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¿Hola?
Dime que estoy loca, porque no puede ser.
A Juliana la enterramos hace siete años.
Pues si suponemos que esta mujer es Juliana, tendrá familia cerca.
Marina, su hermana.
Es evidente que el doctor Cobo firmó un certificado falso.
Él era así. Nunca hablaba de sus pacientes.
Hay cosas que, si me concentro o me impresionan,
puedo volver a verlas, como si las pudiera vivir de nuevo.
Últimamente me he acordado
de cuando Castro y yo fuimos a casa del Amarillo.
Entraron un montón de guardias.
Mi padre dirigía la redada.
¿Cómo se perdona eso?
He criado a Dani.
¿Y sabes? Voy a ser mucho más feliz cuando Castro venga a casa.
¡Que aproveches tu talento!
¿O vas a seguir igual y dejar que los años sigan pasando?
Yo no valgo para esto.
Y tú estás jubilado.
Pero ¡lo intento!
¡No como tú!
Tengo la habilidad de estar
en el sitio equivocado en el momento equivocado.
No apuestes conmigo a mala suerte.
Ey...
Claudia, ¿quieres que nos tomemos otra copa?
Claro.
Sube.
Déjala. ¡Que la dejes ya!
Deja a mi mamá.
¡Déjala!
¡Déjala en paz! - Chist...
¡Déjala!
Dani, tranquilo.
Tranquilo. ¡Soy yo! ¡Soy el abuelo!
Enciendo la luz, no te asustes, ¿eh?
¿Qué tal?
Ven, ven. Ay...
¿Quieres decirme qué estabas soñando?
¿El Ojáncanu otra vez?
Sí.
Era mamá la que estaba dentro de la jaula y se la iba a comer.
Nadie se la va a comer.
Y menos un ogro con un solo ojo que se vuelve loco por las bellotas.
El Ojáncanu no existe, Dani.
Son cuentos.
Que tú no lo hayas visto no significa que no exista.
Ojalá el Ojáncanu fuera real.
Ojalá todos los malos tuvieran un solo ojo y el pelo rojo,
porque así sería más fácil pillarlos
y meterlos a la cárcel para que no hagan daño a nadie.
El problema son los asesinos de verdad.
Los psicópatas.
Los auténticos hijos de puta que hay por el mundo.
Y... son como nosotros.
Altos, bajos, gordos, flacos, simpáticos, aburridos.
Normales.
Normales.
"Y, claro, así es mucho más difícil".
Qué va, te aseguro que no.
Tú, en cambio...,
tú tienes pinta de ocultar algo.
No.
Yo te cuento lo que quieras.
Cuando tú me cuentes algo.
Ajá.
Sé que eres de Santander, pero, aparte de eso, ¿qué?
¿A qué te dedicas?
O sea, que te has metido en una habitación de hotel
con una completa desconocida.
Sí.
¿Y si estoy loca?
Me arriesgaré. - Ajá.
Oye, ¿por qué no hablamos
de cualquier otra cosa que no sea de mí?
Porque me siento un poco en terapia, ¿sabes?
¡Vaya!
Y, encima, nos hemos quedado sin suministros.
Una pena. Dame un momento.
Vale.
Oye, ¿por qué no dejamos los temas intensos
para otro momento?
Porque todavía queda mucha noche por delante
y creo que podríamos pasarlo bastante mejor.
Bueno, yo es que es tarde y me tengo que ir ya.
Así que... - Tengo marihuana.
No es mía, es de mi madre, por la osteoporosis.
Te propongo un cigarrito medicinal de despedida.
Que yo hace mil que no fumo.
Uno, uno, uno nada más. - Que no, que no...
Esta es la mejor maría que podrías probar.
Me lo ha dicho mi madre y ella es de gusto fino, hazme caso.
Vale.
¡Uf!
¡Uf! - ¿Dónde la pillas?
Es un contacto de Santander, es de fiar.
