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Original subtitles

COMISARÍA 15

Hoy es la gran noche. ¿Estás listo para recibirme?

Tengo...

- que decirte algo. - Buenos días.

Buenos días. ¿Cómo está?

- Bien. - No te lo vas a creer.

- Ni yo mismo me lo creo. - ¿Qué, Andy?

Teniendo en cuenta nuestra historia,

- pensarás que me lo he inventado. - ¿Qué?

Se ha producido un incidente en mi casa,

y desde luego

- no está en condiciones. - No me lo creo.

- ¿No quieres saberlo? - No.

- Sylvia. - ¡Hola, John!

- Buenos días. - Has tenido moho

en la pecera,

linóleo peligroso en la cocina...

¿Quieres saber qué ha pasado?

¿Qué ha pasado?

Se ha producido una fuga de gas.

He llamado a la compañía del gas,

pero no me sentiría cómodo

exponiéndote a ese peligro.

Volvemos al principio, ¿no?

No, no estamos como al principio.

Quiero que vengas a mi casa.

Ya te lo dije. Aquello ya lo he superado.

Lo estoy deseando. Soy otro hombre.

Pero hay una fuga de gas peligrosa.

Eso es todo.

¿Quieres un consejo?

Que lo arreglen.

Mike.

¡Roberts!

¿Está Mike Roberts? Tengo que verlo.

- No está aquí. - ¡Mike!

- ¡Roberts! - Disculpe, señorita.

¡Ven aquí ya!

- Dee Dee. - Sí.

- ¿Me recuerdas? - Sí.

Le recuerdo, inspector.

- Ven aquí, cielo. - Inspector,

- ¿y si llamo a Roberts a su casa? - No sería buena idea.

Igual contesta su mujer,

- a lo mejor lo coge Connie. - Dee Dee.

No, escuche...

- tiene que hacerme un favor. - ¿Cuál?

Mike me prometió darme dinero, pero no logro hablar con él.

- Tengo que ir al veterinario. - Esto no va así.

- Mike está fuera. - Si me presta 20 dólares,

- le prometo... - Cuando venga,

- le daré tu mensaje. - Tengo que reponerme,

- y no tengo dinero. - Está bien.

Cuando venga, se lo diré.

- ¡No! Así no vale. - ¿De acuerdo?

Cree que solo soy su soplona.

Cree que eso es lo que soy. Pues no.

- Soy su chica para todo. - Voy a parar esto.

- Soy su putilla. - Venga.

- ¿Se puede saber qué pasa aquí? - Tienes visita.

Hola, Mike.

Sabes que no deberías estar aquí.

Ya. Pero hace tres días que no te veo.

Llamemos a Connie.

Venga, llamémosla. Sí.

Hola, Connie.

¡No!

¡Oye, tío! Tranquilo. ¿Qué haces?

- No, espere. - ¡Se acabó!

- ¡Espere! - Sacadla de aquí.

- ¡No! ¡Espere! - Ya se va.

- A mi despacho, Roberts. - Estoy bien.

- No le culpen a él. - Sácala de aquí.

¿Te veré luego, Mike?

Las normas son también para ella.

Teniente, sé lo que parecía. Y no era nada bueno.

- ¿Me has oído? - Sí, teniente,

y le recuerdo

que esa chica nos ayudó en un caso. No lo olvidemos.

Es buena confidente.

Hay normas y regulaciones para ella.

Lo sé. ¿Me toma el pelo?

Son yonquis. ¿Qué se le puede hacer?

¿Quiere que le diga la verdad, teniente?

La trato como a una persona, se ha enamorado

por esa razón. Sabe...

puede que se haya enamorado de la posibilidad

de algo sólido.

Soy a lo que ella aspira.

- Un modelo a seguir. - Pero, si te pasas de la raya,

eres tú quien la está liando.

Entendido, teniente.

- Tengo que hablar contigo. - Bien.

- ¿Qué pasa, Janice? - No pasa nada.

¿Y por qué me han emparejado con Sackler?

Porque pedí un compañero nuevo.

Si es porque la lie con aquella misión...

- No es por aquello. - ¿Y por qué?

No creo

que seas un compañero fiable.

No me lo puedo creer.

