All language subtitles for Hispania.la.leyenda.S01E03.DVD.Spanish-WWW.MY-SUBS.CO

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Original subtitles

WWW.MY-SUBS.CO

-¿Quién de los hombres de Caura se atrevería a atacar a Roma?

-Algún estúpido ha asaltado a la esposa del pretor.

-Quítate la ropa. -Era como tener...

...delante a una bestia. Sentía que estaba a salvo.

-Tú puedes reconocer a ese hispano.

-Si le matas a sangre fría, ¿qué te diferencia de los romanos?

-Vinieron aquí Y asesinaron a mi hija sin razón.

-Han arrasado mi hogar y capturado a mi prometida. No me voy sin ella.

-Iré contigo, pero no creo que salgamos con vida.

-Preparadla para mí. Esta noche calentará mi cama.

-¡Yo soy la esclava del pretor!

-Me alegro de haber te arrancado delas zarpas de mi marido.

-Podríamos escapar juntas. -No puedes escapar.

-Vamos a entrar en el campamento.

-Nos cogieron por sorpresa cuando volvíamos.

-No permitiré ataques a mis hombres. Cada afrenta...

...la recibiréis en vuestras carnes multiplicadas por cien.

-Cuando mi padre se entere de lo que estás haciendo.

-¿Qué estoy haciendo? -Desobedecer al Senado.

-¡Ni se te ocurra tocar me!

-Quería agradecerte lo que hiciste por mí en el poblado.

-Te presento a Alejo. El hombre al que habré...

...de entregarte en matrimonio.

-Tendremos tiempo de sobra para esto y mucho más.

-¿Volveré a verte? -No lo sé.

-Por 200 denarios nos dejas indefensos ante los romanos.

-Una rata no puede ser un conejo. -Quiero unirme a ti ya Viriato.

-¡Vienen los romanos!

-En todo cesto siempre hay una manzana podrida.

He enviado un heraldo al pueblo. Su gente le admira,

pero seguro que no todos.

Así que sabes quién es el rebelde.

(TITUBEA) -Sí, señor.

Sé quién es y dónde se esconde en este momento.

-¿Y por qué vienes a contármelo?

-Por los 300 denarios de la recompensa.

-Hispanos. Seríais capaces de vender a vuestra madre.

Celebremos este acuerdo con un buen vino.

Llenad su copa y servidle algo de comer.

-¿Qué es esto? -Sangre.

Tu propia sangre.

-¡No!

¡Ah!

-Estabas soñando. -¿Y hablaba en sueños?

-Estabas gimiendo y gritando. -Así que o era mal sueño...

...o uno muy bueno. -Paulo, arriba.

-¿Se puede saber por qué nos despiertas a estas horas?

-Cuando estaba haciendo la última guardia,

vi que un grupo de carros romanos estaba atascado en el barro.

-¿Y les atacaste? -No. Los ayudé a salir del barro.

Pues claro que los ataqué, pero debieron de pensar...

...que era más de uno y huyeron, Así que antes de que volvieran,

quemé los carros y la comida que llevaban.

-¿No podías esperar a mañana? -Hay que terminar el trabajo hoy.

-Nunca es demasiado temprano para matar romanos,

pero sí para recoger mierda de caballos.

-No se me va air este olor en meses.

Si supiésemos para qué quiere esta porquería.

-Si lo pide, será por algo. -¿Qué es eso?

-¿Por qué se matan dos animales de la misma especie?

-Por las hembras. -Por el territorio.

-Por eso se pelean y se hieren, pero no se matan.

Hay pocas cosas por las que moriría un animal.

-Por la comida. -He visto a los lobos matarse...

...entre ellos por hambre y sed, y estas aguas nutren los pozos...

...del campamento romano.

-¿Alguna novedad sobre la identidad del rebelde?

-Todavía no, señor. -Si es necesario,

subid la recompensa. Y decidle a Marco que quiero una cabeza...

...esta misma noche y, por su bien, espero que se a la del rebelde.

¿Pero qué es esto?

-Han contaminado los pozos, señor. Nos han dejado sin agua.

-¿Ya han entrado otra vez en el campamento?

-No, señor. Nuestros pozos se abastecen de un manantial...

...de la montaña y lo han contaminado con carroña.

-Luchan como ratas, escondiéndose bajo tierra.

Envía una patrulla a por agua al lago de Caura.

-Enviaré algunos carros, pero... -¿Qué? Marco, ¿qué?

-No es el único problema. A noche atacaron el cargamento...

...que traía las provisiones. -¿Y?

-Los hombres aseguran que eran muchos...

...y que los cogieron por sorpresa -¿Y?

-Hemos perdido la comida, señor. -¿Eres consciente del problema...

...que supone eso? No hay nada más peligroso que un ejército...

...hambriento y sediento. -Yo los mantendré a raya.

He enviado un destacamento a cazar hasta que lleguen suministros.

-Pues que vuelva, no hemos venido a cazar conejos.

Id a Caura y requisar todos los víveres que hagan falta.

Si alguien se queja, culpad a los rebeldes.

Y súbela recompensa por su líder. Antes o después...

...alguien nos lo entregará en bandeja.

-Esto no ha hecho más que empezar. Irán al lago a por agua. Seguidlos.

Necesitamos saber cuántos son, a qué horas y qué recorrido hacen.

