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HOGAR
COMISARÍA 15
Buenos días, inspector.
Oye.
¿No es hora de dejar de aparentar no conocernos
cuando cruzamos esa puerta?
Tú decides.
Aquí lo tienes.
Creo que deberíamos pensarlo.
- Pensar cómo decírselo a todos. - ¿Sí?
¿Qué te parece si te quedas aquí plantado y te doy
un buen morreo frente a recepción?
- ¿Agente Licalsi? - Sí.
- Teléfono. - ¿Quién te llama a un teléfono público?
- No sé. - Nos vemos luego.
- Aquí la agente Licalsi. - ¿Janice?
- Sí. ¿Quién es? - Richie.
¿Richie?
¿Qué Richie?
El Richie al que verás hoy durante tu descanso.
En la vieja oficina de correos tras el puente, en Long Island City.
No conozco a ningún Richie. ¿Y para qué querría verte?
Tranquilita. Sé considerada, Janice. Como yo.
Te llamé a este teléfono para que tus jefes no oigan
que sé que solías trabajar para el Sr. M.
Nuestro amigo Angelo Marino. ¿A que soy considerado?
Janice.
- ¿Qué? - ¿Sigues ahí?
- Sí. - Entonces, ¿vamos a vernos?
Sí, está bien.
- Después del puente. - ¿A quién busco?
Tú ve, ya te encontraré yo.
- Buenos días. - Hola, inspector. ¿Qué tal?
Bien.
- ¿Alguna novedad? - No, ya sabe.
¿Y usted?
No.
¿Quieres hablar de algo, James?
Hace tiempo que no sé de mi hermano. ¿Recuerda a mi hermano Roberto?
Sí, estaba en rehabilitación.
Lo dejó por su cuenta hará dos semanas y media.
Volvió a su apartamento. Ahora el teléfono está desconectado
y nadie contesta a la puerta cuando voy por allí.
- ¿Desde hace cuánto? - Un par de días.
- ¿Estará visitando a alguien? - Podría ser.
Pero no sé a quién.
- ¿Tienes una copia de la llave? - No, se la devolví.
Podrías pedirle al conserje que te abra.
Quizá tu hermano se fue
y el gato tiró el teléfono.
Ya sabes. Así te quedas tranquilo.
No tiene mascotas y...
Le diré la verdad, inspector.
Me asusta lo que me pueda encontrar.
¿Quieres que vaya contigo?
Me temo que le ha pasado algo, ya sabe, por su adicción.
- Yo... - Vale. No nos adelantemos.
Vamos allá.
Se lo agradezco.
Venga.
- Gracias. - De nada.
¿Sabes qué? Déjame entrar primero, a ver qué ocurre.
Lo siento, James.
Ay, Dios mío.
Mi hermano ha muerto.
Mi hermanito...
Lo siento.
Ven aquí.
Ven aquí.
Sí, lo tengo: "Una energía maligna que amenaza la galaxia".
Claro. Además le amenaza personalmente con un escuadrón de la muerte con láser.
Entendido.
No, no me falta paciencia,
pero estamos bastante ocupados con crímenes en la Tierra.
Vale. Gracias por su llamada.
- Un chiflado. - Sí, ya me lo imaginaba.
Son gajes del oficio.
Hablemos en la sala de interrogatorios, Srta. Abandando.
- ¿Está bien? - Claro.
¿Hice algo malo
- durante esa llamada? - No se preocupe. No.
Muchos de sus chiflados, señorita Abandando,
están chiflados porque sienten que el mundo no los entiende.
No ayuda que usted también los haga sentir así.
Intente evitar que se le note en la voz que usted cree
que les faltan unos cuantos tornillos.
¿Le parece que no fui lo bastante comprensiva?
¿Cree que quizás le he empujado
a realizar un acto atroz?
¿Qué problema tenía el tipo que acaba de llamar?
Una poderosa configuración de pura maldad
llamada Plataforma Gravitacional Galáctica.
Y envió un escuadrón de la muerte con láser a matarlo.
Pues trabaje con eso. Verá. Siéntese.
La Plataforma Gravitacional.
¿Un escuadrón de la muerte con láser? Suena peligroso.
Entonces dele un par de sugerencias.
Ya sabe, en plan: "La forma más efectiva
"de tratar con escuadrones de la muerte
"es colocar granos de café en cada esquina de su casa.
