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-Quiero que conozcas a alguien, Leucon, el hombre que hará...
...lo que tú no has sido capaz de hacer: matar a Viriato.
-Podemos ser socios, podemos matarlo juntos.
No se le coge desprevenido, podría ayudarte por una recompensa.
-Yo no haría eso, baja el arco.
-Cayo Octavio Cornelio solicita permiso para entrar al campamento.
-¿Mi hermano Octavio está aquí? -¿Por qué envían a un cuestor?
-Me encargan que averigüe por qué no se siguen sus instrucciones.
-No entiendo qué quiere decir. -La idea era mantener la paz.
-¿De dónde has sacado esto? -Lo ha hecho Tirso, es carpintero.
-Salgamos de aquí, esto es una trampa.
-¡Papá! -Altea.
-La niña ha muerto, la mataron los romanos.
-Su hijo me encargó que le trajera esto.
-Fabio. -Dijo que la niña que le envió,
la esclava, era un poco testaruda. -Te la has ganado.
-Alejo, vas a casarte con mi hija. -¡Todos saben que su hija yace...
...con Viriato! ¿Qué más te da que hablen de una zorra o dedos?
-No ha pasado nada, ni pasará. -Si no lo hace, su marido sabrá...
...que el general es su amante. -¿Cómo te atreves a sugerir eso?
Quiero pedir disculpas a Alejo. Esta mujer salvó a mi marido.
Su lealtad está demostrada y la de su padre. Él nos condujo...
...hasta la hermana del rebelde. -¡Es usted un cobarde!
Lleva apoyando a los romanos desde que llegaron.
-¿Dónde vas? -¡Elena, hija!
-¡Te maldigo, cobarde! -¡Elena! ¡Cógela!
-Hola, estás con Viriato, ¿verdad? -Sí.
Se oculta en una cueva en las montañas, puedo llevarles.
-Quiero que lo arrases, que no quede ni uno.
-Tenemos que salir de aquí. -No tenemos que enfrentarnos...
...a todo el ejército, solo hay que eliminar al hombre que los trae.
-Nadie puede controlar a Galba. Tu marido lo sabe y lo oculta todo.
¿Qué dirá cuando se entere de que te acuestas con su general?
-Lo único que ha hecho es matar y aterrorizar a todos.
-Cuando llegue a Roma intentará acabar conmigo.
-¡Ah! -Lo siento.
-Mi padre es un traidor cobarde, por él apresaron a tu hermana.
-¡Teodoro! ¡Soy Sandro, el herrero!
¡Teodoro!
-Viriato, tenemos que hablar. -¿Pasa algo?
-No lo sé. Sandro pasó la noche fuera, se fue ayer y no ha vuelto.
-¿Sabes dónde ha ido? -El guardia lo vio,
salió al galope hacia Caura. -Tengo que ir a buscarlo.
-¿Vas a entrar en Caura de día? Cada vez hay más vigilancia.
-Tendré cuidado. -Voy contigo.
Pasarás más desapercibido. -Elena, no quiero que te pase...
-No te lo pregunto. -Está bien.
Iremos primero a casa de Sandro. -Ve y espérame allí,
debes evitar las patrullas. Intentaré saber si lo han visto.
-Ten cuidado.
-Hola de nuevo.
Vas a acabar hablando, lo sabes, ¿verdad?
Todos acaban haciéndolo, antes o después.
¿Dónde está Viriato? ¿Dónde está vuestra guarida?
-Antes... Antes prefiero morir.
-Ya.
Pero lo que tú prefieras me da igual. Tengo mucho tiempo.
Te aseguro que al final acabarás hablando.
Como lo hizo tu mujer.
Solo espero que no grites tanto. -¡Te juro que volveré...
...de entre los muertos para matarte!
-Claro.
(Relincho) Claro.
-¿Se puede saber qué ocurre? -Es el caballo del rebelde,
nuestro mejor jinete ha intentado montarlo y lo ha matado de una coz.
-Deberíamos matarlos a los dos, son solo dos bestias.
Sacadlo fuera.
Que las tropas se preparen a salir. -¿Cuántos hombres, señor?
-Todos.
Dale las gracias a tu caballo,
será él quien nos lleve hasta tus amigos.
-Soy yo.
-¿Lo has encontrado? Habla, no podemos estar aquí mucho tiempo.
-Un vecino me ha dicho que Sandro ayer estuvo gritando en mi casa.
Venía para matar a mi padre, se enteró de que delató a Bárbara.
-¿Y dónde está ahora? -Lo capturó una patrulla,
lo han llevado preso al campamento. -¿Qué?
-Lo siento. -Tenemos que rescatarlo.
Vamos, hay que avisar al resto.
¡Darío, Paulo!
¡Darío, Paulo!
No están entre los muertos, han debido apresarlos.
-El caballo de Sandro está fuera. -Sandro no los traería hasta aquí.
Pero los caballos nunca olvidan un camino, han debido seguirlo.
-Viriato, tenemos que irnos, debemos escondernos.
-No voy a abandonarlos ahora. -¿Qué puedes hacer? Eres un hombre,
no puedes vencer a un ejército. -Entonces, pediremos ayuda.
-Site acercas, te torturarán delante de él para que confiese.
Simplemente para divertirse viéndolo sufrir.
-Tirso. -Papá.
-Oh. -Estás sangrando.
-No es nada, hijo, solo son rozaduras.
-Estás vivo, hermano. -Me dejé atrapar como un conejo.
-Papá, he ríen la pierna a un romano, casi lo mato.
-Muy valiente, tienes que estar orgulloso.
-Cayeron sobre nosotros como una maldición.
-¿Y Viriato? -Fue a buscarte al poblado.