Yo se la pillaba a un tío que está muy gordo ahí,
en el barrio pesquero. - ¿El Amarillo?
Joder, pues menudo pieza.
Pero ese ya se ha retirado del negocio.
¿De qué lo conoces?
Ah, bueno, yo es que conozco mucha gente.
Pero eso es otra historia,
da igual. - No, ahora me lo tienes que contar.
Vale.
Yo traía contenedores de China.
Tostadoras, televisores, secadores de pelo, estas cosas.
Saltándome la aduana.
¿No serías tú la que le vendía al Amarillo joyería?
Es que una colega me contó una vez
que le había comprado un colgante de oro.
No, entonces seguramente no era de oro, ¿eh?
¿Soledad te suena?
Era pelirroja, muy guapa.
Soledad... Soledad... No, no me suena.
Pero si me preguntasen sobre ti, seguro que me acordaría.
Hostia, perdona, tía.
- No, no. - Perdona, perdona.
Voy al baño un momento.
Vale. Si quieres, en la...
Claudia...
¿Claudia?
¿Qué estás mirando?
La familia de tu amiga, destrozada por la muerte de Soledad
y tú, celebrándolo por todo lo alto.
Dani tuvo otra vez pesadillas con el Ojáncanu.
Voy a tirar esa jaula a la basura.
Esa jaula le da seguridad.
Y se divierte contigo.
Mira...,
Linares me habló de un pediatra en Santander. Puedo pedir cita.
¿Cuánto tiempo lleva con estas pesadillas?
No es normal.
A lo mejor tiene que ver con su historial.
¡Buah!
Es que no lo puedo creer. ¡Nos vamos, Dani!
Que no fui yo quien se metió de todo al principio de tu embarazo.
Eso no es verdad.
Y este pediatra está especializado en casos como el de Dani.
Mi hijo no es ningún caso. Su padre va a volver. Está nervioso: punto.
Te estás equivocando, como siempre.
¿Como me equivoqué cuando decidí tener a Dani?
¡Dani!
Dani, parece que estás un poco dormido hoy, ¿no?
¿Mmm?
Mamá, ¿qué es un psicópata?
A los pasiegos les da igual las leyes que pongan.
Queman los pastos cuando les viene bien. En febrero, en marzo,
con el viento del sur...
Y el fuego llegó hasta la casa de mi hermana.
¿Cuánto tiempo había pasado desde la primera muerte
- de Juliana? - Tres, cuatro meses.
Se propagó y tardaron una semana en apagarlo.
¿Se pudo salvar algo?
Mi hermana tampoco tenía demasiadas cosas de valor.
Y supongo que lo poco que tuviera os lo llevasteis, claro.
Esa es una de las figuritas que pintaba mi tía.
Jano, mi marido, intentó localizar a Soledad,
pero no dio con ella.
¿Y Juliana vivía aquí...,
a pesar del ictus, sola, apartada de todo?
Nos criamos en esta casa.
Mis padres eran pasiegos y a ella le encantaba estar en el valle...
por mucho que le dijéramos que era mejor un piso en el pueblo.
¿Y aún conserva las cosas de su hermana?
Un abrigo y unas joyas de mi madre sin valor.
- Creo que están en el desván. - Irene.
¿Nos podemos quedar con eso?
Es la película de la comunión de mi sobrina Soledad.
Cuando hayamos investigado las pruebas,
se lo devolveremos todo.
¿Le suena un sitio llamado Club Venus?
"Sí, el de la carretera de Bilbao".
A ver si me puedes conseguir los datos del dueño.
Habla con la policía, a ver si tocaron ese sitio.
¡Ven!
¡Íñigo!
Sonríe, hija.
¡Sandra!
Hola. Ya he terminado mi turno, ¿queréis que os ayude con algo?
No. Estamos bien.
Si necesitamos algo, está Nuño. Gracias.
Buenas tardes.
