All language subtitles for Los Plateados 006-Decision

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Original subtitles

Gabriel: Les juro por la memoria de nuestro padre...

que Emilio Gallardo va a pagar lo que nos hizo

con mucho más que su vida.

Ofelia: Esta boda nadie la detiene.

♪ Nos quieren detener. ♪

Camila: El amor...

♪ Nos quieren aplastar. ♪

Camila: ...si llega, llegará después.

♪ Por defender tu amor. ♪

- Si no quieres, no te cases, Camila.

♪ Por decir la verdad. ♪

♪ Con nuestra propia ley ♪

♪ Quitamos para dar ♪

♪ Un poco de esperanza, ♪

♪ y ante todo, dignidad. ♪

♪ Nadie nos detiene, ♪

♪ Somos libertad. ♪

♪ Ángeles Plateados, ♪

♪ cazadores de la paz. ♪

♪ No queremos guerra, ♪

♪ Pero hay que luchar ♪

♪ Contra la injusticia por amor a la verdad. ♪

- Mejor cúbrete.

- A ver, Nicanor, asegúrate que todos estén muertos.

- Sí, patrón.

[♪♪♪]

¡Patroncito! ¡Ya nos vieron la cara, hombre!

Emilo: ¿'Ora qué?

- Será mejor que venga pa'cá.

'Ire.

- Me la van a pagar muy caro.

¡Dígale a sus hombres que suelten las armas!

- Hongos...

[♪♪♪]

- ¿Te sientes mejor, Camila?

- Debe estar preocupada por su marido.

No debiste decirle nada de lo de la emboscada, Luciana.

- ¿Estás bien, Camila?

- Sí. ¿Alguna de ustedes sabe dónde fue la emboscada?

- Pues, no, claro que no sabemos.

- Ay, tengo tanto miedo de lo que pueda pasar.

- No te preocupes, mi amor,

Emilio estaba acompañado de su gente.

Esperanza: Yo solo espero que atrapen

a esos bandidos ya, por Dios.

Tranquila.

- Por su bien espero que nada malo

le haya pasado a mis hermanos.

- Yo no acostumbro a mentir, señorita,

soy un hombre de palabra.

- Pues más le vale.

- Oiga, ¿le puedo hacer una pregunta?

- ¿Qué?

- ¿Por qué eligieron esta clase de vida?

- Eso no es asunto suyo.

- Le aseguro que sí me importa.

Ximena, yo no creo en la mayor parte de las cosas

que dicen de ustedes, yo creo que son falsas.

Confíe en mí, Ximena, por favor.

- Hace muchos años, cuando yo era niña,

acusaron a nuestro padre de algo muy grave.

- ¿Y su padre dónde está en este momento?

- Muerto.

Lo fusilaron injustamente.

Gabriel y Tomás fueron declarados

cómplices de mi padre,

los reclutó la leva,

ellos desertaron.

¡Y no quiero seguir hablando de esto!

- Lo que no entiendo es por qué no acudieron

a la justicia inmediatamente para que resolvieran

el problema.

- "¿La justicia?",

¡La justicia no sirve para nada, Juan!

- Ximena...

Ximena, lo siento, lo siento de verdad.

[♪♪♪]

Gabriel: Tomás, ¡las armas!

Tomás: ¡Abajo, pelado!

¡Abajo! ¡Abajo!

- No se van a salir con la suya.

Tomás: ¡Cállate! Híncate, ¡híncate, turco!

Gabriel: ¿Así que nos querían matar a traición?

- No voy a descansar hasta que los mate

uno por uno, aunque sea lo último que haga en mi vida.

Gabriel: Eso lo veremos.

Emilio: No, no lo vas a ver, vas a estar muerto.

- Alto ahí.

[♪♪♪]

- ¡Ya ha pasado mucho tiempo

y no sabemos nada de nuestro hijo!

¿Dónde podrá estar Yasir?

Si estuviéramos en nuestra tierra,

nada de esto estuviera pasando.

¡Sabríamos dónde y con quién está exactamente!

- Pero no estamos en nuestra tierra, amor,

estamos en México.

Y bueno, aquí también la gente es muy buena.

- Yo no estaría tan segura.

Kamal: ¡Pero yo sí!

[♪♪♪]

Perdóname, amor, perdón, no quise gritar.

Samia: La gente aquí no respeta a sus padres,

yo jamás hubiese desobedecido al mío.

¡Nunca me hubiera pasado por la cabeza!

- Pero tal vez Yasir sí lo desobedeció, padre,

y se fue con don Emilio, a ayudarlo en la búsqueda

de los Plateados.

