All language subtitles for The Outlaw (1943) ESPANHOLripdf

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Original subtitles

EL FORAJIDO

Doc Holliday acaba de bajar de la diligencia.

¿Quieres que yo o alguno de los chicos vaya contigo?

- ¿Por qué lo preguntas? - No quisiera estar a solas con él.

No te culpo, pero no voy a crearle problemas a Doc Holliday.

Es mi mejor amigo. Mientras yo sea sheriff, ésta será su casa.

- Mike, ¿dónde está Doc Holliday? - Aquí, Pat.

Hola, Pat.

- Me alegro de verte. - Doc, ¿cómo estás?

Tienes muy buen aspecto. Y has engordado, ¿no?

- ¿Qué te trae por aquí? - Por un lado, hablar contigo...

...y por otro, ¿sabes algo de "Strawberry roan"?

- ¿Te han robado el caballo? - Sí.

Un animal maravilloso. Lo quiero como a un diamante.

- ¿De qué te ríes? - Pobre del que lo haya robado.

Es la primera vez que me da pena un cuatrero.

- ¿Has oído que venía hacia aquí? - Sí.

Déjalo por ahí. ¿Qué vas a tomar, Pat?

Whisky, como siempre.

- ¿Por dónde has estado? - Al otro lado de la frontera.

Por eso quiero verte.

Necesito dinero y pensé que quizá querrías acompañarme.

- ¿Qué ocurre? - Te dejaré el dinero...

...pero si es como la última vez, mejor que no me cuentes nada.

¿Por qué no?

- ¿De dónde la has sacado? - Me la pegaron hace dos semanas.

Eres el último hombre que creía que se contentaría con tan poco.

Un hombre debe sentar la cabeza algún día.

Mike, ¿has visto un ruano color fresa por aquí?

- ¿Un ruano color fresa? - De dos metros, con grandes orejas.

Creo que he visto uno así. Sí, cuando venía a trabajar.

¿Dónde?

Enfrente del dentista.

- ¿Dónde es eso? - Te acompaño.

Te lo repetiré sólo una vez.

Ponte ese vaso encima de la cabeza.

- ¿Y qué harás entonces? - Tú ponlo ahí y te lo mostraré.

Es el mejor remedio del mundo para esa caspa.

Un momento, Doc.

Hola, Fred.

Hola, Pat.

- Sigues usando la mano, ¿eh? - Como siempre.

Y aún no me ha fallado.

¿Cuántos dedos ves, Fred?

Será mejor que lleve a Fred a dormir a la cárcel.

Adelántate. El dentista está junto a la esquina. Enseguida voy.

Bueno, bueno. ¿Cómo estás?

Hola.

- Tienes un bonito caballo, hijo. - Sí, señor.

- ¿Dónde lo conseguiste? - Lo compré en Alicesprings. ¿Por qué?

Alguien me lo robó en Secora.

Si no fuera por esas dos pistolas diría que fuiste tú.

- ¿Cree que fui yo? - No me das otra opción.

Ni lo pretendo.

Mi nombre es Holliday.

- ¿Doc Holliday? - Sí.

- He oído hablar de Ud. - Gracias.

- No quiero aprovecharme de ti. - Gracias. Creía que era al contrario.

- ¿Cómo te llamas, hijo? - Bonney. William Bonney.

- Billy el Niño, ¿eh? - ¿Aún cree que le robé el caballo?

- ¿Cuánto pagaste por él? - De nada serviría decírselo.

- ¿Por qué no? - Me he acostumbrado a ese caballo.

- Yo también. - No me extraña, es como una mecedora.

- Mira, hijo... - Dicen que es muy bueno, Doc.

- También he oído eso de ti. - ¿Le importa apartarse del caballo?

- Estás muy seguro de ti mismo, ¿eh? - Es absurdo pelearse por nada.

- Tienes razón. - Hola, Doc.

¿Ha habido suerte?

- Sí y no. - ¿Qué ocurre? Es tu caballo, ¿no?

Lo era.

Vaya, un listillo. Te llevaré a los establos antes de que haya pelea.

- Vamos. Gracias por tu paciencia, Doc. - Gracias, Pat.

No te encarcelaré porque sólo eres un niño.

- Acompáñame, ¿no me has oído? - Sí, ya te he oído.

A ti no te ha ido mejor que a mí.

Espera, Pat, me gustaría presentarte a este muchacho.

Es un viejo amigo, Pat Garrett. Pat, éste es Mr. William Bonney.

William Bonney.

Vaya, vaya.

Hacía tiempo que deseaba conocerte.

¿Cómo estás, Billy?

Pat, ¿cuántos dedos ves?

Deberías pelear sólo con tu amigo.

Mientras charláis, yo guardaré mi caballo. Vamos, chico.

- ¡Maldito! - Tranquilo, Pat, serénate.

Bonito caballo, ¿verdad, Doc?

- ¿Te acuerdas de mí? - ¿Dónde está Garrett?

Le mandé a casa. ¿Qué te parece si charlamos un poco?

No creo en charlas si el contrario no muestra sus cartas.

Hijo, ¿por qué eres tan tozudo?

Si no lo fuera, me habrían volado los sesos hace tiempo.

Supongo que sí. ¿Cómo sabías que Pat iba a golpearte?

Era la primera vez que un sheriff quería darme la mano.

- Oyó que decías: "Dame la mano". - ¿Qué?

¿Cómo está, Sr. Caballo? Encantado de conocerle.

No sabía que pudiera hacer trucos.

- ¿Qué más sabe hacer, Doc? - Ponte allí.

Haré que vaya hacia ti y saque esos guantes de tu cinturón.

Un poquito más atrás.

Un poco más.

Basta, muchacho. Arriba las manos.

Muy bien, Doc.

- Esto es nuevo para ti, ¿verdad? - ¿El qué?

Ser detenido por robar caballos.