"El olor trastorna sus sentidos.
"Y póngase un sombrero con papel de aluminio por dentro.
"Despista su dispositivo de rayos".
Si les da una idea, se ayudan solitos.
- Eso es muy inteligente. - Sí.
Quizá si deja de ir a convenciones de ovnis,
dejará de ver hombrecillos verdes.
Inspector Sipowicz, gracias por la ayuda.
No hay de qué, señorita Abandando.
- ¿Quiere uno? - Gracias.
De nada.
- Andy. - Sí. ¿Cómo va?
- Martinez perdió a su hermano. - ¿Drogas?
- Sí. - ¿Cómo está el chaval?
Se lo está comunicando a la familia. Creo que le preocupa su padre.
Voy a decírselo al sargento.
Vamos a celebrar el cumpleaños de Medavoy.
Sí. Enseguida bajo.
Mira a Roberts merodeando en la zona de Abandando.
¿Le culpas?
- ¿Cómo va? - Hola, Andy. ¿Qué tal?
Inspector Roberts.
- Anoche fui al partido de los Rangers. - ¿Usted también?
- ¿No detesta los empates? - Sí.
- En fin, mire. Tengo un recordatorio. - ¡Un disco!
¡Genial! ¿Lo cogió tras un rechace?
No, lo compré en el puesto de recuerdos.
Pensé que igual lo querría.
Qué amable por su parte.
Pero mejor quédeselo.
No, venga. Acéptelo.
- Es un placer. - Muy amable por su parte. Muchas gracias.
¿Le gustaría venir a algún partido conmigo?
Bueno, mis amigas y yo tenemos pases de temporada
y solemos ir juntas.
Pero gracias de todas formas.
Claro.
Y... muchas gracias por el disco.
No pasa nada. Disfrútelo.
¿Cómo ha ido, Roberts?
- Es bollera. - ¿Por qué lo crees?
Va a partidos de hockey con un grupo de chicas.
Nada más que decir.
¿Vuelve del juzgado, inspector Medavoy?
- Feliz cumpleaños, viejo. - Feliz cumpleaños, Medavoy.
Tengo 40, no 80. Hola, Andy.
¿Vienes a comer al Theresa, Medavoy?
- Si podéis, yo también. - Sí, Kelly bajará en un momento.
Te invitaríamos a cenar si no condujeras
- cada noche a otra franja horaria. - Qué le voy a hacer,
a mi mujer le gusta vivir en Holbrook.
- Comida en el Theresa, señorita Abandando. - Está bien, inspectores.
- Este muchacho está de cumpleaños. - Feliz cumpleaños, inspector Medavoy.
- Medavoy se lo agradece. - Volveré en un par de horas.
- Anda, el cumpleañero. - Hola, John.
- ¿Qué tal esos 40? - Justo estaba diciendo
que le duelen las articulaciones.
- Soy Richie. ¿Qué tal? - ¿Qué quieres?
Queremos que recibas un segundo sueldo de nuevo como
- cuando trabajabas para Angelo Marino. - Sí, ya lo dijiste al teléfono.
No sé dónde has oído eso.
¿Y has venido hasta aquí solo a tomar el aire?
Vine porque quería saber de qué diablos hablabas.
Hablo de que mi jefe posee
documentación privada de Angelo Marino.
Estás en su lista, Janice.
Policías amistosos. Deja de actuar como una virgen.
Nunca recibí un centavo de Angelo Marino.
Intentaba proteger a mi padre.
- Buena hija, bien hecho. - Y Marino está muerto.
- Y mi padre también. - Pero la vida sigue, Janice.
Tienes que pensar en tu carrera.
Creo que te interesa cooperar.
No quieres que surjan trapos sucios.
¿Esta página de diario?
Es la letra de Marino.
Janice, estoy aquí.
¿Para quién trabajas?
No te preocupes por eso.
De vez en cuando te pediremos algo.
Consíguenos lo que necesitamos y todo irá de perlas.
- ¿Qué clase de peticiones? - Cosas sencillas.
Mira.
Necesitamos que investigues esta matricula.
Necesitamos la dirección de casa y la del trabajo.
Además de los 500 que te mandaré, rechazarlo sería malo para tu salud.
Y en ese caso, diría que los cogiste igualmente y me compraría lotería.
Venga, Janice. Que solo te pido una matrícula.
Que te den. Sé muy bien lo que pides.
