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No quiero saber nada
de la autovía de Long Island.
Debería hacérmelo mirar. Es que no aprendo.
Se supone que llego 12 minutos antes,
pero solo si no hay tráfico.
¿Cuándo no hay tráfico en esa autovía?
¿Escuchas los informes del tráfico en la radio?
Escucho los informes, pero no son actuales.
La verdad es que no aprendo.
Me dejo arrastrar.
Intento ahorrar minutos
y acabo enganchado.
Estamos tan parados que parece un aparcamiento.
Ya estás aquí.
Sí, estoy aquí, pero es tarde y me indigna.
Me indigno mucho.
¿Qué pasa?
¿Gregory?
- ¿Estás bien, Greg? - No puedo...
- No puedo respirar. - Tranquilo.
Me cuesta mucho respirar.
¿Quieres un vaso de agua?
- ¿Qué pasa? - No puede respirar.
- Voy a llamar a una ambulancia. - Tengo a alguien sentado en el pecho.
Olvídate de la ambulancia, James. ¿Y si te sientas?
Déjalo. Lo llevamos nosotros al hospital.
Respira hondo. Allá vamos.
Venga, siéntate, Greg.
- Qué raro es esto. - Siéntate, Greg.
¿Para qué andar si te pueden llevar?
- Vamos a bajar las escaleras. - No te muevas.
- ¿Estás bien? - Sí, yo...
No puedo respirar.
¿Me ponéis una silla abajo?
Qué vergüenza.
- Eres el sultán de la India. - No llaméis a mi mujer.
¡Que nadie llame a Marie!
- Tranquilo, Greg. - Teniente, voy a coger
unas horas de permiso.
- Ponlo como un 28. - Gracias.
METRO
POLICÍA
- ¿Sabemos algo de Medavoy? - Kelly dice que aún lo están examinando.
- ¿Tienes la denuncia? - Está ahí.
Si no lo ingresan, es buena señal, ¿no?
Sí.
Ernie Dowd. Soy el inspector Sipowicz.
Tienen unas escaleras muy majas.
Sí. El ayuntamiento aún no ha instalado una rampa.
¿Y si nos ponemos por allí?
Vamos.
¿Su denuncia dice que entraron dos tipos en su casa
- y le robaron? - Sí, esta madrugada a las tres.
Se llevaron mi silla de ruedas buena, el dinero y otras cosas.
¿Entraron por la fuerza?
Estaban esperándome en el rellano
cuando salí del ascensor.
Cuando abrí la puerta, aparecieron por detrás.
Esa silla era eléctrica. Me costó tres mil pavos.
Tardé cuatro años en tenerla como me gustaba.
¿Dónde estaba antes de volver a casa?
En un bar entre la 7 y la B.
¿Gallagher's?
Sí. Enfrente del centro de veteranos.
¿Va mucho por allí?
Mucho.
- ¿Pudo ver a esos tipos? - Pues no.
Me pusieron una bolsa en la cabeza.
Destrozaron mi casa.
Levantaron los tablones del suelo. Me metieron un calcetín en la boca.
Me volcaron en una esquina.
Dijeron que, si les daba problemas, me patearían.
Como si fuera un balón de fútbol.
¿Encontraron algo al rebuscar en su piso?
Sí, una de mis pistolas. Una 45 de Vietnam.
Valía algo de dinero.
Fiscal Costas, un mensaje.
- Gracias, Alex. - Los números de serie de la estructura
y el motor de mi silla de ruedas.
¿Pueden avisar a los de Veteranos? ¿Ver si hubo un robo?
Sí. A ver...
¿Alguien conocía la distribución del piso, dónde estaba la pistola?
Nadie que fuera capaz de hacer esto.
- ¿Seguro? - He dicho que no.
Seguro que lo arreglaremos con el inspector.
Comprobaré el bar y veré si hay coincidencias de modus operandi.
Robos con el mismo sistema.
¿Gente que roba a lisiados?
Estaremos en contacto. ¿Podrá salir?
He podido entrar. Podré salir.
Estaré en la comisaría 15 hasta las 12:30.
Genial, gracias.
¿Qué tal?
¿Quieres preparar lo de Ortiz mañana?
Eso no se me olvida, Costas.
