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Original subtitles

WWW.MY-SUBS.CO

-Las órdenes de Roma son mantener la paz.

-Debería matarte aquí mismo, insolente desagradecido.

-El pretor está indispuesto. -Parece una fiebre fuerte.

Si sigue subiendo, morirá. -Yo tuve esos mismos síntomas...

...hace años. La muerte me tuvo entre sus garras días.

-¿Y cómo te libraste? -No lo sé, pero sé quién me curó.

-Soy Helena, la hija de Teodoro De Caura. He venido a curaros.

-Si algo le ocurriese, te prometo que intercederé por ti.

-¿Me está pidiendo que deje morir a su marido?

-Esa zorra hispana va a curarle. Debemos detenerla.

Podrías ser el nuevo pretor si llevaras el apellido...

...de una patricia. -¿Qué quieres?

-Sabina, debes venir conmigo. -No puedo. Yo te engañé.

Acepté que me dieran latigazos para obligarte a volver.

Tú y yo no somos iguales. No lo seremos nunca.

-Un esclavo que intenta huir muere en la cruz.

-Seguro que hay otra forma de arreglar esto.

-No la hay. -¿No?

(GIME)

(GRITA)

-¿Qué lleváis aquí dentro? -Son cosas de...

-No son de vuestra incumbencia.

-Si las coges, no habrá vuelta atrás.

Yo te diré lo que decir, hacer y pensar.

-Puedo llevarle hasta la hermana de Viriato.

-¿Su hermana?

-¿Qué ha pasado? ¿Cómo está Bárbara?

Lo siento.

-Los negocios están donde los romanos.

-Viriato, tengo que hablar contigo.

-El Consejo ha prohibido el comercio con Roma.

-Si pagáis mejor, os las venderemos.

-Deberíamos darle un escarmiento. No pueden hacer lo que quieran...

...sin consecuencias. -Te juro que le cortaba la cabeza.

-Alguien debió decirles algo. -Quizá deberías mirar...

...en tu propia casa. ¿Tu prometida no sabía nada del negocio?

Siendo la amante de Viriato no es difícil imaginarlo.

Esto se merece un brindis, ¿no? -Por suerte, vuelvo a estar...

...al frente de este campamento. Y las cosas van a cambiar.

Quiero que conozcas a alguien. -¿Quién es, señor?

-Leucón,

el hombre que hará lo que tú no has sido capaz hasta ahora.

Matar a Viriato.

-¡Alto!

-¡Quieto!

(GRITA)

-¿Sois hombre de Viriato? -¿Quién eres?

¿Y por qué te retenían?

-Mi nombre es Leucón, soy de Onuba, un pequeño pueblo al sur.

Los romanos han matado a mi familia.

Han quemado mi hogar.

Oí hablar de Viriato y sus hombres. Vineen vuestra busca.

Los romanos me encontraron antes.

-Bueno,

podemos ofrecerte mala comida,

peor lecho y ninguna tranquilidad. ¿Te parece bien?

-Dime que traes buenas noticias. -No estoy seguro, señor.

Han encontrado en el bosque a los hombres que acompañaban...

...a Leucón. Todos muertos.

-No me negarás que es una buena forma...

...de ganarse la confianza delos rebeldes.

-Eran seis buenos legionarios. -Y han muerto por Roma.

A estas horas Leucón estará lo bastante cerca de Viriato...

...para matarlo a la primera oportunidad.

-¿No hubiera sido mejor uno de nuestros soldados?

-Fue gladiador antes de entrar en la Legión.

Nunca perdió un combate y nunca dejó un rival vivo.

-Ya. Un legionario no solo debe saber matar, señor.

También debe tener disciplina, fuerza de voluntad, inteligencia.

-Está claro que no sabes quién es Leucón.

En su última pelea su dueño se volvió loco.

Lo enfrentó a 30 hombres, sin escudo ni armadura.

Salió desnudo con una espada.

La pelea duró toda la tarde.

Lo hirieron, lo golpearon. Casi se desangra.

Pero logró matar a los 30 hombres, uno a uno. Despacio.

Saboreando el espectáculo.

Dame diez hombres así en la Legión y me dará igual...

...si tienen disciplina.

-Pero ¿cuántos somos ya? Dale algo de comer a Leucón.

-Demasiados. Habrá que distribuirlos por las galerías,

pero aún así la cueva se quedará pequeña.

-Ya. Me preocupa más cómo alimentarlos.

-Habrá que ir a Caura por víveres yes peligroso.

-Helena.

-Hola. -No esperaba verte aquí.

-No sé usar un arma, pero puedo ayudar de otras maneras.

Aunque no las que tú quisieras. -Cualquier ayuda es buena.

-Cada vez tienes más apoyos. -Es muy importante que estés aquí.

No solo para los heridos.

-Tengo que irme al poblado.

-Helena.

Ten mucho cuidado cuando subas desde Caura.

Asegúrate que no te sigan. -¿Qué quieres decir?

-Sabemos que alguien el poblado está colaborando con los romanos.

Algún malnacido les dijo que Bárbara era mi hermana.

La capturaron y la mataron porque era importante para mí.

No quiero que te pase lo mismo. -Tendré cuidado.

-Por favor.

-Señor. -¿Qué pasa?

-El cuestor Cayo Octavio Cornelio solicita permiso para entrar.

Viene desde Roma. -¿Mi hermano está aquí?

Hazle entrar. ¡Rápido!

-So.

Hermano. -¿Ocurre algo?

-Eso me gustaría saber.

