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TINTORERÍA 24 HORAS
Desde que se fue Chen este sitio no es igual.
Sí.
Mira, le falta otro botón.
Con ese estampado,
nadie notará que le falta un botón.
¿Ahora eres policía de moda?
Sí.
Tengo que volver para la rueda de Putnam.
Andy, cuidado.
- ¡Mierda! - ¡Joder!
- ¿Estás bien? - Sí.
A ver qué pasa con este.
¡Oye!
Es culpa mía. Estaba distraído, con la cabeza en mis problemas.
No vi la señal de sentido único.
Debes tener un buen problema, ¿eh?
Soy de Rumanía, Illiescu.
Illiescu.
¿Ese es tu apellido?
Sí, eso es. Vastan Illiescu.
No parece mucho. Tienes el intermitente roto.
Tengo 80 dólares. Puedo darlos para arreglarlo.
No queremos tu dinero.
¿Tienes algo aquí?
Privado. Perros de caza malos.
Somos policías, ¿entendido?
- Abre el maletero. - ¡Para!
- No hay problema. - ¡Ábrelo!
¿Adónde crees que vas? ¡Ven aquí!
- ¡Tengo derechos! - ¡Dame las llaves!
- No podéis. Tengo... - Dame las puñeteras llaves.
¡Tengo derechos! ¡No podéis! ¡Es privado!
Tranquila, señora. Somos policías.
- Tranquila. - ¡La otra mano!
Estoy tranquila. ¡Loco!
- ¿Está bien? - Soy la señora Lee.
Tenía miedo, pero ahora estoy enfadada.
- ¡Loco malo! - ¿Qué ha pasado?
¿Quién sabe qué buscaba?
- Me agarra y al maletero. - Sí.
- Iba andando. - Vamos.
¡Vaya ciudad! ¡Qué sitio!
En el asiento de atrás hay un maletín de cuero.
¡Yo lo trataría con delicadeza!
Andy.
¿Llamo a los TEDAX?
No.
Entra ¡y no me arrugues las camisas!
Llama a los TEDAX.
COMISARÍA 15
¿Podemos hablar?
Gregory, dijimos que no discutiríamos aquí.
No puedo creer que un error nimio de juicio
- acabe con nuestra relación. - Tengo que trabajar.
- ¿Te duele hablar? - Me duele que no confíes.
- Cometí un error. - Necesito tiempo.
¿Podrías dármelo?
Muy bien.
No tienes que ponerte tan intensa.
Señora Lee, ¿me acompaña?
No le había visto nunca. Estaba caminando.
¿Adónde iba, señora Lee?
Venía del banco, iba a casa de mi hermana.
Una manzana solo.
¿Lo vio seguirla?
No. Él estaba apoyado en un coche.
Al pasar, me agarra.
Dije: "Coja el dinero, suélteme".
- ¿Dijo algo? - Me acusó.
Dijo que le seguía.
No le entendía bien.
Habló otro idioma y me metió en el maletero.
Cuando la agarró en Union Square...
¿cuánto tiempo condujo?
- Dos horas. Quizás más. - ¿Paró el coche en algún momento?
Una vez paró y esperó.
Después volvió a conducir y paró de nuevo.
Pude oír aviones.
Después condujo de nuevo hasta que chocó con usted.
¿Y no le hizo ni dijo nada?
¡Me metió en el maletero!
Pero no... No le agredió sexualmente.
No. Pero ¿quién sabe? Quizás después.
Creo que está loco. ¿Verdad?
Sí, hay muchas probabilidades de que así sea.
Entiende que no saldrá de aquí.
- No tiene que temerle. - No le tengo miedo.
Es escoria. Loco.
Así se habla, señora Lee.
Si recuerda algo, llámeme, ¿de acuerdo?
En cualquier momento.
- Mi número. - Llamaré.
Vale.
Escucha, me han tenido aislado.
Una hora de ejercicio cada 3 días.
- ¿Podéis hacer algo? - No.
Debes de ser muy famoso.
- Confesé contigo. - Ni te lo imaginas.
Escucha, después de escribir el libro,
quieren que lo grabe en audio.
Mi voz. Mola, ¿eh?
Tú eres el famoso.
- Los dos. - Mételo en una celda.
Vale.
Antes de ser asesino en serie,
entrenó un poco.
