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En sus novelas, sus obras de teatro y sus ensayos,
este escritor ha redefinido la literatura moderna.
Nos ha mostrado la condición del hombre moderno,
en todo su absurdo e inutilidad,
con humor negro y profunda perspicacia.
Para nosotros es un gran honor reconocer hoy a este escritor.
El Premio Nobel de Literatura es para...
Samuel Beckett.
Qué catástrofe.
Sr. Beckett, ¿no va a dar un discurso?
¿Has aceptado el dinero del premio?
Voy a donarlo.
¿Crees que eso va a servir de algo?
No. ¿Y tú?
En todo caso, podría empeorar las cosas.
Aun así voy a hacerlo.
¿Quiénes son los candidatos?
¿De quién necesitas más el perdón?
Tengo mucho donde elegir.
Esto va a ser un viaje a través de tu vergüenza.
Como todo.
Entonces...
Empezaremos con mamá.
¿Cómo no?
MADRE
Si tuviese las telas bordadas del cielo, recamadas con luz dorada y plateada,
las telas azules y las tenues y las oscuras
de la noche y la luz y la media luz,
extendería las telas bajo tus pies.
- Además, siendo pobre... - "Pero".
"Pero, siendo pobre".
Desvía el foco del poema.
Le has dado otro énfasis.
No, gracias.
¿Qué has dicho?
Me gusta el resultado.
Pero a mí no.
He considerado tu sugerencia,
y me parece inferior a la mía.
Cualquiera servirá.
Cualquiera servirá.
Además, siendo pobre, solo tengo mis sueños.
He extendido mis sueños bajo tus pies.
Pisa suavemente, pues pisas mis sueños.
Más rápido, más rápido.
¡Suelta, suelta!
Tenemos que volver ya.
Todavía no,
no mientras la cometa aún vuele.
Eso no es tuyo.
¿Qué es esta obscenidad?
Soy yo.
Es a mí a quien demonizas con tu veneno.
Crees que eres tú porque el mundo siempre gira en torno a ti.
¡Eres un mentiroso!
Esta es tu última oportunidad de hablar con él,
de conspirar contra mí.
Lucha.
Lucha.
Lucha.
¿Has leído mi historia?
No.
Si es buena para que la publiquen, es buena para ti.
Siempre habrá un llamamiento a la excitación.
Entonces, ¿la has leído?
Qué desperdicio.
Me voy a París y espero no volver nunca.
Ese continente está poblado casi en su totalidad por homosexuales.
Hay, por supuesto, un vacío fundamental en tu teoría.
Siempre tan inteligente.
Asumiste la propiedad eterna sobre mí,
como si fuera tuyo para controlarme. Solo podía terminar así.
Te lo he dado todo.
Espero, por tu bien, que no sea cierto.
Podría donar el dinero al hospital donde murió.
No se fue precisamente en silencio.
No.
Ya le has pagado todo el arrepentimiento que podías permitirte.
- ¿Te refieres a lo que le dije? - Y murió.
Que me arrepentía.
Y decirle eso se convirtió en tu mayor arrepentimiento de todos.
Lo sabía incluso mientras se lo decía.
¿Podrías ponerle su nombre a tus cicatrices?
También podría a mis alegrías.
¿El amor no es siempre así?
¿Suzanne?
No, todavía no.
¿Entonces Lucia?
Sí, Lucia.
- ¿Sr. Joyce? - ¡Estoy pensando!
Sr. Joyce, me llamo Samuel Beckett.
Estudio en la École Normale Supérieure,
soy de Dublín y siento un gran respeto por su trabajo.
"Soy de Dublín" ha sido totalmente innecesario.
Debería haber empezado por la admiración.
Sin duda alguna.
Es un honor conocerle.
Sabe, señor Beckett,
mi gran vergüenza, y cómo no iba a serlo,
es que no sé griego.
Ya.
Por supuesto, me defiendo en griego moderno,
y he pasado mucho tiempo con griegos de todo tipo,
desde nobles hasta vendedores de cebollas,
sobre todo estos últimos.
Soy supersticioso con los vendedores griegos de cebollas,
¿y usted?