¿Te lo puedes creer?
A más de 100 pavos nos sale la broma. Lo pagamos a medias.
Sandra...
La pancarta de bienvenida, que salimos a 55 pavos cada una.
Pago yo. - Hombre, no,
la pagamos juntas, que Castro es mi hermano.
Solo digo que es muy caro. - El cigarro, Olalla,
que aquí no se puede fumar.
No, si al final nos quedamos sin el salón.
Rebeca, ¿se lo has dicho ya?
Podéis hacer el karaoke sin problemas,
pero a las doce necesito que esté todo el mundo fuera.
Si los jubilados no descansan, se me ponen de mala leche y...
Tranquilo, que a las doce aquí no queda nadie.
No te preocupes, Rodrigo,
nadie quiere que los jubilados estén de mala leche.
Bueno, mi amor, te veo luego.
Gracias -Nada. Que vaya bien.
Este nos acaba colando hasta su orujo,
que no creo que nadie sea capaz de vender
una botella de ese matarratas.
Nos está dejando el salón gratis.
Es verdad, tienes razón.
Qué generoso que es el niño de los Setién.
No, si al final me va a acabar gustando hasta a mí.
Hey...
¿Vas a hacer lo de la venda?
Tía, tienes que hacerlo.
Bueno. Vale, ya veremos. - Sí.
Eh..., tarta.
Yo, yo la hago.
Que me acuerdo de muchas cosas del curso de repostería.
La pueden hacer aquí, en la cocina del balneario.
No, es que así estoy ocupada.
Vale.
Eh..., ¿mañana vas a por los altavoces?
¿Y qué más? - Oye, ¿cómo estás?
¿Os ha dicho algo nuevo la UCO?
Sé que habéis estado esta mañana con ellos en casa de tu tía.
- No. - ¿No?
Me piro.
Ya voy.
¿Y de Soledad tampoco?
Bueno, ya. ¿Qué iban a encontrar en esa cabaña?
Me ha contado Rodrigo que se quemó hace un montón.
Ali, ¿te acerco?
Sí, gracias.
- Adiós. - Chao, chicas.
Chao.
Olvídate de meter a Nicolás en la jaula.
Dani y él son ya superamigos.
¡Ja!
Mi nieto es un buenazo.
Papá...,
tenemos que hablar de Dani.
¿Qué pasa?
Sé que lo hiciste con la mejor intención,
pero solo tiene seis años y el otro día, con lo que le dijiste...,
se asustó.
Tuvo otra pesadilla.
Si lo llevaras al médico...
¡Que todos los niños tienen terrores nocturnos!
Todos.
Es normal cuando pasan épocas de estrés.
Dani es normal.
Ya me hice en su momento...
todos los análisis del mundo.
¡Al grano!
Te pusiste a decirle que lo que dan miedo de verdad son los psicópatas,
que están por todas partes y que no puedes hacer nada
hasta que matan a alguien.
Sinceramente, prefiero que siga creyendo en el Ojáncanu.
Yo no le dije nada de eso.
Sí que se lo dijiste. - ¡No!
Lo escucharía en la tele.
A lo mejor no te acuerdas.
Claro, porque soy un enfermo que no sabe ni limpiarse el culo.
No, yo...
Puede ser que no seas consciente de lo que le dijiste.
A ver, tú crees que yo no me entero de nada, ¿verdad?
Mira,
sé que estás investigando por tu cuenta. ¿Verdad?
Verdad. - ¿Esto a qué viene?
Me dijiste que no te ibas a meter, pero te has metido.
Solo que no quieres transmitirme información
porque, según tú, yo no valgo ni para hacer jabón.
Espera, no, no, no es eso.
Es que en realidad no has descubierto una mierda.
Por eso te has callado.
¡Ah!
¡Mierda!
"¿Sandra?".
Hola.
Estaba...
No sé, me he acordado de ti.
"Ah.".
