All language subtitles for La Embajada 2016 E05

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Original subtitles

(EN TAILANDÉS) "Señoras y señores,

nos estamos preparando para despegar.

Personal de cabina, tomen asiento, por favor.

(MEGAFONÍA, EN INGLÉS)

¿Por qué no te has ido?

Tú no quieres que me vaya.

Y Ester tampoco.

No pongas como excusa a Ester.

Si la quisieras, no hubieras hecho lo que hiciste.

¿Por qué? ¿Tú no quieres a Luis?

Es diferente, yo estaba dolida.

Tal vez yo también tenía una buena excusa para hacer lo que hice.

Fuera como fuera, pasó.

Y no me lo puedo sacar de la cabeza.

No puedo olvidarme de tu olor.

De tu piel.

¿Qué quieres, Carlos? Dime qué quieres.

Lo mismo que tú.

Que no puede ser, Carlos.

No puede ser, eres el novio de mi hija,

el ayudante de mi marido y...

Y si quisieras a Ester tanto como dices...

Claudia, el amor no tiene nada que ver con lo nuestro.

Ya.

Tú lo sabes.

(ROBERTO) ¿Qué tal? -¿Qué tal?

¿Llevas mucho esperando?

-Qué va, un rato, no te preocupes.

-No conocía este sitio. -¿Ah, no?

Yo vengo mucho a mediodía. Es como el Central Park de Bangkok.

-¿Trabajas por aquí? -Sí. Mira. ¿Ves esa torre de allí?

Ahí tengo la empresa. Tenemos oficinas en la planta 34.

Y varios almacenes distribuidos por la ciudad.

-¿A qué se dedican esas empresas?

-Ahora ayudamos a una empresa española

a introducir aceite de oliva en Tailandia.

-¿Tenéis muchos empleados? -Pues fijos... unos 12.

Pero varía según las necesidades.

Aunque no es fácil encontrar a gente de calidad

y que trabaje bien aquí, en Tailandia.

Ahora busco un abogado y es complicado encontrarlo.

-¿Por?

-Porque pocos abogados españoles aquí

que sepan Derecho Mercantil Internacional.

Bueno, abogadas o abogadas.

-¿Así ofreces trabajo a la gente?

-¿Se ha notado mucho?

-Estoy acostumbrada a una entrevista en un despacho.

-Ya. La opción del despacho está bien,

pero era más original lo del parque.

-¿Y por qué contratarme a mí?

-Porque eres perfecta para el puesto.

Por eso y porque ahora no conozco a otra abogada española en Tailandia.

No te estoy pidiendo nada para toda la vida.

Podemos probar un par de semanas y si no nos convence a ninguno,

pues no pasa nada. Tan amigos.

(CARLOS) Creías que te habían metido en la cárcel por su culpa.

¿Y estás pensando trabajar para él? -Exacto.

Sí, me lo estoy pensando. Si me dejas pensar. ¿Puedo pensar?

-Lo único que sabemos es que su hermano Eduardo

está metido en la corrupción de la embajada.

-Roberto no trabaja en la embajada. -Y casualmente

su empresa tiene un puesto de abogado.

-Por favor, Carlos, es un trabajo en una oficina.

¿Puedes ponerte en mi lugar?

Me han prohibido salir del país. ¿Entiendes?

-Te quieren utilizar. -Ah, ¿sí?

¿Para qué? -No sé.

-Gracias por confiar tanto en mí.

-No, amor. Ester.

¡Amor! ¡Ester!

Ester, no quise decir eso.

(ESTER) ¡Sé bien lo que querías decir!

(CARLOS) No, Ester, ábreme la puerta, por favor.

(Golpean a la puerta)

¿Qué haces?

No, no, no, que puede venir.

No, no va a venir. Puede entrar, sí.

Está durmiendo y cerré su puerta con llave.

Para. Puedo hacer lo que quieras.

Ahora. Carlos, para, por favor.

Para. No.

(Vibración de móvil)

(Vibración de móvil)

(Vibración de móvil)

"¿Sí? Luis, ¿ya estás en casa?". Sí. ¿Qué tal todo por ahí?

Bien, bien, nada nuevo.

Voy a contarlo todo. Voy a ver al director general

y le contaré lo que pasa en la embajada.

Les daré los papeles, que los investiguen

y que caiga quien tenga que caer.

Me alegra. No dejes que se salgan con la suya.

Me nombraron para cambiar cosas, y eso haremos.

Te llamo luego. ¿Estás bien?

¿Eh?

Sí, sí, sí.

Sí, es que estaba un poco dormida.

"Venga, un beso. Luego te llamo.

Chao". Un beso.

Luis.

¿Qué haces aquí?

Hola, Verónica.

Vengo a ver al director general. Ten cuidado con ese.

Está estrenando el cargo y le encanta regañarnos a todos.

¿Te ha llamado él? No, he pedido yo la cita.

No sé cómo lo has hecho,

pero en estos pasillos solo se habla de Bangkok.

Últimamente han pasado muchas cosas.

-Embajador, está usted aquí. Le está esperando el señor director.

Gracias.

-Me alegra haberte visto, de verdad. A mí también.

Precisamente hoy sale su nombramiento en el BOE.

Claro. Exacto, exacto.

Eso es.

Nos vemos el fin de semana. Sí, sí, es probable.

Vale. Hasta luego.

Buenos días. Buenos días.

Gracias por recibirme. Disculpe que le haya hecho esperar.

Por favor, siéntese. Gracias.

Qué espanto, ¿verdad?

¿Qué puede impulsar a un padre de tres criaturas

a pegarse un tiro? Encima, delante de su mujer.

Desde luego, ha tenido usted un...

aterrizaje en la embajada de lo más accidentado.

