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-Prometiste ayudarme a dar con ese rebelde...
...y no solo no me lo has entregado,
sino que cada vez se vuelve más osado.
Libera a los esclavos, nos roba la comida,
estropea los pozos...
-Soy la mujer del pretor que gobierna estas tierras...
...y que te matará en cuanto se entere de esto.
-Quítate la ropa.
-Tú eres la única persona que puede reconocer a ese hispano.
Te quedarás aquí hasta quedemos con él.
-Señale al hispano que señale, nadie sabrá si era o no era él.
-Este es el hombre que me asaltó. -Me complace informaros...
...que el pretor Galba ha cazado a esa alimaña...
...que se hacía llamar rebelde. -Matasteis al hombre equivocado.
-Su mujer no mentiría con algo así.
-¿Y tú qué sabrás de lo es capaz mi mujer?
Sube la recompensa por su líder. Antes o después,
nos lo entregarán en bandeja. -Sé quién es y dónde está ahora.
-Con la ayuda del pretor Galba,
al fin hemos conseguido identificar al líder de los rebeldes.
Un conocido de muchos de nosotros: Viriato.
-Te juro que cada noche habrá un romano menos en esta tierra.
-Mi hijo, Darío, al que todos conocéis,
también forma parte de los rebeldes.
-Creí que me educaste para eso, para defender a mi pueblo,
no para arrodillarme ante nuestros enemigos.
-Juro ante los dioses que ya no tengo ningún hijo.
-Abandonarás tu lugar al frente del consejo y me lo cederás a mí.
Pido que se declare a Viriato yal que esté con él un proscrito.
-Debemos aceptar que nunca derrotaremos a 5.000 soldados.
-Si las tribus nos uniéramos, les pondríamos en aprietos.
-Os tendemos la mano en nombre de Viriato.
-Cinco contra cientos... -Seremos más,
si os unís a nosotros. -Vuestra lucha no tiene sentido.
-Solo hay una forma de que ganemos: pelear juntos.
-¡Lucharemos! (TODOS) -!Lucharemos!
-Venimos a unirnos a vosotros. -Cualquier hombre que levanta...
...una espada contra Roma acaba muerto.
-Mi hija está prometida. -¿Ese hombre sabe...
...que ella fornica con un rebelde? Yo estoy dispuesto a perdonarla.
-Gracias. -A cambio de... 5.000 denarios.
-Yo no tengo esa cantidad. -Elige; o tu fortuna, o tu hija.
-No me casaré contigo. -Tu boda con él...
...es el único modo que tenemos de no perderlo todo.
-Soy una mujer prometida. -Yo estaré aquí, pase lo que pase.
-Compré el halcón con un anillo que me encontré en la herrería.
-¿Ese anillo que encontraste era romano?
-Selo robaron a un romano. -¡Por los dioses, soy tu hermano!
-¡No tengo ningún hermano! -¿Te fías de tu tío Héctor?
-¿Quién? -Puedo llevarle...
...hasta la hermana de Viriato. -¿Su hermana?
-¿Va amatarla? -¿He pedido opinión?
Pagaré contigo todo lo que tu hermano me está haciendo.
-¡Aaah! -¿Qué son esos gritos?
-Es la hermana del líder de los rebeldes.
Sabes que esto es solo un descanso. Volverá.
-¿Podrías conseguirme una daga?
-¿Qué llevas ahí detrás?
¿Qué es esto?
¿Para qué quieres esto?
Esto es lo que querías, ¿no? Solo quiero que me hables de él.
¿Qué tiene tu hermano de diferente?
-Él ya no tiene nada que perder.
-Perdía mi mujer ya mi hija. Ella es lo único que me queda.
Sandro, ¿adónde vas? -A buscar a mi mujer.
-Vendrán a por esa hispana y quiero a todos los soldados...
...preparados para atraparlos, ¿entendido?
(LLORA)
Se han escapado, ¿verdad?
-Sí, señor.
-Te pedí que no cometieras más errores y has vuelto a fallar.
Lo que digas ha dejado detener valor.
Esto es tuyo, si no me equivoco. -Si te atreves a tocarme,
te juro que en Roma pedirán tu cabeza.
-Recuerda, la vida que disfrutas me la debes a mí y a mi esfuerzo.
-¿Qué? ¿Has olvidado dónde estabas antes de conocerme?
Si no te hubieras casado conmigo, todavía serías un simple soldado.
-No podrás vivir eternamente bajo la toga de tu padre.
-Ha llegado carta de Roma. -¡Por fin!
"Tu padre, Flavio Turio Maro, ha fallecido.
Espero que tú y tu marido estéis bien y que volváis a Roma pronto."
-Todo es por tu culpa. -Yo no hice nada.
-Te lo dirá Viriato. ¿Por qué huiste del pueblo hace años?
-Yo soy el único culpable.
-Lo siento, no pretendía asustarte. -¿Qué ha pasado?
¿Cómo está Bárbara?
Lo siento. -Me marcho de Caura.
-¿Adónde?
-Buscaré un lugar donde estar tranquilo,
lejos de todo esto. Contigo, si tú quieres.
-Voy a casarme con Alejo. -Pero tú no quieres a ese hombre.
-Da igual lo que yo quiera, es mi deber como hija.
-Antes que hija eres persona y siempre puedes decidir luchar...
...por lo que quieres. -¿Y después?
-Helena, ven conmigo. Viviremos lejos de aquí,
donde el cielo y el agua se juntan, lejos de tu padre y de Roma.
-¿Y olvidarás a Sandro, a Tirso ya los demás?
Ahora estás dolido por la muerte de tu hermana,
pero el tiempo pasa y querrás vengarte de Roma.
Volverás a ser un rebelde Y no quiero vivir con la certeza...
...de que en cualquier momento vas a morir.
Estoy enamorada de un hombre que solo siente odio dentro,
que solo piensa en la muerte yen la venganza.
Eso es lo único que te hace respirar.
Cuídate mucho.
(Risas) -¡Arrodíllate!
