All language subtitles for La Embajada 2016 E06

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Original subtitles

¿A qué hora declaras? -A las 11:30.

-Bien. Procura no ponerte nervioso.

¿Has pensado bien lo que vas a contar?

-¿Qué tal si digo la verdad? -Créeme, en este momento,

la verdad es lo último que Luis necesita.

Lo que más parecido a la verdad son esos fajos

que encontraron en su caja fuerte personal.

¿De dónde sacó ese dinero? ¿Por qué no quiso contármelo?

Si yo no creo en Luis, ¿cómo podemos esperar que el juez lo crea?

-Quizás a mí me crea. Le voy a decir que aquí sabían muy bien

que la embajada era una cueva de ladrones

y que enviaron a Luis justamente para echarle la culpa de todo.

-No tengo por qué darte explicaciones.

-¿Vas a decirme que no sabías lo que pasaba?

¿De verdad?

-Yo no, te lo juro.

Lo apoyamos en cuanto pudimos, pero hay cosas que...

Al final, cada uno es responsable de sus actos.

¿Por qué?

¿Por qué, qué? ¿Por qué hoy?

¿Por qué esta noche sí? Puede que...

me haya convencido de que no se puede salvar lo insalvable.

¿Qué es lo que no tiene salvación? ¿Nosotros?

O sea, que estamos condenados eternamente.

Por supuesto que sí.

Pero es que no todo tiene que ver contigo.

¿Por qué...?

Nos creemos que somos buenas personas,

pero somos capaces de lo peor.

Yo no sé nada de tu matrimonio, pero aquella noche en la playa

me diste un consejo, ¿recuerdas cuál era?

Nunca tomes una decisión pensando en otro antes que en ti.

Esa noche fue un error, eso también te lo dije.

Un error se comete una vez; dos, no.

Entonces, lo de hoy no es un error.

(Se acerca un vehículo)

-Bueno, entonces, aceptas el trabajo, ¿verdad?

-Eres un poco insistente, ¿no?

-Daré vueltas con el coche hasta que digas que sí.

-No, por favor, no hace falta.

Mañana nos vemos. -Espera, ¿cómo que mañana?

¿Eso es un sí? -Un mes de prueba.

-Eso lo decidiré yo, soy el que contrata.

-No esperes que sea una empleada fácil.

-Ah, ¿no? -No.

-¿Sabes que tengo pareja? -Sí.

Y que las cosas no duran para siempre, también.

-Quiero a Carlos.

Gracias por la cena. -¿Seguimos viéndonos mañana?

-¿Mamá?

¿Pasa algo?

No lo sé.

¿Cómo que no lo sabes?

Le he dicho que sí a Roberto, voy a trabajar para él.

Bueno. ¿Y te arrepientes de la decisión,

si la acabas de tomar? No, no es eso.

Me ha besado hace un momento.

Lo peor es que estaba deseando que pasara.

Me gustó.

¿Con qué cara voy a mirar yo ahora a Carlos, por favor?

¿Tú qué es lo que quieres?

No tengo ni idea.

Pensé que Carlos iba a ser el hombre de mi vida.

Si no, nunca lo habría traído a casa.

Es que a lo mejor es demasiado pronto

para pensar que es el hombre de tu vida, si no lo tienes claro.

¿Qué te pasa?

¿A mí?

¿Por? No sé, pensé que me dirías

que se lo contase a Carlos. Es lo que me dijiste

cuando te enteraste de que papá te había sido infiel,

que había que ser sincero

con la persona con la que uno comparte su vida.

Ay, no lo sé, cariño, no lo sé.

Supongo que Bangkok nos está cambiando a todos.

Me voy a dormir.

Buenas noches. Buenas noches, cariño.

Bienvenido, embajador. Sin novedad en el cargo.

¿Qué tal el viaje? Muy bien, gracias.

No era necesario que vinieras personalmente.

Soy el ministro consejero. ¿Qué sería de nosotros

si no respetásemos un poco el protocolo?

Imagínese, empezamos haciendo eso

y acabamos yendo a trabajar en sudadera.

¿Qué tal ha ido por Madrid? Dímelo tú.

Tienes mejores contactos en el Ministerio que yo.

Pero, ya ve, sigo trabajando para usted.

Aunque, señor embajador, lo importante no es

quién está por encima de quién, sino quién domina la situación.

¿A su residencia o a la embajada?

Olga.

¿Hemos viajado en el mismo avión? ¿Cómo es que has vuelto tan pronto?

Aquí dejé todo a medias, los papeles, la casa.

Quiero cerrar capítulo cuanto antes.

Ven con nosotros, te llevamos. No, gracias, prefiero ir sola.

Claudia, tengo que contarte algo. Ya lo sé.

¿Cómo que lo sabes? No puede ser.

Luis, con Internet ya no hay secretos.

¿Has visto el anuncio?

¿De qué estás hablando?

¿De qué estás hablando tú?

Hoy, he... he puesto a la venta la casa.

No quiero deber dinero a un tipo como Cadenas.

Y nada más poner el anuncio ya tenemos una oferta.

¿Y por qué no me has consultado? Claudia, lo sé, tienes razón,

lo siento, pero he aprovechado que estaba en Madrid y...

Por Dios, es nuestra casa, Luis.

Sabes lo que nos costó conseguirla y ponerla a nuestro gusto.

Allí nació Ester.

Ya lo sé, Claudia, pero... Pero ¿qué?

¿Sabes lo que pienso?

Quizá ha sido el único sitio donde hemos sido felices.

Pero ¿crees que a mí no me duele?

Es que no hay otra opción.

Volveremos a ser felices en otro sitio, ¿no te parece?

No.

Viste a Verónica.

Estuviste con ella y me mentiste.

No, no te mentí, Claudia, no.

Cuando hablé contigo aún no la había visto,

coincidimos después, en el Ministerio.

Luis, por favor, ¿me vuelves a mentir?

Os he visto en una foto en el entierro, en un digital.

Está bien, sí, sí...

Sí, nos vimos en el entierro.

Y luego... cenamos juntos.

Ella tiene mucho poder en el Ministerio y yo...

le pedí ayuda, no podía recurrir a nadie más.

Esto ya no tiene arreglo. Claudia, no digas eso.

Te quiero, Luis.

Te quiero mucho, pero hemos dejado que esto muriera poco a poco.

Y míranos, ya no somos sinceros el uno con el otro.

Y yo no quiero seguir así.

¿Me vas a dejar?

¿Ahora?

Claudia, te necesito. Y me tienes.

Si no es para lo bueno, es para lo malo.

Te ayudo a encarcelar a esos desgraciados y me voy.

Pero no esperes más de mí.

Hola. No, no, siéntate, siéntate.

Siéntate.

¿Estás bien ahí?

¿Qué tal fue todo por Madrid?

Pues no demasiado bien, la verdad.

Me fui pensando en denunciarlos a todos

y al final casi me echan a mí.

Nunca se me han dado demasiado bien los despachos.

¿Qué es eso que ha dicho Claudia que habéis encontrado?

