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-Durante un tiempo quise ser doctora. -¿Y qué pasó?
Pues no me gusta la sangre, ni la muerte.
Pero sobre todo por la ropa. El verde hospital me queda fatal.
Pero si llego a saber que había azul...
Ally.
Ling.
¿Qué haces tú aquí?
Le mandé flores a un amiga.
Y murió, así que vengo a recogerlas.
Ya.
Oye, Greg, esta es...
una buena amiga, Ling.
-Greg Butters. -Hola.
Sí, ya. Bueno, voy cambiarles el agua.
El cloro de aquí es puro veneno.
Mira por dónde pisas.
Encima de que os quedáis con todos los aparcamientos.
No es de buenas primeras impresiones,
pero sí son duraderas.
Ahora vuelvo. ¿Me esperas?
Claro.
Eric, ¡hombretón!
-¿Qué pasa? -A ver cómo vas.
-¿Bien con los enfermeros? -Sí.
No has pasado buena noche, ¿no?
He vomitado, pero hoy estoy mejor que...
¿Pasa algo?
Cuando llega la hora, ¿aparece un ángel?
-¿Cómo? -Veo un ángel.
Ally, ven.
Es una amiga. Ally McBeal,
-él es Eric Stall. -Hola, Eric.
-¿Cómo estás? -¿No lo sabes?
¿El qué?
Entonces, no eres un ángel.
¿Verdad?
Bueno,
a veces soy agradable.
¿Ha llegado la hora?
Vale, todo listo. ¿Dónde está Ally? ¿Y Nelle?
Ally, enamorada. Estaba viendo a Greg en el hospital,
seguramente para que le hiciera un chupetón bien esterilizado.
Perdón, llego tarde.
¿Y esa cara de mapache?
Hoy no tengo reuniones y me apetecía. ¿Qué os parece?
Todos de acuerdo.
Bien. Seguimos.
Como sabéis, Bizcocho y yo empezamos hoy un juicio.
Esta semana casi no vendremos.
Richard, la acusación es intento de homicidio.
Sí, ¿y qué?
Casi no tienes experiencia en juicios penales.
-¿Y qué? -¿Has pensado en qué pasaría si pierdes?
Si perdemos, encarcelan al cliente.
Y lo perdemos a él.
Entiendo lo que dices.
Y sí, estoy un poco nervioso.
He puesto dos calzoncillos en la bolsa del gym,
que quede entre nosotros. Pero John y yo estamos preparados.
Somos un equipo. ¿Parecemos un equipo o qué?
Primero se fue Clemens, ahora Mo Vaughn.
Ya perdí la fe en que ganaran algo alguna vez,
pero ya nada de nada.
Eric, la cosa es que
no queremos que los Red Sox ganen.
-¿No queremos? -No.
Porque si lo hacen, dejarían de ser los Red Sox, ¿a que sí?
Aún peor, se acabaría la maldición de Bambino,
y tendríamos que dejar de recordar cada año
que Babe Ruth era nuestro.
-Hola, mami. -Hola, cariño.
Esta chica conoce a los Red Sox mejor que yo.
¡Qué va!
Hola, Ally McBeal.
-Julie Stall. -Es abogada. ¿Conoces a O.J. Simpson?
No, aún no he tenido el gusto.
Respira fuerte, colega.
¿Me ayudarías a demandar a alguien?
¿En quién estás pensando?
Dios. Quiero demandar a Dios.
Deberíamos declarar. ¿Aceptaría homicidio involuntario?
Para eso tienes que haber matado primero a alguien.
-Lo intenté. -Vale.
Pero sobrevivió. Hay atenuantes por crimen pasional,
pero no por intento de homicidio.
Moraleja: a la próxima, acaba con él.
-Serían menos años. Ya nada. Fiscal. -¿Y Billy?
-¿Billy? ¿Para qué? -¿Estáis haciendo esto solos?
Esa pregunta suena a comentario, Renne.
-Este caso no es jijí jajá. -Siempre te gano.
En este también lo haré.
Si crees que por ir primero
estás montando una defensa adecuada, olvídate.
¿Ella va a estar?
Como testigo, Harv.
Algunas balas pasaron cerca de su cabeza.
Entonces, ella...
testifica para la acusación.
Primero murió su padre.
Luego cogió leucemia.
Después, nuestro seguro no cubre el tratamiento experimental.
Pedimos ayuda a nuestra iglesia, pero dicen que no pueden.
-Y está enfadado. -Hasta luego, Eric.
