón por estar un poco preocupado en este momento.

Ya se arreglará.

Voy a hacer una llamada. ¿Me pides un coñac?

Suzanne, el señor quiere un coñac.

No, del otro lado. A la izquierda.

- ¿Diga? - Hola.

- ¿Puedes hablar? - Sí. ¿Hay algún problema?

Tenemos que vernos. Nada imposible para nosotros.

¿Qué tal mañana a las 15 h, donde tú sabes?

De acuerdo, bien. Nos vemos mañana.

- ¿Todo bien? - Sí, todo va bien.

Hoy, he pensado en cuando nos conocimos.

La primera vez que te vi, en la Nochevieja en casa de Fred Fox.

Con tu vestidito negro.

- Después de mi divorcio, no era feliz. - Nunca te lo he dicho

pero la primera vez que hablé contigo

confiaba con todas mis fuerzas que no fueras una petarda.

Gracias, Suzanne. Eras completamente lo opuesto.

Conquistadora.

Leal.

Todo lo que podía desear en una mujer.

- ¿Estás bien? - Sí.

Me acuerdo de la canción que sonaba cuando te dirigí ...

- ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?

- No.

- La nostalgia siempre me pone triste. - No tienes por qué.

Todo ha salido bien.

Has hecho de mí, el hombre más feliz del mundo.

Aquí está su foto y su dirección. Y esta vez, que no quede ni rastro.

No como la última vez.

Quiero que desaparezca del todo. Ciao, bye-bye.

Tenemos un avión.

Sobrevolamos el Atlántico, y tiramos el cuerpo.

- Qué bonito nuestro mundo ¿no, Dragos? - Desde luego.

- Pero cuando mueren algunas personas, mejora automáticamente.

Se vuelve más respirable para todo el mundo.

- Le ajustamos bien las cuentas a su socio

He trabajado mucho para ganarme el dinero.

No nací rico, y considero que puedo disfrutarlo.

Resolveremos este problema.

Desaparecerá también. ¿Verdad, Milos?

- Hacía años que ya no soñaba,

y desde que la he encontrado, he vuelto a soñar.

Qué locura, ¿no?

- Esta noche, he soñado que vivíamos en México.

Probablemente porque me lo dijiste el otro día.

Una vida sencilla, con niños y caminando bajo la lluvia.

Me he despertado feliz. Me ha durado toda la mañana.

Compartimos los mismos sueños, al menos eso.

No paro de leer los poemas que me has regalado.

- Son bonitos, ¿verdad?

El de Mallarmé, con el cisne prisionero del hielo, me hace llorar.

Todos acabaremos prisioneros del hielo.

si no hacemos nada antes de que llegue el invierno,

antes de que el hielo lo cubra todo,

y nos encontremos aprisionados para siempre.

Jean es un hombre fabuloso.

Tengo que ser honesta con él si queremos tener un futuro juntos.

Vendido.

- ¿Qué tal? ¿Ha ido bien la subasta? - Sí, Jean. Querría hablar...

- Ya llegamos tarde. - Es importante.

- Marc y Linda están esperando en el restaurante.

Vamos, ven conmigo, date prisa.

Que locura.

- Debíamos ir a Saint-Martin. EL huracán lo ha devastado todo.

Allí pasamos nuestra luna de miel.

Sí... ¿Cuál era esa comida local...? - El cochinillo, sí.

Es así. Ahora mismo, ahí, alguien se está muriendo.

Así es la vida. Comes, duermes, vives, mueres.

- ¿Estás bien? - La cabeza me da vueltas.

- Te ayudo. Deberías haberte quedado con el vino blanco.

- ¿Por qué me has dejado beber?

- Mira, soy tu marido, no tu niñera.

Y nos lo hemos pasado bien.

¿O no?

Ya está.

¿Definitivamente?

"El paquete está en el fondo del océano."

¿Habéis liquidado todas sus cosas? ¿No habéis dejado nada comprometedor?

¿Agenda, ordenador, números de teléfono?