¡Besa su mano!
(Gritos)
-Salieron de la nada.
Estaban ocultos entre matojos y los mataron a todos.
No dejaron a nadie con vida.
A mí me hirieron y solo gracias a que simulé estar muerto,
puedo estar aquí con vosotros. -Quizá son asaltantes de caminos.
-¿Y por qué los mataron a todos?
Unos asaltantes hubieran atacado sin más.
Está claro que fueron los rebeldes y que no querían dejar testigos.
(TODOS HABLAN A LA VEZ)
-¡Silencio! ¡Silencio!
Te agradezco que hayas contado lo que viste.
Teodoro, no podemos juzgar precipitadamente.
Los rebeldes jamás han atacado a un hispano.
-Claro, ¿qué iba a decir él de su propio hijo?
-Ante el consejo renuncié a mi hijo.
-¿Y ante los dioses? -Juro que esa gente era hispana.
Sus ropas y su forma de luchar lo eran.
-Y sus armas. Armas hispanas usadas para matar a los nuestros,
manchadas por su sangre. Esta es la prueba...
...de que los rebeldes son unos asesinos.
Este es solo el último de sus ataques.
Viriato y los suyos han demostrado ser lo que ya sabíamos,
unos salvajes capaces de lo quesea por un botín.
-¡Se está equivocando, padre! Cuando los romanos nos dejaron...
...sin reservas, los rebeldes nos trajeron comida.
-Sal del consejo inmediatamente. Fuera.
-¡Fuera! -¡Fuera!
-Ciudadanos, ¿qué más tiene que suceder para comprender que Roma...
...es nuestra amiga? Caura ha sido leal a Roma,
ha pagado sus tributos y no hemos vuelto a sufrir...
...ningún ataque de los romanos.
Ha llegado la hora de pedir a nuestros amigos, a Roma,
la protección que nos deben, porque sus enemigos,
los rebeldes, ahora también son nuestros enemigos.
-Cuando vean las falcatas, pensarán que los rebeldes están detrás.
Me cansé de la fuerza bruta para obtener información.
De nada sirvió con la hermana de Viriato. Hay que pensar,
ser más inteligente que ellos. Si todos los hispanos fueran...
...como tú, habríamos conquistado la península, ¿no crees, Marco?
-Sin duda, señor. -Retírate.
Tú, ¿dónde está mi mujer? Desde que la llamé pudo darme tiempo...
...a echarla de menos. (RÍE) Bueno, tanto no.
-Señor, ¿algún problema?
-¿Se puede saber por qué no estás en mi tienda como ordené?
-No eres nadie para darme órdenes. -Tampoco diría que no soy nadie.
Venga, tengo hambre y quiero que me sirvas.
-Cuando mi padre sepa cómo me tratas,
vendrá y... -¿Y qué?
¿Vendrá y qué, querida? -Y te arrancará las entrañas.
-Supongo que para hacerlo primero tendrá que salir de la tumba.
Querida, yo también recibo mensajes de Roma.
Supongo que tu padre debió pensar en ti y en el nombre...
...de vuestra familia antes de haberse mezclado en esos asuntos.
-Sabes que mi padre era honorable. -Murió acuchillado en la calle...
...por dos ladronzuelos a los que debía dinero.
Tendría problemas con el juego, las putas o el vino.
Lo que está claro es que murió como un plebeyo,
como un delincuente. -¡Eres un miserable!
¡Espero que esos rebeldes te arranquen la...!
-Termina la frase y haré que te azoten hasta que se te vean...
...los huesos de la espalda. Escúchame bien.
Por desgracia para ti, soy todo lo que tienes.
Desde ahora hablarás cuando te lo ordene,
callarás cuando te lo ordene...
...y te abrirás de piernas cuando te lo ordene.
Tú, ven conmigo.
Llévala a mi tienda.
-Romanos.
-Voy a hablar con Helena. Si ves algo raro, canta como la urraca.
-Señora, mire qué manzanas. -No quiero manzanas.
-Conoces a Nerea. -Pero ¿qué...?
-No me delates, solo quiero saber cómo está.
-Cuando detengan a tu líder, nos llevarán a Roma...
...y no volverás a verla. -No pienso permitirlo.
-¿Y qué piensas hacer? ¿De verdad pensáis que podéis vencer...
...al pretor? Tardeo temprano caeréis derrotados.
-Espera, tienes que hacerme un favor.
Dale esto y dile que no la olvido, que no me detendré hasta liberarla.
-Selo daré. Y ahora vete si no quieres que te detengan.
-Helena. Helena.
-Darío. -Debo ver a Viriato.
¿Sabes dónde está? -Ven.
Esta mañana estuve con él. Vino buscando mi consuelo,
pero yo no...yo no puedo darle lo que él me pide.
Dijo que quería abandonar la lucha. Nunca lo vi así.
-¿Sabes adónde se dirigía? -Dijo algo de que nos fuésemos...
...donde el cielo y el agua se unen.
-Bueno, no te preocupes por él. Esté donde esté, se las arreglará.
-Ten cuidado. No dejes que te vean, ni la gente de Caura.
-¿A qué te refieres? -Encontraron falcatas hispanas...
...en los cadáveres de varios mercaderes.
Os acusan de asesinarlos. -Nunca atacaríamos a nuestra gente.
-Ya lo sé y os he defendido, pero hay muchas familias rotas.
-Hablaré con mi padre. -No lo hagas.
-Mi padre puede que no comprenda... -Renunció a ti públicamente.
Prefirió negarte que perder su puesto en el consejo.
Todos saben que eres un rebelde.
-¡Helena! ¡Helena! -Corre. Vete.
-Debe aprender el lugar que ocupa. -Tranquilo. Déjeme a mí.
Helena, ¿no tienes nada que decirle a tu padre?
Helena. -Lo siento, padre.
-¿Ve como está arrepentida? Me prometió que no hará...
...nada parecido, que se comportará como la mujer respetable que es.
-Le prometo, padre, que no volveré a faltarle el respeto.