"Pendrives" con datos bancarios.

Los encontramos Ester y yo en casa de Bernardo.

En su despacho no había nada... Espera, espera un momento.

¿Ester y tú?

¿Dónde está Ester? ¿Está en casa? No, se fue a trabajar.

¿A trabajar? ¿Adónde?

En la empresa del hermano de Eduardo, es su primer día.

Se despertó antes de que yo me levantara y se fue.

Te presento a Yada, mi secretaria. (EN TAILANDÉS) -"Buenos días".

-¿Para mí?

¿Otra vez los de la empresa de azulejos?

Tienen interés, ¿eh?

(EN INGLÉS) "Si llaman de nuevo les mandamos el presupuesto".

Ven, te enseño tu despacho. Por aquí.

Si no te gustan, las tiro.

-Me encantan, pero no hacía falta.

-Son la mejor excusa que he encontrado después de lo de ayer.

-Ayer no pasó nada.

¿Podrías acompañarme a una cena en el club?

Me imagino que sí. ¿Con quién? Con mi hermana.

Viene de visita, pero tiene que ser entre hoy y mañana,

después se va a las playas del sur.

Qué envidia. Las mejores playas, aquí al lado,

y tú y yo, aquí encerrados. Pues sí.

(Móvil)

(Móvil)

(EN INGLÉS) "Hola Yada.

Gracias por llamar, Yada".

(EN INGLÉS) "Necesitaré dos copias de esto... ¿podrías?

-Vale, no se preocupe. -Gracias".

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

-Bangkok Opportunities.

(EN INGLÉS) "¿Por quién pregunta?".

"¿Ester? ¿Eres tú?

¿Qué haces ahí, guapa?".

Estoy trabajando aquí con tu hermano.

No lo sabía. Me dijo Roberto que te iba a contratar,

pero no sabía que iba a ser tan inminente.

Justo he empezado hoy. "Me alegro".

Ten cuidado con Roberto, que dicen que como jefe es muy duro.

"No te molesto más. Pasa un buen día, guapa".

Igualmente, Eduardo. Gracias.

-¿Era mi hermano? -Sí.

-¿Qué quería? -No lo sé,

no me ha dicho con quién quería hablar.

Supongo que contigo. -Ahora lo llamo.

-Vale.

(EN INGLÉS) "Gracias... Tuyo".

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

(ROBERTO) "Eduardo. Espera, espera, quiero que me escuches.

Me puedo equivocar, como todos,"

pero la decisión es mía. Si no lo entiendes, es tu problema.

Antes de nada, mírate su currículum.

Es ella la que nos está haciendo un favor a nosotros.

No me hace falta mirar nada, me parece bien.

Te dije que no la trajeras y, mira,

confías tanto en ella que te has enfrentado a mí.

Le has echado huevos, eso me gusta.

A ver si te aclaras. "Espero que conozcas el límite.

Hay cosas que la hija del embajador no puede saber, ¿de acuerdo?".

No soy imbécil. Nunca pensé que lo fueras,

pero no me hagas cambiar de opinión.

Esto de los aceites, la presentación es en la embajada.

"Sí, ¿por qué?".

Oye, si te la tiras, usa protección.

He dejado plantado a un grupo de inversores.

Espero que sea tan urgente como decías.

-Urgente, no sé. A mí me parece la bomba. Mira.

-¿Y esto? ¿De dónde lo has sacado?

-Prefiero no revelar mis fuentes.

-Por favor, Javier.

Pero si eres un bloguero de viajes. ¿Qué fuentes ni qué cojones?

-Cada vez que una empresa española hace negocios en el sudeste asiático

una de las empresas de Zambrano está cerca,

tanto como para llevarse el 4% de la operación.

Luego, ese dinero lo transfiere a dos empresas

y ellas transfieren sus beneficios a otras dos.

Así hasta perder el rastro. -¿Qué quieres demostrar?

-Patricia, si he conseguido esto en 24 horas,

puedo conseguir mucho más.

Si sabes algo de Zambrano, mejor que me lo cuentes.

Dime qué puedo publicar que no te perjudique,

antes de que lo encuentre otro sin escrúpulos.

-¿Y si te relajas un poco? No te acordarás,

pero viniste a hacer reportajes sobre playas

y te quedaste porque se vivía bien.

¿En serio quieres jugar al "Watergate"? ¿En serio?

(Móvil)

-Sí. "Romero, estoy viendo

lo que encontrasteis en los archivos del cónsul".

No es un gran descubrimiento, pero puede que haya de donde tirar.

¿Puedes venir a la residencia? Me gustaría escuchar tu versión.

Voy para allá.

El embajador. -¿Qué vas a hacer, enseñarle eso?

¿Ahora trabajas para él?

-No trabajo para nadie y no pienso contar nada que no me autorices.

Te estoy ofreciendo una salida y no te estás enterando.

Si no me ayudas, yo tampoco te puedo ayudar.

-Son empresas radicadas en Hong Kong, Singapur, Macao.

Hay que averiguar si Eduardo o Patricia guardaban relación.

Serán empresas a nombre de otras radicadas en la punta del planeta.

Tardaremos meses. Vale, Luis.

Enviamos los movimientos y que identifiquen las cuentas.

Para que un banco dé información un juez tendrá que mandarle

una comisión rogatoria y para eso necesitamos pruebas.

¿Esto es la pescadilla que se muerde la cola?

Le he mandado a Tomás un correo para que nos ayuden.

No entiendo que para conseguir esto hayáis entrado en casa del cónsul

forzando la puerta. No rompimos ninguna cerradura.

No digas tonterías. ¿Cómo coño se te ocurre?

¿Tú estabas al corriente?

¿Sabías que Ester iba con él? No, no.

Hasta que no vinieron no me enteré, pero no ha pasado nada.

No pasó nada. Y esto es importante. ¿Nos centramos en lo que estamos?

-Señor Romero está aquí.

Gracias, Kanda. Ahora bajo.

Bajo a recibirlo y tú te calmas.

Te calmas en un minuto, que no quiero que te vea así.

¿Y si antes de entrar en la casa os ve un guarda?

¿Y si hay cámaras? Ester está en libertad condicional.

¿Quieres que pase el resto de su vida en la cárcel?

¿Tienes idea de dónde estamos, de quiénes somos?

¡Ester es la hija del embajador de España!

Ah, y, Carlos, no quiero que vengas a la embajada hoy.

Ayer tu contratación se publicó en todas partes,

no conviene que aparezcas por allí.

Siento haberte levantado la voz.

Todo esto me está superando.

Además, estoy viviendo un momento personal muy delicado.

Claudia y yo estamos...

Bueno, vamos a tomarnos un tiempo.

Mi vida se está desmoronando.

Y yo no debería estar contándote esto,

Ester no sabe nada.

¿Podrías no contárselo?

¿No te apetece un café o un té? (OLGA) No, no, no te compliques.

Tranquila, tengo todo el tiempo del mundo, Olga.

Si puedo hacer algo por ti... Sí, sí que puedes.