Venga. Anímate.
- Consíguemelo para mañana. - ¿Sí?
Ya te diré lo que decido.
Mañana. Nos guardaré dos aparcamientos.
RESTAURANTE
Oye, Medavoy. Mira. "Especial para jubilados: 2,99".
Jo, jo, jo.
¿Qué te han regalado, además de una mecedora?
Las niñas me dieron esto, y mi mujer, esto.
¿Cómo se superan los 40, Andy?
Por lo que recuerdo, le dediqué el año entero al güisqui.
Bueno...
Si te digo la verdad, de momento ha sido difícil.
Ha sido algo difícil.
¿Por qué ha sido difícil, Medavoy?
No sé.
Se te echa encima, en plan, ya sabes. Empiezas a...
mirar atrás un poco. A mirar adelante.
Miras atrás. Comienzas a preguntarte:
"¿Qué he conseguido?".
A ver, no me puedo quejar.
Tengo a Marie y a las niñas.
Tenemos un terreno en Florida.
Si todo va bien, comenzaré a construir allí en cuatro o cinco años.
Se te da bien la carpintería, ¿no?
Sí. Eso es. Así que empezaré con eso.
¿Esto qué es, un cumpleaños o un velatorio?
Andy, tenemos que irnos. El caso de Martinez, de anticrimen.
- ¿Necesitáis ayuda? - No hace falta. Estaremos bien.
- Oye. Feliz cumpleaños. - Gracias, John.
- Gracias, Andy. - Sí, hombre.
Y sigue así de animado.
- ¿Qué ocurre? - Ha llamado Martinez.
Dice que su padre busca al camello que le vendió droga a su hermano.
Y dice que tiene un arma.
Genial.
- ¿Crees que te ha visto? - Sí.
Pero no sabe que voy a por él.
¿Qué ocurre, James?
Llamé a mi padre al trabajo, en su taller.
Le dije lo que le pasó a Roberto. Me dijo que
iba a ver al Sr. Gutierrez, el director de la funeraria.
Yo tenía que decírselo a mi madre. Estaba con ella y con mi tía
cuando llamó un chaval del barrio, Joey Gonzales.
- Arresté a ese chaval. - Es del barrio.
Me crie con él. Iba por la sexta calle cuando apareció mi padre,
le pegó y preguntó: "¿Quién le vendió droga a Roberto?".
Joey dijo que nunca le vendió a Roberto por respeto a la familia.
Pero le dio el nombre del pelirrojo ese,
y mi padre le preguntó dónde podía comprar un arma.
- ¿Y es ese pelirrojo de ahí? - Sí.
Me temo que mi padre vendrá por aquí.
Me temo que hará algo malo.
No parece que lleve nada encima.
Él, no. Tiene chavales que la mueven por él.
Arrestémoslo de todas formas. Lo sacaremos de la calle.
- Los chavales con la droga se largan. - Déjalos.
Oye.
Ey.
¡Oye, tú! Pelirrojo, ven aquí.
Largaos. Tú vienes con nosotros.
- ¡Cierra el pico! ¿Vale? - Te vienes.
¿También queréis venir? ¡Pues largo! ¡Fuera!
- Largaos. - Oye, ese es mi padre.
- Venga. Al coche. - Papi.
- ¿Señor Martinez? - ¿Qué haces aquí?
- Soy el inspector Kelly. - Vas a la comisaría.
Siento lo ocurrido, señor.
- No me toque. - Debo buscar armas.
¡Que no me toque!
¡Ese hijo de puta mató a tu hermano!
¡Señor Martinez!
¡Al suelo!
¡Ese asesino mató a mi hijo!
- ¡Mató a mi hijo! - Lo entiendo.
- Pare. - ¡No! ¡Es un asesino!
- ¿Qué ocurre? - Nada.
Todo está bajo control. Vamos. Arriba.
- ¿Ha avisado de los disparos? - Sí, acabo de hacerlo.
No puedo dejarlo ir, James.
- No puedo... - ¡Mató a mi hijo!
¡Para, papá! ¿Vale? ¡Para!
- ¿Quién es su hijo? ¿Qué problema tiene? - Olvídalo. Lárgate.
- No puedo dejarlo, James. - Cuidado con la cabeza.
- Es lo que hay. - Ya.
Será mejor que te busques un viajecito barato, pelirrojo.