No he venido por eso,
aunque eres el sine qua non de mi caso.
¿Y por qué me honras con tu presencia?
Tengo algo para ti.
- Con permiso. - Sí.
- Es para tu acuario. - Es un pez payaso.
¿Qué pasa?
No me siento cómodo aceptándolo.
¿Te importa decirme por qué?
No se puede meter a un pez en un entorno así sin más, Sylvia.
Pero es de agua salada. En la tienda dijeron que se adaptaría.
Vaya. Se ve que conocen mi acuario mejor que yo.
¿Qué pasa, Andy?
No quiero alterar mi entorno
con peces nuevos.
Quizá es que no quieres que te dé regalos.
- Quizá te pone nervioso. - Quizá sea eso.
¿Hasta dónde quieres llegar, Andy?
¿Quieres fingir que no salimos juntos? ¿O mejor que ni nos conocemos?
¿Te devolverán el dinero de ese pez?
Claro. Les diré que al que se lo iba a regalar resultó ser un capullo.
- Buenos días. - Perdón.
¿Qué tal estás, Medavoy?
Dicen que era un ataque de ansiedad
y que solo era estrés.
Tengo que aprender a tomármelo con calma,
a que no me afecten las cosas.
¿Cancelamos la corona de flores?
Vaya tela. No podía respirar.
Gracias por llevarme, John.
De nada. Tú tranquilo, ¿vale?
Sí. Gracias.
- Escucha. Jimmy Wexler te ha llamado. - Sí.
Voy a hacerle un trabajo de seguridad.
- Me dijiste que estaba enfermo. - Y lo está.
- Hago de guardaespaldas de su novia. - ¡Es una pasta!
Sí.
Donna, ¿crees que podrías asegurarte
de que haya descafeinado aquí?
¿No deberías irte a casa ya, inspector?
Creo que ya estoy bien.
Inspector, me has dicho que solo ibas a coger tu abrigo
y que luego te ibas a casa.
Si no haces lo que prometiste,
empezaré a gritar aquí mismo.
- Vale. - Donna estuvo en urgencias.
- La vi. - ¿Ah, sí?
Supongo que patinan juntos.
Voy a terminarme el café...
- Sí. - ...y me voy.
- ¿Qué tal estás, Greg? - Bien, teniente.
Dicen que solo fue un ataque de ansiedad.
- Bien. - Sí.
Pero...
si no le importa, preferiría
cogerme el día libre. Irme a casa.
Claro. Y olvida la autovía.
Sin duda. Prometido.
- ¡Hola, Johnny! - ¡Hola!
- ¿Qué tal? - Bien.
- Adelante. - ¿Cómo está Jimmy?
Le han hecho unas pruebas y con eso sabrán algo más.
- Vale. - Voy a por el bolso.
Claro.
- Hola, jefe. - Hola, John.
Hola.
Hola. Has interrumpido una negociación.
- ¿Sí? - Sí.
Me han hecho una analítica o no sé qué para ver cuánto se ha extendido.
Si la prueba dice que tengo 18 meses sin dolor,
¿sabes qué preguntaría?
- ¿Dónde firmo? - Ya.
Estoy aquí ofreciéndole un trato al encargado.
- Espero que sean buenas noticias. - Sí.
Quiero sacarla a cenar un par de veces más.
- ¿Adónde va esta noche? - A jugar a los bolos con sus amigas.
La verdad, John. Está aquí para apoyarme.
No ha dado ni un paso atrás.
Le dije que no puede estar aquí encerrada.
La vuelvo loca.
Es horrible cuando no soporto el dolor.
Cuando me chutan la droga esa, me dejan más para allá que para acá.
Sí.
Le he dicho que tiene que salir.
- Eh, Robin. - ¡Ya voy!
Si no puedo vigilarla, quiero que lo haga alguien en quien confío.
- Para eso estoy. - ¿Qué?
Vete ya.
¿Para qué quiero un guardaespaldas? El millonario eres tú.
Si alguien le roba el bolso, arréale con la bola.
¿Y si me dejo el zirconio en casa?
Podrías haber tenido todas las joyas de Nueva York.
Ya lo sé.
Volveré pronto, ¿vale?