Bueno, dado que no conozco a ninguno, sería presuntuoso.
Muestra desconcierto.
Nunca muestre desconcierto, Beckett, eso cede el control.
Lo que quiero decir es que no hablo irlandés.
Ya.
Y usted tampoco.
No.
Espero que no crea que puede aprender de mí,
que ha venido a buscar la epifanía en mi altar roto.
No, eso...
Yo...
Quería conocerle,
quizás ofrecerle mis servicios.
Lectura o investigación.
Sé por mis profesores de Trinity
que ha ofrecido puestos similares a estudiantes.
Sr. Beckett, yo no soy...
el James Joyce del Ulises.
Soy el James Joyce del esfuerzo fallido,
la gloria que se desvanece y la decadencia que avanza.
Tengo la cabeza llena de guijarros, basura,
trozos de cristal y cerillas rotas.
¿Por qué querría emprender un viaje tan desalentador?
Prefiero verle a usted fracasar que a cualquier otro triunfar.
No llegue pronto.
Me asusto fácilmente por las mañanas.
No lo haga.
¿El qué?
Escribir.
- Solo era algo que consideraba. - Bien. Bueno,
siga así, considerándolo.
Es más seguro.
Un libro no debe planearse de antemano,
Sr. Beckett.
A medida que uno escribe, el libro se va formando a sí mismo, sujeto
y moldeado por los impulsos emocionales de su personalidad.
En Ulises, solo quería dar
el color y el tono de Dublín.
Sus vapores alucinantes,
su confusión andrajosa.
El ambiente de sus bares, su inmovilidad social.
Estos solo podían ser transmitidos por la textura de...
Albóndigas.
Vamos a cenar albóndigas.
¿Él se quedará a cenar?
A Lucia le gustaría que se quedara.
¿Es sensato?
A Lucia le gustaría que se quedara.
Entonces se quedará.
Gracias, señor.
Es muy amable.
Si esto es o no un acto amable, Sr. Beckett, le sugiero
que deje su conclusión para otro día.
Me llamó la atención algo que dijo en The Paris Review, Sr. Joyce,
que si bien la vida es fundamentalmente trágica,
también debe ser vista como humorística.
Sí. Bueno, lo que torpemente quería decir...
¿Sabe usted que la primera noche que conocí a Jim,
lo confundí con un marinero sueco
por su gorra y sus zapatillas?
Lo siento, Sr. Joyce, The Paris Review...
Sí, el objetivo de cualquier obra de arte es transmitir emociones.
Pero cuando habló, supe enseguida
que no era más que otro dublinés ligando con una campesina.
- ¿Has venido a París solo? - Sí.
- Vaya. - Sí.
Lo siento, Sr. Joyce, el papel del humor...
Debe haber humor.
La disparidad entre lo que un hombre quiere ser y lo que es...
es sin duda irrisoria.
Ojalá hubiera sido músico.
Siempre he dicho que Jim canta mejor que escribe.
Disculpe, ¿podría dejar que termine de hablar?
¿Me llevarías a bailar?
- ¿Yo? - ¿Esta noche?
Qué buen plan.
- No creo que... - Sería una bendición.
Ya.
No para ti.
Y podrá volver mañana para trabajar.
Pero vamos a ir a bailar.
Ahora tengo que pensar qué vestido ponerme.
Entonces, ¿eres escritor?
¿Cómo lo has sabido?
Porque estás en París,
y porque no sabes bailar.
¿Y tú?
¿Yo?
Sí, Lucia, ¿a qué te dedicarás en esta miserable vida?
¡Bailaré!
- ¿Por qué no? - Y cuidaré de ti.
¿Cómo has dicho?
¿Te imaginas a mi padre sin mi madre?
A menudo lo hago.
Tenemos que contarles nuestros planes, Beckett.
¡El mundo debe saberlo!
Lucia es...
Bueno,
se podría decir, y lo digo sin ninguna intención peyorativa,
que posee,
al menos hasta cierto punto, cierto atolondramiento.
Está loca, Beckett.
Gloriosamente loca.
Ya.
Lo siento, no sé si entiendo el sentido que le da a ese término.
