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Original subtitles

¿Qué tenemos?

Mujer quemada. Han llamado los bomberos.

Está embarazada.

De seis o siete meses.

- ¿Se intuye la raza? - Ni idea.

Parece un rollo de esos

de Haití en que queman con un neumático.

No se le reconoce la cara.

Tampoco conseguiremos las huellas.

Es un desastre de narices.

- ¿Algo más? - No, solo el cuerpo.

Buenos días.

¿Tienes tabaco?

No.

¿Visteis algo aquí anoche?

No vimos nada.

¿Y tú? ¿Algún fuego anoche?

- ¿Un fuego? - Sí, un fuego.

¿Qué tipo de fuego? ¿Un fuego?

Otis, no sabes ni lo que dices.

- ¿Y si cierras el pico? - Tío, ¿algo que ocultar?

- ¿Hiciste algo anoche? - Yo no he hecho nada.

- ¿Cómo te llamas? ¿Otis? - Sí.

Quiero hablar contigo un momentito.

¿Seguro que no viste nada anoche?

Pregúntales a ellos. Estuvieron aquí.

Alguien encendió un fuego aquí anoche.

¿Lo viste?

- Sí. Estaba en el saco de dormir. - ¿Y tú? ¿Lo viste?

¿Te levantaste a mirar qué pasaba?

- Sí. - ¿Sí?

- Sí. - ¿Y qué viste?

Estaba oscuro.

Los tíos se fueron en cuanto empezó el fuego.

- Así que solo vi el fuego. - Otis...

Otis, mira, te voy a dar cinco dólares.

¿Cuántos eran? ¿Cómo eran?

Dos tíos. No vi cómo eran.

Movieron basura y luego le prendieron fuego.

Se metieron en la furgoneta y se largaron sin luces.

- ¿En furgoneta? - Sí, una de esas. Ya sabe.

No, no lo sé. ¿De cuáles?

De esas que parecen un yip. Era negra.

- ¿Te acercaste al fuego? - No. Me volví a la cama.

¿Sabías que había un cuerpo?

No. No lo sabía.

Gracias, Otis.

Vale, tío, voy a la tienda, ¿vale?

Sí.

Dos tíos en un coche todoterreno.

Sacan algo, le prenden fuego y se largan.

Anoche por radio oí algo de un posible secuestro de una furcia

entre la décima y la primera.

Pues vamos para allá.

Sí.

Ay, tío.

¿Qué estoy pisando? ¿Es mierda de perro?

Mejor que fuera de perro.

Ni siquiera me he tomado el café.

Hola, guapo.

Hola.

Tranqui. No voy a detenerte.

¿Anoche había un par de tíos molestando a las chicas?

No. No recuerdo haber visto nada de eso, pero puede ser.

¿Estás segura?

Vale. Ten cuidado. ¿Andy?

- ¿Tienes algo? - Algo pasa.

- ¿Qué tal? - ¿Son los policías?

- Alguien dio un aviso anoche. - ¿Por la chica? Fui yo.

¿Al final ha habido delito?

- ¿Cómo te llaman? - Gordo.

Gordo, ¿qué viste?

Sabía que había algo raro. Estaba sentado en la ventana.

Dos tíos pararon un cuatro por cuatro de esos o cómo se llame.

Uno negro muy destrozado. Un tío iba delante y otro detrás.

Le dijeron algo a la chica española.

Iba a entrar en el coche.

De pronto, rechazó el trato.

El tío la cogió y la metió dentro.

- ¿Estaba embarazada? - Sí. ¿La han encontrado?

- Su cadáver. - Mierda.

Soy como la patrulla ciudadana aquí.

Los tengo cogidos.

El número de la matrícula.

- Bien hecho. - Cuídate, Gordo.

- ¿Sí? - Hola.

¿Cómo se llama?

¿Quería ver a alguien?

Sí, ayer robaron una casa de empeños en la quinta.

¿Quién lleva el caso?

El inspector Martinez.

¿Martinez?

- ¿Inspector? - Sí.

Tiene visita.

¿Cómo se llama?

- Donna. - ¿Donna?

Steve Richards, Donna. Encantado.

Soy el inspector Martinez. ¿Puedo ayudarlo?

Sí, inspector. ¿La casa de empeños está cerca?

¿Sabe a qué me refiero?

Robaron allí anoche.

Salió ayer en el periódico.

- Sí, robo a mano armada. - Eso es.

Tenían gafas de pasta con narices falsas.

