All language subtitles for Elizabeth Taylor - A.Little.Night.Music.1977.DVDRip.XviD

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Original subtitles

Amor es...

Tarea que nace de Siam.

Miedo da,

- por ser con sus trucos. - Trampa fatal,

o si te abrasa.

Tu vida, te puede robar.

- Solo es siempre. - Que atormenta.

Confusión, lo sé, te desquicia.

El amor que no puede el tiempo vencer.

Y el mal que nos pasa, al querer.

Mezclando, lo que sí lo es.

Y cómo demuestras tus fallos maestro de ser.

¿Cómo me ves?

¿Y mi sombrilla?

- Me he perdido, ¿podré ir a casa? - ¿Te has fijado?

- ¿Qué me dirás? - Yo qué sé.

- ¿Debo olvidarla? ¡Oh, tal vez! - ¿Por qué?

- No puede ser, ¿pude acaso? - ¿Pude yo?

Soy capaz.

Yo, no pregunto.

Practicas para no perder.

Con tus condiciones, que todos invierten después.

Amigo, se hará conocer.

Y cómo demuestra tus fallos maestro.

¿Y mi sombrilla?

Me he perdido, ¿podré ir a casa?

- Que te dirá. - ¿Qué debo hacer?

¿Podré olvidar? ¡Oh, tal vez!

Yo no respondo.

Es tarde ya.

¿Qué te decía?

Que observara.

- ¿El qué? - Algo muy extraño y curioso.

Que observara cómo sonríe la noche.

¿Por qué te sorprende? Todo es extraño y curioso.

¡Claro que sonríe la noche!

Tres veces.

Pero si eso es cierto... ¿cómo sonríe?

De repente sientes que el jazmín empieza a oler más fuerte ya.

¡Un sapo, grazna!

Y parpadean todas las estrellas de Orión.

¡No aplastes tu pecho contra el sillón si quieres que crezca!

Si no crece,

nunca serás una mujer de verdad.

¿Pero, por qué sonríe abuela?

Por las tonterías de los hombres, claro.

La primera sonrisa, es para los jóvenes, que no saben nada.

La segunda, para los tontos, que saben poco. Como Desirée.

Mamá no es una tonta.

Y la tercera, para los viejos...

que saben demasiado.

Como yo, sí.

Cook, es la hora de mi siesta.

¡Deja de pensar de una vez en tu madre, chiquilla!

Dale gracias al Señor, de que ahora estés en manos más fiables.

Ve a practicar tu piano.

El mismo caos de siempre.

"Te echo de menos. No te desanimes, cariño.

Algún día. Mamá".

Madres comunes, son todas por igual.

Friegan suelos, cuidan niños. Trincan perejil y remiendan.

Madres comunes, las esposas también.

Hacen camas, cuecen tartas.

Tú, nada has de hacer.

No, la mía.

Yo siempre he sabido que volverías a mi lado.

¡Oh, Armand!

Amor mío.

Descansa en paz, Margarit,

Dios sabrá perdonarte en el cielo

por tu gran corazón.

- ¡Luces! - Arriesga, arriesga,

cada vez el glorioso existir.

Dramas y versos. Actuar, qué glorioso existir.

Flores nunca les regalan a las madres.

El gozo nunca conocen, pobres madres.

Pero ellas, tampoco pueden,

abatirse, hay que sonreír.

Sé que se me ha hecho tarde, pero no podía morirme.

Emparedados, mas si quiere un manjar, comerá.

Sola está a veces. Mas después, los más guapos tendrá.

Las madres jóvenes, nunca se rebelan.

Y las madres jóvenes, nunca salen fuera.

Pues las madres no pueden solas, un papel han de hacer.

Mamá, es otra cuestión.

Ella es la mejor.

Aunque su broche, vidrio es,

y sus trajes gastados, aunque en segunda.

Ella de viaje, en el mundo ha estado.

Pero este verano, pronto ya a visitarme vendrá.

Y el mes de junio, pronto ya juntas vamos a estar.

La hijas jóvenes piensan,

que es perfecto, vivir con madres comunes,

todo el tiempo. Pero las hijas comunes,

no reciben noticias así.

- Bella y alegre. - Querida condesa.

- Y popular. - Qué glorioso existir.

Brillantes frases, recitar. Qué glorioso existir.

Las madres comunes, nunca van reunidas.

Las madres comunes, no van a las citas.

Pues las madres comunes, siempre,

con sus niños están.

Es hermoso, lo sé.

Más, no tiene que hacer.

Con la gloria de...

¡Majestad!

Bürgermeister.

Concejales. Damas y Caballeros.

Siento un gran placer,

al declarar abierto este árbol.

Quiero decir, plantado.

A la memoria del famoso escritor austriaco,

el señor Arthur Schnitzler.

Yo soy princesa, presa por bestias.

Rugen y gruñen. Resoplan sin tregua.

Ella en su reino, con sus disfraces,

vive una vida, de sobra excitante.

Pero este verano, galopando me va a rescatar.

Este verano...

cual mi Reina, mi madre vendrá.

Las madres comunes medran

en privado.

Las madres comunes pueden soportarlo.

Las madres comunes siempre se olvidan de vivir.

Cocinando, sin fin.

Ignorando el placer,

del glorioso vivir.

Hola.

- Buenas tardes, abogado Egerman. - Buenas tardes.

Quisiera saber si tienes dos entradas bien situadas para la función de esta noche.

Desde luego señor Egerman.

¿Qué? ¿Una sorpresa para su esposa?

Sí.

- Toma. - Sí, señora.

¿Erich?

¿Erich querido?

¿No puedes tocar algo que sea menos triste?

No es triste, es profundo.

Pues la verdad es que me produce una profunda melancolía.

Ven a hablar conmigo a mi habitación.

¡Hola!

"Discurso sobre la tentación".

San Agustín dice:

"No puede remediar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza.

Pero sí puede remediar que hagan nido sobre tu cabello".

¡Oh, Dios! También es triste.

No quedan muchas cosas divertidas para un...

hombre que va a entrar en el Ejército de Dios.

¡Oh!

¡Mi lana!

La puedes poner... aquí.

Mi falda no es la morada del diablo, ¿sabes?

¡Oh! Ahí está tu padre.

¿Frederick?

¡Oh, Frederick! Mira quién está aquí.

Más alto que nunca.

- ¡Hola, hijo! ¿Cómo te ha ido el examen? - La verdad, es que no...

Seguro que lo has aprobado sin problemas.

- El Padre Johan... - Espléndido, nos lo tienes que contar luego.

Querido esposo, ¿quieres tomar el té?

No, ahora no.

He tenido un día muy largo en el Juzgado.

Y puesto que nos espera una noche muy larga...

Creo que deberíamos hacer la siesta.

¡Oh, entradas para el teatro!

Una comedia francesa.

¡Oh! "Es una mujer del mundo", con Desirée Armfeldt.

¡Oh, Frederick! Es maravilloso.

¿Qué me pondré?

El azul con plumas. Auténticas plumas de ángel.

¿O el verde?

Ya está, el rosa. Con el escote.

Erich, tú me lo puedes abrochar.

