All language subtitles for Journey into the Desert (2023) cast

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Original subtitles

¿Sí?

¿Cuándo vas a volver a Europa?

¿A finales de febrero o principios de marzo?

¿Quieres que vaya a verte?

¿Querrías que fuera a verte?

Muy feo de tu parte que te sigas riendo.

"Habían asesinado a mujeres.

A algunas pobres mujeres.

Yo quería evitar más asesinatos,

y me di cuenta de que todas ellas callaban,

como temerosas de algo.

Después, estaba con un grupo de gente.

Vimos a tres perros corriendo hacia donde nos encontrábamos,

pero solo dos de ellos eran veloces,

nos alcanzaron pronto. El tercero era...

una especie de bulldog.

Y en ese momento se me ocurrió...

que tal vez no había sido una persona

la responsable de la matanza, sino ese perro".

¿Y ese perro tenía nombre?

Max.

VIAJE HACIA EL DESIERTO

-Buenos días. -Hola, buenos días.

Vengo a reunirme con el señor Max Frisch.

Por supuesto. Enseguida le aviso, espere aquí.

¿Ingeborg Bachmann?

Le agradezco que haya venido.

Max Frisch.

Desde que escuché "El buen Dios de Manhattan",

supe que tenía que conocerle.

Incluso lo escuché dos veces.

La primera en casa y luego otra vez en la emisora de Hamburgo.

Me fascinó de inmediato.

Era una voz novedosa.

La voz de una mujer.

"¿No dicen que no siempre son culpables los asesinos,

sino a veces también las propias víctimas?".

Se trata de un viejo proverbio albanés.

Y recuerdo que otro proverbio decía:

"Todos tenían tendencia a diluir sus límites naturales

para luego descubrir que no tienen nada a lo que aferrarse en el mundo".

Los hombres desconocen a las mujeres.

Por eso es importante que se representen a sí mismas.

¿Significa tanto para usted?

Disculpe.

Mis amigos le han reconocido al instante.

Les habría encantado sentarse aquí con nosotros

para expresarle su admiración.

Me ha costado horrores impedírselo.

Gracias.

Parece ser una auténtica estrella en Alemania.

Sí. Lo soy.

¿Vive usted con un niño?

No.

¿Y no querría tener uno?

No.

Parece que sabe muy poco sobre mí.

Me sorprende bastante,

teniendo en cuenta los rumores que circulan por ahí.

¿Y eso le ofende?

Al contrario.

Es maravilloso conocer a un hombre que no quiere nada de mí.

Sus figurantes ya deben estar esperándole.

Que esperen.

Recuerde que me invitó a su estreno.

Pero prefiero estar aquí con usted.

Pensaba que te iba bien en Berlín.

Es porque viniste a visitarme.

Pero después volvieron la ansiedad y los ataques.

También tenía pensado escribirte que no podría viajar contigo.

Y al final escribiste:

"Hagamos todo lo posible

para que sea inolvidable”.

-Bienvenidos. Salam. -Salam.

-Este es el mío. -Gracias.

Y el suyo.

-Shukra. -¿Cuánto tiempo se hospedarán aquí?

Unas dos semanas.

¿Necesita algo más?

-¿Adónde se va mañana? -Vuelvo a Alemania.

A Múnich.

Yo me iré a Zúrich.

Vivo allí.

Lo sé.

Vaya, ¿y qué más sabe de mí?

Que querría ser liberado.

¿Liberado?

De sus límites naturales.

Sí, tiene razón.

Porque tengo miedo de petrificarme.

¿Conoce El puente Mirabeau, de Apollinaire?

Bajo el puente Mirabeau fluye el Sena.

Y nuestros amores...

¿Debo hacer memoria...

amena? -Sí.

-La dicha... -La dicha...

-...siempre llega... -...siempre llega...

...tras la pena.

Llega la noche, suena su hora.

Pasan los días por mi demora.

Quédese.

Se lo estoy rogando. Quédese.

Fuma demasiado.

Todos lo hacemos.

En mis historias,

los hombres ven siempre a las mujeres como seres "puros".

¿Por lo que deben ser destruidas?

Al contrario, se destruyen a sí mismas.

Los hombres intentan protegerlas.

¿Y cree que lo consiguen?

Otra, por favor.

Perdone.

-Gracias. -De nada.

¡Dios mío!

¡Dios mío!

¡Dios mío!

Deja que se quede

un poco más

mi amado.

Un día.

Dos días.

Ocho días.

¿Por qué crees que cité precisamente a Apollinaire en nuestra primera noche?

El siguiente poema se llama La chanson du mal aimé.

"La canción del mal amado".

Porque estabas en París.

Puede que acabaras de cruzar un puente.

Tendría que haberme arrojado al Sena.

Hola.

-Hola. -¿Cómo está?

-Bien. ¿Y tú? -Bien.

-¿Cómo te llamas? -Yad.

Yad.

-Yad, ven aquí. -Encantada de conocerte.

He notado varias veces que los niños se sienten atraídos por ti.

Hay una foto mía

en la que salgo con mi padre y mi hermano cuando era un bebé.

