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Yoruba
Zulu
(Pasos acercándose)
(HOMBRE, CARRASPEA)
Con su permiso, señoría.
Ha llegado el informe de la Policía sobre Olga Ramiro,
la esposa del cónsul de Bangkok.
-Llame al comisario. Quiero hablar con él.
"Muchas gracias por venir, Olga.
Te aprecio mucho, a ti y a tu familia".
Dime en qué puedo ayudarte, lo que sea.
Ayer, en tu casa, Bernardo llevaba una grabadora.
El embajador lo obligó.
Quiere que os grabe para denunciaros ante la Fiscalía.
Lo amenazó para que lo hiciera.
Por favor, prométeme que no habrá consecuencias para nosotros.
Él ha hecho siempre todo lo que le habéis pedido, siempre.
Eh...
Sí. Por favor.
Te doy mi palabra. Gracias.
¿Qué más le ha pedido el embajador? Nada. Nada, nada, te lo juro.
Ayer no os pudo grabar. Fue incapaz.
Eduardo, he venido a hablar contigo para que no os pase nada.
Por favor, por favor, no la tomes con él.
Suerte.
Ahora mismo está saliendo para allá. No, por valija no.
Creo que así será más discreto y puede que más seguro.
Lo he enviado a nombre del director general. Ajá.
Vargas, no lo sé, pero si querían deshacerse de ellos
es porque pueden constituir pruebas.
(Marcación de móvil)
Con un vistazo, hemos descubierto una estafa.
Imagina lo que puede haber.
Buenos días.
¿Y Ester? ¿Sigue durmiendo?
No quise despertarla.
Ayer nos acostamos tarde.
¿Puedes ayudarme con esto?
Por favor.
Anoche...
nos estabas mirando.
En la piscina.
No sé de qué me estás hablando. Sí que lo sabes.
¿Por qué lo niegas?
Porque no fue así.
Déjalo, Carlos. Por favor. ¿Cómo se hace eso, Claudia?
¿Cómo se hace?
En el fondo ninguno de los dos quiere que esto se acabe.
(Pasos acercándose)
¿Qué vamos a hacer, Claudia? Para.
¿Nos vamos?
Ajá.
Vargas dice que tardarán tres o cuatro meses
en recomponer las facturas.
Dice que tienen un programa informático que analiza el papel.
Lo utilizaron con el tesorero de Convergencia.
Espero que no tarden tanto.
Oye, habla tú con Ester, contigo estará mucho más razonable.
Recuerda que luego tenemos un evento, lo de Cervantes.
Venga, Luis... Por favor, es justo lo último que necesita Ester.
Soy el embajador, no puedo abandonar mis obligaciones.
Vale.
No he dejado de pensar en lo que me contaste anoche.
Y no deberíamos darle demasiadas vueltas.
Lo importante... es cómo estemos tú y yo ahora.
Y ahora estás conmigo.
Me olvidé el móvil. Date prisa.
¿Qué es esto? Te lo regalo.
Bernardo intentó grabarnos ayer en mi casa durante la fiesta.
Nos ha vendido.
Él entregó los documentos al embajador.
Están buscando pruebas contra nosotros.
Qué cabrón hijo de puta es.
¿Sólo vas a insultarlo? ¿Ya está? ¿Qué sabe el embajador de nosotros?
Mandó los documentos triturados a Madrid para que los reconstruyan.
Hay que pararlo antes de que llegue.
Aún no tienen nada, por eso quieren grabarnos.
Si ayer le salió mal, hoy Bernardo volverá a intentarlo.
¿Dónde está? Viniendo para acá.
Su mujer se encarga de que venga.
Hagamos feliz a Bernardo.
Cumplamos sus deseos.
Quiere grabarnos, ¿no?
Muy bien, que grabe.
No. No, no, no. No te puedes quedar en casa, cariño.
Después de lo de ayer tienes que ir a trabajar. Vamos.
-Espera, ya voy.
-No me lo pongas más difícil, Bernar, por Dios.
Levántate, ¿eh?
¿Cuánto crees que tardará Eduardo en darse cuenta
de que estás haciendo algo raro?
¿Y qué le vas a contar?
-La verdad, que me duele la cabeza.
-Ve a la embajada. Levántate.
Por favor.
-¿Crees que Eduardo se dio cuenta de algo ayer en la piscina?
-Si te quedas aquí, estamos vendidos, cielo.
Debes ir a trabajar y hacer como si no hubiera pasado nada.
-Voy a entregarme.
A la Policía.
-No. No, no. No.
A ver. Bernardo, no.
Solo piensas en ti.
No te importo nada, ¿eh? Ni tus hijos ni nadie.
Solo te importa que a ti te pueda pasar algo. ¿Y yo?
¿Qué va a ser de nosotros si te entregas?
Dime. ¿Qué te parece que vamos a hacer, Bernardo?
¿Ir a visitarte una vez al mes? ¿Y después?
¿De qué vamos a vivir?
Señor embajador, el ministro de Cultura ha enviado un saludo
para confirmar su asistencia. Lo reenvío a Madrid
para que hagan un comunicado. ¿Cuándo hay que estar?