Lo siento hijo, debí haber recordado que venías hoy, y comprar tres.

Pero tal vez, no sea apropiado una comedia francesa.

¿Por qué todo el mundo se ríe de mí?

¿Es tan ridículo hacer algo bueno para el mundo?

Me temo que ser joven es lo que resulta ridículo.

Lo bueno tiene ser tan bueno y lo malo tan malo.

¡Tantos superlativos!

Pero supongo, que ser viejo, no es nada ridículo.

¡Ajá!

No hablemos de eso.

¡Oh! Eres un ángel por haber pensado en el teatro.

A mí también me gusta.

¡Claro que sí! Y mucho más si la protagonista es Desirée Armfeldt.

Me pregunto cómo me sentaría a mí ser única.

¡Una mujer incomparable!

Ann Egerman.

Pobre Frederick, ¿todavía te hago feliz

después de once meses?

Sé que soy una tonta por tener tanto miedo.

Y tú eres tan paciente.

Se me pasará.

Sé que me crees una tonta por preocuparme tanto, pero es así.

¡Oh, no! Me está saliendo un granito.

¡Ves, me convierte en estúpido! Virgen y púdica voy a pensar.

¡Oh Frederick! ¿Puedes creerme? Ha sido un día durísimo.

- No me han dejado en paz. - Hay dos formas magníficas,

una es violarla y otra es desear.

Y esa horrible señora de al lado.

Y por violarla, me inclino, es la más sencilla opción.

Tener paciencia con los sirvientes.

Desplegar mis encantos, o bien recurrir a la fuerza y pasión.

Con mis pantalones puedo tropezar.

Y luego me llamó mi madre.

Tu pelo enredado, su roto corsé.

Mi ansia vibrando, mis nervios a cien.

Frederick, me gustaría tener un perrito.

Mientras me desnudo, tiempo perderé.

Y por aburrirla, yo nada obtendré.

Podías estar celoso de mí,

como el moro de Venecia.

Hay que encontrar el intríngulis, buena estrategia para no fallar.

¿Sabes qué me gustaría?

Estudiar italiano.

Bien, sólo veo dos formas, la de seducir, o bien atacar.

Si pongo en práctica el B,

es decir, el talante lascivo y fatal.

La camisa me pongo, verte sin ropa sería genial.

La idea me gusta, no estoy nada mal.

Mejor sin embargo, la luz apagar.

Pero a media tarde con mi camisón.

Absurdo me siento, parezco un bufón.

Y si la seduzco, ¿qué puedo yo hacer?

Aunque es impaciente, podría leer.

Sabiendo sus credos y amor al romance.

Con tal si me excedo, di que eso es bastante.

Arruinó mis planes de amor.

Mis obras no encajan en esta cuestión.

Si amabas a Leo se va a desmayar, las brotes me gustan pero fallarán.

Su busto es más suave, ¡qué calamidad!

Al menos que un cuento, le pueda contar.

Y él dijo: "Usted es una mujer muy bella".

¡Qué tortura ridícula, esto es absurdo! Yo voy a estallar.

Sé qué pulsera ponerme, pero los pendientes...

Si hay otras formas, las pensaré luego.

Quiero descansar.

¿Cómo estos?

Los de diamantes, no.

No, es mejor dejar y mi plan revisar.

Pues dormir yo no podré, sin la duda salvar.

Y es que volar e ir hacia esto,

ahora y siempre.

¡Erich!

¡Oh! No hagas ruido, tu padre está durmiendo.

Luego.

Luego.

Luego.

Tantos luegos.

Luego Erich.

Luego.

Si lo sé

Erich, debes comprender.

Erich, sí. Erich, hay algo que me impide vivir.

Si mi mente, no soporta, no es problema.

Erich sí, Erich no.

Erich, debes comprender.

Luego, Erich.

- Y... - Luego.

- Quiero yo. - Cuántos luegos.

- Y... - Luego.

Erich, luego, solo luego.

Dentro de muy poco. Ríe Erich.

Ríe.

Soy como un viejo.

Cuando salves.

Tú. Cerca estás.

Si yo me equivocara.

¿Me amarías luego?

Si yo me equivocara.

Tú te hartarías de mí, luego.

Siempre.

- ¿Es igual que en la fotografía? - ¿Quién, querida?

Desirée Armfeldt, claro.

Y yo que sé.

Yo creía que...

- ¿Qué creías? - Nada.

Por aquí.

Pasa.

Cuéntame algo de lo que se habla de esa extraordinaria condesa.

Se dice que tiene tantos amantes, como perlas que lleva.

¿Y qué hay de su marido?

Señora, se dice de él, que es una de las perlas, más bellas.

¿Y no es así?

Me aceptó como amante, durante tres meses,

y luego me lo devolvió.

A la condesa, le falta decencia.

La condesa de Salim de France de Tour.

¡Querida señora de Melvin!

Qué casualidad tan encantadora encontrarla aquí.

Nos ha mirado. ¿Por qué nos ha mirado?

No creo que nos haya mirado a nosotros.

Sí, nos ha mirado.

Y luego, ha sonreído.

Le rogó que me revele el secreto de su éxito con el sexo fuerte.

Querida señora.

- Es una mujer muy bella. - Es maquillaje.

¿Cómo puedes saberlo?

Si no la conoces.

Palabra y sexo.

Es muy fácil hacer juegos malabares.

Y es muy fácil dejar caer una de las bolas.

Dejas caer, primero el corazón.

¿Señora?

Y te produce, escalofríos.

Lo cual, anula cualquier posibilidad de hacer gimnasia...

en la cama.

Dejas caer las palabras...

y no te queda más que dos bestias aparejándose.

Quiero irme a casa.

¡Me voy a casa!

Y por último, señora,

dejas caer el sexo, y tu amante volará a los brazos...

de tu más

cercana rival.

Hemos pecado.

¡Ha sido un fracaso total!

- Estos botones, ¡malditos botones! - Espera, te ayudaré.

No te preocupes por eso, pequeño Erich.

Déjala descansar un rato.

Listo.

Qué obra más corta, ¿no?

La señora Egerman, se puso enferma.

Hemos regresado.

No, ahora no. Ya te lo he dicho.

Déjala descansar.

Ya verás lo animada que estará mañana.

¿Frederick?

¿Sí, querida?

¿Has tenido muchas mujeres, entre tu primera esposa y yo?

A veces...

cuando pienso en todas las memorias que debes tener,

me siento una nulidad.

Antes de conocerte, yo era otro hombre.

Las cosas eran diferentes.

Mejores, peores.

Pero diferentes.

¿Te acuerdas de cuando yo era una niña,

y venías a cenar a casa de mi padre y me contabas cuentos de hadas?

¿Te acuerdas?

Sí.

Lo recuerdo.

Entonces eras mi tío Frede.

Y ahora eres mi marido. ¿No es divertido?

Estabas tan solo y triste aquel verano...

La verdad es que me dabas tanta pena...

Así que me dije:

"¡Pobre criatura!

Me casaré con él".

¿Te vas a la cama?

Todavía no.

Me parece que me iré a tomar el aire.