Mi uso es médico, Beckett.
Está médicamente loca.
- Ya veo. - La peor de las locuras.
Sin duda.
Su madre quiere enviarla a vivir a una institución,
pero yo... Bueno, no lo sé.
Porque verás, si está aquí,
siempre podemos enviarla allí. Pero si ella está allí,
no hay ningún otro lugar al que enviarla.
¿Me explico?
Con demasiada claridad.
Bien.
Entonces estamos en paz.
Pero quizás...
En retrospectiva, podría haberme hablado de su condición,
antes de que accediera a escoltarla.
No podía, Beckett. Porque entonces no habría aceptado.
Habría salido corriendo, y con razón.
Hoy cenamos albóndigas.
Me temo que esta noche debo declinar su invitación.
No, no puede.
Lucia quiere que se quede y que la saque a bailar.
Y no se debe alterar el espíritu de Lucia,
como se habrá dado cuenta.
Y necesitamos ese tiempo, Sr. Beckett.
Necesitamos esa bendita tranquilidad.
Así que puede cenar caliente y luego sacar a bailar a Lucia,
o puede marcharse y no volver.
¿Qué me dice?
¿El destierro
o las albóndigas?
Las albóndigas.
Las albóndigas.
Sabe, Beckett,
hay una curiosa especie de código de honor
entre los hombres
que les obliga a ayudarse unos a otros
y a apiñarse para protegerse.
El resultado, muy a menudo,
es que a la mañana siguiente se despiertan
sentados en la misma zanja.
Bienvenido a la zanja.
No tengo a nadie.
Nadie se preocupa por mí.
Por eso estoy triste y sola
¿No hay un apuesto hombre que quiera estar conmigo?
No tengo a nadie.
Nadie se preocupa por los pobres.
Tonta de mí.
Sabe, Beckett, últimamente he estado reflexionando,
con cierta profundidad, sobre el conflicto central del escritor.
¿Le gustaría escuchar mis conclusiones?
Me encantaría, pero no sé si le dará tiempo.
Lo importante
no es lo que escribimos,
sino cómo lo escribimos.
Debemos escribir peligrosamente, Beckett.
Lo imaginativo es lo contrario de lo conciso y claro.
La vida de la mayoría de las personas se compone de jarras, ollas y platos,
callejuelas y salones sórdidos, habitados por mujeres sórdidas,
y mil sórdidos incidentes cotidianos
que se filtran en nuestra mente, por mucho que nos esforcemos en evitarlos.
Son los muebles de nuestra vida.
El mayor secreto de todos, Beckett,
la mayor llave de la mayor puerta...
Es la hora.
Sí, es la hora.
¿Qué es eso?
Padre, no seas duro con él. No lo arrastres por las brasas.
No lo hará. Apoyará su esfuerzo, como yo.
Es el momento más maravilloso de mi vida.
- ¿Cuál? - Nuestro compromiso.
Se acabó.
Por Dios...
Lo siento, pero se acabó.
¿Tan malo sería?
¿Tan malo?
Madre, esto es motivo de júbilo.
No, Lucia, esto es motivo de revelación.
¿Pasamos al postre?
Bizcocho borracho con frutas.
Te he ofrecido compañía estos últimos meses,
como una gentileza y un favor,
pero no es lo que tú crees, Lucia.
Y es algo que me ha inquietado mucho,
porque siempre supe que conduciría a este desenlace.
Y aquí estamos.
Lo siento, Lucia,
por la parte que me toca.
¿Ha sido cosa tuya, madre?
Simplemente le animamos a...
Quiero decir, hay un...
Hay un vínculo maravilloso.
Porque estáis unidos, ¿no?
Hay un vínculo.
Es más bien una triste soldadura.
Poco después la internaron.
¿Cómo no iban a hacerlo?
Podría ayudarla con el dinero,
pagar sus cuidados.
Lleva treinta y dos años en el mismo manicomio.
Te sobrevaloras si crees
que puedes asumir con la culpa de treinta y dos años.
Se cernía sobre nosotros,
sobre Joyce y yo.