- ¿Qué tenemos? - Dos casos sin resolver de hace 7 años.
Los testigos lo reconocieron en la televisión.
No le dejan hablar, necesitamos identificaciones.
- ¿Tenemos testigos? - Sí, estamos listos.
Inspector, el sargento Agostino ha llamado.
Arnold Rudman está abajo y quiere hablar con usted.
- Gracias. - El padre de una víctima.
- Disculpen. - Sí, claro.
- Señor Rudman. - Hola, inspector.
¿En qué puedo ayudarle?
Estoy creando una fundación.
La fundación Alexandra Rudman, para ayudar
a las familias que hayan perdido un miembro en un crimen.
Qué bien, señor.
Me gustaría que la policía se involucrara.
Y he pensado en usted el primero.
Aquí están detallados los objetivos.
Esto... La verdad, señor Rudman,
es que no sé qué departamento podría ayudar en esto.
Por favor, léalo igualmente.
Dígame, ¿qué piensa del juicio?
Seguro que la confesión valdrá.
Ojalá fuera tan optimista.
Comprobaré qué dicen las normas de esto tras el juicio.
Una cosa más.
Putnam ha venido a una identificación.
- ¿Cómo lo sabe? - Tengo mis fuentes.
Quiero verle, inspector.
Quiero ver al malnacido que mató a Alex.
Tengo derecho.
- Elija un número. - Tres.
Siéntense.
Sonreía igual en la instrucción. Lo está disfrutando.
La inspectora le acompañará.
- Gracias, Adrienne. - Nada.
El señor Belgrade.
- Señor. - Hola.
Es un espejo unidireccional.
Ellos no le pueden ver.
Cuando quite la cortina, dígame
si reconoce a alguien.
- ¿Listo? - Sí.
Número tres.
¿De dónde lo reconoce, señor?
Disparó a mi novia.
Gracias.
Hola, Dana.
Sí... Soy Greg Medavoy.
Sí, estoy bien.
Me gustaría hablar contigo de...
No, no por teléfono.
Quiero hablar contigo de unos problemas
que tengo con Donna.
- Greg. - Un segundo.
¿Vienes? Lo llevamos al coche.
Sí. Ya voy.
Sí. Bien.
Vale, nos vemos en un rato. Gracias.
- Voy en un segundo. - Vale.
- Señor Rudman, tiene lo que quería. - Gracias.
¡Abajo!
- ¡A la puerta! - ¡Dentro!
Sargento, ¡herido de bala!
- Comisaría 15. - ¿Me recuperaré?
Disparos. Un herido.
Necesitamos servicio médico y un autobús.
- Sargento Agostino. - ¿Qué pasa?
Comisaría 15. Necesitamos refuerzos.
Han disparado a Putnam, en la puerta.
Los disparos vienen de la calle de enfrente.
- ¿Habéis llamado a Emergencias? - Sí.
- ¿Se encarga, sargento? - Claro.
Al menos nos ahorramos sus sonrisas
mientras un abogado balbucea que no es responsable de sus actos.
¿Qué sabe de esto?
Nada.
Pero le daría una medalla al que lo ha hecho.
¿Por qué se ha quedado aquí?
Ese cabrón mató a mi hija, necesitaba un momento.
Escuche, es un edificio público. Tenía un buen motivo.
Y el momento...
ha sido casualidad.
Me gustaría hablar más con usted.
Sabe dónde encontrarme.
Ya sabe que la prensa hablará, ¿no?
¿Por qué la identificación no se ha hecho en Rikers?
Los testigos se sienten intimidados allí. Temen identificar a nadie.
Tendrá que explicar eso.
Muy bien.
Ahora solo son pistolas.
Después, serán bombas para aniquilar fascistas.
¿Alguna vez has tenido problemas mentales?
No.
Quiero averiguar si estás loco.
¿No escuchas voces en tu almohada?
¿O ves helicópteros en la habitación? ¿Algo así?
No me insulte. Soy un hombre. No me trate como un perro.
¿Por qué secuestraste a esa mujer?
Ves a un pobre hombre en la calle, en invierno. Sin hogar ni comida.
No haces nada. Muere. ¿Es un crimen?
¡En Estados Unidos no!
¿Y si te dejas de sermones y me dices en qué trabajas?