-Entonces no está todo perdido.
(Puerta)
-Viriato. Pasa, rápido.
¿Qué estáis haciendo aquí? El poblado está lleno de romanos.
-Césaro, atacaron nuestra guarida. -¿Y mi hijo?
-No encontramos su cuerpo, creemos que está vivo.
Debemos reunir al Consejo y ponerlo de nuestro lado.
Si las tribus que sufren la opresión de Galba...
...ven que el pueblo de Caura se ha levantado, senos unirán.
-Teodoro nunca querrá eso. -Entonces reuniremos al Consejo...
...sin Teodoro. -Aunque reuniéramos el consejo...
...a espaldas de Teodoro, Caura es un pueblo pequeño,
es difícil mantener un secreto. -Yo lo haré.
-¿Qué dices? -Le diré que huiste...
...y que vuelvo a casa con Alejo. -No.
-Le vigilaré hasta que la reunión termine.
-Helena, puede ser peligroso. -Seré su hija que quiere volver...
...a casa. -Helena.
-Tus hombres morirán si no hacemos algo.
Todos debemos ayudar y esto es lo que yo puedo hacer.
Me guste o no. -Está bien.
-¿Cuántos prisioneros hicimos? -Algo más demedio centenar.
-Así que se escondían en una cueva, una guarida digna de ratas.
-Enhorabuena, Marco, ha sido una gran victoria.
-¿Y Viriato dónde está? -No hemos dado con él, señor.
-¿Eso qué quiere decir? -Que Viriato no está...
...entre los muertos ni entre los prisioneros.
-¿Le dejasteis escapar? -No, señor, no estaba en la cueva.
Pero ya no será un problema, ha perdido a todos sus hombres.
Tardeo temprano lo atraparemos. -¿Sabes, Marco?
No me gusta lo que veo. Veo a un general despistado, torpe,
que ha perdido el rumbo. Entiendo que te alterara...
...la muerte de tu hermano, pero eres un general de Roma,
no dejaré que tus problemas sean los problemas de mi legión.
-Señor, si me lo permite... -No, no te permito nada.
Quiero a Viriato ya.
Tráemelo o atente a las consecuencias.
-No tienes por qué soportar esto. -Es un pretor, Claudia.
Siempre será más digno que yo. -Sería tan fácil,
todo se solucionaría si Galba muere.
No me mires así.
Mi marido es un hombre indigno de su rango.
Es un militar ridículo que sacrifica a sus hombres...
...por nada. Un cómico disfrazado de pretor,
todo el mundo se ríe a sus espaldas y lo sabes.
Tú, en cambio, eres un hombre de verdad.
Todos en el campamento estarían a tu lado y yo también.
Por fin podríamos estar juntos. Seremos todo lo que queremos ser.
-Si lo hago, estaré traicionando todo aquello en lo que creo.
-¿No crees en mí?
¿Crees que para mí es fácil?
Todas las noches le pido a los dioses que no venga a mi lecho,
para que no me tome, para que no me mate.
No puedo más. Hazlo por mí.
Mátalo.
-Lo siento, no puedo.
-Pero sí pudiste matar a tu hermano.
-Él es un pretor, Claudia.
-Te traicionará.
Tardeo temprano lo hará y no estaré aquí...
...para recoger tus restos.
-Supongo que ninguno sabe dónde está Viriato.
Supongo que por mucho Que os pregunte...
...ninguno lo recordaréis.
Muy bien.
No tengo prisa.
Os interrogaré uno a uno hasta que habléis.
Os arrancaré la piel.
Y si aun así no morís de dolor,
os crucificarán en la entrada del campamento.
Elige a uno y tráemelo.
-¿Quiere que le prepare su baño? -No, quiero matar a mi marido,
¿puedes hacer eso? -Si es lo que desea, dómina.
-Lo harías, ¿verdad? -Claro. ¿Cómo quiere que lo haga?
-Envenénalo. -Si falla, él la matará a usted.
-Y si no, me pudriré en este lugar hasta que él lo desee.
-Viriato está vivo. -Viriato está solo,
han apresado a sus hombres. -Pero no a él.
Es un héroe para los hispanos.
Seguro que podría ayudarla de alguna forma.
-¿Y qué quieres? ¿Que vaya al monte a buscarle?
Estará en algún agujero. -Si pudiese hablar...
...con los rebeldes apresados...
Medirán dónde encontrarle. Podemos ayudarle a entrar...
...al campamento y facilitarle el camino hasta su marido.
-Lo siento, no puede pasar. -¿Están los hombres del rebelde...
...llamado Viriato? -Sí.
-Dejad pasar a mi esclava. Necesito una peluca y quiero...
...que compruebe sus cabelleras. -Tenemos órdenes...
...de no dejar pasar a nadie. -¿Estás osando llamarme nadie?
Dame tu nombre, legionario. Responderás a mi marido.
-Señora... -¡Dame tu nombre!
Gracias.
-¡Nerea!
-Paulo.
Tengo que sacaros de aquí. -No. No quiero que te pongas...
...en peligro. -Si no, os matarán.
-No lo harán. Viriato vendrá por nosotros.
-¿Sabéis dónde está? La dómina quiere hablar con él.
-Salió al poblado a buscar a Sandro.
Pero nos detuvieron antes de que volviera.
-Y no llegó a tiempo. -Había olvidado lo hermosa...
...que eres.
-¿Puedo traeros algo? -¿Puedes ayudar a mi hijo?
¿Puedes sacarlo de aquí? Es solo un niño.
-¿Qué estás haciendo aquí?
-Mi dómina me pidió que mire si hay niños que puedan ser esclavos.
Ese será de su agrado. -No se me ha informado de eso.
-Podéis preguntarle, señor.
