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- Atrás, señor. - Recibido,
- ha llegado la Brigada 15. - Diez-cuatro.
- Han pisoteado a un chico. - ¿Fallecido?
Sigue vivo, pero le han partido el cráneo.
Lo vieron ella y esa gente de ahí.
- Hablaré con ellos. - Bien.
- ¿Cómo se llama? - Marie Delucci.
- Vale. Gracias. - Hola, Marie. Soy el inspector Simone.
Supongo que está muerto, ¿no? ¿Está muerto?
Digamos que está gravemente herido. ¿Puedes decirme qué viste?
Había dos chicos.
Uno llegó con un bate de béisbol y lo derribó.
Y después empezó a golpearlo, darle patadas y demás.
Y después, el otro, llegó en un coche,
salió, y lo golpeó y pateó también.
Y ahí fue cuando pasé por la tienda
- y él les gritaba en italiano. - ¿Quién?
El dueño de la tienda.
Entonces subieron al coche y se fueron.
¿Pudiste ver la matrícula del coche?
No, ni me dio tiempo a mirar el coche.
Era un coche normal, azul.
¿Alguna cosa más de los chicos?
Parecían muy fuertes.
¿Cómo eran? ¿Blancos, negros?
- Suelen ser hispa... - Sí, blancos.
- Blancos. - Y de cabello oscuro.
Muchas gracias por tu ayuda. ¿Los agentes tienen tu nombre,
- dirección, teléfono y demás? - Sí.
- Te llamaremos pronto. ¿Vale? - Vale.
Muy bien.
¡Aquí no hay nada que ver!
- Hablemos un momento. - Tenía que ir al baño.
- Soy el inspector Sipowicz. - Walter Hoyt.
- ¿Has visto aquí el ataque, Walter? - Bruno y yo.
Bueno, Bruno no habla mucho nuestra lengua.
No, habla italiano. Le aseguro que estoy temblando
- por lo ocurrido. - ¿Y qué ha sido?
Pues Bruno me estaba haciendo un sándwich. Desayuno aquí cada mañana.
Sándwich de salami, ¿verdad?
Salami. Sí, sí.
Hoy no me comeré un sándwich.
Se volvieron locos.
Le dieron una paliza al chico.
- Repugnante. - ¿Los habías visto antes?
Veía al chico que machacaron.
- O eso creo. - ¿Y a los chicos
- que le pegaron? - No, no me sonaban.
¿Cómo los describiría?
Mesomorfos.
¿Mesomorfos?
- Dos mesomorfos. - No sé qué significa.
- Chicos musculosos. - ¿Qué...? ¿Es usted profesor?
No, pintor. Tengo un ático subiendo la calle.
Acaban de decirlo por radio. El chico ha fallecido.
Dos mesomorfos. Prácticamente están en la cárcel.
- ¿Harold? - ¿Qué tal, Donna?
¿Qué haces aquí?
Me han destrozado el coche.
Para el seguro me piden una denuncia.
Te ayudará el inspector Martinez.
Veo que conservas el banderín.
- Aún lo tengo. - Menuda noche, ¿eh?
Inspector Martinez,
este señor acaba de poner una denuncia por vandalismo.
Hola, Harold Rutanski.
James Martinez. Siéntate, Harold.
Gracias, Donna.
Vamos a ver.
- La tomaron con tu coche. - Y que lo digas.
Piezas laterales pintadas, neumáticos pinchados.
- ¿Sabes quién lo hizo? - No, ni idea.
Fui al bar sobre las ocho de la noche, cerré a las cuatro.
- Y entonces lo encontré. - ¿Había pasado antes?
Hace cinco días.
Los capullos pincharon el lateral, así que no tiene arreglo.
La verdad, Harold,
un caso así tiene lo que llamamos baja resolución.
Solo he venido porque mi agente de seguros
me ha dicho que lo haga para cubrir la demanda.
Sin pruebas ni testigos, tu denuncia no tiene validez.
¿Qué ocurre, James?
Este señor está denunciando un delito contra la propiedad.
Este es Greg Medavoy, otro inspector de la brigada.
- Eres Harold Rutanski, ¿verdad? - Así es.
- ¿Os conocéis? - Harold es jugador de hockey.
- Jugaba con los Rangers. - No fastidies.
Perdón por no reconocerte. No soy muy de hockey.
No pasa nada. De todas formas, estoy retirado.
La Srta. Abandando es una gran admiradora.
Sí, Harold lo sabe. ¿Verdad, Harold?
Harold se veía con nuestra Srta. Abandando en sociedad.
Sí. Es cierto.
Cuando me volví a mudar aquí, llamé a Donna.
Un tal Greg cogió el teléfono.