Soy ayudante de camarero, recojo los platos de los ricachones de tus jefes.
Soy funcionario, capullo.
¿Por qué la secuestraste?
Sí, por favor. Llámame capullo.
Si fuera rico, no estaría aquí. ¡Y tú me llamarías señor!
Tenías explosivos en el coche.
Y a una mujer en el maletero.
Se te va a pelar el culo en el trullo si no me hablas claro.
¿Explosivos? Fuegos artificiales. Los rumanos los usamos en fiestas.
La independencia de nuestro país del Imperio otomano.
La coronación del rey Carlos I, mucha fiesta.
Celebro las fiestas rumanas, pero no al rey.
¿Por qué el maletín tenía esposas?
Me esposo mis objetos para que no me los roben.
¿Sabes lo que pienso? Pienso que eres un mierdas.
- Sipowicz, ¿verdad? - Sí.
Yo pienso que no piensas. Pienso que eres polaco.
Es cierto, soy polaco.
He llegado a estar muy pero que muy mal.
Pero encontré la fuerza para seguir adelante.
¿Me vas a hablar de la mujer del maletero?
Claro, ¿por qué no?
La conocí en la calle. Hablamos.
Vi claro que tenía pensamientos autodestructivos.
¿Quería suicidarse?
Sí, respondía a la degradación de las masas.
¿La habías visto antes?
No, pero compartimos la opresión como nuevos inquilinos de este país.
La metí en el maletero para llevarla al hospital.
No podía arriesgarme a que se desesperase
y huyera del coche. Hubiese sido horrible.
Iba camino del hospital cuando, pum, nos chocamos.
Una explicación magnífica, Illiescu. Eres un buen samaritano.
Sí, debería haber más gente como yo. ¿Puedo irme ya?
Dispararon desde la azotea de enfrente.
Se accede desde cuatro edificios.
El arma es un rifle KH 91. Mirilla Pentax.
- Es muy cara. - ¿Tenemos huellas?
Estaba limpia, nada.
El rifle tiene ya tralla,
pero la mirilla es nueva.
Tenemos el número de serie,
estamos rastreándolo.
- ¿Han peinado la zona? - No tenemos nada aún.
Un vecino subió a la azotea a fumar dos horas antes,
no vio a nadie allí.
Medavoy y Martinez están en los edificios adyacentes.
Y el transporte público y taxis.
Lo bueno es que solo 800 personas
querrían verle muerto.
¿Algo para Aiello?
No sé si esto es relevante,
pero cuando cogimos a Putnam, Arnold Rudman
montó un numérico porque quería pegarle.
Pensé que estaba mal y lo dejé pasar.
Estaba aquí esta mañana.
Ha fundado una asociación de víctimas.
Así tiene excusa para hablar con los demás.
La señora Wilson está ahí.
- ¿Sí? - Illiescu asegura que la metió
en el coche para que no se suicidase.
Un gran gesto de generosidad.
He hablado con el fiscal del distrito, tenemos una orden.
- Bien, ¿vienes? - Sí.
- Que vayan los TEDAX. - Claro.
- Hola. - Hola.
Me han dicho que estabas con Putnam.
Sí, Greg y yo lo llevábamos a Rikers.
- Qué bien que acertara. - Y que te alegres de ello.
- James, ¿tienes algo de la mirilla? - Sí.
Sí, deja que vea mis notas.
Se vendió en R&S Sportsman en Yonkers.
Y sabemos cuándo se vendió.
Voy allí a que me den una descripción.
Muy bien.
- Tome. - Gracias.
Me estaba hablando de las reuniones
organizadas por Arnold Rudman.
Ha sido un gran apoyo.
Esas reuniones nos han hecho mucho bien.
- ¿Qué pasaba en ellas? - Hablábamos de nuestros hijos...
y lo que sentíamos sin ellos.
¿Alguien ha...?
¿Alguien ha hablado de vengarse?
No.
Solo de vez en cuando.
- Es natural. - Claro.
¿Quién ha hablado de ello?
El señor Rudman y Sandquist eran los que más lo decían.
El señor Sandquist era muy franco.
Putnam también mató a su hija.
Hola.
- ¿Cómo estás, Dona? - ¿Cómo estás tú?
Qué miedo lo de hoy con ese tipo muerto.
La verdad es que ni lo he pensado.