Por eso he venido. Quiero mi dinero, Eduardo,

el de mi marido, que ahora es mío y de mis hijos.

¿Qué dinero?

El depositado en las cuentas de Hong Kong, Macao y Singapur.

Pero esas cuentas ya no existen, Olga.

Las traspasamos para que no siguieran la pista.

Y a mí no me es fácil acceder a los fondos.

Bernardo hizo lo que le pediste, se jugó la vida por ese dinero

y terminó suicidándose. Yo solo quiero lo que es mío.

Olga, si fuera por mí, si estuviera en mi mano,

tú sabes perfectamente que yo te daría lo que fuera,

pero es imposible.

¿Qué es? Me lo dejó Bernardo,

junto con su testamento. Es el número de las 17 cuentas

que compartía con vosotros en paraísos fiscales.

Eso es una fotocopia, el original está en un lugar seguro.

Si me pasa algo, se hará público.

Olga, ¿me estás amenazando?

No puedo sacar adelante a mis hijos con la miseria que me van a pagar.

No tengo otra salida, Eduardo.

Si la tuviera, no habría viajado 10 000 km para ver tu puta cara.

No digas eso. No hace falta llegar hasta aquí.

Puedo darte una cantidad, no sé cuánto, ni cuándo, Olga, pero...

Olga. La parte de Bernardo,

ni un céntimo menos. ¿Y si no puedo darte lo que pides?

Cruzo el pasillo y le doy eso al embajador.

Seguro que él sabrá qué hacer con ello.

Si se descubren esos números de cuenta en dos días a la cárcel.

Pagar a un chantajista nunca es una solución.

No me des lecciones, Patricia, dame soluciones.

¿Crees que va en serio? Si le damos el dinero se callará.

Ha podido ir a un juez o a la Policía o a un periodista.

Ha venido es para llegar a un acuerdo.

¿Cuánto podemos darle?

Tenemos casi todo invertido. Conseguir líquido es casi imposible,

sobre todo cierta cantidad.

Tira de los fondos de Zambrano Invest.

Es lo mejor, ¿no? ¿Cuánto tenemos ahí?

Eso no es buena idea. Zambrano es mejor no tocarlo.

¿Por qué? Ese banco lo investigaron hace poco.

Si hacemos una transferencia desde ahí,

se lo ponemos en bandeja.

De Zambrano es mejor no tocar nada, ni un solo dólar, créeme.

¿Y de dónde cojones podemos transferir

sin llamar la atención?

De las empresas que tiene Fátima a su nombre.

¿Si sacamos de ahí no pasa nada?

Sacarlo directamente no.

Que Fátima firme una venta de acciones a otra cuenta.

Una vez allí, la transferimos a una que podamos manejar.

Esa es la mejor solución.

Vale.

(EN TAILANDÉS) "Por aquí, por favor, espere un momento".

-Eugenio.

-Fátima.

Supongo que Eduardo no está... y no hay posibilidad de que parezca.

-¿Qué va a pensar la sirvienta si te escucha decir eso?

Pasa, por favor. ¿Quieres algo? -Lo mismo que tú.

-Siéntate.

-No conocía esta casa, pero no está mal,

pero que nada mal.

-Bueno, cuando llevas aquí viviendo un tiempo

se te hace un poco pequeña,

pero supongo que eso es como todo, ¿no?

Eugenio, no te voy a mentir. Nos conocemos hace mucho tiempo,

así que es mejor que me ande sin rodeos.

Mi matrimonio no va bien. -Vaya. Cuánto lo siento.

-Si no te voy a mentir,

te pediría, por favor, que tú tampoco lo hicieras.

Cuando el otro día nos encontramos y me dijiste que Eduardo intentaba

hacer desaparecer mi nombre de todos los documentos,

en realidad, yo no sabía nada. -Fátima, me pones en un aprieto.

Sabes que entre abogado y cliente

hay un compromiso de confidencialidad.

-Sí, pero no te estoy pidiendo que hagas nada ilegal.

Simplemente, quiero saber si Eduardo está dispuesto

a dejarme en la calle, eso es todo. Algo me podrás contar.

-No lo sé.

De momento, solo estamos preparando los papeles

para cambio de titularidad de cuentas,

de algunas acciones, de propiedades.

-Pero para eso necesita mi firma.

¿No es así? -Claro.

Cualquier día aparecerá aquí con un montón de documentos

y te pedirá que los firmes, pero esta vez ten cuidado.

Fíjate bien, porque te la estará jugando.

-Pero tú me puedes ayudar con todo eso.

Seguro que puedes hacer desaparecer esos documentos, destruirlos,

no sé... Decir que la Ley lo impide o lo que sea.

Por favor.

-Me la estoy jugando solo por hablar contigo.

-Ya, pero es que tú y yo somos muy buenos amigos.

Y sé que me puedes ayudar con esto.

Dime una cosa:

todo ese dinero que Eduardo me está quitando a mí,

¿adónde va a parar? -De momento, no lo sé.

-¿A nombre de quién?

-Fátima, por favor.

-Eugenio, solo te estoy pidiendo que me digas un nombre.

¿Se llama Sara?

-Si Eduardo hace todo lo que nos ha pedido,

en poco tiempo podrá divorciarse sin pagarte nada, lo siento.

-Qué suerte tengo de poder contar con tu amistad.

-Hacía tanto que no estábamos juntos...

No estaba seguro de que quisieras verme.

-Siempre es un placer verte, Eugenio, ya lo sabes.

-Aceite de oliva virgen extra, primera calidad.

Nada que ver con esas cosas que utilizan aquí.

¿Cómo se puede sacar el aceite de la soja o de los cacahuetes?

El español está claro,

pero convencer al tailandés es mucho más complicado.

Yo he estado estudiando los requisitos de importación

y, aparte de la licencia... -Mándeme los detalles por correo.

Mire, yo valoro mucho el trabajo de su empresa,

pero los contrato porque no tengo más remedio.

Lo que hacen ustedes aquí debería hacerlo la embajada,

pero los recortes, la falta de personal...

-La embajada intenta favorecer a las empresas españolas.

-A unas más que a otras. ¿Cómo deciden a cuáles?

Supongo que no tengo que explicárselo, ¿no?

-Si tiene esa impresión, deberíamos replantearnos los términos

de nuestra colaboración. -No se enfade.

Solo digo que la embajada... -Antes de seguir

debe saber que Ester es la hija del embajador

y que mi hermano es el ministro consejero.

-¿En serio? ¡Madre de Dios, qué bocazas!

Perdóneme, en ningún momento he pretendido faltarle al respeto.

-No se preocupe, no lo sabía. -Habérmelo dicho antes, hombre.

Esto sí que es llegar y besar el santo.

Me presentará a su padre, ¿no? -Tal vez cuando hagamos

la presentación del producto. -Genial.

Si todo va bien, no se preocupe, no me voy a olvidar de usted.

-En todo caso, Ester le presentará a su padre por pura cortesía.