¿Qué pretende el Senado enviándome un cuestor?

-Pretor. -Bienvenido.

Qué sorpresa tan agradable.

Creo que no conoce a mi esposa Claudia.

-No, me habían dicho que su belleza era equiparable a la de Venus,

pero ahora veo que me engañaron. Ninguna diosa podría comparársele.

-Por favor. -Su hijo me encargó...

...que le trajera esto. -¿Qué tal está?

-Bien. Estuvimos poco tiempo juntos.

Me dijo que la niña que le envió, la esclava, era un poco testaruda.

-Como buena hispana, poco agradecida.

Debería dar las gracias por su suerte al escapar de aquí.

Octavio, íbamos a comer algo. Acompáñenos.

-Con mucho gusto, pero antes me gustaría asearme.

-Por supuesto, esperaremos.

-Ah, te pillé. (RÍE)

Malditos romanos traidores. -Fíjate en Leucón.

-Pelea bien, ¿eh? -Si los demás fueran...

...la décima parte de buenos, Galba lo tendría difícil.

-La mayoría no ha cogido una espada nunca.

Llevará tiempo entrenarlos y formar un ejército.

-Pues tiempo es lo que no tenemos.

-Con fuerza. -Me rindo, me rindo.

-Venga, papá, demuéstrale quién es el mejor.

-Vamos, valiente. -Vamos, hermanito.

-Venga, Sandro.

-Está bien, está bien.

-Vamos, Sandro. -¡Vamos!

-Venga, que puedes con él.

-Vamos, vamos. -¡Vamos, Sandro!

-Muy bien, Sandro.

-Perdona, no quería...

-¡Leucón!

-Siempre es un placer luchar con un auténtico guerrero.

-Perdona por la herida.

(Pasos)

-Leucón, ¿has visto a...?

Estaba buscando a Viriato. Ya me iba.

-Quieto.

¿Nunca te han dicho que está muy mal eso de curiosear?

-Yo, yo me iba. Ya me iba. -No.

Date la vuelta.

¿Sabes lo que es?

-No tengo ni idea. -Sí, sí que lo sabes.

-Es un tatuaje de la legión, ¿verdad?

Has venido amatar a Viriato. -Melo has puesto muy difícil.

Ahora tengo que deshacerme de ti y si no puedo explicarlo...

-No creas. Podemos matarlo juntos. Estoy con los rebeldes...

...porque no tengo más remedio. Pero creo que Viriato está loco.

-A mí no me lo parece. -Quiere acabar con Roma,

y nadie puede. Acabaremos todos muertos.

Ano ser que Viriato muera y dejemos esta lucha.

Llevo mucho tiempo deseando que alguien acabe con él.

¿Puedes? ¿Te importaría apartarla?

A Viriato no se le puede coger desprevenido. Puedo ayudarte.

A cambio de una pequeña recompensa. -El dinero no es un problema.

Sí lo será si tú no cumples tu parte del trato.

-Por favor, somos hombres de honor.

-De todas formas,

si me engañas,

tú serás el primero en morir.

(RÍE)

-O el último.

Depende del tiempo del que disponga para divertirme.

(TARTAMUDEA)

-Señor. -Pasa.

-Me han pedido que le traiga agua.

-Déjalo. -Tengo que prepararle yo...

-Insisto. Puedo yo.

Gracias, de todas maneras.

-Siento el retraso.

Dirigir un campamento tiene sus complicaciones.

Tú, fuera.

Octavio, ¿cómo estás? -Bien.

-¿Cómo están todos en casa? -Bien. Como siempre.

-¿Un poco de vino?

-¿Y tú sigues enamorado dela vida militar?

¿O vas a hacerme caso y me dejarás labrarte una carrera en el Senado?

-Veo que sigues empeñado en convertirme en una...

...de tus marionetas. Sabes que lo mío no es la política.

Lo mío es la espada. -La espada también puede ser...

...un arma muy poderosa en política. Fíjate en el pretor.

Puede salir muy fortalecido de Hispania si hace bien las cosas.

-Ya. Y dime, ¿qué misión oficial te trae aquí?

-He venido en misión oficial,

pero eso es algo que tengo que hablar primero con el pretor.

No contigo. Supongo que lo entenderás.

-Sí, claro.

-Algunos senadores me han encargado que le trasmita sus condolencias.

-Gracias, Octavio. -La muerte de su padre deja...

...un hueco en el Senado imposible de reemplazar.

-Imagino que el Senado tendrá un cuestor investigando el asunto.

-Imagino. A mí me han encargado averiguar por qué no se siguen...

...sus instrucciones en Hispania.

-Disculpe, Octavio, no entiendo lo que quiere decir.

-Las noticias que llegan A Romano son buenas.

Hablan de constantes enfrentamientos con los hispanos.

Y esa no era la idea. La idea era mantener la paz.

Ya tenemos bastantes conflictos en Cartago yen Oriente.

-Sabe que a Roma las noticias llegan a veces distorsionadas.

No le negaré que ha habido algún problema,

pero de ahí a constantes enfrentamientos...

Más bien, escaramuzas. ¿No es así, Marco?

-Sí, señor. Escaramuzas. -Es culpa de cuatro exaltados.

La mayoría de la población nos adora. Comercia con nosotros.

Y respeta nuestra autoridad. Incluso la solicita.

-Me alegro de que sea un problema de comunicación.

De todas maneras me gustaría hablar con los jefes hispanos...

...para llevar al Senado una opinión de primera mano.

-Claro, claro. Aunque...