-¿Tú no vienes? -No, antes tengo algo que hacer.

-Será una gran ceremonia. Quiero que vengan...

...todos los nobles de la zona. -Y los habitantes de Caura.

-Todos deben saber cuál es la familia más rica de la región.

-Está recién hecho. -Además, Helena querrá estar...

...rodeada de sus amigos el día de su boda. ¿No es así?

-Sí, me gustaría, aunque no conozco amucha gente aquí.

Cuando mi padre me envió fuera, dejé de ver a todos mis amigos.

(Puerta)

-¿Qué haces aquí? Creí que había dejado claro...

...que no volverías a trabajar para mí.

-Fui yo el que le dije que no trabajaría para usted,

y no pienso hacerlo. -Si viene a mendigar,

dale estas monedas. -No he venido a mendigar,

pero quizás hay algo que le interese.

-¿Qué? -Tengo un pequeño rebaño...

...de mi propiedad y estaré con él al pie de la Colina del oso,

por si quiere comprar pieles o leche.

-No, gracias. Sé bien cómo trabajas.

No haré negocios contigo. -Estaré allí todo el día,

por si cambia de opinión. -No cuentes con ello.

-Un poco impertinente el cabrero. -Ojalá las cabras pudieran...

...cuidarse solas. En cuanto te descuidas,

los trabajadores intentan engañarte.

-¿Estarán contentas? -No sé qué le ves de divertido.

Todo lo que hagan tus amigos rebeldes también te afecta a ti.

-Puedo aguantar sin beber a cambio de verlos pasarlo mal.

-¿Unas horas? Los esclavos seremos los últimos en beber.

Dómina, está preciosa. -Ya lo sé.

La verdad es que estos vestidos de Tarraco no están mal.

Estaba harta de llevar esos trapos de esclavo.

¿Aún no tenéis listo mi baño? -Lo siento. No hay agua.

-¿Y esta? -Está contaminada.

-Han sido los rebeldes. -¡Malditos bárbaros desgraciados!

¡Me van a amargar la vida! ¡Sacad esa porquería de mi tienda!

-Por Marte, ya ni siquiera tengo dinero para apostar.

-Este camino será el más rápido, que Marco lo supervise.

¿Qué te pasa, querida? -¿Es que no me ves?

-Ojalá tuviera esa suerte. -Estoy hecha una porquería...

...porque en tu campamento no hay agua.

-Tendrás que esperar a que la traigan, como todos.

-¿Me estás comparando con esa chusma de ahí fuera?

Tus legionarios son unos cerdos que no necesitan lavarse,

pero yo soy una Patricia. -No necesitan lavarse,

pero sí beber, así que hoy serás una Patricia...

...un poco más sucia. -Estoy harta. Es vergonzoso...

...que la hija de un senador de Roma viva en estas condiciones.

Prepara un escolta porque regreso. -Te irás cuando identifiques...

...al hombre que te asaltó; así que, vuelve a tu tienda.

-¡Por todos los dioses! Tendrás hispanos a sueldo...

...que podrían decirte quién es. Si mi padre sabe queme...

-Estaría orgulloso de que su hija haya hecho tal sacrificio por Roma.

Y si tienes sed, haz como yo.

Aún queda vino.

-Son más de diez. Vamos a por ellos.

-Espera. Viriato dijo que solo vigilásemos.

-¿Y Viriato? ¿No debería haber venido ya?

Tendrá algún escondite, un lugar donde ir a meditar.

-No creo.

-Tardarán un rato en llenarlos. -Yo me quedo aquí. Y va para rato.

-Bien.

-Deberíamos empezar con los rituales...

...de purificación y ofrecer un caballo en sacrificio.

-Me parece bien.

-No queda más cerveza. Iré a por más.

-Acompáñala. -Acabo deponer para cocer.

Alguien ha de vigilar. -Pues espera y ya irás después.

-Una buena mujer no debe dejar que su futuro esposo no tenga...

...cerveza con la que comer; además, no sé por qué tiene...

...que acompañarme. ¿Acaso no confía en mí, padre?

-¿Hay alguna razón por la que no confías en tu hija?

-Está bien, no hace falta que la acompañes.

-Este carro ya debería estar lleno. Y si se resisten, usad la fuerza.

Sabed que requisamos esta comida porque el rebelde robó la nuestra.

Pero Roma es generosa y ofrece una nueva recompensa.

500 denarios por su cabeza. -Esa comida es para el invierno.

Sin ella no sobrevivirán.

-Nosotros tampoco, hispano.

Si el rebelde se lleva nuestra comida, nos llevamos la vuestra.

Así de fácil. ¿Queréis comer?

Entregad a esa rata.

Terminad con esto. Y llevad el agua al campamento.

-Me alegro que hayas venido. -Y a mí que estés vivo.

No tengo mucho tiempo, le he dicho a mi padre que iba a por cerveza.

-Claro, tienes que volver con tu prometido.

-¿Qué pasó con ese romano?

¿Por qué mataste a un hombre herido e indefenso?

-Ese hombre se escapó. Iba a revelar nuestro refugio.

Nos habrían matado a todos. Darío, Paulo, Sandro, Héctor...

Todos están en esto por mí. Soy responsable de lo que les pase.

Te aseguro que no fue algo fácil.

¿Qué habrías hecho si al soltarlo pusieras en peligro la vida...

...de tu padre? Dime.