Doc, Ud. Sabe que no robé el caballo.

Billy, se dicen muchas mentiras.

Esto también es nuevo para ti, ¿no, Doc?

¿Por qué?

El gran Doc Holliday con un ayudante.

¡Y encima un sheriff!

Casi no me lo puedo creer.

Habiendo oído desde niño cosas tan grandes de ti.

Ya basta. Date la vuelta y sal por la puerta.

- Espera, Pat. - ¿Por qué?

Tengo la sensación de que esto no me sienta bien.

¿Qué?

Doc, ¿no irás a echarte atrás?

Me temo que sí. La gente hablaría de esto.

Espera, aún no he acabado contigo.

Aparte, quizá me dispare por la espalda.

Dicen que es la medicina que tú das a algunos muchachos.

Lo que dices es muy duro, Pat. Nunca había oído algo así.

Bien, Sr. Garrett, si cree eso, puede hacerme lo mismo a mí.

¿Viene, Doc?

Sí, creo que sí.

Os quiero fuera de la ciudad antes del anochecer.

¿Qué he hecho yo?

Está bien, Doc. Tienes derecho a elegir a tus amigos.

ÉI sabe que no hay diligencia hasta mañana. Y que voy a pie.

¿O no?

- Ni lo sueñes. - ¿Lo dices de veras?

Claro que sí. Te buscaremos otro caballo.

- Bien, me parece que ya basta. - ¿Cansado?

Bastante.

- ¿Dónde duermes, hijo? - Tengo habitación en el hotel.

- Doc, ¿puedo verte un minuto? - Claro. Cámbiame las fichas.

De acuerdo.

- ¿En qué piensas, hijo? - No te ofendas, Doc, pero...

- ...ese último as que sacaste... - Sí, ¿qué le pasa?

- Me pareció verlo debajo de la baraja. - ¿Estás seguro?

- No te lo habría preguntado, si no. - Tienes sentido común.

- Aquí tienes, Doc. 640. - Gracias.

Podías pagar 3 ó 4 veces más por el caballo, y aún te sobraría dinero.

- Sí. Espero que estés satisfecho. - ¿Te vas?

- Sí, creo que sí. - Iré contigo hasta el hotel.

- Buenas noches, señores, y gracias. - Buenas noches.

Si quieres, puedes dormir conmigo esta noche.

No, gracias. Tengo una novia que ha venido a vivir aquí con su tía.

- ¿Sí? - ¿No tienes chica, Billy?

Yo no tengo nada, excepto el caballo.

No te creo, un chico tan guapo siempre tiene una chica por ahí.

No me fio de ellas.

- Eres muy joven para hablar así. - He conocido bastantes.

Todas son iguales, ¿verdad? Todas.

- Sí, todas. - Eso no es bueno, Billy.

Supongo que las cosas no han sido fáciles para ti, ¿no?

Si ese caballo significa tanto para ti, te lo regalo.

- Muy amable, Doc, gracias. - De nada. Hasta mañana, Billy.

Buenas noches, Doc.

Hola, Billy. Quería decirle buenas noches al caballo.

Bien. Pues ya puedes devolverlo al establo.

De acuerdo.

- Hasta mañana, Red. - ¿No hay beso?

No le gustan los besos. Entra en el establo.

- ¿Es ése mi tabaco? - Creo que sí.

No te importa si me lo llevo, ¿verdad?

Red, creo que esta noche dormiré aquí, si no te importa.

¿Qué es esto? ¿Por qué me disparas?

¿Estás loca?

Estate quieta, ¿me oyes?

- ¿Entiendes inglés? ¿Lo entiendes? - Sí.

¿Cómo te llamas?

- Río. - ¿Qué más?

- McDonald. - ¿McDonald?

¿De dónde vienes?

¡Qué te importa!

- ¿Dónde vivías antes? - Secora.

McDonald.

¡Oh, sí! ¿Quién era él?

Mi hermano.

No debió beber tanto tequila.

- ¿Qué fue de la chica? - Se casó dos semanas después.

Así son las cosas. ¿Cómo podía saber que era tu hermano?

Era él o yo. Y no le esperé en ningún establo.

- Siento haberte tratado así. - No me has hecho daño.

¿Seguro?

- Siento no haberlo sabido. - ¿El qué?

- Que era tu hermano. - ¿Y qué importa?

Bueno, tal vez no hubiese intentado conquistar a la chica.

¿Ah, no?

- ¿Qué ocurre? - Tengo una piedra debajo.

Deja que la quite.

- ¡Suéltame! - Quieta, o te quedas sin vestido.

¡Suéltame!

- ÉI no lo hizo. - Yo digo que sí.

- ¿De verdad le oíste llorar? - Claro que sí.

- Entonces no es Billy el Niño. - Hasta el dentista te hace llorar.

Callaos, ahí viene.

- Siento haber tardado, Doc. - No importa.

- Ud. Es Billy el Niño, ¿verdad? - Así me llaman.

- Te lo dije. - Esperad. De uno en uno.

- ¿Tiene 20 muescas en el revólver? - ¿Tiene 15 cabelleras indias?

Tuve que tirarlas. Cogieron polilla.

Hay que curtirlas para conservarlas. Eso dice mi padre.

- ¿Qué haces con ese palo? - Un silbato, pero no puedo vaciarlo.

- ¿Lo has remojado? - Casi se me pudre.

- ¿No podría vaciarlo de un tiro? - ¡Sí, sí!

- Colócalo sobre el poste. - ¿Puedo sujetarlo?

- ¿Puedes, sin moverlo? - ¡Claro!

- No tienes que demostrar nada. - Ya lo sé.

Ponlo un poco más arriba, un poco más.

- ¿Nunca apuntas? - Sí que he apuntado.

- ¿Cuándo? - Antes de sacar.

- Lo ha logrado, Billy. Gracias. - De nada.

- Si puedo ayudarle, dígamelo. - Lo haré.

