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Original subtitles

(Sintonía RTVE)

¿Qué pasa?

Pero ¿el coche de Silvia?

¡Silvia! ¡Silvia!

Silvia. Si...

¡Joder!

(EBRIO) Hostia, pero si ese es el coche de Silvia.

-Sí, es el coche, sí.

-Pero ¿quién conducía? ¿Qué ha pasado?

-No se sabe, Martínez.

Porque tu coche está estampado contra la farmacia.

¡Oh!

¿Qué ha pasado esta mañana en el desayuno?

¿Eh? Porque se podía cortar la tensión con un cuchillo.

¿Qué pasa con Marta?

Pero ¿qué haces?

Mi único interés ha sido el niño.

Como le veía muy traumatizado,

le he querido querer y arropar.

Y no quiero tirarme a su padre.

(Música tensión)

Yo os declaro mujer y mujer.

Ahora podéis besaros las novias.

(Vítores y aplausos)

Me han endiñado el puesto de alcalde.

-¿Cómo?

Ay, perdona.

-¿Perdona? ¿Y te largas así?

-Te estoy pidiendo... -"Te estoy pidiendo...".

-Pero... ¡Pero Paco!

¡Me cago en la mar!

-¿Qué pasa?

Claudia, hola. Es la hija de Dionisio,

el farmacéutico. -Mi padre está en la UCI.

Que alguien esté trabajando tranquilamente

y que llegue alguien y estrelle un coche contra la cristalera.

Ya. -Necesito hablar con alguien, ¿vale?

Nuria, no puedo más. Me está matando la ansiedad.

-Jon.

Jon.

El coche se lo llevan esta tarde, ¿verdad?

Caballero.

Caballero.

Le estoy preguntando que cuándo se llevan el coche.

-Lo sé, señora, y yo la estoy ignorando.

Circule. -Uh.

Pero qué maleducado.

Este no se ha enterado de que está para servir y proteger.

Y para informar al ciudadano.

-A ver, ¿qué está pasando, Marifrán?

-Pues este, este que tiene que ser nuevo, ¿eh?

No se entera de que está aquí para servir y proteger.

Y para informar a los ciudadanos, el muy impresentable.

-Al final me la llevo detenida. -Ay.

-No entres al trapo, por favor.

A ver, ¿qué quieres saber?

-Que cuándo se llevan el coche. -Que no es asunto suyo.

-Gómez, pasa para dentro. Venga, ya.

Un poco de paciencia con él que es de Coscojales,

ya sabes que funcionan de otra forma. ¿Para qué quieres saberlo?

-Necesitamos saber cómo está la piedra del beato.

Que esta tarde viene el obispo. -¿Cómo va a estar la piedra?

Está hecha añicos. Mira qué hostia se ha dado el coche.

-Hombre de poca fe.

No sabes que la piedra del beato está protegido por la divinidad.

Quiero coger las piezas, pegarlo, y que todo vuelva a su orden.

Por Dios bendito, cuando se lleven el coche, me avisas

y yo vengo a hacer la recolección de las piedras.

¿De acuerdo? -Muy bien.

-Gracias. Bueno, pues ya saben,

ahora venimos, recogemos las piedras y las pegamos.

Vamos, vamos. -Gómez, paciencia.

Ten cuidado, si no te metes en un lío todo el rato.

-Es muy pesada. -Ya lo sé.

Pero ten un poco de mano derecha, porque si no...

-Javier, Javier. -¿Qué pasa?

-Es lo que han encontrado en el coche.

-Eh... "Mamarse parade".

Mamarse parade. -"Parade". Mamarse parade.

-Eh... Mi hijo me estuvo dando el coñazo toda la boda,

que quería ir a Coscojales a la fiesta esta.

-Y Nuria también.

La misma cancioncita toda la noche.

-Pero... -Que sí, Javier, que sí.

Que le han cogido el coche a Silvia, se han ido a la puta fiesta

y lo han estampado en la farmacia.

¡Me cago en la pared a la altura del número tres, coño!

-Vale, Sergio, Sergio. Calma, tranquilo.

-Han sido ellos, joder.

-Hostia, no puede ser. No puede ser.

No puede ser. ¡Me cago en la leche!

(Sintonía de la serie)

Mmm.

-Menuda noche de bodas, ¿eh, mi amor?

-La mejor noche de mi vida.

-Buenos días. -Buenos días.

Oye. -Madre mía.

-Ay.

Oye, ¿a qué hora llamamos a la canguro?

-No sé.

¿A las cuatro de la mañana, puede ser?

-Ay, madre mía, qué taradas. -Sí, sí, no.

-Qué taradas.

¿Cómo has dormido tú? ¿Has dormido bien, mi amor?

-Sí, sí. Me levanté hace un rato a darle el bibe,

tú ni te has enterado. -¿No?

-No. -¿Te has levantado, de verdad?

-Sí. Es que estabas tiesísima.

-¿Sí? -Sí, pero muy guapa.

Y con los morritos así, como duerme Guille.

(AMBAS RÍEN)

-Mi amor.

Oye, ¿y qué hora es? -Pues no sé.

-Las 12. No llegamos a los desayunos. -¿En serio?

-Bueno, pues a la comida. -Oye, ¿y mi móvil?

Ah, mira, está allí. Coge a Guille un momento.

Guille, con la mami. -Ay.

-Con la mami.

-¿Dónde está la cosita más bonita de mi vida?

-Hostia, 15 llamadas perdidas de mi padre.