Y en ella sostengo a mi hermano en brazos como si fuera su madre.

¿Cuántos años tenías?

Catorce.

¿Y cuántos años tiene él ahora?

Es algo más joven que tú.

Cuando te conocí, me recordaste a él.

¿Así que este viaje fue gracias a él?

Vayamos a dar un paseo.

El desierto brilla cuando hay luna llena.

Prefiero quedarme aquí.

¿Sí?

Soy Max Frisch.

Max Frisch. ¿Se acuerda de mí?

Sí.

En París, dijo que a veces venía a Zúrich para sus lecturas.

Ya, pero yo...

Yo ya no escribo poesía.

Pero sería fantástico que viniera.

Aunque ya no escriba.

Pienso en usted todos los días.

¿Sí?

Sí, por desgracia.

Tengo que volver al trabajo.

Los editores esperan el manuscrito.

Hágalos esperar. Ya voy.

¿Sí?

Soy Max Frisch.

Qué bien que me haya llamado.

Ya he comprado mi billete de tren.

Estaré allí mañana a las 14:00.

¿Vendrá a recogerme?

Dijo que iba a venir hoy, Ingeborg.

Le he estado esperando en la estación.

Cielos, ¿de verdad?

Me habré equivocado de día.

Sí, eso me temo.

¿Cancelo el viaje, pues?

Aun puedo cambiar el billete.

No. Tiene que venir.

De lo contrario, no podré escribir.

Estaré con usted mañana.

Muchos de nuestros oyentes son adictos a su poesía

y no dejan de preguntarnos por qué no quiere escribir más.

No tengo nada en contra de los poemas.

Pero deben entender

que es posible estar en contra de todos sus aspectos.

En contra de cada metáfora,

de cada sonido,

de esa compulsión por dejar que las palabras se junten.

De esa sucesión absolutamente fortuita de palabras e imágenes.

Te dan ganas de sofocarlo,

con el fin de que puedas revalorar de qué se trata,

lo que es

y lo que debería ser.

¿Significa eso que algún día podría volver a escribir poesía?

Todavía sé muy poco sobre poesía,

pero sé que siempre debo sospechar.

Sospechar de mí misma,

sospechar de las palabras,

sospechar del lenguaje.

Profundizar en esa sospecha

para que algún día...

tal vez pueda manifestarse algo nuevo.

Qué organizado.

¿Nunca escribe a mano?

No. Tan solo mi diario.

Pues yo escribo mucho a mano,

pero a menudo no consigo entender mi propia letra.

Vamos, hoy no hablemos de literatura.

¿Y de qué deberíamos hablar?

De su sonrisa.

Es realmente hermosa.

-¿Te gusta leer? -Sí.

¿Sí?

-¿Y qué estás leyendo? -Pues...

El mago de Villa Fiorita.

Qué bien.

Muy bien. Me gusta mucho.

Los compartimentos

nueve, siete, cinco

-olvidados por Michele. -Olvidados por Michele.

¡Pero si es la princesa! ¡Qué maravilla!

Pasa.

Maestro, una sorpresa.

¡Tachán!

¡Gracias a Dios, bambina!

Te mandé varios telegramas. Desapareciste de la faz de la tierra.

Te he echado de menos.

-Y yo a ti. -Es imposible vivir sin ti.

Te has enamorado.

No me enamoro tan rápido como tú.

Pero lo veo en tus ojos.

Dime.

¿Quién es?

No le conoces.

-¿Y qué quiere de ti? -Casarse conmigo.

Pues pienso retarle a un duelo.

¿Quién es?

Un escritor suizo.

Su obra se está representando en París.

¡Maldito filisteo!

No, no, te lo ruego.

No es un hombre para ti.

Quiere que me vaya a vivir con él a Zúrich.

No lo voy a permitir.

Si algún día te casas, será conmigo.

Olvidemos el tema.

Pero primero trabajemos.

Ya he terminado el primer acto.

Espero que no entorpezca tu trabajo, querida.

Apuesto a que es uno de esos que no soporta

que su mujer salga de la cocina.

Lo estás prejuzgando.

La música debió escribirse hace ya un tiempo,

pero no puedo hacerlo sin ti

y me estás ignorando por ese aspirante a don juan.

Pues ya me tienes aquí.

Sí, y voy a encerrarte en una habitación

para que no vuelvas a escapar de mí.

Natalia,

mi niña,

mi novia.

Tú querías que se llamara "Natalia", pero siento que no termina de encajar.

Ahora probaré con "Nathalie".

Nathalie,

mi niña.

-Ya. -Queda mejor así, ¿verdad?

Sí, es verdad.

En el tema de Homburg,

los metales tocan en si bemol mayor,

y las cuerdas en menor al mismo tiempo.

Lo que genera disonancia.

He dejado el final tal y como tú querías.

Los soldados y las damas de la corte apoyan a Homburg,

pero el Elector se mantiene firme e impasible.

Llévenlo a Fehrbellin.

Al cuartel general.

Y entonces llegamos al acorde final.

Esta noche celebramos el regreso de la principessa.

¡Por la principessa!

-Y por tu última obra también. -Nuestra obra.