Samia: Ah, ¡San jorge bendito!

Kamal: ¡No, él va a estar bien, amor!

Yasir no me va a desobedecer.

Para que estés tranquila, voy a ir a casa

de don Emilio a ver si averiguo algo.

Olim, quédate a cuidarlas.

Olim: sí, padre. - ¡Layla!

¡El escapulario!

¡Corre, hija!

Mi amor, llévatelo, para que te proteja.

[♪♪♪]

- ¡Suelten sus armas!

- ¿Qué esperas? ¿Qué esperas? ¡Dispara!

- No, no, Emilio, a estos dos los vamos a llevar

al cuartel para interrogarlos como manda la ley.

Emilio: ¿Cuál ley? ¿De qué me estás hablando?

¡Tu ley no sirve para nada, mátalo!

- No te metas en esto, Emilio.

¡Por última vez: suelten sus armas!

Emilio: ¡Andrés! ¡Mátalo!

Ximena: ¡Quieto! ¡Suelta el arma!

[Disparo]

Gabriel: ¿Ya les quedó claro quién manda?

Bueno, muchachos,

creo que ya es hora de despedirnos.

[♪♪♪]

Xóchitl: No llore, niña, el patrón sabe cuidarse,

va a ver que va a volver sano y salvo.

- Xóchitl, te voy a decir algo horrible,

pero yo no estoy llorando por don Emilio.

- No me diga que estás llorando por el bandido ese.

- A lo mejor Gabriel en este momento está muerto, Xóchitl.

- Preocúpese por su marido, niña.

- No puedo.

Yo sé que mi deber está con él,

pero no puedo dejar de pensar en Gabriel todo el día.

- Por favor, no se haga más daño

pensando en el bandido ese, niña.

- Xóchitl, yo no, yo no decidí enamorarme de él.

[♪♪♪]

[Risa]

- ¿Y este qué hace aquí?

Gabriel: Juan nos advirtió que nos estaban tendiendo

una trampa.

- ¿Lo del oro fue una trampa?

Gabriel: sí.

- Ahora nos vas a decir cómo sabías de esa emboscada.

- Lo importante es que pude avisarles a tiempo, ¿no, tomás?

- No, no, no, contesta lo que te estoy preguntando.

Gabriel: Ya basta, Tomás.

De cualquier forma, nos salvamos gracias a él.

- Entonces, se va a quedar aquí, Gabriel.

- Debe de haber muchos hombres buscándonos,

así que lo mejor es que pase aquí la noche.

- Esto fue una traición, estoy seguro,

algún infeliz soltó la lengua

y les dijo cuál era nuestro plan.

- Emilio, ¿cuándo vas a entender

que tienes que hacerte a un lado?

- Jamás.

Andrés: Tienes que aceptar que yo soy el único

que tiene que atrapar a esos cuatro delincuentes.

- "¿Cuatro?", pues, ¿que no te diste cuenta

que son cinco?

Cuatro hombres y una mujer.

- Cinco.

Emilio: Cinco, ¿o no sabes contar?

- No, lo que pasa es que...

¡Dilmaz! ¿Dónde diablos estaban?

- ¿Pasó algo, mi capitán?

Emilio: "¿Pasó algo?", bola de inútiles.

Vámonos, Nicanor.

- Andando.

[♪♪♪]

Samia: San jorge bendito, escúchanos.

Santa maría, madre de Dios.

[Habla en otro idioma]

Yasir: madre.

- ¡Gracias a Dios que ya estás aquí!

Layla: ¡Estábamos muy preocupados por ti, Yasir!

- ¿Dónde estabas, Yasir?

- Tú no eres mi padre.

Fui a ver a don Emilio, mamá.

- ¿Qué? ¿Desobedeciste a tu padre?

¡Tu padre me dijo que ya había hablado contigo, Yasir!

- ¡Sí, mamá, habló conmigo,

pero a mí no me parece que me prohiban ayudar

a don Emilio!

- Pero ¿qué ganas ayudándolo? ¿Arriesgar tu vida?

- Mamá, yo ya estoy harto que me vean con asco

por ser quien soy, de que me llamen "Turco".

Por lo menos, ayudando a don Emilio,

me voy a dar a respetar.

- ¿Te avergüenzas de ser libanés?

- Si pudiera escoger, hubiera preferido nacer aquí.

[♪♪♪]

- Me voy, Ximena.

- ¿No vas a pasar la noche aquí con nosotros?

- Lo he estado pensando bien y lo mejor es que me vaya,

seguramente esta es la... la última vez que nos vemos.