¿No cree que es un poco inadecuado que un cuestor de Roma...

...se reúna con esa chusma? Son cabreros, campesinos,

gente incivilizada. -Le aseguro, pretor,

que he estado con la gente más incivilizada...

...en las mejores fiestas de Roma. (RÍE)

-¿O es que tiene algún problema en que hable con ellos?

-En absoluto. ¿Qué problema iba atener?

Será un placer presentarle a mis amigos hispanos.

-Te lo has ganado. -Vuelve cuando quieras.

-Alejo.

-¿Pasa algo? -¿Te has vuelto loco?

¿Cómo se te ocurre, en mitad del día?

-No sé de qué me hablas.

-Esa mujer. Todo el mundo sabea qué se dedica.

-Ah, lo dices por la puta. No entiendo por qué te pones así.

-Vas a casarte con mi hija. Tienes una imagen que mantener.

¿Sabes lo que dirán de mí en el Consejo?

-Es un poco tarde para pensar en eso.

(GRITA)Todos en el pueblo saben que su hija yace con Viriato.

¿Qué más te da que hablen de una zorra o dedos?

Todo lo que hice fue por las buenas.

Te he respetado, te he consentido.

Te he regalado vestidos, joyas.

Ya sí me lo pagas. -Alejo, eso es falso.

-¿Sí? ¿Y por qué lo dijo la esposa del pretor?

-Viriato y ella eran amigos de niños.

Marco los vio juntos y lo malentendió.

Nunca ha pasado ni pasará nada.

Confía en mí. -No te creo.

Y óyeme bien, no me casará con ella.

-Por favor, haremos todo lo que tú digas.

Te juro que será la mujer más sumisa o le romperé los huesos.

-Padre. -Cállate.

Obedece y calla por una vez en tu vida.

-Quiero quela encierres.

No verá la luz amenos que yo quiera.

-No te preocupes. Orestes se encargará.

-Una cosa más. Nos casaremos en dos lunas.

-Pero... ¿y los preparativos? ¿Los invitados?

-Haz lo que puedas.

O nos casamos en dos lunas o no nos casaremos.

-¿Puedo hablar contigo? -Sí.

-Asolas.

-Tú dirás.

-Ese nuevo, Leucón. Hay algo que no me gusta de él.

-¿Por qué piensas eso? -No sé,

no me lo quito dela cabeza Cuando luché con él...

...vi algo en su mirada que no me gustó.

Era odio. -Eran ganas de vencer,

como todo guerrero. -No, no.

No era el odio de un guerrero cualquiera.

-No sé. Me parece que exageras un poco.

Entiendo que te molestara perder... -No tiene que ver con eso.

Sé lo que vi. Estoy seguro. -Está bien.

Estaré más atento, pero creo que esta vez te confundes.

-Ese hombre oculta algo. Y pienso averiguar qué es.

-Los legionarios están contentos con sus nuevas armas.

Nos hiciste un buen servicio. -Gracias, pretor.

-¿Has traído también alimentos? -Con el tiempo podría abastecer...

...a la legión. Puedo conseguir carne en salazón, grano, vino.

A buenos precios, por supuesto. -Ya.

Y con buenos beneficios.

¿Y su futuro suegro, no viene contigo?

-Está ocupado. Mañana su hija y yo nos casaremos.

-¿Mañana? Razón demás para invitaros a comer a los tres.

Quiero que compartáis mesa con nosotros y el cuestor de Roma.

-Señor, será todo un honor. Cuente con nosotros.

-Espero que os preocupéis de causar buena impresión.

Es importante que el cuestor sepa que Roma y los hispanos...

...somos amigos. -Por supuesto, señor.

Muchas gracias, gracias.

-¿Cree necesaria esa invitación? -Si no, no la hubiera hecho.

Tu hermano es hermético, pero no me engaña...

...con su falsa adulación. Sé que todavía no confía...

...en nosotros y debemos corregir eso antes de que vuelva a Roma.

-¿Y no será peligroso invitar a esa hispana?

Es la amiga de Viriato.

-Esa mujer tuvo mi vida en sus manos y me dejó vivir.

Si eso no es suficiente prueba de lealtad...

-Señor,

el pretor me envía a preparar su lecho para esta noche.

-Adelante.

Aún no sé tu nombre.

-Nerea, señor. -Nerea.

Eres muy hermosa, Nerea.

No te preocupes, no tengo intención de hacerte nada.

Sé que eres propiedad del pretor. No me atrevería.

¿De dónde eres?

-De Ébora, un pueblo que estaba cerca de aquí.

-¿Estaba?

-Ya no queda nada.

-Puedes hablar con total confianza.

¿Qué ocurrió?

-Los legionarios vinieron y...

Yo tuve la suerte de acabar como esclava.

-¿Quieres decir que mataron a toda tu gente?

-Sí. -Lamento oír eso.

¿Fue hace mucho?

-El día que me iba a casar. Hace, no sé, algunas lunas.

-¿Entonces Galba ya era pretor? -Sí, señor.

Él...

Él no es como se ha mostrado ante vos.

-¿Qué quieres decir? -Es un asesino.

Lo único que ha hecho en Hispania es matar y aterrorizar a todo...

...lo que se le puso delante.

-Lamento que hayas tenido que sufrir tanto.

No debería haber sido así.

Y te agradezco mucho tu sinceridad.

No te preocupes,

no le diré nada al pretor.

Puedes marchar.

-Así que el que me hirió es tu hermano.

(RÍE)

-Y no se fía de ti. Es mejor que le evites.