¿Y cómo repartís el trabajo entre vosotros?

Esta no es nuestra primera colaboración.

Ya he musicalizado algunos de sus poemas.

Pero esta vez se trata de un desafío especial.

Para los dos.

-¿Fue usted quien escogió a Kleist? -Fue una decisión conjunta.

-¿Y por qué Homburg en particular? -Tiene que ver con nuestra biografía.

Pero la idea original fue de Lucchino Visconti.

¿Es consciente de que los nazis se apropiaron de Homburg?

Sí. Ese fue el motivo por el que la escogimos.

Ha reestructurado el texto de una forma fantástica y novedosa.

Ha reducido considerablemente el tema bélico

y reforzado la historia de amor.

En esta obra, no sé si se han percatado,

pero no aparece ni un solo villano.

Ni ningún personaje que muestre bajeza moral.

Un soñador que se vuelve dueño de sí mismo.

El príncipe es el primer protagonista moderno.

Sin destino alguno.

Solo en un mundo vulnerable.

Y nos identificamos con él.

Ya has cautivado a otro hombre esta noche.

Deja que el otro se pudra en Suiza y quédate conmigo.

Y prométeme que nunca volverás a ser infeliz.

Tú, mi adorable sonámbula.

La imagen es de Grete Stern.

Se titula "¿Quién soy?".

Estudió en la Bauhaus de Dessau.

En 1933, tuvo que huir de Alemania.

Primero se fue a Londres y después a Buenos Aires.

Allí se publicó un libro con 46 de sus fotomontajes.

Se llama Sueños.

¿Azúcar?

¿Te imaginas viviendo conmigo?

Sí, puedo imaginármelo.

¿Te vendrías a vivir conmigo a Zúrich?

Sé que me harías infeliz,

pero pienso correr ese riesgo.

¿Y el riesgo de que yo sea infeliz contigo?

Tú nunca serías infeliz conmigo.

Nunca.

"Y la luz del día se volvía más tenue,

como un velo transparente ante al vasto vacío,

pero el sol seguía brillando.

Y del mismo color que las dunas del desierto,

bañada por los últimos rayos de sol,

una luna sobredimensionada surgió de un crepúsculo violeta sin bruma.

Condujimos nuestro jeep a máxima velocidad,

manteniendo en todo momento la solemne conciencia

de que nuestros ojos eran los únicos en el mundo

que podían contemplarlo.

Sin ellos,

sin nuestros mortales ojos humanos

viajando por el desierto,

no habría sol,

solo una gran suma de energía ciega.

Sin ellos, no habría luna.

Sin ellos, no habría tierra.

Ni tampoco habría mundo

ni conciencia de la creación.

Estábamos repletos, o eso recuerdo,

de una solemne exuberancia.

Poco después, reventó la rueda trasera.

Nunca olvidaré el desierto".

Nunca he estado en el desierto.

Yo puedo enseñártelo.

Quiero que me entierres en la arena.

Me gustaría...

que me enterraras como a una momia.

Quiero sentir lo que se siente al ser una momia.

RECEPCIÓN

Buenos días.

Quisiera ver a la señora Bachmann.

Apartamento 12, primera planta.

¿Sí?

Adolf Opel. Usted me invitó.

Puede tomar asiento.

¿Le apetece un té? ¿O no le gusta el té?

Me parece perfecto. Gracias, señora.

Por Dios, no me llame "señora".

Me suena fatal.

Gracias, pero no fumo, señora.

En Viena me han dicho que usted está colaborando con la Fundación Ford

y que es la única poetisa seria de toda Alemania.

Sí, lo soy.

Pero yo no puedo ser la única razón por la que ha venido aquí desde Viena.

No, verá, estoy investigando para hacer una película.

Ah.

-¿También escribe? -Sí.

Soy dramaturgo.

¿Y qué le está pareciendo Berlín?

En Berlín son tan grises todos los días...

No se puede dormir aquí, ni tampoco levantarse.

No, no me gusta nada Berlín.

-¿Y Viena? -Tampoco.

¿Hay alguna ciudad en la que se sienta como en casa?

Roma.

Antes de la catástrofe que me arruinó.

Me han expulsado de esa ciudad.

Me han expulsado.

Aún sigo aquí.

Ah.

¿Te ves con ganas de volver mañana a la misma hora?

Claro.

-¿Y cuánto tiempo estarás en Berlín? -Solo unos días.

La semana que viene iré a Praga.

¿Ah, sí?

Pues allí acaban de traducir mis textos al checo, ¿sabes?

Sí, lo sé.

También habrá una lectura.

¿En serio?

-No tenía ni idea. -Ya.

Allí estaré.

Muchas gracias.

Después partiré a Egipto

y al desierto.

Al desierto...

¿Conoces la película Lawrence de Arabia?

-¿Con Omar Sharif? -Sí.

¿Y si vienes conmigo al desierto, Ingeborg?

Es una pregunta absurda, lo siento.

Iré contigo.

¿De verdad irías al desierto conmigo?

¿Por qué te sorprende?

Ven aquí. Siéntate otra vez conmigo.

-¿Tienes fuego? -No, no tengo.

