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Anteriormente...
-¡Hola! ¿Qué pasa? -¿Qué narices haces aquí?
Vendo suscripciones a revistas. ¿Tú qué crees?
Genial, pero no olvidaremos que ayudaste a enterrar a un compañero.
No sabía que era compañero vuestro.
Pues mirarte me trae malos recuerdos.
Últimamente, has tomado decisiones que no son buenas, papá.
¿Te marea Asuntos Internos
y el mundo se entera de que trabajas para ellos?
Solo esas dos cosas nos han puesto la vida patas arriba.
¡Y yo que pensaba que te defendía!
Eres mi única familia, pero no tomes más decisiones por mí.
¡Oh!
-¡Perdón! - Tranquilo.
¡No pasa nada!
¿Qué pasa?
Mi padre no me contesta a las llamadas.
-¿Qué le pasa? - Se enfurruña.
Otra cosa con la que lidiar.
- No sé muy bien lo que ha pasado. - Vamos a ver.
El tirador se acerca y dispara al brazo del conductor. Le rozó.
El conductor cae al suelo, pisa con la mano el acelerador.
Y el coche acaba ahí. El tirador se fugó.
El conductor quería irse sin denunciar.
¡Señor!
¿Qué tal, Julian?
Bueno, voy trabajando, me alimento bien,
me disparan.
- Tranquilo. -¿Nos deja un momento?
-¿Qué ha pasado? - Estaba sentado en el coche
y un tipo vino a mi ventana y disparó.
Entonces me caí.
Luego le oí gruñir como si le hubieran disparado.
Le di al acelerador con la mano.
Si no fuera por ese acto reflejo,
- estaría muerto. -¿Quién era él?
No le vi la cara porque estaba mirando mis discos,
solo me dio tiempo a ver el arma dispararse.
-¿Quién te la tiene jurada? - En orden alfabético. Empieza por la A.
Por favor, chicos, he derramado sangre.
-¿Y si me dejáis en paz? -¿A quiénes buscamos, Julian?
Un tal Aldo Sanfantello.
- Lo llaman el Dentista. -¿Qué putada le hiciste?
No, no. Nos puteamos mutuamente, pero puede que le parezca
que tal vez yo tuve más culpa.
Es el único que se me ocurre, ¿vale?
- Sanfantello, vale. S-A-N... - Hay mucha gente por aquí.
Cualquiera puede haber sido disparado o atropellado.
- Más te vale ser sincero, Julian. -¿Acaso no soy la víctima?
Juro por los ojos de mi madre que digo la verdad.
- Ve al hospital. - Estoy bien.
Quédate en el hospital hasta que llamemos.
¡Estoy bien! Muy bien. Vale.
¿Hola? ¡Me han disparado aquí!
¿Qué lees?
Uno de esos libros para educar a niños.
¿Por el bebé?
Ahora mismo es más por Theo, supongo.
-¿Va todo bien? - Sí, estoy mirando
si hay efectos a largo plazo de...
llegar y verme desnuda esta mañana.
- No. - Sí.
¿Pero de lado?
- De frente. - Dios mío.
Rita...
Robo en la Novena, las dos.
-¿Me he perdido algo? - No, nada.
¿Cómo va vuestro caso?
Apunta a un tipo al que Julian ha cabreado.
Aldo San... no sé qué. Apodado el Dentista.
Medavoy y Jones lo traerán.
¿Cómo estaba cuando lo dejaste en el colegio?
Lo dejé en Hooters.
Insistió.
Siéntate, Aldo.
¿Por qué te apodaron el Dentista?
Si hay un problema, lo saco.
Es la mayor estupidez del mundo.
Si no os gusta, no lo digáis. ¿Qué hago aquí?
-¿Conoces a Julian Pisano? - Sí, conozco a Julian.
¿De qué?
Teníamos un negocio juntos hace un tiempo.
-¿Sí? ¿Cómo acabó? -¿Por qué?