- ¿No serías tú? - Sí. Sí, era yo.
- Encantado de conocerte, Greg. - Sí. Sí, igualmente.
- Le han destrozado el coche dos veces. - ¿De verdad?
Le he explicado que, sin pruebas, no podemos hacer mucho.
¿Salías con alguna mujer casada o...
- una chica con novio? - No me gustan las complicaciones.
Claro que, si sales con mujeres, no siempre te lo dicen.
Bueno,
tu número de denuncia, ¿vale? Entrégalo a tu compañía de seguros.
Gracias.
Encantado, Greg.
Sí. Sí. Hasta luego.
Brigada 15.
Lo siento. Tendré que dejar un mensaje.
Salió con él, ¿eh?
Sí. Es el capullo con el que salía.
¿Puede esperar un minuto, por favor?
Siento lo de tu coche, Harold.
Sí. Es la segunda vez. Alguien la ha tomado conmigo.
- He conocido a Greg. - Lo he visto.
¿Entonces compraste el bar?
¿Recibiste mi tarjeta? ¿Dos bebidas gratis?
- Sí. - Pásate algún día, Donna.
- No sé, Harold. - Tráete a Greg, si quieres.
Ya, no sé.
En cualquier caso, cuídate.
Tú también.
- ¿Qué número ha dicho? - Veintitrés.
Disculpen.
- ¿Carlos Herrera vive aquí? - No está en casa. Soy su madre.
Venimos de comisaría. Soy el inspector Sipowicz.
- Este es el inspector Simone. - ¿Para qué quieren a Carlos?
- ¿Podemos entrar, Sra. Herrera? - No, no. ¿Qué pasa?
Sra. Herrera, hoy su hijo ha sido atacado en la calle.
¿Qué quiere decir con atacado? ¿Está herido?
- Sí, eso me temo. - Estaba gravemente herido.
Lo golpearon gravemente.
Sra. Herrera, Carlos está muerto.
Lo sentimos mucho, señora.
- ¿Cómo ha pasado? - No lo sabemos.
Nos preguntábamos si sabría de alguien que quisiera hacerle esto.
No.
¿Sabe si estaba metido en alguna banda?
Chato no es de esos.
No hace esas cosas. Tenía un trabajo.
- Va a la escuela. - ¿Tal vez conocía a alguien
que traficaba con drogas?
No lo sé.
Ocurrió en Little Italy.
¿Sabe por qué estaría allí?
¿A dónde iba?
Estaba con su amiga.
¿Sabe su nombre?
- ¿Dónde podríamos encontrarla? - Amalia Lopez.
Está en Canal Street.
Trabaja allí en Jimenez Brothers.
Gracias.
Sra. Herrera, este es mi número de teléfono.
Nos gustaría seguir hablando con usted, cuando se sienta capaz.
Queremos que sepa lo mucho que lo sentimos.
Lo sé. Lo sé.
Pues tenemos dos testigos
que han descrito lo mismo. Uno persigue al chico a pie,
lo golpea con un bate y lo patea.
El otro llega en un coche azul y se une.
- Nadie vio el número de matrícula. - ¿Oyeron algo?
- ¿Insultos racistas? - No.
- Tal vez sea tráfico de drogas. - Sí. Por si sirve,
la madre de Chato no sabía de ningún vínculo con pandillas o drogas.
Cree que fue a ver a una amiga.
- ¿Sabéis cómo encontrarla? - Sí. Hablaremos con ella
- en cuanto acabe el examen médico. - Vale.
Yo me encargo, Andy.
- ¿Cómo ha ido? - Bien.
Me han robado el bolso de un tirón en la Dos-Siete.
- Sylivia, ¿te han hecho daño? - No. No. Estoy bien.
Acababa de tomar una declaración allí,
iba de camino al metro y apareció detrás de mí,
agarró la tira del bolso por los hombros y se lo llevó.
Siéntate. Siéntate. ¿Quieres agua o algo?
No he podido describirlo. No lo vi bien.
¿Quién estaba en la Dos-Siete?
El inspector Denatale. Fue amable.
Me ayudó a bloquear las tarjetas de crédito y demás.
¿Tenía algún adorno que destacara?
Tenía las llaves en el bolso.
Ten. Coge las mías.
Quiero cambiar las cerraduras
- aunque Denatale diga que no hace falta. - Como veas.
Tomaré una declaración
y después he quedado con el cerrajero en el apartamento.
Cuando acabes la declaración, habla abajo con el sargento.
Pediré a un coche patrulla
- que te lleve a casa. - No quiero molestarlos.
Me quedaré más tranquilo.
Y los agentes estarán contigo hasta que cambien las cerraduras.
Vale.
- Gracias. - Siento lo que ha sucedido.
