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No existe la muerte.
Al despertarnos, en la dimensión paralela,
aún debemos responder por nuestras historias.
Es un hecho, no una creencia.
La vida sigue,
la vida después de la vida.
Pasé años en la ciudad espiritual de Nuestro Hogar,
pero hace falta dejar la burbuja del egoísmo y seguir adelante.
Para vencer el mundo, hace falta volver al mundo.
Esta es nuestra escuela.
Este es Aniceto,
uno de los varios espíritus que viven en las esferas superiores
y ya no tienen que renacer.
Se dedica a ayudar a la gente,
lo cual no es una tarea mecánica ni milagrosa.
Miles de personas dejan la vida material todos los días,
pero no saben que serán las mismas tras el fenómeno biológico de la muerte.
Un conocimiento que resulta crucial.
La muchacha se negaba a aceptar que su tiempo había llegado a su fin.
Víctima de uno de esos virus
que ocasionalmente afectan a la humanidad,
pensaba que dormía y tenía una pesadilla.
Su novio, que la había precedido, no pudo hacer nada.
Las labores de ayuda espiritual siempre estarán con los brazos abiertos,
pero hay que querer ser ayudado.
El saber que la vida no termina ya no es suficiente.
Lo que importa es saber qué hacer después.
NUESTRO HOGAR 2: LOS MENSAJEROS
¡André!
- Me alegra que viniera. - Gracias.
- Es un gusto. - El gusto es nuestro.
Ya empieza.
Mis hermanos,
como saben, no somos sólo un servicio de mensajería para el mundo espiritual.
Muchos aquí renacen en la materia,
con el propósito de transformar sus vidas
en mensajes de verdades espirituales
y creamos un esfuerzo colaborativo.
Familias, misiones, proyectos,
ideales nobles para un bien mayor.
Todo lo que digan, todo lo que hagan
debe estar en sintonía con las leyes divinas.
Lamentablemente, casi todos los años
utilizamos la misma palabra para muchos de nuestros proyectos:
fracaso.
Tenemos nuevos grupos aquí que irán en misiones a la Tierra.
Pasando por palacetes, chozas,
de cualquier género, raza y posición social.
Todo esto es temporal, para ser honesto.
Nuestros mensajeros continuarán en busca del rescate
y de la salvación de quienes corren riesgo en sus trayectos.
Cada misión conlleva la esperanza y las semillas del nuevo mundo.
Que la misericordia divina los bendiga a todos.
Mensajero Aniceto, con permiso.
Él es el Dr. André Luiz del que le hablé.
Busca un puesto en la ciudad.
Mucho gusto, Dr. André Luiz.
No puedo ofrecerle más que trabajo sin descanso,
siempre en beneficio de los demás.
Y así seguramente estaremos ayudándonos a nosotros mismos,
como es la ley.
- Bienvenido. - Gracias.
Pero vayamos a los hechos.
Hace muchos años, logramos reencarnar un grupo en la ciudad
para establecer un taller de Nuestro Hogar en la Tierra.
Lamentablemente, este proyecto hoy está camino al fracaso.
Así que nuestra misión es ayudar a esos hermanos
y establecer un ambiente de intercambio espiritual.
Nos veremos mañana aquí en el bosque de las aguas
al amanecer.
¿Veremos a nuestros familiares?
¿Aún los extrañas, André?
No sé si estoy listo,
pero confieso que me gustaría verlos.
Ver a mi mujer, a mis hijas...
Sí los extraño, pero ya no me duele.
Tengo el mérito de recibir noticias periódicamente
y eso me tranquiliza.
Igual algún día, nos volveremos a encontrar todos, ¿no?
No siempre, doctor.
Siempre podemos meter la pata.
De hecho, meter la pata es casi una regla en la actualidad.
Tras recibir noticias de la Tierra, me pregunto siempre:
¿cómo podemos tirar a la basura tantos proyectos de vida?
Y al recordar a mí mismo, tengo la respuesta.
Vicente, Vicente.
- ¡Buen día! - Buen día.
Aniceto, buen día.
Bueno, volitaremos hacia la corteza.
¡Por Dios!
¿No usaremos los vehículos, señor?
No creo, amigo mío.
La atmósfera aún está impregnada
de las secuelas de la Gran Guerra.
Acabó en el mundo material,
pero sigue generando trágicas consecuencias en la dimensión espiritual.
Igual vale preguntar si algún día se acabarán las guerras.
Es una buena pregunta, Vicente. Es una buena pregunta.
Volitar es moverse con la fuerza de la mente.
La mente nos mueve por este universo.
Sin vacilar, amigos. Imaginen que somos como los ángeles.
Sientan la ligereza y floten.
Vivir en la Tierra es como habitar
el fondo de un océano de densas vibraciones,
donde todos, en diferentes dimensiones,
interactúan en función de la psicoesfera que producen.
Todas las leyes y verdades
sobre las que la humanidad irguió milenios de historia
necesitan un nuevo significado.
Cuando la consciencia adquiera conocimientos
y viva en sintonía con estas nuevas realidades,
todo cambiará, para siempre.
¿Quién anda ahí?
No te veo. ¿Quién anda ahí?
¿Quién anda ahí?
¡Da la cara!
¡Tú!
¿Por qué sigo aquí? ¿Por qué?
¡Sácame de aquí!
Llevo años trabajando para ustedes.
Hice todo lo que me pidieron que hiciera. ¡Todo!
¡Tengo mis méritos!
¿No es así?
¡Habla!
Ustedes son los puros, ¿no es así?
Este es Otávio, uno de los hermanos
a quienes nuestra misión era ayudar.
Su historia sobre el uso de la mediumnidad
podría ser como la suma de miles de otras
que involucran la capacidad de interactuar entre dimensiones
y tirarlo todo por la borda.
¡Vete!
- ¿Papá? - ¿Hijo?
- Por fin te encontré. - ¿Moriste? ¿Qué pasó?
- ¡Soy tu padre, mocoso! - ¡No eres mi padre!
- ¡Suficiente! - ¡Infeliz!
¡Para!
¿Cómo puede un hijo tratar así a su padre?
¡Por Dios! ¡Debemos hacer algo!
Si tu hijo te pide pan, ¿le darías una piedra?
- ¡Acábalo! - ¡Para!
Usted me va a perdonar,
pero no creo estar listo para este trabajo.
¡Eso es!
No sé en qué estaría pensando
cuando decidí acostarme contigo.
¿No lo sabes?
Tu hijo me acaba de...
¡Nuestro!