Tengo otras cosas en la cabeza.
Quítate el abrigo, sacaré el vino.
Estoy ayudando a Andy con un registro,
pero agua estará muy bien.
Supongo que no has hablado con Donna.
- ¿Tenéis problemas? - ¿Qué te ha dicho?
Nada, pero tú me has llamado.
Nunca lo haces, supongo que es por una pelea.
Sí, está muy enfadada.
Vaya.
Quedó con un amigo.
Ya sé.
Protector bucal y hemorroides por estar en el banquillo.
Sí.
Dice que solo es un viejo amigo, pero me enfadé mucho.
Me pasé un poco.
Y parece que ha visto a otro por tu culpa.
Ya sabes lo que tiene por los jugadores de hockey.
No. La creo, sé que no pasó nada.
Pero no puedo hablar con ella.
Si tú pudieras hablar con ella.
No me hace caso nunca.
Sabe cómo me siento.
- ¿Cómo te sientes? - Será clara, Gregory.
Me siento muy atraída por ti.
Donna lo sabe.
Sé que no te has fijado en mí...
pero me siento así.
Lo siento.
No es culpa tuya.
- No debería haber venido. - No te disculpes.
No lo soporto.
TEDAX
- ¿Qué te parece? - Sí.
CÓMETE A LOS RICOS
¿Eso qué es? ¿Donald Trump?
Sí.
Los TEDAX.
Bien. Lee bastante, ¿eh?
Un par de libros para hacer bombas, copias del Mercenary Monthly.
Mira, el desplegable de este mes.
Un croata con la cabeza abierta. ¿Y esta mosca verde?
Qué bonito.
- ¿Cómo puede ver la gente esto? - No lo sé.
Mira, Andy...
un cuaderno con una lista de gente rica.
Nombre, direcciones y rutas de viaje.
Greg, ayúdame a apartar la cama.
Aquí.
Vaya.
La mitad de la armería de Rumanía está aquí.
Chicos, apartaos ya.
- ¿Qué tenéis? - Explosivos en la pared.
Vale, esto ya es cosa nuestra.
Vale. Adelante, chicos.
- Vamos... - ¿Se oye un tictac?
- Evacuemos... - ¿Se oye?
- Porque se suele escuchar. - Medavoy, vamos.
¿Verdad, Andy?
POLICÍA AUXILIAR
Señor Sandquist, soy el inspector Simone. Gracias por venir.
Supongo que ya sabe que George Putnam murió esta mañana.
Sí, lo sé.
Le dispararon en la misma puerta.
El tirador ha escapado.
Bien.
Sí. A nadie le ha dado mucha pena,
pero el jefe nos ha pedido que comprobemos el paradero
de todos lo que querrían matarle.
Le dije que mil personas.
En fin...
- No quiero ser irrespetuoso. - Está bien.
Está haciendo su trabajo.
- ¿Me puede decir dónde estaba? - En mi casa.
¿Estaba con alguien? ¿Su mujer?
No, estaba en diálisis. Sigue allí.
La hacen esperar horas.
¿Me podría dar el número de la clínica?
Así no la molestaremos.
Entonces ¿estaba solo?
A las nueve estaba viendo la tele.
- ¿Le he dicho que fue a esa hora? - Lo he oído por ahí.
- Viendo la tele. - Sí, Regis and Kathie Lee.
Tenían a un chef de un restaurante caro
hablando de recetas bajas en calorías...
y a Van Patten.
¿Dick Van Patten?
Y leí el periódico.
¿Fue militar?
Sí, infantería. Vietnam.
Tirador selecto.
¿Necesito un abogado?
Depende de usted. Solo estamos reuniendo información.
¿Por qué no lo piensa un poco?
Hemos ido a tu piso, Illiescu.
Ahora sabe que soy un hombre normal, trabajador.
¿Eres comunista?
Las ideologías corruptas y desacreditadas no me interesan.
Menos mal, porque si creyera
que eres un giligaitas tercermundista, ofendido,
hubiese llamado ya a la brigada antiterrorista.
Soy un hombre que ha despertado de la pesadilla americana.
He visto las bombas que has hecho.
- Sí. - Eres un hombre muy inteligente
- si las has podido montar. - Y solo soy un ayudante.
También he visto una lista de gente, direcciones y teléfonos. Muy completa.