-con Dios. -Sí.
Pues no creo que pueda demandarlo.
Sí que puede.
-¡Ling! -Ha sido una L fuerte. La he oído.
Julie, ella es Ling Woo, un cliente del bufete.
-Ling, esta es Julie Stall. -Hola.
Hola. Está calvo. ¿Tiene cáncer?
Tiene leucemia.
-¿Cómo te llamas, chaval? -Eric.
¿El tuyo?
¿Estás sordo? Ha dicho Ling.
Así me llamo, pero con L suave.
-¿Quieres demandar a Dios? -¿Puedo?
-No. -Sí.
-¡Ling! -Señora, váyase.
Estoy hablando con el chaval, si no te importa.
-Claro que puedes demandarlo. -Si existe.
-¿De verdad crees que hay un Dios? -Claro que sí.
¿A quién crees que imitan estos médicos, a Moisés?
Perdona.
Si vas a demandar no puedes estar ahí tirado.
-¿Puedes ser fuerte? -Sí.
Bien, porque tengo un bufete genial, que...
Quiero hacerlo, mamá. Vamos a demandar.
-Si crees que yo será la abogada. -No te quiero de abogada.
Me molestas.
De todas las cosas insensibles y crueles.
¿Qué está pasando?
Le ha dicho a un niño con cáncer que demande a Dios.
-¿Demandar a Dios? -No le he dicho que vaya a ganar.
Luchar es mejor que compadecerse.
Además, necesita dinero para el tratamiento.
-¿Sabes cómo murió su padre? -No, ¿tú lo sabes?
Sí, oí a los enfermeros.
Le cayó una rama a causa de un rayo.
Un acto de Dios. Así que vamos a por la Iglesia, la casa de Dios.
Tengo que mear.
¿De dónde saca esas ridículas teorías?
No llegó a editora de Law Review de la nada, Georgette.
Casi siempre tiene razón.
¿Qué dices de editora en Law Review?
Pues eso, que era editora de Law Review en Cornell.
¿Ling estudió derecho?
Allí nos conocimos.
¿Ling es abogada?
¿No lo sabíais?
JUZGADO CONDADO DE SUFFLOK
Estábamos en la cama. Oímos un ruido.
De repente, él irrumpe.
-¿El acusado? -Sí.
Y empieza a gritarnos.
Intento razonar con él, pero estaba fuera de control.
-Luego lo vi. -¿El qué?
Tenía una pistola. La levantó.
Luego me disparó.
-¿Fue usted herido? -Dos veces.
En el hombro y en el pecho.
Pensé que iba a morir.
Cuando mi cliente entró en la casa.
Su casa, por cierto, ¿no?
Sí.
-¿Estaba en su casa? -Sí.
-En su cama, en su mujer. -Sí.
-A ver... -¿Estaban haciendo el amor?
-Sí. -Coito. Sexo. Misionero.
Vale, abogado.
¿Cuánto tiempo duró
este asunto entre usted y la mujer de mi cliente?
-Unos seis meses. -Todo ese tiempo teniendo sexo adúltero.
Ya vale.
-¿Bueno? -Protesto.
Señoría, testificó que oyó un grito.
Protesto.
Lo retiro. ¿Eso dijo ella?
¡Protesto!
-Sr. Fish! -Perdón.
¿Conoce bien a mi cliente, Steve? ¿Le llamo Steve?
Me llamo Rodney.
Sí o no. ¿Lo conoce bien?
-Sí. -Socios durante 11 años.
-Eso es. -Incluso amigos, o eso pensó.
-Aunque vaya amigo. -Protesto.
Sr. Wilcox, cuando vio a este hombre entrar,
mientras incurría en actos adúlteros con su mujer,
sabía que iba a dispararle, ¿verdad?
-Claro que no lo sabía. -Sabe que es un hombre volátil.
-Por qué iba... -No lo creo en absoluto. Es un caballero.
El Harvey Kent que conozco nunca empuñaría una pistola.
Así que debió estar fuera de sí en ese momento.
-Quizás en locura transitoria. -Protesto. Es un término jurídico.
-Soy un abogado. Avancemos, señor juez. -Lo que quiere decir
es que el testigo no tiene fundamento para emitir una opinión jurídica.
Vale. Es verdad. No sabe.
-¿No sabes, verdad, Rod? -¡Protesto!
Lo retiro. Nada más que añadir.
Estaba en mi salsa, ¿no?
-Así es. -Vale.
-Ally, hola. -Eric.
-Estoy aquí para mi caso. -Vaya.