"Pensé que no querrías saber nada más de mí
después de lo de la otra noche y que no has respondido mi mensaje".
"No dijiste ninguna tontería".
¿Dónde estás?
Dando una vuelta con el coche.
Camino de Langre, que de vez en cuando me gusta ver el mar.
"Ah, ¿en serio?".
"¡Qué casualidad! Yo también estoy aquí".
"Si quieres, nos tomamos algo; si tienes tiempo".
Vale, claro.
¿Conoces el parking de la playa?
- Bueno, Tello... - Oye, gracias.
Mucha suerte.
"Conozco a Linares desde hace más de 20 años,
por eso me hizo el favor".
Lo ha intentado todo, pero no ha podido traerme los informes,
solo las fotos.
Tampoco han sacado nada reseñable de la cabaña donde la encontraron.
Perdona, Marina.
Lo siento, es que verla así...
En vida me sacaba de quicio y ahora...
Ya.
¿Y qué vas a hacer el día que te cortes el...?
Pero ¿cómo me voy a cortar el pelo?
Si sigo siendo la misma idiota que cuando tenía 15 años.
Bueno, solo te pusiste nerviosa.
No tienes que darle más importancia, no son tan listos.
Van a ver el collar de perlas en las fotos y la película de la comunión.
No sé por qué tuve que decirles que mi hermana no tenía nada de valor.
¿Por qué?
Bueno, pues... vete al ayuntamiento y cuéntaselo.
¿Cómo voy a ir al ayuntamiento, Tello?
Después de lo del dinero,
¿cómo les digo que también he vendido las joyas de mi hermana?
Bueno, tranquila.
Aquel bar de la foto de Soledad..,
querrán interrogar al dueño y a las trabajadoras.
Las putas no suelen contar mucho a la Guardia Civil.
Si saco algo de ahí,
los tendrá ocupados y no se acordarán de ningún collar.
¿Cómo se llamaba el bar?
No sé. Venus, creo.
Venus...
Venus, Venus...
Tello, ¿tú crees que Soledad trabajaba en ese sitio?
¡Tello!
¿Te han vuelto a preguntar algo sobre la hija del doctor Cobo?
No.
Hace 27 años apareció otra en Oriñón.
Tenía 50 kilos de plástico en el estómago.
Enferman hasta que pierden el rumbo.
Como le debe haber pasado a esta.
¿Seguro que no la has visto nunca?
De verdad, ¿es que no habláis entre vosotros?
Ya les he dicho a tus amigos todo lo que sé.
Yo no soy guardia.
No la he visto en mi vida.
¿Y cuánto tiempo llevas aquí?
Si no eres guardia, entonces ¿qué eres?
Eso me gustaría saber a mí.
¿Abuelo?
Yo empecé hace cuatro años.
Y soy la más veterana.
Ya no queda nadie de hace siete años.
Hasta el dueño cambió.
Si esa chica trabajaba aquí, lo hizo antes de que yo llegara.
¿Y esa Soledad es tu nieta?
Entonces ¿por qué te importa tanto?
Vosotras vais cambiando, pero los puteros siguen siendo los mismos.
Ya le gustaría a Dante ser un putero.
¿Ah, no?
Qué va. Es un cachito de pan.
Dante, ¿te importa si hablamos un momento?
Yo soy escritor.
Llevo años viendo el Venus cuando paso por la carretera
y siempre he querido escribir su historia.
A lo mejor tú podrías ser el protagonista de mi libro.
Lo que yo he visto vale para una película.
Bueno, ¿y quién te dice que después del libro no venga una película?
Choca.
No me pagan, pero me dejan dormir aquí.
Tengo que echar la llave, que las putas son muy ladronas.
Ladronas y mentirosas.
No te puedes fiar de ellas.
Dicen que me parezco a Mario Casas...
Porque no me parezco a Mario Casas, ¿no?
¿Cuándo empezaste a venir al Venus?