Perfecto. Nos vemos mañana, 15:00 horas.

En el lugar habitual. Me ocuparé de vosotros, ya veréis.

¿Se ha ido el señor?

Tuvo que irse pronto a la oficina y no quiso despertarla.

Me ha dicho que no se siente bien.

¿Quiere que le prepare algo? - Eh..

- Un café, gracias - Muy bien.

Soy yo. Llamaba por saber qué tal. Llámame cuando puedas. Un beso.

Necesitamos fotos de las joyas de nuestro cliente saudí.

- ¿Te pido algo? - No. Tengo una comida.

Gracias.

- Hola, cariño. ¿Qué tal? Quería preguntarte.

porque anoche estaba un poco borrachilla.

Bien. Voy a almorzar con clientes.

- ¿Sí, dónde? - No lo sé todavía.

- Bueno. Te dejo. Un beso. Nos vemos a la noche.

Espero que mejores. Un beso, hasta luego.

- ¿Sí? - Hay que seleccionar las fotos de las joyas.

- Ah, sí. Muy bien. - Elige unas doce y míralo con el Sr. Tisserant.

Debería haberlo hecho yo. Me he olvidado.

No pasa nada.

- ¿Está bien? Parece distraída. - No, estoy bien.

¿Necesita llamar a alguien?

- ¿No le importa? Terminaré pronto. - No. ¿Quiere que salga?

No, no hace falta.

- He intentado hablar contigo toda la mañana. ¿Dónde estás?

Estoy empezando a preocuparme. Llámame.

¿Alain? ¿Estás ahí?

Alain ?

- ¿Qué te pasa algo, cariño?

- No pareces estar bien. - ¿Dime?

¿No te encuentras bien? No has comido nada.

Estoy cansada, nada más.

Debes estar pagando los excesos con el vodka.

Come algo. No es bueno dejar el estómago vacío.

Me parece que voy a vomitar.

- ¿No estás bien?

- ¿Por qué todo el mundo me lo pregunta hoy? ¡Sí estoy bien!

- Lo siento, parecías... - No, he dormido mal esta noche, nada más.

- Vale. - Por favor, déjame tranquila.

- ¿Ha ido bien? - Sí.

Muy bien. Pero se agradece poder descansar un poco.

- Oye, pareces un poco pálida. - Se pilló una cogorcilla,

y ya no parece la misma. - Estoy durmiendo mal.

- Creo que trabaja demasiado y... - Ya mejorará.

- Claro, cariño. - No eres así.

- No bebe, duerme como un bebé...

- ¡Estoy bien! ¡Me estáis tratando como a una enferma!

Es insoportable. Me vais a volver loca.

- Dejémosla en paz. Disfrutemos de los últimos días buenos.

- Eso, perfecto.

Dejadme un poco que pueda respirar.

- ¿Hace mucho que está así? - No, no es nada.

Ha acabado tarde toda la semana, está reventada.

- Hablaré con ella. - Sí, perfecto.

Tiene muy buena influencia sobre ella.

- ¿Qué te preocupa? - No quiero hablarlo.

- Ya veo que no estás muy bien. - ¿Ah, sí?

Ya está bien. No sé qué está pasando, pero tienes que soltarlo.

Y Jean no se merece esto.

No, desde luego. Es verdad que no se lo merece.

- ¿Que quieres decir?

- No lo entenderías. Si te lo dijera, me odiarías.

¿Por qué? ¿tienes un amante?

¿Cómo lo has sabido?

No soy una niña de guardería.

Estás de los nervios.

Y Jean le echa la culpa al exceso de trabajo, ¡anda ya!

Cambias de look De repente, haces ejercicio...

A mí, no me engañas.

Bueno, entonces, ¿quién es?

Ese que evidentemente no le llega ni a la suela de los zapatos a Jean.

- Empezó hace unos meses.

Iba por la Avenida Montaigne. Me crucé con un chico,

que no había visto desde el Liceo.

- No entiendo cómo puedes engañar a un hombre como Jean,

tan formidable. Y será con un perdedor, como tu primer marido.

