All language subtitles for La.Sposa.S01E03

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Original subtitles

1 LA ESPOSA

- Vamos a caminar. - Está bien.

No se preocupe señora, está bien.

¡Vittorio!

- Vittorio. - Ya llegaron.

- ¿Qué estás haciendo aquí? - Ya vienen a molestar.

- ¿Por qué te fuiste del hospital? - Sr. Vittorio.

Tenía algunas cosas urgentes que hacer en la ciudad.

Bepi me acompañó. No pongan esa cara, estoy bien.

Querían que me quede en el hospital perdiendo el tiempo.

- Ahora entraremos y usted se va a acostar. - ¿A acostar? Quiero comer.

- Hay caldo de pollo. - Hoy comeremos en un restaurante.

Ahora entraremos y llamaremos al médico.

Te has vuelto igual de tonto como todos esos doctores del hospital.

Hoy es mi cumpleaños. Anda a buscar a Paulino a la escuela.

Vamos a ir al restaurante de Bepi y comeremos "Casunziei"

y luego iremos a ver a todos los médicos que quieran.

Iremos al hospital y harán lo que quieran, ¿De acuerdo?

¿De acuerdo? Oh.

- Vamos. - Está bien.

En realidad no, iré con mi amigo Bepi.

- Bepi. - Vamos. - Nos estábamos olvidando de la artillería.

- Vamos.

♪ Tan pronto como lleguemos al campamento, desde el regimiento te escribiré ♪

♪ Te traeré una hermosa flor de África ♪

♪ Que nació bajo el cielo del Ecuador ♪

♪ Tan pronto como lleguemos al campamento, desde el regimiento te escribiré ♪

♪ Te saludo, me voy a Abisinia ♪

¡Papá! ¡Papá!

♪ Pero volveré ♪

- Papá, pescaron las anguilas. - Buen chico. - Es hora de la torta.

Vamos, Bepi, la torta y una botella de prosecco.

Sí.

¡Dos!

¡Ah!

Y bueno... ¿Por qué me miran como si me hubiera vuelto loco?

Porque es la primera vez que te veo celebrando.

Bueno, tienes razón.

Sólo he dado unas pocas fiestas en todos estos años.

Ítalo, lo siento.

Pero nunca te he oído quejarte.

- ¿Sabes por qué? - No.

Porque eres un Bassi.

Como el alma buena de tu padre.

Como yo y como este delincuente de aquí.

Oh, bueno... Comes muy poco.

- No es cierto. - Estás demasiado delgada.

- ¿Yo? - Tienes que comer por dos.

- Sí, pero estoy bien así. - Sí, por eso...

Ella está así.

- Apuesto a que como eres tan testaruda, tendrás una niña. - Oh.

Está bien...

Ah, ahí está.

¡Giulio!

- ¿Lo llamaste? - No.

Lo llamé, tengo que decirle algo.

- Oh. - Ven aquí.

- Gracias. - Giulio, ven aquí. Siéntate.

- Gracias. - Toma una copa de vino.

- Sólo estoy aquí por respeto a mi hermana. - Cállate y siéntate.

Hazlo.

- María. - A mi...

Me gusta hacer las cosas correctas, profesionalmente.

No me gusta dejar problemas e inconvenientes tirados por ahí.

Ahora bien...

Me ha llevado toda una vida rentabilizar estas tierras.

Toma.

Ahora espero que dejes de ser un idiota como alguna vez lo fuiste

y que no dejen estas tierras a la deriva.

¿De qué se trata esto?

- ¿Qué es esto? ¿Es una broma? - No.

Esas tierras son legítimamente tuyas.

- Así es, ¿verdad? - Sí, es cierto.

Te tomó mucho tiempo, ¿eh?

Incluso si fuera cierto, si hubiera podido las habría apostado.

Sólo lamento que Giorgia no esté aquí.

Está bien...

No pongas esa cara. Yo también pensé en ti.

Aquí lo tienes.

Compré otras tierras, unas tierras nuevas.

¿Conoces todos esos terrenos que hay más allá del antiguo molino?

- Eh. - Aquellas.

Mañana por la mañana podremos ir todos juntos a verlas.

Tú también, Paulino.

Ahora tomaré mi sombrero.

- Mi pipa. - No. - Voy a salir. - No, no, no, no.

- No, Señor Vittorio, no puede fumar. Quédese aquí. - Voy a fumar una buena pipa.

- Saggese. - ¿Eh?

Ahora tienes a este Bassi aquí para dirigirlo.

- De la sartén a las brasas. - Quédate aquí, tío, ven, siéntate.

No, no, voy a salir a fumar y ya vuelvo.

Ah...

María...

Gracias.

♪ Cantando un estribillo alegre al viento ♪

♪ Desde el Regimiento te escribiré ♪

♪ Te enviaré una hermosa flor de África ♪

♪ Que nació bajo el cielo del Ecuador ♪

♪ Te saludo ♪

- No. - Eh. - Tenemos que esperar al tío.

- ¿Vas tú? - Sí.

¿Tiene hambre?

Señor Vittorio.

Señor Vittorio.

Vamos a buscar al tío.

- Papá, ¿Dónde vamos? - Espera, cállate. Espera. - Papá.

Espera.

Vamos, Paulino.

- ¿Puedo decir una palabra Don Fabio? - Por supuesto.

Era un gruñón.

Testarudo.

- Siempre enojado con el mundo. - Así fue.

También...

Aprovechador.

Villano.

Todos hemos pensado esas cosas.

Todo era verdad.

Porque Vittorio Bassi era así.

Debería haberse disculpado con cada uno de ustedes

pero no fue capaz.

Ahora... intentaré hacerlo por él.

Discúlpenlo.

Perdonen a Vittorio Bassi

porque con todos sus defectos

siempre quiso el bien de este país.

Y de esta tierra.

Adiós Vittorio.

Vamos.

Vamos.

- ¡Giuseppe! - Frena. - ¿Qué estás haciendo? ¿Estás loco?

¿Cómo que "loco"? Conduce muy bien, es un conductor nato.

- No tiene permiso de conducir. - ¿Cómo que no?. Muéstrasela.

¿Lo ves?. Gracias a Antonio me hice mayor.

¿Esto es lo que dice aquí?

Te doy mis condolencias. No pude venir al funeral debido al trabajo.

- No, no hay problema. - Mi más sentido pésame, Ítalo.

Tu tío era una persona respetada por toda la comunidad.

- Si hubiera visto su funeral, se habría reído. - Sí.

¿Ahora te encargarás de todo tú solo?

- Así es. - ¿No crees que es mejor irse?

No.

El señor Vittorio había comprado unas tierras nuevas.

Haremos algo con eso, pero todavía no sabemos qué.

Si alguna vez necesitan una evaluación comercial...

No hemos visto las nuevas tierras, no sabemos si las venderemos.

¿Podríamos ir allí ahora? Si no te molesta, y volvemos antes de cenar.

- Vamos y volvemos, María puede preparar la cena. - La cena está lista.

- Iré con ustedes. - Está bien.

Espera aquí, nos cambiaremos de ropa.

Vamos, Luna. Vamos, Luna.

Viendo lo que es este lugar, creo que no es edificable.

Incluso si lo fuera, ¿Quién vendría a vivir aquí?. Es triste.

Hagamos un recorrido. Quizás la tierra sea mejor de lo que parece.