Gente que se gasta medio millón de dólares
en flores en una boda con una fulana de la que se divorciará en un año.
Cerdos enfermos. ¡Gente que no te ve al pasar por la misma calle!
¿Por qué la hiciste?
Registro las atrocidades de las clases altas.
Si la justicia viene a este país,
deberán responder por sus acciones.
Pero solo es un sueño.
La verdad es que no he hecho nada. No pasa nada.
- ¿No hirió a la señora Lee? - Terminé las bombas.
Y me sentí muy satisfecho, bien.
Así que elegí a una mujer para pasar un buen rato.
- ¿Un buen rato? - Claro, beber vino,
cocinar algo, tirármela. Un buen rato.
Vale.
Eres muy elocuente, Illiescu. ¿Puedes escribirlo todo?
He ido al colegio. Sé escribir.
Después de escribirlo, te pagaré y adiós.
Tengo 80 dólares. 200 más en casa, puedes venir.
Antes de aceptar dinero,
¿hay algo más?
Tengo el presentimiento de que hay algo más.
- No, eso es todo. - Asegúrate de que sea así.
Si no, llevaré todo esto al FBI y la CIA.
Y tú y yo nunca volveremos a hablar cara a cara.
¿Habéis conseguido algo?
- No, nada. - ¿Y el arma?
El número de serie estaba limado.
Vendieron la mirilla en Yonkers.
Rudman la compró, pero sabemos que no lo hizo.
¿Y el padre de Sandquist? ¿Te fías de él?
Mala espina, coartada estudiada y número del abogado encima.
Además fue militar, sabe disparar.
¿Y le estás dando un descanso?
Mencionó a su abogado y no quise presionarle.
- Creo que hablará. - Mantenme informado.
¿Le puedo ayudar?
Me han dicho que busque a un inspector.
- ¿Por...? - El tiroteo de esta mañana.
¿El chico este que han matado?
Inspector, este hombre tiene información sobre Putnam.
Entre.
Inspector Simone.
- Walter Roach. - Tome asiento.
Me siento como un estúpido.
¿Qué información tiene?
- ¿Se lo tengo que decir? - Me gustaría oírlo.
Soy conductor en Taxis Speedway.
La central avisó de que la policía estaba interesada
en pasajeros
sospechosos de esta mañana.
Y he recordado a un tipo que recogí después de las 9:00 en la Segunda,
- estaba sudando. - ¿Qué aspecto tenía?
- Pues ese es el problema. - ¿Qué pasa?
Creo que es policía.
¿Por qué?
Porque está ahí sentado.
- ¿Ese es el pasajero? - Sí.
Venga.
- Aquí. - ¿Aquí?
- Sí. - Se lo daré al teniente.
- Ya está. - Bien.
- Hola. - Hola.
- Puedes felicitarme. - ¿Tienes el trabajo?
Tiene muy buena pinta.
El señor Finerman, vicepresidente de compras,
quiere una entrevista final.
Tiene que hablar con los otros solicitantes, pero...
es una formalidad.
Es genial.
Aunque no he venido por eso.
He venido por Greg.
Me llamó.
Está muy disgustado por lo que ha pasado.
- ¿Te llamó por eso? - Sí.
Pensó que como somos hermanas, podría hablar contigo.
Tienes que ser justa con él, tengas lo que tengas con Harold.
Cuando le miro, Donna, le veo roto.
¿Cuándo lo has mirado?
Pasó por mi casa.
No es algo que se hable por teléfono.
Dana, estoy me suena muy familiar.
¿Así me lo agradeces?
Tú eres quién ha liado todo.
- Solo quiero ayudar. - Hazme un favor, no me ayudes.
Si es lo que quieres.
Muy bien.
Bien. Te tienen dando vueltas. Hasta luego.
James ha llamado desde Garden City.
Alguien vio a Sandquist yendo para ajustar una mirilla.
¿Hará una identificación?
Mejor, teniente. Lo tenemos grabado.
Voy a hablar con él.
- ¿Ya sabe qué hacer? - No lo sé.
Creo que quiere hablar.
Creo que sabe
lo importante que es que nos ayude.
¿Cree que le ayudaré?
¿Cree que quien lo hizo merece castigo?
Mire, señor Sandquist, me encantaría profundizar con usted
sobre este tema, pero...
no podemos hablar...
si no rechaza asesoramiento legal.