No es un perdedor.

- Puede ser, pero las cosas irán mientras te acuestas con él y sigues con tu marido.

pero cuándo digas que vas a dejar a Jean, desaparecerá.

- Es un clásico.

- No ha dejado ni un mensaje o una nota, nada.

No es su estilo. Estaba loco por mí desde el Liceo.

- ¿Igual le ha pasado algo? - ¿Cómo qué?

¿Quién querría hacerle algo?

Es un hombre tranquilo, un poeta. No tenía enemigos,

nada sospechoso en su apartamento, ninguna rotura.

Simplemente se lo ha llevado todo.

Evidentemente, ha tenido dudas y no se ha atrevido a decírmelo.

- ¿No deberías ir a la policía? - Llamé a la policía.

Pero cuando me preguntaron mi nombre, me asusté y colgué.

Me extrañaría que le haya pasado algo

No he llamado a la morgue. No se habría llevado sus cosas.

- ¿Por qué no vas a ver por la morgue?

- Deja de dramatizarlo todo. No está en la morgue.

No puedo estar involucrada.

No puedo permitir que Jean lo sepa. Además, está claro: estando casada,

podíamos tontear, acostarnos juntos...

pero cuando hablé de dejar a Jean, él se fue por la tangente.

¿No hay manera de arreglarlo con Jean?

No, solo soy una niña mimada y caprichosa.

Ah, aquí estáis.

- ¿De qué habláis tan serias? - No es asunto suyo.

- Mientras charlabais, he tenido una idea brillante.

Tenemos unos amigos americanos, Jack y Rita Prescott.

Vuelven de Chicago, de una gran fiesta para renovar sus votos matrimoniales.

Encuentro que es una idea genial y romántica.

Y he pensado que podríamos hacer lo mismo.

Ahora que tu madre está aquí, lo aprovechamos

¿Qué te parece? - ¿Qué?

- Nuestros años juntos, lo celebramos. - Me parece una idea preciosa.

Pero, bueno, querida, ¿no dices nada?

- ¿Tengo que preocuparme? - No. Solo que...

¿No te parece que es un poco cursi? - Hiperamericano, es verdad.

- Pero me da igual, me parece encantador. - Lo es.

- Es verdad, se hace mucho en Estados Unidos.

Estuve en una fiesta así con tu padre en Brooklyn.

La encontré muy emocionante. - Ves.

- Tienes razón, va a ser muy bonito. - Ah !

- Perdonad por ser negativa. - ¡No!

Bueno, estoy totalmente a favor.

- No hace falta el fiestón del siglo. Solo nuestro pequeño círculo de amigos.

Ya sé lo que me pondré.

Nos alegramos que estéis aquí.

Hemos querido renovar nuestros votos matrimoniales.

¿Querida, aceptas volver a casarte conmigo?

- Sí, acepto. - ¡Oh!

¡Gracias!

¡Gracias, amigos! ¡Gracias!

- Gracias. - ¡Bravo!

- ... no, para nada. El amor es una cuestión complicada.

El corazón no tiene piedad.

Porque es una cuestón de sentimientos, que no hacen concesiones, son despiadados.

- Pero algunos se encuentran y viven juntos toda la vida.

- Eso se llama suerte, ¿no?

- Y otros incluso renuevan los votos.

- Me ha parecido una ceremonia magnífica.

- A la salud de los viejos recién casados. - Salud.

Nosotros nos casamos en un barco frente a la costa dálmata.

Nos mareamos todos. Pensábamos que sería un mal augurio.

- Pero llevamos juntos 15 años. - Sí y seguimos mareados.

Me dio tristeza la ceremonia.

La hija de nuestros vecinos iba a casarse,

y la dejaron plantada en la iglesia, delante de toda la familia.

¡Sí! El cabrón del novio desapareció sin una explicación.

Y un mes más tarde, en Panamá, lo encontraron y ...

se había casado con una estrella del porno.

- Es muy frecuente, el pánico antes del compromiso.