Te lo diré sin rodeos,

creo que abusas de sustancias.

¿Cómo?

¿Que abuso de qué?

¿Eso es lo que Kelly dice de mí?

¿Por qué no dejamos esto, Roy?

John Kelly no tiene nada que ver.

También he dicho que quizá me equivoque. No puedo saberlo.

Solo sé que me sentiría más cómoda

con otro compañero.

Eso tengo que aceptarlo.

- Sin rencores. - Bien.

- Vale. - Ya que no somos compañeros...

eso nos da vía libre para conocernos mejor.

No lo has entendido, ¿verdad, Roy?

Escúchame bien.

No quiero nada contigo.

- Hola, Laura. - Hola.

- Hola. - John.

- ¿Cómo va? - Bien. ¿Me harías un favor?

- Claro. - Sobre el homicidio Garcia,

¿podrías conseguirme más declaraciones sobre la relación del matrimonio?

Puse tres.

Así es.

Tienes tres declaraciones que documentan violencia conyugal.

La mujer llamó y confesó

que apuñaló a su marido después de que la golpeara.

¿Para qué necesitas más?

Algo no me convence en este caso.

El abogado de la mujer va a alegar homicidio involuntario.

Es lo peor que le podría pasar ella.

Hay algo que se nos escapa.

No estoy de acuerdo.

Después de la acusación,

antes del juicio, volveré a interrogarles,

como siempre hago.

No habrá juicio, habrá acuerdo.

Dile a tu jefe que no quieres negociar.

- Que quieres llevarlo a juicio. - Negociará.

Porque tú no quieres enfrentarte a tu jefe,

yo tengo que volver a tomar declaraciones por una mujer

que ha admitido que apuñaló a su marido

con un cuchillo carnicero.

Y tres vecinos afirman que él le pegaba.

- Sí. Eso es lo que te he pedido. - ¿Me lo pides o me lo exiges?

He dicho que te lo pedía. ¿En qué intentas convertir esto?

Caballeros, dejen todo lo que están haciendo

y tomen más declaraciones en el homicidio Garcia,

para que el fiscal

se sienta más cómodo presentando su caso. ¿Satisfecha?

Gracias por ser tan imbécil.

- Hijo de perra. - Si me dieran un pavo cada vez

que un poli la tomara conmigo, sería rica.

Te ponen a prueba, no es personal.

Créeme, ha sido personal.

Pero has defendido tu terreno.

Se sintió amenazado y se comportó como un idiota. ¿Tiene algo de nuevo?

Absolutamente nada.

Sí, señora Dupree,

me gustaría hacerle unas preguntas más.

- Sí... - ¿Mañana?

- ¿Le envío los inspectores? - No, señor Fuentes.

- Gracias. - Hablaremos con los dos.

¿Cuándo tiene que irse?

¿Por la mañana? Estaremos antes del mediodía.

- Gracias, señor. - Kelly, para ti.

- Aparente suicidio. - ¿Trabajo para dos?

Sí. Adelante.

Medavoy.

Tenemos un aparente suicidio urgente.

Vamos a tener que darte las llamadas del caso Garcia.

Maravilloso.

¿Es la única puerta? ¿No forzaron la entrada?

Lo sabré con exactitud cuando la abra,

- pero tardaré cuatro o cinco horas. - Dios.

Sabes quién es, ¿verdad?

- La informante de Roberts. - Sí.

Siempre quejas.

Solo problemas.

Todo quejas. Agua cayendo del techo.

¿Quién paga esto? Subo, aporreo la puerta.

¡Llamo, no contesta!

¿Quiere esperar fuera

- hasta que acabemos? - ¿Por qué no me lo dijo su amigo?

- ¡Caía agua del techo! - ¿Qué amigo?

- Un poli como ustedes. - Un poli.

- ¿Un poli de uniforme? - No, como usted.

- Adivina. - ¿Por qué tenía que saber

lo de las goteras?

Estuvo aquí, créanme. Lo vi irse.

- Media hora después, queja del agua. - ¿Sabe cómo se llama?

Mike. El apellido no lo sé.

Una vez, se peleaban, les dije que se callaran. Me enseñó la placa.

¿Peleaban mucho?

Unas horas antes los oí discutir.

Me refería a hoy.