Gafas de Groucho.

Eso. A eso me refería.

Sí.

¿Y qué?

- ¿Qué? - ¿Que y qué?

¿Los han pillado?

- No. - No.

- ¿Cómo se llama? Vale. - ¿Yo? Steve Richards, encantado.

¿Tiene información?

Quizá sepa algo.

- ¿Tienen recompensa? - Que yo sepa no.

- ¿Ah, no? - No.

¿Qué le vamos a hacer?

Bueno, quizá podamos reunir unos dólares si es buena.

¿En serio?

Podría conseguirla si obtengo beneficios.

A veces, me entero de cosas. Las averiguo.

¿De cuánto dinero hablamos?

No sé. Si su información es fiable,

quizá un par de cientos.

Dicen que tienen más de 20 000 dólares.

- Eso he oído. - Sí. Steve, ¿qué sabe del tema?

No estoy seguro. Voy a pensármelo.

- ¿Está bien? Ya está. - Vale.

- ¿Doscientos dólares? - Sí.

No estuve en ningún accidente. Si alguien lo dice, miente.

Tranquilo, Rudy. Estoy con el jefe.

Sí, vamos.

- ¿Qué tal, teniente? - ¿Bobby?

¿Cómo va lo del cuerpo quemado?

Es imposible identificarla. Solo sabemos que es una mujer

porque estaba embarazada.

Vale, avisad a personas desaparecidas.

Quizá podamos sacar algo de los dientes.

Sí. Hemos detenido a un tío con un yip

al que denunciaron por secuestrar a una prostituta

a unas manzanas de donde estaba el cuerpo.

A ver si por ahí sacamos algo.

- Vale. - Muy bien.

No fue un accidente, Rudy.

Dijo que fue un accidente.

Pensamos que usaron su coche para un delito. Quizá un asesinato.

- Mi coche no. Será otro coche. - No, es este coche. Rudy.

Tenemos un testigo que anotó su matrícula

en un secuestro.

Yip negro, la primera con la décima.

Me está matando el estómago. Tengo problemas digestivos.

Tiene otros problemas también.

No fui yo. Anoche no cogí el coche.

¿Y quién lo tenía?

Mi primo y su colega.

Más vale que puedas darnos nombres y direcciones

o cargarás con las culpas.

Sal Molina es mi primo. Bobby....

Bobby Ruiz. Pero no habrán sido ellos.

- Fueron a ver a alguien. - Necesitamos saber dónde viven.

Puedo decirles dónde suelen estar.

Espero que no nos estés mareando.

Para nada.

- ¿Puedo irme? - No. Quédate por aquí.

- Me duele mucho el estómago. - Ahora te traen un antiácido.

Dios mío, Dan.

- ¿Te han atracado? - ¿Podemos hablar?

Tranquilo, Andy. Tengo que hacer llamadas.

¿Qué te ha pasado?

- Ahora te lo cuento. ¿Qué tal estás? - Bien, Dan.

- ¿Tienes otro padrino? - No.

¿Has vuelto a beber?

No. Hablaremos de mí otro día.

Quiero saber quién te pegó.

Bueno...

conociste a mi hijo Danny, ¿no? Hace unos cuatro meses.

Lo vi una vez en tu casa.

No habrá sido él, ¿verdad?

No quería contarte lo de Danny.

Es algo privado.

Danny lleva entrando y saliendo de sanatorios nueve o diez años.

Tiene no sé qué químico en la mente.

Lo soltaron hace un par de semanas.

Se está quedando en mi casa.

¿Qué le hizo saltar?

Si se toma la medicación, está bien.

Pero no se la toma.

A veces le da por ahí y no se la toma.

En esos momentos, a saber qué le pasa por la cabeza.

Estaba hablando con él y le pedí que bajara la televisión.

¿Y te pegó?

No ha vuelto desde que lo hizo ayer.

Ha vuelto a Tompkins Square Park.

Le gusta esa zona en la parte sudoeste.

Se pasa el día andando.

Voy a detenerlo, Dan. No quiero que esto se repita.

No puedo pensar como padre, supongo.

Quizá le haga daño a otro.

Siempre lleva auriculares.

No abras la puerta hasta que yo te avise.

Si alguien llama, no abras.

Hablaremos de ti próximamente.

Sí, Dan.

¿Qué le había pasado?

Escucha, ¿puedes ayudarme con una cosa

antes de ir a por los del yip?

- Por supuesto. - Está bien.