A menos, a menos que tú me pidas que me quede.

- ¿Por qué tendría que pedirle que se quedara?

- Es cierto, discúlpame, apenas y nos conocemos, ¿no?

Gabriel: ¿Por qué no te acercas al fuego, Juan?

Juan: Muchas gracias, Gabriel,

pero he decidido que es mejor que me vaya.

Gabriel: Pero puede ser peligroso.

Juan: Lo sé, pero hay gente esperándome

y no quisiera que se preocuparan innecesariamente.

Gabriel: No llames a la muerte, amigo, si te atrapan,

vas a estar solo, y la verdad no creo

que te perdonen la vida.

- Gracias por la preocupación,

pero no será la primera vez que me las arregle a solas.

Adiós, Ximena. Hasta luego.

- Hasta luego.

[♪♪♪]

- El hombre que no está orgulloso de su origen

no vale nada, Yasir.

Olim: ¡Tú tienes que estar orgulloso de ser libanés!

Yasir: Pues, no estoy orgulloso.

Kamal: ¿Dónde has estado, hijo?

- Ayudando a don Emilo.

- Por favor, déjenme a solas con él.

Se acabaron las palabras.

¿No te pedí que no portaras ningún arma?

- Padre, yo sé que usted me entiende...

- Silencio.

- Perdón, señor.

- Tú puedes ser amigo de don Emilio, si quieres,

como yo,

pero no vuelves a tomar ningún arma,

¿entendido?

Quiero saber si me entiendes o no.

- Sí, padre.

- ¿Por qué no sigues el ejemplo de tu hermano

que lo único que hace es honrarnos a mí y a tu madre?

- Tal vez sea porque no soy perfecto como él.

Con permiso, señor.

[♪♪♪]

- Emilio, ¿estás bien?

- Sí, sí, estoy bien.

Si no hubiera sido porque llegó a Andrés,

hubiera matado a esos bastardos.

- ¿Andrés estuvo ahí? ¿Y dónde está ahora, Emilio?

- Anda patrullando la zona con sus hombres.

Ofelia: Pero ¿está bien?

- Claro que está bien.

- ¡Ay, gracias a Dios!

Camila: ¡Don Emilio! ¿Qué pasó?

- Nada, esos malnacidos lograron escapar,

alguien les advirtió lo que íbamos a hacer

y nos engañaron.

- Pero ¿quién pudo haberlos traicionado?

- No sé, no lo sé, pero lo voy a averiguar.

- Emilio, deja que Andrés te ayude.

Emilio: ¿Andrés, Ofelia?

Tu hijo no podría ayudarme aunque quisiera.

A esos delincuentes hay que tratarlos

de otra manera, sobre todo ahora

que se les unió otro infeliz.

- ¿Estás seguro que son cinco?

Andrés: Absolutamente, cuatro hombres y una mujer.

[Augusta ríe]

- Supongo que ahora sí te habrás convencido

de lo peligrosos que son, ¿verdad?

- ¿Han matado a alguien?

- No, no, no hasta ahora.

- Estoy comenzando a pensar que quizá Leonardo

no haya sido capturado por ellos.

Augusta: A mí no me queda ninguna duda,

por eso creo que es importante dejar que Emilio

siga con lo que está haciendo sin que tú intervengas, Andrés.

Andrés: No me parece que deba ser así, señora.

[Augusta ríe]

Emilio Gallardo Rivas pretende dar con Los Plateados

para aniquilarlos, mientras que mi misión

es ponerlo en manos de la justicia

como corresponde.

Augusta: Yo lo único que quiero es que aparezca mi nieto.

- Hemos comenzado a tomar ciertas medidas

que espero den frutos lo antes posible.

Por ejemplo: estamos realizando censos en la zona

y he dado órdenes específicas de arrestar

a cualquier persona sospechosa.

[Augusta ríe]

- Sin embargo, el tiempo pasa y todo tiene sus límites,

¿no, Andrés?

Así que creo que no te va a quedar más remedio

que apoyar a Emilio y trabajar bajos sus órdenes.

- Me temo que eso sería impensable, señora.

Con permiso.

[♪♪♪]

- Mire nomás, niña Camila!

¡Ya estoy cansada de tantas vueltas que me ha dado!

- ¡Ay, Xóchitl, es que estoy feliz!

Gabriel está bien, ¡Gabriel está vivo!

Xóchitl: Ay, 'ta bueno, hasta yo me alegro

que no lo hayan matado.

Camilo: Ajá.

