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Original subtitles

Anteriormente...

¡Me la tienes jurada desde el principio, y no pienso tolerarlo más!

Cuando llame el tío de Stan, jefe de personal,

te lo pasaré directamente.

¿En serio crees que me importa?

Hazte un favor, búscate otro sitio,

porque no permitiré que arruines esta brigada.

Si alguien debe cambiar de sede, eres tú.

¿Qué decía la mujer de Hatcher de él?

La acusó de tener una aventura y se lo reconoció.

¿Cuánto tiempo después de contártelo apareció muerta?

- Tres días. - Te aseguro que Hatcher mató a su mujer.

Sipowicz, ¿puedes venir al despacho?

Cierra la puerta.

¿Vas a pasearte todo el día?

El departamento ha sido acusado de reforzar patrullas,

así que no han rellenado la oficina como es debido.

-¿Entiendes lo que quiero decir? - No.

Debido a las asignaciones,

a algunas brigadas les falta mano de obra.

Y para equilibrarlo, trasladarán a personas.

- Vale. - Y tenemos que enviar a alguien,

no me han dado opción,

- así que no me repliques. -¿Quién, Eddie?

Tú, tú serás trasladado a Desaparecidos en la morgue.

-¿Me trasladas? - La oficina no me ha dado otra opción.

No puedo hacer nada. Así que ahorrémonos la discusión.

¿Hablas en serio?

El del turno de día se llama Dorland. Te está esperando.

No lo compliques más.

¿Esto ha salido del jefe de personal, tío de Hatcher, tu colega?

Salió de una comisaría.

¡Del tío de Hutcher porque Hatcher le ha llamado,

- lo sabes y has cedido! - Tú has cavado esta tumba, no yo.

¿No te advertí que ya tendrías

que mostrar tu fuerza de voluntad?

Podrías haber pasado del tema.

Tú a tus casos. Y él a los suyos.

- Ahora es la ocasión, Eddie. - Su tío es el jefe de personal.

Andy, lo siento.

¿Qué pasa?

- Me trasladan a la morgue. -¡No puede ser!

-¿A causa de qué? - Algo de financiación y mano de obra.

- Eso son sandeces. - Ya, pues con esas estamos.

- Volveré a por mi casillero. - Andy.

-¿Qué narices ha pasado? - Increíble.

A ver, él es una leyenda por aquí.

Increíble.

Andy Sipowicz.

Tranquilo.

-¿Puedo ayudarle? - Sí, quiero hablarle

sobre el traslado a la morgue.

Han tenido problemas en el turno de noche.

Necesitan a alguien con experiencia.

- No hay nada más que hablar. - Este trabajo no es para su sobrino.

Trasladarme no lo cambiará.

Hace falta alguien en la morgue.

Parece que tiene un problema con Stan.

Un cambio de aires le irá bien.

Es un mal policía. Protege a un mal policía.

Debería irse ya.

¿Sabe qué le digo? De acuerdo. Si me necesita, estaré en la morgue,

porque no me echará del trabajo, no podrá.

- Hola, ¿eres Sipowicz? -¿Dorland?

¡El mismo! Pero llámame Wally.

Bienvenido al control central. Esta es tu mesa. Esta, la mía.

Sí, oye.

-¿Aquí hay cobertura? - Poca.

Porque espero una llamada. Así que saldré

- hasta recibir noticias. - Acabas de llegar.

Además, llegará un invitado en unos minutos.

- Vagabundo, cadáver. - Ahora vengo.

- Es el olor. ¿Verdad? - Solo saldré un momento.

No, en serio, no puedes irte durante un turno.

Eso y la puntualidad son claves aquí.

Y siempre coge el teléfono al segundo toque.

Si respondes al primero, pensarán que no tienes mucho que hacer.

Si respondes al tercero, pensarán que eres un vago.

Segundo toque. Hazme caso, Sip, llevo aquí 16 años,

y ya lo tengo controlado.

-¿Te gustan las pastas, Dorland? - Claro.

Te traeré en cuanto reciba la llamada.

De acuerdo, está bien. ¿Nos vemos en cinco minutos? ¿Diez?

La fallecida es Molly Ziffren. Un vecino vio la puerta entreabierta y miró.

Ahí está el arma.

Dice Duffy que vio a Sipowicz saliendo con una caja. ¿Es cierto?

- Sí. ¿El vecino conocía a la chica? - Dijo que era masajista.

- Entonces, ¿qué pasa con Sipowicz? - Traslado, sin más.

-¿Qué más dijo el vecino? - La chica recibía clientes en la casa.

Pregunté, "¿era legal, o era...?". Ya sabes.

Pero dijo que era terapia legal.