Desde ese día, ella estaba en todas las conversaciones.
Bailando detrás de las palabras.
¿No crees que eso se aplica a todas sus conversaciones y palabras?
Era su hija.
Él nunca me perdonó.
Te dijo que te perdonaba.
No, se vengó.
Ya llegaremos a eso.
¿Quién se merece este premio?
¿Tenemos que seguir con esto?
Tú fuiste quien empezó.
El arrepentimiento me pone enfermo.
¿Suzanne?
No, todavía no.
¿Alfred?
Alfy.
Alfy.
No utilices a Alfy para colar a Suzanne.
Te doy mi palabra, lo prometo.
ALFY (Y SUZANNE)
Bien.
Seguid así.
Nunca me perdonará, Alfy.
¿Cree que nos dejaría traducir su obra si no te hubiera perdonado?
Creo que tal simplicidad le parecería insultante.
Gracias, gracias.
Hablo, no solo en nombre de la editorial,
sino del propio Sr. Joyce,
cuando digo que esta obra
es una obra maestra de la traducción moderna.
En primer lugar, debemos dar las gracias a dos estudiantes,
Samuel Beckett y Alfred Péron,
por su valiente primer intento.
- ¿Cómo ha dicho? - Allá vamos.
Que luego fue corregido por nuestros expertos traductores,
- Paul Léon, Evango... - ¿Quién coño son esos?
- ...y, por supuesto, el propio Sr. Joyce. - Venganza.
Bienvenido, Paul.
Hemos trabajado con oro.
Lo único que hicimos fue pulirlo.
- ¿Por qué? - Pero esto no era trabajo.
Porque ahora está en un manicomio.
¿Y te castigan a ti por eso?
¿Y a mí también me castigan?
Lo siento, Alfy,
eres un daño colateral.
...y darles la vuelta para que capten la luz.
¿Qué hacemos?
- Beber. - Sí.
- Todo el día. - O toda la vida.
Deberíamos intentarlo.
Bueno, Alfy, lo hemos intentado.
Voy a marcharme, mientras me quede algo de dignidad.
Buenas noches, Sam.
Menos mal que estamos borrachos.
Has venido a llevártelo,
a alejar a mi amigo de una vida de posibilidades
y arrastrarlo a la eterna monotonía del compromiso.
No, Sam, hemos venido a verte a ti.
Ella es Suzanne, del tenis.
Hola, Sam.
Has venido a capturarme,
a meterme en tu tribu.
¿Qué te hace pensar que quiero capturarte?
Entonces evitemos la trampa.
Oye, irlandés,
¿buscas una chica?
Prudente, tu vigor para este intercambio
es notable, pero yo nunca...
¿Por qué?
No lo sé, señor.
Suzanne.
Sí.
Del tenis.
Sí.
Te han dado una habitación privada.
Joyce.
No deberías dejar que un hombre sea tu guardián.
Gracias por el consejo.
No, esto no es un consejo.
Esto es una instrucción.
Y...
si esto va a suceder,
te sugiero que te acostumbres a seguir mis instrucciones.
¿Si sucede el qué?
Qué timidez.
No te gusta la atracción,
y a mí tampoco.
Así que creo que en este aspecto estaremos de acuerdo.
Pero más importante que es...
- Disculpe. - ¿Sí?
¿Nos puede traer más almohadas?
Claro.
Te he traído esto.
Es Calvados.
Samuel, deberías escribir sobre esto.
Es una experiencia que un escritor debería explorar.
Especialmente uno como tú, con tu gran amor por la muerte.
He leído tu libro.
Bueno, estabas en compañía exclusiva.
No, debo hablar con tu editor.
Tuve que esforzarme mucho para encontrarlo.
Gracias.
¿Qué es más importante?
Dijiste que hay algo más importante que la atracción.
¿El qué?
Bueno...
tienes un gran talento,
y no creo que debas desperdiciarlo.
De hecho...
Creo que te vendría bien una compañera que no te lo impidiera,
y creo que a mí me vendría bien ser esa compañera.
En fin.
Volveré mañana, si quieres.
Sí, vuelve mañana.
Es una coincidencia improbable.