-¿Crees que soy estúpido?
-¡Ah! -¡No la toques!
-¿Por qué tardas tanto en traer a uno de estos cuatro?
¿Qué está pasando?
-Marco. -Señora.
¿Ha pedido usted que le traigan un niño hispano?
-¿Qué? -Ha enviado a su esclava...
...a la tienda de prisioneros, ¿no es así?
-Hay un niño, como usted pidió, dómina.
-Sí. Necesito un niño esclavo para limpiar los conductos...
...de mis lucernas. Los dedos de mis esclavas...
...son muy grandes. ¿Algún problema más?
-No, señora.
-¿Algo más que decir? -Gracias por su tiempo, señora.
-Gracias. -Me has puesto en peligro.
¿Quién es ese niño del que hablas? -El hijo de uno de los rebeldes.
Es solo un niño, dómina. El hijo de la mujer que se mató...
...con su daga.
-Está bien. Pero te encargarás de domesticarle.
Si falla en algo, recibirás un castigo por él. ¿Está claro?
-Claro.
-¿Qué sabemos de Viriato? -Lo siento, no estaba con ellos...
...cuando los detuvieron. -Perfecto.
-Alejo, ¿por qué recoges tus cosas?
-¿Melo dices en serio, Teodoro? -Por favor.
Viriato está acabado. y Helena es una...
Hay que domarla. ¡La domaré, te lo juro!
-Tú lo sabías y no me dijiste nada. -Pasó, mucho tiempo.
Pensaba que ella le había olvidado. -Pues ya ves que no.
Me voy. Puedo seguir con mis negocios...
...desde cualquier sitio. Pronto Roma estará en todas partes.
Habrá gente que entienda que luchar no tiene sentido.
-Padre. Alejo. -Helena.
-¿Cómo te atreves a venir? -Me fui porque quería ayudar...
...a los que luchaban contra Roma. Pero todo está perdido.
Viriato ha huido. -¿Por qué no te has ido con él?
-Él me ha abandonado.
-Te dije que la palabra de ese cabrero no tenía valor.
Lo dije mil veces y no escuchaste. -Lo siento, padre,
fui una estúpida. Lo único que he hecho ha sido...
...rebelarme, y no ha estado bien. No he sido buena hija, lo lamento.
-¿Y qué tenemos que hacer nosotros? ¿Como que nada ha pasado?
¿Creer que podemos confiar en ti? -Puede que no me creas,
pero lo demostraré con el tiempo. -Entonces, ¿quieres volver a casa?
-Por favor.
-Ya estamos todos. Teodoro no debe saber que estamos reunidos.
-Buen Césaro, sabes que el Consejo no puede reunirse...
...sin todos sus miembros. -Pero Teodoro fue expulsado.
Y cuando escuchéis lo que Viriato tiene que decir, consideraréis...
...que no es digno de estar entre nosotros.
-Teodoro es un traidor. Una serpiente que susurra...
...al oído de Galba lo que ocurre aquí.
-¿Qué pruebas tienes para injuriar a un noble de Caura?
-Teodoro hizo que capturaran a mi hermana. Por su culpa,
mis hombres están capturados también.
Necesito la ayuda de Caura. Hombres que luchen a mi lado,
sin escondites ni condiciones. Queseamos uno...
...para poder liberarlos.
-¿Sabes lo que nos estás pidiendo?
-¿Deseas algo más?
-No. -¿Y usted, padre?
-He de ir a hablar con Miniatus. El mercader. Asíos dejo solos.
Creo que tenéis mucho de lo que hablar.
-Me gustaría pedirle algo. Sé que aún conserva...
...el vestido que llevó madre en su unión.
Me gustaría llevarlo a mí. Si le parece bien.
-Claro. Ella estaría orgullosa.
-Voy a por él. Si me espera, me lo probaré.
-Vea avisar a Miniatus. Dile que mañana iré a verle.
-Te dije que la domaría. -¿No es extraño que tu hija,
de la noche a la mañana, se vuelva dócil?
-Viriato la ha abandonado. La ha hecho darse cuenta...
...de su error. Es solo una mujer. No tiene el juicio...
...que tenemos nosotros. -Quizás.
O quizás esté aquí por otra razón.
-Mi hijo está en ese campamento preso.
Si me dejase llevar por el corazón, entraría allí cortando cabezas...
...para liberarlo, pero debo pensar como jefe, no como padre.
Por eso quiero queseáis vosotros los que decidáis, los que votéis.
-En Caura no quedamos muchos hombres capaces...
...de empuñar una falcata.
-Hablaré con otros pueblos, con otros jefes.
Juro que conseguiré más hombres, más armas y el grito de guerra...
...más alto que haya escuchado jamás un romano.
-Si lo haces,
nos tendrás a tu lado contra Roma.
-Papá.
Papá. -¿Qué pasa?
-Mira, el caballo que le regalé a Altea.
-Tu prima cayó en la trampa que nos tendió el pretor.
-Papá, te lo prometo. Es el caballo que le hice a Altea.
Selo llevó cuando se fue de casa para iros a buscar...
...el día que murió.
-Si ese caballo está ahí, puede que la hija de Viriato esté viva.
-Eso es imposible. Yo estaba allí, vi lo que hicieron los romanos.
Fuimos muy pocos los que conseguimos huir.
-¿Y cómo ha llegado el caballo hasta aquí?
-Tirso, ¿estás seguro de lo que estás diciendo?
-Mira, lo hice yo con mi cuchillo.
-Tú, el niño, fuera.
-¡No!
-Escucha, hijo.
Nunca olvides quién eres. -Yo no quiero irme.
-Nunca dejes de luchar. -Papá, no.
-Vamos.