Vale, empezaré un sondeo.

A ver, no tengo muy claro

lo del refuerzo de patrullas ni ocupación de oficinas.

Yo tampoco, Greg. Sigamos con el caso.

Sí, claro.

Su agenda abierta muestra a un doctor Kleiner, psicólogo.

Parece que la fallecida anotaba el teléfono.

La puerta está cerrada.

El conserje no tenía llave. Llamaré a la US para entrar.

¿Nos pone alguien al día?

Estamos en ello, Stan.

- Fíjate. - Me pregunto si los vecinos sabían algo.

Hay mucho pervertido suelto.

¿Hola?

- Solucionaremos esto, Andy. - Que les den. Escucha.

Veré de nuevo al antiguo compañero de Hatcher,

para saber más sobre lo que pasaba

- cuando mataron a la mujer de Hatcher. -¿Qué hago?

Me centraré en informantes o rateros en la vida

de Hatcher de entonces.

Quienes pudieran ayudarle con el coche bomba.

Cuando sepas los nombres, llámame e interrogamos.

- Pídele a Gibson un momento. - Lo haré.

Cuando lidies con Hatcher, hazte el tonto.

No quiero que ese imbécil sospeche de lo que hacemos.

- Cuenta con ello. - Hablamos.

- Gracias por venir, Carl. - De nada.

-¿O sea que vas a por Stan? - Por supuesto.

He traído copias del historial de arrestos de cuando éramos compañeros.

Y una lista de informantes.

-¿También tenía sus propios informantes? - Sí, más sin registrar que registrados,

pero ninguno lo comunicó

porque sabían quién era el tío de Stan, principalmente.

Y después... se presentaba con buena información.

¿Fueron a por él cuando mataron a su mujer?

No, el Departamento se tragó que Stan era el objetivo,

así que se centraron en que fue un ajuste de cuentas.

¿Algo más que me pueda dar una pista?

Tienes la ventaja

de que creo que los investigadores

no abordaron a muchos informantes de Stan.

Y han pasado ocho años, tal vez algunos quieran hablar.

- De acuerdo, te agradezco tu ayuda. - Oye, Andy...

esto lo hago por Marcy.

La amaba.

Iba a dejar a mi mujer, ella a Stan

- e íbamos a estar juntos. - Sí.

He tenido que vivir con la culpa de que nuestra aventura

- pudo haberla matado. - Bueno, haré todo lo que pueda

para que Stan sea acusado de una vez, créeme.

Gracias por tu ayuda.

- Gracias. - Sí.

Era Duncan Kleiner, el doctor cuyo número apuntó la fallecida.

Sé que seguís bastante afectados por lo de Andy y tal,

¿preferís que lo haga yo?

-¿Qué ha dicho el doctor? - Molly Ziffren era una paciente.

Nunca mencionó a nadie peligroso.

Dijo que más allá de eso, era información privilegiada.

Tócate las narices.

Y Tera está mirando los correos de la fallecida.

A ver si sale algo. Rita, ¿qué tienes?

Estaba con la agenda de la fallecida.

Un amigo de ella dijo que era dominatriz a tiempo completo,

y que hace poco se independizó

de una mazmorra donde trabajaba.

¿Acabó en buenos términos o...?

Bueno, hubo tensiones con la dueña cuando se fue.

No servirían los látigos

y la dueña le rompió uno.

Dirección de la dueña, se llama Paulette Voze.

Se puede empezar por ahí.

Encargaos, nosotros seguiremos con la agenda.

¿Qué, ahora mandas tú, Stan?

Era una sugerencia. Pero da igual, iremos con la dominante.

No, ya vamos.

¿John? Estaré en antena.

Clark, ¿tienes un segundo?

Oye.

Solo quiero estar al frente con esto.

- No tengo ningún problema contigo. - Ni yo.

Sipowicz y yo... No nos cortemos, ¿vale?

Te tenía ganas,

lo que yo no aprobaba, pero era cosa suya.

Solo sé que tengo muchos años por delante aquí.

- No quiero ganarme enemigos. - Oye, estamos en paz

- por mi parte. - Me alegro.

Bueno, en ese sentido, Ortiz y yo...

-¿No congeniáis mucho? - Sí, qué sorpresa, ¿no?

Es muy buena, pero no es uno de los nuestros.

- Te entiendo. - A ver qué te parece esto.

Estoy pensando que tú y yo juntos podríamos dar buenas palizas.

Yo también lo creo. Pero te digo una cosa.

No tan rápido. Que no se entere Andy

- hasta que supere esto. - Claro, sin problema.

No quiero bailar sobre la tumba de nadie.

- Pero, joder, un poco en la calle sí. - De acuerdo.

