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-¿Quién hay ahí? - Soy yo, Bobby.
¿Estás bien?
- Diane... - Bobby, hazme el amor.
Dios, Bobby.
¿Algún problema?
¿Te toco las narices si te pregunto qué pasa?
-¿Que qué ha pasado? - Sí.
Me preguntaba si habías cambiado de opinión.
Quería que me abrazaras. Quería que me hicieras el amor.
Si tengo que casarme contigo para que te metas en mi cama...
casémonos.
- Bobby, no me apartes. - No quiero apartarte, Diane.
Dices que sí a casarnos como quien va al dentista.
No quería decir eso...
No querías decir nada.
No sea que disfrutemos 20 minutos.
No vengas aquí buscando sexo, Diane.
- No he venido por eso. - Lo nuestro era serio.
No he venido por eso.
Dejaré la llave.
Willie Lopez. Lleva teléfono y busca.
- Seis disparos. - Peino la zona.
Andy.
- Son tíos. -¿Sí?
Conozco a Angela y Peaches de Antivicio. Un policía de uniforme
las vio trabajando en la esquina unos minutos antes.
- No sabemos nada del tema. -¿Eres Angela o Peaches?
- Peaches. - Un coche patrulla dice que estabais.
- Sí, pero no hemos hecho nada. -¿Vestís así por comodidad?
Para acusarnos de prostitución tienes que pillarnos en el acto.
No me digas lo que puedo hacer. ¿Quién es?
- No lo sé. -¿Quién es, Peaches?
- No lo reconozco. -¿Ah, no?
- No lo reconozco. - Verás, eso puedo comprobarlo, Peaches.
Porque sé que se llama Willie Lopez.
Preguntaré a todos los que están por aquí
si alguna vez te han visto hablar con él.
Si alguno dice que sí, te detengo por entorpecer una investigación.
-¿Por qué no molestas a otras? - Porque quiero molestaros a vosotras.
Diane ya sabe que no lo hemos visto. Oímos los disparos,
llegamos y había un tío armado al lado de Willie.
-¿Qué tío? - No lo sé.
¿Tú también lo has visto?
Estaba a mi lado.
¡Serás zorra!
Vamos a comisaría a ver fotos.
- Ya os lo hemos contado todo. - Vais a ayudarnos a saber quién es
el tío que visteis con Willie.
Debajo de esas faldas,
sabemos que tenéis un gran corazón.
- Y una buena picha. - Vámonos.
Diane.
Me has hecho venir contigo.
Nena, ¿quién dijo de venir a la Tercera? ¿Dije la Décima?
- No empieces, Peaches. - Nena, me pones enferma.
- Voy a... -¡Oye!
- No se discute en el coche. - Venga. Para dentro.
No me toques la peluca.
AUTORIDAD PORTUARIA
Disculpe, busco al agente Cooper.
- Soy Cooper. - Arthur Fancy.
¿Tienen a un tal Maceo Williams encerrado?
Me pidió que lo llamara. Lo detuve en la estación.
¿Haciendo qué?
Llevaba un kilo de heroína, teniente.
Me pareció sospechoso.
Hoy se bajó de un bus de Florida. Muy nervioso.
Le detuve y le pedí que me enseñara la bolsa. Un kilo de caballo.
-¿Qué le dijo? - Que no sabe de dónde ha salido.
Tenía su tarjeta.
-¿La encontró o se la enseñó él? - La encontré yo.
Me pidió que lo llamara. Está ahí.
- Venga a verme cuando haya terminado. - Sí.
Maceo.
Es un error. No sé cómo llegó allí.
Alguien me la metió. Yo no sabía nada.
¿Por qué iban a meterte heroína en la bolsa?
Ya lo sé, pero es la única explicación.
¿Quieres que te crea? No me trates como si fuera tonto.
Solo te digo lo que pasó.
Puedes hacerlo mejor.
No tengo que hacer nada.
¿Para qué has venido? No te he llamado.
No eres mi padre.
No. Te cuidé durante unos meses.
- No soy tu padre. - Eso es.
Cuando le dieron la custodia a tu madre, Maceo, pasaste de nosotros.
