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- Sí, Sra. Crimesly, este es Robert Shaw
llamando de nuevo desde Servicios Sociales.
Este es mi cuarto mensaje para ti.
Me temo que es con respecto a su nieta,
Alice Aciman.
No son buenas noticias, y si pudieras encontrar un momento,
Se lo agradecería mucho...
- Un barco bajo un cielo un cielo soleado,
soñadoramente en una tarde de julio.
Niños tres que anidan cerca ansiosos, ojos y oídos dispuestos,
complace un cuento sencillo de escuchar.
Mucho tiempo había palidecido aquel cielo soleado, los ecos se desvanecen y los recuerdos mueren.
Las heladas otoñales han matado a julio.
Aún me persigue fantasmagóricamente,
Alicia moviéndose bajo el cielo, nunca visto por ojos despiertos.
Niños aún, el cuento por oír
ojos ávidos y oídos dispuestos,
amorosamente anidará cerca.
En un País de las Maravillas yacen soñando mientras pasan los días,
soñando mientras los veranos mueren.
Siempre a la deriva por la corriente,
persistiendo en el brillo dorado.
La vida, ¿qué es sino un sueño?
- Oh, mi querida Alice.
- Tú debes ser Beth.
- Beth Crimesly.
Pero puedes llamarme,
Bueno, ¿cómo te gustaría llamarme?
- Gran.
- Somos una familia.
Los dos últimos en pie.
Lo siento mucho, querida.
Eso estaba fuera de plazo.
Pasa.
Vamos a calentarte e instalarte.
- Dios mío.
- Vaya cosa, ¿verdad?
- Es precioso.
- Los cimientos datan datan del siglo XV.
Por desgracia, creo que el sistema de calefacción
y las palomas eran de la misma época.
- Hola.
¿Cómo te llamas?
Soy Alice.
- Esa es Mitzi.
Y esta es Maisie.
- Hola, Mitzi.
Eres muy mono.
- Toma.
Bebe un poco de té.
Te hará entrar en calor.
- Gracias.
- En esta casa hace muy fría, especialmente en invierno.
Es muy grande.
Siento no haber podido llegar al funeral.
No sabía nada al respecto.
Nada de eso, hasta que los abogados se pusieron en contacto hace seis semanas
e hice arreglos para que que vinieras a mí tan rápido
como sea posible.
- Está bien, hablé con él.
Lo siento si...
- No hay necesidad de disculparse.
¿Qué tal?
¿En serio?
¿Cómo lo lleva?
Lo siento.
Demasiado pronto.
- No, es que Realmente no lo he hecho,
En realidad no he hablado con nadie.
- Bueno, en realidad no ha habido nadie, ¿verdad?
Pobre corderito.
- En el hogar donde me pusieron,
mientras te buscaban.
Había alguien, pero había niños allí.
Niños con mayores problemas que yo.
- Tienes su coraje.
Tienes sus ojos.
Puedo verte en ella y tú tienes su corazón, sin duda,
valiente y desafiante como la de un león.
Lo único que puedes hacer, Alice, es seguir adelante.
No importa lo lejos lejos, un paso cada vez.
Y hoy, esos pasos te han traído a mí.
Y estarás bien.
Aquí estarás a salvo.
Te lo prometo.
- ¿Nos conocimos alguna vez, como cuando yo era un bebé?
- No, tu madre y yo, nosotros...
- Continúa.
- Habrá mucho tiempo para eso.
Todo el tiempo del mundo.
Ahora bebe tu té y Mitzi, Maisie y yo
le mostrará su habitación.
Era la habitación de tu madre.
Espero que le guste.
- Seguro que será perfecto.
- Te dejo a deshacer las maletas
y dejarte algo de espacio.
Ven a buscarme cuando estés listo.
Yo no iría a ninguna parte cerca del bosque.
No en esta época del año.
Tenemos seis acres y hay cazadores furtivos.
Mientras te mantengas a la orilla del agua,
deberías estar bien.
Eso si te apetece explorar.
- ¿Hola?
- Era la receta de mi madre.
Sus antepasados vivieron aquí.
Mis antepasados y los tuyos también, supongo.
- ¿Cómo obtuvo su nombre?
- ¿El País de las Maravillas?
¿No estás familiarizado con el libro?