Eso es nuevo para mí. Apuntar antes de sacar.

Tengo que hacerlo. Mi mano es más rápida que mi ojo.

¡Qué lástima!

- ¿Y ese caballo? - Lo he comprado.

- Tiene buen aspecto. - Servirá por ahora.

- Huevos fritos con jamón. - Los míos, poco hechos.

- ¿Una partida mientras esperamos? - ¿Cuánto?

- ¿Qué te parece esto? - Por mí, vale.

Antes de que empiecen, me gustaría hablar con Ud.

- ¿Quién es? - No lo sé.

- ¿Qué quiere? - Vamos al reservado.

- ¿Por qué? - Tenemos un amigo común.

- ¿Sí? ¿Quién? - Me gusta tan poco como a Ud.

- Garret, ¿eh? - Ese nombre me suena.

- ¿Pasará la noche en la ciudad? - ¿Por qué?

Todos saben que Garret le dijo que abandonara la ciudad.

Tarde o temprano tendrá problemas con él.

- Pensé que podría ayudarle. - Gracias. Muy amable.

Oiga, no le hago ningún favor.

Será un placer.

Mientras discute con Ud., no verá a nadie más.

- Así yo tendré una oportunidad. - ¿No me dará con la misma bala?

No se preocupe. Me quedaré en una esquina. Lo haré así.

Supongamos que esta silla es Garret.

Si Ud. Está allí, yo estaré aquí.

¿Le importa que desenfunde para ver la línea de fuego?

No, adelante.

- Soy yo, Billy. - Entra, Doc.

- Bien, ¿qué ha pasado? - Es un tipo listo.

¿Le conoce?

Quería que Garret le diera trabajo como suplente.

Pensaría que apresando a Billy le darían el cargo de ayudante...

...o incluso, gobernador.

- Mejor salir de aquí, hijo. - ¿Por qué? ÉI me apuntó primero.

- Será difícil que Garret lo crea. - Ya lo veremos.

¿Dónde está mi dinero?

Supongo que lo he cogido yo.

Quedarse es de tontos, hijo.

Peor es marcharse y que Garret crea que fue culpa mía.

- Vamos, corta. - ¿Quieres jugar al póquer?

Así es.

No te preocupa que tenga una pelea con Garret, ¿verdad?

Pat es bueno. Le conozco mejor que tú.

Si de verdad es tan bueno, recuperarás tu caballo, ¿verdad?

No había pensado en eso.

¿Qué ocurre?

Nada.

- Préstame 100, Doc. - Nunca presto jugando al póquer.

Trae mala suerte. Pero acepto si te apuestas el caballo.

Supongo que sí.

Hola, Pat.

- ¿Una partida, muchachos? - No, gracias, Doc.

¿Estabas dentro cuando ocurrió?

- No, pero él sacó primero. - ¿Cómo lo sabes?

- Su pistola estaba en el suelo. - Eso no prueba nada.

Pat, tienes mal temperamento y te dejas llevar.

No puedes detenerle por esto. Estás dolido, eso es todo.

- Doc, te daré la última oportunidad. - Gracias.

Tu caballo está fuera, sal y cógelo.

- Buena suerte, Doc. - Te deseo lo mismo, Pat.

¿A qué esperas?

Quiere ver qué hacen sus pollos.

¿Vas a resistirte?

No va a encerrarme por algo que no he hecho.

- Gracias, Doc. - ¿Qué pretendes?

Todavía creo que fue el otro quien empezó.

- ¿Te echas atrás otra vez? - No.

Entonces, ¿cómo lo llamas?

Como parece un problema personal entre Bill y tú...

...creo que toda esta gente sobra.

Están para que Billy no luche y así no tener que matarle.

¿Me tomas el pelo?

Cometes un gran error, Doc, al no confiar en un viejo amigo.

¡Y todo por un tipo que rechaza dar la mano!

Hablando de manos...

Salgamos de aquí antes de que ese gruñón salga herido.

No me va a echar de la ciudad.

Si quieres quedarte mientras me voy con tu caballo, de acuerdo.

Bueno, si te pones así.

Tú primero, hijo.

Pat, tómatelo con calma.

Doc, esto acaba con nuestra amistad.

Lo siento.

- ¿Puedes levantarte, hijo? - No lo sé.

- ¿Podrás llegar al caballo? - Creo que sí.

¿Has visto lo que ha hecho, sacándome así?

- Te dejaré en un lugar a salvo. - Estoy bien.

Charlie, quédate y vigila. Herido no irá muy lejos. Vamos.

- ¿Quién está ahí? - No grites.

- Doc. - Esconde los caballos.

Es Billy el Niño. Le han dado en un costado...

...pero la bala le ha salido por detrás.

Que no se mueva o se le abrirá la herida.

Córtale las ropas y véndale la herida.

Abrígale bien, aunque sude. Si se resfría, morirá.

Si empieza a delirar, átale.

Si preguntan los vecinos, di que tiene viruela. Así se irán.

Creo que eso es todo.

Haz lo que puedas por él.

Si no vuelvo te diré dónde estoy, y Billy te traerá conmigo.

Tiene cara de niño.

Tiene fiebre.

No más que la que tenía tu hermano.

Está sudando. Tráeme unas sábanas, Tía Lupe.

- Cógelas tú. - ¿Qué te pasa?

No moveré un dedo por él.

- ¿Qué ocurre? - Le buscan por los alrededores.

Qué pena me da.

Chicko, ¿qué haces?

Huele la sangre.

Se preparaba para sacarle los ojos.

Te quedarás fuera.

- ¿Se llama McDonald? - ¿Por qué?

- ¿No quiere decírmelo? - Así me llamo. ¿Por qué?

- ¿Y su padre se llamaba...? - Sí.

Soy Charley Woodruff. Trabajé con él cuando era sheriff en Secora.

Yo era una niña entonces.