No me querías. No valía la pena mantener el contacto.
- Peleamos para quedarnos contigo. - No quiero hablar de esto.
Si no me puedes sacar de aquí, necesito un abogado.
Vale. Tienes 16 años.
Si te presentas con un abogado,
te juzgarán como adulto.
Con la cantidad que llevabas, te encerrarán diez años.
¿Llevabas el caballo para tu madre?
- No. -¿Eres su mula, Maceo?
Ya no quiero hablar contigo.
No quiero hablar con nadie.
- Hola, Abby. - Hola.
-¿Sigue en pie la no comida? - Pues claro.
Estaba pensando en ir por otro camino.
- Propón la ruta y yo la corro. - Sí. Nos vemos a las 12:15.
A las 12:15.
¿Tus prostitutas han encontrado algo?
¿Quieres azuzarlas?
Sí.
- Chicas... -¿Cómo vamos a reconocer
a nadie en estas fotos?
Escucha, Diane. En la calle, nos dijiste:
"Diles lo que pasó y te tratarán bien".
Y estamos encerradas como criminales.
No estás esposada, Peaches, y no estás en una celda.
Creo que saben quién mató a Willie Lopez.
Pero no quieren decirlo.
Ya he dicho que no sabemos quién es. No lo vimos disparar.
- Y un cojón. - Peaches.
Puedes confiar en estos inspectores como en mí.
- No confío en ti. - Sí confías.
Angela, cuando te detuve las demás veces, no te traté mal.
Intenté que te soltaran lo antes posible
para que volvieras al trabajo.
- Siempre te he tratado con respeto. - No sabemos cómo se llama.
- Vale... - Y no montes ningún numerito.
No la cagues con esto, Angela.
Su hombre es Phesians. Le preocupa porque es el primo de Phesians.
Pero Phesians no tuvo nada que ver.
Willie y ese tío se han pasado la semana discutiendo por dinero.
- Bocazas. - Danos un nombre, Angela.
Arthur Cartwell.
Su primo Phesians no tuvo nada que ver.
- Gracias por nada. - Y gracias
por traerme cuando podrías haber dicho
- que estaba en el baño. - Callaos.
Quiero irme antes de que se líe.
- Ya vas tarde. - Cállate.
¿Hablas de Arthur Cartwell, el condenado por asesinato?
- De eso no sé nada. - Iba a por un camello en la Novena.
- Mataron a dos chavales en un piso. - No lo sé.
Ha dado su nombre, no le pidas peras al olmo.
Es ese. Acaba de salir de la cárcel.
Si hablan con Phesians, el primo de Arthur,
me cortarán al cuello.
Yo puedo testificar que Phesians estaba en la cama
con un estafo... con una infección en el muslo.
No hablen más de Phesians.
No nos interesa Phesians, Peaches, ¿está claro?
Nos interesa Arthur, el que estaba con Willie
con una pistola en la mano.
-¿Bobby? -¿Qué pasa, Greg?
Nos han hablado de un tal Arthur Cartwell.
Tiene dirección en Bowery.
Los registros del móvil tardarán un poco.
Greg, ¿puedes ver si el tal Cartwell
sigue preso? Estaba en Plattsburgh.
- Sí, claro. -¿Podemos irnos?
No os vayáis de vacaciones.
Voy a tomarme un café y un bollo.
Sí.
-¿Tenéis un minuto? - Sí.
Mira, tienen dónuts.
-¿Qué tenéis del muerto? -¿Recuerda al bebé y al de cinco años
que mataron en el piso de un camello?
- Sí. - Las prostitutas dicen que vieron
a Arthur Cartwell, que estaba en ese piso
durante los asesinatos,
de pie junto al muerto con una pistola.
No puede ser, ¿verdad? Cartwell sigue dentro.
Lo soltaron el 18 de septiembre.
Mirad, tengo un problema.
Ese chaval que vivió con nosotros una temporada hace años.
-¿Maceo? - Sí.
Lo ha detenido la autoridad portuaria con un kilo de heroína.
Sospecho de su madre. Voy a verla.