Porque quiero saberlo, ¿o quieres que esto sea otra cosa?
Julian tuvo un gran plan.
Comprar ropa interior comestible de Tailandia
a precio bajo y revenderla aquí.
Entonces me dijo que salió moho de cuando iban
en la bodega del barco
y no se podían usar, así que perdí dos mil.
Es un hipócrita mentiroso y ahí acabó nuestro negocio.
- Hoy alguien ha disparado a Julian. -¡Bien!
¿Está más claro el por qué te hemos traído aquí?
Vamos, no me fastidiéis.
-¿Hoy dónde has estado? -¿Julian me ha acusado?
¿Dónde has estado?
En casa durmiendo hasta que llamasteis a la puerta.
Un inteligente como tú contrataría
a alguien para sacarlo del mapa.
¿Contratar con qué, con pasteles? Comprobad mi cuenta bancaria.
Estoy sobregirado más de 100 dólares.
Además, ¿cómo iba a recuperar los dos mil de Julian
si está muerto?
Bueno, es un argumento válido, Aldo. La verdad.
Ya perdí suficiente tiempo con este tío, ¿vale?
¿Y si me dejáis volver a mi vida?
Mantente localizable.
Por Dios, Julian no nos tocará mucho las narices, ¿no?
No...
A esta señora le han estafado 100 dólares.
Le he dicho que asuma que la han engañado,
pero no se irá hasta hablar con un inspector.
Se llama Kristin Haines.
- Gracias. - De nada.
¿Señora Haines? Soy la inspectora Ortiz.
Ella es la inspectora McDowell.
- Gracias por venir. - Por supuesto.
Hace unas dos horas, se me acercó una mujer,
que dijo ser irlandesa,
haciendo un intercambio escolar en Filadelfia.
Como novatada de la hermandad de mujeres,
la dejaron en medio de Nueva York y le quitaron el bolso.
Estaba perdida e histérica y me lo creí.
-¿Cuánto le dio? - Cien dólares.
Me pidió mis datos para devolverme el dinero,
y la llevaba a la estación Grand Central
cuando me pidió que me desviara para comprar agua en el mercado.
No volvió.
¿El agente ha anotado la descripción?
- Sí. - Bien, hablaremos con agentes de aquí
por si a alguno le suena la chica o la estafa.
No será la primera vez que ha hecho esta jugada.
- Puede que tenga razón. - Deberían encontrarla.
Haremos lo que podamos.
Y, cuando la encuentren, quiero hablar con ella.
Antes, váyase a casa y espere noticias nuestras.
¿Pueden darme sus tarjetas?
Señora Haines, puede que no la encontremos.
Podría verlo como una lección y pasar página.
En otras palabras, no seguirán con la investigación.
Desde luego lo haremos. Solo digo...
No me tiene que preparar para lo peor, inspectora.
Solo quiero saber que me ayudarán.
- Lo haremos. - Gracias.
Debería irse a casa, señora.
No, me quedaré aquí por si la veo.
A ver si se nos ocurre algo.
COMISARÍA 15
¿Y bien?
Hemos hablado con tu amigo el Dentista.
- Bien. ¿Tenéis algo? - No, nada.
Porque he estado devanándome los sesos pensando en más gente.
¿Por qué has salido del hospital si tenías que quedarte?
- Los médicos terminaron. - Te dijimos que te quedases.
¿Por qué no contestas al móvil o al busca?
He estado en espacios públicos. Me parece de mala educación
responder llamadas delante de otra gente.
Miramos tu historial, sabemos con quién has hablado hoy.
-¿Y eso por qué? - Porque tú eres tú.
Tres llamadas a Artículos de Fontanería Pucconi.
¿Para qué era?
Pues el hombre que trabaja ahí,
también trabaja con coches. Ya visteis el mío en la calle.
El panel lateral derecho está destrozado.
¡Oye! ¡Oye! Por favor... ¡Venga ya!
¿Recuerdas lo que dije en la calle?
Lo de mi bronca con el Dentista es verdad.