- James, ¿tienes un minuto? - Claro, Andy.

Coge la chaqueta.

Mantened la distancia. A ver si consigo que venga por sí mismo.

¡Danny!

¡Danny!

¡Oye! Danny.

No te conozco.

Me llamo Andy.

Soy amigo de tu padre.

Oye.

No pasa nada.

¿Por qué no te quitas esos auriculares un momentito?

Baja la música un momento, ¿vale?

Vale.

- La tenías muy alta, ¿no? - Así no tengo que escuchar.

Tienes que venir conmigo Danny.

¿Por qué?

Hay normas y reglas. Tengo que hablar contigo.

Yo sé comer solo.

Vale, vamos a por un cuenco... Danny, oye.

Mataste a ese bebé, ¿a que sí?

¡No debiste matar al bebé!

Venga. Tranquilo.

Vamos a la comisaría.

- ¡Oye! - ¡Oye!

- ¡Lo mataste! - Danny, tranquilo.

- Que alguien me ayude. Me matan. - Tranquilo.

Que alguien me ayude. Me matan.

- Que alguien... - Tranquilo, Danny.

- Te vas a hacer daño. - Alguien.

Tranquilo. Nadie quiere hacerte daño.

- Ayuda. - ¡Oye!

- Me matan. - Tranquilo.

- Tranquilo, Danny. - Me matan.

Solo queremos ayudarte, Danny.

Pues no intentes matarme, cabrón.

- Nadie intenta matarte. - ¡Asesinos!

¡Cabrones asesinos!

- ¡James! - ¡Tranquilo!

¡Danny!

¡Papá! ¡Ayúdame!

Papá, ¡ayúdame!

- Espósalo, James. - ¡Muerde!

¡Papá!

- Tranquilo. - ¿Está esposado?

Ya lo tengo.

Venga, vamos.

- Tranquilo, Danny. - Cálmate.

- Papá, ¡ayúdame! - Tranquilo.

- Papá, ¡ayúdame! - Tranquilo.

¿Lo llevamos a casa?

No, mejor directamente a Bellevue.

Hablaremos de qué va esto arriba.

¿Es por esas multas de aparcamiento que pagué?

Cállate. Enseguida sabrás por qué es.

Solo sé que no he hecho nada.

- Eso es. - Somos unos angelitos.

- ¿No os ha dicho que os calléis? - Nos conocemos desde niños.

Bien. Pues ya habéis hablado mucho. Ahora callaos.

- Dejaos de chorradas. - Gracias, James.

De nada.

Oye, no es tu casa.

¿Y el aro ese de la cara, Sal?

Es un adorno.

Muy bonito, tío. Siéntate.

Sal, quiero saber qué hicisteis Bobby y tú anoche

con el cuatro por cuatro de Rudy.

¿Es por eso?

Le devolvimos el puto coche.

- ¿Por qué nos denuncia? - Solo dice que os lo prestó.

Os denunció un tío entre la primera y la décima.

Os vio meter a una mujer por la fuerza en el coche.

Un momento. ¿Una mujer?

- No había ninguna mujer. - Una prostituta.

¿Una prostituta? Yo paso de furcias.

Sal, no soy de Antivicio.

Me da igual cómo te diviertas o lo que te pone.

Me da igual si te tiraste a una puta.

¿Te parece que yo tengo que pagar por eso?

Venga, tío. Mira qué carita.

Me tiro a quien yo quiero y más.

Oye, algunos actores pagan.

- ¿Sí? Yo no soy actor. - Quizá algún día.

- ¿Por qué no? Me pega. - ¿No cogiste a la prostituta?

Pero nuestro testigo dice que sí.

Apuntó la matrícula del todoterreno.

Piénsalo, Sal.

Ha aparecido una mujer quemada en un descampado.

Si cogiste a la prostituta y me estás mintiendo,

me imaginaré que es la muerta. Si no, ¿por qué mientes?

¿Me entiendes? Algo encubres.

Si reconoces que cogisteis a una prostituta,

supondré que sois unos tíos follando por ahí.

Tío, te va el cerebro a mil. Te lo dije. Nada de prostitutas.

- ¿Y qué hicisteis anoche? - Dar una vuelta y mirar.

- ¿El qué? - Sin más.

¿Quién conducía?

Yo.

Yo creo que cogisteis a la prostituta para robarle.

No robamos a ninguna prostituta.

Quizá necesites una tú.

- No se te quita de la cabeza. - ¿Por? ¿Crees que tengo que pagar?