- Más común en hombres que en mujeres. - Esperan hasta el último minuto.

- Evidentemente. - Yo he visto un documental en la tele.

Cada vez desaparecen más personas sin dejar rastro.

Y hay pruebas de que son secuestros,

por parte de extraterrestres.

- Sí, bueno, ahí sí que te aseguro que ningún novio angustiado

ha sido secuestrado por extraterrestres.

- Yo digo que no se puede descartar.

- Bueno, si eso, ... hoy en día, todo es posible.

Si eso, el ex socio de Jean está en una nave espacial en otra galaxia.

- ¿Su cuerpo no reapareció en un lago?

- ¿O no se supo si era él? - Desapareció hace unos años

en circunstancias misteriosas.

Yo digo que puede muy bien estar en Marte o en Júpiter.

Al menos, no ha reaparecido en los brazos de una prostituta panameña.

- ¿Desapareció el socio de Jean? - ¡Sí! sí, sí.

Salió en la prensa, No recuerdo los detalles, desapareció de golpe.

No se sabe muy bien. Se ha hablado de extorsión o algo así.

Hace poco informaron de que se había encontrado un cuerpo.

La policía pensó que igual era él. El caso no se ha cerrado, que yo sepa.

- Secuestrado por extraterrestres - ¡No!

y el gobierno lo encubre.

- Muy simpáticos, sus amigos. - Gracias.

- ¡Qué tarde, qué día! Ha sido maravilloso. - Muchas gracias por haber asistido.

- Me voy a la cama. - Buenas noches.

Buenas noches, querido.

- Estoy agotada. Y solo he bebido vino blanco y algo de champán.

Me ducho y me acuesto.

Ha sido un éxito.

Y tenemos amigos absolutamente maravillosos.

Todos han dicho que estabas más hermosa que nunca.

- Estabas a tope. - Sí, porque estaba feliz.

- Nunca te he visto beber tanto. - Nunca me has visto tan feliz.

- ¿Puedo confesarte algo? - ¿Confesarme?

He estado un poco lunática, estos últimos meses.

Mucho estrés en el trabajo. Me perdí y no podía ver lo esencial.

A veces, he sido desagradable o ausente.

Pero ya se ha acabado.

Ha sido un mal momento.

Lo que quiero decirte,

es que ahora me siento realmente fuerte.

Pues yo también he estado pensando,

quizá es hora de volver a hablar de tener hijos.

Es maravilloso,

Tengo mucha suerte. - No, soy yo quien tiene suerte.

- Pero tú no crees en la suerte ni en las coincidencias.

- Porque la suerte, la hago yo.

¿Jean?

¿Sí?

Me han contado una historia extraña sobre su socio.

que habría desaparecido hace unos años.

- ¿No va a empezar usted? ¿Quién se lo ha dicho?

- Un tipo no muy listo, Gilles,

que cree que los extraterrestres secuestran personas.

- Alguien habló de esa desaparición. - ¡Pero qué idiota, este Gilles!

Alcohólico y con delirios. Siempre con cuentos de ovnis.

- Si entiendo bien, el tema causó algo de revuelo en su momento.

- Se habló incluso de asesinato. - Sí. Duró una o dos semanas y decayó.

La gente estaba paranoica. Me acusaron de tonterías.

- ¿Qué tipo de acusaciones? - ¡Yo ya no me acuerdo!

Algo relacionado con nuestros negocios.

Mira, Camille, ese tipo estaba mal de la cabeza.

Me acusó de desviar fondos, ¡a mí!

¡No, se lo juro, es ...! De verdad, hay cada gente...

Y desapareció, de repente, así, sin más.

¿Qué te parece? Evaporado

Bueno, no está mal.

- A Alain le hubiera gustado. - ¿Todavía piensas en él?

Cuando me enfado porque me tomó el pelo.

Me siento culpable. Quiero hacerlo todo para compensarlo.

- ¿Estás segura que Jean no sabe que lo has engañado?

- Sí, segurísima.

