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[♪♪♪]
♪ Me tomaste por asalto, me despojaste del dolor. ♪
♪ Este amor es un milagro. ♪
♪ Viviré por ti, moriré por ti. ♪
♪ Y nadie nos vio. ♪
♪ Lo prohibido sabe a gloria. ♪
♪ No existe juicio ni existe el perdón. ♪
♪ No me culpes por amarte. ♪
♪ Mejor enciérrame en tu prisión. ♪
♪ ¿Cómo te atreves a llamarme ladrón? ♪
♪ Ladrón de corazones. ♪
Si me vas a matar,
por lo menos déjame mirarte los ojos, ¿no?
Por lo visto, no eres tan infalible.
Si yo fuera narco, en este momento,
estarías agonizando.
¿Tú qué demonios estás haciendo aquí?
Aquí el que tiene que dar explicaciones eres tú.
¿Qué... estás haciendo?
Tenemos un plan.
Mi plan es llegarle a Benítez, ¿no?
Le estoy llegando a mi manera. Punto.
¿Sabes qué, Gustavo?
Ya estoy cansado de tu soberbia.
¿Me vas a matar? ¿A eso viniste, a matarme?
Adelante.
Esta es tu oportunidad, ¿no? Tu gran oportunidad.
Todo el mundo va a pensar que fueron los narcos, ¿no?
Adelante. Dispara, dispara.
Las ganas no me faltan, pero no voy a desperdiciar
una bala en un imbécil
que ya está muerto de todas maneras.
Lo que me estás diciendo
se me hace algo totalmente fuera de sentido,
y se me hace una tontería, una locura. Eso.
Siento mucho darte este golpe, Verónica,
pero, desgraciadamente, todo es cierto.
Tu mamá no es la mujer que tú crees.
Tu tío, mi hermano Felipe,
se suicidó por culpa de tu madre.
¿De qué demonios me estás hablando?
Verónica, nadie lo sabe.
Yo.
Yo me guardé este secreto durante muchos años, pero
pero ahora tú tienes derecho a saberlo.
Y ¿por qué no me habías dicho nada?
¿Por qué no me contaste nada?
¿Qué demonios pasó? Antonio: Verónica,
tu madre nos engañaba a los dos, a Felipe y a mí.
Tú estabas muy pequeñita cuando Teresa mantuvo
un romance secreto con mi hermano.
Él estaba loco por ella,
y quería que se divorciara de mí para escaparse juntos.
Pero... pero al final,
Teresa decidió quedarse conmigo.
Un día, mi hermano ya no quiso esperar más,
y le exigió que cumpliera su palabra.
Pero tu madre se descaró,
y le respondió que ella nunca viviría con él.
Mi hermano no pudo resistirlo, y
y se dio un tiro.
¿Y tú qué hiciste?
Tiempo después, cuando
cuando tú tenías cinco años,
tu madre comenzó a comportarse de una manera extraña,
a ponerse muy agresiva.
Rompía cosas, gritaba sin ninguna razón.
Su estado fue empeorando,
hasta que se convirtió en un peligro para ti.
Yo no entendía nada, princesa. Yo adoraba a tu madre.
Pero no tuve más remedio que internarla.
Y un día, en un cajón, descubrí una nota que Felipe,
mi hermano, le había escrito antes de suicidarse.
Ahí estaba todo lo que te he contado, hija.
Mi hermano y yo éramos muy unidos,
nunca hubo ningún tipo de rivalidad entre nosotros.
Por eso, cuando supe que tu madre
se había burlado de los dos, fue un golpe tan terrible.
Tan terrible que no pensé que iba a superarlo. Que...
Pero ahí estabas tú. Tan pequeñita, tan indefensa.
Tu inocencia se convirtió en mi fortaleza.
A partir de ese momento,
decidí que tú ibas a ser
el único motivo de mi existencia.
[♪♪♪]
Ya, aquí está, Chepe.
¿Qué estabas haciendo en el sótano del casino?
Menos mal que mandé a Esteban a que te vigilara,
si no, en este momento estarías muerto,
y tú lo sabes.
¿Te acuerdas de nuestro trato, Chepe?
Te dije que solo te rendía cuentas a ti, a nadie más, ¿eh?
Sí, pero el maldito problema
es que ni siquiera a mí me estás rindiendo cuentas.