Me pregunto cuántos años tendrá esa señora Armfeldt.

Por lo menos 50, ¿no crees?

No creo que tenga tantos.

Buenas noches.

Buenas noches.

Los del teatro me dijeron donde encontrarte.

¡Frederick!

Hola, Desirée.

Eras tú.

Miraba y miraba, y me preguntaba...

es él. Puede ser, es posible.

Y luego, cinco minutos después de irte...

Estaba segura.

Catorce años.

Catorce años.

Veo que tienes tanta hambre como siempre.

¡Oh, más aún!

¡Soy una loba!

Tomemos snaps.

Tú nunca has dicho que no a un snaps.

Me gustaría explicarte por qué me fui.

La chica del vestido rosa, me imagino.

No se te pasa nada por alto, ¿verdad?

Tu mujer.

Desde hace 11 meses.

Estaba ansiosa por ver la obra, se emocionó, sólo tiene 18 años.

Es aún una niña.

Así que te la llevaste a casa, la metiste en la cama con su chupete y...

su osito y la tapaste bien.

Supongo, que así es.

Y ahora, has venido a mí.

Sí.

- Todo esto es muy familiar. - ¡Oh, sí!

La misma rutina, de todos los días.

Pero a veces, debes sentirte...

sola.

Querido Frederick, si estás preguntando por mi vida amorosa...

Te diré que es muy, pero que muy... satisfactoria.

Ya.

Y. ¿quién es el agraciado?

Un dragón.

Un apuesto dragón.

Muy guapo, casado.

Que tiene, me temo, la vanidad de un pavo real,

y el cerebro de un guisante.

Pero las proporciones físicas...

No especifiques más, por favor. Me acomplejarías.

¡Oh, Desirée!

Tomaré otro snaps.

Tú mismo.

¿Quién es?

¿Qué?

Es mi hija.

No tenía ni idea.

Ella...

vino.

- Es preciosa. - Sí.

¿Viaja contigo?

No.

Vive con mi madre, en el campo.

Antes viajaba conmigo.

Pero un día mi madre se impuso como la ira de Dios.

Y la salvó de mí.

Tú no conoces a mi madre.

Siempre gana nuestras batallas.

Yo también tomaré un poco de snaps.

Sí, claro.

Salud.

Salud.

Bueno, supongo que ahora me toca hablar de mi

nuevo estado,

¿verdad?

¿Te alegras, o te quedas?

Las dos cosas, supongo.

Alivia mis penas.

De luz a mi ser.

Retorna con tus locuras.

Mi orden de ayer.

Ella es mi mujer.

Es como una estrella, que brilla sin fin.

Y hasta el sueño me crispa, dejándome así.

No puedo entender, cómo esto empezó.

Debes conocerla.

¿Por qué no? Sí lo haré.

Un mar de antojos que arremata.

¡Qué agradable su desafío!

Mas ella dice qué desgracia.

Pero cómo forzarla.

¡No puedo creerlo, es mala!

No teme. No siente.

¿Tú crees, que vencería su encanto?

Lo vamos a ver.

- Sus miedos y sus aprensiones. - ¡Qué horror!

Ella es mi mujer.

Y yo voy a traer...

¿Para qué?

La he de conocer.

¿Por qué no?

¿Una virgen?

Una virgen.

¿En once meses?

En once meses.

No me extraña, que hayas pensado en mí.

Desirée, yo...

¿Sí?

¿Te parecería...

poco delicado, si te pidiera que...

No sé cómo decirlo.

Dilo, querido.

¿Lo harás?

¡Claro que sí.

¿Para qué están los viejos amigos?

- ¡Espera aquí! - Sí, señor.

Parece que no haya pasado el tiempo.

Sí, es cierto.

¿Quién puede ser?

No puede ser.

¡Dios mío, el dragón!

¡Imposible, está haciendo

maniobras a 30 millas de aquí!

¿Desirée?

¡Es él!

Tienes que dejarle entrar, sabe que estoy aquí. La portera...

¿Tienes algo que pueda ponerme?

Sí, allí.

¿Viajas con esa bata?

¿Desirée?

¡Desirée!

¿Es muy celoso?

Terriblemente.

Se supone que esto no es gracioso.

¿Qué debo decirle?

No te preocupes. Recuerda que tú eres actriz y yo un abogado.

¿Desirée?

¡Carl Mittelheim!

¡Qué sorpresa tan agradable! Adelante.

Dime, ¿vas a quedarte mucho?

Tengo 20 horas de permiso.

3 horas para venir aquí,

5 horas con mi esposa y

20 horas.

¿Te importa que me quite mi uniforme...

y me ponga la bata?

Bueno, en este momento, está ocupada.

Eso ya lo veo.

El Conde Mittelheim, el señor Egerman.

Señor.

¡Señor!

Creo que debo darle una explicación,

porque a lo mejor le parece una situación inusual.

Durante muchos años he sido el abogado

de la madre de la señora Armfeldt, y también su amigo.

Tiene un juicio mañana por la mañana, nada importante.

Y preparándolo, me di cuenta esta noche,

que había unos cuantos papeles que se tenían que firmar.

Me informaron de que la compañía de teatro de la señora Armfeldt,

estaban presentando su obra, en la ciudad.

He podido conseguir la dirección de su apoderado, y aunque ya era muy tarde,

- y ella estaba durmiendo... - Sí, le he dejado pasar, claro.

¿Y después?

¡Oh!

¡La bata!

Es que...

Desafortunadamente señor,

mientras atravesaba la habitación oscura, de la señora Armfeldt,

para ir al baño, tropecé con su bidé y...

mi ropa se mojó.

La señora Armfeldt, muy generosa, me dejó esta bata,

hasta que se secaran mis ropas.

En la habitación.

Bien, en ese caso, señorita Armfeldt,

sugiero que vaya a la habitación y compruebe si la ropa de este caballero ya esté seca.

¡Oh, claro!

¿Le gustan los duelos, señor?

No estoy seguro, nunca lo he probado.

Yo he hecho siete duelos.

Con pistolas...

con puñal,

con sable,

me han herido 5 veces.

A parte de eso, he sido muy afortunado.

Estoy impresionado.

- ¿Sabe lanzar cuchillos? - Sí.

La diana será... ese cuadro.

La anciana, su cara.

El ojo derecho.

- ¡Bravo! - ¡Está siendo insolente, señor!

Pues claro, señor.

No están muy secos.

¡Oh, Dios mío no!

Ya veo que no.

Señorita Armfeldt, quizá debería ofrecerle uno de mis camisones.

Gracias, gracias. Pero yo...

Creo que prefiero mi ropa.

Esperaré.

Desafortunadamente señor. ¡No tiene tiempo para ello!

El camisón.

No, no. Estoy seguro, que podré encontrarlo yo mismo.

Su bata, señor.

Bien.

Buenas noches, señorita Armfeldt.

Gracias por su colaboración.

Buenas noches, ¡oh!

Por favor, déle recuerdos a mi madre.

Es muy amigo de mamá.

- Bueno, debes de tener mucho apetito. - No tengo apetito.

¡Claro que sí!

Será sólo un momento.