- ¿Segurísima de que no hay nada sospechoso en su desaparición?

- Sí, no soy como tú, con esa mente enrevesada. Eres muy desconfiada.

Yo soy muy dulce, como papá.

Me recuerdas a ese tipo que cree en los ovnis.

- Mamá. - Sí.

- Alain, no se lo han llevado los extraterrestres .

Solo me ha dejado. No era como yo pensaba.

¿Por qué tantas preguntas?

- Para dejar volar mi imaginación macabra.

- Pues frena tus fantasías siniestras y lee menos novela negra.

"EMPRESARIO DESAPARECIDO"

"AGENCIA DE DETECTIVES DELAUNY"

Muchas gracias.

¿Ha terminado el libro?

He visto a tu madre en la terraza de un café.

Estaba enfrascada en su lectura. Le he dado un susto.

- ¿Qué libro es? - Uno de Simenon.

Yo, solo he leído una novela policiaca en toda mi vida. No me gustan nada.

En esos libros, el detective privado es todo glamour.

Y cuando tuve que tratar con uno, fue una gran decepción.

Muy diferente del cine y la literatura.

- ¿Ha necesitado un detective? - Sí, para mi trabajo.

- Muchas trampas en el mundo del dinero. - Ya me imagino.

Es el señor Fournier el que me ha dado su nombre. Jean Fournier.

Me dijo que había hecho un buen trabajo para él

cuando tuvo su problemilla de pareja. Y muy discreto.

- Sí, la discreción es fundamental en mi caso.

Somos tan eficaces como discretos, como puede atestiguar el Sr. Fournier.

- Pues, mire usted, tengo la impresión de que mi marido me engaña.

Y, entonces, querría quitarme las dudas, porque ...

- Necesitaremos información,

direcciones y fotos, si es posible. - Sí.

Muy bien. ¿Se ...? Bueno, se lo traigo la próxima vez.

En una ... segunda reunión.

Ahora me gustaría simplemente saber cuánto tiempo tardan,

y cuánto costaría todo, claro.

- Nuestra tarifa por hora es de 450 euros.

- ¡Ah..., bueno! Es un poco caro para seguir a un marido.

O en el caso del Sr. Fournier, para seguir a su esposa.

- Hay agencias más baratas pero nuestro servicio es óptimo.

En cuanto al tiempo, dependerá de la persona que se sigue.

Claro, claro, es evidente.

- ¿Tiene más preguntas? - No. Por ahora, está bien.

Gracias.

Le llamaré muy pronto.

Y... Muchas gracias.

- Entonces, espero noticias suyas.

- Adiós y gracias. - Adiós.

- Sí, ¿dígame?

- ¿Sr. Fournier? Soy Henri de Delauny. ¿Podemos hablar ahora?

Sí, le escucho.

Ha venido una señora que dice que la ha enviado usted, pero...

se la veía... incómoda. Y desconfiada, como si investigara.

- Pelo liso, castaño, gafas doradas. ¿Me imagino que no le habrá dicho nada?

Por supuesto que no, era sospechoso. Por eso le llamo.

Ha dicho que iba a solicitar nuestros servicios.

pero seguro que no la volveré a ver. He querido avisarle.

- ¿Pero, no le ha dicho nada? - Nada.

Dicho esto, parecía saber que usted nos había contratado.

- Mientras no se lo haya confirmado, todo va bien.

Gracias por avisarme. Adiós.

Es la lámpara de la que te hablé. Iría bien en nuestra habitación, ¿no?

- Sobre todo si reformamos. - Sí, no está mal.

- Además, es mi madre la que la encontrado.

- ¿Se quedará todavía mucho tiempo? - No sé.

- Está tan feliz en París. - ¿Qué hace todo el día?

Museos, anticuarios... Ven, vamos a echar un vistazo.

Le encanta pasear sola y hacer sus cosas.

Siempre lo ha hecho.

- Buenos días, señoras. Por favor. - Buenos días, gracias.

- ¡Qué bien tu propuesta de comer juntas! Pensé que te ibas a Versalles

- Tenía que hablar contigo.