Estás haciendo lo que se te da la gana.
A ver, por ejemplo.
¿De dónde sacaste el dinero que perdiste en el casino?
Saca a este tipo de aquí primero.
Chepe: No, no, no, no lo voy a sacar.
Somos un equipo, es parte del equipo.
Si no nos tenemos confianza, nada nos va a salir bien.
¿Por qué no me dejas trabajar a mi manera, Chepe?
Te prometo resultados. Confía en mí.
Yo sé que te sientes seguro,
pero déjame comunicarte que los narcos
se están reorganizando,
están matando a su propia gente.
Es cuestión de horas para que neutralicen
toda la información que tú tengas y que los pueda afectar.
Cuando eso suceda, van a ir tras de ti,
y no voy a poder protegerte.
Así que es mejor que me des esa información.
No sé de qué me estás hablando, Chepe.
Ah, qué no. Qué necio eres.
Dame esa información.
Si no, vas a acabar solo enfrentándote a ellos.
¿Qué quieres decir?
Que, si sigues haciendo las cosas
como se te da la gana,
igual me sirves afuera que adentro.
Y, si te saco, ya no te voy a poder proteger,
y no vas a durar ni media hora vivo.
Así que tú decides.
[♪♪♪]
Yo sabía que esto te iba a hacer pedazos,
pero no me parecía justo seguir ocultándote este secreto.
¿Cómo fue que pasó todo esto?
- ¿Por qué pasó todo esto? - No sé. No sé.
Para mí, tu madre fue durante años la mujer ideal.
Nunca me imaginé que su amor por mí
no era más que un engaño.
Espérame tantito.
Cuando yo la fui a ver por última vez,
me dijo que Felipe había tenido una niña.
¿Dónde está esa niña? O ¿a quién se refiere mi mamá?
Pues, no sé, no tengo idea, Vero.
Tu madre tiene revueltas las ideas,
nadie sabe lo que pasa por su mente.
¿En dónde está la carta de Felipe?
- ¿Por qué? - Porque quiero verla.
- Antonio: ¿Qué caso tiene, mija? - Por favor.
Pero... Froylán: Don Antonio.
Te dije que no quería interrupciones.
Perdóneme, es la señora Refugio.
Eh... Se trata de la señora Teresa.
Parece que es algo urgente.
¿Qué pasa?
Antonio, Teresa acaba de sufrir otra crisis.
Está recordando muchísimas cosas.
Hasta a mí me reconoció.
¿Está despierta?
Aranguren no quería darle más sedantes,
pero, pues, lo convencí.
Antonio: Está bien.
- Luego te llamo. - ¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
Antonio: Tu madre. Verónica: ¿Qué tiene?
Tuvo una crisis muy fuerte.
[♪♪♪]
¿Cuántas veces hemos hablado de esto, eh?
Para mí, es algo personal.
«Personal».
Parece que no te das cuenta
contra quién te estás enfrentando.
Claro que lo sé, lo sé perfectamente.
Me estoy enfrentando a todo el sistema.
A políticos corruptos, a policías corruptos.
Es más, ya no puedo confiar en nadie,
ni siquiera en ustedes, ¿eh?
Tú solo no lo vas a lograr. Es más, tú solo
muerto, no le vas a servir a tu familia.
O se hacen las cosas a mi manera,
o no se hace nada.
No, señor, aquí el jefe soy yo.
- O te cuadras, o te vas. - Pues ¿sabes qué? Me voy.
Me voy, porque no voy a recibir ni órdenes tuyas
ni cómo ni cuándo debo hacer las cosas, ¿eh? Permiso.
[♪♪♪]
- Refugio: No puedes pasar. - Déjame en paz.
Dame permiso, por favor.
¿Qué no entiendes que tu presencia
la enferma más? Le hace daño verte.
Yo lo que no entiendo, francamente,
es por qué todo se le avisa primero a esta mujer,
antes de avisarle a mi padre
qué es lo que está sucediendo con mi mamá.
- Lo siento, señorita. - Sí la llamé, pero no se...
- No. ¿Cómo está? - Dígame cómo está.
Tuvo una crisis nerviosa.
Pero, considerando su cuadro clínico,
no me sorprende.
Quiero verla, por favor.
- Es imposible, corazón. - A ti nadie te está hablando.