Quizá.

Estate quietecito, Sal.

Quizá cogimos a una prostituta,

pero nos la tiramos y la dejamos irse.

¿Entre la primera y la décima?

Sí. Quizá fuera allí, sí.

¿Qué significa eso, Bobby?

¿Fue allí? ¿La cogisteis allí?

Sí, creo que sí.

- ¿Quién conducía? - Yo.

Rudy nos llevó a ver a un tío. Sal quería que le prestara pasta.

No estaba en casa. Rudy se fue a casa y conduje yo.

¿Por qué se fue a casa?

Quería irse a casa.

¿Antes de la prostituta?

Sí.

¿Te drogas, Bobby?

No. Yo paso de las drogas.

Sé cuidarme solito.

He vuelto a estudiar y a cuidarme.

- Eso está muy bien. - Quiero mejorar.

Claro. Después de mejorar follándote

a la prostituta, ¿qué hiciste?

La dejé salir por allí cerca.

Queríamos ir a una discoteca,

bailar, beber algo, divertirnos.

Así que dimos una vuelta.

Pero no teníamos pasta y solo condujimos.

¿No acabarías en el Manhattan Bridge?

No.

Vale. Te cuento.

Según el testigo, a la prostituta la metieron en el yip por la fuerza.

Creemos que fue un robo. Sabemos que estaba embarazada.

Sabemos que alguien tiró el cuerpo de una embarazada

bajo el puente anoche y le prendió fuego.

Ni robo ni leches.

Bobby, sacaremos radiografías de los dientes.

La identificaremos, se la enseñaremos al testigo

que os vio meterla en el coche

y se acabó lo que se daba.

Lloriquea y cuéntame las milongas que quieras después.

Me reiré en tu cara.

No sé nada de ninguna muerta.

Habla conmigo. Dime que solo conducías.

Quizá con eso te salves.

No sé nada del tema.

Vale, levanta. Te vas al calabozo.

Mire, soy inocente. Venga, ayúdeme.

Eres demasiado tonto. Venga. Entra.

¿Algo?

¿Pactamos con Rudy que se libra

si reconoce que estos dos fueron a robarle a una prostituta?

- Están sacando a tu chico. - ¿Quién?

Rudy Salinas. Se va al hospital.

Está retorciéndose de dolor.

¿Qué pasa, Rudy?

El estómago. Úlceras sangrantes.

Podríamos arreglarlo todo ahora mismo.

¡Dios mío!

Yo voy con él.

Volveré a ver en personas desaparecidas.

Venga, chicos. Espero que no sea imaginario, Rudy.

Quiero denunciar una agresión. Martínez, míreme.

- ¿Qué ha pasado? - Debería ver al otro.

¿Quién le ha pegado, Steve? Pase.

Sé quién atracó la tienda de empeños.

- ¿Han dicho algo de recompensa? - No.

Vaya tela. Te dan por todas partes.

- ¿Aún pagan 200? - Sí, cuénteme. Siéntese.

Está bien.

Sé quién robó Empeños Cafferty, ¿vale? ¿Quiere su nombre? Lo tendrá.

Ese tipo de carroña no debería andar

- entre gente decente. - Siéntese.

- ¿Cómo se llama? - Weldon Small.

Salió de Elmira hace unas semanas. Lo conozco de allí.

¿Usted estaba en el ajo?

- No. - ¿Y cómo sabe que lo hizo Small?

Yo lo planeé todo.

Por eso lo sé. ¿Esa tienda de empeños? Soy del barrio.

Dos tíos con gafas de Groucho, ¿no?

Se ponen y se quitan en un santiamén.

No es una máscara de Halloween. Fue idea mía. Solo mía.

Yo salí primero del trullo, ¿vale?

Me puse enfermo. Pancreatitis.

Ni siquiera sabía que tenía páncreas.

Estuve en el hospital medio muerto. Luego me recuperé.

Y lo vi en el periódico.

No pudo esperar. Y luego esto, ¿no?

Me enteré de dónde está y fui a verlo.

No me dio nada. ¡Ni un dólar ni medio!

Se puso a malas y me pegó.

Nadie le hace eso al menda. Nadie. Aún no he recuperado la fuerza.

Si no, estaría comiendo papillas toda su vida.

Tome. Vive aquí.

- ¿Tiene lo que robó? - No lo sé.

Quédese aquí un momentito y consulto con mi teniente.

- ¿Vale? Quietecito. - Vale.