Primero nos envían un cifrado al poco de llegar...

Precisamente de eso quería hablarle...

Y luego está lo de la detención de su hija.

Por cierto, su intento de fuga hace un par de días

ha soliviantado a las autoridades tailandesas.

Todas nuestras negociaciones para liberarla se han ido al garete.

Bangkok era una plaza tranquila.

Y de repente nos está dando... no sé, más problemas que Caracas.

Cometieron una ilegalidad.

Mi hija nunca debió pisar la cárcel.

No se deje llevar por las emociones.

Mire, nosotros somos diplomáticos,

no somos jueces ni policías ni políticos.

Quisiera poner en su conocimiento una serie de cuestiones delicadas.

¿Recibió los papeles que le envié? ¿Papeles? No, no he recibido nada.

En la mensajería me aseguraron que ayer...

Perdón. ¿Me está diciendo que mandó unos documentos oficiales

a través de una empresa de mensajería?

¿Ha perdido la cabeza o qué?

Vamos a ver, en situaciones como esta,

más con la desgracia que acaba de ocurrir,

debemos mantener la cabeza fría.

Su embajada no puede aparecer todos los días en los informativos.

Desde que llegué allí no he hecho otra cosa

que intentar cumplir con mis obligaciones.

Si ha salido en los medios, no ha sido porque lo haya buscado.

Pues esfuércese más, trabaje usted en equipo.

Precisamente cuenta con uno de nuestros mejores diplomáticos:

su segundo, Eduardo Marañón.

Conozco a su familia desde hace muchos años.

He tenido la oportunidad de trabajar codo a codo con él.

Es un gran profesional. Créame, confíe en él.

Además, él me habla maravillas de usted.

Eduardo. Sí.

Hace media hora hemos hablado.

Sabía que usted venía aquí y que teníamos cita.

De hecho, he quedado en llamarlo dentro de un rato.

Créame, confíe en él.

Eduardo está deseando ayudarlo.

(Móvil)

Dime, Luis. ¿Cómo va? "Claudia".

No sé qué pasa, los papeles no han llegado.

Deben darnos una explicación.

Bueno, se habrá retrasado.

Llegarán pronto, no te pongas nervioso.

Claudia, el nuevo director general es amigo de Eduardo.

"Dice que Eduardo

intenta ayudarme". Llamo inmediatamente

a la mensajería. "Es una agencia 'thai'".

Habla con Villar, dile que se ocupe de averiguar

qué ha pasado con los documentos. O no. No, no, que vaya Carlos.

"Que sea discreto. ¿Está contigo?".

¿Está Carlos contigo?

Claudia.

Sí, sí, sí. Está aquí... Está aquí conmigo.

Que vaya en nombre de la embajada. "De acuerdo, así lo haré".

Bien. Gracias. "Un beso".

Los papeles de Bernardo no llegaron al ministerio.

Debes hablar con Villar, que averigüe dónde están.

¿Documentos? ¿Cómo documentos? ¿Qué documentos?

(DIRECTOR) "Los que dice que mandó por mensajería".

No sé a qué se puede referir, no sé qué es.

"Tenías razón".

Este hombre realmente es preocupante.

Estos se creen que comprando a dedo a seis embajadores

van a arreglar el mundo.

"Y ya ves, el tal Salinas nos ha venido con ganas de joder".

Oye, al final te queda un año allí.

"¿No? Pues, chico, paciencia".

Prefiero no llevar la cuenta. "Eso".

Gracias por la llamada. Chao.

(Timbre)

(Puerta abriéndose)

¿Todo bien?

Según a qué te refieras con "bien". ¿No vas a ir a trabajar?

Si dejas de preguntármelo tanto...

Fátima, guapísima, ¿qué tal?

Oye, recuerdos de Lucía.

A ver si venís a cenar a casa, que tenemos cocinera nueva.

¡Eh! Mañana. ¿Por qué no?

Sí. No sé si podremos. Lo miramos. Vale.

Paco. Qué calor, tío.

Recuérdame que no pongamos una tienda

ni de bufandas ni de abrigos aquí.

Gilipollas. Ruina segura.

Oye, vengo de la embajada, de buscarte.

Aprovecháis que no está el jefe.

Si el gato duerme, los ratones bailan.

Como no espabiléis, os privatizan las embajadas.

¿Te imaginas? Prefiero utilizar la imaginación

para otras cosas. (RÍE)

Yo las metía un aire que temblarían.

¿Qué pasa con la concesión de los trenes?

Nada, no sabemos nada porque no movéis un dedo, macho.

Me gasto una pasta en comisiones con vosotros,

y vosotros no movéis el culo.

¿Has venido a mi casa a echarme la bronca?

No, quiero saber

si vas a aprovechar que el pájaro no está para hacer algo.

¿Eh? Que cuando venga, se lo encuentre todo hecho,

firmadito y todo y se lo tenga que tragar.

O mejor, idea. Llamas a la aerolínea

y que no lo dejen embarcar, que no vuelva.

Aquí se vivía muy bien hasta que llegó él.

Bueno, ya hago yo las cosas a mi manera.

Ya, si yo te dejo, pero me dejas en la ruina, macho.

Llevamos ocho meses con lo del tren.

Mira, Paco, en España hay más de 1000 casos

de imputados por corrupción, ¿sabes quiénes son?

Los imprudentes, los de las prisas.

Haz el favor de calmarte, no meter más la pata

y, sobre todo, no me digas lo que tengo que hacer.

(Móvil)

Dime, Patricia.

-Tenemos problemas. Dime algo original.

El yerno del embajador está hablando con Villar.

Sea lo que sea, no me gusta nada.

"¿Qué coño hace el niñato con Villar?".

¿Qué sabe el embajador, qué contó en el ministerio?