No es conveniente que reciba visitas, señorita.
Doctor, déjenos pasar, por favor.
Estoy seguro de que a mi mujer le va a hacer mucho bien
recibir a su hija, por favor.
- Con permiso. - ¿Sí? Gracias.
[♪♪♪]
¿Cómo estás?
Shhh, shhh, shhh, todo está bien.
¿Me puedes dejar a solas con ella un momento, por favor?
Sí, claro, mijita, lo que tú digas.
No le guardes rencor a tu madre.
Perdónala, como yo.
+[♪♪♪]
Verónica: Shhh, calma, calma, mamá.
Refugio: ¿Te volviste loco tú también, Antonio, o qué?
¿Por qué?
¿Cómo se te ocurre traer a Verónica aquí al hospital?
Teresa está recordando cosas, y la puede escuchar.
¿Y qué tiene?
Después del secreto que le acabo de revelar
a Verónica, me importa un pito que Teresa recuerde lo que sea.
Verónica ya sabe que mi hermano Felipe
murió por culpa de Teresa.
¿Qué? Antonio: Se lo conté
con algunas variaciones.
No le dije que yo fui el que lo mató.
Voy a necesitar que busques correspondencia de Felipe, ¿eh?
Necesitamos falsificar su letra.
Toma...
[♪♪♪]
Hubiera preferido no enterarme de nada.
Hubiera preferido
quedarme con el recuerdo que tenía de ti.
Con el calor de tus brazos cuando me cargabas,
con tu dulzura.
Ay, Dios mío, hubiera preferido nada más acordarme
de la canción que me cantabas antes de dormir.
[Sollozo]
Mamá, me dolió mucho, mucho lo que le hiciste a mi papá.
Si tan solo me pudieras hablar,
si me pudieras explicar por qué lo hiciste todo.
O...
¿acaso, cuando sucedió todo esto,
tú ya estabas enferma y no sabías lo que hacías?
Eso pudo ser verdad, mamá.
Mamá, ¿verdad que pasó eso?
No importa.
Shhh. No importa.
Hayas hecho lo que hayas hecho,
yo no te voy a abandonar nunca, porque eres mi madre.
Felipe.
Lo amabas, ¿verdad, mamá?
Tu padre...
Mi papá ya te perdonó, mamá, mi papá ya te perdonó.
[Quejidos]
Ya. Shhh, shhh. Shhh, shhh.
Ya.
[♪♪♪]
♪ Ladrón de corazones. ♪
Oye, mi amor, me da mucho gusto
que te estés llevando mejor con tu papá, de veras.
- Ajá. - Ajá.
Ya me dijo también que piensa regalarte un coche.
Sí. Pero, pues, lo dices...
No sé, como si no te diera gusto.
¿Cómo me va a dar gusto, Tony?
Después de lo que pasó con mi coche,
¿cómo me va a dar gusto?
Oye, bueno, este, por cierto, estuve platicando con Anselmo,
y pues, dice que sería muy buena idea que platicaras
con el psicólogo que, que ve a sus muchachos.
- ¿Qué? ¿Para qué, o qué? - María: Pues, no sé, mi amor.
Para platicar, para que te resuelva
alguna duda que tengas o...
¿Mi papá que dice de eso, mamá?
Mi amor, ya sabes cómo piensa tu papá.
Tu papá dice que tú así estás perfecto,
que no tienes ningún problema,
- y que... - Bueno, pues, yo pienso
igual que mi papá. Así estoy perfecto
y no tengo ningún problema.
Sí, mi amor, pero a mí me gustaría que tú...
Tony: Mamá, ¿sabes qué?
Ya tengo sueño, y mañana me tengo que levantar
a las 7:00 de la mañana para ir a la escuela.
Así que, que descanses.
[♪♪♪]
Mateo: Ya sabes, ¿no?
Si se van acabando, ya sabes, ¿no?
- ¿Qué onda, Mateo? - Sírveme un tequilita, por favor.
Claro.
Oye, sírveles.
El Tarta me trajo tu laptop.
Me dijo que le pediste que me la dieras.
Sí, gracias.
Oye, ¿qué te pasa, eh?
Nada, estoy cansado.
Mateo: No, a ti te pasa algo.
Cuéntame.
[Suspiro]
Sí, sí me pasa algo.
¿Dónde está el tequilita?