- ¡Huy, qué tono más serio!

- Te voy a pedir que me escuches hasta que termine, sin prejuzgar

- Vale.

- Tu vida está hecha un caos desde hace un mes.

Estás segura de que no hay nada sospechoso en su desaparición .

- ¡Oh, ya empezamos! - Pero yo, pienso que si lo hay.

- ¿Qué te hace pensarlo?

Nada concreto, al principio.

Pero al oír hablar de los secuestros de los extraterrestres

¿Mamá, te has vuelto loca?

- Empezó al oír las tonterías sobre los secuestradores extraterrestres...

- Mamá, mira, no vamos a ... - He dicho "tonterías", ¿no?

Entonces, ya casi estoy, la conversación giró

en torno a la desaparición del socio de Jean

que habría desaparecido de la misma manera que Alain.

- Eso fue antes de que conociera a Jean.

Encontraron el cuerpo. Un suicidio. No conozco los detalles.

Sí, pero yo, sí tengo detalles.

Jean se benefició de la desaparición del socio.

- ¿Qué quieres decir?

El socio desapareció como Alain, y Jean ganó mucho con su desaparición.

En su momento se habló de suicidio, secuestro o incluso de asesinato.

- ¿No estará sugiriendo lo que me temo?

- En los dos casos, Jean tenía un motivo y un interés.

- Creo que vamos a acabar con este tema.

- ¿Y si Jean sabía que le engañabas? - Mamá...

- Y si sospechaba ... - No hay ninguna posibilidad.

- ... hasta hacerte vigilar... - ¿Cómo? ¿Cuándo?

- ... por un detective privado. - ¡Delirios tuyos!

- Sé, de fuente segura, que contrató a alguien para vigilarte.

- ¿Cómo lo sabes?

- Encontré la tarjeta de un detective en el cajón de su escritorio.

- ¿Has registrado sus cosas?

- Fui a ver al detective diciendo que mi marido me engaña.

Y dije que venía de parte de Jean

que estaba encantado con sus servicios, en el caso de su pareja.

No me puedo creer lo que oigo.

- En cualquier caso, lo explicaría todo. - ¿Qué es lo que explicaría?

- ¿Que Jean ha eliminado a Alain?

¡Estás loca!

- Vale la pena investigar un poco más.

- Escucha, lo siento, ya no tengo hambre.

- ¡Espera un momento!

- Escúchame. - No.

- Escucha. - Ya no tengo ganas de escucharte

He engañado a un hombre que no ha dejado de quererme nunca,

con el que quiero tener hijos.

He tenido una aventura con alguien salido del pasado.

¡Pero de ahí a decirme que Jean sabía, que me ha hecho vigilar,

y que ha hecho desaparecer a Alain! - ¡Sí!

- ¿Por qué me miras raro? - ¿Yo? ¿Qué dices?

- Esta mañana, me miras raro. - ¡Que va!

- ¿Te sientes culpable de algo? - No, para nada.

Espera, ya no puedo más.

- Mejor que correr en el gimnasio. - Sí.

- En tu trabajo me dijeron que estabas comiendo con tu madre.

- Sí, acabamos discutiendo. - ¿Y eso? ¿Por qué?

- Ya la conoces a mamá. Una fantasía sin límites.

que alimenta con series de televisión.

- ¿No encuentras que se le va un poco la olla?

- A veces se olvida tomar su medicación,

Un día sin tomarla, y se vuelve paranoica, incluso bastante paranoica.

- Que no se olvide de su medicación. Es indispensable.

- ¿Paranoia por qué? - Nada, demasiadas novelas policiales.

- Me iba a duchar. ¿Querías algo?

- Quería estar segura de que se te ha pasado la paranoia.

- No soy paranoica para nada.

Te ha hecho seguir y sabía que le estabas engañando.

- ¿Te tomas todas tus medicinas? - Soy precisa como un reloj.

- Ya ha pasado que las olvidas. No te sienta bien.