Vamos con retraso, el acto es a las 12:00.
Lo aviso cuando lleguen todos. ¿El cónsul ha llegado?
No, todavía no ha llegado. Bien.
Buenos días, embajador.
Buenos días, Eduardo.
-Eduardo y yo tenemos un pacto.
Cada uno tiene su vida, sin preguntar.
Él gana dinero y yo me lo gasto, así de fácil.
¿No te importa de dónde sale el dinero?
No. Me importa más por dónde se va.
No sé si me explico. Perfectamente.
¿Azúcar? Sí, por favor.
Si lo dejo, Eduardo me pone los cuernos en mi propia casa.
Por eso perdí los papeles.
Pero en el fondo no lo culpo.
Después de tanto tiempo, es normal que la pasión no siga, ¿no?
De repente conoces a alguien nuevo
y todo vuelve a empezar otra vez.
¿No es así?
¿Qué pasa? ¿Está preocupada?
Yo no le he contado nada a nadie.
Ya se lo he dicho a Luis.
Ah. ¿Y qué le has contado?
Fátima, no estoy orgullosa de lo que pasó.
Prefiero que quede entre nosotras. Sí, claro.
Pero no podrás evitar que el chico lo vaya contando.
¿Qué chico? Ese chico, el hombre...
Con quien estuvieras.
Y más, si sabe que eres la mujer del embajador.
No dirá nada.
¿Y tú?
Sabes que puedes confiar en mí. Bien.
No me parece bien que se lo hayas contado a tu marido.
Es mejor no saber lo que hace y que él no sepa lo que haces tú.
Tengo experiencia.
Otra vez llegas tarde. Podrías dar ejemplo.
El visado de Apichatpong corre prisa. Quiere viajar.
Vamos a mi despacho y lo miramos. Tengo que chequear
la lista de visados antes de del evento.
No creo que haya nada más importante que esto. Vamos.
(PATRICIA) No tenemos tiempo. Lo de Cervantes empieza ya.
¿Has conseguido los datos? Sí, aquí están.
Son cinco personas. Viajarán con sus dos hijos y un asistente.
Los hijos son menores.
Necesitaremos un permiso firmado por el padre.
-Sin problema. ¿Tienes nombres completos?
-Sí, me los querían dictar por teléfono, pero los pedí por mail.
(GRABACIÓN, PATRICIA) "Soy incapaz de deletrearlos.
El primo del rey se llama Apichatpong Wongkamlao.
(ENTRE RISAS) Y la asistente es Wam...".
-¿Reconoce usted el contenido de esta grabación?
Manteníamos reuniones todos los días, señoría.
No sé de qué reunión se trata. Fue la última reunión
que mantuvo usted con el cónsul Bernardo Moraleda.
La grabación se encontraba en su teléfono móvil.
Era la única que guardaba.
¿Sabe usted por qué la grabó?
Perdone. No sabía que Bernardo grababa las reuniones.
¿Con qué objetivo? Se lo pregunto a usted.
A él, desgraciadamente, ya no podemos preguntarle.
Ya.
Eh... No... No lo sé, señoría, no tengo ni idea.
(GRABACIÓN, PATRICIA) "Están todos. Hay fotos también.
No te confundirás, ¿no? Son todos iguales.
(BERNARDO) Descuida. ¿Qué tengo que hacer?".
¿Para cuándo podrás conseguir los visados?
Pues si hace falta, ya mismo, ya. Cuando queráis.
No, Bernardo, no. Nada de favoritismos.
Eso se acabó con el anterior embajador.
Aquí hacemos las cosas bien, como lo hacemos hasta ahora.
Ya, ya, pero el señor Cadenas...
-El señor Cadenas no pinta nada en todo esto.
Lo que hayas hablado con él es cosa tuya.
-Eduardo... "Eduardo" nada.
Cursa los visados de forma reglamentaria.
No podemos hacer excepciones ni siquiera con la familia real.
No. No, no, os juro que no, que no.
¿Quién os ha dicho que...? Relájate, tranquilo.
Si cada uno cumple con su deber, no hay nada que temer.
-Siéntate, Bernardo.
(Música oriental)
(SALUDA EN TAILANDÉS)
Huy, qué mala suerte. Todavía no ha empezado.
Nos lo vamos a comer enterito.
Todos me preguntan por vosotras. Estamos en hora.
¿Qué tal?
Oye, ¿y Carlos? Está buscando...
Señor embajador. Embajadora, señorita, a sus pies.
Le estamos muy agradecidos por habernos invitado.
No es mérito mío, es el listado habitual de invitaciones.
Oiga, no tenga ninguna prisa en devolverme el préstamo. Ninguna.
-Señor Cadenas, ¿le importaría sentarse?
El ministro va a hacer su entrada.
¿Y Eduardo? Debería estar aquí. No sé dónde se ha metido.
Ve a buscarlo. Ahora mismo.
(Puerta abriéndose)
Cónsul.
¿Tiene un momento, por favor? Tenemos que ir todos al evento.
Será solo un minuto.
-Consejero, el embajador lo quiere a su lado
para recibir al ministro. Ya.
-¿Todo bien? -Bien, todo bien.