Xóchitl: Pero mejor hágase la idea

de que se murió, para que así

se lo pueda sacar de la cabeza, niña.

- No puedo, Xóchitl, ahora más que nunca

tengo unas ganas de verlo y decirle lo que siento.

Es más, le voy a escribir una carta.

Xóchitl: ¡Ay, sí, sí, sí!

¿Y cómo le va a hacer para enviársela

si ni siquiera sabe dónde vive el embrujador ese?

- Pues no sé, no sé cuándo, cómo ni dónde,

pero mi corazón me dice que Gabriel y yo

nos vamos a volver a ver.

- Quiero saber quién fue el traidor

que le avisó a estos mugrosos.

¿Algunos de tus peones?

- No, patrón, toda esta gente son de fiar, hombre.

- ¿Estás seguro?

Nicanor: Sí.

Emilio: Hay que desconfiar de todo el mundo.

¿Quién más lo sabía?

- Pos, la familia de usted,

allegados de confianza y nadie más.

- ¿Nadie más?

- Ah, no, 'péreme tantito, patrón,

también lo sabía el señorito Leonardo Villegas.

- ¿Leonardo Villegas?

Nicanor: ¡Sí! Hoy en la tarde me lo encontré.

[♪♪♪]

Kamal: El cambio no ha sido fácil para Yasir,

desde que llegamos el más afectado ha sido él.

- Pero no quiero que se avergüence

de ser quien es.

Kamal: No, desde luego que no,

él tiene que estar orgulloso de su sangre.

- Ay, Kamal, este país

no le ha hecho bien a nuestro hijo.

- No, hay que darle tiempo no llevamos muchos años aquí.

- Si por lo menos estuvieran nuestros padres.

O nuestros hermanos.

Las cosas serían muy distintas.

- Tal vez esa sea la solución, amor.

- ¿Cuál?

[♪♪♪]

- Ca...

Camila, ¿qué haces ahí? ¿Que no te vas a acostar?

- Sí.

Emilio: Voy a tener que salir un momento.

Camila: ¿Adónde va tan tarde, don Emilio?

- A la hacienda Villegas, voy a...

¿Y esto?

¿Y esta carta para quién es?

[♪♪♪]

- ¿Para quién es esta cara, Camila?

- Es para usted, don Emilio.

- ¿Para mí?

- Sí.

"No sabes lo arrepentida que me siento

por haberte tratado tan bruscamente,

pero te juro que mi comportamiento no refleja

para nada lo que en realidad siente mi corazón".

- ¿Qué?

¿Por qué dices que me has tratado bruscamente, mi amor?

- Pues, porque siento que no...

he sido lo suficientemente cariñosa

como una esposa debe serlo, ¿no?

- No te preocupes, mi amor, no tengo nada que reprocharte.

Mañana, mañana la voy a leer con más calma.

Camila: No, no está terminada.

¿Por qué no me la da y, y con gusto

cuando la acabe se la entrego?

¿Sí?

- Está bien.

Buenas noches, mi amor, que descanses.

- Buenas noches.

[♪♪♪]

- Yo creo que antes de tomar una decisión

sí habría que separarlo de don Emilio.

- Don Emilio no es el problema, amor.

- Sí lo es.

Si él fuera una buena persona, yo no tendría ningún problema.

- Tesoro, ¿por qué tengo la impresión

de que sabes algo de don Emilio que yo no sé?

- Un día lo vamos a ver con los mismos ojos..

- Ya te advertí que voy a seguir adelante

con los negocios que me propuso.

- Kamal, tú ya eres un hombre, tú sabes lo que te conviene.

Yasir no, es un niño.

[♪♪♪]

Emilio: Buenas noches, Augusta.

- ¿Cómo estás, Emilio?

- Disculpa que haya venido a esta hora.

- Por favor.

Esta es tu casa y tú sabes que puedes venir

las veces que quieras.

- Gracias.

- Por favor, toma asiento.

Bueno, pues, Andrés nos comentó

que no pudieron atrapar a esos bandidos.

Emilio: Así es.

Augusta: Bueno, y aunque él tiene sus dudas,

a mí nadie me quita de la cabeza que detrás

de todo esto están estos desgraciados.

Estoy segura que ellos son los que tienen

secuestrado a mi nieto, a Leonardo.

- Pero, entonces, ¿tú nieto no apareció?

- No, si hubiera aparecido,

te lo habríamos dicho enseguida.

- Disculpa la indiscreción, Augusta,

¿el muchacho tuvo alguna razón para irse de aquí?

- No, por supuesto que no.