Suerte que no te ha hecho daño.
Sí.
Solo estoy alterada.
En EM tendrán la autopsia hecha al final del servicio.
- Vale. - Deberíamos hablar con la amiga de Chato.
Alguien le ha arrebatado el bolso a Silvia en la Dos-Siete.
¿Está bien?
Va a casa a cambiar las cerraduras.
Es una buena maleta para el precio.
- ¿Cuánto cuesta? - Nueve dólares.
No vale.
¿Cree que conseguirá una buena maleta por nueve dólares?
¿Quiere una buena? Esta, 25 dólares.
No. Demasiado. Olvídalo.
¿Que lo olvide? ¡Piérdase!
¿Por qué no se busca una porquería de bolso?
¿Amalia?
- ¿Eres Amalia? - ¡Sí! ¿Y?
¿Has visto hoy a Carlos Herrera?
¿Por qué me pregunta?
- ¿Qué pasa con él? - Carlos fue atacado.
Por lo visto venía hacia aquí.
¿Quiere decir apuñalado o algo?
- ¿El qué? ¿Cómo de grave? - Grave.
Sufrió heridas mortales en la cabeza.
Espere. ¿Me están diciendo
- que Chato está muerto? - Sí.
Esto es muy fuerte.
No puedo verte, tengo que irme.
¿Qué son las pastillas, Amalia?
Valium.
Pues no deberías mezclarlas con alcohol.
Las necesito para sobrellevar un día normal.
- ¿Quién lo hizo? - No sabemos.
A veces, hay drogas por medio de estas cosas.
¿Carlos vendía o tomaba algo de eso?
- No. - ¿Estaba en alguna pandilla?
Iba a lo suyo.
- ¿Lo suyo? ¿Qué era? - Era grafitero.
- Con que Grafitero, ¿eh? - ¿Qué dicen de eso?
De ese estilo. Hacía grafitis preciosos.
- Sí, es sensacional. - Amalia, ¿sabes si Carlos
tenía problemas con alguien?
Según testigos, dos hombres blancos lo atacaron en Little Italy.
Espaguetis hijos de puta. ¡Que se mueran todos!
- ¿De quiénes hablas? - Unos espaguetis le advirtieron
- que no hiciera grafitis en su barrio. - ¿Sabes quiénes eran?
- ¿Los has visto alguna vez? - No. Dijo "espaguetis".
Gracias por tu ayuda, Amalia. ¿Dónde vives?
- Ochocientos nueve, 19ª, dos B. - Oye, Amalia.
¿A qué viene tanta cháchara?
- ¿Son clientes? - Sí.
Es un imbécil.
- Me voy a casa. No me encuentro bien. - ¡No puedes irte a casa!
- ¡Vuelve aquí! - ¡Pues que te follen!
- Otro proveedor comunitario. - No me hacen mucha gracia
los grafitis, pero al chico le golpearon la cabeza con un bate de béisbol.
Ya. Quizás se pasaron un poco.
- Hola, teniente. - Hola.
Una mujer ha denunciado a unos chicos corriendo detrás
de un puertorriqueño por la mañana.
¿Ha visto que lo golpeasen?
No. Lo persiguieron por su calle. No pudo ver qué pasó después.
Se enteró del homicidio. Y hace como una hora,
miró por su ventana y vio a unos chicos en la esquina
- de Ucilli. - ¿Quién es?
¿El bocazas de Frankie Pisciotta?
- Sí. - ¿La mujer dijo su nombre?
No. Envié un coche patrulla.
No colgó hasta que los capturamos.
La amiga de Chato dijo que era grafitero
y que lo amenazaron unos italianos
- en Little Italy por pintar. - Parece que cumplen los requisitos.
Llevadlos al DIC. No tienen registro.
Tal vez sean ambiciosos.
Los agentes les han hecho la Miranda.
Bien.
¿Los lleváis a la uno y a la dos?
Saquémosles fotos por si no van
a la rueda de reconocimiento.
- Sí. - Voy a por la cámara.
¿Inspector?
- ¿La ha dejado? - Sí.
Esperé a que se fuera el cerrajero.
- ¿Cómo estaba? - Bueno, un poco tensa.
- Muchas gracias por llevarla. - Tranquilo, sin problema.
- Se lo agradezco. - ¿Sylvia ha llegado bien?
Sí, el cerrajero acaba de irse.
Dicen que no hay que cambiar cerraduras tras un robo de bolso.
No vendrá mal.
Parecía un poco alterada
y pensé que le ayudaría a tranquilizarse.
- Vamos a ver. - Vale.
Jerry Panetti.
Así es.
¿Quieres beber algo, Jerry, café o algo?
No, no quiero nada.