Buenas noches, señor.

¿Cómo está hoy la señorita, Desirée Armfeldt?

Espero que se encuentre bien.

Charlotte, querida.

Me quedan exactamente...

¡Esta semana, 5 horas!

La última vez, fueron 4.

Vamos ganando.

Tenía un invitado.

Un abogado, en camisón.

¡Vaya! Eso sí que es interesante.

¿Qué hiciste?

Lo eché.

- ¿En camisón? - Con mi camisón.

¿Qué clase de abogado?

¿Criminalista?

¿Político, empresarial?

¿Testamentos?

¿No es cierto que esa amiga de tu hermana, Ann Wieber

se casó con un tal Frederick Egerman?

Sí, es cierto.

¡Frederick Egerman!

¿Qué vas a hacer hoy?

¿Después de las 5 horas?

No, ahora mismo. Necesito dormir un poco.

¡Ah, ya veo!

Bueno, en ese caso, tendré que cambiar todos mis planes. A ver...

¿Qué es lo que puedo hacer hoy?

Ya sé.

Nada.

¿Por qué no le haces una visita a esa amiga de tu hermana?

Seguramente no tiene ni idea de lo que ha estado haciendo su marido.

Yo podría informarla, ¿no?

Pobrecito Carl.

¿Tan celoso estás?

Un hombre civilizado, tolera las infidelidades,

de su esposa, pero cuando se trata de su amante...

uno se convierte en tigre.

Yo más bien, creo que se convierte en cabra.

O rata.

Bueno.

Si vuelvo dentro de dos horas, aún me quedarán tres, ¿verdad?

Eres una buena esposa.

La mejor.

Cada día muero yo.

En la cama, en el salón.

En la plata y en las cortinas, en el baño y el fogón.

Cada día duele más.

En mi mente y corazón.

En mi pobre suspirar, y me mata sin sentir, cada día un poco más.

Como un perrito, soy yo.

Siempre digo: "Sí".

Sin apenas atenciones vivo yo.

Tus caricias mendigar.

ÉI es el amo y señor.

El amor, no sale a cuenta, el dolor.

Aguardando sin cesar,

que regrese a mí.

A la espera de un elogio, sin decir.

Y el dolor me gruñirá.

Que el café, muy frío está.

El amor, es mal negocio.

Ya llegué.

Querida, ¿cómo funciona tu matrimonio?

Estoy encantada.

Tengo todos los vestidos del mundo.

Una criada que me cuidad muy bien.

Y esta encantadora casa.

Y un marido que me mima sin parar.

Supongo que esta lista,

me la has dicho, por orden de prioridades.

¡Oh, Charlotte! Siempre decías cosas tan divertidas.

Aún las digo.

Muchas veces me río hasta quedarme dormida, contemplando mi futuro.

Bueno, querida.

Acerca de tu marido.

¿Cómo lo evaluarías,

como hombre?

No sé muy bien, ¿a qué te refieres?

Te voy a poner un ejemplo.

Como hombre, mi marido podría evaluarse, como...

piojo, bastardo,

orgulloso, pedante, egoísta, adúltero.

Que siempre me hace hacer las cosas más humillantes

y degradantes, como...

¿Cómo qué?

¿Por qué le aguanto?

¿Por qué dejo que me trate como a un cabo intimidado de su tropa?

¿Por qué? ¿Por qué? Te diré porqué.

Le odio.

Le detesto.

Le quiero.

¡Maldita sea esa mujer!

¡Ojalá se pudra eternamente en un camerino infernal!

Con pintalabios de fuego, y maquillaje de azufre.

Y todas las carteleras del infierno, anunciando...

"Desirée Armfeldt" en, en...

"El pato salvaje".

¿Desirée Armfeldt?

Pero, ¿qué te ha hecho ella?

Qué es lo que no me ha hecho, dirás.

Ha esclavizado a mi marido.

Y también al tuyo.

¿Frederick?

Anoche estuvo con ella.

En su cuarto.

En camisón.

Mi marido lo echó a la calle. Se puso...

muy celoso.

Me ordenó que viniera a aquí, para contártelo.

Y eso estoy haciendo.

¡Oh, Dios mío! Me he convertido en un monstruo.

Charlotte, ¿es cierto?

¿Frederick estuvo allí anoche en camisón?

Con el camisón de mi marido.

Lo sabía.

¿Limonada, señora?

¿Limonada, Charlotte?

Limonada.

¡Ojalá, me ahogue!

Cada día, morirás.

En los labios y el mirar.

Los murmullos del silencio, en los gestos morirás.

Cada vez, dolerán más.

De mentiras, vivirás.

En tu pobre suspirar, ni siquiera notarás.

Que te mata, sin piedad.

Me sonríe y sin rubor, dice amarme a mí.

Le asesinaría yo, por su mentir.

De sus guerras me hablará.

De sus putas, bromeará.

- El amor, es repugnante. - Es verdad.

De rodillas, estoy yo.

Un beso me da.

Cree que rallo, en la demencia y es verdad.

Es un necio, es un bribón.

El amor, no es solución.

- Es un asunto dominante. - Es verdad.

- Cada día, morirás. - Cada día, moriré.

En la cama y el salón. Y en los labios y el mirar.

En la plata y en las cortinas. En el baño y el fogón.

En los besos, moriré.

- Cada día duelen más. - Cada día moriré.

- En tu mente y corazón. - De mentiras, viviré.

Y tu pobre suspirar, ni siquiera notaré.

Que me mata, sin piedad.

Última actuación.

- ¡Por las vacaciones, un brindis! - Un brindis, desde luego.

Yo pienso meterme en la cama, y dormir las dos semanas enteras.

¿Dormir, con quién?

Eso da lo mismo, querida.

Oye Desirée, me alegro mucho que nos des vacaciones.

¿Pero qué ocurre?

No nos engañes, tú estás tramando algo.

Tal vez sí.

- Tal vez, no. - No seas aburrida.

¿Qué es lo que pasa?

Se me ocurrió que si no intento hacer que suceda alguna cosa ahora mismo...

Podría estar interpretando a Camille, toda mi vida.

Perder a un amante...

o incluso a un marido en el curso de la vida,

puede ser grave.

Pero perder tus dientes es una gran catástrofe.

Piensa en ello hija mía, mientras te estás comiendo tranquilamente esa galleta.

Sí, abuela.

¡Mamá!

¡Querida, cómo has crecido!

¡Estás guapísima!

¡Hola, mamá!

Dime, ¿cuál es el motivo inesperado de esta visita?

Bueno, decidí venir a veros a las dos.

- ¿Tanto te sorprende? - Sí.

Veo que no estás de muy buen humor.

Si has venido para llevarte a Fredericka...

la respuesta es no.

Yo no tengo nada en contra de tu forma de vivir.

Sólo contra tus caprichos.

Puesto que yo tengo una mansión espléndida,

y un buen equipo de sirvientes...

Lo más lógico es que mi nieta aproveche todas estas ventajas.

¿No estás de acuerdo, querida?

La verdad es que no lo sé abuela.

Sí que lo sabes, querida.