- Y tenemos la dirección de Cartwell. - Ya me contáis.
Jefe.
Quizá sea una confusión.
Quizá lo de Cartwell también.
Vamos. Esta gente no tiene piedad.
Pero el alto es mono.
Me pregunto por qué tiene Phesians el muslo infectado.
- No lo sé. -¿Cuántas perversiones
pueden hacerse con el muslo?
Increíble. El capullo cumple seis meses
por matar a dos niños.
Arthur estuvo en una de las chungas.
Estaba en máxima seguridad en Plattsburgh.
- Sí. ¿Es aquí? - Sí. Se entra por aquí.
- Vamos por detrás. - Tened cuidado.
- Está ahí enfrente. - Voy por aquí.
Cartwell. ¿Adónde vas?
-¿Adónde vas? -¡Un momento!
-¡Contra la pared! - No he hecho nada.
No sé cómo coño has salido.
Tampoco hice nada la última vez.
-¡Cállate! - Lo bueno del sistema penal
es que pueden encerrarte varias veces aunque seas inocente.
Al menos, no te encierran mucho tiempo, ¿no?
-¡Hala! - Vamos.
James, Greg, lo tenemos aquí delante.
Vamos para allá, diez-cuatro.
¿Mace?
- Teniente Fancy. -¿Qué tal, Sherilee?
- Bien. -¿Puedo entrar a hablar contigo?
Bueno, está desordenado. No sabía que venías.
-¿Está aquí Maceo? - No.
¿Por qué? ¿Tiene problemas?
Mi mujer se lo encontró por la calle hace un par de días.
- Le dijo que dejó el colegio. - Sí, bueno,
si decide hacer algo así,
¿qué puedo hacer para impedirlo?
Ojalá me hubieras llamado.
Quizá habría podido convencerlo.
Serías la última persona a la que llamaría.
¿Cuándo habéis vuelto a Nueva York?
Tenías ganas de ir a Carolina del Sur.
- No nos fue bien allí. -¿No? Parece que aquí sí.
- Es una buena tele. - Sí. Maceo me la compró. ¿Ves?
No necesita ir al colegio. Tiene un buen trabajo.
-¿Sí? ¿De qué trabaja? - No tengo por qué decírtelo, pero bueno.
- Trabaja en la obra. -¿Y tú, Sherilee?
¿Has vuelto a consumir?
No tengo por qué decírtelo tampoco.
Quieres quitarme a mi hijo. ¡Has venido a insultarme!
- Vuelves a consumir. - Tú estás aquí
sin orden y sin mi permiso.
Te drogas y esa es una tele muy grande. Un microondas bueno.
-¿De dónde lo has sacado? - Largo. No pienso aguantar esto.
¡Largo!
Espero que te dé vergüenza, si es que te queda alguna.
¡Me están violando!
Vale.
Me estáis amargando la vida.
Me condenáis de 15 a perpetua y no he matado a nadie.
- Mataste a esos dos niños. -¡Que no!
Estaba delante cuando pasó.
Cuéntame la historia de cómo saliste del trullo, Arthur.
Mataron a un guardia en mi pabellón. Yo lo vi.
Te chivaste del tipo que lo hizo.
No me supo mal delatarlo. En cuanto a los niños,
todos sabéis que fue Rickie.
Yo estaba allí y ya está. No tenía que morir nadie.
¿Y aquí también estabas allí y ya está?
Pistola en mano, matando a Willie Lopez.
- Mentira. - Si encontramos un arma en tu piso,
¿no resultará ser la del crimen?
- Eso no significa nada. -¿No? ¿Y si coincide con las balas?
- No significa nada. - Y nosotros llamándolo "pruebas".
Tenía la pistola, pero la recogí después de que dispararan a Willie.
- Ah, después. - Os contaré lo que pasó.
Aparecen unos tipos en un Chevrolet o algo así.
Disparan a Willie mientras hablaba con él.
Cuando me doy cuenta, tenía la pistola en la mano y me iba corriendo
¿De qué color es el Chevrolet o algo así?
Amarillo, creo. No es fácil de recordar.