"Estuvo viendo al director general". No sé nada todavía.

Cálmate un poco, Patricia, por favor.

Eso dijiste cuando Bernardo pidió el traslado y mira cómo acabó.

¿Por qué no estás aquí?

"¿Vas a tardar mucho?". No, no puedo hablar ahora. Venga.

Bueno, ¿qué? ¿Nos ponemos las pilas?

(VILLAR, EN TAILANDÉS)

-¿Cómo que no encuentran los documentos? ¿Qué le han dicho?

-Con los datos que he dado, tratan de localizar el envío.

Me han pedido tiempo.

-¿Cuánto tiempo? -No se preocupe.

Tanto si llama como si no, iré a visitarlos.

Si esos documentos son importantes,

¿por qué no usó el embajador la valija diplomática?

-Son documentos personales.

-La valija también está para eso.

-¿Quiere que le diga la verdad?

No lo sé. Son papeles privados, el embajador tendrá sus razones.

No sé.

-Diga al embajador que haré lo que esté en mi mano

para encontrar esos documentos. Es parte de mi trabajo.

Pero permitan que yo me encargue de las cosas

antes de que se conviertan en un problema.

Recuérdeselo, si es tan amable.

-Gracias.

Listos para la firma. ¿Sabes cuándo vuelve el embajador?

-No. ¿Necesitas que sea él quien firme los visados?

-Tú dirás. Yo, desde luego, no voy a hacerme responsable.

Ahí lo tienes, por fin llegó.

Pregúntale si se ocupa él de la firma.

-Claro.

Vaya, ya pensaba que no venías.

Anoche me diste un buen plantón.

Nunca he esperado tantas veces por alguien.

Sara, por favor, ahora no.

Solo lo digo por saber si sigo esperando...

He dicho que ahora no.

Villar.

-Discúlpeme. Sí.

¿Se ha reunido usted aquí con personal ajeno a la embajada?

Carlos me pidió en nombre del embajador...

El embajador no está y mientras esté fuera de Tailandia,

ejerzo las funciones de jefe de misión.

Hasta que Salinas presente sus credenciales,

yo soy el embajador, ¿está claro? La reunión no afectaba...

¿Está claro? Claro como el agua, señor.

¿Está claro?

Última vez que me haces algo así delante de todo el mundo.

Viniste a refugiarte en mí cuando pasó lo de Bernardo.

Te abro mi casa, mis piernas, cuando te da la gana

y tú, sin embargo, coges ahora y me desprecias.

Sara, cariño, no tengo tiempo ahora de romanticismo. Lo siento mucho.

¿De verdad que lo sientes?

Dilo otra vez a ver si me lo creo.

Lo siento. Hablamos más tarde. Estoy harta de hablar.

No hace falta hablar. A las 22:00 en tu casa.

Déjame tranquilo, por favor. ¿Qué tienes que hacer ahora?

Echar al nuevo embajador.

Cuando lo hagas, no te voy a estar esperando.

Hoy le ha dado a todos por amenazarme.

No, lo mío no es ninguna amenaza.

¿Crees que me importas como para asustarme

con que lo nuestro se acaba, eh?

Eres como yo,

somos escorpiones que viajamos encima de las ranas.

No la ataques antes de llegar a la orilla,

es peligroso. Tú eres un gilipollas, Eduardo.

Ni se te ocurra acercarte a mí.

¿Quién te ha dado permiso para entrar?

-Este es el despacho del embajador. Cierto.

Pasa. Cierra la puerta, quiero hablar contigo.

Hasta donde yo sé, tú todavía no tienes contrato,

no trabajas en esta embajada, así que me vas a hacer un favor:

cuando salgas por esa puerta, que va a ser ahora mismo,

no te detengas hasta llegar a la calle

y no vuelvas aquí en la puta vida.

Me encantaría oírte decir eso mismo cuando esté Luis aquí.

Fuera de aquí.

Justamente, como no trabajo aquí,

no tengo que rendirte cuentas a ti, ni a nadie en realidad.

Yo hago exactamente lo que quiero cuando quiero.

¿Eh? Como todos.

Tú no tienes idea de quién soy yo.

¿Quieres que llame a la Policía para que te saque de los pelos?

Vamos a acabar contigo.

Vigila muy bien lo que haces, porque vamos a acabar contigo.

Es solo una cuestión de tiempo.

¿Todo bien?

Anoche tuve bronca con Carlos.

Ya, os oí.

Roberto me ha ofrecido trabajo.

¿Que Roberto te ha ofrecido trabajo?

Sí, y a Carlos no le ha hecho gracia.

¿Le vas a decir que sí? No tengo que pedir permiso.

Ni a ti ni a papá... y mucho menos a Carlos.

No me gusta que Carlos me hable así.

Nunca lo había hecho.

Él antes no era así.

¿Sabes qué aprendí de tu padre cuando estábamos fuera?

Que hasta que no estás con alguien en un país desconocido,

donde prácticamente solo tienes al otro,

no sabes quién es realmente.

Eres mi hija y eres maravillosa.

Maravillosa. Y tendrías que tener a alguien a tu altura, y Carlos...

-Ester.

Por favor, ¿podemos hablar un minuto?

Por favor.

-Claro.

-Disculpa.

Ester, yo...

Lo siento. Anoche me comporté como un idiota.

No tengo derecho a hablarte así, te juro que no sé qué me pasa.

Desde que llegamos aquí y desde que sucedió

todo lo de tu detención, me preocupa lo que te suceda.

Temo de que te vuelvan a hacer algo.

Pero decidas lo que decidas, sea lo que sea,

te prometo que cuentas con todo mi apoyo siempre.

-¿Y ese cambio de opinión de repente?

-No me gusta Roberto.

Pero tienes razón.