Aunque, pensándolo bien, él desapareció

justamente después de que tuvimos una discusión

sobre Los Plateados.

- ¿Ah, sí?

- Es que él tiene sus dudas de las motivaciones

que tienen estos hombres para actuar

de la manera que lo hacen.

No se da cuenta de que son unos bandidos,

unos cuatreros.

- Pero ¿tú crees que él sienta

algún tipo de admiración por ellos?

Augusta: No, no, para nada, no.

Leonardo es todavía un niño...

Bueno, lo que pasa es que se deja llevar

por lo que le dicen otras personas,

sobre todo su madre, que piensa que Los Plateados

no son tan malos como dicen.

[♪♪♪]

- ¿Por qué no vienes al fuego?

- He estado pensando en Juan.

Es muy arriesgado de su parte haberse ido, ¿verdad?

gabriel: Pues sí, pero no podemos

obligarlo a que se quede.

- Pues sí, claro.

- Ven.

- Gabriel...

¿Qué hacías antes cuando vivías fuera como cualquier persona?

- Estaba muy chico, apenas sí me acuerdo.

Llevábamos una vida normal, ayudaba a nuestros padres

en la hacienda y todas esas cosas.

- A veces pienso cómo sería la vida fuera de aquí.

- ¿Por qué dices eso?

¿A poco quieres dejar a la banda

y llevar una vida más tranquila?

Porque si es así, me lo tienes que decir.

[♪♪♪]

[Perros ladran]

[♪♪♪]

Emilio: ¡Vámonos, Nicanor, vámonos!

Nicanor: Entonces...

- ¿Sabes qué, Nicanor?

Nicanor: Dígame.

- Para mí está muy claro que leonardo es el traidor

que le avisó a estos infelices.

- Ah, caray, ¿usted cree, patroncito?

- ¿No te parece muy extraño que te hayas encontrado con él

justo antes de la emboscada?

¿Y que no esté en su casa?

- Pues, eso sí.

- Incluso él puede ser

el que anda con ellos.

¿Sabes qué?

De ahora en adelante va a ser tan importante

agarrar a esos mugrosos

como a Leonardo Villegas, ¿oíste?

Quiero ponerle precio a su cabeza.

[♪♪♪]

- Dile a la gente que si encuentran a Leonardo,

yo quiero ser el primero que hable con él, ¿oíste?

- 'Ta bueno, patrón.

- Si está involucrado con esos ladrones,

él y toda su familia la van a pagar muy caro.

Vámonos.

[♪♪♪]

- Gabriel, jamás se me ha pasado

por la cabeza separarme de ustedes.

- Y si fuera así, yo lo entendería,

a veces a mí me pasa algo parecido.

Yo estoy seguro de que a tus hermanos también.

- No me puedo imaginar cómo sería mi vida sin ustedes.

Los quiero mucho.

- Yo también.

[Gabriel suspira]

Ximena: Es que simplemente me da mucha pena

pensar en lo que le hicieron a nuestro papá.

Él era un hombre bueno, ¿verdad?

Gabriel: Sí.

- No se merecía que lo acusaran injustamente,

que lo fusilaran.

- Algún día se va a aclarar eso, te juro.

Ven, ven.

- Y el que se apodere del toro cuerno de oros

va a ser muy rico y va a tener una gran fortuna.

- No, pos, vamos por ese toro, ¿no?

- Ay, lo difícil es lacearlo, Tomás,

porque el mágico animal es muy habilidoso

y pone tretas pa'escabullirse.

- Pues, como nosotros, ¿verdad, Gabriel?

- Así es.

[Risas]

[Suspiro]

[Golpes en la puerta]

Leonardo: güerita.

- ¿Leonardo?

¡Leonardo!

¡Mamá! ¡Es Leonardo!

¡Vengan!

¡Leonardo!

¡Leonardo!

- Síganme.

[♪♪♪]

- ¿Y tú qué haces despierta a estas horas?

- Te estaba esperando. Te vi salir.

- ¿Y?

Luciana: Quiero saber dónde estabas.

[Risa]

- ¿Quieres saber dónde estaba

o quieres saber si estaba con Isabel?

- Mira, ¡no me provoques, Emilio!

Que ni te imaginas de lo que soy capaz, ¿eh?

- No estaba con Isabel.

Y te aseguro de que sí sé de lo que eres capaz,

ven para acá.

[♪♪♪]

[Golpes en la puerta]

¿Sí?

Andrés: soy yo, Andrés.

Abre, Emilio, necesitamos hablar.