¡Nuestro hijo!
¡Él murió, sí!
Murió hace poco, ¿sabías?
Desde que dejó su cuerpo, sólo habla de una cosa:
¡de ti!
No tengo nada que ver con la muerte de ese muchacho.
¡Eres el culpable de su muerte!
Otávio, ¡eres el culpable de mi muerte!
¡Uno tiene libre albedrío! Uno...
¡Y uno cosecha lo que siembra!
¡Mírate, Otávio!
¡Mírate!
¿Qué es lo que me dijiste cuando abusaste de mí?
"Un proyecto de felicidad..."
"¡Un proyecto de familia!"
Nuestro hijo es parte de ese proyecto.
O más bien, ¡de su fracaso!
¡Un canalla machista e inhumano como tú se merece esto!
La justicia tarda, pero llega, Otávio.
¿Creíste que quedarías impune después de lo que nos hiciste?
¡Me alegra ver que nadie sale ileso de las maldades que hace!
Ahora vamos.
Ya vimos lo que había que ver...
por ahora.
¡Joãozinho! ¡Ven a ayudar, muchacho!
¡Deja de flojeras!
- Buen día. - Está acabando.
- Es cierto. - No alcanzará para todos.
Reduce la cantidad. Tiene que. Hazlo.
Y como sabemos, hermanos míos,
que hay muchos más espíritus desencarnados que encarnados,
siempre digo:
mejor cuiden la vida ahora,
porque después…
- ¡después nunca se sabe! - Este es Isidoro.
Otro pilar del proyecto que estaba en peligro.
Hogar, familia, vida asentada.
Conocimiento espiritual, nace un pequeño y prometedor
centro de intercambio con el mundo espiritual.
Entre planificar una reencarnación y cumplir tus objetivos
existe un enorme obstáculo: nosotros mismos.
Hermanos míos, al final lo que realmente importa
es el amor.
¡El amor!
Por eso te decimos gracias, Señor, por nuestro alimento diario.
¡Que así sea!
¡Que así sea!
¡Podemos comer!
- Mamá, ¿me sirves? - Seguro.
- Gracias. - Hijo, no te oí decir "que así sea".
Lo dije en mi cabeza, papá.
¿Conoces la ley del mérito?
Así que deja la cuchara,
porque aquí, en esta casa,
en esta mesa, hoy,
comerán sólo los que trabajaron por la felicidad de nuestros hermanos.
Tenemos poca comida y hay que aprender a valorar lo que tenemos.
Papá, pero ¡tengo hambre!
Pero no hiciste por merecer.
Coman.
- Permiso. - Mi amor...
¿Qué pasa?
Lo estoy educando.
¿Qué pasó con que el amor era lo único que importaba?
Esa gente, Isabel,
está sedienta de palabras que abastezcan su espíritu.
Joãozinho no.
Es un consentido.
Por tu culpa.
- Es solo un niño... - ¡Que tiene que aprender!
El mundo allá fuera muerde, mujer. No le tendrá compasión.
¿Y qué pasó con ese hombre que dice palabras de aliento a la gente allá fuera?
Cada día que pasa tenemos menos cosas para donar.
No sé cómo conseguir dinero para continuar.
- ¡Deja de querer ser el mejor en todo! - No.
¡No dejaré que mi casa cierre!
Si tenemos poca comida, podemos ofrecerles algo más.
Si la casa cierra, podemos empezar de otro modo.
No puedes descargar tus frustraciones con el niño,
después de decir buenas palabras afuera.
Ese hombre que dice cosas bonitas en la sala
- también debe ser su padre. - Lo soy.
Soy el mismo.
Venga.
Jamás quise ser tu padre, Gregorio.
Eres un accidente, muchacho.
Eres un accidente, Gregorio.
Nunca he sido tu padre.
Y nunca lo seré.
Me puedes pegar, incluso puedes intentar matarme,
pero la verdad es que ya estamos muertos.
Cada quien por su lado.
Arréglatelas solo.
¿Qué te pasa, amigo?
¿Así tratas a tu hijo?
Ocúpate de tus asuntos.
Aguarda. A ti te conozco.
¿No eres el chanta de por aquí que nos sacó plata?
Sí es.
¡Cretino!
El mensaje es de su mentor.
Conseguiré su cura.
Ahora, ya sabe, es necesario algo de ayuda.
Por supuesto, claro.
Curarlo es muy difícil. Es posible que no podamos hacerlo.
Él me va a curar. Él me va a curar.
Mire, esto es todo lo que traigo.
Por mi amigo.
Excelente, así se demuestra el verdadero valor de la fe.
- ¡Ven acá, sinvergüenza! - ¡Sinvergüenza, canalla!
Dijiste que me sanaría en dos días y estoy muerto.
Durante la noche, la actividad espiritual es más intensa.
Todos los encarnados que duermen abandonan sus cuerpos.
Muchos reciben ayuda,
otros se pierden en la locura de sus afinidades espirituales.
Miren, una verdadera oración.
Alguien hizo una petición tan intensa que digo que traspasó los cielos
y será respondida por la alta espiritualidad,
que cuida los destinos, el planeta, las personas.
Entonces, traspasaré el cielo
y pediré no fallarte y aprender a amar.
¿Alguien aquí tiene dudas
sobre su capacidad para amar de verdad?
Para ello tengo un consejo, de los pocos que me permito.
Ama,
ama todos los días,
ama sin parar.
Ama, haz todo pensando que lo haces por amor.
Y luego, un día, quizás,
aprenderás.
¡Hola! ¡Buen día!
¿En qué puedo servirles?
Disculpen, hoy no habrá sesión ni entrega de comida.
¿Adónde creen que van?
No, no, no...
No me han entendido, no hay sesión, estamos cerrados.
Dr. Fernando, ¿en qué puedo servirle?
¿Necesitan algo? ¿Por qué tienen esa cara?
¿Nadie me responde? ¿Qué está pasando?
Preparé algo de comida.
Veré qué hay en la cocina.
Mamá, ¿qué pasará con nosotros?
Sin dinero, sin papá.
¿Cómo sobreviviremos?
Hija, nos necesitaremos unos a otros.
Tengamos fe y avancemos día a día.
No estamos solos, estoy segura.
¡Vamos a morir juntos, eso es lo que va a pasar!
- Mamá, ¿papá está en el cielo? - Así es, Marieta.
Los buenos espíritus deben estar cuidándolo ahora.
Bueno, me daré una ducha.
Ve, hija. Veré algo de comer.
Hija...
