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Vale, a ver este...
He oído el rumor de que un apicultor de por aquí
le da polvo de ángel al ganado.
-No. -Vale.
¿Presencia de aguas residuales sin tratar en la de consumo?
No.
-¿Nepotismo en el ayuntamiento? -No.
Profe de yoga, que además regenta un burdel.
Emerson,
hay que darles a los vecinos una razón para comprar el periódico.
A esta gente no le importa que el agua huela raro.
Ni que la carne suelte agua
ni que Jonjo le dé a Jonjo júnior la concesión de los setos.
¿Y qué quieren?
Dímelo y lo escribiré.
En un pueblo a unos 80 kilómetros de aquí
han atracado la oficina de correos.
Y mañana,
su periódico local publicará la historia.
Es un notición. Te habrás enterado.
-No. -Nueve de la mañana.
Un hombre entra en correos.
Está solo.
Bueno, aparte de los empleados.
Empleada. Solo hay una esta mañana.
Su compañero está enfermo.
Así que, el hombre entra...
con un puñado de globos de helio en la mano
y cuando los suelta...
Salen flotando y tapan la cámara de seguridad.
¡Hemos despertado!
Con la cámara tapada, se quita la capucha...
Y saca un arma.
Y apunta a la empleada,
que está a punto de pulsar la alarma.
"No la he pulsado", dice.
"Lo sé", responde él.
"¿Cómo lo sabes?", dice ella.
"Porque ya estarías muerta".
Muy buena frase.
Inventada por el tío que escribió la historia.
-Le diré que lo has dicho. -Sí.
Mientras le apunta con la pistola,
la empleada coge un sobre grande y lo llena de dinero.
Cuando termina, se lo entrega al atracador y...
¿Y qué?
Y ya está.
Se marcha con el dinero.
Bien,
¿qué hemos aprendido?
-Se necesitan finales mejores. -Cierto.
Pero mira más allá.
Estas son cosas que ves en la tele, no pasan aquí.
Es lo que quieren los lectores:
armas, crímenes, vuelcos de la trama.
No 400 palabras sobre un profe de yoga proxeneta.
Pero lo más importante:
las buenas historias no aparecen mirando por la ventana, gratis.
¿Qué fue del atracador? ¿Lo cogieron?
Solo hay una forma de averiguarlo:
tendrás que comprar el periódico.
Matar es como comer.
Si esperas demasiado,
el apetito se vuelve voraz.
¿Dónde y cuándo acabará esto?
¿Quién sabe?
Yo solo sé que le he dado cuerda a Tom,
y él ha decidido colgarse.
Ha tenido oportunidades de sobra para demostrar que no merece esto,
que no debería ser quien me ilumine la cara con una sonrisa.
Y a pesar de todo,
nada.
Solo la confirmación de que una vida debe terminar.
¡Cállate, joder!
¡Que te calles!
Y de que voy a cobrar.
Para, mamá.
Es tu hijo. Arréglate tú con él.
Que diga lo que quiera.
Son mis tierras
y mi ganado va donde quiere.
¡Cuelga!
¿Qué ha dicho?
¡Venga!
¡Espérame ahí! Voy ahora mismo.
Solo consigue retrasar lo inevitable: su muerte y mi felicidad.
No he terminado con Tom.
Ni mucho menos.
-Buenos días. -Me han dejado tu correo por error.
-¿No tendrás Panadol? -No creo en las pastillas.
¿Por qué? ¿Crees en el dolor?
No, creo que quien la hace, la paga.
¿Qué tal anoche con Mal?
Lo sé, es atractivo, inteligente y mi tipo,
pero ahora está con ella y yo tengo más cosas que hacer.
Oye, ¿hacemos novillos?
Es que Hughie no hace más que rechazarme ideas.
-Necesito historias. -¿Qué narices es esto?
¿Y quién narices lo ha escrito?
¿Y sabes qué he pensado?
Le preguntaré a Elvira.
Seguro que me inspira.
La oficina de correos.
Iré a echar un vistazo.