Nos vemos más tarde.

-¿Sí? - Buscamos a Paulette Voze.

- Está ocupada. -¿Quién es, retrete?

Policía.

No puedo hacer menos ruido. ¿Lo entienden?

- No es por el ruido. - Nos da igual

cómo pague las facturas. Déjenos entrar.

Limpia el baño con la cara.

¿Conoce a una mujer llamada Molly Ziffren, Sra. Voze?

Sí, conozco a Molly Ziffren.

-¿Cuándo la vio por última vez? - Hace un mes.

-¿Alguna hostilidad entre ustedes? -¿Por qué?

Robaron en la casa de Molly y surgió su nombre.

¿Que yo le he robado?

¡Esa chica no para!

¿Qué quiere decir?

Hasta hace un mes, llevaba un local llamado The Iron Heel.

Molly era mi mejor chica. Pero se le subió a la cabeza

y se largó con sus clientes y casi todos los míos.

Me arruinó.

Diría que es un buen sitio para vengarse.

Tengo otras maneras de resolver mi agresividad.

- Robar no es una de ellas. -¿Dónde estaba hoy

- a las seis de la mañana? - Aquí.

El esclavo me miraba desde la jaula del perro.

¡Esclavo!

¿Dónde estaba la diosa a las seis de la mañana?

- Durmiendo. -¿Cómo te llamas?

¡Habla!

Bernard... Westley.

No habría ninguna razón para mentir por esta diosa, Bernard, ¿verdad?

Porque te vamos a investigar.

- No le diréis a mi despacho... - No hables.

¿Qué le robaron a Molly que os tiene tan alterados?

La verdad es que no robaron nada, Sra. Voze. Molly Ziffren fue asesinada.

¡Joder! Me voy de aquí.

Un paso más, te esposamos y a comisaría.

Ya, y una mierda. Mirad, soy abogado penalista.

No diré nada, y ella tampoco.

A ver, si no estáis implicados, esto solo atrasará las cosas.

INSTITUTO DE MEDICINA FORENSE

Hola.

- Hola. - Wally Dorland, John Clark.

Me está ayudando con un asunto.

Vale.

Puedes almorzar ya si quieres.

No, estoy repasando.

Derek Emery, su nombre no deja de aparecer.

-¿Antiguo informante? - Si lo es, no está registrado.

Fue arrestado por posesión de caballo y Hatcher fue quien primero se enteró.

Y por aquí, fue nombrado testigo.

-¿Es sobre un cadáver? - Es otra cosa.

¿Sabes dónde buscarlo?

El número de casa que dio cuando fue arrestado

es una sala de billar en Houston cerca de Broadway.

- El Maloney's. - Sí.

Bueno, ¿sabes qué?

- Estaré disponible. - Vale. Gracias.

¿Qué pasa, Dorland?

Está mal visto.

Trabajar en lo que no sean los cadáveres.

Ya. Pues que se enfaden.

-¿Un robo? - Homicidio.

-¿Con un informante implicado? - Puede.

Puede que un policía corrupto.

¿En un homicidio?

- Puede que de su mujer. - No me digas.

Me trasladaron aquí porque lo estaba investigando.

Eso es una estupidez, o solo una paranoia.

Y si montas un numerito desde aquí,

nos salpicará a los dos.

Dorland, no tengo nada que perder.

Y si de verdad llevas 16 años en este hoyo, tú tampoco.

- La morgue es un trabajo esencial. - No atrapará a un corrupto.

Tengo mucho por donde buscar, así que...

Bueno, tengo archivos.

A no ser...

No.

¿Qué, Wally?

Bueno, no me importaría familiarizarme con el caso

para saber qué se cuece en mi propia cocina.

-¿Derek Emery? - Sí.

- Inspector Clark, brigada 15. - Joder.

-¿Recuerdas a Stan Hatcher? Es policía. - Sí.

Quiero saber sobre tu situación con él.

¿No has venido a arrestarme?

No, necesito tu ayuda.

¡Ostras!

Pensaba que intentabas entregarme.

-¿Huyes de algo? - No, pero nunca se sabe con vosotros.

¡Joder!

Stan Hatcher.

-¿Qué trato tenías con él? -¿Ha hecho algo malo?

Puede.

- Es que lo sabía. ¡Lo sabía! -¿El qué?

Un día, los de no sé qué internos

lo iban a matar o a arrestar.

Oye, Chase, ¿recuerdas al inspector Hatcher?

¡Oye, oye! ¿Por qué no me hablas de vuestra relación?

A ver, me arrestó un par de veces

cuando aún me mezclaba con una banda.

A raíz de eso, insistió en que fuera su informante,

pero yo no estaba de acuerdo,

y para no cabrearlo le daba información poco convincente.