Tienes que decidir sobre tu vida.

Yo confío en ti, por eso estoy acá.

Yo sé lo que es eso. Empieza como un juego,

como algo que crees que puedes controlar, dominar,

que no tiene importancia.

Pero no puedes sacártelo de la cabeza.

Y un día, de repente, te despiertas y ya no puedes pensar en otra cosa.

A él le ha pasado más que a mí, así que intento no preocuparme.

Pero su afición por el pendón de Sara

empieza a ser más que una pesadilla.

Quien es una pesadilla soy yo con mis batallitas domésticas.

No, qué va. Qué va.

¿Y crees que puedes solucionarlo?

¿Con ella presente las 24 horas del día?

Cuanto más intenta uno reprimir sus instintos,

más ganas tiene de hacer lo que no debe.

Es matemático.

Creo que deberíamos de dejar el té y pasarnos a algo más fuerte, ¿no?

O al menos dejemos de hablar de mí y comencemos a hablar de ti.

Por favor, Claudia, cuéntame. ¿Qué tal? ¿Cómo está Ester?

Preocupada, pero ella es como yo, intenta no pensar para no hundirse,

así que no para ni un segundo. Está pensando en trabajar.

Se plantea aceptar un trabajo que Roberto le ha ofrecido.

¿Roberto, el hermano de Eduardo? ¿No os lo ha dicho?

Sí, supongo que nos lo habrá comentado en algún momento,

pero como no le hago mucho caso a sus cosas...

¿Podemos hablar? Ahora no.

He quedado con el primo del rey. Eduardo.

O vienes a mi casa hoy o te juro que te jodo la vida.

¿Eso es una amenaza? Por supuesto.

No quiero perseguirte como un mendigo.

Te pones muy guapa cuando te enfadas.

¿Me estás vigilando?

-No hace falta espiarte, cometes tus pecados a la vista de todos.

He venido por no contártelo por teléfono.

Tu hermano. ¿Mi hermano?

Quiere contratar a Ester como abogada.

No seas muy duro con él.

Si lo piensas, tu hermano es como tú,

se encapricha de quien menos le conviene.

Si se le dice que no se encapriche, más lo hace.

Así que, por favor, sé suave por una vez.

Me están esperando.

(Pasos acercándose)

Perdón por llegar tarde. Me cambiaba para ir al club de golf.

Sí, yo acabo de llegar también. ¿Qué querías?

Quejarme.

Antes me consultabas para meter a alguien en el negocio.

Es lo menos que puedo hacer. Puede que aún la metan en la cárcel.

Ah, muy bien. ¿Y vas a dar trabajo a todo el que vaya a la cárcel?

¿Eh?

Qué gran corazón, Roberto,

lo que se necesita para triunfar en los negocios.

No voy a aguantar ninguno de tus discursitos.

Es mi empresa y hago lo que quiero.

Espera, Roberto. Por Dios...

Si te la quieres tirar, te la tiras,

pero ¿cómo vas a meter a la hija de nuestro enemigo?

¿El embajador es nuestro enemigo? Él cree que sí,

me hace la vida imposible.

Roberto, ¿cuántos hermanos tienes?

Joder... ¿Cuántos hermanos tienes?

Tú, ya lo sabes. Exacto.

Y cuando te digo una cosa te la digo por tu bien, ¿eh?

¿Qué te dije cuando lo del Ferrari? Que era mucho coche para ti,

pero te lo compras, lo estrellas la primera noche,

una semana en coma y casi me matas del disgusto.

¿Voy a permitir que te vuelvas a estrellar otra vez?

Roberto, invítala a cenar al restaurante más caro de Bangkok,

pide el vino más caro de la carta, te la llevas a la habitación,

te la tiras, la invitas a desayunar y, elegantemente,

le dices que no la vas a contratar. Punto. ¿Vale?

¿Vale?

Vale.

¿Sabes que te quiero mucho? Y yo a ti.

Venga.

(Pasos alejándose)

Vi aparcado su coche fuera y esperaba a que saliera.

¿Ha pasado algo?

No se me va de la cabeza la última vez que vi a Bernardo.

Salió de casa de Eduardo, se subió al coche y...

De saber lo que iba a pasar... Exacto.

¿Qué vamos a hacer ahora, esperar?

¿Esperar a qué, a que pase otra desgracia?

Eduardo está detrás. Hagamos algo. Bueno, de momento,

el embajador está en Madrid haciendo lo posible

para que actúen contra él. Bien.

Bien, genial. Podemos ayudarlo desde aquí.

No nos quedemos quietos o nos arrepentiremos.

Ya hablaremos.

Hola. Hola.

¿Son imaginaciones mías o todo el mundo me mira mal?

¿No lo has visto?

Está en todos los digitales.

(LEE) "El embajador en Tailandia contrata a su yerno".

Luis, mírame a los ojos. ¿Esto es verdad?

No está contratado.

No ha cobrado ni un solo céntimo.

Le pedí que me ayudara porque habla tailandés,

pero si se plantea su contratación,

deberá pasar un tribunal. Se lo pones en bandeja.

Les acabas de servir tu cabeza. Van a por mí

porque estoy destapando su basura, ¿no te das cuenta?

¿Y quieres que defendamos públicamente a tu yerno?

¿Me vais a dejar con el culo al aire?

En Bangkok estoy solo contra una jauría de lobos.

Esto es Madrid. Aquí nos jugamos cosas más importantes que tu puesto,

¿no te das cuenta?

No voy a dimitir.

No les voy a dar ese placer. Abre los ojos, Luis.

La única duda que tienen es si te van a cesar hoy mismo

o esperar al consejo de ministros.

Lo siento.

La acompaño en el sentimiento.

Olga...