¿Es seguro?

Con esta agua la tierra se congela en invierno, no se puede trabajar.

- Creo que Vittorio se dejó engañar. - Es extraño.

Debieron aprovecharse de él porque no se encontraba bien.

Eh, lo sé, aquí está lleno de sinvergüenzas.

- Está lleno de... - Mira las llamas, Giuseppe.

- ¿Viste ese espectáculo Paulino, eh? - Sí.

No es nada especial.

Es gas de animales muertos.

¿Hay muchos de estos gases de animales muertos aquí?

Sí, bastante, en todos los terrenos abandonados.

Aún así, le pediré a mi experto que haga una evaluación.

Quizás encontremos otro idiota que los compre.

- Por favor, vámonos. - Vittorio no era idiota.

- Cuidado con el niño, es peligroso. - ¿Qué peligroso?

- Ten cuidado. - Puedo hacerlo.

- Profesor, cuéntemelo todo. - Mira este.

- Esas llamas son vapores de gas combustible. - Entiendo.

Soy un hombre práctico.

- Está diciendo que bajo esas tierras... - Sí.

- ¿Hay metano? - Es muy probable.

- Lo más probable es que sí. - Sí.

- Sí, hay... - Profesor, ¿por qué no hablamos de esto en el almuerzo?

Es mi invitado, absolutamente. Media hora...

- Giuseppe, Paulino está aquí durmiendo. - Suba por las escaleras.

- Está bien. - Entonces iré a buscarlo, gracias.

- Buenos días. - Aquí están, bienvenidos. Por favor, póngase cómodos.

Ítalo, seré lo más directo posible.

Esas tierras no valen nada. El profesor fue claro.

El consejo que puedo darte es que te deshagas de ellas inmediatamente.

- Encontraré a alguien que las compre. - Eh.

Hablé con el contador. Puedo comprarlos con mi empresa.

- No vinimos a hablar de eso. - Para mí es una pequeña inversión.

Recibirías líquidos, 600.000 liras por hectárea.

- Es una buena oferta. - ¿Por qué sólo hablas con Ítalo?

- Yo también estoy aquí. - Discúlpame.

María, tenemos que pensar en estas cosas.

Es difícil rentabilizar esas tierras. Estamos llenos de gastos.

Las facturas del tractor, los trabajadores, la trilladora.

- Criamos animales. - Sí, cocodrilos. Es un pantano, María.

Es una pena, tu esposa tiene ideas brillantes.

Lástima que no tengan el capital para hacerlos realidad.

No quiero estorbar ni hacerles pensar que soy arrogante.

- Retiraré la oferta y seguimos tan amigos como antes. - Hagámoslo así.

- Danos unos días y te avisaremos. - Está bien.

- ¿Damos un paseo? ¿Puedo mostrarles la propiedad? - Vamos.

Ítalo, te preguntarás cómo puedo vivir en medio de este ruido.

Es molesto. Bueno, sé que este ruido produce el futuro.

- El futuro produce dinero. - ¡Paulino!

- Paulino, no. Baja acá. - ¿Te gusta conducir un tractor?

¿Quieres que papá lo conduzca?

¿Qué dices, Ítalo?

Si sabes conducir un tractor, también podrás conducir una de estas máquinas.

Ven a trabajar conmigo. Mientras decides si vendes el terreno o no...

Puedes hacer algo de dinero

De hecho, necesitamos dinero.

¿Qué dices?

Eres tú quien debe decidir.

- Para mí está bien. - ¿Está bien?

Dame tu mano. Por mí puedes empezar mañana, ya conoces el camino.

- Mañana. - Mañana, aquí mismo.

- ¿Estás feliz? Papá conducirá esa máquina. - ¡Sí! - ¡Buen chico!

- Buen chico. - Entonces te llevará a dar una vuelta también.

Al final todos trabajan para ti.

- Mi marido, mi hermano, mi cuñado. - ¿Pasa algo?

Sin embargo, nunca dejas solo a tu esposo.

También lo acompañas al trabajo.

Tenía que hacer unas cosas en Vicenza y aproveché.

Pensé que habías venido a verme.

¿Quieres una probada? Sólo una, vamos.

- Antonio, basta. - ¿Entonces recuerdas lo de Calabria?

¿Recuerdas que me besaste?

Lo recuerdas, ¿verdad?

Aquí no pienso en nada más.

Lo tenía para ti, ¿te gusta?

No lo quiero.

Te dije que no lo quiero.

No te preocupes, considéralo un anticipo por el terreno.

Dáselo a tu marido. Discúlpame, tengo que irme. Adiós.

Nueve, ocho, siete, siete.

- Ocho. - Lo esconderé.

Lo esconderé.

- Lo pondré debajo del plato de papá, así no lo verá. - Sí.

Es una excelente idea.

Tuviste un excelente informe de calificaciones. Estuviste muy bien.

Papá estará muy orgulloso de ti.

Ven aquí, déjame abrazarte.

Buen chico.

Bueno, bueno.

Pude sentir tu corazón, mamá.

Ma... María.

Pero... si a veces quieres llamarme mamá, estaré feliz.

Pero todavía amo a mamá Giorgia.

Por supuesto, la querrás siempre.

Pero el amor no termina, al contrario, aumenta.

Sí, cuanta más gente amas, más crece.

Incluso cuando nazca tu hermanito

Te amaré y lo amaré a él también.

¿Lo entiendes?

- Vamos, anda y llama a papá. - Ya voy.

- ¡Ta-ta-ta-ta! - ¡Ta-ta-ta!

- Dispara, dispara. - ¡Ah!

- ¡Oh! - ¡Dispara, dispara!

- ¡Sí! - ¡No!

No es verdad, no nos atrapaste.

Vamos, vamos, dispara.

- ¿Qué dijiste? - Te lo demostraré. - ¡Giuseppe!

Ten cuidado.

- ¡Oh! - ¿Qué mierda quieres? - ¡Ah! ¿Lo entendiste?

¡Giuseppe!

¡Giuseppe!

¡Giuseppe!

- Hola María. - ¿Quiénes eran esos?

- ¿"Esos" quiénes? - ¿Qué estabas haciendo?

¿Ni siquiera me saludas y ya me estás interrogando?

¿Trajiste a Paulino a las atracciones?

- No cambies de tema. - Oh.

¿Puedes explicarme qué tipo de vida llevas?

Dices que trabajas, pero siempre estás con Antonio. ¿Es un trabajo eso?

- Nunca te veo estudiando. - Dejé de hacerlo hace mucho tiempo.

Vivo la buena vida y hasta me pagan.

No necesito estudiar. Piensa en lo que eres tú aquí.

Trabajas como un esclava y además tienes muchas deudas.

¿Vine aquí para darte una oportunidad y la desperdicias?

Yo no te pedí que lo hicieras. ¿Qué quieres de mí?

De hecho, cuando viniste a verme cuando estaba enfermo

Hubiera sido mejor que te quedaras con Antonio, ahora serías una dama.

Todos estaríamos más tranquilos.

Luna, ¡vamos!

- Giacomo, una vez terminado este lado, tenemos que ir allá. - Luna, vamos.

No lo alcanzas.

Así mañana habrás terminado toda esa zona.

¡María!

¡María! ¡María!

- ¡María! - Detente. - ¡María!