- Tú descansa. - Pásalo bien.
Luego nos vemos.
¡Vamos, Robin!
- ¡Sí! - ¡Sí!
Tenías razón, Johnny.
El recorrido. ¿Me entiendes?
Deberías dar clases de bolos.
Podrías enseñarme el recorrido hoy.
Edie, lanzas bien. No quiero fastidiarlo.
- Le gustas. - ¿Sí?
Sí. Como si no lo supieras.
- Enseguida vuelvo. - Voy contigo.
Johnny, si me sigues
al baño, voy a llamar a la policía.
- Vale. - ¡Inspector! ¿Así?
- ¡Mírame! - Eso hago.
Un poco a la derecha, creo.
- Enseguida vuelvo. - Vale.
¡Sí!
¡Sí!
- ¡Hola! - Hola.
¿Por qué estás tan serio?
- Anoche no hablaste mucho. - ¿Está Jimmy?
¿Dónde va a estar si no?
- Hola. - Hola, Johnny.
- ¿Qué tal estás? - Aún puedo doblar
acero con las manos.
- Esperando resultados. - Sí.
¿Qué haces aquí?
Tengo un problema en el trabajo.
Están agobiados. Quieren que vuelva.
Estos guardaespaldas privados.
Son buenos. Respondo por ellos. Son expolicías.
No. No puedes irte.
- Jimmy, estos tíos son buenos. - John, quiero que la cuides tú.
¿Hago alguna llamada? Puedo hablar con el alcalde.
- Jimmy, yo... - Le pago mucho
- a ese cabrón. - No puedo vigilarla ahora.
¿Tienes un problema? Desaparecerá.
Déjame hacer unas llamadas.
Espera un momento.
Un momento. Yo lo resuelvo, ¿vale?
Yo me encargo.
- ¿Te encargas? - Sí.
Déjame ver cómo lo hago.
Vale. Gánate el sueldo.
- ¿Qué pasó anoche? - Bolos.
- ¿Y ya está? - Sí.
Hizo 116 puntos.
- ¿Y luego? - Volvimos a casa.
- ¿Sin cenar...? - Sus amigas salieron.
- Yo la traje a casa. - Entiendo.
- ¿Se fue a casa? - Sí.
Sí.
¿Sabes qué?
Le pedía matrimonio una vez por semana.
Siempre me decía:
"¿Por qué iba a casarme contigo? Ya me das bastante por saco".
Verás, Johnny, decidió que no quería que nadie
pensara que lo hacía por dinero.
Y lo respeto.
"Tú y yo nos divertimos mucho así.
"¿Por qué no lo dejamos como está?".
Esa es su actitud.
- Es así. - Sí.
Escucha. Le he abierto una cuenta. Cien mil dólares.
Cuatro años, Johnny.
No ha sacado nada.
No aceptó los pendientes de diamante que le di.
Me conformo con 18 meses buenos.
Querría sacarla a cenar un par de veces más.
- Aquí tienes. - Me largo.
- ¿Sí? - Sí.
- ¿Tienes planes luego? - No.
No. Pero si quieres el número de Edie... A Edie le gusta John.
¿Cuál es Edie? ¿La tetona?
- ¡Jimmy! - Sí.
¿Me acompañas? ¿Para coordinar la semana?
- Sí. - Vale.
Cuídate, ¿vale? Que te mejores.
Está bien, Johnny.
Luego hablamos.
Tenemos que hablar.
Si vamos a seguir con esto, necesitamos reglas.
Lo que hagas en tu tiempo libre es cosa tuya,
pero, cuando estés conmigo, tratarás a Jimmy con respeto.
- ¿De qué hablas? - Hablo de ti
con el tipo ese en el bolera.
No quiero volver a mentirle. ¿Entendido?
- John, no es lo que piensas. - Me da igual.
No vuelvas a hacerlo cuando esté yo.
- Vale. - ¿Está claro?
Sí.
Me está chantajeando.
- ¿El de la bolera? - Sí.
Se llama Stan Haywood.
Nos criamos juntos. Fuimos...
Salimos juntos en el instituto.
Hace un par de meses me lo encontré
y empezamos
a tomar café y a hablar por teléfono.
Me gustaba tener con quién hablar.
