All language subtitles for The Goddess (John Cromwell_ 1958) .DVDRip-NoGrp Castellano

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Original subtitles

LA DIOSA

Primera parte. RETRATO DE UNA JOVENCITA.

MARYLAND, 1930.

Por el amor de Dios, no te alarmes, no he venido a pasar con vosotros

más que cuatro o cinco días.

Te hemos preparado una habitación, puedes quedarte cuanto quieras.

Lorraine, querrás comer o beber algo.

Tras pasar 11 horas en ese autobús, ¿sabes lo que me apetece?

Tomarme un buen whisky.

Ya sabes que en esta casa no tomamos whisky.

Te prepararé una cola con hielo.

Mamá está bien, George, te envía recuerdos.

Voy a darle algo de comer a esta niña.

Parece que le gustas, Alice. No deja que nadie la coja así.

Sí, no hay duda, le gustas. Lástima que no hayáis tenido hijos.

Sé lo mucho que deseabais tenerlos.

Son una alegría y un punto de apoyo en los momentos difíciles.

Como la noche en que Herbert se disparó en la cabeza.

Yo lloraba, pero fui a la habitación de Ann, me puse a contemplar

su dulce carita dormida y así pude afrontar aquellos terribles momentos.

Quería haber ido al funeral de Herbert, pero tenía ictericia y...

No te imaginas lo que fueron mis cinco años de matrimonio.

Mamá no quería que me casara con él. Entonces tenía muchos pretendientes.

Yo creí que iba a ser un hombre de éxito.

Todos decían que era emprendedor, que llegaría a tener lavanderías

en todo Tennessee. Un charlatán es lo que era.

Un fracasado.

Y se lo dije.

Era tan vulgar. Hice mal y lo estoy pagando.

Me dejó sola con una niña de 4 años que no puede ayudarme.

Y sólo con 171 dólares en el banco. Qué desgracia.

Si pudiera, te dejaría un poco de dinero, pero estamos en crisis.

No sigamos hablando de estas cosas. Hace ya 5 años que no nos veíamos.

Estos deben ser momentos de alegría.

Te aseguro que no sé a qué ha venido.

Dice que no quiere dinero y que no desea vivir con nosotros.

- No sé qué quiere. - Pero quiere algo, estoy segura.

¿No tienes revistas de cine? ¿Sólo tienes "El agricultor progresista"?

Desde luego te gusta mucho. Está completamente loca por ti.

Nunca hasta ahora la había visto encariñarse tanto con alguien.

Debo deciros que la cena ha sido maravillosa.

George, tienes una esposa estupenda.

Vayamos a la cocina. ¿Qué hacemos aquí sentados...?

Siempre he envidiado a las que saben cocinar. Yo soy un desastre.

Pero soy alegre y risueña, es mi carácter.

Siempre sonrío ante las adversidades.

- ¿Puedo poner la radio? - Haz lo que quieras, Lorraine.

No recuerdo la última vez que fui a bailar.

La verdad es que no recuerdo la última vez que hice algo.

Herbert era tan sobrio.

He podido conservar mi figura, ¿no crees?

Desde luego, no aparentas más de 19 años.

Si tengo un defecto es que soy vanidosa.

Me preocupaba mucho mi figura cuando nació Ann,

pero como hacía ejercicios cada mañana, lo tengo todo en su sitio.

Aún me miran cuando voy por la calle.

En el autobús, un hombre sentado delante de mí se giraba para hablarme.

Me gustaría volver a casarme.

¿Cuánto tiempo creéis que sería adecuado esperar aún,

por lo de Herbert, antes de salir en serio con otro hombre?

Conozco a uno en Clarksville que se interesa por mí.

No sé qué más puedo hacer excepto casarme.

No soporto estar sola.

¿Puedo apagar esa radio? Me vuelve loca.

Intenta tranquilizarte, estás muy nerviosa.

Cálmate, Lorraine. Has vivido una experiencia terrible, siéntate.

Mamá dice que puedo vivir con ellos a Knoxville.

Pero papá y ella viven en aquel sucio apartamento de dos habitaciones

en la calle principal, encima de la tienda de alimentación.

Seguro que se morirían de vergüenza si fuera allí.

Por otra parte, ese hombre dice que está enamorado de mí.

Es muy atractivo.

Un poco mayor, pero muy atractivo.

Cinco días después del entierro de Herbert me pidió que me casara con él.

Le dije que lo pensaría.

Tiene una casa muy bonita. Vive él solo con una hermana.

Pero no le gustan los niños.

Dice que no quiere una niña de cuatro años colgada de su cuello.

He pensado que como está tan encantada contigo, Alice Marie...

No la he visto encariñarse con nadie como la he visto contigo esta tarde.

He pensado si podría dejarla aquí.

Sólo algún tiempo, hasta que logre convencerle.

Es tu propia hija.

Siempre has dicho que querías niños.

Pero no puedes dejarla así, ni aunque sea con nosotros, Lorraine.

¡Sólo tengo 26 años!

Aún tengo buena figura y quiero disfrutar de la vida.

No puedo mantenerla. No tengo dinero.

Yo puedo ayudarte a encontrar un empleo.

¡No quiero trabajar! ¡No quiero un sucio empleo!

- Se trata de tu hija. - ¡Pues no la quiero!

Estuve 17 horas de parto cuando nació y ha sido un problema desde entonces.

No la quería cuando nació y no la quiero ahora.

¿Y la familia de Herbert?

No... pu... a ellos.

Que no puedo acudir a ellos.

También era hija suya.

No creo que lo sea.

Bueno, Herbert y yo nunca nos llevábamos bien.

Tenía que hacer algo.

Ahora tendré que buscar... un empleo.

En realidad no era eso lo que buscaba. Por eso tuve que decidir ver a...

¿Qué quieres? ¿Quieres algo, cariño?

- He aprobado. - Está bien. Ve a casa.

- Aquí tienes las notas. - Luego las veré. Ve a casa.

No me molestes cuando estoy trabajando.

¡Sylvia, he aprobado!

El curso que viene iré a la clase de la Srta. Kathlyn.

¿Sylvia?

¿Sra. Lyon, está en casa?

¿Hay alguien en casa?

He aprobado, ¿sabes?

Hola, Sr. Reins. Sra. Kingbrouhgs.

¿Puedo hablar contigo un momento, Emily Ann?

¿Me decías algo, Louis?

¿Te gustaría ir al cine esta noche?

¿Qué ponen?

"Un rostro de mujer", con Joan Crawford y Melvyn Douglas.