Estoy ahí tan tranquilo discutiendo y de pronto hay disparos.
¿Por qué discutíais?
Me debía 600 dólares.
Acababa de salir del trullo. Me hacía falta.
Lo llamé a su busca y me dijo que supuestamente
iba a tener el dinero hoy.
- Quedé con él. -¿De dónde sacó Willie el dinero?
De alguien que le debía pasta a él.
-¿No te dijo quién? - No. Fui a verlo
y me dice
que no le habían pagado lo que le debían.
Yo me enfadé.
De pronto, aparecen los tíos del Chevrolet amarillo.
- Arthur... - Tenemos testigos
que te vieron disparar.
No pudieron verme porque no fui yo.
El año pasado te detuvimos. Estabas escondido
en el armario de tu colega.
Nos dijiste que fuiste a pedirle un libro prestado.
No tienes credibilidad.
¿Lo entiendes, Arthur?
Pues encerradme injustamente. No es la primera vez.
Se lo diré.
- Hola. - Hola.
- Leo Cohen. - Me acuerdo.
Espero que Crimen Organizado consiguiera elegir equipos además de la asistente.
Alguien me dijo lo mismo. No lo entiendo.
Es la última referencia deportiva que hago
en tu presencia, Gina.
He oído que os cuadra Arthur Cartwell para lo de Lopez.
- Dice que no fue él. - Qué original.
El juez administrativo dice que si no llevamos al sospechoso
en menos de 24 horas tras su arresto, lo suelta.
- Tiene sentido. -¿En un homicidio?
-¿Haremos eso con Cartwell? - Pensábamos mantenerlo
sin fichar hasta que llegue el informe de balística.
Haced lo que queráis. Es mejor que lo fichéis.
- Vale, esto constará en acta. - Gracias por avisar.
Nadie es profeta en su tierra.
Última referencia al Antiguo Testamento.
-¿Lo bajamos? - Sí.
Abby, la liberación de endorfina después de hacer ejercicio
es el mejor momento del día.
Si sienta también, debería ser ilegal, ¿eh, Greg?
Sí. Creo que deberían detenerme.
Escucha. En otro orden de cosas. Abby...
Me preguntaba si querrías cenar conmigo algún día.
- Me encantaría. -¿Sí?
- Sí. - Podríamos salir
o puedo cocinar algo.
Deberías saber una cosa, Greg.
- Has dicho que sí, ¿no? - Eso es.
Pero quería decirte
que, si tienes aspiraciones románticas,
deberías saber que soy lesbiana.
Entiendo.
Nunca sé si lo digo
- tarde o pronto. - Claro.
Si no las tenías, siento ser tan presuntuosa.
En absoluto. Para nada.
¿Qué noche te vendría bien?
-¿Qué te parece si te aviso, Greg? - Claro.
- Vale. - Bien.
COMISARÍA 15
AUTORIDAD PORTUARIA ESTACIÓN
He visto a tu madre.
Todo esto fue muy duro para ella.
Deja de echarle la culpa a Sherilee, Maceo.
Eras tú el que llevaba el caballo.
Y soy yo el que está encerrado. Ya lo sé.
¿Quieres aprender a ser un hombre?
Los pringados siempre culpan a otro por lo que hacen.
Y no hacen lo necesario para arreglarlo.
Fui yo.
Los de la banda Redrum me pagan 1500 pavos por viaje.
¿La banda puertorriqueña?
Voy a Miami y lo recojo.
¿Llegas tarde a esta entrega?
A las cuatro de la tarde.
¿Vas a hacer lo correcto, Maceo?
-¿Cómo dices? - Sí.
La puerta.
FISCAL - POLICÍA - FINANZAS
- Ray. - Teniente.
Quiere que lo ayudemos con un tirado, ¿no?
Es un buen chaval, Ray.
-¿Quiere que trate con otro? - Teniente, si no recuerdo mal,
su comisaría tuvo problemas conmigo.
Pensaron que traté mal a un confidente.
Esto es otra cosa.
Suele serlo cuando pedimos un favor.
Su grupo se encarga de la banda de Redrum, ¿no?