Él me hacía promesas poco convincentes.

Nos pasábamos la pelota, ¿sabes? No llegó a ningún lado.

¿Con quién se juntaba Hatcher?

¿Cuando mataron a su mujer?

¿Eso es lo que investigas?

-¿Cómo murió la mujer de Hatcher? - Puede.

¿Y no crees que fue por una banda, como dijo él?

¿Y si dejas de preguntar, Derek?

Pues había un tipo blanco, un camello, que vivía en Hell's Kitchen.

Lo arrestaron muchísimas veces, pero nunca cumplió condena.

- Hatcher prometió protegerlo. -¿Cómo se llamaba?

"Pig". Fijo que era un apodo.

¿Eso crees?

Oye, no digas nada de esto. No quiero tener que volver aquí.

No quiero tener nada que ver con Hatcher. Está loco.

CARNICERÍA

Muchas gracias.

- Gracias. - Busco a Scott Callum.

- Scott. -¿Sí?

Sal.

-¿Qué pasa? - Necesito hablar contigo de Stan Hatcher.

- No lo he visto. - Digo hace ocho años,

cuando te conocían por el apodo "Pig".

¿Ya te suena?

-¿Qué quiere? - Su mujer murió en un coche bomba.

- Quiero saber quién la puso. -¿No lee el periódico?

Fue una represalia de una pandilla que él investigaba.

Ahora lo vemos desde otra perspectiva

en la que Hatcher estaba detrás.

Bueno, es una teoría interesante.

Sé que Hatcher te tenía en su bolsillo del pantalón.

Oriéntame por la dirección correcta y te dejaré en paz.

-¿Sigue siendo policía? - Sí.

No sé nada de él ni de la bomba.

Lo siento. Tengo que seguir.

Creo que Scott quiere que llame a ocho coches patrulla

para que vengan en medio minuto.

-¿De qué va, tío? - Quiero un nombre.

- Conservaré mi trabajo. Yo ya pagué. - Dile eso a tu madre. ¿Vale?

¡Dame un nombre o tu vida se descompondrá deprisa,

empezando porque correré la voz de que fuiste un chivato!

Emilio Juarez.

De los informantes, él era el perro fiel de Hatcher.

De acuerdo. Ahora escúchame. No llames a Hatcher.

No le respondas las llamadas.

Siéntese.

Sr. Welkos, ¿es usted cliente de una dominatriz llamada Molly Ziffren?

Lo era.

¿Le ha mandado correos en la última semana y media?

No quiero ser grosero,

¿pero pueden decirme de qué va esto?

"Me siento terriblemente utilizado por ti".

"No pensé que pudieras traicionarme así".

Vale, sí.

Escribí esos correos.

¿Qué le enfadó tanto?

Un malentendido, resuelto.

No se vaya por las ramas, Sr. Welkos.

- Me cobró por una cita. - Es cliente, ¿qué hay de extraño en eso?

- Era una cita de verdad. -¿Entonces?

Pensé que empezaríamos a vernos en público.

- Al parecer, me equivocaba. -¿A qué precio?

Me cobró 500 dólares por servicios prestados.

¿Y de eso iban los correos?

¿Le pareció un acoso?

Porque dejé de escribirle hace tres días.

¿Dónde estaba esta mañana a las seis?

- Paseando a mi perro, en el parque. -¿Lo vio alguien?

-¿Esto es por unos correos? - Atacaron a Molly Ziffren, Sr. Welkos.

¿Creen que la ataqué?

- Parece que tenía una razón. - No.

Imposible. La adoraba.

Usted estaba enamorado y para ella era trabajo.

- Y eso duele. - Sí. Pero lo superé.

Hablen con Molly, pregúntenle si soy violento.

Ha sido asesinada, Sr. Welkos.

Ahora, cuéntenos qué pasó para poder abordar su versión,

o escriba quién le vio en el parque esta mañana.

CENTRO PENITENCIARIO

- Inspector Sipowicz, brigada 15. - Emilio Juarez.

Gracias por venir a verme. Gracias.

Quería hablar contigo de Stan Hatcher.

-¿Qué? ¿No ha venido por mi caso? - No.

Creía que vendría por mi caso por ser policía.

Pues no. Tengo algunas preguntas sobre Stan Hatcher.

- Bien, le ayudaré si me ayuda. -¿Por qué estás aquí, Emilio?

Fraude al seguro y robo de identidad, de lo que no tuve nada que ver.

Registraron ilegalmente mi apartamento, encontraron 50 identidades falsas

y un membrete de un doctor ficticio.

Vale, eso es verdad. Lo reconozco, pero que demuestren más allá

de toda duda razonable que todo era mío.