-En cuanto a la presentación del evento,

no sé si tiene preferencias. -Hágalo como quiera,

yo ahí no me meto. Además, con lo guapísima que es usted

y lo bien que habla, triunfamos seguro.

Y su padre quedará encantado.

He vuelto a meter la pata, ¿no? -No, no, pero yo soy abogada,

me encargo de las leyes,

de la presentación se encargan otros.

¿Y cómo andan las cosas por Madrid? Revueltas. ¿Alguna novedad?

Creo que Malai tenía alguna cita concertada

y debería darle el visto bueno a la presentación de mañana.

Es una empresa de aceite de oliva. Perdona un momento.

¡Hombre, embajador! A usted quería yo verlo.

Deme un abrazo. ¡Deme un abrazo, hombre! (RÍE)

¿No sabe la noticia? Bueno, no es oficial.

Le han dado la concesión del tren a mi empresa.

He venido a agradecerle lo que ha hecho por mí.

Sabe perfectamente que yo no he hecho nada.

Bueno, entonces lo que no ha hecho por mí.

Y a invitarlo si se deja, que esto hay que celebrarlo.

Su mujer estuvo cenando con nosotros anoche

y lo pasamos divinamente. Me alegro.

Y me alegro de que las cosas le vayan bien.

Si me disculpa, tengo cosas que hacer.

¡Embajador! Una cosita.

Ahora usted y yo estamos en el mismo barco.

Si yo me hundo, se hunde usted, nos hundimos todos,

así que lo de hoy es una buena noticia,

también para usted.

Creo que muy pronto voy a poder pagarle lo que le debo.

No me preocupa, no tengo prisa. Yo sí.

Antes de final de mes tendré el dinero.

Como quiera. Y si necesita más, no tiene más que pedirlo, ¿eh?

Hoy estoy de muy buen humor. No puedo negarle nada, embajador.

Quiero saber todo lo que hace Patricia,

con quién habla, con quién se escribe,

quién entra y sale de su casa. Micros, ordenador y pinchazo.

Lo informo al final de la semana o si veo algo raro.

¿Qué tipo de dato busca?

Páseme un informe cada 24 horas hasta nueva orden.

Si ve algo raro,

alguna comunicación en la que salga mi nombre.

Así que Cadenas ya tiene su tren.

Gran noticia... ¿Qué has tenido que hacer esta vez?

Has aprovechado que no estaba y así no podía estorbar.

En la embajada de Japón están muy enfadados

porque pensaban que los trenes serían para ellos,

pero los alemanes han llamado para felicitarnos,

así que tenemos motivos para estar orgullosos...

¿Hasta dónde quieres llegar? ¿Perdón?

¿Cuándo dejarás de considerar la embajada tu cortijo?

No le tendré en cuenta esa acusación.

Sé que en España ha estado peleándose con todos

para defender su puesto. Y no me parece mal.

Un cargo público hay que merecerlo.

¿Y cree que yo no me lo merezco? ¿De verdad quieres una respuesta?

¿Por qué no continuamos esta conversación en un despacho?

No tiene ni una prueba, embajador. Tenga cuidado.

Ha visto cómo termina la gente que dice

que denunciará la corrupción, nadie quiere tenerlos a su lado.

Me arriesgaré. ¿Por qué no lo dejamos estar?

Hace su trabajo, yo hago mis negocios y todos contentos.

Una parte de mi trabajo es evitar que tú hagas negocios.

No sé de qué me habla, embajador. Se está usted confundiendo,

porque aquí nadie ha sacado nunca

ni un céntimo de las arcas públicas.

Las empresas españolas van bien, abren nuevos mercados,

todos están felices. No sea tan testarudo.

Le estoy ofreciendo una tregua.

Deje que el río fluya, es mejor así.

He marcado todos los sitios donde tiene que firmar Fátima.

Con la firma, podremos mover los fondos para pagar a Olga.

¿Qué vas a hacer ahora? ¿Yo?

En cuanto acabe de trabajar, me voy para casa.

Llámame si necesitas algo.

¿Cómo es que fuiste a por la niña?

Porque le he ido a dar una sorpresa. ¿Te tiro?

-No. ¿Eh?

Ah, que no se nos olvide, tienes que firmar esos papeles.

¿Quién hacía cosquillas antes? ¿No tienes cosquillas aquí?

¿Qué son estos papeles? Papeles como siempre, qué más da.

Ya. No voy a firmarlo, Eduardo.

Fátima, ¿crees que yo te voy a hacer firmar algo que no nos convenga?

No lo voy a firmar.

Mi amor, dile a Seetala que te prepare el baño, ahora va papá.

Venga, nena.

¿Qué pasa?

¿Qué pasa?

Si quieres quitarme mi dinero, quítamelo, pero no me pidas

mi consentimiento. ¿Qué dinero te voy a quitar?

Estás vaciando mis cuentas

y después me vas a pedir el divorcio, ¿no?

¿Qué te crees, que no me iba a enterar?

Fátima, ¡por Dios!

¿Quién te ha calentado la cabeza con esas tonterías?

Haz el favor de sentarte, vamos a ver.

Siempre has firmado lo que tenías que firmar

y nunca te ha faltado de nada, ¿te ha faltado algo? ¿Eh?

Pues esta vez no pienso firmar.

No confundas las cosas, por favor.

Necesito que firmes para mover los fondos.

El dinero no es para Sara, es para Olga.

Y ahora te preocupas por la pobre viuda.

Por favor, Eduardo, no seas tan patético.

Está en Bangkok, esta mañana vino a mi despacho a chantajearme.

Sí, Eduardo le dejó los documentos comprometedores

y, si no le damos lo que pide, los llevará ante un juez.

Necesito que firmes; sin firma, no hay dinero

y Olga nos lleva a la cárcel.

No, a mí no, porque yo no tengo ni idea de cuentas.

Me pones los papeles delante y yo firmo...

¡Fátima! Eres miembro del consejo administrativo

de 12 putas empresas, tu firma está por todas partes.

Si no firmas, vamos a la cárcel, tú y yo.

¡Firma de una puñetera vez!

No, no pienso firmar.

Y como falsifiques mi firma, la que te denuncia soy yo.

Lo he vuelto a enviar y está todo en orden.

Cada modelo debe pasar el control.

Una vez concedido el primero pueden empezar a vender.

Vale.

No, no, sin problema, si... necesitas que vaya, voy.

Vale, hasta ahora.

(Se acercan pasos)

Buenas. ¿Qué tal?

Estoy con la presentación de mañana de la embajada.

Vendrás, ¿no? ¿Tengo que ir?

¿No vas a todos los actos por muy aburridos que sean?

Sí, claro que sí.

¿Qué tal tu primer día de trabajo? Todavía no ha terminado.

Tengo que ir a la oficina a terminar de prepararlo todo.

-¿Ahora? -Sí, amor, no me queda otra.

La presentación es mañana y tenemos todo cogido con pinzas.

No tardaré mucho, pero no me esperes despierto, ¿vale?

Hasta luego. Chao.

-¿Cómo estás?