-Está bien. Prepárame mi mejor túnica.
Iré a hablar con el pretor. -Voy, padre.
-Su hija es muy impulsiva, pero haría lo que fuera por su familia,
como usted y yo, ¿verdad? -Claro.
-Por eso no le importará que le acompañe en su visita al pretor.
-¿Por qué tardaste tanto? -Vámonos.
-¿Y Viriato? -Viriato se marchó, para siempre.
-¿Y ya está? ¿Y no haremos nada?
-Te puedes arrepentir. -¡No quería volver a verte!
-Me duele que Bárbara... -¡No pronuncies su nombre!
-Tranquilo. -Sandro, ¿qué haces?
-Sandro, tranquilízate. -En cuanto este bastardo...
...haya desaparecido de mi vista. -Deja que me quede,
haré lo que sea por ti. -¿Puedes de volverme a mi mujer?
¿Puedes? No, no puedes.
-Vamos a intentar hablar de esto como dos buenos hermanos que sois.
-Este no es mi hermano. -Sois mi única familia.
-¡Corre! -¡Se ha vuelto loco!
-¡Agárrale, fuerte!
-Déjanos solos.
¿Quieres beber algo?
Así me gusta, bien educada. ¿Recuerdas este vestido?
Yo, sí. Desde hoy quiero verte con él cuando vengas a verme.
Vamos a terminar lo que nunca debió interrumpir mi esposa.
No me lo pongas difícil, hoy no me siento con fuerzas.
A veces los dioses son incomprensibles.
Hacer algo tan bello para ser desperdiciado en manos...
...de un salvaje incapaz de apreciarlo.
Pídeme que te tome.
¿No me has oído? -No.
-¿Cómo?
-Antes prefiero morir, amo.
-¿Estás segura?
No te escucho.
-Sí.
-No me gusta que me hagan perder el tiempo.
Así me gusta.
Si te portas bien, tendrás todo lo que desees.
¡Zorra hispana! -¡Ah!
-¡Legionario! -Señor.
-Llévate a esta escoria de aquí.
Dile a la tropa que es un regalo del pretor.
-¡Mirad lo que nos ha regalado el pretor!
-¡Hombre! -¡Toma!
-¡No!
-¡Un regalito! -¡Qué alegría!
-¡No os acerquéis! Ni seos ocurra tocarme.
(RÍEN)
-Arrodíllate.
-¡Quieto!
Esta esclava es mía. -Señora, el pretor...
-Me da igual lo que diga el pretor Galba.
Atreveos a tocarle un pelo y me aseguraré de que pasáis...
...el resto de vuestra vida en galeras.
-¡Tirso! ¿Qué haces aquí? ¡Vuelve a la cueva ahora mismo!
-Quiero irme contigo. -No, no puedes.
Tu padre te necesita. -No, está enfadado conmigo,
ya no le importo. -Escucha, tu padre...
...es un bestia y esterco como una mula,
pero le importas mucho. Solo está triste por lo que pasó.
-¿Por madre?
-Sí.
Por madre. -Yo también estoy triste.
-Ya lo sé, Tirso. Por eso debes estar allí,
Porque le necesitas. Aunque no lo creas,
él te necesita a ti.
Así que vuelve a la cueva antes de que se haga de noche.
¿Qué haces ahí? ¡Vete de una vez!
-¿Adónde vas? -¡Eso a ti no te importa!
-¡Sandro!
-¿Qué pasa?
Vuelve a hacer eso y te mataré.
-Al menos, harás algo más que compadecerte de ti mismo.
Hiciste todo lo que estaba en tu mano.
-Eso no me devolverá a Bárbara. -Y quedarte ahí tampoco.
Además, a tu mujer no le gustaría que no te ocupes de tu hijo.
-Vuelve a nombrarle y te arranco el alma.
-¿Ah, sí?
¡Venga, demuéstralo!
-¡Maldito seas!
¡Viriato!
¡Saca a esta comadreja de aquí si no quieres que lo mate!
-¡Grita lo que quieras, no está! Se ha ido, ha abandonado.
-¡Ah! ¿Ya estás aquí, querida? -¿Para esto la querías?
¿Para entregársela a tus legionarios?
-Gracias a ellos Roma es lo que es, merecen un premio.
Además, la chica necesitaba un escarmiento.
-Cerdo desagradecido...
-Esta noche la quiero en mi tienda y espero que estémás receptiva o,
en vez de a los legionarios, la echaré a los cerdos.
¿Quién te ha dicho que te vayas? Sal de esta tienda...
...y te daré como obsequio a los rebeldes hispanos.
No hablo en broma, Claudia.
-Sírveme más vino.
-Tú, más vino. -Sí.
-Te lo he pedido a ti, querida.
¿Qué? -Nada, querido.
-Ah, Marco. ¡Entra! Claudia, ¿por qué no le sirves...
...de comer a mi general?
-No, no es necesario. -Sí, insisto.
Acércate.
-Teodoro ha venido a verle, viene con otro hispano.
-Bien, que pase.
-¡Repite eso! ¡Atrévete!
¿Crees que tuvimos algo que ver con los ataques?
-Solo digo que tu gente lo ha perdido todo,
están descontentos. Podrían tratar de sacar beneficio.
-Darío, ¿qué pasa? -¡Conozco a mi gente,
pondría la mano en el fuego por ellos!
Pero no digo lo mismo de ti.
¿Dónde ha conseguido un rebelde ese brazalete?
¿Y Viriato, dónde está?
-Ha abandonado. -Pues se acabó.
-¡No! Con o sin él, seguiremos luchando.
Alguien ocupará su lugar. -Tengo 30 hombres en el bosque...
...dispuestos a dar su vida por mí, y puedo conseguir 100 más.
Es justo que yo mande. -No.
Yo soy el hijo de Cesáreo, estoy llamado a ser jefe de Caura.
-Solo hay una manera de decidirlo. Así no conseguirás ser jefe.
-¿Qué hacéis? ¡No podemos luchar entre nosotros!