Deberías, te te pusieron ese nombre.
- ¿Libro?
- Las aventuras de Alicia en Wonderland, Lewis Carroll.
- Vi la película, pero Nunca he leído el libro.
- Se decía que Lewis Carroll vivió aquí
a principios de 1800 y esto se suponía que tenía
le inspiró.
Le inspiró para escribir uno de los mayores ejemplos
de la literatura victoriana,
y luego mis antepasados le pusieron ese nombre.
- ¿Cómo se llamaba ¿antes de eso quiero decir?
- Casa criminal.
¿Qué tal la sopa?
- Sí, estuvo bien.
Muy bueno.
¿Tiene una copia?
- ¿Una copia?
- Del libro, ¿Alicia en el País de las Maravillas?
- Por supuesto.
- Me encantaría leerlo.
- Bueno, tendré que sacarte una copia entonces.
No fuiste a ningún sitio cerca del bosque, ¿verdad?
- No, sólo me quedé junto al arroyo.
Era tan tranquilo.
- Quise decir lo que dije sobre el bosque Alice.
¿Juegas?
- ¿Jugar a qué?
- Cartas.
- Jugué con mis amigos, no tanto con...
- ¿Con?
- Jugué mucho con mi amigo.
- ¿Todavía la echas de menos?
- Después de que ocurriera Como que me apagué.
En realidad no he hablado con nadie en
parece una eternidad.
- Para siempre es mucho tiempo, Alice.
- ¿Alguna vez perdiste a alguien?
Antes, quiero decir.
- Lo siento, yo...
- ¿Qué pasó entre mamá y tú?
- No es muy bueno hablar de ello.
Quizá algún día aprendamos a ayudarnos a sanar.
- Eso espero, me gustaría.
Lo siento si...
- Bien.
Que empiece el juego.
Oye, ¿por qué te detuviste?
- Lo siento, no sabía sabía si estaba permitido.
Es precioso.
- Por supuesto.
El País de las Maravillas es ahora tu hogar.
Nuestro hogar, el destino nos ha a ti y a mí.
¿Te enseñó a jugar?
¿Y quién crees que le enseñó?
- Algo sobre estar aquí contigo
me hace sentir más cerca de ella.
- Oh.
Bien, muévete.
Oh, mi querida niña, ¿Alice?
¿Se encuentra bien?
Oh, me pregunto qué que se apoderó de ti.
Quizás demasiada emoción para un día.
¿Eh?
Ahora descansa y yo iré a buscar algo
para asentar la barriga.
- ¿Abuela?
- Sí, querida.
- Gracias por todo.
- Allá vamos.
Toda mi receta.
Y todo es de la huerta.
Te hará mucho bien.
Sólo toma pequeños sorbos, poco y a menudo.
¿De acuerdo?
Estaré al final del pasillo si me necesitas.
Ya está.
Despacio.
Estás bien.
¿Todavía tienes frío?
Oh, ahí, agradable y cómodo.
- No te vayas.
- Acabo de tener una idea.
Enseguida vuelvo.
Te lo prometo.
- ¿Lo prometes?
- Te lo prometo.
Voy a leerte hasta que te duermas.
Te voy a contar una historia.
La historia de las de Alicia en el País de las Maravillas.
Capítulo uno, bajando la madriguera del conejo.
Alice empezaba a estar muy cansada de sentarse junto a su
hermana en el banco y de no tener nada que hacer.
Una o dos veces había ojeado el libro
que su hermana estaba leyendo,
pero no tenía fotos ni conversaciones.
Y para qué sirve un libro,
pensó Alice, sin imágenes ni conversaciones.
Así que ella estaba considerando en su propia mente también
como pudo para el caluroso día,
la hizo sentir muy somnolienta y estúpida.
Ya sea el placer de hacer una cadena de margaritas
valdría la pena la molestia de levantarse
y recogiendo las margaritas.
Cuando de repente, un conejo con ojos rosas
corrió cerca de ella.
En otro momento Alice fue tras él,
sin pensar ni una vez cómo en el mundo estaba
para salir de nuevo.
- ¿Beth?
Beth.
- Hola Alice.
- ¿Cómo sabes mi nombre?
- Me encantaría parar y charlar, pero llegaría tarde.
- ¿Tarde?