Perdona, no quiero llegar tarde al evento.
-¿Qué ocurre? ¿De qué hablaban? -De nada.
De papeles.
-Eduardo, te estoy esperando. Ya íbamos para allá.
¿Ha empezado el acto ya? No, aún no,
pero debemos ocupar el puesto que nos corresponde.
-¿Cuánto tiempo va a durar este juego?
(EN TAILANDÉS) -"Adelante, mi señor, que una aventura nos aguarda.
-¡Alto! ¿Acaso no son dragones
aquellos seres que por allí se divisan?".
(RESPIRA AGITADO)
(EN TAILANDÉS) -"No, mi señor, no lo son.
Son las fábricas de la ciudad.
-Son dragones".
(RESPIRA NERVIOSO)
(Móvil)
-¿Hola? (BERNARDO) "Olga. Olga, soy yo".
-Sí. -"Lo saben, me han descubierto".
-¿Qué? ¿Qué estás diciendo?
-Prepara a los niños, nos vamos.
-Bernar. -"Tenemos que irnos".
-Cálmate ¿Qué ha pasado?
-Pues me han llamado para una reunión y era mentira.
"Lo sabían, no sé cómo".
-Bernardo, ¿dónde estás ahora? ¿Dónde estás ahora?
-¿Para qué? ¿Para...? -"¿Eh?".
¿Ber? ¿Hola?
(EN TAILANDÉS) -"Si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración
que voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla".
-¿Ha visto a Bernardo, el cónsul? -Por aquí no ha pasado.
¿Sucede algo?
Estás muy nervioso.
Arranca.
(Motor arrancando)
(EN TAILANDÉS) -"¡No muera! No se muera.
No se muera mi señor Don Quijote".
(OLGA) ¿Por qué no me coge nadie el teléfono?
Venga, Bernar.
Apagado. Bernar, por Dios.
Bernar, Dios, ¿dónde estás? -Mami, ¿qué te pasa?
-Nada, no me pasa nada, mi amor.
(Móvil vibrando)
(EN TAILANDÉS) -"Es inútil ya. Vámonos".
(LEE) "Creo que han descubierto a Bernardo".
(EN TAILANDÉS) -"Yo fui loco, y muero cuerdo.
-No. No. No.
-Adiós".
(Aplausos)
(Tono de llamada)
(Móvil vibrando)
Ya está. ¿Cómo se lo ha tomado?
Bien, qué remedio le queda.
¿Lo has visto? -No.
¿No? ¿Pasa algo?
No, nada.
(VILLAR) Señor.
Está avisada la Policía. Han emitido una orden de búsqueda.
Con su mujer, Olga, me ha sido imposible contactar.
Nosotros lo hemos intentado y tampoco la hemos encontrado.
O le hago un poco de caso al ministro
o rompe relación con nuestro país. Vale.
Lo siento. Señor.
Mira, aquí lo tienes. Pregúntale. Miguel Ángel.
¿Qué pasa con el nuevo, Eduardo? No me quiere ni recibir.
Por lo que me cuenta Cadenas, es un conquistaplazas,
un perroflauta. ¿Es verdad? Sí, sí,
del "sóviet de diplomáticos". Mira que eres facha, cabrón.
Olvida al embajador. Le gusta la buena vida,
como a todos. Ya se cansará de protestar.
Anda, bebe, que paga España.
Perdonadme.
¿Por qué me esquivas todo el tiempo?
Vaya, yo que creía que no te ibas a dar cuenta.
Tu mujer nos está mirando, para variar.
¿Y...? Fátima sabe perfectamente lo que siento por ti.
Acabo de hablar con ella. Deja ya de mentir.
Yo no te miento nunca.
Pues dime cuándo dejarás a tu mujer.
¿Eh? Vamos a mi casa y me lo cuentas.
Tú y yo solos, así a lo mejor me lo creeré.
Amor.
-No te arriesgues tanto, que tengo la copa llena.
No la mires así.
Cariño, si tú eres mi mujer. ¿Qué más quieres?
Que la despidas.
Y que no vuelvas a verla nunca más.
Las dos cosas.
Eduardo. Olga. ¿Qué haces aquí?
¿Cómo no avisas que vienes? ¿Por qué no me coges el teléfono?
¿Y Bernardo? Cálmate, por favor.
¿Dónde está Bernardo? No lo eches todo a perder.
Te lo pido por favor. -Tranquila. Olga, mi amor.
Vamos donde podamos hablar tranquilos.
Vamos, sí. ¿Quieres un poco?
Aquí. Mira, Olga, ¿por qué no te sientas aquí, mi amor?
-¿Qué le has hecho a mi marido? ¿Eh?
-Olga, no digas locuras. ¿Qué le va a hacer?
-Me llamó, me dijo que lo habíais descubierto.
Tú estabas con él, ¿verdad, Eduardo? No me mientas.
¿Sí? No me mientas, ¿eh? Cálmate un poco. Escúchame, Olga.
Lo saqué de aquí porque estaba muy nervioso.
Temía que hiciera una locura. ¿Y qué le has hecho?
Nada, por Dios. ¿Qué le voy a hacer?