Bueno, Desirée,

estoy segura de que quieres alguna cosa si no, no hubieras venido.

Muy bien madre.

Tenemos un par de semanas de vacaciones, y quería...

Invitar a unos amigos a pasar el fin de semana.

Sin son actores, tendrán que dormir en los establos.

No son actores, madre.

Un abogado y su familia.

Frederick Egerman.

En mis días íbamos a la oficina del abogado, de vez en cuando.

Pero no consultábamos a sus familiares.

¡Oh! Entonces será un cambio agradable para ti, ¿verdad querida?

Tengo mis sospechas, pero...

- Está bien. - Esta es su dirección.

No preciso decir que seré amable con tus invitados.

No obstante,

no pienso servirles mi mejor Champán.

Lo estoy guardando para mi funeral.

Madame, la han invitado. Madame, me la han entregado,

Madame, el sobre he mirado, es elegante ¿no es verdad?

¡Es excitante, qué oportuno!

Que letra tan elegante.

¿De quién es? Yo me pregunto.

Lo he de leer. ¡Lo he de leer!

Su amable, ayúdame Petra, presencia.

Me honra, etcétera, etcétera. Madame Leonora Armfeldt.

¡Oh, no!

- Dos días en el campo. - Nos invitan.

¡Qué terrible complot! Dos días en el campo.

- Es excitante. - No señor.

Una fiesta en el campo, imagina.

Una fiesta, en el campo.

- ¡Insultante! - ¿Pero por qué?

Esa mala, esa Arnfeldt. ¡Una artista!

Una arpía, eso pienso de Armfeldt.

¿Cómo osa pensar que yo pueda aceptar

dos días en el campo? ¡Qué insultante!

¿Qué me puedo poner? Dos días en el campo.

Allí moriré.

¡Oh, mamá! Gracias.

Querida,

¿qué te parecería, si tuviéramos nuestra propia casa?

Si sólo actuara de vez en cuando y si viniera...

un hombre, que sería un padre maravilloso para ti.

¡Oh, ya entiendo!

¡El abogado!

El señor Egerman.

¡Mi niña! ¡Eres increíble!

Madame, le han invitado.

¿Quién es? Empieza por "A".

Armfeldt tendrá algo que ver, con la malvada Desirée.

En realidad, muy raro es.

Fenomenal, nos vendrá bien. Dos días en el campo.

Será hermoso de aire puro gozar.

Dos días con la bruja.

- En el campo. - ¡Qué cruel!

Dos días en el campo, con las flores.

¿Quién decide qué hacer?

Dos días en el campo.

Querida es nuestra obligación.

Mamá, sé que no es asunto mío.

Pero ese dragón, del que hablabas, el del bigote.

¡Ah, ese!

Por años que pasen, nunca entenderé cómo pude fijarme en él.

¡Es de hojalata! Brazos, piernas,

cerebro, tin tin.

Cerebro, tin tin.

- AI campo, será divertido. - AI campo, que desfachatez.

No iremos, está decidido.

- ¿Por qué no? Tú debes ir. - ¡Oh, no!

- Dos días en el campo. - Es horrible.

No, te voy a contar. Si todo bien planeas.

No es temible, ya verás.

Flores pon en tus cabellos. Que te vea natural.

Ella ya no es una niña, y estará reventada antes de terminar.

No te niegues ir al campo. ¿Aceptamos?

Ya lo sabía yo. Dos días en el campo.

Sí, es cierto, tenemos que ir.

El Conde Mittelheim, es muy celoso, ¿verdad?

¿No crees, que vendrá galopando, montado en un gran caballo negro,

blandiendo una espada?

¡Oh, Dios mío! No se me había ocurrido.

¡Oh, no, no!

Por suerte, su mujer cumple años esta semana.

Es un día sagrado entre ellos.

Y él no podrá escaparse.

Ella se ocupará de él.

Esto me intriga, que es un feo asunto.

¿Qué?

Los Armfeldt, fiesta van a dar.

¿Y qué?

Irán al campo, no sé si explicarte.

El letrado estará allí, vestido esta vez.

- ¿Qué dices? - Es cierto.

- No puede. - Redúcelo a dos.

- No debo. - Puedes, sin embargo.

¡Egerman! Sí correcto, mi amor.

Dos días, en el campo.

- Qué agradable. - Qué placer asistir.

Dos días en el campo, para ti calma.

- ¿Quieres ir? - No estamos invitados.

Sin tarjeta no es correcto acudir.

Dos días, en el campo me seduce.

¡Oh, señor!

Y me gusta tanto, si en el cielo luce el sol.

- Te mereces un descanso. - ¿Yo?

Nunca sales tú fuera, y no es bueno, mi amor.

Dos días en el campo.

- ¡Qué vergüenza! - Mi equipaje, harás.

Dos días en el campo.

- Date prisa, no debes tardar. - No voy.

- Sí vas. - ¡Que no!

Nos vamos sin más, que pronto hay que llegar.

Puedes largar, yo me quedo en mi hogar.

- Yo voy. - Yo no.

Vamos.

Cargar mi escopeta, traer qué bien.

- Charlotte. - Yo no quiero ir.

- Charlotte. - No hay por qué gritar.

Bien, iré.

Dos días, en el campo paseando.

Conversando sin más.

Dos días en el campo.

Dos días en el campo, sin tensiones de ciudad.

Dos días en el campo, haciendo vida social.

Le recibo, en mi cuarto.

Y les doy bien de comer.

Me retiro al dormitorio,

y hasta el lunes que viene, no aparezco otra vez.

Dos días en el campo, madrugando para no trabajar.

Dos días en el campo.

Dos días en el campo.

Ya zumba el panal.

Son abejas mundanas.

Que frivolidad.

Al diablo se venden, no saben qué hacer.

Será interesante, de ver.

Lo que ocurre, es que hay un pequeño problema.

¿Un problema?

Sí.

El abogado Egerman está casado.

¡Oh Dios! Esto sí que se puede considerar un problema, ¿verdad, mamá?

Pero no te preocupes por mí.

Pase lo que pase, estoy preparada.

No me asusta, nada de nada.

Por algo fui educada, por tu abuela.

Dos días en el campo, que vamos a pasar.

Dos días en el campo, disfrutando sin parar.

Los faisanes, escondidos.

Dos días en el campo, nos lo vamos a pasar genial.

Dos días en el campo.

Sin más preocupado.

Feliz cumpleaños, voy a tener.

- ¿Qué? - He dicho que...

no importa.

Si este maldito abogado, cree que se va a salir con la suya...

Seguro, querido.

Vigílale, Charlotte.

- Vigílales a los dos como... - ¿Un halcón?

Ya sé, querido.

Tú eres un tigre y yo el halcón

Somos un zoo ambulante.

- Anne, tu pañuelo. - Gracias.

Se te habrá caído.

¡Eh, maestro Erich!

- Tu libro. - Gracias.

Se te habrá caído.

Por favor, déjeme a mí.

¿Qué le deje hacer qué?

¡Espera!

Buenos días, señor.

No sabía que usted, también era uno de los invitados.

Tampoco, la señorita Armfeldt.

¡Ah! Ya están todos aquí.