- Escucha... - Mi abogado de oficio

me recomendó no negarlo y así me caerían un par de meses.

Ya llevo tres años y pico y no me asignan

otro abogado que revalore mi caso.

Lo estudiaré, te lo prometo Pero más adelante, no ahora.

- Ya, o no le ayudaré. - Luego. O llamo a mi compañero del FBI,

que informará al despacho de abogados estatal,

y agregará cargos federales. ¿Eso quieres?

- No. - Stan Hatcher.

Hace ocho años, su mujer murió en un coche bomba.

Investigamos la posibilidad de que estuviera implicado.

¡Ostras!

-¿En serio? - Sí.

Siempre me pregunté si Hatcher tuvo algo que ver.

-¿Qué sabes de eso? - Bueno, le diré una cosa,

dos días después, vi a un tal Frankie Lawrence.

Frankie es otro amigo de Hatcher.

Quería comprarme hierba, que pude vendérsela o no.

Pero para pagarla, sacó un fajo de billetes que ahogaría a un hipopótamo.

Un tipo que nunca llevaba más de 20 dólares en el bolsillo.

-¿Le preguntaste cómo lo consiguió? - Sí.

Sonrió y dijo que Hatcher se había portado bien.

¡En la puerta!

Espere. Me va a mirar esto, ¿no?

Me encargaré de ti sea como sea. ¿De acuerdo?

¡Seguridad mínima, trabajo en la biblioteca, algo!

- Disculpe, señora. - Sí.

Soy el inspector Sipowicz, busco a Frankie Lawrence.

¿Es usted su madre?

- Sí. - No meteré a Frankie en líos.

Solo sería hablar unos minutos.

-¿Sabe dónde está? -¿Con que no lo meterá en líos?

- Así es. - Porque a todos les importa mucho,

¿verdad? Usted es su mejor amigo.

Nunca le tocaría las narices.

- Se lo promete, ¿no? - Tengo que hablar con su hijo.

Está muerto, hijo de puta.

Está en un sitio donde ya no puede molestarlo.

-¿Cómo murió? -¿Qué le importa?

Señora, investigo a un policía que pudo ser

de los que le molestaban.

- Murió hace tres meses. -¿Cómo?

De drogas.

Sé que está pasando por muy mala racha.

¿Pero Frankie mencionó alguna vez a un policía llamado Stan Hatcher?

-¡No! - Es muy importante que intentemos...

COMISARÍA 15

Disculpe, jefe, pero no entiendo la lógica

de enviar a un inspector de primer grado a trabajar en la morgue.

No me dieron elección, Medavoy.

Es un vertedero de madera muerta.

¿No trabajabais en un caso?

Sí, Paulette Voze no tiene antecedentes ni órdenes,

la dominatriz jefa de la muerta, o del abogado esclavo, Bernard Westley.

¿Y el cretino Welkos, el que paseó al perro?

Seguimos llamando a los nombres que dio. Salta el contestador.

Como mucho, cualquiera tolera seis meses en la morgue

hasta que el hedor del formaldehído pudre el cerebro.

Ortiz, ¿algún avance?

Welkos compró un billete para desviarse

a una calle del apartamento de la fallecida esta mañana temprano.

-¿Dónde está ahora? - Lo dejamos ir a trabajar.

Vale, lo volvemos a traer.

Jefe, voy a interrogar sobre el robo de la gasolinera la semana pasada.

Llévate una radio.

¿Clark? Dos segundos.

Me ha llamado un antiguo informante.

Sipowicz le ha preguntado por mí en su trabajo,

por las circunstancias de la muerte de mi mujer.

-¿Sabes algo de esto? - Primera noticia.

Meterse en la memoria de mi mujer

ya es grave, ¿pero implicarme? ¡Jamás me he cabreado tanto!

Tal vez arremeta porque cree que su traslado es por ti.

Yo hice que lo trasladaran. Díselo.

- Vale. - Y también que si cree que las horas extra

en la morgue es la peor tarea que le podría tocar,

que espere y verá.

Stan, calma. En dos días, se acostumbrará a trabajar ahí.

- Todo irá bien. - Que hoy pare los rumores.

- Díselo. - De acuerdo.

Necesito saber una cosa,

si el ambiente se caldea aquí, ¿a quién respaldas?

Voy contigo, tío.

Sí. No, está bien.

Hatcher está en el ajo. Alguien con quien hablaste lo habrá avisado.

-¿Te lo ha dicho a la cara? - Sí. Para confirmar mi lealtad hacia él.

No durará, descubrirá que trabajo contigo.

¡Al teléfono!

Lo tienes acojonado, pero lanza muchas amenazas.