-Vete. ¡Vete!
-Sandro, tranquilo, ella cuidará de él.
-Coged a ese y llevadle a la tienda para que el general le interrogue.
:-O -?Queréis dejar de empujarme? Indicadme el camino, es suficiente.
Ya nos veremos fuera.
¡Dioses!
-¡Vaya, mira a quién tenemos aquí! Volvemos a vernos, hispano.
-General, cuánto tiempo.
-Me ha parecido oír que amenazabas a mis hombres.
-No. ¿Amenazar? No, señor, solo charlábamos, ¿verdad?
-Estos hombres fueron muy valerosos...
...y lo único que consiguieron es que sus días acabaran...
...entre alaridos de dolor.
Quizás tú prefieras ser inteligente antes que valeroso.
-Sí, señor. Yo no soy valeroso, soy un cobarde.
Haré lo que usted diga. -Bien, bien.
Dime dónde está Viriato. -Selo diría, selo juro.
Cuando su peque estaba en la Colina del Oso selo dije,
pero ahora no lo sé. Estará escondido en el poblado,
en el bosque o en las montañas. -O en el mar.
-No, en el mar no lo creo. -¿No?
¿Te ríes de mí?
-No, señor. ¿Para qué iba a reírme de usted?
No, señor. -¿Dónde está Viriato?
-No lo sé. Selo juro, no lo sé.
-Atadlo.
-¡No! ¡No!
Espere, hay algo que le puede interesar,
algo que le ayudará a atraparle. -Esperad.
Vamos, habla.
-Solo lo diré si el pretor promete que me soltará después.
-Colgadlo. -Es sobre la hija de Viriato.
-¿La hija de Viriato? -Sí, él tiene una hija, Altea.
-¿Y? -La niña murió en la matanza,
en la batalla que hubo contra su ejército.
Por eso Viriato empezó la lucha contra Roma.
-Muy triste y enternecedor.
O me dices algo que me interese, o perderé la paciencia de verdad.
-La niña...
Viriato cree que murió, pero sobrevivió.
-¿Cómo? -Fue capturada por su ejército.
La capturaron viva y la trajeron al campamento.
-¿Cómo sabes eso?
-La niña tenía un caballo de madera que llevaba durante la batalla.
Le hemos encontrado en la jaula en la que estamos encerrados.
-¿Qué edad tenía esa niña? -No lo sé, seis o siete.
No creo que hubiera muchos niños en aquel lugar.
-Es la niña que envió como esclava a su hijo, señor.
-¿Me estás diciendo que he tenido a la hija de Viriato...
...en mis manos todo este tiempo sin saberlo?
¿Me estás diciendo eso?
Los dioses son caprichosos.
-Caprichosos, sí.
-¡Silencio!
-¿Entiendes qué significa eso, Marco?
Lo tendremos a nuestra merced.
Hará lo quesea por su querida hija.
-¿Qué quiere que haga, señor? -Envía un mensajea Caura.
Que Viriato se entere de que su hija está viva...
...y que es nuestra prisionera.
A ver cuánto tarda en salir de su agujero.
-¿Y con este?
-¡No lo hagáis, por los dioses! Soy amigo de Roma.
Os puedo contar lo que queráis.
(GRITA)
Bajadme, bajadme. Bajadme, por favor.
¡Hijos de mil zorras!
-¿En qué puedo ayudarte? -¿Crees necesario que responda?
-No sé a qué te refieres. -¿Creías que no me iba a enterar?
-Teodoro, no se te convocó al Consejo por un buen motivo.
-¿Cuál? -Porque el objetivo...
...de la reunión era juzgar si eres digno de seguir perteneciendo...
...al Consejo de Nobles. -No podéis hacerme eso.
-Has colaborado con los romanos, les has dado información...
...que ha llevado a la muerte a gentes de Caura.
Eres el responsable de que los rebeldes estén presos...
...por el pretor Galba. -No, eso no es verdad.
No es verdad. Ese herrero vino a mi casa amatarme.
-¿Y por qué quería hacerlo?
Teodoro, tú no eres así. Nos conocemos desde niños.
Siempre has sido un hombre exigente, pero honorable.
En cambio, ahora... -¿Tú me hablas de ser honorable?
Fuiste tú quien traicionó nuestra amistad.
-No sé de qué me hablas. -Lo sabes muy bien.
-Por mi honor te digo que no sé de qué hablas.
-Demi padre. Le dijiste a mi padre que fui a Caper aquella noche.
Tú selo dijiste, ¿no te acuerdas?
Yo solo quería verla a ella. Mi padre me encontró gracias a ti.
Me llevó a casa y me golpeó porque quería prometerme...
...con una mujer de un pueblo enemigo.
-Te buscaba, estaba preocupado, yo solo le dije dónde habías ido.
-Selo dijiste porque me tenías envidia.
A ella nunca la volvía ver.
Y en aquella paliza mi padre me dejó tullido para siempre.
-Teodoro, te casaste. Tuviste una hija, y negocios.
-¡Pero nunca volvía luchar! Tú sabías que yo soñaba con ser...
...el mejor guerrero de Caura, con llegar a líder del Consejo.
Que mi padre estuviera orgulloso de mí.
-Lo lamento. Siento que hayas sufrido tanto.
Pero eso no justifica todo lo que has hecho.
-Me llamas traidor a mí.
Pero tú lo fuiste mucho antes.
Haz lo que tengas que hacer, pero si los dioses son justos,
algún día todo esto se volverá contra ti.
-Os comunico que los hombres del rebelde Viriato...
...han sido reducidos y apresados por las tropas...
...de la República de Roma.
Estos hombres sufrirán un castigo acorde a su infamia.