Un desastre, querida.

¡Conde Mittelheim!

Mi mujer y yo, fuimos a visitar a su prima muy cerca de aquí.

Desgraciadamente, al llegar, descubrimos que la casa estaba en cuarentena.

Por...

La plaga.

¡Oh!

Como yo tengo que ir, a hacer maniobras, muy pronto...

se nos ocurrió quedarnos aquí...

esta noche.

¿Ah, sí?

¿De veras?

¿Y por qué no?

Será un honor para mi madre, una sorpresa.

Pero un honor.

La Condesa Mittelheim, supongo.

Lo ha acertado.

Señor Egerman, son muy amables,

por haber venido. Mamá estará contentísima.

Su madre, ha sido muy amable, invitándonos.

Debo hablar contigo, en cuanto puedas.

Deje que le presente, a mi esposa.

- ¿Cómo está usted? - Encantada.

Y esta es mi hija.

Mi hijo, Erich.

Bueno, estoy segura que deben estar muy cansados.

Después de un viaje tan largo.

Los sirvientes, les acompañarán a sus habitaciones.

Así que, ¿también has venido?

Debemos hablar, en cuanto podamos.

¡Oh, Dios mío! ¿Por qué he venido, a casa de esa mujer tan horrible?

- Quiero irme a la mía. - No te preocupes.

La señorita Armfeldt, ya está acabada.

¿Y por qué?

Por mí.

Cuando le conté a mi marido, lo de vuestra invitación,

se puso como un tigre.

Es una expresión suya. Y luego...

se me ocurrió...

un plan, como un regalo del cielo.

¿Quieres oír mi plan, querida?

Yo, voy a hacer el amor con tu marido.

¿Tú también?

Segura de mis encantos irresistibles,

me echaré en los brazos de tu marido, y él, sucumbirá.

¿Por qué no?

Mi marido, en un ataque de celos de tigre,

Me implorará el perdón y me jurará fidelidad eterna.

Y en cuanto a la señorita, Desirée Armfeldt,

tendrá que ira vender, sus dudosas...

comodidades, a otro lugar.

Y este es, nuestro plan.

¡Oh, qué divertido!

Extremadamente, divertido.

Pobre, Frederick.

ÉI se lo ha buscado.

No creo, que me guste ese comentario.

¡Oh, no pares!

- Es muy hermoso. - ¿Hermoso?

Es cacofónico.

Es la locura, desenfrenada de un fracasado.

Si supieras.

Señorita,

- ¿Señorita? - Armfeldt, no soy legítima.

¡Oh, ya veo!

Durante toda mi vida, he hecho que todo fuera un fiasco.

Sólo si usted supiera, lo poco que me aprecio.

Si supiera cuánto desearía haber sido,

uno de los espermatozoides, que no llegaron al útero,

Mire, ¿lo ve? Lo he vuelto a hacer.

Señor Egerman,

He viajado mucho en compañía de mi madre.

Soy bastante extrovertida.

¿De veras?

Entonces...

- ¿Podría confesarle una cosa? - ¡Claro!

Nos acabamos de conocer, no quiero ser pesado.

Pero, si me lo quedo todo para mí, ¡me voy a volver loco!

¡Oh, señorita!

En los últimos, once meses,

he estado, preparándome para hacerme cura.

Pero...

¿Qué, señor Egerman?

Que desde entonces...

estoy completamente, enamorado de mi madrastra.

¿Se da cuenta de los pecados mortales que implica esto?

Si yo no hubiera ido al teatro,

nunca hubiera venido al campo.

Y si yo, nunca hubiera venido...

Todo habría seguido igual.

¿Señor?

¿Señor?

Si ella fuera una sota.

Si empezara a engordar.

Si ella estuviera dejada y graznara al hablar.

Si no estuviera llena de encantos,

no sería tan trágico.

- Sí. - Sí.

Si ella cacareara y no fuera sensual,

si estuviera amargada o al menos luciera fatal.

Y si fuera un vejestorio, en lugar de ser tan genial.

No sería tan trágico.

Pero ella es tan perfecta que me siento morir.

Bien, quizás no es perfecta, todo lo hay que decir.

Si ella fuera perfecta, partiría de aquí.

No sería tan trágico.

- Señor. - Señor.

Si la viera agitada, no sería un horror.

Y de mí se burlara, sin mostrar pudor,

si no estuviera llena de encantos,

no sería tan trágico.

- Sí. - Sí.

Si se hiciera la lista, o la viera gozar,

si llorara histérica, o quisiera escenas montar.

Si yo pudiera creer que en ella no hay que confiar.

No sería tan trágico.

Pero ella, es tan perfecta, nada me va a negar.

La carne es muy débil, no podré aguantar.

Si perfecta ella fuera, no sería igual.

No sería tan trágico.

- Si fuera una viciosa. - Si abusara de mí.

- Si fuera empalagosa. - O nada sintiera por ti.

- Si antipática fuera. - O arisca.

O poco pueril. No sería tan trágico.

- ¿Qué? - Sí.

- Sí fuera una mandona. - Si no estuviera aquí.

- Si en la cama no fuera. - ¿Qué dices?

- ¡Prosigue! - Feliz.

- Si ella una tímida fuera. - Casada.

- Llorona. - No es.

No sería tan trágico.

Pero ella es tan perfecta, todo puede ocurrir.

Y mi dicha no puede nada destruir.

Y ella es tan perfecta, ¿y este qué hace aquí?

Señor.

Señor.

No sería tan trágico.

Perdonen. Conde Mittelheim, mamá dice que quiere hablar con usted.

Dime.

¿Quieres algo?

¿Y bien?

¡Oh, Dios!

¡Oh, no!

¡Oh, no! No es nada, perdone.

¡Frederick!

¿No querías hablar conmigo a solas?

Aquí estoy.

Sí, pero la niña ha dicho que tú...

¡Oh! Eso ha sido una de las estrategias de Fredericka.

¿Fredericka?

¿Se llama, Fredericka?

Sí.

No seas niño, Frederick, ¡que presumido!

Como si tú fueras el único Frederick del mundo.

Y ¿qué querías decirme?

De hecho, sólo quería que supieras que mi esposa no se ha enterado de nada

de la otra noche.

Por eso debes ser discreta.

Por supuesto.

Nunca se me ocurriría...

causarle el menor daño a esa niña encantadora.

¿Crees que tiene encanto?

¿Cómo podría no creerlo?

Cada vez que hay tanto silencio en un salón...

Me recuerda a un juicio que tuve hace tiempo.

El Juez estaba a punto de dar la sentencia...

¿Qué hace usted aquí?

¿Por qué no?

El padre de mi hijo. Señoría, es usted.

Ya pueden imaginarse la cara que puso.

¿Así que ganó usted el caso, señor Egerman?

- ¡Espléndido! - Sí, me sentí muy orgulloso.

¡Ah! Y seguro que usted, también estaba muy orgullosa, Sra. Egerman.

¿Cómo dice?

¡Ah, sí! Supongo que sí.

Aunque, no me acuerdo de casi nada.

Procuro no aburrirla con mis problemas y victorias en el Juzgado.