Sí. ¡Hoy! Él se fue, y luego volvió.

Luego se fue otra vez, media hora después...

Sí, vale. El agua caía

- del techo. - Sí.

Escuche...

- Tranquilo. - ¡Cállate! Vas a la perrera.

Ese perro no irá a la perrera.

- Allí los sacrifican. - Me da igual. No permito perros.

Se lo dije 20 veces.

Yo me llevaré al puñetero perro. No irá a la perrera.

- ¿Tiene el permiso de residencia? - ¿Quiere verlo?

No. Largo de aquí.

- ¡Menuda locura! - Vamos.

¿A qué viene mi permiso de residencia?

- Esto es absurdo. - Hay que hablar con Roberts.

Hablemos con él, como si no lo supiera ya.

Pobre chica. Intenté ayudarla. Ya lo creo que lo intenté.

Incluso recé por ella. ¿Lo creéis?

Hablemos de anoche.

La veía mucho. Quizá demasiado.

Puede que hasta la quisiera un poco.

Cuidaba de ella y todo eso, me aseguraba de que estuviera a salvo.

Esa clase de amor. ¿Me entendéis?

Anoche, Mike.

- ¿Anoche qué? Murió anoche. - ¿Cuándo fue la última vez que la viste?

Ayer, estaba con vosotros. Me visteis con ella.

¿No la viste después?

¿Qué pasa aquí? ¿Vamos a saco?

¿Qué queréis que diga?

La verdad.

El conserje dice que te vio salir de allí media hora antes

de que el agua cayera del techo.

Os voy a preguntar una cosa. ¿Qué me habéis preguntado?

¿Qué pregunta específica me ha hecho John?

Te he preguntado cuándo la viste por última vez.

Y te he dicho la última vez que la vi con vida.

Cuando la vi después, estaba muerta en la bañera.

¿Por qué no llamaste entonces?

Porque tenía ropa

y cosas de afeitar allí.

¿Dónde están ahora?

En mi taquilla.

Un par de camisas y cosas para afeitarme.

Venga. Vamos.

- Vamos, Mike. - Demos un vistazo.

Muy bonito.

Genial. Qué bonito.

Vais a humillarme delante de todo el departamento.

- Genial. Muy bonito. - Nadie va a humillarte.

- Sí. - Venga.

- ¿Qué te parece? - Aún no lo sé.

- ¿Ha negado la versión del conserje? - Dice que estuvo allí después de muerta.

Pero que es la única vez que estuvo allí.

- ¿Lo crees? - Dice que fue a recoger

sus efectos personales. Vamos a comprobarlo.

¿Estuvo antes allí como dice el conserje?

- ¿Tuvieron una pelea? - Ahora lo veremos.

John, no me fio un pelo de este tipo.

Maquinillas, camisas...

un par de fotos.

Que es más o menos lo que os dije.

- Solo estuviste una vez. - Así es.

El conserje te vio dos veces. Te oyó discutir.

No volvamos con eso. Si dice que estuve dos veces,

miente. Dice que oyó una pelea. Es posible.

Dee Dee conocía a mucha gentuza,

por eso trabajaba para nosotros.

Tenemos versiones diferentes.

Tú dices que no estuviste allí

antes de recoger tus cosas, ¿cierto?

Exacto. Es la segunda vez que te lo digo, Andy.

Alteraste la escena del crimen. Admites haber mentido.

John, no me hables como si fuera un matón de la calle.

Si queréis joderme por esto, adelante.

No tengo nada más que decir.

- ¿Sí? - ¿Señora Fuentes?

Sí.

Soy el inspector Medavoy y él es el inspector Martinez.

Su marido habló con el inspector Kelly ayer.

Sí. Pasen, por favor.

¿Está su marido?

Buenos días.

Buenos días.

¿Quieren un café?

No, gracias, señor Fuentes. Hemos venido para confirmar

lo que les dijo a los inspectores el otro día.

Les dije todo lo que sé.

- Usted estaba solo en casa. - Así es.

Mi mujer trabaja por las tardes. Yo, de noches.

Soy cocinero.

Dice que estaba solo en casa

y oyó a los señores Garcia discutir todo el día.