Necesito que el inspector...

Donna, ¿qué hace una chica como tú en un sitio como este?

Me gusta trabajar aquí.

No lo pillo.

¿Qué beneficios generas aquí?

¿Lo has pensado? ¿Presos?

No es vida para una chica guapa como tú.

Lo siento. No quería decir eso.

- Steve. - ¿Y bien?

Vamos a pedirle que haga algo por nosotros con Weldon.

¿Ah, sí?

- Fíjate tú. - Hola, Martinez.

¿Qué tal, señor Breen?

¿Estuvo usted deteniendo a mi hijo?

- Sí. - Se lo agradezco.

Encantado de ayudar.

Steve, venga.

Vale. Olvídelo. Ya llamaré luego.

Se lo voy a explicar.

- ¿Me pagarán? - ¿Qué tal, Dan?

Vengo de Bellevue.

Han conseguido calmarlo.

Siéntate.

Espero que no hiciera daño a tus chicos.

- ¿Lo vais a denunciar? - No.

Dan, voy a ser directo contigo. Tienes que cambiar tu situación.

¿Qué quieres decir?

El fiscal declarará a Danny no competente para afrontar los cargos de agresión.

Cuando lo mediquen, lo soltarán.

Temo por tu seguridad.

Tienes que irte de tu casa. Vete a Queens, a Hoboken.

Busca otro piso y no se lo digas a Danny.

¿Quieres que no vuelva a verlo nunca?

- Es mi hijo. - No he dicho nunca.

Dale seis meses, un año.

A ver si sigue medicándose.

Cuando está medicado, está bien.

Limpia por casa, baja a comprar.

Y tiene opiniones muy interesantes.

Quizá podría irme y seguir pagando el alquiler.

- Así podría quedarse él allí. - Si lo puedes pagar, genial.

Lo principal es que no te expongas a más violencia.

Sí, es lo correcto.

Danny tiene que aprender que sus actos tienen consecuencias.

Es un adulto.

Tiene que seguir las reglas como todos los demás.

Cuando te vayas, dame a mí las llaves.

Yo lo recogeré y lo llevaré allí.

¿No quieres que vaya yo?

Si quieres ir a despedirte, te acompaño,

pero deberías tener ya buscado otro sitio.

Así puedo darle instrucciones. Explicarle las cosas.

Pero no puedes decirle dónde vas.

Y lo entiendo.

Eso haré. Me buscaré un sitio.

No soy muy tiquismiquis.

Queens. Me gusta Queens.

Así puedo ir cada día a mis reuniones.

Quizá le venga bien a largo plazo.

Quizá.

Voy a recoger mis cosas.

Te aviso y lo puedes traer.

Si puedo ayudarte con la mudanza...

No, no tengo tantas cosas.

Voy a subir las escaleras.

Joder, vaya pocilga.

Aún no estoy en plena forma. Debería estar en las Bahamas,

tumbado en la playa dejando que una furcia me embadurne de crema.

- O quizá Donna. - ¿Donna?

Eso estaría bien.

- ¿Qué dice? - ¿Qué le vamos a hacer?

Así es la vida.

- James, ¿qué dice? - No lo sé.

Vale, ya estoy arriba.

Weldon, soy yo. Abre. Quiero hablar contigo.

No conozco a ningún "yo".

- Steve. - ¿Qué quieres?

Hablar contigo. Abre la puerta.

- ¿Estás solo? - Sí.

¿Vas armado?

¿Por qué iba a estarlo? No estoy enfadado.

No será tan tonto como para dejar que lo registre.

No quiero oír nada más de los empeños.

Quizá me pasé con algunas cosas.

Sabes que deberíamos haberlo hecho juntos.

Y yo te repito que no fui yo.

Estás hablando con Steve Richards.

Mírame a los ojos y dime que no atracaste

Empeños Cafferty con mis gafas de Groucho

y todas mis ideas.

- Adelante, dilo. - No fui yo.

¿Sabes una cosa?

Ni se te hubiera ocurrido sin mí.

Pero seguro.

¿A que fue fácil?

Has conseguido 20 000 dólares.

Eso ponía en el periódico.

- Voy a hacer una cosa. - Adelante.

Pero, si no llegamos a un acuerdo,

- te daré para el pelo. - ¿Qué acuerdo?

Voy a darte 25... ¡Oye!

Te daré 2500 dólares.

Una palabra más de la tienda de empeños y sales por la ventana.