Vale.
¿Rechaza asesoramiento?
Sí.
Dígame qué piensa.
Creo que quien disparó es un héroe.
¿Héroe? Iba de camino a la cárcel.
Tenemos un buen sistema, ¿no?
Mi hija está enterrada
y él consigue comida y cuidados de por vida.
- ¿Eso es justicia? - Sé que era un cabronazo.
Le saqué de la calle, a mí también me interesa.
Se merecía un disparo.
No hacer giras en la tele ni escribir libros,
ni ganar dinero.
¿Acaso yo no quería pena de muerte?
Quería. Pero hasta ese momento, tengo que seguir las leyes.
Le aseguro que el 99 % de la gente de esta ciudad se alegra.
Tiene razón, pero sigo necesitando saber quién lo hizo.
Le diré lo que sé, señor Sandquist.
Sé que mintió esta mañana.
No estaba en casa viendo la tele.
Tenemos testigos que lo sitúan en la escena.
Tenemos una grabación de usted ajustando su rifle.
Y sé que hay más gente involucrada.
No tengo problema con lo que hice.
Si tengo que cumplir condena, lo haré.
No hay motivos para que lo asuma solo.
Escuche, ¿quiere una confesión? Confieso.
Lo maté. Bien, ahora deténgame.
¿Y qué pasa con Arnold Rudman?
- Nada. - Sé que el jurado
simpatizará con usted.
No cumplirá mucho tiempo,
pero Arnold Rudman compró la mirilla que usó.
No creo en las coincidencias, Roy.
- Creo que le dio la mirilla. - La compré en la calle.
Rudman le dio el abogado, el rifle de 1000 dólares.
Y hemos hablado con la clínica.
Su mujer continúa la semana que viene
el tratamiento en una clínica privada.
¿Rudman paga eso también?
¿Quiere que escriba mi confesión?
Veo que tu detenido está confesando.
Sí, por secuestro y posesión de explosivos.
- ¿Y ya está? - No creo.
Tenía una lista de nombres, horarios.
Quería intentar algo.
¿Crees que ha puesto bombas por ahí?
¿Es bueno? ¿Sí?
Sin FBI, sin CIA.
No veo nada del maletín ni del aeropuerto.
- ¿Aeropuerto? ¿Hoy? - Nuestra gente te vio allí.
No hice nada en el aeropuerto. Pregunta.
¿Qué quieres hacer?
No me gustan tus respuestas.
No puedes leerme la mente.
Puedo abrirte la cabeza y ver lo que piensas.
No puedes detenerme por mis planes.
Quizás. Dímelos.
Voy a fingir que confío en ti.
Iba a poner las bombas en una familia de ratas capitalistas.
Tienen relojes de mercurio, si se mueven, bum.
Y les iba a poner temporizador. Si no llegaba a tiempo, bum.
¿Y la del maletín?
Iba a esposarlo al cabeza de familia.
Y al banco a sacar dinero.
¿Son los de la lista?
He elegido a una familia que merece pagarme.
¿Quiénes son?
- Solo era un plan. - ¿Y qué hacías en el aeropuerto?
Ver los vuelos baratos de TAROM a Bucarest.
Paraste en algún lado antes del aeropuerto.
Seguías a alguien.
Tómate un vodka, señor polaco. Es hora de música triste de acordeón.
Sí, ya he puesto la bomba.
Haz lo que te pido...
o esa familia rica, con sus dos críos y su sirviente jamaicano morirán.
- Tengo algunas peticiones. - ¿Quiénes son, Illiescu?
Encontrarán extremidades.
Quiero medio millón. No, estoy enfadado. ¡Un millón!
Y un avión que me lleve a Rumanía.
Te vamos a llevar a urgencias
si no me dices quiénes son.
Esa gente está amordazada.
Las bombas están en su espalda.
Un movimiento y mueren. Será mejor que empieces, polaco.
¿Crees que estoy de coña?
¿Crees que me puedes pegar? Securitate me pegó y no hablé.
¿Dónde están?
No me puedes hacer daño en este país, polaco inútil.
Tienes permiso de residencia, ¿eh?
Porque hay algo que no enseñan en clases de ciudadanía.
Llamad los TEDAX.
Están listos, ¿adónde van?