Luego se oyó un grito,

usted corrió al vestíbulo

y el señor Garcia salió del apartamento

con el cuchillo todavía clavado,

se desplomó en sus brazos y murió antes de que llegara la ambulancia.

- Exacto. - ¿Oyó decir a la señora Garcia

que lo había apuñalado?

- Correcto. - ¿Usted no estaba en casa?

Estaba trabajando.

¿Eran amigos de la Sra. Garcia?

No socializábamos con ellos. Somos discretos.

¿Qué ocurre?

¿Por qué nos vuelven a preguntar?

Solo queremos asegurarnos,

- eso es todo. - Todos saben que ella lo apuñaló.

Él la maltrató durante años y ella se vengó.

La encerrarán mucho tiempo, ¿no?

- Dependerá del jurado. - Pero está entre rejas.

¿No irá a salir, verdad?

¿Qué fianza le pondrán?

Eso lo decidirá el juez.

Una mujer así, fuera de control, es un peligro.

Como la que cortó la polla a su marido.

A esa gente hay que encerrarla y tirar la llave.

Esto es todo por ahora.

Gracias por su tiempo.

- De nada. - Señora Fuentes.

¿Sabremos si sale bajo fianza?

¿Nos lo notificarán?

Claro. Lo podemos hacer

- si quiere. - Claro.

- Gracias por cooperar. - De nada.

Bien.

¿Hongos? ¿Cuánto me va a costar?

Cuando me metieron seis balas, pasé un mes en el hospital

y no me costó tanto.

¿Cuánto años tiene el perro?

Le quedan años por delante.

Está bien.

¿Cabe la posibilidad de que sea una perra especial?

¿Quizá de pura raza?

Ninguna, vale.

Está bien, tiene mi visa. Trate a la perra.

- ¿Cómo van las declaraciones? - Bien.

Siento haberos cargado con esto.

No, olvídalo.

De hecho, hay un testigo, Fuentes,

nos dio la sensación de que tiene más que decir.

Estaba como cohibido delante de su mujer.

- Martinez lo está llamando. - Un momento.

Yo interrogué a Fuentes. A mí me pareció bien.

¿Sí? Puede que no sea nada.

Mantenedme informado.

Desde luego.

Señor Fuentes, soy el inspector Martinez.

Cuando estuvimos allí, nos dio la impresión

de que le preocupaba algo.

¿Se sentía incómodo?

Puede que quiera venir y hablar en privado.

Ya sabe, de hombre a hombre.

Muy bien.

Trabaja de noches, ¿no?

¿Qué tal por la mañana?

Genial.

Pregunte por Martinez o Medavoy.

Genial.

Va a venir.

¿Crees que la mató Roberts?

Es un gilipollas. Eso lo sabemos.

Sabremos que es un gilipollas que la ha matado

cuando tengamos los resultados de toxicología.

Hoy es la gran noche. ¿Irá Sylvia a tu casa?

No te creerás lo que ha pasado.

Tengo que contártelo.

¿De qué te ríes?

¿Otro problema en casa?

Esa actitud tuya no me mola.

Pues resulta que sí, tengo un problema en mi apartamento,

- una fuga de gas. - No he dicho nada, Andy.

No, pero ¿a qué viene esa sonrisita?

¿Acaso crees que me he cargado la instalación?

Tranquilo. La van a reparar.

Tardarán unos días,

pero ya sabes cómo es la compañía del gas.

Lo importante es que estoy listo para que venga a mi casa.

Me alegra oírlo.

Me alegro por ti.

Ahí tenemos al increíble Hulk.

Inspector, te debo una disculpa.

No debí haberme puesto así contigo.

- Estuve fuera de lugar. - No pasa nada.

- Lo pasado, pasado está. - Sí.

He pensado que también podrías interceder por mí

ante Janice Licalsi. Si sabe que nos llevamos bien,

quizá afloje conmigo.

Tiene otro compañero.

Tendrías que hablar con ella.

De acuerdo. Ningún problema.

Si me concedes 20 minutos diarios,

te pongo en forma en un mes.

Estoy en forma, Roy. Gracias.

Tus pectorales están bien, pero si no los trabajas, en cinco años,

te colgarán hasta las rodillas

- como a las amas de cría. - Sí.

Vas por ese camino, John.