Luis me dijo que las cosas no andan muy bien entre ustedes.

Eso no es asunto tuyo.

Pregunto porque... supongo que no es una situación fácil.

Luis y yo llevamos 25 años de matrimonio.

No sabes nada de nuestra relación, no te lo contaré en cinco minutos.

Él está muy dolido, por eso me lo contó.

No tiene con quién hablar aquí, soy prácticamente su único amigo.

Lo siento.

Claudia, lo siento de verdad.

Me he cruzado con Ester, me ha dicho que se iba a trabajar

¿a estas horas?

Tiene que preparar la presentación de mañana en la embajada.

Hay que apoyarla, Luis, acaba de empezar a trabajar.

Es más, yo creo que de momento es mejor

que no sepa lo de nuestra separación.

Esta mañana no hemos hablado de...

¿Quieres que me vaya a dormir al cuarto de invitados?

No, no, en todo caso, me voy yo. No, espera, espera, espera.

A ver, seamos adultos, podemos seguir compartiendo, ¿no?

Claro.

Me voy a dar una ducha.

(Se alejan pasos)

(Agua corre en la ducha)

(Se acercan pasos)

Hola.

-Hola. Qué bien que hayas venido al final.

He pedido algo de comida, por si la cosa se alarga,

que podamos aguantar. -¿Estamos solos?

-No, el resto está en la sala grande.

Les he pedido que nos dejen tranquilos,

para trabajar a gusto, tenemos mucho que hacer.

-Ya, claro. -Si prefieres, vamos con ellos,

pero ellos se iban a preparar la presentación

y nosotros tenemos que tratar temas legales.

-Claro, como prefieras. -Espera.

A ver, cuéntame, ¿qué les podemos decir a los empresarios "thais"

que no sepan del producto?

-Que contamos con todos los requisitos legales.

No es exactamente así, pero las solicitudes están en marcha

y la concesión oficial está otorgada a la marca como tal.

No me mires así, por favor. -¿Cómo?

-Así. -No sé mirarte de otra forma.

Perdona, sigue. Dime.

-Si quieres, podemos poner un sello oficial en la etiqueta,

algo que los deje tranquilos solo con ver el producto.

Algo así.

-Muy buena idea. -Con buena me basta.

Tienes tres propuestas, escoge la que te parezca mejor.

(Música animada)

(Música animada)

(Música animada)

(Música animada)

(Música tranquila)

Todos acaban igual.

Hacen lo que les da la gana con el dinero que han sacado.

Abren cuentas en Suiza, se compran cuatro o cinco casas,

tres o cuatro cochazos, se van de safari a África.

Se lo cuentan todo por teléfono, sin ningún miedo.

Creen que nunca los van a pillar; a los demás sí, a ellos no.

Hasta que un día discuten con su socio o con su novia

y la novia o el socio los denuncian.

Siempre es así con todos los corruptos.

-¿Me estás llamando corrupta? ¿Vienes a mi casa a insultarme?

-No te estoy insultando, solo digo que siempre pasa lo mismo,

al final el socio pone la denuncia, detienen al corrupto

y con él caen todos los que están a su alrededor.

No esperes a que sea demasiado tarde.

No esperes a que otro ponga la denuncia.

-Primero me llamas corrupta y ahora quieres que sea una chivata.

Lo estás arreglando. -Me lo contó uno del embajador.

Sabe lo de Zambrano, sí,

pero si esa cuenta no se mueve mucho no tiene de dónde rascar.

Le he dicho que no localizamos contactos

y que a ti prefería no contártelo.

Patricia.

Patricia, mírame.

A la hora de la verdad...

(ROMERO) "...Eduardo te dejará tirada

y tú te comerás el marrón. Adelántate.

(PATRICIA) Casi se me olvida que eres periodista.

-¿Qué quieres decir?

-Que eres de esas personas que parece que van de amiguitos

y lo único que quieren es que la gente les cuente mentiras

para luego poder publicarlas.

Y lo entiendo, Romero, tienes que comer.

-Solo un número de cuenta".

Dime un número de cuenta.

Sí, solo un número de una de las cuentas

donde está el dinero de las comisiones, con uno me basta.

¿Dónde está, en un paraíso fiscal? ¿Dónde?

-¿Y para qué quieres un número de cuenta?

-Tengo contactos que pueden

detectar el movimiento de la cuenta.

Controlamos hacia dónde va el dinero

hasta que sepamos de dónde viene y quién paga y quién cobra.

(VOZ DÉBIL) -Hablas mucho, Romero.

Eres gracioso.

(GRABADORA) "Pero hablas mucho.

(ROMERO) Hasta que el juez se ponga a investigar,

tienes tiempo de sobra de borrar tu rastro.

Lo digo en serio".

(VILLAR) A partir de aquí, solo se grabaron ruidos.

Debieron de quedarse dormidos con el opio.

¿Opio?

Hablan de él un rato antes, cuando el periodista llega.

¿Quiere oírlo?

No, gracias, ya he tenido suficiente.

¿Quiere que continúe grabando a Patricia?

Sí.

No lo veo claro, ¿qué quieres que te diga?

Estos eventos son habituales, nada que no hayamos.

Colaboramos con una empresa que quiere darse a conocer.

-Y la empresa lo paga todo. -Exacto.

Nadie puede acusarnos de gastar

dinero público en nada privado. Pero cedemos las instalaciones,

el membrete aparece en las invitaciones,

invertimos nuestro tiempo. Bueno,

ayudamos a las empresas españolas, ese también es nuestro trabajo.

Tú lo has dicho, las empresas;

que no parezca que favorecemos solo a una.

-Hoy es una y mañana será otra.

¿No hacía lo mismo cuando estaba en otras embajadas?

Siempre me pareció delicado. ¿Dónde está el límite?

-La alternativa es cruzarse de brazos y no ayudar a nadie.

¿Suspendo todo lo que hay previsto?

No. No, no, adelante, adelante. ¿Cómo será el acto?

-Del acto se encargará Bangkok Opportunities,

la empresa del hermano del ministro consejero.

Ya trabajamos otras veces con ellos y funcionan muy bien.

Eh... El... Es el hermano, pero no le pagaremos nada a ellos.

Tienen un acuerdo con el que presentar el producto

y nosotros ni entramos ni salimos.

-Me han dicho que su hija ha empezado a trabajar en esa empresa,

¿no, embajador? Sí.

Sí, empezó ayer.

Tenía un contrato apalabrado con otra empresa, pero no pudo ser.

Yo no he tenido nada que ver con ese contrato.

Aunque supongo que esto complica todavía más las cosas, ¿no?

Las cosas están como estaban.

Todos los españoles que vivimos aquí nos ayudamos entre nosotros.

Esa es la mejor de las posibilidades, ¿no le parece?

Sí.

Supongo que sí.

-Nos está dando el día el embajador.

No sabe lo que quiere.

Todo le parece bien, siempre que no se comprometa a nadie.

¿Para qué le preguntamos?

Pregúntame a mí, que te digo que sí a todo.