Y lo mismo ocurrirá con cada mujer y hombre que no acate...
...la ley de Roma.
Si alguno de vosotros esconde a Viriato,
decidle que su hija, Altea, está viva.
Sobrevivió a la batalla en que os enfrentasteis a Roma.
Fue capturada, y ahora está en poder del pretor...
...Servio Sulpicio Galba.
Si quiere volver a verla,
ya sabe dónde estamos.
-Si crees que me voy a unir a ti después de que te llevaras...
...a la mayoría de mis hombres, estás más loco de lo que pensaba.
-Esos hombres vinieron a luchar a mi lado voluntariamente.
Yo no los obligué. -Y ahora están todos muertos...
...o en manos de los romanos. -Así es. Por eso vengo a pedirte...
...que te levantes en armas junto al resto de pueblos...
...que sufren la ira de Galba. -Eres un ignorante. Has ofendido...
...a los dioses con tu soberbia. Solo recibirás sufrimiento...
...y pesar el resto de tu vida. -Puedo soportar mi sufrimiento,
llevo haciéndolo mucho tiempo. Lo que importa es si tú lucharás...
...o te seguirás escondiendo. -Ya dije que no me rebajaré...
...a luchar bajo tu mando. Yo soy Oriso, el gran sacerdote de Ébora.
Y tú eres un simple pastor que tiene sus días contados.
-Tienes razón.
Sería injusto pedirte que renunciaras a tu posición.
Tu pueblo es uno de los más numerosos y fuertes de la región.
Por eso os propongo que os unáis a nosotros.
Y que tú nos lideres a todos.
-¿El resto de poblados aceptarán? -Yo los convenceré.
-¿Y tú, Viriato? ¿Aceptarás mi mando?
-Yo solo quiero salvar a los míos y hundir a Roma.
Quien vaya delante me da igual.
-No sé por qué has montado tanto lío por este mocoso.
Fíjate cómo nos mira. ¿Tedas cuenta de lo difícil...
...que va a ser enseñarle? -Tenía una posibilidad de salvarlo,
y lo he intentado. Es solo un niño.
A saber qué le hubiese pasado si hubiera seguido en esa jaula.
-Pues lo hubieran vendido. Alos niños no los crucifican.
-¿Crucificarlos? -Es lo que están haciendo...
...con los rebeldes. Los que no responden...
...a las preguntas del general Marco, terminan en la cruz.
-¡Por todos los dioses, llevaos a este niño de aquí!
Esta tienda huele a cuadra. -Sí, dómina.
-¿Ha venido Marco? -No, dómina.
-No lo hará.
-Dómina.
El general Marco es un militar. Jamás se levantará...
...contra su propio pretor.
Ano ser que... -¿Que qué, Sabina?
-Ano ser que su vida corra peligro.
Debe dejarlo sin opciones, dómina. Convencerlo de que el pretor...
...quiere acabar con él. A usted sí la escuchará, dómina.
-¿Tú puedes conseguir el sello del pretor,
con el que marca sus cartas?
-Claro.
-¡Helena!
¿Cómo ha ido? -Bien, creo. A la caída del sol...
...vendrán los jefes de cada uno de los poblados.
Y entonces tendremos que convencerlos a todos juntos.
¿Qué ocurre?
-Viriato.
El general Marco ha venido al poblado con un mensaje de Galba.
-Vamos, hablad sin miedo. -Dijo algo sobre tu hija.
-¿Qué?
-Dijo que tu hija está viva. -¿Cómo?
-Que no murió en la matanza. Quela capturaron los romanos...
...y que está en manos del pretor. -Eso no es posible.
-Puede ser una trampa. Harían cualquier cosa...
...para que te entregaras.
-¿Y si no lo es? ¿Y si mi hija está viva?
-¡Helena!
¿Y Helena? ¿No estaba contigo? -No.
-Entonces ¿dónde está?
-En casa de Césaro. Esa zorra que tienes por hija...
...nos ha engañado. No me fiaba de ella y la seguí.
Viriato no se ha ido ni la ha abandonado, está con él.
Y va a reunirse con los jefes de los poblados en la cabaña...
...del Consejo. Nos ha tratado como dos estúpidos. A ti y a mí.
Así que vas a domar a tu querida hija.
-En cuanto aparezca, la mataré a golpes.
-¡No! Le seguirás la corriente como si nada hubiera ocurrido.
-¿Cómo quieres...? -Teodoro,
tu hija nos va a llevar hasta Viriato...
...y todos los problemas,
los tuyos, los míos y los de Roma habrán terminado para siempre.
-Vuelve a casa de tu padre. No queremos que sospeche nada.
-Y, ¿tú qué vas a hacer? -Ir a la cueva.
Se avecina una batalla. Necesitamos reunir todas las armas que podamos.
-Ten cuidado. Pueden estar vigilándola.
-Después de la reunión, iré a la herrería.
-Nos veremos allí. -Cuídate.
-Tú también.
Padre.
-Hola, hija.
-He ido a casa de Cesia aporto millo.
-Y, ¿no le quedaba?
-No. Me dijo que cuando tuviera, me lo traería.
-Es una buena mujer, Cesia.
Hace tiempo que no la veo.
¿Ya tuvo el niño que esperaba? -Fue una niña al final.
-Bueno,
no todo van a ser alegrías.
-Voy a preparar la cena. -Muy bien. Helena.
Me alegro de que hayas vuelto a casa.
-Yo también me alegro de haber vuelto, padre.
-Señor,
el hispano llamado Alejo desea verle.
-¿El yerno de Teodoro? ¿Qué querrá ese desgraciado ahora?
Está bien. Hazle pasar.
-Señora, no debería estar aquí.
Si alguien la viera, podría pensar...