- Charley. - Tía Guadalupe.

- ¿Cómo estás? - Bien. Estás gordo como un cerdo.

- ¿Qué haces por aquí? - Estoy con el sheriff.

- Buscamos a Billy el Niño... - Sal de aquí.

- ¿Por qué no entras y te sientas? - La próxima vez.

- ¿Qué le pasa al gallo? - Nada.

Hay una gallina bajo la cama y quiere perseguirla.

- ¿Quiere que lo saque de ahí? - No, está todo desordenado.

Acabamos de levantarnos. Gracias. Encantada de verle.

- Hasta pronto. Adiós, Guadalupe. - Te acompaño afuera.

No, no irás. La comida está lista. Adiós.

Ya te arreglaré.

- ¿Cómo está Billy? - Parece que tiene escalofríos.

¿Escalofríos?

- ¿Dónde estás? - Aquí, junto a ti.

- No te vayas. - No me iré.

- Tengo mucho frío. - Yo te haré entrar en calor.

- No te vayas. - No tardaré.

¿Cómo puedes quedarte así?

- ¿Estás enfadada? - No.

- ¿Seguro? - No, no lo estoy.

- ¿Por qué te escondes de mí? - Ahora vuelvo.

- ¿Dónde está la botella de whisky? - Tuve tos y me la bebí.

Le puse las piedras a Julio, pero fue lo mismo.

Siguió temblando como una hoja y murió.

Sal de aquí y cierra la puerta.

¿Por qué?

Sal de aquí.

¿Te has vuelto loca?

Si te hace sentir mejor, puedes traer al pastor mañana. Ahora sal.

Tú no vas a morir.

Yo te calentaré.

Ya sé que no soportas esto. Tendré que pararles los pies.

No es cosa mía, pero hace 10 minutos que estamos fuera del condado.

Tienes razón, Swanson, no es cosa tuya.

Separaos y escondeos tras las rocas.

Hoy pareces otro. Tienes buen aspecto.

¿Eres tú?

Sí.

¿Qué haces aquí?

Vivo aquí.

Hace rato que intento recordarlo. ¿Cómo he llegado hasta aquí?

Te trajo Doc.

¿Doc?

¿Eres su novia?

Será mejor que me vaya.

Cuidado, tu herida. Te harás daño.

Eso es. Ya recuerdo. Ayer me dieron, ¿no?

Ayer.

- Hace un mes. Has estado muy enfermo. - ¿Un mes? Eso es mucho tiempo.

- ¿Cómo está Red? - ¿Red?

¿Le has cuidado por mí?

¿Quién es Red?

- ¿No dejó Doc aquí mi caballo? - No.

No puedo creer que hiciera algo así a mis espaldas.

- ¿Ya está bien? - ¿Quién es esta gordita?

Es mi tía Guadalupe.

No tendrá un bocadillo de jamón, ¿verdad?

¿Tienes hambre? Lo único que tenemos son alubias.

Para empezar, basta con eso. ¿Eh, gordita?

- No pareces un hombre enfermo. - ¿Quién ha dicho que lo esté?

¿Qué significa "gordita"?

- Es algo cariñoso. - ¿Cariñoso?

Sí, cariñoso. Dice que eres dulce.

¡Qué amable!

¿Adónde vas?

A ver si encuentro un par de huevos frescos.

- ¿Cómo te encuentras? - Bien. ¿Cuándo comemos?

- Has comido hace una hora. - ¿De verdad?

¿Puedes traerme mi ropa? Quiero levantarme y pasear.

¿Para qué?

No puedo estar siempre en la cama. Y quiero encontrar mi anillo.

¿Tu anillo?

Tenía un anillo en este dedo y ha desaparecido. Estoy preocupado.

No debes preocuparte por algo así. Puedes comprarte otro.

Ese anillo me daba buena suerte.

Se supone que quien lo lleva debe tener una vida estupenda.

¿Y cómo es que lo tenías tú? ¿Le mataste?

No. Otro le mató.

Entonces, no le dio tan buena suerte, ¿no?

Nada hasta que se lo quitó para lavarse las manos.

- No te levantes hasta mañana. - Eso dijiste ayer.

- Todavía no estás fuerte. - ¿Quién dice que no?

Billy, no debes, te harás daño.

¿Y por qué luchas conmigo?

Pero, has estado tan enfermo, todavía no estás bien.

Río. Vamos. Quiero que vengas a la tienda conmigo.

- Tengo colada para lavar. - Tienes toda la tarde. Vamos.

- Primero voy a peinarme. - Está bien, pero date prisa.

- ¿Por qué debes ir con ella? - Es mejor.

Pero imagina que entrase alguien, como ese sheriff del otro día.

Sí, es verdad. Se lo diré a Tía Guadalupe.

- ¿Quién es? - Soy yo, Doc. Abre, deprisa.

Ya voy.

Hola, Doc. Me alegro de verte, Doc.

Creía que tenía que tirar la puerta.

Es por la lluvia, Doc. Por eso no oía nada, Doc.

No necesitas gritar. No estoy sordo.

Menuda tormenta. Lleva lloviendo así 3 ó 4 días, Doc.

- Por eso he podido despistarles. - Has borrado tus huellas, ¿eh?

- ¿Tienes hambre? - No he comido nada desde que me fui.

- ¿Cómo está Billy? - Bien. Lleva levantado una semana.

¿Dónde está Río?

- ¿Río? ¡Oh, sí! - Por eso gritabas, ¿eh?

- Voy a llamarla. - Espera. Ya la habrás despertado.

Así que es eso. Bien. ¿Dónde está él?

Se está vistiendo.

Bien, será mejor que le eche una mano.

No, primero déjame hablar contigo.

¿Estabas borracha? ¿Qué ha ocurrido?

- No lo sé. - También me hechizó a mí.

- Puede encandilar a un pájaro. - Sí, ya lo he visto.