¿Por qué llegas tarde?
- Una fecha muy importante.
La fiesta empieza pronto, no puedo llegar tarde.
Es la sede de los malos modales.
¿Quieres venir conmigo?
- ¿Ir contigo?
- A la fiesta.
Es una fecha muy importante.
- Sí.
Sí, tú lo has dicho.
Sólo soñaba.
Síguele la corriente.
Despierta, despierta.
¿Cómo?
¿Qué ha pasado?
- Los maté.
Llegaron tarde.
La sede de los malos modales.
Creía que estabas de acuerdo.
Es mi pequeño secreto.
- ¿Qué es?
- El pastel, siempre enveneno el pastel.
A todos los niños les encanta la tarta.
- Los has matado por llegar tarde.
- Los maté por llegar tarde.
¿Alguna vez has llegado tarde, Alice?
Cuando la casa se quemó alrededor de tus padres,
el humo lentamente ahogando a tu madre.
¿No fue la dulce y pequeña Alice que llegó demasiado tarde
¿para dar la alarma?
- Usted no sabe lo que de lo que estás hablando.
- ¿Quieres ver un truco?
Todo es cuestión de prestidigitación.
Puedo hacer que todo desaparezca, Alice.
- ¿Cómo?
- Puedo hacer que el dolor desaparezca.
- ¿Cómo?
- ¿Quieres ver un truco?
- ¿Beth?
¿Beth?
- Alice, sea lo que sea, tú parece como si hubieras visto un fantasma.
- Tuve una pesadilla.
- Oh, pobre corderito.
- Era igual que en el libro.
Había un conejo.
- ¿Un conejo?
Dios mío.
Bueno, no sé cuánto fuiste capaz de absorber.
Te dormiste antes de que terminara el primer capítulo.
- Lo siento.
- No hace falta que te disculpes.
Era sólo un sueño.
- No, quería decir que me quedé dormido mientras me leías.
Debes pensar que soy un maleducado.
- En absoluto, sólo quería despertarte antes de continuar.
Pero cuando puedas dormir, debes hacerlo.
Necesitas descansar, querida.
Por la mañana estarás como una rosa.
Se lo aseguro.
Y cuando pueda debo seguir con esto.
Si no, me llevará un mes de domingos.
- ¿De qué se trata?
- Una bufanda.
- Es precioso.
- Bueno, como he dicho,
la calefacción y los cimientos se remontan a la misma época.
Oh no, otra vez no.
Alice, ¿puedes arreglártelas sola?
Iré a por toallas limpias.
- ¿Qué haces aquí?
¿Quién es usted?
- Soy Tallulah.
- Y yo soy Tara.
- ¿Qué es lo que quieres?
- Estamos aquí para advertirle.
- Estamos aquí para contarte una historia.
- Necesito encontrar a Beth.
Beth.
- No puede oírte.
- ¿Por qué no?
- No estás despierto.
- Sigues soñando.
- Quiero despertarme ya.
- Pero aún no te hemos contado nuestra historia.
- No estoy seguro de querer escucharlo ahora mismo.
- ¿No quieres saber saber cómo sucedió?
- ¿Cómo lo hizo?
- ¿Quién te hizo eso?
¿Qué ha pasado?
- Era la morsa.
- Así le llamaban.
- ¿A quién?
- La prensa.
- ¿Por qué le llamaban la morsa?
- Así es como le llamaban en el colegio.
- Los matones.
- Los que dijo le llevaron a ello.
Creció para ser carpintero
y conducía en su furgoneta.
- Una y otra vez.
- Mirando.
- Esperando.
- ¿Dónde está?
La morsa.
- Shh.
- Te escuchará.
- ¿Dónde estamos?
- Shh.
Ya viene.
Algo malvado por aquí viene.
- ¿Qué ocurre?
¿Qué es esto?
- Así es como ocurrió.
Se la va a llevar ahora.
- Disculpadme.
Me preguntaba si podrías ayudarme.
Estoy un poco perdido, debo haberme dado la vuelta.
Estoy buscando la avenida Levine.
Sí, puedes,
¿puede ayudarme?
¿Puede ayudarme?
La morsa y el carpintero se comieron las ostras.
Porque podían.
Porque podía.
Porque podía.
La morsa y el carpintero.