¿Qué edad tienes, treinta y tantos? No hay razón para ello.

No tiene por qué ser así.

- Gracias por el consejo. - No es un consejo, es un hecho.

Con la edad, todo se vuelve más peludo, más ancho y más caído.

No tiene por qué ser así.

Ejercitando las piernas y alguna que otra técnica,

evitarás ir arrastrando un culo penoso.

Deja que le convenza, Roy.

A ver si entra en razón. Además, es verdad.

El cuerpo es nuestro templo.

¿Qué hará falta para que le tiren una red como a los gorilas?

- Ese toma algo. - Voto por el speed.

¡Kelly! Si quieres sentarte sobre un culo fofo, adelante.

Yo me sentaré sobre este.

Reconózcalo, teniente, el tío tiene un culazo de lo más musculoso.

Inspectores, ha venido la madre de Dee Dee Santini.

- Lo siento, señora Santini. - Mi apellido es McBride.

El de mi hija es Santini porque a los 16 años

se casó con un gamberro del barrio que se apellidaba Santini.

Esta es mi Dolores, para mí siempre será una McBride.

Sentémonos.

Siéntese.

- ¿Qué podemos hacer por usted? - Quiero enseñarles unas cosas.

Esto es su graduación del instituto.

Era una estudiante excelente. Lo decían todas las monjas.

Sacaba buenas notas, participaba en todas las actividades.

Estaba dejando las drogas. Se lo prometió a nuestro párroco.

¿Tiene ahí un diario?

¿Ustedes tienen hijos?

Sí, tengo un hijo.

¿Están unidos, inspector?

En este momento, no.

Pero, si le sucediera algo malo, usted lo sabría.

Uno sabe esas cosas de sus hijos.

- Supongo. - Yo lo sabía.

Incluso antes de leer esto, sabía que se veía

con alguien que le hacía daño, con un cabrón casado.

Intentó cortar con él 20 veces,

pero era débil por culpa de las drogas.

Se lo prometió al padre Kelleher, él la estaba ayudando.

Estaba preparada,

- y ese cabrón le arrebató la oportunidad. - ¿Podemos verlo?

Lea esto.

"Mike dice que, si le dejo, me matará.

"Dice que, si vuelvo a llamar a su mujer,

"me matará".

Me lo leyó.

Me lo dio.

Miren. Escuchen.

"Voy a dejar definitivamente las drogas.

"Voy a cambiar mi vida con la ayuda del padre Kelleher".

Les digo que ese hijo de puta la mató.

Ese tal Mike, quienquiera que sea.

Le rogué que me lo dijera, pero se negó. Su apellido no figura en el diario.

Nos servirá de ayuda.

No fue un suicidio.

La mataron.

¿Han leído que pensaba dejar las drogas?

Gracias por darnos el diario.

¿Tienen alguna pista?

No, estamos en ello.

Busquen a ese Mike. Él mató a mi pequeña.

- ¿Quería verme, señor? - Sí, siéntese.

Quiero que vaya al servicio médico

y se haga un test de detección de drogas.

¿De drogas?

- ¿Por qué? - Por una causa.

El teniente me ha informado de ciertos hechos que lo justifican.

- No lo entiendo, capitán. - ¿Le preocupa hacérselo?

No, señor. No tengo nada que ocultar.

Me gustaría saber quién está haciendo correr el rumor.

Nadie, agente.

Los servicios médicos le esperan.

Si no tiene nada que ocultar, no se preocupe.

- ¿No? - Sí, señor.

¿Sabes dónde es? LeFrak City.

Sé dónde es.

Janice.

¿Tú y tu amigo creéis que me la vais a jugar?

No sé de qué hablas, Roy.

Te vas a quedar pasmada. Te vas a comer una mierda.

Voy a pasar ese test, ¿te enteras?

Cogeré los resultados,

y se los meteré por el culo al cagado de tu novio.

¿Qué quería esa mujer?

- Era la madre de Dee Dee. - Sí.

Hablemos en la sala de interrogatorios.

Espero que no hagáis caso de lo que dice.

Según esa mujer,

Dee Dee aún era virgen. Y era una colgada.

Creía que aún iba por ahí con el uniforme del colegio de monjas.