La acompaño en el sentimiento. Lo siento muchísimo.

Tienes que ayudarme, Olga, por la memoria de Bernardo.

-No lo nombre, por favor.

Sé que no es el momento, pero debemos hacer algo

contra esa gente. ¿Ah, sí?

¿Y qué me dará a mí a cambio,

un abrazo o unas palmaditas en la espalda?

¿Y después qué? Olga, lo siento muchísimo.

No voy a perdonar... a nadie.

Si creéis que os habéis librado de mí, estáis muy equivocados.

Juan Carlos... -Olga...

Lo siento mucho.

-Gracias. -De verdad, lo siento mucho.

(VERÓNICA) "Lo conocí hace casi tres años en México".

Luis era segundo de la embajada y yo fui destinada al consulado

en el Distrito Federal.

-¿Don Luis Salinas recibió dinero a cambio de favores?

-No, jamás.

-¿Los unía ya en aquel entonces algún tipo de relación sentimental?

-Creo que eso es irrelevante para la causa.

-Eso debemos decidirlo nosotros, señora.

¿Cuándo fue la siguiente ocasión en que volvieron a encontrarse?

-En el entierro...

"...del cónsul Bernardo Moraleda".

Luis.

La has vuelto a montar.

Definitivamente, cómo te gusta que se hable de ti.

No seas injusta, Verónica.

¿Tú también estás de su lado? ¿Del lado de quién?

Si quieres ayuda, podemos hablar.

Pero aquí no, nos están mirando.

Te invito a cenar esta noche.

Donde la última vez.

Es una cena de trabajo, no de placer.

"Han publicado que quiero contratarlo.

Se ha montado una buena".

Es probable que pidan mi cese. ¿Cómo?

Cariño, es tu padre.

Busca en el ordenador una noticia de la embajada, corre.

¿Qué quieres que hagamos? "Id a la embajada

y revisad lo que haya dejado Bernardo"...

en su despacho.

Quizá aún tengamos una posibilidad. "Pero eso no servirá de nada".

No, porque Eduardo habrá estado ya allí.

Vale. Bueno, tú tranquilo.

Luego te cuento.

"Venga, un beso. Chao".

No solo hablan de Carlos. A papá lo acusan de...

De corrupto.

Voy ahora a la embajada

y me traeré todo lo que hay en el despacho del cónsul.

-En el despacho no habrá nada.

El cónsul no dejaría pruebas a la vista de todos.

Tal vez en su casa.

Eduardo, la embajadora.

Buenas tardes. Hola.

Vengo a recoger los efectos personales del cónsul.

Disculpe, los objetos personales pertenecen a la viuda.

Y lo de la oficina... No me ha entendido.

Es una orden directa del embajador.

Si quiere comprobarlo usted, lo llama.

Creo que sería una orden que tendría que venir de un juez.

¿Se niega a cumplir las instrucciones del embajador?

Claro que no, no hay nada que ocultar,

pero no lo veo necesario el día del entierro de Bernardo.

Llama a la canciller y al jefe de seguridad.

Después de usted.

No dejó muchas cosas, la verdad.

Los papeles del consulado se los llevó Maite.

¿Puede abrir el cajón, por favor?

No entiendo qué busca el embajador.

En Madrid le han pedido que revise el trabajo de Bernardo.

No quieren llevarse sorpresas.

Y menos enterarse por la prensa de cosas que no saben.

Nos lo podía haber pedido a nosotros.

Villar, no cojas así el ordenador. Ten cuidado.

Gracias, Villar.

No se preocupe, ya lo llevo yo.

¿Va a poder con todo? Seguro que sí. Me ayuda Chan.

(Pitido electrónico intermitente)

Por aquí. Gracias. Gracias.

Aquí. A ver. Sí, aquí, perfecto.

Gracias a los dos.

Espere, ahora mismo se lo conecto. Ajá.

-Mamá. ¿Eh?

Estamos de vuelta. Hemos encontrado algo.

¿De dónde venís?

-¿Ese es el ordenador de Bernardo?

-Ajá.

No entiendo. No sé qué pasa. No se pone en marcha.

-Dice que el disco está dañado. No me lo puedo creer.

-Puedo llamar a un informático. No, no, no. Está bien, Villar.

Lo intentaremos nosotros primero. Gracias. Se pueden ir.

Mamá. ¿Eh?

Hemos entrado en casa de Bernardo.

¿Cómo? Sí. Carlos ha abierto la puerta.

¿Perdona? -Hemos encontrado esto.

Te veo mejor cara que esta mañana.

He tenido días mejores, la verdad.

No estaba segura de que vinieras.

Necesitaba hablar con alguien.

Pues aquí estoy yo. ¿Qué me quieres contar?

No sé ni por dónde empezar.

Por ejemplo, ¿por qué se suicidó el cónsul?

¿Quién sabe lo que pasa por la cabeza de un suicida?

Ya, pero ¿tenía algún negocio inconfesable, alguna amante...?

No es muy elegante hablar de los secretos

de los que ya no están.

Luis, te lo tengo que decir.

He estado en una reunión con el subsecretario

y solo se ha hablado de ti. Tu cese está sobre la mesa.

No pueden echarme. Ahora no.

He intentado defenderte,

pero me relacionan con Génova. No siempre me hacen caso.

¿Qué está pasando en Bangkok?

¿Por qué no me lo cuentas?

Aquello es un infierno.

El segundo y la agregada comercial cobran comisiones

por conseguir contratos, mucho dinero.

Saben que lo sé y van a por mí.

Esa es una acusación muy grave. Ajá. Tenía pruebas.

Las envié a España, pero...

casualmente se perdieron por el camino.

Y cuando se lo conté al director general,

resulta que descubro que es íntimo amigo de la familia de Eduardo,

el segundo de mi embajada. Es el círculo perfecto.

