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Desde que tengo memoria,
mi vida siempre ha estado impregnada de muerte.
Hora de la muerte: 11:20.
¿Quién sabe si eso es malo?
Pero lo que sí sé
es que la muerte, como el chupete de un bebé,
siempre ha estado ahí, cuando he necesitado consuelo.
Por desgracia para mí,
el consuelo escasea.
Recuerda:
piensa en alguien que te caiga mal, aprieta el gatillo...
Vas mejorando.
¡Jo, he fallado!
Yo no estaría tan seguro.
Como el día que cumplí diez años,
junto a aquel ciervo muerto.
Fue la primera vez que mi padre me vio contenta.
Pero contenta de verdad.
¡Cómo recé para que no fuese la última vez!
¿Para qué es eso?
Dada la clase de persona que soy,
el colegio habría sido una tortura, si no hubiese sido por dos claves:
la escritura
y mi mejor amiga: Mal.
Ya verás que sí.
Tú preséntate, que ganas el concurso seguro.
Un par de palabras chulas y los tienes en el bote.
¿Y si eso no funciona?
Imagínatelos desnudos.
Venga, empieza.
"Aquel día,
mientras destrozaba el cráneo del abusón contra el aparador,
se sorprendió de que..."
Imaginármelos desnudos no funcionó,
¿pero imaginármelos muertos...?
¡Bingo!
"El sonido de las roturas intracraneales
mientras el cerebro salpicaba las paredes,
era como una melodía que aquella niña no había oído nunca".
Entonces me di cuenta de que la muerte y la escritura
formaban una pareja poderosa,
y de que aquello era la felicidad.
Por supuesto, como todo lo que me traía paz,
fue efímero.
Y cuando por fin me atendió un médico por la depresión,
solo hablamos de pastillas,
de muchas pastillas.
Pero hace cinco años, dejé todo eso.
Me tenían atontada,
perdía el tiempo haciendo chorradas que ni recuerdo.
Resumiendo: me tenían más muerta que viva.
¡Elvira!
-Y yo quería sentirme viva. -¡Elvira!
Y entonces ocurrió algo maravilloso.
Dicen que si quieres escribir,
debes sentarte, abrir una vena
y desangrarla sobre la página.
No está mal como consejo.
Y aquí estoy:
nueva redactora de necrológicas del "Kilraven Chronicle".
Un puesto con el que soñaba.
Y, sin embargo,
sigo sin encontrar esa felicidad que anhelo,
como la pieza del rompecabezas perdida entre los cojines del sofá.
Cuando termines, envíala.
-¿Y luego qué? -Esperas a que muera alguien.
¿Y cuándo será?
Clancy, no vuelvas a decir eso.
Tu trabajo es escribir necrológicas.
Usar ese talento que dices que tienes para revivir a los muertos,
para dar voz a quien no la tiene.
No ponerte a rezar para que algún pensionista la palme.
-¿Qué miras? -Nada.
Pues ponte a trabajar.
No se escribirá sola.
Población: 5000 y bajando.
Kilraven es como un parque de atracciones en invierno.
Sus habitantes están convencidos
de que si saliese el sol,
si reabriese la fábrica,
si se fuesen los de fuera,
volverían a tener una buena vida.
A simple vista,
un lugar atrasado, de manual,
pero como dice mi padre:
bajo esa fachada anodina
se esconden un montón de mierdas raras.
¡Ay, las funerarias!
El paraíso.
Y no solo por la paz y tranquilidad de los restos mortales.
Veréis,
la gente va por la vida sonriendo, como si fuese idiota,
ocultando cómo se siente en realidad.
Aquí no hay sonrisas,
solo lágrimas, dolor e impotencia.
Aquí ves a la gente como es en realidad.
¡Caramba!
Ese director de pompas fúnebres medio ciego
lo ha revivido más que mi necrológica.
Mi madre te ha dado propina.
Insistió.
Pues quiere que se la devuelvas.
Dice que has escrito una mierda.
Aun no he encontrado la voz.
Me ha dicho que llevas en esto seis meses.
Esperábamos algo mejor.
Mira,
mi padre era agricultor
y feniano.
No, era un gordo de mierda que casi no cabe en el ataúd.
Y por lo que has escrito, parece que ni lo conocías.