Teníamos cosas en común.
Jimmy...
lleva tanto tiempo enfermo que yo...
- Me acosté con él una vez. - Cuéntame lo del chantaje.
La semana pasada...
La semana pasada me llamó y me contó que debía dinero.
El corredor sabía lo nuestro.
Si no le conseguía el dinero, iba a...
contarle a Jimmy lo que pasaba.
- Sabes que miente, ¿verdad? - Ya no sé lo que sé.
Solo sé que no sé cómo me he metido en este lío yo solita.
- Esto acabará con Jimmy. - ¿Cuánto quiere?
- Veinticinco mil dólares. - Vale.
Jimmy te abrió una cuenta, ¿no?
- Pero no la he usado. - Vale.
Ve al banco, pide un cheque de ventanilla de 15 000 y dámelo.
- Dijo 25 000. - No te preocupes.
Si tiene corredor, te ha pedido más de lo que debe.
Mete el cheque en un sobre
y arregla un encuentro con esa basura.
¿Conoce a un tipo llamado Ernie Dowd, que va en silla de ruedas?
Sí.
¿A qué hora se fue de aquí la otra noche?
- Serían las dos de la mañana. - ¿Se fue solo?
- Eso no es asunto mío. - Le han atracado.
Fue alguien que había estado en su piso.
Quiero saber con quién se junta.
Pregúnteselo a él.
Le pregunto a usted.
Aquí sirve a borrachos. Eso es ilegal.
¿Quiere una citación cada vez que lo hace?
¿Quiere a los de licores mirando al dedillo sus botellas?
- Quiero hablar contigo, Chicky. - ¿Quién eres?
- ¿De qué quieres hablar? - Vamos. Sube al coche.
Suéltame, tío.
¿Conoces a Ernie Dowd?
Genial. Ahora es un crimen salir con veteranos discapacitados.
No sales con él, Chicky. Estás a la venta. Tienes antecedentes.
Esos tíos no tienen a nadie. Nadie se acostaría con ellos.
Me da igual que seas prostituta.
Tratar con tullidos no es nada fácil.
Muchas veces no funcionan las tuberías
- y no puedes hacer nada. - ¡Calla!
Cállate. No hablo de eso.
Hablo de que avisaste a unos ladrones
de qué había en su piso y dónde buscar las cosas.
Mira, no sé de qué hablas.
Yo creo que sí.
Creo que les dijiste que Ernie Dowd tenía algo
escondido bajo los tablones del suelo.
- Esto es genial. - ¿Quieres irte a Alaska, Chicky?
¿Quieres beneficiarte a esquimales por bocadillos de carne de ballena?
Te meteré en la trena. Dime con quién hablaste.
Te daré sus nombres.
Pero yo no te he dicho nada.
- ¿Qué tal estás, inspector? - Mucho mejor, Donna. Gracias.
Escucha...
yo no...
No te di las gracias ayer.
Apareciste en el hospital y me ayudaste con todo.
- No pasa nada. - Ya.
¿Qué dijo tu mujer cuando se lo contaste?
Poca cosa.
¿Hablaste con ella de lo de los paseos?
Sí. Quizá lo hagamos.
No se lo has contado, ¿verdad, Gregory?
No quería preocuparla.
Al final, no fue nada.
Lo que te pasó ayer sí que fue algo.
El médico dijo que hiciera la prueba de esfuerzo.
Pero no cree que me pase nada.
El médico dijo que tienes mucho estrés.
Tienes que relajarte.
Te sugirió
- dar paseos después del trabajo. - Paseos. Sí. Verás...
Estoy bien.
Gracias.
¡Inspector!
- Gracias. - ¡Inspector!
Mi jefe se va de viaje y quiere revisar la declaración de Ortiz.
- Dijo que vendría si hacía falta. - Está bien.
- ¿Mañana a las dos? - Mañana a los dos.
Estoy buscando a Stan Haywood.
Hola, Stan. Soy John Kelly. Soy amigo de Robin. Tengo algo para ti.
Sí. ¿Cuándo te lo llevo?
¿Conoces Bowlmor Lanes?
Nos vemos allí en un rato.
Vale. Bien.
- ¿Qué pasa? - Voy a detener a unos tíos.
