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Anteriormente...
Tengo un amigo que supervisa la prueba de sargento.
- Ha aprobado. - Bromea.
-¿Preparado para ser jefe? - No lo sé.
Ya lo descubrirá.
Se te da muy bien.
Mira.
Hola.
Se llama Hugh Rasmussen. Según su secretaria
era socio de Fairchild and Rasmussen.
- Un gran bufete de Wall Street. -¿Cómo os enterasteis?
Lo encontró la secretaria. Se llama Judith Howell.
- Sobre las 8:30. -¿Aún trabajaba a su edad?
Estaba jubilado, pero la mantuvo, así que venía a diario
- para lo que necesitara. - No hay moratones visibles.
Dice que al entrar tenía la almohada en la cara.
-¿Dónde está? - En el salón.
-¿Sra. Howell? -¿Sí?
¿Qué pasó esta mañana?
Llegué a las 7:30, como siempre. Entré.
Me hice una taza de té, esperé en la cocina.
Sobre las 8:15, al no oír nada del Sr. Rasmussen,
entré en el dormitorio, y ahí lo encontré.
-¿De dónde venía? - De mi casa,
en el 32-20 de Crocheron Avenue, en Flushing.
- Debe salir temprano. - Sobre las 6:15.
-¿Cómo va al trabajo? - Voy en coche a Long Island City, aparco
y cojo el tren número siete.
-¿El Sr. Rasmussen estaba casado? - Sí.
-¿Sabe dónde está su mujer? - Sé que aquí no.
Creo que un amigo suyo la recogió esta mañana.
A dónde fueron, ya no lo sé.
-¿Desde cuándo trabaja para él? - Empecé en 1977.
- Debía estar muy unida a él. - Lo estaba.
Bueno, sentimos mucho su pérdida.
Muchas gracias por decirlo.
-¿Qué pasa? - Ella es la mujer.
Parece que ha habido un accidente.
Hugh está muerto, Amy.
-¿Qué? - Alguien lo ha asfixiado
con una almohada en la cara.
Judith, ¿nos deja un momento con Amy, por favor?
Estaré en la cocina si me necesitan.
Siéntese.
Sabemos que es un momento difícil y es un gran golpe,
pero tenemos que hacerle unas preguntas.
¿Le traemos algo de beber?
No, procedan. Pregúntenme lo que necesiten.
¿Última vez que vio a su marido?
Cuando me fui al gimnasio esta mañana, sobre las 6:30.
¿Todo parecía normal?
Le di un beso de despedida. Le dije que nos veríamos en el almuerzo.
¿Cuánto tiempo llevaban casados?
Este julio haría dos años.
¿Tenían buena relación?
¿Lo pregunta por la diferencia de edad?
- Es mucha diferencia. - Ya, y la gente toma a Hugh
por un viejo verde y a mí por una cazafortunas.
Todo el que juzgue y opine
que se vaya a la mierda.
-¿Dónde está? - En el dormitorio.
- Quiero verlo. - No querrá
- pasar por eso. - Es mi marido y quiero verlo.
- Tenía 80 años, su mujer 28. - Al parecer lo asfixiaron.
-¿Algún historial de violencia doméstica? - No que sepamos.
Hay 52 años de diferencia entre ellos.
Sus corbatas tenían más años que ella.
Bueno, comprobamos el teléfono. Su abogado vendrá
para detallarnos su acuerdo financiero.
-¿Antecedentes? - Es atractiva.
¿Esos son sus antecedentes?
No, quiero decir que realmente no lo sabemos.
- Estaría bien averiguarlo. - Por supuesto.
Le mantendremos informado.
¿Hoy asciende?
- Sí. - Sargento Sipowicz.
Enhorabuena.
-¿Qué te cegó? -¿Cómo?
¿Lo has planchado para la ceremonia?
Sí, lo llevé al sastre a que cosiera los galones de sargento.
Seguro que está perfecto.
¿A dónde llevarás a la familia?
- Reservé en Shun Lee. - Qué bien.
Un cadáver, posible homicidio en la residencia de ancianos.
-¿Quién va? - Yo.
Vaya con Medavoy, en el 625 de la 23a al Este.
-¿Qué pasa? - La fallecida es Olive Rosenthal.
No fue a desayunar esta mañana.
Una auxiliar fue a buscarla y la encontró muerta.
¿A qué hemos venido?
El doctor no firma la defunción.
Está al lado. Se llama Shawn Marra.
- Doctor Marra. - Sí.
¿Qué pasa?