- Estamos desconectados. - Habrá sido Steve.

No hay confesión del tal Weldon, James.

¡Ven aquí, pringado!

- ¿Qué he hecho? - Cierra el pico.

- Cierra el pico. Calla. - No he hecho nada.

¿Qué quieres ahora, Steve?

- ¡Policía! ¡Al suelo! - Está bien.

- ¿Por qué? ¿Qué hemos hecho? - Al suelo.

Manos a la espalda.

¿A qué viene esto?

Yo soy el primer sorprendido. Me han agarrado también.

- No creo que sea coincidencia. - ¿Armas?

No tengo armas. ¿Qué creen que es esto?

Vaya colección de relojes, Weldon.

- ¿Qué tal, Sal? - Quiero cambiarme de ropa y afeitarme.

Bueno, si corroboras lo que dijo Rudy, nos tomamos un descanso.

¿Cómo voy a corroborarlo si no es verdad?

No quería robar a nadie. Vosotros sí.

Por eso lo dejasteis en casa.

Él no estaba,

así que no sé de qué habla.

Lo que hicisteis lo ha puesto enfermo.

Está en el hospital.

Estamos cerrando el caso, Sal.

En vez de perder tiempo mintiendo, deberías hacerte un favor.

Bobby dice que no conducías tú, que conducía él.

Eso va a ser importante, Sal. El conductor tendrá menos problemas.

Deberías ser sincero con eso ya.

Bueno, respecto a eso,

Bobby no conducía y puedo demostrarlo.

- ¿Cómo? - Bobby estaba demasiado borracho.

¿Quién metió a la prostituta?

No hubo prostituta. No teníamos dinero para eso.

¡Queríais su dinero!

Queríais violar y robar a una prostituta para gastaros su dinero bebiendo.

Algo pasó en ese coche

y matasteis a la prostituta.

No había prostituta.

Está bien.

Una cosa te digo, Bobby. Es mejor que no mientas más con esto.

No quieres que el jurado vea fotos del cuerpo de esa mujer.

¿Sabes cuánto calor emite un neumático ardiendo?

¿Sabes cómo supimos que estaba embarazada?

Se veía el feto.

Se le había quemado la carne.

¿Me escuchas, Bobby?

¿Sabes qué pensará el jurado cuando vea esas fotos?

No fuimos nosotros.

Nos la tiramos y la soltamos. Si alguien más

le hizo algo después, lo siento.

Estoy muy cansado.

Dos cosas te digo, Bobby.

Vas a estar aún más cansado.

Antes de que esto termine, me dirás la verdad.

Ese hijo de puta no cede.

El otro ni siquiera reconoce que la recogieron.

¿Nos tomamos una hora?

Van a soltar al chaval de Bellevue.

Voy a llevarlo a ver a su padre.

¿Por qué no pruebas con este capullo?

No. Le doy un par de minutos.

- Que crea que va a poder dormir. - Ya.

¡Verás cuando se sepa, Steve!

Te tendrían vigilado.

- Steve Richards, ¡el chivato! - Calla, Weldon.

- ¡Un puto chivato! - Que te calles.

Reza por no volver a la cárcel, Steve.

- Te van a agrandar el agujero. - ¡Que te calles!

El uno y el dos están llenos.

Me llevo a Weldon a Anticrimen.

Revisaré la propiedad y hablaré con el jefe.

- El primer día, Steve. - Arreando, Weldon.

Tiene suerte de que no te arreo por tirar del cable.

- No sé a qué se refiere. No. - ¿Ah, no?

Desconectaste el cable cuando te ofreció 2500.

Quizá te detengan por esa tontería.

Si no funcionaba el cable, sería algo técnico.

No puede culparme por eso.

Donna, no usas mucho maquillaje, ¿verdad?

Disculpe. Tengo trabajo.

Claro, claro.

¿Teniente?

Está bien. Llamadme cuando sepáis algo.

- ¿Qué tal ha ido? - Tenemos un detenido.

Tenía joyas de la casa de empeños,

pero no sé si el registro colará.

¿Tenéis causa probable grabada?

Steve llevaba el micro

y el otro tío no reconoció que fue él.

Le dijo a Steve que le daría 2500 dólares.

De pronto, se apaga la comunicación. Fue Steve.

- Y entramos. - Quizá perdamos el registro.

¿Traemos a la pareja de los empeños,

- a los que robaron? - Sí. Haremos un reconocimiento.

Vale.