Cancelo esto y voy contigo.
Estás liado. Me llevo a Martinez.
- Andy, no pasa nada. - Tranquilo. Me lo llevo a él.
¿Los tíos que robaron al veterano?
Es un tullido, John. Lo dejaron tirado en el suelo.
- Ya lo sé. Te acompaño. - No pasa nada. Me llevo al chaval.
¿No me necesitas?
- No. - Te veo luego.
¿Cuándo tiempo va a quedarse?
Media hora más.
¿John Kelly?
Stan Haywood.
Siéntate, Stan.
¿Por qué elegiste este sitio para vernos?
Buscaba un sitio que conocieras.
- ¿Me pones un café? - Claro.
- Gracias. - De nada.
No sabes cuánto llevo esperándolo.
Escucha, si ves a Robin antes que yo,
dile que se lo agradezco mucho.
¿Me escuchas, Stan?
- Sí. - Te digo una cosa
y quiero que lo tengas muy claro.
- Adelante. - Vale.
Esto no es el principio de nada. Es el final.
Eso no te lo discuto.
No sé qué te ha contado Robin,
pero metí la pata con unas apuestas.
He aprendido la lección.
Te lo juro. Se acabaron las apuestas para Stan Haywood.
Te juro que agradezco mucho que Robin me ayude así.
- Se lo agradezco mucho. - ¿Has terminado?
- Sí. - Soy policía, Stan.
- ¡Dios! - No te detengo
- por extorsión... - Cometí un par de errores
- en apuestas... - Lo entiendo. Cosas que pasan.
No te enchirono por extorsión
porque no he mirado en el sobre.
Si miro y resulta que hay dinero, te detengo.
Olvídate de lo que piensas.
Olvídate de lo que te dices en el espejo. Esto es un delito.
Si vuelves a acercarte a Robin, te meteré en la cárcel.
¿Me entiendes? Directo a Rikers.
- Sí. - Lárgate.
A ver, poneos ahí en fila.
¿Los que me robaron están ahí?
Voy a pedirles que le hablen.
Dígame un número si reconoce alguna voz.
¿Cómo los ha encontrado?
- Haciendo mi trabajo. ¿Listo? - Sí.
Pues vamos.
¡Quédate en la esquina y compórtate!
¡Quédate en la esquina y compórtate!
- ¡Quédate en la esquina y compórtate! - Un momento.
Vale, sigan.
¡Quédate en la esquina y compórtate!
- ¡Quédate en la esquina y compórtate! - Sí.
El número cinco.
Pídale que se ría y diga: "Te patearemos como a un balón".
Número cinco, ríase y diga:
"Te patearemos como a un balón".
Te patearemos como a un balón.
No. No es ninguno. ¿Eso es todo?
Número seis.
- ¡Quédate en la esquina y compórtate! - No.
¿No los identifica porque teme
que salgan libres?
No le tengo miedo a nada.
¿Quiere arreglarlo por su cuenta?
- ¿Chicky me delató a estos tíos? - ¿Qué tíos?
No reconozco ninguna voz.
No se confunda, Ernie. No haga tonterías.
No me diga cómo vivir mi vida.
- Soltadlos. - Vale.
Muy bien, caballeros. Por aquí.
Venga, vamos.
- Hola, Greg. - Hola, John.
- ¿Qué tal estás? - No me quejo.
John...
¿podemos hablar un momento?
Claro.
John, cuando te separaste,
¿le diste muchas vueltas?
¿Tenías bastante claro lo que ibas a hacer?
Lo decidió ella.
- ¿Fue idea de Laurie? - Sí.
Para mí, si te casas, es para siempre.
Yo pienso exactamente lo mismo.
Cuando pasó...
estaba demasiado ocupado con mi cabreo y mi dolor
y no escuché, ¿sabes?
Intentó decirme por qué quería irse.
¿Sabes lo que pasa? Que tenía razón.
- No éramos felices juntos. - Sí.
Yo también me siento así con Marie.
Verás...
hace unos meses tuvimos una superbronca
y me fui de casa unos días.
Y resulta que...
No puedo imaginarme estar separado.
Pero...
creo que debería intentar imaginármelo,
pese a los niños, porque no somos nada felices.