Hija, dile a mamá, dile a mamá, dile.
Dile que no fue culpa mía.
Hija, explícale que no sé lo que pasa.
¡Yo no pedí esto, no pedí morir!
¡Hija! ¡Hija!
Me ves, ¿no?
Háblame. Hija, háblame. ¡Háblame!
Mamá, si papá no fue al cielo, ¿irá al infierno?
Hija, no existe el cielo y el infierno del que todo el mundo habla.
Si la persona es buena, irá a las ciudades espirituales.
Si es mala, se quedará en las sombras.
Yo te enseñé, ¿no te acuerdas?
Me acuerdo, pero no sé si es cierto.
Su padre estará bien.
Era un buen hombre,
nunca nos faltó nada.
Oremos por su espíritu.
- ¿Qué estás mirando, Marieta? - ¡Nada!
Dijo que vio a papá en la casa.
- ¡No es cierto! - Sí, es cierto.
- ¡No! - No hablen así de papá.
- ¡Yo no dije eso! - ¡No mientas!
- ¡Ella miente! - ¡No es cierto!
¡Suficiente, los tres!
¡Dejen en paz a su padre!
No se debe hablar así de los muertos, ¡no pueden defenderse!
Conseguiré un trabajo y todo saldrá bien.
Hay mucha gente buena en este mundo. ¡Encontraremos ayuda!
¿Crees que solo aparecen los que están vivos, Isidoro?
También los muertos.
- ¿Es usted el Sr. Isidoro? - Soy yo, dígame.
Yo me llamo Otávio.
Mi madrasta me lo recomendó.
Lo recuerdo, claro.
- Los dolores de cabeza, las visiones. - Sí.
¿Cómo has estado?
Yo...
Estoy aterrado, con miedo.
Parece que estoy enloqueciendo.
No, no, en absoluto.
Se llama mediumnidad. Nos encargaremos de esto.
¿Hay manera de detenerlo?
¿Detenerlo? No, en absoluto.
Muchacho, te convertiré en un médium de primera.
Uno de los mejores.
Mira. La sangre de los inocentes.
Pero no es así, ¿verdad?
¿Solo porque moriste se te olvidó todo, Isidoro?
¡Dime!
Dime quién es el mejor médium que has tenido. Dime, ¡quiero saberlo!
¿Qué hiciste con tu vida?
¿Qué hiciste tú con tu vida?
Tú que eres muy sabio, ¿qué sabes sobre la vida?
El amor...
¿El amor?
¡Las palabras!
Si en verdad supieras qué hacer con las palabras, te las ahorrarías.
¡Vete!
¡Ve!
Ya te fuiste una vez, pues hazlo otra vez.
¡Vete!
Iré. Lo haré.
¡Sal de ahí! ¡No!
No...
Tu padre te abandonó.
A mí también me abandonaron, Joaninha.
También abandoné a mi hijo.
Este es un dolor
que parece no abandonarnos nunca, ¿sabes?
Parece que se quedará con nosotros para siempre,
parece que nunca termina.
La vida ya no vale la pena.
Lo mejor que puedes hacer es rendirte,
tirarlo todo y marcharte.
Yo lo hice y...
¡Oye, feo! ¡Vete ¡Deja a mi hermana!
Niña, haré que tu hermana acabe con su vida ahora,
¿quieres ver?
No es cierto, mi papá nos va a proteger.
Dijo que Dios protege a quienes tienen amor en su corazón.
De tal palo, tal astilla.
Llena de argumentos, ¿no es así?
Joaninha, ¿recuerdas el veneno para ratas en el cajón de la sala?
Ve allí y toma el veneno.
Ve, tu papá te va a proteger.
- El mundo es un desastre. - No escuches, Joaninha.
Recuerda lo que dijo papá: ¡la vida no termina!
Bien. Igual el centro espiritista va a cerrar.
Eso te lo aseguro.
Eres pobre, no tienes dinero, nadie te va a ayudar.
El mundo está podrido, Joaninha.
Sal de él.
Ven para acá. Vamos.
¡Joaninha!
Marieta, qué bueno que estás aquí.
Extraño mucho a papá,
pero yo a ti te amo, me salvaste la vida.
¡Eh, muchacho!
Larga de aquí. Este lugar no es para espíritus como tú. ¡Vete!
- ¿No es este el centro espiritista? - Hoy no hay sesión.
Mira tu estado.
Haz una oración. Pídele perdón a Dios. Busca la luz.
¿Buscar la luz?
Si supiera dónde está, ¿no te parece que ya me habría ido?
Y si tú lo supieras, ¿no irías?
Joãozinho.
Tu papá te dejó, muchacho.
Tu papá te dejó...
porque era débil.
Tu papá siempre fue débil.
Imposible.
Eres hijo de Otávio.
Él no es mi padre, solo me trajo al mundo.
Me ayudas. Me ayudas.
Sácalo de allí. Haz algo bueno. Es tu oportunidad.
Ayúdame.
Tu padre siempre fue un mentiroso, Joãozinho. Siempre.
Él te traicionó, ¿verdad? ¡Traidor!
¡Otávio!
¡Otávio!
Eso es. Rabia, rabia, rabia.
La rabia es buena. La rabia es importante para ti.
Esta casa,
tu padre tuvo la idea de montar esta casa para ayudar a la gente.
Ahora piensa, Joãozinho,
¿quién los va a ayudar en este momento?
Nadie lo hará.
¡Eso es!
¿Cómo no se me había ocurrido antes?
¡Ese es mi muchacho!
Así que otro proyecto estúpido y sin sentido
de estos seres iluminados y limpios
¡se convierte en cenizas!
¡Se hará polvo!
Otávio, escúchame.
Tú no eres ese monstruo.
¡No hagas esto!
En nombre de todo lo que vivimos juntos,
por todo lo que has aprendido, ¡basta!
¿Yo, Isidoro? Yo no he hecho nada.
- Por Dios... - Yo soy inocente.
Amigos espíritus, escúchenme.
Ayúdenme.
¡Saquen a mi familia de ahí!
¡Ayuda!
No lo pido por mí, sé que les he fallado.
Puede que sea un fracasado, ¡pero mi familia no!
¿Qué haces, hijo?
¿Quién eres? ¿Eres Dios?
No, no soy Dios, pero vengo de Su parte.
- Tienes que apagar esto. - ¿Dónde está mi padre?
¡Qué maravilloso verlos aquí!
Bienvenidos, siempre es un honor contar con su presencia,
aquí reunidos, ¡qué maravilla!