-Solo tendré una oportunidad para acabar con Viriato.

Tengo que estar seguro.

Ahí es donde cuento contigo.

-No será fácil. Siempre está rodeado de gente...

...y armado.

-Entonces no sé para qué te necesito.

Tal vez me sería más útil acabar contigo.

-Creo que se me está ocurriendo algo. Sé qué podemos hacer,

sé qué podemos hacer.

-¿Quieres que me encargue del entrenamiento?

-Sí. Y Paulo, ahora que somos más hay que doblar la vigilancia.

-Viriato, senos acaban los víveres.

-Ya. Era de esperar. ¿Cuánto queda? -Como mucho,

para dos o tres días más. -Habrá que bajar al valle.

Podríamos asaltar un carro romano. -Desde que envenenamos el agua,

van más custodiados que nunca. Demasiado peligroso.

-Creo que deberíamos ir a cazar. -A mí me parece bien.

Me apunto. -Y yo. Prefiero que mi cena...

...no dependa de tu puntería. -Venga, vamos.

-Vamos, Sandro.

-¿Os puedo acompañar? Soy bueno con el arco.

-Podemos valernos solos. -Hermano, un buen arquero...

...no nos vendrá mal. -Cuantos más seamos,

antes acabaremos. Vamos.

-Padre, ¿da su aprobación?

-Está bien. -¿Qué sucede?

-¿Tú qué crees?

La gente en el pueblo murmura. Debías ver cómo me miraban ayer...

...en el Consejo. -No haga caso, padre.

-¿No?

Nuestro honor es lo único que nos queda.

Ya no tenemos tierras ni riquezas.

Tuve que venderlo todo para pagar mi deuda con Galba.

Toda la vida luchando y...

Me han expulsado del Consejo.

-Padre.

Me voy a cambiar.

Iré por carne y le prepararé un guiso caliente.

-Sabes que no puedes salir. -¿Prefiere tener una prisionera...

...que una hija? -Eso poco importa.

-Preparaos. Galba nos ha invitado a comer en su tienda.

-¿Galba? -Ya me has oído.

-¿Has ido a ver al pretor sin mí? -Tú tenías otros asuntos.

-Yo no voy. No pienso compartir la mesa con ellos.

-Es un honor que nos haya invitado.

Vendrás y dirás a todo que sí. Comerás lo que se te diga.

Y hablarás cuando se te diga...

...o será Viriato quien os libre de la ruina.

-¿Y qué vida podemos ofrecerles? ¿Este bosque, la cueva?

No es vida para mujeres. -¿Y qué sería vida para una mujer?

¿El cobarde de Alejo?

-Yo que tú no haría eso. ¿Qué ibas a hacer?

Hijo de mil serpientes. Baja el arco.

-Le he matado. Le he matado. -Calla.

-Le he matado. -Tranquilo.

Tranquilízate.

Tranquilízate.

-No veo que hayáis cazado mucho. -Hoy los dioses estaban...

...de vuestra parte. -Es suficiente.

Volvemos a la cueva.

-Adelante. Bienvenidos, amigos.

Os presento a Octavio, un buen amigo de Roma...

...que ha venido a visitarnos.

Él es Alejo, Teodoro y Helena, su prometida.

-Es un honor.

Debo admitir que en Roma se habla delos hispanos...

...como si fueran sucios salvajes. Prometo hacer cuanto esté...

...en mi mano para corregir este error.

-Querida, los hombres tenemos asuntos que tratar.

Muéstrale a nuestra invitada algunos de tus perfumes.

Quiero que estos amigos te cuenten algunas de sus ideas...

...para mejorar el comercio de la zona.

Por favor, por aquí.

-Esencia de jazmín, ¿te apetece probarlo?

No creo que vuelvas atenerlo cerca.

-No, gracias.

-Así que vas a casarte.

-Mañana.

-¿Y qué opina tu amante Viriato de esto?

-Viriato no es mi amante. -¿No?

-No, señora. Pero gracias a lo que usted dijo,

es lo que cree mi prometido. -Querida, todo se acaba sabiendo,

sobre todo si es un secreto. Tardeo temprano,

se habría enterado por cualquier otro.

-Usted le ha metido esa idea en la cabeza...

...y usted se la va a quitar. -¿Ah, sí?

¿Y por qué tendría yo que hacer algo así?

-Yo no la conozco y no la juzgo,

su vida debe ser tan complicada y tan difícil como lamía o más,

pero si no hace lo que le pido, su marido sabrá que el general...

...y usted son amantes. -¿Cómo te atreves a sugerir eso?

Eso es mentira. -Puede, pero selo diré al pretor,

él decidirá. Tratándose de alguien como él,

su reacción es impredecible.

-Hemos despellejado a los animales y repartido la carne.

-No podrán quejarse por la comida. -Bien.

-Ni rastro de Paulo, no le veo por ninguna parte.

-No puede seguir cazando, le habrá pasado algo.

-Le buscaremos. Aaron, vigila la cueva, los demás por el bosque.

-¿Has comprobado si está muerto? -No he podido separarme de Darío,

me ha tenido repartiendo comida. -Pues vete,

creo que por fin voy a poder estar a solas con nuestro gran líder.

-Roma es lo mejor que nos ha pasado a los hispanos.

Hispania será importante para la República,

tenemos buenas tierras, ganado, excelentes materiales,

todos salimos ganando. -Sí, pero no entiendo por qué...

...hay hispanos que se rebelan, como ese Viriato.

-Bandidos hay en todas partes, ¿no, Teodoro?