No es una coincidencia.
Es muy seria.
Y tú fuiste apuñalado por un proxeneta.
Yo era un ave alada, Alfy,
y ella vino a mí con una cajita de paja.
Bueno, seguro que puedes con una más.
No empieces.
Tú y tu arcaica monogamia.
Trae recompensas más allá de lo carnal, Samuel.
Es un estado superior del ser.
Quizá algún día salga de la inmundicia
y me una a ti en ese estado superior.
¿Quizás con Suzanne del tenis?
No.
Su mano no está a la venta.
¿Estás a salvo?
Más que la mayoría de los judíos.
¿Y tú?
Siempre que Irlanda se mantenga neutral.
¿Y tú, Sam?
¿Te mantendrás neutral?
¿Te has unido?
Sí.
Vaya,
ahora eres un soldado.
No solo necesitan soldados.
Por suerte para ti.
Por suerte para nosotros.
Llévame con ellos.
Deberías hablar con Suzanne primero.
No hace falta.
Ella y yo somos uno.
Pobre Suzanne.
Pobre Suzanne.
No puedo dejar que se una sin mí.
Vivir libre o morir.
¡Vivir libre o morir!
¿Y ahora qué?
Escribimos.
Movimientos de tropas de toda Francia.
Nos llega información de agricultores, empleados de correos,
de cualquiera que pueda viajar,
solo Dios sabe cómo,
y luego trabajamos con ella.
Correlacionamos, cruzamos referencias.
Necesitamos dos fuentes, o no cuenta.
Luego lo juntamos todo y escribimos nuestra historia.
Saca una fotografía
y, una vez a la semana, la película se envía a Gran Bretaña.
¿Y cómo llega a los británicos?
Yo solo sé cómo sale de aquí.
Te gustará esa parte, ya verás.
Esto.
¿Ves?
Esta parte.
Vale, gracias, qué amable.
Metáforas, Alfy.
Metáforas...
Se han llevado a Alfy, se están llevando a todos.
¿Quién?
La Gestapo.
¡Vamos!
El tren se cancela, esperad en Poitiers.
El tren se cancela, esperad en Poitiers.
Sam.
El tren se cancela, esperad en Poitiers.
El tren se cancela, esperad en Poitiers.
¡Sam!
¡Sam, vamos!
¿Por qué eres feliz?
Nos pasamos el día escarbando en la tierra con la esperanza de encontrar una patata,
mientras Europa cae a nuestro alrededor, y sin embargo...
eres feliz.
Estar aquí puede ser muchas cosas, Sam.
Por supuesto, está la guerra, el miedo...
Pero para mí no.
Para mí solo estamos tú y yo juntos, a un paso de la vida.
No hay nadie que pueda llegar a ti, o llevarte.
Y estar atrapada aquí contigo
es una felicidad que nunca he conocido antes,
y que probablemente nunca volveré a conocer.
Podrías dejar al poeta por un tiempo.
Solo un ratito.
Deberías tomártelo como un cumplido.
Qué triste, tenemos que sucumbir ante ti para que te arriesgues a un cumplido.
Bueno, sucumbamos aún más.
Sam.
¿Estás pensando en Alfy otra vez?
¿Crees que sigue vivo?
Sigue vivo en ti.
Ha llegado la hora.
Ve,
mi valiente soldado.
Me han dado un arma, ¿sabes?
Te quiero.
Te quiero.
¡Ya vienen!
No vienen.
Vaya héroe.
Como un boy scout,
con una pistola de juguete en la hierba mojada,
esperando a los nazis, que no tuvieron la decencia de aparecer.
Te dieron la Cruz de guerra.
Te la dan por no morir.
¿Esa es tu culpa, que no murieras?
Fui yo.
Fui yo quien llenó la cabeza de Alfy de tonterías,
de sueños y arcoíris
y Baudelaire.
Pero tú eras el que miraba las estrellas.
Porque sabía que él estaría mirándolas.
Incluso en ese horrible lugar,
no podían apagar las estrellas.
¿Y qué hice?
Volví a casa, a mi cama, con mi mujer, mientras él...