Perdóname.

Lo siento mucho.

Pensaba que me moría.

Y aquí llega el suyo.

¿Todavía no preparan el expreso?

Verá, es que aquí la gente nunca nos lo pide. Lo siento, señora.

-Si al menos fuese un capuchino... -Ya. Bueno, lamento que no le guste.

No, déjelo.

Tendré que acostumbrarme.

Tendré que acostumbrarme a muchas cosas.

Sí, eso me temo.

Va a tener que hacerlo, señora.

-¿Ha terminado ya? -Sí, claro.

¿Mi buena chica ha fregado los platos?

Podrías hacerlo tú también.

¿Y eso por qué?

Porque te has levantado antes que yo.

-Pero tengo que aprovechar la mañana. -¿Te crees que yo no trabajo?

Cualquiera lo diría desde que te mudaste aquí.

¡Sí, porque tu Kalashnikov me está haciendo perder la cabeza!

Aún no existen máquinas de escribir silenciosas.

Esta tarde voy a casa de un amigo.

Dejaré que mi chica trabaje en paz.

No puede hacerlo cuando tú quieras.

Nuestra principessa está un poco molesta.

¿Qué puedo hacer yo para levantarle el ánimo?

¿Debería desvanecerme en el aire?

Sí. Me ha sentado genial.

Gracias.

¿Has trabajado a gusto?

Me ha costado encontrar las palabras adecuadas.

Vaya, me cuesta creerlo.

Porque tú no eres tan exigente.

¿Qué quieres decir con eso?

Eres más despreocupado.

¿Y tú lo eres menos?

Sí.

Pues no lo parecía mientras hablabas por teléfono.

¿Te importaría leerme tu texto?

¿No tienes calor?

Este condenado calor me está matando.

Yo lo encuentro maravilloso.

Este peligro...

Creo que mejorará mi salud.

¿Ah, sí? Yo me estoy quemando la cara.

¿Por eso querías venir conmigo?

¿Para olvidar?

Caí enferma tras la separación.

Eso fue lo que me dijeron.

Por eso me sorprendió tanto que me pidieras que fuera a verte.

Tal vez intuí que podías ser mi salvador.

Ahora es más probable que tú me salves.

A veces amo la miseria.

Como si fuera una distinción,

y yo una mártir

que se acerca a Dios mediante ella.

Y ni siquiera creo en Dios.

¿Ni tampoco El buen Dios de Manhattan?

No hay necesidad de meterlo en esto.

"Cuando en mi obra radiofónica El buen Dios de Manhattan

todas las cuestiones se reducen al amor entre el hombre y la mujer

y lo que significa y cómo procede

y lo poco o mucho que puede llegar ser para ambos,

uno podría pensar

que se trata de un caso límite.

Sin embargo, en todos los casos,

hasta en el más cotidiano del amor,

hay un caso límite

que podemos detectar tras un examen más detenido.

Y que quizás deberíamos esforzarnos en detectar.

Porque en todo lo que hacemos, pensamos y sentimos,

a veces preferiríamos llegar a los extremos.

Se despierta en nosotros el deseo de sobrepasar los límites

que se han establecido.

En la interacción entre lo imposible y lo posible,

logramos ampliar nuestras posibilidades.

Quién, sino aquellos de entre ustedes que han sufrido una grave desgracia,

podría atestiguar mejor

que nuestra fuerza llega más lejos que nuestra desgracia,

que cualquiera privado de mucho es capaz de levantarse,

que existe la posibilidad de vivir en la desilusión,

sin decepciones.

Creo que al ser humano le está permitido una especie de orgullo:

el orgullo de aquel

que no está dispuesto a rendirse en la oscuridad del mundo

y que nunca se detiene".

Señor Frisch.

Nos sentimos honrados por su presencia en esta ceremonia de entrega.

No sabíamos que iba a venir, le habríamos presentado al público.

¿Y cómo lo habría hecho?

Habría mencionado su nombre.

-Todos aquí le conocen. -¿Aunque no escriba obras radiofónicas?

Me encantaría. Cuente con ello.

Me temo que debo coger el tren. Ha sido un placer, señora Bachmann.

-Encantada. Buen viaje. -Igualmente.

-¿Quién era ese joven? -Un redactor de Radiodifusión Bávara.

¿Y por qué no me lo has presentado?

Solo quería fijar una fecha para que yo fuera a Múnich.

¿No era uno de tus amantes?

Tengo que presentar mi obra en Múnich

y él quiere hacerme una entrevista más extensa.

-No le bastará con la entrevista. -Max, ¡para ya!

-Aquí está. -Gracias, señora Bachmann.

-Fantástica. Ha estado fantástica. -Son muy amables.

Enhorabuena.

Gracias por ese discurso tan encantador.

Y su voz, señora Bachmann, su hermosa voz...

Tu discurso ha sido conmovedor.

¿Lo has escuchado siquiera?

Por supuesto.

Estabas tomando notitas todo el tiempo.

Se me ocurrió una idea para una nueva novela.

¿Protagonizada por personas ciegas?

No, solo aparece un ciego, aunque no es realmente ciego, ¿sabes?