Mi padre ha ido a cobrar el paro.
Debo llevarlo a casa.
¿No te da vergüenza, Ward?
¿No te importa lo que piense la gente?
Robarle al gobierno así...
¿Por qué no haces algo con tu vida?
Demuestra... iniciativa.
Tienes razón, Veronica.
Tienes toda la razón.
¿Qué tal, Joan?
Cuarenta a uno. ¿Te han dado un soplo?
No, he investigado yo.
-Menudas pelotas tienes. -No son pelotas, Joan.
Es iniciativa. ¿Un toque para la buena suerte?
Hasta luego.
¿Me debes pasta y apuestas a los caballos?
Patsy, ya sabes cómo va esto:
todas las transacciones comerciales se realizan...
en mi despacho.
Te espero allí y hablamos.
A la primera invito yo.
Ese caballo es un valor seguro. Vuela.
Tenías que haber oído lo que me dijo Veronica Sloan.
Ni que me pagase ella el paro.
-Deberían... -¿Decirle cuatro cosas?
-Dijiste que te habían pagado. -Y que había que pagar facturas.
-Con eso no pago ni una entrada. -Son ocho pavos.
-No me llega para dos pintas. -Pues pide tres cañas.
¿Qué te pasa?
Me han enviado un anónimo.
Quien lo ha escrito dice...
"Eres una periodista de tercera, que trabaja en un periódico cutre,
una juntaletras sentimental, con vocabulario limitado.
Tu prosa es farragosa y el conocimiento..."
"de gramática tan pobre, que avergüenza a un niño de 6 años".
Callum, tú tienes seis años. ¿Te avergüenza su gramática?
"Tus columnas ingresan cadáver,
y tus artículos tienen...
la resonancia emocional
de las instrucciones de una caja de Lego".
¡Vaya!
"Señorita Clancy, haces que Maeve Bynchie
-parezca...". -Dostoievski. ¿Qué hago?
-A la papelera. -¿Y reconcomerme por dentro?
Cómpratelo.
Date un capricho.
Papá ha apostado 50 pavos a un caballo.
50 pavos que no tenemos.
La profesora de lengua, la señorita Bourke.
-¿Crees que ha sido ella? -No.
Un día nos puso una redacción.
Tú sacaste un 62 %. Te cabreaste.
¿Sabes que saqué yo? Menos de un 62 %.
Siempre te lo tomabas todo bien.
Estaba muy ocupada defendiéndote.
Zurrándoles a los que hablaban mal de ti.
-Y yo te lo agradezco. -No debería haberlo hecho.
Nos pusieron apodos de los que nunca nos hemos librado.
-Tú... -La friki de la madre muerta.
-Y tú... -La macarra de la madre muerta.
¿No había otro?
Callum, ¿y tu hermano pequeño?
Pues ve a buscarlo.
¡Dios de los cielos!
-¿Pagan bien por cuidar niños? -Si estás en el paro, sí.
La ha escrito un hombre.
¡Dios! ¿No has oído lo que te he dicho?
¡Ignóralo!
Haz lo que mejor se te da.
¿Y qué es exactamente...?
Escribe algo tan bueno, que calle a este capullo.
-No quiero hablar de la carta. -No. Tiene gracia.
¿Por qué? ¿Porque se ríe de mí?
Tiene un montón de pistas.
Mira: caligrafía peculiar.
Esto es prácticamente un rastro de miguitas.
Es como si nuestro enemigo por correspondencia
desease que lo pillen.
Para eso habría firmado con su nombre.
Prácticamente lo ha hecho.
¿De qué nos vale saber que pone puntos raros en las íes
o corta las tes en ángulo?
-¿Adónde vas? No tienes dinero. -¿Quién dice que pago yo?
-Papá, no me dejes así. -No me necesitas.
Estarás en el trastero, siguiendo miguitas.
Están todas ahí, búscalas.
No... ¿El trastero?
Te quiero como te quería
cuando eras dulce,
cuando tenías los dulces
dieciséis.
Parece que hay fiestón el día que se cobra el paro.