En el campamento
decían que les cantaba a los demás.
Esos son...
cuentos de hadas que nos contamos sobre la muerte.
Pero usaste eso
en Esperando a Godot.
Usaste tus peores miedos sobre Alfy en tu propio trabajo.
Yo...
Pensé que podría resolver algo en mi...
¿Cómo?
Bueno, hay hombres
que necesitan creer en un mundo mejor,
igual que tú necesitas creer en un mundo peor.
Quien nos traicionó a los alemanes,
quien envió a Alfy a ese horrible lugar
fue el cura.
Claro que fue él.
Y pensar que perdí mi fe.
Al menos a Alfy le habría gustado.
Escúchame,
no puedes culparte por la guerra.
Puedo intentarlo.
Alfy está muerto. Lleva muerto mucho tiempo,
y no necesita tu dinero.
Ahora...
ha llegado el momento:
Suzanne.
Y como es debido.
¿Puede ser sola?
No.
SUZANNE (Y BARBARA)
¿Sam?
Sam, tienes que irte ya.
Itinerario y billetes.
No firmes nada sin hablar antes conmigo,
y no bebas antes de la reunión.
¿De verdad crees que la BBC quiere hacer esto?
Sí.
Si no, no querrían reunirse contigo.
Pero a ti te gusta, ¿verdad?
Sí, me gusta.
Me encanta el poder de tus palabras.
Me encanta tu lucha. Y creo en ti.
Y esta es la realidad.
- Hasta pronto. - Sí.
Vete.
¿Sam?
Te quiero.
Y yo a ti.
- Hola. ¿En qué puedo ayudarle? - Tengo esto.
Siéntese, por favor.
¿Sr. Beckett?
Soy Barbara Bray del Departamento de Teatro.
Sam.
Qué día más puñetero.
En fin, Sam...
si te llevara a escondidas al bar de la BBC a tomar un whisky
y te dijera lo mucho que me gusta tu trabajo,
y te rogara que nos lo concedieras,
¿te pondrías irlandés y tímido?
Eso dependería del whisky.
Bien, por aquí.
Después de ti.
Entonces, ¿quieren los derechos?
Sí.
Bien.
Haremos un trato aparte con la BBC para la traducción.
Debes seguir escribiendo en francés, Sam,
ganamos el doble.
Por favor,
dime que no le has ofrecido a ese señor una traducción.
Era una señora.
No pagará...
la traducción.
Sí.
Pagará la traducción.
No pasa nada.
Dos veces. No pasa nada dos veces.
No me vengas con rodeos.
Es una locura.
Eso espero.
Es una obra maestra.
Bueno...
espero que no.
¿Qué es ese lugar, ese páramo donde esperan?
Es...
Es el lugar al que todos acudimos
cuando la vida nos lleva hasta allí.
Debería decirte que me mudo.
Y debería decirte que me mudo a París.
- No hay dicha sin pena. - No.
Menudo enigma.
Entonces, ¿qué haces?
¿Qué supone escapar en ese momento, para un hombre como tú?
¿Por qué?
Porque...
Porque quiero que ella tenga los derechos de mi obra cuando muera,
y se lo merece.
Me regaló los mejores días de su vida.
Fue la que decía: "Sigue escribiendo", cuando todo el mundo decía que parara.
Pero todo lo que estás haciendo es sembrar el dolor entre nosotras.
No, tú eres tú,
y ella es ella.
Entonces...
Estoy en París,
¿y nada ha cambiado?
Estás en París y nada ha cambiado.
Pues...
quieren representar la obra
en Londres, Alemania y...
No.
Sé que no te gusta la obra.
No la he leído.
- ¿De verdad? - No.
- Si no la has leído, ¿por qué...? - ¿Alemania? ¿Londres?
Es demasiado, Sam.
- Dicen que es muy buena. - Sí, es buena.
¿Sabes por qué?
Porque eres un genio y lo sabes perfectamente.
¿Por qué necesitas que te lo digan todos esos idiotas?
Es demasiado, Sam.
¡Todo eso es demasiado!
"Cuando él vino otra vez, nos dijimos de todo.