- Nunca falla. - No hables así, Doc.

¿Quieres que diga, "que Dios os bendiga, hijos"?

¿Por qué no?

- Me casé con él. - ¿Qué hiciste qué?

Es la verdad, Doc. Pero, por favor, no se lo digas.

- ¿Decírselo a quién? - A Billy.

- ¿Es que él no lo sabe? - No.

- ¿Y cómo te has casado con él? - Estaba inconsciente.

Nunca lo hubiese hecho, pero pensé que se moría.

Y se hubiese muerto, de no ser por ti.

No quiero su gratitud.

Debería haberme quedado bajo la lluvia con el sheriff.

- Hazme una taza de café. - Claro, Doc.

Está bien que no quieras su gratitud.

¿Por qué dices eso?

Bien pensado, después de Io que me has hecho...

...no desearía nada mejor para ti que irte con Billy.

- ¿Qué quieres decir? - No quisiera estropeártelo.

Hola, Doc.

- ¿Es todo lo que vas a decirme? - Lo siento, pero es culpa tuya.

Ah, sí, culpa mía.

Tú me trajiste aquí.

Ahora quieres echarme la culpa.

Coges mi caballo, luego a mi chica y todo es culpa mía.

Eso me recuerda otra cosa.

Te fuiste con Red, ¿verdad?

¿Crees que es una excusa?

- Lo bastante buena para mí. - Sólo hay un problemilla.

- ¿Cuál? - Que el caballo también era mío.

Pero yo no estaba en condiciones de discutirlo.

No, pero ¿de qué te servía el caballo estando como estabas?

Bueno, si lo ves así, digamos que lo tomaste prestado.

- ¿Adónde quieres llegar? - Yo también quisiera saberlo.

Yo te presto. Tú me prestas.

- ¿Qué intentas decir? - Tomemos una taza de café.

- Será mejor que nos vayamos. - No a ese precio.

Bien, Doc, te diré Io que voy a hacer.

¿Qué?

Para que veas que tengo buen corazón...

...te dejo elegir.

- ¿Me cambias por un caballo? - Eso depende de Doc.

Después de todo, tengo que pensar en el otro, ¿sabes?

Te lo agradezco, Billy.

No lo dirás en serio, Billy.

Después de todo lo que ella ha hecho por ti.

Debería haber visto lo que el caballo hizo por mí.

Sí, es verdad.

Espero que no lo tomes a mal, pero, en estas circunstancias...

- ...escojo el caballo. - ¿Sí?

- ¿No estás satisfecho? - Doc, me gusta ese caballo.

¿Qué te dije?

- No me lo puedo creer. - ¿De qué estás hablando?

- De nada. - ¿Qué te ocurre?

Nada.

- Lléname esto de agua, ¿quieres? - ¿No quieres comida?

¿Puedes darnos para llegar hasta Fort Summer?

Sí, por supuesto.

Está despejando. Será mejor irse de aquí.

- Préstame algo de dinero. - ¿Cuánto quieres?

Unos 50 pavos.

Aquí tienes 40.

Toma, cómprate un caballo y un carro.

¿No crees que es demasiado?

Puedes darle 20 a Guadalupe.

Si llegamos bien a Fort Summer, mandaré a buscarte.

¿Para qué?

No aguanto la comida de rancho.

Aquí tienes, Doc.

- Gracias, adiós. - Adiós, Doc.

Adiós.

Adiós, Billy. Cuídate.

Tú haz lo mismo.

Llénalas para Doc.

Hola, viejo amigo. ¿Me has echado de menos?

- Está muy delgado. - Ha hecho mucho ejercicio.

- ¿Dónde cogiste este caballo? - Cansé demasiado al negro.

Tuve que cambiárselo por éste a un pastor. Aún es un poco salvaje.

- Es un cielo de caballo. - Te lo voy a prestar.

- Sólo hasta que te recuperes. - No quiero favores.

- ¿Qué te ocurre? - No quiero que me prestes a Red.

- ¿Por qué no? - Aún no he renunciado a él.

Igual que no renuncio a montar a este potro.

Adiós, Río.

- ¿Qué te ocurre? - Estoy rendido.

- ¿Qué buscas? - Mi tabaco.

- ¿Hay algo que no me quites? - Lo había olvidado.

Sí, tienes el vicio de olvidar Io que pertenece a los demás.

- ¿Crees que lo hago a propósito? - Sí.

- Escucha, esto no me gusta. - A mí tampoco.

- ¿Quieres probar algo? - Tomas mucha ventaja.

No puedo evitarlo. Pero no sé si podré apuntar.

- No peleo con enfermos. - Déjame descansar un poco...

...y te daré una paliza.

Es un buen lugar para acampar.

- No hay agua. - Hasta Fort Summer no hay ni gota.

Eso está muy lejos.

Cuando lleguemos allí, tendremos al sheriff detrás.

- ¿Cómo sabes que es él? - Lo reconozco de lejos.

No vendría él solo a por nosotros dos.

Quizá haya perdido a sus hombres.

¿Por qué no le disparaste? ¿O sí lo hiciste?

- ¿Lo hice? - Eso dije. ¿Lo hiciste?

No hice otra cosa.

¿Quién le pondría sobre nuestra pista?

- Tal vez alguien nos vio salir o... - ¿O qué?

- Nada. - Sí, seguro que fue ella.

- Sí, Río. - ¿Por qué haría algo así?

No lo sé, las mujeres son extrañas.

Despacio. El agua debe durar hasta Fort Summer.

- ¿Qué ocurre? - Mira.

Está más loca de lo que creía.

Tu amorcito puso arena en vez de agua.

Me acordaré de ésta.

De nada sirve quedarse aquí más tiempo. Sigamos.

- Creo que beberé otro trago. - ¿Qué dices? No has bebido antes.

No. Pero tuve esa misma sensación hace una hora.