Vamos.

Me gustaría

que no dejarais mensajes en casa.

- Tenéis preocupada a Connie. - De cuatro a 12.

Intentamos localizarte.

¿Qué vais a hacer? ¿Restregármelo por los morros?

¿Cómo pudo Mike Roberts liarla así con el procedimiento?

- "¿Procedimiento?". - O liarse con una soplona.

Llamadlo como queráis, no es ningún delito.

¿Necesitaré al sindicato o a un abogado?

Creía que siete años de servicio

contaban para algo, pero no.

Apareces en su diario, amenazándola de muerte.

Decía que la matarías si llamaba a tu mujer.

Amenazó con hacerlo, la oímos.

Dinos qué pasó entre los dos antes de que muriera.

¿Estáis diciendo que la maté?

¿Escribe algo en su diario y lo anteponéis a mi palabra?

Dinos todo lo que pasó aquel día.

- Os lo he contado. - El conserje dice

- que estuviste allí dos veces. - ¡Venga! "El conserje dice",

"la soplona dice en su diario"...

¿Qué pasa con lo que dice Roberts?

Está bien.

Estuve allí antes de que muriera. ¿Vale?

Y le llevé una cosa.

No sabía qué hacer para romper con ella,

porque ya visteis cómo estaba.

¿Qué pasó Roberts? ¡Venga!

Le llevé una bolsa de quinina.

Le llevé placebo.

Parece droga, sabe a droga.

No lo descubriría hasta que me fuera.

Necesitaba hablar con ella.

Y decirle cómo estaban las cosas.

Y no quería saber nada hasta que le diera aquello.

Hasta que le diera algo.

Y se lo di.

Le dije que habíamos acabado.

Se volvió loca.

"Me voy a suicidar".

Creedme.

Para ella era como ir al retrete.

Siempre amenazaba con hacerlo.

Y eso es todo.

Rompí con ella y me fui.

¿Por qué volviste?

Estaba preocupado por ella.

Porque temía que pasara lo que pasó.

Volví allí.

Estaba muerta.

La perra estaba con ella.

Solía ir los domingos.

Le llevaba el periódico.

Café.

Una bolsa de galletas.

La perrita se ponía delante para que le diera.

Yo quería a esa perrita.

Quería a esa perrita.

No es necesario.

Señor Fuentes, cuando fuimos ayer,

parecía nervioso por el hecho de que la Sra. Garcia saliera bajo fianza.

Nos dijo que usted y su mujer

no la conocían muy bien, que son discretos.

¿Por qué está tan preocupado?

¿La conoce mejor de lo que nos dijo?

Quiero contarles todo,

pero no quiero que lo usen para incriminarme.

Tengo que preguntarle algo.

¿Quiere un abogado?

No. No he hecho nada malo.

¿Por qué no nos cuenta qué le preocupa?

Tenía relaciones con la señora Garcia.

¿Qué clase de relaciones?

Ya sabe, íntimas.

Viriles.

No pude evitarlo.

Se enamoró de mí.

Su marido trabajaba todo el día.

Llegaba a casa por la noche, bebía, le pegaba.

Ella tenía sus necesidades.

Usted estaba en casa porque trabaja de noche.

Mi esposa es una buena mujer. La quiero.

Pero Luisa Garcia...

Era una aventura apasionada.

Estuvo mal, pero ¿qué quiere que hiciera?

A veces, me decía que iba a matar a su marido

y que yo matara a mi mujer, para poder vivir juntos.

No hice caso. Pensaba que solo eran palabras.

Y, de repente, lo mató.

El señor Garcia estaba muerto. ¡Lo hizo! ¡La muy perra!

Sigo pensando que lo hizo porque él le pegaba.

Eso es cuando hablé con el primer inspector.

- El inspector Kelly. - Sí.

Luego me llamó.

Hace tres días.

Desde la cárcel.

"Hice mi parte", me dijo.

"Ahora haz la tuya".

Eso me dijo.

Por eso estaba alterado cuando vinieron.

Me he dado cuenta de que está loca.

Dice que lo mató para que viviéramos juntos.

¿Su esposa sabe algo de esto?

Se lo confesé. Sabe que estoy aquí.

Hizo lo correcto.