-Intentaron robarnos una mercancía que traíamos al campamento.

-¿Os atacaron, la gente de su propio pueblo?

-Sí, pero el pretor nos dio su apoyo y pudimos ahuyentarles.

-Seguirás teniéndolo. Os escoltarán para volver al poblado,

no os fiéis delos caminos. Marco. -Por supuesto.

-La mayoría delos hispanos respetan a Roma.

La hija de Teodoro me ayudó a curarme cuando estuve enfermo.

-Tenía una información errónea. -Los hispanos son colaboradores,

ya convivieron con fenicios y cartagineses, y es lo que dice,

saben que Roma puede ser muy beneficiosa para ellos.

-Sí, mi yerno y yo esperamos hacer buenos negocios con Roma.

-Brindemos por ello y por los futuros esposos,

mañana es la ceremonia, ¿no? -Si me lo permiten,

quiero pedir disculpas a Alejo.

-¿Pedir disculpas, tú?

No te reconozco, querida. (RIE)

-Usted no tiene... -Insisto.

Hice un comentario sobre tu prometida y Viriato...

...que estuvo fuera de lugar, fue un malentendido, ¿verdad?

-Sí, un malentendido, señora.

-Gracias, pero no era necesario. -Me siento obligada.

Esta mujer salvó a mi marido de la muerte,

su lealtad está demostrada, y la de su padre.

Él nos condujo hasta la hermana del rebelde.

-Señora, me atribuye méritos que no merezco,

Bárbara era conocida de todos... -¿Habéis probado estas ostras?

Son deliciosas, las hago traer de Tarraco Augusta,

aunque las de Taormina no se quedan atrás.

-¡Mierda!

-¿Cómo lo has sabido? -Por tu forma de pelear,

peleas como los romanos que mataron a mi hija.

-Conozco más formas de luchar.

-¿Qué has hecho con Paulo? -¿El que maté esta mañana?

Si era amigo tuyo, no te preocupes, pronto te reunirás con él.

-¡Ah!

Lo sabía, olías arata desde que llegaste.

-¡Héctor! -Hola.

Al fin ha aparecido, ¿está bien? -Ahora descansa,

está agotado. -¿Ha tenido un accidente?

-¿Accidente? Sorprendió a Leucón intentando matar a Viriato.

-¿Leucón? ¡Leucón, maldito traidor! Voy a buscarle.

-Héctor, ¿qué haces aquí?

Ayudad a Sandro, Leucón quiere matar a Viriato.

-No corras, ya estamos aquí. -Intentaba asesinar a Viriato.

-¿Le habéis matado? -Sandro casi acaba con él,

pero escapó. -¿Os ha dicho algo?

-¿Qué habría de decirnos? -Ve con unos hombres al campamento,

hay que intentar alcanzarlo. Héctor, avisa a todos los hombres,

hay que abandonar la cueva, ¡rápido!

-¡Señor!

-Dígame que no es cierto,

dígame que no entregó a Bárbara a los romanos.

-¿Cómo iba a hacer tal cosa? Pudo ser cualquiera.

-¿Por qué no lo negó? -¿Estás loca?

No puedo contradecir a la esposa del pretor ante sus invitados.

-¡Miente, es un cobarde! Lleva apoyando a los romanos...

...desde que llegaron. -¿Es malo que tu padre denuncie...

...a una rebelde? Hizo lo correcto para su familia y para Caura.

-Así que es cierto.

¿Cómo pudo? -¡Ya está bien!

Ya no eres una niña, sabes cómo funcionan las cosas.

Debes elegir de qué lado estás. -¡Tienes razón!

Estoy de acuerdo contigo. -¿Dónde vas?

-¡Helena! -¡Le maldigo, cobarde!

-¡Cógela! -¡Helena!

-Si habla con Viriato, tendrás un gran problema, vendrán a por ti.

-Nunca imaginé que fuerais tantos ni que estuvierais tan organizados.

-Viriato. -No encontramos a Leucón.

-¿Qué hace él aquí? -Estaba en el bosque, buscándonos.

-¿Por qué lo traéis? -Tiene algo que decir.

-Darío... -De ser peligroso, no lo haría.

Es mi padre. -La cueva ya no es secreta,

Leucón llegará al campamento y vendrá la legión.

-Roma ha enviado a un cuestor, Cayo Octavio Cornelio,

para averiguar qué ocurre. Aquí se recogen los crímenes de Galba.

Si me apoyas, el Senado castigará a Galba y se lo llevarán de aquí.

-¿Así de sencillo? -Si se acaban los abusos...

...y Galba he destituido, me comprometo a mantener la paz.

-Es un buen trato. -Los romanos nos han engañado...

...y masacrarnos, ¿por qué fiarnos? -Lo sé, pero Cayo Octavio es...

...diferente. Además, a Roma le conviene la paz.

Me han prometido llevarse a Galba a Roma y juzgarle allí.

-¿Cómo? No, yo no quiero que lo juzguen en Roma,

yo quiero matarlo aquí, con mis propias manos.

-Pretor, me han dicho que quería verme.

-Octavio, siéntese. Me han dicho que ha ido al poblado hispano.

-Así es. Sus hombres hacen bien su trabajo.

No quería irme de Hispania sin ver cómo vive esa gente.

-Entiendo. No debió acudir solo, puede que los hispanos sean...

...nuestros amigos, pero los caminos son peligrosos.

-Gracias por su preocupación, pero pensé que acudir...

...con legionarios no ayudaría a que los hispanos...

...se expresaran con libertad. -¿Quería hablar con los hispanos?