A ver. Estoy preocupado, Mateo.
Todo el mundo tiene razón,
yo no sé si pueda solo contra ellos. Es como
es como una avalancha.
Es como si se me viniera todo encima.
Si no me invento algo, pues, van a acabar con nosotros, ¿eh?
Necesito que estés con ellas,
con mi abuela y con mi mamá todo el día, por favor.
Quiero que las cuides.
Si yo no estoy, te quedas a dormir en mi casa.
Quiero que las acompañes cada segundo.
Y también necesito conseguir a alguien que cuide a Susan.
¿Te acuerdas de Susan? Mi amiga, la de San Diego.
La que me está ayudando a decodificar los archivos.
- ¿Qué...? - Estoy preocupado por ella.
¿Ellos saben que existe?
No, pues, no, espero que no en este momento,
pero puede pasar que...
Mejor dicho, está... está en peligro también.
Despreocúpate, yo me encargo.
Y voy a mandar a alguien para que la cuide día y noche.
- Que sea el mejor, ¿eh? - Por la lana ni te preocupes.
Ay, Mateo, Mateo, nunca me había sentido
tan indefenso en toda mi vida.
Y tan solo.
Tú no estás solo, muchacho, me tienes a mí.
¿Eh? ¿Sabes qué?
Vamos a ir a ver a un conocido.
Es algo arriesgado, pero vale la pena.
Y ¿para qué?
Esta persona puede saber
algo sobre la muerte de Domingo.
[♪♪♪]
Antonio: A ver, Ramiro, ¿cuál es la prisa por verme?
¿Eh?
Hay excelentes noticias.
Las liquidaciones ya fueron cumplidas satisfactoriamente.
- Antonio: ¿Ah, sí? - Y sin ningún contratiempo.
Y mira esto.
Mira nada más qué reina, qué hembra.
Se llama Susan Estévez. Vive en San Diego.
¿Y esta, quién es?
Es la mujer con la que Gustavo Velasco
se comunica vía internet en los Estados Unidos.
Y adivina qué.
Es otra genio de la computación. ¿Te suena?
Son dos más dos, 'mano.
Susan Estévez es el contacto de Gustavo en San Diego.
Ella es quien tiene la información que buscamos,
Antonio.
[♪♪♪]
Tenemos que reconocer
que no tenemos nada consistente,
solo un montón de pistas
que no nos llevan a ningún lado.
El único que tiene algo sólido es Gustavo Velasco.
Que eso es lo mismo a no tener nada.
Insisto, Esteban, no tenemos otra cosa.
Tenemos que darle un voto de confianza a Gustavo Velasco,
no nos queda de otra.
Y, entonces, ahora tenemos que rogarle
a ese imbécil para que regrese. No la friegues, Chepe.
Hay algo que no les he dicho.
Me informaron que alguien de arriba me va a presionar
para que suelte la información que tenemos de los operativos.
No me extrañaría que quieran desmantelar esta brigada.
Eso quiere decir que estamos cerca de algo importante,
no sabemos qué.
La única manera de saberlo es colaborar con Gustavo.
Bueno, de todas maneras, tenemos también a Verónica
en el operativo para vigilar a Gustavo, ¿no?
¿Y qué pasa con la información que nos iba a conseguir?
Nada. Y se me hace raro, porque, con su experiencia,
es para que ya tuviera resultados, ¿no?
¿Qué estás insinuando, Marcela?
Nada, que a Verónica le gusta,
está enamorada de Gustavo, es evidente.
Y si yo fuera tú, Chepe,
también desconfiaría de ella, ¿no?
[♪♪♪]
Gustavo: Hola, mi amor. ¿Cómo estás?
¿Qué, cómo te fue? ¿Qué te dijo, o qué? ¿Qué pasó?
¿Eh?
Estoy bien.
- ¿A quién quieres engañar? - ¿Mmm? ¿Cómo te fue? Dime.
Que... Bueno, pues, mi mamá tuvo otra crisis.
Pero de eso no quiero hablar.
Si no quieres hablar, te entiendo perfectamente.
Pero quiero que sepas que cualquier cosa
que te pase me importa, me importa muchísimo, ¿eh?
¿Qué te pasa, eh?
Dime. Puedes confiar en mí. Yo te amo.
¿Qué es el amor, si no existe la confianza?