Tenía que hacerlo. ¿Y si sale bajo fianza?

Está cabreada conmigo. Lo próximo será...

Sí.

El Departamento Forense dice que Devlin viene hacia aquí.

- ¿Qué ha dicho el laboratorio? - Aún nada.

Teniente.

Siéntese, señor Fuentes.

Ese testigo, Fuentes, el del homicidio Garcia...

Ha confesado que él y la señora Garcia tenían una aventura.

- Por eso ella lo mató. - No entiendo cómo se me escapó.

No se te escapó. Después del interrogatorio,

la mujer lo llamó desde la cárcel, para decirle que había hecho su parte,

y que le tocaba a él.

- Eso sería asesinato. - Eso parece.

- ¿Se lo habéis dado al fiscal? - Martinez está llamando.

- Buen trabajo, Greg. - Sí.

- Gracias. - Soy el inspector Martinez,

le llamo sobre el caso Garcia.

Laura tenía razón.

Me va a caer una buena.

- Prepárate. - Aquí tiene, inspector.

El veterinario ha dicho que descanse

y que le dé esta medicación.

Gracias por recogerla.

Ha sido caro.

- Sí. - ¿Qué le ha pasado?

Tiene una dolencia.

De esas que afecta a las hembras.

Ya me contaréis

por qué tanta prisa con el caso Santini.

Ahora tienen servicio de correo.

¿Qué dicen los análisis?

Nada que no supiéramos. La chica se suicidó.

Solo aparecen restos de narcóticos,

pero no aturdirían a nadie,

y menos a una yonqui como ella.

Si no estaba drogada, ella misma se puso la bolsa en la cabeza.

De lo contrario, habría señales de lucha. De resistencia.

- ¿Es el perro que había allí? - Sí.

Está hecho un trapo como la chica.

Pues tú no eres Clark Gable, tío.

John.

- ¿Qué dice el forense? - Suicidio.

Te dije que estaba limpio.

- Sí, lo dijiste. - Exactamente. Lo dije.

Ya, limpio como una patena.

Hola.

- Enhorabuena por el homicidio Garcia. - Gracias.

Yo iba totalmente descaminado.

Yo no tenía mi bola de cristal.

Seguiste tu instinto. Tenías razón.

Me alegro de que saliera bien.

Buen trabajo.

Gracias.

- ¿Crees que te has librado? - Sí, estoy dando saltos de alegría.

Hola.

Será rápido, Roberts.

El forense dictaminó suicidio, ¿verdad?

No tenían dudas.

He leído el informe del caso Santini.

He hablado con Sipowicz y Kelly.

Y he leído el diario.

Es muy triste leerlo.

Pero, como habrá visto, nunca le di drogas.

Lo que leí me revolvió el estómago.

Hay que recordar que era una yonqui.

No hay que confiar en su palabra.

Te aprovechaste de una persona débil, que sufría, dependiente.

La golpeaste.

- Abusaste sexualmente de ella. - Pero no la maté.

No la maté.

La investigación iba de esto, ¿no?

No hay indicios de criminalidad, ¿no?

Hoy vas a pedir la jubilación.

Me faltan tres años para cobrarla entera.

¡Hoy! Me da igual la pensión que pierdas.

Me da igual los beneficios que pierdas.

No te quiero en esta comisaria, no te lo voy a pasar.

Si me lo pones difícil, informaré a Asuntos Internos.

Recomendando el despido.

Me voy. Fancy me ha echado.

Si me resisto, me desprestigiará.

Lo siento, Mike.

Perderé derechos. Al menos, me quedará una pensión parcial.

Quizá sea mejor así.

Mi mujer va a venir.

Mi hija mediana tiene un recital de balé.

Antes, si iba a esos recitales,

yo me llamaba al busca e inventaba una excusa para ver a Dee Dee.

Ahora podré ver la danza de los ratones del bosque.

O como se diga eso.

¿Quería verme, capitán? ¿Tiene los resultados?

Cierre la puerta.

Deme su arma y su placa.

¿Por qué?

La prueba ha dado múltiples positivos.

- Esteroides anabólicos... - Espere.

Los esteroides no están en la lista de sustancias prohibidas.

Las metanfetaminas sí.

No puedo haber dado positivo en meta.