-¿Qué dices?

(Tono de llamada)

-Que no me lo coge. -Llamaré a tu madre.

Silvia. Sí, estoy con Luz.

Tenemos 15 llamadas perdidas, ¿qué ha pasado?

-Pásamela. -Te la paso.

-Mamá, ¿qué pasa? ¿Está todo bien? ¿Ha pasado algo?

A ver, cariño, estamos todos bien, pero sí que ha pasado algo.

¿El qué? "Eh..."

A ver, han estampado nuestro coche contra la fachada de la farmacia.

Hostia, no jodas. -No me lo puedo creer.

-Pero ¿y sabéis quién ha sido?

No sabemos si ha sido un robo, o quién ha sido, pero...

Te tengo que dejar, que estoy aquí con papá.

Te llamo luego, ¿vale? (SUSPIRA) Vale.

Sí, venga, luego hablamos. Te quiero, un beso.

-Madre mía.

"Mamarse Parade".

Sí, es el cartel de...

Sí, lo de la fiesta universitaria de Coscojales. Vale.

Y como esto ha aparecido en el coche,

vosotros creéis que los chicos han estampado el coche.

-A ver, Silvia, ¿metiste tú el papel en el coche?

No.

Pero a ver, ¿estamos todos locos?

¿Cómo los chicos van a estampar el coche

y van a dejar al farmacéutico herido? ¡Por favor!

Tiene toda la razón, toda la razón.

Claro. ¿Por qué no investigáis lo del robo?

-Que no, que no.

Lo del robo está prácticamente descartado.

No hay cerraduras forzadas. Ni un indicio de que fuera un robo.

¿Y dónde están las llaves? -No aparecen.

-Eso tampoco demuestra nada, para ningún lado.

Nos quedamos exactamente igual.

-Te doy toda la razón.

A ver si conseguimos ya lo de las cámaras de seguridad.

A ver, que yo no puedo hacer algo así, ya está.

-A ver, las cosas como son:

lo lógico es que condujera Jon.

Además, en la boda ya iba bien cargadito.

¿Perdón? Diana, ¿en serio?

Por favor. Es que igual conducía Nuria.

¿Nos ponemos así?

-A ver, yo esa posibilidad la descartaría.

Nuria es prácticamente una guardiacivil,

¿cómo va a conducir bebida, estampar un coche, darse a la fuga?

Javier, eso es imposible.

Por Nuria pongo la mano en el fuego.

-No, Sergio, por ahí no.

Yo por Jon también pongo la mano en el fuego.

-Vamos a intentar calmarnos.

Calmarnos, y esperar a hablar con ellos.

Y a ver qué nos cuentan. Luego ya...

vemos. -Que sí.

Toda la razón.

(SUSPIRAN Y RESOPLAN)

Lo importante es que si no le enseñamos al obispo

el milagro de Vera, este pueblo va a perder

eso que ha hecho que sea único. ¿Mmm?

-Eh... Perdona, tengo una... Que me quede clara una cosa:

¿lo que se está planteando es crear una falsificación

para luego poder seguir con el chiringuito del milagro?

-Falsificación es una palabra muy fea.

-Hombre, si no es falsificación...

(TODOS MURMURAN)

-A ver, por favor, por favor.

Marifrán se ha expresado mal.

Ella quería decir más bien una restauración.

-¡Eso es, restauración!

-Llamadlo como queráis, pero es una farsa de manual.

-(HACE RUIDO AL MASTICAR)

(Murmullos)

-Por favor, ¿quieres dejar las galletas?

Que esto no es un bufé libre.

A ver, vamos a concentrarnos un poquito.

Os he reunido porque creo que es una cosa que nos interesa a todos.

¿Eh?

Yo no digo...

No digo de hacer una falsificación, pero...

-Ahora va el pero, a ver.

¿Pero qué? -Pues sí, Bea.

-Sí. -¿Qué culpa tenemos nosotros

de que un coche se haya pegado un guantazo contra la piedra

y la haya hecho polvo?

¿No os parece injusto

que, ahora que el pueblo era un referente,

lo perdamos todo por una desgracia?

A ver, por favor, vamos a pensar.

¿Qué ocurrió cuando se incendió Notre Dame?

¿Eh? ¿Qué hicieron los parisinos?

-Restaurarla. -¡Exacto! Restaurarla.

-Esto me parece de una demagogia.

Si me disculpáis.

A mí es que me han liado. A mí me han liado.

A mí no me invites a comer para estas mierdas, tía.

-No os preocupéis que ella no va a decir nada,

tiene la consulta llena gracias al milagro de Vera.

-Yo, por principios, no tengo nada contra la demagogia.

Pero no sé para qué me has llamado a mí.

-Ay, por Dios, porque al obispo hay que enseñarle

la piedra del beato.

-Como no le enseñes "La Gioconda", la piedra está fina.

-Pues eso es, listillo.

Que necesitamos a alguien que la repinte.

-Y yo soy pintor, pero de casas.

-Ya, pero tú puedes prestar el material:

las pinturas, las brochas...

Sé que tú no entiendes nada de fraudes como algunos.

-Restauración, Marifrán. Restauración.

-Claro, ¿qué he dicho yo? Restauración.

-Eso es. -Claro.

¿Mmm? -Dame la pinche foto.

-¿Qué?

-Sí.

Puedo hacerlo.

-(RÍE)

Madre mía, madre mía.

-Ya está, ¿vale? Jon, ya.