Ven, ven, ven.
[♪♪♪]
♪ Ladrón de corazones. ♪
Si alguien de arriba quiere acabar con la brigada,
es porque solo están esperando a que cometamos un error.
¿Y sabes quién lo va a cometer? Gustavo Velasco.
Yo no entiendo cómo Chepe no se da cuenta de eso.
Yo insisto, esa es la desconfianza
que le deberíamos tener a Verónica.
Mira, Marcela.
Se me hace muy poco ético de tu parte
que estés ventilando tus dudas
enfrente de toda la brigada, ¿eh?
Además, Verónica ni siquiera está enamorada
de ese tipo, por Dios.
¿No? A ver, entonces, dime una cosa.
¿Dónde están los resultados de las investigaciones
que se le ordenaron?
Por favor, una agente de la talla de Verónica
no se enreda buscando unos disquetes,
entrando a un sistema de computadora, por favor.
Además, en cuanto a la ética, lo único que estoy haciendo
es proteger nuestro trabajo, proteger a la brigada.
La que no tiene ética es Verónica.
Ya, Esteban, date cuenta, ella ya no te quiere.
Mira, si te humillaras menos,
te darías cuenta de que ella tiene que pagar
por lo que te hizo con Gustavo.
Mira, ya no seas idiota, por favor, Marcela.
¿Cómo...? ¿Qué no te da vergüenza hablarme así?
- Soy tu superior. - Mira.
Si a ti no te da vergüenza decir que Verónica
no está enamorada de Gustavo...
Además, ¿sabes qué?
Estoy segura de que vamos a continuar esta conversación,
tarde o temprano,
cuando te hartes de recibir los desplantes de Verónica.
Te espero en el coche. Vamos para mi casa, ¿no?
[♪♪♪♪]
Me cuesta mucho trabajo hablar de esto.
El saber que...
Pues, que, por culpa de mi mamá,
mi tío Felipe se suicidó, y
y que traicionó a mi papá con su propio hermano.
Me frustra. Me...
Me siento defraudada.
Pero tampoco puedo dejar de quererla.
No puedo dejar de entenderla.
Porque tú sabes lo que es estar 20 años de tu vida
enclaustrado en un hospital psiquiátrico.
Lucha todos los días contra sus fantasmas,
con... contra sus culpas.
- Lo siento, lo siento mucho. - Pero perdónala, perdónala.
No te llenes de malos sentimientos,
como lo hice yo con mi papá. No lo hagas.
¿Cómo te sientes? ¿Mmm?
Yo sé que te sientes mal, tranquila.
Gracias por escucharme.
Gustavo: ¿Gracias de qué, gracias de qué?
Si lo único que quiero es estar contigo toda mi vida.
Quiero escucharte, quiero amarte. Quiero
adorarte por el resto de mi vida.
Ya.
- ¿Cómo te sientes? - Bien.
Lo que pasa es que no estoy acostumbrada
a hablar de mis cosas, siempre me lo callo todo.
¿Por qué?
Porque siento que, cuando platico lo que siento,
me vuelvo vulnerable, y no me gusta nada.
O tal vez no has encontrado a la persona
que le puedas abrir tu corazón, ¿no?
Tal vez.
¿Confías en mí?
Sí.
Yo también confío en ti, mucho.
Y sé que jamás nos mentiríamos, jamás.
Por eso tienes mi vida, mi corazón, mi ser,
lo tienes en tus manos.
Y te amo, te amo, te amo con toda mi alma.
Te amo. Te amo.
Te amo. Te amo. Te amo.
Te amo con todo mi corazón. Te amo.
[♪♪♪]
¿Quieres una cerveza?
Ya se te olvidaron mis condiciones
para estar juntos, ¿verdad?
¿De qué me estás hablando?
De que traes un letrero aquí que dice «Verónica».
Ay, Marcela.
Esteban, ella nos está traicionando
o está a punto de hacerlo, no me cabe duda.
Lo que pasa es que estás
estás ciego. Estás herido, estás humillado.
Y no te quieres dar cuenta que ella
va a terminar haciéndonos daño a todos,
por culpa de un delincuente advenedizo.
Pero no te preocupes, yo voy a terminar haciendo
que veas las cosas de otra forma.
[♪♪♪]
¿A quiénes tenemos en San Diego, Froylán, hmm?
