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Zulu
(Sintonía RTVE)
Si un montón de ladrillos causan esta expectación,
no me imagino lo que pasará cuando venga un circo.
-No es un montón de ladrillos. -Es un milagro.
-Pues nada, que con esto del milagro, está el pueblo a tope.
-¿En serio? -Sí, sí.
Ha venido gente de toda la comarca. Perdón, peregrinos.
-¿Por qué tienes la capacidad de acaramelarte
con quien no deberías acaramelarte?
¡Que es la hija de mi nuevo jefe!
-A mí me encanta, la verdad.
Me encantaría seguir conociéndole.
-Es una tontería, pero te vas a enterar.
Que Jon y yo estuvimos juntos.
-Pues yo siento que tú todavía sientes algo por Desi.
¡Cuac, cuac! -¿Pato?
(RÍE)
¡Tía! -¡No me lo puedo creer!
Ainhoa, mira.
-Tenía ganas de conocerte, Luz me ha hablado mucho de ti.
-Y tú, qué fuerte, que te casas.
Pero a ver, ¿estás nerviosa?
-Tranquilísima. -Sí.
(RÍEN)
El último chupito me ha sentado fatal.
¡Campeonas, oe, oe, oe!
Tema, los números.
-¿Algún problema con los números?
-De hecho, acabamos de revisarlo y todo está bastante bien.
-Está entrando mucha pasta.
-Armando me obliga a darte bola
para que pienses en otras cosas.
¿Nos vemos en una hora en el despacho?
Tú me estás diciendo que quieres hundir a Armando.
Todos esos documentos tienen tu nombre.
Has firmado decenas de ellos.
Tú no vas a ir a la Guardia Civil.
Porque si yo caigo, tú caes detrás de mí.
¿Eh?
Los ibéricos de 50 por ciento, para fuera, cien por cien.
Hola, Armando. Rita.
¿Tienes un momento?
Bueno, estoy un poco ocupado.
Tranquilo, seré breve. Bueno, pasa.
Estamos hasta arriba de trabajo.
Pero bueno. Siéntate, por favor.
Pues ya me dirás.
(SUSPIRA)
Quería preguntarte por Jorge.
He sido demasiado confiada.
No le encuentro sentido a inculparte del robo
cuando eres inocente y, además, tienes un hijo.
Ya, ya, por eso he venido.
La verdad es que conoces a mi familia mejor que yo.
Has vivido con Blanca y sabes de qué pie cojean sus hijos.
Por eso, quería preguntarte una cosa.
Y tú te vas a fiar de lo que yo te diga.
Tú respóndeme a la pregunta y yo valoraré la respuesta.
Está bien, está bien.
¿Y cuál es esa pregunta?
¿Jorge es un estafador?
¿Sí o no?
Sí, sí lo es.
(Sintonía de la serie)
Blanca me ha colgado la etiqueta del villano de la película,
cuando lo único que he hecho es ayudarla.
Parece que sus hijos han heredado lo peor de ella.
Lo siento mucho, me encantaría decirte otra cosa.
No la hay.
Muy bien.
Muchas gracias.
¡Ay! ¿Una chapita?
-¡Madre mía, la..!
Se nos está yendo de las manos esto del milagro.
-Tómate una oblea.
-¿Esto...? -8 euros.
-¿8 euros esto? Pensaba que era de cortesía.
-¿Y entonces, dónde está el negocio?
-Marifrán.
¿Me puedes explicar qué es este chiringuito?
-Esto debe ser un aeropuerto.
8 euros la oblea, me quería cobrar.
Me parece un robo. -De robo, nada.
Esto se llama libre mercado.
Es completamente legal. -Ya.
Yo diría que es completamente ilegal.
A no ser que tengas licencia. En ese caso, yo me callo.
¿Tienes licencia? -Tómate una oblea, Colombo.
-Qué morro.
-No está permitido vender sin licencia.
-Vamos a ver, Colombo.
Todo el mundo está sacando provecho del milagro.
No pienso perder esta oportunidad. No, no, no.
-Ya, yo te entiendo, aunque quisiera mirar para otro lado,
no puedo hacerlo, además, estás invadiendo el perímetro del hotel.
¿Qué tal? -Hola, Silvia.
¿Una oblea? Tú te la comes y Dios me lo paga.