- Julian... - Vale. Está bien.
Mi mujer trabajaba en Pucconi. El hijo, un gilipollas llamado Pete...
Entré una vez
y tenía a Roberta arrinconada en el almacén.
Y descubro que ha estado
haciendo comentarios inapropiados sobre ella.
Así que voy a por él. Lo confronto.
Dice lo que sea y resulta que llama a mi casa
y me cuelga el teléfono.
¿Por nos haces perder el tiempo una y otra vez?
Este Pete debe tener algo que ver.
No mando agentes a buscarlo porque sí.
Llamé para averiguar si tenía algo que ver.
No estoy completamente seguro,
pero si fuera así, os lo haría saber
- de inmediato. -¿Cómo era quien te disparó?
No le vi bien la cara.
Vi el destello, me agaché,
lo oí gemir como si le hubieran disparado y aceleré.
-¿Le disparaste tú? -¡No!
- No me mientas. -¡No miento!
Porque lo descubriremos.
-¡Lo juro! -¿Por los ojos de tu madre?
Julian, me importa un pito si comulgas.
Si te llamo al móvil, contesta.
- Hecho. - Vete de aquí.
Vale.
Me gustaría saber qué ha pasado para que yo sea el malo.
¡Me han disparado!
¿Puedo ayudarle?
Sí, necesito hablar de una cosa con alguien.
Sí, inspector Jones, Medavoy.
Paul Cooler. ¿Qué tal? ¿Qué hay? Paul Cooler.
Vivo en un segundo de una calle.
Aparco en frente un Mustang Vintage.
Paul Cooler. ¿Qué tal?
Últimamente, los niñatos del barrio
han estado jugando con él.
Así que puse una cámara en la ventana
para ver si pillaba a alguno en el acto.
Vi el vídeo en casa tras almorzar,
y digamos que había un suceso grabado.
¿Qué tipo de suceso?
Creo que ha habido un tiroteo en la 11a esta mañana.
¿Lo tiene en la cinta?
Vayamos despacio.
No. ¿Sale el tiroteo en la cinta?
Sí, y este es el trato. Hablé con un socio local,
y está ansioso por tenerla, pero tiene el mandato legal
de que la policía la vea primero,
y me parece bien siempre que ostente derechos exclusivos.
¿Le dice algo "obstruir la justicia"
y "obstaculizar la investigación"?
Denos la cinta,
deje en nuestras manos al tirador y se la devolveremos.
De acuerdo. Podemos hacerlo así.
Como vea la cinta en las noticias antes de aprobarlo,
se las verá con nosotros.
-¿Entiende? - Sí.
Denos la cinta.
- Comprobadla. - Ahí están mis datos.
Avisaré a Andy y a John.
¿Ya está?
Espere nuestra llamada.
Muy bien.
- Señora Haines. - Hola.
-¿Cómo está? - Bien. ¿Cómo va mi caso?
Hemos llamado a Fraudes Especiales.
Describimos a la mujer que despareció
con su dinero. Es lo que podemos hacer.
Como quería que la dejase en cierto barrio,
supuse que viviría ahí, así que cuando se fueron,
pregunté a gente que pasaba si la conocían,
y un hombre dijo que se parecía a Carley.
Tal vez puedan buscar ese nombre en el ordenador, Carley.
Lo haremos.
Es que me parece una vergüenza que haya estafadores sueltos
aprovechándose de la gente y: "Ya está, es lo que hay".
No es justo.
Haremos todo lo que podamos, señora.
¿Puedo ver fotografías policiales?
- Si quiere. - Sí.
Subamos a Prevención de Crímenes. La guiaremos.
Hay que subir las escaleras.
-¿Dónde has estado hoy, Al? - En casa.
¿Estuviste en algún momento en la 11a?
- No, llevaba todo el día en casa. -¿Conoces a un Julian Pisano?
- No. - Enseñamos tu careto en Crimen Organizado.
Dijeron que eras sicario.