-¿Serás mi abogada? -Pues... Claro.
Lo siento. Quería venir y...
-¡Baloncesto! ¿Puedo jugar? -Claro.
Esta demanda le ha dado fuerzas.
Qué bien.
Es mucho pedir,
con el poco tiempo que tiene,
y por cómo le hace sentir este proyecto, si hay algo...
Pues...
Ling, hola. ¿Te acuerdas de Julie?
No.
Es la madre de Eric.
¿Quién es Eric?
El niño que quiere demandar a Dios.
Sí. Hola.
Preguntaba si podemos hacer algo.
Lo primero sería sacar el caso
antes que esa rubia desnuda que cree en los unicornios.
Se lo cree todo, creo que está senil.
Hola, Ling.
¡Eric, hola! La próxima, L suave, ¿vale?
¿Estás en el equipo?
Me encantaría, pero tengo mejores cosas que hacer.
¡Ling!
En los pleitos, Eric, no puedes ser un debilucho.
Hay que luchar. ¿Listo para luchar? -¡Sí!
Si eres fuerte, písale el pie.
A ver si lo siente.
Muy bien. Me voy de compras. Hasta luego.
Seguro que era muy mono con pelo.
¡Cómo mola!
Es básicamente como Rodney lo describió.
Harvey entró en la casa. Sacó la pistola,
y empezó a disparar.
Sr. Wilcox dijo en su testimonio que escuchó a su marido gritar.
-¿Lo escuchaste decir algo? -Sí.
¿Qué dijo, Sra. Kent?
Al sacar el arma dijo "os mataré a los dos".
Cuando hizo sus votos matrimoniales con su marido,
cuando dijo "sí" a honrarlo
y quererlo, ¿fue sincera?
Sí.
Sin indagar en su definición de sexo o fidelidad,
y para el propósito de este proceso:
mientras mantenía un romance con Rodney Wilcox.
No lo planeé. Simplemente, sucedió.
-¿Y eso hace que esté bien? -No.
Engañó a su marido durante seis meses. Le mintió.
Sí.
¿Llegó a inventarse historias sobre
a dónde iba, a quién iba a ver?
¿Por qué se iba un fin de semana?
¿Lo hacía?
Sí, Sr. Cage. Dije todas las mentiras
que hacen las mujeres cuando no quieren que las pillen.
Ah, ¿sí? Percibo arrepentimiento.
¿Cómo cree que ocurrió este asunto?
Pues
me enamoré.
Se enamoró.
Aún estoy pensando cómo demandar a Dios desde vuestra iglesia.
O viceversa.
-Voy a verlo con... -Súper Ling.
Sí. Con súper Ling.
Pero, de momento,
aunque entiendo que esté enfadado
con el acusado,
¿qué espera ganar al demandarle?
Bueno.
Solo quiere decirle unas cosas cara a cara.
Y si lo demando, cuando vaya al cielo,
quizás venga y me diga: "Oye, ¿qué pasa con eso?"
Y ahí podré hacerle preguntas.
¿Qué preguntas?
Eso es entre él y yo.
Vale.
Dios no existe, ¿verdad?
-Claro que existe, cariño. -Sí, como Santa Claus.
¿Sabes qué, Eric?
Cuando tenía dos años, siempre le pedía a mi madre una hermanita.
¿Y sabes qué? A los tres, tuve una.
-Como tú querías. -No exactamente.
Cuando nació, solo lloraba y dormía.
No podía jugar con ella ni nada.
Pero cuando cumplió dos años fue muy divertido.
Y luego con cuatro ya pudo hacer casi lo mismo que yo.
Nos hicimos mejores amigas.
Dormíamos juntas. Y en el cine,
nos cogíamos las manos porque creíamos
que el miedo entraba por los dedos.
-Qué tontería. -Ya.
Con cinco,
se puso enferma y murió.
-¿De qué? -No importa.
Pero cuando ocurrió,
dejé de creer en Dios.
Mis padres me decían "Existe, es real", pero no les creía.
Hasta que un día de otoño
miré al cielo
y vi algo que no había visto nunca.
-¿El qué? -Un dirigible.
Lo habían traído para un partido, pero yo no lo sabía.
Mi madre me dijo que aquello era Dios.
-¿Un dirigle? -Ella quería que yo creyese.
Pensó que si lo veía...
¿Pensaste que un dirigible era Dios?
¿Fuiste una niña muy tonta?
Puede ser.
Pero mi madre sabía que me acabaría dando cuenta.