-Por supuesto, ese es mi trabajo, conseguir información,

pero no se preocupe,

le aseguro que el informe enviaré al Senado...

...reflejará la realidad absoluta.

-No esperaba otra cosa de usted.

Ambos queremos la gloria de Roma,

aunque podamos equivocarnos en nuestra forma de alcanzarla.

-Yo no me he equivocado en nada. -Por supuesto,

no pretendía insinuárselo.

¿Cuándo ha pensado volver a Roma? -Mañana mismo,

no quiero ser una molestia más tiempo.

-¿Una molestia? No, al contrario,

es un honor tenerle aquí.

Tenía preparado un obsequio que sé que será de su agrado.

-Selo agradezco, pero no lo puedo aceptar,

no sé cómo se entendería en el Senado.

-No, no es nada que tenga un valor económico,

es un detalle de hospitalidad.

Dicen que tiene un gran gusto las jóvenes vírgenes.

-¿Ah, sí? ¿Quién le ha dicho eso?

-Ya sabe cómo es roma.

Me fijé en cómo miraba a la esclava hispana,

pensé que le gustaría desflorarla.

-¿La esclava que nos sirvió la comida es virgen?

-La reservaba para una ocasión especial,

y no se me ocurre una mejor. -Está bien,

selo agradezco con sinceridad. -Por favor.

Diré que preparen a la esclava.

Estoy convencido de que no tendrá usted ninguna queja.

-¿A qué viene tanta prisa? -No quiero que Galba me vea aquí.

-No sabía que le tuvieras tanto miedo.

-No tengo miedo por mí, sino por ti.

-¿Crees que no puedo manejarle? -Nadie puede controlar a Galba,

tu marido lo sabe todo y lo oculta todo.

No podemos estar seguros delo que sabeo no.

-Exageras.

-Te golpea y te humilla cada vez que le llevas la contraria,

¿qué te hará cuando se entere de que te acuestas con su general?

-Señor. -¿Qué quieres, Marco?

-Mi hermano se marcha mañana, señor.

-Así es. -Quiero formar parte de su escolta,

hasta Sagunto, así tendría más tiempo para estar con él.

-Eso estaría bien. A ver si le convences...

...de que enfrentar sea mí es una estupidez.

-No comprendo, señor. -Estuvo en el poblado hispano.

Habló con el líder del Consejo a solas. Él no lo admitirá,

pero seguro que, en cuanto llegue a Roma, intentará acabar conmigo.

-No, señor, no puede ser. -¿Por qué?

¿Crees que no te traicionaría solo porque eres su hermano?

Puede que yo me libre de la cruz porque soy un pretor,

pero tú solo eres un militar.

No tendrán tantos miramientos contigo.

-¿Te has vuelto loco? -No me he vuelto loco,

es mi obligación y responsabilidad, para eso me envió el Senado.

Si Galba desobedece órdenes, tengo que informar de ello,

y si no, no tiene que preocuparse. -No tienes ni idea de qué es esto.

Los políticos os sentáis en los escaños con esas togas,

y creéis que podéis juzgar a los que nos llenamos de sangre...

...para que Roma dirija el mundo. -Por haber probado la sangre,

¿conoces los problemas para gobernar una república?

-Es verdad, olvidaba lo duro que debe ser adular a esa gente.

-Eres un ignorante, no sabes lo complicado que es gestionar...

...los recursos de un estado como Roma. La gente, en los campos,

pasa hambre, y mientras el oro va para militares ambiciosos...

...como Galba, que solo piensan en su gloria personal,

por eso existen los cuestores como yo.

-Si denuncias a Galba, yo caeré, ¿has pensado en eso?

-No tiene por qué ser así. -Soy su general, será así.

-Tú obedecías órdenes. Es posible que te degraden,

o que te expulsen, pero tu vida no correría peligro.

-¿Para qué quiero vivir entonces? Dime. Mi vida es el ejército,

no sé hacer otra cosa. -Tendrás que aprender.

-¿A qué, a comerciar? ¿A regentar burdeles?

-Tendrás el apoyo de la familia,

haré que no te falte de nada. -No, no necesito tu caridad,

nunca la necesité y no la necesito ahora,

ni la tuya ni la de la familia. Saluda a madre de mi parte.

-Hola.

Estás con Viriato, ¿verdad? -Sí.

-Acaba de llegar, señor.

-¡Por fin!

Has fallado, ¿verdad? -Estuve muy cerca,

pero escapó. -¡Dioses!

Estoy rodeado de incompetentes, tengo que hacerlo todo yo.

-Déjeme continuar, señor. -Sí, habla.

-Estuve en su escondite. Se oculta en una cueva en las montañas,

puedo llevarles hasta allí.

-Que las tropas se preparen, y reúne a los oficiales,

ese lugar quiero que lo arrases, que no quede ni uno vivo.

-Hay algo más, señor. Leucón le ha traído un regalo.

¡Soldados!

-¿Qué hace ella aquí?

-Estaba con Viriato, es una rebelde.

-¿De verdad?

Confié en ti, te invité a mi mesa,

y así me lo pagas, durmiendo con mi enemigo.

-No he dormido con nadie. Quizá debería fijarse...

-¡Calla! No se le habla así a un pretor, furcia.

-¿Era necesario? Estaba hablando con ella.

Debes controlar estos ataques, son muy pocos civilizados,

podrías haberla matado. -No, sé que os interesa viva.

De hecho, os va a ser muy útil.

-Vaya, qué sorpresa. -¿Molesto?