Algo en un clima más cálido. Y ahora lárgate. Venga.
¡Largo!
¿Qué tal la comida de cumpleaños?
Yo solía jugar al hockey.
Está de broma.
En el instituto.
Y patinaje en pareja también.
Yo patino dos veces por semana aquí al lado, en el Skyline.
¿En serio?
Sí. Conocía a alguien a quien le encantaba
patinar, ya sabe, en pareja.
- Hace tiempo. - Yo voy mañana, después del trabajo.
¿En serio?
Podría venir conmigo algún día.
Tengo... Ten...
- Lo... Lo siento, Donna. - No se preocupe por el tartamudeo.
No. Es que tengo que conducir mucho para volver a casa.
A veces mi mujer ya tiene la cena lista.
- Así lo hacemos. - Claro.
- Quizá otro día. - Sí.
Feliz cumpleaños.
¿El padre intentó disparar al camello?
Reporté que la pistola se disparó cuando traté de desarmarlo.
- Sé lo que reportó. - Teniente, Martinez dice
que su padre nunca asimiló que su hijo fuese drogadicto.
Ahora que se enteró de su muerte, está muy afligido.
Fue tras el tipo que le vendió la droga al chaval.
A ver, no es que sea un delincuente violento habitual.
Pero el hijo sigue muerto y el camello sigue en la calle.
Sí. El camello no tenía nada.
La cuestión es...
¿le hace un favor a Martinez si deja a su padre suelto?
Estás ahí sentado delante de mí
mientras tu hermano yace muerto en el hospital Bellevue.
El Sr. Gutierrez dice que mañana podrán recoger sus restos.
¡Estás ahí sentado y el hijo de puta del camello
que mató a tu hermano está en la calle!
¿Cómo lo arrestamos, papi?
No llevaba drogas encima
y no podemos demostrar que se las vendió a Roberto.
Lo cierto es que lo arrestaban para evitarte problemas a ti.
Pero la liaste de todas formas.
Papi...
¿Y si te sueltan ahora? ¿Qué harías?
Haría lo que hace falta.
- Eso haría. - ¿Qué?
Alguien en esta familia debe ser un hombre.
Intento hacerte entrar en razón.
Puedo hacer que te suelten, pero debes dejar de hacer el loco.
"¿El loco?".
Te parezco un loco porque no te ocupaste de tu hermano.
- Lo intenté. - ¡Tu hermano está muerto!
¿Qué intentaste?
- ¿Qué intentaste? - ¡Para!
- ¿Qué intentaste? ¡Está muerto! - ¡Para, he dicho!
¡Está muerto!
¡Tu hermano está muerto! ¿Qué pasó?
Deja de pegarme, ¿vale?
¡Se suponía que cuidarías de él! ¡Está muerto!
- ¡Oye! ¡Cogedlo! - ¡Separadlos!
- James, suéltalo, ¿vale? - Calma.
- Apártalo. - ¿Qué diablos pasa aquí?
- Vamos a dar un paseo. - Venga.
¡Venga! ¡Vamos!
- ¿Estás bien, Martinez? - No quiero que lo suelten.
- No lo quiero en la calle. - Está bien.
Lo mantendremos aquí.
Lo organizaremos y lo soltaremos mañana.
Bien. Al menos no estará en la calle esta noche.
¿Estarás bien?
Sí.
- ¿Qué te parce? - Sí, ya sabes.
- Mejorará. - "¿Mejorará?". Sí, bueno,
a continuación tengo un ravioli con marisco que te va a encantar.
- ¿Estás bien? - Sí.
¿Sabes en qué estaba pensando?
En esa llamada que recibiste hoy en el teléfono público.
Era... Era un...
Era un delincuente.
Un traficante que Lucas y yo interrogamos hace unas semanas.
Usa ese teléfono público
porque es el número al que está acostumbrado.
¿Vale?
¿Fin del interrogatorio?
Sí.
Es que la gente usa ese teléfono cuando no quiere
que se grabe la conversación, así que cuando te llamaron...
- Entenderás que me preocupe. - Sí, pero ya te dije quién era.
Vale. Le he dado demasiada importancia.
Tendrás que confiar en mí, Johnny. Si no, esto no va a funcionar.
Confío en ti.
Ven aquí.
Ven aquí.
¿Entendido?
Bien, señor Martinez, adelante.
- No lo quiero con nosotros. - Nosotros somos los policías.