-(SUSPIRA) -Va, tranqui, ya está.

-¿Os pongo otra ronda? -Eh...

Jon. -Tú...

-Yo no, estoy bien, gracias. -Eh...

Ponme agua mejor que café, si puede ser.

-¿Estáis bien?

-Sí, sí. Bueno, está con una resaca que flipas, pero bien.

-Tengo la cabeza un poco... -¿Os liasteis mucho anoche?

-Bueno, no.

No te creas, tampoco.

Después de la boda, nos fuimos directos a su casa.

-Mmm.

-Sí, ¿no? Sí.

-Eh... Os traigo algo para picar.

-Vale, gracias. -Gracias.

Nuria, no me quito de la cabeza al farmacéutico.

Todo el rato lo estoy viendo. Lo veo todo el rato.

-Jon, ya está, para. Tienes que parar.

-No puedo parar. No puedo parar.

No puedo parar, joder.

¿Y si se muere, qué, eh?

-Que no se va a morir. -Ay, ay.

-Jon, que no se va a morir. Mírame, mírame.

Ha sido todo un accidente, ¿vale? ¿Vale?

Nosotros no fuimos.

-Claro que no. -Entonces.

Que si no nos hubiéramos ido... -Eso es.

-Pues por eso. Ya, ya. Pues ya está.

No hay marcha atrás.

¿Vale? Mírame, mírame.

Ya está, ¿vale?

Ya está, ya está.

-(RESOPLA)

Me doy tanto asco, tanto.

-Bueno, Jon... -De verdad.

-Ya, Jon, ya está.

-Nuria, te lo digo, no sé cuánto más voy a aguantar

mintiendo a mi familia. De verdad, no sé.

-¿En qué le estás mintiendo a tu familia?

-En una movida de la uni que tiene.

Unos trabajos y un examen ahí.

Una tontería.

-Bueno, os dejo esto aquí.

-Vale, gracias. -De nada.

-Va, come un poco. -Estoy yo ahora para comer.

¿Cómo voy a comer yo ahora, por favor?

(SUSPIRA)

-Jon...

Tienes que comer.

¿Vale?

Tienes que ir a tu casa y actuar normal,

y hacer las cosas normales, ¿vale? Eh, mírame.

Mírame.

Yo también me la estoy jugando por ti.

Me la estoy jugando.

Y no me puedes fallar ahora.

¿Vale?

-No.

-Yo estoy aquí.

Yo estoy aquí.

-Gracias, gracias por tanto, de verdad, Nuria.

-Me voy, que...

Me voy, ¿vale?

-Vale. -Me voy.

-Chao.

(SUSPIRA) Va.

Va.

Ya está, ya está.

(SUSPIRA) -¿Todo bien, Jon?

-Eh...

Sí.

Estoy un poco rayado por una movida que tengo, pero está bien.

-Bueno, lo que necesites, estoy aquí, ¿vale?

(Música triste)

(SUSPIRA)

¿Por los viejos tiempos?

Venga.

-Madre mía.

-30 años, macho, 30 años que no nos vemos.

-¡Bu!

-Y como si no hubiera pasado el tiempo.

-¿Cómo que no? Yo no soy el mismo. -Hombre...

Esas juergas que nos pillábamos con 25.

Y al día siguiente estábamos como rosas.

-Imagínate ahora. -Acuérdate

de la gira que nos hicimos con Los Cocodrilos.

-Con Los Cocodrilos.

(AMBOS RÍEN)

Menudos pedos, macho.

En Cuenca. -¡Bua!

-En Alicante.

-Murcia. Murcia.

-En Murcia, nos bebimos el Mar Menor. -(RÍE)

¿Y qué me dices de Cáceres?

-De Cáceres ni me acuerdo, fíjate lo que te digo.

-Pero ¿cómo te vas a acordar, cabrón?

-Lo del coche en el pasillo. -(RÍE) Por favor.

-(RÍE) Ay, Dios.

Oye, estas cosas preguntarlas no sé, pero...

¿Sigues con Elsa?

-Sigo con Elsa. -¡Bien!

Bien, me alegro, joder. -Ya.

-Me alegro, coño, de verdad. Erais la envidia del pueblo.

-(RESOPLA) -No solo triunfaste en la música.

-Hombre, a ver, triunfar...

Tocaba en hoteles de guiris.

-Pero gracias a eso conociste a un pibonaco que no veas.

-A ver...

Arturo, Elsa es una mujer increíble en muchos aspectos.

-Ya.

Paco, yo te lo decía...

Que no te lo decía en plan babas, te lo decía bien.

Perdóname. -Estoy de broma, joder.

Estoy de... -Eres un gilipollas.

-(RÍE) Cómo te has puesto. -Me lo he creído, cabrón.

-Si sabemos los dos que estaba muy por encima de mis posibilidades.

Vaya suerte que se fijara en mí.

-Oye, ¿y dónde está? ¿Por qué no ha venido?

-Va a venir, ella y Greta, mi hija.

-Ah, mira.

-Lo que pasa es que busco un negocio estable donde invertir.

-O sea, ¿me estás diciendo que la idea es que quedaros aquí?

-Sí, sí, la tierra tira, macho.

Y que a mi chica siempre le ha encantado España.

-Joder, qué buena noticia. ¿Y dónde te quedas mientras llegan?

-Pues aquí, en el Lasierra.

-¿Aquí? Venga, hombre, ¿estás loco?

Que no, tú te quedas en mi casa.

-No, no, no. -¿Cómo que no?