- Ni lo intentes, compañero. - Otávio, no lo hagas.
Examina tu conciencia.
Tengo una cuenta pendiente con ese señor.
No estás solo.
Estamos contigo.
Tu padre estará bien. Confía en mí.
¿Qué está pasando, Joãozinho? ¡Socorro!
- ¿Estás bien, mi hijo? - Lo siento, fue sin querer.
¡Salgan, todos! ¡Salgan ya!
¡No!
¡Gracias a Dios!
Si tuvieras la fe del tamaño de una semilla de mostaza,
moverías una montaña.
¡Bienvenido de regreso!
De todos modos, esto nunca hubiera sido un centro espiritual.
Es un lugar de gente fea, estúpida, vulgar,
lleno de gente pobre.
¿Pudieron acomodar las cosas por aquí?
Lo estamos intentando, Aniceto.
En realidad, pensé en rezar por usted.
Eso está muy bien, te lo agradezco.
Aniceto...
Él me echó de casa, ¿sabías?
No me escuchaba. Me volví loco. Mi vida estaba hecha un infierno.
¡Él me hizo así!
No hagas esto, Otávio, no faltes a la verdad.
Vamos a casa. Es hora de empezar de nuevo.
¡Nadie se lo llevará!
No hagas eso, muchacho. No lo hagas.
- ¡No lo hagas! - ¡Gregorio, no! ¡No!
Gregorio, deja de estupideces. ¡No lo hagas! ¡No!
¿Qué parte de "no lo hagas" no entendiste, chico?
En el mundo espiritual, las leyes de causa y efecto tienen su propia inteligencia.
El que tira del gatillo recibe el disparo.
Nosotros somos tu fracaso.
¡El tuyo!
Que no se te olvide, mensajero.
Tu fracaso.
Por cierto, señor,
recé para que lloviera,
pero vino el viento.
¿Cuántas vidas hemos vivido?
¿Cuántas veces hemos acertado y equivocado en proyectos como este?
¿Qué realmente importa ahora?
El hecho es que la siguiente vida
es siempre la más importante de toda nuestra historia.
Es la que puede dar un salto cuántico
o, desgraciadamente, retrasarlo todo durante siglos.
¿Podríamos estar más avanzados?
Claro.
¿Es ese el tiempo de las cosas?
Tal vez.
¿Podríamos usar nuestro tiempo para aliviar el dolor y el sufrimiento?
¿Y realmente tiene que existir el sufrimiento?
Cada día me hago esas preguntas.
Ahora díganme:
¿estamos comprometidos con nuestro proyecto?
Mensajero, perdón por preguntar.
Sé que no debería,
pero no puedo dejar de decirlo.
¿Y si no resulta bien?
¿Tenemos un plan alternativo?
¿Qué es un mal resultado?
Todo este proyecto no depende sólo de mí, por ejemplo.
No puedo responder por ellos.
Si fuera solo por mí, no habría problema.
Y si no lo cumplo, me pueden sacar de la vida, sin piedad.
De hecho, sugiero que, si fallamos,
seamos retirados de la vida
para no empeorar las cosas.
Mensajero,
si me permite,
hablar así desde el plano espiritual parece fácil, ¿verdad?
No tenemos miedo a morir,
no tenemos problemas económicos ni cuentas que pagar.
Pero algo me preocupa:
no es el amigo el que olvidará todo esto cuando renazca.
Olvidar es parte del proceso.
Simplemente no podemos seguir repitiendo errores y vicios.
¡Precisamente!
Yo...
No puedo permitirme fracasar de nuevo.
¡Mire cuántas vidas llevo equivocándome, una tras otra!
Bien,
¿se comprometen o no?
Todo saldrá bien.
Nos veremos allá.
Yo te voy a ayudar.
Y nos ocuparemos de ti.
Y el mensajero tendrá un lugar maravilloso para trabajar en la Tierra.
Fuiste muy valiente, cariño.
Te confieso que tuve ganas de aplastar al tal Otávio.
¿Qué puede tener de importante una casita como aquella, André?
Vale, es un centro de intercambio y todo,
pero si se quemara, salvo sus residentes, claro,
bastaba con conseguir otro, ¿no?
Ya no dudo de nada al tratarse de los espíritus superiores.
Es cierto.
¿Podré algún día estar en muchos lugares, como lo hace Aniceto?
Apenas puedes estar en un lugar, imagina en dos.
- Vicente, Vicente. - Calma, Vicente.
¿Por qué no me sorprendió su llamada?
Ministra.
No podemos interferir si no hay deseo de reparación, Aniceto.
Es la regla de oro.
Ministra,
en nombre de la obra de nuestra querida ciudad espiritual,
me gustaría traer a nuestros protegidos a casa.
Entiendo que esta es una petición un tanto egoísta por mi parte.
Ninguna oveja quedará atrás,
no importa cuánto tiempo permanezcan en la oscuridad.
Lo importante es saber dónde se desatan las líneas.
Pero aun así quisiera pedirle permiso para poder rescatarlos
como forma de reparación.
Yo mismo me ocuparé de su nueva reencarnación,
bajo otra condición.
Se nos permite confiar y creer,
e interceder sólo cuando se nos permite.
Nunca pierda la esperanza.
Pase lo que pase, seguiremos confiando.
Cuando todo parezca en contra, seguimos confiando.
Y cuando no sepamos cómo ayudar,
confiemos en que el amor todo lo puede,
todo lo hace.
El que se desespera ya ha perdido la mitad de la pelea.
Es cierto.
Confiemos.
Lo importante es saber dónde se desatan las líneas.
Aquí tiene el pan. Que disfrute.
Ahora vuelvo, cariño.
- Hola, Isabel. - Hola, Isis. Qué bueno que llegaste.
Tengo algo de ropa para que lleves a tus vecinos.
Qué bueno.
Sí, recibimos algunas donaciones.
No es mucho, pero nunca faltan.
Muchas gracias, Isabel. Realmente lo necesitamos.
Qué bueno.
Ven conmigo. Acompáñame adentro.
Otávio, aquí no, por favor.
- ¿Cuál es el problema? - Aquí no.
¿Acaso esto es una iglesia?
Aunque iglesia, centro espírita, templo, siempre son...
No digas nada, Isidoro.
Acérquese.
Doña Amanda, un gusto recibirla aquí.
Vine a traer algunas provisiones y más ropa.
Se lo agradezco. Lo necesitamos.
- ¿Está Isabel? - Sí, ahora viene.
Joaninha, ven acá, por favor.