-¿Qué hay algo entre nosotros?
Repítele lo que me has dicho, Sabina.
-Estaba en la tienda del pretor y lo escuché hablando con un oficial.
-¿Ahora espías conversaciones? -Déjala terminar, Marco.
-Fue sin querer, señor,
pero oí como el pretor le decía al oficial...
...que sabe que usted y... -Lo sabe todo.
-¿Estás segura? ¿Qué más dijo? -Que va amatarlo, señor.
-A ambos.
-No.
No tiene motivos para pensar eso. -¿No?
-Estamos hablando de algo muy grave, Claudia.
¿Por qué habría de creer en la palabra de una esclava?
-¿Crees que soy idiota?
Antes de darle crédito, me he asegurado bien.
-¿Qué es?
-Estaba en su despacho.
Es una carta con su sello,
preparada para ser enviada a Roma.
En ella explica al Senado cómo ha tenido que ajusticiar...
...a su general quinto Marco Cornelio,
acusado del asesinato de su propio hermano, el cuestor.
-Entonces, ¿por qué no ha acabado ya con nosotros?
-Parece que no le conoces.
Si hay algo con lo que disfruta de verdad...
...es jugando con un animal herido antes de matarlo.
-¿Qué vamos a hacer con esto, si descubre que no está?
-Si hacemos lo que tenemos que hacer,
no descubrirá nada.
No podemos esperar más, Marco.
O muere Galba...
...o morimos nosotros.
(Ruido) -Señor.
-¿Qué quieres?
-El pretor quiere verle en su tienda.
-Señor. -¡Ah! Marco.
¿Dónde estabas? Empezaba a pensar que no querías verme.
-Estaba en mi tienda, señor, comiendo.
-¿Hay noticias de Viriato? -No, señor.
-Todos dicen que empezó esta lucha porque matamos a su hija.
Ahora resulta que está viva y no hace nada por ella.
O es menos valeroso de lo que cuentan...
...o no hemos transmitido bien nuestro mensaje.
-Los habitantes de Caura están informados.
Seguro de que la noticia ha llegado a sus oídos.
-En fin, mientras tengo un encargo para ti.
-Claro, señor. Lo que ordene. -¿Pasa algo, Marco?
-No, señor. -¿Seguro? Te noto extraño, raro.
¿Un poco de vino?
-No, gracias.
Señor,
¿qué era eso que quería decirme?
-Parece que los jefes de las tribus de los alrededores...
...están conspirando contra nosotros.
Pretenden levantarse en armas contra la legión.
Van a reunirse al anochecer en el Consejo de Caura.
Por suerte, tenemos buenos amigos entre los hispanos,
que nos han avisado del lugar y el momento...
...en que todos esos jefes van a estar reunidos juntos.
-Comprendo, señor.
-Una vez que descabecemos todos esos poblados,
nos aseguraremos de que sus nuevos jefes...
...sean amigos de Galba. Observa.
Estos son los pueblos a los que hay que prestar especial atención:
Aeminium, Ébora, Norba,
Ersane y Caura, por supuesto.
Ya es hora de que empiecen a adoptar costumbres romanas...
...y a mostrarnos el respeto que nos hemos ganado.
-Señor, los hombres están listos para ir a Caura.
-Muy bien.
Marco,
envía a tus mejores hombres.
Esta vez no puedo permitirme que falles.
Considéralo una cuestión de vida o muerte.
-Así lo haré, señor.
-Quiero daros a todos la bienvenida a Caura.
Sé que el paso que hoy vais a dar es difícil, arriesgado,
peligroso, pero es un paso único...
...que van a recordar los hijos de nuestros nietos,
las generaciones que están por venir.
Es cierto que durante décadas nuestros pueblos...
...se han enfrentado entre sí por la tierra, por el poder,
por sobrevivir, pero hoy sabemos...
...que hay algo mucho más importante que todo eso:
la libertad.
Juntos vamos a gritarle al mundo...
...cuán orgullosos estamos de pisar esta tierra,
de respirar este aire, de ser como somos.
Juntos, hermanos, vamos a vencer al enemigo.
-En cambio, ellos,
Roma, no saben lo que es el honor, el respeto.
No saben lo que significan esas palabras, hermanos.
Han jugado con ellas y con nosotros.
Nos prometieron paz y no solo nos han dado guerra,
sangre y sufrimiento.
Han hecho que, cada día, un hispano llore por la ausencia...
...de un ser querido.
Por eso, ante este Consejo, yo, Oriso de Evora,
prometo que no descansaré hasta cubrir mi cuerpo de sangre romana.
Por los míos, por los nuestros.
Demostraremos a esos romanos cómo lucha nuestro pueblo.
-Porque ha llegado el momento de luchar por lo que es nuestro.
Solo unidos podemos lograrlo.
Porque hoy, hermanos,
nos unimos para hacer frente al único, al verdadero enemigo.
He visto pueblos enteros perecer...
...bajo la mano implacable del pretor.
Campos arrasados, convertidos en meras cenizas.
Madres sin hijos a los que arropar en las frías noches.
Hijos sin madres en las que cobijarse.
Porque después de mañana todo esto no vuelva a suceder.
-¡Apresadlos a todos!
-¿Qué haces? -Si consigo sacar este clavo,
podré abrir la reja y salir de la jaula.
-Espera.
-¿Estáis locos? De aquí no se puede escapar.
Aunque saliéramos de aquí, tendríamos que cruzar...
...el campamento sin una espada. -Yo lo hice y salí con vida.
-No tientes otra vez la suerte. -La armería no está lejos de aquí,
80 pasos, a lo sumo, 100. Llegaríamos sin que nos vieran.
-¿Y después? -En la empalizada hay vigilancia.