Me llamó la directora para venir y examinar a la Sra. Rosenthal,
y firmar el certificado de defunción. Y al llegar,
vi una mancha de sangre en su camisón, por el abdomen.
Miré debajo y vi una marca de inyección.
-¿Cuándo la vio por última vez? - Hace unas dos semanas.
-¿Estaba bien? -¿Para su edad? Sí.
Lo que dice que es una marca de inyección,
-¿podría ser otra cosa? - Hay un moratón,
y creo que una marca de aguja.
A ver, no puedo declararlo definitivamente sin autopsia.
No puedo declarar esa causa de la muerte.
Pero por el momento, no pienso firmar que haya sido
por causa natural.
- Bien. ¿Está por aquí la directora? - Por aquí. Se llama Lillian Jacobs.
- Sra. Jacobs. - La misma.
Soy el inspector Medavoy. Él es el inspector Jones.
¿Qué puede decirnos de la Sra. Rosenthal?
Llevaba con nosotros unos seis meses.
No había nada raro en ella.
¿Han tenido conflictos con ella?
Ninguno, que yo sepa.
-¿Qué auxiliar la encontró? - Sería Eleanor.
Eleanor, son inspectores.
Cuéntales qué ha pasado esta mañana.
Al no venir la Sra. Rosenthal a desayunar,
fui a buscarla.
Vi que no respiraba y pulsé el botón de alarma.
Eleanor cuidaba a la Sra. Rosenthal a jornada completa.
¿Podía entrar alguien más en su habitación?
Podía tener visitas. Pero por norma, del personal
no entraba nadie salvo Eleanor.
¿Puedo hablar un momento con ustedes en privado?
Es que estas cosas pueden ser muy desagradables
para los residentes. Mejor no hablen con ellos del tema.
- Bueno, tal vez sea inevitable. -¿Por qué?
En homicidios, se habla
con conocidos de la víctima.
A ver, lo primero, no se sabe que sea un homicidio.
Y segundo,
¿cuánta información creen que obtendrán de esas personas?
No lo sabremos si no hablamos con ellas.
¿Cuál era el acuerdo financiero entre Rasmussen y su mujer?
Si se divorciaban, independientemente de quien lo pidiera,
sería una adquisición total de 500 000.
Si estaban juntos al morir él,
- ella heredaría la mitad del patrimonio. -¿Y la otra mitad?
Estaba dividida entre empleados, amigos.
Había repartos cuantiosos a instituciones.
- Y creó un fideicomiso para su hermano. -¿De qué valor?
En total, unos 120 millones.
¿Sabe si él y su mujer se llevaban bien?
No sé qué tipo de acuerdo tenían,
pero parecían llevarse bien.
-¿Qué quiere decir? - Que ella tiene 28 años.
Precisamente, no adaptó su estilo de vida
al de un señor de 80 años.
¿Está diciendo que tenía otras relaciones aparte?
Al menos una, que yo sepa.
-¿Quién es él? - Solo lo sé
porque su contable me mostró un gasto inexplicable de 42 000 dólares.
Cuando le pregunté a Hugh,
me contó que era de una furgoneta para un amigo de Amy.
-¿Su nombre? - Richard Pencava.
¿Y dónde podemos encontrarlo?
Intenté ponerme en contacto con él.
Amy convencería a Hugh de que era una relación inocente.
Pero a mí no.
Es la hija de la mujer del asilo.
No es un asilo. Es una residencia de ancianos.
Disculpe.
Soy el inspector Medavoy y él es mi compañero, el inspector Jones.
- Nora Rosenthal. - Hola.
¿Por qué no entramos aquí?
Les pido disculpas. Recibí la noticia de mi madre
hace dos horas y apenas lo he podido asimilar.
Es muy duro perder a una madre. Perdí a la mía hace unos años.
Y aún se me encoge el corazón de pensarlo.
¿Cómo va la investigación?
Estamos esperando los resultados toxicológicos
del despacho del forense.
Mientras, buscamos a quien pudo acceder a su habitación.
Está claro que le inyectaron algo.
Según los análisis preliminares,
- sí. - De acuerdo.
Deberían centrarse en una persona.
Se llama Eleanor Jackson.
Creo que vive en Gun Hill Road en el Bronx.
Les daré la dirección exacta desde mi oficina.
¿Quien encontró a su madre esta mañana?
- Fingiendo que la buscaba. -¿Qué le hace sospechar de ella?
La contraté para que estuviera con mi madre todo el tiempo.