Sé lo que piensas, pero no te hará ningún bien. Sigue mi consejo.

- ¿Qué? - Matar a una mujer.

¿Por qué no?

No hay nada que no harían por ti, o contra ti.

¿Por qué no me has despertado? Ya deberíamos habernos ido.

Manos arriba.

Hola, Pat.

- ¿Dónde está Billy? - Parece que te dejó.

Y con mi caballo.

Póntelas.

Pero si ya me conoces. ¿Me las tengo que poner?

Te conozco. Póntelas.

Buena idea la de poner arena en las cantimploras.

Tenía que darte algo por tu dinero, ¿no?

Ya veo, así que le dijiste al sheriff que nos siguiese.

No me extraña que fuese solo.

Sólo tenía que esperar a que cayera la noche.

¿Por qué has vuelto?

Fue duro, pero, cuanto más pensaba en ti...

...más fácil resultaba.

¿A qué esperas? Adelante.

Eso suena bien. Me gusta que me lo pidas.

Pero quiero que me lo supliques.

- ¿Cómo quieres que te lo diga? - Podrías decir un dulce "por favor".

Por favor.

- ¿Mantendrás los ojos abiertos? - Sí.

¿Me mirarás a los ojos mientras lo hago?

¿Qué ocurre? Todos beben menos yo.

- ¿Crees que soy un camello? - Si quieres un trago, cógelo.

¿Has oído algo?

- ¿Qué clase de huella es ésa? - No lo sé.

Es muy pequeña para ser de un hombre.

Aquí hay otra.

Y otras por ahí.

Vaya, mira lo que es.

Es un viejo truco indio. Se mojan las cuerdas y así se encogen.

Una hora más y estaría colgando por las muñecas.

Debo decir algo por Billy, sabe jugar sucio.

La puso de modo que pudiese ver el agua.

Se fue hace media hora, hacia aquellas montañas.

- ¿Estás bien? Siéntate. - No te preocupes por mí. Síguele.

Ahora no podemos atraparle. Nos lleva mucha ventaja. Siéntate.

- Creo que está enamorado de ti. - ¿De qué hablas?

Cuanto más loco está un hombre por una mujer, más locamente actúa.

Sólo está loco por una cosa, por él mismo.

Eso me da esperanzas. Quizá logre atrapar a Billy.

- ¿Cómo? - Si está loco como para hacer esto...

...quizá esté loco como para volver a buscarte.

Tú sí estás loco. Yo no le importo. Nunca volverá.

Quizá, pero merece la pena intentarlo. ¿Verdad, Doc?

Si es tan tonto como para volver, se merece que le atrapen.

- No respires tan fuerte. - Está bien.

¿Qué te ha parecido?

Creí que te había atado más fuerte.

- Has vuelto. - ¿No creerás que he vuelto por ti?

- ¿No? - ¿Sabes algo del sheriff?

Estamos detrás de ti, Billy.

- Pon las manos en su sitio. - ¿Por qué no me has avisado?

Date prisa con la comida. Quiero llegar antes del anochecer.

- Sólo tengo dos manos. - ¿Por qué no usas las dos?

- Utilizaré una contigo. - No me extrañaría...

...ahora que estoy aquí, atado como un pollo.

Aquí estamos juntos otra vez, como una familia feliz.

Yo estaría llegando a Fort Summer, de no ser por ti.

- ¿Por mí? - Sí. Dame tabaco.

- Fue por ella. - ¿Por Río? ¿Estás loco?

- Vamos, sé un hombre y admítelo. - ¿Admitir qué?

Tú no sabías que Pat me había atrapado hasta que volviste, ¿no?

- No. - Entonces, ¿por qué has vuelto?

- ¿Por qué no? - Podías ser libre, pero has vuelto.

¿Qué quieres decir?

Una vez te oí decir que no te gustaba la comida del rancho.

Así que volviste a buscarla.

- No daría dos pasos por ella. - Lo has hecho.

- Te digo que no. - Valen los hechos, no las palabras.

¿Sí? Te demostraré cuánto me importa.

Si la quieres, te la regalo. ¿Qué opinas de eso?

No la quiero. El ganado no pace después de las ovejas.

¿Ovejas? ¿Has dicho ovejas?

No he dicho cabras ni monos.

- ¡Te voy a...! - Siéntate.

- ¿Qué te ocurre? - No te metas.

Ten cuidado, chico. No me provoques.

Hace tiempo que espero una excusa como ésta.

Ahora verás.

Basta de comida. Nos vamos.

- Déjame beber antes. - Está bien. Date prisa.

Río, ven y agárrame de las manos para que no me caiga.

Fuera de ahí.

Ya estás bien. Vamos.

- Quieres llevarnos a Lincoln, ¿no? - Claro, ¿adónde si no?

- Ése es el camino, ¿verdad? - Sí. ¿Adónde quieres llegar?

Echa un vistazo.

Doc.

- Los mescaleros madrugan este año. - Hablan de nosotros, ¿no?

Están avisando a otra partida que está por otro lado.

Justo allí arriba.

Están a ambos lados.

- Será mejor ir a Fort Summer. - No me será fácil.

- ¿Por qué no? - No soy acróbata.

- Espero que tengáis sentido común. - Por supuesto, Pat.

Claro, Pat.

No, muchacho.

- Ése es tu caballo. - ¿Quién lo dice?

Lo digo yo. Monta y marchémonos.

Río, tú monta el pinto.

Gracias.

¡Red es mi caballo!

Ya lo sé, pero Io voy a montar yo.

No me gusta esto. Hay mescaleros delante de nosotros también.

- Será mejor que no vengas, Río. - ¿Por qué no?

- Les han quemado. - Esos mescaleros van en serio.

¿Qué es eso?

Es un grupo grande. Llegarán en un momento.

Mirad allí.

- ¿Qué haces? - ¿Tú qué crees? Quiero mis armas.