-Le estoy diciendo que no puede vender sin licencia
y que está invadiendo el perímetro del hotel.
Recoge si no quieres que te empapele.
-A partir de los 60, no podemos ser emprendedores.
Son todo trabas.
Dime qué mal hago vendiendo las chapas.
Vale, a mí no me importa que esté aquí.
Quiero decir, además... ¿No?
Sí, Silvia, pero no es una cuestión de que te importe.
Está prohibido.
Está dentro del perímetro del hotel.
Efectivamente. Pues ya está.
Es una tienda del hotel en homenaje al milagro de Vera.
-Menos mal que hay alguien con olfato para los negocios.
-¿En serio, Silvia? Sí.
-¿Tú crees en esto del milagro?
Sí creo en el milagro. Creo en el milagro económico.
Estamos en temporada baja y está el hotel a tope.
Los religiosos se están moviendo muchísimo.
Si el alcalde consigue la beatificación
del padre Angoitia, va a ser una locura.
Vamos a ser más famosos que Fátima.
-A mí no me convence, pero si le da vidilla al pueblo,
para delante.
Están muy contentos.
-Madre mía. -¿Puedo seguir vendiendo o no?
-Solo en el perímetro del hotel.
Que Silvia te haga una licencia.
Muy bien. Y el puestecito este
lo movéis 10 centímetros hacia dentro.
Está invadiendo la calzada. -Ya mismo.
Ven, Bea, que te tengo que contar una cosa.
¡Ay! ¿Quiere una oblea?
Son completamente gratis. -Ah, gracias.
¿Las camisetas cuánto valen?
-Son 50 euros.
Pero si te llevas dos, 99.
Y te regalo la mascarita.
(CHISTA)
-¿Por qué estás haciendo tanto ruido?
-Ah, perdón, te he despertado. -Sí. ¿Tenemos ibuprofeno?
-Pues no lo sé. -¿Cómo ha dormido el chiquillo?
-Bueno... -¿Bueno, qué, mal?
-Si no te hubieses acostado a las 5
y me hubieses contestado a los mensajes cuando...
-Lo siento.
-Bueno, me voy. Tu hijo.
-Sí, ya voy, voy a prepararle un biberón.
De verdad. -¿Un biberón?
¿Tú sabes qué hora es?
-No.
-Casi me lo llevo al curro.
-¿Qué hora es? ¿Por qué no me has despertado?
-Porque soy su madre, no la tuya.
-Vale.
Estás enfadada. Ahora mismo, una bronquita...
-¿No te viene bien? -No.
-Perdona, perdóname.
Por levantarte la voz.
-¿Qué te pasa? Si me animaste a que saliera.
-Me parece muy bien que te diviertas.
Pero si eres capaz de desfasar hasta las 5,
te levantas, que tienes un hijo. -¡Por salir un día!
-¡Un día, no, dos! -Tampoco pasa nada.
Son dos días, ni que fuera una alcohólica o algo.
Perdón.
Perdón, se me ha escapado, no es lo que pienso, no lo quería decir.
-Sí, pues lo has dicho.
-Ya, pero no lo pienso para nada.
No quería decir nada con eso. -Luz, de verdad.
No puedes llegar a las tantas y no puedes pretender
y que todo siga igual porque tienes un hijo.
No es como antes. -¡Vale, que sí!
-Imagínate que hago yo eso. -Que no salgo.
Que no salgo de fiesta, no me divierto
y nos vamos a convertir en un matrimonio aburrido
que está todo el día viendo pelis.
-Ah, eso es lo que piensas.
(CHISTA)
-No, no, no te preocupes. No somos un matrimonio aburrido,
para eso tenemos que estar casadas.
Pues se ha enfadado, ¿eh? Se ha enfadado.
Ya ha terminado el turno?
Cómo se pasa el tiempo cuando se cuenta dinero.
Cada vez me cae mejor el Tío Gilito.
Aquí te dejo.
(SUSPIRA)
No hay nada como un milagro para que la gente esté unida.
Es una maravilla ver así la plaza.
Con toda la gente feliz, llena de amor,
de paz, de armonía.
¡Que no, Blanca, que no hay excusa!
¡Sois unos delincuentes!
¡Y Jorge, que parecía el bueno, es el peor!
¡No te permito que le faltes al respeto!
¡Que me has engañado!