Así que cambió un poco la historia: Dios
mandó que lo construyeran los hombres para recordarnos que nos observa.
Porque eso hacen los dirigibles: observan.
Aún hoy
me sigo preguntando
si Dios mandó a los hombres a hacer dirigibles
para recordar a la gente que está ahí arriba.
Pues yo solo he visto dirigibles en la tele.
Seguro que Dios se comunica
con la gente de varias formas.
A mí me envió un dirigible, pero para ti
a lo mejor los Red Sox ganan este año
para recordarte que está ahí arriba,
observando.
O quizás te mandó a ti.
-¿Yo? -Para algo eres abogada.
Pero no ejerzo. Ejercer genera arrugas, mírate.
Ling, tuviste una idea genial.
Al chico le encantó tu genial idea.
Y, por algún motivo, lo tienes prendado.
¿No puedes sacarle unas horas de tu apretada agenda?
Seguro que luego puedes mirar más catálogos.
El abogado de la iglesia viene a reunirse.
Pero no creo que pueda vender este, este...
pleito como lo harías tú.
¿Por favor?
Vale, me salgo de mi retiro para este caso.
Miembros del jurado.
Lo he interrogado durante tres horas.
¿Y qué ha sacado?
Aunque estaba en un estado de agitación severa,
no alcanzó el nivel de locura.
¿Seguro?
Este hombre sabía cuál era la naturaleza y gravedad de su acto
al apretar el gatillo.
Gracias, Dr. Burns.
Entonces, ¿admite que hubo gravedad
-en el acto de mi cliente? -¿Perdone?
Ha dicho que hubo gravedad. Fue un acto de gravedad, en su opinión.
-Me refería a... -Olvídelo. También ha dicho
naturaleza, ¿esta también estaba implicada?
Un hombre se encuentra a su mujer con otro hombre: la naturaleza reacciona.
Así es la naturaleza humana. Lo que hizo mi cliente fue natural,
aunque estaba enloquecido cuando lo hizo.
Enloquecido, pero natural. ¿No es ese el quid de la cuestión?
-¡Protesto! -Sr. Fish.
Esto funciona así: usted hace preguntas.
Y no debería parecer drogado al hacerlas.
Qué buena esa. Me encantan los jueces ingeniosos.
Un hermano mío vive del ingenio.
La adrenalina puede ser una droga, ¿no, Dr. Burns?
Funciona en el cerebro como una droga.
Así es, pero...
Gracias. Y, como médico,
¿se ha equivocado alguna vez?
-¿Equivocado? -Sí.
En sus muchos diagnósticos, ¿se ha equivocado alguna vez?
Claro, pero no aquí.
-Usted se equivoca, ¿no? -Pero no aquí.
-Pero se ha equivocado, ¿sí o no? -He dicho que sí.
Me he equivocado a veces.
Y esas veces en que estaba equivocado, ¿lo sabía en el momento?
No.
No esperará que me tome esto en serio.
Las demandas son serias, Sr. Gale.
¿Dónde está Ling?
Está a punto de demandar a Dios,
y a nuestra iglesia como agente de Dios.
Sí. Eso vamos a hacer.
-Hola. -¡Ling!
Este es el abogado Arthur Gale.
Está algo consternado con nuestra demanda ¿y qué quiere saber?
¿Cómo se puede tomar esto en serio?
¿Quiere saber cómo puedo salvarle,
o cómo llegaremos a un arreglo?
Empecemos por la primera.
Los padres de Eric han contribuido mucho a la iglesia.
No hay quid pro quo,
pero sí un pacto implícito de buena fe,
bajo el cual podemos defender vuestro deber de devolvérselo a Eric.
Tiene cáncer y su padre ha muerto.
-Y espera... -Que usted sobreviva a la ley 12-B-6.
En cuanto al acuerdo, ya sabe en base a qué.
Al llamar acusado a Dios,
no habrá ni un solo periódico que se resista
a contar esa historieta de sucesos.
Con la explicación en la entradilla
de cómo la iglesia del chico no le ayuda a pagar un tratamiento
que podría salvarle la vida. Se me eriza la piel.
Venga, Sr. Gale. Acabará pagando, porque
le saldrá más barato
que el publicista
y el redactor que necesitará para quitarse la mala prensa.
Alguien ha comido cebolla y soy alérgica, ¿has sido tú?
¿Espera que nos entreguemos solo por llamar a Dios "el acusado"?
Y porque mi cliente está calvo y sonriente.
Además, esta familia donó a su iglesia.