A mí, da igual.

Pero si se te acerca, salte de esto.

¡Qué dices!

Falta gente aquí abajo.

Me da igual.

Vale. Gracias, tío. De verdad.

Oye, ¿no era obvio que intentaba hablar por teléfono?

-¿Sabes algo? - Sí. He rascado

en los antecedentes del drogadicto, Frankie Lawrence.

Resulta que contactó con un total de ocho personas en 17 arrestos.

Le pasé los nombres a un amigo mío del FBI.

Al parecer, uno de los hombres que llamó Lawrence

- tiene experiencia militar. -¿De qué?

Coordinación en un batallón blindado. Retiraba minas terrestres.

- Hombre de bombas. - Sí.

- Jerry Toback. Vive en Ridge Street. - Buen trabajo, Dorland.

-¿Jerry Toback? - Sí.

Sipowicz y Clark, brigada 15.

¿Qué pasa?

Tenemos que hablar contigo de Frankie Lawrence.

- Vale. - Erais amigos, ¿verdad?

Lo éramos, hace tres o cuatro años.

¿Qué? ¿Os peleasteis?

- Sí. -¿Por qué?

Se ligó a una de mis novias.

Le contó barbaridades sobre mí aparentando ser mejor

y meterse en sus bragas. Es todo. No lo he vuelto a ver.

¿Pero hace ocho años erais íntimos?

- Así es. - Era cuando

Frankie trabajaba con un policía

- llamado Stan Hatcher. - Sí.

Cuando mataron a la mujer de Hatcher con un coche bomba.

¿Me repiten qué hacen aquí?

Tratando de averiguar si Frankie ayudó con esa bomba.

Eso deberían preguntárselo a Frankie.

-¿No creen? - Lo haríamos si estuviera vivo.

Murió de sobredosis hace tres meses.

Hasta ahora, la policía veía la explosión

como una represalia de una banda que investigaba Hatcher.

Pero ahora que sabemos que Hatcher y su mujer

tenían problemas, contemplamos algo distinto.

Por lo que tu historial militar hizo saltar las alarmas, Jerry.

En particular, tu formación en explosivos.

Confirmen que Frankie está muerto.

Llama a su madre, Carla Lawrence, Staten Island.

Está apuntada. Adelante.

Es el momento, Jerry. Frankie está muerto. Ya no lo fastidiarás.

¿Y de verdad vivirás tranquilo

con un policía suelto que ha matado a su mujer?

Reconocer algo como,

no sé, que armé una bomba para Frankie Lawrence hace ocho años,

no beneficia precisamente a mi carrera,

y más ahora que espero recuperar las visitas de mi hijo.

Si esto fuera una investigación normal, no podría prometerte mucho.

Pero es por un problema que tengo con Stan Hatcher.

Mi carrera está en juego.

Créeme si te digo que te ayudaré a recuperar las visitas,

y no cumplirás ni un día por armar aquella bomba hace ocho años.

- Sabía que llegaría el día. -¿Me ayudarás?

Sí. ¿Qué coño?

METRO

-¿De qué conoce a Frankie Lawrence? - Fuimos amigos, compañeros de habitación.

-¿Salió el nombre de Stan Hatcher? - Sí.

Frankie me contó que, básicamente, trabajaba de informante para él.

¿Frankie acudió a ti solicitando un artefacto explosivo?

Sí, un coche bomba.

-¿Se lo hiciste? - Sí.

Un explosivo de plástico para ponerlo en el motor de arranque.

-¿Cómo sabías montarlo? - Por mi formación militar.

¿Frankie llegó a mencionar para qué era la bomba?

No.

¿Te dijo que fue para la mujer de Stan Hatcher?

No, pero era de esperar. Cada vez que salía en las noticias,

cambiaba de canal y me miraba raro.

¿Instaló usted la bomba?

- No. -¿Llevó a Frankie

- y lo vio instalándola? - No.

Así que no está seguro de para qué se usó.

Lo sé perfectamente.

¿Podemos hablar fuera un momento?

-¿Qué más tenéis? - El excompañero de Hatcher, que puede

declarar que su mujer quería divorciarse.

-¿Y qué más? -¿No has oído a este hombre?

Hatcher es responsable de volar a su mujer por los aires.

No hay pruebas físicas entre la bomba y Hatcher.

¿No es suficiente para un caso circunstancial?

No hay confesiones directas. Ni si quiera testimonio indirecto.

Es indemostrable contra una figura de Crimen Organizado,

- y más contra un inspector. -¿No hay nada que hacer?

¿Y la familia de la mujer?

-¿Puede colaborar? - No podría.

No podemos acusar si no tenemos pruebas.