Ni te cuento cuando toca la paga por hijo.
¿Y tú qué? ¿No sales a cantar?
Dicen que bordas Stayin'Alive.
-Recuérdame nuestro trato. -Copas por charla.
-Ron con cola, ¿verdad? -Muy bien. Has hecho los deberes.
-Hola, Patsy... -Quiero mis cinco.
No te voy a dar tus cinco.
Te daré diez.
-Solo quiero mis cinco. -Ya lo sé.
Pero si me das cinco, te daré un billete de diez.
Tómatelo como unos intereses.
Muy bien, Patsy.
Vale.
A verlo.
Cuando cobre.
Venga, Patsy.
El chico tiene que aprender los entresijos del pueblo.
-Toma. -¿Conoces a Patsy?
-Sí. -Gran cantante.
-Un talento. -Venga, Patsy. Hablamos luego.
A ver esa historia...
Sí, trata sobre Kilraven.
La mitad del pueblo está en el paro, ¿no?
Y la otra mitad, la gente seria, trabaja, ¿verdad?
Yo no.
No, tú dejaste de trabajar hace años.
Si vas a escribir una historia de los de la "paguita" de la costa,
-a mí no me metas. -¿Por qué dejaste de trabajar?
Fue más o menos cuando asesinaron a aquella mujer, ¿no?
La austriaca o suiza...
-Alemana. -¡Alemana!
Pero imagino que ya lo sabías.
Creo que has estado hablando con Clive Cavendish
y te ha metido ideas en la cabeza.
Te aviso: es peligroso.
La noche que la asesinaron había estado aquí.
Tú también estabas, ¿no?
Verás, la gente del pueblo se pone a la defensiva,
cuando se saca el tema.
Yo de ti seguiría con el fraude en las "paguitas".
A ver, Ward,
los del pueblo no te invitan a copas, ¿verdad?
¡Mamá!
-Yo no conocía bien a María. -Pero sí de oídas.
Sabía que era novelista o algo así.
Volvía a casa.
Tenía un billete de ida a Hannover.
Bolso, pasaporte y billete no aparecieron.
-Sí, lo sé. Una tragedia. -¿Tú crees?
Era de fuera y a la gente no le caía bien.
-¿Y por qué? -Porque son raritos de cojones.
Cuéntame lo que recuerdes. Te fuiste después de ella.
Estaba borracho.
No tenía la cabeza para procesar nada.
Ahí es donde tengo el problema.
Porque hasta aquella noche,
-la gente dice que tú... -¿Qué gente?
Esos raritos de cojones.
Dicen que eras tranquilo, que solo tomabas un par de pintas,
y que de repente algo cambió.
Había más gente aquí aquella noche.
Pero tú estabas aquí, sobrio.
Mallory y Hughie también.
-Hablaré con ellos. -No te dirán nada.
Deberías hablar con la agente Mulcahy.
Ya lo he intentado y no hubo suerte.
Te contaré algo sobre Rose:
si le haces un favor, te lo hará ella a ti.
Pero como a mucha gente de este pueblo, no le caigo bien.
Me parece que tienes otro problema.
¿Cuál?
Bebo más rápido de lo que tú preguntas.
Dale.
-Yo me fui a las once. -Maria ya se había ido.
-Compré algo de comer y para casa. -¿Y Elvira puede confirmarlo?
-¿Que compré comida? -Que volviste a casa.
-¿Me acusas de algo? -No, no.
Es para establecer la cronología.
Mi hija lo estaba pasando mal por entonces.
¡Elvira! ¡Despierta!
No recuerda nada.
Parece que está mucho mejor.
Sí, pero poco a poco.
Oye,
no quiero que le cuentes nada de esto,
nunca, ¿vale?
¿Y si lo hago?
¿Qué pasará?
¿Acabaré en el bosque con una bala en el estómago?
Como dicen por ahí,
este juego es peligroso.
¿Cuál?
Meterle ideas en la cabeza a la gente.
Tómate algo.