Y lo que cada vez veía más
era que imponía su voluntad de maneras poco apropiadas.
-¿Cómo? - Recolocando muebles,
opinando de cosas que no le incumbían.
No parece para tanto, pero no le pagaba para eso.
Eso está muy lejos de cometer un asesinato.
También creo que robaba.
La última vez que fui, detecté que faltaban cosas.
-¿Cuándo fue eso? - Hace como un mes.
Seguro que si registran su casa,
encontrarán lo que falta.
De momento, no podemos registrar su casa.
Veamos si les puedo ayudar.
Sra. Rosenthal, tiene que demostrar una "causa probable"
para conseguir una orden de registro.
Soy juez del Tribunal Supremo del Estado de Nueva York, inspector.
Sé todo lo que se requiere para conseguir una orden de registro.
Sin duda, investigaremos a Eleanor Jackson.
- Arréstenla. - Si es necesario, lo haremos.
Esperaré noticias suyas al final del día.
-¿Quiere un caramelo? - No, gracias.
-¿Y su amigo? - Gracias. Estoy bien.
¿Qué puede contarnos de su amiga Olive?
Pues llegó aquí hace seis meses. Un poco tímida al principio.
-¿Y se hicieron amigas? - Comprendí lo que le pasaba.
Bueno, no es fácil.
Ven un entorno bonito, muy caro. Y se preguntan: "¿cuál es el problema?".
Créanme, hay muchos problemas.
Y hasta que no envejecen, no lo saben.
Eleanor Jackson era su auxiliar. ¿Cierto?
Sí, se rompió la cadera el año pasado y su hija quería
que alguien estuviera con ella.
Si les soy sincera, ella no necesitaba a nadie,
pero para tranquilizar a su hija, la aceptó.
¿Se llevaba bien? ¿Con Eleanor?
¿Cómo es llevarse mal?
Adelante.
- Tienes compañía. - Sí, tengo compañía.
Bueno, no hace falta que me grites.
- Estoy muy enfadada contigo, Enid. - Pues enfádate.
-¿Por qué está enfadada con ella? - Cosas nuestras.
¿Tuvieron una riña?
- Es demasiado condescendiente. - Pregunto por qué se enfada con ella.
Por si fuera por la muerte de Olive.
Me enfado con ella porque no comprendía
que estuviera triste esta mañana.
-¿Ella no lo estaba? - No lo parece.
¿Richard Pencava?
- Sí, ¿por? ¿Qué pasa? -¿Puedes salir
- un momento? -¿Por qué?
Te lo explicaremos cuando salgas.
Me estáis dejando en ridículo.
Seremos lo más rápidos posible.
Son mis trabajadores y están viendo a la policía molestándome.
¿Conoces a una chica llamada Amy Rasmussen?
Sí, ¿en qué lío se ha metido ya?
¿Qué te hace pensar eso?
Tienes razón. No debería sacar conclusiones.
No hay armas en la furgoneta, ¿no?
-¿Qué tipo de armas? No. -¿Ni pistolas, ni nada?
- No, ninguna pistola. -¿Te importa si miro?
Adelante. No tengo pistolas.
¿Podemos mirar en la guantera?
Claro. He dicho que no tengo armas.
-¿Por qué está así esta factura? -¿Cómo?
- Enrollada. - No lo sé.
Richard, ¿tienes algo más que no debieras?
Dijeron que buscaban pistolas.
-¿Qué es esto? - No lo sé. ¡Venga ya!
Yo sí. Pon las manos en la furgoneta. Venga.
Tío.
Por orden del fiscal Munson, debemos registrar la casa
- de Eleanor Jackson. -¿La auxiliar?
- Eso es. -¿Y qué juez la ha firmado?
La hija de la fallecida es jueza.
Debí decir que era cuestión de cortesía profesional.
Con lo que tenía, no podía obtener una orden de registro.
Tampoco tenías un juez en el bolsillo.
Si no se les ocurre nada, atribúyanlo
a servicio al familiar de una víctima.
Tenemos una lista de los objetos desaparecidos.
Les diremos qué encontremos.
- Estaba pensando en ti. -¿Sí?
Me preguntaba si estabas libre para comer.
Lo cierto es que hoy como con mi padre.
- Vale. - Oye, ¿y si vienes?
- No, gracias. - Si vienes, será soportable.
Si no, será otra jornada de orientación laboral.
Tu padre no me espera.
No le importará, y yo te lo agradeceré mucho.
-¿Dónde es? - Te avisaré.
Vale.
