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- Hola. - Vamos.
Parece que nuestros hijos han tenido una peleílla.
Sí, eso parece.
Siento haberte pegado.
¿Cómo no conoces el Call of Duty?
Es raro que nunca haya oído hablar de él.
Ya tiene muchos años. Han sacado como 15 títulos.
Es que en casa no tenemos videojuegos.
Vosotros sí tenéis, claro.
Son unos raritos.
Venga, dile eso que hablamos antes.
Espero...
...que podamos volver a jugar en armonía.
Sí, ya veremos. Vamos, chaval.
Travis no me ha dicho nada cuando me he disculpado.
No mandamos en los demás, colega. Solo en nosotros mismos.
Lo pienso y me dan ganas de darle otro puñetazo.
Eso se llama inseguridad.
Tú sigue haciendo lo que acabas de hacer y, de mayor...
...serás mejor persona.
Su padre tampoco dijo nada.
Ya me di cuenta. Pero ¿me viste enfadarme? ¿A que no?
- No. - Sé cómo te sientes, hijo.
Yo también me cabreaba mucho.
Pero pude llegar a controlar esos sentimientos.
Después llegaste tú... y cambié.
Estoy muy orgulloso de ti. Lo que has hecho no es nada fácil.
Te equivocaste, pero asumiste tu responsabilidad.
Hiciste lo correcto.
- Creo que no nos da tiempo. - Que sí.
Vale, vamos a probar.
-¿Listo? - Ya estoy.
Dale aquí.
Espera, deja a papá.
- Va a ser mejor. - Vale.
Ya lo hace papá.
Ahora recógelo.
Su cara sale en los centavos y en los billetes de cinco dólares.
Lincoln nació en Kentucky el 12 de febrero de 1809.
Su familia era muy pobre. Vivían en una cabaña de troncos.
La madre de Lincoln murió cuando él tenía solo nueve años.
Enganchó un cuerno en el parachoques y casi se lo arranca.
Qué toro más tonto. Ahora tengo que cambiarlo.
Aquí tienes tu desayuno.
- Gracias, Emily. -¿Un poco más de café?
Por favor.
¡Buenos días, Kyle!
-¿Están buenas las tortitas? - Deliciosas, Ginny.
Necesito un tranqui.
¿Te lo dije? Amber ha entrado en el equipo de animadoras.
¡Qué bien! Debes estar muy orgullosa.
Lo celebraremos por todo lo alto. Y freiremos un pavo. ¡Venid!
Me encantaría, pero tenemos a la madre de Clark.
- Pues que venga también. - Ya,
la cosa es que está conectada a esas máquinas y...
...me da miedo desconectarlas.
Joder, menudo estrés.
Sí. Un estrés de cojones.
Bevel me ha dicho que se la casca pensando en ti.
Hola, Emily. ¿Qué haces?
La caja.
Mola. Eso mola un huevo.
Mola.
Y resulta que, antes de ser presidente, fue abogado.
-¿Lo sabías? - Sí, lo sabía.
Creo que está bien que John descubra estas cosas.
A pesar de sus circunstancias, podría llegar a ser abogado.
Sí, desde luego. Es genial que aprenda tanto.
Yo no supe nada de George Washington
ni de Abe Lincoln hasta mucho después.
Claro, por eso.
¿Y qué más habéis aprendido?
¿Dices qué más le he enseñado?
Matemáticas básicas.
Cosas elementales, ya sabes. Dos más dos. Mates básicas.
Poco a poco iremos llegando a temas más complicados,
como las divisiones y todo eso. Espero.
¿Qué os apetece cenar?
Algo que me gusta del viejo Abe y con lo que me siento identificado
es que reunía una combinación de...
Pragmatismo, optimismo y compromiso.
Sí, es verdad. Eso que has dicho.
- Pragmatismo, optimismo y compromiso. - Eso, compromiso.
Son las cualidades básicas de cualquiera que se precie. Sí.