No soy un asesino. Y no soporto la idea de que tú me veas así.

-Yo no te veo así.

Tengo que irme.

-Estaré aquí todos los días cuando el sol esté en lo más alto,

y esperaré por ti. -Soy una mujer prometida.

-Aun así yo estaré aquí, pase lo que pase.

Cuídate mucho.

-Piden por tu cabeza 500 denarios, no por la mía.

-¿500 denarios? Eso significa que algo hago bien.

-¿Sí? También están saqueando la comida de todo el pueblo.

-Se supone que vas a esconderte de los romanos debajo de eso.

-Tranquilo, es para mí, no para ti.

-Coged vuestras lanzas. Tenemos que hacerlo ya.

Los romanos están robando la comida de nuestra gente.

-¡Alto!

¡Atención, formación de combate!

¡Es una emboscada!

¡Atacan el agua! ¡Proteged los barriles que quedan!

-Tirad las armas yos dejaremos ir.

-En cuanto avisen, tendremos a medio ejército romano.

-Esos hombres van a desertar. Si regresan, se arriesgan...

...a ser ejecutados. -Da igual, volverán a por más agua.

-¿Sí? A ver cómo la transportan. Destrózalas.

-¿Y qué hacemos con esta comida?

-Señora. -¡Marco!

¿A qué debo el placer? -Cogió el vino para darse un baño.

-Con algo tendré que sacarme el polvo del campamento.

-Los hombres están nerviosos por la falta de agua.

Si se enteran de esto, podrían llegar a revelarse.

-Es posible, pero ese problema es de mi marido, no mío.

-Si me lo permite, señora, creo quesería un problema para todos.

Salid.

Marco...

Gracias.

Está bien. No volveré a bañarme en vino,

pero a cambio, tú me traerás agua. -Traed agua desde el poblado...

...no es fácil, no hay mucha. Y los hombres están sedientos.

Solo con el agua de esta mañana podrían beber dos centurias.

-¿Tú has luchado en Oriente, Marco?

-No, señora.

-He oído que las princesas orientales sedan baños de leche.

-La leche es un alimento preciado para los hispanos, señora.

Y ahora que los hemos dejado sin comida.

-¿Te preocupan más esos hispanos que yo?

-Los hispanos son escoria, señora.

Pero tenemos órdenes de mantener la paz con ellos.

-Órdenes que os tomáis a la ligera cuando os conviene.

-En cualquier caso no será fácil conseguir tanta leche.

-Yo no soy como mi marido, Marco.

Yo confío en ti.

Sé que eres capaz de cualquier cosa.

¿Verdad?

Gracias, Marco.

-Señor, los hispanos han atacado el convoy con el agua.

-¿Qué? -Han destrozado todos los barriles.

-Pues coged más de Caura.

-Señor, los hispanos no usan barriles.

Tenemos algunas vasijas, pero no son suficientes.

-Conseguidlos en otro sitio. -Traerán algunos de Norba,

pero los carros tardan cuatro días. -¿Cuatro días sin beber?

Por todos los dioses.

Organiza patrullas y que detengan...

...a cualquiera que encuentren en los caminos.

Vamos a acabar con esas ratas de una vez por todas. ¡Ya!

-Me arriesgo mucho viniendo yo solo.

-Más te arriesgas desafiándome.

Prometiste ayudarme a dar con ese rebelde.

Y no solo no me lo has entregado,

sino que cada vez se vuelve más osado.

Libera a los esclavos, nos roba la comida, estropea los pozos.

-Hago lo que puedo,

pero no es fácil averiguarlo sin que nadie sospeche que...

-¿Que eres un traidor?

-Séquelo mejor para mi pueblo es llevarse bien con Roma.

-Lo mejor para tu pueblo y para ti.

Tienes un día para traerme algo: su nombre, su paradero, su cabeza.

Lo quesea.

Si no, tu pueblo pagará las consecuencias.

Tú serás el primero en caer.

-Ya veis dónde nos han llevado las acciones de esos rebeldes.

Debemos hablar con nuestra gente,

hacerles ver que lo mejor es entregarles a los romanos.

(VITOREAN)

-Así solo conseguiríamos que unos delatasen a otros...

...a la menor sospecha.

-Los rebeldes nos ponen en peligro mientras ellos se esconden.

Golpean a Roma y Romanos golpea a nosotros.

-Ellos son los únicos que no han escondido la cabeza.

-Hasta lo de rebeldes les queda grande.

Son una banda de salteadores. -Te escucho hablar...

...y creo que es el mismo Galba quien lo hace.

-Y tú aplaudes todo lo que hacen esos ladrones.

¿Te parece bien que nuestra gente pase hambre?

¿O tienes algo que ver con ellos? -¡Silencio!

No permitiré que nadie lance acusaciones sin pruebas.

Eso es lo que pretenden los romanos: dividirnos.

Debemos permanecer unidos.

Y tenemos un problema más grave que vuestras discusiones:

sin comida, nuestra gente no sobrevivirá al invierno.

-Un problema que no existía antes de que ellos aparecieran.

Ni existiría si los entregáramos.

-¡Salid! Tenéis que ver esto.

-Son los alimentos que nos robaron.

-¿Quién crees que los ha traído hasta aquí, Teodoro?

¿Los romanos o los rebeldes?