¿Qué edad tienes? Gracias.
Diecinueve.
- ¿Trabajas en el Ucilli? - Sí.
¿Tu compañero Paul trabaja allí también?
- Sí, somos ayudantes de camarero. - ¿Trabajabais esta mañana?
- No. - ¿Estabas con Paul?
- ¿Esta mañana? - Sí, esta mañana, Jerry.
Y más te vale decir la verdad porque ya tenemos la denuncia de un testigo.
¿No puedo permanecer en silencio?
Sí, puedes. También tienes derecho a un abogado.
Lo que digas puede ser usado en tu contra.
- ¿Cuál es la respuesta? - ¿A qué?
¿Qué hacíais Paul y tú esta mañana?
Nada. Pasar el rato.
De acuerdo, ¿conducías un coche?
Un poco.
- ¿De quién era el coche? - De Paul.
Dábamos una vuelta.
¿Fuisteis por Elizabeth Street, subiendo por Grand, cerca de Bruno's Market?
No. No fuimos por ahí. Fuimos por la otra dirección.
Jerry, ¿conoces a alguien llamado Carlos Herrera Chato?
No. ¿Quién es?
Un chico que han matado esta mañana en la calle de Bruno's Market.
Golpeado hasta la muerte con un bate.
- No lo he oído en mi vida. - Cuando conducías
esta mañana, ¿viste a alguien siendo perseguido, herido
- o atacado? - No.
Entonces no sabes nada en absoluto
del ataque y muerte de Chato Herrera, ¿no?
No sé nada al respecto.
¡Te diré una cosa! ¡Alguien te vio
persiguiendo a otra persona por la calle esta mañana!
No era yo. Tuvo que ser otra persona.
Bien, Jerry, quédate aquí sentado
y reflexiona mientras hablamos con tu colega Paul.
Y si nos dice algo distinto a lo que acabas de decir,
- te quedarás aquí atrapado. - Oye.
- ¿Para qué es eso? - Para mi álbum de recortes.
Gran pensador, ¿eh?
Escuchando a estos chicos, te preguntas si el acervo genético se ha secado.
Paul Bellini.
- ¿Qué, pregunta o afirma? - ¿Qué?
Oye. Te llamas Paul Bellini, ¿no?
- Sí. - Paul,
¿ibas en un coche con Jerry Panetti esta mañana?
- Lo niego. - ¿Qué quieres decir con que lo niegas?
Hay un testigo que te ha visto en un incidente en la calle
esta mañana, Paul. Queremos aclararlo.
Niego ese incidente.
Lo niega también.
- Trabajas en el Ucilli, ¿no, Paul? - Es un país libre, ¿verdad?
Es la casa de Frank Pisciotta, ¿no?
- Ya lo creo. - ¿Tu jefe tiene normas para grafiteros?
Porque todos saben que tiene carácter. ¿Le cabrean los grafitis?
Escuche, ¿quiere hablar conmigo? Quiero un abogado.
Si el loco de Frankie envió a los ayudantes de camarero a pegar
al chico, más te vale librarte ya.
No fue idea tuya. Las cosas se descontrolaron.
Niego esa respuesta. Quiero hablar con un abogado
y rechazo todos mis derechos.
Di "idiota", Paul.
- Pisciotta ha traído abogados. - Pisciotta.
Antaño, ese drogata se habría llevado un buen golpe antes de los 25.
Soy Jack Palermo. Ese es mi socio Joel Fineman.
Mis clientes son Jerry Panetti y Paul Bellini.
- ¿Tienen cargos? - Aún no.
- Me gustaría que los soltaran. - ¿Por qué los han detenido?
- A ver. - ¿Por qué los persiguen?
- Son buenos chicos. - Ya. ¿Son de fiar, Frankie?
¿Les has prestado tu bateador poderoso?
¿Puedo ver a mis clientes, por favor?
- ¿Qué sabes del grafitero, Frankie? - Que un idiota de grafitis
recibió su merecido.
Mis empleados y yo no tenemos nada que ver.
- No es lo que nos han dicho. - ¿No? ¿Quién?
- ¿Y los testigos? - Déjanos ayudarte, Frankie.
Te daremos una lista
y amenazas a todos en orden alfabético, ¿vale?
Teniente, estamos lindando con una detención ilegal.
Ahí están sus clientes.
- ¿Cómo estáis? - Bien, Sr. Pisciotta.
Escuchad. Aceptad a los abogados.
Frank Pisciotta cuida de los suyos.
Trabajáis para mí y yo para vosotros.
Es el primero de más de 1,67 m que trabaja para ti, Frankie.
¿No tenéis ningún requisito de altura
en las solicitudes de empleo?