Tan solo finge que es ciego.

¿Y por qué?

Para descubrir la verdad.

¿Sobre sí mismo o sobre los demás?

Lo has dicho en tu discurso de hoy:

"La verdad está al alcance del ser humano".

Entonces sí que me has escuchado.

Escribiré un libro que contenga

lo que define mi vida.

Gracias.

Es que no hablo vuestro idioma.

¿"Inti"?

-Me llamo Ingeborg. -Ingeborg.

Escribo.

¿Te han gustado?

Me gustan los jovencitos.

A mí también.

Oye, siempre he querido acostarme con varios hombres.

Todavía no se lo he dicho a nadie.

¿Podrías estar con una mujer?

No.

Solo con hombres.

Y solo jóvenes y guapos.

Inge, ¡ya estoy en casa!

Hola.

¿Quién te ha mandado las flores?

Las trajeron ayer, pero no tenían nombre.

Dime quién.

Pensé que tal vez me las regalaste tú.

No, no son mías.

¿De quién son?

No lo sé.

Estás mintiendo.

¿Quién es?

Dime de quién son las flores.

Nadie manda rosas sin pedirte algo a cambio.

Las he comprado para ti.

Solo quería hacerte feliz.

Y algo más.

¿No notas nada?

Me lo he comprado creyendo que te gustaría.

Va, no cambies de tema.

Cuéntame la verdad.

En vez de flores, podrías haberme preparado una buena cena.

Asalam. Asalam.

Creo que cogeré este pañuelo.

Me encantaría montar en camello.

No es nada difícil de montar,

pero es fácil caerse de él cuando se levanta.

Aun así me gustaría probarlo.

¿Seguro que no te mareas?

Ya me he recuperado.

-Dime, ¿qué te parece? -Increíble.

¿Sabes qué? Ojalá pudiera unirme a la caravana.

¿Como Lady Jane Ellenborough?

Sí.

Lo único que falta es el jeque adecuado.

¿Y qué tal Omar Sharif como tu jeque?

De ensueño.

Nunca pensé que un dedo pudiera armar tanto escándalo.

-Tenemos que hablar. -Ahora no.

Sí, ahora.

He estado pensando en ello toda la noche. Apenas he dormido.

Lamento oír eso, pero te ruego que me dejes trabajar.

¿Puedes dejar de teclear?

Quiero que nos mudemos juntos a Roma.

Ya no soporto estar aquí.

Lo que significa que ya no me soportas.

No es eso, es Zúrich.

Mi máquina de escribir será igual de ruidosa en Roma.

Ya, pero al menos es mi ciudad.

Y la gente de allí es mucho más amigable.

Podría ir cuanto antes y buscarme un piso.

Puede que en mi antiguo barrio, en Via Giulia.

¿Qué es lo que he hecho mal, cariño?

No eres tú.

Soy yo quién ha hecho algo mal.

Y no he caído en ello.

¿Ah, sí? Cuéntame.

-No puedo escribir. -¿Y eso es culpa mía?

Sí, tal vez.

¿Por qué no te buscas un estudio aquí mismo, en Zúrich?

Así no te molestarán.

Y yo no tendré que sentirme culpable.

Tengo un amigo que alquila habitaciones.

Me ocuparé de ello mañana.

Y te sacarás el carné y yo te regalaré un coche.

¿Ya he satisfecho a mi señora?

¿Ves lo bonita que puede ser Suiza?

Jamás podría irme de aquí.

Es como el principio del mundo.

Empezarlo todo de nuevo...

Eso estaría bien.

"No hay nada más hermoso bajo el sol que estar bajo el mismo sol".

¿Así que conoces mis poemas?

Conozco todos tus poemas.

"Más bello que la extraordinaria luna y su noble luz,

más bello que las estrellas, los famosas medallas de la noche,

mucho más bello que la ardiente irrupción de un cometa,

y con una misión más bella que cualquier otro cuerpo celeste,

puesto que de él depende tu vida y la mía.

Así es el sol".

¡Sea bienvenida, señora Bachmann!

¿Tiene una cita con el maestro Ungaretti?

-Sí. -Por aquí, señora.

-Está sentado justo ahí. -Ah, gracias.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

Es un gran placer volver a verla, señora.

Bienvenida de nuevo a la ciudad eterna.

Gracias a usted por venir, maestro.

Todavía tengo algunas preguntas respecto a la traducción.

-Quedo a su entera disposición. -Gracias.

Todos mis amigos alemanes

me dicen

que su traducción de mis obras poéticas es excelente.

Me está haciendo un gran regalo.

Y ahora no sé cómo agradecérselo.

Soy yo quien debe agradecerle su plena confianza en mí.

La confianza es absoluta.

Es una auténtica pena que no entienda ni una sola palabra de alemán.

Me gustaría tanto dar a conocer sus poemas en Italia.

-Gracias. -Solo quien tiene el don de la poesía

puede traducir a un poeta.

Sí.

Roma no responde.

Cuatro años en el extranjero...

y ahora decide volver.

¿Qué tiene Roma?

¿Qué significa Roma para usted?

Bueno, tal vez pueda explicarlo con una imagen.