Y ahora sale en las monedas.
Toda una historia de éxito, la de Abe Lincoln.
Se esforzó mucho. Y ahora sale en las monedas.
Monedas con las que puedes comprar... calcetines.
Y cordones para los zapatos. Como los que usas tú.
- Y horquillas. - Fue alguien muy importante, John.
¿Te gusta la cena, John?
Está bueno, ¿verdad? El pastel de pollo.
- Deja ya de beber en el trabajo. - No bebo en el trabajo.
- Sally, has llegado a casa pedo. - Ya, pero no bebo en el trabajo.
Es igual, esto se tiene que acabar.
- Tú tomas cerveza. - Voy a tirar el vino.
- Tomas cerveza. - Sí, tomo cerveza.
Y sé cuándo parar.
¿No ves que estás dando muy mal ejemplo a tu hijo?
- Lo dejaré cuando lo dejes tú. - Esto no es una negociación.
No necesitas beber para relajarte, ¿vale? Por favor.
Sally, no me respondas con miraditas.
¡Hola! Hoy os voy a contar todas las cagadas de Abraham Lincoln
que no salen en los libros de historia.
Hoy, en Héroes al descubierto, todo sobre el honesto Abe.
Quiero a Tom. Creo que voy a casarme con él.
Caray. El matrimonio es como una bolsa de gominolas.
Al principio es fantástico. Fresa, sandía, uva.
Hasta que un día sacas una de regaliz negro y piensas:
"¿Por qué compré estas gominolas?".
-¿Y si me gusta el regaliz negro? - Hija, a nadie le gusta el regaliz.
Cuanto más nos regodeamos en el dolor, en la lástima,
en la aflicción, menos confiamos en Dios.
En esos momentos, recuerdo a Daniel en el foso de los leones.
Si Daniel hubiera pensado en esos leones,
¿creéis que habría podido dormir?
¡Claro que no!
¡Estaría muerto de miedo esperando a que se lo comieran vivo!
¿Cómo consiguió sobrevivir?
Sobrevivió porque no pensó en los leones, sino en Dios.
No os centréis en el dolor, en la aflicción, en el miedo.
Pensad en el creador de esos leones. En Dios.
Dios proveerá.
Dios intercede por aquellos que lo esperan.
Dios intercede por aquellos que lo esperan.
- La paz sea con vosotros. - Y con tu espíritu.
Demos gracias. Llenos de amor, podéis ir en paz.
- La paz sea contigo. - La paz sea contigo.
Ven. La paz sea contigo, chaval.
Mira todo lo que nos ha dado Dios, John. Qué mundo tan hermoso.
Tenemos que honrarlo. ¿Sabes lo que quiere decir?
Tenemos que proteger la tierra de Dios.
Todo, desde las hormigas hasta los árboles gigantes.
-¿Árboles gigantes? - Sí, son una pasada.
Y tenemos que honrar a los seres humanos.
Tú tienes que honrar a papá, igual que él a ti.
-¿Y a mamá? - Claro, a mamá también.
- Llora mucho. - Es verdad.
Sí. Pero ¿sabes qué?
Se puede llorar de alegría, se puede llorar de pena
y se puede llorar como llora mamá.
De forma temible y estridente.
Yo he encontrado la manera de calmarla.
Hay que mantenerse tranquilo y decirle:
"Deja de dar voces. Escupes al hablar".
Suele reaccionar bastante bien.
Por poco.
Esa ha sido buena.
¿No habías dicho que no sabías jugar?
Ya lo estás pillando. Te falta práctica, pero vas bien.
- Eso es. Ya lo tienes dominado. -¡Sí!
Quédatelo. Eres bueno, podrías jugar en la banda derecha.
-¿Sí? - Sí.
La próxima vez que tu padre se eche una siesta,
puedes venir a mi casa y te enseño a batear.
Es fácil.
- Vale. Gracias. - De nada.
-¿Puedo preguntarte una cosa? - Claro.