[Golpes en la puerta]

- ¡Estoy segura de que era Leonardo, mamá!

¡Yo lo vi!

- Ya cálmate, hija, por favor.

- Estoy seguro de que era él.

Isabel: ¿Y si era un hombre que vino a abusar de ella?

¿Uno de Los Plateados?

- ¡Isabel! ¡Por favor!

- Ay, mamá, digo porque a mí, a mí me dijeron

que, que ellos abusan a las mujeres.

si entra uno de esos a mi cuarto, yo me muero...

- ¡Cállate!

Aurelio: Mira, tesoro mío, trata de descansar, ¿mh?

Todo esto ha sido muy difícil para toda la familia.

- Lo que no entiendo es por qué vino

por mi ventana y no entró a la casa.

- No hay nadie allá afuera, le pregunté a Dimas

y dice que no vio a nadie.

De todos modos, los policías se van a quedar

toda la noche para vigilar.

- Pero les juro que lo vi, ¡yo lo vi, era Leonardo!

- ¿Y si fue una aparición? ¿El alma del niño Leonardo?

- ¡Flor! ¡Por Dios! ¡No digas tonterías!

- Qué barbaridad, cuánta insensatez.

- Yo, yo me voy a quedar contigo a dormir.

Aurelio: Ajá. vamos.

- Bueno.

Ángeles: ¿Por qué no me creen? ¡Yo lo vi, mamá!

Te juro que lo vi.

- Cálmate.

- ¿Me puedes decir qué demonios haces en mi casa a estas horas?

- Emilio, te pido que controles tu ira

por una sola vez y que hablemos razonablemente

de lo que está sucediendo.

- Y yo te pido que dejemos esta conversación para mañana.

Andrés: No, no, tiene que ser ahora.

Mira, yo sé que es difícil para ti aceptar

que alguien más tome las riendas del asunto

y capture a Los Plateados, pero vas a tener que hacerlo.

- Andrés, ¿a ti no te ha quedado claro

que desde que esos miserables se llevaron a mi mujer

esto se convirtió en un asunto personal

entre ellos y yo, verdad?

Y ahora, perdóname, pero no estoy muy razonable.

Así que mejor platicamos esto mañana.

Andrés: Emilio, no obstruyas mi trabajo,

desarma a tus hombres inmediatamente,

te lo digo por última vez.

- No puedo ni quiero.

[Andrés ríe]

- ¿sabes que podría arrestarte ahorita mismo

por no dejarme hacer mi trabajo?

Emilio: ¡Haz lo que quieras!

¿Oíste?

Y ahora, lárgate de aquí, no te quiero seguir escuchando.

Tu hermanito está jugando con fuego, Luciana.

Luciana: Menos mal que tocó la puerta.

Bueno, ya me voy porque,

¿qué tal si se le ocurre entrar?

- ¿A dónde crees que vas?

Nosotros tenemos algo pendiente, ¿no?

¿Ah?

[♪♪♪]

[Gallo canta]

- Emilio gallardo debe estar furioso,

es que nos tenía en sus manos, Gabriel.

- Yo no sé por qué le perdonaste la vida

al catrín ese.

- Si matamos a alguien, Tomás,

solo le vamos a dar más argumentos

para que nos persigan.

- Pues sí, pero ahora nuestra suerte

está echada, hermano,

ahora toda la vida nos van a estar persiguiendo,

y no nada más Emilio,

ahora también el policía catrín ese.

- Ese catrín es el mismo que estaba en el...

en el asalto del tren, Gabriel.

- Así es.

Ahora más que nunca hay que usar

los senderos escondidos del bosque,

tenemos que andar con mucho cuidado.

- Pues sí.

Yo voy a darme una vuelta al río a ver si veo algo.

- Manuel, acompáñalo,

así te das un baño que mucha falta te hace.

[Risas]

- ¿Qué?

- Uy, Manuelito, un poco tiempo más

ni el caballo te va a aguantar.

- Entonces, ¿quién me acompaña?

- Yo, yo, Tomás.

Me hacen faltan hongos y, pues, pues hay en el río.

- No te vayas muy lejos, Tomás.

- Hongos...

[Ximena ríe]

[Golpes en la puerta]

Nicanor: Permiso, patrón.

- Sí.

- Patrón. Emilio: ¿eh?

- Ya llegó, el regalotote de su esposa.

- ¿Ya llegó? Nicanor: sí.

- Camila va a estar feliz.

- Gabriel.

- ¿Qué pasó?

¿No quieres que vaya al pueblo para escuchar lo que se dice?

- No, no creo que sea buena idea.