-No, no, no. -Pero Paco, por favor.

-No, que ya me ayudaste mucho en su momento.

-¿Qué te ayude? Que te presté 30 000 pesetas.

-Hombre, si no es por eso, no empiezo mi carrera en solitario.

-Pero que eso no es nada. -¿Y Quijano?

-Hostia, Quijano. -Ah.

-No me acordaba yo de Quijano. -Si no es por ti,

ese cabrón me seguiría torturando.

-Bueno... -Acuérdate del día del callejón.

¿Eh? Si no le llegas a parar los pies...

-Ya. -Que no, que ya has hecho mucho...

-Que me da igual. Piensa que tú me haces un favor.

Yo estoy feliz con que te vengas a mi casa.

-Bueno, venga, vale.

Cómo se nota que llevas 20 años en política,

enseguida le das la vuelta a la tortilla.

-(RÍE)

¿Otra? -Venga, otra.

-Venga.

Vamos a merendar unos sándwiches de chocolate.

Lo voy a dejar aquí. -¿Qué tal la boda?

¿Bailaste mucho con la tía Marta?

-Ahí ahí. Tampoco mucho, la verdad.

Voy a hacer un zumo, ¿quieres? -Vale, pero de bote.

-No, de bote no.

No, tiene mucho azúcar. Natural.

-Okey. Pero ¿bailaste mucho?

¿O no?

(SUSPIRA)

-¡Estás de suerte, no hay naranjas!

¿Tú te puedes creer esto?

¿Quién deja un brik de zumo vacío en la nevera?

-No quiero ser chivato.

Pero he visto a la tía Marta tomándose un zumo en el porche.

-La acabo de ver.

Me parece fatal, ¿sabes? Fatal.

Porque esas cosas no se hacen.

¿No? Tú no dejas un bote vacío en la nevera, ¿por qué lo dejas?

Llega uno detrás ¿y qué pasa? Abre la nevera,

dice: "Me voy a tomar un zumo" y no puede.

Porque está vacío, no hay nada. Y eso no está bien, ya está.

-¿Quieres que le diga si le sobra algo?

Para que te lo dé. A lo mejor... -No. No.

Igual sí que hay una cosa que le puedes decir.

Om...

(INHALA)

(EXHALA LENTAMENTE)

Ay. Hola.

Namasté. Pablete, ¿qué tal?

Yo bien, pero papá no tanto.

Mmm. Ya le dije yo a tu padre que no mezclase vino y cerveza,

pero tu padre es así.

No, es que tengo un mensaje de él para ti.

¿Un mensaje para mí?

Ha dicho que no me uses como paloma mensajera,

que es lo más patético que ha visto en su vida.

-¿Ha dicho eso?

Dice que a todos nos gusta el zumo fresquito,

pero que si acabas un brik, metes otro en la nevera.

No le dice lo que debe hacer ni su madre.

¿Eso te ha dicho?

Y más cosas, pero es que son palabras que no me deja decir.

Ha dicho no sé qué de que está harta de los machirulos.

-(RÍE) Por favor.

Y que alguien te explique unas mínimas normas de educación.

(JADEA)

-A ver, ¿qué te ha dicho ahora ¡la tía Marta!?

-Que lo siente y que, si hubierais desayunado juntos, no hubiera pasado.

-¿Ha dicho eso? -Que tienes razón.

Mmm. Que lo siente.

Y que te mereces un zumito fresquito todas las mañanas.

Y si es natural, mejor.

Él te exprime las naranjas, si quieres.

¿Y ahora?

-Ha dicho que ella entiende que bebas tanto zumo,

porque para tener ese cuerpazo necesitas muchas vitaminas.

-Venga, va.

Toma, anda, come.

-(SUSPIRA)

Si quieres ser su novia.

A ver, pequeño saltamontes.

(AMBAS) Una, dos y tres.

-¡Eh!

-¡Uh! -No.

-¡Bravo! -¡Bravo!

Ahora entiendo lo del ramo.

Te cayó a ti el ramo de Luz. Sí.

Justo, el de Luz fue, sí.

Eres un pillín, ¿eh?

Que me tengo que ir a hacer los deberes.

(Música suave)

¿Se han llevado el coche? -Sí, hace un momento.

-Bueno, pues es tu momento. Y date prisita.

-Bueno, tranquila.

Es solo dibujar un seis y un cuatro, muy mal se me tiene que dar.

En una hora está listo. -Más bien dos,

que la pintura tiene que secar.

Yago, qué bien que estés aquí. Hay que devolver esto a un cliente.

-Mmm. -¿Ahora?

Ahora te cuento. Ven, vamos.

Me lo tengo que llevar. -Venga, hombre.

Qué mala suerte. ¿Y ahora qué?

-Buenas. -Hola.

-¿Ha llegado el obispo? -Todavía no.

-Bueno... Ya verás el sermón que me va a soltar

cuando vea la piedra destrozada.

-Es que la piedra no está destrozada.

-Marifrán, no bromees.

Tú no eres muy creyente, ¿no?

¿Eh? Los milagros hacen posible lo imposible.

-No tengo el día para adivinanzas.

-Ya. -Si me quieres decir algo, dilo.

-El beato sigue en pie. -Sí.

Claro. Y las peregrinaciones, y el merchandising,

y el bum económico de Vera.

-Y eso...

¿Eso cómo es posible?

-Es que quizá los creyentes son menos tiquismiquis que tú.

Te vendría muy bien ser un hombre de fe.