Sí, eso fue hace tiempo, y solo eran rumores.
¿Enseñasteis mi careto? ¿Cómo que mi enseñasteis mi careto?
Hoy, un hombre de la 11a
ha puesto una cámara en la calle.
Tiene que ser una broma.
-¿Quién te contrató para matar a Julian? - Mira, esa es mi suerte.
Al, si no quieres pasar el resto de tu vida encerrado, habla.
Son dos idiotas, un par de tarados.
Quieren matar al tal Julian.
Necesitaba el dinero, volví a las andadas.
Soy un auténtico idiota, como esos dos, supongo.
Tras el primer disparo, me dio un tirón en la espalda,
casi no vuelvo al coche.
-¿Quién te contrató? - Un tal Pete Pucconi.
- Es un cabeza de chorlito. -¿Y el otro?
Una fulana... la mujer de ese Julian.
¿Su mujer quería que recibiera una paliza?
Sí, ella y Pete se han estado acostando.
Por lo que entendí, querían eliminar a Julian
por el seguro y quedarse con los niños.
Como he dicho, ella y Pete son un par de tarados.
No me negué porque estaba desesperado.
¿Quién pagó?
Pete me dio cinco mil por adelantado.
Roberta me pagaría esta tarde los otros cinco mil
una vez Julian estuviera eliminado.
La veo en un bar a las cinco.
¿Saben que has hecho una chapuza?
- Sí. -¿Te han dicho de dejarlo?
No, quieren que lo acabe.
Ya os lo digo, son unos subnormales, ¡los dos!
Mirad, hace 20 años
no había problema si te grababan porque sí.
Cómo ha cambiado el mundo. ¡Señor!
Al parecer, la demandante de la estafa de esta mañana conoce a alguien.
Me ha llamado el jefe de distrito
preguntando qué hacemos al respecto.
- Hemos hecho todo lo posible. -¿Como qué?
¿Quiere que lo digamos?
Sí, tengo que responderle.
Enviar la descripción a todos los recintos.
- Llamamos a Fraudes Espaciales. -¿La demandante ha mirado fotos?
Sí. Nada.
Le dije al jefe que hablaríais con la demandante
en su casa.
Por si recuerda algo más de la estafadora, esas cosas.
Es un viaje inútil, teniente.
- Hay que hacerlo. - Le han robado 100 dólares.
Vais a ir. Venga.
¿Qué pasa?
A ver, Julian, escucha.
Quiero que pienses una cosa que me dijeron
antes de irme de casa.
El matrimonio es como subir un piano al octavo piso de una casa.
Lo das todo en el proceso,
pero si la cuerda se rompe y ves que va a caer,
corre por tu vida.
Bueno. Vale. ¿Y a dónde conduce esta conversación?
Hemos encontrado al que intentó liquidarte.
¿Quién? ¿Quién es?
Lo contrató Pete Pucconi.
La madre... Me las va a pagar. Os lo juro, me las va a pagar.
Tu mujer también.
-¿Qué has dicho? - Ella y Pete estaban compinchados.
Querían eliminarte por el seguro.
A ver, mirad, no sé de dónde sacáis la información...
Es la verdad, Julian.
Sé que no quieres creerlo, pero es la verdad.
¿Entráis aquí, y me decís que mi mujer,
la madre de mis hijos, me quiere muerto?
Está intentando matarte. Piénsalo.
¿Encontrarla a ella y a Pete en el almacén
y él llamando y colgando?
¿No sospechaste nunca que tuvieran una aventura?
No. ¡No, es verdad! ¡Chorradas!
-¡No! ¡No! - Julian... Lo sentimos.
¿Sabéis qué voy a hacer? Llamarla.
- Le preguntaremos. - No puedes.
-¿Y qué hago? - Tenemos un plan.
Mi mujer y yo chocamos a veces, pero eso no significa que me quiera matar.
- No puede ser. - Seguro que lo averiguamos,
pero mantén la calma y haz lo que te digamos, ¿vale?