Ya la he visto.

- Bueno, otro día será. - Me dejas muy sorprendida, Louis,

yendo con James Miller y con Frank Sutton.

Eres uno de los mejores del colegio, perteneces a una buena familia.

Tu padre es médico.

No sé qué te habrá dicho James Miller de mí,

pero yo no me tomaría en serio nada de lo que dice.

Sólo salí con él una vez e intentó toda clase de cosas,

pero no llegó muy lejos.

Así que yo no creería nada de lo que él o Frank Sutton dijera.

¿Qué te han dicho de mí?

- No me han dicho nada. - No lo creo.

Quiero saberlo. ¿Qué te han dicho?

Podríamos ir en coche a Harlestown,

allí hay tres cines, habrá alguna película que no hayas visto.

Verás...

me gustaría salir contigo, Louis, porque eres de una buena familia,

pero no me gusta que hagas caso de lo que diga James Miller.

Ya sabes donde vivo.

Puedes pasar a recogerme a las 7.

- ¡De acuerdo, a esa hora! - Oye...

recógeme en mi casa como harías con otras chicas.

Lleva chaqueta y corbata.

Lavaré los platos cuando vuelva.

- Este vestido me lo he hecho yo. - ¿De veras?

Me lo hago yo casi todo. Como el vestido que estrené el mes pasado,

cuando los del club representamos "Damas del teatro" de Kauffman.

¿Estuviste? Fue un gran éxito.

A todo el mundo le gustó mucho.

Dijeron que era la mejor obra que habían hecho en el club dramático.

Fueron todos tan amables conmigo que me puse a llorar.

La Srta. Jiddish me dijo "¿Por qué estás llorando?"

Le contesté "No sé, porque son muy buenos conmigo".

Y ella dijo "Deberías estar contenta, ésta es tu noche triunfal".

Mi madre fue a verme.

Mi madre es adventista del séptimo día.

En estos últimos años mi madre se ha vuelto muy religiosa.

Supongo que no te molestará que esté hablando tanto.

Sé que me he ganado la fama de ser muy parlanchina.

Tranquila, a mí me gusta que las chicas lleven la iniciativa en la conversación.

Me parece que soy muy popular,

precisamente por llevar siempre la iniciativa.

¿Sueles soñar despierto? Yo lo hago muy a menudo.

Sueño con ir a Hollywood y ser una estrella de cine.

Supongo que muchas chicas sueñan lo mismo.

No es que yo me considere guapa, ni nada de eso,

pero he oído que los maquilladores de Hollywood

hacen que las estrellas de cine parezcan mucho más guapas.

Deberías leer alguna de esas revistas.

Te cuentan las verdaderas historias de las estrellas.

Te aseguro que es casi todo maquillaje.

De todas maneras, yo opino que...

Ann Sheridan es una belleza auténtica. ¿Opinas igual?

¿Sabes que a Lana Turner la descubrieron a los 17 años?

Yo sueño con eso muchas veces.

- ¿Nunca sueñas con eso? - No tengo esa clase de sueños.

¿Con qué sueñas tú?

Pues, verás, siempre sueño con chicas.

No suele irme muy bien.

¿Quieres que te diga una cosa?

Tu problema es que eres muy vergonzoso.

Eres un chico muy atractivo, pero no deberías ser tan tímido.

Yo no es que esté coladita por ti, pero me he alegrado mucho

cuando me has invitado a salir.

Soy consciente de que tu padre es médico,

y de que mucha gente de aquí nos considera vulgares a mi madre y a mí.

¿Sabes que antes de que mi padre muriera vivíamos en Tennessee?

¿Y que mi padre era el propietario de una lavandería?

Estábamos muy bien considerados.

Mi madre tenía una sirvienta de color que iba 2 veces por semana a lavar y planchar.

Éramos una de las mejores familias.

A muchas chicas de esta ciudad les gustaría tener mi pasado.

Ya sé que a mí no me invitaron al baile ni a la fiesta.

Y no sabes cómo me dolió. Estuve llorando semanas.

Habría matado a Thelma Doris y a su madre.

Se supone que era mi amiga y no quiso invitarme a su fiesta de cumpleaños.

Se lo pedí a mi madre miles de veces "Vámonos de esta ciudad",

pero no, ella solo está loca por el dinero, se lo guarda todo.

¿Por qué crees que trabajo en la tienda de tejidos después de las clases?

Porque ella no me da ni un penique, ni siquiera para comprarme un vestido.

Menudo genio tengo, ¿verdad?

Tendrás que perdonar que me haya desahogado así contigo,

pero esas cosas me afectan mucho.

No espero que comprendas la vergüenza y la humillación

que sufre una chica cuando no la invitan a una fiesta de cumpleaños.

Claro que lo comprendo, Emily Ann.

Lo único que pido es que se me trate con la misma cortesía y respeto

que a las demás chicas.

La verdad, no creo que sea pedir demasiado, Emily Ann.

Eres un chico encantador, Louis.

¿Sabes que me gustas mucho?

Su verdadero nombre no es Ginger Rogers.

Se llama Virginia McMath.

¿Sabes cómo empezó en el cine?

Estaba bailando en un concurso de Charleston, alguien la vio y...

la convirtió en estrella.

He pensado mucho en ello, en ir a clases de baile,

aprender claqué y todo eso.

Pero en Haggerstown no hay un solo lugar donde se pueda aprender.

¿Conoces alguno?

¿Adónde vamos, Louis?

Lo mejor será que pongas el coche en marcha y me lleves a casa.

Louis...

¡Louis, déjame!

Lo... haces con todos los demás, ¿por qué no conmigo?

Estoy muerta... te lo aseguro.

Sé lo que todo el mundo piensa de mí.

Los chicos murmuran cuando entro en clase.

Me da miedo dejarles, eso es todo. Nadie me invitaría a salir

si no les dejara.

Me gustaría estar muerta.

Me gustaría volver a verte, Louis.

Aunque supongo que tú no querrás.

Está bien.

Como quieras.

No me importa.

Si quieres abrazarme, puedes hacerlo.

Algún día iré a Hollywood. Iré... Iré.

Mira ese.

- Menuda borrachera, ¿eh? - Quizás esté muerto.

Deberíamos llevarle a algún sitio o cogerá una pulmonía.

Sí, vamos.

Eh, amigo.

Oye, ¿sabes quién es? Es Tower, de la compañía de John Tower.

¿Sabéis quién es? John Tower, el hijo del actor de cine.

Dios mío, qué locura de juventud.

Échame una mano, ¿quieres?