Es un error.

Los análisis son más sofisticados ahora.

Ya no se puede enmascarar con un poco de pseudoefedrina.

Mañana a medianoche termina tu trabajo.

Preséntese en One Police Plaza para los trámites.

Su arma y su placa.

Esto es una encerrona.

Si creen que me voy a quedar sentado,

están locos.

Buscaré un abogado...

y les meteré una demanda.

Según la lista tiene dos pistolas.

Dele la otra al sargento antes de irse.

Esto no ha acabado aquí.

- Buenas noches. - Buenas noches.

¿Estás bien?

John, sé que a veces

hay antagonismo entre los fiscales y los inspectores.

Lo acepto, puedo manejarlo.

Pero, cuando te pedí las declaraciones,

- lo convertiste en algo personal. - Sí.

- Estuve fuera de lugar. - Fue como los viejos tiempos.

- Y no lo voy a consentir. - No deberías.

Me pareció bien que trabajáramos juntos.

- Creí que funcionaría... - Funciona estupendamente.

Verte por aquí.

Interesándote por la gente, haciendo tu trabajo.

Es genial verte.

Verte sonreír.

¿Me estás tirando los trastos?

No, estaba...

¿Luego hablaremos del tema?

- Buenas noches. - Buenas noches.

Buenas noches, teniente.

- Laura. - Andy.

John, escucha.

Ya me han arreglado el gas en casa.

- Luego tengo visita. - Que lo pases bien.

Sí.

Andy, ese perro que llevas es muy curioso.

Está en tratamiento con antibióticos,

le deja el pelo sin brillo.

- Buenas noches. - Buenas noches.

- ¡Kelly! - Hola.

- ¿Qué quieres? - Menuda emboscada,

- ¿verdad, Kelly? - ¿De qué hablas?

No eres lo suficientemente hombre.

Te escondes bajo las faldas del teniente

- para acusarme de consumo de drogas. - Los dos sabemos

- que tú te lo has buscado. - Me ha costado el empleo,

- gilipollas. - Oye, te aconsejo

que salgas de la comisaría.

Sal y desahógate.

Es mejor que lo que estás haciendo.

¿Sí? Porque le voy a partir los morros, y luego a ti.

Si insistes, adelante.

Menudo batacazo.

El suelo resbala mucho en esta época del año.

Vamos, pequeña.

Venga. La fiesta se ha acabado.

Hola.

Pasa.

¿Te ha costado encontrarlo?

- No, nada. - Bien.

- Bueno, empezamos bien. - Sí.

¿Ninguna fuga de gas a última hora?

No, los técnicos han dado el visto bueno.

¿Te apetece beber algo? Solo tengo soda.

- Sí. Me vale. - Bien.

¿Tienes armario?

Sí... Dame. Yo lo hago.

- Vale. - Lo siento.

Bien.

Qué bonito es el acuario.

- El coral es nuevo. - ¿Sí?

Esta es la cocina.

¿Te apetece picar algo?

- No, gracias. - ¿Unas galletitas, pretzels?

Andy, sé que esto es un poco incómodo.

Sí, estoy sudando a chorros.

Como si hubiera comido por seis.

- ¿Te importa que saque a la perra? - No.

Sal, pequeña.

Hola, Lulu.

Aún tengo que ponerle su medicina en la comida,

pero ha mejorado un 60 % su problema con sus vergüenzas.

¿Cómo?

Que el problema con sus vergüenzas ha mejorado mucho.

¿Es un eufemismo de algo?

No empecemos con el latín.

Las vergüenzas, las partes nobles de la perra.

Estoy sudando a chorros.

Estás un poco nervioso.

Voy a ser claro.

No me he acostado con nadie estando sobrio en 20 años.

No vas a asustarme.

Sé lo que eras.

Y sé lo que eres ahora.

Y creo que eres un buen hombre.

Y a tu manera...

tienes mucho encanto.

¿Quieres ir a la cama?

Me gustaría que me besaras.

He encargado una colcha.

Me tiene que llegar.

Si quieres doblar la que hay...

¿Te das cuenta de que...

si no doy la talla,

tendré que matarte?

Presiento que eso no será un problema.

Subtítulos: Mercedes Del Alcázar

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