- Espera un poco. - No vamos a discutir ahora.

¿No vas a darnos una oportunidad?

- Le gustaría verme quemado. - Seguro.

¿Y a ella?

No hablemos de ella ahora. Quiero saber...

...si prometéis devolverme las armas después.

- Claro, ¿quién crees que somos? - ¿Te asegurarás de que lo haga?

- ¿Quién te asegura que lo haga yo? - Me fio de ti.

- ¿Dónde están mis balas? - Toma. ¿Nos enfrentamos o huimos?

- No podemos quedarnos aquí. - Conozco un truco.

Haced exactamente Io mismo que yo.

¡Soltadlos!

Conozco este sitio. Estamos a 40 millas de Fort Summer.

- ¿Qué hace por aquí? - Hola, Pablo. ¿Nos puedes alojar?

Claro, encantado. Mi casa es suya. Denme los caballos.

Bien, chicos, por esta vez nos hemos librado.

Sí, es cierto.

Pero no estaría tan seguro, Pat.

Tiene razón, Pat. Esos indios no se rinden fácilmente.

Esto es muy importante. Cabalga hasta Fort Summer...

...y entrega esta nota al sheriff.

- ¿Ha dicho al sheriff? - Eso me ha parecido.

Gracias, Río.

Hace una bonita noche.

Creo que daré un paseo.

Caballeros, por si vuelvo tarde, les diré buenas noches, ahora.

Te acompaño.

Bueno, Billy, has tratado muy bien a mi caballo.

Lo menos que puedo hacer es dejar que te despidas de él.

- Eres muy amable, Doc. - Me gusta pensar en los demás.

Así que quédate quieto aquí, y no hagas ningún movimiento.

Así podrás decirle adiós mientras cabalgo.

En otras palabras, crees que te vas.

Lo siento. Odio cenar y marcharme, pero ya sabes lo que pasa.

- Escucha, Doc. - Pierdes el tiempo, Pat.

¿No olvidas algo?

No, no creo. Buenas noches a todos.

Oye, Doc.

- Sí, Billy. - Creo que tendrás que escucharme.

¿Por qué?

¿Qué dirías si no quiero despedirme de Red?

¿Aún crees que tienes algo que decir sobre ese caballo?

Sí.

Está bien, adelante. Dilo.

Te tomas una buena ventaja. ¿No me dijiste eso, una vez?

- ¿Qué tal así? - No hay que exagerar.

Gracias.

¿Qué hacemos con él? ¿Nos dejará en paz?

¿O deberíamos arrancarle los dientes antes de empezar?

No os preocupéis por mí. No levantaré un dedo, Doc...

...para evitar que le mates.

Nosotros nunca tuvimos problemas hasta que llegó él.

ÉI se mantendrá al margen. Venga, hijo, estoy esperando.

Deja esos platos, me pones nervioso.

- Billy, te matará. - ¿A ti qué te importa?

Puedes comprar otro caballo.

- Quiero éste. - ¿Por qué?

Quiero enseñarle a echar el humo por las orejas.

- No tengo toda la noche. - Vete contra la pared.

- Billy... - ¡Venga!

- Y cuenta hasta tres. - No lo haré. Los dos estáis locos.

- ¿Y tú, Pat? - Claro. Lo haré encantado.

Estás demasiado ansioso. No me fio de ti.

Será mejor utilizar ese reloj de cuco.

Sí, por mí vale. Sonará dentro de un minuto.

- ¿Con la última campanada? - Vale.

Billy, creo que aquí se acaba todo.

Después de todo, los hombres son como niños.

¿Has visto alguna vez a dos niños peleando en el jardín?

Se empujan, y parece que pelean, pero no lo hacen.

Realmente, son amigos, Io hacen por diversión.

Entonces, empiezan a jugar demasiado duro. Uno de ellos se enfada...

...y siempre sale alguien herido.

Por lo que nos toca, aquí es donde alguien sale herido.

Pero cuando acabe, no importa cómo, no habrá rencores.

Doc...

¿Por qué no has sacado?

He cambiado de opinión.

Seguro. Has perdido los nervios. Sabía que eras un fanfarrón.

Calla. ¿Por qué has cambiado de opinión? ¿Es otro truco?

No me apetece. Quizá he comido demasiado.

Pero otra noche te volverá a apetecer, ¿eh?

Quién sabe.

Eso no es bueno, Billy.

Si debemos pelear tarde o temprano, prefiero hacerlo ahora y zanjarlo.

Has estado a punto de dispararme todos los días.

Yo no quería, pero he esperado a que eligieses la hora y el lugar.

Ha sido esta noche. ¿Sacarás o tendré que obligarte?

¿Vas a pelear o tendré que dispararte a las orejas?

¿Te has vuelto loco, Doc?

¿Qué te ocurre, Billy? No creía que le aguantaras eso a nadie.

- Tal vez a otro no. - ¿Qué quieres decir?

No le escuches. ¿Nunca has visto a un gallina?

ÉI nunca ha sido un gallina. ¿Qué te ocurre, Billy?

Creo que la idea del reloj de cuco no era buena.

- ¿Por qué? - He tenido tiempo para recordar.

Tú eres el único compañero que he tenido.

Vaya. ¿Lo dices de veras, hijo?

- Te he tratado peor que a nadie. - También ha sido culpa mía.

No sé por qué me enfadé y te traté así. Salgamos de aquí.

- No, será mejor separarnos. - Separarnos, ¿por qué?

- No quiero que Red nos lleve a ambos. - No te preocupes.

Encontraremos una manera de compartirlo. Cógelo tú ahora.

- No, yo he sido el último. - Ahora que lo pienso, es verdad.

Ya no me preocupa que nos peleemos, Billy.

Porque una cosa es segura.

Si esta noche no lo hemos hecho, no lo haremos jamás. Vámonos.

- Adiós, Pat, no seas rencoroso. - Doc.