Necesito que me ayudes.

He hablado con Vargas, pero solo está preocupado por su sillón.

Se ha convertido en todo aquello que odiábamos.

Verónica.

Creo que eres la única que puede ayudarme.

Es difícil que me tomen en serio si te defiendo.

Todos saben lo nuestro.

Pero puedo enviarle un correo al ministro o a la vicepresidenta.

Gracias.

Es un listado de movimientos bancarios.

Son transferencias hechas a bancos de Hong Kong.

Se puede seguir el rastro del dinero con esto.

-Shanghai Commercial Bank, OCBC, DBS Bank...

Perfecto. Pero no son tontos. En ningún momento aparece

el número de cuenta ni el nombre del titular.

Será muy difícil seguir el rastro.

Un momento.

Yo conozco esta empresa.

Zambrano Invest. ¿La conoces?

No.

He visto papeles con ese nombre en casa de Patricia.

(Puerta abriéndose)

¿Qué haces a estas horas aquí? He ido a tu casa a buscarte.

-Tengo cosas que hacer.

Y no me gusta que vengas al despacho.

¿Ha encontrado algo la embajadora en lo de Bernardo?

-¿Cómo quieres que lo sepa? -No, claro.

Tú nunca sabes nada.

¿Y si me cuentas qué hacía Bernardo con tu grabadora?

-Cuando me cuentes qué negocios sucios hay en la embajada.

-¿Negocios sucios?

-Zambrano Invest.

¿Qué relación tienes con esta empresa? ¿Eres socia?

-El nombre de los socios de una empresa es fácil averiguar.

Hay un registro público. -Ya lo he mirado.

Zambrano lo forman varias empresas. ¿Es tuya alguna?

-Tengo mucho trabajo, Romero, déjame un poco en paz.

-Olvida que soy periodista,

no publicaría nada que te perjudicase.

-No te puedo creer.

-Si tú me cuentas algo de los negocios de la embajada,

yo te cuento qué saben los embajadores. "Quid pro quo".

-Muy bien.

Empieza tú.

-Muy bien.

Empiezo yo.

El disco duro está roto, pero encontraron archivos importantes

en un "pen" que Bernardo tenía en casa.

-¿Archivos importantes? -Sí.

-¿Y eso qué coño es? Eso no es nada, Romero.

-No voy a por ti, Patricia, lo digo en serio.

Pero háblame de Eduardo.

Si quieres salvarte tú, estás a tiempo.

Eh, eh.

Yo te ayudaré.

Apaga el ordenador,

vamos a tu casa y hablamos tranquilamente.

¿Te parece?

¿Tú tampoco puedes dormir?

Ya ves.

Por favor, no te vayas. Por favor.

¿Qué te quita el sueño?

¿Qué pretendes, Carlos?

Es solo una pregunta. Yo no puedo dormir. Tú tampoco.

¿Es por la misma razón?

No sé cuál es la tuya.

Para, no sigas.

Por favor, para.

¿Por qué dices eso,

si estás sintiendo todo lo contrario?

¿No quieres que siga? No.

No puedes seguir haciéndole esto a Ester.

Tú no puedes seguir haciéndote esto.

(Puerta abriéndose)

-¿Qué pasa? ¿Hoy no duerme nadie?

-¿Para qué? La noche es joven.

-¿Qué hora será en Madrid? ¿Llamamos a papá?

No creo que sea buena idea.

Tenía una cena de trabajo o no sé qué.

Buenas noches. Buenas noches.

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

Hola. -¿Qué quieres, Eduardo?

Estaba dormida. Te veo muy despierta.

Ya es demasiado tarde. Vete de aquí. No me gusta acatar órdenes.

¿Ah, no? Pues ya somos dos. Cómo estás hoy, ¿no?

¿Qué quieres tú? Que me respetes.

¿Crees que puedes venir aquí como si fuera el Barrio Rojo

y que estoy disponible 24 horas? ¿Te pido perdón?

Perdón. ¿Puedo pasar ya? No.

¿Cuánto lo sientes? Bueno...

¿Quieres que te trate como a un cliente?

¿Cuánto piensas pagar? ¿Cuánto quieres?

No sé, ¿cuánto le pagas a tu mujer? No te pases.

¿Me pagarás lo mismo que a ella?

Si de verdad quieres volver a verme, trátame como me merezco.

Y ahora fuera de aquí.

Sara, Sara.

-Lo siento por tu hija, pero Roberto no podrá contratarla.

El papeleo aquí es muy complicado,

y siendo la hija del embajador, hay que hacerle un contrato

con todas las de la ley. Supongo, que sí, pero...

¿Es definitivo? No.

Creo que es lo que Roberto le dirá a tu hija.

Pero es que tal y como están las cosas,

contratar a Ester es una locura.

Y tu marido está dándole muchos disgustos a Eduardo.

Fátima, mi marido cumple con su deber.

Si Eduardo tiene problemas, no es por él.

Tranquila, que era una broma.

Además, ahora Eduardo solo está preocupado por estar con Sara.

Vale.

Hasta que no se le pase la fiebre, todo lo demás le da igual.

-Fátima, ¡qué sorpresa!

-Eugenio. ¿Qué tal? -Estás guapísima.

-Bueno, para ti siempre.

¿Conoces a Claudia,

la mujer del nuevo embajador? -No, encantado.

He quedado con unos amigos que acaban de llegar.

Me voy, tenemos en el bufete un lío tremendo por culpa de tu marido.

¿Te la puedo robar un momento?

-Perdona.

-Lo sabes, ¿no? Lo del cambio de titularidad de tus acciones.

-¿Qué quieres decir? -No tienes ni idea. Lo suponía.