Donna. Es la señora Santiago. Debería hablar con el inspector Simone.

- ¿Qué pasa, sargento? - Hola, inspector.

- Esta es Valeria Santiago. - ¿Cómo está, señora?

Quiere denunciar la desaparición de su hija.

Me lo ha contado un poco. Creo que debería contárselo a usted.

Pase, señora Santiago.

Siéntese. ¿Cuándo vio a su hija por última vez?

Hace dos días. Hable con ella. Iba a venir a verme.

Me temo que haya tenido un accidente.

Quiero saber si le ha pasado algo.

Deme su nombre y lo comprobaremos, ¿de acuerdo?

Carmela Santiago.

Tiene 22 años. Debería haber venido hace dos días.

Quizá aparezca hoy.

Me temo que esté en el hospital o algo.

¿Por qué cree eso?

Bueno, va a ser madre pronto.

Quizá se le haya adelantado.

¿No tiene marido ni nadie que viva con ella?

No.

Deme su dirección. Iremos a ver qué averiguamos.

No sé su dirección.

Se muda muy a menudo.

Se queda con gente, con sus amigos.

¿Tiene trabajo?

- Es camarera. - ¿Dónde?

No lo sé. No me lo ha dicho.

Señora Santiago...

por favor no se ofenda.

¿Podría su hija estar metida en cosas

- que no quiere que sepa? - ¿Cosas como qué?

Drogas. Prostitución.

¿Tiene problemas? ¿La han detenido?

Señora Santiago, ¿sabe si Carmela...? Era Carmela, ¿no?

¿Sabe si fue al dentista? ¿Lo conoce?

No. No se cuidaba los dientes.

¿Sabe si tuvo algún accidente y se rompió la pierna?

Sí.

Alguien la tiró por las escaleras hace un par de años.

- Se rompió la pierna izquierda. - ¿Por encima de la rodilla?

¿Qué le ha pasado a mi hija?

Quizá no sea su hija, pero hemos encontrado muerta a una mujer

que encaja con lo que me cuenta.

Estaba embarazada. Tenía una fractura en la pierna izquierda.

¿Dónde está? Déjeme verla.

Señora Santiago, a esa mujer la quemaron.

No podría reconocerla.

Quizá no sea Carmela.

Señora, ¿tiene una foto reciente de su hija?

Sí.

Es de la boda de su hermana.

La voy a necesitar. Si puede, dígame en qué hospital

le trataron la pierna rota.

En el Lincoln. Esta es su foto.

¿Tenemos su número?

Sí, se lo di al sargento en el mostrador.

¿Por qué no se va a casa?

- Déjeme investigar, ¿de acuerdo? - Sí.

La chica que encontraron ¿era puertorriqueña?

Señora, no sabemos si es su hija.

Está bien.

Quizá esa chica ni siquiera fuera puertorriqueña.

Mi compañero tiene algo que enseñarte.

¿Qué quieren ahora?

Sal. Siéntate.

Antes y después. Esta es Carmela Santiago.

Enseñamos la foto en la primera con la décima.

Nuestro testigo la ha identificado como la chica que metisteis en el coche.

Y a esta mujer quemada,

que pensasteis que no podríamos identificar,

la hemos encontrado por sus informes médicos.

Carmela Santiago.

La misma chica que tirasteis del mismo cuatro por cuatro

bajo el puente de Manhattan.

Bobby, ahora solo nos queda decidir de qué acusarte.

Si Sal y tú lo planeasteis desde el principio,

quizá no deberíais decir nada. Si fue un accidente,

o si uno de vosotros hizo más que el otro,

es tu última oportunidad.

Fue Sal.

Tú...

Queríais dinero para ir de fiesta.

- ¿Decidisteis robar a una prostituta? - Idea de Sal.

Sabíamos que estaban en la calle para ganarse el pan.

Claro, como un cajero automático.

Intentamos coger a una.

Quería ver el dinero, así que cogimos a la otra.

Estaba metiéndose detrás con Sal, pero cambió de idea.

Quizá le dio mal rollo Sal. Por eso la agarró.

Era fuerte. Dio golpes y gritó y...

Al final, la pudo controlar. Cuando paramos...

Había un bate de béisbol y se lo había puesto en la garganta.

- Así la controló. - Matándola.

No lo supimos inmediatamente.

Intentamos buscar un sitio para deshacernos de ella,

pero vimos que se había muerto.

Y decidisteis quemarla.

Fue idea de Sal. Para eliminar las pruebas.