Lo que sé, es que el grafitero puertorriqueño escribió:
"Jose es un marica". Cabreó a alguien.
Sal de aquí, Pisciotta.
Creo que esa es tu pista prometedora. Busca Joses.
Sí, cuéntalo mientras te vas.
Cuidado con la nariz, Frankie.
Alturas. Narices.
Frankie Pisciotta y sus pigmeos espaguetis.
- Tenemos fotos de los camareros. - Llamad a los testigos.
Sí, puede que Frank ya esté en la calle insistiéndoles que colaboren.
No...
No sé si te has dado cuenta, Donna, pero...
he estado hablando antes con Harold Rutanski.
No sé por qué. El inspector Martinez le estaba tomando declaración.
Venga. Ese hombre estuvo en tu vida ¿cuánto? ¿Un año entero?
Puede que vuelva, por todo lo que sé.
¿Sabes qué le pasó al coche de Harold, Gregory?
Lo destrozaron.
¿Sabes algo?
¿Crees que he sido yo?
No sé qué pensar.
¿Qué... Qué he hecho, Donna? Tal vez esperé fuera
del bar de Harold Rutaski hasta que la calle estuvo desierta,
cogí un picahielos para los neumáticos y una llave para la carrocería.
¿Así es como me imaginas?
- Perdón por preguntarlo. Lo siento. - ¿Cómo puedes hacer esa acusación?
Lo siento. Ya no sé qué pensar.
Donna, ¿qué está pasando?
Nunca he estado tan triste. Siento que estoy perdiendo la razón.
Por favor, ¿podemos vernos esta noche y hablar?
No, Greg. Lo último que quiero ahora mismo es que sigamos hablando.
- Solo me alteraré más. - Sí.
Vale, vale.
No quiero alterarte.
Sí, esta tarde haremos una rueda de identificación.
Puede que necesitemos una lista de posibles sospechosos.
Espero que te sientas mejor.
Si los tienes, llámame.
Sí, inspector Simone.
Quiero ver al inspector Simone.
- El inspector Simone está por ahí. - Gracias.
¿Agente Simone? Soy Jim Delucci.
¿Llamó a mi hija Marie para el asunto de la rueda?
- Sí. - No irá.
No va a señalar con el dedo a nadie.
Investigamos un homicidio, Sr. Delucci.
Entienda que hubo un asesinato.
Y su hija es muy importante en este caso.
No quiero que se implique en esto. No lo permitiré.
Dijo que quería colaborar.
Me da igual lo que ella quiera.
Tiene 15 años. Soy responsable de ella.
No dejaré que la involucre en esto.
Se irá de la ciudad. No estará disponible,
no vendrá a ruedas de identificación y no testificará.
Sr. Delucci, entiendo sus preocupaciones...
No soy estúpido.
Mi familia
pasa por ese barrio todos los días.
¿Le han amenazado?
- No nos ha amenazado. - ¿A usted?
- Nadie. - Podemos proteger
a su hija.
Y si hace una identificación, no irá a juicio.
Olvídese de mi hija y dejémoslo así.
No tiene nada que ver con esto.
- Déjenla en paz. - Brigada 15 de Inspect...
Sí, señora.
Se acabaron las llamadas.
Necesito la firma de Fancy aquí.
No.
No.
¿No están ahí, Bruno?
Me ha entendido.
Entiendes más de lo que muestras, ¿no, Bruno?
- ¿Entiendes Frank Pisciotta? - Yo...
¿Qué te dijo el drogata de Frankie:
"Señala a esos chicos y mira cómo arde tu tienda"?
¿Quiere que lo traduzca?
No. Finito, Bruno. Ya está.
Vamos.
¿Quería ver a alguien?
Al señor... Al inspector...
- ¿Cómo se llama? - ¿Sipowicz?
Sí, me llamó para que viniera. Mi nombre es Hoyt.
- Sr. Hoyt, recibió el mensaje, ¿no? - Sí.
Queríamos que viera unas imágenes.
Hola, Bruno.
- Hola, señor Hoyt. - ¿También te han llamado?
No. No, no, no.
¿Cómo estás, Walter?
Bien. Bruno está un poco alterado, ¿no?
Le estaba diciendo a Walter que queríamos que viera las imágenes.
Sí. Adelante. Siéntate. Siéntate por ahí.
¿Tiene relación con lo de esta mañana?
Walter, dinos si reconoces
a alguna de estas personas. Y de ser así, ¿de qué?
Él es uno de ellos.
Dime dónde lo viste.
Es uno de los que golpeó al chico esta mañana.
- Era uno de los del bate. - Mira estos.
Ese es el otro, el que salió del coche.
Haremos unas ruedas de identificación.
Deberías quedarte, Walter.