-Soy un hombre de fe.

Soy un hombre de mucha fe. -Ya.

Ay. -¡Señor obispo!

-Ay. -Bueno, bueno.

Bienvenido a Vera del Rey. -Sí.

-Soy el alcalde.

-El señor Quesada. -Correcto.

-Un placer.

-Ay, bueno, permítame. Perdone.

Es que yo soy superfán de usted.

La ilusión de mi vida ha sido siempre besarle el anillo

como manda el protocolo de la Santa Madre Iglesia.

-Permítame, señor obispo.

-Según me han dicho, su milagro tiene la cara del padre Angoitia,

que en paz descanse. -Como dos gotas de agua.

-Estudiamos juntos en el seminario. -Ah.

-Éramos íntimos.

-Íntimos. -Sí.

Voy a analizar con mucha atención este supuesto milagro.

-Bueno, milagro a secas, sin el "supuesto".

Anoche mismo, sin ir más lejos,

se estampó un coche contra la farmacia,

dio contra la piedra y sigue intacta.

-¡No me diga! -Sí.

-Como lo oye. Si quiere, se lo enseño.

-No. -No, no, no.

No todos los días tenemos con nosotros aquí al obispo.

Queremos hacerle una ofrenda.

-¿Una ofrenda? -Invitarle a desayunar.

-Sí, le hemos preparado una suite.

Y ahora le subiremos una bandeja de las delicias del beato.

Las hacen deliciosas.

-¿Quiere acompañarme? Pues, por favor.

-Con mucho gusto. -Por aquí.

-Qué lío. Pero ¿ahora quién se va a encargar de la restauración?

No, no. Yo solo pinto casas.

Y aunque ponga la cinta de carrocero, me salgo siempre.

-Ya, pero es que el milagro de Vera está en tus manos.

Tú eres nuestro Mesías.

-(SUSPIRA)

Mmm.

Qué rica la cerveza.

Qué gusto.

(SUSPIRA) -(RÍE)

Manda huevos las pintas, ¿eh?

-¿Qué? -Esto lo ve la oposición

y me arruina la carrera. -A mí me parece que estamos muy bien.

Mucho mejor esos pitillos que todo el día de traje y corbata.

Yo siempre he pensado

que la gente libre es la que se puede vestir como quiera para trabajar.

-Tú eres un cachondo, Paco. -Es verdad.

Tú serás el alcalde

y podrás ir a restaurantes caros y tendrás un coche de lujo,

pero tienes que cumplir las normas, ser un ciudadano ejemplar

e ir todos los días a la misma oficina.

-Sí, tienes razón.

-No me digas que no seríamos más felices

si hubiésemos sido roqueros

y tuviéramos el local con el que soñábamos de chavales.

-Eso nunca lo sabremos, ¿no? -Ya. Jo.

Es que me pongo nostálgico.

(Timbre)

-Voy a abrir.

-Arturo, perdón por las molestias. -Yago.

-Estaba buscando a don Francisco Sánchez.

-Muchas gracias, pero os dije que me pasaba yo a buscarla.

-Es que ir por la vida con Arturo y sin cartera...

-Venga, hale, gracias.

-No, hombre, no.

Ya que ha venido hasta aquí, qué menos que un café.

-Es que tengo un poco de prisa. -Fíjate que hablábamos de eso.

De las obligaciones, los trabajos...

Da igual que seas el alcalde o que trabajes en un hotel,

al final tienes que pringar.

-Que no es el momento. -No, hombre, no.

Pero Arturo, ¿en qué clase de mundo vivimos,

que ni siquiera el alcalde puede tomarse un café?

-Alcalde alcalde... -No, escucha.

Es que, ahora mismo, tenéis el lío de la hora de las entradas y salidas.

Y si no vas tú, luego pasa lo que pasa.

-¿Qué pasa? -Lo que pasa.

Yago, lo que pasa, venga.

-Sí, sí, que el deber me llama. Oye, encantado.

Muchas gracias. Hasta luego. -Adiós.

-Vamos con la lengua fuera.

(Teléfono)

Mira. -Mira.

A ver... ¿Sí?

Santiago.

Dime.

¿Perdona?

Oye, ¿cómo que...?

¿Cómo que no me renuevas el contrato?

¿Qué me estás diciendo, Santiago?

Oye, pero vamos a ver, que yo te estoy pagando religiosamente...

Muy bien. Pero no te preocupes.

Sí, pero no me vuelvas a pedir un favor para tu hijo.

Ni para nadie de tu familia. Muy bien, vale.

Lo mismo te digo, Santiago.

-(RESOPLA)

¿Qué pasa, Arturo? ¿Qué has hecho? -(SUSPIRA)

-Qué no he hecho.

Paco.

Qué no he hecho.

Es que es muy listo este niño. Sí.

Es superlisto, la verdad. Es muy listo.

A ver, soy su padre, ¿qué voy a decir yo?

Me ha sorprendido, eso sí, inventándose todo esto,

porque yo no le he dicho nada. Ya.

Seguro.

Que no le he dicho nada. ¿Se ha inventado todo?

¿No le has dicho nada? Nada.

Ni una palabra. ¿Nada?

No.

¿Tú no me exprimirías un zumo todas las mañanas?

¿Me lo preguntas de verdad?

Claro que te lo pregunto de verdad.

Iría a Valencia a por las naranjas, si hiciera falta.

Jorge.

Es que me encantas, Marta. Chis. ¡Eh!