-No, debemos devolvérselos a Galba y que vea que estamos de su parte.

(RÍEN)

Es lo que decíais hace un momento. ¿O es que ya lo habéis olvidado?

-El pueblo tiene hambre.

-No quiero que pares hasta dar con el rebelde.

Ten los ojos y los oídos bien abiertos, ¿entendido?

El pretor tiene sed de sangre y no quiero quela sacie conmigo.

(Puerta) -¿Quién es?

-Soy yo, ¿quién va a ser si no?

-Quizás alguien que no sabe esperar a que llegue su día.

¿Qué quieres? -Mañana haremos la ofrenda,

para celebrar la fertilidad de tu unión con Alejo.

Será tras la comida, cuando el sol esté en lo más alto.

-Cuando el sol esté en lo más alto.

-¿Algún problema? -No, ninguno.

Estaré lista.

-Bien.

-No puedo dormir. -Siempre pasa.

Ya te entrará el sueño cuando te toque la guardia.

-¿Has oído lo de la recompensa que han puesto por Viriato?

300 denarios. -500, lo han subido.

-500.

-Les estamos empezando a molestar de verdad.

-Y...

¿Y si alguien se sintiese tentado por ese dinero?

-No podrían decir nada, la gente del pueblo no sabe...

...quiénes somos ni dónde estamos. -Pero deberíamos tener cuidado.

Viriato no tendría que ir solo. -Tranquilo, sabe cómo cuidarse.

-No, pero nunca se sabe.

¿Por qué no va siempre acompañado? ¿Es que va a rezar o...?

-Me parece que los dioses a Viriato le han dado sufrimiento y muerte.

-Pero ¿dónde va? Porque a su hermana baja a verla...

...con mi hermano y más familia no tiene.

-Familia no;

quizás sí otros intereses.

-¿Qué quieres decir? -Helena, la hija de Teodoro.

Creo que a Viriato le gustaría tener algo más que su amistad.

-Pues creo que no deberíamos dejarle ir solo.

-Duerme tranquilo. (ASIENTE)

-¿Cómo va la disciplina?

-Los hombres están sedientos y nerviosos, señor.

Hemos tenido seis deserciones más. -Manda a una patrulla amatarlos.

Y quesea ejemplar. -Ya lo he hecho, señor,

pero no es algo puntual.

Desde que apareció ese rebelde se ha multiplicado.

Los hombres le tienen pánico.

Tiemblan al pensar cruzar el bosque.

-Por Júpiter. Solo es un hombre. -Ya. La tropa empieza a creer...

...que es un espectro enviado en castigo por la matanza hispana.

-¿Cómo pueden temer a esa rata?

Ven.

-Señor, aunque ofrezca más dinero...

-No es dinero lo que quiero ofrecerles.

Extracto de tejo, un veneno muy poderoso.

Una pizca de esto mata a un buey como si le hubiese caído un rayo.

-¿Y cómo vamos a envenenarlos si no conseguimos dar con ellos?

-Serán ellos mismos los que se envenenen.

Imagina que ese rebelde nos roba comida impregnada con esto.

Solo tendríamos que esperar a que apareciese su cadáver...

...y todos sabrían que es un hombre, no un espectro.

A las ratas hay que tratarlas como lo que son.

Haz que lleven la comida envenenada por el camino del bosque.

Y no envíes a tus mejores hombres.

-Son solo tres. -¿Qué hacemos?

¿Les atacamos?

-Todos tuyos.

(Gritos)

-Coged los uniformes y echad los cuerpos al bosque.

Las bestias darán buena cuenta de ellos.

-Señor. -Si hubieran luchado como hombres,

tendrían un funeral de hombres. ¿Entendido?

¿Cómo va la recogida de leche? -Es difícil, señor,

los hispanos la ocultan. Solo conseguimos media vasija.

-¿Media vasija? ¿Es que tengo que hacerlo todo?

Coged el carro y seguidme.

-Si no hubiera sido por las cabras, no sé como hubiéramos sobrevivido.

-Es todo lo que queda. -Con eso no llegará.

-Al menos no pasaréis frío. -No sabes la falta que nos hace.

-Mamá, los romanos. -Tranquilos, no pasa nada.

-¿Es esa toda la leche que tienes? -No tengo más.

-Cogedla. Y las cabras también. -Tened compasión.

Tiene niños pequeños a los que alimentar.

Las cabras son lo único que les quedan.

-No, lo único que les queda es la vida...

...y no creo que quieran perderla. ¿Verdad?

(Llanto)

-Bien hecho. Nos quedaremos con uno...

...y les daremos los otros a mi hermano.

-Viriato, hay otras familias. -No quiero que Bárbara y Tirso...

...pasen hambre. -A mí me parece bien.

-Paulo. -A mí también.

-Gracias.

-Tú déjalo. Alguien debe quedarse en la cueva vigilando.

-Está bien.

-¿Hay leche? -No, no hay leche.

-¡Papá! -¡Ven aquí!

-En el mercado hay un hombre que vende halcones,

¿puedo comprarme uno? -¿Y para qué quieres un halcón?

-Para cazar conejos. -Te comprarás uno de mayor,

cuando tengas tu herrería. -No te dejarás matar nunca, ¿eh?

-No, sin tu permiso, no. -Dile a mi hermano que venga.

-Buenastardes. -¿Y esto?