Jorge es un ladrón y lo sabías. ¡Pero que es mentira!
¡Pero Rita, que es mentira, por Dios!
¡Estoy harta, harta! ¿Te enteras?
¡Hoy mismo os vais de casa!
¡Y que no os vea nunca más cerca de mí!
¡Qué miráis vosotros!
¡Qué haces con la cámara? ¡Vete a tu casa, hostia!
-¡Madre del amor hermoso!
Vamos a necesitar otro milagro.
Esta vez, de la Virgen.
(SUSPIRA)
(Timbre)
¡Ainhoa! ¿Qué tal? ¿Y esa cara, qué pasa?
-Nada, que... ¿Te pillo bien?
-Estaba con unos informes,
pero tengo 20 minutos. -Vale.
Vale, sí, va a ser un minuto.
-¿Nos sentamos?
-Quiero hablar como amiga y no te quiero quitar mucho tiempo.
-Me estás asustando. ¿Qué pasa?
¿Qué?
-He discutido con Luz.
-Ya.
Pero...
¿De crisis?
-¿Tú conoces a Fabiola?
-¿Fabiola, quién es Fabiola?
-Es la íntima de Luz, su amiga de toda la vida.
-Vale, ¿y...?
-Desde que ha llegado Fabiola, ha sido como un huracán.
Y noto a Luz muy distinta.
-Distinta. ¿Distinta, cómo?
-Pues distinta...
Que parece que tiene 18 años otra vez.
Que...
Sale hasta las 5 de la mañana.
-Vale.
¿Te preocupa que quiera volver a esa vida?
-Me preocupa que...
Que sienta que se ha equivocado conmigo.
Que se ha equivocado con Guille.
-Vamos a ver, yo creo que Luz tiene clarísimo
cómo quiere vivir su vida, con quién quiere vivirla.
Además, creo que te adora.
Te adora a ti, adora a Guille.
Por eso puedes estar muy tranquila.
-Es que no solo eso, además...
Siento como que desde que ha llegado Fabiola,
no sé, eso que tiene con ella...
Como que me he dado cuenta de que estoy...
sola, como que no tengo nada mío.
-Nada tuyo.
-Más allá de Luz, no tengo a nadie.
Su familia me ha tratado genial.
Me han acogido superbién, estoy muy agradecida.
Pero es su familia.
Y con Fabiola pasa lo mismo, es su amiga.
-Vale. ¿Y tú crees que sientes celos?
-No sé.
No sé si son celos. No...
No, es que no son celos. A ver...
Yo, desde pequeña, he viajado, he vivido cada año en un sitio.
-Vale. -Y mi padre se iba,
no estaba en casa nunca.
Mi hermano se fue cuando era muy joven.
Por fin había vuelto a Vera. No sé.
Y se ha vuelto a ir.
Pues eso, como que vuelvo a estar sola.
-Pero yo creo que te has currado muchísimo
la relación con tu hermano, os lleváis muy bien.
Has recuperado la relación, Ainhoa.
-Ya.
-Entiendo que las relaciones de familia son importantes,
pero las relaciones de amistades...
La gente te quiere mucho, formas parte de sus vidas.
¿Eres consciente de eso?
-No lo sé, sí.
-¿Sí o no?
Que se te quiere mucho.
No sé, yo creo que igual te ayuda hablar con Luz.
Vuestra relación, vuestra comunicación es increíble.
Si lo hablas, te va a entender. -Ya.
No, sí, tengo que hablar con ella, claro.
-¿Has pensado en intentar acercarte a Fabiola?
(RESOPLA)
-¿Qué? A ver, es la mejor amiga de Luz.
Igual a Luz le gusta ver que hay buen rollo entre vosotras.
A lo mejor surge algo.
-Sí, a lo mejor tengo que hablar con ella.
Es verdad.
Puede ser.
-Dame un abrazo.
Dame un abracito.
-Jo, eres buena. -Anda, para eso estamos.
Y...
-Vale, perfecto, lo has clavado, a la primera.
(TARAREA) ¿Has visto?
También te digo, teniendo una cámara aquí, es más fácil.
-Se te ha olvidado una cosa. -¿Qué cosa?
-¡Uy va!
¡Uy va! Esto es roja, tío.
Esto es tarjeta roja y no, es...
-Jon, vas a aprobar.