-¡Darío!
-Ríndete. -Clávale esa falcata...
...y será lo último que hagas.
-¡A partir de ahora, seré vuestro líder!
Si alguien no quiere, puede luchar contra mío irse.
¿Entendido? -Has vencido, es lo justo.
-¿No querrás que obedezca a ese mequetrefe?
-¿Y qué hacemos, seguir cada uno por nuestra cuenta?
Viriato no está y alguien debe tomar el mando.
-Sé el respeto que le teníais. Prometo intentar estar a la altura.
-¡Papá! -Tirso, hijo.
¿Dónde estabas? -El tío Héctor...
-¿Qué pasa? -Se ha ido con los romanos.
-Teodoro, querido amigo. ¿Cómo estás?
-Bien, pretor. Gracias por recibirnos.
Venimos en nombre del Consejo de Nobles de Caura.
Últimamente los rebeldes han asaltado a mercaderes...
...en el bosque. Venimos a pedirle protección.
-Así que ahora queréis protección. Hasta hace poco éramos...
...conquistadores sanguinarios. Mis hombres han sufrido...
...los desplantes de la gente de Caura.
¿No, Marco?
¡Marco! -Sí, señor.
-Nosotros nunca hemos... -Teodoro, ¿me permite?
Pretor, esto ayudaría a convencer a la gente de Caura...
...que depender de Roma es lo mejor para todos.
-¿Y tú quién eres? -Alejo de Urso,
el prometido de la hija de Teodoro. -Vaya...
El prometido de tu hija. -Soy hispano,
pero llevo años negociando con romanos,
desde que sea sentaron en mi ciudad natal.
-Dime, Alejo de Urso... ¿Qué crees que gano...
...protegiendo a Caura? -Su gente está comprendiendo...
...que Viriato y los suyos no son sino criminales.
Si Romanos defiende de sus ataques, nuestro pueblo...
...le deberá lealtad.
-Eres bueno con las palabras, seguro que te va bien...
...en tus negocios.
-Eso es porque siempre procuro que mis socios ganen tanto como yo.
Podrá comprobarlo.
-Teodoro, tendrás defectos, pero sabes elegir yerno.
Lástima que solo tengas una hija. -Mañana es la fiesta...
...de la fertilidad. Sería un privilegio...
...para nosotros que acudieran como invitados de honor,
como amigos de Caura. Eso sellaría nuestra alianza.
-Gracias, pero debo rechazar su invitación.
Tengo muchos asuntos que atender, las fiestas no son uno de ellos.
-Piénselo. Aunque no tengamos esclavas...
...tan bellas, procuraremos que lo pase bien.
-Yo no soy ninguna esclava, malnacido.
-Discúlpeme, como la... (RÍE)
-Tu yerno me cae muy bien, Teodoro. No mea pete cenada...
...acudir a esa fiesta, pero os ayudaré con los rebeldes.
Haremos lo posible por protegeros de ellos.
¿No es verdad, Marco? -Enviaré a los hombres al bosque...
...de inmediato y ordenaré que sean contundentes.
-Gracias, dómina. -¿Qué te dije?
¡Te dije que te apartaras de él! ¡Eres mía!
¿Quién eres? -Traigo un mensaje para usted,
desde Roma. -Puedes hablar delante de ella.
-Me envían amigos...
...de su difunto padre. Me pidieron que le diga...
...que tenga cuidado con su marido, fue quien ordenó matar a su padre.
-No puede ser... -Es seguro, señora.
El pretor Galba ordenó el asesinato de su padre.
(LLORA) -No puede ser...
-Tenemos que abandonar la cueva, si les ha dicho dónde estamos...
...los romanos pueden estar de camino.
-Si crees que tu hermano es capaz de hacer algo así,
hay que huir. Pero hay que tomar una decisión ya.
-No puedo de volverle la vida, pero al menos puedo dejar...
...que te despidas de ella.
(GRITA) -Dómina...
-¿Qué? -Tengo que hablar con usted.
Es sobre Nerea.
-Nerea.
-¿Qué pasa, la dómina quiere algo? -No, pero te he traído esto.
-No me lo puedo creer, ¿cómo está Paulo?
-Bien, aunque te echa de menos. Me pidió que te dijera...
...que hará todo lo que pueda por sacarte de aquí.
Nerea, Nerea.
Debes guardarlo muyb ien. Si la dómina se entera...
...de que lo tienes o de que yo te lo he dado,
no sé de qué sería capaz.
-Gracias.
Dómina, ¿qué hace aquí? -Veo que Sabina te ha convertido...
...en una esclava honesta y decente, ¿no es así?
Te he hecho una pregunta.
-Lo intento, dómina. -Lo intentas.
Imagina la sorpresa que me he llevado...
...cuando entro aquí y me encuentro entre tus cosas el colgante...
...que me robaron los rebeldes.
¿Es así como me pagas que te haya salvado la vida?
-Yo nunca he visto ese collar.
-¿Quieres dejar de mentirme De una vez?
¿Cómo ha llegado esto hasta tus manos?
¿De qué conoces a esa gente? O me lo dices todo...
...o seré yo misma quien te entregue...
...a los legionarios.
-Dómina, yo no... -Confiesa.
-Mi prometido consiguió hacer me llegar el colgante.
Melo regaló el día de nuestra boda,
el mismo día que me cogieron.
-¿Y fue él quien entregó esto a Sabina en el poblado, no?
¿De verdad pensabas que podías engañarme?
Tengo ojos y oídos en todo el campamento,
no lo olvides. Pero ¿ves? No cuesta nada ser sincera.
Si me hubieras contado esto antes, esta desagradable situación...
...no habría ocurrido. -¿Qué quiere decir?
-Quiero decir que si me lo hubieras contado antes,
antes te hubieras encontrado con tu prometido.
Quiero encontrarme con Viriato, en secreto.
-¿Qué? Dómina, yo no sé donde está. -Pero seguro que ese novio tuyo...
...sí lo sabe. Viriato solo se fiará...