-Selo quitamos a los romanos. Nos vendrá bien para el invierno.

-No, espera, hay alguien que lo necesita más que nosotros.

-No sé cómo agradecéroslo. Anda, éntralo.

-Deja que te ayude.

-Muchas gracias. Os puedo hacer unas gachas calientes.

-No podemos quedarnos. Si aparece algún romano,

os pondríamos en peligro. -Ya.

-Darío, nos vamos.

Ojalá pudiera quedarme. -Cuida de mi hermano.

-Sabes que te quiero.

-Más te vale.

-Estás aquí, esposa mía. -¿Qué es tan importante...

...para que te acerques a mí apestando a vino?

-La bebida de los dioses. (RÍE)

-Y de los pordioseros. -Y de las putas.

(RÍEN)

¿Te acuerdas de cuando nos conocimos?

En aquella fiesta que dio tu padre.

También habíamos bebido mucho. -Galba, mis esclavas están mirando.

-Antes eso te gustaba. -Galba. ¡Que no!

¡No me gusta hacerlo así, sucios y borrachos!

-Soy tu marido y tu obligación es complacerme.

-¡Suéltame! ¡Selo diré am i padre! Él acabará contigo.

-Hazlo y te enviaré a Roma, como quieres,

¡pero metida en una caja! -Señor.

-¿Qué pasa? -Cogimos a dos hispanos...

...robando comida del campamento.

-Bien. Pues vamos a ver a esos dos hispanos.

Tú, ya que no sirves para otra cosa,

a ver si identificas a ese rebelde de una vez.

-Voy a buscar algo que ponerme.

Maldito sea este campamento y estas tierras.

-Puede que hayan capturado al rebelde y podamos marcharnos.

-No creo que Galba tenga esa suerte.

Pueden pasar meses hasta que lo atrapen.

-Dómina, usted es la única que ha visto a ese rebelde,

Así que señale al hispano que señale,

nadie sabrá si era o no él.

-¿Es alguno de ellos o no?

-Es este. Este es el hombre que mea saltó en el bosque.

-No, se equivoca, solo buscábamos comida.

-Así que tú eres el gran líder rebelde.

Un poco decepcionante, la verdad. Ahora veremos si eres tan bravo.

Lleváoslos. Y llamad a Marco para que le interrogue.

-No soy yo. ¡No!

¡Solo queríamos algo de comer! ¡No!

-¿Qué tal te fue? -¿Dónde?

-Con Helena. ¿No ibas a verla hoy?

-Sí, pensé que vendría, pero no apareció.

-Quizá se confundió de lugar. -El mensaje era muy claro:

"Todos los días, cuando el sol esté en lo más alto,

al pie de la Colina del Oso". -Seguro que aparece.

Ya las conoces, se hacen derogar.

Si al señor no le gustan, que se las prepare él mismo.

-Por lo menos comeremos caliente. -Y abundante.

-Por cortesía de los romanos. (RÍEN)

-¿Costó mucho asaltar el carro? -No, solo eran tres.

No duraron ni un suspiro. -No te rías de los muertos.

-Perdón.

-¿Solo tres? Podía ser siempre así de fácil.

-Les daba el sol en los ojos. Ni nos vieron venir.

-¿Les daba el sol en los ojos? -Sí.

-Pero ¿no era por la mañana? -Sí. ¿Por qué?

-Entonces no iban hacia el campamento, sino que salían.

-Irían a Norba, supongo.

-¿Y si les hemos dejado sin comida,

por qué sacan de allí la poca que les queda?

-¿Qué haces? -¡No comáis!

Alos caballos, rápido.

¡Rápido, buscadlos!

-¡Viriato, aquí!

-Sabina, Nerea, daos prisa...

¡Marco! -Señora...

-Mi marido te está buscando. -Que espere.

Quería que viese esto.

No ha sido fácil.

He tenido que... -No me interesan los detalles.

Gracias, Marco. Eres un amigo.

Y no hagas esperar a Galba.

-Señora...

-Preparadme el baño. Haré mi viaje a Roma limpia.

-¿A Roma? -Por fin.

-¿Ha dicho dónde esconden los víveres que nos han robado?

-No, señor. Ni siquiera ha reconocido ser el rebelde.

Le aseguro que me he empleado afondo.

-¿Y el que venía con él?

-Nada, señor.

-Es verdad.

Agua, por favor.

-¿Agua?

-Esto es lo último que beberás en tu vida.

Gracias a ti, mis hombres están sedientos.

No somos los rebeldes ni sabemos dónde están.

Os lo diría, lo juro por mis antepasados.

Os lo diría.

-¿Qué hacíais rondando el campamento?

-Vinimos a por comida, aunque fuesen restos.

Teníamos hambre.

-¿Y si dice la verdad?

-Su mujer le hare conocido, señor. -Por eso mismo.

-Su mujer no mentiría con algo así.

-¿Y tú qué sabrás de lo que es capaz mi mujer?

-No podemos estar seguros de que ese hombre no mienta.

-Mátalo y desfigúrale el rostro para que no se le reconozca.

En el orden que prefieras.

Luego déjalo en el poblado diciendo que es un rebelde.

Y pon vigilancia para ver quién se lleva el cuerpo.

-¿Qué hago con el otro, señor? -Dáselo a los soldados.

Que se diviertan. Así tal vez calmemos los ánimos de la tropa...