- Paulino. - ¿Qué pasó?

- Paulino. - ¡Paulino!

- Paulino. - Paulino... Paulino, despierta.

Paulino.

- ¿Puedes oírme? - Llamen a alguien. - Denle un poco de aire.

- Llamemos al doctor. - ¡Llamen al doctor! - Ayúdenme a levantarlo.

Tienes un pequeño y bonito corazón de ciclista. Escucha.

¿Cómo te sientes ahora?

Me siento mareado y tengo ganas de vomitar.

¿Comió algo especial?

- ¿Hongos o conservas? - No, no, no lo creo.

Tiene todos los síntomas de una intoxicación alimentaria.

- Sólo comí pan y mermelada, como siempre. - ¿Eso fue? ¿Estaba bueno?

María, ¿no estabas regando hoy el pesticida del trigo?

Estábamos haciéndolo cuando Paulino se desmayó.

- ¿Recuerdas el nombre del producto? - Se llamaba Safeplant.

Lo compramos cerca. Vittorio lo usaba y yo seguí haciéndolo así.

- Seguramente Paulino habrá inhalado este pesticida. - Dios mío.

- No, ahora está bien, está fuera de peligro. - ¿Sí? - Sí.

Es un producto altamente tóxico. Es peligroso para los que trabajan allí.

Te aconsejo que dejes de usarlo.

Yo también, María.

Volveremos a hacerlo como antes.

- Aplicaremos azufre en polvo. - El esfuerzo será mayor para nosotros.

- Tienes que pagarnos más. - Fui la primera en subirles el sueldo

pero ahora deben respetar lo acordado, no puedo hacer más.

Nunca confíes en las mujeres.

Está bien, está bien, está bien.

Aplicaremos azufre, pero tardará más y el grano rendirá menos.

Hablamos de nuestra salud, es importante.

- A trabajar. - A trabajar. - Paulino.

- Ítalo, buenos días. - Buenos días.

Eres el primero en llegar y el último en irte. ¿A que hora te levantas?

Los agricultores estamos acostumbrados a ver el amanecer.

Nosotros también somos noctámbulos, excepto que todavía tengo que irme a dormir.

Deja esto en paz, está roto, llamaré al mecánico.

No hace falta, ya lo reparé todo.

No fue nada difícil.

- Me gusta arreglar las cosas. - ¿Sabes que eres realmente inteligente?

Podría llevarte muy lejos si vinieras a vivir a la ciudad.

Es tu esposa la que está obsesionada con la historia del campo.

Como alguien que la conoce muy bien te diré algo.

María es terca. Testaruda y le gusta llevar la contraria.

Si le dices que haga una cosa, seguramente hará lo contrario.

Tengo la seguridad de que lo que ella elija será lo correcto.

No estoy tan seguro de que la conozcas bien.

No tienes idea de lo que María hizo por nosotros.

Cuando la conocí yo no era nada, ni siquiera un hombre.

Siempre estaba enojado con todos, incluso con Paulino.

Si no fuera por ella, tal vez no estaría aquí para contártelo.

Volvamos al trabajo, muy linda historia.

Hola Bruno.

Hola María. Terminaste de cortar el pasto temprano, todavía hay luz.

Han hecho las horas que debían, el día se acabó.

Por esto hay que pagarlo.

No sólo el de hoy, sino también el de ayer, el del lunes.

En cuanto le paguen el sueldo a Ítalo, pagaré los sueldos atrasados.

- Les pediste que trabajaran más duro aplicando el azufre. - Así es.

- Así es. - Buen chico. - Fui a Pevarin.

Continúan usando el pesticida habitual y todos los trabajadores están bien.

- ¿Qué estás haciendo? - Mi trabajo.

La visita de un sindicalista es obligatoria.

¡Basta con la tontería del azufre!

Ese amigo tuyo, el doctorcito, te pone como ejemplo.

Alguien canceló los pedidos de pesticidas.

- Ellos también debieron haberse sentido mal. - No.

Tenemos una fábrica a pocos kilómetros de casa.

Eso nos da dinero, trabajo. ¿Qué hacemos? ¿La boicoteamos?

- No. - No.

- ¿Qué pasará cuando cierre? - ¡El tiene razón!

- Tengo cuatro hijos. - Eh. - ¿Los demás? - Está, bien, está bien.

En casa hablen con sus mujeres, ellas han dado a luz a sus hijos.

Pregunten si para ellas es mejor trabajar menos y envenenarlos

o trabajar más duro y que estén sanos.

¿Lo ven? Lo encontré en la tierra, en el campo.

Estaba desmayado, inconsciente y vomitando su bilis.

Me sentí una asesina, una cómplice de asesinos, es algo que no quiero.

- Cuando muramos de hambre, ¿Qué hará? - Bien dicho.

Si tenemos la tierra, nunca nos moriremos de hambre.

Vittorio Bassi me lo enseñó y ustedes lo saben bien.

Si él no hubiera aumentado la carga de trabajo por capricho.

- “Por capricho”. - No hubiera dejado a los hombres sin paga.

Sí, es verdad.

Hasta que resuelvas esta situación.

- No permitiré que mis miembros trabajen así. - Está bien, nos vamos.

- Mañana todos en Pevarin. - Sí. - Mañana empezamos a cortar el pasto.

- Si no empezamos ahora mismo, todo se irá a la basura. - Vamos.

Todos los de Pevarin, váyanse.

Lo siento, María.

- ¿Me ayudas? - Sí, por supuesto.

- Ten cuidado. - Es pesado.

-¡Bruno! - Hola María. - Hola María.

-¿Bruno? ¿No está? - No.

Les dijo a los trabajadores que no trabajaran para mí. ¿Lo sabías?

Ellos, como si fueran ovejas, lo escucharon.

Ahora ¿Quién cortará el trigo? ¿Bruno? Aquí está la hoz.

Dásela de mi parte.

María, me iré.

Llamaron a Bruno de Roma, me iré con él.

¿Te vas y lo dejas todo? ¿Eh?

A las mujeres, la lucha por la hilandería.

No sé qué haré en Roma, seguramente trabajaré con Bruno.

- Mientras tanto, hazle la maleta. - ¿Me vas a juzgar?

Eras la esclava de los Bassi.

Carla, ¿Qué piensas realmente?

¿Debo usar esa basura en mi tierra?

La Carla que conocí habría preguntado a los agricultores

que estuvieran enfermos y les diría a los trabajadores de la fábrica

que su amo se enriqueció y los envenenó.

Esa Carla no habría fingido que no pasó nada.

Lo siento, María.

He renunciado a demasiadas cosas, ya no quiero hacerlo más.

- Adiós. - Adiós camarada. - Vete traidora. - Adiós, Carla.

- Vengan y trabajen para mí. - El sindicato no nos deja, ¿sabe?

- Ni siquiera nuestros maridos. - Lo siento María, no podemos.

Pero sí pueden. Las espero mañana por la mañana.

- ¡María! - ¡María!

¡María! ¡María!

- ¿Te gusta mi equipo? - Claramente que nadie puede detenerte.

Te extrañé, María.

Yo también.

¡María!

¡Ítalo!

Ayer en Pevarin dos trabajadores se desmayaron.

Estaban regando pesticidas a las frutas.

Tengo que disculparme, María. Usted tenía razón.

Si necesita ayuda, estamos aquí.