Habló de por qué tenía que decírselo. Demasiado arriesgado y todo eso...
Esto significaba que había vuelto con ella, a eso".
Esto va sobre nosotros.
¿Cómo no?
- ¿Lo ha leído ella? - Sí.
¿Y qué ha dicho?
Que no lo había leído.
No puede esconderse de esto para siempre.
Ojalá pudiera.
Haré una reseña para The Observer.
¿Tu pecado no tiene fin?
No, eso lo superamos hace mucho tiempo.
Cuando vino otra vez, nos dijimos de todo.
Habló de por qué tenía que decírselo. Demasiado arriesgado y todo eso...
Esto significaba que había vuelto con ella, a eso.
Cara de budín, oronda, llena de pecas, babeando espuma, mofletuda, sin cuello.
Seguía hablando. Podía oír una vieja cortadora manual.
Lo interrumpí diciendo que a pesar de lo que sintiera no permitiría amenazas,
tampoco a soportar sus desplantes. Lo pensó por un instante.
Pantorrillas de sirvienta.
Cuando la volví a ver a ella, lo sabía. Tenía un aspecto miserable.
Perdón.
¿Y bien?
¿Las palabras no fueron suficiente humillación,
para que además tuvieras que meterme en una caja?
Es una urna.
¿Esa es tu defensa, Sam?
¿Que es una urna?
Lo siento, pero tengo que escribir lo que veo...
- Ella es... - La otra parte.
Yo...
Me pareció muy valiente.
Gracias.
No podría haber sido más cobarde.
Gracias por venir.
Por favor, sea benévola con su crítica.
Tenemos impuestos que pagar en noviembre.
Bueno...
Ha sido un placer conocerle.
No sea absurda.
Buenas tardes.
No debería haber venido.
Lo siento.
No es ella,
son ellos.
¿A qué te refieres?
Hay demasiados.
Editores, agentes de teatro, periodistas...
Hablan de ti como si te conocieran,
como si les pertenecieras.
¿No es eso lo que queríamos,
después de todos estos años, después de toda la lucha?
Todos estos años yendo de editorial en editorial,
viviendo como ermitaños.
El rechazo, el sacrificio.
- ¿No es...? - ¿Sr. Beckett?
Es una obra maestra. Es usted un genio.
- Gracias. - Muchas gracias.
Todos estos años de sacrificio, de lucha.
Esto es lo que queríamos. Los necesitamos.
Entonces ahora que los tienes ya no me necesitas.
¿Quieres que permanezcamos en la oscuridad?
¿No quieres que tengamos éxito?
¿Quieres que volvamos a buscar patatas en el barro?
Tú y yo, Sam, no estamos hechos para la victoria.
No sobreviviríamos.
¿La lucha? Necesitamos la lucha.
Así que, retirémonos de esta gente, de la victoria.
Por favor...
no nos dejes ganar.
El Premio Nobel de Literatura
es para...
Samuel Beckett.
Qué catástrofe.
No me lo merecía.
No, tú no.
Pero la obra sí.
Y me alegro por la obra.
Buenas noches.
¿Cómo tomarse en serio a un hombre en pijama?
Deberías ponértelo más a menudo.
He decidido donar el dinero al Trinity College,
crear una beca,
para que algún chico como yo
no tenga que depender de una madre como ella.
Nos ha costado mucho llegar a eso.
Ahora puedes dejarme en paz.
Ojalá pudiera.
EL FINAL
PARÍS, 1982.
- Hola, Marie. - Hola, señor.
Lucha.
Lucha.
Lucha.
Este pan es de ayer.
Eres un idiota.
¿Sabes que ponen delante el pan de ayer
para engañar a gente como tú?
Eso es increíble.
Estos melocotones no están maduros.
No se marcan ni con el dedo.
Es como enviar a un crío al mercado.
¡Un crío!
Estas aceitunas son italianas.
Los habrán llamado francesas, pero son italianas.
Son demasiado grandes para ser francesas.
Debes confiar en tus ojos, no en los vendedores.
Qué desperdicio.
¡Eres un mentiroso!
Antes me decías
cuando ibas a verla.