...mientras no conseguimos agua y comida.

-¡Alto! Un paso más y eres hombre muerto.

-Traigo información sobre el rebelde.

-El rebelde ya ha sido capturado. -Eso es imposible.

-Era un hombre, no un fantasma. ¡Largo!

-Hispanos, me complace informaros que el pretor Galba ha dado caza...

...a esa alimaña que se hacía llamar rebelde.

Esto es lo que le espera al que al cela mano contra Roma.

Vigila el cuerpo. Si alguien intenta llevárselo, síguelo.

Y abre bien los ojos, no quiero errores.

-Es tejo.

Tejo...

Esos bastardos le han envenenado con tejo.

Se acabó. Buscaremos a sus patrullas...

...y acabaremos con cada romano que se nos cruce.

-Viriato, siempre me pides que piense las cosas dos veces.

Esta no será la última vez que muera gente inocente.

-Ese veneno era para nosotros.

-¿Dónde estabas? -¿Eh?

Espiando a los romanos.

Creen que has muerto.

Han llevado un cuerpo al pueblo diciendo que eras tú.

-Tengo que avisar a Bárbara. -Espera, Sandro.

Su sufrimiento servirá para mantener el engaño...

...ante los romanos. Solo necesitamos un día.

Mañana, a estas horas, habremos acabado con el campamento.

-¡Mamá!

¿Puedo salir a jugar? -No.

-¿Por qué? -Hay mucho que hacer en casa.

Te necesito conmigo. -He oído que hay un muerto.

-Razón demás para no salir. -Déjame verlo, por favor.

-Te he dicho que no.

-Solo acercarme. -Que no, Tirso.

-¿El tío Viriato está bien?

-Sí.

-¿Y papá? -También.

(Puerta)

-Escóndete.

Me has asustado.

-Lo siento, no puedo dejar queme vean.

Si mi padre se entera, me mata. -¿Qué quieres?

-Es ese...

No podemos dejar a ese hombre ahí.

-Lo sé, lo sé.

He intentado acercarme, pero le vigilan todo el tiempo.

-Bárbara, da igual, tenemos que hacer algo.

-¿Estás loca? ¿Qué haces?

-Voy a morir de sed. -Si Dómina te ve, te mandará matar.

Solo tenemos que aguantar un poco más y pronto estaremos en Roma.

Olvídalo ya. Aquí no estás más cerca de él que en Roma.

-Sé que mi prometido volverá a por mí.

-Entonces conseguirá que os maten a los dos.

-Por lo menos aquí tengo esperanza, pero ¿qué me quedará en Roma?

-¿Está listo mi baño? -Sí, Dómina.

-Como las reinas de oriente.

Esta leche huele mal. No es fresca.

-Está recién ordeñada, Dómina.

-Huele así porque es de cabra.

-Tiradla. -Dómina.

Con esta leche se podría alimentar a muchas familias.

-¿Cómo? ¿Quién te crees que eres para hablarme así?

Coged la leche y tiradla. Ah, y que se a la última vez...

...que bebéis de algo que es mío. ¡Legionario!

Asegúrate de que tiran hasta la última gota.

-El camino se eleva a tu encuentro. (REZAN)

-Paulo. Paulo.

Tenemos que hablar. -¿Qué pasa?

-Tenemos la posibilidad de acabar con los romanos de igual forma...

...que ellos lo intentaron con nosotros: envenenándolos.

-¿Ya qué esperamos?

-Si lo hacemos, mucha gente morirá. Llevan dos días sin beber.

Los primeros serán los oficiales y la gente cercana.

-¿Nerea? Me prometiste... -Sé que dije que la liberaríamos,

pero las cosas han cambiado. Viste lo que hicieron...

...con esa pobre familia. Los niños muertos.

Esto podría acabar con la guerra para siempre.

Piensa en las vidas que salvaríamos y las guerras que evitaríamos.

-¿Me estás pidiendo que mate a mi prometida?

-Te pido que asumas un riesgo. -Si fuese tu hija,

¿lo harías? -Mi hija está muerta.

-Si estuviese viva, ¿lo harías?

-No. Seguramente no.

-Ya ún así me pides que lo haga.

-Paulo, no puedo obligarte ni decidir por ti.

Si no quieres que lo hagamos lo entenderé.

Pero antes de mañana necesito tu respuesta.

Aún tendremos tiempo.

(RECUERDA) "-¡No!

-¡Para! -¡Ah! ¡Paulo!

¡Paulo!

¿Qué haces aquí? -No te ibas a librar...

...de casarte conmigo tan fácilmente.

-Si te encuentran aquí, te matarán."

-¿Ha ido todo bien? -Fue Eucón. Tenía un cargamento...

...para Norba. -¿Sigue tan maloliente?

-Y tacaño. Tuve quedarle todo lo que nos quedaba...

...para que nos lo cediese. -¿Y los ha llevado a Caura?

-Sí.

-Tejo.

-Ha llegado el momento de acudir a Galba en busca de una paz...

...estable y duradera. La muerte de ese rebelde...

...habrá servido de lección a otros como él.

-Teodoro, cuida tus palabras. Ese rebelde fue el único...

...que ofreció comida cuando no teníamos para el invierno.

-Y el que empujó a los romanos a saquearnos.

Si hubieras sido más tajante, nos habríamos ahorrado sufrimiento.