Al menos acusemos a Hatcher y que vaya a un jurado de instrucción.

Que ellos decidan. Es su trabajo.

Abriría mi despacho para litigios por enjuiciamiento injusto.

Si esto tiene que ver con tu traslado,

parecerá una venganza personal

¿Sabes por qué fui trasladado?

Sé que Hatcher es responsable de la muerte de su mujer.

Así que sí, me lo tomo de forma personal.

No puedo demostrarlo. Así de simple. Necesitas más.

Siempre podemos filtrarlo a la prensa.

Nos perjudicaría más que a Hatcher.

Bueno. ¿Entonces qué?

Puede que necesitemos tu ayuda para esto. ¿Será un problema?

-¿Ayudar cómo? - Dando la cara, Gibson,

como aún no lo has hecho hoy.

Nuestro trabajo pende de un hilo, chicos.

Con todo lo que hemos trabajado.

Entiendo que su cambio de vida

ha sido reciente, ¿es así, señor Welkos?

Uno de sus compañeros dijo que se mudó

- a Connecticut hace tres meses. - Mi mujer y yo nos separamos.

¿Diría que estaba en medio de una crisis de mediana edad?

Yo lo llamo autodescubrimiento.

¿Lo ve? Casi todos los hombres pasan por esa crisis

y hacen estupideces.

Como comprar un descapotable, teñirse el pelo, dejar a su mujer.

Diga lo que quiera, pero conocer a Molly fue un despertar,

y me entristece oír que ha muerto.

Pero casi todos los hombres, tras un tiempo,

se dan cuenta del valor de la familia que dejan atrás,

y van a su casa con el rabo entre las piernas.

Y está bien. Pero si la mujer no quisiera volver, está perdido.

Entonces, le pide una cita normal a la dominatriz, esperando

que su vida volviera un poco a la normalidad.

Pero le rechaza.

- Y usted se enfada. - Yo no maté a Molly.

Encontramos sus huellas en su apartamento.

- Encontramos los correos. - Ya lo expliqué.

¡Su coche estaba a una calle durante el asesinato!

-¿Qué coche? Yo no tengo coche. -¿No tiene un 2002 Explorer?

¿No es esa su matrícula?

Mirar fijamente no hará que desaparezca, Sr. Welkos.

- De acuerdo. -¿De acuerdo qué?

Maté a Molly Ziffren.

¿Qué pasó?

Fui allí, le dije que la quería.

Empezó a insultarme.

Dije que no era una sesión. "Háblame como a un ser humano".

Me abofeteó.

Luego fue a usar las varas, así que me defendí.

¿Y cómo la mató?

No me acuerdo muy bien.

Me desmayé.

Después, estaba en la calle.

Sabiendo que acababa de hacer algo terrible.

Arruiné mi vida por ella.

Lo arruiné todo.

De acuerdo. Necesitamos que lo escriba.

¿Está el jefe?

Tenemos una declaración de Kenneth Welkos.

-¿Mató a la dominatriz? - Sí, lo está redactando.

Porque tengo algo que deberías ver.

-¿Qué pasa? - Ven aquí.

-¿Qué está pasando? - Es privado.

¿Qué haces aquí?

-¿Qué hace aquí? - Tienes que escucharlo.

La única razón por la que hablamos contigo

es por respeto a Gibson.

Tientas a la suerte, amigo.

Tenemos una cita a las cinco en la oficina del fiscal de distrito,

y allí, presentaremos nuestras pruebas contra ti.

-"¿Presentaremos?". ¿Estás con él en esto? - Muy agudo, Stan.

¿Quién hizo explotar aquel coche? ¿Quién puso la bomba?

¿Cómo tu mujer admitió tener una aventura antes de morir?

¿Con quién tenía la aventura? ¿Cuánto miedo te tenía?

Podemos demostrar que planeaste el asesinato de tu mujer.

Pero repito, estoy en deuda con Gibson, y, al parecer, él con tu tío.

Así que esta es la oferta que, personalmente, no creo que merezcas.

Presenta tu renuncia antes de las cinco.

Si no, iré a esa cita con el fiscal.

- No sé qué narices... - Dejarás el servicio en una hora

o serás acusado de conspiración para cometer un asesinato,

no es negociable.

¿Que hice qué?

Pagaste a tu chivato, Frankie Lawrence, para que montara el coche bomba.

¿Frankie Lawrence, muerto hace poco de sobredosis?

Tenemos al hombre que le hizo la bomba.

Lo sabe todo.

¿Sabéis qué? Demostradlo.

Quien esté mirando, quien esté escuchando,

-¡demostradlo! - Lo haremos.

Tú y tú acabáis de cometer los mayores errores de vuestra vida.