No te voy a decir que sea fácil, porque no lo es.
No es que me lo esté pasando en grande.
Laurie y tú no teníais hijos.
Eso es cierto. ¿Sabes qué? La echo de menos.
Lo curioso es que me he conocido mejor.
No te hace feliz.
El divorcio no te da la felicidad.
Pero, en cierto modo, te abre opciones a la felicidad.
Más que nunca antes en mi vida.
No sé si tiene sentido.
Sí.
No sé si te ayuda o qué, pero...
Sí.
Me ayuda mucho.
- Gracias, John. - De nada.
¿Ya ha cogido el resfriado de moda, inspector?
Quizá cuando hayamos pasado tiempo juntos.
- ¿Nos metemos en faena? - Me voy de viaje
y nos van a presionar con la causa probable..
- Vamos. - Vale.
Inspector, el 7 de octubre del año pasado,
¿detuvo usted a Julio Ortiz?
- Sí. - Cuéntele al tribunal cómo fue.
Teníamos una orden de registro para el piso del señor Ortiz
que nos permitía buscar sustancias, especialmente cocaína.
¿Cuál fue la base para solicitar la orden?
Información de un informante de confianza, Joseph Gonzales.
¿Ocurrió algo cuando llegaron al piso del señor Ortiz?
Llamamos a la puerta.
Nos identificamos como policías.
A los diez segundos o así, derribamos la puerta. El señor Ortiz estaba en pie
en el baño, intentando tirar por el retrete
lo que resultaron ser 650 gramos de crac.
Inspector, no creo que quiera decir
que el señor Ortiz estaba de pie sobre el váter.
Estaba en el baño tirando al cocaína por el retrete.
¿Y qué hizo usted entonces?
Impedirle que destrozara las pruebas.
Le leímos sus derechos y lo detuvimos.
Inspector, el señor Ortiz dice que derribaron
la puerta de su piso sin aviso previo.
Eso no es verdad.
Nos identificamos y le dimos tiempo para abrir la puerta.
¿No hubo movimientos sorpresa
para alterar el entorno del apartamento del señor Ortiz?
¿Me he perdido algo?
Sí. Me está apretando las tuercas.
Eso es todo, inspector. Gracias por su ayuda.
Gracias.
¿Qué sucede?
Se ha enterado.
- He recibido tu mensaje. - ¿Sí?
¿Has recibido mi mensaje?
Entra.
¿Qué pasa?
Sé lo de los 15 000, ¿vale?
¿Pensabas que no iban a llamarme?
Me llamó mi contable. El banco lo llamó enseguida.
¿Qué sabes del Stan ese
- o cómo se llame? - Jimmy.
Jimmy, ¿por qué metes a John?
- No tiene nada que ver con él. - Cállate. Hablo con él.
Jimmy, le di el sobre al tipo porque ella no quiere volver a verlo.
- ¿Lo habías visto antes? - Es una cucaracha.
No es un tipo memorable.
¿Pensáis que estoy tan enfermo que no me daría cuenta de los 15 000?
Aún me entero de lo que pasa.
El cáncer se ha extendido...
al hígado
y a la columna.
Me quedan un par de meses de vida.
¿Cómo que un par de meses?
"¿Cómo que un par de meses?". ¡Pues eso!
Eso pone el informe. Es lo que hay.
Y luego, John,
me llaman por lo del cheque.
¿Entiendes lo del cheque, Jimmy?
Sí. ¿Se lo dio por lo que pasó en el instituto?
Porque le debía dinero a un corredor.
Y, de pronto, decide dárselo
porque salen juntos en el anuario del instituto.
- ¿Quieres sopa? - Me da igual.
Me da igual.
Johnny.
¿Se acostaba con él?
Si hubiera visto algo así, ¿no crees que te lo habría dicho?
¿Crees que solo es un viejo amigo?
¿Eso es todo? ¿No hay nada más?
No hablé con él, pero no parecía gran cosa.
Le di el sobre.
- ¿No lo era? - No.
Se ha ido y ya no volverá.
Ya.
Esto es típico de ella.
¿Sabes?
Siempre ayudando a los demás.
Me estoy muriendo, John.
- ¿Estás bien? - Sí.