Entonces sabes dónde está. No lo sé, no tengo ni idea, Olga.
Ah. Vamos...
Vamos a ver, Eduardo.
Yo te conté todo con la única condición
de que a él no le iba a pasar nada.
Lo convencí para que fuera a trabajar porque me lo pediste,
y me prometiste que todo iba a seguir igual,
que todo iba a seguir... -Tranquila.
-...absolutamente igual. -Eduardo no sabe dónde está.
Debes hacer caso a Eduardo. -Yo también sé muchas cosas.
No sabes lo que me contó Bernardo ni lo que guardaba en casa.
Como le hayas tocado un pelo a mi marido, yo soy capaz de coger...
¿Me estás amenazando? ¿Me estás amenazando?
¿También vas a venir a por mí?
Por Dios. ¿Vas a venir a por mí?
¿Vais a venir a por mí? -Nadie va a ir a por ti.
-También vendréis a por mí, ¿no? -Haz caso a Eduardo.
Bernardo seguro que está bien. -¿Y Bernardo, dónde está?
Tu marido está perfectamente, Olga. Créeme. De verdad.
Es bueno saberlo.
Hola, Olga. Hola.
¿Tú sabes dónde está Bernardo?
-La pobre pensaba que estaba aquí y está muy preocupada.
Pero no sabemos nada de él...
¿Tiene usted alguna información, embajador?
Lo último que sabemos es que tuvo una reunión con Eduardo y Patricia.
Después salió de la embajada conduciendo su propio coche.
¿Tú has hablado con él?
-No, señor, no. No he hablado con él, no.
He dejado a los niños con... una vecina y me tengo que ir.
Si hubiera alguna noticia, por favor.
No te preocupes.
Hemos dado aviso a la Policía tailandesa.
(Puerta cerrándose)
Disculpe. La hemos traído aquí para calmarla,
pero... la verdad es que esto de Bernardo no me da buena espina.
¿Qué quieres decir?
Maite... me dijo que lleva una semana muy nervioso,
que ayer se puso a dar gritos en el consulado por una tontería.
-¿Bernardo, que es incapaz de alzar la voz?
Le dije que se fuera al médico, que estaba muy nervioso,
que lo veía muy estresado.
¿Usted no ha notado nada? Mira, Eduardo...
Espero que Bernardo aparezca sano y salvo.
Nosotros también.
Olga y Bernardo son nuestros mejores amigos, embajador.
(Puerta cerrándose)
(Llaman a la puerta y entran)
-Disculpe, ¿tiene un minuto? Sí.
-Sí, os dejo a solas,
que tendréis mucho de lo que hablar.
Las despedidas son siempre tan difíciles...
Gracias.
-¿Y si tu hermano fuera un corrupto?
-Ya, ya, ya salió.
Qué fácil, ¿eh, corrupto?
Gracias a personas como él España está saliendo de la crisis.
Hasta hace dos años aquí ninguna empresa española hacía negocios.
La gente es muy envidiosa.
-Ya, ¿y él qué tiene que ver exactamente con esos negocios?
-¿Querías algo?
Ester, lo siento, pero tenemos que irnos. Vamos.
-¿Ahora? Vamos.
¿Qué ha pasado?
Prefiero que no hables con él, vamos.
¿Cómo?
El cónsul ha desaparecido, no es momento para bromas.
¡Que me sueltes!
¿Qué tengo que ver yo con eso? (ROBERTO) Solo hablábamos.
Él estaba aquí, escuchando.
Vámonos. ¡Vámonos! -Me estás haciendo daño.
-Y pensar que he estado a punto de no venir.
-"El Quijote" nunca decepciona.
Y tú con tal de conseguir una exclusiva...
-Nadie sabe dónde está el cónsul.
Sois la comidilla del cuerpo diplomático.
¿Qué tecla habrá tocado este embajador para que pasen
tantas cosas seguidas?
-¿Seguro que no sabes dónde está el cónsul?
Tu grabadora.
Te la llevaste ayer de mi casa y mira por dónde,
ha aparecido hoy en mis manos. Un poco más estropeada, eso sí.
Aquí tienes un reportaje.
Este mes te vas a llevar una pasta.
Vas a noticia diaria. -Patricia, ¿de dónde...?
-No me toques delante de la gente, por favor.
(VILLAR) Las cámaras no registraron el coche estando aparcado.
Solo hay imágenes del cónsul saliendo solo de la embajada,
pero cuando abandona el recinto... -Alguien va con él en el coche.
¿Los guardias de la entrada no vieron nada?
-Reconocieron el vehículo del cónsul y se limitaron a abrir.
Es alguien de su confianza, evidentemente.
Y alguien cuyo nombre estaba en el listado de invitados,
una vez más. ¿Qué ha dicho la Policía tailandesa?
Un contacto confirmó que su móvil no está operativo desde las 12:25.
Yo estoy comprobando los hospitales uno por uno.
Si le hubiera pasado algo, ya lo sabríamos.
Gracias, Villar, tenme informado.
Señor.
¿De qué creen que huía?
Quiero decir, ¿por qué se marchó tan repentinamente?