-¿Tiene un segundo? - Sí. John, acompáñalo a la sala.
-¿Empiezo sin ti? - Ahora voy.
¿Qué hará después de la promoción?
No lo he pensado mucho.
¿Quiere quedarse aquí en la 15?
-¿En patrulla? - Sí.
No me importaría, de momento, claro.
Haré una llamada, veré qué puedo hacer.
Siéntate.
Juro por Dios que no sé cómo apareció la cocaína.
Arréglalo con Dios en tu tiempo libre.
Para nosotros, estás ante un delito grave.
-¿Hay alguna forma de librarme? - Depende.
¿Qué relación tenías con Amy Rasmussen?
- Somos amigos. ¿Por qué? -¿Última vez que la viste?
¿Está metida en algún lío?
Es una pregunta sencilla. ¿Quieres salvarte o no?
- No sé cuándo fue. -¿Y la última vez que viste a su marido?
Lo vi una vez, hace como seis meses.
Pues Richard, fue asesinado esta mañana.
Vaya. No sé nada de eso.
Marcaron tu número desde la casa esta mañana.
-¿Amy te llamó? - Sí, quería saber cómo estaba.
No nos cuentes cuentos, Richard.
¿Por qué te llamaba?
- Iba a recogerla esta mañana. -¿Fuiste a la casa?
No, la llevaba a ver un edificio. Me retrasé.
Me preguntó dónde estaba.
¿Por qué fuisteis a un edificio?
Quería comprarlo.
Pensé en reformarlo, vender los pisos, ganar dinero.
Necesitaba ayuda con el precio de compra y la llamé.
-¿Te acuestas con ella? - No.
¿Te compra una furgoneta y le dices
de comprar un edificio?
Tuvimos una relación romántica. Entre unas cosas y otras, rompimos.
No significa que ya no te deseara.
Es cierto. Puede ser. Ahora que lo pienso.
Sería demasiado para ella ser fiel.
Dado que él era un anciano.
- Tal vez quería quitarlo de en medio. - Para estar contigo.
Si declaro contra ella, ¿quitamos los cargos de la cocaína?
Podemos asumir que estás dispuesto a considerarlo, ¿no?
Haré lo que haga falta.
No te vayas.
¿Qué nos cuentas de lo que encontramos en tu apartamento?
La Sra. Rosenthal me lo dio.
Pues su hija no lo sabía.
Su hija no sabía muchas cosas.
No visitaba a su madre más que una vez al mes.
¿Llegó a preguntarte dónde estaban sus cosas?
No recuerdo si lo hizo o no.
Creo que lo recuerdas, y que sí lo hizo.
¿Qué le dijiste?
Le dije que no sabía nada.
Si su madre te dio permiso para llevártelas,
¿por qué no decírselo?
Para que no me las quitara.
Puedes contarle todo eso a un juez, Eleanor, pero que sepas
que es probable que estés ante cargos por robo.
Probablemente, no me ayuda nada que la hija sea juez.
No, para nada.
Me dio el marco de fotos. Me dio los candelabros.
Me dio el cuenco de plata, porque dijo que no lo usaba.
Me llevé la pulsera. No debí hacerlo.
Sé que no debí, pero lo estaba mirando un día,
angustiada porque su hija me había gritado por teléfono.
Y como Olive no se la ponía,
pensaba que se la quitaba a la hija.
No por eso está bien. Pero por eso lo hice.
Y temías que te pillaran.
¿Por eso le inyectaste un fármaco, Eleanor?
-¿Creen que hice eso? - Tuviste la oportunidad.
- Tenías una razón para hacerlo. - Cuidaba de esa mujer.
Hay auxiliares ganando siete dólares
- con 15 centavos la hora. - No por eso soy mezquina.
Nadie lo dice.
Solo un alma mezquina haría daño a esa mujer.
Puede que no sea perfecta, señor, pero mi alma no es mezquina.
Estoy leyendo sobre Carly Fiorina.
-¿Sabes quién es? - No.
La directora general de Hawlett-Packard.
Una auténtica cabrona, ya te digo.
Mi padre me va avisando de las trayectorias de mujeres
que han ascendido.
Quiero que vea de qué son capaces las mujeres.
¿Hay algo malo en eso?
De momento diría que no.
-¿Qué tal la ternera? - Dura.
Y te diré otra cosa,
no todos los padres ven que su hija sea capaz
de salir y arrasar con la competencia.
Mi pequeña puede hacerlo.
- La he visto en acción. Es tremenda. - Gracias, John.