-No sé si voy a aprobar porque no sé qué me pasa.
A ver si apruebo.
Ojalá estuvieses tú en el examen, también te digo.
Tengo profesor más friki, más pesado.
Todo el rato me dice: "Jon, pisa la cucaracha.
Se te está escapando". -¿Qué cucaracha?
-Sí, dice que es una técnica para que no se te cale.
Pisas el embrague como si fuera una cucaracha.
No se entera. Yo no lo entiendo.
Y habla mal, dice: "No te pongas 'nervosio'".
"Nervosio".
O sea, nervioso... -Lo he entendido.
-Sí, sí.
Pues eso.
Oye, muchas gracias.
De verdad, gracias por las clases.
Sin ti, no aprobaría ni de coña.
-Jon, eso no es verdad.
Hubieses aprobado igual. -Sabes que no.
-Sí, además, te lo debía.
Tú me ayudaste un montón con los exámenes.
-Eso fue un poquito que te ayudé.
-Eso no fue un poquito.
-Tú me estás ayudando más. -No, tú, más.
-No, tú, más. -Tú, más.
-Tú, más y para, que me estoy poniendo "nervosio".
-¿Qué?
-No, nada.
-Jon, ¿qué? -No, nada, no iba a decir nada.
-Tío, no puedes hacer esto.
Son las reglas, no puedes empezar a decir algo y luego parar.
-¿Dónde están escritas esas reglas?
-No están escritas, son mis reglas. -Son tus reglas.
Vale, las reglas de la calle. -Sí.
-Entonces... -¿Entonces, qué ibas a decir?
-No, que...
No, iba a decir eso, que ojalá pudiese llevar un coche
con una cámara como esta para poder hacer el examen.
Pero bueno. -Ya, claro.
No te preocupes, aun así, apruebas seguro.
-¿Tú crees?
-Con tal de librarte de tu profe.
De tu profe el otro, el friki. -El friki.
-Bueno, ¿nos vamos?
-Nos vamos.
Luis.
Gracias.
-Vaya, vaya, ¿ya empezamos con el vinito?
Salud.
-Cómo tienes que estar disfrutando.
-Ay.
¿Por qué esa obsesión en ponerme como el malo, mi amor?
¿Eh? -Me llamo Blanca.
-Blanca.
No me gustó nada verte con tu hermana
peleando como perros y gatos,
en medio de la calle, frente a todo el mundo.
-Seguro que estabas saboreando cada segundo.
-¿La está molestando?
-Estoy acostumbrada.
-Tú ponme un vino.
Fue muy desagradable.
Verte a ti y a Rita.
Todo lo que te dijo, no, no.
-Sí. -¿Es que sabes qué pasa?
Que no me gusta verte sufrir.
Porque te quiero. Sí.
Te quiero.
Y por favor.
Si un día me necesitas, mañana, tarde, noche,
sabes que cuentas conmigo.
¿Eh?
-No soy una imbécil, Armando.
-¿Por qué vas a ser imbécil?
-Porque conozco el precio que supone contar contigo.
Y no voy a ser dócil nunca más.
-Aquí, el único imbécil,
el único imbécil soy yo.
Que vuelvo a poner la otra mejilla.
Después de todo lo que has hecho, después del secuestro,
de que me das de lado, voy otra vez a quererte ayudar.
Y lo más increíble es que hasta tu propia hermana,
hasta ella te dio la espalda.
-Si la está molestando, solo tiene que decírmelo.
-Tranquila.
Ya me voy.
(ARTURO) Muy bien, señor obispo, aquí le están esperando.
No, cuando vea el milagro, se va a quedar de piedra.
Nunca mejor dicho.
Eh...
Van a hacer santo al padre Angoitia sin pasar por la beatificación.
Pues eso está muy bien.
Vale.
Igualmente, un saludo, hasta dentro de unos días.
Esto es de locos, pero de locos.
A este paso, va a haber que pasar por Vera para que te den...
La Compostelana esa. -Desde luego.
¿Tienes un minuto? -No puedo.
Estoy muy liado. -Dedícame un minutito.
-Te quiero pedir un favor. -Te he dicho que me pillas fatal.
-Escúchame, por favor. Es sobre Armando.
-Armando. -Sí.
-¿Qué pasa con Armando? -Eso, ¿qué pasa con Armando?