-No, por favor, adelante.

-No vengo a nada en particular, solo a hablar.

-¿Hablar?

Por favor. -Hablar de Roma, del nuevo foro...

Perdón, soy una tonta, pero llevo tanto tiempo lejos que...

-No ha venido a hablar de Roma.

-Es mi marido.

Lo más probable es que al volver a Romanos divorciemos.

-Vaya, lamento oír eso.

-He oído hablar muy bien de usted y de su carrera en el Senado.

-A saber qué dicen de mí. -Todo bueno.

Un plebeyo capaz de escalar como lo ha hecho,

todos piensan que será senador, y quién sabe más adelante,

pero un hombre que quiere llegar a lo más alto necesita el nombre...

...de una familia importante, uno escrito en las columnas...

...más antiguas de Roma. -Un nombre como el suyo.

Le agradezco sus palabras,

es una mujer muy inteligente y muy práctica,

pero, hasta ahora, no me ha ido mal con el nombre de mi familia,

y respecto a la situación que vive con su marido,

es muy triste, pero le confieso que rara vez he visto...

...un matrimonio que tenga tantas cosas en común.

-Me dijo que le parecía hermosa. -Es mayor para saber...

...que la gente no siempre dice lo que piensa.

Bien, muchas gracias por la visita, señora.

-Serán un centenar de hombres como mucho,

la mayoría no sabe luchar. Los demás son mujeres y ancianos.

-Y Viriato, ¿cómo es? -Es un hombre sensato,

los suyos lo respetan, aunque hay uno dispuesto atraicionarle.

-¿Quién? -Su nombre es Héctor,

un desgraciado, pero podría sernos útil.

-Me suena, aunque creo que ya no lo necesitaremos, ¿no?

Entonces...

¿Dónde está su guarida?

¿Alguna vez habías visto un plano? -Sé que está en esas montañas,

solo tengo que desandar el camino que hice.

-¿Debemos adentrarnos en el bosque? -Sí.

-¿Algún problema? -No podremos mantener la formación,

en el bosque seremos más vulnerables.

Es su terreno, lo conocen; iremos a ciegas.

-5.000 soldados no son vulnerables frente a un centenar de hispanos.

-5.000 son muchos, llévate a los necesarios. En marcha.

-Señor,

estaremos en su terreno. Cuantos más hombres seamos...

-Lo sé, Marco, sé que estamos en su terreno,

pero no podemos arriesgarnos a que Octavio haga...

...más preguntas delas necesarias. Confiaré en tu capacidad de líder,

Marco, no vuelvas a defraudarme. -Señor.

-¡Romanos, están en el bosque! -¿Cuántos son?

-Muchos. -Galba no pierde el tiempo.

-Debemos irnos ya. -No podemos con mujeres y ancianos.

Iríamos demasiado lentos. -Huyamos al bosque.

-Nos cazarían uno a uno como a conejos,

solo queda una opción, luchar. -¿Estás loco?

-En el bosque tenemos ventaja, su fuerza son sus formaciones.

-Son diez hombres por uno nuestro. -Algunos no saben usar las armas.

-Sí, pero no hay que enfrentarse al ejército de Galba,

solo hay que eliminar al hombre que los trae hacia aquí. Vamos.

-Señor.

-Hoy es tu día de suerte, esclava, Cayo Octavio, el cuestor,

se ha fijado en ti. Te he ofrecido como regalo para que te desvirgue,

porque tú le asegurarás que eres virgen, ¿verdad?

No veo que te alegren las noticias. No te preocupes,

como te decía, hoy es tu día de suerte,

no tienes que acostarte con él si no quieres.

Lo que sí que vas a hacer es asesinarlo.

Si lo haces, serás libre, podrás ir donde quieras,

tienes mi palabra. Si no lo haces,

yo te mataré a ti.

Despacio.

-¿Estamos lejos? -No.

-¡Formación!

(Gritos)

¡Volved!

¡Viriato!

-Suéltala y no te pasará nada. -Rendíos y no la mataré.

-¡No escuches! -No, Paulo, podrías herirla.

Suéltala.

Es a mí a quien quieres.

¡Vamos, retirada! -¡Viriato!

¡Viriato!

-No nos ha seguido nadie, están volviendo al campamento.

-Parece podremos seguir aquí por un tiempo más.

Sandro, tenías razón y no te hice caso.

-Lo importante es que ese bastardo no volverá a molestarnos. Cuidado,

por hoy ya he tenido bastante. -Sabía que eras más fuerte que él.

-Sí. Tú padre es el más fuerte. Hay que dar las gracias a tu tío.

¿Hermano? -Hermano.

-Mañana habrá que cazar de nuevo, porque hoy acabaremos con todo.

(RÍEN)

-Tomad, por la victoria. (TODOS) -Por la victoria.

-Césaro, si acaban los abusos y Galba es destituido,

respetaremos el acuerdo al que llegues con ese romano.

La paz es más importante que la venganza.

-Todo Caura te estará agradecido, a ti y a todos.

-Padre.

-¿Y Helena? -Está en la cueva,

tiene una pequeña herida, está descansando.

-Eso está bien, pero no creo que quiera estar sola ahora.

-No te preocupes, ya no me duele. -Estate quieta.

Deja que, por una vez, otro te cure las heridas.

Entiendo por qué curaste a Galba.

Yo nunca lo hubiera hecho,

pero quiero que sepas que entiendo por qué lo hiciste.

-Gracias, aunque sé que me arrepentiré muchas veces.