- ¿Crees que estará bien? - Sarah, ¿no has oído?

Es John Tower, el hijo del actor.

Lleva la llave de un hotel, el Montgomery. Vamos.

¡John Tower, el hijo de John E. Tower!

Joey, ¿qué vamos a hacer con él?

Son casi las doce y tenemos que coger el autobús.

Le diremos al recepcionista que llame a un médico.

Lo siento, cariño, pero debemos coger el autobús.

- Tenéis que ir a casa solas. - No te preocupes.

Estáis seguras de que sabéis ir solas.

Sí, seguro. Id a coger el autobús. Yo me ocuparé de él.

- Te llamaré, cariño. - De acuerdo.

Sarah,

creo que será mejor que te vayas a casa.

Yo me quedaré aquí y me ocuparé de él.

Puedes marcharte. Ya te llamaré.

Adiós.

Fuera de aquí. Fuera.

Te encontramos tirado en la calle. En la calle Jackson.

Estaba lloviendo y te trajimos aquí.

¿Eres realmente el hijo de John Tower?

No puedo conocer ni a una sola chica sin usar esas mismas referencias.

- Si ya estás bien... - ¿Qué dices?

Pensaba quedarme hasta asegurarme de que estabas bien.

Y como ya lo estás, será mejor que me vaya.

Siéntate, no me dejes ahora.

No intentaré nada terrible, salvo el suicidio.

Para eso vine aquí, para ahogarme en la bañera.

Si quieres comprobarlo, aún está llena.

Ayer por la tarde me emborraché, entré aquí y fui dando tumbos

completamente desnudo hasta la bañera.

Metí la cabeza dentro del agua y casi lo conseguí.

Pero no tengo talento para suicidarme.

En el hotel Axford de Nueva York tomé 17 pastillas para dormir.

Pero me hicieron un lavado de estómago y pasé la noche en urgencias.

Lo intenté con gas, pero sólo conseguí color en las mejillas.

Sencillamente, no sé hacerlo.

¿Para qué vives tú? Sé sincera, dímelo.

Cualquier día estarás besándote en el asiento trasero de un coche

con un chico de la ciudad. Y como todas tus amigas, tú también te casarás.

Empezarás a engordar y tú marido se liará con...

con una camarera de un hotel.

Tendrás hijos, sufrirás por el alquiler,

te saldrán canas y de pronto mirarás atrás y dirás "¿Qué ha pasado?

Todo acaba".

Tus amigos morirán y tú morirás en la melancolía

llorando amargamente tras unas cortinas blancas.

Y por fin te meterán en una tumba en una caja de madera.

¿Y qué habrá sido tu vida salvo penas y sufrimiento?

¿Pero qué sabrás tú,

pueblerina de calcetines rotos?

No sabes qué es la soledad.

Para ti será no tener una cita el sábado por la noche,

y no conoces el grande y terrible dolor de la desolación.

La desolación.

Tengo frío, cierra la ventana.

Ciérrala.

La última vez que vi a mi padre fue hace 6 años.

Estaba sentado en el salón de la casa que tiene en Sherman Oaks,

haciendo solitarios y bebiendo vino porque es demasiado caro

comprar un poco de whisky irlandés de centeno.

Estaba medio escondido tras la fina cortina blanca

del humo de su cigarrillo,

en una casa vacía.

Vacía.

Mi madre sufrió una crisis nerviosa cuando yo tenía 11 años

y mi hermano Tom está ingresado hace años en un manicomio,

donde se pasa el día recogiendo cuerdas imaginarias del suelo.

Mi hermano mayor Tom.

Mi padre me preguntó "¿Dónde has estado las últimas semanas?"

Las últimas semanas...

Había estado un año y medio en la Guerra Civil Española.

Y le dije "Necesito ayuda psiquiátrica, papá, estoy perdido.

A veces tengo que esforzarme para no tirarme por una ventana.

Te pido que seas bueno conmigo". Me respondió.

"Mantengo un hijo loco, con ese tengo bastante".

Ese es mi padre.

Estrella del cine, el teatro y la radio, admirado por todos.

Pero tú no puedes entenderlo.

No puedes entenderlo.

No sabes qué es la soledad.

Seguro que sólo has llorado por...

historias de amor de adolescencia.

Te quiero, John.

Te quiero mucho.

No sé qué hacer si el ejército te destina a otro sitio.

Creo que moriré.

Te seguiré.

De veras, hablo en serio.

Ojalá estuviéramos casados.

Sería una buena esposa.

Tendríamos un buen hogar.

Nunca lo lamentaríamos.

- Pero yo no te intereso, ¿verdad? - Eso no es cierto.

Sólo soy alguien con quien pasar el fin de semana,

- de quien aprovecharte. - No es verdad.

Cada vez me haces esperar delante del hotel una hora u hora y media.

Y nunca sé si vendrás.

Los soldados pasan

y me gastan bromas hasta ponerme furiosa.

¿Por qué lo hago?

¿Y para quién? Ni siquiera te intereso.

Lloro cada noche antes de dormir, pensando en ti.

Pienso en el daño que te han hecho en la vida.

Y pienso en cuidarte y en crear un hogar para ti.

Pero sólo soy una chica, como podría ser otra.

No es cierto.

Eres lo único que tengo en la vida, lo más importante.

¿Crees que soy un conquistador que va por ahí coleccionando mujeres?

Eres la primera con la que he hablado en meses.

A veces me siento tan solo en mi barracón

que tengo que frenarme para no salir corriendo a llamarte por teléfono.

Ojalá lo hicieras. Ojalá.

Temo destruir lo único que significa algo para mí.

Eso no es verdad.

Nada me había hecho tan feliz en mi vida como lo que acabas de decir.

Soy muy poca cosa para ti.

Tengo muchas ganas de abrazarte, Johnny.

No nos entendemos. Ahora te quiero y luego tal vez me arrepienta.

Sientes pasión por la respetabilidad y yo horror por la soledad.

Lo peor que puede ocurrirnos es que nos casemos.

Te odiaría antes de que te quitaras el maquillaje de la ceremonia.

Sería una buena esposa, John.

Tendríamos un buen hogar.

Te quiero.

Que Dios os bendiga y os proteja.

Que la luz de Dios brille sobre vosotros

y os muestre su misericordia.

- Quiero daros las gracias por todo. - No hay por qué.

- Te lo mereces todo. - Os llamaré el lunes por la mañana.

No os vayáis a dormir tarde.

Gracias por los regalos y por todo.

No sé lo que me pasa.

Llámame mañana por la mañana y dime cómo te sientes.