...si la petición viene de una hispana.
¿Qué mejor hispana que la prometida de su compañero?
¿Qué dices?
-Está bien.
-Está bien. Tenemos un trato entonces.
Aunque no sé si he sido muy clara en los términos. ¡Legionario!
-Sabina, ¿qué te han hecho? -Lo que se merecía, nada más.
-Sabina no ha hecho nada. -¿Ah, no?
¿No fue ella quien te dio el colgante?
Mi colgante.
Ten esto en mente cuando te encuentres con tu novio:
si te marchas y no vuelves, será ella quien lo pague.
¿Está claro?
Llévatela y azótala. -Está bien, dómina. Está bien.
Haré lo que me dice, pero por favor,
no le haga más daño. -Así me gusta, que sepas...
...lo que está en juego. Vea prepararte.
Vamos.
Tenías razón, te tiene aprecio.
-Gracias, dómina.
(Ululatos)
-No hagáis nada hasta que yo dé la orden.
-¿Nerea?
-Paulo, espera. -¡Nerea!
-Paulo.
-Cuidado, puede ser una trampa.
(Silbido) -No, viene sola.
-La esposa del pretor me ha dejado salir.
-No me lo puedo creer.
-Paulo, me ha dejado salir para darte un mensaje.
Quiere encontrarse con Viriato mañana a primera hora...
...en la cascada del bosque. -¿Con Viriato? ¿Por qué?
-Odia a su marido y tiene información sobre él.
Información para que le podáis dar muerte.
-¿Quiere que matemos a su marido?
Viriato ha abandonado la lucha. Dile que iremos nosotros.
-No hablará con nadie más. Su mensaje fue claro.
Si le digo que la reunión será con otra persona, no se fiará.
-Dile que Viriato estará allí. -Paulo, tengo que volver.
Tengo que hacerlo. Lo siento.
-Nerea, espera.
-Si no vuelvo, matarán a Sabina.
Es la única persona que me ha ayudado allí dentro.
-¿Renunciarás a tu libertad por ella?
-Ella arriesgó su vida por darme tu colgante.
¿Crees que no me rompe el corazón dejarte?
¿Pero qué harías si uno de tus compañeros estuviera...
...en peligro? ¿No te sacrificarías por ellos?
-Te juro que no me detendré hasta que podamos estar juntos...
...y libres. -Yo tampoco.
-¿Qué vamos a hacer?
-Tenemos que encontrar a Viriato.
¿No sabemos dónde podría estar? -Helena dijo algo de que iría...
...donde el cielo y el agua se unen.
-¿Dónde?
-Viriato, necesitamos tu ayuda. -Sandro, vete.
-La mujer del pretor quiere verte. Dice que sabe cómo matar a Galba.
Pero solo hablará contigo. -Decidle que no es posible.
-Tienes que volver.
Sin ti no podemos hacer nada, se han vuelto todos locos.
Están peleando por ver quién manda. -No es mi problema.
-¿Qué pasa con los juramentos que hiciste?
¿No vas a vengar a tu hermana ni a tu hija?
-No.
-Ver varear a mi mujer. ¿Crees que no lamento su muerte?
Nosotros no hemos muerto ni Tirso ni Helena.
Aún queda vida por la que luchar. (GRITA) -!No!
No queda nada, ¿entiendes? Se acabó. No podemos luchar,
no podemos vivir. Solo queda un largo y angustioso camino...
...hasta la muerte. Eso es todo.
-Lo siento. Ha sido culpa mía. -Olvídalo, no pasa nada.
Se harán cicatrices sobre cicatrices.
-Trae.
-Recuerda que el pretor te espera.
Debes ponerte el vestido rojo.
-¿Crees que podré salir con la dómina cuando vaya a ver...
...a Viriato? Podría volver a ver a Paulo.
Sabina, tal vez sea la oportunidad de escapar.
-No te dejará volver a salir de aquí.
Debes olvidarle. -No puedo.
Volveré a verle. Tendremos una vida.
Tendremos hijos.
-La esclava de una patricia no tiene derecho a descendencia.
-Tú, el pretor te espera en su tienda.
-Ayúdame. -No puedo hacer nada.
-Por fin.
Túmbate.
He dicho que te tumbes. ¿No has aprendido la lección?
Levántate el vestido.
Ábrelas. -Señor.
-Lárgate de aquí. -Es importante, señor.
Debe aplicarse este ungüento si va a tomar a esta esclava.
-¿Qué ungüento? -Los legionarios la contagiaron,
señor, de pústulas. Media legión las tiene. Pero si se aplica esto,
seguramente no le pasará nada.
-¿Seguramente? -Es contagioso, señor.
Así correrá menos riesgo. -Por todos tus muertos,
¿crees que me voy a arriesgar por una perra como esta?
Lárgate de aquí. Malditos sean tus dioses.
No.
Tú te quedas.
-Sí, amo.
-¿Cómo está mi pequeño carpintero? -¿Lo encontraste?
-¿Y bien?
-No hay nada que hacer.
-Papá.
-Viriato,
si abandonas, nuestra muerte no habrá servido de nada.
-Dómina, ¿Nerea vendrá con nosotras al encuentro con el rebelde?
-Ya la hemos dejado corretear lo suficiente.
-Sí, Dómina.
-Vaya. Imagino que todo esto no es por mí.
-Que me trates como a una esclava no significa...
...que tenga que vestir como una. -Dudo que te arregles así...
...para mis soldados. ¿Dónde vas? -Voy al poblado, si te parece bien.
-Perderte de vista siempre es interesante.
Pero haré que te acompañen. No soportaría que te pasara nada.
-Séquelo haces por mí, cariño, pero no hace falta.
Sabina conoce bien el poblado. Ella me acompañará.
-Creo que no tienes claras las reglas ahora:
yo ordeno, tú obedeces.
Daré órdenes a Sixto de que te escolten.
-Hay que ir a ver a la romana. -Solo hablaría con Viriato.
-Viriato no volverá, ¿no? -No.