No puede ser.
No puede ser. No.
Esto es ridículo.
¿Buscan a Kristi?
Sí, somos inspectoras de la brigada 15.
¿Sabe dónde está?
¿Alguna novedad?
Lo siento.
Somos amigas, pero ha sido una estupidez preguntar.
No, no tenemos novedades.
¿Saben cuánto tiempo le caerá al tipo?
¿Qué tipo?
Creo que se trata de algo distinto.
Lo siento. No importa.
-¿A qué se refiere usted? - Al conductor borracho.
-¿Qué conductor borracho? - El que mató a su hijo.
No han venido por eso.
- No. - No debería haber dicho nada.
¿Cuánto hace que ocurrió?
Tres semanas.
Kristi suele ir a diario al cementerio a esta hora.
Por eso les he preguntado, para avisarla de las novedades
-¿Cuántos años tenía su hijo? - Ocho.
-¿Era madre soltera? - Sí.
-¿No tenía que haber dicho nada? - No, está bien.
- De hecho, es bueno que lo sepamos. - Disculpen. Tengo que entrar ya.
Pedís a Julian que pose
- como si le hubieran disparado. - Sí.
Hacéis las fotos falsas para su mujer.
Sí, que espera al sicario,
pero haré del amigo. Irá bien.
¿Por qué jugársela? Si el sicario coopera, que le lleve él las fotos.
- Demasiado arriesgado. -¿Intentaría largarse?
Largarse, avisarla,
se le caerían los dientes postizos... No.
Nos vemos en el callejón con Julian.
-¿Sabes de quién hablo? - Claro.
¿Llevas la sangre, la cámara y demás?
Lo llevamos todo. Llévatelo.
- Llegaremos en una hora. - Pobre desgraciado.
Sí, ¿te importa si pasamos por casa de mi padre?
Sin problema.
Tengo que ir a darle una patada en el culo.
¡Papá!
-¡Papá! - Igual se ha ido fin de semana.
¿Sin decírmelo?
¿Qué pasa?
¿Papá? ¿Papá?
- Vamos. - Brigada 15 a la central "K".
Traigan a una ambulancia y que un supervisor de la 4-5
acuda al 8412 de Fordham Road en seguida. Tenemos un cadáver.
- Venga, John. - Papá...
- John, vamos. Vamos. - No. No.
Vamos, John. Eso es, venga. Venga, tranquilo.
- Está bien. Tranquilo. - Papá.
John, ¿dónde guarda tu padre sus pistolas?
Necesito el equipo de limpieza.
¡John! ¿Dónde guarda sus pistolas?
Está bien. Está bien, John. Quédate ahí. Está bien.
Dios.
Era policía. Lo encontramos así.
Limpiaba su pistola. Fue un accidente.
Sí, de acuerdo.
Cuando os lo llevéis, quiero que se le trate con respeto.
- Quiero verlo otra vez. - John...
Quiero verlo.
- No me lo puedo creer. - Ya.
-¿Rita está con él? - Sí.
Estoy muy cabreado con ese tío.
¿Cómo jodes así tu hijo? ¿Cómo le arruinas la vida?
- A saber por lo que pasaba. - Me da igual. Es imperdonable.
¿Dejó una nota o algo?
Limpiaba su pistola. Fue un accidente.
-¿Había una nota? - No.
Medavoy y Jones están con Julian.
Tengo que ir con ellos. ¿Han llamado ya?
- No. -¿Se han enterado?
- Por nosotros no. - Tengo que irme.
Vale.
-¡Oye! ¿Qué ha pasado? -¿Dónde está Julian?
Se fue, no teníamos con qué retenerlo
- y lo dejamos irse. -¿No recibiste ninguna llamada?
Es el padre de Clark. Está muerto.
- No. - Andy, ¿en serio?
- Sí. Rita está con John ahora mismo. - Dios mío.
Le pudo la presión.
Hay que recuperar a Julian. Tengamos cuidado.