-Esto no es nada, pudo ser mucho peor con un tipo como ese.

¿Cómo te capturó, dónde? -En el bosque.

Me encontró cuando estaba huyendo de mi casa.

-¿Huyendo? -Mi padre.

No podía seguir allí más tiempo. -¿Qué pasa con tu padre?

-Mi padre es un traidor, un cobarde.

Viriato,

por su culpa apresaron a tu hermana, él la delató.

-Nerea era tu nombre, ¿verdad? -Sí, señor.

-Nerea, ha valido la pena esperar.

No, no, no.

No tenemos ninguna prisa, ¿verdad?

El pretor me ha dicho que no tienes experiencia.

Yo entiendo que todo lo que has recibido hasta ahora...

...de Romano han sido más que desgracias,

pero te aseguro que Roma también tiene cosas buenas.

En Roma cultivamos los campos,

hacemos calzadas y construimos templos tan grandes como montañas.

¿No te gustaría venir a Roma? -No.

-Nerea, agradezco muchísimo tu sinceridad.

Te aseguro que Galba no volverá a cometer abusos.

En cuanto lo sepan en el senado,

Galba será historia.

Vendrá otro pretor y habrá paz en Hispania,

para siempre.

(LLORA)

-¿Qué ibas a hacer? ¿Qué ibas a hacer?

¿Querías matarme? -Él me obligó.

-¿Quién? -¡Galba!

-Maldito animal, no pensé que sería capaz de tanto.

¿No te das cuenta? Él no me podría matar,

pero si lo hubieras hecho tú, a él no le acusarían.

Tú acabarías crucificada y él seguiría libre.

-Me va amatar igualmente.

-¿Cómo se puede ser tan inútil?

-Si hubiéramos llevado más hombres, señor...

-Voy a ignorar tu insinuación, porque si no,

te tendría que degollar aquí mismo. Dan igual 5.000 ó 10.000 hombres...

...si pierdes al único que puede guiarte...

...al escondite rebelde y dejas que lo mate...

...un puñado de pueblerinos.

¿Eres un general de la Legión o una niña?

-¿Así que Viriato seos ha vuelto a escapar?

¿Qué pasa, Galba? ¿No esperabas verme con vida?

-¿Qué insinúas, Octavio? -¿Qué está pasando?

-Que te lo explique él. Que te cuente por qué ha enviado...

...a esta esclava para que me corte el cuello.

-¿Qué embustes le has contado? -No ha hecho nada, no.

No deberías enviar a una esclava para que haga el trabajo...

...que un hombre debería hacer por sí mismo. Estás acabado, Galba.

Por Júpiter que pagarás lo que has hecho.

-Legionarios, ¡detenedlo! -Marco.

-Es un traidor a la república. -Hermano.

Hermano, diles que me suelten. Diles que me suelten,

no dejes que se salga con la suya.

-Soltadlo. -Os he dado una orden.

-¡Soy vuestro general! ¡Soltadlo! Y llevaos a la esclava.

-¿Qué vas a hacer? No seas loco.

No puedes, soy el pretor.

Piensa en lo que te pasará, te degradarán,

caerás en desgracia. No volverás a luchar.

¿Has pensado en eso?

No serás nadie.

-Déjalo, hermano, que sufra el oprobio,

que responda ante el senado y que lamente...

...no haber muerto aquí y ahora.

Yo hablaré de ti y sabrán recompensar tu lealtad.

Deja la espada, Marco.

-Sabes que te quiero, hermano,

pero esta vez no puedo hacer lo que me pides.

-¡Ah! (LLORA) -Lo siento.

Lo siento, lo siento.

-Gracias. Gracias, Marco.

Eres un hombre de honor.

Nadie debe saber esto,

diremos que fueron los hispanos cuando regresaba a Roma,

mataremos a los hombres que le acompañaban.

Nadie podrá demostrar...

-Marco, ¿qué ha pasado?

(MARCO LLORA)

(GRITA) -!Teodoro!

¡Teodoro!

¡Vas apagar, cobarde!

¡Teodoro, soy Sandro!

El herrero.

El marido de Bárbara.

¡Sal traidor! ¡Da la cara!

(GRITA) ¡Ah, ah!

¡Sal! ¡Da la cara! ¡Teodoro!

¡Sal! ¡Da la cara, cobarde!

¡Da la cara!

-Me dijeron que Sandro vino ayer y estuvo gritando frente a mi casa.

-¿Dónde está ahora? -Lo capturó una patrulla romana.

-O me dices algo que me interese o perderé la paciencia.

-Que las tropas se preparen. -¿Cuántos hombres, señor?

-Todos.

-No puedes vencerlos tú solo. -Quiero es salvar a los míos.

-Necesito hablar con el pretor.

-¿Qué sabes hacer que merezca la vida de un hombre?

-¿Cuántos prisioneros? -Algo más demedio centenar.

-Enhorabuena, ha sido una gran victoria.

-Quiero a Viriato ya. Considéralo una cuestión de vida o muerte.

-Helena. -¿Cómo te atreves a venir?

-Lo siento, no debí marcharme.

-¿No te parece extraño que tu hija se volviera dócil?

Quizá está aquí por otra razón. La única forma de asegurarme...

...que no vuelvas con Viriato, será cuando muera.

-¡No!

-Sé que el paso quedaréis es difícil,

pero lo recordarán los hijos de nuestros nietos.

-Sé que entre los presos está tu hijo. Te propondré un trato.

-Si fallo... -¡No falles!

Solo es una espada y un trozo de carne en el que ensartarla.

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