(Murmullos)

-Amigos, no tiene sentido que discutamos el pasado.

Teodoro tiene razón en algo: este es el mejor momento...

...para lograr un acuerdo de paz con Roma.

Siempre he buscado lo mejor para nuestro pueblo.

Por eso creo que debemos hacer algo para demostrarle a Galba...

...nuestra buena disposición. -El rebelde está muerto.

¿Qué hay mejor que eso? -Pero le mataron ellos.

Eso no les dice nada de nuestra actitud.

Debemos hacerles un regalo. -¿Un regalo? ¿Qué regalo?

Si entran en el pueblo y se llevan lo que quieren.

¿Qué sentido tendría darles algo que pueden coger cuando quieran?

El rebelde destrozó sus barriles para el agua.

Si resarciéramos esa pérdida quedaría claro que repudiamos...

...sus acciones. Y quien lo haga se ganaría su gratitud.

-¿Y por eso quieres ser tú? -No. Yo soy demasiado joven.

Debería ser un miembro del consejo al que conozcan, en quien confíen.

Propongo que seas tú, Teodoro.

(Murmullos)

-¿Y qué pasa si Darío no convence a los miembros del consejo?

-Tendremos que romperlas. Cualquier cosa que metas,

quedará envenenada inmediatamente. El tejo es muy potente.

Un sorbo y ya estás muerto. Una vez vi un caballo...

...que comió tres hojas de tejo. Relinchaba como si tuviera...

...un nido de avispas en las tripas. Pobre.

Esto ya está. Pásame el tejo.

Paulo, el veneno.

-No puedo.

-Dame el veneno.

-Si lo hacemos, Nerea morirá.

-Piensa en las vidas que vamos a salvar.

Piensa en la mujer dela granja, en sus hijos,

estas cosas ya no pasarán y otras peor es tampoco.

-Lo siento, pero tendrás que quitármela a la fuerza.

No me obligues. -Yo no te obligo a nada, Paulo.

Lo siento, amigo.

-Os pedimos que aceptéis este regalo del pueblo de Caura...

...en prueba de nuestra lealtad a Roma.

-Vasijas de barro. Sin duda es un regalo digno...

...de la boda de un cabrero.

No esperéis conseguir el favor de Roma con esta miseria.

-No os fijéis en su valor material, sino en lo que significan.

Los rebeldes destrozaron vuestros barriles...

...para dejaros sin agua. Nosotros os ofrecemos estas vasijas...

...para mostrar que no tenemos nada que ver con ellos,

que nuestra intención es reparar sus males.

-¡Basta!

No tengo la cabeza para discursos. Cargadlas en el carro,

id al lago y llenadlas de agua. Roma os agradece esta baratija.

-Han caído en la trampa. (RÍE) -Sí.

¿Y Paulo? -Intentó echarse atrás.

Tu ve que golpearle y acabar yo solo.

-Lo que le hemos pedido no es fácil.

-Dijo que lo aceptaba, ¿no? -Si Nerea bebe el agua,

su muerte pesará sobre nuestras conciencias.

-Sí, es el precio por salvar a nuestro pueblo.

-¿No lo veis? Todo lo que hace Paulo es por Nerea,

es lo único que tiene en la vida. Si ella muere...

-Le quedará su odio y su venganza,

más que suficiente para seguir viviendo.

-Seguid al carro para ver si todo va bien.

Yo estaré en la Colina del Oso, nos veremos frente al campamento.

-Me iré adelantando para vigilar, si os parece bien.

-Bien.

-¡Alto!

-Traigo un mensaje importante para el pretor sobre el rebelde.

-El rebelde está muerto. -No, matasteis...

...al hombre equivocado y el verdadero se aprovechará...

...de vuestro error.

¿Qué crees que hará Galba contigo si no me dejas pasar y tengo razón?

-¿Así que sabes quién es el rebelde?

-Sí, señor, sé quién es y dónde está en este momento.

-¿Y ese lugar no es el infierno? -No, señor,

el hombre al que matasteis no era el líder.

-¿Y cómo puedes saberlo? ¿No pertenecerás a su grupo?

-No, solo soy un viejo amigo, nada más.

-300 denarios. Eso es lo que vale la amistad para un buitre hispano.

-Ahora ofrecéis 500, si no me equivoco.

-Buitre y usurero. Tendrás la recompensa,

pero no hasta que compruebe que lo que dices es cierto.

Más te vale que lo sea.

¿Quién es el rebelde?

-Se llama...

...Viriato.

-Viriato. Extraño nombre.

¿Dónde está su escondite?

-Eso no lo sé, señor, pero sé que se dirige al norte,

a la colina conocida como la Colina del Oso,

ha quedado con una mujer y estará solo.

-Avisad a Marco.

-¿Qué hace? Malditos sean su muertos, tendré que matarle.

-¿Se puede saber qué haces? ¡Apártate, borracho!

-Esas vasijas llevan agua. -Sí, llevan agua.

¿Algún problema?

-Yo no, que... -¿Algún problema?

-No lo hagas, no lo hagas.

-¿Quieres apartarte de una vez? -Esas vasijas...

...son un regalo del pueblo de Caura,

dígaselo bien claro al pretor. -¡Vámonos, vamos!

-Vamos.

-¿Adónde irán con tanta prisa?

-Van a la Colina del Oso.

(RECUERDA) "-Estaré aquí todos los días...