- Lleva a Doña Amanda con tu madre. - Claro.
- ¿Cómo estás? - Muy bien.
Mamá está ahí arriba.
Dr. Fernando, es un placer verlo por aquí.
¿No gusta quedarse un rato? Conocer nuestra sesión.
¿Cómo estás, Isidoro?
Hoy no puedo, estoy ocupado. Negocios que resolver, ya sabes.
Entiendo.
Tiene usted una fuerza espiritual muy grande.
¡Veo un mentor muy iluminado a su lado!
Debería venir más a menudo, hacer caridad, ayudarnos.
Este es Otávio, uno de nuestros médiums.
El único.
¿Tratas de impresionarme, muchacho?
No.
No, yo no tengo la culpa de ser así.
Y si desea una consulta...
Eso no hacemos acá.
Quizás pueda ayudarlo en los negocios.
No me hace falta ese tipo de ayuda, joven.
Bien...
A todos nos hace falta ayuda.
- ¿A ustedes sí? - Sí, bastante.
Aún somos pequeños, doctor.
La gente nos ayuda, algunos aquí, otros allá.
A veces falta.
Su esposa y la mía son muy buenas amigas.
Yo no diría que son amigas.
Pero tienes razón, este lugar podría prosperar,
ser bueno para hacer caridad a los pobres.
- Si estuviera mejor administrado... - Lo administramos muy bien.
Los espíritus...
Ellos nos ayudan.
Qué bueno, pídeles ayuda la próxima vez.
No me necesitan.
- Cuidado. - La tengo.
Muchas gracias.
- Ten. - Puedo con esta.
Eso es todo por ahora. Llámenme si necesitan algo.
Muchas gracias, Doña Amanda. Lo haré.
Se lo agradecemos muchísimo. Vamos.
Dr. Fernando y Doña Amanda,
nuestras puertas siempre estarán abierta para ustedes.
Lo tendré en cuenta, Isidoro. De hecho, eres un buen vecino.
Vamos, cariño.
- Hasta pronto. - Gracias.
Que les vaya bien.
Es un creído.
Otávio, soy yo quien habla en nombre de la casa.
Sí, pero seré yo quien hará famosa tu casa.
Él es arrogante. Una vez le pedí un empleo...
- ¿Qué? - ¿No lo sabías?
¿Por qué no me dijiste?
¿Por qué? No eres mi dueño, Isidoro.
Y también eres bastante creído.
- Adiós, Isabel. - Adiós.
- Hasta pronto, Isidoro. - ¿Quieres ayuda?
Ah, qué amable. Sí, por favor.
Ya no aguanto estar aquí.
Pasaré el resto de mis días llevando mensajes de los muertos.
Toda esta gente
no quiere evolucionar, aprender de sus errores, quiere un milagro.
Pero no soy su ángel de la guarda.
¿Esos espíritus no tiene nada más que hacer con sus vidas?
Otávio, yo no veo lo que ves.
Y esta es la vida que pedimos.
- No la pedí. - Sí, lo hiciste.
¿Crees que, si pudiera, no querría estar en el extranjero,
llevar una vida cómoda como la del Dr. Fernando,
mi vecino de enfrente?
- Quiero recuperar mi vida. - Tu vida es servir.
No debería ser así.
¿Quién está ahí?
Nadie te abandonó.
¿Lo escuchas?
¿Lo escuchas o no?
¡Habla!
¿Quién está ahí?
Al contrario,
¡siempre estuvimos ahí!
En todo momento,
por ti, hijo mío.
Muchas veces, nuestros mejores amigos están cerca de nosotros,
pero nuestra inferioridad
nos impide verlos y recibir la ayuda necesaria.
Otávio renació en intensas condiciones educativas.
Para estar preparado para las adversidades
y todas las necesidades de su misión,
tuvo que aprender.
Su madre desencarnó en el parto,
su padre se casó nuevamente.
Cuando él murió,
Otávio debía hacerse cargo de la nueva familia.
Desde su madrastra hasta sus hermanos,
esos también enviados desde Nuestro Hogar.
Años más tarde, le ayudarían en su proyecto mediúmnico.
Pero la felicidad temporal del mundo es muy seductora,
aunque sea finita.
Conoció a la joven Isis
y cuando la dejó embarazada,
atrajo hacia sí
un espíritu con el que tenía deudas de muchos siglos.
Era una de las posibles relaciones de su proyecto de reencarnación,
pero que no se esperaba que se desarrollara en ese momento.
El albedrío utilizado en nombre de los deseos imperfectos
anticipó dramáticamente los hechos.
Gracias.
No puedo pedir perdón.
También es fácil aprender a odiar.
Yo lo hice.
El odio es de quien lo siente, Isis.
¿Será?
¿Y el amor?
- Si no podemos ayudarlo... - Yo no puedo.
No puedo ayudar a nadie más, mujer.
Tienes razón.
Cuando uno se ahoga,
¿quién se hundirá solo?
Sácalo de aquí, mamá. Por favor.
Responderé por ti.
Responderé por todo lo que hice, lo sé.
De hecho, tal vez eso sea lo único que sé.
¿Pueden decirme qué sucede?
¿Qué lugar es este?
¿Estoy soñando?
Más parece una pesadilla.
¿Lo dices en serio?
¿Esto te parece una pesadilla?
Me eres familiar, ¿te conozco?
Mucho gusto, soy Aniceto, tu ángel de la guarda.
¿Mi ángel de la guarda?
Y eso que estoy sobrio.
Lo sé, la última vez que bebiste, y mucho,
fue hace unos días.
Pero ahora estás desdoblado,
en lenguaje técnico,
tu cuerpo duerme
y tu espíritu se libera parcialmente.
Te trajimos hasta aquí.
Así de simple.
Simple para ti.
Debería estar en mi casa, con mi mujer.
¿Cómo es que allá estoy enfermo y acá me siento bien?
Tu cuerpo está enfermo,
pero tu espíritu aún tiene algo de vitalidad.
Por eso te trajimos aquí,
para que puedas decidir qué quieres hacer con tu vida.
¿Como que "aún"?
¡Yo quiero vivir!
¡Yo quiero vivir!
- ¿Duele nacer? - Más que morir.
Pero este proceso de reducción del espíritu
es como dormir nuevamente.
Los reconectaré con sus padres biológicos justo después de la concepción física.
Y entonces podrán volver a sentir el gusto de vivir en la Tierra.
Confíen.
Pero ¿por qué debo ir primero?
Él es el que se ocupará del centro.