Me temo que...
es una pregunta que solo puede responder él.
-¿Lo acompaño hasta la puerta?
-Muchas gracias.
Muy amable.
¿Te das cuenta?
Ni siquiera confío en mi jefe de seguridad, eso he conseguido.
Y he tenido una bronca con mi hija delante de todo el mundo.
Bueno, vale.
Eh. Me siento tan responsable
de todo lo que está pasando...
También de lo de tu escapada... No, vale. Basta, basta.
Sí, claro que sí, Claudia.
Tú creíste que aquellas fotos eran reales por algo.
(Truenos)
Gracias.
Perdona por lo de antes.
He estado un poco borde.
No pasa nada.
Te lo has leído.
Por fin.
No digas tonterías. Si me lo leí en cuanto salió.
¿Ah, sí? Sí.
Se lo regalé a Carlos, se lo está leyendo.
Se lo podrías dedicar.
¿Y cuándo se lo has regalado?
Pues antes de venir, en Londres, ¿por?
Qué guapa estás en esta foto. Qué va.
Carlos dice que estás guapísima también.
¿Y cuándo ha dicho eso? Pues cuando se lo di.
Tenemos un aire, ¿no?
¿Y después os pusisteis a ver fotos nuestras?
Claro, todas las del ordenador.
Las de nuestro viaje a Sudáfrica, ¿te acuerdas?
¿Estás bien? Un poco cansada, la verdad.
Ha sido un día largo. Sí, un poco.
Sí.
Descansa.
Vamos, mi amor, vamos a la camita.
-Trae, yo la llevo.
Ve con mamá.
Las sábanas son para la cama de arriba.
¿Le digo a Seetala que te la prepare?
No puedo despedir a Sara.
Necesito una razón objetiva para poder echarla.
Pues invéntatela.
Buenas noches.
¿Te parece gracioso? No, que a lo mejor
haces esto porque esperas una sorpresa en mitad de la noche.
A lo mejor la sorpresa te la llevas tú.
(Truenos)
Por cierto, la embajadora le ha contado a su marido
la aventura que tuvo en el hotel de la playa.
Se nos ha adelantado. Ya no hay nada que hacer.
Siempre hay algo que hacer,
encontrar al hombre con el que estuvo.
No sabes perder, Eduardo.
Nunca has sabido.
Bueno, ¿me crees o no me crees?
¿Vas a quedarte esta noche conmigo?
Porque no te pienso dejar escapar.
(Bocina de barco)
(Marcación en el móvil)
(ESTER) "¿Sí?"
¿Qué quieres?
(ROBERTO) "Solo saber cómo estabas".
-Estoy bien.
-Antes no debí quedarme callado.
No estábamos haciendo nada malo. Lo siento.
-No ha sido culpa tuya.
¿Qué haces, dónde estás? -Por ahí.
Me cuesta convencerme de que es hora de volver a casa.
"Me pasa todos los días.
Es como que me da rabia que se acabe el día.
¿A ti no te pasa?" -No.
-Venga ya.
"Te has reído". -Mentira, ¿tú qué sabes?
"Es verdad. Te cambia la voz cuando sonríes.
Me he dado cuenta, soy observador, ¿sabes?".
(Truenos)
(Puerta abriéndose)
-Sí. Sí, claro que sí.
También tengo muchas ganas de verte.
"Vale, hablamos, un besito. Chao".
-Carmela, desde Londres.
¿Te acuerdas de ella? -Claro.
"¿Qué les has dicho?".
Que no podía ser propiedad suya porque ya era mía.
¿Cómo?
Vaya, nunca pensé que me alegraría de oír algo así.
Lo sabías, sabías quién era yo.
¿Cómo voy a ser tan imbécil?
De saber quién eras, no me hubiese acercado a ti.
(ESTER) "Qué guapa en esta foto. Qué va".
Carlos dice que estás guapísima también.
¿Y cuándo se lo has regalado?
Pues antes de venir, en Londres, ¿por?
(Vibrador de móvil)
(Vibrador de móvil)
(Vibrador de móvil)
No... ¿No qué? ¿Qué pasa?
Bernardo, malas noticias.
(Sirenas de emergencias)
(VILLAR) Es una foto de sus padres.
Su mujer nos dijo que se la llevó de casa cuando salió por la mañana.
Es el coche de Bernardo.
Se han llevado las matrículas, pero la Policía ha confirmado
que es su bastidor. ¿Tú qué opinas?
No ha sufrido un accidente.
Simplemente, lo han abandonado ahí.
Puede incluso que no fuera Bernardo quien lo dejó,
que se lo hubieran robado.
¿Cuál es la versión de la Policía? Son muy reservados, señor.
Prefieren no pronunciarse.
Y menos con un extranjero.
Me han tenido allí tres horas solo porque les pedí las fotos.
Pero habrán buscado pruebas, restos de sangre.
Lo han repasado a conciencia.
Bien. Muévete, ponte en contacto con las autoridades.
Exígeles un informe oficial lo antes posible.
Los resultados necesitan tiempo.
Este coche es propiedad del cónsul de España.
Debería estar aquí la Policía dando explicaciones,
y tú te has comprometido a encontrar al cónsul.