- No es porque la olvido un día que mis sospechas se deben a la química.

- Menos mal que te quiero, podría verlo como un insulto.

- Pero déjalo ya, por favor. - Lo voy a dejar,

porque no soy una profesional.

Se debería contárselo a un profesional de verdad, a ver qué opina.

- ¿Qué tipo de profesional? - Ni idea.

Creo que deberías haberlo explicado todo a la policía.

- Es una broma, ¿no? ¿Y les digo que he tenido una aventura?

Mira, ahora te centras en ti.

Piensas en la caza, el senderismo, la pesca y los placeres de la vida.

- Esta vez, no podemos equivocarnos.

- Debe parecer un accidente. - ¿Qué tipo de accidente?

- Debe quedar impecable.

- ¿Quién es? ¿Qué tipo de accidente? - Un accidente de caza.

La llevaré a un lugar en el bosque,

donde tú estarás escondido, esperando.

Cuando esté a la distancia adecuada,

te la cargas: un cazador que se ha cometido un error.

- El cazador la confundió con un animal.

Exactamente, un animal grande.

Hay muchos ciervos y cazadores. Es tan fácil que ocurra un accidente.

La policía hará muchas preguntas, ¿no?

Sí, pero te daré una licencia de caza y un fusil,

me encargo de todo.

Tú, dirás que es una tragedia y te harás el tremendamente afectado.

¿Cómo? Debe ser tu fusil, no mi fusil.

- ¿Lo entiendes?

Entonces, te desharás en disculpas,

y la policía no podrá decir nada, porque será un desgraciado accidente

Yo no tendré nada que ver pero me ocuparé de ti.

Sí, pero hay un problema.

Nunca he disparado con un fusil, yo.

- ¿Nunca has disparado? - Pues no.

- Bueno... no te preocupes, te ayudaré.

No, mejor, tengo una idea.

Dispararé yo y luego te paso el fusil.

Sí, es más lógico.

Y al final, tienes el arma tú, ¿entiendes? - Sí.

- En cualquier caso, escúchame. Esa mujer debe desaparecer.

Es dañina, peligrosa.

Hace preguntas, se mete donde nadie la llama.

- ¿Cuándo será?

- Iremos a ver el sitio algunos días antes.

Una vez que encontremos el sitio, tu nos esperarás allí.

- Pero usted se la carga.

- Sí, yo me la cargo.

pero es tu responsabilidad.

- Acuérdate, es tu trabajo.

¿Estamos de acuerdo? - Sí, sí.

- ¿Vuelves a ver a tu hermano? - Está en Bucarest. Debía ir esta semana,

pero llamó usted. Así que iré la próxima. - Bien. Salúdale de mi parte.

- ¿Seguro que no nos olvidamos de nada? - Sí, ¿y Pierre y Delphine?

- Nos vemos allí.

Qué ganas tengo de ir a cazar mañana.

- Camille también, creo. - ¿Todavía caza ciervos?

- Sí, ojalá tenga más éxito que la última vez.

- No me gusta cazar, pero sí comer caza. - Lo único que cazamos

son antigüedades. - Comed, comed.

- Que aproveche. - Gracias, el bogavante está delicioso.

- ¿Vienes a los anticuarios? - No, me quedo a leer y escuchar música.

- Estoy buscando una mesa de roble. - Hay muchos anticuarios buenos aquí.

- Espero que la caza tenga éxito.

- El placer está en la búsqueda en sí.

- Es así, se entra en un universo completamente diferente.

- Uno se concentra, persigue el animal, se olvida de todo

- Su padre le transmitió el amor por la naturaleza, era un excelente pescador.

- Sí, me enseñó a pescar con mosca cuando era niña.

- Yo no heredé esos genes. - No, definitivamente no.

- ¿Nos vemos para comer? - No lo creo.

Pero intentaremos al menos cazar algo para la cena.

- Habrá que escupir los perdigones. - Los ciervos no se cazan con perdigones.

¿Qué hora es? Espera. Tengo que tomarme la pastilla.