Se dice que Bernini

dio a las columnatas de San Pedro

el contorno de dos grandes brazos

que abrazan a la humanidad.

En otras ciudades de Europa o América,

resulta fácil aislarse.

Lo fascinante de esta ciudad,

al menos desde mi punto de vista,

es que puede hacerte sentir como en casa espiritualmente.

Es uno de los últimos lugares

que te acoge con los brazos abiertos.

Disculpe.

Todavía no ha terminado la entrevista.

Pero enseguida estoy contigo.

Roma es una ciudad abierta,

como sus columnatas.

Ejerce un cierto poder

a través de las imágenes entrelazadas de tiempos pasados.

Puede que ahí radique el mensaje,

el mensaje de una ciudad que también es utópica.

El efecto de Roma surge no solo de lo que existe,

sino también de las posibilidades

contenidas en su existencia de múltiples capas.

Bueno, adiós.

-Gracias de nuevo, señora. -A usted.

¿Por qué no me has llamado?

Lo he hecho.

Durante días.

Y la respuesta siempre era: "Roma no responde.

Roma no responde".

Pensé que te había pasado algo grave.

¡Qué podría haberme pasado!

Al fin estoy de vuelta en mi ciudad.

Ah, debe ser Ungaretti.

Buenos días, maestro.

Qué bueno saber de usted.

¿A cenar? Claro, me encantaría.

Perfecto, hasta mañana.

¿Te ayudo con algo?

De ninguna de las maneras.

Se supone que es una sorpresa.

Ben arrivato.

Roma te va a encantar.

¡Maldición!

Es un movimiento muy astuto.

Me lo enseñó mi padre.

Cásate conmigo.

Tu padre estaría encantado.

Mírame.

Cásate conmigo.

Pero rechazaste su propuesta de matrimonio.

¿Por qué?

El matrimonio es una institución incompatible con una mujer que trabaja,

piensa y actúa de forma libre.

¿Y lo comprendió?

Debió haberse alegrado al oírlo.

Él ya había estado casado una vez

y había roto con ella.

Por miedo a petrificarse, como lo llamaba él.

¿Tú compartes ese miedo?

Siempre he sabido que estoy en contra de casarse.

Incluso de niña lo tenía claro.

Cualquier relación legalizada.

Lo que no significa que las relaciones no legalizadas

nunca terminen de manera terrible y trágica.

He pensado mucho sobre el fascismo

y su origen.

Y su origen está en las relaciones entre personas.

El fascismo es lo primero que aflora

en la relación entre un hombre y una mujer.

Siempre hay guerra en esta sociedad.

Qué guapo estás.

Siento que voy disfrazado.

-Le falta una corbata elegante. -Desde luego, señora Bachmann.

Creo que esta podría encajar. ¿Qué le parece?

-¿Sí? ¿Probamos? -Sí.

Qué elegancia.

Es un hombre excepcional, ¿verdad que sí, señora?

-Tiene razón. -¿Se la pone usted?

-Sí. -Adelante.

-Me estás convirtiendo en un dandi. -Te queda de maravilla, cielo.

Iré a cambiarme de ropa.

No, déjatela puesta.

Iremos a nuestra cafetería

y te integrarás en ella a la perfección.

Permítame, señora.

Listo.

Impresionante. Qué hombre más guapo.

-Buenas tardes, señora Bachmann. -Buenas tardes.

Me alegro de volver a verla.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

Hola.

-Buenas tardes. -No sabía que estuviera en Roma.

Tenía una lectura en el Instituto Goethe.

Qué lástima. Me hubiera gustado ir.

No tenía ni idea de que había vuelto. De haberlo sabido, le habría invitado.

¿Cuánto tiempo estará en Roma?

Mañana tengo que regresar a Berlín.

No voy a molestarle más.

-Nos vemos pronto. -Sí.

Era un miembro del Grupo 47.

Tú nunca quieres acompañarme.

¿Como si fuera tu apéndice? No, gracias.

¿Les traigo dos vasos de whisky, como de costumbre?

-Sí. -Con mucho gusto.

Pareces un verdadero italiano con ese traje.

No, si al final voy a acabar bailando.

Sí. Sí, es una idea estupenda.

¿Por qué no bailamos?

¿Para que todo el mundo te admire?

Dime, ¿no es cierto

que actúas como una estrellita?

Aquí tienen, dos vasos de whisky.

Que lo disfruten. ¡Salud!

¡Maldita sea!

¡Menuda mierda, joder!

Creo que todos en todas las relaciones hablan sin entenderse.

Estamos básicamente solos,

con nuestros pensamientos y nuestros sentimientos intraducibles.

Yo era su objeto de estudio.

Te dije que Max era un monstruo.

¿Crees que ya lo tenía en mente desde el principio?

¿Todas esas declaraciones de amor para apaciguarme?

Nunca había conocido a una mujer como tú.

Lo desviaste de su rumbo.

Necesita realidad,

necesita una presa.

Tú eres su presa.

-Tienes que salvarte. -No puedo hacer eso.

Y después trabajar continuamente y con disciplina.

Solo quiero que se dé cuenta de su maldad.