-Libraremos a los prisioneros y nos abriremos paso luchando,
como hemos hecho siempre. ¿No?
¿Qué decís? -Vamos.
-Tú, fuera. -No voy a deciros nada.
-Entonces irás directo a la cruz. Sacadle.
-Paulo.
¿Qué le van a hacer?
-Nada. Tirso, ve a la tienda y qué date allí.
-¿Adónde vas? -Tirso, voy a la tienda.
Necesito hablar con el pretor.
-Pretor.
-Sí.
-Una de las esclavas de su esposa quiere verle.
-¿Qué quiere? -No ha querido decírmelo.
-Está bien, que pase.
-Pretor. -Ah, eres tú.
¿Qué es lo que quieres?
-Se han llevado a uno de los hombres de Viriato...
...para crucificarle. -¿Sí?
-Por favor, no lo haga, selo ruego.
-Pero ¿cómo vienes aquí a despertarme para eso?
-Por favor, pretor, selo suplico, a él no.
-¿Quién es ese hombre para quesea tan importante para ti?
-Es... mi hermano.
-Ya, tu hermano.
¿Y... qué puedes darme tú a cambio...
...de que salve la vida de tu hermano?
Si tú eres cariñosa conmigo,
yo...
yo puedo ser diligente con tu hermano.
Así todos estaremos contentos.
-¿Qué quiere que haga?
-La pregunta es:
¿Qué sabes hacer tú que merezca la vida de un hombre?
-Sé algo... Sé algo que le puede salvar la vida.
-¿A qué te refieres?
-El general Marco va amatarle.
-¿De qué estás hablando?
-Lo he escuchado hablarlo con su esposa,
los dos quieren matarle.
La dómina sabe que usted mandó asesinar a su padre,
por eso quiere que usted muera.
-Vete.
-¡Ah!
-Liberadle. Será vendido como esclavo.
Son órdenes del pretor.
-Bajadme a mí también, por favor. Por favor, bajadme.
A mí también me puedes vender como esclavo. Bajadme, por favor.
¡Bajadme! ¡Por favor, bajadme!
¡Bajadme a mí también!
-Sandro. Sandro.
-Adentro.
Vosotros, los jefes, fuera.
-Padre.
-¡Os he dicho que fuera!
-¿Qué les has contado? -No les he contado nada.
-¿Has visto algo?
-A Héctor ya otros, crucificados.
-Esto ya está.
Sal tú. -Por ahí, yo no quepo.
-Así que vosotros sois los insurgentes...
...que pretendían asesinarme.
¿Así es como pagáis lo bien que me he portado...
...con vuestros pueblos todo este tiempo?
¿Cuál cree que es el castigo que deben tener...
...por intentar asesinarme, Marco?
-La muerte, señor.
-La muerte, exacto.
Soltadlo.
Dame tu espada.
Mátalo.
Mátalo o te mataré a ti.
-Yo no puedo matar a un hombre desarmado.
No somos como vosotros. -Claro, olvidaba que,
antes de que llegásemos, no teníais guerra...
...y vivíais en un paraíso.
De verdad, me aburrís con vuestra falsa bondad.
¡Llevaos a todos menos a este!
Está claro que te importa la vida de tu gente.
-Me debo a ellos. Como un pretor a los suyos.
-Bueno, he de confesar que les tengo menos aprecio.
-¿Qué quiere de mí? -Sé que, entre los presos,
está tu hijo. Te propongo un trato.
Tienes hasta mañana para traerme a ese rebelde vivo o,
el que morirá, será tu hijo.
Tú decides.
Llévalo a la puerta y déjalo salir.
Marco, luego vuelve. Quiero hablar contigo.
-Deprisa, no tardarán en volver. -Soy todo lo rápido que puedo.
-Suerte que no estabas con ellos. -¿Qué ha sucedido?
-El general Marco y las tropas. Asaltaron la cabaña...
...del Consejo anoche. Han detenido a Césaro...
...y a los jefes de otros poblados hispanos.
-¿Se sabe por qué? -En este pueblo,
es difícil mantener un secreto. Césaro reunía un ejército...
...para luchar contra Roma. Un suicidio.
-Sí, sí que lo es. -¿Te pasa algo, Helena?
-No. Bueno, sí. Temo que esto nos afecte.
-No te preocupes. Sabes que esta familia tiene...
...de su lado los favores del pretor.
No te alarmes. -Claro que no, hija.
Todo irá bien.
-La comida está casi lista, pero se acabó el agua.
Iré al río a por más, pero vuelvo enseguida.
-Está bien. -No tardes.
-Viriato, Viriato.
-Estoy aquí. -¿Qué ha pasado?
-Tranquila, no es grave. Me atacaron en la cueva.
No llegué a tiempo a la reunión con los jefes.
-Han detenido a Césaro y el resto del Consejo.
-Lo sé. No han servido de nada todos nuestros esfuerzos.
-Puedes hablar con la gente. La gente quiere...
-Helena, lo único que puedo hacer es entregarme...
...para poder salvar sus vidas. Estoy solo.
-No. No estás solo.
(Golpe)
-Qué bonito. No sé si tengo ganas de llorar o de vomitar.
Helena, ¿pensabas que me creería esa actuación?
Puedes engañar a tu padre, a mí no.
-¡Viriato! -Apártate.
-¡Déjelo, padre, no le ha ganada! -Tranquila, no le haremos nada.
Pero el pretor Galba está deseando conocerle.
Buscaré una patrulla romana que lo lleve al campamento.
-¡Helena, no! -¡Cállate!
-Alejo, no lo hagas. -¿Qué no quieres que haga?
-Entregarlo. ¡Alejo! -¿No es lo que se hace...