Hace por lo menos diez años.
¿Has visto el cartel de la puerta? Ese lo puse yo.
Cuando esto era del Landín.
Entonces las putas eran más simpáticas.
Había una chica hace mucho, yo no sé cuánto tiempo estuvo,
pero, a veces, a veces, yo la veía entrar.
Se llamaba... Soledad.
Soledad...
Todas quieren ser modelos o presentadoras de televisión.
Mi padre era fotógrafo, ¿sabes?
De bodas y comuniones. En Torrelavega.
Y cuando les dije a las chicas que yo hacía fotos,
todas me pedían.
Soledad.
¿Han hecho película de alguno de sus libros?
La Sole.
Qué guapa.
Podrías contarme más cosas de ella.
No estuvo mucho.
Se relacionaba muy poco...
Tenía mala leche.
Lo que me costó que pusiera cara de guarrilla para la foto...
Pero un día, como vino, desapareció.
Hay otras que sí tienen buenas historias.
Samantha.
Carmina.
Qué puta era Samantha.
¿Y esta radio tan chula?
Eso tiene mil años.
A ver, ¿te suena de algo esta otra chica?
¿También trabajaba aquí?
Claudia.
Ojalá hubiera sido puta.
Anda que no era lista. Ella fue la que me vendió la radio.
Toma. - Gracias.
Te ofrecería algo de comer, pero la despensa está vacía.
No vienes mucho.
No, no es mi casa.
- Ah. - Es de un compañero
del colegio que la alquila.
Soy la conserje.
No pareces una conserje.
En realidad, yo iba para rica.
Pero...
¿te acuerdas que te conté lo de los contenedores de China?
Hacienda entró en el juego.
Y te puedes hacer una idea del resto.
Así que ahora hago trabajos en negro para que Hacienda no meta mano.
Por cierto, hay un jacuzzi arriba con unos chorros que son el paraíso.
Deberías probarlo.
Seguro que te vendrían muy bien para el tobillo.
¿Me has visto saltar la valla?
Sí.
Y... detrás de mí, siguiéndome.
¿Quién te crees que soy?
Todo es muy raro, Claudia, porque...
tu padre firmó la defunción de Juliana
y teníais una cuenta donde entraba el dinero en negro.
Te has quedado en el pueblo.
¿Porque la Guardia Civil no me deja en paz?
Y yo no tenía ni idea de la existencia de esa cuenta
hasta que mi padre murió.
¿Y qué querías que hiciera?
Pues me gasté el dinero, sí.
Hace siete años, yo estaba en casa del Amarillo.
Al principio no me acordaba,
pero luego recordé que tú también estabas allí.
Sí, le regalaba bisutería.
Él se llevaba bien con los gitanos del Mercadillo de la Esperanza
y yo quería colocarles mi material, lo que traía de China.
Puedes preguntarle a él si quieres.
He oído que se ha reformado y que ahora trabaja en...,
en Doña Luisa, en la conservera.
Sandra, ¿no podríamos olvidarnos de todo
y tomarnos la cerveza tranquilas?
No, porque ese día no estabas sola. Ibas con Soledad.
Te había comprado un colgante y os fuisteis juntas.
No me acuerdo de ella.
Pero os fuisteis juntas.
Bueno, no sé, a lo mejor sí. Han pasado siete años, Sandra.
No sé, ¿coincidir con ella me convierte en su asesina?
¡Porque eso es lo que piensas!
Tenías la dirección de mi casa apuntada.
¿Por qué?
¿Por qué?
La noche en la que te desmayaste se la pregunté a tu compañero.
Porque quería volver a verte.
¿O es que no se nota que me gustas?
¿Y tú cómo sabías que tenía tu dirección apuntada?
¿Y que yo iba a estar aquí hoy?
Porque te miré el bolso y vi...
una conversación de WhatsApp con la cita de la parroquia.
Os he visto discutir.