-¿Y? - Este chaval puede ayudarlos.
¿Qué favor es ese?
Hará una entrega controlada.
A cambio de librarse por un kilo de caballo.
-¿Eso es posible? - Depende del fiscal.
No, depende de si convence al fiscal
diciendo que lo quiere hacer.
Se cuelga la medalla de los arrestos y el chaval se libra.
Hablaré con el fiscal.
Sí, Kahlins, Finanzas. ¿Está? Gracias.
Inspector, hay alguien aquí sobre el homicidio.
Gracias, Gina.
Soy el inspector Simone. ¿Puedo ayudarle?
Soy el padre Tom Ferrell. Este es mi amigo, Stanley Angrist.
¿Qué tal, señor? Inspector Sipowicz.
-¿Qué tal? - Bien.
Venimos por ese hombre al que dispararon en la Tercera
esta mañana en la esquina de Bowery.
¿Pueden ayudarnos con eso?
- Stanley lo vio desde su ventana. -¿Stanley sabe hablar?
¿Por qué no entra y nos lo cuenta, señor Angrist?
Angrist, sí. Adelante, Stanley.
Voy a ver a Patrice Donnelly y luego...
volveré a la parroquia.
- Gracias por su ayuda, padre. - Sí.
- Siéntese aquí. -¿Quiere beber algo?
-¿Un café, señor? - No. Soy judío.
Pero conozco al padre Ferrell del barrio.
Él me ha aconsejado que venga.
¿Por qué no nos cuenta lo que vio?
Dos tipos negros en la calle gritándose.
Nada nuevo. Aparece un coche
y otro negro se asoma y dispara a uno de los que discutían.
Luego el coche echa marcha atrás. Dispara más.
El coche va hacia delante.
El tío que disparaba tira la pistola por la ventana.
El coche se va. El otro que discutía,
al que no dispararon, coge la pistola y se va corriendo.
- Eso es todo. -¿Qué puede decirnos del que disparó?
Vivo en un cuarto. Solo lo vi desde arriba.
-¿Qué tipo de coche era? - Un Nova azul verdoso.
Hasta aquí mi declaración.
El padre dice que sería por algo de drogas.
Le parece bien que coopere limitadamente.
Hasta aquí he llegado.
- Gracias por su ayuda. - Sí.
Sí.
¿Te lo crees? ¿Será verdad lo de Arthur?
Déjalo en la cárcel y que se pudra por los otros asesinatos.
Puede ayudarnos con el tiroteo, Andy.
El afroamericano con más suerte. Salvo el cómico ese grandote y bobo.
-¿Sinbad? -¿Se llama así?
- Hola. - Hola.
- Una cosita para ti. - Muchas gracias.
- De nada. -¿Sabes?
Creo que el inspector Medavoy está enfermo.
-¿Por qué dices eso? - Tiene cara de estarlo.
Vale. Voy a ver qué pasa.
- Gracias por el refresco. - De nada.
-¿Qué tal estás, Greg? - No sé qué decirte, James.
-¿Te encuentras bien? - Físicamente sí.
Me han dado una sorpresa que me ha dejado seco.
-¿Qué ha pasado? - Por fin reúno el valor
para invitar a Abby a cenar, tal y como hablamos.
-¿Y? - Me ha dicho que es lesbiana.
- Increíble. -¿Te lo puedes creer?
-¿Crees que es sincera? -¿O si creo que es una excusa
como te pasó con Adrianne? Pues no.
Pareció muy honesta. Es lo que hay.
¿Cómo habéis quedado? ¿Vais a cenar igual?
Sí. No iba a retirar la invitación, James.
A ver...
- no quiero hacerlo. - Claro. Cena con ella.
Sí.
Me he quedado de piedra.
¿Quieres un refresco? Te dará energía.
No. Limitamos la ingesta de azúcar.
Vale. Bien.
-¿No habrá disparos? - No debería.
Te detendrán con los demás.
Cuando se te acerque el agente, no te resistas.
Haz lo que te diga.
Sabrán que los he delatado yo.
Vamos a ir paso a paso, Maceo.