Sois socios ahora, lo vas conociendo...
-Sí, alguna comida de rigor, de negocios, de vez en cuando.
Poco más. -Ya.
Armando está en el ojo del huracán.
-En el ojo de huracán. ¿Qué quieres decir?
-Quiero decir, por ejemplo, que creo que ha sido él
el que metió el cuadro en el coche de Jorge.
Luego dio el chivatazo y todo, para joder a Blanca.
-¡Hostias!
Eso es terrible. -Claro que sí.
Pero no puedo demostrarlo y te necesito.
-¿Y qué voy a hacer yo, qué quieres que haga yo?
-Lo que mejor sabes hacer, meter la nariz en todo.
Estar pendiente.
A ver qué pasa, qué hace este hombre.
Alguna pista, alguna prueba.
Lo que sea. -¿Lo que sea?
-Lo que sea. -Vale.
-Tú me dices...
Te estoy pidiendo colaboración ciudadana.
-Javier, que soy el alcalde.
¿Colaboración ciudadana, a mí? Dalo por hecho.
Venga. ¿Qué...?
-¿Qué te pasa?
-¿A mí qué me va a pasar? ¿Por qué me miras así?
-Lo sabes muy bien.
-Pues no, no lo sé.
-Sabes que desde pequeño me toca las pelotas que me mientas.
-¡No me jodas!
-¡No, que te conozco muy bien, joder!
Que son muchos años y te pillo siempre.
Bueno, casi siempre.
Sabes algo y no me lo estás diciendo.
Arturo, un hombre inocente está en la cárcel.
-Que no puedo.
-¡Mis cojones 33!
-No puedo, lo perdería todo.
-¡Joder!
¡Joder!
Hola.
-Luz, ¿qué haces aquí?
-Que quería pedirte perdón.
Por lo de antes.
Me he pasado tres pueblos.
-Qué bonitas. (RÍE)
-Lo que me preocupa es que pienses que somos un matrimonio aburrido.
-Es que no lo pienso.
-¿Y por qué lo dices?
-Pues porque soy tonta y yo creo que iba un poco pedo.
-¿Piensas que soy aburrida?
-Muchísimo, lo pienso todo el rato.
Esta tía...
-Luz, por favor, te estoy hablando en serio.
Necesito que te pongas seria con esto.
-Tírame esto.
Tíramelo.
-Estoy muy cabreada.
-Ya. -Y te la voy a tirar.
Y lo vas a limpiar tú. -Por supuesto.
-Venga. -Tíramela.
-No, es que...
Soy un coñazo de tía.
-Que no, mi amor, no eres un coñazo.
Y no pienso que seamos un matrimonio aburrido.
Perdóname por eso. -Perdóname a mí.
Es que... -¿Qué?
-Tengo que decirte que sí, que es verdad,
la relación que tienes con Fabiola, nunca he tenido eso.
Y me ha dado...no sé.
-Mi amor, es normal, siempre has dicho que de pequeña,
estabas de ciudad en ciudad y así es difícil hacer un vínculo.
-Ya.
-Pero me tienes a mí.
-Bueno, no es lo mismo. -No es lo mismo.
Pero es casi mejor.
Primero fuimos amigas y ahora, novias.
Y tú eres mi persona.
-Tú también eres mi persona.
Te pones muy moñas cuando tienes resaca.
-Ya, es que sigo un poco pedo, yo creo.
-¿Sí? -Sí.
-Oye, te tengo que decir otra cosita.
-¿De qué?
-A ver, no sé cómo se lo va a tomar
mi pareja, se lo puedo decir a mi amiga,
pero mi pareja no sé si se lo va a tomar bien.
-¿Y qué me quieres decir?
-Eh...
Es sobre tu amiga Fabiola. -¿Qué pasa?
-Que la he visto antes con un chico.
-¿Con Héctor, con su novio?
-No.
Con...
El hijo del mecánico.
-¿Con Luis? -Sí.
-Pero ¿en plan...? -En plan cambiando el aceite.
-¿Cambiando el aceite? -Sí.
-Ay, Dios mío, Fabiola.
-Ya.
-Con el hijo del mecánico, con Luis.
Pero si no pegan nada.
-Y otra cosa, Luz. -¿Qué?
(RÍE) -Te mato.
(RÍE)
-Ahora lo limpias tú.