- ¿Dónde está?
- comió las ostras.
- ¿A quién?
Tu hermana.
- Porque podría.
Porque podría.
- ¿Por qué?
- La morsa y el carpintero.
- Te escuchará.
No debes interrumpirle mientras trabaja.
- ¿Por qué?
- Porque podían.
- Derecho.
Esa es su perdición, como lo será de ella.
- ¿La suya?
¿De qué estás hablando?
¿A quién?
- Porque podía.
Porque podía.
Porque podía.
Porque podía.
Porque podía.
Porque podía.
Porque podía.
Porque podía.
Porque podía.
Porque podía.
¡Porque podía!
¡Porque podía!
¡Porque podía!
- Cierra los ojos y pide el deseo.
- ¡Porque podía!
- Tweedledum y Tweedledee
acordaron tener una batalla.
Para Tweedledum dijo Tweedledee había echado a perder
su bonito sonajero nuevo.
Justo entonces voló un cuervo monstruoso
tan negro como un barril de alquitrán, que asustó a nuestros dos héroes,
así que olvidaron su disputa.
Dios mío.
Estás ardiendo.
¿Te traigo una toalla limpia?
- No sé qué me pasa.
Antes me sentía bien.
- Lo sé, es todo tan inesperado.
Debes estar muy asustada.
- Por favor, no me dejes.
Me siento tan mal.
- Tengo justo lo que necesitas.
Espera, ahora vuelvo.
Esto era de tu madre.
Cuida bien de ella.
- No, no puedo seguir soñando.
- La oruga y Alicia se miraron
durante algún tiempo en silencio.
Por fin, la oruga se sacó el narguile de la boca
y se dirigió a ella con voz lánguida y soñolienta.
- ¿Quién es usted?
Dijo la oruga.
- Creo que deberías decirme primero quién eres.
- No, tú.
¿Quién es usted?
- Soy Alice.
Alice Aciman.
- Sí.
Ahí está.
Ya está.
Alicia, Alicia en el País de las Maravillas.
¿Es así como lidiaste con la muerte de tus padres?
Apágalo.
¿Los gritos?
- ¿Cómo?
- Simplemente cerraste los ojos y esperaste
en la tranquilidad del arroyo.
- Perdí a mis padres.
- Todos hemos perdido a alguien.
Sin embargo, se supone que debemos continuar como si no lo hubiéramos hecho.
Dime Alice,
¿alguna vez lo miraste desde una perspectiva diferente?
- ¿Mirar qué?
- Su situación, su circunstancia, predicamento.
- Sólo se puede contemplar una situación desde la perspectiva
con la que te referías a ello.
- ¿Crees que tiene tus sus mejores intereses?
- ¿A quién?
- Ella, la Reina Roja.
- ¿Quién es usted?
- Sólo un amigo preocupado.
Un amigo.
- Cuidado.
- Cuidado con la Reina Roja.
- Pero...
- Quizá la pregunta no sea ¿quién eres tú, sino quién es ella?
- ¿Alice?
Alice, está bien.
No pasa nada.
No pasa nada.
Has tenido un sueño.
Fue una pesadilla.
Alice, estás bien.
Es la fiebre.
Mírame.
¡Mírame!
Ya está.
Es Beth.
Es tu abuela.
Estás bien.
Ya está.
Ya está.
Ya estás de vuelta en la habitación.
Estás bien.
Estás bien.
- No me siento bien.
Creo que necesito ver a un médico.
- ¿Un médico?
- Me siento tan mal.
Nunca he sentido nada como esto en mi estómago.
- Cariño, bueno, no sé sé lo que podría ser.
No puede ser la comida.
Ambos comimos lo mismo.
- No, no es la comida.
La comida era buena.
Es que...
- Alice, Alice.
Alice.
¿Todo?
- No creo que pueda quedar nada.
Eso huele bien.
- Una mezcla ligeramente diferente.
Por si acaso había algo en el primer lote
que no estaban de acuerdo contigo.
Oye, estoy aquí para cuidarte.
Ahora vamos a meterte de nuevo en la cama, ¿eh?
Ah, y llamé al buen doctor, pero no hubo respuesta.
Es muy poco probable que venga antes de mañana.
Eso suponiendo que recibe los mensajes
antes de sus rondas matutinas.