Creo que sé dónde encontrarlo. Esperad aquí.
Es increíble.
ARTÍCULOS DE FONTANERÍA PUCCONI
Entiendo cómo te sientes ahora.
Ese tío me quita a mi mujer, la vuelve en mi contra, intenta matarme.
Pero no es la forma más sensata de actuar, Julian.
Quiero matarlo... con mis propias manos.
Tienes gemelos ¿Qué tienen, dos años?
Si tu mujer huye por intentar matarte
y tú huyes por matar a Pete, ¿quién cuidará de ellos?
¿Dónde está la pistola, Julian?
Si sales corriendo del coche, te disparo por la espalda.
Nunca te acercarás a ese capullo.
La tengo en el bolsillo.
-¿Habéis hablado con la brigada? - Sí.
-¿Se sabe algo de John? - No.
-¿Quién es John? - No te preocupes.
-¿Vuestro compañero? - Que no te preocupes.
Ahora, túmbate en el suelo.
Esperad, esperad. ¿Me dispararon de frente o en la nuca?
- De frente. Que se te vea la cara. - Bien visto.
Vale, ¿así?
¡Oh!
Sangre, sangre. Me caigo.
No os caséis con una estríper,
y menos con desnudas integrales que hacen pajas por detrás.
Es el mejor consejo que os darán, chicos.
Quédate quieto.
Odian a los hombres. Eso he descubierto. Porque solo nos quieren
para que les echemos dólares y les miremos el bollo.
Así creen que todos somos bobos.
Más sangre.
Eso era yo para ella, un bobo con dinero,
y cuando me quedo sin él, mirad qué ha pasado.
Cierra los ojos y relaja un poco la mandíbula.
-¿Parece real? - Sí.
Aguanta la respiración.
Bueno, da igual.
Ayudaba mucho a las personas.
Tenía que ser policía. Es lo que siempre quiso.
Te vio convertirte en un buen hombre,
pero tenía que ponerle fin a su manera.
- Tomó su decisión y ya está. - Sí.
No se puede hacer nada ante algo así.
Fue premeditado,
y si no lo compartió contigo,
es que lo estaba planeando solo.
Sí.
Es mucho con lo que lidiar en tan poco tiempo,
y te puede dejar destrozado, John.
Así que no te reprimas. Habla con alguien.
Habla conmigo.
O alguien con quien podamos ponerte en contacto.
Pero no temas hacerlo.
La última vez que lo vi, discutimos.
Hiciste todo lo que pudiste por él.
Le dije que se preocupara por sí mismo. Le di la espalda.
No te hagas esto. Esto no tiene nada que ver contigo, John.
- Ya. - Llora por él.
Su pérdida. Pero no cargues con la culpa.
Vale.
-¿Cuándo es el encuentro? - A las cuatro.
¿Irán los dos, la mujer de Julian y su novio?
¿Te importa no llamarle novio?
Perdón.
Soy el marido y estoy aquí sentado.
- Vale, Julian. - Se llama Pete Pucconi.
No, no estará allí.
¿Qué hay que oír por el cable para consolidar la acusación?
Me gustaría oírla decir exactamente que el pago es
por el asesinato de su marido. Todo lo que le atribuya
total complicidad en lo que pasó y cómo pasó.
- Me encargaré de ello. - E intenta que implique a Pete.
-¿Ha costado? - Julian, relájate.
Estás listo.
-¿Preparado? - Sí, vamos.
- Mantennos informados. - Sí.
-¿Cómo está John? ¿Se sabe algo? - Hace lo que puede.
- Me siento muy mal por él. - Es terrible.
Os habréis enterado
de que un agente de 25 años de Staten Island
se quitó la vida hace una semana.
El padre de Clark limpiaba su pistola.
Fue un accidente. Lo ponía en su pensión.
Lo ponía en su seguro. Limpieza de pistola.
Entendido.
-¿Roberta? -¿Quién es usted?
Un amigo de Al.