Eso es mentira. A casi todo.

Mi hermana no sabe si seguir hasta Singapur

o quedarse aquí una semana. Te lo digo porque esta noche

lo más seguro es que empiece a marearnos con el viaje.

Recuerdas que a las 20:30 hemos quedado en el club, ¿no?

Perfecto, iremos después de la presentación.

He estado mirando los papeles que me diste el otro día.

O no los entiendo o lo que entiendo no me gusta nada.

Dijiste que estaba todo arreglado

Casi, el abogado está mirando exactamente

qué acciones ponemos a tu nombre.

No me pongas esa cara, te digo la verdad.

Es que soy estúpida por creerme todo lo que me dices.

¿Cuándo se supone que tendré el dinero?

Dinero, eso es lo único que te importa, dinero.

Lo que me importa es que seas sincero conmigo,

que pueda presumir delante de mi hermana de ti,

que sepa que te tengo y que no me invento nada.

(Puerta abriéndose)

-Olga está viniendo para acá.

(Puerta cerrándose)

No hacía falta que vinieras, lo tengo todo arreglado.

Enseguida te lo voy a dar. ¿Qué, un cheque sin fondos?

¿Cómo? Mira, yo no puedo estar aquí,

lejos de mis hijos, esperando un día tras otro

para que al final me engañes. No me dejas otra salida.

No hagas nada de lo que te puedas arrepentir.

Voy al banco y te doy todo lo que tengo.

Deja de mentir.

(EN INGLÉS) "Malai, por favor, ¿podría hablar con el embajador?

-Sí, puede entrar. -Gracias".

(Llaman a la puerta)

Una carta, sí. Bernardo la incluyó en su testamento hace tres meses.

Supongo que entonces ya pensaba que todo podía terminar mal.

¿Y de qué habla esa carta? Contiene la información necesaria

para demostrar que personas de esta embajada

han estado ganando mucho dinero de forma ilegal.

Mi marido era uno de ellos, pero no era el único.

Me alegra que hayas cambiado de idea.

¿Está la carta en un lugar seguro? Sí, sí. Sí.

Muy bien. Lo que tenemos que hacer es llevarlos ante un tribunal

y que los culpables paguen por lo que han hecho.

Yo no necesito justicia, señor embajador, yo necesito dinero.

Olga, yo puedo levantar el teléfono

y hablar con la Fiscalía Anticorrupción.

Eso es lo que quería Bernardo.

Ellos te darán protección.

Nadie va a saber que tú estás detrás de esos documentos.

Sigue sin entenderme, señor embajador.

No me sirve de nada que un juez mande a los culpables a la cárcel.

¿Necesitas dinero?

¿Quieres que te consiga un préstamo?

Sí, sí, quiero dinero, pero quiero mi dinero.

Y si no me lo da usted, lo conseguiré por otro lado.

Eduardo te ha ofrecido dinero para que te deshagas de todo, ¿no?

Olga, Olga, con eso es suficiente.

Dile al juez que ha querido comprar tu silencio.

¡Olga! ¿Cuánto dinero quieres?

¿Cuánto dinero está dispuesto a pagar usted?

Medio millón, quizá algo más. En un par de días, mañana quizá.

Te lo doy y tú no te deshaces de esos documentos.

Consiga ese medio millón y después hablamos del resto.

(Puerta cerrándose)

No le he dado nada, pero se lo daré si consigue el dinero...

Consíguelo antes que él.

Hola, buenos días. Soy Luis Salinas.

Ustedes se ocupan de la venta de mi piso.

Sí. ¿Podría hablar con el agente responsable?

Sí, sí, muy urgente. Gracias.

No sé, puede que todo sea un farol. Si Bernardo hubiera tenido algo,

se lo hubiera dado ya al embajador, ¿no te parece?

No se lo dio porque también lo incriminaba a él.

Ha esperado a estar muerto para jodernos.

No termino de creérmelo. Yo creo... (CHISTA)

(ROMERO, GRABACIÓN) "Sabe lo de Zambrano.

Si esa cuenta no se mueve mucho no tiene de dónde rascar.

Le he dicho que no localizamos contactos

y que prefería no contártelo.

Al final, Eduardo te dejará tirada y tú te comerás el marrón".

-¿Desde cuándo me estás espiando? ¿Tienes miedo de que te espíe?

¿Por qué? ¿Me quieres vender? Claro que no.

Sí. No.

A tu amigo el periodista, a mis espaldas.

Que no le he contado nada.

¿Qué sabe ese gilipollas de los fondos de Zambrano?

Encontraron algo en casa de Bernardo.

No sé, unos papeles, no lo tengo claro,

pero no será gran cosa porque no saben qué hacer con ellos.

Pero ahí aparecía Zambrano,

por eso te dije que no moviéramos esas cuentas.

Es verdad, si movemos esas cuentas, nos pillan.

¿Y por qué me tengo que enterar ahora? ¿Por qué no me lo contaste?

Eduardo, tengo a Romero controlado; pon la cinta si quieres y lo verás.

No le he contado nada, ni una palabra.

Romero cree que estoy de su parte.

¿Y no estás de su parte?

Por eso quedáis para hablar de mí mientras os ponéis ciegos de opio.

No soy tan imbécil como para ponerme la soga al cuello.

Nadie se cree imbécil, pero te aseguro que hay muchos.

Seguro, pero yo no soy uno de ellos.

Y creo que hasta ahora te lo he demostrado.

Voy a venderla hoy mismo.

La hemos reformado y está en la mejor zona de Madrid.

Es nuestra casa y tú quieres venderla de cualquier manera.

No tengo tiempo, ¿qué hago? Esperar una oferta mejor.

¿Por qué quieres pagar a Cadenas tan rápido?

Si quieres, hablo yo con él. ¡El dinero no es para Cadenas!

Quería vender la casa para pagarle a Cadenas,

pero ha surgido algo muy importante.

Olga ha venido a mi despacho, tiene pruebas contra Eduardo,

pero me pide dinero para dármelas.

Olga. Sí, sí, Olga.

Si no consigo el dinero

Eduardo le pagará para destruir esas pruebas.

¿No te das cuenta? Por Dios, es un chantaje.

¿Vender la casa para pagar un chantaje?

¿Estás loco? Me he vuelto completamente loco.

Fue pisar Tailandia y se me fue la cabeza.

¿Cuánto me costó convencerte de que pagaras lo de Ester?

Y ahora mira. Ahora sé que las cosas son así.

Si quiero conseguir justicia, tengo que pagar.

Justicia es que tu hija no vaya a la cárcel

y que podamos irnos de aquí. No te preocupes, eso va a pasar.

Pronto podrás irte de mi lado.

(Móvil)

¿Dígame?

Sí, sí, soy yo.

Ah, hola.

Bien, bien, aceptamos. Aceptamos la oferta, sí, sí.

No, no hay tiempo para regatear.

Necesito una garantía del banco y el dinero inmediatamente.

Eso es, sí, sí. Bien, espero es una confirmación.

450 000.