- Vamos. - Vamos.

- Vamos, volvamos al trabajo. - Sí, vamos, sí.

- Ánimo. - Vamos, vamos, vamos.

- Tira esa pajita. - Vamos.

Bien hecho.

Bien hecho a todos.

Qué hermoso.

- Finalmente lo logramos. - Aunque eres muy testaruda, no tenía dudas.

Parecen felices.

A partir de mañana estaré ahí también, terminaré lo de la de cantera.

Sinceramente no entiendo cual es el problema. ¿Te pago poco?

No es una cuestión de dinero, ese no es el problema.

- Quiero trabajar la tierra. - ¿No te gusta conducir una máquina?

¿Es agobiante? ¿Hay demasiado polvo?

¿Quieres más dinero por esa tierra de mierda?

Hemos decidido no vender.

María dijo que no, y estoy de acuerdo con ella.

Ten paciencia amigo, no entiendo este cambio de actitud.

Me dijiste que la harías entrar en razón y ahora...

Te lo digo de hombre a hombre.

- Si quieres subir el precio, dímelo. - No lo entiendes.

El terreno no está en venta y nosotros tampoco.

No te enojes, hablaremos de ello cuando estés cubierto de deudas.

María te odiará porque el trabajo la destruirá.

No hay ningún problema para mí.

No sabes nada de María. No la conoces en absoluto.

¿Pensaste que le regalarías un reloj y ella caería en tus brazos?

Haz una cosa. Mantente alejado de ella y de mi familia.

¿Está claro?

- Está claro. - No quiero volver a ver tu cara.

¡Ándate al demonio!

Soy Ítalo, el marido de María.

Parezco una niña pequeña en esta foto, toda bronceada.

¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

Ven aquí.

Si no hubiera ido a Calabria

¿Habrías vuelto aquí después de que nos despedimos?

Allá tenías...

El mar, a tu familia, a tus amigos.

A Antonio.

¿Qué estás diciendo? ¿Antonio?

De todos modos, pensé que no me querías.

¿Quieres decirme que no hubo nada entre ustedes dos?

Yo...

Soy ignorante, pero no soy estúpido.

Veo cómo te mira, cómo te habla.

Cuando éramos jóvenes, antes de que se fuera a Bélgica

Prometimos casarnos, pero fueron cosas...

Fueron cosas dichas en ese momento, éramos jóvenes.

¿Y qué pasó... cuando regresó?

No pasó nada.

Antonio es generoso, quiere solucionar los problemas de todos.

Incluso tiene el dinero para hacerlo.

¿Crees que es el dinero lo que me interesa?

Tu eres mi esposo. Tú y yo realmente nos amamos.

Nos elegimos el uno al otro.

Yo...

Te amo.

Nunca le he dicho algo así a nadie, pero...

Realmente te amo.

¡Luna! ¡Luna! ¿Qué pasa Luna?

¡No! ¡Los cerdos!

¡Hay fuego, María! ¡Hay fuego!

Paulino.

¡Paulino!

¡Paulino!

¡Ítalo!

¡Ítalo! ¡Paulino!

¿Dónde estás?

¡Ah!

¡Paulino!

¿Pueden oírme?

- ¿Pueden oírme? - ¡Vamos, salgamos!

- ¡Afuera! - ¡Paulino! - ¡Afuera!

- ¡Afuera! - Ítalo, ¿lo ves? - ¡Oh! ¡Oh!

- ¡Paulino! - ¡María! María, ¡estoy aquí!

¡Paulino!

¡Se va a quemar! ¡No puedo respirar !

- ¡Ítalo! - ¡Se va a quemar!

- ¿Dónde? - Está con los cerdos. - ¡Ayuda!

- ¡Espera, Paulino! - ¡Ayuda, papá! - ¡Paulino!

- ¡Paulino! - ¡Ayuda, estoy aquí!

Paulino, ven aquí con papá.

¡Espera, vamos!

¡Bien, salgamos ahora!

¡Tenemos que salir de aquí!

Ítalo.

Paulino.

¡Ítalo!

¡Ítalo! ¡Paulino!

- Ítalo. - Papá.

- Papá... María, ¿Qué pasa? - Ítalo.

- ¡Ítalo! - Papá. - Ítalo...

¡No!

¿Quieres casarte conmigo?

Yo quiero elegirte... Y que tú me elijas.

Sí.

María.

El café está listo.

- Hace días que no duerme. - Ni siquiera está comiendo.

Tiene que convencerla de que baje.

- No puede quedarse aquí sola, es imposible. - La conozco.

- Ella no se irá de aquí. - Es la única solución posible.

La llevaré a Calabria, vendré aquí, venderé la granja y el terreno.

¡Basta!

No hablen como si yo no estuviera aquí.

Estoy aquí entre ustedes y lo entiendo todo.

María, estamos preocupados por ti. Es por tu propio bien.

Esta es mi casa y no me iré de aquí.

Si piensan todo eso, váyanse de inmediato.

Déjenme en paz.

Antonio, lo siento.

Yo iré.

Giuseppe, pásame la taza.

- Tú puedes hacerlo. - Giuse, sírvele un café a tu hermana, vamos.

Sé respetuoso con ella.

- ¿Puedes enseñarme a conducir? - Por supuesto.

- Ese es el acelerador. - ¿Eso? - No, el del lado.

Cuando lleguemos te llamaré para que me cuentes cómo estás.

- Está bien. - Giuseppe se quedará aquí esta noche.

Tengo cosas que hacer en la ciudad, no puedo quedarme en esta morgue.

En lugar de eso, te quedarás aquí, tu hermana es más importante.

Gracias Antonio, si no estuvieras aquí...

- Vamos, perderemos el tren. - Adiós.- De nada, Luisa.

- Adiós. - Adiós.

- Giuseppe. - ¿Qué quieres María? - Son las cuatro, ¿Dónde has estado?

Hola María.

- Por aquí cerca. - ¿"Por aquí cerca"?

- ¿Quiénes son? - Es mejor que te vayas a dormir y te ocupes de tus propios asuntos.

Esta es mi casa y quien venga aquí es asunto mío.

¿Puedo divertirme un poco? El que murió no es mi marido.

¡Guau! Tu hermana tiene pelotas.

- ¿Vete de aquí! - Me estás lastimando.

- Ah... - Vamos, María, pasa. - ¡Ah!

- Ay. - María.

María.

¡Mierda! María... ¿Ah?

¿Oh? ¿María?

¡Ayúdenme!

¡Ahora!

Súbanla.

¿Cómo está?

Ya no puedo oírlo, no se mueve.

Oh...

- Por fin... - Gracias a Dios.

- Gracias a Dios. - De todos modos, necesitas que te revisen.

- Seguramente hay algún valor fuera de lo normal. - Antonio.

- ¿Cómo estás? - Estoy bien, no es nada.

¿Cómo pasó?

Es... fue mi culpa.

No he comido ni dormido desde hace mucho tiempo.

Te llevaré a la clínica hoy.

- Hablé con el director de la clínica en Vicenza. - No, estoy bien.

- Déjame ayudarte una vez, por favor. - Se lo dije.

Un par de pruebas y un poco de descanso no le vendrán mal.

- Doctor, ¿le debo algo? - No, por supuesto, nada. - Gracias.

Lo espero abajo.

Gracias.