-Entonces iré yo. Vigilad los caminos.
-Esa mujer no hablará contigo.
Nerea dejó muy claro que debía ser Viriato.
-Pues Viriato no puede.
-Viriato. -Sandro, buen amigo.
Perdóname por...
-Me alegro de verte. -Y yo.
-No podías llegar en mejor momento.
-Un momento. Antes debemos resolver algo.
-No esperarás seguir siendo el jefe con Viriato aquí.
-Tiene razón. Viriato manda de nuevo.
-Si quiere el puesto, debe luchar por él. Como Darío.
-¿No podemos solucionarlo de manera civilizada?
-¿A qué esperas?
-¿Cómo te llamas? -Aarón.
-¿Y cuál es tu lucha?
-Mi lucha es contra los romanos. Quiero acabar con todos.
Vengar a los muertos y devolver la libertad a los vivos.
-Entonces tu lucha es mi lucha.
Estaré orgulloso deservir bajo tu mando.
-Acompáñame, Sabina. Esperad aquí, no tardaré.
-Señora, el pretor pidió quela acompañásemos siempre.
-Voy a darme un baño en el río. ¿Sabéis lo que pasó...
...a los que quisieron ver medes nuda? Cuéntales.
-Les sacó los ojos y los mandó de vuelta a Roma.
Ahora mendigan para sobrevivir. -No os preocupéis.
Gritaré si os necesito.
-Dómina, ¿y si ese hombre no viene?
-Tranquilo.
Si quisiera acabar contigo, te habría delatado...
...cuando te vi en el campamento. ¿No crees?
¿Quién iba a pensar que entraría en una tienda romana...
...y te vería de uniforme? Uniforme que te sentaba muy bien.
-No veía el momento de quitármelo. -Eso tampoco hubiera estado mal.
-¿Para qué querías verme?
-Quiero que mates al pretor Galba.
-¿Y por qué quiere una mujer que matemos a su marido?
-Ese hombre ya no es mi marido. Es un inútil al que Hispania...
...se le ha ido de las manos. Su muerte será buena para Roma,
para vosotros... Y para mí.
-No será fácil llegar hasta él. -No, habitualmente.
Pero le han invitado a la festividad de Caura.
Nadie le espera, pero le convenceré para que vaya.
Estará en vuestro terreno.
-E irá protegido. -Pero está confiado.
Piensa que los hispanos no son un problema para él.
-Está bien. Gracias por la información.
-Dámelas cuando hayas acabado con él.
Le dije a mi escolta que me daría un baño en el río.
Sospecharían si no vuelvo mojada.
Además, no verás nada que no hayas visto antes.
-Puede ser la única vez que tengamos a Galba tan cerca.
-Pero irá bien custodiado. -Tenemos algo a nuestro favor.
-Hemos nacido en ese pueblo. Lo conocemos bien.
-¿Sabéis dónde podría sentarse?
-La fiesta siempre se celebra frente a la cabaña del Consejo.
Le darán el lugar de honor. Atacaríamos desde ambos flancos.
-No. Eso no funcionará. Necesitamos un lugar alto...
...para disparar una flecha. -Hay un árbol frente al Consejo.
Es frondoso, pero está lejos. -He cazado conejos a la carrera.
Seguro que puedo acertar al pretor. -Está bien.
Y necesito alguien que conozca bien el poblado. Pero solo a uno.
Sois demasiado conocidos. -Iré yo.
-Pero intenta pasar desapercibido. Y vosotros os quedaréis...
...vigilando la cueva. Los demás estaremos preparados...
...para luchar si hace falta. ¿Entendido?
-Querido. Me has asustado.
-¿Qué tal tu paseo por el poblado?
-La verdad es que es un poco aburrido.
Está bien, no he ido al poblado. -Lo sé.
-Quería darme un baño en condiciones y sabía...
...que no me dejarías. -No, no te habría dejado.
Y tú decidiste que es mejor mentirme que desobedecerme.
-Perdóname, por favor.
Tenías razón.
Tú eres lo único que me queda en la vida.
Ya es hora de que deje de llorar por mi padre y me dedique a ti.
Lo único que deseo es que te conviertas...
...en el hombre poderoso que mereces ser.
Que en Roma se inclinen a tu paso.
Que te aclamen y que te teman.
-Querida, soy yo el que decide cuándo te voy a tomar.
-Por supuesto, mi amor. -Y olvídate de salir de aquí...
...si no es conmigo. -En cuanto a eso,
¿no crees que deberíamos ir a la fiesta de los hispanos?
-¿La fiesta? ¿Qué hacemos en es feria de ganado?
-A mí me repugna la idea de juntarnos con esa gente,
pero quiero ver cómo se arrodillan ante ti.
Eres un pretor de Roma, ya es hora...
...de que te demuestren pleitesía y respeto.
-Ya sé que me tienen pleitesía y respeto, me temen demasiado.
-Pero ¿y Viriato? ¿Qué cara crees que se le quedará cuando vea...
...que sus hermanos te aclaman como líder en su poblado?
¿Qué crees que pasará cuando sepa que no tiene pueblo...
...por el que luchar?
-No me gusta quedarme al margen. -Debemos obedecer.
-No me gusta obedecer a alguien que no seas tú.
-Lo importante no es quién esté al mando,
sino que todos luchemos por lo mismo.
-¿Y si les pasa algo?
(Música)
-Están en campo abierto y este bosque está lejos.
Si los ven, no les será fácil escapar.
-Los romanos no creerán que vamos a atacarles, eso nos da ventaja.
-No puede ser tan fácil matar a Galba.
-Y menos ahora con la gente de Caura en contra.
-¿Qué quieres decir? -Han asaltado a comerciantes,
ha aparecido gente muerte en los caminos...
...y creen que hemos sido nosotros. -¿Por qué habrían de pensar eso?
-Han aparecido falcatas en los cuerpos.
Dicen que eran hispanos por las ropas.
(Música)
-Por favor, que no se detenga la música.
-Señor, no contábamos con su visita.