¿Dónde está Al? ¿Aunque no sepa quién es?
Está escondido. Me ha enviado.
No sé quién es, así que...
Ya se lo he dicho, así que basta de tonterías.
¿Tiene los cinco mil?
Lo siento. Se equivoca de persona.
No le conozco. No conozco a Al.
¿Y a Julian? Lo conoce, ¿cierto?
Lo conocía, al menos.
Dios mío.
- Entonces, ¿dónde está el dinero? - Déjeme verlo otra vez.
Está muerto de verdad.
El hijo de puta está muerto de verdad.
¡Maldita zorra! Ojalá la quemaran.
Oye, calma.
Poneos en mi lugar, oíd eso y a ver si os calmáis.
- No oímos si hablas, Julian. -¡Vas a echar chispas, cariño,
y seré yo quien apriete el botón!
-¡Calma! -¿Estuvo allí?
- Sí. -¿Fue...? Bueno, ¿rápido?
Sí, todo lo rápido que va una bala. ¿Me da ahora los cinco mil?
Pues ya está. Está muerto. No hay vuelta atrás.
Sí.
Es de locos si lo piensa, ¿eh?
Claro. No, espere un momento a irse.
Para que no sea sospechoso.
Siéntese. Tranquila.
Beba cerveza. Actúe más relajada.
¿Cuánto tiempo llevaba viéndose con Pete a escondidas?
Un año tal vez.
¿A esto se dedica, a matar gente?
Más o menos.
Oiga, ¿aviso yo a Pete de que Julian está muerto o lo hace usted?
Se lo diré yo. No se preocupe.
¿A cuánta gente ha matado?
No lo sé.
¿Desde cuándo tenía planeado esto con Pete?
Desde hace tiempo. ¿Disfruta haciéndolo? ¿Es estimulante?
No exactamente.
¿Tiene póliza de seguros a nombre de Julian?
-¿De eso se trataba? -¿Ha usado alguna motosierra?
Vi a un tipo que usaba una motosierra.
Muy desagradable.
Seguro que ni pestañea.
No le parecen ni humanos, ¿es así?
¿Por qué no se calla y se va? Hemos terminado.
Le pido disculpas.
No me gustaría cabrear a alguien como usted.
Suerte con su vida.
Arrestadla.
- Vale, Roberta, se acabó. -¿Qué pasa? ¿Quién es usted?
La policía. Calmémonos.
¡Parad!
¡Hola, cariño! ¿Cómo estás?
¡Dios mío!
Soy yo. ¡He regresado de la muerte, desgraciada!
¡Vuelve a la furgoneta, Julian!
¡Cielo, no sé de qué me acusan!
¡Estaba escuchando, Roberta! ¡Lo he oído todo!
¡Pete dijo que me mataría! ¡Julian, ayúdame, cariño!
-¡Callaos los dos! -¡Te quiero!
- Que te den. -¡Mereció la pena, Julian,
entregarme al fin a un hombre de verdad como Pete!
¡Y se lo di todo! ¡Mereció la pena!
Venga, vamos. Vamos.
-¿Dónde está la mujer? - De camino al centro de detención.
Inspectores de la 62 irán a por Pete Pucconi.
-¿Cómo estás, Julian? - Mejor que nunca.
Lamento lo que has pasado.
No necesito compasión, teniente. Estoy vivo.
La zorra de mi mujer va a prisión,
pero yo estoy vivo.
El vaso medio lleno, Julian. Así me lo tomaría.
Eso es. Nuevo periodo de vida. Mañana seré un hombre nuevo.
¿Por qué tanta tristeza? Soy yo al que casi matan.
- No te preocupes. -¿Se sabe algo de John?
Está volviendo a su casa. Rita está con él.
Kristin Haines está subiendo.
- Vaya. -¿Quién es?
La mujer a la que han timado hoy.
¿Podéis...? Necesito 20 dólares de cada uno.
¿Qué pasa?