Espero que sepa lo que hace. No quedará rastro de tu nombre

en ninguna cuenta, empresa, ni título de ningún tipo.

Espero no estar metiendo la pata. -No, no, no, para nada, Eugenio.

Claro que no. Muchas gracias por contármelo.

-No le digas a Eduardo que me has visto, ¿vale?

Y si quieres, un día con más calma, quedamos y te acabo de contar.

-Perfecto. -Vale.

-Gracias. -De nada. Encantado.

Hasta luego. -Adiós.

¿Todo bien?

-Claro. ¿Por qué no iba a estarlo?

(Llaman a la puerta)

(SARA) ¿Quería verme, consejero? Sí, cierra la puerta, por favor.

(Puerta cerrándose)

¿Qué haces?

He cumplido mi parte del trato.

La documentación.

He hablado con el abogado

y va a cambiar la titularidad de las acciones... a tu nombre.

¿Y eso qué significa, que me estás comprando?

Quiero empezar a demostrarte

a lo que estoy dispuesto por ti. Y esto solo es el principio.

Esto son dólares.

¿Va en serio esto?

¿Qué tienes que decir ahora?

Ya sabes que hablar no es lo mío.

Señor. Villar.

¿Sabías que la hija y el yerno del embajador

allanaron ayer la casa del cónsul? ¿Lo sabías?

Da igual. Averigua qué se llevaron, si es que se llevaron algo.

Me gustaría hacerle una pregunta.

La mensajería da por perdidos los documentos

que envió el embajador. ¿Tiene algo que ver con eso?

Claro que no.

-Perdón. Tengo los visados listos para la firma.

¿Se los llevo al despacho?

No, ya te acompaño yo.

-¿Tú qué quieres hacer? -Te digo que no lo sé.

-No me digas lo que sabes, dime lo que quieres.

Hay veces que pensamos una cosa y sentimos otra.

Para tomar buenas decisiones necesitas esto.

-¿Ah, sí? -Sí.

-¿Y eso cómo se hace?

-Es fácil. Bueno, mucho más fácil de manejar que esto.

-Tengo responder esta noche. -Dile que sí.

Dile que sí.

Mira, eres experta en derecho internacional,

vienes a Tailandia con trabajo,

te detienen injustamente y acabas en la cárcel,

y ahora viene un idiota

y te ofrece un trabajo que te viene como anillo al dedo.

Ya está. -¿Esto me lo dices de corazón

o porque es lo que yo quiero ir?

-Que Roberto es un idiota te lo digo de corazón.

-¡Qué tonto eres! -Acepta el trabajo.

Luego si resulta ser verdaderamente un idiota, lo dejas y punto.

¿Qué puedes perder?

Luis, me ha llamado Lucía, la mujer de Cadenas.

Me han invitado a cenar con su marido y con Eduardo.

"Le habrás dicho que no". Pues claro que no, Luis.

La mejor manera de saber lo que traman

cuando tú no estés aquí, es estar cerca de ellos.

"Claudia, ten cuidado".

¿Qué me van a hacer? "Solo te digo que tengas cuidado".

Vale, Luis, vale. Te llamo en cuanto termine.

Venga, hasta luego.

Me voy. ¿Sales?

Ajá, he quedado con Roberto. Con Roberto.

Sí, para hablar del trabajo. Adiós.

Es la primera vez que te veo más de dos minutos callado.

¿Todo bien?

-Es que tengo que decirte algo.

Necesito que te incorpores cuanto antes, mañana mismo si puedes.

He tenido una urgencia, me ha salido un proyecto y te necesito.

-Eh... Roberto, todavía no te he dicho que sí.

Necesito saber más sobre la empresa.

-A veces enviamos cacahuetes de Indonesia a Hungría

y otros sésamo de Vietnam a Chile. Depende.

-Sí, lo he visto. Bangkok Opportunities.

-Exacto. Controlamos los canales de distribución,

pero nos falta adecuarnos a las legislaciones.

Ahí entrarías tú. -Como comprenderás,

necesito saber dónde me meto.

¿Es todo legal?

-Por eso mismo necesito un abogado, para que todo sea legal.

-No me has contestado.

-Lo que es legal aquí, allí no lo es, y al revés.

En España estaba prohibido comer insectos y aquí les encanta.

Seguro que no te vas a aburrir.

Y que hoy estás muy guapa.

Bueno, ¿qué dices? No te vas a arrepentir.

-Trato hecho.

(Descorche de champán)

Champán francés.

El cava ese para los "catalufos" separatistas.

¿Qué celebramos? Pues estamos celebrando, amigo,

que, aunque no es oficial, me han llamado,

¿y a que no sabes...

a quién le han dado el tren de alta velocidad?

Empieza por "pa" y acaba por "co".

Sí, señor. Sí, señor. ¿El que te lo ha dicho es de fiar?

Bueno, es de los nuestros. Que sí, que es de confianza.

Oye, y por el primo del rey, que me ha salido por un pico,

pero el cabrón ha cumplido. -¡Hola!

¿Os dejamos para que os podáis besar?

No, no, no. Chicas, dejad el vino. Pasamos al champán,

que estamos celebrando. Celebramos que le vamos a sacar el dinerito

a los "thais". Toma, amor.

Dinero público, que sabe más rico.

Van a jugar todos con los trenecitos del tío Paco.

(RÍE) -Bueno, pues por tus negocios.

Qué rico sabe siempre. Como se toma para celebrar...

Siempre nos haces la misma.

Invitas tú, pero celebrándolo en mi casa.

Perdonadme, que se me había pasado

que era el día libre del servicio. Me podías haber avisado.

(Timbre)

¿Esperamos a alguien más? -Será la mujer del embajador.

¿Qué hace aquí la mujer del embajador?