Todo irá bien con el tío ese. Olvídate de él.
- He defraudado a Jimmy. - No.
Se va a morir y cree que no lo quiero.
Robin, escúchame. Sabe que lo quieres.
Solo quería
tener más tiempo. Más tiempo sin tanto dolor.
Y lo va a conseguir.
¡Robin!
- ¿Sí? - ¿Y mi sopa?
Ve. Todo irá bien.
Sí, Jimmy, un momento.
- ¿Qué pasa? - Un tío en silla de ruedas.
Tiene cuatro rehenes a punta de pistola.
Conozco a ese tío. Conozco el caso. Voy a hablar con él.
¿Y si esperas a los negociadores?
¿Y él va a esperar?
- Dadle un chaleco. - Voy
Ernie Dowd, ¡soy el inspector Sipowicz!
¡Voy a entrar, Ernie!
No tengo problemas contigo. Acabaremos enseguida aquí.
Luego pueden entrar todos.
El dueño del bar no te ha hecho nada, ¿no?
¿Por qué no lo dejas salir?
Sí, adelante. Apúntame esto.
- Claro. - Vamos.
Voy a entrar, Ernie.
Estuviste allí, ¿no?
Unos centímetros más y necesitaría tu silla.
Tienes que dejar esto, tío.
Hay tíos ahí fuera con automáticas.
No saben lo gilipollas que son estos tres.
Empújalo al suelo, Chicky.
- Escucha, habla conmigo. - ¡Al suelo!
¡Ahora! ¡Empújalo al suelo!
- Patéalo como un balón. - ¡No puedo! ¡Tengo los pies atados!
Ernie, habla conmigo. Ernie. Eh, colega.
Venga, habla conmigo.
Habla conmigo.
Vine después de la comisaría.
Le dije a Chicky: "Oye, sin rencores.
"Pagaría mil dólares recuperar mi silla".
Me puso en contacto con sus amigos.
Escucha, me da igual lo que les pase, Ernie.
Si les haces algo, acabarás muerto o en la cárcel.
¿Y qué?
La cárcel es peor que tu casa.
Pues muerto, entonces.
No quiero eso. He visto demasiadas muertes ya.
¿Quieres tomar algo?
Invita la casa.
No puedo, Ernie. Soy un borracho.
Cada uno tiene sus batallas, Ernie.
- Échalo al suelo. - Ernie...
No, dile que lo vas a patear. Empújalo...
- Ernie, escúchame. - ¿Qué?
Escúchame. ¿Había algo bueno?
- ¿Qué quieres decir? - Pues,
que, si paras esto ahora y no hay nadie herido, no te encerrarán.
Antes de esto, ¿había algo bueno en tu vida?
Sí. Tenía la silla hecha a mi medida.
Chicky y yo teníamos un buen acuerdo.
Vale, has recuperado tu silla.
Y voy a detener a Chicky.
Pero no faltan putas en esta ciudad.
Venga, Ern.
¿Qué me dices?
Venga, Ernie.
Venga.
Tranquilo.
Relájate.
Vamos.
Eso es.
¿Y tiene que hablar conmigo?
Enseguida bajo.
- ¿Está bien? - Sí, gracias.
¿Qué tal?
No ha molado detener a este tío.
Libertad vigilada sin fianza, seguro.
- Ya puedes ficharlo. - Gracias.
Inspector, su expediente.
Vale. Voy a tomarte las huellas.
- Gracias por el café. - De nada.
- Buena suerte. - Sí.
No puedo empujar la silla.
- ¡Hola! - ¡Hola, Johnny!
- ¿Qué tal el viaje a esquiar? - Muy bien.
- ¿Has triunfado en las pistas? - No conseguí que subieras.
- Siempre me he arrepentido. - Claro.
- ¿Greg Medavoy no está rarísimo? - ¿Por?
Estábamos preparando un caso. Parece deprimido.
Tiene problemas en casa.
¿Ah, sí? ¿Cenamos juntos?
Claro. ¿Qué se celebra?
- Nada. - Vale. Tú mandas.
- ¿Esta noche? - Bien.
- Vale. ¿Hablamos luego? - Nos vemos.
El inspector Martinez se quedará contigo en la lectura de cargos.