Estábamos muy asustados.

Dimos un par de vueltas intentando pensar.

No tendría que haber salido así.

Nos pilló por sorpresa. Fue mala suerte.

¡Despierta, Sal!

Bobby te ha delatado. Te acusamos de asesinato.

- Eso es mentira. - Testificará contra ti.

Dice que asfixiaste a la chica con el bate.

Levanta.

¿Mentía?

¿Fue él el del bate?

Son unos mentirosos. ¡No hubo ninguna prostituta!

¿Cómo voy a matarla si no estaba?

Tú sigue por ahí, Sal. Así vas derechito a la cárcel.

¿Está mejor, señor Cafferty?

No.

Tiene dolor de cabeza desde el robo.

¿A que sí, Lloyd?

Sí, me duele la cabeza y no me encuentro bien.

¿Dónde están los sospechosos?

Tengo que pedirle que nos disculpe

- un momento, señora Cafferty. - ¿Por qué?

Bueno, usted no vio cómo se cometió el crimen.

Mi marido me lo contó todo enseguida.

Ya, pero podría contravenir la legalidad.

¿Puede sentarse aquí?

- ¿Señora? - Gracias.

Estaré aquí mismo, Lloyd.

- Venga por aquí. - Por aquí, señor.

Siéntese aquí.

Me gustaría que mirara por la ventana.

Hay seis hombres en esa sala.

Si reconoce a alguien, quiero que me dé su número

y me diga de qué lo reconoce.

Está bien.

Es un espejo de una cara. Ellos no pueden verlo.

- ¿Preparado? - Sí.

Que el número dos enseñe los dientes.

Está bien.

Que sonrían y enseñen los dientes.

Sonreíd y enseñad los dientes.

Sonreíd.

Es el número dos.

Con disfraz o sin él, tiene un diente decolorado.

Que se vayan todos salvo el dos.

Todos salvo el dos.

Vale, vamos.

Martinez.

Eres libre, Steve.

Bueno. ¿Y ese dinero que comentamos?

Te voy a dar 50 pavos.

- ¿Y los 200? - Son 150 menos por listillo.

Yo... Tío...

¿Qué se sabe de la recompensa?

Nada. Diles a los Cafferty que planeaste el trabajo.

A ver cuánto quieren darte. ¿Está claro?

Toma. Gracias por tu ayuda.

- Me corta la circulación. - Debería irse, Steve.

Donna, ¿qué te parece si tú y yo

nos damos un homenaje con 50 dólares?

- Ni lo sueñe. - Pues maravilloso.

Si tuviera tarjeta, te la daría, pero...

- ¿Sigues aquí? - ¿Yo? Ya no.

¿Qué pasa entre tú y ese tío?

Gregory, se cree un donjuán.

- Habló de ti por el micro. - ¿Y qué quieres que haga yo?

No le he dado pie en absoluto

y estás muy tonto.

Y me parece monísimo.

Dan.

- ¿Qué tal, Danny? - Bien.

¿Ves mis maletas, Danny?

Sí.

¿Son mías?

¿Voy a volver a ese sitio?

No. Son mis maletas, Danny.

Me voy a Florida una temporada.

Puedes quedarte aquí.

¿Me dejas?

No. Solo quería ver qué tal me va por allí una temporada.

¿Me tienes miedo porque te hice daño?

Tengo una lista de cosas del piso.

- Quiero repasarlas contigo. - No hace falta.

Es importante que las entiendas, Danny.

Sí. Déjala allí. No se me olvidará.

Tienes que entenderlo, Danny.

- Vas a cuidar de ti mismo. - Sí, estoy bien. Estoy mejor.

Me han dado medicinas.

Bueno...

quería verte antes de irme.

No quería hacerte daño.

Lo sabes, ¿verdad?

Tenemos que irnos, Dan.

Sí, vale.

- Adiós, Danny. - Adiós, papá.

- Tienes que hacerlo, Dan. - Ya lo has oído. Lo entiende.

Siente lo que pasó.

Sí. Ahora lo siente. Pero eso no significa que no se repita.

¿Qué le va a pasar? Estoy huyendo de él.

- Estás salvándote la vida. - Nunca lo he apoyado.

- Cuando empeoró, me refugié en la botella. - Lo pasado pasado está.

¿Te suena?

Yo te lo enseñé.

Yo...

Vámonos, Dan.

Prometo que pasaré a echarle un ojo.

Subtítulos: Aida López Estudillo

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