Bien, lo que nos costó hace 20 años.

Genial.

¿Qué tal?

No tengo muchas ganas de hablar.

La casa es grande y las paredes muy finas.

Tu padre y yo no siempre estamos de acuerdo.

Solo es eso, no es importante.

¿Tú no tendrías que estar en la embajada?

Estás muy guapa. Voy para allá. Tú también.

Os veo ahora, ¿vale?

Chao.

-Siento mucho todo lo que está pasando.

No lo he dejado por ti, no te ilusiones.

Entonces, ¿por qué lo dejaste?

Que una mujer quiera acostarse contigo

no significa nada más que eso. Quedamos en que se trataba

de hacer cada uno lo que quiera, yo sé lo que quiero, ¿y tú?

¿Nos vamos?

Claro que sí.

Hoy es el día de Ester, así que todo va a salir bien.

-Van a venir doce empresarios locales.

Solo debes decirles que el producto reúne las condiciones legales.

¿Estás nerviosa?

-No. (RÍE) -Buenas noches.

-Buenas noches. -Bueno, bueno...

Ahora que nadie nos oye, está usted guapísima, señorita.

-Muchas gracias. -Tenía que decírselo.

-¿Vamos? -¿Y el embajador?

Me han preguntado, pero no sabía

si finalmente viene o no. (ESTER) Vendrá, no se preocupe.

(EN INGLÉS) "No, no, no es para su pelo.

Espere un momento, es para aliñar ensalada ¿me entiendes?".

(EN INGLÉS) -"Sí el aceite de oliva es muy común en España".

Buenas. Buenas noches.

Mira, ahí tienes a tu hija.

(EN INGLÉS) -"Lo pueden usar para varios propósitos.

Pueden olerlo o probarlo... Lo que quieran".

(EN INGLÉS) "Volveré en unos minutos".

Carlos, ahora no puedo estar contigo.

-Solo quería desearte suerte. -Ester.

(ROBERTO) Diles, que funciona mucho, que es un producto único.

(EN INGLÉS) "¿Le gusta? -Es un producto único en el mundo.

Comprarlo en Tailandia es una gran oportunidad.

-Sí, lo es".

Podemos separarnos y vender nuestra casa,

pero seguiremos teniendo muchas cosas en común.

Para empezar, nuestra hija. No solo eso.

Toda una vida no se echa por la borda

de un día para otro. No es el momento.

Disculpe, señor embajador.

El señor Arjona quiere conocerlo, el dueño de la marca.

Seamos buenos anfitriones.

Perdón, señor Arjona.

Le presento a Luis Salinas, embajador de España en Tailandia.

Su mujer, Claudia Cernuda. Encantado.

Bienvenido. Encantada.

Yo estoy encantado, ¿eh? Esto está maravilloso.

El favor que me está haciendo su hija no lo olvidaré nunca.

Perdone, no... No es un favor, es nuestra obligación.

Olga, ¿te encuentras bien? -No.

¿Puedo pasar? -Sí, claro, sí.

Olga, ¿qué haces aquí?

No vengo a verte a ti, déjame en paz.

Hola, Olga, ¿cómo estás?

A Bernardo no le gustaban nada estas cosas.

Venía por obligación.

Era muy difícil verlo por aquí, tomando canapés.

-¿Qué les estará contando?

-Por cierto, ¿dónde están?

Están allí. Vamos a sentarnos a una mesa.

No, no. ¿Sí? Vamos.

Estoy bien aquí.

Desde que he entrado, es como que...

estoy mirando para todas partes,

como si fuera a aparecer Bernardo, como si cualquier cosa.

(SUSURRA) Olga.

Mañana al mediodía tendrá el dinero,

cuando abran los bancos en España.

¿Has visto a Fátima?

Estaba aquí hace un momento. No.

-Bien, entonces hablamos mañana.

No, no, no, no. Es aceite, Olga.

¿Has visto? En un segundo nos puede arruinar la vida.

Y ahora me dirás que es culpa mía. Vamos.

Va a darle los documentos al embajador,

él los lleva al juzgado y después nos detendrán.

El fin de semana estaremos en la cárcel, ¿eso quieres?

No, a la cárcel irás tú.

"Lo siento, señoría. No tenía ni idea de los negocios de mi marido".

Por Dios, Fátima.

Firma.

Tú quieres que yo firme mi sentencia de muerte.

Has firmado siempre lo que te he dicho.

Has podido firmar tres sentencias sin saberlo.

Has perdido la cabeza por esta chica. ¿Eres capaz de quedarte

sin un céntimo si ella te lo pide? ¿Cómo te lo tengo que decir?

Esto no tiene que ver con Sara. ¿No eres consciente del riesgo?

Vivo contigo desde hace años y te conozco perfectamente.

Y esta vez se te ha ido de las manos.

Dime qué que te ha dicho para que pierdas así la cabeza.

Firma, por favor.

Firmaré si tú también firmas.

Pon por escrito que ella no se va a llevar ni un duro.

Muy bien. Fátima, perdona... Perdona, mi amor.

Te prometo que no te voy a pedir el divorcio.

Te lo prometo.

Entonces firma lo que te he pedido.

Ya está, ha firmado.

¿Y Olga sigue en la fiesta? -Acaba de salir con el embajador.

-No me tiene que llevar nadie, de verdad, estoy mucho mejor.

Puedo coger un taxi perfectamente. Estaré mucho más tranquilo

si Chan te lleva a casa.

Bernardo lo hizo todo para que viviéramos mejor.

Esto... Esto es lo que él querría.

Mañana tendrás noticias mías, no lo dudes.

(Motor arrancando)

(CARLOS) Claudia.

Claudia, ven.

Ven aquí un segundo.

Pensé que te habías marchado.

Pues no, estaba por ahí. Qué suerte.

¿Tienes el pasaporte contigo?

No necesitas nada más y yo tampoco.

¿De verdad crees que diría que sí? ¿Por qué no?

Has dejado a Luis, Ester está feliz trabajando con Roberto.

Para. Ahora nos toca a nosotros.

No le hacemos daño a nadie. Para.

Estás mezclándolo todo, Carlos. Vamos.

Vámonos.

A la playa esta, Hua Hin, adonde sea.

El tiempo que sea, lo que dure, a comenzar de nuevo.

Nadie nos asegura que vayamos a ser felices,

pero tenemos la obligación de intentarlo. ¿O no?

¿No?

Si sigues hablando así, es...

muy difícil decirte que no.

Pero no te hagas ilusiones.

Para ti a lo mejor es muy fácil dejarlo todo.

De categoría, ¿eh? Ha estado todo de categoría:

la imagen, la degustación, cómo los habéis atendido...

Estaban todos encantados.

Y yo el primero.

-Muy bien. Si usted está contento,

nosotros lo estamos también. -Estoy contento.

-Un placer.

No hagas eso, por favor.

Por favor, Roberto, no hagas eso, que no me gusta.

-Gracias.

Gracias por decir que sí y por hacerlo tan bien.

Creo que vamos a hacer muchas cosas juntos.