-La invité. ¿No te lo dije?

Pero, chiqui... -¿Qué?

-Esto va a ser más divertido de lo que esperaba.

(RÍE) Pues eso. Oiga, y una preguntita,

¿cómo le va al embajador en España?

Bien. Bueno, teniendo en cuenta las circunstancias...

Bien.

-A mí nunca me han gustado los entierros.

-¿Y a quién le gustan?

Te asombraría la gente rara que hay.

Conocí a una chica que lo que más le gustaba

era hacerlo encima de lápidas de tumbas por la noche.

Eso no es verdad. -No hace falta que lo jures.

Hay gente dispuesta a todo con tal de tener un poco de sexo.

¿Verdad, Eduardo?

¿Es por tu amigo, el de los azulejos?

(RÍE JOCOSO)

¿Al final han encontrado algo en el ordenador del cónsul?

No. No, por ahora. ¿Por qué, le preocupa que lo hagamos?

Sí, claro. Claro que me preocupa.

Tras llevarlo hasta la muerte,

veo innecesario manchar también su memoria.

¿Llevarlo hasta la muerte? El cónsul se suicidó.

Si no le pusieron un arma en la mano, ¿no?

Hay formas de llevar a alguien al precipicio.

Estoy segura que conoce muchas más que yo.

-Oye, ¿qué tal está el genki-wan? ¿Os gusta?

-Sí, está buenísimo, la verdad. Delicioso.

-Sí. Hacía mucho tiempo que no lo preparábamos.

Lo comimos en un restaurante en mitad de la nada.

Eh... Koyanui, ¿te acuerdas?

Me gustaría proponer un brindis.

Por Bernardo Moraleda, un diplomático de carrera ejemplar,

honrado, trabajador y, sobre todo, buen padre.

¿Pasa algo, embajadora?

Ya está bien, por favor. Cállate, por favor.

Eduardo, tengamos la cena en paz.

¿No puedo proponer un brindis por un amigo, por un compañero?

Por Bernardo, por su memoria.

Por Bernardo Moraleda.

Por él, por su mujer y por sus hijos.

Básicamente, eso es todo.

La casa de Madrid, la casa de Cádiz, las dos cuentas corrientes,

el fondo de pensiones y los dos coches.

-Dos hipotecas y dos cacharros viejos.

-Y como tutora legal de tus hijos, dada la edad que tienen,

te corresponde administrar la legítima.

-No entiendo que estas cosas no te las pueden enviar por mensajería.

-Hay algo más, Olga.

Bernardo lo hizo llegar hace tres meses

y me pidió que lo adjuntara al testamento.

Cumplo su voluntad.

Imagino que quieres ver lo que contiene.

(BERNARDO) "Hola, cariño.

Si estás leyendo esto, es que ya no estoy contigo.

Te dirán que ha sido un accidente. No los creas.

Olga, si algo me sucede, quiero que empieces una nueva vida

y que consigas que los niños no se parezcan a su padre.

En el papel que va con esta carta están los números de 17 cuentas

en cinco bancos diferentes de Hong Kong, Macao y Singapur.

Ese dinero es mío, y ahora, vuestro.

Es el fruto de negocios que nunca me atreví a confesarte,

en los que me embarqué con Eduardo y con Patricia.

Si te ponen algún problema,

diles que llevarás esta carta a la Fiscalía Anticorrupción.

Todo lo hice por vosotros.

Te quiero, Olga. Te he querido siempre.

No les hables mucho a los niños de mí.

Cuanto antes me olviden, mejor para ellos.

Adiós".

¿Qué haces aquí? -Traigo información.

Y algo más.

Reposado, por los viejos tiempos.

Trae un par de vasos.

¿Qué información? Lázaro te tiene atravesado.

Lo va diciendo por ahí de ti, mejor ni te lo cuento.

Lázaro es un político de la vieja guardia.

Represento todo lo que él odia.

Tu cese está redactado y confirmado.

Solo a falta de la firma del subsecretario.

Muy bien.

Pues entonces brindemos por que firme rápido y...

y se acabe esta pesadilla.

Lamento fastidiarte el brindis,

pero el subsecretario no va a firmar.

He hablado con él. Dice que el cese sería dar más carnaza a la prensa.

Lo que hay que hacer es que Bangkok deje de ser noticia.

No es que esté de mi parte. En absoluto.

Te habría mandado fusilar al amanecer.

Pero bastantes problemas tiene ya con Rabat, Buenos Aires, Caracas...

Así que brindemos, señor embajador, por los misterios de Bangkok.

Gracias.

Cuando te vi en el cementerio, se me partió el corazón.

Tienes que dejar que te ayude, ya lo has visto.

Si esto me pilla lejos, de viaje, no sé qué habría pasado.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

Perdona.

Sí, Claudia.

Hola. ¿Cómo va todo? "Bien, ya te contaré.

¿Qué tal por allí?".

¿Sabemos algo más?

"Bueno, de momento, sigo siendo embajador de España en Tailandia".

¿No vas a darme la enhorabuena? ¿O el pésame?

Está siendo duro, ¿verdad? No te lo puedes imaginar.

En el entierro todos sabían ya lo del contrato de Carlos.

"Y Olga... Es que no quiere escuchar".

Había periodistas haciendo fotos.

No te extrañe si salgo en algún sitio. ¿Vosotros qué tal?

"Bueno, sin novedad".

Hemos encontrado en los documentos de Bernardo datos.

"Pero sin un número de cuenta la verdad es que es muy difícil".

Pero no tiraremos la toalla, ¿eh? "No, claro que no".

Yo aquí no tengo mucho más que hacer.

Cogeré el primer avión, si puedo.

¿La has visto?

No.

Buen viaje.

Gracias, cariño. Un beso.

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