Solo deseo que juegue en una liga mayor de béisbol.
- Es fiscal en Manhattan. - Es un trabajo público.
A ver, seamos honestos. La administración pública
es una repercusión de talento modesto y ambición atrofiada.
-¿Tengo razón o no? - Papá, ¿no te dije
- que John es inspector en Nueva York? - Eso es estupendo.
John, no sé tu historia.
Tal vez el departamento de policía sea una piedra en tu camino.
- Tal vez estés contento. - Estoy muy contento.
Me alegro por ti. Lo que digo es que con su inteligencia
y las conexiones que puede acumular,
- es capaz de cualquier cosa. - Bueno, hago lo que quiero hacer.
¿Podemos dejarlo así?
Dijiste que estarías tres años en la Fiscalía,
ganarías experiencia y apuntarías alto.
Llevas ya cuatro años y medio y sigues.
Y no veo ninguna intención
de llevar a cabo ese plan.
¿Y qué debería hacer? ¿Callar lo que siento?
No, papá. No lo hagas.
Todos quieren lo mejor para sus hijos.
Y me tengo que ir ya.
-¿No vas a tomar café? - Tengo que ir al tribunal.
Los informes toxicológicos de la fallecida.
Hay una mezcla de sodio pentobarbital y Dilantin.
-¿Eso la mató? - Sí.
Son fármacos usados por veterinarios para sacrificar perros.
Vale. Revisaremos los historiales de los residentes.
-¿A dónde fuiste esta mañana, Amy? - Al gimnasio.
-¿Cómo fuiste? - En taxi.
¿Si te vieron subirte a una furgoneta de reparto
de un exnovio tuyo, sería falso?
Vale, mire, me metí en una furgoneta de reparto
- conducida por un exnovio. - Pero...
Pero cuando volví a casa, no podía decirlo
porque Judith estaba allí sentada. Y no podía decirlo delante de ella.
-¿Y eso por qué? - Porque me odia sin más,
y no me gusta darle munición para que vaya a por mí.
He mentido ahora porque he mentido antes, así que...
-¿Has empezado a salir con este chico? - No.
Vale, Amy. Hablamos con Richard.
Sabemos lo de la furgoneta. Sabemos lo del edificio.
- Sentí que le debía la furgoneta. -¿Por qué razón?
Hubo un tiempo en que necesitaba ayuda y él estuvo ahí por mí.
Al menos, al principio.
Contactó conmigo hace unos meses. Estaba arruinado.
Dijo que si conseguía una furgoneta, podría ganarse la vida de nuevo.
Hablé con Hugh, y le dije que no había nada entre nosotros,
porque no había nada entre nosotros.
- Le compró la furgoneta. -¿Iba a comprarle el edificio?
No, y yo no se lo iba a pedir.
-¿Por qué ibas a verlo? - Por salir.
Intentaba ser una buena amiga. Intentaba apoyarlo.
¿Tal vez fue un accidente lo de la almohada?
¿Cree que maté a Hugh?
Creo que en parte lo querías fuera del mapa.
- Ninguna parte de mí quería eso. - Tienes 28 años, tu marido, 80.
Te quedaste para ganar 500 000 si te divorciabas de él
y 60 millones si moría.
Es un barco lleno de tentaciones delante de ti, chica.
-¿Cómo se atreve? -¿He dicho algo fuera de lugar?
- No sabe absolutamente nada de mí. - Ponnos al día.
Me quedé sin padre. Me rechazó mi padrastro.
Cuando conocí a Hugh, habían abusado de mí cada hombre y mujer
con los que me había relacionado. Fui una prostituta nerviosa,
y cuando un amigo suyo me pagó para ir a su casa,
le eché un vistazo
y solo podía pensar en robar allí.
¿Por qué no lo hiciste?
Porque me gustó él.
Las primeras veces que estuve con él, no quería sexo.
Solo quería hablar, ver la televisión.
Me leía libros.
Oliver Wendell Holms, Ralph Waldo Emerson, E. B. White.
No sabía quiénes eran. No entendía la mitad
de lo que hablaban, pero él intentaba explicármelo.
Acabó llevándome a rehabilitación y me recuperé.
Y me enamoré de él.
Me da igual si me creen o no,
tal y como me siento, me da igual lo que me hagan.
Pero no se atreva a decirme que me tentó el dinero.
Si aún pudiera tenerlo conmigo,
renunciaría a todo el dinero del mundo.
Ella no lo hizo, Andy.
No, en serio. Estoy seguro.