- ¿Alguien quiere que le lleve? - Adiós, mamá.

Adiós, mamá, hasta el lunes.

¡Adiós, adiós!

¡Adiós!

Soy feliz.

¡Soy feliz!

Quiero darte las gracias por haber soportado la ceremonia,

es decir, el cura y todas las formalidades.

Sé que detestas todas esas pequeñas formalidades.

Pero para mí son muy importantes.

Quiero que sepas que te lo agradezco.

Bueno,

supongo que debería limpiar todo esto un poco.

¿Estás a gusto? ¿Te encuentras bien?

Estoy bien.

- ¿En qué piensas? - En nada.

Dame una oportunidad, no me vuelvas la espalda.

¡Te he dicho que estoy bien!

Intentaré que esto funcione,

pero ahora déjame solo.

Ya he conseguido que me trasladen a una unidad de combate.

Me voy el próximo martes. Espero que me maten.

Yo también lo espero.

Está bien, ya voy. Ya estoy aquí. ¿Qué quieres?

¿Qué te ocurre? ¿Qué te pasa?

Calla ya.

Mamá te dará un beso y te callarás.

¿De acuerdo? Ya está.

¿Qué te pasa? Ya has cenado.

¿Quieres acabarte el biberón? Te lo daré.

Cállate ya, vamos. ¡Cállate!

Aquí está.

¿No lo quieres? Anda, sólo un poco.

Cállate ya.

¿Estás mojada?

No estás mojada. ¿Qué te ocurre?

Cállate ya.

¡Calla!

Cállate ya. Cállate ya. Lo digo en serio.

¡Lo digo en serio! ¡Cállate!

¡Calla!

¡Déjame en paz!

¡Dios mío, Dios mío...! ¡Mamá, no lo soporto más!

¡Tengo que irme de esta ciudad! ¡Dejaré a la niña contigo!

¡No puedo, es demasiado para mí! ¡No aguanto más, no lo soporto!

¡Tan solo tengo 19 años!

Tengo una bonita figura. Aún me miran cuando paso por la calle.

¡Quiero divertirme!

¿Y qué harás con la pequeña?

No la quiero... ¡No la quiero!

No la quería cuando nació y no la quiero ahora.

SEGUNDA PARTE RETRATO DE UNA JOVEN

HOLLYWOOD

Hola, ¿dónde están los demás?

¿Sabes que Dutch Seymour te llamó 10 minutos después de que te fueras?

Tendré que llamarle.

Hoy sales de nuevo en la columna de Abe Sullivan.

- Sí, lo sé. - Oye esto.

"El gran boxeador Dutch Seymour está hablándole de campanas de boda

a la estrella Rita Shaw, antes llamada Emily Ann Faulkner,

de Wicon City, Maryland". ¿Por qué habrá escrito esto?

Porque ayer llamé a Joe Glass y le dije "Joe..."

¿Puedes traerme una cola con hielo triturado?

Le dije "Joe, Dutch Seymour no deja de rogarme que me case con él.

¿Eso puede ser noticia?" Y le dije también.

"Si consigues publicarlo, que salga mi nombre real, Emily Ann Faulkner".

Hablé con mi madre la semana pasada y me dijo que nadie cree

que esos artículos se refieran a mí.

¿Sabes que mi madre no sabía quién era Dutch? En serio.

Le dije "Mamá, Dutch Seymour es uno de los grandes del boxeo".

- ¿Ahora bebes antes de comer? - Llevaba 5 copas antes de que vinieras.

Deberías haberle visto anoche. Se está convirtiendo en una alcohólica.

Su madre tiene el corazón destrozado.

Voy a tener que cambiar de apartamento, Hillary.

No se oyen más que gritos y discusiones todo el día.

- ¿Con quién vives ahora? - Con Sandra Shelby.

Creía que estabas con Charlene.

En serio, ¿Dutch Seymour quiere casarse contigo?

No sé qué ha visto en mí.

Hablo en serio. Sólo he hecho siete películas,

y tan solo hablaba en dos de ellas.

Aunque debo decir que, desde que salió ese artículo esta mañana,

he recibido cuatro llamadas.

Acabo de hablar con Hal Kings de la Metro.

Y hablaré con Burt Harris dentro de media hora.

Conozco a un par de chicas que salieron con Dutch Seymour,

dicen que es muy aburrido.

Hillary, Dutch ha salido con casi todas las chicas de Hollywood.

Pero es un alma perdida.

Debe ser muy duro para un hombre ser una celebridad del deporte

y luego retirarse y no ser nada.

¿Sabes que viaja de un lado a otro del país dando charlas a boys scouts?

Y si no pasa el día en la habitación del hotel llamando a sus amigos.

A mí me llama dos veces al día.

Creo que casarme con él le iría bien a mi carrera.

Sí, creo que me casaré. Es mejor que vivir con Joanna y su madre.

Voy a llamar a Dutch.

¿Qué tal la vida de casada, Srta. Seymour?

Sra. Seymour.

Nunca he sido más feliz en mi vida.

Ha sido un viaje estupendo.

Pero usted ya estuvo antes allí hace 4 o 5 años.

¿Cree que el matrimonio interferirá en su carrera?

Aún no he pensado en eso.

Pero no creo que ocurra. ¿Verdad?

¿Sabes?

Recién llegada aquí,

iba por los bares y dejaba que los hombres intentaran ligarme

para tener con quién hablar.

En aquella época no bebía.

Me sentaba con aquellos hombres hasta que se emborrachaban

y luego me iba a casa a leer.

A veces me quedaba dormida leyendo.

Vivía con un matrimonio griego en South Orange Drive,

y me sentía tan sola como un náufrago en una isla desierta.

Pero nunca me llevaba a casa ninguno de aquellos hombres.

En esa época no soportaba la idea de que nadie me tocara.

Estuve a punto de perder la razón.

Eh, yo también, poco antes de casarnos.

Cuido mucho mi aspecto. Siempre he sido así,

desde que era joven mi familia me enseñó. Eran muy limpios.

Ese era mi sello personal, ir impecable.

No sé, pero medio año antes de casarnos, me daba...

por no afeitarme en una semana.

Dios,

alguien como yo... sin afeitarse.

Nunca dejaba de hacerlo, incluso lo hacía dos veces al día

si tenía que ir a algún sitio.

A veces pasaba días sin salir de la habitación del hotel.

Me quedaba sentado como un pasmarote con barba de tres días.

Me estaba volviendo loco.

¿A qué se debía, Dutch?

No sé.