...cuando el sol esté en lo más alto.

-Soy una mujer prometida.

-Aun así, yo estaré aquí pase lo que pase."

-¡So!

-¿Qué queréis?

-¿Dónde está el rebelde? -¿Qué? Ha muerto.

¡Ah!

-¿Dónde está? -¡Está muerto!

-Sabes que eso no es verdad.

Desnudadla. Veamos cómo se porta la perra de un rebelde.

Es la hija de Teodoro, señor. -¡Como si es la hija...

...del mismísimo Marte!

-¡Ah! ¡No, No!

-¡Viriato! -¡Huye, Helena!

-Matadlo.

-¡Huye, por los dioses!

-¡Detente!

-¡No!

-¡Ah!

-¡Creí que habías muerto!

-Viriato, tenemos que irnos.

-Acompáñala al poblado.

-¿Qué? No, me quiero quedar con vosotros.

-Y yo quiero que te quedes, Helena, pero es más seguro que vuelvas.

Al lado de tu padre no te pasará nada.

Pero si te unes a nosotros...

Si te pasara algo, yo nunca me lo perdonaría.

-Dile a Bárbara que estamos bien. -Tened cuidado.

-Tranquila. Si las cosas van bien, hoy habrá acabado todo.

(RELINCHA)

-Ha llegado el agua.

-¡Dejad paso, animales! Tenemos que llevar agua al pretor.

-¡Apartad! ¡Apartad! Que nadie más beba agua...

...hasta que lleven su agua al pretor.

-Señor. -¿Lo has matado?

-No. Lo teníamos, pero aparecieron sus hombres.

Señor, estaba con la hija de Teodoro.

-¡Maldito hijo de perra, traidor!

Así que me has tendido una trampa.

-No. Yo no, señor... -Matad a esa rata.

-No sabía que sus hombres estarían con él... ¡Ah!

¡El agua está envenenada!

Los rebeldes han envenenado las vasijas. Iba a decíroslo.

Yo solo quiero ayudaros. ¡No me matéis, por favor!

-Bebe.

Bebe.

-¡Ah, ah!

¡Ah!

-¿Has bebido de este agua? ¡Habla!

-Sí. ¡Ah!

-Detén el reparto de agua y que destruyan las vasijas.

Haz traer a Teodoro, quiero que me explique...

...a qué ha venido este regalo.

-Señor, ¿qué hago con este?

-Déjalo libre. -Gracias, señor.

-¿Libre? -Antes recibirás unos latigazos,

así tendrás una coartada si alguien te ha visto entrar.

-Gracias, señor. -Sácalo de aquí. ¡Fuera!

-Gracias, señor. Gracias.

-Señor, ¿cómo deja libre a ese perro?

-Piensa, Marco.

Muerto no nos hace ningún servicio, pero vivo...

Haz que una patrulla le siga hasta la guarida de los rebeldes.

-Señor.

-Ponedlo ahí.

Ya verás como Roma te gusta.

-¿Está todo listo? -Sí, Dómina.

-Vámonos, estoy deseando perder de vista este lugar.

Mi marido viene a despedirse.

¡Ah!

-El rebelde se llama Viriato y aún está vivo,

aunque me gustaría saber cómo si tú lo identificaste.

¡Estoy harto de tus estupideces!

Querías irte a Roma, ¿eh? Querías irte. Pues, olvídate.

Guardad sus cosas. ¡Guardad sus cosas!

Guardad sus cosas y vigilad que no salga de su tienda.

-¿Crees que me puedes tratar así?

Una descendiente de los fundadores de Roma...

Cuando mi padre se entere de que un gusano plebeyo...

...me ha puesto las manos encima, hará que te crucifiquen...

...como un vulgar esclavo.

No solo ha roto juramentos y provocado matanzas,

empañando así el prestigio y la palabra de Roma,

sino que se ha dejado burlar por un grupo de rebeldes...

...comandados por un tal Viriato.

Y lo peor de todo es que me maltrata,

me insulta y me mantiene encerrada en una tienda...

...mientras intenta forzar a cuanta esclava se le pone delante.

Por favor, padre,

líbrame de este monstruo que tengo por marido.

-Este encargo será más difícil, pero la recompensa...

...será mucho más generosa. Debes acabar discretamente...

...con la vida del senador Flavio Tulio Maro,

padre de mi esposa Claudia, y debes hacerlo cuanto antes.

-He escrito a mi padre pidiéndole que me consiga el divorcio.

-¿Cómo te has atrevido? -En Roma pedirán tu cabeza...

...y la tendrán. -Quiero hablarle a solas.

-No voy a casarme contigo. -Puedes pensar lo que quieras,

pero no te queda otro remedio. -Tengo algo que interesa al pretor.

-Una de las joyas de mi esposa. -Tengo a la hermana de Viriato.

-Tráela. -Cargarás con todo el rencor...

...que siento hacia él. -¿Qué son esos gritos?

-Es la hermana del líder de los rebeldes.

-Háblame de él. -Tu hermano vendrá.

-¿Qué haréis? -Rescatarla.

-Los augurios no son buenos. -No me falles.

-Cuando los rebeldes sea cerquen, estaremos esperándoles.

-¡Quietos! -No dejaré que me maten.

-Quiero hasta el último soldado preparado.

-La muerte de vuestro líder está cerca.

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