¿Ves cómo me acuerdo? ¿Has visto mis medicinas?

¿No están en tu bolso?

- No me digas que me las he olvidado en París.

- Pues sí, es así. - ¡Es un fin de semana de cuatro días!

- Ya ves, tampoco me voy a morir. - Habrá hacer una ida y vuelta a París.

- Puedo sobrevivir cuatro días sin ellas. - Claro, no son tan necesarias.

- Sí, son medicinas necesarias.

Mandaré a Edgar a buscarlas. - No las encontrará.

- Iré yo. Dime dónde están.

En uno de los bolsillos de la chaqueta. Lo siento mucho.

- No importa. Iré mientras cazáis.

- Pero querías descansar, escuchar música.

Descansaré y escucharé música tranquilamente por el camino.

- ¿Qué chaqueta?

- La gris que está en la cama. También podrían estar en mi bolso.

- Las encontrará. - Hay varios bolsos.

- Las encontraré. - Se parecen todos, busca bien.

Adiós.

- Ya está... - Éste para usted.

- Gracias. - De nada.

Vamos por aquí.

- Por allí, perdón. - Sí.

Camille, por aquí. es mejor.

Conozco este bosque como la palma de la mano.

- Este bosque lo tiene todo para la inspiración del poeta.

Es espeso, sombrío. Solo faltan los ciervos.

- No se preocupe, deberíamos entrar pronto en acción.

- No sé cómo hace para orientarse.

Yo, sola, aquí, me perdería.

Tengo algo que hacer un recado. Nos vemos aquí en una hora.

Ya tenemos bastante, paramos.

De verdad, ¿quién compra un bicho de estos?

- Seguramente la gente a la que le gusta cazar.

- Será, para decorar un viejo caserón...

O para un club de hípica, incluso.

¿Sí?

Fanny, la cobertura no es buena aquí.

Alain no huyó. Tenías razón.

Le pasó algo.

Algo terrible, en mi opinión.

- ¿Qué te hace pensarlo?

Estoy en su casa, ahora.

Al recoger tus pastillas, he decido venir una última vez aquí.

Me has llenado la cabeza de ideas, pero tenías razón.

No sé quién ha vaciado su apartamento.

Pero no sabía que Alain tenía un escondite secreto para su manuscrito.

Es imposible que se haya ido sin cogerlo. Era...

Era su única copia.

Había metido toda su vida.

- Lo que me cuentas solo me sorprende a medias.

- ¿No seguirás pensando que Jean está detrás de todo esto?

- Todavía no puedo probar nada. Pero la policía lo conseguirá.

- Tira ese pitillo.

Dame tu fusil.

No, conozco a Jean.

Tiene sus defectos, sus manías, pero de ahí ...

Escucha, vuelvo, ya. Tenemos que hablar.

Hasta ahora, sí.

¿Jean?

¿Jean?

¿Jean?

¡Jean! ¡No!

¿Qué era, un ciervo?

¿Estás seguro de que era un ciervo?

Maldición. ¿Estás seguro?

- No, era alguien. - ¿Está seguro de que era un ciervo?

- ¡Joder! Un ciervo...

¿Qué diablos hemos hecho?

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

- Hay que llamar a emergencias. - No es necesario. Está muerto.

Dios mío, no puede ser.

Es terrible.

Vi algo moviéndose entre los árboles.

- Es un accidente. - Es un accidente.

Pero yo... ¡Dios mío!

Es horrible.

"Había llegado a la conclusión de que la vida era una variable aleatoria.

porque su probabilidad de existir había sido de 1 entre cuatrocientos mil millones.

Toda vida era pues un milagro.

y a todo ser vivo le había tocado el gordo de la gran lotería cósmica.

Lo importante era no desperdiciar ese milagro.

Estaba dispuesta a llegar hasta el final de sus elecciones y de sus errores.

Seguía siendo aterrador

constatar la inmensa función que tiene el azar sobre todas las cosas,

y la importancia de tener suerte.

Es mejor no pensar demasiado en ello.

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