Pero no se preocupe.
Estás en buenas manos.
Estás en buenas manos.
Esto va a ser nuevo para los dos.
Habrá estos hitos en el camino.
La primera vez que enfermas, la primera vez que te caes.
Pero todos caemos en la vida Alice.
Sólo recuerda,
que siempre estaré allí para recogerte de nuevo.
Sé que los echas mucho de menos.
Antes me preguntaste a quién había perdido.
Cómo me gustaría poder decir que no sabía lo que eras
pasando, pero perdí a mi madre más o menos a tu edad.
Fue hace mucho, mucho tiempo.
Dije antes que usted tenía su coraje.
Amar a alguien profundamente te da valor.
Pero ser amado por alguien profundamente te da fuerza.
Siempre dolerá, pero dolerá menos.
¿Tiene sentido?
- Creo que sí.
- ¿Quieres que que te lea otra vez?
¿Sólo hasta que te duermas?
- ¿Le importaría?
- Por supuesto que no, dulce niña.
Las únicas cosas en la cocina que no estornudaban
eran el cocinero y un gato grande,
que estaba sentado en la chimenea y sonreía
de oreja a oreja.
"Por favor, ¿me lo dirías? dijo Alice un poco tímidamente.
Porque no estaba muy segura si era de buena educación
para que ella hable primero.
¿Por qué tu gato sonríe así?
- Lo siento, ¿podría repetir la pregunta?
- Dime, Alice,
¿alguna vez lo miraste desde una perspectiva diferente?
- Es sólo un sueño.
Es sólo un sueño.
Estás soñando.
Lo siento.
Tus cicatrices.
¿Cómo los conseguiste?
- Eso es lo que pensé que querías decir.
Pero entonces usted no es mi médico habitual, ¿verdad?
Pensé que era una forma manera de decirlo.
Mi gato.
Qué manera tan indirecta de preguntarme cómo los conseguí.
Cómo llegué a mis cicatrices.
Las cicatrices de un gato de Cheshire.
- Este es un espacio seguro.
- ¿Es ahora?
Bueno, supongo que no puedes evitarlo.
Aquí estamos todos locos.
Mis marcas.
Ese es el nombre que la prensa les dio.
Como él, eran muy poco amables conmigo.
- ¿A quién?
¿Con quién fueron crueles?
- A la Morsa, por supuesto,
tal vez eso habría hecho aún más irónico
si las hubiera conservado.
- ¿Mantenido qué?
- Mis recortes de prensa.
- ¿Te apetece hablar de ellos hoy?
- ¿Sobre qué?
Sobre lo que llamas mis crímenes.
- ¿Cómo los llamaría?
- Art.
- ¿Arte?
- Art.
- Llamas cicatrices los rostros de las familias,
hombres, mujeres y niños.
A eso le llamas arte.
- Todo ladrón de gatos necesita una tarjeta de visita.
- ¿Y no podrías haber dejado los grifos abiertos?
- Usted es muy atractivo para un psicoterapeuta.
Imagino que es muy peligroso para sus clientes.
- Se lo hiciste a las caras de tus víctimas.
Las víctimas de sus crímenes.
¿Pero quién te hizo eso?
¿Quién te dio la peor de ellas?
- No sabes lo que es esto.
No sabes lo que hizo.
No sabes que es ella.
¿Y tú?
- ¿A quién?
¿De qué estás hablando?
- Oh, no me atrevo a decir su nombre.
En caso de que pueda oír.
Está en todas partes, en las paredes.
¿No les oyes cantar?
- Como he dicho, este es un espacio seguro.
- La Reina Roja.
¿Quieres que te enseñe cómo lo hizo?
- ¿Disculpe?
- Por fin nos conocemos.
La vida son encuentros y despedidas.
Así se hace, Alice.
¿Te apetece jugar a algo?
Me gustan los juegos.
Te enseñan todo tipo de lecciones sobre las consecuencias,
sobre la pérdida, sobre conocer a tu oponente.
Es mejor pesar al enemigo más poderoso de lo que parece.
¿Te gustaría tratar viendo que eres un maestro?
¿Estamos listos para empezar?
¿Te preguntas por qué lo hice?
- ¿Que hizo qué?
- El Destripador de Cheshire.
Por qué le di sus cicatrices.