Sí, señor.
Buenos días.
(HABLA EN TAILANDÉS)
¿Todo bien?
No entiende español, no te preocupes.
Quiero que te marches de esta casa.
Busca la excusa que te dé la gana,
la primera que te venga a la cabeza, pero te marchas de esta casa.
No, de Bangkok.
No te quiero ver nunca más.
¿Por qué?
¿Por qué?
(HABLA EN TAILANDÉS)
¿Qué pasó? Sabías quién era yo.
Sabías que era la madre de Ester.
Lo sabías. Y lo sabías desde el principio.
Has visto 100 fotos mías, lo sabes.
Te juro que no te reconocí.
Lo juro, era de noche.
No soy bueno para... Venga, Carlos.
Y además había bebido. No mientas. Otra vez no, por favor.
No sabía que me encontraría a la madre de mi novia en el barrio rojo.
Vi que intentaban asaltar a una extranjera
y traté de impedirlo. Ya.
Tardé un rato en darme cuenta de quién eras.
Pasamos toda la noche juntos, Carlos, toda.
No sé por qué no te dije quién era, ni me di cuenta.
No sé, no...
No me atreví. Ya.
Y después se me hizo mucho más difícil.
Tú estabas rota.
Necesitabas hablar con alguien.
Yo quería ayudarte.
Sentí que podía ayudarte. Sentí que me necesitabas.
No, querías acostarte conmigo, y te acostaste.
Y lo conseguiste.
Yo no tengo excusa, pero tú tampoco.
Se acabó.
Claudia, cálmate, por favor.
Hablemos cuando estés más tranquila. No.
Ya te lo he dicho:
te marchas de Bangkok... cuanto antes.
Estarás de acuerdo que es lo mejor para todos
-Buenos días.
-Buenos días. Buenos días, hija.
-Te estaba buscando.
Bueno, yo ya he desayunado. Os dejo.
-¿Qué tal?
-Bien.
¿He interrumpido algo? -No. No, qué va.
No.
-No me has subido el desayuno a la cama.
-Te juro que bajé para eso. -¿Sí?
-Ajá. -Ah.
Todavía estás a tiempo.
Gracias.
-Tengo que decirte algo.
-¿Ahora?
-Eh...
Me voy a ir de Bangkok.
-¿Así, de repente?
-Sí.
-¿Por qué?
-Se...
Se murió un familiar... mío.
Es... hermano de mi padre.
Me llamaron para decírmelo, tengo que ir a Buenos Aires.
-¿Por qué no me lo has dicho antes?
-Me acabo de enterar.
-En la cocina hablabas con mi madre.
Te he oído.
-¿Qué oíste?
-¿Me estás mintiendo? -No.
-Entonces, ¿qué coño está pasando?
¿Por qué mi madre quiere que te vayas?
-Te estoy diciendo la verdad.
Mi tío Pablo sufrió un infarto, mi padre quiere que vaya al entierro
y que lo ayude con unos papeles.
Hey.
No sabía cómo contártelo, por eso hablé con tu madre.
No sabía cómo... decirte que me tengo que ir.
(Timbre)
¿Qué haces? ¿Estás loca? Baja eso. No lo tendrás
tan fácil como con mi marido. Olga.
No te muevas, Eduardo, te estoy diciendo...
No sé qué piensas... Que no te muevas.
¿Por qué no me abriste la puerta? Me voy.
Me llevo a los niños a España. ¿Qué más quieres de mí?
¿Qué quieres? Hablar contigo, solo eso,
hablar contigo.
Olga, Bernardo está bien. Está perfectamente, te lo juro.
Te lo voy a contar todo, lo que quieras, pero deja eso.
Déjalo.
Bernardo está bien, Olga. Le ofrecí una salida y aceptó.
Está todo bien, de verdad.
Tiene un pasaporte nuevo y el dinero suficiente
para sobrevivir hasta que todo se calme.
Confía en mí.
Lo darán por desaparecido y el embajador le culpará
de lo que se le ocurra.
Pero cuando el embajador caiga, y va a caer, Bernardo va a volver;
y va a volver por la puerta grande.
(OLGA) ¿Dónde está?
Si es listo, a un par de miles de kilómetros de aquí.
¿Dónde está, Eduardo?
Olga, tranquilízate, por favor.
Es mejor que tú no sepas nada.
Con la investigación te van a pinchar,
te van a tener controlada.
¿Has hablado con el embajador?
¿Le has contado algo? No. No, no, no.
De verdad. Bien.
Le prometí a Bernardo que cuidaría de ti y de los niños.
Puedes hacer lo que quieras, lo que quieras.
Si te quieres marchar, márchate.
A ver... Eh...
Bernardo lo hizo porque le obligaron. Y yo...
Yo te conté todo con una sola condición:
que a él no le pasara nada. Lo sé.
Os conté que os estaba grabando, Eduardo. Deberías estar agradecido.
Y lo estoy, Olga. Tranquilízate, por favor.
Yo no podía hacer otra...
¿Qué haces aquí?
Ber...
Cariño, ¿qué haces?
-Me has vendido.
-No.