Has crecido.
- Estamos en posición. - Sí, diez-cuatro. Sale.
-¿Qué pasa, Maceo? - Ven con papá.
-¿Está ahí dentro? - Sí.
Nos vemos a la próxima.
¡Sí! Entrega realizada. Vamos, amigos.
A la pared.
¡Quieto! ¡No te muevas! Vamos. Contra la pared.
- Vale. - Venga. Separadas.
- Amigo, te han pillado. - Aparta.
- Quiero un abogado. - Ahora hablamos de eso.
No sabía que estaba ahí. Ha sido cosa del chaval.
-¡Ha sido cosa de los de Miami! - Llama a mi abogado, tío.
- Tengo la tarjeta en el bolsillo. -¿Yo?
- Sí. - Llamaré al médico. ¿Te parece?
¡Ahí quieto! ¡No digas nada!
¡No digas nada! Al otro coche.
Vamos. Venga. Para dentro.
Me fichas y vienes a sacarme.
Tenemos un testigo que confirma tu historia.
Os creéis lo que os dice otro,
pero os lo digo yo y me encerráis.
-¿Quiénes eran los del coche? - No lo sé.
Sí lo sabes, Arthur. Sabes quién mató a Willie,
- pero no quieres decírnoslo. - No sé quiénes son.
¿Sabes lo que quiere hacer mi compañero?
Ignorar la declaración del testigo. Que vayas a la cárcel por esto.
- Hay que ver cómo sois. - Sí.
Se nos borra el sentido de la justicia
cuando hay un tío tocándose los huevos
mientras su compañero de andanzas mata a dos niños.
El testigo no quiere constar en acta.
Nadie en este mundo, salvo tú,
nosotros y los culpables,
sabrá que eres inocente.
¿Me encerrarían por algo que saben que no hice?
Con la conciencia tranquilísima.
Tú verás, Arthur. Nosotros resolvemos el caso igual.
Gerald Vought y su primo, Rickie, mataron a Willie.
Willie siempre cabreaba a la gente, como hizo conmigo.
No te pagaba lo que te debía y se reía en tu cara.
Trabajaba en las zonas de otros y creía que colaría.
Por eso le pasó lo que le pasó.
¿Gerald Vought y su primo Rickie?
- Eso es. -¿Rickie qué más?
Primo... Rickie.
La semana pasada Willie me estuvo disparando.
- No veo que lo detengan. -¿Quieres denunciar, Rickie?
- No. Mis asuntos los arreglo yo. - Buen chico, Rickie.
Con decisiones tan brillantes vas a triunfar en la vida.
-¿Qué pasa? - Te crees que eres un hombretón,
-¿no? Denúnciame, hombretón. -¿Qué pasa, jefe?
- Necesito la salita. - Señor Arthur Fancy.
El Todopoderoso.
Ya te he parado los pies antes. Lo haré otra vez.
- Verás como sí. - Cierra el pico.
Todo libre salvo la salita.
Greg.
Perdón.
No va a seguir haciéndote de mula.
No me hacía de mula. Ni siquiera sé que significa eso.
Maceo no trabaja en la obra.
Lleva caballo para tus camellos.
Así conseguiste esa tele tan grande y ese...
Me dijo que trabajaba en la obra.
Maceo dice que le conseguiste el trabajo.
-¿Dijo que lo hizo por mí? - Así que eres cómplice.
Pues no lo hizo por mí.
Si lleva drogas, es cosa suya.
Me hizo un par de regalos, pero...
no sé de dónde sacó el dinero.
Le hacías transportar caballo para poder colocarte.
Y ahora le dejarás ir a la cárcel por ti.
No tomes su palabra sobre la mía.
Adelante, vuelve a llevarme ante una tribunal. Volveré a ganarte.
El juez me creyó a mí. Por eso estás tan cabreado.
Solo eres una yonqui, Sherilee.
No siempre lo fuiste, pero ahora sí.
-¡No te lleves a mi hijo! - No te preocupa el chico.
Lo mandaré a la cárcel antes de dejarlo en tus manos.
Dame un bolígrafo.