¿La conoces?
- Lo hice.
- Horripilante, ¿verdad?
Oh, pero ella no tiene sentido en absoluto.
Creo que está totalmente loca.
No dice más que tonterías.
- Puedes llamarlo tontería,
pero he oído tonterías y comparadas con las que
sería tan sensato como un diccionario.
- Qué profundo.
Esto es todo.
El sueño, del que del que no despertarás.
Aquí, ahora ves que necesita toda la carrera
que puedes hacer para permanecer en un lugar.
Si quieres correr en otro sitio,
tendrás que ir el doble de rápido.
- Ya lo hice.
- ¿Qué has hecho?
- Gané.
- No, no, no.
Nadie vence a la Reina Roja.
Tú no lo entiendes.
Nadie vence a la Reina Roja.
- Tu pelo quiere cortarse.
- ¿Ah, sí?
Me gusta bastante largo.
- Bueno, tú lo sabes mejor, querida.
Tú lo sabes mejor.
Ven, siéntate.
Siéntate antes de que se enfríe el té.
- ¿Quién es usted?
Soy Alice.
- Pues claro que sí.
Y yo soy el Sombrerero Loco.
- Dios mío.
¿Por qué te llaman así?
- Porque en realidad estoy bastante, ¡bastante loco!
- Realmente no necesitas estar tan enfadado,
después de todo, es un día tan bonito.
Mira, qué maravillosa que has preparado.
Creo que nunca he visto una fiesta de té tan bonita.
- Sí.
Tienes mucha razón.
Siento mi arrebato.
Está bien,
a veces yo... tengo estos pensamientos oscuros.
Pensamientos muy, muy oscuros.
¿Y tú, Alice?
¿Tú también los tienes?
- Sí.
Creo que todos lo hacemos.
- Sobre tus padres.
- ¿Cómo lo sabías?
- Puedo verlo en tus ojos.
Dice que es coraje.
Pero todo lo que veo es pena.
Eso es lo que nos ha traído a todos aquí.
El Conejo, la Morsa, Tallulah y Tara.
Incluso el Destripador de Cheshire.
El dolor es lo que nos trajo a todos al País de las Maravillas.
- ¿Y la Reina Roja?
- La Reina Roja es la pena.
Se alimenta de ella.
- ¿A qué te refieres?
- Shh.
Es un secreto.
Me dijo que no te lo dijera.
- Creo que deberías beberte tu té antes de que se enfríe.
- Todo el mundo está mirando.
- ¿Se encuentra bien?
- Me siento un poco cada vez más curioso.
Ella me ama.
No me quiere.
Es muy gracioso.
- ¿De qué se trata?
Puedes decírmelo.
Tengo pensamientos oscuros también, recuerda.
- Lo que ha estado poniendo en tu té.
Despierta Alice.
Dije, despierta Alice.
¡Despierta Alice!
- Alice.
- ¿Tara?
No, soy Tallulah.
Tara...
- No lo hagas.
- ¿No qué?
- No mires para allá.
- Tienes que irte.
Ahora.
Si alguno de ellos nos descubre aquí,
sería bastante fatal.
Sólo se puede aprender tanto y vivir.
Vive Alice, vive.
- Pero me siento tan mal.
- ¿Recuerdas lo que dijo?
- Pero no me siento así ahora.
Me siento tan mal.
Eso fue ayer.
Mira, es inútil volver a ayer,
porque ayer eras una persona diferente.
- Ya sabes.
- Lo sé.
- ¿Cómo lo has averiguado?
- Cuando solía leer cuentos de hadas,
Me imaginaba que ese tipo de nunca ocurría.
Ahora, aquí estoy en en medio de una.
- "Bébeme".
Espero que entiendas por qué tuve que hacerlo.
Esta casa significa todo para mi familia.
- Beth Crimesly.
- La Reina Roja.
- Una casa es más que ladrillos y cemento.
Sin una familia, una casa es sólo una cáscara fría y vacía.
- Te equivocas.
- No, no soy abuela.
- ¿No oyes las paredes?
Me hablan, me cantan me hablan de sus historias.
Sus historias.
Tenía que salvarla.
- ¿Realmente crees eso?
- A veces creo más que seis cosas imposibles
antes del desayuno.
Por eso tuve que envenenarte.