-¿En serio me has hecho esto?
-Sí, mi amor. -No.
¿Te mancho yo a ti?
Vale, vale, vale.
Me hago cargo de lo que pasa.
Vale, otra vez, la has cagado otra vez.
¿Otra vez te han pillado?
¡Joder, me cago en la leche!
Vale, no pasa nada, escúchame.
Esta vez la cosa está jodida, ¿vale?
Jorge se puede tirar muchos años en la cárcel y no ha hecho nada.
¡Arturo, por favor, que tú no eres de esos!
-¡Pero que no lo entiendes, hostia!
-Vale, no lo entiendo, esto sí que no lo entiendo.
Vale.
Vale. -¡Me cago en la puta!
Ven aquí. -¿Qué pasa?
¿Qué es esto?
-¿No querías ayuda? Mi sentencia de muerte.
-¿Y qué?
-Lo pinchas en el ordenador.
¿Sabes desencriptar? -No.
-¿No sabes desencriptar? -No.
-Díselo a Martínez. -Vale.
-Ahí lo tienes todo. A tomar por culo.
(RESOPLA)
Me va a explotar la cabeza.
Pero ha sido una tontería, no ha significado nada.
Y no va a volver a pasar.
-¿Y qué vas a hacer?
-¿Qué voy a hacer?
Pues nada, olvidarlo.
Además, no va a ser difícil, no creas que me acuerdo mucho.
-¿Y Héctor?
-Héctor no se tiene que enterar.
-Ya.
Amiga.
Que te conozco.
Que tú no eres de tirarte a un tío sin más
y menos, si tienes pareja.
Tú nunca has sido infiel. ¿Por qué lo has hecho?
-Vale, a ti no te puedo mentir.
-¿Qué pasa?
-No sé cómo explicarte lo de Luis, ha sido...
Venganza. -¿Venganza?
-Bueno, no, ni siquiera ha sido venganza.
Ha sido inseguridad.
Bueno, no, rabia.
No sé.
Héctor se enrolló con otra en su despedida de soltero.
-¿Qué?
-Y me dijo lo mismo que te estoy diciendo yo.
Que fue una tontería, que no significó nada.
Pero no solo ha sido esa chica.
Es que han sido más.
Pensaba que sí, pero es que no va conmigo.
El problema es lo que me dice la cabeza y otra, lo que siento.
-Vamos, que no le has perdonado.
-No.
Me cuesta hasta mirarle a la cara.
-Hombre...
Después de lo de Luis, me va a costar aún más.
-Ya, es que no ha sido la mejor idea del mundo.
Me callo.
-Da igual, no creo que pueda perdonarle nunca.
-Ay, amiga, ven aquí, anda.
Ya está.
-Es que me das una envidia. -¿Yo?
Pero si soy una señora. -Una señora con mayúscula.
Tienes una novia preciosa, un hijo monísimo.
Una relación supersana. -Bueno, a ver.
Tenemos nuestras cosas. -Como todo el mundo.
Pero os queréis y...
Confiáis plenamente la una en la otra.
Además, sois felices, que es lo más importante.
-Pues sí, sí, Fabi, soy...
Soy muy feliz.
-Si es que se os ve.
Si yo tuviera algo así, tampoco lo dejaría escapar.
-Anda, ven aquí.
Ay, de verdad.
Ay, de verdad.
¿Quién chingadas es ese Fernando?
¡No, estoy hasta la madre, sácalo!
Quítalo del mapa, carajo.
¿Para qué carajos te pago?
Desaparécelo.
No digo más.
(Puerta)
Vaya, vaya. ¿Qué te trae por aquí?
-Quería hablar contigo. ¿Puedo?
-Depende.
Si es algo bueno...
-Bueno, depende si es para ti o para mí.
Me rindo, Armando.
-¿Te rindes?
¿Tú? -Sí.
Me rindo, Armando.
Eres el único que puede sacar a Jorge de la cárcel.
-Ah, ya veo, es Jorge. -Claro.
No soportas que te rechace y has querido hacerme daño.
-¿Qué estás hablando?
¿Qué estupidez estás diciendo?
-Me da igual si no lo reconoces.
Pero tú nos has metido en esta mierda
y tú nos vas a sacar.
-¿Y de dónde deduces que puedo sacarlos?
-Pues porque te conozco muy bien.