San Diego. Arévalo y Castro, señor.
Si quiere, les echo una llamadita
para que investiguen a esta mujer.
No, no creo que sea necesario investigar nada.
Más bien hay que actuar, y ya.
Pues, ¿qué hay que decirles?
Vamos a hacerle como nosotros sabemos, Froylán. ¿Hmm?
Yo prefiero que alguien de mi absoluta confianza
sea el que tome cartas en el asunto
y seduzca a esta muchacha,
y que le saque toda la información.
Y sabes en quién estoy pensando, ¿verdad?
¿Hmm?
¿Conoces a Negua?
No, todavía no.
Pues, te va a encantar tu misión.
A poco no es tu tipo.
Sí, muy mi tipo.
Pues, entonces, manos a la obra,
mi querido Froylán.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
No tarda en llegar alguien que te va a cuidar, Susy,
pero no debemos confiarnos. ¿Por qué...?
¿Por qué no pides un traslado de sucursal?
Te puedes ir a Nueva York o te puedes ir a París, ¿no?
Mira, pues, vamos a ver. No creo que sea fácil.
De todas maneras, voy a intentarlo.
Pero estos cambios toman tiempo, okay?
Gustavo: Inténtalo, por favor.
Si esta gente se da cuenta que tú me estás ayudando
a decodificar los archivos, vas a estar en peligro.
Susan: Te estás volviendo paranoico, mi amor.
No, no es paranoico.
Vete a vivir con tus hermanos, por un tiempo.
Hazlo por mí, así me siento más tranquilo.
Susan: ¿Y por qué no mejor me vienes a cuidar tú, eh?
Estoy hablando en serio, Susy.
Mira, tómate unas vacaciones, vete, múdate de casa. Ahí está.
Bueno, para la próxima, vas a pedir que me haga
cirugía plástica y me cambie el nombre, ¿no?
Por favor.
Susan: Bueno, ya, lo voy a pensar,
y luego te mando un mail y te digo qué pasó, okay?
Okay.
Susan: Oye, ¿recibiste los archivos que te mandé?
Sí, aquí los tengo.
Bueno, entonces, ya no tengo nada más de ti,
así que me voy, porque tengo una cena.
Este, después nos comunicamos.
- Bueno, bye. - Bye.
[Suspiro]
[♪♪♪]
♪ Ladrón de corazones. ♪
[♪♪♪]
Gustavo: «Mi amor, estoy aquí a tu lado viéndote dormir,
y lo único que puedo desear en este momento
es meterme en tus sueños, acompañarte y protegerte.
Han sido difíciles estos momentos, sí, lo sé,
porque son muchas cosas las que nos angustian.
Pero, mientras estemos juntos, no habrá nada,
por terrible que sea, que no podamos enfrentar.
Voy a salir toda la mañana, y cuando regrese, nos vemos.
Nunca lo olvides, te amo».
[♪♪♪]
Gordito, necesito que me ayudes
- a tomar una decisión. - Ajá.
Para la boda. ¿El negro o el beige?
Mateo: Pues, los dos están bonitos.
Ay, típico, típico comentario masculino.
¿Por qué, por qué los hombres
no pueden dar una opinión coherente sobre
sobre la ropa femenina? Me podrías decir:
«Mi amor, con el beige te ves cachondísima»,
o «Con el negro te ves buenísima», o algo.
Está bien. Con el negro se te ve un cuerpazazo.
Ay, no es cierto, no es cierto.
- Sí. - Parezco salchichón
con este vestido. Se me hace una loca de espanto. No.
Me voy a comprar uno nuevo en Ámsterdam, ¿qué te parece?
Pues, si tú quieres.
- Estoy emocionadísima. - Ámsterdam, imagínate.
Qué maravilla. Dinero.
Oye, ¿y por qué no aprovechas
y te das una vuelta de una vez por Europa, eh?
Siempre has querido conocer Italia, París.
¿Y a qué hora, papacito?
Si tengo que regresar
y arreglar los, los trámites para la boda.
Ah, pero si todavía no hemos fijado la fecha,
no hay prisa. Mira, aprovecha.
Te paseas, y te quedas por allá, no sé,
tres semanas, un mes.
¿Y si me rapta un amsterdamés? ¿Eh?
¿No será que tú quieres deshacerte de mí?