Esto no suelo contarlo hasta la cuarta o la quinta cita,
pero vale.
Me gasté el dinero de mi padre y se me ocurrió que...
El tipo ese de la parroquia me prestó diez mil euros.
Y se lo he estado devolviendo con lo que he conseguido aquí y allí...
y con la pensión de mi madre,
pero ahora la Guardia Civil le ha congelado la cuenta y...
supongo que he vuelto a cagarla.
Que esa es mi especialidad.
Sandra, ¿no podríamos...
olvidarnos de todo?
Tengo que volver a mi vida.
Esta casa es lo que tiene.
Aquí te puedes olvidar de tu vida por un rato.
Eso es lo que yo hago cuando vengo.
Y disculpen.
¿Qué, otra vez?
Ha sido una casualidad, sargento.
Y he hecho lo que haría cualquier ciudadano decente:
dar parte a la Guardia Civil.
Qué casualidad que hayas acabado
en el puticlub donde trabajaba Soledad, ¿no?
Soy viejo y viudo, pero también tengo mis necesidades.
Ya.
¿Y cómo supiste que la radio
era igual que la que encontramos con Juliana?
Algún amigo de criminalística te ha estado pasando información.
O ha sido tu hija.
Da igual que seas la Montaña.
Esto no puede volver a pasar.
¿Y qué vais a hacer... con Claudia Cobo?
Gracias por traerme.
Nada.
Oye, ¿puedo llamarte?
Dame unos días.
¿Vale?
Vale.
Claudia Cobo, necesitamos que nos acompañe.
¿Qué ha pasado ahora?
Queremos hacerle unas preguntas por el homicidio de Soledad Cobián.
¿Por qué coño no me dijiste nada?
No sabía que estabas con ella. ¿Le sacaste algo?
Ah..., que no es por eso que estabais juntas.
No tiene ni puta gracia.
Como se entere todo el pueblo,
a ver cómo se lo explico a Olalla y a Castro.
Diles que echaste un polvo para cazar a la asesina de Soledad.
Claudia no es ninguna asesina.
¡Ja! Lo que pasa es que no sabes cómo dejarlo con Castro.
Y has salido con esto. Una chica, bien.
¿Qué dices? ¿Qué dices, papá?
Es normal que no quieras vivir con él.
¿Por qué no te lo quitas de encima y retomas tu vida donde lo dejaste?
No sigas haciéndote la mártir para castigarme.
Pareces boba, coño.
A ver, yo pensaba que cuando la gente perdía la cabeza,
se volvía menos cabrona.
No, eres tú la que perdió el norte:
antes, con Castro; y ahora, con la tal Claudia.
Si es que tienes un ojo, niña... Vaya ojo que tienes.
¡Ah!
"Se esperan cielos nubosos
con algunos claros en el norte. Temperaturas de 15 grados".
Aquí tienes, son 8,25.
- Genial. - ¿Tarjeta, efectivo?
- Pues... con tarjeta. - ¿Tarjeta?
No, en la conservera, guay.
No saben a lo que me dedicaba.
Me tratan bien. Ya son cuatro años currando aquí, en Doña Luisa.
El empleado del mes.
Mira, paso de problemas.
Y eso es lo único que tú me traes siempre, problemas.
Que mi padre se ha jubilado,
que no voy a echarte encima a la Guardia Civil.
Solo quiero saber algo del día de la redada.
Había dos mujeres en tu casa. ¡Amarillo!
Hace siete años, Sandra. ¿Qué?
Una de ellas se llamaba Soledad. Era de mi pueblo, de Liérganes.
Sí, esa era puta.
Esa está muerta.
De hecho, tuvo que morir poco después de aquel día.
Y le acababa de comprar un colgante de oro a la otra chica,
Claudia Cobo.
¿Qué relación había entre ellas?
Ninguna que yo sepa.