¡Oh! Es usted muy considerado.

Me acuerdo que cuando yo tenía la edad de ella,

todo lo que no fuera un vestido nuevo,

un viaje, o algo de chismorreo...

me aburría hasta hacerme llorar.

Queridísima, señorita Armfeldt.

¿Por qué no nos cuenta más detalles, de su lejana y remota juventud?

¡Charlotte, ha sido un comentario estúpido!

La juventud de un hombre, Condesa, puede ser tan remota, como un dinosaurio.

Pero cuando la mujeres bella, su juventud, la acompaña a lo largo de los años.

¡Oh, señor Egerman!

¿Sabe?

¿Qué es usted un encanto?

Ann, ¿dónde encontraste a ese hombre...

tan adorable?

Me alegro mucho de que te guste.

¿Me lo dejarás un rato?

¡Oh, claro!

Al no ser que nuestra anfitriona le haya reservado alguna sorpresa.

La verdad, es que... había pensado en seducirle

para que cortara el césped del campo de Cricket.

Pero estoy segura que encontrará menos fatigante a la Condesa.

Yo de usted no estaría tan segura de eso.

Querido señor Egerman.

Espero encontrarle muslo a muslo...

empujando entre los dos el corta-césped.

Eso depende de la anchura de la máquina.

Me estoy divirtiendo tanto.

Querida señorita Armfeldt, brindo por usted.

Que ha hecho posible lo de esta noche.

Por la incomparable Desirée Armfeldt.

La querida

de cientos...

a pesar de sus obligaciones matrimoniales.

¡Charlotte, vete a tu habitación inmediatamente!

¡Basta!

- ¡Callaos todos! - ¡Erich!

¿Vas a reñirme?

Erich,

me parece que si yo estuviera en tu lugar me sentaría.

Siéntate, levántate.

Debo pasar el resto de mi vida escuchando tus órdenes como un perro.

¿Debo respetar a un hombre,

que dice cosas tan sucias y repugnantes de la más...

pura, la más inocente, la más maravillosa?

¡Os odio a todos!

¡Oh Erich, qué gracioso eres!

¿Quieres romper eso?

Puedes romper todas las copas de la casa, si te apetece.

¿Y usted?

Es artista.

Usted es quien da vida a Goethe.

¿No es usted capaz de captar las verdades

de grandes autores?

¿No es usted mejor que los demás?

¿Por qué no te ríes de todos nosotros, querido?

¿No sería una solución?

¿Cómo voy a reírme, si la vida me da ganas de vomitar?

Por favor Erich. Alguien debería detenerle.

¿Ann?

¡Vuelve!

Damas y caballeros.

Esta noche les voy a servir un vino muy especial.

Es de las viñas del Rey de Bélgica.

Quien durante una temporada de intimidad muy intensa

me regaló todas las botellas que tenía de este vino.

El secreto de su gran calidad,

es aún desconocido.

Pero se dice, que tiene el poder de abrir...

Los ojos, incluso al más ciego de nosotros.

- ¡Por hoy! - ¡Por hoy!

Y por la otra única realidad.

La muerte.

Señor Egerman.

Señor Egerman, perdone.

¿Ha vuelto a hacer algún fiasco de algo más?

Señorita Armfeldt

Esta vez, me he superado.

Me comporté como un loco. Rompí una copa muy cara.

Me humillé delante de todo el mundo.

¡Oh, señor Egerman!

Se rieron de mí.

Ann,

todos.

"Ríete de nosotros", dijo tu madre.

Pero si sólo puedes reírte del cinismo.

De la frivolidad.

Del dolor.

Yo prefiero estar, muerto. Me marcho.

¡Oh, señor Egerman!

¡Oh, señora Egerman! Estoy muy preocupada.

¡Oh, pobrecita! ¿Por qué?

El señor Egerman, el joven quiero decir, está fuera de sí.

¡Oh, querida Fredericka! Lo que acabas de ver...

Ha sido la última crisis de su relación amorosa con Dios.

Con Dios, no señora Egerman, con usted.

- ¡Oh, yo! - ¡Oh, sí! Me lo dijo él mismo.

Pobre chico, que tontería más grande.

Pero, es encantador.

Sra. Egerman, se fue corriendo hacia el lago

Se ha ido a contemplar el lago, y soñar conmigo, ¡qué bonito!

Es un chico muy guapo, ¿verdad?

Tiene las pestañas, tan largas...

¿Erich?

¿Erich?

¿Erich?

¡Erich!

¡Erich!

Erich, ¿pero qué estás haciendo?

Erich, qué gracioso eres.

¡Oh, no!

¿Qué es esto?

¿Por mí?

¡Oh, mi pobre y querido Erich!

¡Pobrecito!

Tus ojos me miran, como un San Bernardo.

Te quiero.

¡Lo he dicho!

¡Oh, Erich! ¡Erich!

Todos estos meses...

Sin darme cuenta.

Te quiero, te adoro.

Ven amor mío.

Se me ha roto el vestido con la mesa del comedor.

Con tanta tensión.

¿Va todo bien?

¡Claro!

¡Pasa!

Siéntate.

Bueno.

Estamos justo en el punto...

donde nos interrumpieron la semana pasada, ¿verdad?

No exactamente.

Recuerdo que... habíamos ido un paso más adelante.

Es cierto.

Supongo que ninguno de los dos estará pensando en repetir la escena.

¡Santo cielo!

¡Con tu esposa rondando por la casa, y mi amante!

¡Y su esposa, y mi hija!

Y mi querida y vieja amiga, tu madre.

¿No te parece horrible, mi dragón?

Cuando dijiste que tenía el cerebro de un guisante...

Tenías que ser muy generosa.

Por el amor de Dios, ¿de qué nos reímos?

¿Cómo?

Tu hijo tenía razón.

No podemos engañar a ese chico.

"La incomparable Desirée Armfeldt.

Arrastrándose por el campo, haciendo la loca.

Entendiéndose, con el marido de otra mujer".

Y el gran abogado Egerman.

Intentando...

renovar una juventud, irrenovable

¡Bravo!

Probablemente es una descripción muy acertada de los dos.

¿Quieres que te diga por qué te invité a venir aquí?

Cuando nos encontramos...

vivimos el amor.

Pensé...

quizás ha llegado por fin la oportunidad de volver atrás.

De encontrar una existencia coherente.

Después de tantos años de confusión.

Claro, que estaba...

tu mujer.

Pero yo pensé que posiblemente,

sólo posiblemente,

tú también necesitabas ser rescatado.

Un rescatado de mi... juventud irrenovable.

Es algo que se me ha ocurrido.

Cuando tengo los ojos abiertos y te miro,

veo a una mujer a la que he querido durante mucho tiempo.

Que me encantó de nuevo cuando fui a su dormitorio.

Que me hace sentir tan feliz que a pesar de todo,

he venido por el placer de volver a estar con ella.

¿Capaz de rescatarme? Desde luego.

Pero, cuando mis ojos no están abiertos,

lo cual, sucede normalmente...

Lo único que veo es a una jovencita vestida de rosa,

jugando con un pajarito.