- Gabriel, pues yo he ido miles de veces al pueblo

disfrazado y nadie me ha reconocido,

además, así sabríamos quiénes y dónde nos están buscando.

- 'Ta bien, pero ve con mucho cuidado.

Manuel: no te preocupes, nadie me va a reconocer.

[♪♪♪]

¡Gabriel! ¡Alguien viene, Gabriel!

[♪♪♪]

Leonardo: ¡Soy yo! Soy yo, Juan. No disparen.

- ¿Qué haces aquí?

- Lo estuve pensando toda la noche

y he tomado una decisión:

Quiero ser parte de Los Plateados, Gabriel.

[♪♪♪]

- Un segundo, vato, ayer te ofrecí

que te quedaras, solo por tu seguridad,

pero nunca hablamos de que te unieras a la banda.

- Yo tampoco pensaba regresar, Gabriel,

esto no fue premeditado.

Gabriel: Pues, lo siento,

no voy a permitir que un desconocido

se una a nosotros.

- Estamos a mano,

también desconozco muchas cosas de ustedes,

y sin embargo, sé que son buenas personas.

- No te puedes quedar, es muy arriesgado para ti

y también para nosotros.

- Mi vida corre peligro, Gabriel.

Si regreso, soy hombre muerto.

Tomás: ¡Oh!

¡Oh!

Eva: Tomás, vente a bañar conmigo, ¿sí?

- Venimos a patrullar la zona,

no vinimos a divertirnos, eso le dijimos a Gabriel.

- Ay, Gabriel, Gabriel.

¿Por qué le tienes tanto miedo a tu hermano?

Tomás: ¿Miedo? ¿De dónde sacaste eso?

¿Por qué me lo dices?

- Porque no haces nada sin preguntarle.

- Mira, gabriel es mi hermano mayor,

además, es el jefe de la banda.

- Pues, opiniones.

Pa' mí, tú eres mucho mejor, Tomás.

- Gabriel es el que da las órdenes, ¿sí?

- Pues sí, pero yo sé que tú quieres ser el jefe.

¿Sabes por qué?

Porque te lo mereces.

Bueno, entonces, ya, vente a bañar conmigo, ¿no?

Ven.

[♪♪♪]

- Emilio Gallardo piensa que fui yo quien les advirtió

acerca de la emboscada y le puso precio a mi cabeza.

- ¿Tú conoces a Emilio Gallardo?

- Yo lo conozco muy superficialmente.

Como ya les dije,

vengo en viajes de negocios seguido.

- Pues si la cabeza del amigo tiene precio,

¿por qué no la entregamos, Gabriel?

Cobramos la plata, mal no nos haría, ¿eh?

- Yo pude haber hecho exactamente lo mismo,

sin embargo, no lo hice.

- Si te quedas o no, no es algo que te pueda responder ahorita.

Leonardo: Eso lo entiendo.

Déjame quedarme por lo menos algunos días,

en lo que pase el peligro.

- 'Ta bien.

Ximena, tráele ropa al vato pa' que se cambie.

- Sí, Gabriel.

Manuel: Pues, yo me voy al pueblo.

Gabriel: Ten cuidado, Manuel.

- No te preocupes.

- Yo ahorita regreso. Que no salga de aquí.

- Sí.

- Camila, hay que apurarnos,

le prometimos a Emilio estar listas

para la charreada.

Niñas.

- Yo no sé si tenga ganas de ir, mamá.

- ¿Por qué no, Camila?

Necesitas distraerte, todas necesitamos distraernos.

claro, en una de esas, tu hermanita conoce

a un muchacho guapo, un hacendado de por aquí.

[Risas]

Emilio: Buenos días, buenos días.

- Buenos días. - Buenos días.

- ¿Cómo amaneciste, mi amor?

- Bien.

Emilio: ¿Bien?

- Justamente le estaba diciendo a mi mamá

que no tengo muchas ganas de ir, don Emiliano.

- No, no, no, de ninguna manera, señora,

jamás me he perdido una charreada

y mi esposa no se va a quedar fuera de esto.

¿Terminaste?

- Eh, sí.

- ¿Sí? ven. Te tengo una sorpresa, ven.

Esperanza: ¿Una sorpresa?

¿Podemos ir todas a verla?

- No veo por qué no.

- ¡Claro, claro!

Ven.

[♪♪♪]

- Gracias.

Cómo estará de trastornada la niña que anoche

vio a Leonardo mirándola por la ventana.

Ay, Dios santo, a lo mejor fue una aparición.

¿No andará por ahí el niño penando?