Cállate, no digas nada. Qué más da que lo diga o no,

si ya lo sabes. No.

Si me lo nota todo el mundo que me estoy enamo...

¡No, no! No termines esa frase.

Ni se te ocurra terminar esa frase, ¿eh?

Cállate.

Cállate. Vale, está bien.

Ya está. Pues ya está.

Es que no puede ser, es una movida esto, Jorge.

Tú no eres un tío cualquiera, eres un...

Que eres mi primo, ¿vale? Y no podemos liar al niño.

Y que no se puede. Si no se puede, no se puede.

Y ya está. ¿Que no se puede?

¿Se puede o no se puede? Dímelo tú, ¿se puede o no?

-A ver, alguien puede explicarle...

Vuelta a media España.

La fotosíntesis, que es lo que hago con la caja.

Bueno, que me voy. No, por aquí. Perdón. Me voy.

Me voy. ¡No se puede!

(Campanadas)

(SUSPIRA)

No me lo puedo creer, con lo que tú has sido.

¿Por qué no me lo has contado antes? -Porque me daba vergüenza.

-¿Vergüenza? Pero si soy tu amigo, tío.

-Ya, precisamente por eso.

No quería decepcionarte.

Y no quería que me miraras así.

-¿Así cómo? -Así.

Como me mira todo el pueblo.

Tú me seguías mirando con cariño y con respeto.

-Chorizo.

-Me cago en... -A ver, a ver, a ver, tío.

La has cagado y ahora lo estás pagando,

pero no te puedes quedar así rebozándote en el lodo.

Ahora tienes que resurgir.

Como el ave fénix. Tienes que seguir hacia delante.

-Delante lo que yo veo, ¿sabes lo que es? Un precipicio.

Es lo que veo. Eso es lo que veo.

Pero ¿qué haces? -Tomar medidas. Joder, tío.

Como te vea con esa actitud negativa, te calzo otra hostia.

Que tú eres un luchador.

Eres un valiente al que no le asusta nada,

ni siquiera empezar de cero.

-Eso es verdad. -Claro que lo es.

Claro que lo es, claro que lo es.

Que se ha acabado la vida de lujos,

que se te ha acabado lo de codearte con las altas esferas,

que tienes que viajar en turista. -Las verdades, con moderación.

-Pero eso no quiere decir que lo has perdido todo.

-No. -No.

Seguro que, durante tantos años en política,

has tenido que hacer muchos amigos, muchos contactos.

-Eso es verdad, sí. -A esa gente no la has perdido.

-No. -No.

Lo que tienes que hacer ahora es coger el teléfono,

ponerte a hacer llamadas y empezar de cero.

-¿Y sabes por dónde voy a empezar?

Por un amigo de una inmobiliaria.

-Ya está. Y te voy a decir otra cosa.

-Alfonsito. -Arturo.

Con mucho menos se es más feliz.

-Este tiene unos dúplex que te cagas.

Alfonso.

¿Qué pasa?

¿Qué pasa, "champion"?

¿Te quería preguntar una cosa personal?

Estás reunido ahora.

Vale. Te llamo un poquito más tarde.

Que vas a estar reunido, también.

Bueno, te lo digo así rápido.

Me ha colgado.

Me ha colgado. Espérate, será por amigos.

Voy a llamar a otro.

Hay que andar con mil ojos con estos temas.

-Totalmente.

-El año pasado, en Coscojales,

aparecieron unas manchas de humedad en la parroquia

y las confundieron con Jesús.

-Es que, señor obispo, de Coscojales...

¿Qué espera usted de Coscojales? -No, pues pasa mucho.

La fe de los feligreses es tan grande que a veces no les deja ver.

-No, pero es que lo nuestro es un milagro milagro.

-Me lo estáis repitiendo tanto que os quiero creer.

Vamos a verlo ya. -No, no. Es que...

Antes le quieren dar una ofrenda en la pastelería.

-No, yo ya no puedo con más ofrendas. Vamos a ver ya el milagro.

-Eh... Voy a ir yo, para ver si está todo perfecto.

-Correcto. -Muy bien.

-Le decía que estoy de acuerdo con usted,

porque la política y la religión cada vez se parecen más. La gente...

Tampoco te lo coge.

-No. (SUSPIRA)

-Es que es lo que tiene moverse entre las altas esferas.

Tus amigos están muy ocupados.

-Que no, coño, que el que no está ocupado,

me da largas y el que no me da largas, ni me coge el teléfono.

Vale, vale, vale.

Vale, vale. -Arturo, a ver.

Gracias a ti han atrapado al Armando ese.

La gente tiene que saber valorar eso.

-Que no, hombre, si es que la he liado mucho en el pueblo.

He tensado tanto la cuerda que me ha reventado en la cara.

Están hartos de mí, si tienes aquí la prueba.

Joder.

Encima...

Ni siquiera te puedes venir a mi casa porque no tengo casa.

No me jodas. -Bueno...

-Me voy. -No, ¿dónde te vas?

-Tengo que hacer unas cajas y conseguir algo.

Tengo que salir de allí, hacer la mudanza.

Coño, que...

-Me han pedido que le traiga esto.

-Eh...

(Música triste)

-Joder.

(SUSPIRA)

Espero que hayas hecho un buen trabajo.

Ya has oído al obispo, era íntimo de Angoitia.

-Menos presión que no hablamos de cambiar el gotelé.

-Por aquí, señor obispo, por favor. Por favor, señor obispo.