Nos honra con su presencia.
-Hemos decidido aceptar vuestra invitación,
espero que no sea un inconveniente.
-Como representante del Consejo de Nobles, os doy la bienvenida.
-Gracias. Es un placer compartir vuestra alegría yos aseguro...
...que vengo solo para mostrar el respeto de Roma por su aliados.
-¿Lo tienes a tiro ya? -Sí.
Espera, se está moviendo.
-¿Qué pasa?
-Helena está hablando con el pretor, podría darle.
-Da igual, dispara. -No. Espera a tener un tiro limpio.
-¡He dicho que dispares! -¡Dispara, por los dioses, dispara!
-No puedo. -¿Qué pasa?
-He perdido el tiro. Es imposible. -No tendremos otra oportunidad así.
-Tenemos que irnos, ya nos hemos arriesgado demasiado.
-No. Hay que ir a por él. -¿Estás loco, Darío? ¡Darío!
Darío, nos matarán. -Entiendo que no estéis de acuerdo.
Además, solo hace falta un hombre.
-Darío.
-Estad preparados por si necesitamos ayuda.
-No me gusta.
-...les hacen llamar rebeldes, libertadores...
Hispania no es una tierra...
Hoy, vuestros pueblos se hacen uno, Hispania.
Yo prometo ser vuestro fiel aliado.
-¿Darío?
¡Es un rebelde! ¡Asesino!
(TODOS) -!Asesino! ¡Asesino!
-Sandro, vamos.
-¿Qué ha pasado? ¿Y Darío?
-Le han cogido.
-Le pido disculpas. No sabíamos hasta dónde eran capaces de llegar.
-Cállate.
¿Quiénes estáis detrás de esto?
-Yo, nadie más.
-Responde al pretor si no quieres que te saque las tripas aquí mismo.
-Actúo yo solo y volvería a hacerlo.
-Está bien. Acaba con él. -¡No!
-¿No?
-Es su hijo, señor. -Sí, lo es; pero renuncié a él...
...cuando decidió traicionar la voluntad de nuestro consejo.
-¿Entonces tienes algún motivo para que no le matemos?
-Señor, nuestro pueblo clama justicia por los asesinatos...
...de los comerciantes. -Yo también.
Han intentado asesinarme. -Pagará por su traición,
pero las leyes de Caura exigen quesea ajusticiado por aquellos...
...que le apresaron y ha sido un hombre de los nuestros.
¿No es eso lo que dictan las leyes de Caura, Teodoro?
Le aseguro... Le aseguro que si lo deja aquí,
entre nosotros, se hará justicia. Se le hará un juicio.
-Está bien. No importa quién le juzgue, ¿verdad?
-Señor, deberíamos matarlo ahora mismo.
-¿Te he pedido que hables, Marco? -No, señor.
-Todos sabemos que las faltas de este rebelde...
...solo pueden tener un castigo.
Seréis vosotros quienes acabéis con su vida,
así demostraréis vuestra lealtad a Roma.
Menos mal que ya no es tu hijo, ¿verdad?
-Reunid al consejo.
-Malditos chapuceros desgraciados.
¿Es que no se puede confiar en nadie?
-¡Señor!
-Lárgate.
-¿Cómo estás, querido?
-He tenido días mejores.
¿Tú estás mejor? Te he visto muy alterada.
-He pasado tanto miedo por ti. Esos rebeldes son unos salvajes,
espero que les hayas dado su merecido.
-Sí, fue una mala idea acudir a su fiesta,
exponerme de esa forma delante de todos esos hispanos.
-¿No fue?
-Tu mala idea.
-Esa fiesta ha dejado claro que el pueblo está de tu lado...
...y que odian a los rebeldes tanto como tú.
-Sí, parece que son solo ellos quienes quieren verme muerto,
¿no, querida?
-Por supuesto.
¿Quién más querría?
Si tú me faltaras, no sé qué sería de mí.
Eres lo único que me queda en la vida.
-Eso es lo único cierto que has dicho en todo el día.
-Es absurdo seguir discutiendo. Este hombre ha puesto en peligro...
...nuestra frágil paz con Roma y ha robado y matado a gente...
...de nuestro pueblo. -No es cierto.
-Cállate. Hablarás cuando te sea permitido.
-Pero tiene razón.
No hay pruebas de que mi hijo fuera uno de los asaltantes.
Unas falcatas no demuestran nada. -Yo estuve allí...
...y vi caer a mis compañeros a manos de los rebeldes.
-¿Y viste a mi hijo? -Vi falcatas y túnicas y escuché...
...gritos de guerra hispanos. Admitiste que tu hijo...
...era uno de los rebeldes. Si es así, entonces es culpable.
(MURMURAN)
-Esto evidencia que nuestro líder ha dejado de mirar...
...por los intereses de todos y que solo mira por los suyos...
...y los de su hijo. -Eso no es cierto.
-Hace unos días aseguraba no tener hijo...
...y hoy lo defiende a pesar de las evidencias.
Este consejo no puede condenar a alguien a muerte...
...sin la aprobación de su jefe y está claro que Cesáreo...
...es incapaz de juzgar con ecuanimidad...
...y de seguir siendo el líder de este consejo.
(Murmullos)
-Tiene razón en una sola cosa:
yo no soy capaz de condenar a mi hijo,
así que renuncio a mi puesto como líder en este consejo.
-No lo haga, padre.
-No puedo hacer otra cosa. -Teodoro debería ser...
...nuestro nuevo líder. -Teodoro, Teodoro.
-Sí, sí. -Teodoro.
-Teodoro.
-Teodoro.
-Gracias, amigos, por este inesperado honor.
Realizaremos la toma de posesión como es debido.
Pero por ahora, dadas las circunstancias,
asumo el liderazgo del pueblo de Caura...
...y hago mi primera propuesta, yo digo que votemos...
...y que condenemos a muerte a este hombre.
-¿Cómo está? -Yo qué sé.