Y ni te has molestado en conocerlo.
Aunque, que yo sepa, es tu trabajo.
-Patsy. -Tom.
Siento mucho tu pérdida.
Y yo la tuya.
Redactora de sucesos.
Para algunos, un trabajo interesante.
Pero para otros, es una muerte lenta,
entre crímenes sin resolver.
¿Quién te hizo esto?
Para Clive, y para todo Kilraven,
eso significaba Maria Riedle.
Clive, a mi despacho, ya.
Anda, la parca.
Surge tras el escritorio de la muerte.
Dime, ¿es verdad lo que dicen?
¿Qué dicen?
Tus compañeros afirman
que escuchas los sucesos mientras tecleas tontadas.
A mí tampoco me gusta, pero solo tenemos dos opciones:
o te haces free lance o te vas.
¡Treinta años no significan nada!
-¿Y qué hago? -¿Sabes qué te digo?
-¿Qué? -¡Vete a la mierda!
¡Clive, venga!
¡Dios!
¡Clancy!
Clive dimite. Lo ha decidido él.
Le has pedido que se haga free lance.
Las ventas han bajado.
Tengo que fusionar agricultura con moda.
Vas a matar a Kate.
-¡Ni hablar! -Ya está.
Ha recibido el correo.
Podrías fusionar nacimientos con defunciones.
-Eliminar intermediarios. -Y tú mejorar un poquito.
Así las familias dejarán de protestarme.
Mira,
cobrarás 200 por necrológica.
-¿Sin sueldo fijo? -Vemos sobre la marcha.
¡Hughie!
En este pueblo promediamos un muerto cada diez días.
-A veces he esperado semanas. -¿Y eso no es bueno?
-¡No, si mantengo a mi padre! -¡Anímate!
Al menos tú sigues siendo periodista.
No estás atrapada aquí, como yo,
trabajándome la úlcera con hojas de cálculo.
Pero...
-¿De qué voy a vivir? -No lo sé.
Puedes empezar a matar gente.
Puedo empezar por ti.
Puedo empezar por ti.
Así me gusta.
Venga, arreando.
No se escribirá sola.
Como en aquella época tenía mis propios problemas,
no vi las señales.
pero de repente, un día, mi padre se levanto y decidió,
en fin, darse a la bebida.
Oye, he oído por ahí que a los free lance
les pagan por columna o incluso por palabra a veces.
O tal vez nunca.
¿Qué tal la cabecita?
Estaría mucho mejor si dejases la botella.
Oye, estoy aquí, si quieres hablar.
Ya.
Lo mismo digo.
Puedes buscar otro empleo en el pueblo.
¿Habéis visto que no ha dicho otro empleo en otro pueblo?
El pobre no concibe el futuro sin mí.
Sé que crees que no tienes futuro, pero...
La escritura es lo único que tengo.
Este trabajo, papá,
es mi vida.
Y sabes que si yo no tengo dinero, tú tampoco, ¿verdad?
¡Madre de Dios!
¡Tachán!
Te digo una cosa:
nadie maltrata a mi hijita y menos ese capullo de Hughie.
¡Cierra la puerta!
Me duele verte así.
Podría desempolvar mi currículo.
¿Me vas a decir que me lave las manos?
No. Currículos, papá.
Eso he dicho.
Eso es lo que he escrito.
Pero la vida no es un currículo.
Hay mucho más.
-A mí me gusta como escribes. -Ya.
-Pero puedo hacerlo mejor. -¿Cómo?
No siempre, pero a veces, mi padre me inspira.
Escribiré adelantos.
Necrológicas para los premuertos.
-¿Como zombis? -Como Michael Jackson.
-Que parecía un zombi. -Y cuando murió,
los periódicos subieron su necrológica a la red.
Llevaban años creándola, investigando, retocándola.
La tenían lista para imprimir.
-¿Y qué harás? ¿Buscar viejos? -Enfermos.
Personas al borde de la muerte.
Y las escribirás antes de que mueran.
Estos adelantos, con reflexión y tiempo,
serán sentidos y conmovedores.
No mierdas improvisadas mientras echan tierra sobre el ataúd.
A las familias les encantará.
A Hughie no le quedará otra que volver a ponerme sueldo.