Acompáñenos, por favor. -¿Por aquí?

-Por aquí, por aquí. -Muy bien.

-Le decía, señor obispo, que quiero hacer de Vera

como la nueva Lourdes o... -Fátima.

-O Fátima. -Bueno, veremos.

Veremos. -Ponerlo en el mapa.

(TODOS RÍEN)

-¡Por el amor de Dios!

Cuando dijeron que un coche había chocado contra la farmacia,

no imaginé que fuera para tanto. -Ha sido una buena host...

Un buen piñazo. -Ya, ya.

-Por favor, ¿quiere acercarse?

-Y a pesar del impacto, ¿no ha habido consecuencias?

-No, milagro, milagro. ¿No es increíble?

-Bueno, el farmacéutico está en la UCI.

-Ay. Ave María Purísima, pobre hombre.

-Sí, sí, lo del farmacéutico ha sido una desgracia.

Pero se ha salvado la piedra del beato.

Eso quiere decir que la voluntad del Señor lo ha escogido.

Y nosotros tenemos que seguir la voluntad del Señor.

-Señor obispo.

-Sí. -Aquí la tiene.

-Sí. A ver, por favor, que pasa el obispo.

-Paso al obispo, puñetas.

(Música enigmática)

-¡Menuda barbaridad!

¡Es la viva imagen del padre Angoitia!

-¡Ay!

-Mira, mira, mira.

Hasta esa arruguita que tiene al lado de la boca.

¡Es que es una maravilla! -Gracias, gracias.

-Qué bien, gracias al cielo. -Gracias.

Gracias, Señor, por este milagro.

Sí, gracias. -¡Pues, viva el padre Angoitia!

-¡Viva! -¡Viva!

-¡Viva Vera del Rey! (TODOS) ¡Viva!

-¡Y viva el obispo!

-Oh, ¡viva!

Ay, qué maravilla.

(Timbre)

-Arturo. -¡Ahí va!

-A ver, escúchame.

He hablado con el casero, no te tienes que ir.

Saca las cosas de las cajas.

-¿Y eso?

-Le he explicado tu situación y le he pedido que tuviera

un poco de comprensión, de humanidad. -Joder.

Qué bien. Sabía que entraría en razón, es un tío razonable.

-No, ha pasado de mí.

-¿Entonces?

-Bueno, hemos tenido que hacer un pequeño cambio burocrático.

-¿Un cambio?

-Esta sigue siendo tu casa, pero el contrato está a mi nombre.

-¿Y yo? -Eres mi compañero de piso.

-No, Paco, eso no puede ser. -¿Cómo que no?

-¿Cómo va a ser eso? -Hombre, a ver,

yo necesito un sitio donde meterme hasta que venga la familia.

Y tú necesitas una casa. -Sí, pero que esto no...

-A ver... -¿Me vas a dar otra hostia?

-¿Te acuerdas de esto?

-¿La cicatriz de...?

De la pelea aquella. -Sí.

-A ver si la ves.

-Jo que si la veo. (RESOPLA) -¿Eh?

En el 88, y...

Y en el callejón aquel, ¿te acuerdas? -Sí.

Te gusta hacerte el chulo, ¿eh? -No.

-Te voy a enseñar con quién te has metido.

(ARTURO ADULTO) "En verano, Jano y sus secuaces".

-Eh, que eres un...

(PACO ADULTO) "Me querían robar la cartera.

Y tú no lo dudaste, te metiste en medio para impedirlo".

-¿De qué vas, tío? -"Tú hubieras hecho lo mismo, ¿no?".

Seis puntos me costó.

La broma.

-Pues eso.

Ahora me toca a mí corresponder, déjame.

Además, el favor me lo haces tú quedándote en el piso.

-Pues ya podrías haber hablado con el casero antes.

Menuda paliza me he pegado con las cajas.

-(RÍE) -Sí.

-Anda, Los Cocodrilos. Joder.

¿Qué tal con Nuria?

Eh... Bien, ¿por?

¿Estás contento?

No te apetece mucho hablar hoy, ¿verdad?

(SUSPIRA)

¿Has comido algo?

No, porque no me apetece nada, mamá.

Ya, pero hay comida, come bien. Si no, comes cualquier porquería.

Es que ahora no tengo hambre. Si no tengo hambre, no como.

(Puerta abriéndose)

¿Qué haces aquí?

(Puerta cerrándose)

-Eh...

Tenemos que hablar.

¿Qué pasa?

Jon, deja el móvil.

(Música tensión)

A ver...

Eh...

Dionisio, el farmacéutico, ha fallecido.

Joder.

Madre mía.

No ha podido superar las heridas del accidente

y ha muerto, el hombre.

Pero eso no es todo.

Ya se sabe todo lo que pasó.

(Música tensión)

(SOLLOZA) ¿Por qué nos has engañado todo este tiempo, hijo?

(Música dramática)

¿Eras tú el que conducía?

-(LLORA)

-Me tienes que acompañar. -No, no, no.

-Venga, levanta.

Ponte de pie.

-Escúchame, fue...

Fue un accidente. -Date la vuelta.

-Fue un accidente. -No me lo pongas más difícil.

(SOLLOZA) No puede ser. Has atropellado a una persona.

-No he atro... Se ha muerto una persona.

No, no he atropellado a nadie, mamá.

Papá, papá, escúchame. No...

Que no se ha muerto, que no puede ser.

Por favor, que no puede ser. -Tira.

-Lo siento mucho, mamá. -Tira.