Te darán libertad vigilada sin fianza.
Luego te acompañará a casa.
Es mejor si alguien me lleva abajo.
Sí. Casi se vuelca la silla al subir.
Vamos a levantarlo. Jack, ¿coges esa silla?
Nos vemos abajo. Allá vamos.
¿Estás bien?
Me estoy haciendo todo un experto.
Primero el inspector Medavoy. Ahora él.
- ¿Aguantas bien? - Sí.
Vale, siéntate aquí.
- Gracias. - De nada.
Allá vamos.
Eso es.
James, ¿me das un segundo?
Claro. Voy a por los papeles.
¿Estás bien?
Sí.
Tienes mi tarjeta. Si quieres hablar.
¿Te apetece hablar?
No recuerdo casi nada de lo que pasó.
Yo tampoco quiero acordarme.
¡Buena suerte!
James.
Abogada, ¿podemos hablar en privado?
Quiero aclarar lo del pez.
Andy, lo nuestro no va a funcionar.
Tengo un pseudochromis.
Es un coñazo de pez.
Si muevo un coral dos centímetros, se...
No come, no socializa.
Si cambio la mezcla de comida, se acabó.
Es como un criminal perverso, en serio.
- Ese pez me revienta. - ¿Y?
Pues
que alguien debe preguntarse
"¿Vale la pena ese pez?".
Al final, esa es la cuestión.
¿Vale la pena lo por saco que da?
Tú no eres un pez.
Eres una persona y sabes hablar.
Debería haberme expresado mejor.
Debería haberte dicho que me pone nervioso que me des algo,
pero que me acostumbraré.
Muchísimas gracias.
¿Qué tal me comunico?
Bien.
- ¿Con quién has ido? - Con amigos.
- ¿Sí? - Sí.
Hoy me has preguntado por Greg Medavoy.
Dijiste que tenía problemas...
- Sí. - ¿Con su mujer?
Me preguntó cómo era estar separado.
Si me alegraba. Si hice lo correcto.
- ¿Y qué le dijiste? - Pues que fue duro.
Que era muy infeliz,
pero que, si puedo volver a intentarlo, quizá me vaya mejor.
¿Sabes?
Yo también he aprendido mucho.
Y sé lo que quieres decir.
Sientes que lo aprovecharías más si tuvieras otra oportunidad.
Johnny, salgo con alguien.
- ¿Sí? - Sí.
Te lo digo porque...
Supongo que porque es serio.
¿Quién es?
Es médico.
¿Sabes qué? Nos vemos otro día.
Sí, claro.
¿Vale? Vale.
- ¿Estás bien? - Sí.
Tengo que cogerlo. ¿Me permites un momento?
- Claro. - Vale.
Estás increíble. Es precioso.
A ver esos botones. Todo listo.
Muy bien, cariño. Voy a por los entrantes.
- ¿Qué pasa? - Necesitamos un padrino.
¿Ahora mismo?
¿Te parece un error?
Para nada. Vamos.
- ¡Hola, John! - ¡Mírate!
- Ha llegado Johnny. - Hola.
- Hola. - ¿Qué haces, pillín?
- ¿Serás mi padrino? - ¿Que si seré tu padrino?
- ¡Venga! - Puedo levantarme. Vamos.
- Ayudé a elegir a ese desgraciado. - Lo sé.
Me han dicho que sea breve.
Sí. Queremos la versión exprés.
Quiero decir que me alegro de celebrar esta boda.
- ¿Estoy bien, John? ¿Eh? - Perfecto. Espectacular.
Fue idea suya. Es...
Quería hacerlo, ¿sabes? Me quiere.
Así que ¿por qué no?
- El tiempo que me quede. - Estoy contigo, Jimmy.
- Estoy contigo. - ¿Estás listo, Jimmy?
Sí. Llevo 14 años listo.
Ella era la que tenía dudas.
Robin Wirkus, ¿aceptas a Jimmy Wexler como tu legítimo esposo?
Sí, quiero.
Jimmy, ¿aceptas a Robin como tu legítima esposa?
- Pues claro. - Enhorabuena. Puedes besar a la novia.
No necesito que me des instrucciones.
Subtítulos: Aida López Estudillo
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