No. No. No, no, no, no. Amor.
Bernard, Bernard, escucha. -Hija de puta...
-Pero... Tú estabas muy mal. -Yo he venido a buscarte
para marcharnos juntos. -Cariño, estabas...
Cielo, estabas muy mal.
Yo hablé con Eduardo solo para que nos ayudara.
Bernardo, piénsalo. De verdad, piénsalo.
Lo hizo por ti, por salvarte, piénsalo.
-¡Cállate! ¡Cállate!
¡Cállate!
¿En qué más quieres que piense? ¿En qué más?
¿En el próximo chanchullo, en el próximo muerto?
¿En qué más, Eduardo?
¿A dónde vas a querer llegar? -Ber. Ber...
Por favor.
-¿Están los niños?
-No. No.
-Dales un beso.
(SOLLOZA)
-Bernardo se ha quitado la vida.
Delante de su mujer.
(RESPIRA NERVIOSO)
Vete, Romero.
Vete, por favor.
¿Qué hemos hecho, Claudia?
¿Qué hemos hecho?
Lo queríamos tanto a don Bernardo.
Lo siento, no puedo firmar.
Mientras yo sea embajador, jamás se mentirá en un comunicado oficial.
-¿Cree que debemos reconocer públicamente
que el cónsul se ha suicidado? Qué remedio.
Es lo que hizo, ¿verdad?
Con todos mis respetos, señor, creo que en un caso como este,
del que no hay muchos precedentes, alterar levemente el comunicado
es una cuestión... digamos que diplomática.
¿Qué quieres decir, que si contamos la verdad,
será malo para la imagen de España?
No creo que la imagen de España sea lo más importante ahora.
¿Qué va a pasar con la viuda y los tres hijos, eh?
Si decimos que fue un accidente en acto de deber,
hay medalla y pensión.
Si declaramos suicidio,
¿qué va coño va a haber, embajador? Eduardo.
No creo que ese tono que estás utilizando
sea muy recomendable. Lo siento.
Perdón, estoy nervioso. Lo siento.
Por Dios se lo pido, piense en los niños.
No hay necesidad de marcarles la vida así,
sabiendo que su padre se pegó un tiro.
Hasta dentro de unos años o cuando su madre decida contárselo.
El comunicado dirá la verdad.
¿Alguna duda?
Ninguna. Lo corrijo enseguida.
Eduardo... quédate.
¿Por qué se ha suicidado Bernardo?
Eso es una pregunta que, en estos casos,
nadie puede contestar.
Tú estabas presente cuando sucedió. ¿Qué dijo antes de morir?
Ya se lo he contado.
Esta muerte será investigada. Es mejor que digas la verdad.
Todavía estoy temblando, esa es la verdad.
¿Sabes lo que pienso?
Que Bernardo se suicidó porque no podía más.
Porque estaba asqueado de trabajar para ti.
No diga eso.
Él mismo me confesó que obedecía tus órdenes.
Bernardo era funcionario público.
Trabajar para mí, ¿de qué?
Estaba desesperado y alguien en esa situación
es capaz de acusar a cualquiera. Dejémonos de tonterías.
Sabes que te estoy investigando, sé que lo sabes, sabes que lo sé.
En esta embajada pasa cosas graves,
mucho más que una estafa en unas facturas de las mudanzas
o la venta de unos cuantos visados. Si tiene información
debería informar al Ministerio.
Y solicitar una inspección. Es posible que lo haga.
Y que de paso investigue qué sucedió
con el anterior embajador. ¿A qué se refiere?
Habéis montado aquí un negocio
cobrando por vuestra capacidad de influencia.
Será un negocio mayúsculo, porque estáis dispuestos a todo.
¿Cómo que estamos? Pero esto se va a acabar.
La corrupción en esta embajada se ha terminado para siempre.
Puedes marcharte.
Defina "corrupción".
¿Qué es para usted corrupción, embajador?
Un alto funcionario del Gobierno recibe dinero de un empresario.
¿Esto es corrupción?
Muchísimo dinero, de noche, de forma clandestina.
¿Eso para usted es corrupción?
¿De dónde has sacado esto?
No importa de dónde lo haya sacado, eso no cambia nada.
(Melodía de piano)
Olga, sabes que nos tienes a Eduardo y a mí
para lo que necesites, para cualquier cosa, ¿vale?
Lo siento muchísimo.
-Voy para allá. Ve.
Cómo te puede cambiar la vida en un segundo.
Completamente.
Y soportar que todo el mundo te mire como si tuvieras la explicación,
como si un suicidio se pudiera explicar con palabras.
Dolor.
Lo que ha hecho tu marido me parece muy bien.
¿Y qué es lo que ha hecho mi marido?
-Pues va a enviar un comunicado diciendo que se ha suicidado.
Es duro, pero es lo que hay.
La pensión la pagamos todos
y dársela a un suicida sería como darle una medalla.
Mira quién viene por ahí.
Conoces la especie, ¿verdad?
Las hay en todas las embajadas,
trepas, en busca de carreras que prometan.
¿Estás bien? Ajá.
Voy a darle el pésame a Olga.
-¿Quieres algo de mí? Como no paras de mirarme...
