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¿Max?
¿Sam?
¿Chicos?
Deje su mensaje después de la señal.
Hola. Soy yo. ¿Dónde estáis?
Me he despertado y no hay nadie. Tu coche no está.
Llámame, por favor.
-Hola, mamá. -Hola.
Acabo de llamarte. Me teníais preocupada.
-¿Dónde estabais? -Fuimos a pescar.
-Sí. -El amanecer es precioso.
-Ve con tu hermano. -Vale.
-Te lo había dicho. -No me dijiste nada.
Vale.
Me habría acordado.
-He dicho que vale. -No sé.
Te vas de casa sin hacer ruido y...
No sabía qué pensar.
Ya sé qué pasa.
Sí, te lo acabo de decir.
No te cabrea que me los lleve a pescar
mientras duermes hasta tarde.
Siento haberte hecho daño.
Intento cambiar.
Intento demostrarte cuánto lo siento.
Esa chica que trabajaba contigo, ¿Yuki?
¿A qué viene eso?
Estaba oyendo un pódcast de gente desaparecida.
Me acordé de ella.
Nunca supieron qué le pasó, ¿no?
Creo que no.
Qué raro.
Va a trabajar, todo está bien y al día siguiente no aparece.
Y ya está. Desaparece.
Hacía mucho que no pensaba en ella.
¿Qué mosca te ha picado hoy?
Me alegra que llamaras.
¿Qué hay en su maletín?
Eso.
Sí. "Eso".
No puedes presentarte y decirme
que mi marido te ha contratado para que me mates.
Si tienes pruebas de que mató a Yuki Okubo, enséñamelas.
-Yo no soy tu enemigo. -Ya. Vale.
-Eres el buen sicario. -Tampoco soy sicario.
No, ayudas a gente con "problemas". Me lo dejaste claro.
Te mereces algo mejor.
Te he observado. Todos los santos días.
Eres buena persona. Buena madre.
Te casaste con un hombre que poco a poco ha ido hundiéndote.
Te hace daño.
Te ha dado una vida que nunca habrías considerado normal.
Me has seguido demasiado.
No lo miras por la noche y piensas: "¿Quién eres cuando yo no estoy?".
-Yo no sé si podría dormir. -No has contestado a mi pregunta.
-¿Qué hay en el maletín? -Mejor que lo averigües tú.
Eres un mentiroso. No te creo.
Si tienes problemas con él, díselo.
No se separa del maletín. ¿Te dijo que era de su padre?
Móviles, ordenadores. Crees estar a salvo, pero no.
Si es digital, puede copiarse.
¿Qué hay más seguro que tener la única copia?
Llevarla encima en tu maletín.
Cuando veas de lo que te hablo, llámame.
...y calló ante otro deseo.
Neptuno entendió
por qué estaba enfadado y se lo explicó:
"Así son las leyes aquí.
Parece injusto, pero ya lo aprenderás".
El mago asintió
y le dedicó una de sus sonrisas, una de las que...
-Mamá. -Tranquilos, quedaos ahí.
Seguid leyendo. Iré a sacar la basura.
Vale. ¿Por dónde íbamos?
...hasta que supo que la sombra era muy rápida.
-Chicos, lavaos los dientes. -No, mamá.
-Es hora de acostarse. -Venga. Andando.
Sam no te hagas el dormido. Nunca te duermes.
-Venga. -Subo enseguida.
-¿Qué? -¿No lo has visto?
No. ¿El qué?
¿Qué les vamos a decir?
Sam, el conejito que te compramos para tu cumple
-lo ha destripado un zorro... -No.
Haremos lo que hacen todos los padres.
Les mentiremos. Por su propio bien.
Ya. Se escapó.
Se escapó.
No sé.
La cama supletoria me está matando la espalda.
¿Me dejarías dormir hoy contigo?
Vale.
Gracias. Yo lo limpio.
¿Dónde estabas?
Tenía sed.
Tengo malas noticias.
Anoche, cuando fui a limpiar la jaula de Snowy... estaba abierta.
-Se ha escapado. -¡No!
Tenemos que encontrarlo.
Podríamos hacer carteles, como los del gato del vecino.
Claro. Es muy buena idea.
¿Podemos hacerlos hoy?
No, porque tenéis cole. Pero yo me encargo.
Los tendré lo antes posible.
¿Quién ha entrado en mi despacho?
La mancha que se ha cargado la alfombra ha llegado allí solita.
Siéntate bien.