Siempre tienes un policía al que comprar,
un amigo al que amenazar.
Así que enhorabuena, has ganado, me rindo.
Eso sí, te suplico que lo arregles.
-Sí, ¿me puedes mandar una bo...?
Dos botellas de cava.
A la 207, sí.
Y dos copas, por favor.
Sí.
Gracias.
Bueno, yo creo que esto amerita
que celebremos nuestro reencuentro
y reconciliación, ¿no crees?
¿Aros de cebolla?
¿La gran chef Ainhoa Arminza...?
Me parece que está bajando de categoría.
-Dicen que las recetas más básicas
son las más difíciles de mejorar y la he mejorado.
-Muy bien. Buena pinta tienen.
-Sí.
Amor, ¿qué tal con Fabiola?
-Bueno, pues...
Se ha dado cuenta de que lo suyo con Héctor
no es para toda la vida.
-Joder, lo siento.
-Yo le he dicho que yo sí, que voy a apoyarla.
Asé que eso haré. Espero que esté bien.
Fíjate que estos días he estado pensando,
hablando con ella,
cómo sería mi vida sin responsabilidades.
Sin ser mamá.
-Ya, y te gusta esa vida, ¿a que sí?
-Sí, sí me gusta.
Pero me gusta más esta.
¿Y sabes por qué?
-¿Por qué?
-Porque me encanta que me riñas
cada vez que dejo la toalla mojada en la cama.
O ir por las habitaciones
e ir encontrándome termos tuyos
que te vas dejando porque eres un desastre.
O que te moleste tanto que me deje una patata frita
en el plato siempre, es que...
Y porque eres la madre de mi hijo.
Y lo vas a ser siempre.
(RÍE)
Mi amor, yo te quiero para toda la vida.
Hasta que seamos un matrimonio aburrido.
-No.
No, no, es que no vamos a ser un matrimonio aburrido.
No.
Porque yo no me podría encontrar con mejor persona.
Desde el momento que te vi, sabía que eras tú.
Y sí, me puedo haber equivocado,
pero siempre lo he tenido claro y he sabido que eras tú.
Bueno.
Eh...
(RÍE)
-Luz Romaña, eh...
¿Quieres casarte conmigo?
Solo puedo darte mi amor y este aro de cebolla.
(RÍE)
¡Que sí que quiero!
¡Que sí! ¿Cómo no voy a querer?
¡Quema, quema!
-Lo siento.
Déjalo ahí.
Está bien así.
Es mi día de suerte y el tuyo también.
-Muy buen trabajo.
Toma. Y recuerda.
No nos has visto. Venga, chao.
Parece que la cosa funciona. Más nos vale.
Tenemos el poder en las manos, Rita, confía.
Gracias. -Por un nuevo comienzo.
(ASIENTE)
-A ver, sabes muy bien que no me gusta beber solo.
-Que venga a la fiesta no me obliga a bailar.
-Lo que pasa es que esta actitud
no es, precisamente, la definición de volver.
No tengo ganas de encabronarme.
(ASIENTE) -Ayúdame un poco.
Además, en el fondo,
sabes que conmigo siempre vas a gozar.
Ay, ay, ay, ay.
Rita, por favor, te tienes que tranquilizar.
Pero es que...
Es que Blanca está sola con ese canalla.
Ya, pero con esta actitud, no resuelves nada.
¿Y si ese cabrón le ha hecho algo?
Ay, por Dios, de verdad, que no, confía.
Pero es que...
Había dado la señal.
Pero te estoy intentando decir que a lo mejor no puede.
Confía, Rita.
Mira, voy a entrar.
No puedes entrar ahora, que se va a tomar por saco.
Me da igual.
Rita, por favor, piensa, tenemos un objetivo.
Ay, joder, joder. Relájate, vamos a respirar.
Respira tú.
(EXPIRA)
Calla, que no escucho.
Que no escucho.
¡Coño, carajo, me lleva la chingada!
¡Cambia esa puta actitud!
Finge un poquito, miénteme, coño.
Ya me estás sacando la cagada.
Y esto no es bueno para Jorge.
Vamos a hacer una cosa.
Vamos a llevar la fiesta en paz.
¿Sí? -Sí, sí.
-Échale ganas. Qué calor, carajo.
Marifrán.
¿Mm?
Le ha tenido que pasar algo, es muy tarde.