Sí, dame un bolígrafo.
Quiero escribirlo. No sé nada
de lo que hacía ese chico.
-¿Puede dejarme solo un momento? - Claro.
Estaré aquí fuera.
Quizá le siente bien ir a la cárcel.
¿Qué tengo que hacer?
Trabajarás con el sargento Kahlins durante todo el proceso.
Declararás sobre Sherilee y tus contactos de la banda.
-¿Tengo que testificar contra mi madre? - De eso se trata.
Es lo que dice él.
Te alistaremos a prueba en un campo de entrenamiento.
Al final del juicio, si el juez siente que has cooperado,
te compensará el tiempo a prueba por los dos años de condena.
Allí aprenderás un trabajo.
Tu condena se dará por cumplida si te gradúas.
Y podré tener una vida normal.
Estaría bien...
que todos los niños tuvieran padres que se preocupan por ellos.
Y no siempre pasa.
Tú no los tuviste.
Ahora veremos si esto lo superas.
Quiso seguir limpia cuando volví a casa.
Necesito creérmelo.
- No pasa nada. -¿Puedo hablar con ella?
No.
¿Cooper lo querrá de vuelta en la autoridad portuaria?
- Creo que sí. - Vale. Yo lo llevo.
¿Están hablando con ellos?
¿El poli gordo y el otro están ahí con el fiscal?
Y tu amigo Rickie.
Rickie confesó matar a Willie Lopez, ¿no?
Fue gracias a la información que di.
Soy solo tu niñera, Arthur.
Porque eso vale una buena pasta.
¿Qué habéis decidido?
La decisión es que te libras, Arthur.
El fiscal aceptó el trato, ¿no?
Me he librado.
Arthur espera que haya dinero para él
por ayudar en el caso.
- La información era buena. -¿Sí?
A menos que algo cambie, Arthur, no te vas a llevar nada.
Solo salgo adelante en la cárcel.
- Hola. - Hola.
Estoy trabajando de incógnito. Le gusta que me arregle mucho.
Estabas en Antivicio, ¿no?
Ojalá tuviera el valor de hacerlo.
¿Sí? Te daría este trabajo sin dudarlo.
Bobby y Andy han resuelto el caso, ¿no?
El tío del que sospechaban es un tirado, pero parece que no fue él.
-¿El tal Arthur? - Lo detuvieron el año pasado
por un doble homicidio infantil y delató a un convicto por matar a un guardia.
Arthur ha vuelto a la calle.
-¿Cómo lo llevas con el tipo ese? - A medias.
- O es él el que me lleva a mí. - No sé qué significa.
Ni yo.
-¿Te gusta? - No.
Es un tío muy chungo.
Y yo estoy agobiada por temas personales.
Es difícil estar pendiente de todo.
Tengo que acordarme de que soy buena chica, ¿no?
Eso dicen.
-¿Qué quieres decir? - Todos dicen que eres buena poli.
Buena persona.
¿Ah, sí?
Tengo que hacer pis.
- Buenas noches. - Buenas noches, Diane.
- Está buenísimo. - Sí.
¿Te pilló muy a contrapié? ¿Saber que soy lesbiana?
Sí. No te negaré que me sorprendió.
Espero que no dejemos de ser amigos por eso.
Sinceramente, Abby, siento
que podrías habérmelo dicho cuando nos conocimos.
Me has evitado una situación embarazosa.
Cada vez que venías a las máquinas, eras como un crío
que tenía miedo al agua.
Buscabas que te animara.
Me preocupaba que, si te decía que era lesbiana,
quizá dejarías de hacer ejercicio.
Luego pensé en decírtelo
y dejar de usar las máquinas un tiempo.
Esa fui yo hace diez años.
No. Habría sido estúpido.
Espero que podamos superar este bache.
Porque creo que eres muy buena persona
y me gusta pasar tiempo contigo.
Yo contigo también.
Lo de que te preocupe cómo me encuentro físicamente
no me sorprende nada.
Ser tan considerada parece algo muy característico de ti.
- Gracias, Greg. - De nada.
-¿Les ha gustado todo la comida? - Mucho.