Obedece, hombre de Dios. Solo obedece, por favor.
¿Cuál es el problema? Vas tú primero, luego voy yo, y él va enseguida.
No decepcionemos a nuestras compañeras.
Viajaremos juntos algún día por este universo, mensajero,
creando nuevos mundos libres y libres de nosotros mismos.
Cada ser que reencarna en la Tierra
es una prueba más de que Dios cree en la humanidad.
¡No quiero morir! ¡No quiero morir!
¡No quiero morir!
Pero quieres ir al cielo, ¿no?
¿Cómo?
¿Esto es el cielo?
Nadie desea morir, Fernando.
Aun sabiendo que la muerte no es el final, ¿no es interesante?
¿Por qué me hacen esto?
¿Recordaré esto al despertar?
¿De verdad quieres recordar cómo era tu vida?
¿Todos los proyectos que hiciste y no pudiste completar?
Pero tú lo inventaste.
- Es cierto. - Qué va.
Despide a esa mujer, Amanda.
- Mira su estado. - ¿De qué hablas?
No está en condiciones de trabajar en la casa.
Yo digo que los pobres no deberían tener muchos hijos.
Nadie será despedido.
Compórtense, señores, estamos hablando de una embarazada.
Y de un esposo que no deja de beber.
Ya no diré nada más.
¿Y beber? ¿Sí?
Me alegra que le haya gustado mi comida. La preparo con mucho amor.
El mismo amor que siento porque me tienen aquí.
Disculpen.
- ¿Estoy condenado? - No hay una condena, Fernando.
Somos responsables de nuestras acciones. Tenemos que responder por ellas.
Suena un poco moralista, ¡y lo es!
Pero es una buena moraleja.
Espera,
debe haber algo que pueda hacer.
Negociemos, todavía tengo algo de dinero ahorrado.
Puedo donar, puedo, lo prometo, lo haré.
Pueden llevárselo. Ha sido suficiente.
Cuando venga para quedarse, no estará tan asustado.
¿Adónde me llevan? ¿A la sepultura?
No puedes hacerme esto. Eres mi ángel de la guarda.
¡Se supone que me debes proteger!
Lamentablemente, no hay nada que pueda decir.
Su situación es grave.
Y sorprendente.
Entonces nos hace falta un milagro.
La medicina no prevé milagros.
Pero habría que aguardar a ver las próximas horas.
Con su permiso. Tengo a otros pacientes esperando.
- Por supuesto, gracias, doctor. - Gracias, doctor.
- Vete de aquí. - Quiero hablar con el abuelo.
- ¿Qué? - El abuelo.
¿Cuál abuelo? Él no es tu abuelo. Nunca lo ha sido.
¿Tienes que tratarlo así?
- Será mejor que la lleves de aquí. - Déjala.
Se morirá con él, te lo advierto.
Fernando era el tercer integrante del proyecto.
Me reconocí en él, un suicida inconsciente,
que tuvo la divina oportunidad de demostrar que un rico
podía entrar en el reino de los cielos.
¿Qué les parece, doctores?
Este va a colgar los guantes.
Perdón, perdón.
Ahora un poco más de visión
para que puedan actuar hasta el nivel celular.
¿Y ahora?
¡Por Dios!
¡Extraordinario!
La máquina divina tan dañada, en este caso por el propio hombre.
¿Qué hay de esa luz en la cabeza?
- ¿Es la fuerza vital? - Así es.
La que se encarga de todo.
Observa que va disminuyendo
a medida que abandona el cuerpo.
Esas otras luces recorriendo el torrente sanguíneo,
¿son enfermedades?
También conocida como medicina amarga.
¿Pueden ver la lucha entre el espíritu y la materia?
Uno nunca cuidó al otro.
No desencarnará de forma normal en el tiempo previsto.
Debido a tanto maltrato, su espíritu será expulsado del cuerpo.
Este no tiene mucho tiempo.
Lo siento, pero no puedo evitar notarlo, señor.
Este es uno de mis queridos protegidos.
Y durará para siempre, Vicente.
Como todos nosotros.
Sin embargo, su experiencia corporal está terminando.
- ¡Hola, tío! - ¡Ay!
¿Por qué no lo ponen con los empleados?
Porque él no es un empleado, es el hijo de la empleada.
No empieces.
No sé en qué estaba pensando mi hermano al dejar eso suelto por la casa.
No tienen hijos, Januário.
¿Qué tiene de malo tener a un niño jugando por la casa?
¿Qué tiene de malo, Aurélia? ¿Qué tiene de malo?
Perdiste el juicio.
¿Los conozco?
Sí.
¿Son amigos míos?
Desde hace muchísimos años.
¡Genial!
Ave María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre...
Amanda, basta.
Basta, por favor.
No puedes hacerte esto.
- es el fruto de tu vientre... - Oremos, pidamos, pero hay que esperar.
Algo lo salvará, amiga, pero así no lo resolverás.
Por favor, ven.
Vamos.
Fernando no puede morir ahora, Aurélia.
Sé que no debería decir esto,
pero no quiero que muera.
Hizo muchos planes, pero al final nunca hizo nada.
Él es un hombre feliz, amiga.
Apariencia, Aurélia.
En la intimidad siempre decía que tenía un vacío,
que le faltaba algo y yo sé lo que es eso.
Nunca pude decirle qué quería hacer con todo este dinero,
con toda esa pompa.
Esta ira que siento, no la quiero sentir.
Cambiaría todo lo que tenemos por unos días de su vida.
¡Todo, todo!
Había un vecino cerca,
Isidoro, con su mujer, Isabel, ¡un amor!
Siempre estaban haciendo caridad, orando, repartiendo sopa a la gente.
Siempre le pedían ayuda a Fernando, y él nunca hizo nada.
A veces, yo les llevaba ropa y provisiones.
¿Sabes qué sucedió? El hombre murió.
Se fue a dormir y nunca despertó.
¡Calma, Amanda, por favor!
Limpiemos un poco el cuerpo físico.
¿Lo vamos a salvar?
¡Mi amor, volviste!
Sabía que mi fe no me decepcionaría.
Me siento como un mensajero.
Más tarde, finalmente descansarán y dejarán en paz al hermano.
Mensajero, si no recuerdo mal,
- esa mejor... - Exactamente. Así es.
Dr. André, es la famosa mejora de la muerte.
Luego ayudaremos a sacarlo del cuerpo.
Hay un tiempo para nacer y hay un tiempo para morir.
Están todos dormidos, señor.
Empecemos entonces.