Perdió a su hijo hace tres semanas por un conductor borracho,
y hoy le han quitado 100 dólares, y quiero...
Diré que encontramos el dinero y la autora se fugó.
¿Podemos hacer algo más para engañarla?
¿Alguno puede hacer del novio de la autora?
Aquí. Lo haré yo.
-¿Seguro que quieres hacerlo? - Desde luego.
Consideradlo una muestra de agradecimiento.
Bien, de acuerdo. Ve a la sala de descanso.
-¿Qué hago? - Te lo explicaré.
- Conviértelo en marido. - De acuerdo.
¿Sabemos algo de los preparativos del funeral?
Yo no.
Me gustaría avisar al centro para que envíen flores.
Aún no sé nada, John.
Señora Haines. ¿Cómo está?
- Bien. ¿Cómo va mi caso? - Tenemos muy buenas noticias.
Encontramos a la mujer que le hizo la jugada.
- Dios mío. No me lo creo. - Estaba con su marido.
Ambos huyeron pero atrapamos al marido y llevaba el dinero encima.
-¿Dónde está? - En una sala.
Su mujer se escapó, pero seguiremos buscándola sin descanso.
Gracias.
Vayamos ahora a la sala,
el marido le devolverá su dinero
y le pedirá disculpas.
- De acuerdo. Sí. - Por aquí.
¿Tiene algo para la señora?
¿Señora?
Le pido disculpas por el comportamiento de mi mujer.
Como resultado, separaremos nuestros caminos.
Ahí lo tiene.
-¿Puedo decir algo? - Adelante.
No es el dinero.
Sino la confianza. Eso es lo que roban a la gente.
Han pasado cosas en mi vida,
pero me he aferrado a tener fe, a confiar
y a creer en otras personas, y no ha sido fácil,
y usted y su mujer intentaron robarme lo poco que me quedaba.
Pero no lo consiguieron.
Aún me queda algo que no os podéis llevar, que nadie se puede llevar.
Quiero que lo sepáis los dos.
Señora, mi mujer y sus actos no merecen su tiempo.
Ni si quiera su preocupación.
Soy yo a quien ha robado la confianza.
Aunque tengo que decir
que parecía... una buena persona cuando nos conocimos,
Y yo...
la quería.
Por favor, no haga eso, ¿quiere?
Las lágrimas de su mujer fueron fingidas también, y me parece muy ofensivo.
Por favor, basta.
Venga, señora Haines. Vámonos.
Todo irá bien.
-¿Es de tu padre? - Sí.
¿Quieres verlo ahora o esperar?
Ahora.
-¿Seguro que quieres estar solo? - Sí.
- Vale. - Vale.
- Llámame si necesitas algo. - Vale.
- Tranquila. - Lo siento mucho.
Te llamo luego.
John.
Esto es un poco extraño para mí, y seguro que para ti también.
Así que perdóname si me ves un poco torpe.
Sabes lo mucho que quería a tu madre. Lo era todo para mí.
Cuando murió, no creí que lo superaría,
pero lo que me mantuvo aquí fuiste tú.
Por eso he vivido...
asegurándome de que te convertías en el mejor hombre posible,
y lo has conseguido.
Y estoy muy orgulloso de ti.
No me he encontrado bien desde que tu madre murió.
Las cosas se desmoronan cada vez más.
Cada vez es más duro levantarse por la mañana.
Más duro encajar. Hallar un sentido.
He pensado en lo que me queda por delante y no lo quiero.
Me he portado mal contigo, John.
He cometido errores, te he hecho cargar con cosas
que ningún hijo debería tener que lidiar.
Los errores que torturan el alma,
que acaban con la esperanza, son los que no se pueden enmendar.
En cualquier caso, mi labor de criarte ha terminado.
Quiero estar en paz y estar con tu madre.
Lo siento.
Sé que esto está mal...
pero ya no tengo nada por lo que luchar.
Te quiero.
Sigue siendo mi orgullo.
Subtítulos: Cristina Ocete
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