Lo moral aquí sería devolver.
No es tanto dinero, y todos conocemos
lo de las provisiones eclesiásticas. Sonríe.
Vale, es una risa mediocre, pero está calvo.
Cuando los vi me pasó la vida por delante.
Mi mujer, uno de mis mejores amigos.
Harvey, ¿puedes decirnos
qué pasó por tu cabeza, además de "disparar"?
Me ardía la cabeza. Me puse rabioso.
Cogí la pistola del cajón. No recuerdo mucho más.
Harvey, honestamente, ¿deseas haberlos matado?
Claro que no. Gracias al Señor no lo hice.
Pero, Harvey, este jurado.
Podría entenderse por qué ellos sí
los quieren muertos.
-¡Protesto! -¡La secundo!
-Sr. Fish. -Quiero decir que
todos sabemos que, al disparar la pistola,
estabas enloquecido, ¿no?
-¡Protesto! -¡Sr. Fish!
Señoría, ¿puedo continuar como coabogado?
Creo que él se ha desviado.
Adelante.
Sr. Kent, ¿aún quiere a su mujer?
Mucho.
En su vida adulta, ¿ha querido a alguien más?
No.
¿Cree que querrá a alguien?
No.
-Parece un poco tontorrón. -¿En serio?
A los tipos mayores les gusta.
¿Ves a ese de ahí, que parece un Ken?
-Sí. -A él le gusta.
Pero a Barbie le molesta.
¿Qué está pasando?
La iglesia está dispuesta a resolver nuestra demanda contra Dios.
-¿Cómo? -¡Lo que oyes!
-Eric, Julie, venid. -¿Está Ling ahí?
Sí. Vamos a llamar a Greg,
que llamará al oncólogo, ¡y nos pondremos en marcha!
-¡No me lo puedo creer! -Yo tampoco.
Aún no sé si creo en Dios, pero creo en los ángeles.
Por algo se empieza.
Ally, nada más verte supe que eras mi ángel.
-¿De verdad? -Sí.
Pero ahora sé que es Ling.
Bueno.
Te protegemos entre las dos.
-Es increíble. -¿Cuándo conseguirás el medicamento?
Llamé al oncólogo. Cree que llegará en uno o dos días.
-Gracias, Ally. -No. Gracias a Ling, es un ángel.
-¿Y eso le salvará la vida? -No se sabe.
Es una minibomba contra las células cancerígenas.
Podría funcionar.
Ojalá.
¿Sabes en qué estoy pensando?
¿Lo mismo que yo?
Uno de mis propósitos de Año Nuevo es
menos fantasía
y más realidad.
Cuando tenía 17 años, saliendo del cole
vi a Sharon Johnson junto al parking de bicis.
Era la chica más guapa de mi clase.
Estaba enamorado de ella
y lo único que le dije en cinco años fue "ups",
cuando una vez le tiré un copo de nieve en el pie.
Pero al verla en la salida, me pasó algo casi demente.
Y pensé: "Llévala al baile de graduación".
Sabía que ya iría con alguien,
pero aunque fuese solo por el subidón de pedírselo,
la idea de hablarle, más allá del "ups",
se lo pedí. Y respondió:
"Sí, me encantaría".
Ese día, el 4 de abril de 1977,
aprendí que el amor puede producir químicos que afecten a la mente.
Una parte de mi estaba flipando.
Durante las tres semanas siguientes era la cita de Sharon Johnson
y estuve como volando.
El humor parece más divertido.
La alegría parece más alegre.
Lo triste, más triste.
Mi vida había cambiado. Me sentía otro.
La droga del amor puede ser muy poderosa.
Y todo esto no era más que
amor adolescente.
Imaginen encomendar la vida a alguien, el corazón,
para luego entrar en esa habitación y ver...
En realidad, no podemos imaginarlo,
a no ser que hayamos pasado por ahí.
Y si han pasado por ahí,
imaginen no sentir algo de locura.
Claro que estuvo mal que el Sr. Kent cogiera ese arma.
Pero en ese mismo instante, al entrar allí,
como testificó el propio Sr. Wilcox,
Harvey Kent se salió de sí.
Sheila Kent lo sabe y creo que todos ustedes también.
Un hombre amable, que respeta la ley, cometió un acto de locura.
¿Qué otra explicación puede haber?
Que Harvey Kent estaba enloquecido.
Créanme, a veces el amor puede hacer que seamos destructivos.
O bien,
crean a Sheila.
Quisiera añadir...