Rita, por favor, confía.
Como vuelvas a decir eso, te pego una hostia que te estampo.
Pues ya está, no confíes.
Pero respira. ¿Quieres que te cante algo?
No, no, no.
Es que es muy raro que, a estas alturas,
no haya dado ninguna señal.
Rita, tu hermana sabe cuidarse sola perfectamente.
Es que no se oye nada.
¡Coño, carajo!
Igual estamos preocupadísimas y está todo normal.
No pasa nada, está todo bien.
No, no lo creo.
(GRUÑE)
(GRITA) -O no.
¿La señal? La señal.
Abre.
¡Corre! Ya voy.
-¿Qué le echaste a la copa, hija de la chingada?
-¡Jesús, por Dios! Hala, venga.
¿Estás bien? -Sí, sí.
Ten cuidado.
Pero ¿qué le pasa?
-Yo creo que está un poco envenenadito.
¿Cómo que envenenado? Le íbamos a dar suero de la verdad.
Bueno, a mí llamadme loca.
Pero esto no es del suero de la verdad.
Marifrán, tú tenías que comprar la droga.
¿Has hecho una barbaridad?
Perdona, si me han dado gato por liebre,
no es culpa mía, me han estafado.
¿Que te has equivocado?
¡Me dijeron que era el suero de la verdad!
-¡Dejad de discutir, que se muere!
-¿Qué me han dado? Dijeron tres gotitas.
¿Qué es eso? Me lo dio el camello.
-Hala, cágate, ahora vienen los camellos con instrucciones.
Está clarísimo.
Poner tres gotas por litro.
Tú has puesto tres por copa.
Tiene una sobredosis de caballo. La madre que te parió.
-Nos hemos pasado un poco. ¿Hemos?
Bueno, a ver, vamos a centrarnos.
Tenemos un problema muy gordo, más que él.
Nos pueden acusar se asesinato.
(GRUÑE)
"Yo secuestré a Yago y enjareté el cuadro robado.
Son inocentes".
-¿Cuándo van a soltar a Jorge?
-Esto no tiene ninguna validez legal.
-Se acaba de guardar mi móvil. Lo considera una prueba.
-Sí, tienes razón, lo considero una prueba.
Pero no contra Armando, contra vosotras.
Armando Montes, queda detenido. Burgos, Duarte, adelante.
-¿Qué está pasando? Debe haber un malentendido.
¿Puedo llamar a mi abogado? -Sí, tiene derecho a un abogado.
Todo lo que diga puede ser usado en su contra.
Le recomiendo guardar silencio. Compañeros, adelante.
Sin Arturo, esto no habría sido posible.
Ayer tuve una conversación interesante con él.
Pero eso va a tener consecuencias para él.
Mucho me temo que sí, Rita.
Eso ahora mismo es mi futuro.
-Para haber perdido la alcaldía, te veo estupendamente.
-Me hace hasta ilusión volver a los orígenes, con los chorizos.
(Sirena)
-Arturo, malas noticias. -¿Qué pasa?
-El juez ha determinado que la nave
pasa a formar parte de la investigación.
-¿Y eso, traducido, qué quiere decir?
-Que queda clausurada.
-Pues nada, mi futuro, a tomar por culo.
¿A ti qué te ha pasado?
-Me han endiñado el puesto de alcalde.
-¿Cómo?
¿Que os casáis?
¿Otra vez?
-Sí. -Ah.
Muy bien. Claro.
Qué bien. ¿Y tenemos fecha?
-Esta tarde.
¿Pasa algo? El collar.
Que es muy bonito.
Yo sé que Tomás regaló a su amante
un collar.
Fuiste tú, Rita.
¿Qué pasa?
¿El coche de Silvia?
¡Silvia, Silvia!
¡Silvia! Sil...
¡Joder!
(Sirena)
Es...
¿Está ahí dentro? Tranquila.
-Marta, te quiero dar las gracias
por todo lo que has hecho por mí, por nosotros.
-¿Qué coño ha pasado en el desayuno?
Se podía cortar la tensión con un cuchillo.
¿Qué pasa con Marta?
Piensa bien lo que deseas.
No pasa nada con Marta.
Ainhoa, ¿quieres a Luz como esposa
en las duras y en las maduras hasta que la muerte os separe?
(Música final del programa)
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