¡Mamá, Paulino!

¡María!

¡Paulino!

Vamos, vamos.

- María, ¿Cómo estás? - Estoy bien.

Estoy bien, pero tengo programado hacerme unas pruebas.

- Haremos estos controles. - Si los médicos lo dicen, hay que hacerlos.

Es hermoso.

No puedo dejarlo.

No hagas eso, no te preocupes.

Aquí está con Rosa, juegan juntos, son amigos.

También tengo conejos, tengo gallinas.

Se distrae y no piensa en eso.

Ahora tienes que pensar en ti, ¿entiendes?

- Eh. - Gracias.

Paulino.

Mira, debo irme.

Me quedaré unos días con el médico y luego te vendré a buscar, ¿eh?

¿Pero volverás pronto?

Muy pronto. Ni siquiera te darás cuenta.

- Compórtate bien. - Está bien. - Diviértanse.

Paulino, ven, ven.

Adiós Rosa.

- Gracias. - Ahora tienes que pensar en ti misma.

Quédate tranquila.

Paulino, ven, vamos a comer.

- ¡Paulino! - ¡María! ¡María! - Detente.

¡María!

- Mamá hizo ponche de huevo. - Vamos a comer, vamos.

- Buenos días, señora María. - Buenos días.

- El señor Lo Bianco le envió esto. - Gracias.

- Buenos días, señora Bassi. - Doctor.

- ¿Cómo se siente hoy? - ¿Cómo está el niño?

Bien, pero temo que hubo un desprendimiento de placenta.

- Debe quedarse aquí unos días. - ¿Cuántos días?

- No puedo decirlo con precisión. - Dijo tres días.

Es por su propio bien.

Descansar es lo mejor para el bebé.

Graziella, agrega 30 gotas de Clonazepan dos veces al día.

- Y... una tableta de Microdom. - Sí.

María.

Oye, ¿Cómo te sientes?

- Estoy cansada. - ¿Pero qué tan "cansada"?

Llevas tres días durmiendo.

¿Has visto a Paulino?

- ¿Cómo está? - Está bien, sí.

Con Nunzia tiene todo lo que necesita.

Muy bien, vamos, descansa un poco.

- Saldrás de aquí antes de que te des cuenta. - Sí.

- Hola María. - ¿Ya hablaste con el médico? - Sí, sí. - ¿Qué te dijo?

Dijo que si las pruebas resultan bien, regresarás pronto a casa.

Gracias a Dios, en cuanto salga de aquí iré por Paulino.

Mira lo que te traje. Ábrelo.

- ¿Qué es eso? - Ábrelo.

Espera, eh.

Mira también esto de aquí. ¿Te gusta?

- Para cuando salgas. - ¿Estás loco? Eso es caro.

¿Qué importa?

Desde que trabajo con Antonio no me falta dinero.

No.

No puedo aceptarlo.

No nos aprovechamos de la amabilidad de Antonio ni de su dinero.

¿Sabes qué? Haces siempre lo mismo. Siempre me estás juzgando.

Recuerda, María, que quien no acepta no lo merece.

Realmente no lo entiendes.

No entiendes que Antonio nos quiere de verdad.

Dice que somos su familia.

¿Mmm?

Quizás tengas razón.

Debería venderlo y regresar a Calabria.

Estaba seguro de que tan pronto como mejoraras, te darías cuenta.

- Es mejor para el bebé. - Sí. - También para Paulino.

- Tiene demasiados malos recuerdos aquí. - Sí.

Es la decisión más sabia que hay que tomar.

Me gustaría hablar de eso con él. Debe estar de acuerdo.

- No quiero que piense que lo arrancaré de su hogar. - Pero es un niño.

- No tiene que decidir. - Quiero hablar con él.

¿Puedes obligarlo a venir aquí? Antonio, lo extraño demasiado.

Ah, pero...

- Aquí no dejan entrar a los niños. - ¿No puedes hacer nada?

No se puede hacer nada, no.

¿Sabes qué podemos hacer? Lo compraré todo.

Compraré la granja y las nuevas tierras, así todo quedará en la familia.

Pero sólo queremos las tierras nuevas, porque la granja...

Todo lo demás no quiero... Todavía duele demasiado.

Nos quedaremos con las nuevas tierras, nosotros nos encargaremos del resto.

¿Puedes darme una sonrisa?

Una bonita firma, ahora la siguiente.

Y ésta es la última.

- ¿Puedo leerlo de nuevo? - ¿Para qué lo necesitas?

María, es una formalidad, vamos.

Tú eres la vendedora, Antonio el comprador, etc.

María, se llama contrato.

Mientras tanto, Antonio ya les ha dejado un anticipo en esta libreta.

En cambio esto...

Estos es para los gastos de estos días.

- Giuseppe, ¿Estás bien? - Sí, sí. - Creo que actúas extraño. - Sí.

Es que tengo mil cosas que hacer.

Tengo que llevarte a casa, luego tengo que volver con Antonio.

Vamos, rápido, prepárate. Te esperaré abajo.

- ¿Le dijiste a Nunzia que íbamos a buscar a Paulino? - Tranquila.

- Gracias. - Ahora te llevaré a casa, para que puedas sentarte. Estaré ocupado hoy.

No, si estás ocupado déjame en casa de Nunzia, luego me encargo yo.

- Es inútil que vayamos donde Nunzia. - ¿Por qué?

Porque Paulino ya no está ahí.

¿Dónde está?

- No queríamos molestarte, estabas enferma. - ¿Le ha pasado algo?

- Ahora está bien. - ¿"Ahora" ?

Giuseppe, habla.

Paulino tuvo una de sus crisis y Nunzia no sabía qué hacer.

- Lo llevamos a un instituto para niños difíciles. - ¿A Dónde?

- Vayamos allí ahora. - María, es imposible. - ¿Por qué?

Necesitamos permisos, hay horarios de visita.

¿Cómo se llama el instituto?

- Vamos, vámonos a casa. - ¿Cuál es su nombre?

- El Instituto Menambrini. - Menambrini, bien.

- Si no me llevas, caminaré. - María, detente, te llevaré allí.

¡Paulino!

¿Paulino está ahí?

Disculpen, disculpen.

Disculpen.

- Lo siento, estoy buscando a Paulino Bassi. - Ven aquí.

Paulino Bassi, aquí está.

Paulino.

Paulino.

- Señora, no hay contacto con los pacientes. - ¿Por qué?

No, no. Es el reglamento.

- ¿Tiene autorización de visita? - No. - ¿No tiene autorización?. Nos vamos.

- Vayan con Zenón. - No, espere.

Espere... ¡Paulino!

Paulino.

María, vamos.

Por favor, ¿quieres hablar conmigo?

Por favor, no seas así conmigo. María, escúchame.

¿Pero qué se suponía que debía hacer?

Paulino y tú estaban enfermos, el marido de Nunzia no lo quería

y Antonio dijo que traerlo era lo mejor y que era sólo por un tiempo.

¿Antonio fue el que decidió que debía ser internado?

María, era por poco tiempo.

¿Le dieron estas drogas tan fuertes a pesar de que estaba embarazada?

El médico dijo que necesitaba dormir. Yo no quiero tomarlas más.

- Tiene razón, pero son drogas que no puede dejar así. - Oh.

Reduciré la dosis a la mitad.