Os tengo dicho que no entréis en mi despacho.
-No hemos sido nosotros. -No hemos hecho nada.
-No he bajado. -Ha sido culpa mía.
Se me han despistado esta mañana. Debería habérselo dicho.
-Pero no hemos entrado. -Tienes que irte a trabajar.
Yo me encargo de la alfombra. Hoy.
Hay cosas importantes dentro.
Es mi espacio privado.
A partir de ahora cerraré con esta llave.
¿Queda claro?
-Pero no hemos sido nosotros. -Les queda claro.
-Que tengas buen día, amor. -Y tú.
Usa este.
Ya está. Si empiezas bien, el resto es fácil.
-¿No? -Sí.
Hola.
Se me ha olvidado. ¿Vienes a cenar?
-Sé que te aburrirás. -Si quieres que vaya.
No fuiste a las últimas.
No queda bien que la mujer del jefe no vaya.
No, iré.
Siento lo de hoy. No debería haberles gritado.
-¿Cómo fue con lo de Snowy? -Quieren buscarlo.
Recuerdo cuando yo era pequeño y no perdía la esperanza.
Pero nadie puede protegerte siempre de la verdad.
Ya.
-¿A qué hora es la cena? -A las ocho.
Ponte un vestido. El negro.
-El de la espalda al aire. -Vale.
Vale, ahora limpiamos.
Perfecto.
-Ya está. -Gracias.
Me hace la vida muy fácil.
Ojalá todos fueran como usted.
Para qué estresarse por lo que no puedes controlar.
Cierto. Más fácil decirlo que hacerlo, ¿no?
-Como si nunca hubiese pasado. -Sí.
Un brindis por otro año. Por Construcciones Meyer.
Sí. Ya los veo, gracias.
Ahí está.
La señora Meyer existe, no me la había imaginado.
-Hola. -Hola.
-Perdón, llego tarde. -Tranquila.
Sígueme.
Gracias.
-Mi amor, ¿qué quieres beber? -Vino va bien.
Para estar al lado de Paul necesitarás algo fuerte.
-¿Tinto? -Perfecto, gracias.
-¿Cómo estás, Paul? -Bien. Me alegra verte.
-Salud. -Salud.
Te la relleno.
-No quiero más. -Tranquila, paga tu marido.
Gracias.
Intentaba recordar
cuándo fue la última vez que vine a una cena, ¿hará cinco años?
Podría ser, sí.
Sí, porque aún estaba la chica esa.
La que desapareció.
-Yuki. -Cierto. Dios.
Qué raro, ¿no? Desaparecer así.
Ya.
Ya sabes qué dicen en estos casos... Lo que habrá pasado.
-¿Que estará muerta? -No lo sé.
No tenía pareja.
Creo que no, ¿por?
He oído rumores...
...de que tenía una aventura en el trabajo.
Pues no había oído nada.
Perdona, tengo que ir al baño.
-Una velada estupenda. -Sin duda.
-Me alegro de veros. -Igualmente.
-Id con cuidado. -Y vosotros.
-Tres minutos. -Vale.
Has hablado mucho con Paul.
Es de los pocos que conozco.
Toda la noche.
Los dos. Os lleváis bien.
¿No me invitas para eso? ¿Para que hable con tus compañeros?
Para que hables sí. No para que intentes follártelos.
-No te rías de mí. -Solo estaba hablando.
Sí, te vi. Hiciste el ridículo.
Y me dejaste en evidencia.
Quien más tiene que callar es quien se miente a sí mismo.
¿Qué quieres decir?
No sé las veces que me has dicho que tonteo con otros.
-Joder. -Que te engaño.
Por qué acabas pensando eso.
-¿Qué me escondes? -Estás borracha.
-¿Y tú no? -Sube al taxi.
-¿Y tú? -Han quedado a tomar algo.
-Me iré con ellos. -Bien.
No me esperes despierta.
¿Sí?
Olivier.
-Me haces daño. Olivier. -Me has asustado.
Joder, me despierto y tengo a uno delante.
"A uno". ¿Quién te creías que era?
-¿Qué hacías? -Intentar moverte.
Cuando te quedas dormido en el sofá te quejas luego de dolor de cuello.
Mi mujer. Siempre cuidándome.
Vente a la cama.
Me odias, ¿no?
Si te odiara no estaría aquí.
Eso no se sabe, ¿verdad?
Lo que uno piensa realmente.
Da igual lo mucho que creas conocer a esa persona,
siempre te sorprende.