Entre tanto cliché,
habrá una caligrafía que coincida,
y no pararé hasta encontrarla.
-¿Vive aquí el señor Stewart? -Andrew es mi marido, sí.
Vale, pues su marido me ha escrito cartas muy desagradables.
-No creo. -¡Ese hombre está enfermo!
-Se equivoca de persona. -¿De verdad?
¡Que me lo diga él a la cara!
Ha acertado: está enfermo.
Y hace años que no escribe.
-Lo siento, yo... -La próxima vez que haga algo así
asegúrese primero.
Lo he enfocado mal.
En lugar de fijarme en cómo está escrito,
tengo que centrarme en lo que está escrito.
Haces que Maeve Bynchie parezca Dostoievski.
Peggy Brunswick.
Como ya he dicho, la información es crucial.
Así que es hora de ver a qué dedica el día Peggy,
cuando no está escribiendo estas cartas tan maravillosas.
¿Alguna cosa más?
Hola, Toni.
Pide la misma sopa todos los días
y tarda una hora en tomársela.
-¿Y por qué tiene...? -¿Hipo?
Hace años que lo tiene. Por no sé qué del corazón.
Que no tiene...
Lo siento, pero que le den a esa vieja.
En mi primer día de trabajo, se puso a decir
que las chicas que abortan son asesinas.
¿Y sabes lo peor?
Nunca me ha dejado una puta propina.
Mientras Peggy juega con la sopa,
yo dispongo de una hora para encontrar lo que necesito.
¿Qué tal vas con la carta?
La he quemado.
¡Caramba! Yo no habría podido.
Supongo que somos más diferentes de lo que yo creía.
Papá,
¿soy una buena persona?
-¿A qué viene eso? -Hoy he conocido a alguien.
Un tipo estupendo, Bill.
Tiene síndrome de Down.
Sí, Bill Butler. Todo un personaje.
¿Sabías que le hace la compra a una anciana?
Eso me ha hecho pensar
que quizá podría ser mejor persona.
No creo que Bill le haga la compra a Peggy por propia voluntad.
-¿En serio? -Sí.
A ver, ese chaval, Bill,
le rompió una ventana a Peggy Brunswick con una pelota,
y la madre del pobre Bill no trabaja,
así que para pagársela,
Peggy lo obliga a hacerle la compra.
¡Qué horror!
Sí.
Me voy a la cama.
Elvira,
¿soy un buen padre?
Me hiciste, ¿no?
¿Responde eso a tu pregunta?
¡Menuda zorra!
"Periodista de tercera".
"Prosa farragosa".
"Gramática que avergonzaría a un niño de seis años".
No, eso no puede ser.
Lo siento, Peggy.
Esto no será un suicidio de pacotilla.
Esto...
Esto será una obra de arte.
Y no hay nada más artístico que una carta de Peggy
que mate a Peggy.
Igual que los abdominales y el skate,
resulta que falsificar es más difícil de lo que parece.
Querido Bill: recurro a ti en busca de ayuda.
Necesito un favor tan delicado,
que no puede saberlo nadie.
Mi enfermedad, el hipo,
requiere una cura urgente,
un susto al organismo, que me haga la vida soportable por fin.
Incluyo 150 euros como pago.
La tarea es muy sencilla.
"Ponte una máscara
y elige la noche que quieras, para que yo no lo sepa,
y dame un susto tan terrorífico y aterrador,
que me muera de miedo".
Si lo haces, Bill, te estaré eternamente agradecida.
Tu amiga, Peggy".
Se iba a la cama,
entraste en su habitación, le diste un susto
y se cayó por las escaleras.
¿Fue eso lo que pasó?
La necrológica de Peggy, para morirse.
Te quiero.
Una chica puede soñar.
Pero una chica también puede hacer realidad sus sueños.
Matar es un riesgo. No entre tú y la víctima,
sino entre tú y Dios.
Y a mí no me gusta perder.
-¡Que alguien haga algo! -Creo que se ha ido.
¡No, no! Si muere, no podré matarla yo.
¡Vamos!