Después bajamos poco a poco hasta parar, sino nos irá peor.

- Gracias. - Siéntese.

Riccardo, lo siento, pero...

¿Conoce el Instituto Menambrini?

Es uno de esos lugares que deberían cerrarse inmediatamente. ¿Por qué?

Mientras estaba en la clínica, internaron a Paulino allí.

- ¿Dijeron el motivo? - Dijeron que tuvo un ataque epiléptico muy fuerte.

Y pensaban que debía ser tratado así, pero lo vi ayer.

Ya no es él. Incluso me echaron.

Las cosas que te dan en esos lugares lo vuelven insensible a todo.

¿Qué tengo que hacer para sacarlo de ahí?

Pediré un diagnóstico y trataremos que vuelvan a estar juntos.

- Empezaremos por eso. - Gracias. De verdad gracias.

Carla.

María.

- No esperaba encontrarte aquí. - Acabo de llegar.

No sabía a dónde ir, quería mantenerme en silencio unos momentos.

¿Cómo estás?

Ni siquiera sé cómo me siento.

¿Y tú?

Regresé al pueblo.

No creas que la ciudad es una cosa tan grandiosa.

Habían muchas cosas que no conocía, María.

En Roma descubrí quién era realmente Bruno.

Egoísta, codicioso e infiel.

¡Shh!

Yo también iré al infierno por esto.

Y por haberte abandonado.

Ese idiota me puso en tu contra por lo de los pesticidas.

Son cosas del pasado, lejanas, ya no importan.

Siento mucho lo de Ítalo.

Cuando me enteré no tuve el valor de llamarte

porque me daba vergüenza.

Todo sucedió muy rápido.

No me queda nada aquí.

Lo siento, María, por no estar aquí.

Todos te abandonaron.

- Me avergüenzo de mí misma. - Llevo pensando en esto desde el incendio.

El incendio no podría haber comenzado por sí solo.

- Alguien debe haberlo hecho. - No, María, conozco a esta gente.

Son duros, ignorantes, pero nunca harían esto.

Giuseppe, ¿estás en la cocina?

María, ¿Dónde andabas? Me tenías preocupado.

Vamos.

- ¿Dónde está Giuseppe? - Creo que está saliendo con alguien.

No sé mucho, pero... Aquí está todo listo para comer. Vamos.

En la cabecera de la mesa.

Aquí lo tienes.

Sé que fuiste a ver a Paulino, pero no deberías preocuparte.

- Allí tienen buenos médicos. - Paulino es epiléptico.

No es un criminal y ni siquiera está loco.

-¿Por qué lo tienes encerrado ahí? -¡Cómo me dices eso! Son médicos.

¿Por qué estás enojada? No entiendo.

Si quieres asegurarte, hagamos algunas llamadas.

- Si pueden, lo dejarán salir. - Llámalos ahora.

- ¿Ahora? - Sí. - Es tarde. ¿Acaso lo dejarán salir de noche?

Comamos mientras tanto. Comamos y pensemos en eso mañana.

Ahí está.

Está aceptable, es mejor que la clínica.

María, te lo tomas demasiado en serio.

Te preocupas, te agitas, me tienes preocupado.

De hecho, esta noche voy a dormir aquí.

- Quién sabe a qué hora volverá Giuseppe. - No es necesario.

Giuseppe siempre vuelve por la noche.

Realmente no te gusta que me quede a dormir, ¿eh?

Está bien...

- ¿Puedes fumar afuera? Me molesta. - Perdón, lo siento.

Termino el vino y me voy.

Sigues hablando, ¿eh? Está bien.

Vamos, dije. Vamos, eso es. Ahora. Ahora.

Paulino.

Hola.

- Hola. - Es sin contacto.

- ¿Puede dejarnos solos? - Eso sería contra el reglamento.

¿Y esto?

¿Cómo te los hiciste?

Jugando con otros chicos en el patio.

Sí, cómo no.

Te trajimos algo de ropa limpia.

Mira, mira, ahí está tu camiseta favorita, la de rayas.

Es tuya, puedes guardarla, tómala.

Estas también, aquí.

Ahora me gustaría que me dijeras cómo estás.

Mírame, sólo a mí, no te preocupes por el señor de ahí.

¿Puedes decirme cuánto tiempo llevas aquí?

- Sí. - Sí exactamente. - Cinco semanas. - Excelente.

- Eres fuerte. - Siempre ha sido bueno con los números.

¿Cuánto podrá aguantar Paulino aquí? Ya vio cómo está.

No me habla, no me reconoce, ni siquiera me mira a la cara.

Él piensa que lo abandonaron y quiere castigarla ignorándola.

Este comportamiento nos dice exactamente quién es usted

y también lo mucho que significa para él.

- ¿Entonces debería estar contenta? - En cierto modo, sí.

- Así se curan las heridas emocionales. - No en este lugar. - Estoy de acuerdo.

- Saquémoslo de aquí. - ¿Cuándo volverá a casa?

Aceleraremos el proceso de custodia.

Como su médico tratante

apoyaré el valor terapéutico de su regreso a casa.

No será fácil, las asistentes sociales le harán mil preguntas

e irán a inspeccionar su casa.

No tiene nada que temer. Usted es una roca.

Lo hará muy bien.

Vamos.

Vamos, vamos, vamos.

- ¡Giuseppe! - Ven aquí. - ¡Giuseppe!

Marco, detente.

¡Giuseppe!

Giuse'.

- ¿Quién incendió el granero? Dime la verdad. - ¿Qué dices? Por favor.

-¿Estuviste ahí también? - No digas tonterías. - Muéstrame la medalla.

- Déjame. - ¡Déjame verla! - ¡Déjame! ¿Estás loca?

Lo encontré en la casa, toda quemada.

Es igual que la que te dio Antonio. ¿Lo entiendes?

Aquí está María, aquí está.

Entonces fue Antonio.

- Fue Antonio. - ¿Qué estás diciendo María?

- Antonio estuvo conmigo esa noche, estábamos en Bonassola. - Sí.

- Estuvimos en la obra hasta el amanecer. - Es mentira.

No has podido mentirme desde que eras pequeño.

María.

¿Te asusté?

Tú mataste a Ítalo.

Tú lo mataste.

¿Crees que se creerán la mierda de la cadena quemada?

- ¡Ah! - ¿Crees que alguien podrá creerlo?

- Pagarás por todo. - ¿Qué? - Pagarás por el daño que nos hiciste.

Siempre te he ayudado, he hecho siempre y sólo el bien.

Ten en cuenta una cosa.

Todo lo que necesito es una llamada telefónica al director.

- y el niño nunca saldrá de allí. Hazlo por él. - ¿Qué clase de hombre eres?

- ¡Estás hablando de un niño! - ¡Un niño que no es mío! - ¡Ay!

Hice todo esto para tener un bebé de nosotros. Escúchame.

No sabes lo que tuve que hacer para tener esto, lo hice por ti.

Por ti, sólo para ti, por nuestro hogar, para que nuestro hijo tuviera una vida feliz.

- Podemos estar juntos. - Déjame. - Mi amor, por favor.

¡Déjame, déjame!

María, recuerda que toda tu vida depende de mí, toda tu vida.

¡Giuseppe!

¡Giuseppe!

No, no, no, no. No, Giuseppe.

Giuseppe, no.

Oh, Dios... Oh...