Al no hacer nada en todo el día, el hombre acaba consumiéndose.

Todavía estoy joven.

No sé qué quiero hacer, pero quiero hacer algo.

Tal vez un negocio.

No se puede ser eternamente ex campeón del mundo

de los pesos ligeros.

Oye, ¿qué crees que podría hacer?

No lo sé.

Yo quiero irme de Hollywood cuanto antes.

¿En serio?

Aquí no estoy haciendo nada. ¿Para qué engañarnos?

¿Te gustaría que fuéramos a Saint Louis?

¿A Saint Louis? ¿Qué haríamos allí?

Mi padre murió y ahora lleva el negocio mi hermano.

Es contratista.

Me escribe a menudo para que vuelva y participe en el negocio.

A mí también me gustaría volver y participar.

Yo era allí muy importante.

Tenía... una buena reputación.

Oye, compraríamos una casa y organizaríamos fiestas.

A mi hermano ya le conociste en la boda.

Le gustas mucho, de veras.

Creo que sería bonito...

y auténtico.

Ya no estaríamos suspendidos en el aire como ahora.

Sería bonito, te gustaría.

Dutch,

¿me quieres?

Claro que sí.

Quiero decir de verdad. ¿Me quieres de verdad?

Claro que te quiero, cariño.

Entonces,

vayámonos. ¡Vayámonos a Saint Louis!

- Allí incluso tengo parientes. - Oh, cariño.

Seremos muy felices, ya lo verás.

Me quieres, Dutch. ¡Me quieres!

Me quieres, me quieres. Me quieres.

¿Qué se siente cuando se quiere a alguien, Dutch?

Nunca has querido a nadie, ¿eh?

Nunca me ha querido nadie.

En muchos aspectos soy una chica terrible.

Renuncié a mi hija de tres años

cediéndola sencillamente a mi primer marido.

É¡me envió unos papeles

y yo los firmé sin ni siquiera leer lo que ponían.

Nunca he ido a Nueva York a visitarla.

Aún no comprendo por qué me quieres.

Eres como una niña.

Como una niña.

Me gustan los niños. Adoro a los niños de mi hermano.

Estoy loco por ellos.

Cariño, voy a ducharme.

Luego bajo, cenamos, tomamos un coctel y vamos a casa de Burt Lancaster.

Estamos invitados.

- ¿Te ocurre algo? - Discúlpale.

- Quiero ir arriba, Dutch. - ¿No iremos a casa de Lancaster?

- ¡Quiero ir arriba! - Eh, cariño...

Dutch, no puedo ir a Saint Louis. ¡No puedo!

- No iremos, cariño. - Te cansarás de mí de todos modos.

- ¿Por qué dices eso? - Estoy segura de que me dejarás.

Si vamos a St. Louis te avergonzarás de mí.

Te arrepentirás de haberme llevado. No le gustaré a tu familia.

- Vamos... - ¿Cómo voy a gustarles?

No soy más que una fulana. Dutch, déjame otra oportunidad

para mi carrera.

Si llego a ser alguien podrás llevarme a St. Louis,

y seguro que gustaré a todos tus amigos

y te sentirás orgulloso de mí.

Cariño, te comportas como una niña. Ven, siéntate.

- Lo siento. - Ven aquí y tranquilízate.

- Cariño... - Lo siento. No sirvo para nada.

- No digas eso. - Soy una inútil.

Cariño...

¿Me alcanzas eso?

¿No vas a lavarte los dientes o a ducharte?

¿Tienes que posar para esta clase de fotos?

No sabía que iba a sacarlas en la revista.

Me dijo que eran para Esquire.

¿No vienes conmigo?

¿Adónde?

- Ya sabes adónde. - Nunca sé adónde vas.

Lester Blackman da una fiesta en el plató

porque acabarán la película esta noche.

Lester dice que mi papel es el más destacado de la película.

Y que R. M. Lucas, el vicepresidente de la productora,

ha visto las pruebas y opina también que mi papel es el mejor.

Y van a dar esa fiesta en el plató.

¿Vienes o no?

Este vestido no me gusta. Voy a cambiarme.

Cierra las persianas, ¿quieres?

¿Para qué? Sólo tienen que comprar esa revista.

No te he engañado ni una sola vez en los once meses de matrimonio.

Podría haber firmado un contrato con Lester Blackman cientos de veces,

cuando quisiera. Pero le dije "Sr. Blackman, soy una mujer casada,

yo no hago esas cosas".

No te he engañado ni una sola vez.

Eso es algo que tú no puedes decir.

¿Por qué no te afeitas?

Llevas dos días encerrado aquí.

Más vale que espabiles.

Duermes hasta la una, las dos, las cuatro, las cinco de la tarde.

Sí, quizás si tuviera una esposa...

¿Qué?

Tú no piensas en mí, nunca lo has hecho.

- Siempre que lo has querido... - Cállate.

¡Cállate! Te casaste conmigo para salir en los periódicos, nada más.

¿Y tú por qué te casaste conmigo? ¿Quieres decírmelo?

- ¡Eres una fulana! - ¡Anda, dímelo!

Incluso he de llevar mi ropa a la lavandería.

- ¿Por qué te casaste conmigo? - ¿Por qué? ¿Ahora me lo preguntas?

¿Quieres que te oiga todo el mundo?

Me casé contigo porque creía que eras una buena chica,

y que yo te gustaba.

¡Quiero irme de esta maldita ciudad! ¡No sé qué hago aquí!

No sé adónde ir ni qué hacer.

Yo ya estoy, Dutch.

Te esperaré si quieres vestirte.

Dutch...

me marcho.

¿De acuerdo?

Lester, mi esposa,

- ¿tiene realmente talento artístico? - Tiene algo, Dutch.

Está bien en esta película. Llamará la atención.

Tiene lo que yo llamo...

la cualidad de la disponibilidad.

Si enseño la más guapa hace que todos los hombres del público

piensen que podrían hacerla suya si llegaran a conocerla.

Y es buena actriz cómica. R. M. Lucas ha visto las pruebas.

Está entusiasmado. Quiere contratarla y hacer una gran campaña publicitaria.

Un boom.

Lester,

he oído que quieres acostarte con mi mujer.

Si lo vuelvo a oír, te romperé la cabeza.

Dutch, quiero irme contigo. Quiero irme a St. Louis contigo.

Dutch...

Dutch...

No resistiría vivir en St. Louis y ser una "don nadie".

Te cansarías de mí en tres meses.

Me volvería loca sin hacer nada en todo el día.

Dutch...

Hola, Lester.