¿Hasta cuándo vas a obedecer a tu soldadito?
- No lo hago. - No, ¿eh?
Que mire al escaparate
no significa que vaya a comprar. Hablemos con el hermano.
Algo debe ir mal al haber un fideicomiso en lugar
- de un pago directo. - Sí.
Buena idea. Mejor eso que hacerlo en beneficio de la chica.
Estamos investigando.
- Señor Munson. -¿Podemos hablar?
En seguida vuelvo.
-¿Café? - No, gracias.
Tengo una propuesta. Si no te interesa,
estoy seguro de que lo dirás.
- Claro. - Tengo clientes potenciales
que vendrán de Hong Kong en dos semanas.
Son peces gordos.
Y sé que querrán ir a Atlantic City.
Solo quiero saber si estás disponible para vigilarlos.
-¿Necesitan un guardaespaldas? - Necesitar, no sé.
Se sentirían importantes con uno.
Depende de cómo vaya el trabajo y del tiempo que requieran.
Tanto como quieras dedicarle.
Pero pagan 1000 de dólares al día
y necesitan este servicio a menudo.
Estoy muy interesado.
Según mi hija, eres un hombre atento.
Muy amable por su parte.
Se ha equivocado un par de veces.
-¿Quién no? - Bueno, espero que te lo pienses.
Agradezco la oferta.
Jefe, el análisis de sangre de la fallecida indica
que murió por un fármaco veterinario.
-¿Señala a alguien? - Hay una residente
que la conocía.
Su hijo era veterinario, y hasta que se jubiló,
también fue veterinaria.
Deberían investigarla.
Íbamos a registrar su habitación.
No costó conseguir la orden anterior,
así que esperamos que Munson quiera hacer otra.
- Pregúntenle. - Como tuvimos un problemilla
por usar la influencia de la hija de la fallecida,
no queríamos preguntar por si parecía
- un reproche. -¿Quieren que pregunte yo?
Sería mejor si viniera de usted.
Vale.
APUESTAS
¿Jerry Rasmussen?
- Sí. - Inspectores.
- Tenemos que hacerle unas preguntas. -¿De qué?
Creen que estuvo implicado en un accidente.
-¿Qué tipo de accidente? - Hablemos un momento,
para poder aclararlo.
-¿Puedo apostar por el caballo cuatro? - Claro.
Corrió en Hambleton hace un tiempo y salió de la nada.
Lo encerraron y ahora va de seis a uno.
- Corre fuera. -¿Dónde estaba esta mañana, Jerry?
- Trabajando. -¿De qué?
Vendo anuncios en una emisora de radio.
¿Última vez que vio a su hermano?
En Navidad.
-¿Por qué? ¿Qué le ha pasado a mi hermano? - Está muerto, Jerry.
Oye, vamos.
¿Por qué no te calmas, amigo?
¿Por qué no salimos de aquí para hablar?
¿Cómo era su relación?
- Bueno, teníamos nuestros roces. -¿Por ejemplo?
Intentó meterme en la escuela y no funcionó.
Luego quiso que empezara proyectos empresariales.
No funcionaron.
Pensaría que yo era bobo. No es que se equivocara, pero...
Durante aquello, siempre supe que si lo necesitaba,
estaría ahí.
Jerry, ¿qué puede decirnos de su mujer?
No gusta a algunos, a mí sí.
-¿A quién no gusta? - A la secretaria de mi hermano,
- pero yo tampoco le caía muy bien. -¿Por qué no le caía bien?
Esperaba que tras la muerte de la primera mujer de mi hermano,
- ella sería la siguiente en la línea. -¿Por qué lo cree?
Fue la única vez que fue amistosa conmigo.
Tras el funeral, en la casa, le cambió por completo la personalidad.
Me preguntó cómo estaba y bromeaba conmigo.
Intentaba demostrarle a mi hermano que podía ser la señora de la casa.
Y ocuparse por él de las obligaciones familiares.
¿Cuánto tiempo después Amy apareció en la escena?
- Menos de un año. -¿Sabe si su hermano
tuvo alguna relación romántica con Judith?
- Lo dudo. -¿Por qué?
Trabajaba para él. Mi hermano me dio un discurso una vez.
Dijo: "No se mezcla lo personal con lo profesional".
Fue hace mucho tiempo, cuando intentaba...
explicarme cómo tener éxito.
- Gracias, Jerry. - Le avisaremos si necesitamos algo.
Le quedan dos minutos para la carrera.
Está bien.