- No te irás con él. - ¿No pensarás pelear con los dos?

Debí haber sabido que me harías esto.

Desde que le conociste, me has tratado como a un perro.

Estuviste en mi contra, haciéndome pasar por el tonto del pueblo.

Tómatelo con calma.

Os devolví las armas para que salvarais el pellejo.

Y ahora dices que debo pelear con los dos para recuperarlas.

¡Permaneces con ese niñato contra mí, contra mí!

¡Yo siempre fui tu mejor amigo!

¡Y todavía lo sería, si no fuera por él!

- Por esta noche es suficiente. - Espera, déjame a mí.

Pat es amigo mío.

No quiero matarle ni que tú le mates. ¿Está claro?

Pat, estás muy excitado.

Nos veremos un día de éstos y nos reiremos. Adiós.

Ten cuidado. No tienes ninguna oportunidad contra mí.

Adiós.

Adiós, Pat.

- Doc. - No, hijo, por favor, no lo hagas.

Doc, túmbate.

- No. - ¿Por qué no?

- Es lo único que siempre he temido. - ¿El qué?

Morir en la cama.

¿Por qué no me has disparado? Me tenías a tiro, estaba helado.

Tal vez no me guste la carne fría, Pat.

Bien, adelante.

- ¿Qué quieres decir? - ¿No vas a decir nada por Doc?

No sé qué decir. Nunca he dicho nada por alguien que haya matado.

Creo que deberíamos decir algo por Doc.

Dilo tú.

Hasta pronto, Doc.

Quiero que sepas que lo siento.

De veras.

Anoche estaba dispuesto a matarte.

Pero a la luz del día puedo ver las cosas mucho mejor.

Doc y tú habíais sido amigos durante años.

Si yo no me hubiese interpuesto, nada de esto habría ocurrido.

Es curioso cómo dos o tres caminos...

...pueden llegar a cruzarse y enredarse.

Bueno, adelante.

Después de ti.

¿No pensarás que te dispararía por la espalda?

No lo sé, pero no pienso tentarte.

No te creo tan estúpido como para intentarlo de cara.

No confías en nadie, ¿verdad?

Te pido disculpas, Pat. Adelante.

¿Quién está ahí?

- ¿Dónde está Pat? - En la casa.

No impedirá que te vayas.

- ¿Cómo lo sabes? - Me lo ha dicho.

Billy, ¿puedo verte un minuto?

¿Qué quieres?

Si es así como te sientes, no importa.

Al menos yo no tengo miedo de darte la espalda.

Sostenlo un minuto.

Creía que te gustaría tener las armas de Doc como recuerdo.

Sí, claro que sí. Gracias, Pat, muchas gracias.

Nunca he tenido un par extra. ¡Y con cananas negras!

Irán bien con un traje de domingo, si alguna vez lo tengo.

¿Te vienen bien?

Si los cañones no son demasiado largos...

No, son exactamente iguales.

Ten cuidado, están cargadas.

Es verdad.

Creo que incluso están mejor equilibrados que los míos.

Entonces, ¿me dejas quedarme con los tuyos?

¿Mis revólveres? ¿Para qué?

Así podría decir que eres tú el que yace en esa tumba, y no Doc.

- ¿Dirías que Doc soy yo? - Sí.

Todos me creerían al ver las armas de Billy el Niño.

Podrías borrar tu pista aquí.

Nadie te seguiría al norte, todos tus problemas, enterrados.

Río y tú podríais marcharos sin tener que preocuparos de nada.

No sé por qué quieres hacer algo así por mí.

Ya estás, desconfiando de quien trata de ayudarte.

¿No te das cuenta de que éste es tu problema?

¿No ves que es eso lo que te mete en tantas peleas?

Tienes más enemigos que nadie en esta zona del país.

¿Cómo te llevarás bien con la gente, pensando que cada hombre...?

...¿qué te da la mano tiene un cuchillo en la espalda?

Hijo, yo no sé qué será de ti. De verdad que no. Y me preocupa.

No quería ofenderte. Lo siento.

Eso es, ése es mi chico.

Dame esos revólveres y lárgate cuanto antes.

- ¿Qué ocurre? - Nada.

Es que hace mucho que tengo estos revólveres.

Odio tener que desprenderme de ellos.

Billy, he sido muy paciente contigo.

Billy, hijo, es tu deber, entrégamelos.

Te lo debes a ti mismo. Debes empezar una nueva vida hoy.

Esos revólveres son el estigma de tu vergüenza.

Representan todo lo que debes dejar atrás. ¿No te das cuenta?

¿No entiendes que si vas a empezar una nueva vida...?

...¿tus manos deben estar limpias?

Supongo que tienes razón, Pat.

Nunca lo había visto así.

- Gracias, Pat. - Billy...

...no sabes lo que esto significa para mí.

Nunca olvidarás este día.

Adiós, Pat.

¿Por qué dices eso?

- ¿Por qué no debería? - ¿Por qué? No vas a ningún sitio.

He quitado los percutores.

¡Maldito!

Nada me haría más feliz que el que siguieras avanzando.

¿Es ése uno de tus revólveres?

- Parece que sí. - ¿Cómo lo has cogido?

¡Pequeño y sucio tramposo!

Has cambiado los revólveres, pequeño y sucio ruin.

No quería hacerlo, Pat. De veras.

Deben haberse mezclado mientras jugaba con ellos.

Gracias.

He dejado mis revólveres justo allí.

¿Para qué?

¿No querías enseñarlos para que todos creyeran tu historia?

Sospecho que prefieres que crean que fue Doc quien te ató así.

Preferirías estar muerto a que se sepa que fue Billy el Niño.

Adiós, Pat.

No querrás marcharte sin tus cantimploras, ¿verdad?

- ¿Las has llenado para mí? - Sí.

Aquí yace Billy el Niño muerto por Pat Garrett.

13 de Julio de 1.881.

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