Pero nunca lo hará.

-¿Y por qué no? -Porque eres un misterio para él.

Y tal vez piensa que puede comprenderte a través de la escritura.

Ingeborg, no encuentro mi diario.

Porque lo he quemado.

¿Que has hecho qué?

He quemado tu diario.

No tienes derecho a escribir sobre mí.

Pero eres parte de mi vida.

Todo escritor vive del lenguaje,

no de la vida de otras personas,

y menos aún de la vida de su propia mujer.

Ah, ¿y acaso yo no aparezco en ninguna de tus historietas?

Escribo sobre hombres, pero son metáforas,

imágenes especulares de mí misma.

Porque vives una mentira.

Mientras que yo sí confío en la verdad.

-Teníamos un pacto. -¿Qué pacto?

Un pacto que no tiene nada que ver con la fidelidad amorosa.

Un pacto que gira en torno a la confianza.

Y tú la has traicionado, Max.

Es una traición a esa confianza, a los secretos, a la confidencia.

Traición...

Eso son palabras mayores viniendo de ti, con todos tus secretos.

Cállate, solo existe el secreto entre dos personas que se unen.

Ese es el pacto.

Yo no te utilizaría nunca

para mi trabajo.

Sabías desde el principio que éramos diferentes.

Pero no sabía que eras un vampiro.

¿Qué insinúas?

-¿Que te chupo hasta dejarte seca? -Sí, me estás dejando seca.

Y también me exhibes en un escaparate, como si fuera una prostituta.

Como una prostituta que se pone en un escaparate.

No sigas, ¡no sigas!

" Ese día llegará,

pero no habrá nadie tocando un gong para anunciarlo.

No, ese día no llegará, ya estaba ahí,

contenido en todos los días de este año

al que ha sobrevivido con dificultad y por necesidad.

Está vivamente preocupado por el futuro,

pensando en el trabajo y deseando

poder salir muy pronto por la puerta de abajo,

lejos de los desafortunados, los enfermos y los moribundos.

En verdad te digo:

'Levantate y camina.

Ninguno de tus huesos está roto'".

¿Por qué ya no escribe más poemas?

Verá, decidí dejar de escribir poesía

cuando tuve la sospecha

de que ya podía escribir poesía.

Entonces un ganador del Premio Nobel

tampoco debería escribir más prosa,

porque considera que el premio es una prueba de la capacidad del escritor.

Y Max Frisch debería dejar de escribir obras teatrales.

Sí, tiene usted razón.

Sería una auténtica lástima que dejara de hacerlo.

Sí, Londres.

No, en avión.

No, todavía no sé cuándo volveré.

Sí, claro.

Sí. Tú también.

Gracias. Sí.

Adiós. Adiós.

¿Por qué no puedes decir que vamos juntos a Londres?

Porque no es asunto de nadie.

Me enorgullece que me acompañes a mi estreno.

Y me enorgullece que nos vean a los dos juntos.

Y a mí me enorgullece que la gente valore tu trabajo.

¿Por qué tienes que convertirlo todo en un secreto?

Para que sigas sintiendo curiosidad por mí.

Ya he estado aquí, ¿sabe? Varias veces.

¿En serio? Pues esta es mi primera vez, a decir verdad.

-Y lo estoy disfrutando mucho. ¿Y usted? -Ah, también.

-Esperad aquí. -Alan wa salan.

Ingeborg.

Te he traído algo de compañía.

¡Al fin me he vengado!

De todos esos hombres burgueses por los que me he sacrificado.

-Hola. -Hola.

Me alegro de que hayan venido.

Gracias.

-Son para usted. -Muchas gracias por la invitación.

-Tenga. -Muy amable. Gracias.

Bien, ya solo nos falta el anfitrión.

¿Max?

Los invitados te están esperando.

Ten.

-Bien, ¿por qué brindamos? -¡Por esta ciudad de singular belleza!

-¡Por Roma! -Sí.

-Chinchín. -Chinchín.

¿Así que el escenario es el lugar absoluto?

Ah, habla de mi artículo.

El FAZ me había pedido

que escribiera algo sobre mis intenciones artísticas,

pero supongo que el título era un poco ambicioso.

Después de todo,

solo he escrito tres obras cortas y puesto en escena dos de ellas.

Los autores alemanes de posguerra

no han producido nada sustancial hasta ahora.

Mentira. ¿Y El hombre de afuera?

Su actitud sentimental de sufrimiento es insoportable, ¿verdad?

¡Vaya, mira quién fue a hablar!

Tengamos la cena en paz.

¿Por qué no nos cuentan cómo se sienten aquí, en Roma?

¿Qué tal está en Villa Massimo? ¿Es tan estricta?

Bastante estricta. Terrible.

Como estar en un convento.

Las mujeres solo pueden entrar hasta las diez de la noche.

¿Y dónde se hospeda?

Pues en una pequeña pensión en una calle lateral de Via di Ripetta.

Al menos puedo trabajar sin que me molesten,

lo que está genial.

-Y por eso paseo por mi cuenta. -Vamos...

Nuestro Max es un excelente cicerone.

Podría enseñarle la ciudad.