Claudia me traía joyas a cambio de que la pusiera
en contacto con los gitanos del Mercadillo de la Esperanza.
¿Y Soledad qué hacía en tu casa?
Era la recadera de su novio.
Vino a pagar y se fue.
Y... coincidió con Claudia y, no sé, igual le compró ese colgante.
Oye..., ¿sabes algo de Castro?
Sale en dos días con la condicional.
Ah.
Soledad, Amarillo,
¿ese novio que tenía quién era?
Era un camello como Castro.
Se llamaba Isidro.
Yo creo que sigue en el negocio.
Quiero que vayas a hablar con los guardias que hay en Liérganes.
Que les cuentes todo lo que sabes de ese Isidro.
Les dices que has leído en los periódicos
lo de la muerte de Soledad y te has acordado.
¿Mmm?
"Esta es una historia con final feliz".
No entiendo cómo han soltado a Claudia Cobo así, sin más.
Ni siquiera han sabido sacar del juez un registro en su casa.
Se creen que han inventado la Guardia Civil
y solo son dos novatos.
A lo mejor han descubierto que la investigación
debe de ir por otra vía.
¿Otra vía?
¿Qué vía?
No sé.
¿No vas a admitir que tenía razón con Claudia?
Sandra, ¿qué es lo que están investigando ahora?
No es asunto mío.
Y... quiero mucho a Ali y voy a hacer todo lo que pueda
para ayudarla, igual que a Marina y a Jano,
pero Castro va a volver y tengo que estar con él y con Dani,
no jugando a ser policía.
Lo tienes claro entonces.
¿Qué pintabas tú en ese club?
Ah.
Landín, el antiguo dueño.
Le vendí algunas cosas.
Unas radios y unos televisores para las habitaciones, y...
estuve allí en un par de ocasiones.
Y nunca vi a Soledad.
Los de la UCO lo comprobaron.
Puedes preguntarles si quieres.
Bueno, me marcho ya.
Si alguna vez vas por Santander o...
Tengo tu teléfono.
Sí.
"¡Sandra!".
¿Tienes un momento?
Sí.
Ahí tienes.
Cierra la puerta, por favor.
Os juro que no le he contado nada de la investigación a mi padre.
Pero le está costando lo de la jubilación.
Dejar de ser la Montaña no es fácil.
Esto no tiene nada que ver con Tello.
Hemos recibido una información.
Al parecer Soledad tenía un novio.
Un tal Isidro.
Tuvo una condena por una pelea en un bar hará unos 15 años.
Al otro lo mandó un mes al hospital.
Le rompió una botella en la cabeza y luego se la clavó en el estómago.
Seis meses de prisión.
El caso es que Isidro se ha esfumado.
No está en su casa.
Los vecinos dicen que hace un par de días que no lo ven.
¿Y yo cómo os puedo ayudar?
Tú no.
Castro.
Sabemos que mañana sale a la calle.
Mira, nosotros no queremos molestar en este momento
porque supongo..., bueno, suponemos que estarás nerviosa.
Pero Castro e Isidro son amigos.
No he oído hablar de ese Isidro en mi vida.
Sandra, haz un esfuerzo.
Si Castro conoció a ese tío, a mí no me dijo nada.
Y debió de ser hace una eternidad.
Lleva siete años en la cárcel.
En los dos últimos años,
Isidro no ha dejado de visitarlo en la cárcel.
Una vez al mes como poco.
La última, hace cuatro días.
Cuando Castro salga de la cárcel,
no tendrá muchas ganas de hablar con nosotros: normal.
Por eso te lo estamos pidiendo a ti.
Para que nos allanes el terreno.
Sandra...,
Castro nos puede ayudar a localizarlo.
Los lobos.
Siempre los lobos, los putos lobos. - ¿Cómo?
Los lobos,
¿alguien va a hacer algo con los lobos?
Esta mañana, dos vacas muertas.
Los lobos, siempre, siempre los lobos.
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