Se lo decimos de camino. Nos vemos allí.
- ¿Y Illiescu? - Descansando, ha tenido un mal día.
- Mira ahí. - Bien.
Greg.
Sácalo de aquí.
Señor, ¿me acompaña fuera?
Ayúdenos.
Somos la policía, tranquila.
Estos hombres son expertos.
Nos ayudarán a salir sin correr peligro.
Gracias.
¿Vas a darme de nuevo?
Quería que supieras que los Loftus están bien.
Si te preocupaban los cargos por homicidio, tranquilo.
Me da igual si viven o no.
Lo que piensan
de los pobres Illiescu piensa de los ricos. Basura.
- Háblale a tu compañero de celda de eso. - Te crees que eres un héroe, ¿eh?
Porque me has pegado y salvado a unos ricos.
Me has podido pegar
solo porque soy pobre e inmigrante en el país más rico de todos.
Te equivocas. Esto es Estados Unidos.
Rico o pobre, me da igual.
Hoy no tienes clase de mecanografía, ¿verdad?
Eso es.
Podríamos cenar juntos.
En algún sitio agradable y hablar.
Díselo a Dana. Me habló de tu visita.
Yo solo quería hablar con ella de nosotros.
Y eso no me ofende, ¿verdad, Gregory?
Sé que es mi culpa.
Solo intento arreglar las cosas.
Suéltame, Gregory.
- ¿Te vas? - Sí.
- Vives en Brooklyn, ¿verdad? - Park Slope.
Creo que Peter Luger está muy bien.
Buenos filetes.
¿Te apetece ir allí conmigo?
Queda lejos para comer.
Me refería a cenar. Hoy mismo. A no ser que tengas planes.
James, no creo que sea buena idea. Tengo una regla
sobre no salir con compañeros de trabajo.
¿Por Jimmy Abruzzo?
No creo que salir con compañeros funcione.
- Bien, pues dimito. - No dimitas.
¿Entonces aunque dimita no funcionaría?
No.
- ¿Te veo mañana? - Nos vemos mañana.
- ¿Qué hace aquí? - Venimos a ver al señor Sandquist.
¿Quién es?
Charles Emery, abogado de la fundación Alexandra Rudman
Representa al señor Sandquist.
Ha rechazado asesoría legal.
¿Ha confesado?
Está escribiendo su confesión.
Pero tengo algunas preguntas para usted.
- No tiene nada que decirle. - ¿Le representa también, señor?
No necesito un abogado.
No le importará hablar.
Claro que no.
- Arnold... - No pasa nada, Charles.
- No tengo nada que esconder. - Adentro.
Compró una mirilla en R&S Sportsman
en Yonkers el mes pasado.
Sí.
La compré para...
regalársela a mi hermano.
Le gusta mucho cazar.
¿La han recuperado?
¿Recuperado?
Me la robaron de mi casa.
Junto con otras cosas hace semanas.
Denuncié el robo en la comisaría 18.
Sargento Conroy se llamaba.
Se ha salido con la suya.
No le entiendo.
Decide que Putnam debe ser ejecutado. Hace justicia usted mismo.
A eso me refiero.
Si cree que puede intimidarme
con una confesión a medias. Inspector...
- Se equivoca. - No soy tan inocente.
Tengo todo lo que puedo sacar de Sandquist.
Entonces hemos terminado.
Pero ¿y si cambia de opinión?
¿Entonces qué? ¿Y si deja de estar enfadado
y se da cuenta de que lo han vuelto a joder?
Primero Putnam, ahora usted.
¿Y si decide
que lo que le ha pagado no es suficiente?
Es una bomba.
Podría explotarle en la cara. ¿Podrá vivir con ello?
No sabe con lo que vivo, inspector.
Quizás pensaba que podría salir de rositas.
- Está loco. - Usted es el loco.
Ha matado a un hombre. Y mandado a otro a prisión.
¿Y qué ha ganado?
Su hija sigue muerta.
Usted sigue solo y, si no lo sabe aún,
descubrirá pronto que la venganza no soluciona nada.
Por lo que yo sé...
quien haya matado a ese cabrón
- es un héroe. - Usted no es un héroe.
No. Y ahora ha perdido a su hija,
su dignidad y su humanidad.
Subtítulos: Estrella García Albacete
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