Corriendo, entre las flores.

O esperándome...

alegre en la puerta.

Como si yo hubiera vuelto,

de Tombuctú y no del Juzgado Municipal.

No puedo creer

que tú y yo

pareja vamos a ser, que así lo cree

mi público.

Felicidad, ¿la sientes tú? Después de tanto rodar, contigo estoy.

Más dónde está el público.

Tanto buscar, sin encontrar; tanto me cuenta por fin, que tú eras mi afán.

Hago mi entrada otra vez con mi seguridad.

Me sé el papel, mas nadie más.

Es farsa o no, mi culpa es. Quiero que quieras lo mismo que yo, mi amor.

Donde estará, y mi público, ya viene lejos.

Desirée, lo siento.

No debí haber venido.

Es inútil intentar el rescate cuando uno no tiene intención de ser salvado.

Intenta perdonarme.

Qué hermoso es, no es demencial, mirarte y sacrificar.

Y el público no puede faltar.

Y hay quien se enfada.

Pequeña, ¿vas a decir para qué es todo eso?

Así es como debe ser.

No lo digo para desanimarte.

En realidad no es tan importante.

Como cuando se sonríe y se pide un deseo.

Es infantil.

Porque lo que deseas, es lo que se realiza.

¡Asombroso!

Cuando yo tenía tu edad, lo quería absolutamente todo.

Una vez conocí a un chico...

fue mi primer amor.

Aún puedo recordar su cara, qué ojos,

y un bigote como un bandolero.

- Un día, me dio un vino picado. - ¿Un vino picado?

Que su familia conservaba desde hacía siglos.

Pero me dije a mí misma: "Un vino picado, ¿uhm?

¿Qué clase de hombre ofrece un vino así?"

Entonces me dejé llevar demasiado por mi orgullo.

Y ahora, ¿quién sabe?

ÉI debía haber sido el gran amor de mi vida.

- Perdone Condesa. Busco a mi esposa. - ¡Oh, señor Egerman!

¿Cómo puedo mirarle a la cara después del número de la cena?

Casi me echo en sus brazos.

No, al contrario. Yo no lo encontré amoral.

No es común en estos días que una mujer bonita me conceda ese honor.

No se lo concedí.

No la entiendo.

Que yo no le concedí ese honor.

Fue un montaje.

Un montaje, que falló.

En mi locura, pensé que así podría dar celos a mi marido.

¡Ah, ya veo!

Me temo que el matrimonio no es una de las relaciones más fáciles, ¿no cree?

Señor Egerman.

Para una mujer...

Es algo imposible.

Tampoco es tan fácil para los hombres.

¡Los hombres!

¡Mírese usted!

Un hombre de edad,

una mujer se siente afortunada de un hombre viejo y bebido,

se fije en ella, y le haga un poco de caso.

Usted tiene la más joven la más bonita.

¡Oh, señor Egerman! Odio que sea usted feliz.

Odio a cualquiera que sea feliz.

¿Erich?

¡Erich, cariño!

¡Deprisa!

¿Qué demonios me está pasando?

Los pájaros han anidado en mi cabeza.

Vamos.

Ya está todo a punto para irnos.

Qué extraño cómo acaba uno algunas veces

sentado en un banco del jardín.

¡Dios!

Pensará que es una estupidez.

Que le odie porque es feliz.

Creo que me persigue una terrible maldición.

¡Oh, señor Egerman!

- ¡Dios mío! - ¡Señor!

¿Quiere acompañarme al pabellón?

- Creo que la situación habla por sí sola. - ¡Oh, cariño!

Querrás que vaya yo también, ¿verdad que sí, querido?

El abogado y yo vamos a solucionar esto jugando a la ruleta rusa.

¿Ruleta rusa?

Bien, señor.

¿Está preparado?

- Perdone, preparado ¿para qué? - Para la ruleta rusa.

¡Ah, la ruleta rusa!

Eso se hace con una pistola, ¿verdad?

Y se gira el...

Bien.

¿Por qué no?

Discúlpeme, señora.

¿Quieres volver ahí dentro, y mirar qué está pasando?

Sí, cariño.

Bien, señor.

¡Oh, sí claro!

Perdone, pero...

¿Qué es lo que tengo que hacer yo?

El revólver, está cargado sólo una bala.

Usted, cierra los ojos...

gira el tambor...

se pone el cañón en la sien, y aprieta el gatillo.

Cada uno de nosotros, tiene dos hostilidades...

de una proporción...

de 10 a 2.

Lo cual equivaldría a 5 a 1, imagino.

Giraré el arma.

Al que apunte el cañón, será el que empiece.

- Brindemos. - ¡Oh, de acuerdo!

¡Por todas las esposas!

Perdóneme, olvidé brindar.

¿Pero qué es lo que está pasando?

¿Y su marido?

Es curioso que esta vez sea usted la que me haga esa pregunta, Sra. Armfeldt.

Mi marido y el señor Egerman...

tienen un duelo en el pabellón.

- ¿Un duelo? - Sí, un duelo.

¿Y usted les deja hacerlo? ¿Es que se ha vuelto loca?

Brindo... por la abogacía.

Siempre le he tenido un gran respeto.

¡Oh, Dios mío!

¡Inconsciente!

¡Lunático!

- ¡Le has matado! - Le ha fallado el pulso.

Veo que apenas le ha rozado la oreja.

Todo este asunto quedaría mucho más profesional en un Juzgado.

¿Frederick?

¡Frederick!

¿Frederick?

Tú recogerás todas mis cosas mientras preparo el coche.

Sí, tesoro. ¡Oh, cariño!

Te has convertido en tigre... por mí.

¡Extraordinario! ¿No?

Apuntar el cañón, contra la sien...

y fallar.

Quizás una mano temblorosa no sea siempre un inconveniente.

¿Te duele?

Me duele...

espiritualmente.

¿Te has enterado de todo lo que ha pasado esta noche?

No.

Erich y Anne... se han escapado.

¡Oh, Frederick!

Bueno.

Creo que tengo que levantarme y enfrentarme al mundo.

Puedo creer.

Que tú y yo,

- ...pareja vamos a ser - ¡Qué hermoso es!

¿Te tiemblan las rodillas?

No, no. Creo que no.

En realidad, esto no parece posible, pero...

- Fue farsa o no. - Perdón, mi amor.

- Siento vibrar de emoción. - Me siento un Rey.

¡Dios, qué extraña es la vida!

Pierdes a tu hijo, tu esposa y prácticamente la vida en una hora,

y aún te sientes... aliviado.

Aliviado, y lo que es más,

¡joven!

¡Oh, Desirée!

- ¡Pobre Frederick! - ¡No!

Vamos a borrar "pobre" de nuestro diccionario, y lo vamos a cambiar por...

"coherente".

¿Coherente?

¿No te acuerdas del cuadro de tu habitación?

Una existencia coherente después de tantos años de locuras.

Tú y yo...

y por supuesto, Fredericka.

El público ya.

Llegó a presenciar.

El Acto Final.

El amor, es todo con buen corazón.

Amigos que hará conocer.

¿Y cómo demuestras tus fallos maestro que es él?

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