¿Qué se siente, Alice?
¿Al morir?
Al saber que te estás muriendo.
-Es Rose quien me preocupa. -¿Tu hija?
Es tonta de remate, un marimacho.
No creo que salga adelante.
Tendrá que pasar el duelo.
Dicen que hay etapas...
Negación, ira, negociación, depresión y...
-¿Suicidio? -No.
Aceptación.
Oye,
¿quién eres?
Lo sé, no debería.
Pero...
Tu hija.
Rose.
¿Te acuerdas?
¡Ay, Dios!
Estoy aquí, mamá.
Por fin has adelgazado.
Pero, ¿no podías maquillarte un poquito?
¿De qué hablábamos?
Me estabas explicando cómo aceptar la muerte.
¿Quién ha dicho que me muero?
No me hacen caso.
Ya, la historia de mi vida.
¿Por qué la gente dice eso?
"La historia de mi vida".
Porque todos la tenemos.
Y yo mataría por oír la tuya.
"Para Alice, el viaje de descubrimiento
no consiste en buscar nuevas tierras,
sino en ver las viejas tierras con ojos nuevos".
Quita la última frase.
No eres el puñetero "Praust".
Proust.
¿No te gusta?
Enhorabuena por el plazo de entrega. Ni se ha enfriado aún.
Pero Clancy,
tus palabras chirrían, y deberían cantar.
Hazlo mejor o no lo hagas.
¿Que lo haga mejor? Vale.
¿Qué tal un muerto paseando?
O bueno, trepando.
-Es un trabajo peligroso, ¿no? -¿Quién lo dice?
¡El instituto nacional de estadísticas!
Dicen que el índice de accidentes en tejados está...
por las nubes.
¡Nada me matará! ¡Ni el tejado ni las estadísticas!
Lo siento, Bob, pero las estadísticas dicen lo contrario.
"Siempre en busca de las alturas,
Bob coloca la escalera por última vez.
Se ha ido, pero no lo han derrotado".
Quita la última frase, que no eres el puñetero Hemingway.
Mira, se nota mejoría.
Solo había dos erratas.
En el pueblo creen que mi siguiente adelanto
será para el hombre más majo de Kilraven.
Mi padre discrepa.
Pero es que este hombre tiene cáncer, en fase cuatro.
Y como no hay fase cinco, es cuestión de esperar.
CALENDARIO ENERO
FEBRERO
Y esperar.
Y esperar.
Y esperar.
Y esperar.
Y esperar.
Y...
Qué buen día hace.
Es rarísimo.
Este moribundo se niega a morir.
Que buen día hace.
Su cuerpo grita "cáncer".
Que buen día hace.
Sin embargo, cuatro semanas después de mi último óbito,
Sandy sigue en este mundo.
Que buen día hace.
Mi cuenta bancaria está en las últimas
y mi trabajo, inédito.
Que buen día hace.
Mis palabras, atrapadas en el disco duro.
Los tumores de Sandy, luchando por vivir.
Un martillo neumático taladrándome el cerebro.
¿Qué coño hago?
-¿Qué coño haces? -Que buen día hace.
¿En serio?
Nadie en su sano juicio pensaría que hoy hace buen día.
¿Crees que no estoy bien de la cabeza?
¡Por fin has dicho una frase con sentido!
No puedes hablarme así. Estoy enfermo.
Bienvenido al puto club.
-Ve a buscarlos. -Oblígame.
Vale.
-¡Te voy a denunciar! -No, te he salvado.
¡Jesús me ha salvado!
Eres más idiota de lo que pensaba.
-¿No lo sabes? -¿Qué?
El pueblo se ríe de vosotros.
La rata de alcantarilla que no vale para padre.
La monstruita que espera que se muera alguien.
Pero tu madre...
Estaba buena la tía.
Lástima que muriese ella y no tú.
-Tenías razón. -¿Lo reconoces?
-Me empujaste. -No.
Se ha quedado un buen día.
Mentiría si dijese que no fantaseaba con hacer algo así un día,
pero no imaginaba lo que sentiría.
Señora Benson, gracias por recibirme.
Sé que es raro,
porque fui yo quien vio a su marido...
resbalar,
pero no le robaré mucho tiempo.
-El caso es... -Ya.