- ¿Cuánto tardará? - Tal vez unas horas.
- No puedo. Trabajo de noche. - ¿Te podrían dar la noche libre?
Necesito el dinero.
Vale. Intentaremos hacerlas por la mañana.
¿Bruno ha señalado a los mismos?
No podemos decírtelo.
Walter, te llamaremos para cuándo venir.
- Vale. - Gracias.
Muchas gracias por tu colaboración, Walter.
- He oído que el chico era grafitero. - Sí, lo era.
Algunos hacen un trabajo interesante.
Creo que no sabe que Pisciotta va a intervenir.
Sí. Cuando haga la identificación,
Walter querrá comprobar una de sus comunas de artistas.
No. No es necesario, James.
Que estés aquí conmigo.
Sin problema. Tampoco estaba ocupado esta noche.
¿No? Bueno, estaríamos durmiendo.
- A ver, sé que es difícil. - Se puede pillar al tío.
Lo ha hecho dos veces, ¿no? Ha destrozado este coche repetidamente.
No soporto que piense que fui yo.
Creo que Donna no piensa con claridad ahora mismo.
Es que, que ella piense... que yo pintarrajearía el coche de ese tío,
- que yo fuera capaz de eso. - Te preguntas qué le pasa.
Bueno, la verdad es que... creo que soy yo quien la altero.
Si piensa en algo fuera de lugar, soy responsable.
Me he mostrado celoso y no he confiado lo suficiente en ella.
Y también he demostrado falta de diversión en la vida, y...
lo mucho que he disfrutado nuestra relación.
No se lo he hecho entender.
Poco a poco. Todo se arreglará, Greg.
Sí. No sé.
Puede que se haya deteriorado en gran medida.
- ¿Por qué no te vas a casa, James? - No. Esperaré un poco, ¿vale?
BAR DEPORTIVO - CÓCTELES
Cuando era niño, era patinador.
- ¿Ah, sí? - Sí.
En Long Island.
Esa fue una de las primeras cosas que hicimos.
Donna y yo patinamos sobre hielo.
Muchas gracias.
Ha llamado Phil Denatale.
Han recuperado tu bolso y tu carné, en un baño de hombres de Jim Mill.
- Estaban tus llaves. - Bien.
Han dicho que te lo darán mañana.
Quiero que comas algo.
- Tal vez luego. - Te pondrás enferma si no...
Comeré cuando tenga hambre.
Sylvia. ¿El hombre te puso las manos encima o algo?
- No. - Es que estás muy tensa.
Me robaron el bolso...
una vez en la facultad de derecho.
¿Sí?
Y fui atacada.
Después de robarme el bolso, él...
me empujó al hueco de una escalera...
y me agredió sexualmente.
Me violó.
Sylvia...
Y esto me lo ha recordado mucho.
Sí.
¿Cogieron al tío?
No lo denuncié inmediatamente. Yo...
Tuve muchos problemas respecto a eso. Emocionales.
Tardé seis semanas en ir a la policía.
Mataría a ese tío.
No te lo he dicho antes porque...
me repugnaba.
Me repugnaba pensar en ello.
Claro.
Tenía miedo...
de que me vieras de otra forma.
No.
Te veo preciosa.
Y te quiero.
Oye. Oye, ¿qué es esto?
Nada.
¿Cuándo crees que te irás a dormir, Greg?
Pues, ¿qué diría Rutanski? Sale sobre las cuatro.
No sé si me quedan dos horas.
- Anoche estuve hasta muy tarde. - Ya, hiciste de chófer.
Quiero ahorrar algo de dinero para dar la entrada de una casa.
Sí.
Vete a casa, James. Tengo la radio si necesito ayuda.
- ¿El patrulla sabe que estás aquí? - Sí, sí. Estaré bien.
Vale.
Muchas gracias por acompañarme.
No hay problema.
- Nos vemos por la mañana, ¿vale? - Sí.
Te veré en la casa.
Oye, Greg. No te canses mucho, ¿de acuerdo?
- Sí, no te preocupes. - Vale.
No le conviene a nadie. ¿A que no?
Ya, buena observación.
Buenos días, Greg.
¿Greg?
¿Estás bien?
Sí. ¿Qué tal, teniente? Me echaba una siesta.
Buenos días.
Buenos días.
Parezco un desagüe, ¿eh?
- Sí, estuve despierto toda la noche. - ¿Sí? ¿Por qué?
Atrapé al tipo de la denuncia por vandalismo.
¿Quién rayó el coche de Harold?
Dejé que lo arrestara un equipo de coches patrulla.
Pues Rutanski no conocía de nada al tipo.
Resulta que tuvieron un altercado hace un par de años.
Era un fanático rebelde.