...con los salteadores? -Van amatarlo.
-Antes lo torturarán, no te preocupes.
Marco aprovechará la ocasión, lleva mucho esperándola.
-¿Qué quieres? -Qué quieres tú, Helena.
-Que lo dejes marchar.
-¿Por qué habría de hacerlo? Si le entrego,
Tendré negocios garantizados que me harán rico.
¿Qué me ofreces tú?
-Si lo haces, me quedaré a tu lado el resto de mi vida.
-¿Solo eso?
-No tengo nada más.
¡Alejo!
-La única forma de asegurarme de que no vas a volver...
...con Viriato será cuando haya muerto. Y te juro que,
cuando te cases conmigo, te vas a arrepentir de engañarme.
¡Iah! -¡Alejo, no!
(LLORA)
-Estarás satisfecho.
-Lo estaré cuando pagues por todo lo que has hecho.
-Has hundido la vida de mi hija y has destrozado esta familia.
Debería matarte yo mismo. -¿Tú? No te engañes, Teodoro.
Tú no tienes el valor suficiente para hacerlo.
-Padre, no lo haga. Usted no es un asesino.
-Helena, pero ¿es que no tedas cuenta de lo que hizo este hombre?
Te está cegando. Lo hizo entonces y lo está haciendo ahora.
-Padre, ¿no quiere que sea feliz? -¿Cómo puedes decir eso?
Todo, todo lo que he hecho en mi vida fue para hacerte feliz.
¿No lo ves? -No.
Lo único que veo es que está apunto de entregar a Roma...
...al hombre que amo. -Helena, no sabes lo que dices.
En cuanto este desgraciado esté en manos de los romanos,
todo volverá a la normalidad. Y a lo verás.
-Teodoro, eres un perro traidor. -Lo siento, padre.
-Señor.
-Marco, estás aquí de vuelta.
Parece que esto toca su fin.
Sin apoyos, Viriato no podrá hacer nada más que entregarse.
Brindemos por ello.
Has hecho un buen trabajo, Marco.
Si hoy alguien me matase,
moriría tranquilo sabiendo que tú te quedas en mi lugar.
-Ha sido un golpe de suerte, señor. -No seas modesto.
Cada uno se labra su propia suerte.
Antes o después consigues lo que mereces.
Tú, por ejemplo.
Eres el mejor oficial que he tenido.
Aunque he de reconocer que alguna vez he sido...
...demasiado duro contigo.
Nunca he confiado en nadie más que en ti.
-Usted también tiene a su mujer, señor.
(RÍE)
Señor, ¿he dicho algo gracioso?
-Por favor.
Nada de eso.
Pero es que habría que ser muy estúpido para confiar...
...en mi mujer.
(SUSURRA) Muy estúpido.
Vamos, Marco.
Bebe.
-Como usted quiera, señor.
(TOSE)
-Cada uno se labra su propia suerte, Marco.
(TOSE)
(LLORA)
-Dómina, ¿qué sucede?
-Marco.
Galba lo ha matado.
-Galba.
(LLORA) -Él lo sabía.
De alguna manera lo sabía.
Y ahora vendrá a por mí.
Todo ha terminado.
Tú...
Has sido tú. -¿Qué?
-Tú avisaste al pretor.
-Dómina, ¿por qué dice eso? -Solo vosotras lo sabíais.
Sabina sería incapaz de traicionarme.
-Yo no lo hice.
-Muy bien.
Puede que Galba venga a matarme, pero por todos los dioses...
...que tú no volverás a ver a tu amado en tu vida.
Voy a enviarte a Roma y te juro que jamás volverás a Hispania.
-Ahí lo tiene. -¿Es este el rebelde?
-Tranquila, tranquila, estoy bien. Estoy bien.
-Césaro.
-El pretor no me ha hecho nada. -¿Y Darío y el resto?
-Darío está vivo. Pero han caído muchos rebeldes.
-Me atacaron en la cueva. No llegué a tiempo. Lo siento.
-Las cosas no están saliendo como esperábamos.
-¿Y los demás jefes?
-Solo me han liberado a mí. -¿Por qué?
-Galba me ofreció la libertad de Darío.
A cambio de tu cabeza. -¿Cómo?
-Tengo hasta el amanecer para entregarte.
O Darío, mi hijo, morirá.
-¿Qué vamos a hacer?
-Lo único que se puede hacer.
-Vengo a ver al pretor.
-Viriato, ¿no tienes nada que decir a tu gran enemigo?
(ESCUPE)
-¿Cómo pudiste entregar a Viriato para liberarme a mí?
-Deja que te de muestre que no es así.
-¿Por qué Viriato se ha entregado? -Porque quería saber...
...si su hija está viva. -¿Lo reconoces?
-Quiero que me compenses por el tiempo que perdí...
...y la deshonra que me provocaste. No me voy con las manos vacías.
-¡No! (CHISTA)
-Al amanecer tendremos 2.000 hombres listos para luchar.
(TODOS) -!Sí! -Tienen un ejército...
...y se preparan para enfrentarse. -¿Un ejército? ¿De ovejas?
-Hombres de los territorios de alrededor.
-Enseñadles qué hacemos con los traidores.
-¡No! -¡Helena!
-¿Qué me ha pasado? -Nada que no le pasea una mujer...
...en tu estado. -Nadie le defenderá muerto.
-Señor, pensé que preferiría hacerlo usted.
-Enviaste a Roma a esa esclava y no podemos torturarla...
...para que confiese. -Trae a la esclava y hazla hablar.
-Cada espada romana que detengáis, salvará cientos de vidas.
Haced que corrala sangre para que vuestra sangre sobre viva.
¡A muerte!
(GRITAN)
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