Sus palabras ayudarán a recordar a Sandy.
-Y cuanto más sepa... -Mejor podré,
perdone la expresión, devolverle la vida.
Bien.
Pero nos emborracharemos.
Allí estoy, debajo de aquel arce enorme,
la primera vez que hago el amor,
pero allí hay un granjero, mirándonos,
con sus frisones detrás.
Yo me las coloco...
Que siguen siendo fabulosas.
Y mi marido, todavía a media asta,
¡le ofrece un segundo pase!
Sandy podía ser muy bruto.
A ver si me dejan poner eso.
Bueno,
y eso es todo.
¿Segura?
Porque yo creo que nos falta algo.
Mire, off the record...
Vale.
Sandy estaba...
en remisión.
Los últimos cinco años,
Sandy no estaba enfermo.
Pero le encantaba la atención.
Llevaba un blog con sus altibajos. Todo el pueblo lo leía.
Mentiras.
Podría haber vivido 30 años más, si no se hubiese caído.
¡Ay, guapa, estás llorando!
Perdón.
Ha sido la sorpresa.
Creía que a Sandy le quedaban meses, no...
años.
Años que yo le arrebaté.
Creía que mataba a un moribundo, cuando en realidad,
maté a un hombre que merecía morir.
Tranquila, cariño.
Nunca me había sentido tan feliz.
Y todo el mundo quiere ser feliz.
¿Verdad?
"Tristemente, no podemos hacer nada por Sandy,
salvo recordarlo,
como sin duda hará su esposa, Margo,
quien confía en reencontrarse un día con él, bajo el arce del cielo,
donde retozarán como adolescentes,
mientras los frisones los observan".
No, no. Sé que esta es buena.
-No puedo publicarla. -Tus erratas me...
Margo,
la mujer de Sandy, no quiere que lo declaren muerto.
Pero...
está muerto.
No han recuperado el cadáver. Esperará los siete años.
¿Y nadie leerá mi trabajo?
¿Y no cobro?
Lo siento, Clancy.
Me duele tanto como a ti.
No importa.
Me gusta lo que he escrito.
He encontrado mi voz.
Una voz cuya musa es el asesinato.
Por supuesto, debería parar,
pero ahora no es buen momento para mí.
¿Nos vemos luego?
El primer asesinato es como el primer orgasmo.
Te sientes culpable.
Patsy sigue con esa tos.
No estás segura de cómo ha ocurrido.
Cinturón.
Pero estás segurísima de que quieres otro.
Al menos es lo que dice Mal.
¿Dónde te han dado el carné? ¿En una puta tómbola?
-¿Ese quién es? -Sylvester McHugh.
Un constructor que ha vuelto de Londres.
Lo subcontrató todo con tanta prisa, que murieron tres chicos.
Y Kilraven recibe a ese gilipollas con los brazos abiertos.
Como ya he dicho,
a veces mi padre me inspira.
Te digo una cosa:
alguien debería cortarle las alas antes de que sufra alguien más.
A ver, por ahora no ha pasado nada, pero debo ser lista,
es decir, que no me pillen.
Y para eso hay que elegir bien, es decir,
elegir a alguien que se lo merece.
Y,
¿Sylvester se lo merece?
¡Ay, Mal!
Eres mi mejor amiga,
pero tienes un gusto pésimo para los hombres.
Estamos en el mismo barco.
Ninguna queremos al típico friki que ha vivido siempre en Kilraven,
-pero en serio, Mal, encontrarás... -¡Algo mejor!
Elvira,
llevas repitiendo la misma chorrada cinco años.
Mira...
¿Qué?
Las navidades pasadas oí a las hermanas Scriney.
Esas zorras decían que las chicas como nosotras,
que no habían salido del pueblo, no eran como las universitarias.
Yo fui a la universidad.
Vale, a distancia, pero tú también.
Un mes fundiendo pasta en MDMA no es ir a la universidad.
Decían que nos habían robado los sueños,
que nuestros cerebros no madurarían, porque no habíamos salido de aquí.
Entonces conocí a Sylvester.
Él ha visto mundo.
Bueno, Londres.
Por eso quiero estar con él.
¿Cómo no me va a gustar?
Ese tío es un... triunfador.
Pensaréis que esta loca y yo no tenemos nada en común.