Bueno, al menos se le ha pasado el hipo.
¡Mierda!
¡Clancy!
-¡Qué rapidez! -Aún no la he leído.
Hablando de rapidez, ¿cómo la has escrito tan rápido?
Me ha salido sin más.
Sí, pues mejor que no te hubiese salido.
¿Por qué? ¿Hay algún problema?
Sí, Peggy.
Desde siempre, no ha sido muy fan tuya.
Dejó claro que mientras trabajases en este periódico,
no quería que escribieses su necrológica. Debí decírtelo.
Pero...
¡Intenté salvarle la vida!
Ya sabes cómo son los viejos.
¿Y quién la escribirá?
¿O sea que no voy a cobrar?
Hughie, estoy pelada. Y ahora, deprimidísima.
Lo siento, Clancy.
Si no se publica, no cobras.
¿No puedes sacar dinero de otro sitio?
Aquí ha pasado algo.
Mi carta ya debería haber llegado.
-Buenos días, Bill. ¿Qué tal? -Buenos días. Bien.
¡Venga!
La envié hace cuatro días.
Las cartas llegan cuando llegan.
Y baja la voz.
¿Has bebido?
De tal palo tal astilla.
¿Perdón?
-Te están mirando. -¿Y?
¿A quién le toca?
¡A él!
Si todo sale como yo quiero.
Hola, Veronica.
Cada día estás más joven.
Esta es mi parte favorita.
"Pésimamente escrita y tampoco dice nada con sentido".
Perdona, Elvira. Me han dado tu correo por error.
Hughie se ha vuelto a equivocar.
Esta "lectora preocupada" parece muy preocupada.
Los lectores nos pagan el sueldo, Kate.
Sus preocupaciones son nuestras preocupaciones.
Peggy envió esta carta el mismo día que yo la mía a Bill,
que es buen chaval, pero ser bueno no paga las facturas.
Mi dinero se vuelve a casa conmigo.
Antes de escribir las necrológicas, me gusta hablar con los allegados.
Como Peggy no tenía familia,
sois vosotros.
En fin, ¿os gustaría comentar algo?
Peggy era una zorra.
Antes de conocerla no hablaba así.
¡Menuda zorra!
-¿Puedes citar sus palabras? -¿Estás de acuerdo?
La peor persona que he conocido.
-¿A que sí, Bill? -¡Una puta zorra!
Vale, pero...
tengo que ahondar un poco si una persona muere y...
-La desprecian. -Habrá alguna razón.
¿Quieres saber por qué era tan odiosa?
Desde luego.
La razón por la que era horrible era...
-Ya voy yo. -No, iré yo.
Así que te gusta el hurling.
¡Bill!
¡Ay, Dios!
Tienes que ver esta carta.
A mí me llegan muchas de tarados.
¿Qué pone?
Bill es el beneficiario de su testamento.
-¿Heredo su dinero? -La casa.
Y eso significa que si me pasa algo,
tú saldrás adelante.
-Mira, lo que hemos dicho... -Peggy era una santa.
Y no nos gustaría que nadie pensase lo contrario.
Pero mi trabajo consiste en decir la verdad,
y presentarla como una santa...
¡Que lo era!
Lo siento, peo no diremos nada malo de ella.
Relájate, Patsy, que pienso pagarte.
Te devolveré el dinero, de verdad.
-Déjame respirar. -Siempre dices lo mismo.
Mételo todo en un sobre.
No me quedan.
-Pues en una bolsa. -Lo siento, escoria.
Tampoco me quedan.
-He leído tu historia. -¿Qué has dicho?
Solo digo que no deberías permitirle que te hable así.
-¿Qué quieres que haga? ¿Cargármela? -Más trabajo para mi hija.
-¿Me estás diciendo que la mate? -No he dicho eso.
¿Qué clase de pueblo es este?
Mira, yo soy un ladrón, ¿vale? No un asesino.
¿Sabes qué te digo?
Que igual tienes razón y soy un asesino.
¿Qué has dicho? ¿Qué?