Creo que me iré a casa.
¿Recuerda a qué hora se levantó esta mañana, Enid?
A la misma de siempre, las seis y cuarto.
-¿Y a qué hora desayunó? - No fui a desayunar.
-¿Y eso por qué? - No me gusta.
¿El qué no le gusta?
No me gusta sentarme en la mesa de siempre.
¿Por qué no se sienta en otra?
Me asignaron la mesa número cinco.
Y esa es la mesa donde tengo que sentarme.
¿Antes le gustaba sentarse en esa mesa?
- Sí. -¿Por qué dejó de sentarse ahí?
Porque llegó cierta persona.
Y fue invitada por otra persona a sentarse allí.
Y luego, esta persona se dedicó a acaparar
la atención de la otra persona.
Y decidí no formar parte.
¿Fue Olive Rosenthal quien llegó?
- Prefiero no decirlo. - Necesitamos que lo diga.
¿Les parece correcto llegar a un sitio
y que le quiten sus costumbres?
-¿Dónde estuvo el fin de semana, Enid? - En casa de mi hijo.
-¿Su hijo veterinario? -¿Cómo lo sabe?
Usted fue veterinaria, ¿no, Enid?
Sí, lo era.
Seguro que cuando estudió la carrera
había muy pocas mujeres.
Era una de las dos de mi clase.
¿Sabe sacrificar a un animal, Enid?
Encontramos el envoltorio de la jeringa en su habitación.
Era muy dependiente.
Quería a Belle toda para ella.
Se hacía la desvalida al pedirle hacer algo. O ir a algún sitio.
A no ser que Belle le diera la mano.
Y usted tuvo que acostumbrarse.
Cuando tenía 77 años dejé de ejercer la veterinaria,
y me acostumbré a eso.
Y después fui a trabajar a jornada partida a otra clínica hasta los 81.
Cuando tuve que jubilarme, me volví a acostumbrar.
Me vine aquí a los 83 años.
Dejando la casa donde he vivido más de 50 años.
No fue fácil.
Pero teniendo de amiga a Belle, al final me acostumbré también.
No me parece justo obligarme a acostumbrarme a otra cosa.
Ya he tenido suficiente.
Quería dejar las cosas como estaban.
Aunque no puedo evitar que las cosas cambien.
¿No es esa la mayor condena?
Maté a esa estúpida señora.
Y ahora Belle no me habla.
Sí, gracias. Te lo agradezco.
Era el despacho del jefe de personal.
Seguiré en patrullas aquí en la 15.
- Fantástico - Sí, bueno, gracias.
Andy, era de un aparcamiento en Long Island City.
Hay que hablar con la secretaria del señor mayor.
-¿Estás enfadado conmigo? - No.
Lo siento. Tenía que salir de allí.
Ha estado aquí.
-¿Cómo dices? - Tu padre ha estado aquí.
Por si quiero hacerle un trabajo de seguridad.
¿Qué le has dicho?
Que si puedo sacar tiempo, lo haré.
-¿Me tomas el pelo? -¿Qué hay de malo?
-¿No entiendes lo que está haciendo? -¿Qué está haciendo?
Te contrata, sale mal.
- Habrá un problema entre tú y yo. -¿Cómo sabes que irá mal?
Conozco a mi padre.
No es más que un manipulador. Lo tiene todo planeado.
Vale, vale, no lo haré.
Sabrá que ha sido por mí.
No se enterará. Le diré que tengo trabajo.
¿Me haces un favor la próxima vez? Consúltame antes.
-¿Listo? - Sí.
-¿Qué ha pasado? - Ha confesado.
-¿La señora Enid? - Sí.
Seguiría adelante acusando a Eleanor de robo.
-¿Seguro? -¿Cómo que "seguro"? Ha robado.
Creo que no fue planeado.
¿Eso la exime?
- Bueno, se ve de otra forma. - Ni por asomo.
Mi madre era vulnerable y ella se aprovechó.
- Cuidaba de su madre. -¿Está diciendo que yo no?
No. Necesitaba ayuda y se la pidió a Eleanor.
Hablamos con su juez
y no hay duda de que se esforzaba
para que su madre estuviera a gusto,
- para hacerle compañía. - Así que está absuelta, ¿no?
Depende de usted.
Probablemente, es lo que mi madre querría que hiciera.
Creo que hace lo correcto.
Pensé que le interesarían
algunos logros del Sr. Rasmussen con los años.
Vaya. ¿Los ha reunido?
Él no haría este tipo de cosas.