Pues estáis muy equivocados.
Nuestras madres murieron.
La mía en un charco de su propia sangre.
La suya en una despedida de soltera en Liverpool.
Vaya rollo de sitio, ¿verdad?
¿Qué tal el sexo?
Nunca me preguntas por mi vida sexual.
Ni tú a mí por la mía.
Dice que le doy mil vueltas a su mujer.
Escucha esto: anoche estaba encima de mí
y empezó a sacudirse como un loco.
¿Y eso no es bueno?
Tuvo un ataque epiléptico.
Se olvidó de tomar las pastillas.
Los tíos babean conmigo.
Oye, Mal, de esos tíos...
-pasa, son peligrosos. -Tiene carácter.
Le pone como loco el trabajo, pero yo sé cómo...
¡Joder!
Toma el mío.
-Solo es un helado barato. -No es solo el helado, Elvira.
¿Sabes?
A veces me siento...
¿El hazmerreír?
Perdida.
Me dicen que me vaya del pueblo. ¿Por qué?
¡Soy de aquí!
-Quiero que me pase algo aquí. -¿Qué?
¡No lo sé!
Pero que pase algo.
Esperaré, si hace falta.
Yo estoy harta de esperar.
Parece que Sylvester se ha propuesto herir a todos los que le rodean.
Así que, si mi propósito en la vida es matar,
creo que pondré reglas,
y una será
que nadie hará daño a alguien a quien yo quiera.
Este pueblo es pequeño,
así que no puede haber la mínima sospecha de asesinato.
Todo deben ser accidentes o suicidios,
obra de Dios o sexo que se torció.
Hace tiempo, un periodista abrió una imagen que recibió por Twitter.
Era una luz estroboscópica.
El hombre, que era epiléptico,
sufrió un ataque y estuvo a segundos de morir.
Pero podría haber sido peor.
Podría haber estado atrapado en el maletero de un coche.
Para hacer esto es crucial investigar,
en este caso en la dark web, y una lata de ketamina.
Con la cantidad adecuada, se acabó todo.
Pero con un par de pulverizaciones, es la hora de la siesta.
Sylvester se pasará los próximos días
tomando algo de mi botiquín.
También es crucial la información,
y como ella me lo cuenta todo,
siempre sé cuándo y dónde
han quedado Sylvester y Mallory.
¿Has visto?
Chulísimo.
¿Cómo lo haces?
¿Qué hago?
¡Vaya, hola!
Conseguir que la gente se abra así contigo, en su peor momento.
Me relaciono con personas consumidas por la muerte.
Súmale los sedantes y la comida espantosa,
y piensan que para qué llevarse secretos a la tumba.
Emerson Stafford.
-Elvira... -Clancy.
Lo sé.
¿En qué estás trabajando?
Es una sorpresa.
¿No es un poco deprimente?
Las necrológicas.
Dedico dos líneas de cien a la muerte.
El resto es una celebración de su vida.
Sí, pero te ganas la vida con la muerte.
-Las tabacaleras también. -Y los redactores de sucesos.
Ocupo el puesto de Clive, así que, trabajaremos juntos.
Sé que el nuevo será la comidilla de la redacción,
pero tranquilos, me pagan por pieza.
Aunque se cabrearán, porque la mitad de los artículos serán míos.
Oye, ¿tienes plan para luego?
Pensaba tomar algo en el "Mariner".
¿Qué tal a las nueve?
Mucho mejor que nunca.
Nos vemos.
Esta iba a ser la última noche de Sylvester en la tierra.
Ambos hemos tenido suerte.
-Perdón, llego tarde. -No pasa nada.
-¿Qué haces tú aquí? -Yo también me alegro de verte.
¿Qué tomas?
Lo que esté tomando Mallory.
Ya que le gusta lo mismo que a mí.
¿Y esto a qué viene?
Dijiste que aparecería algo mejor.
Y me lo encuentro a él.
-¿Qué? -Podría ser casado.
O gay.
No te gustará, ¿no?
Bien.
Oye, Emerson,
Elvira cree que eres gay.
-Y estoy de acuerdo. -Qué va.
Pues siento decepcionaros.
Aclarado.
Dime, ¿cómo has acabado trabajando en nuestro pueblo
para ese memo de Hughie?