Nosotros decidimos.
Gracias.
Como padre tuyo, te digo que no te quiero cerca.
Déjame ir contigo, papi. Y luego iremos a casa.
No, vete a casa tú y quédate con tu madre.
- Está bien. - Vamos. Venga.
Estamos listos.
Venga. Vamos. Venga.
Luego hablamos.
El pueblo del estado de Nueva York contra Hector Martinez.
Señoría, al reo se le acusa de posesión de un arma oculta.
Tras debatirlo con los agentes involucrados en el caso
y considerando las circunstancias, el estado no se opone
a la libertad provisional y suspensión considerando la desestimación.
- Y lo aceptaríamos, señoría. - ¿El arma se disparó?
Como verá en el informe de arresto,
fue un agente el que causó que el arma se disparase
al intentar desarmar al sospechoso.
Quisiéramos recalcar
que el acusado no tiene cargos previos y es un pilar
en su comunidad, señoría. Además su hijo es policía.
También puede ver que el incidente tuvo lugar
tras la muerte del hijo más joven del acusado.
Señor Martinez, lo liberaré sin fianza,
y si no se mete en problemas en los próximos seis meses,
este incidente no se reflejará en su expediente.
¿Entendido, señor?
Está bien. Sí.
Mi más sentido pésame.
Señor Martinez, ¿tiene un momento?
¿Qué quiere?
Salgamos.
- Hola. - Gracias por facilitar las cosas con este.
- ¿Ves lo que ayuda una cena? - Me tenías preocupado.
- Pensé que serían dos cenas. - Bueno, tendré que ver mi agenda.
Mejor será que veas la lista de reservas
del Dubrovnik's, esta noche a las ocho.
Tú eres el inspector.
Sí.
Vale, déjeme hacerle una pregunta.
¿Cuánto daño más le hará a su familia por la muerte de Roberto?
¿Qué clase de pregunta es esa?
Dejan a un camello en la calle y me arrestan a mí.
No podíamos arrestar al camello. Lo arrestamos a usted
porque temíamos que hiciese una estupidez.
Señor Martinez, ¿quiere que su mujer tenga que visitarlo
durante cinco años en la cárcel?
¿Dos horas por semana durante cinco años
viéndolo entre yonquis, chulos y ladrones?
Y lo peor es que ella sabrá que merece estar allí
- por abandonar a su familia. - Un desgraciado mató a mi hijo.
Las drogas mataron a su hijo.
Roberto se metió esa jeringuilla solo, y ahora ya no está.
Matar al tipo que le vendió la droga no cambiará eso.
Mientras tanto, su otro hijo intenta ayudarle,
y usted no hace más que pegarle e insultarlo.
James lo quiere.
No necesito que me hable de mi hijo.
Escuche. James es buena persona. No conozco a su mujer,
pero conociendo a James, sé que ella es tan buena persona como usted.
Ha hecho un gran trabajo con sus hijos.
Ha sufrido una pérdida terrible.
Pase página y recupere a su familia.
Y no seguiremos dando vueltas como idiotas
salvándole el cuello, señor Martínez.
Nadie le perdonará otra tontería.
¿Me dejan ir ya o qué?
- Adelante. - ¿Ha oído al inspector Kelly?
Sí.
- Hola, Medavoy. - Hola.
- ¿Donna? - ¡Hola!
- ¿Va a patinar después del trabajo? - Sí.
- ¿Puedo acompañarle? - ¡Claro!
- Comisaría 15. - ¿Está Janice Licalsi?
- Sí. ¿Quién llama? - Su primo, Richie.
Este es un teléfono público. Le daré el número correcto.
No me quedan más monedas.
Está bien. Un momento.
Para ti. Dale el número correcto.
- ¿Qué? - ¿Nos vemos esta tarde?
No. Aún no lo hice.
- ¿Por qué? - Porque aún no lo hice.
No sé si lo haré.
¿No?
No cometas un error, agente Licalsi.
¿Me has oído? No sé si lo haré
- y ya te diré lo que decida. - Sí.
Escúchame a mí.
Si tengo que llamar otra vez porque no la tienes,
llamaré al número correcto y dejaré grabado lo que hiciste.
Métete esa matrícula por donde te quepa.
Lo mismo digo, cielo.
Métetela junto a esa brillante placa de policía.
PISTA DE HIELO SKYLINE
¿Cómo te dio por patinar?