Como es arquitecto, ve la ciudad con otros ojos.

Mientras que mi Ingeborg puede mostrarle todos los secretos y rincones ocultos.

Es una experta en cuanto a secretismo se refiere.

Pues podrías enseñarles Ostia Antica.

A Ingeborg le encanta estar sola en casa.

-Así puede trabajar en paz. -Yo la entiendo.

Por eso estoy tan a gusto en Villa Massimo.

No hay ruido y, sin embargo, estás en pleno centro.

Y si te apetece ir un sitio abarrotado de gente,

al lado está la Piazza del Popolo.

-Sí. -Sí.

Ahí se encuentra el Bolognese. Solía ser mi restaurante favorito.

Demasiado chic para una pobre servidora.

Puedo invitarla si quiere.

Gracias.

-Gracias, me disculpan. -Ha sido conmovedor.

-Gracias. -Muy inspirador.

Hola. Qué adorable sorpresa.

¿Cómo van las clases de italiano?

-¿Están dando resultado? -Desde luego.

Aunque todavía no soy capaz de leer a Ungaretti.

Ya, mis traducciones se publicarán muy pronto.

Le regalaré un ejemplar.

¿Ha traducido también a Montale?

No. Ungaretti ha sido una excepción. La editorial me pidió que lo hiciera.

-¿Sería tan amable? -Espere.

Max Frisch me ha pedido que venga a Roma a visitarle.

Creo que se siente muy solo sin usted.

Eso es porque todavía no ha aprendido nada de italiano.

Y hay muy pocos italianos que hablen alemán.

-El sol tampoco brilla siempre. -No. Roma puede ser muy fría.

-Por favor, fírmeme un autógrafo. -Claro.

-Me ha encantado la lectura. -Vuelva a Roma, Marlene.

-Hágalo. Así me sentiré menos culpable. -Vale.

Enhorabuena por la lectura.

Un autógrafo, por favor, señora Bachmann.

-¿Me lo puede firmar? -Gracias.

Empujaste literalmente a esa joven a sus brazos.

Estaba segura de que su amor por mí era más fuerte.

Era...

una locura pensar que dos escritores pudieran soportar estar juntos.

Fue una apuesta.

Podría haber funcionado.

¿Estás tan bien como yo?

¿Qué quieres decir?

Que ya estás en casa,

en los verdes prados que nunca quisiste dejar.

Yo tampoco quise dejarte nunca.

¿Y ahora sí quieres?

Sí.

No he podido escribir más desde que quemaste mi diario.

Sigo oyendo cómo escribes.

Ya.

No hago más que cambiar una palabra por otra.

Es lo normal.

Para ti tal vez,

pero no para mí.

Y piensas que sin mí...

Sí, sin tu rigor.

Sin tu obsesión por la perfección.

Antes de conocerte, podía decir lo que se me antojaba.

Pero ahora tengo que pensar de antemano lo que puedo decir

y lo que no.

Si esas palabras te ofenderán,

si te entristecerán.

Si me despreciarás por ellas.

Ya no puedo obedecerte más.

Esa separación ha sido la mayor derrota de mi vida.

Era como una larga agonía,

semana tras semana.

Y realmente no sé por qué.

Tal vez fue que, por una vez en mi vida,

quise empezar algo estable, algo que se considerase normal,

contra mis propias posibilidades de vivir.

Y lo peor es que seguí insistiendo en ello,

aunque sentía exactamente

que iba en contra de mis propios principios,

de mi propio destino.

Ni siquiera sé...

cómo expresarlo.

El hecho de que ahora...

pueda pensar en una nueva vida, en un futuro,

te lo debo a ti, Adolf.

Parece que has vuelto.

Estaba de camino al aeropuerto.

¿A dónde vas?

A Nueva York.

¿Viajas solo?

¿Quién te ha traído las flores?

Son de un amigo de Viena.

Bueno, me tranquiliza saber que no estás sola.

Eres mi asesino.

"No son siempre culpables los asesinos,

sino a veces también los asesinados".

Mi querido Hans,

nunca hubiera pensado que todo terminaría tan mal para mí.

Sí, sabía que sería doloroso,

pero no esperaba un colapso tan absoluto,

casi fatal.

No puedo imaginar nada más horrible que lo que yo he pasado.

Necesito salir de aquí,

aunque solo sea por unos días,

y pasar un rato feliz contigo.

Nada en la tierra podrá humillarnos

mientras recordemos la razón por la que vinimos a este mundo.

Estamos aquí para ser creativos.

Lo demás no tiene importancia.

Él nunca habría podido humillarte

si lo hubieras ignorado por el bien de tu existencia artística.

Pero haber amado a un cerdo tampoco es una deshonra.

Existe una morada en el alma

que nadie puede ocupar,

y es el trabajo.

Hace menos espantosa la luz del día

y menos aterradora la oscuridad de la noche.

Sé que por fin estás despertando

y dejando atrás los viejos sentimentalismos.

¿Damos un último paseo bajo las estrellas?

Sí.

MI DESIERTO, MI ÚNICO, MI DULCE LIMBO, MI SALVACIÓN.

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