A mí me cae bien Hughie.
Al menos va de cara.
Te cae bien porque te permite tus asesinatos.
¿Sí? ¿Te permite tus asesinatos?
Dinos, Emerson, ¿por qué periodismo?
¿Y por qué aquí?
-Os reiréis de mí. -Para nada.
Fue en el funeral de mi primo. Yo tenía nueve años.
Él seis y se ahogó.
-¿Piscina, río o mar? -Mar.
Tenía un gemelo, y el día del funeral,
sus padres, por alguna razón que desconozco,
decidieron vestirlos igual.
Imaginaos: yo allí, con nueve años,
mirando el ataúd, con mi primo allí metido,
le ponen la tapa y lo entierran.
En latín hay 16 palabras para decir "amor",
y ninguna para lo cachonda que me he puesto.
Pero había otro niño,
ante mí, idéntico al que acabábamos de enterrar.
Creí que estaba ante un fantasma. Eso te cambia.
Volví a casa y se lo conté a mis amigos.
Y tuvieron las peores pesadillas de su vida.
En ese momento supe que mi trabajo
sería contar al mundo las historias más raras.
¿Y qué mejor lugar que Kilraven?
No tenemos ni "Penneys".
Pero sí personas como Mal, atracadora a mano armada.
"Armada" es mucho decir.
-Con un palo de golf. -Un putter.
Te llevaste 2000.
Habría sacado más si hubiese sido el Penneys.
-¿Te condenaron? -Suspensión de condena.
18 meses si piso otra vez el juzgado.
Bueno, tendré que escribir tu historia.
Ladrona reformada hace el bien.
Igual la escribo yo.
Ladrona reformada muere.
-No tengo teléfono, ¿me dejas...? -Sí, usa el mío.
¿Me has seguido hasta aquí?
Es el de hombres.
Claro.
Por eso huele así.
No sé cómo lo hace, pero he vuelto a sentir lo de antes.
Y ahí está esa otra sensación.
BORRAR ¿SEGURO?
-Tengo que irme. -Quédate.
A Mal y a mí nos encantaría.
¿Dos claras y ya habla de Mallory y él?
Mi padre está malo.
Dale el teléfono a Mal.
¿Todo bien?
Vale.
Bueno, ¿qué hace aquí aparcada?
Solo iba a coger el carné de conducir.
Vengo por aquí a veces a...
despejarme.
Curioso.
Porque la gente viene aquí a consumir drogas.
¿Ha consumido drogas?
¿Ha bebido?
-Solo una. -¿En serio?
Porque parece muy nerviosa.
-¿Está nerviosa? -No.
No le importará que registre el coche, ¿verdad?
Adelante.
¿Lleva algo en el maletero?
Solo un cuchillo de caza de 20 centímetros
y luces estroboscópicas para matar a un hombre.
Vale.
Pero ábralo, por favor.
Es que está roto.
Tendrá que hacerlo usted misma.
¿De qué es la lata?
Es que siempre se atasca y...
Rose,
tenemos un aviso: doméstica.
Dame un segundo.
Alice trabajaba por las noches en Fruit of the Loom.
Se pasaba toda la jornada haciendo cestas,
pero llegaba a casa con tiempo para hacerle el desayuno a su hija.
Era una mujer con glamur, y su especialidad eran...
Las cestas elegantes,
de tiras de fresno con las que formaba patrones...
Que remataba con flores talladas...
Tal y como había hecho su madre.
Y como esperaba que su hija Rose hiciese también algún día.
¿Escribió usted la necrológica de mi madre?
Hablamos antes de que falleciese.
Me dijo que usted lo era todo para ella.
Pues vaya manera de demostrarlo.
A mí nunca me dijo nada.
Imagino que aceptar su muerte habrá sido difícil.
Le decía que adelgazase, que se casase,
que se maquillase y fuese al gimnasio.
-Ha quedado claro. -Lo que quiero aclarar es...
que me dijo que usted era hermosa.
Y que le habría gustado decírselo más.
¿Le dijo eso?
¿Con esas palabras?
Yo no conocí a mi madre.
Y moriría tranquila, si supiese lo que pensaba de mí.
Vaya con cuidado.
Señorita Clancy,
cuando llegue mi hora,
quiero que escriba mi necrológica.