Que tienes a alguien detrás.
No, no.
¿Y ahora qué hago, Ward? Mira.
Patsy, ¿no ves que ahora estoy ocupado?
Pero necesito el dinero.
Mira,
cuarenta a uno. Apuesta segura, quédatela.
¿Qué?
No.
¿Y mi dinero?
-¿Está bien? -No.
Le he preguntado si quería tomar algo y ha pedido un café.
¡Ay, Dios!
-Gracias por quedarte con él. -Nada.
¿Te importa si me quedo un rato más?
Es una buena historia. Quiero ver cómo acaba.
Hola. ¿Cómo estás?
Que Dios me perdone todo lo que he dicho de Tom Quigley.
-Es un héroe. -Cualquiera habría hecho lo mismo.
-Si él no hubiese estado allí... -Si yo lo hubiese matado.
Yo estaría muerto. Me salvó la vida.
Sí, ya.
Parece que se ha salvado él también.
Y esa Veronica Sloan bajó la persiana de la ventanilla.
Esa vaca se comporta como si el dinero fuese suyo.
¡Pues claro!
¡Porque lo roba!
El sobre olía a pegamento.
Perdonad un segundo. Tengo que ver esta carrera.
¿A qué viene esa cara?
Es por algo que ha dicho mi padre.
-¿Sobre el robo? -¿Cuál de ellos?
Venga, Emerson, muerde el anzuelo.
-¡Joder, la empleada! -Eso es.
La que se comporta como si el dinero fuese suyo.
-Sé que necesitas esto. -Eso es poco decir...
Pero...
-No me gusta cotillear. -Considérate una fuente.
Quedará estrictamente entre nosotros.
¡Venga!
Ya estoy con una historia sobre un robo.
Esto será la guinda, el final perfecto.
Al pueblo le encantará.
-Claro que le encantará. -Cuéntamelo.
Ha habido rumores de que esa Veronica estaba robando.
¡Increíble!
¡Madre mía, Ward! ¡Menudo soplo!
Enhorabuena, Patsy. Me alegro por ti.
En segundo lugar...
Me imaginaba que vendrías.
¿Y el fotógrafo?
Has venido a hablar del robo.
¿No?
Bueno, eso depende, Veronica.
¿De qué?
De qué robo hablemos...
-Que sea rápido. -Voy a publicar un artículo.
Sobre Maria Riedle.
Sobre alguien que le ha robado dinero a este pueblo.
20 000 a lo largo de diez años.
¿Ha hablado con el cerebro de la trama?
-Ella ha confesado. -¿Ella?
Lo ha hecho ante las narices de todos.
Cuando la gente lea su historia,
se preguntarán cómo ha podido pasar algo así.
Luego se preguntarán quién permitió que pasase.
Ya sabe a quién señalarán.
Y usted quiere negociar.
-Si no, ya lo habría publicado. -Lo retendré un poco.
Le daré tiempo para que se me adelante.
¿A cambio quiere...?
El informe de la fiscalía sobre Riedle.
-Imposible. Está custodiado. -Estaba.
Hasta el año pasado.
¿Cómo lo sabe?
Lo estudia una unidad de casos sin resolver.
Han digitalizado el archivo.
Y me encantaría que me lo imprimiese.
Podrían despedirme.
O con lo que le voy a dar, podrían ascenderla.
-Me recuerda usted a alguien. -Qué bien. ¿A quién?
No me acuerdo.
Pero me tocaba mucho los ovarios.
-Qué poco agradable. -Igual que usted.
A ver,
¿esa ladrona tiene nombre?
¡Veronica, abre la puerta!
¡Ay, Veronica!
¿Otro problema?
¿Con la necrológica de Veronica?
No, es un trabajo excelente.
Le dices al lector, sin decírselo,
que era una persona compleja y solitaria.
Me da pena.
La vida de Veronica era un grito de socorro.
Esperemos que cuando el pueblo lea esto, no vea...
a un monstruo,
sino a alguien que actuó mal, pero tenía sus motivos.