Piensa así y acabarás más solo que la una.
-¿Sí? -O paranoico.
-Vuelves a reírte de mí. -No, qué va.
Estoy cansada.
¿Por qué no hablas conmigo?
-¿Mamá? -Hola.
He tenido una pesadilla.
-No pasa nada. -Hola, campeón.
Las pesadillas no son de verdad.
Lo peor pasa en nuestra imaginación.
¿Quieres que vaya a tu cuarto?
Sí. Y volvemos a dormirnos. Venga.
Snowy estaba corriendo y yo lo perseguía y corría y corría,
pero no lo alcanzaba y ya no lo veía
y me quedaba solo en el campo.
Tranquilo. Snowy estará bien y volverá a casa.
Buenas noches.
¿Puedes dormir conmigo?
Claro.
Sammy.
Hora de despertarse. Hay que ir al cole.
Te quiero.
Y yo a ti.
¿Puedo ponerlo yo?
Ahora le toca a Max. Tú el siguiente.
Vale.
-Uno más. -Pero quedan muchos árboles.
Ya, pero Marissa vendrá enseguida a llevaros al cole.
-Lo encontraremos, ¿verdad? -No lo sabemos.
Alguien lo verá, lo reconocerá y nos llamará.
-Eso espero. -Ya lo verás.
DESAPARECIDO
-Hola. -¿Estás en casa?
Ahora no.
Tienes que volver.
He olvidado el maletín y tengo una presentación.
-Si envío a un mensajero, ¿podrías? -Sí.
-Vale. Bien. -¿Cuánto tardará?
-Lo pido ya. -Vale.
Mi tío, cuando murió, estaba ordenando el garaje
y este era su maletín con combinación.
Me fijé en los números, si estaban limpios.
Están sucios por los lados,
al abrirlo, el metal coge polvo y...
Un momento.
...deja una marca que puedes ver fácilmente.
-¿Hola? -Un momento.
El mensajero.
-Deprisa. -Dos segundos, ya voy.
No puedo esperar más.
Dos segundos.
Disculpa, estaba arriba.
-Gracias. -A ti. Gracias.
-¿Sí? -Lo he visto.
Bien. Ahora ya lo sabes.
Era una mujer al límite.
Lo lleva encima todos los días.
Se siente culpable. La echa de menos.
¿Olivier te lo ha contado?
-¿Fue y te lo dijo? -Sí. Así es.
Pues vayamos a la policía.
-Cuéntales lo que me has dicho. -No puedo, Angela.
¿No querías ayudarme? ¿Que nadie me hiciera daño?
-Pues hazlo. -Angela, no van a creerte.
Si yo lo sé todo sobre ti, la policía también.
-Incluso lo de Edgewater. -Entonces debería irme.
Tengo una idea mejor.
-¿Cuál? -Ven a verme.
No puedo. Mis hijos están al caer.
-¿Cuándo puedes? -Dime qué has pensado.
Avísame cuando estés preparada.
-¿Mamá? -¿Mamá?
¿Mamá, dónde estás?
-¿Mamá? -¿Mamá?
-¿Mamá? -¿Dónde estás?
Aquí. Hola.
Estás aquí.
-¿Qué tal el cole? -Hola.
-Un asco. -Aburrido.
Pues sí que estamos bien. Bueno...
¿Qué haces aquí? ¿No los traía Marissa?
También me alegra verte.
Los he recogido del cole.
Me he tomado la tarde libre.
Tengo una sorpresa para ti.
Ya. ¿El qué?
Si te la digo, deja de ser sorpresa.
Snowy. ¡Ha vuelto Snowy!
¡Madre mía, Snowy!
Ven a ver. Está aquí.
Mamá, ¿qué ha pasado con Snowy?
Alguien vio los carteles y llamó.
Lo vio caminando por la calle y lo ha traído.
¡Qué guay!
-Hola, Snowy. -Snowy ha crecido estos días.
Me parece bien.
¿El qué? ¿Que les mienta?
-Me siento fatal. -Has hecho lo correcto.
Venga. Tienes que cambiarte.
-¿Por qué? ¿Qué pasa? -Ya he buscado a la niñera.
Venga.
¿Adónde vamos?
Ya lo verás.
¿Qué hacemos aquí?
¿Y esto?
-Para taparte los ojos. -No seas tonto.
Venga, póntelo.
Póntelo.
Vale. Bien.
¿No confías en mí?
¿Dónde estamos?
-Olivier, no me empujes. -Tranquila.