Había un estanque cerca de mi casa.
A mis amigas y a mí nos encantaban los espectáculos de patinaje.
Gente hermosa y perfecta
- deslizándose sobre el hielo. - Sí.
¿Y cómo pasaste de los espectáculos de patinaje al hockey?
Creo que fue cosa de los jugadores.
Al último tipo con el que patiné le hacía gracia empujarme contra la barrera.
No te preocupes. Nada de empujones.
¡Se te da bien!
Creo que hacemos buen equipo.
- Me recuerdas a Peggy Fleming. - ¿En serio?
- Siempre quise ser ella. - Seguro que ella querría ser tú.
- ¿Qué tal el refresco? - Delicioso.
Pero debo tener cuidado, el azúcar se me sube a las caderas.
¿Tus padres siguen viviendo en Long Island?
- No, fallecieron. - Lo siento.
Me encantaba patinar en aquel estanque.
Podía dar vueltas durante horas, escuchando el viento, los patos...
¿Sabes? No has tartamudeado ni una vez.
Me lo provocan los nervios.
Cuando estoy cómodo mejora.
Creo que patinas muy bien.
Tú patinas genial.
Y eres atractiva.
Muy atractiva.
Ya sabes, simplemente... encantadora.
¿No vas a llegar tarde a casa?
Voy a llegar tardísimo.
Pero con tantos casos, debes de llegar tarde siempre.
Sí. Entonces puedo llegar tarde.
Ha sido una noche estupenda.
Lo mismo digo.
Venga. Te acompaño al coche.
Calma.
- Espera. - ¿Qué pasa?
Es como si hubiese alguien más en la cama.
- Eso es lo que pasa. - Qué cosas más raras dices.
Qué cosas más raras siento.
- ¿Qué te ocurre? - No sé.
Siento que me examinan de cómo hago el amor.
No es eso.
Bueno, ¿por qué no te largas entonces, Johnny?
¿Qué temes que pase si me quedo?
Deja de interrogarme.
¿Qué te ocurre?
Quieres que confíe en ti, lo estoy intentando.
Pero ¿no recibiste otra llamada hoy?
Parece que estuvieses en la cárcel
y haces el amor como si quisieras escapar,
así que, ¿qué te ocurre?
¿Por qué no te largas, Johnny?
Te has involucrado de nuevo con esos tipos, ¿no?
¿Confiar en ti, Janice?
Es asunto mío.
Es asunto tuyo, quieres que confíe en ti,
pero puedes mentirme cuando quieras.
¿Podemos tener una vida juntos sin que me cuentes la verdad?
Alguien se ha enterado.
Pensé que era entre Marino y yo,
pero resulta que llevaba un registro y yo estaba en él.
¿Quién te contactó?
Un recadero llamado Richie.
Quieren que busque una matrícula.
Para empezar.
No lo haré de nuevo.
- Vale. Quiero ver a ese capullo. - ¿A quién?
A Richie. Averiguaré qué está pasando.
No. Te meterán a ti también.
Janice, ya estoy metido.
Johnny, quiero que te vistas.
- Quiero que lo llames. - No.
Quiero que te vistas, te vayas
y me dejes a mí encargarme de esto.
Siento no haberte dicho la verdad.
Ahora me dices la verdad, pero no me dejas ayudarte.
"Podemos tener una vida juntos", ¿no?
Janice, no te enrolles con esos tipos de nuevo.
- Te lo advierto. - No lo haré.
- Agente Licalsi. - Buenos días, inspector jefe.
Seguridad dice que entró en el edificio a las 6:30.
No sé cómo hacer esto y no quería subir
- la cadena de mando. - ¿No?
Pastel de limón y queso. ¿Quiere?
Si no le importa, prefiero ir al grano.
Me alegro de que Angelo Marino y su conductor estén muertos.
Eligieron hacer lo que hacían,
lo que les pase no me quitará el sueño.
- No me lo quitará. - Agente Licalsi.
Conocía a ese hijo de perra... Marino.
¿Lo conoció o escuchó su voz grabada, quizá?
¿Insinúa que habló con Angelo Marino antes de su muerte?
Antes de su muerte, sí. No desde entonces.
Aún no ha encontrado el tono adecuado para hablarme.
Probablemente no.
Pero lo he pensado mucho antes de venir.