Rita, no hace falta que te diga quién es, ¿verdad?

El Sr. R. M. Lucas, uno de nuestros vicepresidentes.

Encantada de conocerle.

El Sr. Lucas vio la película anoche. Está entusiasmado con tu escena.

Es usted una mujer muy atractiva.

Tiene grandes cualidades cómicas y es muy sensual.

La respuesta del público hacia usted ha sido muy interesante.

Creemos que va a ser algo grande.

Tengo un papel para usted. 6 semanas de trabajo.

Su agente le dirá que lo acepte y le enviaremos el guión.

Además, nos gustaría contratarla.

Los técnicos le serían muy favorables.

¿Por qué no viene esta noche a mi casa y discutimos con calma el asunto?

Suelo cenar a las ocho. Seguro que le gustará el menú.

- ¿Debo arreglarme o... será informal? - Como quiera.

El Sr. Blackman le dará la dirección.

Salude de mi parte a su marido.

Es un tipo muy amable.

Bueno, ha nacido una estrella.

TERCERA PARTE REFRATO DE UNA DIOSA. 1952

¡Joe, Sally!

Hola, venid aquí.

Quiero presentaros a mi madre.

La Sra. Faulkner, Joe y Sally Wilsey. Mi madre llegó ayer.

Encantada de conocerla. ¿Cómo está?

Mi madre leyó en los periódicos que había tenido una crisis nerviosa.

Me llamó por teléfono.

Ya os lo había dicho, ¿verdad? Lo de la llamada que costó 81 dólares.

Sabía que mi madre iba a venir. Anda, siéntate.

¿Cuánto tiempo va a quedarse, Sra. Faulkner?

Ella dice que se quedará dos semanas, pero yo quiero que se quede a vivir.

Este será su nuevo hogar.

Hacía años que intenté que viniera y dejara la triste casa donde vivía con mis tíos.

Ahora que está aquí, aquí se quedará.

Mamá, el Sr. Wilsey es el productor de la película donde tuve...

el famoso agotamiento nervioso.

Estuvieron a mi lado en todo momento.

Mis más viejos y queridos amigos.

Fueron los únicos que vinieron a visitarme al sanatorio,

aparte de...

Shirley Donahoe. Es mi peluquera.

Ha estado en todas las películas que he hecho desde 1949.

No haría una película sin ella.

¿Los demás amigos? Se comportan como si estuviera muerta.

Eso demuestra algo, ¿eh? Aunque no sé qué.

¿Por qué no os sentáis?

En realidad hemos venido a invitarte a comer con nosotros.

- Vamos a ir a... - Lo siento, Sally, no puedo ir.

Tengo que comer con mi madre. Hacía ocho años que no nos veíamos.

Ocho años.

No es normal entre madre e hija, ¿eh?

Joe, Abe Sullivan me telefoneó ayer. Dijo que acababa de enterarse

de que no iba a ver a ese psiquiatra.

Sí, lo sé.

Y le dije:

"¡No estoy loca! ¿Para qué quiero un psiquiatra?"

¿Por qué no os quedáis aquí y coméis con nosotras?

- No, Rita, es que... - No hay problema.

Se lo diré a la cocinera. No tardaré.

Rita, vamos a comer con Arlene Cubo en Frascatis.

¿Me disculpáis un momento?

Quiero darles las gracias por lo que han hecho por mi hija cuando lo necesitaba.

Habla de su amistad con un profundo afecto.

Sra. Faulkner, apenas conocemos a su hija.

Yo no la conocí hasta que empezamos mi película hace 4 meses.

Y mi esposa sólo hace tres semanas que la conoce.

Fui a visitarla al sanatorio porque me retrasó la película trece días.

Eso me costó más de 150.000 dólares.

Me entristece pensar que nos considera sus mejores amigos.

Pero me alegra que esté usted aquí,

porque necesita a alguien.

Intente convencerla para que vaya a ver a ese psiquiatra otra vez.

- La verdad es que no sé cómo hacerlo. - Hable con ella, Sra. Faulkner,

le aseguro que necesita a ese psiquiatra.

Hable con ella.

Ciudadanos americanos, permitidme que os diga que ha llegado el momento.

Ha llegado el momento de una nueva victoria.

Otra gloriosa victoria del partido republicano,

y un feliz relevo para el sufrido pueblo americano

en el día de la inauguración.

No es...

No es una detracción del honor

y la gloria de nuestro primer presidente.

El día de este hombre es el de nuestra generación.

Y como Harry Lee dijo del inmortal Washington,

es el primero en la guerra, el primero en la paz,

y el primero en el corazón de sus compatriotas.

¿Estás a gusto, mamá?

Todo está bien.

Creo que esta es la casa más grande que he visto jamás.

Sí, creo que la casa de la que tanto presumía la Sra. Phillips

- cabría dentro de la sala de estar. - Seguro.

He preguntado por la congregación adventista de Los Angeles y hay una.

- Te llevaré mañana. - Bien.

No quiero perderme la ceremonia del sabbath.

Sigue con tus oraciones, mamá.

Yo me sentaré ahí.

Ahora gano 4.000 a la semana, ¿lo sabías?

¿Has visto el último Film Daily?

¿Sabes que me consideran una de las seis actrices más taquilleras?

¿Y sabes lo que ha recaudado la película en Nueva York en una semana?

La estrenaron en el Roxy y obtuvieron 135.624 dólares.

Es un record.

- ¿Qué opinas de tu hija? - Que está muy bien.

¿Qué lees, mamá?

"Sabréis que yo soy el Señor y he abierto vuestras tumbas,

oh pueblo mío.

Os he sacado de ellas, os infundiré mi espíritu

y viviréis..."

Me alegra que hayas venido, mamá.

Podría volverme loca dando vueltas en esta casa tan grande.

Quería venir el día que leí en los periódicos lo de tu crisis nerviosa.

¡No sé qué me pasa!

¿Sabes qué me ocurrió el día que tuve la crisis en el estudio?

Me puse a gritar.

Vi un gato en el plató.

Y me puse a gritar "Aléjate de mí".

Y me gustan los gatos, tú lo sabes. Aquí tengo dos siameses.

Creo que mis nervios llegaron al límite.

Estaba bebiendo mucho.

Confieso el pecado de beber.

Mamá,

no soporto estar sola.

A veces traigo hombres a casa, pero cuando se van no sé qué hacer,

porque no soporto estar sola.

Me despierto muchas veces en plena noche, sudando.

Tengo palpitaciones y no puedo respirar.