¿Tu madre se pone otro pelo encima del suyo?
- Oye, papá. -¿Sí?
¿Ha llegado el edredón?
No.
En mi cuarto hace frío.
John, ¿conoces la historia de los panes y los peces?
Verás, Jesús estaba en el desierto con un montón de amigos suyos.
Eran unos 5000.
Estaban hambrientos, y solo tenían un poco de pan y algo de pescado.
¿Sabes lo que hizo Jesús?
Los multiplicó para alimentarlos a todos.
-¿Ha llegado mi edredón? - No.
Pero quiero que entiendas que Dios le da a uno justo lo que necesita.
Deja de quejarte.
Mi libro de Lincoln. Gracias. Lo necesito.
¡SE ROMPE EL CUELLO AL CHOCAR CONTRA LA VALLA!
¡Ve a ver cómo está!
-¡Colega! -¡Todd! ¿Estás bien?
Todd, despierta, ¿estás bien?
¡Llamad a alguien!
-¡Dale! -¡A ver ese bateo!
LANZADOR DE 12 AÑOS MUERE AL RECIBIR UN BOLAZO
-¡Dios santo! ¡Noah! -¡No!
¿Noah?
No respira. ¿Pedimos ayuda?
Mamá.
- John. ¿Qué ocurre? - No quiero morir de un bolazo.
¿Quién te ha dicho que vas a morir de un bolazo?
Papá.
Clark.
¿Vienes a dormir conmigo?
¡Clark!
¡Qué huevos!
¡Estás fatal, cabronazo!
¡Vaya carro!
Sí, está en la cárcel.
¿Tu hermano?
Dom, sí.
¿Murió alguien en el atraco?
El puto cajero.
El atracador se cepilló al pobre cajero.
¿Y cómo se sintió tu hermano?
¿Cómo que cómo se sintió mi hermano?
Cuando atracas un banco, es muy probable que alguien la palme.
Suena excitante.
¿Sí?
Sí.
¿Tú lo has hecho alguna vez?
-¿El qué, cargarme a algún pringado? - Sí.
Sí.
¿Y cómo te sentiste?
Como un dios.
¿Como un dios chungo?
¿Eres un tío chungo?
Tú lo has dicho.
- Déjame un pie. -¿Qué?
Déjame un pie.
No, quítate el zapato.
¿Qué te parece?
Impresionante.
Me paso las noches imaginando mi polla en tu boca.
- Vale. - O sea, que me la comes.
Ya, ya lo he pillado.
Tengo que ir al baño.
Joder, tía.
Como no me la chupes me va a estallar.
No, para. Por favor. Para.
No se lo diré a nadie.
Lo sé.
- Lo siento. - No, no lo sientes.
Bueno, pues esta es la última.
Espera, ¿qué es eso de ahí?
- No sé. -¿Por qué no vas a mirar?
Tiene una foto tuya. Y medallas y cosas así.
¿Dónde la has encontrado? La estaba buscando.
-¿Estuviste en la guerra? - Verás, John...
...pensaba esperar para contártelo, pero... Vamos al columpio.
Sí, fui a la guerra. Estuve en los marines.
-¿Son soldados? - Sí, los marines son los mejores.
Algunos me llaman marine. Otros...
...me llaman héroe, pero a mí no me gustan las etiquetas.
¿Quieres tenerla en tu cuarto?
He descubierto cosas interesantes sobre nuestro colega Abe Lincoln.
Resulta que ejecutó a un montón de nativos americanos.
También propuso mandar a los negros de vuelta a África.
Y mató a cientos de hombres en Shiloh y en Antietam.
Yo no tenía ni idea.
Y san Agustín frecuentaba los baños públicos.
Ya ves, ahora es el tercer santo más buscado en Google.
Y Gandhi, el hippie original...
Espera, que lo tengo aquí. A ver qué hizo Gandhi.
Ah, sí. Su mujer tuvo neumonía y le recetaron penicilina,
pero él se negó por sus creencias religiosas.