¿Eh? A mí se me hace que, mira, ya te está dando
- miedo la boda, ¿eh? - No, no es eso.
Es que, si ya vas a estar allá...
- Ay, no, chiquitito, no. - Esa boda no la retraso
por nada del mundo, ¿eh?
No creas que va a ser tan fácil librarse de mí, no.
Déjame, déjame concentrarme,
porque con eso de que no me vas a llevar al aeropuerto
y tengo que tomar un taxi yo sola y mi alma,
me da miedo llegar tarde, ¿eh?
Pobrecita.
[Risa]
Ay, Dios mío, esto no cabe.
[♪♪♪]
¿Se te ofrece algo más?
Vaya sustito que nos puso ayer la loca de tu exmujer, ¿no?
Todavía es mi esposa, Refugio.
Ay, tú también.
¿Cómo se te ocurre llegar con Verónica a la clínica?
¿Qué estabas pensando?
Por si te interesa saber, ya autoricé a Aranguren
para que le aumente la dosis de droga a Teresa.
Al principio, se opuso con el cuento ese
de que no lo va a soportar.
Pero lo convencí con muy buenos argumentos.
[Suspiro]
Fíjate que una de las buenas cosas
que pasan en esta casa desde que no está tu hija,
es que yo puedo andar como más cómoda.
¿No te importa, verdad?
Que yo ande medio desnuda por toda la casa, ¿o sí?
¿Hmm?
[♪♪♪]
[Tocan a la puerta]
No. Que se esperen, síguele.
Es Froylán, tiene algo para mí.
Aquí están los datos que faltaban, señor.
Antonio: Muy bien.
Y le traje el auto de su hijo.
Perfecto. Voy por mi saco, y nos vamos.
Cómo no.
¿Qué? ¿Se te perdió algo?
[♪♪♪]
Ten mucho cuidado cuando llegues allá, ¿eh?
Dicen que el aeropuerto es enorme.
- No te vayas a perder, ¿eh? - Bueno, ¿cómo me voy a perder?
Ya sé que me veo muy joven,
pero no soy una niña, hermanita.
- ¿Llevas todo? - Sí.
Tú vas a estar bien, ¿verdad?
Sí. Ay, burra, si nada más te vas unos días.
Bueno, pero hace mucho tiempo que no nos separamos.
Y está muy reciente lo de tu secuestro, Celia,
eso me preocupa.
Estoy bien, estoy bien, Nenena.
- ¿Segura? - Ajá.
Yo te he visto rara estos días, ¿eh?
Un poco triste.
¿Hace cuánto tiempo que no te ríes?
Desde que esos desgraciados te secuestraron.
¿Qué te pasa, Celia?
Nelena, tengo que decirte algo.
¿Algo de qué?
Eh... Nenena: ¿Qué pasa, Celia?
- Mira, ya llegó el taxi. - Segura llevas todo, ¿verdad?
- Sí, sí. - Muy bien. ¿Qué tal?
- Eh, esto es todo. Gracias. - Sí, esta maleta nada más.
Gracias. ¿Qué te pasa, estás enferma? ¿Tienes algo, Celia?
Dímelo. Yo suspendo mi viaje, te lo juro.
No, no. ¿Cómo crees, Nenena? No.
Bueno, entonces, ¿qué me querías decir?
Solamente que... que te voy a extrañar mucho.
Ay, tonta. Celia: Cuídate.
Y yo a ti. No vayas a estar triste,
porque te voy a traer un güero enorme, guapísimo.
- Vas a ver. - Conste, ¿eh?
[Risas]
Nenena: Al aeropuerto, por favor.
- Te quiero mucho. - Yo también.
[♪♪♪]
♪ Ladrón de corazones. ♪
Buenas.
No se puede pasar, es propiedad privada.
Mateo: Ah. Mire.
Dígale a don Goyo que lo busca Mateo Cárdenas.
Él me conoce, por favor. Gracias.
Hombre: Don Goyo, lo busca Mateo Cárdenas.
Que pase.
Gracias.
[♪♪♪]
¿Quiénes son ustedes?
Ya le expliqué al señor que soy Mateo Cárdenas,
amigo de don Goyo.
Venimos a hablar con él. Él me conoce.
¿Le pueden decir que estamos aquí, por favor?