Hecho.
Y yo deshecha.
Esto no es para mí.
Han estado a punto de pillarme.
No puede ser.
¡No!
Esto se acaba aquí.
¿Así que aquí encontraron el cadáver de Maria Riedle?
¿Estás bien?
Lo tienes en ambos pulmones, dicen.
El resto de archivos, esta semana.
¿Primer agente que acudió?
Si quieres el informe de la fiscalía,
tendrás que moverte.
La Mallory que te mencioné,
la última persona que vio a María viva.
Han pasado cinco años,
pero te aseguro que recuerda todos los detalles.
En eso ya te llevo ventaja.
No te he traído aquí para que mojes.
No, me has traído para que termine lo que tú no pudiste.
Emerson, este es el trabajo de mi vida.
Dios, es que no lo entiendes.
¡Es alemana! ¡La historia es internacional!
Si tu trabajo lleva a la detención del asesino de Maria Riedle,
hablamos de libros, películas...
-En alemán. -¡En todos los idiomas!
¿Netflix?
Yo pensaba más en Sky, pero hablaremos también con ellos.
He captado tu atención.
Oye, sobre nuestro trato,
cambio de planes.
Cuando detengan al asesino,
no te daré la mitad de mis ahorros. Te lo daré todo.
¿Sí?
-¿Y el pero...? -Ni un céntimo,
si no acabas antes de que me muera.
¿Y cuándo calculas que será eso?
Estoy en ello.
¿Seguro que fue ese malnacido? Y yo no digo que sea él.
-¿Seguro que fue su marido? -Segurísimo.
Demuéstralo.
-Nos vemos. -Venga.
¡Elvira!
¿Borracho otra vez?
-No siempre he bebido. -Ya.
-Solo estos últimos años. -Sí, bueno...
Tal vez algún día te diga por qué.
Pero por ahora, disfruta, ¿vale?
Y lo dejo cuando quiera, aunque la verdad,
-tampoco me gusto sin alcohol. -Sí, ya.
-La gente cambia, papá. -Sí, y los cerdos vuelan.
¡Madre de Dios!
¡Venga, pírate, paleto!
-¡Capullo de Tom! -Gilipollas.
Ha denunciado a su hermano por el testamento de su padre.
El pobre no está bien de la cabeza.
Y ahora se te tira delante.
-Ese tío es un peligro. -No.
Si digo que se acabó, se acabó.
Prometiste revisarme el sueldo. Ahora es buen momento.
¿Has leído The Lancet, Clancy?
Dicen que la gripe este año viene tarde,
pero con mucha fuerza.
Así que, eso es lo que llevas ganado.
Así que no hay revisión.
Te pago lo de Sandy Benson.
No puedo publicarlo,
pero la calidad merece reconocimiento.
Aquí hay por dos necrológicas.
¿Conoces a Sylvester McHugh?
Creo que no.
Una figura polémica.
Lo encontraron desplomado al volante de su coche.
¡Las pastillas!
Su mujer dice que tenía epilepsia.
Esa es la línea oficial.
¡Olvidé cambiarlas!
Mira, con la necrológica de Sandy...
Lo he hecho yo. He sido yo.
...se notaba que por fin conocías a la persona sobre la que escribías.
Ya te digo yo que sí.
Y además, me inspiró.
Ver que no tenías nada, pero buscaste y encontraste,
me ha impulsado a volver al periodismo de verdad.
Grandes o pequeñas,
este pueblo está lleno de historias.
Y las encontraré.
¿O sea 200 por necrológica?
La desesperación es un acicate. A ver adónde nos lleva.
¿Tú sabes lo que haces?
Crear a una buena periodista.
No, apuntar con un lanzallamas a este pueblo.
Tú sigue trabajando como estas últimas semanas.
¿Y si vuelve a escasear el trabajo?
Ya se te ocurrirá algo.
-Hola, guapo. -Hola.
-¿Nos vamos? -Venga.
-Ten cuidado. -Perdona.
Dicen que si quieres escribir, debes sentarte, abrir una vena
y desangrarla sobre la página.
Pero, ¿de quién es la vena?
¿A qué sangre se refieren?
No importa. Hughie tiene razón.
Esto no se escribirá solo.
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