Veronica tenía necesidades insatisfechas.
Necesidades que no entendemos.
Y si robar le ayudaba,
-vale la pena pagar el precio. -Sí.
Pero no consigo entender
por qué se suicidó Veronica.
Llámame anticuado, pero era una mujer dura.
Siempre son los que menos te imaginas.
No sé, no me cuadra.
Veronica no parecía una suicida.
Lo siento, Hughie, pero eso me parece un poco insensible.
No, si es la verdad.
Espera, no he terminado.
Emerson está tocado.
Se culpa de haber sido demasiado duro con Veronica.
-¿Hablas con él? -No creo que yo...
¡Por favor!
Esto es... lo tuyo.
-¿Los suicidas? -Los afligidos.
Y ahora mismo, Emerson sufre.
Creo que no entendemos bien la muerte.
Deberíamos verla como una liberación.
Cuando hablas con la familia de un fallecido,
te dicen cosas como:
"Por fin ha encontrado la paz" o "Ahora es libre".
Si les das tiempo, te dirán cuánto sufría esa persona.
Porque todos sufrimos.
Y Veronica...
no era diferente.
Tú no le hiciste daño,
la liberaste.
Vivía con miedo a la vergüenza de que la pillaran.
Y ahora ese miedo ha desaparecido.
Intenta verlo así.
Es como lo veo yo y...
me funciona.
No estoy así por lo que hizo Veronica.
-¿No? -No.
¿Puedo contarte esto?
Sí, puedes contarme lo que sea.
Veronica tomó sus decisiones.
Desde robar a acabar con su vida.
-Exacto. -No es culpa mía.
-Para nada. -Lo que me preocupa es...
¿Que has necesitado un muerto para escribir algo tan bueno?
-¿Lo has leído? -Dos veces.
-¿Y? -Es lo mejor que he leído en años.
Así que eso es lo que te preocupa,
que te has beneficiado de la muerte de alguien
-y te has sentido... -Feliz.
No te preocupes.
No se lo contaré a nadie.
Ni a Mal.
A ella ya se lo he contado.
¿En serio?
-¿Y qué te ha dicho? -Que hablase contigo.
Que nadie entiende estas cosas mejor que Elvira Clancy.
Alguien se ha dado una alegría.
Toma, te he traído algo.
¿Para mí?
¿Puedes permitírtelo?
Pero, ¿qué digo? Claro que sí.
No, ya no.
-He perdido el trabajo de niñera. -¿Qué pasó?
-El mocoso de Callum. -El que llevamos de compras.
Se chivó a su madre.
Le enseñé a su hermano pequeño
una terapia de compras especial.
-¿Incluido esto? -Le enseñé todo lo que sé.
Y eso no es lo peor.
Su madre me denunció a los del paro.
-Toca buscar un trabajo de verdad. -Mira, he tenido una buena semana.
-Si necesitas dinero... -No.
Me han dado un teléfono nuevo y se lo venderé a un tío.
El pintalabios era para animarte. Aunque parece que no lo necesitas.
Seguí tu consejo sobre la carta.
La ignoré, me fui a casa y escribí para desahogarme.
Me alegro.
-¿No te quedas? -Tengo que irme.
Voy a celebrarlo con Emerson.
También ha tenido una buena semana.
Antes oía gritar a Sandy.
Ese recuerdo va desapareciendo.
Supongo que esto funciona así.
Pero se van creando nuevos recuerdos.
Recuerdos mejores.
Recuerdos con los que hasta ahora solo podía soñar.
¿Has cambiado de opinión?
Perdona, creía que eras mi amiga.
Aún no.
¿Vienes mucho por aquí?
Yo sí. Todos los días.
También el día que se cayó el señor Benson.
¡Ay, no!
¡No, no!
Sigo oyendo sus gritos.
Y veo su imagen cayendo.
Se repite en mi cabeza una y otra vez.
-Perdona, ¿nos conocemos? -Todavía no, Elvira.
Pero eso ya lo arreglaremos.
Te veo por ahí.
No, si te veo yo antes.
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