Lo siento, lo siento. No, no...

No sé qué me pasa que no puedo evitarlo.

Lo siento. (ESTER) Ya me he dado cuenta, ya.

(AMBOS RÍEN)

-Voy a ir recogiendo. Te veo allí. -Ahora voy para allá.

(ROBERTO) Carlos.

-El cliente, estaba muy contento.

Ha salido todo muy bien.

Ultimaba detalles unos con Roberto. También está muy contento.

Carlos...

(OLGA) ¿Hola?

Gracias por venir.

¿Esto qué es? Es la llave de la caja de seguridad

de un banco de Madrid. Ahí va la dirección.

Ya.

Deja los documentos de Bernardo en la caja

y al día siguiente podrás recoger el dinero en la misma caja.

Mucho dinero, más de lo que te pertenece, Olga.

Ah, ¿tú piensas que yo voy a volver a Madrid

con una llavecita en la mano y que voy a dejarte los documentos

en la caja antes de que tú me des nada a mí?

Sí.

No.

¡Escúchame, cojones! Esto es muy serio.

Aquí nos jugamos mucho tú y yo. Claro que te daré el puto dinero,

más de lo que te pertenece y de lo que daría el embajador.

Después quiero que desaparezcas.

No te quiero volver a ver en la puta vida, ¿entiendes?

(Móvil)

¿Sí?

Sí, sí. Olga, dime.

Solo quiero decirle que he cambiado de idea.

Mañana mismo me vuelvo a España, mis hijos me necesitan.

Pero, Olga, la oferta continúa en pie.

Tendrás todo lo que necesitas. Tienes que colaborar.

"Lo siento mucho, embajador. No tengo nada más que decirle".

¿Vas a darle esos documentos a Eduardo?

"¿Crees que Bernardo te los dejó para eso?".

Solo le pido que no me busque.

¿Por qué no quieres que se haga justicia?

Sí, exactamente es justicia lo que quiero que se haga,

pero yo no creo en su justicia. En esa no.

Adiós, embajador.

Ahora vete.

Se ha echado atrás.

Eduardo la habrá amenazado o le ha pagado más.

Volvemos a estar igual otra vez.

No. No, no, igual no.

No, cierto. Estamos a tiempo de devolver la señal

y esperar una oferta mejor por la casa.

Voy a acabar con él.

Aunque sea lo último que haga.

(Móvil)

Lo siento, Sara, lo siento mucho.

Eduardo.

Eduardo.

Vaya, qué raro.

Le habrá pasado algo importante porque estaba de camino.

¿Cómo ha ido?

Ya está, ha aceptado. Espero no verla nunca más.

Supongo que yo me quedo sin nada. Ya repondremos esos fondos.

Dime la verdad, ¿sería capaz de dejarme en la calle sin un euro?

Deja de hablar de dinero.

¡Deja de hablar de dinero! No puedo más. No puedo más.

Es una simple medida de prevención,

estar en contacto con hospitales, Policía...

por si llega información de Carlos. (VILLAR) Por supuesto.

Aunque estoy convencido de que no corre ningún peligro,

que no le ha pasado nada. Ojalá, pero ¿cómo saberlo?

No da señales de vida desde ayer por la noche.

Es solo una suposición.

Pero mi trabajo es la seguridad de las personas

y, en cuanto a su yerno, estoy seguro de que estará bien.

Ni siquiera creo que esté lejos de aquí.

Bueno, entonces espero que aparezca pronto.

Gracias, Villar, una vez más.

Señor.

(ESTER, COMPUNGIDA) ¿Por qué me hace esto? No entiendo nada.

No tiene motivo para enfadarse,

y si se enfada, que me diga algo, que me deje un nota, un...

Que me llame, que me diga "me voy" o algo, ¿no?

Pero ¿irse así, de esta manera?

¿Crees que le habrá pasado algo?

No.

Eso seguro que no, cariño. Si no, nos hubiéramos enterado.

No te preocupes, ¿vale?

Vamos a tomar algo. No.

Si quieres, damos una vuelta. No.

Quiero saber dónde está, quiero saber dónde se ha metido.

Eh...

No conozco Tailandia, no tengo ni puta idea

por dónde empezar a buscar, joder.

¿Vargas? ¿No es un poco tarde para llamar?

Digo por la hora española.

¿Qué novedades?

(VARGAS) "Ando peleándome por ti, aunque no te lo creas".

Iban a mandarte una inspección de servicio,

y quizá te la manden la semana que viene.

"Ya, me lo temía". Pero los he convencido

para mandarte a alguien. Me he saltado el bombo,

"el escalafón y la madre que lo parió.

Se me han echado todos encima,

pero vamos a mandarte alguien de tu confianza"

para que ocupe en cuanto antes la plaza del cónsul.

Espero que a partir de ahora todo sea más fácil.

¿Alguien de mi confianza? ¿A quién?

Lo ha pedido ella misma, Verónica.

"Está volando para allá.

Perdona, Luis, tengo que colgar. Llamadme en cuanto llegue".

(ESTER) ¿Qué dicen, saben algo?

Eh... no. Tranquila, tranquila, ya aparecerá.

Venga, tranquila.

¿Tu madre no estaba aquí contigo?

Sí, ha bajado. Creo que está por aquí.

¿Ya estás contento?

No estaba seguro de que vinieras.

¿Qué pretendes?

Te vas sin decir nada, sin contestar al teléfono,

sin que nadie pueda localizarte. ¿Tú sabes cómo está Ester?

Sí, sí que lo sabes. Por eso lo has hecho, ¿verdad?

¿Tú también estabas preocupada?

No. Porque sabías dónde estaba.

No es cierto que no había manera de localizarme.

He venido por Ester.

Me dijiste que tu familia iba a estar mejor sin mí.

Ya están si mí. ¿Ahora tampoco sirve?

No, así no. ¿Entonces cómo, Claudia?

Dime lo que tengo que hacer, porque yo no tengo la menor idea.

Yo también pensaba que aquí todo iba a ser perfecto.

Tailandia, un país que adoro, con la mujer que amo,

con un trabajo nuevo...

Y al final resulta que no tengo nada.

Ni siquiera a ti.

Aquí se acaba todo, ¿no?

Cometí un error la noche que te conocí, y ya pagué por ello.

Pero no quiero pagar más.

No quiero seguir pagando, por eso me fui.

No puedo contarte más.

Supongo que al final,

lo mejor es haberlo vivido, o sea, que...

todo termina.

¿Eh?

No lo sé. No lo sé.

Déjame que aunque sea crea eso, ¿no?

Que valió la pena.

Si vamos a decirnos adiós, hagámoslo bien.

Ve a por tus cosas. ¿Qué cosas?

No traje nada, solo la cartera. Estoy en la misma habitación.

Pues devuélvela, que nos vamos a casa.

Le dices a Ester que te vas.

Recoges tus cosas y te despides,

y lo haces como lo tienes que hacer.

¿Qué les vas a decir, que me encontraste por ahí?

No sé, ya lo pensaré.

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