- ¿Sabe lo que consumió? ¿Cocaína? ¿Heroína? - No sabía que consumía drogas.

- Páseme la jeringa. - Sí.

- Gracias. Busque en sus bolsillos. - ¿En sus bolsillos? - Sí.

- Riccardo, ¿Qué es esto? - Ábralo.

- ¿Qué es eso? - Cocaína.

Esto calmará su pulso, eso es lo más importante.

Se recuperará, ¿verdad?

Reacciona bien, pero su corazón está cansado.

Antonio lo destruyó.

Lastimó a todos los que amo.

A él, a Ítalo...

A Paulino.

Y yo le permití hacerlo.

No se culpe por esto también.

Giuseppe está mal por su propia culpa,

pero usted lo ayudará a salir de esto.

María.

- María... tengo hambre, María. - Giuseppe.

Giuseppe.

Gracias a Dios.

- ¿Cómo te sientes? - Perdóname María.

Perdóname, por no haberme dado cuenta.

Pensé que estabas siendo raro

pero ¿siempre has sido un poco raro o no?

Giuseppe, ¿Cómo sucedió?

Al principio era para mantener el ritmo, conducir muchas horas sin dormir.

Entonces siempre consumía.

Así podía hacer las cosas que no me gustaban hacer.

¿Qué cosas?

- ¿Qué cosas, Giuse'? - Suficiente. Es suficiente.

- Tienes razón, tienes que dormir. Hablaremos mañana. - No, no.

- Mañana tengo que acompañar a Antonio, tengo que conducir. - ¿Estás loco?

No te moverás de aquí. ¿Te das cuenta de que casi mueres?

Tengo que hacer un viaje a Lugano, luego descansaré.

¿Qué vas a hacer en Lugano?

Giuseppe, tienes que decírmelo.

Antonio...

Antonio mueve mucho dinero, incluso de cierta gente mala.

- Es mejor si no sabes ciertas cosas. - Antonio es un delincuente.

- ¿Quieres llegar a ser como él? - No.

- Te estás volviendo como él. - No.

Sí.

Necesitamos sacarlo de nuestras vidas, ya es suficiente. Lo haremos juntos.

¿Lo entiendes? Giuseppe, mírame.

Mírame.

Tienes que ayudarme.

Está bien, lo entiendo.

Te lo prometo, María.

Estoy aquí para denunciar a mi hermano Giuseppe.

Él y Lo Bianco traerán dinero a Lugano.

- ¿Está segura María? - Sí.

- ¿Su hermano? - Sí, deténgalo. Mi hermano tal vez venda drogas.

Giuseppe tuvo una sobredosis y no podrá soportar otra.

- Lo siento. - Hágalo, por favor.

Contactaremos con la policía suiza, pero no será fácil.

También quiero presentar otra denuncia por incendio intencional y asesinato.

Contra Antonio Lo Bianco.

- Él fue quien mató a Ítalo. - Esa es una acusación muy grave.

- ¿Tiene alguna prueba? - Encontré esto.

¡No!

¡No, no, no, paren! ¡Deténganse!

¡Deténganse! ¡Deténganse! ¡Deténganse!

¡Deténganse! ¿Qué están haciendo?

¡Deténganse! ¡Deténganse!

¡Deténganse!

¡Deténganse!

¡Señora, regrese! ¡Tenemos que derribar el granero y la casa!

- ¿Qué estás diciendo? ¡Esta es mi casa! - Nos dijeron que es del señor Lo Bianco.

Ordenó que todo estuviera demolido esta tarde.

Si quieren demoler mi casa, tendrán que pasar sobre mi.

¿Qué hacemos ahora? ¿La movemos a la fuerza?

¿Has visto que la tonta está embarazada?

Con este calor, a ver si no se cansa.

Tan pronto como ella se canse, la demoleremos.

No durará ni una hora, señora.

Oiga, ¿no ve que está dañando al bebé?

¡Váyase!

¡María! ¡María!

María...

Tan pronto como escuché que venían las excavadoras, llamé a todos.

María, ¿Cómo está?

- ¿Qué pasó? - ¿Cómo está?

- Estoy bien. - Nunzia, trae un poco de agua.

Lo haré, esperen aquí.

- Vamos, trae el agua, Nunzia. - Bébela, María.

- Nadie ha olvidado lo que hiciste. - Estamos aquí por ti.

Bebe.

Formen una fila delante de las excavadoras, por aquí no pasará nadie.

- ¡Si, vamos! - ¡Por ahí, hagamos la fila! - Mano a mano.

- Tómense de las manos, formando un círculo. - ¡Vamos! - ¡En círculo!

¡Hagamos una fila!

¡Vamos, en círculo, vamos!

¡Sí!

María quiere un poco de queso.

Don Fabio, aquí tiene también algo de beber.

- Vamos. - María, tú también tienes que comértelo.

Vamos.

¡La policía!

La policía está ahí.

Siéntense, no se atreverán a echarnos.

Si tienen una orden, su sotana no los detendrá.

- Pietro, esta es mi casa, no me moveré de aquí. - Estamos con ella.

Arrestamos a su hermano, María.

En un puesto de control cerca de Lugano.

Iba con Antonio Lo Bianco. También lo arrestamos.

Ya había cumplido cinco años de prisión en Bélgica.

Tenemos entendido que hace meses se realizó una prospección del terreno.

- No sé nada al respecto. - Lo Bianco la trajo desde allí.

- ¿Usted es la dueña? - Sí, lo soy. Fue una estafa.

En cualquier caso, nuestra propuesta no cambia.

Si quiere aceptar, comenzaremos con una perforación exploratoria.

Es una monstruosidad.

¿En qué consisten esas prospecciones de las que hablan?

¿Son peligrosas para los agricultores?

- Si firma, no tendrá que preocuparse... - No me está respondiendo.

Estoy seguro que con esta pequeña corrección dormirá más tranquila.

¡Virgen María...!

Necesitamos una cooperativa.

Ítalo, hagámoslo.

Si crees que eso es lo correcto, estoy contigo.

Bueno, hace unos días me ofrecieron vender.

Vender el terreno, la casa y todo para extraer metano.

Carla y yo nos informamos.

Esto del metano está en una fase experimental.

No sabemos exactamente qué daños puede traer al campo.

Matan animales, la tierra no se puede cultivar.

Sí, pero ahora todos están yéndose de aquí.

La gente va a la ciudad, ya no quiere trabajar en el campo.

Lo sé, es verdad.

Pero si nosotras también nos vamos, no quedará nada de esta tierra.

Todos los sacrificios hechos por la gente que ha sudado aquí.

Y que han dado su vida... No sé, estoy pensando en sus padres.

- En nuestros abuelos. - Sus abuelos.

También el Sr. Vittorio, Ítalo.

Todos sus sacrificios se perderán.

¿Entonces qué propones?

Bueno... me gustaría iniciar una cooperativa.

Porque era el sueño que teníamos Ítalo y yo.

Y me gustaría llevarlo adelante.

Pero les digo que no hay dinero.

Cada una pondrá su trabajo, pondrá lo que pueda.

¿Serías la jefa?

- No, Ornella, en las cooperativas no hay jefas. - Ni "líderes".

- Eh. - Ni "líderes".

Es verdad, tienes razón. No habrán "líderes" aquí.