Pronto tendremos visitas.
- ¿Qué pasa, Vicente? - No, nada, señor.
Es que en verdad yo nunca...
No sé cómo decirlo, pero nunca le quité la vida a nadie.
- ¿Qué estás hablando? - Perdón, es cuestión de punto de vista.
¿Preferirías dejarlo agonizando durante horas y horas
hasta que se le acabe el líquido vital?
Y después, ¿que siga luchando hasta poder liberarse?
¿Y que estos verdaderos vampiros vengan a absorber lo que queda?
Claro que no, señor, es que yo era de esos
que pensaban que la vida tenía un tiempo para acabar.
En este caso, el tiempo de Dios es eufemismo, ayudemos.
Este es un acto de amor, de caridad.
Isaura, ayúdame, por favor.
Con los miembros inferiores.
Antônio, por favor, vigila el entorno.
No queremos sorpresas.
Ustedes nos apoyarán.
Hermanos, no corten lo que puedan desatar,
una lección para la vida.
Hago esto en nombre de Dios,
inteligencia suprema,
causa primaria de todas las cosas,
en la que todo existe y persiste,
más allá del tiempo y el espacio,
en todos los seres,
en todas las formas de vida y energías,
manifestada en amor puro y luz creadora del universo.
Fernando nos pertenece.
Invadamos la casa.
Viene Otávio y no viene solo.
Antônio, no lo dejes entrar. Aún no terminamos.
Es inútil, Aniceto. A ese me lo llevaré conmigo.
- Vamos a casa. - ¡Vete!
¿Qué te pasa, colega?
Si eres casi un mentor,
limpito, iluminado.
Vamos, Fernando. Vine por ti.
- No cumplieron lo que prometieron. - ¡Vete!
- No lo protegieron. - ¡Sal!
¡No hicieron absolutamente nada de lo que dijeron que harían!
¡Déjalo, Aniceto! ¡Me lo llevaré ahora!
- ¡Sal de aquí ahora! - Otávio, ¡no hagas esto!
- ¡Otávio, no! - ¡Basta, Otávio!
Diles que se larguen ahora mismo.
Salgan de aquí. Ahora.
Alguien intervino por nuestro hermano.
Queridas hijas,
ya saben quién llevará adelante realmente este proyecto
si las cosas salen como imaginamos.
Sufriré,
pero estoy lista, mensajero.
No abandonaré nuestros propósitos.
Unidas somos más fuertes.
Que Dios nos proteja
del mundo que encontraremos,
de nuestras debilidades,
que no son pocas, ¿verdad, mensajero?
Un día, la vida en la Tierra ofrecerá
igualdad de oportunidades sin distinción
de género, raza o estatus social.
Algún día todos seremos iguales,
libres, fraternos...
Algún día.
- ¡Que así sea! - ¡Que así sea!
Y ustedes, hijos,
en el nombre de Dios, no hay fracasos.
Los reencarnaremos en secreto
y así será hasta que todo se resuelva.
Luego se unirán al grupo.
Seré su mayor defensora incondicionalmente, señor,
dondequiera que esté y bajo cualquier condición.
¿Alguna duda?
Estoy más que listo, mensajero.
Abuelo Fernando, le pedí a Dios para que te recuperaras
y no murieras ahora.
Confío en él.
Pequeño mensajero,
nadie quedará atrás.
- ¿También eres mi abuelo? - Podría ser.
Cuida a mi abuelo que está aquí, por favor.
Siempre.
- Nosotros dos, ¿de acuerdo? - Va.
Vamos, señores,
ya comenzará el nuevo día.
Habrá gente naciendo
y gente muriendo.
Gente entendiendo todo, venciendo a sí misma.
Otros fracasando, olvidando sus proyectos.
El sol será el mismo para todos, todos los días,
así como Dios, que no tiene religión.
Donde hay amor verdadero,
conciencias iluminadas y caridad pura,
ahí estará Dios.
Aguarden, ¿por qué me traen aquí otra vez?
Me parece que tendremos una inauguración.
Me encantan las fiestas.
Alegría, Isidoro. Alegría.
¿Creías que eras el único en formar parte del proyecto?
Bienvenido al nuevo taller espiritual de Nuestro Hogar
en la Tierra, amigo mío.
Bienvenido.
"El egoísmo es, por tanto, el blanco al que todo verdadero creyente
debe apuntar con sus armas, su fuerza y su valentía."
Te felicito, mi amor.
Mientras yo hablaba...
tú...
tú aprendías,
lo ponías en práctica.
Muchas...
Muchas...
Muchas gracias.
Nunca hubiera imaginado que el proyecto pudiera tomar esta dirección.
Ahora cuando recuerdo todo lo que planeamos,
todo lo que sucedió,
solo puedo sentir gratitud.
Somos mensajes vivos, ¿recuerdas?
Si uno falla, otros lo seguirán, es la ley.
Mensajero...
tengo algo en mente,
pero no sé si tengo ese derecho.
¿Crees que podemos adivinar lo que todos piensan todo el tiempo?
- No. - Dime, hombre.
Sé que no fui el padre que debería haber sido
y mucho menos el esposo.
Puede ser un poco de vanidad de mi parte,
pero realmente me gustaría ayudar a cuidar
este taller que tanto deseaban que se realizara.
Mensajero, está todo despejado.
Todos duermen profundamente.
O mejor dicho, no tanto.
No tanto.
Cuando la voluntad es divina, es Dios quien responde.
Isabel...
Yo sabía.
Tus pequeños gestos de bondad,
incluso sin los sentimientos necesarios, juegan a tu favor, Isidoro.
Todo lo bueno que hacemos
es nuestro defensor para la eternidad.
Cuida bien de nuestra casa, hijo.
- ¿Padre? - ¡Hijo mío!
- ¿En verdad estás vivo? - Dame un abrazo.
Yo ya sabía.
Vengan, vengan.
¡Muy bien! ¡Qué hermoso!
No estaba previsto,
pero Vicente decidió visitar a su familia en la Tierra.
Las improvisaciones a veces son arriesgadas.
Míralos. ¿Qué culpa ves en ellos?
¡Ninguna!
Este sentimiento no le hace bien a nadie.
Pero debo superarlo.
¿A eso vine?
Estamos hechos de él, Vicente.
Creados sencillos, ignorantes,
pero forjados en el dolor, en la ira.
No le hagas caso, compañero.
¿Por qué pasamos toda la vida tratando de encontrar
el momento del ajuste de cuentas,
eh, aprendiz de mensajero?