-Tenemos que ir a rescatar a Darío, él se jugó la vida por nosotros,
no podemos abandonarlo. -A estas alturas ya estará muerto.
O lo habrán llevado al campamento romano.
-Pues entraremos en el campamento. -O mejor aún, bajaremos...
...hasta el inframundo a por él. ¿Viriato qué dice?
-Viriato ha desaparecido, él y Sandro.
-Han sido los más inteligentes, seguramente han huido,
lo mismo que deberíamos hacer todos.
-¡Helena! -No lo entiendo.
¿El propio consejo de Caura ejecutará a Darío?
-No pueden hacer otra cosa, Galba lo exige.
-Hay una cosa buena, entrar en Caura es más fácil.
-¿Qué vais a hacer? ¿Luchar contra vuestros hermanos?
-¿Cuál es la alternativa? ¿No hacer nada?
-Hay otra alternativa...
La ejecución será al amanecer, debemos salir ya.
-¿Señora? -¡Marco!
Pasa y perdona mi aspecto.
El problema de las lágrimas es que afean el rostro.
-Si me lo permite, señora, no debe de ser su caso.
-Gracias, Marco, tú siempre tan considerado.
Y, dime, ¿habéis encontrado ya a Viriato?
-No se me está permitido revelar de cuestiones militares, señora.
-¿Ni siquiera a mí? -Nunca se sabe quién puede...
...estar escuchando o quién podría usar esta información.
-Mi marido está dejando que ese rebelde juegue con él,
se está mofando de él. Estoy segura de que si tú fueras el pretor,
ya habrías solucionado el problema. -Su marido lo está haciendo bien.
-¿Y si Galba estuviera perjudicando los intereses de Roma?
¿Y si fuera un traidor? -Señora, su marido es fiel...
...a la república. Lo único... -Mi marido mandó matar a mi padre,
¡un senador! Mi marido se burla de la república y de Roma.
Si pudiera cerrar los ojos y que desapareciese,
si hubiera un hombre valiente...
Un romano con sentido de Estado,
alguien que me ayudara a acabar con él.
:-* Por favor. Por favor.
-Eso sería traición, señora. Ese hombre merecería la muerte...
...y la tendría. -La muerte puede ser un premio...
...para un hombre de honor. -Honor...
Señora, yo solo soy un militar, lo único que sé hacer...
...en esta vida es matar, es mi oficio y me gusta,
pero yo solo recibo órdenes.
-¿Y si yo te diera esa orden?
-La orden que usted me quiere dar nunca podría cumplirla.
Usted es una patricia de Roma, no debe olvidarlo.
-Retírate, soldado. -General.
-¡Fuera!
-¿Llegamos muy pronto o es que a los hispanos no les gusta...
...ver morir a los traidores? -Puedo asegurarte que sí, señor.
-Entonces, imagino quela decisión habrá sido la correcta.
-El consejo de Caura ha decidido que el culpable...
...de los asesinatos debe morir. -Una buena sentencia.
Mi más sincera enhorabuena. ¿Vas a votar con tus manos?
Alguna vez fue tu hijo... -Mi hijo no está aquí.
Este pueblo confiaba en Roma,
¿es así como agradecéis nuestra lealtad?
-¿De qué estás hablando, hispano? -Hay testigos que vieron...
...cómo este hombre mataba a mujeres, niños,
asesinos disfrazados. ¿Esa es la gran gloria de Roma,
matar a traición? -¿Tú me hablas de traición?
Tu hijo intentó matar al pretor Galba ayer y debe morir.
-El consejo ha decidido intercambiar la vida de mi hijo...
...por la de este hombre y, a cambio, el deshonor...
...del pretor Galba será olvidado. Quesea él quien decida,
si respeta o no la voluntad de este pueblo.
-¡Desgraciados, bastardos, hijos de mala madre!
Voy a acabar con ellos uno a uno. ¡Sabandijas repugnantes!
-Señor, igual no fue lo más acertado.
-¿Cómo?
Espero que no insinúes que soy yo quien tiene la culpa de todo esto,
porque has sido tú y tus legionarios,
descuidados e incompetentes, que os habéis dejado descubrir.
-Señor, le advertí que debería haber matado a ese rebelde.
-Debería matarte aquí mismo, insolente desagradecido.
No olvides que mis fallos son los tuyos.
Pero los triunfos, si algún día tienes uno, serán míos.
Tú no eres más que un instrumento, puedo hacer contigo lo que quiera.
¡Vete!
Vete.
Vete, si no quieres que convierta tu cabeza en el nuevo estandarte.
-Señor, la dómina ahora no... -Fuera.
-¡Gabino! -Dómina.
-¿Qué haces aquí? -He venido en su busca.
Antes de morir, su padre me concedió la libertad.
Entre sus ropas se encontró un nuevo testamento firmado por él.
-En cuanto el pretor muera, marcharemos a Roma sin falta.
-Si muero, ella deseará haber muerto.
-¿Qué ha dicho el médico? -Que no cree que pase de hoy.
-Pero juntas podemos escapar. -¡No hables de escapar nunca más!
-¿Sabes qué les pasa a los esclavos que intentan huir?
-¡Ah! -Es Marco, se dirige hacia Caura.
-Ha llegado el momento de plantarle cara a Roma.
-Mientras el pretor está enfermo, yo tomaré las decisiones.
-Si se enteran, nos matarán. -Cuando seas rico,
podrás comprar el consejo entero. -¿Qué harás, Viriato,
nos vas a robar o nos matarás? -Viriato está muy blando.
-Ordené que no se hiciera nada. -Sí, pero no estábamos de acuerdo.
-¡Mientes! -¡Héctor está muerto!
-Prepara tus cosas. Hay otro enfermo al que tendrás que atender:
el pretor Galba. -Sígueles el juego,
cuida del enfermo, muéstrate obediente y entrégalo a la muerte.
-¿Quién eres? -Soy Helena,
la hija de Teodoro de Caura. -Eso que está ahí no es un hombre,
es peor que un animal, una bestia, nadie lamentará su muerte.
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