Después, él contrajo malaria y aceptó la medicación sin dudar.
Todos muy astutos, ya ves.
Es el otro, cariño.
Métete en la bañera con John.
Vuelve este verano en busca de venganza.
Megachicas 4.
Es incorregible. Larry Chowder: el chico mágico.
- Lo siento, no sabía qué hacer. - Tranquilo. ¿Dónde está?
- Ahí. - De acuerdo.
-¿Es Gene Cousineau? - Eso dice él.
-¿Se ha identificado? - No lleva nada encima,
ha venido andando.
No creo que sea él. Voy a buscar su foto en Google.
¿Te parece que es él?
No sé, los dos son viejos.
- Hola. ¿De dónde viene? - He pasado un tiempo fuera del país.
Bien. ¿Y con quién quería usted hablar?
Con la persona que dirige Warner Brothers.
¿Sobre qué?
Sobre algo que ha llegado a mis oídos.
-¿El qué? - Prefiero hablarlo con él.
Es mi jefe, así que dígamelo a mí y yo se lo transmitiré.
Me sentiría más cómodo hablándolo con él.
- Pues eso no va a poder ser. -¿Por qué?
- No creo que sea Gene Cousineau. -¿Por qué?
Porque lleva ocho años desaparecido y seguramente haya muerto.
Si están planeando lo que yo creo, les conviene hablar conmigo.
Que no se mueva de aquí.
Siempre he llevado una vida ordenada.
Jamás he tocado el alcohol, las drogas ni la comida basura.
Si hasta llevo casado desde los 18 con la misma mujer.
Pues eso, una vida ordenada. Debería saber juzgar a las personas.
- Sí. - Te lo agradezco, Emily.
- Tranquilo, no hay de qué. - Eres una mujer muy valiente.
Lo normal sería hacer la vista gorda, más aún con un macarra como Bevel.
Creo que lo contraté porque me recordaba mucho a mi nieto.
Pensé que un trabajo decente
le ayudaría a llevar una vida ordenada.
- Y resulta que... - Le robaba.
El muy canalla metía la mano en la caja.
Sois dos ángeles caídos del cielo. Buscaré un sustituto cuanto antes.
No me sorprende. Hasta yo he pensado en meter mano a la caja.
Pero después me sentiría culpable.
Y acabaría volándome los putos sesos.
Con motivo del último episodio de Solo postres
entrevistamos a Natalie Greer,
la creadora de una serie que ha definido toda una generación.
Estábamos de patrulla y llegamos a una aldea.
Dos hombres discutían sobre quién había matado a un burro.
Esas cosas solían pasar. Y, de pronto, oímos un disparo.
-¿Sabes a quién dispararon? -¿A quién?
A Albert.
-¿Tu mejor amigo? - Sí.
Y todos gritaron mi nombre. "¡Médico, que venga el médico!".
Fui corriendo. Cuando llegué, Albert estaba fatal.
En las últimas. Todos decían: "Clark, se nos va".
"No mientras yo esté aquí". Y le suturé la herida.
Le salvé la vida.
-¿No mataste a los que le dispararon? - No.
No. Mi trabajo era proteger a mis amigos.
Igual que te protejo a ti, John.
- Te quiero mucho, papá. - Y yo a ti.
Yo también te quiero, chaval.
Es una locura, imagínate. Pasar de ser una niña rellenita
que adora los cupcakes a que, de repente,
el presidente de los EE. UU.
mencione la serie en el discurso del estado de la Unión.
¿Cómo hemos tenido tanta suerte? Somos muy afortunadas.
¿Sabes que casi te despedimos en la segunda temporada?
-¿En serio? - Sí. Aún no eras tan buena.
Todavía eras una niña. Pero...
-¡Barry! -¿Quién es Barry?
¿Qué pasa?
Van a hacer una peli sobre nosotros.
Tengo que matar a Cousineau.
Traducción: Marah Villaverde Iyuno
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