Está de broma, ¿no?
A palabras necias, oídos sordos,
pero toca a mi mujer ¿y te disparo?
La ira no es locura jurídica.
Ni la ira ni el shock.
Sino la incapacidad para distinguir el bien del mal.
Cuando Harvey Kent cogió esa pistola, sabía lo que hacía
y sabía que estaba mal, igual que ahora,
igual que lo saben sus abogados
e igual que lo saben ustedes.
Disparó un arma. Intentó matar a un hombre.
¿Y su defensa es que estaba despechado?
Por favor.
Oficina de Ally McBeal, habla Elaine.
¿Qué puedo hacer por usted?
¿Cómo?
No está, pero puedo avisarla.
Sí. Vale.
¿Todo bien?
No.
Oye, Julie.
¿Qué?
He intentado despertarlo, pero no puede ni abrir los ojos.
Al principio pensé que estaba cansado.
No está bien.
Madre mía.
Sus linfocitos T han desaparecido.
No tiene más molestia que el cansancio.
¿Se está muriendo?
Sí.
Pero...
Se suponía... que iba a recibir el medicamento.
-Recibirá el tratamiento nuevo. -Ally.
-¿Qué ha pasado? -No lo sé.
¿Está despierto?
Sí, puedes entrar. Aunque está grogui.
¿Él lo sabe?
Creo que sí.
Le gustaría veros a las dos.
Hola.
Hola, Eric.
-¿Estás cansado? -Sí.
Tengo miedo.
Cuando llegue el momento,
verás a tu ángel.
Eso dicen.
¿Quién lo dice? Mi abuelo trabajaba en el negocio de las ofertas.
Y vaya chanchullo para vender galletas.
Me hablas
como si no tuviera cáncer.
Pero lo tengo.
-¿Y Ally? -Aquí estoy.
He soñado
que yo era tu ángel.
Creo que lo eres, Eric.
Seguro que lo eres.
Pero...
quizás vas a necesitar uno nuevo.
No, gracias.
Me quedo con este ángel.
¿Mamá? ¿Mami?
Cariño, estoy aquí.
¿Dónde estoy?
En el hospital. Conmigo y tus amigas.
¿Me cantas una canción?
-Creo que la necesito. -Sí, claro.
Cierra los ojos.
Mamá cantará.
Siempre estamos perseguiendo arcoiris
Mirando las nubes que pasan
Nuestros sueños
Terminan en el cielo
Algunos
Siempre estamos perseguiendo arcoiris
Esperando encontrar
Un pajarito azul
En vano
Mira cómo van. Bien que un jurado te mire por encima del hombro, ¿no?
No si miran tanto.
Por favor, ¿se levanta el acusado?
Sr. Foreman, ¿el jurado ha alcanzado un veredicto?
-Sí. -¿Y cuál es?
En el asunto del estado frente a Harvey Kent,
por el cargo de intento de homicidio,
declaramos al acusado, Harvey Kent,
inocente, por razón de locura transitoria.
Gracias. El tribunal puede retirarse.
Gracias.
Muchas gracias.
Siento que hayas...
Nunca te disparé a ti.
Lo sé, Harvey.
Perdón por lo que hice.
Tú y él,
¿aún estáis juntos?
Sí.
Bueno. Pues perdón por...
Ha muerto.
No sé cómo deciros que...
que vivió hasta el final, en parte gracias a vosotras.
Estos últimos dos días...
No sé cómo expresar mi agradecimiento.
Bueno, tenía razón en que no hay Dios.
Vale.
No, no. No puede haber un Dios.
Dios no lo habría permitido.
Sabíamos que estaba muriendo, Ally.
No es lo más increíble del mundo.
El chaval tenía lucemia. Supéralo.
¿Ally?
-Ally. -Hola.
-Lo siento. -Ya.
Un mal día, supongo.
¿Puedo hacer algo?
Ojalá.
¿Por qué no te vienes al bar?
Pues...
No creo que hoy el bar me sirva de mucho.
Personalmente,
debería sentirme afortunada.
Se estaba muriendo.
Iba a morir de todas formas,
y de repente tuve la suerte
de haberlo conocido antes.
No todo el mundo conoce a su ángel, ¿sabes?
Lo sé.
¿Te acompaño a casa?
No, gracias.
Me iré sola.
Vale.
¿Sabes algo de Ling?
La llamé y me dijo que tenía algo.
¿Está bien?
Eso creo. No lo sé.
Lo vuelvo a intentar.
AQUÍ, OBSERVANDO
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