-Sí, fíjate, y por más que te miro, no consigo verte.
-No quiero discutir. Estoy trabajando.
-Sara, no me conoces de nada.
Si me conocieras un poco, sabrías que no deberías jugar conmigo,
porque es peligroso.
-Si yo no hago nada.
Si es tu marido el que me lo hace todo.
¿A quién llamó Eduardo cuando le pasó todo?
¿Quién quería que estuviera a su lado?
¿A quién necesitó?
Vaya, ¿todavía no te has dado cuenta?
-Conozco a Eduardo mucho mejor que tú.
Y sé perfectamente lo que necesita.
Olga.
He dado orden de que se informe oficialmente
del suicidio de Bernardo.
Entiendo tu situación y la de tus hijos, créeme.
Pero las instituciones no pueden mentir.
No deben hacerlo... Pero no le importó mentir
ni hacer que mi marido mintiera cuando a usted le convenía,
aunque se jugara la vida con ello. Eso no es así.
¿Qué quiere, que encima le dé mi aprobación?
Olga.
Lo siento.
Ya sabes que no te va a faltar de nada.
Ni a ti ni a tus hijos.
Se lo prometí a Bernardo y a ti te lo vuelvo a prometer.
Gracias.
-¿Y tu novio? ¿No ha venido?
-Está haciendo las maletas. Se va a Buenos Aires.
-¿Y tú?
-Yo no puedo salir del país.
-Es mejor que dejes que se vaya.
-¿Ah, sí? ¿Por qué?
(RÍEN)
¿Qué? -Bueno, no sé.
Cuéntame algo más. Desahógate.
¿Qué pasa con el trabajo? ¿Te contratan al final o...?
-Estoy harta de hablar de mí.
Un día de mierda. Me he peleado con todo el mundo.
Cuéntame algo tú. -¿Yo?
-Ajá. Por ejemplo... ¿Cuánto tiempo llevas en Bangkok?
-En Bangkok llevo dos años.
-Dos años. -Ajá.
Fue idea de mi hermano. Me convenció.
Reconozco que estoy enchufado, pero es el mejor sitio para estar.
Soy empresario. -¿Empresario de qué?
-De todo, ahí está la gracia. Compro ahí, vendo por allá,
exploto productos, patentes... -Ajá.
Acabo de perder 15 puntos.
Si digo que soy pintor y que no tengo dónde caerme muerto,
mucho mejor, ¿verdad? -Sí.
-Cuando quieras, ven a ver una de mis empresas.
Te la enseño yo personalmente. -¡Qué majo!
(ELENA) ¿Estás aquí?
¿Qué haces?
-Me vine a terminar de armar las maletas.
¿Te vas?
-¿No les ha contado nada Ester?
Tengo que marcharme a Buenos Aires. Ha surgido un asunto familiar.
Y... no puedo aplazarlo.
¿Y por qué tanta prisa? ¿Algún problema?
-No. No, solo eso.
-Pregúntale a mamá.
Ella le ha pedido que se vaya.
¿De qué está hablando?
-Le pedí consejo a Claudia porque no sabía qué hacer.
Pero no tengo más remedio,
tengo que ocuparme de unos papeles de la familia.
-Y esos papeles son más importantes que yo.
-Ester.
-No me sigas, Carlos, por favor.
Si vas a marcharte, vete ya.
No haces falta aquí ni un minuto más.
-Yo no quiero dejarte sola. Ester, créeme.
Pero creo que... creo que metí la pata hasta el fondo.
-¿Qué quieres que te diga?
¿Que no me importa?
¿Quieres mi permiso para marcharte?
Lo siento, pero no.
Madre mía, esto no te lo voy a perdonar nunca, Carlos.
Voy a subir. Claudia, Claudia.
Es mejor que no nos metamos en medio, ¿no crees?
Es nuestra hija, Luis.
(CARLOS) Claudia.
Hablé con Ester.
¿Y? ¿Qué le has dicho? Tomé una decisión. Me quedo.
No voy a dejarla sola. No puedo.
-Le he pedido que se quedara.
-Los papeles de la familia
pueden esperar. Claro que sí.
Y podemos intentar resolverlo desde aquí por valija.
Seguro.
La decisión es vuestra, pero...
No sabes cómo me alegra que te quedes.
Me voy a Madrid mucho más tranquilo.
-¿Te vas a Madrid? Sí. Acompaño el cadáver del cónsul.
Es mi deber.
Volveré en cuanto sea posible.
(ESTER) Buen viaje. Gracias.
Olga, tienes todo el derecho del mundo a odiarme.
Pero por respeto a tu marido,
no debemos permitir que su muerte sea en vano.
-Le agradecería que no le nombrara. Bernardo quiso rectificar a tiempo.
Quería que se hiciera justicia.
¿Justicia?
¿De qué me sirve a mí ya la justicia?
Olga, Olga.
Lo que le ofrecimos a Bernardo sigue en pie para ti...
y para tu familia.
Testigo protegido.
No quiero acabar como él, solo me tienen a mí.
¿Y Ester?
-Ha salido.
Estamos solos.
Tú... y yo.
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