- ¿Por qué?
Quiero oírtelo decir, necesito oírtelo decir.
- Por el dinero.
Siempre se supuso que era mío, no tuyo.
Se suponía que morir en ese incendio también.
- No fue difícil encontrarte, ¿verdad?
No es por eso que los a los abogados encontrarte.
Te estabas escondiendo.
Fuiste tú quien inició el fuego, por mi herencia.
- Como dije, me niego a perder esta casa.
No fue mi culpa que Henry lo apostara todo,
el dinero.
Quiero decir, ¿cómo se ¿Cómo iba a saberlo?
- Así que asesinaste a tu propia hija.
Mataste a mis padres, y intentaste matarme por dinero.
- No por el dinero.
Estúpida, estúpida chica, para el País de las Maravillas.
- ¿Cómo?
- El partido final.
Pero esta vez puedes elegir el juego, Alice.
- Rummy. - ¿Qué?
- Rummy.
- Ah, rummy.
- ¿A qué jugamos?
- La dosis fatal final.
El telón final, buenas noches, Viena.
Siento que haya tenido que llegar a esto Alice.
Después de todo eres mi carne y mi sangre,
pero todo juego tiene llegar a su fin.
Da-na.
No, no, ahora no.
- ¿Y ahora qué?
- Brindamos por el ganador.
Vamos, bebe Alice.
No seas mal perdedor.
- Lo siento mucho.
Tú me obligaste a hacerlo.
- Se trata de juego de manos.
Agáchate.
- La larga hierba crujía a sus pies
mientras el conejo blanco pasaba a toda prisa.
El ratón asustado salpicó su camino
a través de la piscina vecina.
Podía oír el traqueteo de las tazas de té mientras la Liebre de Marzo
y sus amigos compartían su comida interminable
y la estridente voz de la reina
ordenando a sus desafortunados huéspedes a la ejecución.
Así que se sentó con los ojos los ojos y medio se creía
en el País de las Maravillas, aunque sabía que lo había hecho,
pero abrirlos de nuevo y todo cambiaría a la aburrida realidad.
La hierba crujiría en el viento y el estanque
ondulando al ondulación de la maleza.
El traqueteo de las tazas de té cambiarían por tintineantes campanillas de oveja
y los gritos estridentes de las reinas.
Por último, se imaginó
cómo la misma hermana suya
en el después sería ella misma,
una mujer adulta y cómo mantendría
a lo largo de toda su madurez,
el corazón sencillo y corazón de su infancia,
y cómo se reunía sus otros hijitos
y haz que sus ojos brillantes y ansiosos
con muchas historias extrañas.
Tal vez incluso con el sueño del País de las Maravillas de antaño.
Y cómo se sentiría con todas sus penas sencillas
y encontrar un placer en todas sus alegrías sencillas.
Recordando su propia vida infantil y los felices días de verano.
- Shh.
- Hijo de la pura frente despejada,
y ojos soñadores de asombro.
Aunque el tiempo sea y yo y tú
son media vida de diferencia,
tu amorosa sonrisa seguramente saludará
el regalo de amor de un cuento de hadas.
No he visto tu cara soleada,
ni he oído tu risa de plata,
ningún pensamiento mío encontrará un lugar
en el más allá de tu joven vida.
Basta que ahora no fallarás
para escuchar mi cuento de hadas.
Una historia comenzada en otros días,
cuando brillaban los soles de verano.
Un simple carillón que servía para cronometrar
el ritmo de nuestro remo,
cuyos ecos aún viven en la memoria,
aunque los años envidiosos dirían olvida.
Ven, escucha entonces, voz de espanto,
con amargas noticias cargadas,
convocará al lecho inoportuno
una doncella melancólica.
No somos más que niños mayores, querida,
que se preocupan por encontrar nuestra hora de dormir cerca
sin la escarcha, la nieve cegadora,
la locura malhumorada del viento tempestuoso.
Dentro, el resplandor rojizo de la luz del fuego,
de la infancia nido de alegría.
Las palabras mágicas te sujetarán,
no harás caso la ráfaga delirante.
Y aunque la sombra de un suspiro
puede temblar a través de la historia,
para la gloria feliz del verano.
No tocará con aliento de paca
el placer de nuestro cuento de hadas.
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