-Por favor, ha sido sin querer. Yo no sabía...

No había nadie. Por favor.

No había nadie, no había nadie. Papá.

Lo siento mucho, mamá.

Mamá, por favor. -Tira.

-¡Mamá!

"¡Mamá!".

(RESPIRA AGITADO)

Señor obispo, ¿y ahora cuál es el siguiente paso?

-A ver,r conocer un milagro no es proceso sencillo.

Mi beneplácito solo es el primer paso de una larga cadena.

-Bueno, pero, entonces,

¿su beneplácito ya lo tenemos?

-Reconozco que es la primera vez que estoy ante algo

que está más cerca de lo divino que de lo terrenal.

-Ah. -Es una sensación maravillosa.

-Hombre, y tanto que lo es. ¿Lo es o no lo es?

Claro que sí lo es. -Vaya.

-Ahora toca que un experto del obispado

venga a hacer las comprobaciones pertinentes

para que pueda elevar el caso al Vaticano.

-Ah, claro, claro.

-Dejad pasar. Buenos días. -Ay, buenos días.

-Señor obispo. -El señor obispo.

Señor guardiacivil. Señor guardiacivil...

-Que ya nos conocemos.

(JON RECUERDA) -"¿Jon?".

Despierta. -No pasa nada".

-Que nos estampamos contra la farmacia, Jon, tío.

-...del padre Angoitia. -¿Otra vez con lo de la piedra?

-¿Perdona? -¿Qué?

-"Después de casi matar a alguien, que se largue

y que no le ayudes, le dejes tirado como si fuese nada".

Hay que irse.

Hay que salir ya, vámonos.

(Música tensión)

-Un milagro, un milagro. -¡Ay!

(TODOS GRITAN)

-Eh.

Ven conmigo.

Ven conmigo. Eh... Perdón.

Ven, ven, ven, ven conmigo.

Perdón. -(RESOPLA)

-Ven conmigo. -Madre mía, madre mía.

-Joder, otra vez. -¿Cómo que otra vez?

-Mmm... Quería decir...

Qué bien. Digo, qué mal.

-¿Cómo os atrevéis a montar semejante farsa?

-Mírelo por el lado bueno:

se lo puede llevar al padre Angoitia, de recuerdo.

A la tumba.

No, pero...

-Señor obispo, pero...

-¡Oye! Pues, me lo llevo yo.

Me ha quedado esto...

Me ha quedado níquel.

Esto lo pongo yo en la entrada de mi casa.

-¿Cómo somos tan desgraciados?

(RESPIRA AGITADO)

-Mírame, tú.

-Madre mía, madre mía. -Mírame, Jon. ¡Mírame!

-(SUSPIRA)

(RESPIRA AGITADO)

-Joder.

Joder, Jon. -Sí, sí, sí, fui yo, joder.

Fui yo quien conducía el coche. Fui yo.

Pero te juro que no sabía que había nadie.

No sabía que estaba el farmacéutico dentro.

Te juro que no sabía que estaba él dentro.

Te lo juro. -¿Habías bebido?

-Ay.

-Dime si habías bebido, Jon.

¿Habías bebido, eh?

-Sí, sí.

Sí, había...

Íbamos a coger un taxi, pero no lo hicimos y...

No puedo más, papá. No puedo más, joder.

Estoy pensando en el farmacéutico, que está en la UCI. ¿Y ahora qué?

¿Y si se muere?

(LLORA)

-Vámonos.

Vámonos. -No puedo, papá, no puedo.

-Vámonos. Vámonos, vámonos.

"La culpa me estaba matando y no podía más, de verdad".

No sé qué me va a pasar ahora.

-No estás solo, estoy aquí.

-¿Cuándo me lo ibas a contar?

¿O no me lo ibas a contar?

Tú sabes la que se te viene encima, ¿no?

No, pero...

Me lo imagino, y voy a asumir todas las consecuencias.

-No te basta con dejar malherido al pobre farmacéutico,

si no que te cargas el milagro de Vera.

La próxima vez, te estampas contra el hotel de tu familia,

no contra el negocio del resto.

¿Qué haces ahí? Entra, hombre.

-Que sí, que ya voy. -Tú no eres más que un ciudadano

que viene a pedir su prestación por desempleo.

-No, es que una persona con mi trayectoria

no va a encontrar trabajo aquí.

-Si no encuentras trabajo aquí, ¿dónde?

Vale, ¿nivel de estudios?

-A ver, en mi actividad como servidor público,

he tenido que dominar un montón de materias.

-Vale, sin estudios superiores entonces.

Es el padre de...

De uno del fútbol.

¿Te quiere preguntar dudas sobre un fuera de juego,

o te quiere meter un gol? Sí, me quiere meter un gol.

Que no, Marta, que te estás equivocando.

De verdad, por favor.

Que tienes el... Ay, de verdad.

Que te gusta Jorge, que tienes sentimientos.

Estoy con Bea, te mereces otra oportunidad.

Por mucho que la hayas cagado.

Y te voy a decir una cosa:

igual esa oportunidad te llega mucho antes de lo que te piensas.

Esto es un contrato de compraventa.

-¿De compraventa de qué?

De puta madre, ya sé dónde me voy a tomar las cañas gratis.

-Anda, pues como siempre, Arturo.

-No, no, lo que tendrás que hacer es servirlas.

Y cobrarlas. -¿Cómo? No te sigo.

(Música tensión)

Lo siento.

(Música final de la serie)

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