Todas trabajaremos, todas ganaremos y decidiremos juntas.

Dividiremos las ganancias. Todas seremos iguales.

- ¿Qué me dicen? - Está bien.

- Sí. - Hay que crear la cooperativa.

Ahora soy libre y decido sobre mi vida.

¡Dejen de ser unas esclavas!

- ¡Está bien! - Dejé a Umberto, no quiero verlo más.

¡Ya era hora!

¡Muy bien!

Ah, oh...

- ¿Qué pasa? - Lo siento, creo que tengo que hacer algo.

- Es una contracción, movámonos. - Sí. Dios mío. - Despacio.

- ¿Cómo que despacio? Eso hará nacer la criatura aquí. - ¡Ayúdame!

- Movámonos, movámonos. - Sí.

- Rápido. - Vamos.

- Rápido, rápido. - Rápido.

Muy bien. Bien hecho, María, bien hecho.

- Bien hecho, muy bien. - María, ya casi llegamos.

- Ahora viene la parte divertida. - Carla. - María.

- María, eres fuerte, puedes hacerlo. - No, tengo miedo.

- Bien, empuja. - Tengo miedo. - Respira.

Gracias a Santa Ana, el bebé se encuentra en buena forma.

Respira, respira.

¡Ah!

Es hermosa.

Shh.

Hola Vittoria.

¿Estás segura de que quieres llamarla como el idiota de Vittorio?

Si no fuera por ese idiota,

No hubiera conocido a Ítalo, ni a Paulino, ni siquiera a ustedes.

- Y ella no hubiera nacido. - Y ahora conoces a Vittoria.

Hay poca luz en esta habitación.

- Carla. - El baño está arriba, si no me equivoco.

- Debe subir y bajar escaleras por la noche. - Sí, pero siempre lo ha hecho.

- Señora Saggese... - Bassi, por favor.

Señora Bassi.

Entiende que para autorizar la custodia debemos estar seguros

que pueda garantizar al niño un hogar, un ambiente sano

y todos los medios de sustento.

Actualmente está sola y tiene una niña recién nacida.

No, espere.

Cuando llegué aquí, Paulino había perdido a su madre.

Y no quería estar con nadie, ni siquiera con su papá.

Prefería estar con los animales.

Fueron necesarios muchos meses para que volviera a casa.

- para hacerlo hablar, para poderlo lavar. - También lo hizo volver a la escuela.

Necesita amor y cuidado.

No puede quedarse en el instituto o volverá a tener miedo de todo.

Perderá el progreso logrado hasta ahora.

Por supuesto, también estamos inspeccionando el instituto.

Al final haré todas las valoraciones necesarias.

De todos modos, nos veremos en el juicio.

- Hasta pronto. - Gracias. - ¿La acompaño?

- Sí, acompaña a la señora. - Sí, por favor. - Gracias.

Se llama a declarar a Giuseppe Saggese.

Esa noche el señor Lo Bianco y yo estábamos juntos.

Los cimientos se habían inundado durante las excavaciones.

Nos quedamos allí hasta el amanecer, en Bonassola.

¿Está Bonassola cerca de La Spezia?

- Sí. - De 3s a 4 cuatro horas en auto de la granja del matrimonio Bassi.

Lugar donde ocurrió el incendio.

Gracias, Sr. Saggese, puede levantarse.

Señor Presidente, contra mi cliente

solo existe la palabra de la señora Bassi

quien, recuerde, tomaba medicamentos para dormir en ese momento

lo que puede haber nublado su juicio.

Eso no está relacionado a los hechos, señor juez.

Me parece que para comprobar la fiabilidad del testigo sí lo está.

Fiscal, procedamos a citar a los testigos.

Ahora llamo a declarar...

A Paulo Bassi.

Puedes contarnos en detalle

¿Qué cosas viste durante el incendio?

Cuando vi el fuego,

Salí corriendo porque había vacas y cerdos.

Entonces vi a un hombre cerca del granero.

Aunque había humo, lo vi.

Continúa.

Luego cuando se apagó el fuego y papá ya estaba muerto...

Encontré la medalla.

Presidente, siempre es la misma prueba.

Mi cliente no había usado esa medalla durante años.

No se puede relacionar a él de ninguna manera.

Además, este testigo clave no es más

que un pequeño niño.

Que también está hospitalizado en un instituto psiquiátrico.

No, ya no quiero estar allí, quiero estar con María.

- ¡María! ¡María! - ¡Amor!

Señor Presidente, ¿Estamos en un tribunal o en un cine? ¿Qué tipo de escenas son estas?

Yo diría que ni la señora Bassi ni este pequeño tienen

la estabilidad emocional necesaria para ser considerados testigos fiables.

Con eso, señor Presidente, he terminado.

Quiero cambiar mi testimonio.

- ¿De qué demonios estás hablando? Abogado... - ¡Silencio!

- La noche del incendio él no estaba conmigo. - Abogado.

- Me obligó a decir una mentira. - ¡Silencio! - ¿Estamos en el mercado acaso?

- Giuse'... - ¡Basta! - ¡Giuseppe!

- ¡Abogado! - ¡Sáquenlo!

Abogado, ¿diga algo? ¡Abogado!

Podemos decir que estamos satisfechos, tu hermano fue valiente.

No podría haber ido mejor, María.

- ¡Giuseppe! Discúlpeme. - Por favor.

- Señora, no puede. - No por favor.

- Señora. - Por favor.

Quizás en prisión pueda graduarme como tú querías.

Te lo prometo, seré topógrafo. Quizá hasta, Presidente de la República.

¿Lo supo? Lo logramos, María.

Nunca olvidaré lo que hizo por nosotros.

Hice lo correcto.

¡Mamá!

¡Paulino!

- Paulino. - Ha llegado Paulino.

- ¡Ahí está! - Hola, Paulino.

- Él ya está aquí. - Paulino.

Hola Paulino.

¡Dios mío, qué hermoso estás!

¿Cuánto has crecido, Paulino?

- ¿La conoces, Paulino? - ¿Mira quién esta aquí? - ¡Qué bien!

Bien hecho, Paulino.

- ¡Viva! ¡Viva Paulino! - ¡Paulino! - ¡Bien hecho!

- ¡Bien hecho, bien hecho! - ¡Bien hecho!

- Paulino, ven. - ¡Hurra! Buen chico. - Hola.

- Estoy feliz, todo es muy hermoso. - Qué gran fiesta.

- ¿Ya la han visto? - Ya está lista, la pasta está lista.

- Muy rápido. - Finalmente comeremos.

- ¡Qué bueno! - ¡Yo, yo!

Lento, lento, uno a la vez.

Yo también quiero.

- ¿Adónde van? - Vamos a bailar. - ¡Y la pasta!

No, esperen.

- ¡Qué bello! - Qué bello, sí.

La música ha llegado.

- Las moreras están en flor, ¿Las has visto? - Sí.

- Puedes oler el perfume hasta aquí arriba. - Es verdad.

En algún momento habríamos empezado a cosechar esos gusanos.

El molino volvería a abrir y sería primavera.

Qué lejos parece todo ahora. Un mundo que se terminó para siempre.

Tal vez no.

Tal vez no.

Tal vez no.

Ven aquí, ven aquí. Ven aquí.

Traducido y adaptado por Thannatos. Para la comunidad NNF y Subdivx

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