Entonces llamo a los criados y les pido

que me hagan compañía hasta que amanezca.

Te necesito aquí, mamá, conmigo, porque noto que me vuelvo loca.

En serio, creo que me estoy volviendo loca.

Estamos en esta tierra para sufrir.

Yo cuidaré de ti, mamá. De veras, cuidaré de ti.

Irás conmigo a donde quiera que vaya. Estarás a mi lado.

La semana pasada, después de hablar contigo por teléfono,

fui a ver al Sr. Weingwright, el anciano. A él y a tu tía, que estaba allí,

les miré y les dije:

La riqueza y la fama no son nada.

Ahí está mi hija, la envidia de su generación,

que estaba desmoronándose por teléfono...

Y añadí: Mi hija se acerca a su cataclismo.

Ha vivido atormentada y en pecado.

Ha llevado la marca de la bestia sobre ella.

Ella debe unirse a Jesús y entonces

tal vez pueda llegar a redimirse,

como se redimirán todos los hombres de la maldición,

cuando sus cuerpos vuelvan a la madre tierra...

Sólo abre tu alma. Abrir tus brazos,

y dejar que Jesucristo entre en ti. No debes ocultarle nada.

Deja que él llene tu cuerpo y tu alma,

y serás transportada a la paz y al amor.

Señor

me entrego sin ningún rencor,

y siento tu dulce amor.

Y tu paz.

Lo siento cerca de mí. Muy cerca de mí.

Abre tu alma y tu corazón.

Oh, Dios mío, Dios mío... Dios mío, Dios mío...

La vida es dolor, pecado y tormento. Jesucristo te absuelve, hija,

y no hay dolor, no hay pecado y no hay tormento,

porque tu cuerpo está lleno de su eterno amor,

su eterna compasión. Abre tu corazón

y deja que Cristo entre en cada parte de ti.

- ¡Joe! - Hola, Rita.

- ¿Cómo estás, querida? - Siento haberme retrasado.

Pero el tiempo vuela. Mamá, estamos aquí.

- Siéntate, Joe. - Gracias.

He llevado a mi madre a dar un paseo por Sherman Oaks.

Le he enseñado la enorme casa que tiene Johnny Tower. O tenía.

¿Sabéis que era el padre de mi primer marido?

No sé quién vivirá ahora.

Hay muchos naranjos y limoneros por allí.

Supongo que mi madre habrá ido arriba.

Me alegra mucho verte tan bien.

Joe, soy feliz.

¿Sabes? He encontrado a Dios.

Te lo aseguro.

Creo que a Sally y a ti podré contároslo, porque no os burlaréis.

El pasado miércoles me desperté a medianoche con mi viejo pánico.

Joe, tú estuviste cuando rodábamos en Arizona.

Ya sabes cómo estaba aquella noche, cuando intenté suicidarme.

La noche del miércoles,

fui a la habitación de mi madre, la desperté

y rezamos.

Le pedí a Dios que salvase mi alma.

Ella cogió mi mano, apretándomela con sus dedos.

Creo que eso me salvó, que mi madre me apretase fuerte.

Ahora sé por qué tenía aquellas pesadillas cuando me emborrachaba.

Era lo más terrible del mundo.

Mi primer marido me contaba lo solo que se sentía.

Ahora sé lo que quería decir.

Es como...

si el resto del mundo estuviera en otra parte.

Como un eco.

Es difícil explicarlo. En fin...

mi madre cogió mi mano y rezamos. Y...

Sentí como si desapareciera. Había desaparecido.

Me sentí ligera y libre de preocupaciones.

Era tan maravilloso que nos pasamos la noche charlando.

Entonces llegó el alba. Fue maravilloso.

El cielo estaba rojo, como en llamas, como si Dios me estuviera diciendo.

"Todo está bien".

Como si me lo dijera a mí personalmente.

Me sentía tan bien que quería gritar.

¡Dios mío, es maravilloso estar con mi madre!

Rita, es maravilloso verte así.

Joe,

estoy a punto para volver al trabajo. Ahora llamaré a Abe Sullivan

para que diga al estudio que pueden enviarme guiones cuando quieran.

¡Si crees que voy a pagarte el billete del tren, estás loca!

Y tampoco te llevaré a la estación.

Puedes ir tú sola.

¡No volveré a enviarte dinero! No te enviaré nada.

Cariño, que conste que te lo advertí al llegar.

Mamá, ¿qué te he hecho? ¿Me lo quieres decir, por favor?

No pensaba quedarme más de dos o tres semanas.

He hecho lo posible para hacerte feliz.

He estado aquí más de dos meses.

Hice una donación de $10.000 para ayudarte en tus labores misioneras.

Cariño, ya sabes que tu tío George se encuentra muy enfermo.

Y Alice Mary tiene que encargarse de la tienda,

no pueden arreglarse sin mí.

Nada de lo que hago te complace, ¿verdad?

¡Creo que nunca te ha complacido!

Lo único que haces es huir de mí.

Te odio tanto que no sé cómo decírtelo. ¡Puedes irte de mi casa, márchate!

Nunca te ha importado si estaba viva o muerta. ¡Vete de aquí!

¡No quiero volver a verte, ni siquiera en tu tumba!

¡Espero que te mueras pronto, que ese corazón de hielo

te estalle en mil pedazos!

¡Tenía ganas de decírtelo!

¡Dios no existe!

¿Me oyes? ¡Dios no existe!

¿Has oído lo que he dicho?

¡Dios no existe! ¡Dios no existe! ¡No!

¡Dios no existe!

Dios no existe.

Espero que toda esa gente piense que está abatida por el dolor,

pero ha venido al funeral de su madre completamente borracha.

No es por falta de respeto.

Casi siempre está bebida.

Hola, Emily Ann.

¡John!

No esperaba verte aquí.

Te presento a mi tía, Alice Mary y a la Srta. Highwood, mi secretaria.

Mi primer marido, el Sr. John Tower.

Te ruego que me disculpes.

Oí una voz celestial que decía en mi interior.

"Bienaventurados sean aquellos que mueren en paz con el Señor".

"Sí", dijo el espíritu, "porque descansarán de sus labores

y sufrimientos terrenales".

Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra, porque el cielo y la primera tierra

quedaron atrás. Y no había más semilla.

Y yo, Juan, vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén,

que descendía del cielo de Dios preparada como una esposa

para su esposo.

Y oí una voz del cielo que decía "Prestad atención,

el tabernáculo del Señor está entre los hombres..

¡Quiero morir! ¡Quiero morir! ¡Quiero morir, quiero morir!