Y también pensé mucho en Angelo Marino,
más de lo que se merece. La mayoría de juzgados del país
le habrían dado lo que recibió tras tenerlo en la cárcel
unos diez años mientras se cansaba de apelar.
Agente Licalsi,
establezcamos unas reglas básicas para esta conversación.
El tema de la muerte de Angelo Marino queda cerrado.
Es un caso resuelto. Alfonse Giardella lo asesinó.
Alfonse Giardella confesó ese asesinato.
Puede pensar que tiene motivos para reabrir esas puertas.
No los tiene, se lo digo yo.
Escuche, agente, porque no lo voy a repetir.
Le escucho. Intento entenderle.
Me interesa mirar hacia adelante, no hacia atrás.
No es idiota.
Eso lo entiende perfectamente.
- ¿Verdad? - Digamos que sí.
Su muerte aparte...
- ¿ese Marino contactó con usted? - Un año antes de que lo matasen.
Dijo que en el futuro me pediría que hiciese algo.
¿Por qué esperaba que colaborase?
Mi padre era Dominic Gennaro, uno de los policías imputados.
- Que acaba de morir. - Marino me chantajeaba.
Dijo que filtraría que mi padre trabajaba para él
a no ser que yo hiciese lo que él quería.
Cuando llegó el momento, ¿qué le pidió?
Lo único que hice por ese hijo de perra fue
lo que usted me dijo que no discutiremos.
Está bien.
- ¿Por qué ha venido hoy? - Me contactaron de nuevo.
- ¿Quién? - Un tipo llamado Richie.
- No sé para quién trabaja. - Tommy Linardi.
Probablemente. No lo sé.
Mire...
No quiero infiltrarme de nuevo.
Si eso significa perder mi trabajo...
si significa ir a la cárcel...
¿A quién más se lo ha contado?
- A nadie. - Que siga así.
Mientras tanto,
necesitaré un tiempo para asimilar lo que me ha contado.
Le avisaré cuando decida cómo proceder.
Se supone que debo hablar con esta gente. Quieren que busque una matrícula.
Le avisaré pronto.
Sí, me acuerdo de usted. Me alegro de que llame de nuevo.
Mis superiores me han autorizado
ha compartir información clasificada con usted.
Pero es alto secreto.
Quieren que le diga que la Plataforma Gravitacional se retira.
Ha retirado al escuadrón de la muerte con láser.
Bueno, si el escuadrón de la muerte desobedece las órdenes
de la base de la Plataforma...
Papel de aluminio.
En el improbable caso de que suceda,
arrugue dos pedazos de papel de aluminio...
y métalos en sus calzoncillos.
Bloquea sus rayos sensores.
Sin duda. Podría poner fin al imperio de la Plataforma Gravitacional.
Sí. Son tiempos maravillosos.
Está bien. Adiós.
Ha salvado la galaxia.
Oiga, Roberts, debe 14 dólares del suministro de café del mes,
cuando pueda.
¿Qué tal le fue ayer con Donna?
Bien. Nos lo pasamos bien patinando.
- Patinando, ¿eh? - Sí. En Skyline.
Andy, 14 dólares para el suministro de café.
Inspector, como agente de la policía experimentado,
¿has notado la ausencia de alianza
en la mano izquierda de Medavoy?
Sí, cierto, pero... no es lo que parece.
Además parece mostrar confusión de culpabilidad.
Roberts, no es lo que parece.
Perdí la alianza esta mañana en el lavabo.
- Claro, Medavoy. - Roberts,
eres un agente de policía experimentado.
¿Cuándo notaste que faltaba la alianza de Medavoy?
- Ahora mismo. - ¡Andy, no es lo que parece!
Así que la alianza de Medavoy no faltaba ayer cuando supuestamente
intentaba liarse con la Srta. Abandando, quien, según tú,
saldría antes con Martina Navratilova, de todas formas.
¿No andarás con estos tejemanejes,
Roberts, porque la señorita Abandando te dijo
que te metieses el disco de hockey donde no te da el sol?
Solo pago la mitad del café. El mes que viene me voy dos semanas.
Que te den, Andy.
- Gracias, Andy. - No es nada.
Solo fuimos a patinar. Eso es todo.
Sigue siendo un delito menor, Medavoy.
Y además lo del anillo fue
de lo más loco. Nunca me lo quito.
Pero esta mañana, por algún motivo, quería ver si podía, ¿sabes?