Una noche, Rutanski le pegó en el jardín.
Y entonces, el chico reconoció a Rutanski
en su bar la semana pasada. Vio en qué coche se había metido.
A la noche siguiente, se puso manos a la obra.
- ¿Qué tal? - Bien. ¿Y tú?
- Hola, Donna. - Hola, Harold.
¿Vas a firmar la declaración jurada?
Sí, voy con los dos agentes uniformados a juicio.
Greg ha cogido al hombre que destrozaba mi coche.
De eso me he enterado.
Sí. Ni me acordaba de él.
Sospecho que tuvimos una pelea hace unos años.
- Me alegro de que esté detenido. - Mi ángel guardián, Donna.
Cada vez que hablamos, me pasa algo bueno.
- En fin, gracias de nuevo. - Sin problema.
Solo hago mi trabajo.
- Claro. Cuídate, Donna. - Y tú, Harold.
- Ha sido muy amable por tu parte. - Entonces...
¿confías en mí? ¿Dejo de ser sospechoso?
Ya no eres sospechoso.
Bien. Me siento mucho mejor.
- Deberíamos hablar luego, Greg. - Sí. Bien. Me gustaría.
- ¿Cómo estás, Greg? - Bien. ¿Qué tal tú, James?
Bien. Dice el sargento que detuviste al tipo.
Sí. Lo entregué a los chicos de la zona.
- Me lo perdí todo. - Tenías que irte a casa.
- Buenos días, Donna. - Buenos días.
Tengo que afeitarme. Hablamos luego.
Hablamos luego.
Fíjate bien en todos,
y si reconoces a alguien, dime dónde lo viste.
Número cuatro.
- ¿Dónde lo viste? - Le pegó al chico con el bate de béisbol.
Pueden irse todos excepto el cuatro.
Todos excepto el cuatro.
Traerán al siguiente grupo.
- De acuerdo. - Oiga...
¿no es usted Walter Hoyt, el artista?
Sí. ¿De qué me conoce?
Tal vez lo haya visto por el barrio,
o en la inauguración de una galería, o algo.
Sí, puede ser.
Acompáñeme, Palermo.
- Cierre el pico ahí dentro. - Vigile su tono de voz, inspector.
No hable con el testigo.
Solo era amable. Da la casualidad que lo he reconocido.
Da la casualidad de que le advierte que Pisciotta lo conoce.
Y si vuelve a hacerlo, reconocerá mi puño en su boca.
Ahora, vuelva adentro.
- ¿Listo, señor? - Sí.
¿Reconoce a alguien del grupo?
Sí, reconozco al número dos.
- ¿Nos dice de qué? - Es quien conducía el coche,
salió y le propinó patadas al chico puertorriqueño
mientras el otro le pegaba con un bate.
- Pueden irse todos menos el dos. - Todos fuera menos el dos.
James, ¿detienes al dos y al otro chico?
Quiero hablar con ellos.
Venga, vamos.
De acuerdo, vamos, chicos. Por aquí.
¿He terminado?
Sí, ya estamos por hoy.
Salga.
Le dirán lo que hay que hacer ahora.
- ¿Estás bien? - Sí.
En dos días irás al jurado de instrucción,
dirás qué pasó en la calle y cómo los identificaste.
Pero los acusados no estarán allí, Walter,
ni el picapleitos de Palermo, ni nadie.
Estaréis tú, el jurado y el abogado de distrito.
Bien, de acuerdo.
¿Quieres ir a un hotel hasta entonces?
No, volveré a mi casa.
¿Por qué no te quedas en un hotel unos días?
Trabajo en mi casa. Pinto allí.
Vale.
Walter, estos chicos trabajan en el Ucilli, donde vive Frank Pisciotta.
Suele estar al tanto de todo.
Te mentiríamos, Walter, si no te dijéramos que,
corres peligro con esto.
Identificando a los chicos.
¿Qué va a pasar? ¿Me van a disparar en la calle?
Si te digo la verdad...
puede que intervengan con dinero antes.
Para que cambies tu versión.
- ¿Y si no lo hago? - Lo más sensato
es quedarte en un hotel unos días hasta el jurado de instrucción.
Faltarán seis meses para el juicio.
Tras la instrucción, deberías mudarte a otra parte
de la ciudad.
- Trabajo en mi ático. - Hay más áticos.
No es una buena idea
permanecer en ese barrio cuando salgan las acusaciones.
Tal vez encuentre algo en Brooklyn.
Sí. Hablémoslo dentro.
- En seguida voy. - Muy bien.
- ¿Habéis tenido una buena charla? - Sí. Ya hemos acabado.
Bien, antes de irte, ven a ver el baño.
- ¿Para qué quiero ver el baño? - Es un baño maravilloso.