[♪♪♪]
Estamos desarmados, hombre.
¡Oye, espérate! ¡No, no, déjalo!
¡Deja al muchacho...! ¡Déjalo! ¡Somos amigos de don Goyo!
¡Ya está bien! Ya está bien.
Tranquilos.
Disculpen el recibimiento,
pero ya deben saber que estamos en crisis,
y no puedo permitirme ningún riesgo.
Además, tenía que tener la seguridad
de que eras tú, Mateo. Ven a mis brazos, manito.
[Risa]
Muchachos, este hombre me salvó la vida en la cárcel,
así que a portarse bien con mis invitados.
Tú dirás en qué te puedo servir.
Pues, aquí el muchacho que necesita hablar contigo.
[♪♪♪]
Hola, ¿qué tal? ¿No, no, no está Gustavo?
- No. - ¿No?
Ah, órale. Gracias.
[♪♪♪]
Hola. Oye, perdón,
este, ¿no me podrán prestar su baño?
- Sí, claro. Adelante. - No, no me tardo nada, ¿eh?
- Hombre: No, no, pase. - Gracias.
Gracias.
[♪♪♪]
[Timbre de teléfono]
¿Qué pasó?
Soy yo, Esteban. ¿Dónde estás?
Sí, ya estoy aquí en la oficina.
Esteban: ¿Y qué hay ahí? ¿Qué encontraste?
Tengo aquí su computadora. Espera tantito.
No puedo entrar, porque me pide un password.
No puedo revisar los archivos, Esteban.
Sácala de ahí, Verónica,
Marcela puede romper el candado aquí en la van.
Verónica: Dame oportunidad de hacer algo aquí, ¿no?
Obedece, por favor, no tenemos mucho tiempo.
Esteban...
[Voces se acercan]
- Hola. - ¿Qué hubo?
- Verónica: ¿Cómo estás, Tarta? - Bien, bien. ¿Y tú?
Órale. Bien, gracias. Mira, ando buscando a Gustavo.
Bueno, quería saber si tú tenías la hora aproximada
- en que va a regresar. - No, se fue con Mateo.
- Pero, no. ¿Tú sabes a qué hora? - No, no.
- No, ¿eh? - No, pues, qué mala onda.
Oye, pero, bueno.
Le quería dar la sorpresa de llevarlo a comer,
pero, bueno. Pues, ahí le dices que lo vine a buscar, ¿no?
Simón. Sí. Le decimos.
- Verónica: Bueno, gracias. - Órale, sí. Está bien.
- Nos vemos, mi Tarta. - Hasta luego. Perdón, ¿eh?
- Tarta: No, no. - Gracias.
[Suspiro]
[♪♪♪]
Con que tú eres el famoso Gustavo Velasco.
He oído hablar de ti y de tu padre.
Con que tú eres el que trae loco al cartel.
Al que nadie puede tocar, porque terminamos
en la primera plana
de todos los periódicos del mundo.
Pero si eres un muchacho.
Hay algo que decir en tu favor, ¿eh?
Qué agallas las tuyas.
¿Y qué buscas conmigo?
Quiero saber quién mató a mi papá, don Goyo.
Mira, muchacho.
Antes que todo, te voy a dar un consejo.
Debido a lo que hiciste,
toda la gente del negocio se está moviendo muy rápido.
Así que, es muy posible que, dentro de poco,
termines con moscas en la boca.
Yo no voy a apretar el gatillo contra ti.
Te salva que eres amigo de Mateo.
Pero hay otros que sí van a ir a cortarte
personalmente la cabeza.
La gente que manda.
¿Quiénes son?
¿Sabes qué es lo peor?
Que no te puedo decir que te metas en más problemas.
Porque no existen en todo el condenado mundo
más problemas de los que ya te buscaste.
Sinceramente, no hay un centavo por tu pellejo.
Te compraste todos los boletos de esta rifa, Gustavo.
Lárgate, antes de que me olvide mi amistad con Mateo.
Está bien, don Goyo. Si quiere que me vaya, me voy.
Pero me voy con un nombre.
Igual, si me van a matar, pues, me lo quiero llevar a mi tumba.
Eso es todo. Entiéndame.
Ay, qué muchacho este, me cae.
¿Quién fue?
Un policía.
Un alto jefe de la policía.
[♪♪♪]
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