¡Soltadme, soltadme! ¡Quiero morir, quiero morir!

Mamá... me quiero morir.

Estamos aquí, en el porche.

Han sido muy amables usted y la niña viniendo al funeral.

Mi hija me pidió que viniéramos.

Ella está dormida, Sr. Tower.

Le di un sedante cuando se desvaneció.

A mi hija le gustaría mucho conocerla.

Creo que no le permitiré verla, Sr. Tower.

¿Qué autoridad tiene en esto, Srta. Highwood?

Llevo tres años con la Srta. Shaw, y le tengo un gran afecto.

Si hay algo en este mundo que recordaré hasta el día en que muera,

es la imagen de usted, hace dos años, en el despacho de aquel abogado,

mientras esa mujer le rogaba histérica y de rodillas

que le dejase ver a su hija, y usted le decía que no.

No me parecía buena idea que mi hija pasase dos semanas con una histérica.

¿Sabe que aquella noche intentó suicidarse?

Supongo que su deber es cuidar de esa pobre mujer.

El mío es hacer que mi hija ame la vida.

Mi hija fue una niña extraña durante mucho tiempo,

como sus padres.

Y como sus abuelos.

Y como las generaciones que la precedieron,

y que llegaron al borde del suicidio y la locura. Pero ahora está bien.

Le gusta vivir.

Creo que será una mujer feliz cuando crezca.

Su gran deseo es conocer a su madre. Es una niña cariñosa.

Me ha dado el poco interés que siento por la vida.

Y creo que a Rita también podría dárselo.

Usted ocúpese de su niña, Sr. Tower.

Yo me ocuparé de la mía.

Así que finalmente ha encontrado a una madre.

- Volveré luego. - No.

Puede esperar aquí mismo.

Se levantará pronto.

Será mejor que vaya arriba. Le gusta verme cuando despierta.

Hola, pequeña.

El Sr. Tower está abajo.

- ¿La niña está con él? - No.

- ¿Puedes decirle que suba? - De acuerdo.

Está empezando otra vez.

- Estoy poniéndome nerviosa. - Rita.

Ha llegado un telegrama de condolencia de Joe y Sally Wilsey.

¿Quiénes son?

Oh, sí, sí...

Ahora me acuerdo.

A veces he pensado qué sería de ellos.

No sé, no sé, no sé.

No deberíamos estar aquí. No deberíamos haber venido a esta ciudad.

Es la misma de siempre. La misma de siempre.

¿Has visto la casa donde me crié?

¿La has visto? Horrenda, ¿eh?

Horrenda, horrenda, horrenda. Dios mío...

Sigo siendo la misma. Soy la misma.

Nunca seré diferente.

Era una niña... miserable.

Una niña que andaba por estas sucias calles con sus botines.

Me gustaría dormir, pero para el resto de mi vida.

Ojalá pudiera dormir el resto de mi vida.

¿Quieres un sedante para ver a tu ex marido?

¿Tienes píldoras para dormir?

SÍ.

Tengo una idea. Oye,

¿por qué no vas abajo y le dices a mi ex marido que suba?

Luego tomaré unas píldoras para dormir, y descansaré en el avión.

De acuerdo.

- ¿Un bocadillo? - Estaría bien.

Hola, Amy.

¿Sabes qué estaba pensando?

Pensaba que la vida es una farsa.

En realidad no es nada.

Tengo 31 años y cuando miro atrás

lo único que se me ocurre decir es "¿Y qué?"

Tengo una bonita casa, ¿sabes?

Un jardín...

hasta donde alcanza la vista.

Flores... rojas del paraíso y tulipanes.

No puedo bajar de un taxi en Nueva York sin tener cientos de personas

a mi alrededor gritando cuánto me quieren.

He conocido hombres.

Muchos hombres,

con caras anónimas,

porque no recuerdo a ninguno. Son anónimos.

Y te juro que no se me ocurre ningún motivo para levantarme mañana.

- La vida es una farsa, ¿eh, John? - No.

Me estoy acordando de ti,

borracho como una cuba en la habitación de aquel hotel,

el hotel Montgomery, diciéndome estas mismas cosas,

y citando a los grandes poetas.

"La vida es un hastío, dijo el predicador, nadie puede cambiarla".

Cuando era pequeña,

soñaba muy a menudo que me ahogaba.

"Tranquilas y oscuras corrientes de la nada, donde todo se ahogaba".

Creo que debe de ser una sensación agradable...

tenderse y flotar...

dejar que el agua te cubra.

No soporto más esta vida, John. ¿Cómo estás?

No pudimos hablar mucho la última vez que nos vimos.

Yo aún resisto.

Pareces tan bueno.

Veo que no has cambiado.

Me gustaría que nos hubiéramos conocido hoy.

¡Abrázame, Johnny, abrázame, abrázame...!

Eres el único hombre que he querido.

A mí tampoco me querías, me necesitabas, pero no me querías.

Nunca has sabido qué es el amor. No te lo enseñaron.

La vida es insoportable si no se quiere a alguien.

Vente conmigo, nuestra hija está esperando en un bar.

Quiero que la conozcas. Las personas como nosotros

no podemos querer a nadie más que a nuestros propios hijos.

Ella me ha dado momentos de felicidad,

momentos en los que he comprobado que la vida es bonita.

- Ella quiere conocerte. - No puedo verla, John, no puedo.

Hemos venido porque ella quiere conocerte.

¡No puedo mirarla, Johnny! Ella me odia.

- Amy... - ¡Déjame, déjame!

Déjela.

¿Prefiere verla tomando amor a dosis en habitaciones de hoteles baratos?

¡Soy una inútil, una inútil!

Tuve a mi madre sufriendo durante 17 horas cuando nací.

¡No he causado más que dolor a todos los que conozco desde entonces!

¿Dónde están las píldoras, dónde las has puesto?

¡Una inútil! ¡Déjame en paz!

- Rita, dime dónde están las píldoras. - ¡Déjame, por favor!

¿Dónde están las píldoras, cariño?

- Debajo del colchón. - Acuéstate, cariño.

Estuvo yendo a un psiquiatra durante cuatro meses.

Luego el médico dijo que ella nunca responderá al tratamiento,

que siempre será la misma.

Ahora sigue una terapia simple.

Me la llevaré a California, para que siga haciendo películas.

Es lo único que sabe hacer.

Y lo que pase después, pasará.

Pero yo la quiero.

Y me cuidaré de ella.

Hasta la vista, Amy.

¿Cuando esté en Hollywood vendrás a visitarme?

Por supuesto.

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