Dime adónde vamos. Qué gilipollez.
Ya basta, Olivier, yo paso.
-Tranquila. Ya estamos. -Basta.
-Tranquila. -¿Dónde estás?
Olivier.
Quería enseñarte lo que he estado haciendo.
¿Tanto miedo te da comer conmigo?
Sabes que tengo claustrofobia.
¿Qué pensabas que iba a pasar?
Siéntate.
Pensaba que Londres era horrible.
Antes de mudarme. Pero mira.
Cuanto más lo conoces, más te gusta.
O no.
-¿Eso piensas de mí? -A veces.
-¿Tanto te sorprende? -No.
Pero me da vergüenza.
Quiero cambiar.
Por ti.
Estoy viendo a un psicólogo, por los ataques de ira.
Eso ya me lo has dicho antes. Me lo sé ya. ¿Te lo digo?
No.
Te pregunté la otra noche y me ignoraste.
Quiero que me respondas ahora.
Vale. Lo que sea.
¿Alguna vez me has engañado?
Sé sincero conmigo.
Si quieres cambiar, si quieres arreglar lo nuestro.
Dime la verdad.
Júralo por nuestros hijos.
No he estado con nadie.
Te lo juro por nuestros hijos.
¿Los sentenciaría a muerte?
No.
Lo siento.
Hola.
Lily, ¿en qué puedo ayudarte?
-Tienes que irte. -Ojalá pudiera quedarme.
Déjalo. Luego lo recojo.
Te acompañarán abajo.
Vale.
-Sí. -¿Dónde?
Lo has encontrado.
Más o menos.
-¿Por qué encontrarnos aquí? -Ven.
Quiero que veas algo.
-Te vas a marchar. -Sí.
No deberías.
¿Para eso querías verme? ¿Para hacerme cambiar de opinión?
No deberías marcharte tú.
Él es quien te hace daño. Quiere que te vayas. ¿Acaso es justo?
Digamos que te vas...
...¿de qué vas a vivir?
Buscaré algún sitio. Un centro.
¿Y luego? ¿Cómo ganarás dinero?
Está todo a su nombre. Lo sé porque me lo dijo
con esa sonrisa de creído en la cara.
¿Qué hacemos aquí?
¿Y los niños?
-¿Qué harán? ¿Qué...? -No lo sé, ¿vale?
Tú tenías una idea mejor. Te escucho.
Lo mataré.
-Claro, así se arregla todo. -Lo digo en serio.
No va a parar.
Da igual en qué país, centro o agujero te escondas.
Él te encontrará.
Con el tiempo.
Ya lo he hecho antes.
No me siento muy cómoda con lo del asesinato.
Olivier quiere matarte.
O lo paras o buscará a otro para que lo haga.
Mereces ser libre, Angela.
Ya hemos llegado.
¿Dónde estamos?
Está aquí debajo.
Yuki Okubo.
Yo no la maté.
No te mentí.
Pero ayudé a enterrarla. Justo debajo de nosotros.
Quería recordarme que iba en serio.
-Me envió esto. -Por Dios.
-¿Cómo pudiste? -Un error conduce a otro.
Solo quiero enmendar las cosas.
Pero espabila. Así es tu marido.
Tú eres igual.
Estoy harta.
Hombres violentos y culpables.
-¿Y por qué no haces algo? -Déjame en paz.
Después del cole, jugaré al fútbol.
-¿Te vienes? -Sí.
-Pero después del cole. -Por cierto.
Chicos, lo siento, pero os debo una disculpa.
El conejo de la jaula.
No es Snowy. Lo compré ayer. Se le parecía.
Pero dijiste que era él.
Al de verdad se lo comió un zorro.
No quería que sufrierais. No hice bien.
Ya sois mayores y...
...quiero que sepáis que nunca más os volveré a mentir.
¿Por qué hiciste eso?
Sam.
Te odio.
Sam.
Explícate.
A veces merecemos saber la verdad.
Y lo decides de forma unilateral.
¿Por qué?
Angela. Angela.
No tienes que hacer nada. Solo necesito ayuda.
-Una oportunidad. -No puedo.
Hay cosas que se tienen que acabar.
Aunque te duela.
-Ponerle punto final. -No está bien.
Bien o mal, qué más da.
Haz lo que debas para sobrevivir.
Tendría un momento de lucidez.
Ya no me apetecía seguir mintiendo más.
Ahí está.
Siempre has mentido fatal.
Se te nota en la cara.
Pues sí.
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