Cierra la boca.
Esto no te concierne, Otávio.
Este es un llamado que toca tu corazón.
Si es así, me iré.
De lo contrario, me quedaré aquí.
Ayudaré en tu venganza.
Vendré todas las noches, días tras días,
a chuparles la energía vital.
Dime si no te gustaría ver a tu hermano agonizando en este piso,
el mismo piso donde fuiste envenenado por él.
No...
¡No!
¡Él es mi hermano!
No quiero vengarme de nadie.
- ¡No quiero vengarme de nadie! - Rayos.
Vicente, dime de una vez qué estás sintiendo.
No te hagas el espíritu evolucionado, iluminado, limpito.
Hipócrita.
¿Hipócrita?
¡Apártate de mi camino o te haré desaparecer!
¡Vicente, respira! ¡Controla tus pensamientos!
¡Controla la iluminación de tus sentimientos!
¡Suéltame, André!
- Déjame solo. - Amigo mío...
No puedo hacerlo. No puedes estar solo.
- ¡Déjame solo! ¡Sal! - ¡No puedo!
¡Vicente!
Sé exactamente por lo que están pasando, yo lo viví.
Por favor, vengan.
Acabemos con este sufrimiento.
¡Vengan!
¡Oh Dios!
¡Oh Dios, por favor!
¡Vicente!
Vicente.
Limpito.
¡Qué sorpresa tan maravillosa!
Ahora dime. Venga.
¿No quieres que te arroje a la oscuridad de una vez por todas
para que ya no sufras?
No me vengas con esa palabrería
de espíritu evolucionado.
Porque, no sé si te acuerdas,
pero los escucho y hablo con ustedes desde que tenía 10 años.
Tal vez lo olvidaste, pero ustedes casi me vuelven loco.
No,
no lo olvidé.
La verdad es
que nadie lo olvidó jamás, Otávio.
En Nuestro Hogar se habla mucho de ti, ¿lo sabías?
Te volviste un ejemplo...
de fracaso.
Hoy dejo ese lugar que alguna vez fue mi hogar.
Vi que no tiene sentido
el error, la posesión,
y vi que no tengo ira,
dolor, odio,
ni hacia ti ni hacia aquellos que me quitaron la vida.
¿Sabes por qué?
Porque estoy aquí.
¿Sabes cuándo nos percatamos de que ya no existe un fondo del pozo?
En ese preciso momento puedes hacer lo que quieras.
Hoy,
yo solo soy
compasión.
Y algún día, veré este sentimiento en ti.
Esta fuerza que existe y se esconde dentro de ti.
Algún día.
Hoy entiendo a Aniceto.
Lo entiendo y lo siento.
Pediré por ti.
¡Vicente! ¡Vicente!
Tranquilo, amigo mío. Tranquilo. Calma.
Calma, calma. No hay nada malo conmigo.
Ayudemos a quien necesita.
Ellos son nuestros amigos, nuestros hermanos, Antônio.
Los hermanos
deben ayudarse.
Mensajeros,
trabajadores del mundo espiritual,
los tiempos han llegado.
Los clarines espirituales suenan en los cielos del planeta Tierra.
Una vez más,
llega el momento de la renovación de nuevas siembras.
Del caos,
a través de la evolución natural divina,
nacerá un nuevo ser.
Este es nuestro destino.
Lamentablemente,
muchos serán arrebatados.
¡Pero no teman!
El gobernador planetario está atento.
En las batallas más difíciles
envía a sus mejores soldados.
¡Que venga la regeneración!
Pensé que te habías rendido.
No, vino a ayudarme.
Fue muy valiente.
André,
quisiera pedirte perdón.
Algo me decía que estarías bien.
Esta es una nueva y extraña confianza incondicional que he ganado.
Que no importa lo que nos pase, todo estará bien algún día. ¡Todo!
Sus sentimientos lo han dicho todo.
Ahora saben lo que es ser un mensaje de la verdad divina.
Mensajeros.
Dilo.
Hazlo, y podré llevarte.
Han llegado los tiempos, los tiempos de regeneración, Otávio.
Ven conmigo.
Te amamos.
Eres muy amado.
Te amamos tal como eres.
Te aceptamos,
nos quedaremos contigo, junto a ti,
por siempre.
Ven.
Así tuve mi primera experiencia de ayudar a los encarnados
junto al mensajero Aniceto.
Tu misión es ayudar a los hombres y guiarlos por el...
El mentor que ayudó a Isidoro e Isabel
a llevar a cabo el proyecto de crear uno, entre otros,
miles de talleres de intercambio espiritual en la Tierra.
según la voluntad de Dios.
Que así sea.
Que sea una unión iluminada...
Pueden besarse.
¡Sí!
- Felicidades, Antônio. - ¡Bien!
Sean felices.
Celebró bodas,
logró que Fernando tuviera unos años más con su esposa Amanda
y mantuviera la obra con sus recursos,
pero principalmente con su amor.
El mensaje que formó nuevos mensajeros
también nos mostró el verdadero significado de nuestro trabajo:
la felicidad de no juzgar y servir incondicionalmente.
También nos enseñó a nunca perder la esperanza
en las transformaciones necesarias de aquellos a quienes amamos.
Todo esto fue hace muchos años,
cuando el planeta Tierra comenzó a regenerarse.
EN LA ACTUALIDAD
Desde entonces,
el benefactor esperó
durante años y años...
una palabra simple.
Capaz de cambiar a las personas...
Perdón.
Capaz de cambiar el mundo.
¡Perdón!
Perdón.
Perdón.
Hijo...
Perdón.
Vendré por ti cuando llames.
Bienvenido.
- Bienvenido de nuevo. - Bienvenido.
Bienvenido de nuevo a Nuestro Hogar,
querido hijo.
Nunca descansaremos mientras uno de nosotros esté en las sombras.
En el centro de mensajeros
de nuestra querida ciudad espiritual de Nuestro Hogar,
no solo aplaudimos a Otávio por superarse a sí mismo.
Aplaudimos el mensaje
de que, pase lo que pase,
no importa dónde te encuentres en el camino de tu vida,
siempre habrá un ángel, nacido del vientre de la humanidad,
amándote, protegiéndote,
perdonándote, esperándote infinitamente.
Porque, después de todo, el mundo necesita historias felices.
BASADO EN LA OBRA DE CHICO XAVIER Y ANDRÉ LUIZ
A LOS MENSAJEROS DE LA CIUDAD ESPIRITUAL DE NUESTRO HOGAR
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