Escucha, abogado Palermo.
Dile a Frank Pisciotta de mi parte, que como le pase algo a Walter Hoyt,
ese colector de grasa que mantiene, se llenará de ratas.
Será vallado y tendrá avisos
del Ministerio de Salud por todas partes.
- ¿Ha terminado? - Tendrá encima
a las autoridades del alcohol. Un día lo visitarán los bomberos
y al siguiente, Construcción.
Va a pagar muchas multas. Todo lo que obtengas serán pagarés.
- ¿Has terminado ya? - Sí.
Ya he terminado. Dile a ese hijo de puta drogado lo que he dicho.
Walter ha decidido ir a un hotel.
Hace bien.
Y haré una llamada rápida al abogado mientras te ayudo.
Entonces...
¿eres buen pintor, Walter?
Creo que sí.
¿Qué tipo de cosas pintas?
Redefino el espacio negativo.
Con línea implosionada.
Ya estás, Walter.
Tienen que hacer algunas notificaciones.
Oye, Bobby.
¿Te importa si no os acompaño al hotel?
Quiero almorzar con Sylvia.
Sí, sin problema. ¿Se lo has hecho pasar mal al abogado?
Todo irá bien.
Bien, Walter, vámonos.
Hasta luego, Walter.
- ¿Teniente? - Sí. ¿Qué pasa, Donna?
Teniente, me corresponde un periodo de vacaciones
y, si le parece bien, me gustaría coger unos días.
Bueno, ya te toca, Donna. Para eso están.
- ¿Cuándo te quieres ir? - Me gustaría de inmediato.
Tengo los informes mensuales al día.
Y he hablado con el jefe de inspectores,
tienen sustitutos temporales.
No quiero entrometerme, Donna, ¿pero va todo bien?
¿Tienes algún problema en la oficina?
No. Solo necesito escaparme.
De acuerdo. Cuídate.
- Gracias, teniente. - De nada.
Inspector, ¿tiene un momento?
Claro.
Pensaba que hablaríamos después del trabajo.
Voy a tomarme unas vacaciones, Greg.
- ¿Cuándo? - Me voy ahora mismo.
No estoy segura por cuánto tiempo.
Ni si quiera he decidido en qué emplear el tiempo.
Claro.
Bueno, no hay ninguna razón... tienes que saberlo.
Solo sé que quiero irme.
No he llevado bien todo esto.
Creo que es una buena idea, Donna. Ya sabes...
irte un tiempo indefinido.
Me alegro de que lo entiendas.
Y si...
Y si no tienes destino...
lo encontrarás cuando llegues.
Donna, cualquier cosa que hagas...
Bueno, vayas donde vayas...
Quiero que sepas...
que quiero que seas feliz.
Si pudiera ser conmigo...
Creo que sabes que esa es mi prioridad.
Pero te quiero.
Y lo que te haga feliz...
es lo que te deseo.
Hasta pronto.
Cuando sea.
Oye. Os he visto hablando.
- Se va. - ¿Se va?
Sí, ha cogido sus días de vacaciones. Quiere irse.
Vaya, pensaba que si cogías a ese tipo....
Sí. Bueno, ella...
Quiere encontrar su rumbo.
Puede que descubra que quiere seguir conmigo,
o puede que no.
No me dejes que salga ahí, James. Quiero pedirle que no se vaya.
Pero sé que no es lo correcto.
- Ya, no si quiere espacio. - Quiero ir a pedirle que se quede.
Mejor no hagas eso.
¿Me haces un favor, James? ¿Podrías
- mirar y ver si se ha ido? - Claro.
Sí, se ha ido. Igual se ha ido a comer.
No, no. No va a volver.
Se ha ido de vacaciones.
Sí.
Lo que está bien.
- ¿Cómo estás? - Bien. Tengo hambre.
Eso es bueno, porque tampoco has desayunado.
- ¿Cómo va la rueda? - El testigo dio el paso.
- Señaló a los chicos. - Bien.
¿Pueden esperar un segundo? Se ha inundado
- la reserva central por ahí. - Sí.
¿Has ido al centro de tratamiento por violación?
Han sido muy amables. Una de mis terapeutas sigue allí
- desde hace seis años. - No has tenido que empezar de cero.
No voy a ser capaz de evitarlo.
Volverán muchos sentimientos
- por un tiempo. - Claro.
También hay un grupo de hombres,
- por si te interesa. - ¿Crees que debería ir?
Puede estar bien.
Aunque no será para siempre, ¿no?
No. No será para siempre. Y solo mientras sea útil.
- Gracias por estar ahí para mí, Andy. - ¿Dónde si no iba a estar?
Subtítulos: Cristina Ocete
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