- Siéntese, señora Welkos. - Por favor, Leanne.

Leanne, ¿conoce a una mujer llamada Molly Ziffren?

No.

Es una dominatriz que mataron esta mañana.

- Lamento oír eso. - Quedaba con su marido.

¿Sabía que salía con una dominatriz?

Supongo que sí.

Usted y su marido están separados.

Sí. Vive en la ciudad.

Bueno, el problema es que multaron un 2002 Explorer a su nombre

cerca de la casa de la Srta. Ziffren

a la hora del asesinato.

Y los resultados del uso del E-ZPass del Explorer

muestran que el coche salió y volvió a Connecticut esta mañana.

Eso indica que condujo, señora.

¿Fue a casa de la Srta. Ziffren?

¿Hubo una pelea?

Estuve allí. Tuvimos una conversación sobre mi marido.

Pero cuando salí, estaba viva, sana y salva.

-¿Y qué motivó la visita? - Había llegado demasiado lejos,

y me pareció la hora de que dejara a Kenneth en paz,

de soltarlo o quitarle el hechizo,

o que parara lo que fuera que le hacía.

-¿Qué quiere decir con el hechizo? - No sé cómo decirlo.

Pero lo controlaba de alguna forma.

No se pasa de ser una persona normal,

con un buen trabajo, que quiere a su mujer y a sus hijos,

a ser encerrado en una jaula y azotado.

No es posible.

Entonces fue a hablar, y hubo violencia. ¿No es cierto?

No, no sé quién la mató.

Pues ahora mismo, nosotros tampoco.

Pero su marido confesó que fue él.

Entonces, o los dos participaron,

o su marido descubrió lo que pasó

y cooperó para protegerle.

Señora, la mudanza de su marido y aceptar este estilo de vida

debe haber sido un mal trago.

Y puede que lo que le dijera la Srta. Ziffren

la llevó al límite, pero tenemos que saber qué pasó

o su marido pasará el resto de su vida en prisión por ello.

Dijo que fuera a ver a un loquero, que yo era la que estaba jodida.

Le volví a pedir amablemente que dejase a mi marido en paz,

-¡pero empezó a reírse! -¿Ahí la golpeó con la estatua?

Kenneth llamó anoche pidiendo el divorcio.

Esto tenía que acabar. Alguien tenía que detenerla.

¿Su marido estuvo con usted en esa casa esta mañana?

No.

Vale.

- De acuerdo. -¡Solo quería recuperar a mi marido!

- Andy, ¿has vuelto? - No. Solo me pasaba.

Es increíble no tenerte por aquí. Estaba a punto de pasarte un caso.

Pásamelo a mí.

Sí, Leanne Welkos ha confesado. Está redactando.

Hablaremos con el marido para que desmienta su versión.

¿Lo admitió para proteger a su mujer?

Sí.

- Hola, Stan. - Hola.

Bueno, escuchad todos.

- Acabo de renunciar. -¿Qué?

Sí, estaba pendiente de un trabajo de seguridad y ha salido.

Además, este trabajo ya no es lo que esperaba, y es hora

de ganar dinero de verdad.

¿Así sin más?

- Sí, así sin más. -¿Vamos de cervezas o algo?

- No, me voy de aquí. Que vaya bien. - Igualmente.

- Nos vemos. - Más te vale que no.

Ojalá fueras el escapista más rápido de la morgue,

pero hubo un hombre en el 89 que solo duró una hora.

-¿Sí? - Pero él no fue trasladado

a su brigada original como tú. Se jubiló.

Supongo que le has ganado en eso.

Gracias a ti. Encontraste al tipo que lo resolvió, Wally.

No, al final daríais con él.

Bueno, puede que sí, o puede que no.

- Pero lo encontraste. Te lo debo. - Ponme en tu testamento.

Conozco gente que puede traerte de vuelta a la brigada.

No. No, no, no, no, no. Estoy bien aquí.

-¿Catalogando cadáveres? - Sí, alguien debe hacerlo.

Podrías trabajar con homicidios.

Lo hice una vez, pero me superó. Me emborrachaba bastante.

No, no. Este es mi ritmo.

Eres un buen policía.

Me alegro de oírlo.

- Hola. - Hola.

Todo resuelto, en cuanto al traslado.

Bien.

Estaba...

Estaba en una posición difícil.

Y no la manejé bien.

Y creo que te he decepcionado mucho.

Sí.

Si quieres que me cambie, lo haré.

Tienes que posicionarte por lo que creas, Gibson.

- No solo algunas veces. - Entiendo.

Lo solucionaremos.

- Gracias. - Sí.

No iré a ninguna parte.

Subtítulos: Cristina Ocete

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