Ahora vas sin más.
No hay nada entre...
nosotros.
No desde hace mucho.
Solo...
Solo es por trabajo.
Peor me lo pones.
Lo sé.
Le has estado dorando la píldora.
Aún puedo leer el talonario.
Mis ojos aún ven
la última de tus traiciones.
Es viuda.
Como yo.
Los personajes se pierden, Sam.
La voz, bueno, va y viene.
No la has encontrado
porque no has buscado.
No seas tan cruel con un anciano.
El sadismo es lo único que me queda.
La parte que más vale la pena de escribir
es rendirse.
Si abandonas esta obra,
nunca habrá otra.
Mejor.
Nunca quise ser escritor.
Lo que tenía, Barbara,
hace tiempo que se fue.
Siento tener que arrastrarte por todo esto.
Nunca fue por el trabajo, Sam.
Fue por trabajar juntos,
y te pido que no me quites eso.
Todavía no.
Lucha.
Lucha. Lucha.
No seas tan dramático.
¿Por qué no te vas?
Eres como un nómada,
caminando entre las dos con tu vida a cuestas.
Sí, pero lo importante...
es caminar.
Es como un limbo de felicidad.
Caminar es paz,
esperanza.
Solías pasear por aquí con Lucia, ¿no?
Sí.
Sí.
Y Joyce,
y Alfy.
Me gusta estar aquí, a solas con ellos.
Los muertos no dan la lata.
No más que tú.
Aunque cualquiera da menos la lata que tú.
Bueno, ya no nos queda mucho tiempo.
¿Empeora?
Bueno, digamos, Sam...
que no mejora.
Bien, ya está.
Ese ruidito...
Lo siento.
Siempre me he llevado tu peor versión.
A veces...
pienso en Rosellón,
en nuestros días allí durante la guerra.
Nuestra pequeña habitación,
tú inclinada sobre el fuego.
Las noches,
el calor de la cama.
Tu calidez.
Recuerdo que una vez dijiste que no te imaginabas...
siendo más feliz.
Y pensé:
"Qué tontería".
Pero ahora...
Ahora creo que tienes toda la razón.
Dije...
que había sido muy feliz
y que nunca volvería a serlo tanto,
y tenía razón con ambas cosas.
Porque te conocía, y conocía la vida que estaba por venir.
Sabía que nunca volvería a tenerte.
No de esa manera.
Te lo debo todo...
a ti.
Y yo te lo debo todo...
a ti.
Es muy duro...
dejarte marchar.
Pero dejarte marchar a Inglaterra...
Nunca te gustó escribir finales.
Cuando era niño,
el día más feliz que pasé
fue un día con mi padre,
volando una cometa.
Me quedé parado en la ladera
y supliqué con todas mis fuerzas
que se quedara en el cielo.
Porque allí arriba había esperanza,
aliento
y libertad.
Cuando aterrizó,
no había nada.
Me alegro mucho de que te vayas
cuando la cometa aún está en el aire.
Qué día más puñetero.
Bienvenido a la zanja.
Oye, irlandés, ¿buscas una chica?
Bueno, seguro que puedes con una más.
Que quiera estar conmigo.
Te quiero.
Lucha, lucha, lucha.
Qué desperdicio.
Entonces...
Déjame en paz.
Escúchame...
Qué suplicio.
Escúchame.
Hubo alegría.
Para ellos, para ti, hubo alegría.
Sabes que la alegría no tiene nada de interesante.
Bueno...
en eso estoy de acuerdo contigo.
¿Recuerda que hace años
¿un alumno te preguntó sobre la vida?
Y tú respondiste:
"Baila primero, piensa después".
Bueno, ya es más tarde.
Siempre lo ha sido, Sam.
No podías esperar a pasar del placer al dolor.
Esa no es forma de hablarle a un moribundo.
Sí que es forma de hablarle a un moribundo.
Menuda vida, ¿no, Sam?
Ha sido...
una vida.
Bueno,
entonces...
No hay nada más...
que decir.
BAILA PRIMERO
BAILA PRIMERO PRIENSA DESPUÉS
Subtítulos: Eva Venegas
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