Y... allá se va lavabo abajo.
- ¿Has llamado al fontanero? - Sí. Viene esta noche.
- Pues no hay problema. - Sí.
Sí.
- Hola. - Hola.
Espero que eso no fuese lo que parecía.
¿Qué quieres decir?
Parecía que se trataba de nosotros.
Donna.
Anoche fuimos a patinar.
Nos lo pasamos bien.
Sí.
Y si algún idiota quiere picarme, es su problema.
No quiero causarte problemas en el trabajo.
Y no quiero causarte problemas en casa.
No me causas ningún problema.
Y no hicimos nada malo.
Todo lo contrario.
Me lo pasé genial.
Yo también.
Patinas muy bien.
Gracias. Tú también.
- ¿Has visto a Licalsi? - Allí.
¿Has desconectado el teléfono? Te estuve llamando toda la noche.
¿Ahora llegas dos horas tarde? ¿Qué diablos pasa, Janice?
- Me entregué. - ¿Qué?
- Hablé con Lastarza. - Hablaste con Lastarza.
El que dejó escapar al asesino de Andy, el que no sabe
hacer su trabajo. ¿Confías en él?
- Tengo que hacer las cosas bien, John. - Te va a devorar,
escupirte, conseguir lo que quiere
y mandarte a la cárcel.
Lo buscan arriba, inspector.
Vale. Hemos terminado.
Deberíamos hablarlo más.
Lo haremos.
¿Me buscaba?
¿Sabemos algo de Martinez siguiendo a ese camello pelirrojo?
- No. - Una patrulla dice que está allí.
Por si su padre aparece.
Ese tipo necesita largarse, teniente.
- ¿Quién? - El pelirrojo.
No echamos a nadie. Si el pelirrojo mueve droga, arréstalo.
Si el padre de Martinez comete un crimen, arréstalo.
Y si Martinez está de baja familiar,
- lo quiero fuera de la calle. - Intenta cuidar de su familia.
¿Quiere que vaya a por él?
No. Que el sargento le diga a la patrulla que está de servicio.
Vale.
- Oye. ¿Dónde andabas? - Por ahí.
¿Por ahí?
No viniste ayer. No viniste por la noche.
No dejo de llamar a mami. Está preocupadísima.
También ha perdido a un hijo, papi.
En vez de estar en casa con ella, estoy aquí preocupado por ti.
- Lo sé. - Lo sabes.
¿Qué se supone que debo hacer?
¿Ir a casa con mami? ¿Sacar el cuerpo de Roberto del hospital?
¿Esperar a que vuelva el tipejo ese y matarlo?
¿Entonces seré un hombre?
Cuando naciste, no teníamos nada.
Ni dinero ni un lugar donde vivir.
Temía no poder protegeros.
Así eran las cosas. Por eso fui tan duro contigo.
Quería que supieras valerte por ti mismo.
Roberto... fue ocho años después.
Tenía algo de dinero, un apartamento decente.
Quizá su vida fue demasiado fácil.
- Quizá yo fui demasiado blando. - Lo querías.
Te quiero.
Mira, siento mucho haberte pegado.
La cagué, lo sé.
- Debería haberme ocupado. - No.
- Yo la cagué. Tú no. - Lo siento, papi. Yo...
James.
James, te quiero.
Siempre te he querido.
Venga. Vámonos a casa.
¿Estás bien?
Estupendamente.
Pero no entiendo por qué confiaste en ese tipo.
Oye, Johnny.
Lastarza no me dejó hablarle de cómo maté a Marino.
¿De qué hablas? Dijiste que te entregaste.
No me dejó hablar de Marino y su conductor.
Dijo que es un caso resuelto.
Lastarza hizo confesar ese golpe a Giardella.
Y una docena de sus casos se vendrían abajo si descubren que Giardella mintió.
Pero aún te tienen a ti.
Como nunca informaste de que Marino te contactó, aún te tienen.
Es como un cáncer, ¿vale? Te habría afectado.
Lastarza te infiltrará.
Si hubiese llamado anoche, habrías ido a matar a ese tipo.
- Solo te digo lo que hará. - Y estaré bien.
Verás...
No sé qué hacer con esto.
No sé cómo ayudarte.
Estaré bien.
No sé cómo ayudarte.
Johnny.
Te quiero.
Ven aquí.
Ven aquí.
Subtítulos: Alex R. Fortes
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