Es uno de los tres juicios
en el Tribunal Supremo.
Aquí está con el gobernador Rockefeller, con Yitzhak Shamir.
- Menuda trayectoria. - Sí, una trayectoria sobresaliente.
Judith, ¿a qué hora salió esta mañana
para venir a la ciudad?
Dije que sobre las 6:15, creo.
El recorrido desde Flushing a Long Island City
a esa hora dura una media hora, eso la sitúa aquí a las 6:45.
¿Puedo preguntar por qué es tan importante?
Siempre nos figuramos una cronología.
Se subiría al metro... ¿Dónde, en Queensboro Plaza?
Vernon-Jackson.
Desde ahí, hay una parada a Grand Central.
Hago transbordo en la Quinta avenida para el tren F,
que lo cojo en la Cuarta al oeste.
Ese para en la casa de Rasmussen sobre las 7:30.
Que es cuando debo estar allí.
El problema es que preguntamos en el aparcamiento de Long Island City.
-¿Por qué han hecho eso? - Es nuestro trabajo.
La vieron allí a las 5:45, por lo que llegó a la ciudad a las 6:30.
Bueno, no sé si tienen razón.
Tienen una ficha sellada.
Pero suponiendo que la tengan,
no siempre llevo el control del tiempo.
- Siempre soy puntual. - Yo creo que sí, Judith.
Siempre controla el tiempo.
Llegó allí a las 6:30 porque había oído
que iban a recoger a Amy a esa hora.
La vio meterse en la furgoneta con su exnovio
y subió a la casa para dar la noticia fresca.
No sé por qué haría eso.
No se da las gracias al portador de malas noticias.
Con la mujer detrás de él y su lealtad...
Sí, fui leal.
Le sirvió fielmente durante casi 30 años.
Y fui bien recompensada por mi servicio.
Pero no con la recompensa que usted quería.
No, el Sr. Rasmussen fue muy justo conmigo.
- Sí, pero se casó con otra persona. - Estaba en su derecho.
Vivía en su preciosa casa, y usted
venía a diario desde Flushing.
Otra persona con la que viajar, quedarse en hoteles lujosos,
comer en restaurantes exquisitos, compartir su vida.
¿Y eso por qué? ¿Porque ella tenía un gran cuerpo?
Lo conocía de menos de un año y consiguió casarse con él.
Y además, salía a sus espaldas.
¿Quién narices era ella para irse de rositas?
La entiendo.
Es una prostituta, y lo digo de verdad.
Esa mujer cobra por sexo.
Por otro lado, el Sr. Rasmussen, sabía más.
Sabía cómo ser alguien respetable.
Reconocía la lealtad, la devoción y el sacrificio.
Pero lo ignoró.
Se dejó llevar por su instinto animal,
y me dejó de lado ¿por qué? Como han dicho, por un gran cuerpo.
- Por supuesto, le dijo todo eso. - Tenía que decírselo.
Tenía que hacerle ver que la gente se reía de él,
que ella se reía de él.
- Ella y su novio. - Pero no hizo caso.
Me dijo que era su mujer y yo tenía que aceptarlo.
No quería que la vigilara y le fuera informando.
Que no me preocupara. ¡Preocuparme!
¡Durante casi 30 años, mi preocupación ha sido él!
Entonces me dijo que me tomara el día libre y...
pensara si podía o no ser cortés con Amy.
¡Con Amy! Porque si no podía,
tendría que pensar en hacer algunos cambios.
Fue su forma de decirlo: "Hacer algunos cambios".
Así que le cubrí la cara con una almohada,
esa carita desdentada.
Y la apreté hasta que dejó de respirar.
Merecía algo mejor que lo que me dijo el Sr. Rasmussen.
De verdad.
Fue Judith quien mató a tu marido.
- Debí haberlo visto venir. - Amy, tu amigo
Richard fue arrestado por un poco de cocaína en la furgoneta.
Estaba dispuesto a declarar contra ti si así hacía algún trato.
Eso tampoco me sorprende mucho.
Ahora tienes mucho dinero. Dinero propio.
Será mejor que te alejes de gente que te pueda timar.
-¿Acaso hay otro tipo? - Sí.
Supongo que Hugh, ¿no?
Habrá otros. Dale tiempo.
Nunca me ha ido muy bien estando sola.
- Buena suerte. - Gracias, inspector.
¿Dónde están todos?
Supongo que han ido a la ceremonia.
¡Atención!
¡A la orden!
Subtítulos: Cristina Ocete
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