- Eso fue lo que yo pensé, por eso es que me vine.

La única que puede decirnos si el niño está vivo o muerto

es la Josefa, por eso es que me traje su camisa.

Ya, pues, Josefa, habla de una vez.

- ¡A mí no me metan en sus cosas!

Flor: No te hagas la roñosa, si todas las mujeres

de tu familia son medias brujas.

- ¡Curanderas! ¡Que no brujas!

Flor: ¡Lo que sea!

pero tú eres la única que puede decirnos

qué fue lo que pasó con el joven leonardo.

Mujer: Ay, josefina, ándale, si sabes algo,

ten una poquita de compasión y dinos.

- 'Ta bueno.

- Ten.

- El joven Leonardo está vivo.

Flor: ¡Ah!

Ah.

Emilio: ¡Mira lo que te traje!

- ¿Un automóvil, Emilio?

Yo...

Es que, es que no sé ni qué decirle.

- ¡Pos, no digas nada!

Solo di que te encanta y dame un beso.

- No había visto uno, ni siquiera me he subido,

¡No sé ni cómo manejarlo, Emilio!

- Pos, no, pero yo sí.

Yo aprendí a manejar durante mi último viaje

a la Ciudad de México y me dije:

"Mi futura esposa se va a ver elegantísima en uno de estos".

¿Ah?

- Qué detallazo, Emilio, lástima que a Camila,

pues, no le impresionan este tipo de cosas.

- Ándale, mi amor, ¡súbete!

Súbete, vas a dar la primera vuelta, súbete.

- Mi amor, tu marido gastó una millonada

en ese regalo, no le hagas el desaire.

¡Ándale, ándale!

- Súbete.

- Sí.

Emilio: a ver, lu, hazte pa'cá.

Con cuidado, ¿eh?

Guárdate bien todo eso, guárdalo pa'llá.

Camila: Ay, Emilio.

Nicanor: 'Ta bien bonito.

- ¡Nada es comparado con lo que se merece mi vieja!

Vámonos, pues.

- ¡Un automóvil!

¡Nunca había visto uno!

- ¿Te gusta?

- ¿Puedo tocarlo, patrón?

- Pu's, órale, pues.

[Claxon]

[Risa]

Nicanor: ¡'Ta bueno, patrón!

¡'Ta bueno el chistecillo! Oiga, patrón.

Emilio: ¿Eh?

- ¿No quiere que le mande unos hombres

pa' que los vayan aco?

Puede ser peligroso.

Emilio: No hace falta, Nicanor.

- ¿Seguro?

Emilio: Seguro, para atender a mi vieja me basto yo solo.

Nicanor: Ándele, pues.

- Vete a hacer lo que te pedí. - Sí.

- Ay.

[Claxon]

[♪♪♪]

Tomás: No, hombre, y después

cuando le sirven a Gabriel su, su, su plato

se viene a echar para atrás el caballo,

entonce yo no pude hacer nada.

[Risa]

Oh.

- Buenos días, caballero.

- Buenos días.

Andrés: No quiero interrumpirlos

ni quitarles sus tiempo, pero me imagino

que están enterados de los cuatreros

que están atacando las haciendas de la región.

- Sí, señor.

- Por lo mismo, hay que andarse con mucho cuidado, ¿eh?

Yo estoy haciendo un censo de la zona.

¿Sería tan amable de decirme su nombre?

[♪♪♪]

[Risa]

- ¡Qué chulada!

¿No te parece una maravilla, mi amor?

- Yo creo que debería reducir la velocidad, Emilio.

- ¡No te preocupes!

- ¡Apenas sabe conducir!

- ¡No te preocupes, mi amor!

[♪♪♪]

- ¡Cuidado, cuidado!

Emilio: ¡Ahora sí te mueres, desgraciado!

- ¡No!

[♪♪♪]

♪ Nos quieren detener, ♪

♪ nos quieren aplastar ♪

♪ por defender tu amor, ♪

♪ por decir la verdad. ♪

♪ Con nuestra propia ley ♪

♪ quitamos para dar ♪

♪ un poco de esperanza, ♪

♪ y ante todo, dignidad. ♪

♪ Nadie nos detiene, ♪

♪ somos libertad. ♪

♪ Ángeles Plateados, ♪

♪ cazadores de la paz. ♪

♪ No queremos guerra, ♪

♪ pero hay que luchar ♪

♪ contra la injusticia ♪

♪ por amor a la verdad. ♪

CC: TELEMUNDO NETWORK CAPTIONING@TELEMUNDO.COM

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