Estaba buenísima.
Muchísimo.
Puedo darte permiso para salir conmigo a cenar.
Y ponerme en evidencia.
Nadie quiere eso, Maceo.
El futuro nos dice cómo fue el pasado.
El pasado cambia su significado
según lo que hagas en el tiempo que viene después.
Hace unos años, pasaste tiempo con gente que te quería, Maceo.
No tiene por qué ser un sueño separado del resto de tu vida.
Lillian y las niñas estarían encantadas de verte.
Puedes conocer al pequeño.
¿Cómo se llama?
Se llama como yo.
¿Por qué no vienes a casa, Maceo? Junior está rodeado de mujeres.
Le encantaría tener a un chico mayor a la mesa.
Te agradezco tu ayuda.
La vida también te ha dado esta opción.
Hola, Jimmy.
Qué pintaza.
Acabo de darme cuenta de que no he comido nada hoy.
- Timmy, ¿de cuándo es la sopa? - No me toques las narices.
¿Te ha dicho de cuándo es?
Ha llamado un tío. Te llamará a las nueve.
- No estaré. - Dijo que llamaría.
-¿Qué le pasa? - Es él, ¿sabes?
Sí, genial.
Me sorprende, Jimmy. Hablando de negocios delante de mí.
Un blanco tiene que venir conmigo a ver a otros tíos.
- Estará aquí a las nueve. -¿Quiénes son?
Me dijiste que no hacías negocios con negros.
Ratoncita, deja de beber ginger ale
y quizá confíe más en ti.
No. Jimmy. Me gustaría, pero no quiero empezar.
Ponme un poco de sopa, ¿vale? No he comido en todo el día.
Claro.
-¿Qué tal el trabajo? - Tengo que comprar un edificio.
- Yo lo arreglo. - En un par de meses será viable.
¿Sí? ¿Qué pasa en un par de meses?
Pero no si estás con un jefe. Así eres independiente.
Me apunto. No tengo miedo.
Tener miedo, Ratoncita, hace que tengas precaución.
- Timmy, está malísima. - Que te den, Jimmy.
Dos meses, Ratoncita. Cuatro veces 576. AK-47.
El uno y el 15 si esos cabrones no mienten.
- No sé de qué hablas. - Es por una buena causa.
¿Qué causa es esa?
-¿Qué? -¿Qué es una buena causa?
No sé nada de buenas causas, Ratoncita.
Conozco un montón de capullos en Belfast que se cantan para dormirse.
Quizá pueda comprarte un edificio, pero...
No entiendo la mitad de lo que dices, Jimmy.
No es importante, ¿verdad?
¿Qué?
Eso es.
- Trae esa sopa para acá. - Claro.
- No he comido en todo el día. - Eso has dicho.
- Estoy mareada. -¿Duermes bien?
Bastante.
Tengo problemas. Tengo...
problemas en casa.
Más problemas.
Da igual.
-¿Te quitan el sueño? - No te creas.
Es que...
te disgustas y luego...
¿Quieres salir de Dodge, Ratoncita? ¿Estás mareada?
Como si hubiera dicho que sí al wiski.
¿Qué te parece? ¿Castigo sin recompensa?
Sí. Eso parece.
¿Quieres salir de aquí, Ratoncita?
Sí, quizá deberíamos irnos.
Claro. Tengo el coche aquí delante.
¿Quieres dejar aquí el coche si estás mareada?
Debería.
¿Y qué digo si llama alguien?
Diles que hablaremos mañana a las cinco en persona
o le meteré uno de estos en las tripas
o por el culo, a ver si funciona.
¿Si el funciona el culo?
¿Ahora vas de listo?
- Estoy muy mareada, Jimmy. - Te voy a dar, colega.
Vamos, Jimmy.
-¿Estás bien, Ratoncita? - Deberíamos irnos.
Está bien. Vamos a mi casa. Ahí te ayudaré, ¿vale?
- Sí. - No dirás que ya no hay caballeros.
- No. - Vamos.
Ya te tengo, Ratoncita.
Subtítulos: Aida López Estudillo
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